A veces le gustaba tomar sus manos, las acariciaba lentamente aprovechando totalmente el sueño profundo en que siempre se encontraba su amor, las tocaba con delicadeza como si fueran cristales preciosos a punto de colapsar, como olvidando que las había sostenido con fuerza y rudeza, pero siempre con pasión y amor, sus manos recorrían con cariño aquellos dedos delgados, tenía unas manos bellas, eran masculinas y fuertes pero poseían cierta delicadeza que le fascinaba especialmente, parecía mentira que a veces sin miedos se prendaban de su espalda entregándose por completo, y que otras veces simplemente eran símbolo de un golpe seguro, sus manos, como le encantan sus manos, le gustan cuando le abrazan, o cuando le rasguñan, al posarse delicadamente en su mentón pensando, cuando tenían un cigarro, con un libro de aquellos que tanto le gustaban, le gustaban descansando y despiertas, le fascinaba cuando se peinaba y perdía por completo todo cuando acariciaba su rostro, le gustan tanto que aprovecha sin vacilar para dejarle un simple beso en sus manos, está seguro de que no se despertará, nunca lo hace pero escucha un quejido leve, sabe que no se ha despertado por que habría apartado la mirada, vuelve a su posición y entrelaza sus manos en su corazón, con el alma entregada y un suspiro decide que quiere dormir un rato al menos un momento, porque sabe que después de despertar no podrá más que seguir amando sus manos, o quizá sus ojos, su cintura o su cabello, su rostro, su voz, jamás se queda sin Souichi que amar.
