La noche fue apresurada, apasionada, amorosa y con un aroma que aún después de algunas horas inundaba aquella habitación, podía verse unas sábanas descolocado, y un poco de ropa regada por el suelo, un pantalón y una camisa verde, la demás ropa seguro estaba en la cama, él siempre era el primero en quedar expuesto, su ropa quedaba siempre regada en camino a la habitación, pero abrigados por una delgada sábana blanca se encontraban aquellos amantes, amigos, la propia definición de entrega, se encontraban dos hombres totalmente cansados después de la larga noche que pasaron llenos de pasión y amor quedaron rendidos al sueño.
Moringa se encontraba totalmente dormido, boca arriba, con un brazo extendido y el otro atrapado por el cuerpo de Souichi que sin querer se encontraba abrazado al pecho de su compañero, se aferraba bastante a la piel apelada de su amor, una pierna sobre la suyas, incluso el aroma sobre su corazón, respirando el mismo aire, sintiendo el gran amor sin darse cuenta.
El despertador sonó, no dejaba de sonar, la mano blanca de Souichi se estiró un poco para alcanzar el teléfono, se vio obligado a tocar un poco el cuerpo de Morinaga que dormía profundamente, tomo el celular y sin verlo siquiera postergó la alarma, lo dejo a su lado, abrió los ojos, pestañeando lentamente, la luz entraba en aquella mirada, había comenzado un nuevo día, y el sol brillaba con tanta fuerza que le molestaba la vista, siempre le molestaba el sol, con su gran brillo, pero despertó, se giró y noto que la ventana estaba un poco abierta, la razón del sol, dio vuelta y se encontró con el rostro de Morinaga, su perfil y sus cabellos despeinados algunos sobre su frente y otros tantos pegados a su piel, los demás escurridos sobre la almohada, se encontró con su perfil, con nariz y sus labios, con sus pestañas y sus ojos cerrados, la respiración tranquila y lenta, el leve movimiento de sus ojos, sin poder contenerse posó una mano sobre mano sobre su mejilla de manera un tanto brusca, a forma de un leve golpe que se convirtió en caricia, con delicadeza posó sus dedos sobre su mejilla, formando un leve camino de la oreja hasta la mandíbula, dibujo círculos y tomo sus cabellos enredándolos entre sus dedos, toco sus párpados levemente y tocó su nariz, oprimiendo muy lentamente hasta llegar a sus labios, los acarició, de un lado a otro, dibuja en sus labios besos, e inconscientemente mordió su propio labio inferior, entrecerró sus propios ojos para ver cada detalle de su piel, terminó acariciando su cuello hasta llegar un poco al pecho, lo hacía de manera sutil dibujando círculos y líneas en todas direcciones. El sol iluminaba el rostro de Morinaga, parecía un atardecer en medio de una montaña, el sol resaltaba sus pestañas, creaba asombrosas sombras en su piel, y le daba el centro de atención en los pensamientos de Souichi que no se perdía ni el más mínimo detalle de aquella respiración calmada, y de aquel corazón latente, el sol, que le hipnotizaba le dejo absorto en el paisaje tan hermoso que el día le había regalado también fue mensajero de la hora.
Era algo tarde, Souichi observó el sol por última vez y se despertó por completo, sentándose rápidamente tomó el celular en sus manos y reviso la hora apresurado, era tarde, bastante es decir poco, Morinaga debía tomar un tren en media hora, se apresuró a agitar a su compañero pero en cuanto lo vio ahí, acostado, durmiendo, no pudo evitar posar un tierno beso en la mejilla del joven, Morinaga despertó sin percatarse de aquel beso, frente a un Souichi sorprendido y sonrojado, Morinaga pestañeo ante aquella hermosa imagen al despertar, sonrió dejando sin defensas al pelilargo, sus miradas se encontraron en un segundo fantástico donde se dijeron todo pero reino el silencio, Souichi pellizco la nariz de Morinaga sin saber por qué, sin saber que más hacer
— ¡Auch! ¡Senpai! ¿Por qué hizo eso?
—Empezaba a sospechar que estabas dormido con los ojos abiertos, tenebroso
—Creo que Senpai no aguanta mi mirada
—Eso es ridículo, parecías fantasma
—Senpai
Morinaga se sentó en la cama ya despertado y se acercó al rostro de Souichi esperando antes de hacer nada, Souichi estaba esperando, cerró los ojos y al notar la tardanza los abrió de nuevo solo para notar que frente a él estaba Morinaga arrugando la nariz y con los labios apretados
—Ahora debe besar la herida Senpai, esta lastimada
—...
Morinaga abrió un ojo y lo miro, volvió a cerrar los ojos y continuó esperando
—Idiota
Souichi deposito un rápido beso en la nariz de Morinaga, el solo sonrió al abrir los ojos y encontrar el rostro sonrojado de su amor
— ¿Que?
—Eres hermoso Senpai
—Deja eso ya..., ¡Morinaga! ¡Tú tren!
— ¡Es verdad!
Morinaga se apresuró a levantarse, corrió por sus pantalones y al ver a la cama de vuelta noto a Souichi girando la mirada con el ceño fruncido, el sonrojo en su rostro era extremo, Morinaga solo sonrió, se puso la camisa y la corbata, corrió a tomar un café y se acercó a la cama lentamente, Souichi seguía ahí, acostado y con los brazos cruzados
—Me voy
—...
—Volveré pronto Senpai
—Idiota, ¿cargaste tu celular?
—Sí, Senpai
—llama
— ¿Ah?
—Al lleg-gar
—Oh, sí Senpai, le llamaré
—Bien... Apresúrate o nunca llegarás y luego serás regañado por tu impuntualidad, además todavía tienes que darte un baño al llegar
Morinaga se acercó lentamente y le dio un beso en los labios, fue respondido y esperado por Souichi
—Lo amo, lo amo mucho
—De verdad... Llegarás tarde
—Es verdad Senpai, adiós
—Ve, ve con c-cuidado, y no te distraigas, concéntrate en el trabajo
Morinaga salió, y al escuchar la puerta cerrarse Souichi se levantó rápidamente, se asomó por la ventana y observó a Morinaga partir, lo observaba caminar y sin querer dibujo una sonrisa en su rostro mientras lo veía irse, Morinaga no dio vuelta, caminaba sin mirar atrás, sin ver que sus pasos eran cuidados, que un hombre algo silencioso le miraba marcharse, esperando ansioso por el momento de la llamada.
Souichi esperaba que los días pasarán rápido mientras veía por la ventana caminar al que hacía su corazón sonreír, al que le daba la alegría a sus días.
