Flufftober o Kinktober

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Good Omens: Gabriel y Beelzebub

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Si había algo más hermoso que las estrellas; eso eran los hipnotizantes ojos azules que el pequeño Ba'al portaba con orgullo. Ese enigmático color junto con sus facciones suaves y delicadas hacían honor a su condición como ángel del cielo.

Ba'al era un ángel de la creación y por lo tanto se encargaba de crear desde algunas plantas, flores hasta animales grandes o pequeños; más los últimos. Casi siempre se le podían ver en el maravilloso jardín que tenia el lugar. Sentado, ensimismado en su labor, ajeno a sus demás hermanos: como ahora que desde ya hace varias horas se encontraba arreglando algunos detallitos a un nuevo insecto que esperaba y fuera colocado en el jardín del edén.

Un pequeño con alas transparentes y delicadas, de cuerpo rayado entre amarillo y negro.

¿Qué nuevo animalillo estas creando ahora, Ba'al?

El que lo llamaran lo tomó por sorpresa haciendo que brincara del susto, volteó con sus ojos abiertos cómicamente hacía el dueño de esa voz, que tan bien conocía.

Caray, Gabe, me has espantado.

El mencionado rio ante el gracioso apodo que su compañero se empeñaba en usar.

No se aún que nombre ponerle… pero mírala, ¿A que es hermosa?

El pequeño bichito como sabiendo que debía lucirse, emprendió vuelo, alejándose de la mano cálida del ángel para revolotear cerca del arcángel.

A sus ojos era muy curioso y su zumbido aún más.

¿Qué es lo que hace?

Ella se encargará de polinizar las flores, ayudándolas a reproducirse, también será su alimento y con ello harán algo dulce y viscoso: eso se llama miel.

¿Miel?

Si, y puede comerse.

Tus creaciones siempre son muy curiosas sabes.

Lo se.

Feliz tomó en sus manos al pequeño himenóptero, con cuidado de no aplastarlo, cuando lo sintió seguro se dirigió al árbol que se encontraba frente a ellos. Gabriel con enorme curiosidad lo siguió, ansioso por saber que más sorpresas tenía su pequeño ángel.

El mensajero de Dios vio como alzaba sus brazos hacia un extraño bulto cónico que tenia un pequeño agujero por el cual observó que entró el insecto.

Ba'al observaba atenta y orgullosa su nueva creación. Sus ojos brillaban con devoción y gran amor. Gabriel lo miraba embobado y maravillado, adoraba el entusiasmo que siempre mostraba su amigo cuando elaboraba algo. Ver su rostro feliz le producía una gran paz en su corazón etéreo.

Sus ojos azules, cálidos y llenos de vida era lo que deseaba ver hasta le fin de los tiempos.

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¿Cuánto tiempo había pasado desde la caída de sus hermanos? Francamente ya no lo recordaba, porque la simple mención le producía un gran dolor que no llegaba a comprender del todo, pero que sabia que recordar le hacía llorar.

Ese día había perdido tanto y a tantos y entre ellos a su hermoso ángel, quien cayó por voluntad propia, porque le había escuchado decir que ahí arriba en el cielo no era feliz.

Y eso cuanto rompió su alma y corazón. Cuanto sufrió cuando lo vio caer y cobardemente no hizo nada para evitarlo.

En esos instantes se encontraba en una de las paredes del edén; observaba atento al rubio y torpe ángel quien hablaba con un demonio; Crawley.

De un momento a otro vio por el rabillo del ojo como un pequeño ser de negras vestiduras se paseaba por debajo de él.

Su corazón latió con más fuerza cuando después de un extenso análisis pudo reconocer al ser que fue dueño de su corazón y a quien ansiaba ver: Ba'al.

O lo que quedaba de él.

El fiero príncipe al sentir una mirada sobre él, alzo la cabeza y entre sorprendido y triste admiro a su alguna vez amigo y amor.

Gabriel quedo anonadado al mirar los dos zafiros azules que eran sus ojos: fríos y vacíos, carentes del entusiasmo y felicidad de antaño.

Sin más dilación, Beelzebub decidió seguir su camino. Con la melancolía aferrada a su corazón y el anhelo por una vida pasada.

El joven arcángel solo dejó derramar una lagrima, suspirando de tristeza y dolor.