Flufftober o Kinktober
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Good Omens: Gabriel y Fem Beelzebub
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Los días después del no Armagedón se habían vuelto aburridos y tediosos y el hecho de tener pilas y pilas de archivos de almas condenadas por sus pecados en espera de su sentencia solo empeoraba la situación.
Por enésima vez, el príncipe del infierno suspiro a la vez que se llevaba a su cabeza sus manos y tiraba de mechones de cabello.
Su maleficencia aquí hay más trabajo— Dijo Dagon dejando caer una nueva pila de archivos. Cuando impactó contra el escritorio una nube de polvo se esparció por el mueble. Tal parece que al Beelz no le interesaba mucho la limpieza.
¿¡Más!? — Dijo, o más bien gritó con fastidio.
Si, tal parece que los humanos en los últimos tiempos han decidido pecar más.
Eso de cierta forma le hizo sentir orgulloso, los humanos cada vez más se pasaban al lado de los malos, eso ayudaba a las cifras del infierno, pero no ayudaba el tener cientos de archivos por revisar.
Y la verdad ese día no tenía ánimos de trabajar. Sin ninguna otra actividad por hacer que no fuera esos estúpidos archivos decidió salir al exterior y deambular entre los desdichados. Quizás torturaría a unos cuantos.
Saldré a caminar, Dagon. Si quieres dale más trabajo a algún demonio que te caiga mal.
Sin tiempo de replicar por parte del demonio con escamas, el príncipe desapareció.
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Ahí arriba no encontró nada interesante. Las calles de Londres estaban casi vacías y abundaban más los coches que las personas. Al parecer y debido a la época de lluvia la gente no quería salir de sus hogares, preferían una tarde calientita bebiendo café o chocolate que congelarse las orejas.
Un aire frío sopló en dirección del príncipe haciendo que su bufanda y gorra salieran volando. Beelz, también voló detrás de su ropa.
«Maldita la idea de vestirme con esta ropa ridícula»
Con furia tomó las prendas y se las colocó de nuevo con desespero y fastidio. Cuando el sentimiento pasó miro a su alrededor para saber dónde se encontraba. En la otra calle estaban negocios de comida y ropa cara. Y donde ella estaba encontró en la esquina de la calle un pequeño y curioso local.
Sex shop ''El Diablito Semental''
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El lugar realmente la dejó sorprendida. Nunca se había enterado de la existencia de una clase de tienda como esa, y bueno no era para menos, pocas veces encontraba interesante salir a la superficie y solo lo hacía para sus reuniones con el Arcángel y sus otras ''actividades''.
Los humanos seguían asombrándolo por todas las cosas que creaban para la perversión y la lujuria.
Dándole una palmadita a la bolsa negra que llevaba consigo prosiguió a dirigirse hacia el hotel donde siempre iba con el mensajero de Dios después de sus aburridisimas reuniones. Antes de salir le había mandado un mensaje exigiéndole verlo porque estaba aburrido y tenía deseos de joderlo.
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Nada más entrar a la habitación del hotel y cerrar la puerta el joven Arcángel fue recibido por el pequeño príncipe quien se le colgó al cuello sosteniéndose con sus piernas que le rodeaban la cintura. Gabriel apenas atinó a sostenerlo para evitar que cayera. Por la fuerza y para evitar caer chocó fuertemente contra la puerta del lugar. Afuera un viejo matrimonio que pasaba quedó sorprendido por el ruido, mirándose con complicidad, llegaron a la conclusión de lo que pasaba en ese lugar.
¡Ay! La juventud de ahora.
Volviendo con los orgullosos líderes de cada bando; Beelzebub había comenzado a deshacerse del molesto y aburrido traje gris que su adversario se empeñaba en usar.
Tranquilo príncipe— Decía entre divertido y en comienzo de su propia excitación. Si había algo que le gustara de los humanos eso era sus cuerpos físicos dotados de innumerables terminaciones nerviosas que les permitían sentir hasta el más pequeño de los placeres.
El sexo era una maravilla y había comprendido desde hace ya varios siglos que este mismo podía incrementar su satisfacción cuando se realizaba con la persona que más se quiere y adora. Porque el terco mensajero de Dios, amaba a ese príncipe malhumorado desde antes de la caída; Cuando aún era el pequeño ángel, Ba´al, quien un día orgulloso le mostró su creación: las abejas.
Gabriel también había comenzado a desnudar el cuerpo de su viejo amor, que ahora se encontraba sobre la cama de la habitación. Beelz disfrutaba, Beelz se sentía amado con cada caricia que con maestría recibía del castaño. El príncipe no se quedaba atrás. Cuando por fin tuvo para su deleite su cuerpo desnudo comenzó a acariciarlo, a recorrer su cálida piel que estuviera a su alcance.
Un ligero aroma a lilas inundó su nariz mientras besaba y mordía su cuello.
Embriagante y excitante.
La habitación se encontró envuelta entre gemidos y jadeos de ambos amantes cuando decidieron unir sus sexos, sus cuerpos y almas. Gabriel se movía rítmicamente dentro del príncipe. Amaba con locura su cuerpo femenino, tan pequeño y delicado, tan exquisitamente adictivo.
Beelz por otra parte solo se limitaba a abrazar con fiereza su cuerpo musculoso. Sentía miles de sensaciones, muchas de ellas difíciles de explicar. Lo único que comprendía era el amor y el deseo y ya no solo lujuria.
Espera, Gabriel — Interrumpió Beelz, abrazando con sus piernas su cuerpo intentando detenerlo con éxito.
El castaño le miró confundido. Sus ojos se encontraban dilatados y cargados de deseo. Beelz casi decide mandar al diablo lo que quería sugerir para continuar. Pero no, ya había comprado el juguetito como para dar marcha atrás.
Quiero… intentar algo contigo.
¿Ahora?
O vamos, Arcángel, estoy seguro que lo disfrutaras.
Sin darle tiempo a replicar el príncipe decidido se lo quitó de encima, con cierto temblor en sus piernas se dirigió a la mesita donde estaba la bolsa negra. De ella sacó un arnés y un ¿dildo? Sí eso parecía y en conjunto era un strapon.
¿¡Es enserio!? ¿¡No creerás usarlo en mi o si!? — Dijo llegando a la conclusión que eso no era para usarlo en Beelz, después de todo tenía uno entre sus piernas bastante generoso y despierto.
Sip
¡Por supuesto que no!
Por favor
No
Por fa…
No, Beelz y no insistas y además si aceptara ¿Eso donde entraría? No tengo una va-vagina. — Preguntó con un notorio sonrojo.
¡Oh! Lo último si que no lo esperaba ¿A caso el viejo mensajero de Dios no sabia nada de tener sexo fuera de lo tradicional: pene, vagina y penetración?
Beelz claro está y dado su condición como demonio que sabía. Sabia que entre hombres el sexo era anal y de igual forma entre una pareja hombre-mujer, si así lo deseaban.
Por su cara de confusión afirmó que no.
Pues puedo mostrarte donde entraría, Arcángel.
Coqueto se acercó hacia él, quien no dejaba de ver el contoneo hipnotizante de sus caderas y también el juguetito .
Confía en mí, ¿Crees que te haría daño?
Estuvo tentado a decir que sí, era un demonio y su adversario, pero sabía que a esas alturas esa no sería una buena respuesta y que lo lastimaría si sacara a relucir su condición como caído y lo que trae consigo serlo: ser un ente que no es digno de confianza.
A demás veía sus gélidos y hermosos ojos azules mirarle como un niño que desea algo. Suspirando cedió.
Si, Beelz, confió en ti.
No espero más que su confirmación y se colocó aquel arnés, ajusto las correas y colocó el dildo. De la bolsita también sacó una botellita de lubricante. La vendedora le recomendó comprarlo, para prepararlo y evitar algún desgarro y dolor.
Beelz en sus encuentros como demonio con cuerpo masculino realmente no le importaba lastimar a quien tentaba, era un ser maligno y ese era su objetivo. Pero no con Gabriel, no con su amado ángel, deseaba que disfrutara no que sufriera.
Se acercó al ángel, quien mostraba en sus ojos cierta duda y temor.
Si no quieres, no, Gabe, no te obligare.
Su preocupación por él hacía derretirse de ternura. Antes los demás se mostraba malhumorado e indiferente, pero con él y solo con él se mostraba diferente, cariñoso y preocupón, tal y como era antes de caer. Claro está que no dejaba de lado ese lado de personalidad que heredó una vez que se hizo demonio.
Decidido la atrajo hacia su cuerpo y la besó. Beelz gustoso correspondió, recostándolo en la cama, comenzando de nuevo con su recorrido por todo su cuerpo, comenzando de nuevo su excitación y deseo. El joven ángel sin poder contenerlo solo se limitaba a gemir, haciéndole saber a su amante cuanto lo disfrutaba.
Sin dejar de prestar atención a su cuerpo Beelz tomó la botellita de lubricante colocando una generosa cantidad en su mano. Susurrándole al oído le explicó lo que a continuación seguía.
El castaño en respuesta abrió un poco sus piernas, dándole libre acceso a esa parte de su cuerpo.
Entró un dedo, lento al principio, deteniéndose para que se acostumbrara, después comenzó a meterlo y sacarlo. Gabriel en un principio se sentía incómodo, un poco de dolor, pero después se sintió bien, aún no placentero, pero bien. El placer llegó cuando un segundo y luego un tercer dedo ingresó. ¡Oh! Eso se sentía jodidamente genial.
Ahora iré con esto, seré cuidadoso— Decía al tiempo en que señalaba el dildo y le colocaba más lubricante.
Lentamente ingresó solo la mitad del juguete, teniendo como respuesta algunos quejidos de angelito. Se detuvo y espero a una indicación afirmativa de continuar.
¡Demonios, Beelz! — Exclamó cuando toda la longitud del objeto estaba dentro de su cuerpo.
El aludido rió ante la expresión utilizada. Poco tiempo después Gabriel deseoso por sentir aquello que hacía especial el sexo anal comenzó a moverse, animando a su amante a hacerlo también. Rítmicamente y casi hipnotizante, Beelz penetraba con maestría el cuerpo virgen de su amado. Para el príncipe no había placer alguno, solo un ligero cosquilleo en su vagina y vientre, pero era más el deleite de ver el cuerpo contrario arquearse de placer lo que hacía que disfrutara el momento.
Los gemidos de su amante le resultaban una dulce melodía digna de ser escuchada. Ver su ser retorcerse de placer antes sus caricias le hacía sentir orgulloso al ser él quien provocara tantas emociones en el santo arcángel Gabriel.
Ve más rápido, Beelz.
Gustoso obedeció, al tiempo en que se abrazaba más al ángel, mientras besaba y acariciaba la piel a su alcance.
Hubo un momento en que las penetraciones llegaron hasta el delicioso punto de placer que el cuerpo masculino tenía, ocasionando que Gabriel arqueara su espalda y gimiera más fuerte y sin pudor.
Sabiendo que pronto acabaría decidió brindarle atención a su pene quien esperaba ansioso por ser recordado. Con las caricias y suaves apretones adecuados el arcángel terminó por derramar su semilla contra su vientre y mano del príncipe.
El orgasmo había sido tan glorioso que casi sentía que llegaría al cielo.
Beelzebub cansado se dejó caer sobre su amante. Gabriel un tanto aturdido lo abrazó y besó su cabeza.
Y ¿Qué te pareció, angelito?
Nada mal, Beelz, nada mal.
Si, nada mal, solo que como que no terminó por convencer a su maleficencia. Satisfecho estaba por haber complacido a su ángel, pero él deseaba también sentir, que su cuerpo llegara a su propio orgasmo. Llegó a la conclusión de que, si quería seguir disfrutando del sexo anal, deberá hacer una pequeña configuración en su cuerpo, para sí también sentir el mismo placer que sintió Gabriel.
Afortunadamente cuando su amado se recuperó de la faena le brindó atención a su cuerpo y siguieron por unas horas más hasta que el cansancio venció a sus cuerpos humanos.
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No tengo más que decir, jaja, habers que dicen ustedes. ese cap corresponde al día 19, tarde, pero entregado. jeje.
