Jamie O. se mordió la lengua con fuerza para evitar vocalizar un poco de lo que pensaba sobre su hermano menor frente a Timberly, y trató de que no existiera matiz en su voz que hiciera sospechar a su hermana de que algo más ocurría aparte de haberse encontrado a Gerald de camino a llevarle comida a los demás.
-¿Cómo está Helga? ¿Ya saben algo de Olga?- Gerald bajó la mirada al suelo, sus hermanos no supieron interpretar aquel gesto, preocupándoles que algo más ocurriera durante su ausencia.
-Ella está con Lila, cuando la dejé no se veía bien... Pensé en llevarle algo de comida- Jamie O. suspiró, a pesar del dolor emocional que él mismo sentía, la siempre sarcástica chica la estaba pasando peor seguramente y no podía evitar compadecerse.
-Nosotros compramos suficiente para todos- dijo Timberly, sintiéndose incómoda observando la interacción tan extraña entre sus hermanos mayores.
-Oh- la elocuencia del moreno hizo que la adolescente lo mirara con suspicacia, ahora estaba segura de que no se imaginaba nada, algo estaba sucediendo.
-Será mejor llevarles esto a los demás, no han comido nada en todo el día- Jamie O. ni siquiera esperó que alguno de sus hermanos replicara, caminó a la salida de la cafetería dejándolos atrás, Timberly miró dubitativa a Gerald, no sabía si podría preguntar en medio de todo lo que estaban pasando sus amigos y sobre todo, lo que él había vivido en esa casa a medio construir.
-Te lo diré en otro momento, ¿Sí?- el moreno se había dado cuenta del dilema de la joven, sonriendo enternecido acarició su cabello y la invitó a seguir al primogénito de los Johanssen, él tenía cosas qué pensar en soledad, buscando el jardín interior del hospital se alejó del sitio. Timberly suspiró, ¿Por qué tenía que ser ella la única lista de la familia? Y elucubrando cómo haría que esos dos volvieran a la normalidad, se apresuró a alcanzar a Jamie O.
-¡Sheena!- Eugene corría hacia su mejor amiga con los brazos abiertos, siendo recibido por un caderazo que lo tiró al suelo cuando la chica se giró al escuchar su nombre.
-Juraría que escuché a Eugene- le dijo la de cabellos rosas a la oriental que ponía los ojos en blanco y negaba con la cabeza.
-Estoy bien- declaró el pelirrojo mientras se ponía de pie y entraba finalmente en el campo de visión de la joven.
-¡Eugene!- gritó emocionada y se arrojó a su amigo para abrazarlo, provocando que cayera de nuevo de espaldas y soltara el aire en sus pulmones con un fuerte quejido que preocupó por un momento a la oriental.
-E-estoy bi-bien- afirmó el joven con la voz entrecortada por el abrazo que mantenía su amiga, impidiéndole recuperar el aire que había perdido.
-Hola, Phoebe- saludó Stinky, observando alrededor se dio cuenta de que eran los únicos, además de Sasha, Melissa, Agatha y Mary en la recepción -¿Dónde están los demás?- la pelinegra hizo un intento de sonrisa que sólo deformó sus facciones, pero antes de responder, Park y Sid llegaron hasta ellos.
-Nosotros estamos por aquí Stinky, viejo- saludó Sid, viéndose desganado y arrastrando los pies hasta que alcanzó al grupo.
-¿Cómo está Nadine?- preguntó Agatha, sorprendiendo un poco a algunos que habían presenciado sus interacciones en los últimos días.
-Hemos hablado a sus padres, tendrá que permanecer un par de horas más aquí por protocolo pero fue una contusión leve que sumada al traspaso de no haber comido en horas y el frío... -la voz de Sid fue muriendo en su garganta -Antes de irnos...- compartió una mirada con Park -¿Lo que escuchamos fueron disparos?- Observó cómo Mary tenía un escalofrío y se abrazaba a sí misma, mientras Agatha clavaba la mirada al suelo.
-Nosotras estábamos escondidas muy cerca de esa casa- la joven de cabellos púrpuras se veía consternada por tener que revivir un recuerdo particular -lo escuchamos tan claro que no había forma de pensar que se trataba de otra cosa- Mary asintió perturbada, Sheena las envolvió con sus brazos buscando darles algo de confort, mientras que Phoebe suspiraba intranquila.
-Los primeros dos disparos los hizo Curly- Park, Sid, Sheena, Agatha, Mary y Eugene respingaron ante la mención de ese nombre, las chicas aún recordaban con horror su noche del baile en preparatoria y Eugene luchaba por contener las lágrimas al pensar en el desenlace que tuvo su compañero -El tercero...- el oriental hizo contacto visual con la Heyerdahl.
-¿Hubo un tercero?- Stinky colocó su mano sobre el hombro de Park para atraer su atención, intentando quitarle un peso de los hombros a su amiga pelinegra, se hizo cargo de darles la noticia.
-Rhonda ha disparado a Curly- Sid abrió sus ojos todo lo que sus cuencas le permitieron, Sasha y Melissa desviaron la mirada, confundidas de cómo sentirse respecto a la pérdida de la vida de una persona que no conocieron pero que atacó a Gerald y a Helga.
-¿Él... e-está aquí?- preguntó titubeante el oriental, sintiendo cierto temor de que el joven escapara y pudiera tomar represalias.
-No lo sé... Él... murió- Sid se mareó con la noticia, las chicas de la pandilla no pudieron contener más las lágrimas al igual que Eugene, habían pasado su vida escolar junto a ese joven, vieron su mente deteriorarse y nunca hicieron nada por evitarlo, por ayudarlo... No le deseaban mal, pero se sentían culpables del grado de alivio que llegaba a ellos con su muerte, después de ser responsable del incidente que mandó al hospital a Lorenzo y a Harold... bueno... estaba de más decir que la libertad del joven les preocupaba.
Un doctor se acercó a ella mientras observaba a sus amigas compartir un abrazo en el suelo de la sala de espera.
-Disculpe, ¿Es familiar de Olga Pataki?- al escuchar el nombre de su hermana la rubia se puso de pie, Lila la imitó un poco sorprendida, no sabía que la hermana mayor de quien la había consolado estaba también en el hospital.
-Yo soy su hermana- Helga dio un paso al frente, sintiendo un nudo en el estómago. Había transcurrido sólo una hora desde que se enteró que sería tía, pero le parecieron años los que pasó esperando por noticias que se lo confirmaran.
-Hemos conseguido parar el sangrado y calmarla... Pero ha pasado a ser un embarazo de alto riesgo... deberá extremar cuidados y nada de impresiones fuertes o situaciones estresantes- la rubia se mordió el labio preocupada -¿Quieres verla?- el médico se sorprendió con la respuesta que recibió.
-Aún no...- Helga se cruzó de brazos y clavó la mirada en el suelo, Lila se apresuró a abrazarla y Marcy conmovida, comenzó a acariciar su espalda y dedicarle palabras de aliento -¿Alguien habló ya con Big Bob?- no podía controlar el llanto incipiente que nacía desde su pecho, buscando concentrarse en algo diferente.
-Yo supe que Jamie O. se comunicó con él, viene en camino- le dijo Kornblum.
-Entraremos juntos, con nuestro papá, a verla- aclaró al médico que asintió y se alejó, era parte de su trabajo entregar ese tipo de noticias a los familiares de sus pacientes, una parte muy incómoda de su trabajo.
-¡Comida! ¡Ha llegado la comida!- Timberly llegó corriendo hasta ella y se le colgó a la espalda como un koala, Helga intentó reír, pero se sentía rota y muy cansada.
-Gracias, Tim- susurró. Lila, Marcy y Timberly decidieron darle unos momentos a solas y caminaron en dirección a la recepción donde se reunirían con los demás.
El aire frío congelaba sus fosas nasales, helando sus pulmones y congelando los pensamientos que se arremolinaban dentro de su mente como buscando compartir un poco de su calor con los demás, para resistir el crudo invierno.
Sonrió irónico. Quien le hubiese dicho una semana atrás que en 8 días su vida daría un vuelco de esa forma, que se descarrilaría tan estrepitosamente, que terminaría estrellándose en el fondo de un barranco, Gerald habría llamado a esa persona delirante... Ahora... hoy día... Aún le daba escalofríos detenerse a hacer un recuento de todo el daño que había hecho a otros.
Un súbito recuerdo lo inundó, de otro tiempo, de otro lugar... Phoebe y Helga sentadas en la mesa favorita de la oriental en la biblioteca, la oriental intentando que su mejor amiga aprobara cálculo, la rubia haciendo muecas de fastidio y rascando con desesperación la cabeza ante la dificultad de los problemas matemáticos que le planteaba como ejercicio la pelinegra... ¿Qué era "aprobar cálculo" en comparación a lo que habían vivido hoy? Las noticias que Helga recibió... En aquel momento, él había roto esa escena interrumpiendo, así como rompió su relación con Phoebe, igual como hizo con su amistad con Helga y quizás también con el matrimonio de su hermano, su confianza seguro que sí que la había roto...
No tenía ningún derecho a reprocharle nada a Phoebe. Su chantaje también era culpa suya, si él nunca se hubiera equivocado tan vilmente, la oriental no habría tenido forma de obligarle a romperle el corazón a Helga.
Y en un par de días más tendría que volver a Londres. ¿Cómo se enfrentaría a esa ciudad ahora? Helga siempre fue su cómplice y compañía dentro de los estirados pasillos del campus... No podía irse y dejar las cosas así con Jamie O. ¿O sería lo mejor irse y darle espacio de arreglar las cosas con Melissa?
Soltó un suspiro con melancolía, su vaho confundiéndose con el aire frío de la noche.
Sentía los músculos entumecidos y los golpes en el rostro le dolían horrores. Seguramente debería seguir el consejo de la recepcionista y hacer que un doctor lo revisara, pero hacerlo se sentía injusto, incorrecto... ese dolor era su penitencia y de alguna forma, su ancla. Ese dolor lo mantenía cuerdo, necesitaba esa cordura para apoyar a la rubia en esos momentos, si es que la chica aún encontraría en su corazón la voluntad para apoyarse en él.
Otro suspiro abandonó su cuerpo, dejando atrás un deje amargo con los pensamientos que le acompañaron.
Paseó su mirada con desgana por el jardín del hospital, sin duda hermoso en su sencillez, pero que aquella noche, esa misma sencillez se le antojaba lóbrega.
Lo que hubiera dado por la oportunidad de hablar con Brainny en aquel momento.
Agatha la sorprendió arrojándose a sus brazos, habían compartido tiempo juntas con Sheena y Mary en los últimos días, pero definitivamente no se esperaba el contacto físico y la estaba incomodando mucho.
-¡Qué horrible situación! Nos dijeron que Brainny también está aquí porque Curly le disparó... Qué horror ¿Era tu amigo cierto?- Sheena estaba segura que su prima tenía la mejor de las intenciones, no así el tacto para abordar este tipo de temas. Y para que ella se diera cuenta, es que en serio estaba siendo demasiado bruta.
-Todos estamos sorprendidos y horrorizados Agatha... pero Marcy ha venido a comer, no a que la asfixies y la acribilles con tus preguntas- la de cabellos cobrizos se sintió aliviada al ser soltada por la indignada joven de cabellos púrpuras que bufó en dirección de su prima, poniendo ambos brazos en jarra sobre su cadera.
-No te entrometas en esto Sheena- de pronto la señaló acusatoriamente -¡Tú te fuiste de ese terrorífico lugar sin mí!- el infantil reproche le causó gracia a Marcy, que no pudo evitar sonreír al ver esa interacción.
-¡No tenía idea de dónde estabas!- respondió Sheena, sintiéndose injustamente juzgada por sus acciones -Y Nadine y Olga necesitaban atención médica- Marcy borró la sonrisa en cuanto escuchó el nombre de la hermana mayor de Helga. Mary lo notó, decidiendo que era momento de interrumpir la conversación.
-Oigan, ¿Alguien sabe qué ocurrió con los sándwiches que preparé? No estaban en el auto- Eugene se atragantó con el bocado que había dado al bocadillo que Timberly amablemente le entregó. Comenzó a ponerse morado, asustando a los presentes.
-¡Eugene!- exclamó una preocupada Sheena que intentó apresurar su paso para ayudarle y en sus buenas intenciones no se dio cuenta que empujaba a Sasha que sostenía una botella de jugo, derramándola en el regazo de Melissa.
-¡Fíjate!- todo eso mientras Jamie O. se colocaba de dos zancadas detrás del pelirrojo y le aplicaba la maniobra Heimlich. El pedazo de alimento voló por los aires, estrellándose de lleno en el rostro de una molesta joven que intentaba secarse el pegajoso y dulce líquido de los pantalones -¡Hey!- volvió a gritar, frunciendo más el ceño, haciendo reír a Park, Sid, Stinky y Sasha a carcajada limpia, arrancando una sonrisa al estoico rostro de Jamie O.
-Estoy bien- afirmó Eugene, siendo abrazado por Sheena.
-Vaya espectáculo que saben dar ustedes, pandilla- la voz de Phoebe trajo un poco del perdido silencio y solemnidad que evocaba el momento y lugar en el que se hallaban.
-Sólo son ellos siendo ellos mismos Heyerdahl- Por alguna razón, la respuesta que dio Marcy tensó a la pelinegra en su sitio.
-Ya no somos los de siempre, no después de hoy- y Phoebe tomó asiento junto a Melissa, alejándose todo lo que pudiera de Kornblum, la chica le recordaba demasiado a su mejor amiga de la infancia, y estaba segura de que rompería en llanto de nuevo si se quedaba cerca de ella por más tiempo.
-No le hagas caso a 'esa' Marcy, cada quien procesa el dolor de maneras diferentes- afirmó Agatha, rodeándole los hombros con un brazo, tensándola de nuevo al recibir contacto físico -Ven, siéntate conmigo, vamos a comer- Mary observó preocupada las reacciones de la castaña, no sabía si su comportamiento siempre había sido así de errático ante la interacción con otros, pero una alarma acababa de encenderse en su cabeza y si había una palabra que podía definir a la joven Mary Hack, esa era "cabezonería" y vaya que le quedaba el apelativo.
Arnold no veía por dónde andaba, las enfermeras habían sido demasiado amables con él y le dieron suficientes mantas para cubrir a todos sus amigos de pies a cabeza... Intentaba maniobrar con la montaña de cobijas y sus torpes pasos en esos desconocidos pasillos cuando se estrelló con alguien y terminó en el suelo al igual que su preciada carga. Escuchó una voz familiar quejarse de los inútiles despreocupados que andaban por ahí sin fijarse en el prójimo y supo inmediatamente de quién se trataba. Una melancólica sonrisa cubrió su rostro antes si quiera de que pudiera verla, la rubia había caído sobre sus posaderas y continuaba en el suelo despotricando hasta en contra de la temperatura del azulejo que cubría en piso del hospital, tan encantadora como en sus mejores días.
-¿Estás bien, Helga?- la chica paró a media oración donde seguramente daría continuidad a sus maldiciones acerca del terrible diseño de la ventilación de aquel lugar donde el viento helado corría libremente gracias al acceso del jardín interior a espaldas de ellos, aunque Arnold no terminó de conocer la opinión de la rubia respecto a qué tan zopenco se necesitaba ser como arquitecto para concebir un diseño así, porque en cuanto las miradas de ambos se cruzaron, Helga no pronunció ninguna palabra más. Esperó pacientemente a que respondiera su pregunta, pero cuando se dio cuenta que esperaría en vano, se dispuso a reunir las cobijas y dejarlas en una hilera de sillas cercanas para girarse y ayudarle a ponerse de pie -Conseguí mantas- murmuró tímidamente, cohibido por la intensidad de la mirada que le dirigía la joven. Helga sólo alzó una ceja ante sus palabras -Ya sabes... para... cubrirte... del frío- sintiéndose cada vez más torpe, Arnold decidió buscar otro sitio más interesante dónde clavar su mirada que el bello rostro de su ex novia de la adolescencia.
-Vaya... deberían darte un premio a la elocuencia, camarón con pelos- al escucharle, Arnold volvió a alzar la vista, sorprendido de que le dirigiera la palabra, porque hace unos segundos no se veía muy por la labor. Sin decir nada más, Helga se dirigió hacia las mantas y tomó una, envolviéndose en ella.
-¿Has...- el rubio se obligó a respirar profundo antes de enunciar su pregunta, preparándose para una posible reacción violenta de parte de la joven, a la que creía conocer muy bien -... ¿Has podido hablar con tu hermana?- si no hubiera tenido toda su atención puesta en la figura de la chica, no habría visto el movimiento de incomodidad en sus hombros con la pregunta que le hizo, fue breve, pero le dio más información que cualquier otra conversación que hubieran compartido aquellos días.
-Estoy esperando a Bob- pareció que sus ojos se apagaron cuando volvieron a encontrarse con los del unigénito Shortman, hiriéndolo profundamente en el corazón. Se sentía impotente, sin ser capaz de convertirse en el sostén de la joven en esos difíciles momentos.
-Seguro que no tarda- no supo qué otra cosa decirle. No se le ocurrió nada más.
-Lo dicho... ¿Dónde está tu premio a la elocuencia?- su comentario sarcástico hizo sonreír desganadamente a ambos.
-Sé que no soy a quien preferirías encontrarte justo ahora- le dijo Arnold tímidamente.
-No- respondió cortante la rubia -pero a quien quiero ver le metieron una bala en el estómago- el veneno en la voz de la joven hirió aún más al rubio que cualquier golpe que le hubiera podido dar.
-Seguro que Brainny estará bien... mira a Harold- y al ver cómo la ira llenaba sus pupilas, Arnold se frenó a sí mismo ¿Qué había dicho mal ahora?
-Oh, claro. Seguro que estará bien, mira a Harold- arremedó las palabras de su primer amor con dolo, cada una dejando un sabor más amargo que la anterior en su boca -Sólo falta que le den uno a Gerald, así podré decir que mis mejores amigos sobrevivieron como si nada a un agujero en el cuerpo- el joven hizo un gesto de dolor, como si le hubiera pateado el estómago, dándole satisfacción y culpa, a partes iguales, a la menor de las Pataki por haberlo provocado. Luego de un silencio incómodo, Arnold aclaró su garganta antes de hablar, sintiendo un nudo en su pecho que terminaría por hacerle llorar si no hacía algo para deshacerlo.
-¿Aún lo consideras tu mejor amigo?- Helga lo miró confundida... ¿Hablaba de Brainny? ¿De Harold? ¿De Gerald?, un segundo después de pensarlo la claridad vino a ella, se estaba refiriendo al antiguo mejor amigo de la infancia del cabeza de balón, el cabeza de cepillo. Iba a darle una respuesta tipo "No te interesa" pero Arnold habló de nuevo antes de poder decírselo con todas sus letras -Si tienes un corazón tan noble como para perdonarle al instante sus ofensas... ¿Por qué conmigo es diferente?- quizás fue la mirada de dolor que le dirigió, o el temblor que percibió en sus manos, o quizás el cansancio que sentía en esa helada noche o el hecho de estar en el hospital esperando a decirle a su hermana con un embarazo riesgoso que su madre falleció ese día... Pero respondió sinceramente.
-Porque a ti te idolatraba- el rubio se veía tan sorprendido que se quedó sin palabras, "Si hubiera sabido que así se quedaría callado, se lo digo desde antes" pensó mordazmente para sí misma, y continúo elaborando su respuesta -tú eras mi novio, aunque sólo por unos meses en Hillwood, yo pensé que manteníamos una sana relación a distancia, te extrañaba y te anhelaba- las lágrimas se aglomeraron tras sus azules orbes, intentando evitar que cayeran, talló sus ojos con vehemencia ante un preocupado rubio que se moría de ganas por abrazarla -te creí incapaz de hacerme daño o de provocarme dolor, a parte del que sentí cuando decidiste irte a otro país...- se abrazó a sí misma, no quería verse así de vulnerable, segura de que sus córneas estarían inyectadas en sangre, tendría los labios resecos por la falta de agua en el día y el rostro pálido por el frío, odiaba la idea de verse débil, pero si no le decía aquello en ese momento, nunca le confesaría el dolor que cargaba consigo, y necesitaba drenarlo para abrazar el dolor de la pérdida de su madre sin que sintiera que su pecho estallaría -saber que no sentías lo mismo, fue demasiado para mí- humedeció sus labios, sintiendo de pronto la boca demasiado seca, hablarle del hoyo negro que dejó en ella tras su súbita despedida abría una herida que continuaba sin cicatrizar, porque ella no lo permitió, porque necesitaba tomar de ella su inspiración -Me sentí engañada, me dijiste que me amabas, que nunca me dejarías sola, que siempre pensabas en mí... y un día cualquiera, de la nada, resultó que en un campamento estabas con alguien más y me lo dices como si no fuéramos nada... ¿Pensaste en lo que me hacías?- habló con claro dolor en la voz.
Arnold apartó la mirada, cerró los ojos con fuerza, decidido a decirle de dónde había surgido esa necesidad de lastimarla en su inmadurez emocional, de decirle que su cercanía con su antiguo mejor amigo lo estaba matando de celos y que no hacía otra cosa que imaginarlos juntos, que se estaba volviendo loco por no saber, por no estar...
Pero sus palabras se atropellaron unas a otras cuando otra voz se unió a la conversación.
-Claro que no- Gerald se erguía a la entrada del jardín. Había escuchado todo el intercambio entre los rubios desde que se estrellaron por mera coincidencia, y no soportó más el tono que cubría la voz de su amiga, ni el reproche que Shortman le hizo sobre haberlo perdonado, porque hablaba sin saber.
-Geraldo- la sorpresa no se podía disimular, así como tampoco el alivio en el rostro de la menor de las Pataki.
-No te preguntó a ti- el unigénito Shortman temblaba de rabia, el recuerdo de verlos besándose en ese mismo hospital aún pululaba a sus anchas por su mente, lo único que quería era una conversación a solas con Helga y el moreno parecía rondarla siempre, comenzaba a cansarlo.
-Hey, Arnold- le riñó Helga, sin gustarle la manera en la que el rubio miraba a su amigo, con un palpable rencor.
-¿Es en serio?- respondió incrédulo -El que se ha metido en una conversación nuestra ha sido él, ¿y vas a regañarme a mí?- Arnold la miró dolido, tenía muy claro que ya no formaba parte de la vida de Helga, aún así, dolía verla elegir a Gerald sobre él.
-En primera, yo no regaño- con el entrecejo fruncido, volcó su atención en el rubio -y en segunda, creo que ya te he dejado claro que Gerald es uno de mis mejores amigos, haya hecho lo que haya hecho, así que te agradecería que te compartes con algo de madurez dada la situación- terminó de pie con los brazos en jarra y tirando al suelo la manta con la que se había envuelto, a pesar del cansancio, su mirada cobró ferocidad en cuanto el moreno apareció en el cuadro.
Suspirando, Arnold decidió que era momento de alejarse, no quería presionar más a la joven con toda la tensión que ya estaban viviendo, parecía que nunca era el momento idóneo para que hablara con ella, como si el destino o el escritor de su historia confabulara una y otra vez en contra suya para evitar que se acercara a la chica... negó con la cabeza, el cansancio y el hambre le hacían pensar en tonterías, nadie más era responsable de lo que decía o dejaba de decir que él mismo, y aunque todavía tenía muchas explicaciones que darle a Helga, no quería imponerse ni abrumarla.
-Iré a buscar algo de comer, y a ver que tu papá haya llegado- sin que Helga o Gerald hicieran el intento por impedirlo, Arnold se alejó de aquel pasillo sintiéndose muy frustrado.
La rubia se giró para levantar la manta, sabía que Arnold tenía buenas intenciones, pero sentía que todos sus intentos por acercarse a ella llegaban un par de años tarde. Si algo se enorgullecía de ser, eso era leal con sus amigos y el Johanssen la había estado apoyando desde su adolescencia, cada vez más presente en su vida, cada vez con más cariño hacia ella.
Volvió a envolverse en la manta, en silencio, tomando una vez más lugar en la hilera de asientos de ese poco concurrido pasillo. Gerald se sentó junto a ella, dejándose caer en el asiento a la derecha de las mantas, dejando que los trozos de tela hicieran de una especie de barrera entre ambos, creyendo que así se sentiría más cómoda su amiga.
Uno de esos suspiros que lo habían estado atormentando se le escapó de nuevo. Helga lo miró por un breve momento en silencio, absorbiendo los detalles de su magullado rostro que habían pasado desapercibidos en medio de la adrenalina de la suma de episodios que pasaron unas horas antes. El ojo izquierdo de Gerald estaba casi cerrado por la hinchazón de su pómulo que tomaba un tono violáceo, mientras que sangre seca cobijaba la herida abierta de su labio y su mandíbula en posición extraña. Se imaginó que a lo largo de sus costados tendría hematomas decorando las costillas y el vientre, para lo cual su mente necesitó, con meros fines ilustrativos, imaginarse el cuerpo desnudo del joven. Helga enrojeció en segundos, desviando su atención a la hilera de azulejos de color distinto que guiaba a la entrada del jardín donde hace unos segundos había visto aparecer al moreno con una iracunda mirada, asustándola por un instante, lo que tardó en notar que se trataba de él.
-Cuando hables con Olga- la gutural voz del joven le provocó un escalofrío, clamaba por su atención y ella estaba demasiado cansada para negarle algo, volviendo a mirarle y encontrando con que sus facciones se habían suavizado, pareciendo dulces mientras continuaba hablando -intenta recordar que todos procesamos el dolor de maneras diferentes, sé paciente con ella, también ha pasado por demasiado- la rubia asintió lentamente, le consolaba que Gerald le hablara normalmente, casi le hacía pensar que volvía a estar en su departamento de Londres con una taza de café en las manos, sentada a su ventana favorita escuchándolo comentar alguna clase en particular que le había gustado mucho del campus.
-Y cuando tú hables con Jamie O.- lo vio hacer un gesto de dolor ante la mención de su hermano mayor, y sonrió suavemente -intenta recordar que él no va a dejar de amarte porque te hayas equivocado tanto- el moreno desvió la mirada, sintiendo que la presión que tenía sobre los hombros se aligeraba un poco.
-Pensé que me odiarías- sin darse cuenta esas palabras ya habían abandonado sus labios, pesándole.
-¿Quién dice que no lo hago?- reviró, irguiéndose un poco en el asiento y haciendo al joven dudar por un momento -No te odio, pero no me gusta que asumas cómo me siento sin haberme preguntado antes- se apresuró a aclarar, doliéndole un poco la forma en que se había apagado su compañero en cuanto dilucidó la posibilidad de que estuviera en lo cierto.
-¿Por qué?- la rubia lo miró confundida un breve instante.
-¿Por qué, qué?- respondió a la defensiva.
-¿Por qué no me odias?- el corazón de Gerald se encogió en su pecho, su mente le jugaba malas pasadas imaginando que respondería algo parecido a "Porque me tiene que importar alguien para odiarlo" o "¿No sería darte demasiado protagonismo, Johanssen?" percibiendo a momentos que realmente saldrían palabras similares de entre los amoratados labios, por el frío, de la chica frente a él. La última vez que se detuvo a observar cada detalle de ella fue en aquella construcción donde la pesadilla se volvía realidad y terminaba, todo al mismo tiempo.
-Porque...- Helga lo miró directamente, pensó en la llamada que recibió mientras se compadecía de sí misma en su departamento en Londres, la llamada que Gerald le hizo desde el aeropuerto mientras compraba dos boletos, el asiento junto a ella para que pudiera viajar sola en el avión y el de él para poder acompañarla en su regreso a la ciudad que tanto dolor le causaba. Pensó en los deliciosos waffles que compartieron a su llegada a Hillwood, después de encontrarse la casa Pataki completamente vacía, las bromas que hizo para intentar aligerar la tensión de haberse reencontrado con Arnold. Recordó sus tardes en la casa de la familia Johanssen, el dulce sabor del chocolate caliente casero de la receta especial de la madre de Gerald, el cobijo del cariño que el moreno y sus hermanos siempre le mostraron. La tarde de lluvia cuando supo sobre la enfermedad de Miriam también se sumó a la progresión de eventos que parecían repetirse delante de sus ojos, cómo la buscó hasta encontrarla y la recibió entre sus cálidos brazos, contra su firme pecho, cuando sentía que se estaba derrumbando en su interior. La visita a Seattle, la gentileza de sus caricias y la pasión de sus besos, su piel calentándola, amándola, entregándola al clímax del placer, despertándola, descubriéndola -... porque eres tú- el brillo en los ojos color chocolate aceleraron los latidos de su corazón.
-¿Qué quieres decir con eso?- algo se había iluminado dentro de él, y deseaba apagarlo antes de que creciera, no quería que creciera para morir cuando fuera inmenso y lo llenara todo en su interior.
-Sabes muy bien quién eres para mí- Helga respiró profundamente, enderezándose en su sitio -eres mi mejor amigo desde hace muchos años y...- con las mejillas arreboladas, se armó de valor para decirle lo que se arremolinaba en su mente -eres con quien hice el amor por primera vez- verla así terminó por desbordar eso que había nacido en su interior, esa esperanza, ese anhelo, ese cariño... no podía contenerlo más dentro de sí, y cuando batió sus pestañas con esa tierna mirada, no lo pudo evitar. Besó los labios de Helga mientras se quedaba un segundo pasmada y luego le correspondía.
Así los encontró Arnold cuando volvía con un par de emparedados y el padre de la rubia para que hablaran finalmente con Olga.
El médico al encontrarse con los padres de Nadine, les dio la noticia de que podría volver a casa en unos minutos más, aliviando la preocupación que ambos padecieron el eterno momento que condujeron camino al hospital. Sid suspiró aliviado. Agatha bufó incrédula.
-Ahora sí te preocupa su bienestar, ¿no?- el aludido tensó la mandíbula para evitar responder a las provocaciones de la chica -Me pregunto si te importaba tanto mientras te metías entre mis sábanas- Stinky tuvo que detener a su amigo para que no hiciera una barbaridad en plena recepción del hospital, aunque si Stinky lo pensaba con cuidado, ahí podría recibir atención médica pronta cuando Agatha le diera su merecido por intentar alzarle la voz o la mano, lo que sea que fuera a hacer Sid al perder los papeles.
-A veces, en serio te tienes que quedar callada- Phoebe rara vez participaba de discusiones, pero en aquel momento en serio le enervaba la actitud belicosa de la joven de cabellos púrpuras. Sabía que la prima de Sheena estuvo a punto de responderle algo, pero su celular recibió una llamada entrante, dándole la excusa perfecta para apartarse del grupo que ya empezaba a discutir por la actitud de Sid y Agatha.
El número se anunciaba como desconocido en la pantalla de su móvil, extrañada por ese hecho, contestó la llamada.
El padre de Rhonda ni siquiera la saludó. De hecho, ni siquiera le dijo quién era, lo supo por las palabras que le dedicó en los 27 segundos que duró la llamada antes de que él la terminara.
-Ven a los juzgados a primera hora mañana, es tiempo de pagar tu deuda con mi hija- el tono de terminación de la llamada retumbó unos momentos en su cabeza, haciéndola sentir que todo le daba vueltas... ¿El padre de Rhonda sabía que su hija la hizo entrar en Harvard? ¿Sabía lo que tuvo que hacer Phoebe a cambio? ¿Para qué le pedía que fuera al juzgado? ¿La iba a demandar? ¿Podía demandarla? Sintió que el aire no llegaba a sus pulmones, intentar respirar hacía que su pecho doliera, comenzó a ver desenfocado hasta que alguien puso sus manos sobre sus hombros, y escuchó la voz de Park.
-Phoebe, ¡Phoebe! Todo está bien, sólo es un ataque de pánico, tranquila, respira- y aunque podía escucharlo no entendía lo que le decía o mejor dicho, no podía hacer lo que le pedía. La pelinegra se aferró a las muñecas del oriental, lastimándolo, pero él no se quejó ni una vez sabía que la joven lo necesitaba para calmarse.
-E-estoy perdida- y Park decidió que aunque le guardara rencor, no iba a dejarla sola.
Olga intentaba calmarse, le habían dicho que tenía que estar lo más tranquila posible. Pero Helga no había ido a verla y los sonidos de disparos que escuchó antes de entrar en ese estado de shock, la idea de que algo le pasó a su hermana menor estaba atormentándola.
No podría perdonarse a sí misma, ella postrada en esa cama de hospital sin poder hacer nada por su hermana, no podría vivir con eso.
Cerró los ojos intentando evocar el recuerdo de su hogar, de lo que alguna vez fue su hogar. Bob animándola en sus juegos, en sus recitales, en sus concursos... Miriam acompañándola de compras, llevándola a sus clases de ballet, comprándole un helado en el parque... la pequeña Helga, con la cara como una pasita, balbuceando sus primeras palabras e intentando quedarse sentada por más de un minuto para perder contra el peso de su cabeza... Su hermana siempre fue muy cabezota... se le escapó una sonrisa ante ese pensamiento.
No pudo detener las lágrimas, su mamá la había acompañado en la visita al ginecólogo que comprobó sus sospechas. Estaba embarazada, y Michelle nunca respondió sus llamadas o mensajes para darle la noticia. Saber de la enfermedad de su madre y el desplante de su pareja nubló un poco la felicidad de saber que tendría un hijo... un hijo suyo. Aún así, era algo que la llenaba de gozo, y le aterraba la idea de perder ese pequeño pedacito de cielo que crecía dentro de ella.
Insistió tanto en el regreso de Helga desde Londres para que pudiera darle la noticia en persona, a ella y a Bob... Ya no se sentía capaz de pensar en él como su papá, no después de conocer la historia de su nacimiento.
Que la condición de Miriam empeorara justo cuando Helga volaba había sido un mal presagio de todo lo que tuvieron que atravesar estas navidades, le dolía pensar que era responsable por su egoísmo de que su hermanita se pusiera en peligro con la presencia de ese lunático violento que atacó a Nadine y a Lila. Lo único que quería era darles la noticia. Decirles lo feliz que era.
La puerta de la habitación se abrió sobresaltándola, intentó limpiarse el rostro con las sábanas antes de fijarse en quién era su visita.
El pecho se le hinchó de júbilo al ver a Helga asomar la cabeza, parecía estar bien, y no pudo detener su llanto, lágrimas de alivio que no reflejaban el huracán de consuelo que se desató en su interior.
-Hey... Olga, no llores...- si se ponía así con verla, casi agradecía que Bob estuviera acompañándola para darle la noticia.
-Có-cómo no voy a llo-llorar si... si estoy tan-tan feliz de que e-estés a salvo- Helga se acercó con sigilo a la cama de su hermana, en cuanto sintió la cercanía, Olga se lanzó al cuello de la rubia aferrándose con fuerza y desahogando sus pesares sobre el hombro de la joven, humedeciendo la manta que llevaba cubriéndole los hombros.
-¿Es verdad que estás embarazada Olga?- preguntó Big Bob, con ese tacto que tanto lo caracterizaba, rompiendo el momento que las hermanas compartían.
-Si te lo ha dicho el médico, qué duda te puede quedar Bob- le reprochó Helga, agradeciendo que la mayor la hubiera soltado. En cuanto Olga vio al hombre que la crio frente a ella, una profunda tristeza la embargó. Bob lucía... decepcionado... Y profundamente miserable. Se sintió responsable del funesto halo que lo rodeaba, y aclarándose la garganta decidió que tenía que darle explicaciones.
-Así es... estoy embarazada de Michelle. Y he decidido tenerlo, mamá me apoyará y cuidará de ambos, si no se los conté antes fue porque...- Olga se cortó, los rostros de sus familiares habían mutado en cuanto mencionó a su madre, confundiéndola un poco -¿Qué ocurre? ¿Le pasó algo a mamá? ¿Volvió a la clínica en Seattle?- Helga clavó su mirada en el suelo, incapaz de sostenérsela a su hermana mayor, sin embargo Bob hizo lo opuesto, y buscó el contacto visual directo. Olga lo entendió en cuanto vislumbró la desgracia en la mirada del Gran Bob. Su mamá, ya no podría cuidar de ella y del bebé, al menos no de la forma en que planearon. Si antes había llorado, ahora berreaba, sintiéndose destrozada por dentro, sintiéndose más sola que nunca, sin saber a dónde pertenecer, segura de que aquel hogar que añoraba nunca volvería, jamás tendría ese amor de nuevo, ese calor de familia, ese abrazo hogareño al volver del colegio. Lloró más de lo que había llorado en toda su vida, hasta que se quedó afónica, hasta que una enfermera tuvo que sedarla. Y Helga y Bob lloraron con ella, y continuaron después incluso de que yaciera en brazos de Morfeo, lloraron en silencio hasta que el sueño se apiadó también de ellos, y lo que quedaba de la familia Pataki pasó la noche en la misma habitación de hospital, junta, rota, pero junta.
