Capítulo 1.- La novia adecuada
—¡Maldita sea!
Era la quinta vez que Katsuki pateaba la pobre almohada de su cama, se estaba volviendo loco dentro de esas cuatro paredes y tras largas horas meditando sus posibles opciones, ninguna servía para nada.
Esa mañana vio un anuncio en internet sobre un concurso para ganar un viaje con todo pagado al Monte Fuji. Por supuesto, ¡sonaba magnífico! Bakugou era un amante del montañismo y una de sus metas era poder subir la cima más alta de Japón.
Había hecho cuentas y ahorrar para ese viaje le llevaría demasiado tiempo, todavía tenía tareas, entrenamientos programados, horas de estudio y un sinfín de cosas más por hacer. Su única semana libre sería en la segunda de las vacaciones de verano y para ese entonces no lograría reunir el dinero.
¿Pedir prestado a sus padres? ¡Ni hablar!
Su madre era una mujer muy estricta y exigente, Bakugou ya había pensado en sus posibles sermones si le solicitaba un adelanto del dinero mensual que sus padres le otorgaban. Así que esa opción quedaba descartada.
«¿Por qué no pedirle dinero al viejo de mi padre a escondidas de la vieja bruja?»
Pero de inmediato sus ilusiones murieron cuando recordó lo terriblemente malo que su padre era para mentir. Su madre, al llevar la administración del dinero familiar, evidentemente se daría cuenta que faltaba y sería el pobre señor Masaru quien terminaría revelando todo. Como consecuencia Katsuki sería castigado.
Y aunque ya no vivía en casa de sus padres sino en las habitaciones especiales de U.A., sabía bien que su mamá encontraría la manera de reprenderlo. Lo mejor era no hacerla enojar.
Justamente por eso le interesó participar, el concurso concluiría antes de sus vacaciones y los ganadores se anunciarían pocos días antes de su semana libre. Todo parecía concordar con sus intereses.
Entrar a ese concurso era lo mejor que podía hacer puesto que la edad mínima para participar era de quince años (con el permiso de los tutores), y como Katsuki siempre tuvo el pensamiento optimista de ser un ganador, confiaba que obtendría el premio. No obstante lo primordial para ello era bastante complicado, en realidad.
Solo parejas de novios podían participar, pues el concurso otorgaba un viaje pagado para ambos. La dinámica consistía en tres fases:
La primera se trataba de enviar un texto que relatara cómo se conocieron los enamorados, adjuntando fotografías, dibujos o cualquier prueba de ello.
La segunda fase era más intensa. Los participantes que avanzaran hasta esta etapa tendrían que grabar un video mostrando cómo era vivir un habitual día de novios entre ellos.
Y finalmente sería la tercera fase que consistía en acudir personalmente a una entrevista con los organizadores del concurso.
Tras todas estas etapas se determinaría una pareja ganadora. Bakugou gruñó frustrado; ¡él ni siquiera tenía novia!
No era como que le interesara el romance, pero necesitaba una chica que urgentemente se hiciera pasar por su novia llegando a un acuerdo de no contar nada y olvidar todo. Si al final ganaban, cada quien estaría por su lado en el viaje.
Pero las cosas no eran así de sencillas, quizás Deku no tendría problema en conseguir a alguien, él últimamente estaba rodeado de gente; si bien podría solicitar el favor de la niña con cara redonda que se juntaba con él, también podía pedírselo a la chica rana. Eso irritó a Bakugou en sobremanera.
—¡Muéranse todos!
Volvió a patear la almohada haciéndola volar directo a la puerta que justamente se abría y logró impactarse en la cara de Kirishima.
—¡Auch! ¿Qué fue eso?
—¡Idiota! ¿Quién te dijo que puedes simplemente entrar a mi habitación? ¡¿No tienes modales?!
—Tranquilo Bakugou. —Él movió sus manos y sonrió con nerviosismo.
—¡No me exijas que me tranquilice!
—¿Puedes dejar de gritar aunque sea por diez segundos? Solamente he venido porque Aizawa sensei me pidió que te entregara tu cuadernillo de ejercicios. Parece que lo has hecho bien ¿eh?
Katsuki tomó el cuaderno y lo tiró a la cama.
—¿Quién te dijo que puedes husmear mis calificaciones?
—La verdad es que quería saber quién sacó mayor puntuación y al parecer Yaoyorozu fue la número uno otra vez.
—Pff... ¿Y eso qué más da?
Se cruzó de brazos y miró hacia un lado. Estaba harto de estar por debajo de la jovencita adinerada. De pronto un pensamiento surcó salvajemente dentro de Katsuki...
«¿Y si le pido dinero prestado?»
Su cabeza comenzó a maquinar las decenas de posibilidades al solicitar un préstamo a corto plazo a su compañera de salón: Momo Yaoyorozu. Mas, no le agradó mucho la idea al concluir de nueva cuenta que sería una pésima elección. Bakugou odiaba deber dinero y para cubrir el monto tendría que recurrir a sus padres.
—¿Bakugou? Hey Bakugou...
Kirishima se preocupó al notar que no decía nada en concreto sino que movía sus labios murmurando tal como Deku lo hacía cuando tomaba notas mentales. Aunque la forma que tenía Bakugou para analizar las cosas era un tanto diferente; sus cejas se arrugaban y achicaba más los ojos. Tenía un rostro serio que daba más miedo que cuando de verdad estaba en un ánimo explosivo.
—Bueno, te dejaré meditar en tus asuntos. No olvides que esta noche veremos películas en la habitación de Denki.
—¡Espera un momento cabello de púas!
Kirishima quedó con un pie en el aire, miró al rubio con confusión y éste levantó la cara dejando al descubierto la fuerte determinación en su rostro.
Kirishima tragó saliva, tuvo un mal presentimiento.
—Quiero se me respondas con total sinceridad o si no, te mataré.
—¿Uh? —El pelirrojo miró a todos lados— ¿Qué hice?
Bakugou desvió la vista únicamente un par de segundos al tiempo que reunió el valor suficiente para cuestionar aquello. No quería verse como un idiota, tampoco deseaba que su amigo pensara que estaba volviéndose loco, pero tenía una ligera convicción de que nadie más que él le podría ayudar a resolver esos temas sin divulgar información.
Los labios de Katsuki se abrieron despacio aún dudosos de preguntar aquello, pero Kirishima se adelantó a hablar. Juntó las manos frente a su cara y cerró los ojos.
—Perdón, sí fui yo el que se comió tu sopa instantánea con extra picante.
—¿Q-qu...?
—¡Lo siento! Ayer en la tarde estábamos haciendo un reto de comer cosas asquerosas sin vomitar, no quedaba nada en el almacén de nuestro piso más que tu sopa y era mi turno. Prometo que te compraré otra.
Una de las cejas de Bakugou tembló. Había estado guardando esa sopa para comerla esa noche y se acababa de enterar que ya no sería posible.
—¡Pero te compraré muchas más!
—¡Era de edición limitada, idiota cabeza de...!
Guardó silencio antes de completar su frase, miró el calendario que colgaba sobre su pared. Recordó que la promoción no terminaría sino hasta esa noche por lo que tomó su billetera y salió casi corriendo.
Al ir bajando la escalera cayó en la cuenta que no le preguntó nada a Kirishima pero no tenía más tiempo qué perder.
Los estudiantes tenían permiso de salir de las instalaciones después de sus clases de medio día (eso tras entregar su credencial estudiantil en la caseta de vigilancia), pero la hora límite para volver eran las siete de la tarde. Para salir en horarios fuera del permitido, se tenía que solicitar autorización del tutor de grupo.
Bakugou aventó su credencial a la cara del pobre vigilante y al abrirse el portón, se fue apresurado pues eran casi las siete, la hora límite para volver.
Fue a la tienda de conveniencia más cercana y buscó la dichosa sopa instantánea con extra picante pero el estante no tenía ninguna. Molesto chistando se fue a la siguiente tienda que quedaba a tres cuadras de allí.
Al abrirse la puerta automática dirigió sus pasos al pasillo de comida rápida y husmeó entre la variedad de marcas y sabores hasta que por fin encontró lo que tanto quería. Para su suerte quedaban dos y las tomó para ir a la caja a pagar.
Antes de llegar con el empleado había una pareja de enamorados por delante de su turno. No los hubiese notado sino fuera porque el chico habló más alto de lo normal y eso atrajo su atención.
—¡Estás de broma! ¡Mira eso! ¡Un concurso de parejas!
—¿Qué? ¿Dónde? —Volteó la joven mujer en dirección a donde el dedo de su novio señaló. Había un cartel pegado en la pared.
—El gran premio es un viaje pagado al Monte Fuji, ¿eh? Parece que lo está organizando la agencia de viajes de Mrs. Lovely.
—¡Ah! —ella jadeó sorprendida— ¡La heroína del amor! Ella es tan increíble, deberíamos participar.
—¿Lo crees? —El chico se rascó la cabeza— El premio es muy interesante pero... No tenía idea de que te gustara el montañismo.
—Es gratis —argumentó ella moviendo las manos en el aire, Bakugou arrugó la frente.
—Sí, quizás tengas razón aunque...
—¡Por un demonio, hablen de sus porquerías en privado y muévanse, carajo! ¡Tengo que volver a la escuela!
El grito de Katsuki se escuchó por todo el local y la pareja se quedó inmóvil tras el fuerte regaño. No siguieron la discusión, pagaron sus productos y salieron de la tienda. Un muy ligero «mocoso arrogante» fue lo único que se alcanzó a escuchar.
El camino de regreso no fue tan apresurado. Pateando las piedras que se halló en el trayecto, Katsuki pensó una y otra vez en cómo la gente era capaz de participar en algo simple y sencillamente porque era gratis y no porque le interesara el premio como tal, disminuyendo las posibilidades de ganar a alguien a quien de verdad le gustaba el montañismo.
Volviendo a su interacción con Kirishima, Bakugou recordó que lo que quiso preguntarle no era otra cosa sino saber a quién consideraba la chica más adecuada para proponerle ser su novia falsa.
Pero no se sintió capaz de cuestionarlo, era demasiado vergonzoso. Una parte de Bakugou se rindió ante la posibilidad de participar, quizás le resultaría fastidioso atravesar por todo eso y aunque tenía el deseo ardiente de visitar el preciado y majestuoso Monte Fuji, se resignaría a ahorrar el dinero para visitarlo dentro de unos años, cuando encontrara el tiempo y espacio perfectos.
Regresó a la escuela, recogió su credencial de las temblorosas manos del vigilante y entró al edificio. Se prepararía mentalmente para soportar los comentarios fuera de lugar de Kaminari y las malas bromas de Sero. Esa sería una noche de películas y no pensaba martirizarse en otras tonterías sin importancia.
(...)
Bakugou se hundió en el sillón inflable que Denki tenía en su habitación, desde hace rato no habían dejado de reír como locos con la cinta de comedia que veían en la televisión, pero él no reía en lo absoluto.
A su parecer la historia era sosa y con un humor ridículo creado especialmente para niños. Sin embargo, desistió de irse porque no quería volver a su habitación y ser presa de sus preocupaciones. No. Volvería cuando su cuerpo sintiera el cansancio como para acostarse y dormir.
El reloj marcó las ocho con veinte, a esa hora él ya estaría acostado pero no se alarmó, pues el día siguiente era sábado y podía tomarse el privilegio de dormir más tarde.
La película culminó y mientras Kaminari conseguía la siguiente, él tomó el vaso de sopa que ya solamente contenía agua roja y se puso de pie.
—¿A dónde vas? —preguntó Kirishima.
—Iré a tirar esto a la cocina del primer piso.
—¿Te esperamos para poner la película?
—Me da igual, de todos modos regresaré.
No dijo más y salió. Bajó por la escalera y entró en la cocina donde Tsuyu y Uraraka hablaban de cosas triviales. No les dio importancia y pasó de largo, tiró el líquido en el fregadero, enjuagó el envase desechable y lo echó en el bote de basura.
Se secaba las manos cuando oyó que Tsuyu se retiró del lugar; al darse la media vuelta para salir fue sorprendido por un escalofriante líquido que se derramó sobre su camiseta. Uraraka solo atinó a espantarse y corrió por inercia para limpiarle la ropa.
—¡Déjame!
—Lo siento, de verdad lo siento Bakugou.
Katsuki le arrebató la servilleta con que inútilmente ella quería secar su camiseta y desaparecer la gran mancha.
—¿Qué demonios estabas haciendo?
—Y-yo solo usaba mi quirk.
Bakugou se miró la prenda superior, estaba arruinada. Tenía una gran mancha de soda de fresa que no se quitaría, y su camiseta era blanca.
—De modo que en lugar de ir como persona civilizada a tirar tu sobrante líquido en el fregadero, usaste tu habilidad para no tener que caminar...
—Sí.
—¡Y todavía dices que sí! ¡Eres una cínica!
Bakugou gritaba irritado y Uraraka solo se hundió de hombros.
—Pero es justo lo que dijiste ¿por qué voy a negarlo?
—¡Mira cara redonda! ¿Cómo vas a solucionar este problema?
Se estiró la camiseta mostrándole lo que había ocasionado, Ochaco juntó sus manos e hizo una reverencia.
—¡La lavaré!
—¡La mancha no se irá!
—¡La lavaré cuantas veces sea necesario!
—¡Solo conseguirás desgastarla!
—¡Te compraré una nueva!
A Bakugou le dio un tic en el ojo, la tomó por los hombros y la obligó a enderezarse para que lo viera a la cara.
—Nada podrá reemplazar esta prenda ¿entiendes?
Uraraka le prestó atención y se dio cuenta que era de una marca reconocida. Para alguien como ella pagar por algo así era muy complicado. Se sentía en apuros, de verdad había arruinado algo importante.
A punto de abrir la boca para decirle que lo olvidara pues no existía forma de reponer esa camiseta y no quería seguir viendo a la chica, Ochaco habló interponiéndose a sus palabras.
—Haré lo que me pidas.
Ella levantó la vista, aunque sus grandes ojos parpadeaban en repetidas ocasiones como soportando la carga visual de la fuerte mirada de Bakugou, ella tuvo el valor de sostener sus pupilas haciendo contacto con las de él.
—¿Qué? —soltó Katsuki.
—Dije que como forma de pagar por haber arruinado tu ropa, haré lo que quieras... Siempre y cuando no sea algo... hum... ya sabes...
Movió sus manos en el aire y sus mejillas se sonrojaron incluso más. Bakugou captó el mensaje.
Pero luego meditó velozmente en lo que la chica acababa de decir: ella estaba dispuesta a enmendar su error y él podía utilizar eso a su favor. ¡Debía ser el destino apiadándose de él!
Si lo miraba desde cierta perspectiva, Uraraka no parecía ser el tipo de chica problemática de esparcir chismes, o de hablar de más. No consideraba que ella fuera el tipo de persona que rompe un trato, por eso era el momento perfecto para su propuesta.
Si las cosas resultaban como marchaban en su cabeza, esas vacaciones de verano estaría visitando el Monte Fuji.
—¿Baku-gou?
Él salió de sus pensamientos y le dedicó una macabra mirada, Ochaco se arrepintió de haberle dicho tal cosa.
—Escúchame bien, cara redonda...
Ella tragó saliva y retrocedió un paso, el mismo que el rubio avanzó. La tenía acorralada entre el fregadero y sus largos brazos que se apoyaban en los bordes del mueble.
Bajó la cara hasta ponerla a su altura y una terrible sonrisa se le dibujó.
—Vas a ser mi novia.
Este es mi primer fanfic kacchako.
