De momento las odia, no puede más que intentar alejarlos, piensa que es lo correcto desairar sus toques y su cariño, Morinaga parece ser experto en demostrarlo de esa forma que a decir verdad le inquieta, le molesta, gasta bastante energía en tratar de alejarlo, no lo quiere de ninguna forma cerca, pero... En cuanto puede lo jala ante él, no lo quiere lejos, se derrite ante su toque, lo puede pensar, quizá es su voz, tal vez podría ser su mirar, pero incluso en la oscuridad y en el silencio se pierde por completo, y aunque puede gritar "no" con todas sus fuerzas de repente deja de salir esa negativa, no hace más que dejarse hacer lo que sea, no puede más que dejarse llevar, no quiere más que eso, le inquieta, le inquieta tanto que se pregunta constantemente si sigue siendo el, si quizá cometió algún terrible error, o tomo la mejor decisión de su vida, piensa que aún tiene un poco de control de la situación, es ingenuo, cree verdaderamente que todo está controlado, hasta que se queda sin defensas incluso ante el toque delicado, amable y sin segundas intenciones de sus manos, las siente acariciando su cabello, su rostro y al final sus propias manos, como resistirse ante esa ternura con la que es tocado, con cada fibra de su piel siente las manos de Morinaga recorriendo de manera simple sus manos, su cabello, y moviendo por completo su interior, piensa que ha terminado, y entonces de la nada siente como toma sus manos y le deposita un leve beso en las mismas, su corazón empieza a latir fuertemente, su respiración se vuelve loca y su expresión parece cambiar, incluso hizo un leve quejido, sintió sus manos en su pecho, y no supo en que momento dejo pensar, en qué momento se perdió de esa manera tan ridícula en su piel, en que momento comenzó a repasar paso a paso los movimientos que jamás vio de Morinaga, como se puso a pensar detenidamente incluso en la forma de sus manos, en su pensamiento se cruzó rápidamente la idea de que son sin duda masculinas, bastantes fuertes, Morinaga era fuerte, cuando lo arrinconado podía notarlo, y le sorprendía de sobremanera ver como esas manos podían ser tan bruscas de empujarlo contra la pared o ante la cama, incluso algunas veces al tomar su rostro, y de repente se volvían delicadas, aunque había que aclarar que normalmente era más brutas que delicadas, quizá apasionadas, desesperadas, pero siempre atentas, entonces simplemente se sonrojo, tales pensamientos eran demasiado para él, tan ridículo como sonrojarse dormido, y de la misma manera que no podría comprender por qué había fingido estar dormido mientras el otro le acariciaba, pero la verdad es que en cuanto le tocaba, le hablaba o le miraba podía simplemente perder la razón, era algo que había comprendido.
