Aaaammmm... sé que mi ausencia no tiene forma de justificación... pero... encontré tiempo para escribir esto, espero que puedan disfrutarlo leyendo. Agradezco infinitamente a quienes dejan reviews y me contactan por inbox para decirme cuánto les gusta esta historia, espero no haberlos decepcionado con el largo tiempo que me tomó publicar esta continuación.

Sin más que decir, salvo que los personajes de HEY ARNOLD no me pertenecen, son propiedad intelectual de Craig Bartlett, esta es la continuación.

El mayor de los Johanssen estaba al teléfono, por su expresión tensa y la fuerza que aplicaba en su mandíbula, Phoebe, Melissa y Sasha podían adivinar sin temor a equivocarse que no estaba recibiendo noticias agradables.

Y efectivamente, Jamie O. no se podía creer lo que su padre acababa de confiarle.

Tenía que ser una maldita broma.

Su padre tendría que estarle gastando una broma seguramente.

La hermana de Helga, Olga, les había pedido ayuda para llevarse a Nadine del condominio, les había contado lo que ocurrió, y le rogó que hablara a su progenitor para que enviara oficiales de la comisaría que pudieran lidiar con la situación para evitar una catástrofe. La rubia ya había abandonado el sitio para cuando el capitán Martin Johanssen le tomó la llamada.

¿Qué se suponía que hiciera él ahora con la noticia que le dieron? Tenía que ser una broma... por Dios, que fuera sólo una cruel e inapropiada broma de esas que su padre jamás le haría en medio de aquella situación.

Jamie O. se sentía más perdido que nunca. Esta vez, no tenía opciones.

-Esperaremos aquí papá… y también… yo les diré a las Pataki, no te preocupes- terminó la llamada sintiéndose completamente inútil. Lo que escuchó de boca de Phoebe le había dolido tan profundamente que se convirtió en un dolor físico en cuestión de segundos que no lo abandonaba, sentía que se ahogaba, un ardor intermitente en los hombros que se extendía a lo largo de sus brazos y algo que oprimía su pecho… Luego de escuchar a su padre, con aquella seriedad, con ese tono solemne… Ahora podía afirmar que había cosas peores que una traición así.

Hasta ellos llegaron Arnold, Marcy, Timberly, Stinky, Rex y Eugene, los hombros de Jamie O. se tensaron aún más cuando escuchó la voz de su hermana preguntar qué estaba sucediendo, recorriéndolo una urgencia de alejarla del peligro. Gerald era un adulto capaz de lidiar con las consecuencias de sus decisiones, se lo demostró cuando soportó sus golpes sin hacer ningún amago de defenderse o contraatacar… pero Timberly… ella aún era una adolescente, la conocía lo suficiente para saber que si alguien cometía la imprudencia de explicarle que Gerald y Helga estaban dentro de aquella casa en obra negra, intentando quién sabe qué para recuperar a su amiga de un potencial homicida psicópata, la morena no dudaría en ir tras ellos.

-Los oficiales están de camino- Melissa respingó en su lugar, la voz de su esposo se escuchaba tan distinta que le costó reconocer que era él quien había roto el silencio que se formó después de la pregunta de la adolescente -Alguien debe encontrarse con ellos en la entrada y guiarlos hasta aquí- Eran evidente las intenciones del mayor, esperaba que fuera Timberly quien se apartara de aquel horrendo sitio para ir a la seguridad de la entrada del condominio, además, aunque Sheena, Olga, Sid y Park se habían retirado con Nadine para encontrar la forma de conseguirle atención médica; Jamie O. no tenía manera de saber si continuarían en la entrada cuando la patrulla llegara… ¿Qué haría Olga para hacer revisar a esa rubia con una contusión?... sacudió la cabeza, no tenía tiempo de preocuparse por eso, tenía su propio grupo de jóvenes necios con los qué lidiar para evitar que se sumaran a la lista de las personas por las que debía rezar.

-Oigan… ¿Y Helga?- Arnold miraba en varias direcciones -¿Y Gerald?- Melissa, Sasha y Jamie O. tuvieron la misma reacción a las preguntas del rubio, los tres miraron de reojo a la casa que se encontraba a su derecha. Marcy alzó una ceja al notarlo... ¿Podían ser más obvios aquellos tres? -¿Y Phoebe?- ante la mención de la oriental, el mayor imitó la acción del unigénito Shortman y escaneó el grupo sin encontrarla, maldijo en sus adentros, ¿No había sido clara su orden de no separarse? No se esperaba una imprudencia de la novia de su hermano... o ex novia... a esas alturas le importaba más bien poco -¿Dónde están todos?- preguntó Arnold finalmente, al darse cuenta que ahí faltaba más de la mitad de los chicos que continuaban jugando.

Un disparo se escuchó proveniente desde la casa a su derecha, la casa que había atraído las miradas de los chicos momentos antes, la casa que le daba un mal presentimiento a Marcy desde que llegaron.

Las palmas de sus manos le hormiguearon, sintió que vivía un dejavú. Su mente lo transportó al momento en la habitación de la mansión de Rhonda donde fue sólo un espectador del daño que una obsesión podía infligir en otros, se esforzaba por ignorar la culpa que lo acompañaba desde aquel día y se resistió a mirarse las manos cuando sintió que de nuevo la calidez de la sangre de sus amigos las bañaban, aunque rendido las miró finalmente, aterrado al ver que estaban manchadas por el líquido vital para instantes después darse cuenta de que era una ilusión, con aprehensión miró alrededor una vez más ¿Dónde estaba la menor de las Pataki?

-Helga- susurró preocupada Melissa, observando el sitio del que provino un segundo disparo, crispando los nervios de todos y acelerando los latidos de sus corazones. Marcy lo escuchó, reaccionando a tiempo para detener a Arnold que ya se movía en dirección a las ruinas de aquella desolada construcción, no podía verse mucho con los precarios reflectores que instaló la familia de Mary, pero lo suficiente para notar la expresión de terror abyecto en las facciones del rubio.

-Si vas, iré detrás de ti- le advirtió la chica de cabellos cobrizos, no tenía que ser un genio para sumar 2 y 2, y verse horrorizada por el resultado de su conclusión. Rex les dijo que alguien atacó a Nadine, Lila y Olga, no veía a ninguna así que probablemente estaban en ese lugar, Melissa susurrando el nombre de la bruta compañera que tuvo a lo largo de su educación básica y en preparatoria fue suficiente para saber con certeza que la menor de las Pataki y Gerald estaban dentro también, porque sinceramente, si Helga se había metido en aquello Gerald seguro que la había seguido y viceversa, esos dos eran imanes que atraían problemas y además se atraían uno al otro como si fueran polos opuestos…

-¿Por qué lo harías?- la voz de Arnold sonó hosca y cortante, sobresaltando un poco a la chica que lo escuchaba así por primera vez -¡Tú y yo no somos nada!- le gritó arrebatándole su mano de entre los dedos para soltarse del firme agarre que lo mantenía lejos de Helga, del peligro. "No puedo permitir que a ella le pase algo" era el único pensamiento que palpitaba en todo su ser, necesitaba entrar a asegurarse de que Helga se encontrara bien, tenía que estar bien, pero al mismo tiempo, debía asegurarse que Marcy no lo siguiera, exponiéndose también. Antes de que pudiera decir algo más, cualquier cosa que hubiese pensado para herir lo suficiente a la joven para que quisiera mantenerse alejada de él y así, fuera de peligro, se quedó atorado en su garganta ante la seguridad con la que Kornblum le respondió.

-¿A ti quién te dijo que te seguiría por ti?- los ojos de Marcy brillaron con rencor -Lila siempre ha sido amable conmigo, estudiamos juntas, vamos a las mismas clases, es de las pocas personas que me habla con normalidad… Helga y Brian fueron mis amigos en preparatoria, me cuidaron y se preocuparon por mí, muchas veces resolvieron mis problemas sin que se los pidiera… ¿Realmente crees que correría ahí dentro sólo por ti?- Arnold retrocedió un paso, sorprendido… no lo había pensado de esa forma -Yo también tengo personas que me importan y que quiero defender- Pero antes de que cualquiera de ellos dijera o hiciera algo más. Rhonda pasó por detrás del rubio, corriendo con una obvia desesperación y entrando en la casa del terror desapareció de su vista.

-Yo iré a guiar a la policía- dijo entonces Rex, apresurándose en cumplir con su cometido, sin esperar a que alguien diera señal de haberlo escuchado, había atestiguado el rostro de su amiga cuando pasó por su lado, nada bueno podría venir de hacer enfurecer a una Lloyd.

Minutos antes, Brian era encontrado por Gerald y Helga, aún congelado en el lugar ante su descubrimiento. Curly tenía maniatada a la pelirroja y el castaño no tenía ni idea de cómo llegar hasta ella sin ponerla en peligro. Al sentir una extraña calidez, finalmente salió del pozo de brea que se había convertido su mente con todos aquellos pensamientos fatalistas, para encontrarse con la determinación brillando en las pupilas de su mejor amiga. No necesitó escucharla decirlo, sabía que ese gesto de colocar su mano sobre su hombro hablaba por sí solo, y tenerla a su lado de alguna forma le permitió pensar con mayor claridad.

-Necesitamos distraerlo- susurró Gerald, a lo que Helga asintió y los miró a ambos significativamente, para luego dirigir su mirada al final del pasillo, desde donde podía verse una bifurcación. Ambos chicos asintieron, el moreno se detuvo unos segundos, intranquilo, queriendo absorber la imagen de la rubia ante él, guiado por el mal presentimiento que la situación le generaba.

-Vayan- silabeó sin emitir sonido, Brian haló del brazo a Gerald, desesperado por llegar a Lila de una forma o de otra. Finalmente, el segundo hijo de los Johanssen emprendió el trayecto por el pasillo acompañando a Brainny. Curly continuaba narrando la historia para niños que en su voz y con esas connotaciones maniáticas a cualquiera le parecería un cuento de terror. Respiró profundamente y se dijo a sí misma que hacía aquello por Brian, por el mejor amigo que había tenido nunca, porque se mantuvo junto a ella incondicional y ahora le tocaba retribuir un poco de todo eso que sólo había estado recibiendo.

-¿Me parece a mí o has perdido peso Thadeus?- al escuchar su nombre, el chico con el rostro pintado se giró tan rápido que Lila escuchó su cuello crujir.

-Yo diría que lo que perdí fue mi cordura Helga… así que si fuera tú me la pensaría dos veces antes de hacer cualquier cosa en mi contra- Curly la apuntó con el revólver que llevaba, sonriendo de forma escalofriante, como si la idea de dispararle a su ex compañera de colegio se le antojara una idea apetecible.

-Tsk, tsk, tsk- negó con la cabeza la rubia mientras chasqueaba la lengua -Querido Thadeus… te equivocas, no has perdido la cordura- el aludido la miró con curiosidad ante sus palabras entonadas casi con cariño, mientras que la aterrada Sawyer gimoteaba y se abrazaba a sus piernas insistiendo en desear que aquello fuera todo una pesadilla -Para perder algo, primero tienes que tenerlo- Curly rio estrepitosamente, una risa que retumbó entre las paredes helando la sangre de Lila, que sólo apretó con más fuerza sus párpados, insistiendo en mantenerlos cerrados. Mientras tanto, Brian y Gerald encontraban su camino a través de la ruta que sospecharon existiría en aquella casa.

-Sinceramente no sé qué pensar de ti, Helga- la voz del joven armado cambió abruptamente, pareció perder aquel matiz delirante y reverberar casi normalmente en su pecho que, como la menor de las Pataki mencionó, tenía más marcadas sus clavículas que antes -¿Qué debería considerarte?- preguntó ladeando la cabeza, recorriéndola con la mirada de pies a cabeza sin temblarle ni un ápice la mano con la que sostenía el arma, aún apuntando a la chica -¿valiente? ¿estúpida? ¿fuera de tus cabales?- Helga sintió cómo el aire quedaba atrapado en sus pulmones cuando Curly cambió la dirección en la que apuntaba, para redirigirse a Lila -¿Realmente crees que funcionará? ¿tu distracción?- al escucharlo, el moreno y el castaño se helaron en donde se ocultaban, preocupados de haberse delatado de alguna forma sin notarlo.

-¿Te distraigo, Thadeus?- la picardía en la voz de la joven disimulaba muy bien el pavor que la recorría en aquel instante cuando sus pupilas y las del chico se encontraron.

-Mucho- comentó Curly, casi con pereza -Pero no soy tonto… La Gran Helga G. Pataki no vendría hasta este fraccionamiento en ruinas, entraría en esta pocilga a medio derruir y me saludaría con amabilidad si yo no estuviera apuntándole a la amiga de Rhonda, ¿o sí?- Lila soltó un chillido cuando Curly la tomó bruscamente del cabelló y la forzó a ponerse de pie -Mírala bien- las chicas no supieron a quién de ellas se estaba dirigiendo -Esta es la persona por la que perderás la vida- continuó diciendo, clavando el cañón del arma en la sien de la pelirroja que cada vez lloraba con más fuerza -¡Te dije que la mires!- bramó fuera de sí, obligando a Lila a abrir los ojos. La imagen rompió el corazón de Helga, el terror nublaba los ojos de la chica con más fuerza que sus propias lágrimas.

-¿De qué serviría?- Curly pareció enfocar su atención de nuevo en la rubia -Si le disparas a Lila ahora… ¿De qué serviría?- volvió a preguntar, dando un paso al frente y crispando al pelinegro y a Lila por ello.

-Aaah… qué cree… aaah… que hace- Gerald se sintió incapaz de responderle, las manos le temblaban al ver a Helga dar un paso más en dirección a Lila y Curly, aunque no importaba porque no conocía la respuesta tampoco.

-¿Crees que soy un chiste? ¿ah? ¡¿Te parece que bromeo?!- vociferó Curly, apretando con más fuerza el arma haciendo a Lila quejarse de dolor -Tú no podrías entenderlo, nadie de la pandilla podría entenderlo… sólo Rhonda… sólo ella me comprende… pero no quiere- jaló más del cabello de Lila, obligándola a estirar más su cuello y quedar a la altura de su propio rostro -¿Cómo me deja eso a mí? Tu amiguita no quiere aceptar que somos el uno para el otro, ¿Dónde me deja eso a mí?- Lila miró a Helga suplicante, sentía que vomitaría en cualquier momento del terror que la invadía, el dolor que el arma le provocaba en la sien sumado al que sentía al ser tironeada por el cabello la llenaban de impotencia, de no poder liberarse o rescatarse sola, por primera vez experimentó lo que estar indefensa quería decir.

-¿Qué rayos te dio la idea de que la princesita Lloyd podría tener algún interés en ser tu pareja?- La rubia quería ganar tiempo, todo el que pudiera, definitivamente aquello se salía de sus manos a cada segundo que transcurría y la única salida que se le ocurría era hacer tiempo para que los policías llegaran.

-Soy el único que la conoce. Que la conoce de verdad. No esa versión de la que Lorenzo se ha embobado, ni ese lado que sus amigas creen entender… Yo la conozco de verdad. Sé lo que ha hecho y de lo que es capaz y también lo que planea hacer aunque no me lo haya contado. ¿Sabes por qué? Porque soy quien siempre ha estado a su lado sin cegarme ni girar el rostro cuando algo de ella no sea santo o agradable… ¿Quién más podría estar a su lado sino yo que he visto la perversidad de su naturaleza y me he sumergido en ella?- Helga percibió por el rabillo de su ojo izquierdo que al fondo de la habitación había otra entrada, tal como se imaginó por la distribución que había apreciado en otras construcciones de ese mismo condominio… sólo debía darles una oportunidad a los chicos para ingresar sin ser vistos.

-¿De qué perversidades estás hablando?- intentó que Curly continuara hablando, continuara distraído, continuara viéndola a ella… ellos sabrían encontrar esa oportunidad, se aferraba a esa esperanza.

-¿Sabes por qué Arnold tuvo que volver a San Lorenzo?- Aquella pregunta tomó desprevenidos a todos los presentes, Helga dudó por un segundo antes de decirle que el motivo eran sus padres y escuchar a Curly reír -Nada pasa en Hillwood sin que los Lloyd quieran que suceda- aquella afirmación sólo confundió más a la rubia -Rhonda fue quien les dio la idea a sus padres de financiar una nueva expedición a Guatemala para los Shortman… y no fue lo único que pasó por ella, por su influencia… ¿Sabes por qué Iggy no pudo pasar contigo tu cumpleaños? Ya sabes, la ocasión que hizo que terminaras con él la primera vez- Lila no tenía cabeza para intentar recordar el momento del que Curly le hablaba, pero tenía tanto miedo que sólo asintió -Rhonda le organizó una fiesta a su prima en el café donde Iggy trabajaba, exigiendo que él fuera mesero en esa fiesta- hizo contacto visual de nuevo con la rubia -¿Sabes por qué Phoebe entró en Harvard?- La pregunta le dio vértigo a Helga -Porque Rhonda hizo que su padre diera un donativo al colegio y le extendiera una carta de recomendación- Gerald y Brian se miraron sorprendidos -¿Sabes por qué Phoebe y Gerald se distanciaron en preparatoria?- a la mente de Helga llegaron los recuerdos de lo que pasó en aquel sendero minutos antes, dándole escalofríos pensar en lo que pudiera salir de la boca de Curly -Porque Rhonda me hizo mandarle las fotos que tomé del jardín de la boda del hermano de Gerald… Fue ella quien le dio a Gerald el whiskey- La rubia negó incrédula.

-¿Qué ganaba ella?- murmuró, encontrándose a sí misma dudando de qué tanto había influido en el curso de su vida la Wellington sin que ella lo notara, no sólo su vida, la vida de todos en la pandilla.

-Control- Respondió con la mirada y voz enrarecidas. Lila gimoteó al ser jaloneada una vez más por el cabello -Dime rojita- se burló usando el apelativo cariñoso que Iggy tenía reservado para ella, haciéndola estremecerse -¿Sabes qué está planeando tu amiga para separarte de Brian?- la pequeña Sawyer no podía soportarlo más, comenzó a suplicar que la soltara, que la dejara ir, estaba aterrada…ése fue el momento que terminó por desbordar a Helga.

-¡¿Qué es lo que esperas lograr?!- incapaz de seguir fingiendo que podía sostener una conversación con aquel lunático, no pudo hacer más que romper en llanto ella también, era demasiado para soportar.

-Hacer daño- fue lo único que respondió antes de jalar el gatillo.

La rubia y la pelirroja no tenían idea de lo que ocurrió porque cerraron los ojos en ese primer disparo y se negaron a abrirlos hasta escuchar el segundo. Brainny yacía ahora en el suelo, a los pies de Curly, el arma arrojada por ahí, sangre brotando del vientre del castaño, la confusión escrita en el enloquecido chico. Gerald no lo dudó, fue a por el arma y apuntaba ahora a Curly.

-¡Lila, saca a Brian de aquí!- la pelirroja, asustada y temblorosa, llegó lo más rápido que pudo al lado de su novio, desesperada al ver la sangre que empezaba a traspasar la tela del traje. La carcajada de Curly inundó la habitación -¿No me escuchaste Sawyer?- al moreno le temblaba el pulso, aunque sabía disparar y no era la primera vez que tenía un arma de fuego en las manos, nunca la había dirigido antes a una persona, y a pesar de ser el maniático que había tomado de esa forma a Lila, que envió al hospital a Lorenzo y a Harold, que disparó a Brian… Seguía siendo Curly… aquel excéntrico compañero suyo durante 12 años.

-Brian… Mi amor- murmuró Lila con voz trémula. El castaño hizo su mejor esfuerzo para sonreírle, aunque contestarle le resultó otra odisea completamente diferente, rindiéndose cuando sintió otra punzada en el costado, desdibujando la sonrisa amplia que intentaba mantener en su rostro para tranquilizar a la chica.

-¿De qué te ríes?- la menor de las Pataki sentía toda su piel erizada, como un gato que está a punto de saltar sobre su presa, no le había gustado que el miedo nunca apareciera en el rostro del pelinegro, sólo una breve confusión y de nuevo estaba esa expresión de locura irracional que daba escalofríos.

-Gerald no podrá dispararme. No lo hará- la sarcástica sonrisa que arruinó los rasgos del chico terminó por poner en alerta a la Pataki, algo no estaba bien. Sin previo aviso, Curly sacó un enorme cuchillo de entre sus ropas y se relamió el labio inferior, pasando su mirada del moreno a la rubia una y otra vez, como sopesando a quién rebanarle el primer pedazo de carne -Venga, Gerald… juguemos- rio de nuevo, mientras se acercaba al chico que continuaba apuntándole, cada vez con más firmeza, sin quitar la vista de Helga que asustada se dirigió al Johanssen también. Gerald cubrió con su cuerpo a la chica, sintiendo más cerca la presencia del peligroso individuo.

-¡Lila, sácalo de aquí!- la desesperación en el tono del moreno pareció divertir a Curly, y la aludida continuaba congelada por el terror abyecto y el dolor que la recorrían con oleadas cada vez más fuertes -¡Demonios, Sawyer!- Gerald cerró los ojos fuertemente y jaló del gatillo, yendo en contra de todo lo que siempre le aleccionaron cuando su padre y sus tíos le enseñaron a tirar… La mirada fija todo el tiempo en tu objetivo. Y tenía una razón de ser. Helga soltó una maldición cuando el sonido de disparo nunca llegó… Curly comenzó a reír con más fuerza.

-¿Sin balas, Johanssen?- y sin esperarlo, Curly lanzó el primer cuchillazo al brazo del chico, lesionándolo. Soltó el arma.

-¡Gerald!- el chico no se apartó, continuó cubriendo con su cuerpo a la rubia. Helga se apresuró a quitarse la chamarra que llevaba, arrojándosela a Lila -¡Úsala para hacer presión en Brainny!- aquella era una instrucción que la pelirroja podía hacer, empapando de rojo carmesí la prenda casi al instante de colocarla sobre la herida de su novio -Estás metiéndote con la persona equivocada lunático- Declaró saliendo de detrás de Gerald, pensando que con dos blancos, limitarían los ataques del chico con el rostro pintado como un payaso, pero la sonrisa hambrienta que esbozó era la imagen más tétrica que Helga hubiese tenido delante, no parecía ni un poco amedrentado.

A Olga le temblaban tanto las manos que no podía hacer bien su trabajo, los paramédicos y la patrulla finalmente habían llegado, uno de los técnicos en urgencias médicas le pidió que hiciera tiras con el rollo de venda que le entregó y las tijeras, pero la rubia no podía ni siquiera enfocar la mirada. Había escuchado a lo lejos lo que parecía el sonido de un disparo y si habían dudas, se las confirmó el segundo sonido que llegó débilmente a las afueras del condominio. Deseaba, no, rogaba con todas sus fuerzas que su hermana menor estuviera bien, no podía más con el estrés, no podía más con la sensación de pérdida y la preocupación.

-¡Estás sangrando Olga!- la voz de Sheena le llegó amortiguada. Recordó el primer día en el que su madre cocinó... nunca cocinaba... aquella vez hizo los peores panqueques de maple que Olga hubiera comido en su vida, pero igual los comió feliz porque los había hecho Miriam... Fue el mismo día en que le dio la noticia de que tendría una hermana, era de los días más felices en su vida... Helga tenía que estar bien ¿cierto? Ahora era una mujer fuerte ¿cierto? Ya no era ese bulto con un sólo mechón rubio en la cabeza que sus padres llevaron a casa del hospital ¿cierto?

-¡Olga!¡Olga! ¿Estás bien?- Park se esforzaba de tener la atención de la rubia, que derramaba lágrimas en silencio, parecía en algún tipo de shock. Uno de los paramédicos se acercó al escuchar los intentos del oriental y la joven de cabellos rosas.

-¿Señorita?- Olga pareció reaccionar al sentir la firme presión de una mano sobre su antebrazo, girándose a encarar al joven que había ayudado a Nadine -¿Puede caminar a la ambulancia? Tiene un sangrado- al escucharlo, instintivamente llevó su mirada entre sus piernas, encontrándose con la mancha que iba formándose, trayendo consigo una nueva ola de pánico que al notarla en sus ojos, el paramédico terminó por comprender qué ocurría -¿Está usted embarazada?- escucharlo generó sorpresa en Sid, Park y Sheena, asombrándolos aún más cuando la hermana de su compañera asintió -Vamos a trasladarlas al hospital- Olga quiso protestar, qué tal si su hermana también necesitaba de atención médica, pero no encontró las fuerzas para hablar o resistirse. Por primera vez en su vida se sentía genuinamente miserable.

-¿Bailas, Pataki?- se lanzó a por ella después de unos tensos segundos en silencio, clavando el cuchillo en el muslo de la chica, una exclamación de dolor brotó de sus labios, pero reaccionando velozmente, aprovechó la cercanía de su atacante y le dio un codazo en su nuca, provocando que Curly cayera al suelo con un sonido sordo, girando el cuchillo que tenía aún clavado en la piel de la joven, no tan profundamente como al lunático pelinegro le habría gustado. Lo sacó, rodando hacia su derecha, alejándose de Gerald que ya iba a por él, colocándose boca arriba para recibirlo a horcajadas sobre él -Debo decir que no me molesta esta posición Johanssen- alzando el rostro le dio un cabezazo al chico y apretó con fuerza en el brazo donde lo había herido. Gerald parecía un saco de boxeo, alguien le había facilitado el trabajo. Helga intentó llegar hasta los chicos, al verlos girar e invertir posiciones, con Curly ahora sobre Gerald, con el cuchillo en alto, listo para clavarlo.

-¡Déjalo!- la voz de Phoebe sorprendió a todos, pero a Curly en especial cuando recibió un impacto de bala en el pecho. La sangre lo cubría todo cada vez más rápido, el brillo en los ojos del chico fue desapareciendo a medida que se dejaba desvanecer sobre el moreno, Rhonda había llegado detrás de la oriental, disparando contra Curly -¿Pero qué...?- Phoebe se giró, casi al mismo tiempo que lo hicieron Lila y Helga. Rhonda continuaba con la Smith&Wesson 637 que se había conseguido la noche anterior, durante nochebuena, después de la visita matinal a Lorenzo y Harold... El odio en la mirada de la chica intimidarían a cualquiera, la unigénita Lloyd estaba harta de vivir su vida con miedo por culpa de aquel acosador que era movido a un lado por Gerald, intentando ponerse de pie, socorrido por Helga lo más pronto que pudo con la pierna herida. El sonido de pasos subiendo por las escaleras alertó a los chicos. Los policías encontraron la escena de un crimen sangriento, y Rhonda se dejó hacer por ellos como consideraron pertinente acorde a la ley, sin quitar la mirada del inerte cuerpo de su atormentador personal, como si creyera que si lo hacía, el chico volvería a ponerse en pie.

Los policías y el par de técnicos en urgencias que habían entrado al condominio con ellos auxiliaron a los chicos. Brian fue inmovilizado en una camilla para poder sacarlo de manera segura. Lila no quería despegarse de su lado, y no podía parar de llorar.

Jamie O., Melissa, Timberly, Sasha, Eugene, Stinky, Rex, Arnold y Marcy observaron la escena de los policías saliendo del lugar llevando a Rhonda esposada, introduciéndola en la patrulla, una segunda ambulancia esperaba a un costado, donde subieron a Brian y a Lila para llevarlos, en otra, un par de policías aplicaban sus conocimientos de primeros auxilios con Gerald y Helga... Phoebe de pie junto a ellos intentando ser de ayuda.

Jamie O. sintió que un peso se desvanecía de sus hombros... su hermano estaba bien, y con vida.

Melissa suspiró, insegura de acercarse, pero aliviada de ver a Helga y Gerald a salvo.

Timberly se echó a correr hacia ellos, abrazándolos sin importarle las protestas por lo adoloridos que se encontraban. Sasha la observó enternecida, sonriente, creyendo que aquello era el final feliz que los Johanssen se merecían.

Stinky, Eugene y Rex se acercaron a la patrulla que se disponía a llevarse a Rhonda, preguntando por lo que ocurrió, confundidos de que su amiga pareciera estar siendo arrestada.

Arnold estaba congelado en su sitio.

-¿No debería ser este el momento en el que Paris va a buscar su oportunidad con Julieta?- el rubio se giró a la castaña confundido por sus palabras.

-Así no es como termina esa obra- murmuró, encontrando en su interior una batalla que le hacía arder el cuerpo.

-No... pero Gerald y Helga están con vida... si eso es diferente, ¿Por qué no podría serlo la historia de Paris también?- Marcy transmitía una calma ajena a aquella escena, a toda esa situación. Arnold encontró eso hermoso y aterrador a partes iguales -Ve con ella- el rubio dudó un segundo... ¿Realmente eso era lo que quería? Su mirada se posó de nuevo en la escena, Timberly dejando ir a Helga y su hermano, riendo ante algún comentario sarcástico soltado por el moreno que pintó una sonrisa desganada en la menor de las Pataki, Phoebe riñéndolos claramente... se giró a Marcy de nuevo... llevaba muchos años buscando recuperar la sensación de hogar que irónicamente perdió cuando se fue con los padres a los que tanto añoró recuperar en su vida. Se dio cuenta que había estado mal todo ese tiempo, había estado esperando que Helga le devolviera esa sensación de hogar... ¡Qué egoísta había sido!

-No creo que encaje ahí ahora- las palabras pesadas, cargadas de tristeza del joven, pero de mucha verdad también, hicieron a Marcy poner sus ojos en blanco.

-Me siento de la misma forma- Arnold la miró de nuevo, esperando a que continuara mientras la chica se abrazaba a sí misma, incómoda de ser el centro de la conversación -Ellos solían ser mis amigos, mi círculo- suspiró -Pero fui yo quien se aisló y quien continúa haciéndolo, diciéndome que no hay forma de que encaje más ahí- las miradas de ambos se encontraron -No cometas ese error- el unigénito Shortman dirigió su atención a sus amigos de la infancia una vez más. Comprendiendo el significado de lo que Marcy le decía... podría no encajar ahora... pero de él dependía que eso cambiara... ninguno iba a detenerse en un momento así a extenderle una invitación para acercarse.

-¿Disculpen, alguno de ustedes es conocido o familiar de Olga Pataki?- el nombre de su hermana tensó visiblemente a la rubia. Acababa de ver morir a una persona al ser disparada por su némesis de la infancia después de que ese chico hiriera de gravedad a su mejor amigo que era trasladado al hospital en aquel instante... ¿la vida no podía darle un respiro?

-Sí, yo soy su hermana menor- dubitativamente, Gerald puso una mano sobre el brazo de su amiga, intentando transmitirle un poco de compañía. Los azules ojos de Helga brillaron al encontrarse con los color chocolate del chico, que le sonrió pobremente... aunque Gerald se veía hecho papilla, la consolaba que continuara junto a ella, que pudiera confiar en su fuerza para tomar prestada porque sinceramente aquel día de navidad parecía haber durado 1000 horas más de lo normal.

-Me acaban de informar que fue trasladada a urgencias, al parecer existe el riesgo de que pierda al bebé- sintió que todo el mundo le dio vueltas, viendo sólo borrones pasar a gran velocidad por un segundo... ¿Dijeron bebé?

-¿Olga está embarazada?- su mejor amiga en la infancia verbalizó su propia sorpresa, agradeció que Gerald la sostuviera, porque estaba segura que de otra forma se habría caído de sentón ante esa noticia.

-¿Quieren que los lleve?- el oficial se dirigía principalmente a Gerald, ya que lo conocía por ser hijo de su capitán, iba a añadir algo más cuando observó al primogénito de Martin Johanssen llegar hasta ellos con el rostro cubierto por un manto de solemnidad que le dejó mudo. No era cercano a esa familia pero se apiadaba de la situación que tuvieron que atravesar aquellos jóvenes, y esa expresión casi auguraba que la helada noche se alargaría aún más. Empezó a nevar levemente, y se le ocurrió que era mejor darle privacidad a ese grupo mientras iba a conseguirles protección del clima.

Gerald se moría por abrazar a Helga. Bastó un intercambio de miradas con su hermano mayor para saber que traía noticias peores para la rubia, ni siquiera le dio tiempo de alegrarse de que Jamie O. le dedicara una mirada después de lo que pasó o que su complicidad siguiera intacta a pesar de que descubriera la verdad, temía por la salud mental de su mejor amiga.

-Helga... esto no es para nada fácil de decir o de escuchar- la rubia alzó el rostro, pensando para sí un lamentable "Ahora qué" y conectando su mirada con la del Johanssen mayor -Mi padre me avisó que...- hizo una pausa, cerrando los ojos con dolor, preocupando aún más a los presentes -Tu mamá falleció- Phoebe se impactó en el pecho de la rubia, haciéndola tambalear un poco hacia atrás, recuperando el equilibrio gracias a Gerald. Sorprendida, miró la coronilla de la bajita joven que sollozaba en su pecho repitiendo "Oh Helga, lo siento tanto" una y otra vez... ¿Qué sentía Phoebe exactamente?

Arnold y Marcy llegaron finalmente hasta ellos al ver la reacción de la oriental. Timberly les explicó lo que había pasado y ambos se acercaron a Helga. La rubia observó a su antigua amiga, manchada en pintura y con el cabello hecho un asco, sonrió de lado.

-Olvidamos el glamour hace rato, ¿cierto Kornblum?- la voz se le quebró a media oración, no quería llorar, ya había llorado demasiado, ya se había esforzado y resistido demasiado... Miriam estaba muerta, ¿y? ¿Qué seguía? Ella no vivía más en Hillwood, en dos días tenía un vuelo que tomar de vuelta a su realidad... esto no tenía que afectarla.

-La fachada ruda hasta el final ¿no, Pataki?- respondió la joven, uniéndose al abrazo que aún sostenía Phoebe y que la rubia se sentía incapaz de terminar o rechazar.

Arnold llegó hasta la izquierda de Gerald, el otro lado de donde se mantenía recargada en su costado Helga. Miró al moreno con seriedad, preocupado de lo que podría traer esto como consecuencia para todos en la pandilla, por lo que le dijo Timberly, Rhonda disparó a Curly y fue por eso que se la llevaron, Olga estaba en urgencias al igual que Brainny y Helga había perdido a su madre.

-Definitivamente ya no somos esos niños jugando béisbol en el campo Gerald- el segundo hijo de los Johanssen asintió con dificultad, sus músculos le pasaban factura ahora que la adrenalina lo había abandonado. Arnold se quitó la chaqueta que traía y la colocó sobre los hombros de Helga al notar que ya no tenía su chamarra, bajo la atenta mirada de Gerald que se negaba a soltar a la rubia -Estarás bien, Helga- no supo si ella lo escuchó, pero tampoco le importó. Depositó un beso en la mejilla de la chica, sonrojada por el frío que hacía a la intemperie, y fue a buscar a un oficial para pedirle que los llevara a todos al hospital para ver a sus amigos. Gerald fijó su mirada en Helga cuando se aseguró de que Arnold no regresaría, quizás eran celos lo que sentía o una mezcla de nostalgia y culpa al saber que había arruinado sus posibilidades con la joven, sea cual fuera la razón, tenía aprehensión de que el rubio buscara aprovechar la vulnerabilidad de la rubia en ese momento.

Jamie O. indicó que Rex, Eugene, Stinky, Melissa y Sasha los alcanzaran en el hospital conduciendo los vehículos fuera del condominio, ya que no todos entraban en las dos patrullas disponibles (una llevaba a Rhonda) su esposa quiso protestar, pero la ignoró subiéndose a la patrulla donde estaban Gerald, Helga y Timberly. En la otra, Phoebe, Marcy y Arnold viajarían a la sala de urgencias.

-¿Ves cómo se comporta?- protestó la joven de ascendencia india, a lo que Sasha la fulminó con la mirada.

-¿Qué esperabas?- le respondió la canadiense, cruzándose de brazos.

-¿Qué dijiste insolente?- ofendida, Melissa caminó hacia la amiga de su cuñada, lista para arrearle una bofetada si era necesario para hacerse respetar.

-¡Hey, hey!- gritó Stinky, poniéndose entre ambas -Todos hemos tenido un mal día- alzando los brazos defensivamente ante la mayor -y sé que algunos la han pasado muchísimo peor que otros- miró de reojo al sitio donde el lunático de Thadeus perdió la vida -Pero no es razón para atacarnos ahora... Deberíamos ser el soporte de nuestros amigos y familia- Melissa lució avergonzada al escuchar al joven menor que ella aleccionarla de esa forma, tan sencilla y humilde que descorazonaba al reflexionar sobre sus propias acciones reprochables.

-Está bien, Sasha- dijo la mayor -Tienes razón. Lamento haber reaccionado así- la adolescente le sonrió, y se giró hacia el pelirrojo que temblaba de frío mientras era abrazado por Rex.

-¿Podrían llevarme? No quiero dejar sola a Timberly- el pelinegro asintió solemne. Después de dejarlos en el hospital, pasaría a la comisaría para ver qué tan mal estaba la situación de Rhonda, le había llamado al señor Lloyd y esperaba poder ser útil en algo para ayudar a su querida amiga.

En la recepción del área de urgencias, la enfermera en turno se sorprendía de ver llegar a Arnold Shortman con un grupo de jóvenes en trajes extraños y manchados de pintura, lodo, y sangre. Aunque su sorpresa fue mayor cuando el alto moreno intentó preguntarle por un par de personas, a lo que ella respondió que quizás era él quien necesitaba atención médica urgente y fue callada por una iracunda rubia que comenzó a vociferar lo incompetente que era en su trabajo, atrayendo la atención del resto de personas presentes en el ala del hospital. Intentando que la joven desistiera de la escena que estaba causando, se apresuró a buscar los nombres que el atractivo pero golpeado joven le había dado.

-¿Qué le costaba hacerlo desde el principio?- preguntó Marcy, cruzándose de brazos, molesta con la actitud pasiva de la enfermera.

-¿Te han dicho que no tienes tacto?- Jamie O. miraba alucinado a la castaña, era demasiada ironía para caber dentro de esa criaturita. La mirada que le devolvió la chica le hizo temer que hubiera podido leer su mente y supiera que la había llamado de esa forma en sus pensamientos, "criaturita", ahora se daba cuenta que no le quedaba para nada el mote.

Los chicos no podían visitar a Brian, pero en su camino a la sala de espera para ver a Olga se toparon con Lila hecha un ovillo en el suelo, gimoteando. Helga se acercó a ella, agachándose para estar a su altura, estiró el brazo para intentar apartar el cabello que cubría el rostro de la joven, pero se detuvo cuando apreció el aumento en la tensión de los hombros y brazos de la chica al sentir la cercanía de otra persona.

-Señorita Perfección, soy yo- susurró la rubia, intentando ser delicada, sintiendo piedad por la condición en la que se encontraba la joven que sólo respondió con un sonoro sollozo. Gerald puso una mano sobre el hombro de Helga y le indicó con un movimiento de cabeza las bancas frente a la pelirroja donde Phoebe, Arnold y Marcy se estaban sentando... ¿En dónde estaban Tim y Jamie O.? se preguntó brevemente la menor de las Pataki antes de sentarse a lado de la pelirroja, ignorando la invitación del moreno a que se sentara con el resto de ellos. De pie, Gerald dudó un momento si sentarse con ella o darle espacio, pero cuando la escuchó susurrar una vez más, con aquella vulnerabilidad que no le conocía de antes, se sintió repentinamente incómodo, como un intruso, y prefirió tomar asiento junto a Phoebe.

-Le compliqué la vida con lo que hice, ¿cierto?- el arrepentimiento en su tono hizo reaccionar al segundo hijo de los Johanssen. Luego de lo que vivieron en aquella casa del horror, de Brainny siendo disparado, de sentir el peso muerto de Curly sobre él y el calor y la humedad de su sangre filtrándose por sus ropas, y finalmente, luego de la noticia de que Olga estaba internada y Miriam había muerto... Olvidó completamente que Phoebe lo estaba chantajeando para pretender que habían regresado como pareja.

-No puedes cambiar el pasado- la gravedad en la inflexión del tono que usó preocuparon a la oriental, junto a ella, el único hombre al cual había amado profundamente arrugaba su rostro en un gesto de dolor que la hacía sentir ajena a su vida, ajena a su mente y ajena a su corazón. Era la primera vez que estando junto a Gerald, se sentía sola y vacía. Regresó su mirada al cuadro que protagonizaban la rubia y la pelirroja, ¿En qué momento perdió el valor de sus prioridades? Helga estaba atravesando por la muerte de su madre... La oriental la conocía lo suficiente para saber que estaba librando una batalla interna entre lo que debía sentir y cómo en verdad se sentía, y ella... ella era tan egoísta como para ponerse a pensar en esos momentos lo mucho que quería de vuelta a su mejor amiga y a su primer amor en su vida, volver a como eran las cosas antes de que Rhonda le arruinara la vida.

Helga acarició con pereza el cabello de la joven que no paraba de llorar, al verla, no podía evitar ver el reflejo de su propia miseria en la escenificación de su ex compañera de escuela gimoteando y abrazándose a sí misma. La rubia comenzó a susurrar con cariño... después de todo, las palabras fueron siempre el único consuelo que la chica encontró durante su vida.

El dolor está acostumbrado al dolor -La pelirroja respingó al escuchar la suave y cálida voz de Helga, rota por el mismo sentimiento que la azolaba a ella misma -Pasea invisible durante las noches y te persigue suave durante el día, escondido bajo tu figura- Lila viró el rostro, en dirección a la mejor amiga de su novio que yacía en alguna cama de aquel hospital, bebiendo sus palabras y de su voz como hizo la primera vez que sostuvo una conversación con Brainny mientras se ocultaban de una Helga adolescente que expresaba sus emociones bellamente en voz alta -El dolor se hace parte de tu piel. Aferrándose con dientes afilados, pero vigilando su fuerza para que no sangres, para ilustrar tu inmóvil apariencia, como tallada en frío y duro mármol- se sintió identificada con el verso que recitaba, sintiendo una punzada en el pecho que comenzó a abrirse paso desde adentro -El dolor se mece sobre pisos de madera, atento a su siguiente jugada… abanicando tus pies para que no te quemes, pero ávido de desengaño al mismo tiempo en el que temes… y cuando el dolor te abraza desnudo: con su oscuridad, con sus dientes, con su lumbre. Humedece tus poros con sabor a óxido y rompe tus espejos al lamerlos- Le ardían los ojos por las lágrimas que había derramado y aún dolía ahí donde Curly clavó el arma y tironeó de su cabello -entonces recuerdas su sigilo, su figura de reloj punzante, constante, un vengador obseso, que espera tu error, que te descubre y luego te envuelve- Helga retiró otro mechón de su cabello, haciendo con ella contacto visual, llenándola con esa vida que emanaba de sus pupilas azules -te muerde, te cercena, vierte hierro caliente sobre tus heridas, te quita la sed, te la cambia por llanto, busca un vacío y lo cose a tu pecho- Le menor de las Pataki acercó más el rostro al suyo, delicadamente, borró con sus pulgares el rastro que las anteriores lágrimas surcaron en sus mejillas -allí toca timbales luctuosos para que retumbe su eco y finalmente te asesina... lento... susurrando desde la almohada
el color de tu desolación- nuevas lágrimas brotaron al escucharla, Lila tembló, no sabía si de frío o de miedo o de angustia o de dolor, tantas cosas dentro de ella luchaban por clamar su atención, pero el tono en cascada de la voz de la joven junto a ella se imponía como una caricia para su alma, silenciando lenta pero firmemente a cada uno de los pensamientos inspirados por esas emociones -Pero el dolor no es fiel, se aburre rápido de tu cadáver, de tus lágrimas, de tu silencio, y de tu íntima lástima de perro. Por eso tarde o temprano te abandona, desentierra sus dientes de entre el valle de tu vientre, te libera un medio día sin nubes, deja que vuelvas a tirar los dados, a lavar tus dientes y remendar tus botones- La pequeña Sawyer asintió, hipnotizada por la calidez del aliento de Helga que golpeaba dulcemente su mejilla en la cercanía que la rubia había buscado, entreabrió sus resecos labios, encontrándose a sí misma incapaz de interrumpir el poema recitado por la persona que admiró en incontables momentos desde la lejanía junto a Brian -y de nuevo espera, paciente y sosegado, tu próximo error, el día confiado en el que te olvidas de tu muerte y partes con esperanza a buscar un nuevo inicio, encontrando sólo, para ti, un nuevo fin- La voz que amenizó la escena en la que se enamoró de su novio fue muriendo en la garganta de la autora e intérprete, así como se apagaba también su incontrolable dolor. Le había regresado la vida, el sentido y la esperanza... ¿Cuánto más iba a obsequiarle la voz de aquella poeta? -No estás sola en tu dolor- fue lo único que dijo Helga al terminar. La pelirroja se abrazó a ella, aferrada como un náufrago se aferraría a una tabla que vaga en el inmenso océano, intentando sujetar la esperanza y su vida entre sus brazos.

-¡Chicos, qué alegría es verlos bien!- Sheena llegaba hasta el grupo sentado en las bancas que observaba en mutismo solemne la interacción entre las dos chicas -¿Dónde está Helga? Ya puede pasar a visitar a Olga- la joven de cabellos rosas giró entonces, topándose con las jóvenes abrazadas en el suelo, las miró extrañada y cuando iba a decir algo, Phoebe se puso de pie frente a ella.

-Helga necesita un momento, ¿Por qué no vamos a buscar a Agatha? Debe estar llegando con los demás seguramente, acompáñame a recepción- A Marcy le divirtió el puchero que hizo la chica al ser tironeada del brazo por la oriental mientras insistía en querer sumarse al abrazo que Lila y Helga compartían.

-¿Tú no irás con tu novia?- preguntó mordazmente Arnold, tensando el ambiente que los rodeaba. Marcy miró a ambos, arrepentida de haberse sentado entre los dos chicos, ahora que Phoebe no estaba, ella tendría que ser mediadora y nunca fue buena para eso, ella era más de las que alentaban las peleas que de las que las frenaban.

-No- la respuesta seca de parte de Gerald sorprendió un poco a Kornblum, sobretodo cuando se puso de pie y agregó con tranquilidad que iría a conseguirle algo para beber y comer a Lila. Ni siquiera mencionó a Helga.

-Acabo de entrar a la dimensión desconocida- murmuró Marcy, ¿Arnold buscando pelea al moreno? ¿Gerald soportando y alejándose de una confrontación? Alucinada volvió su vista a las jóvenes que continuaban abrazadas, ajenas a lo que ocurría a su alrededor. No podía imaginarse cómo se sentían, presenciar que le disparan a alguien tan importante para ti, no saber cómo se encuentra...

-Si iba a irse, se hubiera ido hace rato- refunfuñó Arnold, cruzándose de brazos. La castaña lo miró con atención, sin su chaqueta, el rubio temblaba de frío y los dientes le castañeaban, no se había percatado pero sus labios comenzaban a verse un poco azules también.

-Deberías pedir unas mantas, para todos, no sólo para ti- agregó al ver que iba a protestar -Tu chaqueta no es suficiente para Helga, ella odia el frío- Arnold observó a la joven acariciando la espalda de la pequeña Sawyer, suspiró rendido. No tenía ningún argumento qué protestar a las palabras de Marcy, así que se dispuso a hacerlo.

Jamie O. estaba al teléfono con el capitán Johanssen. Al parecer, Rhonda no la tendría fácil. Además, el señor Pataki iba en dirección al hospital al enterarse de que Olga estaba ingresada, dejando a la familia Johanssen a cargo de los preparativos para el funeral de Miriam Pataki.

-¿Cómo están Timberly y Gerald?- Preguntó Martin, con el cansancio pesando en sus palabras.

-Timberly está conmigo en la cafetería del hospital, estamos esperando la orden para llevar algo de comida a todos, en el gotcha no probamos alimento alguno- escuchó a su madre a lo lejos protestar por eso, pero decidió ignorarlo -Gerald estuvo involucrado en el ataque de Curly... Y yo... yo no he hablado con él- su papá inmediatamente supo que algo más había ocurrido.

-¿Discutieron? ¿Gerald está bien? ¿Está ingresado?- antes de que el pánico se propagara en su familia, Jamie O. se apresuró a añadir.

-Él está bien. Fue algo que pasó antes de lo de Curly, y no me he acercado a solucionarlo con él- su padre le aleccionó sobre la importancia de la hermandad y del cariño que debería existir en la familia, Jamie no lo soportó más, y dejó salir un par de lágrimas que llevaba tragándose toda la noche, su padre añadió que él pronto tendría su propia familia con Melissa y tendría que enseñar lo mismo a sus hijos...

Jamie O. cortó la llamada sin más.

-¿Qué ocurre? ¿Qué dijo papá?- Timberly ya estaba a su lado sin que él se diera cuenta, se apresuró a limpiarse el rostro y girarse para responder.

-Parece que ni todo el dinero de los Lloyd evitarán que Rhonda vaya a juicio- Timberly lo miró extrañada.

-No sabía que eso te afectara tanto- la morena intentó consolarlo con un par de incómodas palmadas, nunca había visto así a su hermano mayor, no tenía idea de cómo reaccionar.

-No es eso... es sólo que fue un día muy intenso, espero que Olga y Brainny estén bien... y el funeral de la señora Pataki es mañana- Timberly bajó la mirada decaída.

-No puedo creer todo lo que tiene que pasar Helga, la quiero mucho pero no sé cómo hacerla sentir mejor- la adolescente recibió gustosa el abrazo de su hermano.

-Créeme que llevarle algo caliente para comer y beber le ayudará bastante- ambos recogieron la orden y al caminar hacia la salida del lugar, se encontraron de frente con su otro hermano.

Jamie O. y Gerald cruzaron miradas por primera vez desde que el mayor le diera la noticia a Helga de lo que ocurrió con su madre.

Timberly creyó ver chispas saliendo de los ojos de James, y una inmensa tristeza cubriendo los de Gerald.

¿Qué estaba ocurriendo con sus dos hermanos?