Este es un proyecto personal y de relajación, lo he escrito durante bastante tiempo y no siempre he estado seguro de compartirlo, pero finalmente me decidí. Una de mis series manga preferidas es Slam Dunk, y me gustan otros spokon como Daiya no Ace, Cross Game, Major, Hanebado, entre muchos más; sin embargo, hay pocos que traten sobre equipos femeniles, quizá sea algo propio de Japón; tampoco hay sobre este deporte que es uno de mis preferidos, el balonmano o "handball", al cual lo llamaré así por propia costumbre. Si acaso alguien lee la historia, lo agradezco ya de inicio, y agradeceré aún más si me envían un comentario en los reviews, si es una crítica constructiva, será genial.

Cuando Jin respondió a su teléfono móvil no esperaba una llamada de su amigo Gorou Yamada. Eran las once de la mañana y usualmente Yamada le telefoneaba hasta la tarde, cuando la noche se acercaba, para invitarle unos tragos o ir a alguna fiesta. Tampoco era el tono que Yamada usaba cotidianamente, era más serio, sin llegar a ser estricto o preocupante.

–¿Un trabajo? ¿Es en serio? –preguntó Jin.

–En serio, ya he arreglado todo. La directora de esa escuela es conocida mía y me debía un favor. Ve hoy mismo, antes de las tres de la tarde –respondió Yamada.

Tras colgar, Jin se apresuró a bañarse y aunque se resbaló en la regadera, torciéndose un tobillo, pudo arreglarse con la única camisa que tenía y su único pantalón formal, una combinación en amarillo y marrón. Se peinó rápidamente y salió de su departamento hacia la calle. Caminaba con cierta dificultad, no tuvo tiempo de ponerse algún ungüento o tomar algo para el dolor del tobillo. Bajó del segundo piso de su edificio y cruzó la calle, una cuadra más adelante bajó las escaleras para entrar a la estación del tren.

No era una hora concurrida por lo que Jin alcanzó asiento en el tren sin problemas Había pasado mucho tiempo desde que viajaba en tren. Prefería caminar o correr por dos razones. La primera era por salud, le gustaba hacer ejercicio y mantenerse en forma, pero la segunda era por economía, pues mientras menos gastara dinero en tiempos sin empleo, mejor para él.

De cierta forma disfrutó el paseo entonces, tanto, que olvidó dónde debía bajarse y lo hizo una estación posterior. No iba a gastar en un boleto de regreso y salió para dirigirse hacia la escuela. Preguntó en una ocasión la dirección y pudo llegar. Era la una de la tarde con treinta y cinco minutos, así que lo había hecho a tiempo. Entró al pórtico y vio el nombre de la escuela, "Shuusei". Había llegado al lugar correcto.

Jin escuchó algo a su derecha, una ventana y llamó su atención. La ventana estaba en el segundo piso y de ella salió una joven. Su cabello corto negro y lacio se meció por el viento y dejó ver sus ojos, negros también. Se vio sorprendida por Jin, pero no le importó demasiado y desde ahí, saltó. No es que el segundo piso fuera demasiado alto, pero no era un salto fácil; la joven lo hizo como si nada, cayó en el suelo y echó a correr a toda velocidad. Jin pensó que, seguramente, no era la primera vez que ella hacía eso y quedó sorprendido por las habilidades atléticas de esa chica.

Tras esto, Jin entró a la escuela y preguntó por la oficina de la directora, por lo que fue llevado por uno de los maestros. Ahí se presentó ante la secretaria, quien le dijo que esperara unos minutos. Fueron once exactamente antes de que fuera recibido.

Era una oficina convencional, no muy grande, un escritorio de madera y sólo decorada con un cuadro, seguramente de algún pintor famoso, pues parecía de calidad, pero Jin no sabía mucho de ello. De una puerta salió una mujer de edad mediana. Jin podía calcularle entre 38 y 40 años, pero no podía adivinarlo en realidad. Ella tenía el cabello arreglado, recogido, de color rojizo –obviamente teñido- y vestida impecablemente; al ver a Jin, le extendió la mano.

–Soy Fujita, Naoko Fujita, la directora de esta escuela –le dijo ella con una sonrisa muy tranquila.

–Mi nombre es Masaki Jin. No traje ningún currículum, vine con algo de prisa.

–No es necesario –le dijo ella– Yamada me ha dicho lo suficiente sobre usted. Creo que es el indicado.

"Sé que no hay tantas escuelas que se interesen por el handball, al menos no por aquí cerca, pero el interés por el deporte ha estado creciendo en los últimos años. En todo Japón ya hay más de 60 preparatorias que tienen un equipo femenil. No quiero quedarme atrás, menos siendo una antigua jugadora –comentó la directora Fujita.

–Así que usted jugó. Es interesante saberlo.

–Yo era central, no la gran cosa, pero en aquellos tiempos, podía destacar –contó– lo importante es que quiero que comiences desde hoy mismo. Faltan cuatro meses para las eliminatorias estatales. Debemos dar aunque sea una buena cara.

Jin Masaki tuvo entonces un gran paquete. Formar un equipo de la nada, para ser competitivo, no sería nada sencillo. Supo que el equipo el año anterior, no pudo participar en las eliminatorias por falta de jugadoras. De la directora aprendió también que para este año, se había adquirido un buen equipo entre balones y aditamentos.

Shuusei tenía dos gimnasios. Uno era utilizado por los equipos de basquetbol y estaba al interior del edificio principal. El otro estaba afuera, era más rústico y viejo, y sería el que utilizaría él y su equipo. El entrenamiento sería justo a las tres de la tarde y Jin ya no regresó a su apartamento a ponerse ropa deportiva.

No le gustaban las paredes grises y tristes del gimnasio, y lo primero que pensó es que debería de pintarlas de blanco o un color más "vivo". Admiraba un techo algo descuidado cuando unos pasos llamaron su atención. Una chica con ropa deportiva –cortos y blusa sin mangas- había entrado al gimnasio.

–¿Usted quién es? –preguntó ella, vivaz, con sonrisa pura y feliz.

–Buenas tardes –le dijo él, a modo de reprimenda, aunque sin enfadarse– soy el entrenador del equipo de handball, ¿tú eres?

–Soy Nana Aizawa, segundo año. Soy la capitana del equipo –respondió ella, visiblemente emocionada–. Entonces era cierto que iba a venir alguien para entrenarnos, tal vez este año sí podamos participar en las eliminatorias.

–Es la idea –le dijo Jin–. Así que eres la capitana, ¿dónde está el resto del equipo, Aizawa?

–Bueno, no es que seamos muchas, pero llegarán pronto. Yo llego temprano para tener listo todo el equipo –dijo la jovencita, quien tenía su cabello teñido en rubio.

Jin supo que el equipo no tenía mánager, lo que era lógico siendo que ni siquiera participaban en algún torneo. Aizawa contó a su nuevo entrenador el gran cariño y pasión que sentía por este deporte, desde que, cuando niña, había visto un juego en vivo.

Minutos después, cuatro chicas más llegaron. Aizawa conocía a tres de ellas, Michiko Sato, una joven de último año, y Setsuko Toyama y Yumi Adachi, de segundo año. La cuarta chica le era desconocida. Una joven alta y de aspecto desorientado, con un cabello castaño despeinado.

–Soy Hidemi Nakamura, de segundo año, quisiera unirme a este club –dijo. Aizawa se emocionó y refirió a Jin que su llegada ya había traído aunque sea un poco de suerte.

–¿Has escuchado algo sobre el handball? –preguntó Jin a la chica nueva.

–Sé que se juega con las manos. Bueno, realmente no sé si pueda hacerlo, pero lo intentaré con todo.

Lo primero que hizo Jin fue probar algunas de las habilidades atléticas y motrices de las chicas. Aizawa, quien aseguraba poder jugar cualquier posición, demostró ser la mejor, aunque tampoco era algo para destacar. Por su parte, Nakamura, era un desastre, corría de forma extraña y no parecía poder tomar el balón correctamente. Lo único bueno era que tenía una gran fuerza en el brazo, pero sus tiros se iban totalmente desviados.

De cualquier forma, era una miembro más del equipo y eso ya era valioso. Jin terminó el primer entrenamiento formal del club una hora más temprano de lo que debía hacerlo y dijo a sus jugadoras que el resto de la práctica consistiría en realizar una actividad para promocionar el equipo, pues debían atraer más jugadoras. Masaki también pidió a Aizawa que pasara tiempo con Nakamura, para que le enseñara cosas básicas sobre el handball. Entonces, las despidió y pidió verlas al siguiente día para el entrenamiento.

–¿Cómo ha estado su primer día? –esta pregunta le asustó, pues fue de la directora Fujita, quien apareció detrás de él sin que se diera cuenta.

–Todo bien, no se preocupe –respondió él con sonrisa nerviosa– iré a ver algunos otros clubes. Sé que no es correcto que le quite jugadoras a otros deportes, pero tal vez haya alguna chica que juegue demasiado poco y pueda ayudarnos en el handball.

–Siéntase libre de visitar los otros clubes, Masaki-san –le dijo ella– por cierto, espero que pronto podamos ir a cenar, para discutir cosas del equipo y tal vez algo más –ella se pasó la lengua por los labios, pero Jin encontró la forma de escapar y llegó hasta el gimnasio de basquetbol, donde el equipo femenil estaba practicando.

Masaki no quiso intervenir de ninguna manera y se dedicó a observar por la ventana. Vio el ir y venir de los equipos en un encuentro interescuadras y entonces pudo ver algo que le llamó la atención. La base armadora de uno de los equipos, una chica no muy alta, pero con buen bote de balón, llevaba la posesión y entonces vio la oportunidad de disparar de tres puntos, pero fue taponeada de forma violenta por otra chica, mucho más alta, y que salió como de la nada. Aquélla además le dijo algunas cosas, que evidenciaron que la tiradora era una novata, alumna de primer año. A pesar de los regaños del entrenador, las veteranas siguieron molestando a la otra chica.

Jin se quedó hasta el final del entrenamiento. Seguramente quien pasara por el lugar pensaría que era un pervertido intentando ver algo de las chicas, pero a él poco le importó. Al final, todas las chicas salieron pero aquella bajita tiradora se quedó. El equipo no parecía tener mánager y ella recogía los balones y toallas. Dos chicas más altas regresaron.

–¿Todavía no terminas de guardar todo, novata? –le preguntó una.

–Ya casi, sólo algunas toallas –respondió ella, sin voltear a mirarla.

–Pues creo que aún te faltan los balones –le dijo la otra, antes de voltear deliberadamente la canastilla y esparcir las pelotas por toda la cancha. Luego las dos chicas mayores se retiraron a la vez que carcajeaban. Masaki recordó de inmediato una escena conocida, no era fácil ser un jugador japonés recién llegado a un equipo europeo.

Jin se acercó y comenzó a ayudar a la chica a recoger todo. Ella tenía sus ojos llorosos, pero no había derramado ninguna lágrima.

–¿Quién es usted? –preguntó la chica. Jin sólo reveló su nombre, no que era entrenador del equipo de handball. Masaki y la joven acomodaron todo aunque tuvieron que hacerlo dos veces, debido que la torpeza de Jin derribó lo organizado en una ocasión. Masaki aprendió además que el equipo no tenía mánager pues la anterior era de tercer año y se había graduado.– Mi nombre es Yui Namikawa.

–¿Eres feliz aquí? Que seas novata, no justifica esto.

–Soy una basquetbolista, lo he sido desde la secundaria, si no lo practico, no sé qué haría, así que aguantaré hasta que todo cambie –afirmó.

–El deporte es para competir, pero también para divertirse –le indicó Jin, ya retirándose del gimnasio– por cierto, ¿sabías que el handball no es tan diferente del basquetbol?

Namikawa no demoró mucho en retirarse del gimnasio, pero esas palabras, sobre todo "diversión", retumbaban en su mente una y otra vez. Recordó la ocasión en la que entró a jugar en la secundaria y cómo se divertía haciéndolo; desde que había llegado al club de la preparatoria, no había tenido ese sentimiento.

Jin acudió temprano al siguiente día. Se sentía mejor del tobillo, aunque había tenido que vendarlo. Se paseaba por la escuela y ya veía cartelones anunciando que el equipo de handball deseaba reunir nuevas jugadoras. Había sido un trabajo entusiasta, aunque Masaki no pensó que fuera a dar mucho resultado.

Hundido en sus pensamientos, no vio que una joven venía a toda velocidad en contra suya. Ella tampoco ponía mucha atención y ambos terminaron en el suelo. Jin se sorprendió al ver que era la misma chica que había visto saltar por la ventana el día anterior. Ya de cerca podía ver que era una alumna relativamente alta, con cabello negro corto y con un rostro recio pero lindo a la vez. Ella se levantó frotándose el trasero y sin siquiera pedir perdón.

–Eres el tipo de ayer, no me digas que eres profesor de aquí –dijo ella.

–Algo así –respondió Jin, queriendo sacar más plática.– Así que saliendo temprano y llegando tarde…

–Me he quedado dormida, eso no es un crimen, ¿verdad? –le dijo con sonrisa algo sarcástica– ¿no me vas a acusar de lo de ayer, o sí?

–Pues, tal vez lo haga, o tal vez no –a Jin se le había ocurrido una idea. Había visto en esa chica una atleta y debía tenerla en su equipo a como diera lugar. La quiso chantajear entonces con no contar nada a cambio de que ella entrara al club de handball, pero la jugada no salió como esperaba.

–Pues creo que tampoco es que me expulsen por irme temprano alguna vez y no tengo tiempo para ese "hambol", así que, propuesta no aceptada. Nos vemos –le dijo, dejándolo sin respuesta alguna.

Más tarde, cuando Nana Aizawa llegaba al viejo gimnasio, antes que todas sus compañeras, Jin, tras describirla, le preguntó si conocía a esa chica, Aizawa pensó un momento y luego sonrió al haberla recordado.

–Dices que llegó tarde hoy y se fue temprano ayer, ¿no? Debe ser Anzu Izumi, la conozco porque va en mi grupo –dijo ella y luego quiso saber el porqué de la pregunta.– ¡¿Ella, en el equipo?! ¡Pero si es una "yankee"! Bueno, no la conozco bien, es muy solitaria y siempre parece estar malhumorada, muchos le tienen miedo, piensan que es agresiva. Yo creo que no es mala pero... no lo sé.

–Creo que tiene un talento atlético escondido y además es alta, pero ha rechazado la invitación, así que ni hablar.

La conversación entre ambos fue interrumpida por unos pasos. Masaki y Aizawa pensaron ambos que eran las chicas restantes, pero se toparon con una desconocida. Una joven muy alta, con cabello negro y lacio, hata los hombros, algo masculina a simple vista, pero tampoco demasiado. Llevaba pants y sudadera deportivos.

–¿Este es el equipo de handball, verdad? –preguntó y recibió respuesta afirmativa–. Pues quiero unirme a él, ¿puedo? Mi nombre es Maki Komatsu.

–¡Claro que puedes! –le dijo Aizawa con entusiasmo y la rubia no perdió tiempo antes de enseñarle la cancha, los balones y otras cosas. Jin detuvo todo al cuestionar a Komatsu.

–¿Qué te trae por aquí? ¿Es sólo porque te atrajo el deporte?

–Entrenador… –se quejó Aizawa–, preguntando así, nunca vamos a tener el equipo completo.

–Es algo raro –sonrió Komatsu– he practicado karate desde que era niña. Mi padre siempre quiso un niño, pero cuando nací yo, se propuso hacerme la karateca más fuerte de Japón. Pero saben algo, ¡odio el karate! Lo practico desde que tengo uso de razón y ya estoy harta. Si pruebo a mi padre que puedo jugar a otro deporte, me zafaré del karate. Le demostraré que su amado deporte no es lo único en la vida.

Jin conoció entonces la extraña motivación de Komatsu y también vio el gran atleticismo que ella tenía, obra de sus años de artista marcial. Al momento de iniciar el calentamiento, ya cuando Sato, Toyama y Adachi habían llegado, Masaki pudo ver que Maki no sufría en lo absoluto con los ejercicios.

Unos minutos más tarde arribó Nakamura, la despistada chica que había llegado por primera vez al equipo el día anterior. Se disculpó por la tardanza, explicando que se había distraído resolviendo problemas de álgebra y se había olvidado del entrenamiento. Las chicas e incluso Jin se sorprendieron al saber que esa, aparentemente torpe joven, podía ser hábil con las matemáticas. Hidemi afirmó que le gustaban bastante, pero intentaría recordar para el resto del semestre los entrenamientos diarios del equipo.

Jin estaba trabajando el físico y los movimientos de las chicas, aún no quería empezar con el juego y el manejo del balón. Primeramente tenía que tener al menos una chica más para completar el equipo. Y ella llegó cerca del final del entrenamiento.

En el umbral del gimnasio, la luz que llegaba desde fuera, proyectó una sombra al interior. Aunque ella no dijo nada, Jin pudo verla y le alegró mucho saber de quién se trataba.

–Usted dijo que sería divertido, ¿lo promete?

–Será divertido, no te preocupes Namikawa.

No sé qué tan largos haré los capítulos siguientes, probablemente no tanto como éste. El equipo apenas está conformándose, pero faltan varias piezas clave del mismo que irán agregándose en los capítulos siguientes. Un saludo.