Los personajes de Captain Tsubasa son propiedad de Yoichi Takahashi; el presente fanfic se desarrolla en un universo alterno.
No apto para menores de 18 años, ya que contiene lenguaje soez, violencia y escenas de sexo explicito
CAPTAIN TSUBASA FANFIC
UN GOL AL CORAZON
Por
Simbiosis
Capítulo 10. Eres una persona no grata
El salirse de la casa fue lo mejor que pudieron haber hecho o al menos eso era lo que ellos pensaban, ya que por el lado de Genzo, el presenciar tales muestras de afecto de sus "hermanos" lo hacía pensar en Heinz, en su fallida relación y en el coraje que tiene contra sí mismo por haber sido tan estúpido y confiar en que aun podían recuperar el tiempo perdido, por el otro lado Gentile, agradecía a Dios el hecho de que el japonés aceptara salir de la casa, ya que el estar en un mismo espacio con Wakabayashi hacia que sus pensamientos se tornaran muy cachondos, imaginándose al guardameta completamente desnudo, usando esa gorra blanca que llevo en la temporada pasada, sentado en el césped frente a su portería, en varias posiciones con las piernas muy abiertas y una paleta de caramelo sabor cereza en la boca.
Iba conduciendo con precaución tratando de disolver esos sucios pensamientos, en definitiva tendría que visitar a su confesor el siguiente fin de semana, por su parte Genzo iba absorto en el camino, pensando en Heinz, en esa sonrisa autosuficiente, sus ojos claros y su cabello rubio, dio un suspiro aburrido, volteo a ver a su acompañante, Salvatore iba absorto en el camino, lo que le dio la pauta al nipón para ver con detenimiento al hombre a su lado, su cabello es corto rubio oscuro como un sol añejo, completamente lo opuesto al cabello color paja de su ex, sus hombros son más anchos que los de él, bajo el abrigo podía fácilmente imaginar sus brazos bien trabajados, su piel ligeramente bronceada por el febril sol del Mediterráneo, carecía de esa nariz roja que suele delatar a Heinz cuando el frio es muy intenso, en su lugar había un ligero enrojecimiento en sus mejillas, "chapitas", recordó el término que usaba su homologo Ricardo Espadas para referirse al sonrojo de una persona.
Ese recuerdo le hizo sonreír y murmurar dicha palabra, - ¡Chapitas! -, sin embargo la voz del italiano que le hablaba quedamente, a la vez que soltaba la palanca de velocidades y rozaba su mano que descansaba en el muslo izquierdo, mientras le preguntaba acerca de la palabra que susurro hacia un momento, - ¿Qué son las chapitas? -, le sorprendió tanto que le hizo sentir una corriente recorrer por su columna, haciéndolo arremolinarse en el asiento y emitir un sensual quejido, ante dicho acto el líbero avergonzado se disculpó y volvió a fijar su atención en el camino, sin embargo en su cabeza se recreaba una y otra vez ese sonido emitido por los sensuales labios del arquero japonés, comenzando a tornarse en un serio problema porque su cerebro empezó a mezclar ese quejido con sus calientes fantasías, en lo que respecta al guardameta, este al percatarse de lo que había hecho se cubrió la boca con su mano derecha y se volteo en dirección a la ventana, quería sentirse avergonzado, pero una parte de él se sentía bien, esa parte que era incentivada por el actuar tan torpe de Gentile.
Al llegar a su destino, entraron al estacionamiento y aparcaron el Alfa Romeo en el cajón que se les indico, al bajar del vehículo Salvatore se disculpó con el japonés, -Voy al servicio, por favor recibe la ficha del estacionamiento -, Genzo asintió con un movimiento de su cabeza, se dirigió hasta la oficina a esperar el comprobante. El italiano entro al baño de caballeros empujando la puerta con algo de brusquedad, los presentes lo observaron, algunos con algo de curiosidad, otros con desdén, espero pacientemente su turno para usar uno de los cubículos, se estaba desesperando, había demasiada gente y para colmo se tomaban su tiempo, pero no podía ir con Genzo con la carpa medio alzada, por lo que prefirió esperar.
Cuando llego su oportunidad de usar el sanitario, no se lo pensó dos veces, nada más cerró la puerta tras de sí, se paró frente al excusado y saco su miembro semierecto, comenzó a masturbarse, lo haría rápido, no había tiempo para el disfrute, con su mano derecha recorría con cierta velocidad la extensión de su apéndice, mientras que con la izquierda abarcaba su hinchado saco testicular, cerro sus ojos e hizo su cabeza hacia atrás pensando en el portero maravilla y en sus toscas y ásperas manos, imaginando al guardameta parado detrás de él, rodeándolo con sus fuertes brazos, diciéndole obscenidades al oído mientras le acariciaba el pene y los huevos con sus callosos dedos, bajo esos pensamientos no tardo en correrse.
Al terminar salió más calmado, después de asearse las manos verifico su aspecto y salió del servicio, iba a emprender la caminata hasta el estacionamiento cuando lo vio sentado en una banca disfrutando de un smoothie, al acercarse le pidió una disculpa por haberlo hecho esperar, Genzo le dio a entender que no se preocupara con un ademan de su mano y le ofreció comprarle una bebida como la suya, - ¿Quieres uno?, ¡Este es de frutos rojos!, ¡Esta muy rico! -, el jugador de la Juve declino la oferta, - No gracias, soy más de tomar las bebidas calientes, pero te acepto que me des a probar del tuyo -, dijo ignorando las connotaciones culturales del japonés, que sin pensarlo le entrego el recipiente mientras desviaba la mirada sumamente ruborizado, por su parte el italiano envuelto en su ignorancia tomo la pajilla con sus labios ligeramente rosados, sorbió el dulce liquido deleitándose con la fría sensación en su boca, durante ese tiempo Wakabayashi contuvo el aliento, ese tonto italiano tuvo el atrevimiento de besarlo, indirectamente, pero según sus costumbres es un beso al final de cuentas.
Fueron caminando entre los puestos, deteniéndose obligatoriamente en los de comida, cada vez que Genzo veía algo que le llamaba su atención o se le antojaba, su compañero de paseo se lo compraba, por lo que Salvatore ya llevaba varias bolsas encima, en varias ocasiones el guardameta se ofreció a ayudarle, pero el jugador italiano se negó alegando, - No te preocupes, son solo cuatro bolsas, además estas comiendo, por lo que sería una falta de respeto de mi parte -, pero el guardameta continuaba insistiéndole en ayudarle, - ¡Déjame ayudarte!, ¡Haces que me sienta como una esposa abusiva y desconsiderada! -, al escuchar lo que su compañero dijo sin pensar, Salvatore volteo a verle con una amplia sonrisa en su rostro, al ver ese gesto y sus brillantes ojos azules, el japonés lo miro extrañado, a lo que el otro le dijo en un descarado coqueteo acercando peligrosamente su rostro, - ¡Así que eres mi esposa!, ¡Pues por mi!, ¡Puedes ser todo lo abusivo y desconsiderado que quieras!
En respuesta a esa clara invasión a su espacio personal, el guardameta se cohibió un poco nervioso y neutralizo ese ataque directo metiéndole en la boca el chupirul que él se estaba comiendo en ese momento, aprovechando que el italiano estaba procesando lo que acababa de suceder, el japonés comenzó a caminar hacia uno de los tendajos mientras murmuraba entre dientes para sí mismo, - ¡Estúpido Salvatore!, ¡Es el idiota más grande que he conocido!, ¡Primero me besa y luego el muy sinvergüenza!, ¡Hace que yo lo bese!,
Al verlo alejarse, el italiano se sacó el dulce de la boca y lo miro por un momento, Salvatore es de las personas que no gustan de comer dulces, le gustan más los sabores salados, además nunca en la vida le había pasado antes, que una persona por la cual se sentía atraído románticamente le compartiera la paleta que estaba comiendo, aunque solo fuera para frustrar su intento de coquetería, ese resultado lo hizo ampliar más su sonrisa, satisfecho volvio a meter la paleta en su boca y se puso a disfrutar el dulce sabor del caramelo, mientras fantaseaba, - ¿Así sabrá la boca de Genzo?, ¡Me gustan mucho sus labios!, ¡Diablos!, ¡Me están dando muchas ganas de robarle un beso!
Camino hasta donde el japonés se encontraba, este al verlo hizo un gesto despectivo mientras le daba la espalda y pensaba, - ¡Trae una cara de idiota!, ¡Que no puede con ella! -, por costumbre se relamió los labios, al sentir los residuos del dulce que ahora disfrutaba ese tonto italiano se ruborizo un poco, por lo que trato de hundir su cabeza para ocultar lo evidente, al llegar el rubio a la mesa donde lo esperaba el huraño nipón, coloco las bolsas en la silla que estaba al lado de Genzo y él se sentó frente al jugador del Hamburgo, al verlo arremolinado sobre sí mismo se sacó la paleta de la boca y le pregunto, - ¿Qué te pasa? -, para quitárselo de encima el otro simplemente contesto, - Me dio un poco de frio -, ante tal respuesta, el italiano simplemente se levantó, mientras rodeaba la mesa se iba desabrochando el abrigo, se colocó detrás del asiático y le dijo, - Inclínate un poco hacia adelante -, Wakabayashi, estaba tan absorto en que no descubriera su bochorno, se dejó conducir por la galantería del italiano y se inclinó hacia delante, acto seguido el rubio se quitó su abrigo y lo acomodo sobre sus hombros, posteriormente le refregó sus manos en los brazos para hacerlo entrar en calor.
Ante las atenciones de Gentile, Genzo se sintió aún más nervioso, Heinz rara vez tenia esos detalles con su persona, razón por la cual quería quitarse el abrigo y devolvérselo, - ¡No estoy acostumbrado a ese tipo de trato por parte de una pareja!, ¡Bueno!, ¡Heinz ha sido el único novio que he tenido!, ¡Siempre fue más frio y estoico!, ¡En cambio Salvatore!, ¡Él es más atento y cálido en su trato!, ¡Además, todo parece indicar que goza de mucha más experiencia! -, su instinto de conservación se activó con esos pensamientos y deseo por un momento emprender la huida, pero al mismo tiempo su amor propio le exigía más atenciones por parte del italiano.
Sus reflexiones fueron interrumpidas por la gentil voz de una muchacha que fungía como mesera, al voltear a verla se disculpó tanto con ella como con su acompañante, ya una vez tomadas sus órdenes, el japonés se dispuso a satisfacer su curiosidad con respecto a la presencia del italiano en tierras germanas, - ¿Tienes negocios aquí en Múnich? -, el rubio sonrió y saco su celular, desplego su galería de fotos y le mostro a su acompañante una en particular, - Ellos son mis padres, mi hermana menor y ese es el negocio familiar -, en la fotografía venían posando sus padres de pie tomados de las manos y su hermana sentada en una silla, de esas tres personas reconoció al Sr. Enzo dueño del Hotel donde originalmente estuvo hospedado y a su hija la Srita. Antonella, linda joven que fue muy amable con ellos, siempre atenta a sus necesidades, atrás de ellos se veía el hotel, Genzo se sorprendió mucho, nunca se le cruzo por la mente pensar que la familia de Gentile eran los dueños del Hotel Paradiso.
- Toda mi familia vive en Londres -, comenzó a decirle el nipón, ya que se sentía en confianza y no solo eso, sino que también le enseño una fotografía de su familia, - Estos son mis padres, este es mi abuelo, mi hermana mayor, mi hermano mayor y su esposa, esta es mi familia de nacimiento -, el líbero italiano lo miro desconcertado, Wakabayashi sonrió y le enseño otra foto, - Esta es mi familia por elección -, en el retrato se veía a Genzo sentado en una silla, atrás de él de pie estaban su mayordomo Gang y su entrenador de toda la vida Mikami sensei, junto a sus piernas descansando estaba Jon su perro y confidente por excelencia, por ultimo le enseño otra imagen, esta vez de la selección completa, - Y todos estos son mis hermanos, bastante molestos, celosos, entrometidos, un poco idiotas, pero son mis hermanos y puedo contar con ellos para lo que sea.
La joven y otro empleado llegaron con sus órdenes, el japonés guardo su celular, se pusieron a platicar de banalidades y futbol mientras degustaban su comida, tan absortos estaban en la plática que no ponían atención a su entorno, cerca de ahí en otro puesto estaba un fotógrafo independiente que reconoció al japonés desde el primer día que estuvo en las carpas y más grata sorpresa se llevó cuando reconoció al jugador de la Juve, ambos en lo que parecía ser una cita, no obstante, no solo era el paparazzi el que presenciaba la reunión de los dos jugadores, unos inocentes ojos azules los veía incrédulos, su dueña se encontraba escondida atrás de un puesto de tiro al blanco, un par de conocidos le habían dicho que habían visto al japonés muy bien acompañado de un guapo rubio que no era su hermano, ella sin creerles fue a ver si era cierto y lamentablemente lo era, Genzo estaba con alguien más mientras que el idiota de su hermano se hacia el orgulloso y perdía el tiempo y la oportunidad de recuperarlo por estar con Manfred.
La chica se retiró corriendo hacia la tienda de su abuelo, tratando en vano de ahogar su llanto, sin hacer caso a los presentes se encamino rápidamente a la bodega, donde trato de calmarse, rápidamente fue seguida por su hermano, al tocarle el hombro y llamarla, ella se volteo y se aferró a su cuerpo, ocultando el rostro en su pecho, el rubio la dejo llorar hasta que se tranquilizara, cuando tuvo la oportunidad le pregunto, - ¿Quién te lastimo? -, su rostro serio evidenciaba su creciente ira, si alguien se había atrevido a dañar a su hermanita lo pagaría muy caro, el joven alemán volvió a preguntarle varias veces, pero ella no contesto a ninguna de sus interrogantes, en lo personal Marie tenía miedo de la reacción de Heinz en cuanto se enterara de la nueva relación de Genzo.
- Marie, quiero que me digas la verdad -, comenzó a decirle el rubio mientras sujetaba con algo de fuerza su barbilla y la obligaba a sostenerle la mirada, - ¿Quién te hizo llorar? -, ella un poco atemorizada trato de desviar la mirada, pero él intensifico la presión de sus dedos sobre su mentón, ella ya no pudo con la presión de esos ojos fríos e inquisidores, - ¡Genzo esta con otro hombre? – debido al estrés generado por la presión del momento, la chica sintió como sus piernas desfallecían, por lo que se afianzo de una de las barricas para no caerse, sin poderlo evitar vio a su hermano alejarse y salir de la bodega.
Ya estando afuera, se fue sin dar aviso o explicaciones, camino por entre los locales, tenía plena confianza en encontrarlo, conocía muy bien su gusto por la comida, en especial lo que puede comer mientras está caminando o hablando, por lo cual lo estuvo buscando en el área de dulces tradicionales y snacks, no tardó mucho en encontrarlo, lo vio a lo lejos, muy bien acompañado por otro hombre que a primera vista no reconoció, su japonés, porque aun lo consideraba de su propiedad, traía puesto sobre sus hombros un abrigo, supuso que tal vez era del idiota que lo acompañaba, ambos reían muy animados, esa cercanía entre Genzo y el otro tipo, que al verlo bien conforme se acercaba lo reconoció, - ¡Salvatore!, ¡Maldito italiano!, ¡Hijo de puta!
Conforme observo la interacción entre esos dos, sus celos comenzaron a aflorar, por lo que sin pensárselo mucho se lanzó al encuentro de su infiel pareja, le daría su merecido a ese bastardo, hijo de perra de Gentile y se llevaría a Genzo a su casa donde lo tomaría hasta el hartazgo para que entendiera de una buena vez quien era su dueño, al llegar hasta la mesa se plantó frente a los comensales y se dirigió a su ex pareja, - ¡Se nota que no me extrañas!
Genzo volteo a verlo y sin inmutarse lo saludo por pura cortesía, - ¡Buenas tardes Heinz! -, lo mismo hizo Gentile, sin embargo noto cierta hostilidad de parte de este, hecho que lo desconcertó, ya que no estaban haciendo nada malo, solo estaban comiendo como dos amigos, por lo que no entendía muy bien esa presión agresiva que emanaba del jugador alemán y que era reciproca por parte del japonés, - Schneider, toma asiento y come con nosotros -, sin deberla ni temerla Salvatore extendió la invitación a comer con ellos, sin embargo el joven alemán se sintió tan ofendido que pensó que se estaban burlando de él, en respuesta, sujeto al italiano del cuello del suéter, levantándolo para acercar su rostro al suyo y decirle, - ¡Aléjate de mi perra! -, en respuesta a la agresión del joven capitán del combinado alemán, Genzo trato de sujetarlo del hombro para calmarlo, pero su expareja cegado por la rabia que sentía por verlo con otro, lo sujeto de la muñeca ya de por si sensible por lesiones anteriores, con un rápido movimiento se la torció con la clara intención de causar el mayor daño posible a modo de castigo, logrando que el japonés se quejara por el dolor en la resentida articulación.
La reacción de parte del italiano no se hizo esperar, sin previo aviso le propino un certero puñetazo con la izquierda en plena cara logrando con ello que los soltara tanto a él como al arquero, iba a continuar golpeándolo, pero fue detenido por Genzo, - ¡Por favor!, ¡Salvatore!, ¡Ya déjalo!, ¡Vámonos! -, que le dijo en un tono suplicante y que solo ellos dos podían escuchar, para después comenzar a jalarlo del brazo, por su parte Gentile no deseaba irse, quería seguir rompiéndole la cara a ese imbécil, no podía creer la forma en la que se había expresado del japonés, se supone que es su pareja y su deber es cuidarlo y protegerlo.
Antes de que Heinz se levantara para devolverle el golpe, fue detenido por su hermana y Manfred, su ahora pareja, quienes le ayudaron a levantarse, sin embargo no iba a dejar que ese par se fueran así de simple, - ¡Tengo que reconocerlo!, ¡Para ser un comepollas consumado!, ¡Genzo pega más duro que tú! -, ante tales palabras el jugador de la Juve no se aguantó las ganas de responder a su provocación, regresándose para golpearlo, pero su intención fue echada de lado, ya que Wakabayashi se le adelanto y comenzó a golpear a su ex, dándole tres certeros golpes en la cara con la mano que le había lastimado, para el germano la mirada de desprecio y decepción que le dirigió el japonés fue más dolorosa que todos los golpes que había recibido, Genzo lo soltó, Gentile trato de ayudarle a levantarse, pero el otro sacudió los brazos en un gesto hostil, camino y se retiró del lugar tan rápido como pudo, la muñeca le dolía demasiado, había sido una total imprudencia el golpearlo con esa mano, pero no pudo aguantar más insultos, había tantos mirones por todos lados, claramente podía sentir que lo estaban siguiendo, por lo que daba por hecho que la escenita que montaron los tres saldría en los medios en cuestión de minutos.
Llego hasta el estacionamiento, como él se había quedado con las llaves, se subió al asiento trasero encerrándose en el auto, no quería ver a nadie, no quería escuchar a su abuelo, padres o hermanos, no quería dar explicaciones, sin embargo su teléfono comenzó a sonar, llamadas y mensajes llegaban uno tras otro, torturándolo con el timbre de notificaciones, quería llorar de la desesperación, pero solo sentía ira, en un momento de rabia le quito la batería al pequeño aparato y lo lanzo contra el tablero del Alfa Romeo, las lágrimas comenzaron a salir, pero él no emitía ningún ruido, las palabras del que aun considera como el amor de su vida le taladraban sus pensamientos haciendo mella en ellos, volviéndolo vulnerable y desconfiado, - ¡Acaso Heinz me quiso en algún momento de nuestra relación!, ¡O fui el único idiota que pensó que lo nuestro seria para toda la vida!
Sus pensamientos oscuros fueron interrumpidos por el tocar desesperado de su compañero en la ventanilla del auto, había pasado más de una hora y veinte minutos buscándolo, hasta que unas chicas le dijeron que lo habían visto dirigirse al estacionamiento, por lo que se dirigió a allí, al igual que Genzo su celular comenzó a sonar con los insistentes números de Hyuga y otros dos que no reconoció, además de los amenazadores mensajes de Misaki, en los que le sentenciaba a rebanarle sus miserables canicas por no cuidar bien del guardameta, suficiente razón para apagar su celular.
Por un momento el japonés dudo en abrirle la puerta, pero no tenía razones para dejarlo afuera, Salvatore había reaccionado de una forma que él consideraba exagerada, pero él tampoco se quedaba atrás, no pudo soportar los últimos insultos de Heinz y simplemente se dejó llevar, - ¡Maldita costumbre occidental! -, pensó mientras le quitaba el seguro a la puerta dejando subir al italiano, que se sentó junto a él en el asiento trasero. Los minutos comenzaron a pasar y ninguno de los dos decía algo, Genzo se encontraba arrecholado pegado a la puerta de su lado, abrazaba sus piernas tratando de ocultar su rostro pegajoso entre sus rodillas y la gorra, en medio de ellos se encontraban el abrigo y las bolsas con las cosas que habían comprado a modo de barda de contención, por su parte Gentile estaba desparramado en su lado correspondiente, los dedos de su mano derecha golpeaban insistentemente su rodilla, en ocasiones volteaba a ver a Genzo, pero no sabía que decirle, por lo que volvía a ver hacia el frente.
Comenzó a observar por la ventana como la gente comenzaba a juntarse, chasqueo la lengua molesto, - ¡Ya comenzó el circo! -, pensó, sin decirle lo que estaba pasando, Gentile se pasó al asiento del conductor, de la guantera saco otro juego de llaves y encendió el auto, tenía que sacar a Genzo lo más rápido posible de ese lugar, pero no lo llevaría a su casa, no estaría tranquilo con tanto acoso por parte de sus "hermanos", por lo que se dirigió al único lugar que conoce que les brindaría el anonimato necesario, además debía atender la mano del japonés.
Ahora que necesitaba pasar desapercibido entendía por qué le criticaron tanto la compra de su auto, era demasiado llamativo, resaltaba en todas partes, por donde pasaba la gente lo señalaba, incluso les llegaron a gritar que eran los incomprendidos y trágicos amantes, prefiriendo ignorar esos gritos, se enfocó en lo que realmente importaba, Genzo, de vez en cuando le echaba una ojeada a su compañero por el retrovisor, ahora la parte superior del guardameta estaba cubierta por el abrigo y se escuchaba como si estuvieran comiendo algo crocante.
Llegaron al hotel de su familia, entro por el estacionamiento de personal, lo aparco en su cajón correspondiente, bajo del auto, abrió la puerta trasera del lado del japonés, le hablo quedamente, pero este no respondió, por lo que siguió insistiendo, sin embargo Genzo no quería bajar del auto creyendo que habían regresado a la casa, los empleados del estacionamiento al verlo llegar le avisaron al gerente del turno, este vino a ver que se le podía ofrecer, sin embargo Gentile detuvo su andar con un ademan de su mano a la vez que le decía, - Yo me encargo -, sus palabras fueron frías y cortantes, el hijo del dueño no estaba de buen humor y la actitud un tanto infantil de su acompañante solo acrecentaba su molestia, - ¡Ya que no quieres caminar!, ¡Tendré que llevarte cargando! -, sentencio el rubio y acto seguido lo cargo como si fueran unos recién casados, afianzándolo bien entre sus fuertes brazos, llamo al gerente y le dio unas instrucciones que debía seguir al pie de la letra, - ¡Si alguien te pregunta!, ¡No me has visto!, ¡No le hables a mi padre o a mi hermana!, ¡Yo me comunicare con ellos!, ¡Todas las cosas del auto mándalas a mi habitación!, ¡Toma las llaves!, ¡Mandas a limpiar el auto y lo envías por avión a Turín!, ¡Allá lo van a estar esperando! -, después de tantas indicaciones le reitero la primera con más ahínco, - ¡Tú no sabes nada!, ¡No nos has visto! -, antes de que el hombre pudiera preguntar el italiano se le adelanto diciéndole el nombre de su acompañante, - ¡Ni tú, ni nadie de este hotel, han visto a Genzo Wakabayashi!
Después de reiterarle las ordenes que debía seguir todo el personal, Salvatore con su compañero cargado tomaron el ascensor del personal hasta el último piso, donde se encuentran las oficinas generales y las habitaciones permanentes de los dueños, al abrirse las puertas se toparon con varios empleados, mientras recorrían el largo pasillo hasta su habitación reconoció a una de las chicas de servicio, la llamo por su nombre, - Tanja -, la joven lo siguió, al llegar a la entrada de la habitación esta abrió la puerta y se dirigió rápidamente al dormitorio a cambiar la ropa de cama, iba a preparar la tina del baño, pero Gentile le dijo que él lo haría más tarde, le ordeno que se retirara y que estuviera al pendiente por si él requería sus servicios.
Deposito al japonés en la suave cama y lo dejo ahí mientras iba la baño a lavarse la cara, posteriormente tomo el teléfono de la habitación y le llamo a sus padres para decirles donde se encontraba, que estaba bien y que alguien más estaba con él, sus padres quedaron de ir a verlos el día de mañana por si necesitaban algo, al despedirse de su papás, marco el número de gerencia y pidió que el médico del hotel subiera en cuanto tuviera algo de tiempo, mientras llegaba el galeno, Salvatore fue a descubrir el cuerpo del japonés, al quitarle el abrigo lo vio tan pequeño, frágil y vulnerable, sin poderlo evitar se tomó la libertad de invadir su espacio personal y se acomodó detrás de él abrazándolo, Genzo al sentir su cercanía se puso un poco nervioso, pero no se separó del italiano y de la seguridad que le brindaban sus protectores brazos, pasados unos minutos se giró para quedar frente a Salvatore y escondió su rostro en el amplio pecho.
Se estaban quedando dormidos cuando llego el médico, pese a las réplicas del japonés, el italiano se levantó a atender la puerta, le cedió el paso al doctor que lo saludo amenamente, - ¿Cómo estas muchacho?, ¡Siento mucho lo que está pasando!, ¡Si necesitas algo!, ¡Lo que sea!, ¡Solo pídelo! -, el hombre de cabellera entrecana le mostró su solidaridad, posteriormente le pidió que se sentara para revisarlo, pero el joven Gentile le pidió que revisara primero a su acompañante, ambos se dirigieron al dormitorio donde el guardameta se encontraba sentado en la orilla de la enorme cama, el galeno comenzó a hacerle las preguntas de rutina al japonés, que le daba respuestas cortas, no conforme con lo que estaba escuchando, el médico le ordeno a Genzo que se descubriera la parte superior del cuerpo, por su parte Gentile iba a retirarse pero el doctor insistió en que se quedara, viendo que el rubio no se iba a retirar, Wakabayashi comenzó a desvestirse con algo de dificultad, ya que su muñeca derecha estaba inflamada y le dolía mucho, razón suficiente para que el rubio le ayudara a descubrir la parte superior del cuerpo.
Al ir retirando la playera de manga larga y cuello alto de su cuerpo, sin querer la mirada del italiano se clavó en cada uno de los moretones, mordidas y arañazos que el japonés tenía en varias partes de su torso, cuello y brazos, al ver la reacción de Gentile, Genzo desvió el rostro avergonzado, la última persona que quería que viera esas malditas marcas era la que tenía justamente en frente, el medico carraspeo un poco la garganta para romper la tensión entre la pareja, reviso rápidamente la condición del asiático, ya una vez terminado, - Puedes cubrirte hijo -, ordeno el hombre mayor para después dirigirse hacia Gentile con un gesto por demás rígido, alejándose un poco del paciente le pregunto al rubio alentándolo a decirle la verdad, - ¿Tú le hiciste eso? – el muchacho miro al hombre extrañado hasta que comprendió la connotación de la pregunta, - No soy un bestia -, a lo que el médico le sugirió que si pensaban denunciar él estaría dispuesto a declarar a su favor, el jugador de la Juve miro por un momento al galeno y después vio a Genzo que continuaba sentado con el torso descubierto, no lo había pensado a primera instancia pero con lo que el doctor le sugería había una gran posibilidad de que ese cabrón, hijo de perra de Schneider haya violado a Genzo.
Sus pensamientos estaban revolucionándose, pero el doctor logro hacer que se enfocara en lo que realmente necesitaban en ese momento, - Necesita mucho reposo -, le decía mientras escribía en un block de recetas las especificaciones de lo que debía hacer, además de un analgésico suave que pudiera tomar, para terminar le sugirió que debía llamar inmediatamente al médico que ha atendido sus lesiones anteriormente para evitar posibles complicaciones, sin más que hacer por el momento, el joven italiano acompaño al galeno hasta la salida, una vez que despidió al hombre y cerro tras de sí la puerta, Salvatore comenzó a caminar de un lado a otro en la antesala mientras pensaba en cómo debía abordar el asunto con Genzo.
La situación de ser cierta era demasiado delicada, y el darle demasiadas vueltas al mismo punto comenzaba a enardecer su sangre, quería salir de la habitación, buscar a Schneider y matarlo con sus propias manos, no importaba si después fuera a la cárcel, por más novio que fuera, ese estúpido alemán no tenía ningún derecho de tratar peor que a una puta a su pareja. Detuvo su andar y respiro hondo, debía mantener la calma y un pensamiento frio, cerró los ojos y se encomendó a Dios, - ¡Padre mío!, ¡No permitas que sea tan estúpido! -, finalizo su pequeña plegaria haciendo la señal de la cruz y se dirigió hacia el dormitorio de la enorme habitación.
Al entrar no encontró a Genzo, pero escucho el ruido proveniente del cuarto de baño, al acercarse a la puerta el sonido de la regadera fue más claro, de haber sido otras las razones por las cuales ahora estaban en una misma habitación de hotel, él ya estaría haciéndole el amor desde antes de cruzar el umbral de la habitación, haciendo a un lado esos pensamientos toco suavemente la puerta mientras le llamaba,- ¡Genzo!, ¿Estás bien?, ¿Necesitas algo? -, pasados unos minutos recibió una negativa por parte del arquero, sintiéndose un poco más tranquilo se dio el permiso de ser un poco desordenado, se quitó los zapatos, los aventó por ahí, hizo lo mismo con el suéter y la camisa, solo se quedó con los pantalones y la camiseta interior blanca que se le pegaba a su cuerpo marcando su torso, se recostó por un momento, solo sería un momento, pero su mente y cuerpo le exigían el reparador descanso.
Después de un rato Wakabayashi salió del baño envuelto en una afelpada bata de baño blanca que encontró pulcramente doblada junto con unas toallas, se detuvo frente a la cama, al ver a Salvatore dormido en un lado de la cama, recorrió con la mirada el dormitorio, no reconoció el lugar, sin hacer ruido salió de este y recorrió la antesala, de pronto el suave tocar de la puerta llamo su atención, crispando un poco sus nervios, con algo de desconfianza medio abrió con cautela la puerta, tras esta se encontraba un hombre que rondaba aproximadamente los treinta años de edad, tras este hombre estaba una chica que empujaba un carrito de equipaje con varias cosas, - ¿Qué es lo que necesita? -, pregunto el japonés desconfiado, el hombre los presentó con toda propiedad, - ¡Buenas noches señor!, ¡Soy Burckhardt Wagner, Gerente del turno de noche del Hotel Paradiso!, ¡La señorita aquí presente es Tanja Klein su mucama personal!, ¡Traemos las cosas que se encontraban dentro del automóvil!, ¡Tal como lo ordeno el señor Salvatore!
Al escuchar el nombre del libero, el guardameta abrió completamente la puerta dejando entrar al hombre y a la chica junto con el carrito, mientras la joven descargaba con cuidado las cosas de su patrón y las colocaba en una esquina de la antesala donde no estorbaran, el administrador de turno se dirigió al japonés, - ¡Buenas noches!, ¡¿El señor Salvatore?!, - volvió a saludar el hombre, pero esta vez preguntando por su jefe, - Esta descansando en el dormitorio -, respondió Wakabayashi, a lo que el gerente le hizo una señal con la mano a la chica, que acato la orden en el acto, entrando al dormitorio con cuidado, reviso que la calefacción estuviera en la temperatura adecuada, recogió la ropa que anteriormente el italiano había desperdigado por ahí cuando se la quitó, la coloco doblada en una silla junto con los zapatos, lo mismo hizo con la ropa del portero, posteriormente limpio el baño y tomo todas las toallas, salió de la habitación y le pidió a Genzo que le diera la toalla que estaba usando, este se la dio, la chica le aviso a su jefe inmediato que iba a traer toallas limpias, y otras cosas, el hombre asintió con la cabeza y le dio las llaves del armario de Gentile que se encuentra en la bodega.
La joven salió por la puerta y el gerente se dirigió nuevamente al arquero, - ¡Cualquier cosa que necesite voy a estar en la recepción!, ¡Puede llamar ahí o contactarme a este número!, ¡Igual con la Srita. Tanja!, ¡Ella se encuentra en la oficina de atención a clientes!, ¡Puede comunicarse con cualquiera de nosotros a la extensión 142!, ¡O bien a estos números! -, le dijo mientras le daba una tarjeta con los datos, - ¿Hay algo que necesite en este momento? -, pregunto esperando las órdenes del invitado del señor, - ¿Pueden traer la cena?, y algo para leer -, la petición del arquero había sido simple y concisa, el hombre asintió con la cabeza, saco su celular y pidió al Jefe de cocina del hotel que tuviera lista la mesa del señor Salvatore para cuando bajara a recogerla.
La muchacha de servicio volvió a entrar a la habitación con algunas cosas en otro carrito, lo primero que hizo fue entregarle una prenda al gerente, después se dirigió al baño donde coloco toallas limpias en sus respectivos lugares en las repisas, así como artículos de aseo personal y dos batas de baño que colgó en los ganchos, preparo la tina y regulo los focos a media luz, posteriormente en el ropero colgó una bata de satín en color azul eléctrico, volvió a dar una revisada al dormitorio para corroborar que no faltara nada y salió de este, se despidió tanto del gerente como de Wakabayashi, antes que la muchacha se retirara a seguir con sus ocupaciones, el administrador de turno, le entrego la prenda al japonés y le pidió que se cambiara esa bata de baño humedecida por la que le entrego, el nipón fue hasta el cuarto de baño a cambiarse, salió de este con una bata corta de satín en color negro, le entrego la prenda usada a la chica, esta se retiró, para terminar el Gerente volvió a recordarle que cualquier cosa que necesitara que se comunicara a los números de la tarjeta, sin más por el momento se despidió diciéndole que en un rato más le traería la cena y que disfrutara su estancia.
Cuando volvió a quedarse solo suspiro cansado, pero no tenía sueño, no quería prender la pantalla ni el celular, se acordó que le había quitado la batería y que lo avento contra el tablero del horrendo auto de Gentile, de pronto sintió muy ligero su cuerpo, por lo que miro hacia abajo y observo sus piernas, la dichosa bata le quedaba arriba de la rodilla, si no tenía cuidado al sentarse mostraría más de la cuenta, por lo que tenía que sentarse con las piernas cerraditas como supuestamente lo haría una señorita, se rio al recordar a Yamaguchi sensei, su profesor de etiqueta social y en lo mucho que batallo para lograr que su hermana mayor cerrara las piernas cuando se sentaba; se acercó al espejo y observo su reflejo, no vio nada especial, se puso de perfil, nunca había puesto atención a su trasero, la suave y ligera tela de la bata caía gentilmente dando una sugerente vista de sus cuartos traseros, sin proponérselo evocó un viejo recuerdo del cual rara vez se acordaba, tenía como quince años, en ese tiempo practicaba equitación para darle gusto a su abuelo, solía ir acompañado de sus hermanos, en aquel entonces había un joven empleado que trabajaba en las caballerizas que le sacaba platica cada vez que iba, sin él pedirlo siempre le preparaba el mismo caballo de nombre Summer Rain un hermoso y brioso pura sangre propiedad de su familia.
Recordó el nombre del joven, Rhys, un muchacho mayor de 20 años, muy guapo y atento, solo eran amigos, en ese momento de soledad el japonés reconoció para sí mismo que aquel alto y delgadísimo joven londinense de nariz aguileña le gustaba mucho y que esa atracción era recíproca; era una tarde nublada, como cada domingo fue con sus hermanos a practicar la monta a caballo, pero un día antes había llovido intensamente, lo cual estropeo los caminos, por lo que estuvieron solo en el área de entrenamiento practicando las ordenes, a su hermana Masako también le gustaba Rhys y no perdía el tiempo para llamar su atención, cada que podía le coqueteaba descaradamente, pero el chico solo tenía ojos para el joven arquero, al terminar la sesión Genzo llevo al noble animal hasta la caballeriza, ahí le retiro todo el equipo y comenzó a secarle el sudor con una toalla.
Al poco tiempo llego el muchacho inglés, le empezó a dar algunos consejos, después de unos minutos en silencio el mayor se atrevió a decirle sus sentimientos, - ¡Te quiero Genzo! -, le dijo a quemarropa mientras lo rodeaba con sus delgados brazos, el adolescente en su inexperiencia no supo cómo reaccionar, se quedó inmóvil esperando a que el otro lo soltara y se disculpara, pero el mayor fue más allá, lo beso con una pasión desbordante, el japonés asustado trato de quitárselo de encima, pero no podía, la curiosidad le hacía pensar en cómo un flacucho como ese tuviera tanta fuerza, el mayor rompió el beso y sin soltarlo le dijo, - ¡Eres muy hermoso!, ¡Déjame jugar con ese sugerente y redondo trasero de potranca que tienes! -, para buena suerte de Genzo su hermano mayor entro, vio al sujeto tratando de besar nuevamente al muchacho, se acercó furioso y se lo quito a golpes de encima, el abuelo y sus padres se enteraron y lo echaron a la calle bajo amenazas, en el tiempo que ha pasado, jamás ha vuelto a saber de Rhys, sonrió mientras pegaba la suave tela de la bata y observaba la acentuada curva de su trasero, hasta ahora ese chico de Londres ha sido el único que le ha pedido permiso para acostarse con él, además de haber sido su primer beso y si su hermano Haruto no hubiera intervenido tal vez hubiera cedido ante sus insistencias y hubiera tenido su primera experiencia sexual.
Sacudió la cabeza, recordar el pasado lo hacía sentirse como un viejo, aunque últimamente así se sentía, como un viejo anclado al pasado, fue hasta donde se encontraban las cosas, solo quería un dulce o algo para su guzguera en lo que llegaba la cena, comenzó a mover las cosas y prácticamente se topó con la obsesión por el trabajo de Gentile, había en un estuche de diseñador un par de trajes con todos los accesorios a combinación, un balón de futbol, la maleta del club de futbol donde trabaja, otros estuches que no le interesaron y sus bolsas con todas las chucherías que habían comprado en las carpas y por lo cual él no pago ni un euro porque el señor Gentile no quiso, cuando comenzó a hurgar entre ellas se acordó de lo que le había dicho mientras le pedía que lo dejara ayudarle a cargar las bolsas, - ¡Haces que me sienta como una esposa abusiva y desconsiderada! -, de haber estado acompañado por los chicos de la selección, estos se estarían burlando a sus costillas, su sonrojo era poco visible, pero se fue incrementando cuando recordó lo que Salvatore hizo, - ¡Así que eres mi esposa!, ¡Pues por mí!, ¡Puedes ser todo lo abusivo y desconsiderado que quieras! -, la sensual voz del italiano resonó en su cabeza mientras acercaba su mano lastimada a su rostro y rozaba sus labios, cerró los ojos pensando en ese descarado coqueteo y su intento fallido de besarlo.
Tomo de una de las bolsas un paquetito de goma de mascar sabor menta, saco una de las laminillas y la metió en su boca, la acida sensación de la menta al contacto con su lengua siempre la ha gustado, además debía aprovechar que no se encontraba nadie de su familia que le estuviera jorobando con la idea de que la goma de mascar y otras cosas que le gustan es para los arrabaleros y la gente sin clase, esa es una de las razones por las cuales le gusta el futbol, gracias a ese deporte ha conocido a mucha gente de todo tipo y ha aprendido a valorarla por lo que es, por sus logros y no por lo que tiene, otra razón que tiene es más personal, su primer acercamiento a dicho deporte fue de la mano de su tío Kazuma, el hermano mayor de su padre, hombre solterón que amaba la vida, las salidas nocturnas, el cine, los hombres y el futbol.
Lamentablemente su tío murió cuando él tenía seis años, víctima de un secuestro que salió mal, razón por la cual su abuelo no escatima en gastos para proteger a cada miembro de la familia, respiro hondo y le dedico una oración al eterno descanso de su tío, al pensar en su tío, en automático pensó en las insistencias de su abuelo y sus padres, más en su abuelo, ya que el viejo no pierde la esperanza de que a su nieto le pueda llegar a gustar alguna muchacha con la cual tenga descendencia aunque no se case con ella, lo importante es que la familia siga creciendo.
Bostezó mientras estiraba el cuerpo, era mejor pensar en otras cosas, - ¡Nuestra idílica escapada! -, pensó siendo sarcástico, ya que al estar encerrados en una habitación de hotel, daba a entender la idea equivoca de que se habían fugado y se estaban escondiendo de todo mundo, el suave tocar en la puerta capto su atención, fue a atender el llamado topándose con el Gerente que traía el carrito de los alimentos, lo dejo donde Genzo le indico, se despidió de la visita y se retiró, el japonés fue a ver a Salvatore para decirle que ya había llegado la cena, al entrar al dormitorio vio al rubio recostado boca abajo abrazando la almohada y por más que le hablo no dio señales de querer despertar.
