Todo se marchita, todo se destruye, todo se termina. La flor más bella que pudo ver, dejó de florecer, no sabe a dónde fue, no sabe que paso, quien se la llevo, quien le hizo eso, le arruinó el corazón, heridas que no pueden cicatrizar, aire que no puede calmar...

La flor, aquella bella flor que le recordaba a Morinaga, aquella flor a la que le daba un cariño secreto, un día se marchito.

Morinaga tuvo que ir a trabajar, llevaba ya varios meses fuera y aunque existía comunicación constante entre ellos, una profunda tristeza iba creciendo cada día más, Souichi le extrañaba, le extrañaba demasiado, tanto que le dolía, de repente las horas le pasaban cono agua, sin darse cuenta había estado varias horas mirando solo a la pared.

Lo odiaba, lo odiaba por hacerlo sentir así, tan necesitado, tan mal, tan destruido y tan solo quería verlo ahí, tenerlo ahí.

Los momentos en las noches cuando al fin podía escuchar su voz eran sus favoritos, ambos los atesoraban, eran esperados y pedían al cielo que las horas pasarán más rápido, Souichi tan solo quería que fuera todo el tiempo de noche o que al fin volviera.

Debido al trabajo Morinaga había pasado varios meses fuera, ya había pasado antes, no era nuevo, para nada pero sin embargo igual los destruía, Souichi trataba de entender que Morinaga estaba ocupado, se descubría sonriendo al recordar cuando era su kohai, cuando apenas iba empezando, le llenaba el corazón de orgullo, pero le extrañaba, le extrañaba demasiado y quería ir corriendo hasta donde él estaba, de momentos sus pensamientos se detenían solo para empezar a crear la escena perfecta en la que iba a buscarlo, en la que corría hasta donde estaba y lo abrazaba como nunca antes...

Contraproducente

Souichi no era así, ¿abrazarlo?, tonterías, él quería besarlo y quedarse ahí siempre, pero él no era así, en realidad estaba a punto de hacerlo, pero algo lo detenía, escuchar la voz cansada de Morinaga por el teléfono lo frenaba, "bastantes problemas tiene para que vaya a distraerlo", y se frenaba de nuevo a esperar que al fin tuviera tiempo.

Quería acelerar el tiempo a su encuentro y quería después detenerlo para que no se fuera...

"Que Idiota"

Una sonrisa dolorosa e irónica salía de su rostro.

Paso una semana más, y se puso feliz, extrañamente feliz, Morinaga, se supone que vendría, pero al terminar la semana recibió una llamada

— ¡¿AH?!

—Senpai lo siento mucho, sabe que yo soy el que más quiere ir

—Lo dudo

— ¿Senpai? ¿Qué dijo?

—Dije, ¡QUE NO CREO! Si quisieras venir ¡YA ESTARIAS AQUI!

— ¿Senpai? ¿Esta ll...

— ¡CALLATE! Si no quieres venir no vengas, estoy cansado...

—Senpai, de verdad que quiero ir

—Estoy cansado Morinaga, esto me cansa más que trabajar hasta noche, más que todo, estoy cansado

— ¿De qué Senpai? ¿De esperarme?

—De esperarte, de tu ausencia, tu ausencia me agota, tengo sueño Morinaga, Buenas noches

— ¡SENPAI!, espere por fav...

Souichi colgó sin molestia, puso pesadamente el celular en su lugar y suspiro con las emociones a punto de explotar.

Vio la flor, con su extrañeza y sus colores, con el morado y con el azul, esa flor de verdad le recordaba a él, de verdad extrañaba verlo. Cerro los ojos con fuerza y después de abrirlos soltó una simple risa, con algo de dolor, fue a su habitación, tomo un abrigo y su cartera, cerró la puerta después de mirar la flor.

Morinaga, después de la llamada, se sintió bastante triste, de alguna manera Souichi le acababa de decir que lo extrañaba eso lo hacía feliz, pero igual acababa de descubrir que estaba sufriendo, odiaba verlo sufrir, quería correr y limpiar su rostro, abrazarlo y decirle que estaba ahí, pero en vez de eso se culpaba por hacerlo sufrir. Este trabajo lo estaba alejando de él, y de verdad le dolía.

Intento llamarlo unas cuantas veces más, el celular de Souichi en la mesa no dejaba de vibrar.

Morinaga se rindió, esperando llamar mañana, tal vez cuando se calmara más podría hablar bien con él, tal vez aún más pronto podría verlo. Se fue a dormir algo cabizbajo, con el corazón dormido, seguro de que latía a cientos de kilómetros de él, ojala la distancia fuera menos dolorosa. Quedo dormido.

La noche oscura, el auto que pudo conseguir prestado, un abrigo puesto, las estrellas brillando, el aire en su rostro, la maceta en sus manos y una puerta frente a su rostro.

Sus manos estaban rojas, hacía frío y era de noche, olvido los guantes, en realidad no recordaba cuando fue la última vez que los vio, tartamudeo un poco para su mismo, empezó a sentir que sus pensamientos querían formar un huracán como siempre, los freno de un respiro, no quería pensar, no se permitió pensar, quería verlo, eso era lo único que anhelaba, toco la puerta un par de veces.

Y el tiempo al fin se detuvo.

Tras escuchar unos toques en la puerta, tras tocar la puerta, tras dormir unas cuantas horas, tras conducir, tras soñar, después de dejar de pensar, después de todo...

Al fin pudo acelerar el tiempo para encontrarlo y detenerlo tras verlo.

Su rostro sorprendido, se notaba que no comprendía nada de lo que sucedía.

Su rostro expectante, se notaba nervioso, con solo verlo no pudo evitar sonrojarse

— ¿Senpai?

— ¿A quién esperabas a esta hora? Torpe

Souichi cargaba entre sus manos una maceta con unas pequeñas flores amarillas con naranja, en realidad parecían un arbusto pequeño de soles.

Morinaga dejo la puerta y se acercó a él rápidamente, como pensando que era un sueño, con todas las intenciones de darle un abrazo, pero de la nada pudo sentir los brazos de Souichi rodeando su cuerpo, que sorprendido ante tal acción, buscando su rostro, quiso decir algo pero de nuevo Souichi se adelantó

—No vuelvas a tardar tanto en regresar,... Estoy agotado

Buscó su rostro y lo acuno entre sus manos, ver su rostro después de estos meses era realmente reparador, se tomó unos momentos para observarlo, Souichi solo esperaba ansioso

— ¿Senpai?

—Idiota, no es una pesadilla

—No... Es un sueño, el más hermoso, Senpai, ¿puedo besarlo verdad?

—...

Le dio un tierno beso en los labios, simple y despacio, en donde el tiempo pareció detenerse aún más, donde al fin pareció valer la pena tanta espera, tantos días por ese beso.

Souichi habría esperado toda la vida si con ello obtendría ese beso, bueno, probablemente solo resistiría una semana más, pero valía la pena toda una vida

Para Morinaga ese beso le devolvió la vida, la luz.

De manera discreta cerró la puerta y dejo dentro a Souichi, le acarició el rostro levemente acto ante el cual Souichi cerró los ojos levemente práctica disfrutar del toque, de la sensación.

Souichi estiró las manos frente a Morinaga con las pequeñas flores en ellas

— ¿Senpai?

—Tómala

— ¿Es para mí?

—No, para el vecino, se la das cuando lo veas

—Senpai...

— ¿Para quién más idiota?

—Pero, ¿Por qué?

—Yo tengo una en nuestra casa, pero veo que es probable que pases muchos momentos aquí, pensé en traerte algo para que lo sientas un hogar

—Y además se parece a ti

— ¿QUE?

—Ahora es más hermoso, siempre que la vea me recordará a ti, y me hará sentir en casa, me hará sentir con usted, la amo, ahora al verlo sabré que me espera

—Idiota, ¿no lo sabias?

—Senpai, ahora tengo una prueba tangible, y lo agradezco, espero que ver aquella flor que está en casa igual lo haga recordarme

—... Yo espero que algún día puedan estar en la misma casa, en el mismo hogar, sin distancia ni tiempo de por medio

— ¿Senpai?

— ¿Qué?

—Te amo, te amo mucho, tanto que no sé cómo soporte tanto tiempo sin ti, vamos a dormir

Morinaga se giro tomando de la mano a Souichi y poniendo la flor en la mesa

Un susurro que no logro escuchar

—Yo también, yo tampoco

Esa noche unas flores en cada casa, un hogar en sus brazos, escuchar la respiración del otros mientras dormían les daba la paz que necesitaban, les devolvió la esperanza, les hizo felices de nuevo...

Mientras ambos en sus sueños y en su amor, esperaban el día en que al fin las flores estuvieran en la misma casa, el día en que el tiempo y la distancia no los separará, aunque en realidad...

Eso no lograba separarlos, se necesitaba mucho más que eso y bastaba un par de flores para unirlos más.

Continuación "pequeña flor"