CAPÍTULO II

En el cielo nocturno de Alala sus tres lunas gibosas ocupan el firmamento, su brillo ilumina los jardines del palacio de la gobernadora planetaria. El humo de los vehículos acorazados destrozados en el patio se eleva como un presagio hacia un destino ominoso; la sangre, vísceras y miembros destrozados se hallan por todo el campo enrojecido por el conflicto. Las calles se llenan con el griterío de la muchedumbre furibunda, reclaman el golpe de estado contra su gobernadora; los repressor aún activos se colocan en las brechas abiertas en los muros exteriores, los arbitradores abren fuego no letal contra los alborotadores; las masas se dispersan, se alejan del palacio pero en consecuencia se adueñan de las calles que ahora desprotegidas eran víctimas de saqueos y vandalismo. Los incendios no tardan en producirse, el clamor con el que el populacho defendía a la gobernadora es impresionante; aunque Vladimir debía admitir que esto era debido que el mundo tenía condiciones de vida infinitamente mejores que el ciudadano imperial estándar, además de la excelente gestión administrativa de Gracia Perpetua.

La resistencia del exterior del palacio fue liquidada, no obstante el interior de la mansión continuaba repleta de milicia leal a la gobernadora. El fuego láser y munición sólida golpean contra las paredes barrocas hermosamente decoradas, estatuas antiguas de mármol, y piezas de arte irremplazables se pierden en el fuego cruzado. Metro por metro los agentes del arbites avanzan por los majestuosos pasillos, escopetas y bolter truenan con furia.

Vladimir recibe un tiro en su peto, el láser no atravesó su armadura pero lo calentó lo suficiente como para hacerle una quemadura en el pectoral.

-¡Malnacidos estos!- gruñe al esconderse tras una columna.

-¿Se encuentra bien señor?- pregunta un hombre de cabello rojo, y un rostro lleno de pecas y cicatrices.

El investigador se sacude un poco y responde -Estoy bien, Kirn. Cúbreme, voy a avanzar.

Kirn lanza una granada cegadora, el brillo pirotécnico del objeto envía una potente ráfaga luminiscente; Vladimir avanza ante la cobertura que proporciona la granada, con su combi-plasma "Cobalto Ejecutor", se escabulle hasta un mercenario aturdido, con la munición bolter atraviesa la armadura de caparazón reventándole el pecho; un segundo atacante todavía incapacitado para devolver el tiro se esconde tras un armario; Vladimir dispara plasma desde el cañón inferior del arma derritiendo tanto al enemigo como a su cubierta. El investigador continúa su implacable marcha con la boca de su arma apuntando al frente con ansias de conflicto.

Un tercer agresor aparece de entre las columnas; Vladimir dispara al instante más sus tiros fallan, el oponente logra placar al investigador. Vladimir evita ser derribado, y sosteniendo con fuerza a su agresor permite que Kirn llegase a ayudarlo, este golpea al atacante en la espalda con su maza eléctrica, una vez en el suelo fue rematado con un severo golpe en el occipital, abollando el casco.

-Gracias- masculla Vladimir.

-De nada- le responde Kirn al colgar su maza en su seguro magnético del cinturón.

Un grupo de cuatro agentes del arbites se aproxima al par, una mujer es la que habla:

-Señor, el equipo de Abara aseguró el ala norte.

Vladimir recarga su arma -Bien, ahora...

El cuerpo abatido se mueve, gime de forma antinatural, casi bestial, se retuerce entre gorgoteantes quejidos mientras la sangre se derramaba por el suelo. El ruido que produce levanta sospechas en Vladimir; voltea al hombre moribundo, por la abolladura del casco tiene dificultades para retirarlo, lo ayudan Kirn y Silvia; sujetan el cuerpo mientras el investigador extrae de forma brusca el casco, esto no le dio tiempo para prepararse con lo que se encuentra.

-Emperador bendito- susurra Silvia al dar un salto hacia atrás.

Vladimir aprieta los dientes con rabia y espeta -Asqueroso xeno.

Escupe sobre aquella criatura sin poder soportar el asco hacia esa aberración. Un rostro semihumano, purpúreo, grotesco y de una fealdad teratológica, unos ojos amarillos repelentes y una boca llena de pequeños dientes puntiagudos que chasqueaban mientras la sangre salpicaba de su boca. Kirn vomita ante aquella repulsiva visión, tomó su escopeta y de un tiro en la cabeza le revienta la cara enviando sangre, sesos y trozos de hueso por todo el pasillo.

-Genestealers- gruñe Kirn, escupe la saliva ácida que se acumulaba en su boca y le hacía doler la mandíbula.

-Esto es más que grave- profiere Vladimir observando el cuerpo inerte -Este espécimen tiene que ser de tercera generación.

Silvia aprieta su rifle láser -¿Cree que hayan especímenes más avanzados?

-Lo averiguaré- responde al quitarle el casco a los otros caídos.

Rostros inherentemente humanos, sin embargo su cráneo con alopecia muestran ligeras deformaciones y dientes irregulares, sutilmente demostraban su origen híbrido.

Un hombre de rasgos mongoloides golpea el muro con rabia, apoya sus manos contra la pared, se quita el casco frustrado, lágrimas recorrían sus ojos.

Manwi, una mujer de piel oscura se frota los ojos completamente desorientada y abrumada por el descubrimiento.

Kolkavs un hombre de casi dos metros y ancho como un roca se cubre la boca con su la mano en la que carga su pistola bolter, se esforzaba porque las lágrimas no invadieran su rostro estoico -Maldición.

-Hemos estado siendo invadidos por al menos seis décadas- expresa Vladimir enfurecido con el descubrimiento -Deben haberse infiltrado y tomado control de la oligarquía, y los altos funcionarios políticos de Alala.

-La flota enjambre debe estar próxima- musita Manwi con un dejo de angustia en su voz.

Kolkavs baja su escudo de supresión -¿Es que se ha acabado?

Ganbaatar se aparta violentamente de la pared -No, las transmisiones del Astra Telepathica continúan en funcionamiento, si una flota enjambre se acercara el Consejo de Astrópatas hubiera notado su interferencia en la disformidad.

-Es verdad, el maestro Shagin Shio, nos habría informado de irregularidades- formula Kirn.

Vladimir asiente dubitativo -Tendremos que trabajar con aquella premisa, al menos hasta que aclaremos el asunto.

-¿Qué debemos hacer, señor?- inquiere Silvia muy nerviosa.

-Informe al cuartel, y comuníquese con Ke'lla, debe saber esto.

Silvia asiente, se aleja del grupo a cumplir con la orden.

-Señor, si la infiltración enemiga ha llegado a tanto, debe haber levantamientos y sublevaciones generalizadas- menciona Ganbaatar.

-Nuestra misión está aquí, Gracia Perpetua, y apuesto mi combiplasma que está involucrada en todo esto, iremos al subsuelo y si no está ahí la buscaremos hasta el último rincón de este palacio, de las rebeliones se encargará la Mariscal Khana. Póngase sus cascos, recarguen munición. ¡El Emperador protege!


-La calle principal ha sido tomado por manifestantes, tomaré una ruta alterna, tardaré seis minutos en llegar al Palacio de Justicia- menciona Nguyen al girar a la derecha.

Thaman, la artillera, había dejado su puesto para ayudar a Olev a proporcionar los primeros auxilios a sus compañeras heridas.

Ke'lla se halla recostada sin su armadura y sin su casco, su cabello enmarañado empapado en sudor, sus ojos castaños brillaban con rabia, sus labios curvados en dolor deformaban una cicatriz en su mejilla derecha que llegaba hasta su ojo izquierdo, los estabilizadores del repressor mantenían el compartimiento lo suficientemente estático para que pudiera ser tratada. Su piel oscura muestra las cicatrices de batallas pasadas, una quemadura de láser a la altura de sus costillas flotantes, cicatrices de arma blanca en su antebrazo derecho, su cuerpo esbelto estaba cubierto por su sangre reseca; perdió mucha sangre pero se mantenía consciente, le fue aplicado un anestésico local para curar sus heridas y un antihemorrágico para sus hemorragias internas, no era una solución para su estado, sin embargo bastaría hasta que recibiera verdadera atención médica, el daño que le había sido provocado era atroz, intestinos perforados y un riñón completamente destrozado.

-Estarás bien, Ke'lla, una cirugía de pocas horas debería tenerte en las calles en poco tiempo- formula Olev con una tímida sonrisa.

-No... tenemos esas horas- susurra con dificultad, -Cierra la herida, e inyéctame estimulantes.

Olev nervioso sacude la cabeza -En tu condición eso sería imprudente...

Ke'lla tira de la túnica del tecnoadepto y con una mirada decisiva le dice -Olev, este mundo está condenado... y las naves del administratum esparcirán esta plaga, más mundos del Emperador sucumbirán.

-Claro, su señoría- expresa mientras desvía la mirada acongojado.

Ke'lla puede percibir la preocupación del tecnoadepto, sus ojos cibernéticos no transmitían emociones pero sí lo hicieron con claridad su frente arrugándose y las comisuras de sus labios cerrados, a pesar de la capucha marciana, Olev era más humano que ella.

-No quiero interrumpirlos- exclama Nadia, su rostro palidecía -Pero yo también necesito ayuda.


El palacio de justicia era una olla a presión, arbitradores se armaban y desplegaban en repressors y rhinos hacia los diferentes focos de insurgencia civil, a cargo de todo se hallaba la Mariscal Khana, dirigía los esfuerzos desde su oficina y frente a varias holopantallas, con su semblante claro pero severo analizaba la información de las condiciones de los operativos y levantamientos que no dejaban de surgir, desde las ciudades del norte en las cadenas montañosas de Nova Gimallaya, hasta las minas de sal en la ciudad austral de Saladium, si hubiera sabido que la popularidad de Gracia Perpetua y su red de inteligencia eran tan altas se lo hubiera pensado mejor a la hora de aprobar la intervención; ahora tenía fuerzas dispersas sofocando manifestantes y con las tropas de defensa planetaria divididas pero todavía sin actuar a favor de nadie, y mientras los cargos militares deliberaban ella combatía sola contra el caos. Agotada pasa sus manos por su cabello castaño, su capa púrpura cubre el reposabrazos de su trono, este día deseaba que hubieran ascendido a alguien más al rango de Mariscal, no obstante era ella quién estaba al mando y debía tomar las riendas, por el bien del orden y su santo deber para con el Emperador.

Un hombre de cabello negro y de rasgos asiáticos se halla a su izquierda, su tez pálida e inocua demostraban claramente su juventud; Takeshi recibía las llamadas de emergencia y las ordenaba en su pizarra de datos para transmitirla a una de las holopantallas de la Mariscal Khana, si el día no fuera lo suficientemente estresante recibió una llamada de la agente Silvia.

-¡Señora debe escuchar esto!- exclama de inmediato, activa los parlantes para que la Mariscal pueda oírlo.

Khana aturdida por aquel abrupto no entiende lo que le dice pero pronto logra escuchar.

-Mariscal, esta no es una simple rebelión, hay genestealers involucrados.

El rostro de la Mariscal se torna furibundo, su cara se enrojece en furia y su frente se arruga al tiempo que los labios se mueven para expresar con rabia pero incrédula -¿Qué?

-Genestealers, señora, hemos hallado híbridos de tercera y cuarta generación.

Khana se pone de pie con violencia, la silla sale volando y cae estrepitosamente contra el suelo, se lleva las manos a la cabeza, si el asunto no fuera lo suficientemente adverso, surgía esto, un mundo del santo Emperador invadido por una de las especies más detestables de xenos de la gran espiral.

-Takeshi, llama al Maestro Shio, quiero que el consejo de astrópatas de la luna Samozvanets envíe una llamada de emergencia y una advertencia a los sistemas cercanos- Khana pasa por detrás de su subordinado y toma un casco negro con un águila dorada en su frente -Este planeta entra en cuarenta, la ley marcial se aplicará de forma inmediata.

Takeshi ve como su superiora toma una maza de energía y se dirige al exterior -¿A dónde va señora?

-A asegurarme de que este mundo no se aleje de la luz del Emperador.


Astillas salen disparadas desde los muebles, polvo se esparce tras el impacto de la munición con el rococemento, sangre brota de las heridas de un híbrido moribundo, fragmentos salen de una coraza destrozada y palabras de odio se escapan de los labios de los arbitradores; Vladimir arroja una granada de plasma hacia una barricada improvisada hecha con una mesa de acero y sillones, la estructura se deshace en una viscosa luz azul cobalto, los híbridos gritan y chillan de dolor hasta ser consumidos, sus esqueletos derretidos brillan ominosos, tan humanos y a la vez tan despreciables.

Un disparo láser preciso a la garganta derriba a Manwi, su cuello desgarrado deja al descubierto carne calcinada y sangre reseca, sus manos cubren su cuello, cae estremeciéndose de impotencia a dolor mientras inútilmente trata de llevar aire a sus pulmones. Kirn se arrodilla a su lado, ve el sufrimiento en sus ojos, susurra una plegaria con pesar y de un tiro al corazón de Manwi acaba con su sufrimiento, en seguida devuelve el fuego al enemigo.

La escuadra llega hasta las escaleras de la antesala del ala este, desde la parte superior tres bolter pesados estaban apostados escupiendo su devastadora carga. Kolkavs se escabulle hasta un rincón de la escalera, fuera del fuego enemigo, los fragmentos de rococemento le caen sobre su casco y hombros mientras tratan de alcanzarlo, toma una granada de su cinto y lo arroja sobre su cabeza. La explosión despedaza los cuerpos de los que manejaban el bolter pesado en el centro de la escalera de donde divergían dos caminos opuestos para encontrarse en una pasarela que conectaba ambos en la cima.

Ganbaatar cruza desde uno de los pilares de la antesala hasta la posición de Kolkavs; Kirn y Vladimir abrieron fuego para cubrirlo, un proyectil bolter da contra el hombro derecho del pelirrojo, la coraza se agrieta, la munición penetra la carne y estalla arrancándole el hombro, la sangre salpica, se riega sobre el polvo en el suelo. Vladimir saca a su amigo de la línea de fuego, lo resguarda tras una estatua de acero, con un recipiente coloca una solución viscosa en el muñón, el sangrado se detiene de inmediato, inyecta drogas de combate; Kirn se estremece de dolor mientras su cuerpo se adapta a los químicos en su sangre.

Ganbaatar y Kolkavs quedan atrapados en el fuego de los bolters, se acurrucan contra la pared he intentan mantenerse fuera del alcance de las ráfagas.

-¡Por el Emperador!

El grupo de Abara llega por el pasillo superior izquierdo, asaltan la posición y usando el bolter pesado abren fuego contra el otro emplazamiento, los cuerpos se despedazan en una lluvia sanguinolenta mientras el arma estalla violentamente.

-Coronel Vladimir, parece que soy el ángel de la guarda con el que le ha bendecido el Emperador- menciona, Jeo Abara, un hombre calvo de tez morena y una barba de candado.

-Dudo que se me quiera tanto para tal bendición, Capitán Abara- expresa al salir de su escondite con Kirn.

-Un poco antes y todavía tendría dos brazos, Jeo- profiere Kirn, ahora llevaba una simple pistola láser en su mano restante, su rostro estaba más pálido de lo habitual.

Jeo sonríe -Mira el lado bueno, ahora serás zurdo.

-Ya era zurdo.

-Has ganado esta ronda, camarada- musita Abara con una mirada severa.

-Continuemos, la habitación señorial está un piso más arriba- profiere Vladimir.

Una mujer de rasgos fenicios, Ñasem, menciona -¿Estamos seguros de que está ahí?

Gaanbatar emerge a plena vista para decir -Pues en el subsuelo no estaba.

-Nada asegura que siga aquí- replica Ñasem.

-Nada dice lo contrario tampoco- responde Ulises, un hombre de mediana edad de cabello negro, sostiene una carabina láser.

-Veo que les falta personal- señala Gaanbatar.

-Ignacio y Kuchinski están ahora en presencia del Emperador- profiere Abara.

-Que el Emperador guíe sus almas- contesta Gaanbatar.

Kolkavs con cautela expresa -Lamento oírlo, Capitán Abara. Pero quisiera preguntar, ¿han visto a Silvia?

-Venía detrás, nos topamos con ella hace un momento- indica Pedro Salas, alto y delgado, pero con una enorme habilidad con el rifle de fusión.

Silvia aparece en la retaguardia del nuevo grupo -Señor, se ha dado aviso al comando central, la orden de cuarentena y ley marcial están activas.

-Muy bien, recarguen, estamos cerca.


Ke'lla siente la amortiguación de sus músculos desgarrados y sedados, para ayudarse a caminar posa su mano sobre su muslo, inmediatamente nota la ausencia de una de sus pistolas, "las gemelas sanguinarias" ahora estaban separadas, necesitaría un nuevo nombre para la que conservaba. Junto con Olev y lo que quedaba de su equipo caminan por los pasillos del palacio de justicia, los arbitradores y agentes recorren a su alrededor, armados con rifles, escudos y mazas, unos cuantos cargan pizarras de datos con registros, órdenes judiciales y cartas de decesos en el frente.

-Ke'lla- llama un arbitrador, su semblante serio, moreno, curtido por la edad, con manchas hepáticas en su cráneo calvo y con un ojo biónico al igual que su puño derecho - El planeta es un infierno, la Mariscal está enervada, y el cuartel al este de la ciudad ha sido tomado, los subversivos pronto nos estarán atacando con las sagradas armas que nos entrega el imperio.

-La situación es mala, Karl, pero hasta ahora no tanto como los orkoz en Liba- menciona con sutileza.

-En Liba teníamos a la tercera compañía de Salamandras, evacuamos el planeta y quemamos la atmósfera para negar el mundo al alien- comenta con severidad; su escopeta de diseño draconiano está adornada por un sello de pureza de Salamandras y otro de Ultramarines, al igual que su peto el cuál también reluce ritos del mechanicus y una insignia de Terra por servicio distinguido.

Medina asiente -Verdad, tratemos de hacer un mejor trabajo aquí.

-Mi equipo se prepara en los barracones, tengo órdenes de ir al oeste a asegurar la Prefectura, pero si gustas pido que me reasignen a donde vayas, tú siempre encuentras el mejor lugar para divertirse.

-Agradezco la oferta, Juez Von Braun, cuando encuentre el lugar se lo haré saber.

Karl asiente -Esperaré, Jueza Medina.

Una vez el viejo juez se aleja Nguyen indaga -¿Así que eres de Liba?

-De IX, una de sus lunas- dice mientras retoma su camino.

-Mi madre era de IX- menciona Thaman.

Medina mira a la artillera -La mayoría de Ixianos fueron reubicados aquí en Alala.

-Lo recuerdo- dice Nguyen -Unos años después de la invasión T'au, tenía ocho años en ese entonces.

-Unos compañeros tecnoadeptos fueron tomados prisioneros por los drukhari en esa invasión- profiere Opparin -Solo volví a ver a Sutherland, pero pidió su traspaso a Bakka unos meses después.

Nguyen da un fuerte suspiro -Viendo lo que ha pasado aquí, ¿le hubiera gustado irse con su amigo?

-Ir a Bakka no es la mejor opción si quieres alejarte de los drukhari- formula con estoicismo -A menos eso pensé en aquel entonces, pero aún con la situación que nos acongoja actualmente no me arrepiento de haber decidido quedarme.

-Suena a que tuviera a alguien especial en Alala, no sabía que los marcianos pudieran enamorarse- expresa Nadia con una tímida sonrisa.

-No soy marciano, nací aquí, bueno en Samozvanets. - indica neutralmente, hace contacto visual con Ke'lla para decir -Además, tampoco estoy lo suficientemente automatizado como para anular los sentimientos o funciones biológicas.

Ke'lla siente como su corazón se agita ante las palabras de Olev, tres años de una relación escondida con el tecnoadepto, sería extremadamente difícil de explicar como una arbitradora había terminado con un adepto del Omnissiah, lo que empezó como una relación laboral se convirtió en un romance genuino, sus vidas laborales fueron estrictamente separadas de su relación, aunque claro ahora que se supiera la verdadera naturaleza de su relación es lo que menos le preocupa, su escuadra casi aniquilada al completo, buenos elementos y amigos en las fauces de insectos, una población infectada y el planeta al borde del abismo, son lo que está en sus prioridades inmediatas.

-¡Medina!- la voz dominante de Khana se escucha por el pasillo, detiene las conversaciones y el andar de los transeúntes, sus botas de acero resuenan al chocar contra el piso, su capa púrpura ondula al ritmo de su caminar.

-Mariscal Khana- profiere Medina, se coloca en firme al igual que sus acompañantes y saluda con el signo del Aquila.

-Genestealers, Medina, cuarenta años a cargo de Alala y no supe ver esta infestación de sanguijuelas- expresa con rabia, sacude la cabeza y tras un suspiro inquiere -¿Y el prefecto?

-Aunque siguiera vivo no creo que fuera a sernos útil en esta circunstancia.

-Cierto- pronuncia con sequedad -Iré a defender la Catedral de los Mártires; prepara un equipo de asalto, el consejo de astrópatas de Samozvanets no responde, habrán invadido también las lunas, el General Bermejo prepara dos regimientos, partirá en cuatro horas.

Medina siente como lentamente regresa el dolor a su cuerpo, sin embargo era más apremiante el odio y la rabia que se encendía en su pecho, los siervos del Emperador superados y engañados por xenos, fracasaron en su deber de prevenir la insidia alienígena y ve pocas posibilidades de recuperar exitosamente el planeta; un juramento, una vida de servicio y su segunda oportunidad después de lo ocurrido en Liba estaban siendo vano.


Vladimir dispara su combibolter, la munición choca contra la armadura del híbrido, se rompe la coraza y la sangre salpica la pared, la criatura gruñe adolorida, sin embargo no parece haber sucumbido, un segundo tiro del arbitrador le atraviesa el cráneo purpúreo y este desaparece en una explosiva lluvia escarlata.

La recámara de la gobernadora estaba por fin al alcance, el grupo camino sobre y entre los restos de los genestealers, rostros semihumanos desprovistos de vida, entrañas y sangre ensucian sus botas, polvo gris y astillas cubren el camino y los cuerpos, el silencio tras la batalla solo se interrumpe con las corazas destrozadas que se quiebran con los pasos de los arbitradores. Vladimir se aproxima a la puerta doble con precaución, al intentar abrirla se percata de que está asegurada, la puerta de madera presenta grabados imperiales y relieves de fortificaciones ornamentadas, una puerta arqueada de casi cuatro metros de alto finamente barnizada, el cerrojo de bronce, un león rugiente, brilla aún con la poca luz que desprenden los equipos de los arbites, seguramente solo permitía el paso al escanear los signos biométricos correspondientes, no venían preparados para aquel sistema de seguridad, no obstante la puerta aunque sólida es de madera.

-Pedro, la puerta- ordena Abara, se apoya contra la pared y aprieta el bolter contra su peto.

Pedro dispara su rifle de fusión, en un instante la puerta se carboniza, deja un boquete de tamaño considerable; Kolkavs ingresa de primero con su escudo por delante y apunta con su pistola, Vladimir muy de cerca lo sigue, el humo todavía no se dispersaba, unos cuantos pasos más y el humo adquiere un aroma perfumado.

La visión empieza a aclararse, seis columnas de mármol distribuidos a cada lado de una calzada con una alfombra púrpura de bordes dorados, entre las columnas cuelgan botafumeiros de oro con incrustaciones de piedras preciosas y blasones de la Casa del Castillo Rocafuerte, el olor del incienso penetra en las fosas nasales y el espeso humo obstruye la visión, no se alcanza a ver las paredes, sin embargo se logra percibir unas cortinas al final del camino, a cada lado las llamas de unos braseros brillan con fuerza, detrás de la cortina se ven siluetas moverse, se oyen coros blasfemos y los alaridos de una mujer.

-¿Qué carajos pasa aquí?- masculla Kirn, símbolos e insignias de un culto genestealer se aprecian en las paredes que poco a poco se hacen apreciables, inclusive se distinguen estatuas abotargadas de seres aberrantes con tres o más brazos sosteniendo grandes martillos -Miren toda esta idolatría herética.

Los gemidos lastimeros se convierten súbitamente en gritos desgarradores y guturales, los botafumeiros se avivan, el humo del incienso se vuelve mucho más espeso, el olor se torna insoportable provocando dolores de cabeza y una sensación de asco.

-Adelante- ordena Vladimir, sostiene su combibolter en alto, apuntando siempre al frente, sin embargo el aroma penetrante ocupa la mayor parte de su concentración, el humo empieza a hacerlo enojar, sus ojos se irritan al igual que sus fosas nasales y una migraña aumenta paulatinamente su intensidad mientras el sudor de su frente le recorre la cara, como si fueran gotas de mercurio las siente bajar por sus sienes y colgar de su mentón antes de caer pesadamente al suelo.

-Este humo me está afectando.- expresa Gaanbatar -Juraría que una de las estatuas se movió.

Vladimir siente un escalofrío recorrer su espalda, la sensación contrasta con su estado febril producido por el incienso, su estómago se arremolina, el alimento procesado se le escapa por la garganta con violencia haciéndolo hincarse y entre los espasmos y las náuseas exclama -Disparen... a las malditas estatuas.

Dada la orden las estatuas se desvelan como seres deformes y macizos con martillos y mazas de energía que desprendían un brillo eléctrico, dos bestias cargan contra la agrupación.

Pedro apunta su rifle de fusión a una criatura con dos brazos derechos y uno izquierdo que carga hacia él, tras el disparo el brazo izquierdo se desprende del cuerpo, el martillo que cargaba cae al suelo, suelta un aullido furibundo antes de atrapar al arbitrador entre sus garras y arrancarle la cabeza de los hombros, huesos y músculos se desgarran con una facilidad espeluznante al tiempo que la sangre cubre al xeno; la bestia lanza la cabeza contra Vladimir, la fuerza fue tal que al impactar contra la coraza esta se abolla y el cráneo se pulveriza al instante, el rostro del investigador se cubre con los sesos y fragmentos del cráneo de su compañero, rabia y horror se mezclan en su rostro mientras cae al suelo.

-¡Xenos!- clama Jeo, su piel se eriza, sus músculos se endurecen y la adrenalina se riega a raudales en su sangre.

Abre fuego con su bolter, piel quitinosa se desprende de la bestia tras el impacto, está gruñe y retrocede pero no da muestras de haber sido herida de gravedad. Ñasem dispara su escopeta contra una nueva silueta monstruosa que se lanzaba sobre ellos, la criatura fornida de musculatura grotesca arrastra una maza pesada con sus cuatro manos; Silvia con su carabina láser apoya a su compañera disparando al costado de la bestia; una cara deforme y de dientes afilados escupe saliva espesa mientras gruñe, levanta su arma para bajarla con fuerza contra los arbitradores, logran apartarse fácilmente y continuar con su descarga de disparos.

Kirn se apresura a socorrer a Vladimir -¡Señor!

Vladimir lucha por liberarse de su armadura, el peto abollado lo asfixia, su pecho no alcanza a expandirse lo suficiente para que el aire entra en sus pulmones, sin embargo el aroma caliente de los botafumeiros aún llega a su nariz y lo desespera aún más, sus ojos se irritan mientras sus pulmones sofocados amenazan con colapsar; Kirn se las arregla para ayudar a Vladimir con una sola mano, libera los seguros, el Investigador da un brinco de alivio al sentir a sus pulmones expandirse, tose con fuerza mientras se tambalea, logra mantenerse en pie con ayuda de Kirn al tiempo que recupera su aliento.

Una de las bestias levanta su maza, el ataque parece predecible, el peso del arma caería hacia adelante, Ñasem en un movimiento de último segundo cree haber evadido; la criatura mueve el martillo en un ataque descendente de costado deja que sus manos derechas guíen el arma, con toda la contundencia y poder golpea a la mujer, la armadura cruje junto a los huesos y el torso de la mujer termina como una masa de carne picada en el suelo, sus ojos no sintieron el final, inexpresivos pero abiertos miran hacia sus entrañas regadas.

-¡Maldita criatura!- clama Ulises al disparar su carabina láser, la potencia del arma apenas si logra quemar la gruesa piel del xeno.

Silvia aparta la mirada ante lo grotesco de la escena, mientras los aberrantes se enfrentaban a sus compañeros ella activa la potencia máxima de su carabina, prepara la sobrecarga de su arma apuntando contra la criatura.

Vladimir ya recuperado dispara el plasma sobrecaliente de su combibolter, la sustancia ardiente cae sobre la espalda del aberrante manco, la bestia gruñe guturalmente mientras su dura piel era consumida por el plasma; el combibolter de Vladimir se sobrecalienta, su cañón se halla al rojo vivo, haciendo inviable un nuevo disparo sea de bolter o plasma.

El aberrante herido enloquece agitando su brazo y sacudiendo su martillo de forma errática impidiendo un tiro certero ahí donde su caparazón se había comprometido. Ulises aprovecha la descoordinación de la bestia para acercarse y tener un tiro limpio, el destino no estuvo de su lado, el brazo de la criatura le golpea en el rostro quebrándole la mandíbula y de inmediato es aplastado contra el suelo por un pisotón de la criatura, su torso al completo revienta dentro de su armadura. Jeo aprovecha la distracción para disparar su bolter en la espalda del aberrante, los proyectiles penetran en la carne, estallan destrozando los órganos de la criatura la cual cae sobre el cuerpo de Ulises entre espasmos y vómito sanguinolento.

Kolkavs con su pistola bolter dispara hasta quedarse sin munición, el aberrante restante envite con su martillo, Kolkavs logra cubrirse con su escudo, el martillo destella energía al golpear, el escudo antidisturbios se quiebra y envía ferozmente al arbitrador hacia el
suelo, cayendo este cerca del cuerpo decapitado de Pedro. Silvia con su disparo listo abre fuego, un haz de luz azul potente sale del cañón de su arma, el láser atraviesa la coraza quitinosa del aberrante, el tiro destroza el costado derecho de la criatura, uno de sus brazos queda colgando con su carne cauterizada expuesta. El aberrante cae con un grito espeluznante, sus ojos permanecen vívidos mientras sus miembros se estiran y endurecen.

-¿Estará muerto?- expresa Kirn, mantiene su pistola láser apuntando al cuerpo.

Nergüi se aproxima al aberrante -Es mejor cerciorarse- mete el cañón de su escopeta en las fauces de la criatura.

Inesperadamente la bestia se mueve, Gaanbatar aprieta el gatillo muy tarde, el disparo le destroza la mandíbula pero el aberrante lo atrapa en sus garras y le revienta el cráneo de un apretón. Mientras el cuerpo descabezado cae los arbitradores abren fuego; el combibolter de Vladimir resuena; Jeo dispara su bolter buscando la zona desprotegida, su cargador se agota no sin antes lograr arrancar el pedazo colgante de la criatura. Silvia cambia la celda de energia de su carabina e intenta un nuevo tiro, sin embargo tras apretar el gatillo no ocurre nada, el sistema se había dañado tras el tiro cargado. Kirn tiene que defender a sus compañeros mientras estos buscaban alcanzar otra arma de los caídos o recargar, el aberrante se lanza contra él; fue atrapado e inútilmente lucha por soltarse; un sonido silbante se hace presente, la temperatura de la habitación sube aún más y el agarre de la bestia se afloja, Kirn se aparta y logra ver al aberrante sin cabeza, un espeso humo brotaba desde donde antes se hallaba anclada la cabeza, el cuerpo termina de caer.

Kolkavs aparece detrás del aberrante caído con el rifle de fusión de Pedro en sus manos, el cañón humeante apunta a la bestia, Kolkavs con rabia en sus ojos dispara una nueva descarga, el silbido producido por los gases presurizados se hace presente y estos vaporizan una gran porción del torso.

-Rodión, te debo una- le dice Kirn, su voz tiembla al igual que el resto de su cuerpo.

Vladimir mira el desastre que el humo del incienso le permitía ver, su sangre hierve en cólera que se reprime al instante pues el fuerte olor aún ocupaba sus pensamientos -Acabemos con esto de una vez- profiere mientras se tapa la nariz y se dirige a la habitación del fondo donde aún se escuchan los extraños cantos.

-Espere- dice Silvia mientras recoge una escopeta ensangrentada del suelo.

-Que el Emperador guíe las almas de quienes le han servido- recita Jeo.

Kirn trata de respirar normalmente antes de continuar pero el aire enviciado no se lo permitía, decido a seguir decide continuar aunque estuviese agitado; Kolkavs da un nuevo disparo contra el otro cuerpo, esto fue tan inesperado que Kirn dio un salto.

-¡Carajo! Mejor guarda tu carga para los vivos- le dice el pelirrojo.

La cortina que cubre el arco de la entrada es por fin traspasado, tras ella candiles de llamas azules colgaban desde el techo, los cánticos suenan desagradables, en una cama con dosel se hallan cuatro figuras encapuchadas de las cuales provienen los cantos, en la cama una mujer de cabello oscuro gruñe y se retuerce con las piernas abiertas, al pie de la cama una sexta silueta se halla con sus manos en la entrepierna de la mujer.

Kirn apunta listo para disparar, Vladimir intrigado por la escena con un gesto le indica que no disparase.

El investigador con sus pulmones menos agobiados profiere claramente -Apunten, pero no les disparen hasta que yo lo diga.

Vladimir con su combibolter, se aproxima a la cama, las figuras encapotadas silencian su canto y levantan sus manos; la mujer con el rostro sudoroso, el cabello desordenado y una mirada febril, es identificada inequívocamente como Gracia Perpetua; sus ojos cafés miran como ausentes, como si su mente atormentada se hubiera desconectado de su realidad, su vientre hinchado parecía estar por reventar, algo parece moverse dentro de ella, los movimientos bruscos se notan incluso debajo del camisón que la cubre. La mujer que hace de partera con unas tijeras quirúrgicas corta el perineo, haciendo una episiotomía para permitir al feto salir de su madre, la sangre chorrea, la mujer grita y gimotea al pujar.

-Estamos en la parte crítica, os suplico que me deje terminar mi trabajo- indica la partera sin voltear a verlo.

Vladimir lo ve todo, ve las manos de la partera meter sus manos en la vagina y extraer una cabeza, la corona era morada, excesivamente morada, Vladimir cree que el bebé debió estarse ahogando dentro del vientre de su madre, entonces el horror se hace presente, la partera extrae a una criatura de cráneo ensanchado y lleno de sangre, su piel al completo era pálida y morada, cuatro brazos con garras y una boca llena de dientes afilados. La partera lo pone entre unas mantas y se lo acerca a la madre.

-Hijo mío- susurra Gracia Perpetua, lo abraza contra su pecho con sumo cariño.

Vladimir completamente asqueado dispara el bolter sobre la partera, la cabeza estalla esparciendo pedazos de hueso, sangre y sesos por toda la cama y el dosel.

Gracia Perpetua chilla aterrorizada, más tiros se escuchan y las demás figuras también caen fulminadas; Vladimir arranca a la criatura de las manos de su madre.

-¡NOO! ¡Dejadle! ¡Dejadle!- aúlla con fiereza pero su cuerpo debilitado apenas le permitía halar las vestiduras del arbitrador.

La mujer grita sin cesar pero Vladimir tiene su mirada y atención en la criatura en sus manos que, esta también chillaba estiraba sus múltiples extremidades tratando de salvarse, rasga las mangas del uniforme, la rabia en el rostro del investigador no hace más que incrementar.

-Kirn, ejecútala.

De un disparo de su pistola láser le atraviesa la sien dejando un hoyo humeante en el cráneo.

Vladimir aprieta el cuello de la bestia entre sus manos, la criatura se resiste, lucha con toda la fuerza de su genética alienígena, sus pequeñas garras abren heridas superficiales en los brazos del arbitrador, sus intentos son más desesperados mientras su pequeño cuello se empieza a romper, un sonido seco se oye, la cabeza cae hacia un costado y las manos guiadas por la gravedad cuelgan inertes.

-Será evidencia- dice Vladimir al encaminarse hacia la salida todavía sosteniendo a la criatura desde el cuello.