Los personajes de Captain Tsubasa son propiedad de Yoichi Takahashi; el presente fanfic se desarrolla en un universo alterno.
No apto para menores de 18 años, ya que contiene lenguaje soez, violencia y escenas de sexo explicito
CAPTAIN TSUBASA FANFIC
UN GOL AL CORAZON
Por
Simbiosis
Capítulo 7. Disgustos
Genzo se asomó por la ventana al escuchar el motor de un auto, Sanae y Kojiro regresaban de hacer las compras, por lo que abrió la puerta y se dirigió a sus amigos, ayudándole a Sanae con Hayate que venía dormido en el portabebés y con dos bolsas, mientras que el moreno metía el resto de las cosas y las llevaba directo a la cocina, siendo ayudado por Daichi que arrastraba una bolsa con todas sus fuerzas siguiendo a su aniki (hermano mayor).
La castaña fue a la sala y se sentó junto a su marido, al darle un beso en la mejilla, sintió su tensión, frente a ellos estaba Misaki sentado con una cara de pocos amigos. Genzo dejo al pequeño dormilón con sus padres y ella le dirigió una mirada, como preguntándole lo que se traían esos dos, a lo que el guardameta hizo un ademan con la mano de manera despectiva mientras decía – Berrinches de mocosos.
Ante tales palabras Misaki se levantó furioso, empujando al mayor y se fue a la cocina con su novio, el cual al ver su semblante dejo de acomodar las cosas en la alacena y fue a abrazar a su amante mientras este le preguntaba por qué traía esa cara, - ¿Qué te pasa?
Su compañero se aferró a sus brazos y oculto su rostro en el cuello del moreno, Hyuga tomo un paquete de galletas de la mesa y se lo dio a Daichi a modo de pago por su ayuda y lo mando con los demás, ya estando solos, acaricio las suaves hebras castañas, así como su espalda incentivándolo a continuar, consiguiendo su cometido al cabo de unos minutos, - ¡Tsubasa es un idiota! -, externo bufando del coraje.
- ¿Y porque es un idiota? – inquirió el más alto mientras depositaba un pequeño beso en su cuello, Taro levanto su rostro y observo los negros ojos de Kojiro y bajo la cara un tanto avergonzado, sabía de antemano que cuando su moreno se enterara del pleito con Ozora lo regañaría cual niño chiquito y no quería tener un disgusto con Hyuga, mucho menos ahora que habían coincidido en un tiempo de cese de actividades en sus respectivos clubes.
Se soltó sutilmente del agarre de su pareja y dándole la espalda le dijo la razón del pleito con su capitán, una vez que termino guardo silencio esperando un regaño que nunca llego, al menos no como el esperaba, ya que su compañero lo empezó a empujar suavemente hasta que llegaron a la sala, el número once al verse acorralado juro desquitarse de su pareja - ¡Esta me la pagas Hyuga! – A lo que el otro en una connotación claramente sexual le dijo sin importarle que los otros escucharan, - ¡Te pago lo que quieras en la cama!, Takaramono! (¡Tesoro!)
Ambas partes lo sabían o hacían las paces o se aguantaban los sermones y el fastidio de los otros, por lo que optaron por la primera opción, siendo vitoreados por el resto que los obligaron a darse el abrazo de reconciliación de hermanos y para festejar, los del pleito pagaron la comida a regañadientes, porque esa era la sanción por estarse peleando por una nimiedad, lo curioso del caso, es que fueron Tsubasa y Taro quienes propusieron ese castigo que fue aceptado por la mayoría de los muchachos hacía ya un buen tiempo.
Después de comer Tusbasa llevo a su esposa a descansar y se llevó a los niños también, los otros tres se quedaron un rato más en la mesa hasta que Genzo recibió una notificación de una llamada entrante y se retiró a la habitación donde se estaba quedando, Misaki le ayudo a su pareja a recoger la mesa, a secar y a acomodar los platos, una vez que terminaron se retiraron a su habitación.
Mientras tanto en una de las habitaciones de arriba, al terminar su llamada un sopor comenzó a invadir al centinela, quedando profundamente dormido, por lo que no escucho que tocaban a la puerta, tras esta se encontraba Tsubasa con Hayate en el portabebés muy entretenido con un lazo para el pelo y con Daichi revoloteando alrededor suyo, y Genzo simplemente nunca atendió a la puerta, por lo que dirigió su mirada hacia la entrada de la habitación que se encontraba un par de metros más allá, dando un profundo suspiro se acercó y toco suavemente esperando resignado a que Taro lo llamara encajoso.
Quien abrió la puerta fue Misaki estaba en boxers y con la camisa a medio cerrar revelando la blanca piel de su pecho y de sus piernas, además de su cicatriz, su semblante no ayudaba mucho a la confianza de Ozora, que comenzó a dar rodeos, - ¡¿Me preguntaba?!, si…
Antes de que pudiera terminar el otro contesto, - ¡No!, ¡no podemos!
- ¡Pero Taro! – Empezó a rogar Tsubasa mientras colocaba el portabebés en el suelo a un lado de la puerta – solo por esta vez
Sin embargo su compañero que había salido de la habitación y cerrado la puerta seguía renuente - ¡Ya conozco tus "solo por esta vez"! – haciendo la mueca que suele hacer su capitán cuando esta de rogón. La discusión se prolongó por quince minutos, en los cuales el número diez hizo uso de todo su repertorio de frases para convencer o causar lastima en el castaño y alejarlo un poco de la puerta para que Daichi allanara la recamara pidiendo asilo político al corazón de pollo de Kojiro y así poder quedarse en el cuarto, por su parte Taro no estaba dispuesto a ceder su tiempo de intimidad con su pareja para cuidar a los niños mientras el muy sinvergüenza de Ozora se iba a coger con su esposa.
Sin más Misaki dejo a su capitán con la palabra en la boca para volver a su asunto con su pareja, pero al entrar a la recamara se topó con la imagen de su moreno vestido, sentado en el suelo con Daichi entre sus piernas y el pequeño Hayate siendo mecido en el portabebés, los tres estaban viendo una maldita película, "Gamera: El Guardián del Universo"; para cuando reacciono solo se oyó el portazo en el cuarto donde dormían los Ozora.
Kojiro sin voltear a verlo lo invito a sentarse con ellos, pero su hombre estaba tan ansioso y molesto que volvió a ponerse los pantalones mientras le recriminaba, - ¡No sé, si eres o te haces Kojiro Hyuga!, ¡Porque a veces pienso que no solo eres demasiado amable, sino que eres en realidad un idiota! -, habiendo ya sacado parte de su coraje se retiró del cuarto maldiciendo tanto a su amante como a su capitán.
No era la primera vez que escuchaba los reclamos de Taro, a veces la situación podía volverse un tanto cansina, por lo que el tigre prefirió cuidar a los niños de su capitán que seguir y tratar de contentar a su molesto novio, no se movió de la habitación hasta que llegó la hora de hacer la cena y bajo con ellos a la sala, los dejo acomodados en el suelo con un montón de cojines y la televisión encendida, una vez que los chiquillos estuvieron entretenidos fue a la cocina, topándose con la sorpresa de que Taro estaba cocinando, rápidamente tomo el otro mandil y comenzó a ponérselo - ¿En qué te ayudo?- pregunto el moreno esperando se le haya bajado un poco el coraje y le diera una respuesta afirmativa que lamentablemente no llego, sino todo lo contrario, - ¡No necesito tu ayuda! -, su pareja lo vio extrañado y antes de que pudiera acercarse, el otro entro a la defensiva, - ¡Ve, a cuidar a los niños, yo me encargo de la cena! -, fue lo último que dijo para darle la espalda y seguir cocinando.
Al sentir su trato tan hostil, el moreno prefirió dejarlo solo y volvió a la sala con los niños, al cabo de un rato bajaron los demás, la tensión en el ambiente era palpable, Kojiro estaba sentado en el sofá pensativo, sumido en sus recuerdos, recapitulaba los momentos que había compartido con Taro y en efecto el aludido tenía razón, era un idiota, un completo idiota, tenía ese mal hábito de no saber decir "NO" a tiempo, de comprometerse aun cuando ya está comprometido con alguien más, y más idiota se sentía por darle la razón a Taro, una persona terca, necia y aferrada que siempre quiere tener la razón y que además es un trotamundos que entra y sale de su vida y de su cama cada que se le pega la gana, no pudiendo tenerlo para él solo, porque al Artista del Campo le encanta viajar, conocer lugares y conocer personas, quedarse un tiempo y luego emigrar a otro lado, mientras continuaba analizando su relación con Misaki, un suspiro apesadumbrado escapo de sus labios, a quien quería engañar, a leguas se le notaba que estaba perdidamente enamorado de su compañero de armas, pocos sabían que ese enamoramiento data desde la primaria y que fue durante un festival escolar, y pensar que ese chiquillo bajito de cabello y ojos castaños, con una hermosa sonrisa, se robaría un uniforme de niña y le robaría su corazón junto con su primer beso.
Fuera de la atmosfera tigresca, Tsubasa y Genzo mantenían su distancia de manera prudente, ya que por dolorosa experiencia saben lo que les pasara si se acercan a Kojiro cuando está perdido en sus recuerdos, sin embargo para la Sra. Ozora, Hyuga es un mimoso gatito que solo necesita arrumacos y atención, por lo que poso con suavidad su mano en el hombro de su amigo, sacándolo de sus pensamientos, - Kojiro, ¿estás bien?- pregunto la castaña con un dejo de preocupación por su amigo, el semblante del moreno reflejaba de todo menos su característica seguridad y fiereza, el brillo inconfundible de sus ojos estaba apagado, la impresión que tuvo al verle, le daba a entender que había peleado fuertemente con Misaki, y con quien más, el número once era el único que tenía la capacidad de ponerlo en ese estado o en otro mucho peor si se lo proponía, Sanae tenía la sensación de que si lo abrazaba, su compañero rompería a llorar en cualquier momento, por lo que se abstuvo de hacerlo, ante todo respetaba a Kojiro y sabía que el mostrarse frágil no era de su agrado, de pronto sintió la mano del número nueve tomando las suyas, depositando un beso para tranquilizarla, - Sana, estoy bien, solo necesito despejarme un poco, volveré más tarde –, fue lo único que dijo para después ponerse su chaqueta y salir por la puerta a vagar por ahí.
