Los personajes de Captain Tsubasa son propiedad de Yoichi Takahashi; el presente fanfic se desarrolla en un universo alterno.

No apto para menores de 18 años, ya que contiene lenguaje soez, violencia y escenas de sexo explicito

CAPTAIN TSUBASA FANFIC

UN GOL AL CORAZON

Por

Simbiosis

Capítulo 8. Reclamos y consejos

El ambiente durante la cena fue silencioso e incómodo, ninguno de los presentes quería iniciar una conversación por temor a desatar la ira del número once, por su parte Misaki le dio una repasada a sus compañeros, comenzando con Genzo, él ya tenía suficiente con sus problemas amorosos, continúo con Sanae, ella tenía el embarazo que le afectaba en todos los sentidos, siguió con los niños, mientras los contemplaba una voz muy conocida sonó en su cabeza, "los niños no tienen la culpa, ellos no saben que no hay o que no se puede", con el siguiente chasqueo la lengua molesto, el sinvergüenza de Tsubasa, el muy cabrón siempre tiene que salirse con la suya, no importa cómo, él siempre logra lo que se propone, y por último el siguiente lugar, donde debería estar él tomando su mano como siempre, dedicándole una tímida sonrisa o un casto beso en la mejilla, ese lugar estaba vacío.

Los demás observaron al castaño y comenzaron a preocuparse, era muy raro que él y Kojiro pelearan, ostentaban los títulos de la pareja más estable de la selección y la más duradera. Al sentir la insistente mirada de los demás, Taro se disculpó con sus hermanos y se retiró a la recamara que compartía con el moreno, estando adentro puso el seguro y se desparramo en la cama, tomo su celular y marco el número de su novio, pero este lo envió a buzón, insistió un par de veces más sin éxito, entonces dejo un mensaje, pero la aplicación no mostraba actividad por parte del tigre, dejo de insistir molesto, odiaba cuando Hyuga lo ignoraba, quien se creía que era, el muy idiota, pese a su gesto entre triste y molesto, esbozo una ligera sonrisa, el moreno era su neko baka (gato idiota), porque era suyo, él lo había visto antes que cualquiera, ni siquiera esa chica de Okinawa que siempre estaba tras su hombre y que incluso se acostó varias veces con él y le consta porque los encontró en plena faena, ni siquiera ella pudo arrebatárselo, al final de cuentas no importaba con cuantas personas cogiera, Kojiro Hyuga siempre volvía hambriento a sus brazos.

Recapitulo la discusión con el moreno, suspiro cansado, realmente el único que había gritado e insultado había sido él, tan desesperado se encontraba por tenerlo desnudo entre sus piernas, tanto ansiaba ardorosamente morderle el pecho, el cuello y el abdomen, arañar su espalda y dejar marcados sus dedos en las nalgas y la parte posterior de sus muslos, simplemente quería hacerle el amor salvajemente a su Tigre, incitándolo a tomarle sin descanso, realmente lo necesitaba, ya tenían nueve meses de no verse y la falta de su cuerpo lo estaba volviendo loco, en especial con esos videos y fotos eróticas que Kojiro suele mandarle por las mañanas bajo la consigna "tú pide, yo lo hago".

- Y pensar que me enamoraría perdidamente de ese necio chiquillo moreno -, dijo para sí mismo, atesorando el recuerdo de aquel atardecer en lo más profundo de su alma, él y su padre tenían poco de haber llegado a Saitama, en lo alto de una pendiente el señor Misaki plasmaba en un lienzo una vista panorámica de la ciudad, mientras tanto el pequeño Taro estaba haciendo malabares con el balón para matar el tiempo, fue en ese momento que lo vio a lo lejos, una figura alta y esbelta, su piel morena brillaba con los débiles rayos del sol, a sus pies un viejo balón de futbol botaba rítmicamente, esa imagen se quedó grabada en su memoria, desde entonces los siguientes días bajaba de tanto en tanto por la pendiente esperando encontrarse al alto muchacho moreno que lo había cautivado. El chico no volvió a pasar por ahí, estaba seguro de que no lo volvería a ver, prácticamente ese deseo era imposible, él era un chico mayor, tal vez estaba en secundaria y de seguro ya tenía novia o algo por el estilo.

Poco después su padre le dio la noticia de que se quedarían un tiempo en la ciudad, por lo que ya lo había inscrito en una primaria publica que quedaba cerca de donde vivirían, así estaría ocupado y haría amigos, al día siguiente se encamino a la escuela, como no conocía a nadie se puso nervioso y sin querer choco con un niño rapado mucho más bajito que él, se disculpó y el otro chico se presentó, era Takeshi Sawada, un chico agradable con el cual entablaría una entrañable amistad además de estarle profundamente agradecido, ya que por él pudo conocer a su Tigre Kojiro.

Mientras tanto en la barra del Bar del Hotel Paradiso, Hyuga estaba sentado en uno de los altos banquillos bebiéndose su quinto coctel de la noche, de tanto en tanto observaba la hora en el celular, el contador de llamadas perdidas, sin faltar la actividad de la aplicación de mensajes y suspiraba, - ¡¿Piensas quedarte ahí toda la noche?!, ¡Porque te recuerdo que el bar cierra a las dos! ¡Y faltan quince minutos! – se escuchó a sus espaldas la voz de Salvatore Gentile, amigo y compañero de equipo en la Juve, que se acercó y le palmeo la espalda para reconfortarlo, - no sé qué problemas tengas pero necesitas irte a la casa, darte una ducha caliente y tener mucho sexo para relajarte y dormir bien.

- ¡Lo primero y lo segundo puedo hacerlo, pero lo último no creo que pueda! – Rebatió el moreno apesadumbrado mientras comenzaba a beber su sexto coctel, - No me digas, ¿te peleaste con Taro? – sentencio el rubio recibiendo del otro un silencio incomodo que supo interpretar, - ¡¿Kojiro, ahora que hiciste?! –

- ¡Nada!, ¡no hice nada! – se defendió el moreno cual adolescente atrapado en la movida, - Seguro, ¿no hiciste nada que pudiera hacer enfadar a tu sposo (novio en italiano)? – Inquirió el líbero italiano descansando el periódico y su abrigo en la barra, mientras esperaba la respuesta del artillero, - Solo cuide a los niños de Tsubasa yyy…

- ¿Y que más hiciste Kojiro?, porque de seguro no solo fue eso -, volvió a cuestionar el rubio comenzando a desesperarse ante la pasividad de niño chiquito del otro.

- Y…lo deje a…medias – ante tal respuesta el defensor del amor libre le dio con el periódico en la cabeza comenzando a reprenderlo por su insensibilidad, - ¡Eres idiota!, Come pensi di rifiutare un ragazzo così bello! (¡Como se te ocurre rechazar a tan hermoso muchacho!), yo que él te dejaba para que se te quite lo bruto -, el Tigre iba a continuar bebiendo pero fue interrumpido por su amigo que lo miro molesto - ¡Deja eso! – le ordeno quitandole el vaso y dandoselo al barman, - ¿Cuantos lleva? – pregunto al barbudo hombre tras la barra, - Con este serian siete muster (patron en aleman), pero no tienen alcohol.

- Peor, tienen azucar – declaro aun molesto por la poco usual irresponsabilidad de su compañero de equipo, - ¡Vamonos! -, lo jalo de la chaqueta para que se incorporara y lo siguiera, - Te llevo a la casa -, sentencio imperativamente mientras lo escoltaba al estacionamiento, subieron al Alfa Romeo Giulia verde neon de Gentile, durante el trayecto el japones iba callado, pensando en Misaki y su enfado, - eehh, Salvatore podrias mejor llevarme al aeropuerto.

- No -, nego su amigo con una sonrisa en los labios, - ¡tu te lo buscaste!, ¡lo rechazaste y ahora lo arreglas! -, le recordo el otro mientras llegaban a su destino y estacionaba el auto junto a la camioneta, - Kojiro no puedes sacarle la vuelta al problema, regresar a Italia y atrincherarte en tu casa esperando a que se le pase el coraje y te busque.

- Tu lo ami? (¿lo amas?), o me equivoco -, cuestiono el italiano antes de abrir la puerta principal de su casa, a lo que el otro murmuro, - Kare to kekkonshitai! (¡Quiero casarme con él!)

- Disculpa mi ignorancia - el italiano se detuvo en seco, volteo a ver a su compañero de armas y excusándose como un niño le dijo, - ¡Tu idioma es horrendo! -, comenzó a quejarse, - ¡Me duele la cabeza cada vez que trato de entenderlo!, Hyuga por su parte rio por lo bajo mientras se acercaba a Salvatore y le pasaba el brazo por el hombro, - ¡Pues espero que él no te oiga decir eso o algo similar de Japón!, ¡Porque te saca la roja antes de que pises el campo! -, dicho comentario lo dejo pegado al piso y dudoso en entrar.

- ¿Qué te pasa Salvatore?, ¿no vas a llevar al lindo gatito perdido con su dueño? -, Canturreo el moreno en son de burla, sabia donde golpear para desquitarse de forma elegante y desapercibida de su amigo, no le molestaban las quejas de Gentile, él como extranjero tampoco terminaba de tragar el idioma italiano, sumándole a eso su desagrado por algunas costumbres tan peculiarmente invasivas de los habitantes del país de la bota, por lo que lo entendía, sin embargo sus compañeros de selección eran otra cosa, ellos considerarían un comentario inofensivo como ese como una falta de respeto a niveles nacionalistas, en especial Genzo, Hikaru, Jun, Sanae, Ichizaki, Urabe, entre otros,

Entraron ambos a la casa, el pesado reloj de pared indicaba las tres de la mañana con siete minutos, las luces apagadas indicaban que todos estaban arriba dormidos o que se habían ido de juerga, al fin y al cabo "Sanae conduce y lleva GPS", esa frase se había vuelto la consigna favorita de casi todos en la selección, subieron las escaleras y se plantaron frente a la habitación donde Kojiro dormía con Misaki, el rubio toco suavemente la puerta, pasados un par de minutos Taro algo semidormido abrió la puerta, - ¡Tsubasa idiota!, ¡no voy a cuidar a tus niños!, ¡por tu culpa mi joli minou (gatito lindo) está durmiendo afuera! -, al escuchar tales palabras el rostro del moreno se sonrojo violentamente, haciéndose el desentendido, avergonzado se dirigió a su compañero sin voltear a verlo, - ¡Gracias por traerme!, ¡Nos vemos al rato! -, mientras le da unos suaves empujones a su pareja para que vuelva a entrar a la recamara, - ¡Descansa! -, fue lo último que dijo mientras entraba al cuarto y ponía el seguro por dentro.

- ¡Gatito lindo! – Repitió el líbero italiano a modo de burla, sonrió juguetón, ahora tenía material fresco y gratis para molestar a su compañero, sintiendo la carga de sueño, soltó un bostezo profundo, llevaba cuatro días ayudándole a su padre y a su hermana con la administración del hotel, por lo que no había tenido tiempo de darles la bienvenida a sus invitados, así que dejo que Kojiro hiciera lo que se le viniera en gana dejando los formalismos de lado. Saco del bolsillo derecho del abrigo su juego de llaves, entro a su recamara yendo directamente a su baño privado, se dio una larga ducha caliente, al terminar salió con un pijama a juego, antes de acostarse encendió la lámpara del buro, no quería llevarse una desagradable sorpresa.

La luz ilumino parcialmente el sereno rostro del arquero japonés, sorprendiendo enormemente al italiano que nervioso por no despertarlo se pasó las manos por su rubio cabello ligeramente mojado, no quería ser inoportuno, una parte de su cerebro ansiaba descansar, pero Genzo estaba desparramado a lo ancho y largo de la cama, percibió un ligero olor a alcohol que prefirió ignorar, la otra parte de su mente se conformaba con verle dormir, parado ahí junto a la cama como un acosador cualquiera, delineaba descaradamente las facciones del japonés, deteniéndose en sus labios entreabiertos, bajando por su barbilla perdiéndose en las líneas de su cuello, fantaseando con abrir bruscamente la parte superior del pijama y pellizcar sus pezones, preguntándose si se asustara, le dolerá o lo excitara, pasaron los minutos sumido en ese sueño, sin proponérselo estiro su brazo en dirección del rostro del durmiente y acaricio levemente sus labios, sabía que estaba arriesgándose mucho, si el portero llegaba a despertarse en ese momento, podía imaginarse a toda la selección de Japón entrando por las ventanas o el techo armados con katanas, preparados para cortarlo en cachitos, ni siquiera la amistad con Kojiro lo salvaría, pero que más daba, el guardameta le fascinaba, protagonizaba sus fantasías, quería besarlo, tocarlo, no le interesaba si Wakabayashi estaba con Heinz y él solo era un conocido más, valía la pena arriesgarlo todo por una pequeña y simple caricia.

La respuesta del arquero fue demasiado para él, ya que al sentir la suave caricia en sus labios murmuro sin querer el nombre de su ex novio, llamándolo, - ¡Karl! -, por su parte el italiano al escuchar quedamente ese nombre se detuvo en seco, sintió como si le hubieran tirado encima un balde de agua fría, la voz de Genzo se volvió a escuchar, esta vez más clara, - ¡Karl! -, sintiéndose mínimo, el italiano se retiró de la recamara, prefiriendo dormir en el sofá de la sala, se recostó ahí tratando de no pensar en lo que estaba haciendo, lo que estaba a punto de hacer y en que esa persona ya era de alguien más, no pudiendo conciliar el sueño se levantó, abrió la cortina del ventanal que da a su jardín, volvió a sentarse en el sofá a observar la profunda oscuridad, relajándose poco a poco hasta quedarse dormido.

Por su parte Kojiro al cerrar la puerta de la habitación fue abordado por un Taro borracho que trataba de seducirlo a toda costa, - Bonjour mon beau tigre! (¡Hola, mi tigre hermoso!) -, saludo Misaki colgándose del cuello de su amante, acercando lentamente su rostro entreabriendo sensualmente sus labios en espera de un apasionado beso, el aroma ligeramente impregnado de alcohol lleno la nariz de Hyuga, - ¡¿Estas borracho?! – la sorpresa del moreno era magnánima, ya que su pareja no es de tomar hasta perder la noción de lo que está haciendo, el castaño soltó una carcajada sin dejar de abrazarlo, el tigre lo encamino a la cama nuevamente, durante el trayecto sus pies tropezaron con varias latas y un par de botellas, sentó a Misaki en la cama y se puso a recoger un poco el desorden de la habitación mientras le preguntaba, - ¿Quién vino a la fiesta? -, al voltear a ver a su novio, este estaba desparramado en la cama viéndolo fijamente con una sonrisa boba en la cara, - ¡Genzo! -, exclamo el muchacho mordiéndose ligeramente el dedo índice de la mano derecha en clara señal de coqueteo.

- ¡Genzo! -, recalco el tigre un tanto molesto, - ¿Y de que platicaron? – Continuo con su interrogatorio aprovechando la desinhibición de su pareja, - ¡Pues de Karl y su tonto sentido de propiedad! -, contesto sin tapujos para después continuar - ¡Y de un gato muy estúpido que responde al nombre de Kojiro! -, la continuación de la respuesta no le gusto para nada, mucho menos le gustaba el no poder reclamarle, Misaki en ese estado podía ponerse necio y lo que menos quería era pelear con él borracho, - ¡Trata de volver a dormirte! -, sentencio imperativamente el moreno entrando al baño de la habitación, al cabo de unos minutos volvió cambiado de ropa, esperando encontrar al otro dormido, mas no espero toparse con la erótica imagen de su castaño, este estaba en la posición de perrito, su blanco culo por todo lo alto resplandecía con la luz del cuarto haciéndolo lucir más apetecible, su rostro semi oculto en la mullida almohada, lucía un débil sonrojo, Kojiro simplemente no podía quitarle la vista de encima, torpemente intentaba mantener la compostura, sus callosas manos comenzaron a sudar, la posición tan expuesta y sumisa de Taro despertó al amigo de allá abajo que ansiaba salir a saludar al artista del campo.

Uno de los dos ahí presente debía tener la cabeza fría, por lo que en el fondo le dolió tener que rechazarlo, pero no iba a tomar a su pareja en esas condiciones, lo sentiría como un abuso y cuando Taro ya estuviera consiente y con resaca estaría más enojado de lo que ya estaba por haberlo tocado sin su consentimiento, dejándolo en la cama se fue al baño a tratar su erecto problema, recargado en la puerta saco su miembro demandante de caricias, comenzó a masturbarse sin poder llegar al alivio, - ¡Maldita sea! -, mascullo molesto, esta era una de esas ocasiones en que el muy cabrón de su pene no quería cooperar, - ¡Estúpido!, ¡Idiota descerebrado! -, le decía mientras pasaba desesperado sus manos intercalándolas, - ¡Sé que quieres cogértelo!, ¡Yo también quiero, pero no podemos! -, los recuerdos de la última vez que estuvieron juntos comenzaron a fluir, el rostro de Taro salpicado con su esperma fue lo suficiente para hacerlo acabar.

Pasada una media hora salió más repuesto y tranquilo, para su sorpresa, el castaño había hallado cómoda esa posición quedándose dormido, su pareja conteniendo la risa que le provocaba verlo tomo su celular del cajón del buro y sin siquiera hacer el intento por aguantarse le saco fotos y video para mostrárselo como evidencia en caso de un reclamo. Con cuidado lo recostó en la cama cubriéndolo con las mantas, no sería la primera vez que dormiría en el piso, pero quería darle su espacio, sin embargo, al darle la espalda escucho lo gimoteos nocturnos del castaño que aun dormido reclamaba sus atenciones, una leve sonrisa se dibujó en su rostro, nadie más que él tenía la culpa de que Misaki estuviera demasiado mimado, todo le daba, lo cuidaba, lo protegía, lo trataba como si fuese lo más preciado, todo le perdonaba, incluidas las infidelidades del pasado, simplemente lo amaba tal como era, codependencia emocional le dijo Jun en alguna ocasión.

Se metió bajo las mantas tratando de no despertarlo, abrazo delicadamente a su amor, por su parte, el castaño al sentir los fuertes brazos rodearle, busco el calor de su pecho, al descansar su cabeza sobre este, desaprobó la sensación de la suave tela de la playera que traía puesta su novio, por lo que comenzó a levantarla hasta que el moreno se la quitó, quedando semi desnudo para darle gusto, Taro volvía a acomodarse, rozando su nariz y mejilla contra la suave piel, aspirando el almizcleño aroma de su pareja.