Estar lejos no era fácil, cada día buscaba la manera de colmar su corazón, trataba de hacer un esfuerzo inimaginable para razonar y aguantar no salir corriendo a buscar a su amado, todos los días le llamaba y le mandaba mensajes, esperando con ansias ser contestado alguna vez, deseaba con todas sus fuerzas recibir aunque sea alguna señal de la mitad de su corazón, esa mitad que se encontraba tan lejos, quería estrecharon entre sus brazos, besarlo y amarlo de la única manera que él sabía hacerlo, de la forma en que no podía detenerse aun si era frenado por un hombre que ante sus ojos era el más hermoso del mundo, si tan solo el otro le dedicará un poco de tiempo, y de repente como un milagro ocurría, inesperadamente el teléfono sonaba, sus manos temblaban al ver el nombre de su amado marcando, se detenía unos segundos no por dudar en contestar sino porque parecía demasiado bueno para ser real, y al contestar la afligida voz del mayor se escuchaba en su corazón, le necesitaba, le extrañaba y al parecer estuvo esperando por la llamada de Morinaga, su voz le devolvió la vida, saberse necesitado por su amor era de lo mejor que podía sentir, y cuando aquel le dijo que no colgará su felicidad aumento peligrosamente, se quedó dormido pensando en la hermosa voz de la mitad de su vida, se quedó dormido con una sonrisa en el rostro, y amándolo un poco más, porque Souichi podía romperlo fácilmente pero podía sorprenderlo con cualquier detalle, podía enamorarlo con una sola llamada, podía amarlo cada ven más, siempre podía amarlo más, y quería gritarlo al mundo entero, que lo amaba, y siempre lo extrañaba.
