Capítulo 31
Se encontraba en una sala color lúcuma flanqueada de grandes ventanales que filtraban la luz con sus persianas de madera. Aquella habitación, aparentaba no tener identidad alguna como otras que había visitado, ya que esta sólo tenía cuadros abstractos en sus desnudas paredes, los cuales no mostraban nada en concreto, sino que se adaptaban a la experiencia de sus espectadores, considerando que cada uno percibía algo diferente, de acuerdo a lo que estaban viviendo en ese momento.
Su esposa le había hablado alguna vez de esos cuadros que parecían ser test proyectivos que muchos terapeutas colgaban precisamente con ese fin de que sus pacientes hicieran sus propias interpretaciones. Aunque si lo pensaba bien, el arte en general permitía hacer eso en los espectadores, teniendo en cuenta que sólo algunos eran capaces de ver lo que el artista mismo quería plasmar en sus obras, mientras que otros tenían sus propias teorías y hasta podían empatizar con las emociones que se transmitían en ellas. Ryoma por su parte, era quien estudiaba sobre sus autores y conocía su historia.
Sus ojos se dirigieron al otro lado de la sala, analizando cada uno de los detalles de ese lugar, podía ser acogedor para muchos, e inquietante para otros. En su caso, sólo era una sala común, donde la gente acostumbraba a ir a expresar sus sentimientos, a diferencia de lo que hacía él, ya que todavía no llegaba ese punto con su terapeuta con la que llevaba alrededor de cuatro sesiones. Ella era una mujer de cabellos dorados y ropa elegante que se sentaba en su asiento a la distancia con su mirada paciente. Su nombre era Margaret Brown. Era nacida en Estados Unidos, sin embargo, viajó a Japón por asuntos personales y finalmente se quedó por su trabajo. Cuando se había presentado, le había contado sobre su formación y el motivo por el que se encontraba en ese país. Dominaba bien el idioma, así que no era necesario hablar en inglés, pero a él no le incomodaba, teniendo en cuenta que sabía bastante por su experiencia anterior.
Aunque la terapeuta se había mostrado amable desde el comienzo, aún no era capaz de decir el verdadero motivo por el que estaba ahí. En un principio, comenzó diciendo que hacía eso por su esposa, debido a su estado de salud mental actual, pero pese a ello, la terapeuta no parecía creerle o esa impresión él veía. Momo se burlaba que estaba siendo oposicionista por no querer contar su vida privada, pero para Margaret podría tratarse de un estado de resistencia inicial ante una situación nueva y perturbadora como aquella.
Si lo pensaba, eran pocas las personas que sabían lo que él realmente sentía, en un comienzo sólo se trataba de su madre, luego su mejor amigo y finalmente su esposa. Y no consideraba necesario hablarle a alguien más sobre ello hasta ese momento.
—¿Cómo ha estado tu semana? Ryoma. —Le preguntó Margaret con atención.
—Bien, no hay mucho que contar. —Cruzó sus brazos. —He estado avanzado en las clases de la facultad en modalidad online.
—Ya veo, me imagino que debes estar leyendo bastante. —Comentó la terapeuta.
—Sí, pero no es nada nuevo. —Susurró sin darle importancia.
—¿Y cómo está la situación en casa? ¿Le has contado a Sakuno sobre tus sesiones?
—No...todavía no es el momento para eso. —Murmuró incómodo, su cuerpo aparentaba estar tenso en ese momento.
—¿Por qué?
—Ya te lo he comentado antes, no considero pertinente que ella esté enterada sobre esto, teniendo en cuenta que apenas puede lidiar con sus sentimientos para sostener los míos. —Suspiró.
—Me da curiosidad esa forma en cómo describes tus sentimientos. —Señaló.
—¿De qué hablas? No los he descrito de ninguna forma en especial.
—Como si fueran una carga que tuviera que sostener. Alguna vez...¿Te has sentido así?
—No. —Respondió con seguridad, pero su mirada evitaba encontrarse con la suya.
—¿Estás seguro? O quizás más que ser una carga, podría representar un sentimiento de culpa, ya sea asociado a alguna situación vivida en que te hayas sentido responsable de su sufrimiento, o esto mismo de contarle acerca de cómo te sientes. —Señaló, viendo cómo Ryoma dirigía su mirada sigilosamente a ella.
—Tal vez. —Se atrevió a tomar la taza de café que solía solo revolver y jamás beber.
—¿En qué situación?
—Puede que parte de ambas.
—¿Recuerdas alguna en particular?
—Son varias, pero creo que hay una en particular que siempre aparece en mi memoria.
—¿Me quieres contar?
—No lo sé...
—¿Por qué?
—Me genera desconfianza lo que puede suceder si hablo sobre esto.
—¿Qué crees que sucedería?
—Muchas cosas...y no sé si puedo hacerme cargo de ellas en este momento.
—¿Qué es lo que te frena?
—Pues...ella, temo que, si me conecto con lo que siento, no seré capaz de sostenerme por mí mismo. —Respondió con sinceridad, no esperaba poder hacerlo en esos minutos. —Y en estos momentos, ella me necesita más que nunca.
—Si bien es cierto que ella necesita apoyo…tú también lo necesitas. —Afirmó.
—Lo sé, pero aún no es el momento.
Estas últimas palabras las mencionó con tanta firmeza que Margaret no logró indagar en ellas. Sakuno había mostrado cierta mejoría en algunos aspectos, ya que estaba siendo visitada regularmente por sus amigas y trataba de mantenerse ocupada en lugar de como estaba antes. Por ello, solía levantarse a altas horas de la mañana para repasar los apuntes de psiquiatría y tratar de despejar su mente. Miyuki y Midori le llevaban sus apuntes o le recomendaban libros para que ella avanzara desde casa. Era tal su entusiasmo que se mostraba de mejor ánimo.
Un día recibió una llamada inesperada de su Universidad, donde se le solicitaba participar de una reunión importante con el coordinador de Psiquiatría para hablar acerca de su estado emocional y sobre lo que pasaría con sus clases a futuro. Aunque Sakuno estaba dudosa de ir a ese encuentro, considerando que aún no se encontraba bien en su estado mental, aun así, sus amigas y su familia la incitaron a que fuera, teniendo en cuenta que si lo hacía podría tener una oportunidad de retomar sus estudios cuando deseara hacerlo. Ryoma al contrario de su familia, sólo quería que ella se encontrara bien, así que en lugar de incitarla a ir a un lugar que no le acomodaba asistir, le mencionó que la apoyaría en sea cual decisión tomara, incluso si el caso era no asistir más a ese establecimiento. No obstante, para la sorpresa de todos, Sakuno decidió finalmente confirmar su asistencia a la reunión, ya que había pensado cuidadosamente en qué hacer, y creía que de todas maneras nada malo podría pasar si iba allí.
Por ello, cuando llegó el día de la entrevista, el ambarino se ofreció a acompañarla amablemente, pero su esposa decidió que tenía que enfrentar eso sola, teniendo en cuenta que ese tema le competía sólo a ella. Por ese motivo, luego de agradecerle su apoyo, se atrevió a caminar en dirección a dicho lugar.
Una vez que llegó ahí, se encontró con que la Universidad estaba tan radiante como la primera vez que la había conocido, eso le traía nostalgia de las expectativas que tenía al principio de asistir a ese lugar, incluso de las metas que se propuso como estudiante de dar lo mejor de ella y tener las mejores calificaciones. Sin embargo, las cosas no habían salido como ella esperaba, pese a que su plan era desde el principio ser la estudiante promedio capaz de cumplir sus sueños por sí misma, sin depender del apellido Echizen, no había podido lograrlo. Ryoma había tenido que ir en varias ocasiones por ella para informar acerca de su estado. Por ese mismo motivo, se había negado a ser acompañada por él ese día. Entendía sus motivos de preocuparse por ella y lo agradecía de todo corazón, pero no podía estar siempre a la sombra de su esposo.
Cuando cruzó el parque que flanqueaba la Universidad, se percató que muchos estudiantes la miraban y la señalaban con el dedo, insinuando cosas de ella que no venían al caso. Por un segundo, se sintió vulnerable en medio de los chismes que había, pero después recordó la verdadera razón por la que estaba ahí y los ignoró por completo. Caminó a zancadas hacia el Departamento de Psiquiatría, visualizando la torre en la que tendría la reunión.
Era consciente de que no se veía bien, aunque había querido maquillarse un poco para pasar desapercibidas las ojeras que tenía y también darle color a su piel pálida. Aun así, sabía que, aunque en el exterior se mostrara de una manera, en el fondo se encontraba de otra muy distinta. Si bien sus alucinaciones estaban ausentes, gracias a los psicofármacos que tomaba, todavía seguía sintiendo una leve sensación de angustia que no podía extinguir, pese a sus esfuerzos de hacerlo en terapia. Rina decía que tomaría tiempo y no debía apresurarse en ello, recordándole que cada paciente era diferente. Pero ella no podía tener paciencia ante esas situaciones, porque era desesperante vivir de ese modo.
Por lo mismo, tenía claro que antes de tomar una decisión sobre sus estudios, debía reflexionar muy bien sobre ello, considerando como se sentía en esos momentos. Por ello, una vez que cruzó el umbral del departamento principal, se deslizó por el pasillo para dirigirse a las escaleras, aunque le acomodaba más abordar el ascensor para no encontrarse con nadie, prefería las escaleras porque así podría mitigar los nervios que sentía en esos instantes.
No les había mencionado a Midori y Miyuki que iría ese día, quizás debió haberlo hecho, Rinko le había incluso sugerido esa posibilidad, pero no estaba preparada para hablar con ellas. Sus amigas de la Universidad no estaban enteradas de todo lo que había pasado, a diferencia de las de Preparatoria. Le avergonzaba la idea de contarles sobre lo que realmente estaba pasando, aunque ellas la habían apoyado antes, se sentía insegura de lo que llegarían a pensar de ella si sabían lo que estaba pasando. Suspiró, era apenas estudiante de primer año en Psiquiatría y ya había tenido problemas como esos.
—Señorita Ryuzaki ¿Cómo ha estado? —Le preguntó el director, quien la esperaba al principio del corredor.
—Buenos días, director. —Le sonrió. —He estado…con algunos inconvenientes.
—Sé perfectamente cuál es su situación, descuide. —Le abrió la puerta principal. —Pase, la estábamos esperando.
Cuando Sakuno entró en la puerta señalada, le sorprendió no sólo ver al director de su carrera, sino también estaba el coordinador de Psiquiatría y una mujer que llevaba gafas que nunca había visto. Los saludó haciendo una leve reverencia y ellos se levantaron a hacer lo mismo antes de invitarla a sentarse. El corazón de Sakuno latía a mil, si antes ya estaba nerviosa en el parque, en esas circunstancias se sentía un millón de veces peor. Agradecía tener un vaso de agua en el mesón, considerando que los antidepresivos le generaban sed y más los nervios que tenía, se sentía mal.
—Bueno, señorita Ryuzaki…el motivo por el que ha sido convocada hoy a esta reunión. —Comenzó el coordinador. —Es porque estamos enterados de la situación que está viviendo, su esposo nos ha traído el certificado de licencia que Rina-sama le ha entregado. —Al ver su rostro de sorpresa, prosiguió. —Como ella le ha informado, su doctora trabaja en el Hospital de Tokio y también ha sido profesora alguna vez de este establecimiento. Por ese motivo, ya la conocíamos.
—Ah no sabía que había sido profesora de esta Universidad. —Susurró nerviosa, esperaba que no le hubiera dado mayores detalles sobre lo que le pasaba.
—Sí, pero no se preocupe. Por temas confidenciales, ella no ha dado información sobre lo que ha hablado con usted.
—Entiendo, según tengo entendido en la licencia aparecía mi diagnóstico. —Habló Sakuno, su diagnóstico era Depresión con síntomas psicóticos.
—Así es, estamos informados sobre ello. Por lo mismo, hoy estamos reunidos los 3 para hablar sobre su estado actual. Le presento a la Profesora Yuriko, quien es coordinadora del Programa de Psiquiatría online y también realiza atenciones en el Campus.
—Un gusto conocerte, Sakuno. No alcanzamos a conocernos en las clases, pero he oído hablar sobre ti. —Sonrió.
—Un gusto conocerla, Yuriko-sensei. No la conocía antes, debido a mi constante ausencia.
—No te preocupes, podremos conocernos mejor ahora.
—Sí.
—Como debes estar informada, hay una nueva modalidad que es e-learning, la cual consiste en realizar clases a larga distancia para estudiantes del extranjero o también estudiantes que no pueden asistir a clases por otras razones de fuerza mayor.
—Sí, lo conozco…Ryoma está en ese Programa ahora.
—Así es. Por lo mismo, hemos pensado que este Programa puede ser más apto para ti, considerando que hemos sabido por algunas de tus amigas que sigues estudiando en casa con tus apuntes.
—¿Eh? ¿Se refiere a…Miyuki y Midori? —Preguntó sorprendida.
—Sí, ellas nos han comentado que están muy preocupadas por ti y querían ayudarte en el ámbito académico.
—Ya veo…no tenía idea sobre ello. Ellas no saben…sobre mi diagnóstico actual, no he querido preocuparlas.
—Entiendo tus intenciones. —Comentó la profesora. —Es válido que no quieras contarles sobre tu diagnóstico, pero es importante tener un sistema de apoyo ante estas circunstancias.
—Lo sé…
—Pero sabemos que ya cuentas con uno. —Opinó el coordinador. —Con respecto a esta modalidad, puedes pensarlo de si prefieres esperar a retomar tus estudios en otro momento o si prefieres hacer esta alternativa.
—Así es, señorita Ryuzaki. —Intervino el Director, entregándole un documento. —Aquí está el programa con los ramos que debe del primer año, si desea puede mirarlos. En esta nueva alternativa, podría pasar a segundo año con sus compañeras, ya que tenía buenas notas antes de marcharse. Pero si prefiere por su salud mental, hacerlo en otro momento, no hay problema alguno. La estaremos esperando sea que decisión tome.
—¿De verdad? Tenía esa duda, ya que por ahora he congelado…pero no sabía el plazo máximo de eso.
—Sí, puede hacerlo. Aún se encuentra dentro del plazo, así que no se preocupe por eso.
—Sí, por lo mismo puedes pensarlo con tranquilidad en tu casa y nos avisas. —Le sonrió Yuriko.
—Bien, lo haré. —Se levantó Sakuno al momento en que ellos lo hicieron. —Muchas gracias por esta instancia.
—Por nada. —Le dijeron los presentes— Nos vemos en otra instancia.
—Sí.
Cuando Sakuno se dirigió a las escaleras, se quedó pensativa con respecto a lo que le habían informado sus superiores. Si bien era una buena alternativa hacer las clases online, ya que de ese modo podría hacerlo desde la casa, aún tenía que reflexionar sobre ello, considerando su salud mental. Por ello, caminó a zancadas por el pasillo, aunque anhelaba volver a ese lugar, al mismo tiempo quería salir de ahí, teniendo en cuenta que mucha gente que la odiaba se encontraba en esa facultad. Sin embargo, justo antes de salir, alguien la tomó del brazo inesperadamente y la llamó por su nombre, generando que su corazón diera un vuelco. Antes de preguntarse quién era, se encontró con el rostro radiante de Miyuki.
—Miyu…
—Sí, tanto tiempo. —Le sonrió y le hizo una seña a Midori que se acercara —¿Acaso planeabas irte sin decirnos una palabra?
—Yo…no es eso, es sólo que no quería importunarlas. Además, no sabía si estaban en clases.
—Sí, recién lo estábamos. —Habló Midori a su lado. —Pero acabamos de salir ¿Cómo estás, Sakuno?
—Bien, he venido a hablar con los coordinadores de nuestra carrera. —Susurró, entonces recordó que la razón por la que había sido llamada era precisamente la insistencia de ellas. —Por cierto, muchas gracias por eso. Me contaron lo que hicieron, no lo esperaba.
—Era lo menos que podíamos hacer. —Le cerró un ojo Miyuki. —Por cierto ¿Tienes un tiempo para hablar? Nosotras tenemos algunas horas antes de la siguiente clase.
—Sí, claro. —Sonrió Sakuno, se sentía extraña y nerviosa como en su primer día de clases, pero sabía que no era a causa de ellas, sino al contrario…era precisamente por lo que sus amigas no sabían de la situación.
Las tres caminaron a los jardines principales, si querían hablar necesitaban privacidad, así que sabían que no era seguro precisamente en la misma facultad de Psiquiatría. Por ello, una vez que ubicaron un lugar más apartado, se sentaron en una banca bajo un árbol a comer unos bollos de canela que Midori tenía. Antes de que ellas comenzaran a hacer las preguntas, Sakuno se adelantó para preguntarles cómo les estaba yendo en los estudios. Miyuki mencionó que las clases no eran las mismas sin ella, ya que en los trabajos prácticos tenían que buscar a otros integrantes para conformar su grupo, pero ninguno de ellos era apto para pertenecer al suyo. Además, Midori estaba pasando muchas horas de descanso con el chico que se había encontrado en la fiesta, y Miyuki tenía que leer sus mangas a solas en esos momentos. "Es muy aburrido, siento que sobro cuando ellos dos están juntos. En cualquier momento, se transformarán en pareja. " Se quejó Miyu, mientras su amiga se sonrojaba y le gritaba por eso. Sakuno solamente reía, extrañaba estar junto a ellas. A veces creía que Miyuki y Tomoka serían grandes amigas, si se conocieran algún día, teniendo en cuenta lo similares que podían llegar a ser, tanto en su humor, como también en su comportamiento.
—¿Y qué hay de ti? Sakuno-chan. —Cambió el tema Midori. —¿Cómo has estado…?
—Pues…
—Si no quieres contarlo, está bien. —La animó Midori.
—He estado bien las últimas semanas, pero hay ciertos días que no lo estoy. Mi ánimo es como una montaña rusa. —Quiso sonreír, pero en verdad estaba incomoda.
—No es para menos con todo lo que te ha pasado. Sé lo duro que puede ser la depresión, mi hermana mayor lo tenía. —Habló Midori. —Por lo mismo, entiendo a lo que te refieres con ello.
—¿De verdad? No sabía que tenías una hermana mayor. —Comentó Miyuki confusa.
—Sí, es una larga historia. Pero hoy no es el momento para hablar de eso. —Midori miró a Sakuno. —Hoy quiero escucharte.
—Sí, hemos estado muy preocupadas por ti. —Habló Miyuki. —Quizás suene tonto, pero nos da la impresión de que hay algo más que no nos estás diciendo, Sakuno.
—Pero no es necesario que lo hagas, si no te sientes cómoda. —Intervino Midori.
—Sí, tienen razón. —Suspiró Sakuno. —Hay algo que no les he dicho…mi diagnóstico no es sólo depresión, también he presentado alucinaciones.
—¿De qué tipo? —Preguntó Miyuki curiosa.
—Visuales y auditivas. Actualmente no las presento, pero hace unos meses estuve viendo a Hiro. —Susurró avergonzada. —El bebé que perdí, pero como he estado en proceso de terapia y con psicofármacos he podido controlarlo.
Sakuno miró a ambas en silencio, parecían pensativas después de lo que acababa de decir, de seguro creían que ahora había perdido el juicio con eso que había dicho. Sintió deseos de llorar, esperaba que no pensaran mal de ella, era lo que más temía que pasara.
—Te agradezco mucho por la confianza de contarnos esto, Sakuno. —Habló Miyuki, generando que Sakuno se sorprendiera. —Imagino que debe ser muy difícil para ti hablarnos acerca de lo que te ha pasado el último tiempo.
—Sí, Sakuno. Gracias por contarnos esto. —Susurró triste Midori y apoyó su mano sobre la suya. —Lamento mucho lo que estás pasando, imagino lo duro que debe haber sido tanto para ti como para tu esposo perder a un hijo. Y más ahora, el ver a Hiro en estas circunstancias.
—Sí, lo fue. —Susurró Sakuno llorando. —Lo siento por no contarles esto, pero pensé que quizás lo de ver a Hiro…les daría miedo.
—No te juzgaríamos por eso. —Le sonrió Miyuki. —Aunque suelo burlarme de algunas cosas, este no sería el caso. No me alejaría de ti por eso.
—Así es, yo tampoco me alejaría. Además, siento que nuestra amistad es importante. —Habló Midori con lagrima en los ojos. —Son las únicas amigas que he tenido de verdad, en la Preparatoria no tenía muchas, ya que creían que era raro que me gustaran los mangas yaoi. En cambio, con ustedes ha sido diferente.
—Tienes razón, yo tampoco tenía muchas amigas en la Preparatoria por el mismo tema. Pero no me importaba. —Reconoció Miyuki.
—¿De verdad? —Preguntó Midori sorprendida, imaginaba a Miyuki como una persona rodeada de amigas.
—Sí, pero no piensen que voy a dar un discurso y llorar por reconocer eso. —Se burló Miyu. — Si quieren verme en ese estado, deben invitarme a un bar primero.
—En otras palabras, necesita estar ebria. —Aclaró Midori.
—Así es.
Sakuno rio ante ese comentario, no esperaba que fueran tan comprensivas y realmente ahora se sentía culpable por haber pensado mal de ellas. Midori y Miyuki eran como Ann y Tomoka, en el sentido de que siempre estarían ahí para apoyarla cuando la necesitaran. Ahora se sentía más aliviada de poder contar con ellas en un momento así. Cuando les platicó acerca de la propuesta que le habían hecho, ambas estuvieron dispuesta a que estudiaran juntas si era necesario para que ella se pusiera al día con toda la materia que estaban pasando. Por lo mismo, tenía que tomar una decisión cuanto antes sobre qué es lo que iba a hacer, si retomar las clases era lo oportuno, o trabajar primero en cómo se sentía en esos momentos.
Tras haberse despedido de ellas, retomó su camino a su casa. Identificó algunos compañeros de Psiquiatría conversando en la vereda, así como también había otros de medicina más allá, esperando el bus. Aunque tomar el bus era una buena alternativa, sentía que ese día quería caminar, teniendo en cuenta que no solía pasear a menudo y esa era la instancia perfecta para hacerlo.
Cuando iba a disponerse a caminar hacia su destino, vio a lo lejos una silueta que conocía muy bien, Ryoma se encontraba sentado en unas bancas de cemento leyendo una revista, parecía tan concentrado en ella que no había advertido su presencia. Pero gracias a eso, pudo observarlo con mayor atención. Aunque en las últimas semanas parecía estar mejor, solía verlo más pensativo que de costumbre, como si estuviera en la luna. Además, estaba saliendo una vez a la semana en horarios inusuales. Así mismo, en ocasiones lo veía dudoso de contarle algo, cuando insistía sobre ello, Ryoma respondía "no es nada". Lo que le generaba más inseguridad, se preguntaba si eso tenía relación con su estado de ánimo. Sospechaba que algo malo le pasaba, porque parecía no estar ahí realmente.
—Hola…no esperaba verte aquí. —Susurró Sakuno, viendo como él se levantaba para ponerse a su nivel.
—Vine a resolver unos asuntos también, no quise mencionártelo para que no te sintieras incomoda, considerando que me habías pedido que no te acompañara. Además, sabía que querías hacer esto por ti misma, por eso no quería intervenir. —Se encogió de hombros. —Pero después pensé que sería buena idea esperarte. En fin, ¿Estás lista? —Extendió su mano.
—Sí, lo estoy. —Aceptó su mano cálida.
—Bien, vamos a casa.
—Está bien, pero por hoy ¿Podríamos caminar?
—Claro.
—Hace tanto tiempo no salía de casa que siento que este es mi primer paseo. —Sonrió.
—Tienes razón, no hemos paseado mucho últimamente. —Murmuró pensativo. —¿Quieres ir a otro lugar antes de casa?
—Sí, me gustaría. Pero ¿a dónde?
—Tengo un plan.
Dicho esto, ambos caminaron a un parque cercano, el cual tenía juegos infantiles a su alrededor, Ryoma compró dos helados de barquillo y se sentaron en el césped a contemplar el atardecer. Sakuno le comentó acerca de la propuesta que le habían dado en la Universidad, la cual contemplaba un plan similar que le habían dado a Ryoma en sus clases online, así que en cierta manera no era difícil de llevar a cabo, salvo que no se encontrara en condiciones de hacerlo. Sakuno manifestó la duda que sentía acerca de eso, porque por un lado le pareció grandioso poder estudiar con sus amigas la misma materia, como en los viejos tiempos. Pero, por otro lado, tenía miedo de que su salud mental no le permitiera poder hacerlo. Por ello, en cierto modo era un todo o nada. Así mismo, le contó acerca de lo que había hablado con sus amigas, se sentía aliviada de poder contar eso y haber recibido el apoyo de ellas. Al ambarino no le sorprendía ese recibimiento, había podido conocer a sus amigas y tenía el presentimiento de que todo saldría bien en ese aspecto. De cierta manera, ellas y las de Preparatoria tenían ciertas similitudes, lo que era bueno porque Sakuno podía contar con un gran sistema de apoyo, además de él.
—¿Y qué hay de ti? ¿Cómo te fue en la Universidad?
—Bien, me informaron que posiblemente en algunas semanas más, tendré que entregar un proyecto de investigación sobre unos textos. Como recién vamos en primer año, no será tan extenso, pero de todas maneras debo dedicarle tiempo.
—Ya veo, me imagino que debe ser largo.
—Sí, lo es. Pero al menos cuento con flexibilidad de la entrega, teniendo en cuenta que no estoy asistiendo a clases.
—Claro, eso te da más tiempo. —Susurró pensativa. —Por cierto, Ryoma…
—¿Qué ocurre?
—¿Hay algo que quieras decirme?
—¿Por qué lo preguntas?
—Porque te he notado pensativo estos días, además en muchas ocasiones pareciera que me quieres comentar algo y posteriormente no lo haces. —Habló preocupada. —¿Está todo bien?
—Sí, es sólo que…he comenzado a ver a alguien. —Tomó aire. —No sabía cómo hablarte de esto, porque no quiero que pienses que es por tu causa.
—¿A quién? —Habló nerviosa, estaba actuando muy extraño y eso no era natural en él.
—A una terapeuta. —Dijo por fin, viendo como sus ojos se abrían de sorpresa. —Yo…no he estado durmiendo bien desde lo que sucedió con Hiro, incluyendo todo lo que sucedió posteriormente al suceso. En primera instancia, tu terapeuta me había sugerido que buscara mi propio espacio en otro lugar para poder expresar como me sentía. Pero…no quise darle importancia, pensé que tenía que darle prioridad a tu bienestar. Después de eso, mi madre y Sakura me insistieron que debía ver a alguien, porque para que tú estés bien, yo también debo estarlo. —Suspiró. —Sin embargo, no les presté atención hasta que Momo-sempai vino…hablamos sobre algunas cosas y me hizo darme cuenta de que tenía que hacerlo.
—Ya veo…¿Hace cuánto estás en terapia?
—Recién llevo 3 sesiones, es una terapeuta americana su nombre es Margaret.
—Entonces es reciente.
—Sí, lo es. Lamento no habértelo comentado, pero no quería que te preocuparas por esto.
—De pronto estás hablando como yo solía hacerlo. —Se burló. —No te preocupes, Ryoma. Me alegro mucho de que estés en terapia, tanto por lo que estamos pasando ahora, como también por el pasado. Siento que hay muchas cosas que tienes que resolver y es bueno que te estés dando el tiempo para ello. —Sonrió.
—Sí, tienes razón. Hay varios conflictos con mi padre sin resolver.
—Sí, así como también miedos de tu infancia.
—Lo sé, además esto se supone que puede contribuir más en nuestra relación. —Murmuró pensando en lo que le había comentado Momo. —Por ese mismo motivo, es necesario hacerlo.
—Sí, lo es. —Sonrió. —Por lo mismo, así como tú siempre estás a mi lado en estos momentos…también cuenta conmigo para cualquier cosa. Sé que no sueles hacerlo mucho, pero recuerda que cualquier cosa estoy aquí.
—Gracias, aunque no lo creas te he dicho más cosas que a la mayoría, incluso más que mi madre y a Momo-sempai.
—Lo sé, pero aún así, quiero que recuerdes la promesa que nos hicimos…cuando nos casamos. —Se sonrojó la castaña. —En las buenas y en las malas, siempre. Así que, en estos momentos, está permitido todo. Sueles decir que me preocupe por mi bienestar, pero tú no haces lo mismo contigo.
—Es verdad. De cierto modo, somos igual de tercos en esas cosas. —Rodeó sus hombros, viendo como Sakuno se acomodaba en su hombro. —Pero comenzaré a preocuparme también de mí, desde ahora.
—Me parece. Por cierto ¿Quién te dio ese contacto?
—Fue Momo.
—¿También? Al parecer tiene muchos contactos, si también tenía el de mi terapeuta.
—Sí, eso también me sorprendió.
—Tal vez él también nos está ocultando algo. —Bromeó Sakuno.
—Quien sabe, Momo es un misterio. A veces, hasta habla como terapeuta.
—Ahora que lo mencionas, Ann-chan también me lo ha dicho. Quizás será un futuro colega, algún día.
—Es posible.
—Siendo así, podríamos tener una clínica juntos. Tomoka podría ser la secretaria y Ann la encargada de llevar las cuentas.
—Es buena idea. Así como tus amigas de la Universidad, podrían ser las otras psiquiatras de la clínica.
—Sí. —Sonrió. —Kevin-kun también podría ser otro de los médicos.
—Siendo así, ya tenemos todas las vacantes.
—Sí, tienes razón. Haríamos un buen equipo. —Sonrió.
Por un momento, se olvidaron de sus preocupaciones y comenzaron a imaginar como serían sus vidas trabajando juntos. Ryoma tenía muchas ideas de cómo hacer una clínica, mientras que Sakuno pensaba en que puesto ocuparían sus amigas. Parecía un sueño hecho realidad, pero sabía que para llevar a cabo eso, primero tenía que tomar una decisión con respecto a las clases online. Por lo mismo, se dedicaría a pensar seriamente en esa decisión.
Una semana después, Sakuno finalmente había tomado dos grandes decisiones en este nuevo camino, por un lado, había accedido a recibir clases online para avanzar con sus estudios y sus amigas se habían comprometido a que estudiarían con ella ahora. Y, por otro lado, se inscribió a un grupo de apoyo que fue recomendado por su terapeuta para conversar con otras mujeres que tenían experiencias similares a la suya, en cuanto a la pérdida de un hijo. Esta última decisión, le ayudó a poder reencontrarse con el dolor que sintió tras la pérdida de Hiro y también a poner palabras a lo que sentía.
Esa misma semana, Ryoma se había dirigido a su sesión semanal con una actitud diferente, esta vez estaba más ligero por haberle contado a su esposa lo que estaba pasando y también se sentía dispuesto a dar lo mejor de sí en su proceso, de ese modo poder sanar también muchas cosas que le dolían de lo ocurrido. Sabía que sería difícil hablar sobre ello, pero al menos ahora se sentía preparado para poder hacerlo.
Continuará…
Hola! ¿Cómo han estado? Espero que bien, nuevamente me disculpo por la tardanza de la actualización, como he mencionado en otros fanfic tuve algunos inconvenientes, pero he regresado. Espero que les guste la continuación y comenten, al principio creía que iba a escribir un capítulo más extenso de 30 páginas, pero pensé después que en realidad el fin de estos capítulos es realmente entender la perspectiva de ambos protagonistas, en lugar de hacer que ocurran muchos acontecimientos a la vez y no se logre asimilar uno de otro.
La pregunta de cuánto actualizaré, la dejaré en suspenso, ya que a veces ni yo sé jajaja hago promesas y el destino no está de mi lado. Pero voy a seguir el orden de actualizar también los otros fic de Ryosaku, y después volvería con este.
¡Qué estén bien! Saludos (Mi página de Facebook es Hinata-sakuno fanfiction)
