Hay una pequeña flor que un joven de cabello largo siempre observa al caminar, esa flor significa mucha para él, pero no sabe por qué, a él no le gustan las flores, bueno al menos no hasta ese punto, pero esa pequeña flor silvestre es tan especial, es azul, lo que es extraño porque en realidad también tiene tonos negros o morados, es especial.
Esa flor lo acompañó todos los años que ha ido a la universidad, y siempre pasa por ese camino solo para ver aquella pequeña flor especial.
Es día de descanso y se encuentra tomando una taza de café, observando la puerta, esperando que llegue su compañero, está impaciente por al fin verlo, lo quiere ver, lo quiere escuchar.
Tocan la puerta y él se pone nervioso ¿Por qué toca si tiene llave?, él tiene todas las llaves, incluso las inexistentes, se apresura para abrirle, pero se queda quieto frente a la puerta no quiere que parezca que lo estaba esperando, que lo hace correr sin dudar.
Abre.
Frente a él está un joven con una gran sonrisa, lo mira enamorado y después le señala sus manos con la mirada, Souichi mira las manos de Morinaga y después lo mira de nuevo a los ojos, repite la misma acción unas cuantas veces más, Morinaga se pone nervioso, empieza a sentir miedo, no entiende por qué su Senpai lo ve de esa manera, como si hubiera cometido un terrible crimen...
En las manos de Morinaga entre un poco de tierra esta aquella flor, aquella flor azul con toques morados o negros, aquella pequeña flor que le hizo compañía a Souichi siempre, desde que llegó a esa universidad por primera vez sintiéndose tan solo, desde que se sintió tan fuera de lugar, aquella flor lo vio llorar por Morinaga unas cuantas veces, aquella flor lo vio rabiar contra todos infinidad de veces, aquella flor lo vio recordar a su familia todo el tiempo, aquella flor que a pesar de su rareza el jamás se atrevió a arrancar para estudiar, aquella silenciosa flor se encontraba entre las manos de Morinaga, de toda la gente que pasaba siempre nadie tocaba la flor, temían que el temible Souichi les hiciera pagar por aquella flor, todos suponían que la estaba estudiando, nadie siquiera creyó que significará algo más para él, para todos no era más que un demonio, él no tenía sentimientos, incluso les parecía raro que tuviera hermanos, y sentían pena por ellos, tener un demonio como hermano debía ser realmente difícil, pero Morinaga, de toda la gente que pudo arrancar esa flor tenía que ser Morinaga.
—Bienvenido a casa
Souichi hizo algo increíble, lo saludo, y al detenerse en sus ojos por cuarta vez cerro los suyos propios y sonrió amablemente ante el chico que esperaba sorprendido, le sonrió de tal manera, parecía que siempre lo hubiera hecho, y se veía tan diferente, ni siquiera parecía temeroso, Souichi Tatsumi el demonio del laboratorio le dedicó una enorme y amable sonrisa después de un cálido saludo a un chico enamorado que acababa de arrancar algo tan preciado para Souichi.
Morinaga pasó justo después de Souichi que se sentó en el sillón nuevamente pero sin quitar la mirada de Morinaga, el tomo asiento igual junto a él.
—Senpai, le traje esta linda flor, me recordó a usted, ¿puede creer que la encontré sola en la universidad?, me sorprende que no la hayan arrancado antes, es demasiado bonita
—Gracias, muchas gracias Morinaga, pero honestamente creo que la flor se parece mucho más a ti
Morinaga se sorprendió, no creyó tal contestación, Souichi acababa de decir que una flor se parecía a Morinaga
—Incluso se parece a tus ojos, esa flor no se parece en nada a mí
— ¿De verdad cree eso?
—Por supuesto, claro que ella es pequeña y tú eres enorme
— ¿Cree que mis ojos son tan lindos como esta flor?
— ¿Ah?, bueno, tus ojos tienes un color similar a los de esa flor, además tienes suerte, tienes buena vista, no como yo que necesito esto enormes lentes
—Senpai, yo amo sus ojos
—Lo sé...
— ¿Dónde dejo la flor Senpai?
—Mmm, dámela, creo que tengo una pequeña maceta
Souichi se levantó y fue a la cocina a buscar algo que sirviera
—Creí que Senpai la podría entre un libro, para que pudiera secarse, se vería tan linda
—Eso dices por las cursis historias de amor, ¿Cómo podría verse linda una flor muerta?, lo mejor es ponerla en una maceta
—Tiene razón, quizá no debí arrancarla, ahora puede morir
Souichi tomo la flor de las manos de Morinaga y la coloco delicadamente enlaces maceta, salió afuera por un poco de tierra rápidamente la puso en la maceta y la acomodó suavemente, puso la maseta en las manos de Morinaga y le miro directamente
— ¿Acaso no se bien así?, ¿mucho mejor que en un libro?
—Tienes razón Senpai
—Esta flor de verdad se parece a ti, se parece a tus ojos y a tu cabello, pero también se parece en algo más
— ¿En qué Senpai?
Souichi se quedó callado, se sonrojo al ver lo que estaba diciendo, y simplemente puso la maceta en la mesita de café
—Gracias... Morinaga
— ¿Por la flor Senpai? No es nada
—Si... Por la flor
Morinaga se levantó y comenzó a calentar para cocinar, Souichi observaba la flor.
—No deberías arrancar más flores Morinaga
— ¿Ah? Pero a Senpai le gustó mucho, incluso me sonrió por traerla, quiero que Senpai me vuelva a sonreír
—Lo hice porque no sabías, idiota, además no deberías arrancar flores, ¿de acuerdo?...
Puedes comprar más macetas eso sería lo correcto
— ¿Le molesta la flor?
—No, me gusta
—Es adorable
—Es una flor, ¿cómo sería adorable?
—Hablaba de usted
—...
—Terminaré de cocinar, y prometo solo traerle macetas Senpai
Souichi observó a Morinaga sonreír, una auténtica sonrisa de felicidad, ese chico era feliz con tan poco, después observó la flor.
De verdad se parecían, en colores un poco, en aroma bastante, en sensaciones enormemente, y a los dos quería protegerlos, pero en un futuro cuando la flor se marchitara, Souichi no tendría problema, pero si algo, lo más mínimo le pasara a Morinaga él no le dedicaría una sonrisa al causante del daño, ¿y Morinaga?, él era el único al que le dedicaría una sonrisa después de ver en sus manos aquella flor, él era al que le perdonaría eso y le agradecería el detalle, Morinaga era el único con permiso de arrancar no sólo la flor, si no toda su vida, tenía permiso de arrancar su corazón y sus ganas de vivir, claro que eso Souichi lo sabía, pero no necesitaba repetirse una y otra vez, era un hecho, no necesitaba recordárselo.
