Los personajes de Captain Tsubasa son propiedad de Yoichi Takahashi; el presente fanfic se desarrolla en un universo alterno.
No apto para menores de 18 años, ya que contiene lenguaje soez, violencia y escenas de sexo explicito
CAPTAIN TSUBASA FANFIC
UN GOL AL CORAZON
Por
Simbiosis
Capítulo 5. Un trocito de casa
Habían pasado tres días desde que ocurrió el incidente y él seguía sin salir de la habitación del hotel, Mikami, Hermann y Schester tuvieron que retirarse para reincorporarse a sus ocupaciones, mientras que Gang como fiel sirviente de la familia se quedó a cuidar de su persona, sin dejar de notificarle a su abuelo sobre el estado de su nieto; comía poco, dormía mucho e intentaba no rememorar lo ocurrido, sin embargo, pese a sus esfuerzos por no poner en tela de juicio sus propias acciones, tan inmaduras, y el proceder de Karl, tan cobarde, no podía ignorar que su estado emocional evidenciaba todo lo contrario a estar bien.
No era su intención alargar más su estancia en Munich, pero tampoco tenía ánimos para volver a Hamburgo y aparentar que no había ocurrido algo que lo había dañado en lo más profundo de su alma, todo a su alrededor le recordaba a Heinz y al acordarse del joven alemán, salía a relucir la humillación a la que fue sujeto, se sentía ahogado en su propio dolor y tenía la sensación de que no encontraría la paz nunca; cediendo ante la suave insistencia del noble hombre que lo ha cuidado desde era un niño, de mala gana acepto asearse. Al ver su reflejo en el espejo del baño, fijo su atención en las manchas moradas en su cuello, hombros, pecho, al ir revisando cada lugar de su cuerpo, sin darse cuenta las lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas, entro a la ducha y se bañó lo más rápido que pudo, tratando de ignorar las marcas que le gritaban lo estúpido que había sido al confiar ciegamente en él.
En la habitación, su sirviente preparaba un poco de té con leche, y pensaba en la plática que había sostenido con Masayuki Wakabayashi, el patriarca de la familia y abuelo paterno de Genzo, le debía su lealtad al hombre y por consiguiente esa fidelidad le obligaba a contarle todo lo referente al muchacho, en especial sus relaciones amorosas o de amistad con otros individuos y que muy para su pesar, el viejo se ha mantenido al margen de la vida privada de su hijo y sus nietos.
El ruido de la puerta del baño capto su atención, clara señal de hacer a un lado su sentimentalismo y mantener su estoica postura, no importando el ver la frágil imagen del joven japonés que salió envuelto en una suave y esponjosa bata de baño en color marfil, sin titubear desplazo elegantemente la silla para que ocupara el asiento junto a la mesita; el arquero número uno de Hamburgo tomo el vaso de té con leche y comenzó a beberlo en silencio, Gang dio por hecho que ese día seria como los últimos tres, comería cualquier cosa ensimismado y permanecería en la cama hasta el día siguiente, sin embargo Genzo ya harto de su encierro y de auto compadecerse tenía otros planes.
- Voy a salir a caminar por ahí un rato – dijo sin mucho entusiasmo y esperando que el hombre no insistiera en acompañarlo, cosa que sucedió y que agradeció internamente, ya que si bien Gang lo procura y protege, este al igual que Mikami lo deja crecer y madurar a su ritmo, no son como sus hermanos y su abuelo, que buscan protegerlo a toda costa.
Eligio cualquier cosa de la ropa que traía, en lo personal, salía a la calle porque ya no soportaba el encierro y deseaba algo de distracción, por un instante mientras caminaba por el pasillo del hotel hacia el elevador deseo estar en Japón, en concentración, o de vacaciones, peleando o riendo con los chicos, la verdad no importaba, necesitaba volver a casa. Salió del ascensor y vio a lo lejos al señor Enzo, el dueño del hotel, estaba hablando con su hija, una chica que le pareció linda, pero solo eso, linda, junto a ellos estaba un joven alto, rubio de cabello corto, buena contextura física, ancho de espalda, cintura estrecha y un estupendo trasero; por un momento sintió un dejo de culpabilidad al admirar la belleza física de otra persona, sacudió levemente su cabeza en señal de negatividad, no debía dejar que esos pensamientos lo inundaran, no tenía nada de malo y no debía sentirse mal por eso.
Se ajustó su inseparable gorra y se puso sus gafas de sol, salió del hotel sin rumbo fijo, solo quería distraerse, tal vez comer o comprar algo, estaba solo al final de cuentas. Sin saber bien porque, volvió a entrar al área de comidas, sabía que podía topárselo a él o a su hermana, pero a quien quería engañar, quería volver a verlo, aunque fuera de lejos, ese pensamiento lo hizo sentirse aún más miserable y recriminarse interiormente por ser tan débil, sin embargo una mano amiga, que no se esperaba, lo saco de esos oscuros pensamientos.
- ¡Hola Genzo, ¿Cómo estás?! – saludo alegremente la joven japonesa mientras se acomodaba un travieso mechón que se había escapado de su anudado cabello castaño
- ¡Nakazawa! – exclamo él con asombro, de todas las personas que conocía, era a la que menos se esperaba toparse en ese lugar.
- Te recuerdo que ya no soy Nakazawa, Wakabayashi – dijo la joven mujer molesta mientras se cruzaba de brazos fingiendo estar enfadada.
- ¡Yo, lo siento, es que aún no me acostumbro! – se defendió el guardameta un poco avergonzado, sin embargo al contemplar el "estado interesante" en el que su amiga se encontraba, su asombro volvió
- ¿Cuánto tienes? – pregunto mientras la agarraba suavemente el abultado vientre, gesto que no pasó desapercibido para Sanae, ya que Genzo por más confianza o años de conocerse que se tengan no es tan cálido en su trato, a menos que tenga un problema muy fuerte que lo haga bajar la guardia.
- ¿Por qué no vienes conmigo?, ¿o es que estas acompañado? – inquirió la chica, más por educación que por interés, ya que ella como es la costumbre ya había decidido que el joven arquero la acompañaría hasta la mesa donde se encontraban algunos rostros conocidos.
Caminaron por entre el bullicio de la gente hasta llegar a su destino, ahí estaba Tsubasa atendiendo a una pareja que le había pedido posar en una selfie, guardaron distancia por un momento hasta que termino de atenderlos, cuando iba a volver a tomar asiento vio a su mujer y a la agradable sorpresa, sin pensar en las pertenencias que se quedaron en la mesa, salió al encuentro de ellos, abrazo fuertemente a Genzo y este se dejó hacer, realmente necesitaba esas reconfortantes muestras de cariño por parte de sus amigos, más que eso hermanos.
- ¡Es un gusto verte! – exclamo el capitán del combinado nacional, no había necesidad de indagar más, la mirada de Genzo había cambiado, la forma de dirigirse a las personas también, para el resto de los mortales su comportamiento podía ser normal o un leve estado de "quiero ser amigable", pero para él y los demás este "Gen-sama" necesitaba de su apoyo y protección incondicional.
Lo invito a tomar asiento en la mesa que habían reservado, sin poderlo evitar el guardameta dio una vista rápida por las cosas desperdigadas por la mesa, había una chaqueta azul oscuro, una mochilita de "Totoro" que lo hizo esbozar una ligera sonrisa, una bandolera de piel en color negro, Sanae le quito los lentes de sol de la mano y los guardo en su bolso, el muchacho simplemente la dejo hacer y antes de que pudiera decirle algo, ella se levantó a atender una notificación de mensaje de su celular. Tusbasa comenzó a hacerle platica, lo mejor por el momento era mantenerlo ocupado, así que le pregunto sobre su familia, los entrenamientos y uno que otro chisme, lo minutos transcurrieron y él se sintió más tranquilo.
- ¿Quién mas esta con ustedes? – pregunto mientras ayudaba a Sanae a despejar la mesa, pasándole las cosas para que ella las acomodara en una silla.
- Daichi – contesto su capitán mientras miraba su reloj, - ¿ya se comunicaron contigo? – inquirió a su pareja mientras volteaba y daba una vista rápida a los alrededores y chasqueaba la lengua en una clara señal de estar ansioso.
- Ya relájate, ahí vienen – respondió la mujer en un tono tranquilo y por demás desenfadado, confiaba absolutamente en la pareja que venía hacia ellos, - su marido soltó un sonoro resoplido cuando diviso a lo lejos a su pequeño hermano Daichi trepado en los hombros del moreno, para Genzo dicha actitud de Ozora le pareció graciosa y poco propia de su persona, así que volteo para satisfacer su curiosidad, topándose con la agradable sorpresa, los cuatro parecían una bonita imagen de la familia moderna, Kojiro llevaba a cuestas al pequeño Dai que traía puesto un clásico casco vikingo mientras que con su manita derecha blandía como todo un fiero guerrero una espada de plástico, junto a ellos venían Taro Misaki que portaba una cangurera con el pequeño Hayate que observaba expectante el mundo a su alrededor mientras movía sus bracitos y sus piernitas en señal de entusiasmo por ver algo de su agrado. Al irse acercando la joven pareja desmenuzo al guardameta, tal como lo hizo el matrimonio Ozora y acordó tantear primero el terreno antes de decir algo incómodo para su compañero.
- ¿Cómo se portó? – Pregunto ella mientras Taro colocaba con cuidado al inquieto bebe en la carriola ultrasofisticada que su padre le había comprado y no perdía la oportunidad de presumir a todo aquel que estuviera dispuesto a escucharlo, sin embargo para el joven castaño y su pareja dicho artefacto parecía más una motocicleta que un carrito de bebe, - ¿Cuál de los tres? – respondió con una pregunta a modo de juego, ya que para él, cuando hay pequeños, su novio es como otro niño más, inquieto, juguetón y curioso a mas no poder.
- ¡Yo siempre me porto bien! – respondió el moreno al cuestionamiento de su pareja, mientras saludaba y tomaba asiento junto al guardameta, posteriormente sentaba en sus piernas al pequeño Daichi, que como suele pasar cada vez que se reúnen, no quiso estar con su hermano mayor.
