[ Bueno, como estamos con toda esta mierda de la cuarentena creo que es un buen momento para continuar con esta historia. Estamos con el capítulo 15 y no tengo muy claro como continuar por que en fin, la situación… xDDDD, pero VAMOS A INTENTARLO Y ANIMAR UN POCO ESTA MIERDA DE SITUACIÓN GENTEEEEEEEEEEEE. Allá vamos, no tengo muy claro que va a salir de esto después de tanto tiempo sin escribir, pero vamos a intentarlo. Os dejo con el capítulo JEJEJEJE, espero que os guste3.]
He dejado ese texto porque es el que dejé para, supuestamente, subir el capítulo. Siento mucho este terrible retraso, ha sido un año muy complicado para mí, como para todos, supongo, pero aquí estamos de nuevo. No prometo una constancia a la hora de subir capítulos, pero juro que acabaré esta historia, porque está completamente montada en mi cabeza: solo me queda plasmarla. Allá vamos una vez más, y espero que disfrutéis este capítulo.
LADY JUPITER:Aquí la tienes después de mucho tiempo , ya lo siento azsuchdaiuhdauisd, ¡disfrútala!
Joa: Asxhadhiuasdias, Law también es mi favorito, creo que lo amo(¿) jajajajaja, muchas gracias por tu comentario, ¡espero que este te guste lo mismo al menos!
Maracas-senpai:aaaaaaaquí tienes tu continuación, me alegro de que te hayan empezado a gustar los párrafos largos e_e
Capítulo 15: Verdad
No supo cuántas horas pasaron hablando en aquel salón del submarino, en aquella sala común. Alexia había decidido sentarse en el sofá, puesto que sus piernas aún no estaban preparadas para sostener el peso de su cuerpo. Inconscientemente, Trafalgar se sentó a su lado derecho, y Bepo en su lado izquierdo, con el fin de que se sintiera arropada, con el fin de que se sintiera protegida. Con el paso de las horas, y de las conversaciones absurdas para distraer a Alexia (y a ellos mismos) de lo que había pasado hoy, los distintos tripulantes fueron retirándose hacia sus camarotes. Al final, solo quedaron los más cercanos a Alexia: Trafalgar, por su puesto, Bepo, Sachi, Penguin y Jean Bart. Cuando se hubieron quedado solos, se instaló un silencio sobrecogedor. Alexia estaba con las piernas encogidas, abrazándoselas contra su propio pecho, y rodeada completamente por una manta. Todos la miraban, pero el que la miraba más intensamente, era el capitán de aquel submarino.
Internamente seguía culpándose por lo que había pasado, no entendía como había permitido que Alexia acabara en este estado, ni que le hubieran hecho lo que le hicieron en aquella fiesta, sin poder hacer absolutamente nada para evitarlo. No entendía cómo podía haberla perdido, literalmente frente a su maldita cara, sin poder ni siquiera reaccionar a tiempo. No consideraba a la chica una persona débil, de hecho, había demostrado que era todo lo contrario, pero verla así le afectó de una manera que aún no llegaba a comprender. Todos querían preguntar, todos querían saber, pero, sobre todo, todos querían protegerla de cualquier cosa que quisieran volver a hacerle Doflamingo y su panda de desquiciados mentales.
Alexia, por su parte, se ensimismó tanto que no se dio ni siquiera cuenta de las miradas que estaba recibiendo. En su cabeza mil cosas pasaban, mil cosas pensaba a la vez. Tenía la mirada fija en un punto cualquiera del suelo, mientras se planteaba que, por su culpa, ahora mismo había conseguido que la tripulación que le había acogido, estuviera metida en los mismos problemas que ella. Problemas que llevaba años intentando evitar, de los que había intentado huir, de los que había intentado esconderse. Y que finalmente, la habían encontrado. Y esta vez, para su desgracia, había arrastrado a aquellos chicos con ella, que, aunque navegaban bajo el nombre de piratas, no estaban ni siquiera cerca de ser unas malas personas. Todo lo contrario.
Actuó sin pensar, porque realmente estaba pensando tantas cosas a la vez, que se formaba un remolino en su cabeza, terminando por pensar en la nada misma.
La chica los sorprendió a todos de repente, haciendo que la miraran con una cara interrogante.
+ Nunca os he contado de dónde vengo. Ni quién soy.
Fue lo único que dijo, sin dejar de mirar ese punto fijo del suelo. Nadie dijo ni una palabra. Ella se debatía, intentando ordenar todos los sucesos que habían pasado en su vida, hasta llegar al día de hoy; intentando averiguar si era buena idea contarles.
"Al menos se merecían eso, ¿no? Hoy podrían haber muerto por su culpa. Pero espera, ¿eran personas de fiar? Pensaba que sí. Aunque todas las personas que habían sido de fiar para ella habían acabado traicionándola. Pero quizá ellos eran distintos, quizá en ellos sí que podía…"
Interrumpió sus pensamientos un brazo que pasó por su cintura muy sutilmente, sacándola al instante de su ensimismamiento.
- No tienes que forzarte a hacer esto, y menos hoy, Alexia-ya.
Por fin alzó la mirada del suelo y miró al que ahora era su capitán directamente en los ojos, perdiéndose por unos segundos, volviendo a pensar mil cosas a la vez, sobre su vida, sobre la tripulación, sobre Trafalgar. Él tampoco apartó la mirada de ella, queriendo, aunque sin saber cómo, transmitirle algo de calma. La vio tragar saliva, y la vio también devolver la mirada al suelo, respirando profundamente en el proceso.
+ Después de lo que ha pasado hoy, os merecéis una explicación.
- Alexia-chan, no necesitamos una explicación de nada, y menos hoy. Eres nuestra compañera. Eres nuestra… amiga. Y eso es lo que hacemos, nos ayudamos en los malos momentos, sin tener que explicar nada. Somos un equipo. Somos una familia.
Bepo casi añadió eso con miedo, pues sabía que Alexia era reticente desde el primer día a encariñarse con ellos por alguna razón que nadie comprendía. Aún. Pero Bepo también se dio cuenta de que estaba fallando en esa tarea; y de que Alexia no se merecía estar sola. La palabra familia clavó un puñal en el corazón de Alexia. No, no lo clavó, lo atravesó por completo de lado a lado. Todos la vieron volver a tragar saliva, y como se sonrojaba ligeramente su nariz, como si estuviera a punto de llorar; "amigos, eh… Quizá sí que podía… confiar en alguien... una vez más… una última vez". Jamás habían visto llorar a Alexia. Y jamás se imaginaron verla. Pero no lloró. Habló con la voz grave, como cuando estás a punto de romper a llorar, y mientras todos la miraban expectantes, ella decidió empezar por el principio, sin saber cómo iba a continuar.
Aquel día era un día maravilloso en la Isla Saint Nimrod. Ella aún seguía en la cama, pero por cómo entraba el sol por su ventana sabía que era un día perfecto para dormir una siesta al sol, en la playa, tranquila… Decidió remolonear unos minutos más, ya que era día de descanso en la escuela. Pero algo, o más bien alguien, interrumpió su mañana de procrastinación.
+ ¡Despierta, despierta, despiertaaaaaaaaaa! Vaaaamos Alex, me dijiste que hoy jugaríamos a las carreras.
Una Alexia de 13 años era completamente avasallada por su hermano pequeño, Malik, de 7 años. La niña abrió ligeramente los ojos para ver a su pequeño hermano completamente encima de ella, dando saltos para despertarla mientras intentaba quitarle la manta para conseguir que esta se levantara.
+ Vamos Alex, hoy me prometiste que me enseñarías a correr más rápido.
Alexia lo miró con los ojos entrecerrados. Ahí estaba: el puchero de la muerte. Lo había llamado así porque con aquellos enormes ojos azules, y aquel puchero, jamás se le podía negar nada a ese crío. La niña suspiró, frotándose la cara con las manos para desperezarse.
- Está bien, está bieeen, pero al menos déjame ser capaz de despertar, vestirme y desayunar, ¿sí? No sé ni qué hora es aún…
+ Síiiiiiiiiiiiiiiiii, venga, venga, vamoooos.
El niño le dio un tremendo beso en la mejilla y bajó corriendo las escaleras, gritando de emoción a sus padres que hoy se iría con Alexia a correr. Estaba gritando tanto que podía oírlo desde su habitación, que se encontraba en la parte de arriba. La niña soltó una risita entre dientes y se dispuso a lavarse los dientes y asearse un poco antes de bajar a la cocina. Desde arriba olía a tortitas recién hechas, y mientras la niña bajaba de su habitación, casi podía saborearlas.
- Buenos días mami, buenos días papi.
La madre se levantó del sofá para darle un beso en la frente a su hija, mientras su padre, que era el que cocinaba el desayuno, le devolvió el saludo con una tierna sonrisa.
+ Vaya, vaya… Me he equivocado con nuestra hija Kaia, finalmente tenemos una marmota.
Alexia bostezó como respuesta mientras se sentaba en la mesa, esperando por su ansiado desayuno. No sabía dónde se había metido su hermano, pero al menos podría desayunar en paz. Era una niña tranquila, amable y sociable, todas estas cualidades heredadas de su madre; pero también era muy independiente, fuerte e inteligente para ser una niña de su edad, cualidades que había heredado de su padre, junto con sus preciosos ojos azules, al igual que su hermano.
- Levi, no seas malo con tu hija, es su día de descanso en el colegio…
Añadió su madre riendo entre dientes.
+ Así que hoy te vas a llevar a tu hermanito a correr por la playa, ¿no? Ha venido muy emocionado a contárnoslo.
- Sí, bueno, creo que se ha enterado todo el vecindario…
Añadió la niña, arrugando la nariz y sacándole de paso una risa a sus padres, que pronto le contagiaron a la niña.
Sus padres eran lo que se podría decir unos seres de luz, jamás les levantaban la voz, incluso cuando tenían que reñirles por hacer alguna trastada. Su madre era la mujer más dulce que había en el planeta tierra, siempre tenía una sonrisa en la cara, ayudaba a todo el mundo que lo necesitaba… Y su padre, también era muy dulce. No tanto como mami, pero lo era a su manera. Era el alfa de la familia, un Cambiaforma de los más fuertes que había en la isla, y el sueño de Alexia era, en algún momento de su vida, ser como su padre. Lo admiraba. Y hablando del rey de roma, acababa de poner un plato con unas siete tortitas recién hechas delante de ella, rebosantes de chocolate por todos lados. La niña las miraba mientras se relamía, y en un segundo estaba alzando la mano para coger una. Estaba a punto de tenerla en su boca cuando…
+ ¡Señorito Malik, que te hemos dicho de transformarte en la mesa!
Un pequeño tigre, prácticamente un bebé, había saltado por encima de la mesa, cogiendo la tortita que tenía Alexia en la mano entre sus colmillitos, justo antes de llevársela a la boca.
- ¡Ey, Mak, esa era mía!
Mak era el apodo con el que Alexia llamaba a su hermano cuando se enfadaba, puesto que a este no le gustaba. La pobre niña, privada de su primera tortita, hizo un puchero mientras veía como el pequeño tigre huía escaleras arriba con su presa, mientras su madre iba detrás, en forma humana, para regañarlo.
+ No sé a quién habrá salido este niño…
El padre miró la escena sonriendo. Malik, el hermano de Alexia, era la revolución de la casa, era el único menos calmado de todos. Quizá por ser el segundo… Quién sabe. Cuando el padre se giró de nuevo hacia su hija, la vio devorando las tortitas, por miedo a que Malik se las robara de nuevo. El niño ya había tenido su ración de dulce hoy, en su desayuno, ya que siempre se levantaba muy temprano y desayunaba antes que los demás.
+ Cielo, ya me dijo tu hermano que ibais a la ir a la playa. Tened mucho cuidado, ¿vale?
El padre se acercó hablando, mientras la niña se había terminado las tortitas, le limpió una miga que se le había quedado en la cara con una sonrisa. Alexia asintió.
- Es la playa a la que vamos siempre papi, es la que está más cerca, ya sabes, donde vamos con vosotros. Así que no os preocupéis, estaremos pronto en casa… Corro más que él y se cansará pronto, ya verás.
La niña enseño una sonrisa de orgullo y su padre la miró, orgulloso también, con otra sonrisa.
+ Muy bien cariño. De todas formas, si pasa algo extraño, o percibes algo raro, os volvéis de inmediato, ¿vale?
El padre le revolvió el pelo a la niña cariñosamente. Se fiaba de ella porque era una niña muy responsable para su edad.
- ¡Sí! No te preocupes papi. Ahora voy a vestirme y a buscar a mi querido hermano…
La vio rodar los ojos con ironía y asintió, viendo como la niña corría escaleras arriba. Desde abajo, el padre podía escuchar las risas de sus dos hijos y de su mujer. Jamás había imaginado tal dicha en su vida, ni merecer tanta felicidad. Pero aquí estaba, con una vida tranquila para los Cambiaforma, y lo más importante de su vida: su adorada familia. Minutos después recibió a los tres nombrados con una sonrisa. El pequeño Malik llevaba unos pantalones cortos color gris y una camiseta blanca, a juego con sus playeros. La niña en cambio, llevaba unos shorts azules y una camiseta de tirantes blanca, a juego con la de su hermano. Hoy era un día de muchísimo calor, no podían ponerle ropa más abrigada. Los vio discutir con su madre por la cantidad de crema solar que les había puesto en la cara y decidió intervenir con una sonrisa.
+ Niños, haced caso a vuestra madre, solo se preocupa por vosotros… Además, si os quemáis después de que vuestra madre os avise, además de estar adoloridos por la quemadura, vais a estar encerrados como castigo… Lo sabéis, ¿verdad?
Los niños tragaron saliva, mientras su madre sonreía orgullosa con los brazos cruzados. Luego ambos padres se echaron a reír, suavizando la situación. Habló la madre.
+ Venga, id, id. Pero para la hora de comer os quiero en casa, ¿de acuerdo?
Ambos niños asintieron enérgicamente, ya con ganas de salir de aquella casa y correr por la playa, e incluso bañarse. Un beso de ambos padres en las mejillas, a cada uno, hicieron que los dos niños corrieran entre risas, saliendo de la casa juntos. Los padres desde dentro los miraron con ternura.
+ La verdad que tenemos unos hijos maravillosos Levi…
El hombre le paso las manos por la cintura de forma cariñosa, asintiendo suavemente.
- Eso es todo gracias a ti Kaia.
La mujer se rio entre dientes, sonrojándose mientras un leve beso de su marido picaba sus labios, y mientras pensaba que jamás habría pensado que podía imprimarse de un hombre así, y encima ser correspondida. Nada le hacía más feliz que sus hijos y su pareja destinada.
Por otro lado, los niños corrían sobre sus dos piernas aún, picándose entre ellos mientras reían a carcajada limpia, dirigiéndose a la playa.
+ ¡Hey, chicos! ¿A dónde vais?
Uno de sus amigos de la escuela los interceptó, haciendo que pararan. Tenía más o menos la edad de Alexia, y normalmente se transformaba en un pequeño leoncito.
- ¡Hola Allen! Vamos a la playa a correr un poco, ¿quieres venir?
Saludaron los dos niños al unísono. Allen asintió enérgicamente, mientras se unía entonces a las risas de los dos hermanos, yendo los tres en dirección a la playa. Por fin llegaron, se les unieron otros niños en el camino hacia allí, y al final terminaron jugando todos juntos al pilla-pilla, en su forma humana de momento. Corrían de un lado al otro por la arena sin cansarse, bendita infancia. No se dieron cuenta de que se les hizo un poco (demasiado) tarde, hasta que uno de los niños vio a los padres de todos los allí presentes de pie, mirándolos fijamente, con bolsas en las manos. Todos los niños pararon al instante y los miraron, sabiendo que se habían metido en un buen lío… No habían llegado a comer… Se aceraron a sus respectivos padres, temblando por la regañina que se les venía encima. Ninguno de los niños miraba a sus progenitores a los ojos, sabiendo que lo habían hecho mal… Los padres se miraron entre ellos y sonrieron, de verdad que no podían tener más suerte con sus hijos. Cada uno habló con su correspondiente niño. Kaia habló, con su característica dulzura.
+ Alexia, Malik… Tenéis que tener cuidado con la hora. Si os decimos que tenéis que venir a comer a casa, no es solo porque tenéis que comer, sino porque queremos veros y saber que estáis bien, ¿de acuerdo?
- Vuestra madre tiene razón, queremos saber si os pasa algo, y si no aparecéis cuando os decimos que lo hagáis nos preocuparemos… ¿lo entendéis?
Los dos niños asintieron frenéticamente, y sus padres se dieron cuenta de que sabían que se habían equivocado.
+ Bueno, espero que no se vuela a repetir, ¿de acuerdo? Anda, tomad, creo que habéis corrido demasiado…
La madre les tendió una bolsa a cada uno, y los niños miraron en su interior. Sus ojitos se abrieron de par en par y se les iluminaron cuando vieron lo que estas, mirando a sus padres de vuelta. Alexia se lanzó a darle un abrazo a su madre, y Malik a su madre. Eran sus comidas favoritas, junto con sus zumos favoritos y un par de chuches.
- ¡Gracias papi, gracias mami!
Gritaron los dos niños al unísono, sacándoles una sonrisa a sus padres. Enseguida cogieron sus respectivas bolsas y se reunieron con el resto de niños, los cuales tenían una bolsa cada uno. Los padres, desde lejos, vieron cómo se reunían los niños en círculo, enseñándose cada uno su comida favorita, y compartiendo un trozo entre todos si hacía falta. Los miraron sonriendo con ternura, para luego irse charlando entre ellos. La tarde pasó, cuando acabaron todos de comer se pusieron a jugar de nuevo entre ellos, hasta que finalmente se lanzaron todos al agua sin dudarlo ni un segundo. Alexia se acercó a la orilla, un poco más reticente que los demás, mojando primero los pies y arrugando la nariz. Desde que tenía uso de razón, siempre le había dado respeto el agua, como a su padre. Sintió una manita fría y mojada rodeando la suya, para girarse y ver a Malik con su enorme y adorable sonrisa adornando su cara.
+ ¡No te preocupes Alexia! Yo estoy contigo, no te pasará nada, ¡te protegeré siempre de todo!
Alexia acabó contagiándose de su sonrisa, y juntos entraron al agua de la mano, sin soltarse ni un segundo. Cuando el niño vio que su hermana estaba más confiada, la soltó y empezó a jugar con ella lanzándole agua, a lo que pronto fue respondido con la misma acción. Todos estaban empapados y riendo a carcajada limpia. Alexia olvidando el miedo que le daba el agua, y recordando lo mucho que quería a su hermano. No sabían cuánto habían pasado jugando en el agua, el resto de niños ya se estaban yendo y ellos decidieron que era hora de volver a casa también.
- Hey Malik, ¿volvemos? Está anocheciendo ya.
+ Sí, no quiero que los papis se preocupen otra vez.
Alexia asintió y salió del agua, con su hermano siguiéndola.
Oyeron una explosión horrible en el centro de su pueblo, y ambos se quedaron paralizados.
Estaban viendo a lo lejos como casas empezaban a arder de repente en mitad del pueblo.
Malik empezó a temblar aún más.
Los gritos se empezaron a escuchar en la lejanía.
Las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas.
Y sin ellos saberlo, había empezado el principio del fin.
Alexia paró un segundo, conteniendo la respiración y cerrando los ojos, intentando contener el temblor que había empezado a recorrer su cuerpo. Un sudor frío bajaba por toda su columna vertebral haciéndola estremecer. Todos estaban callados, como si les hubieran arrancado las cuerdas vocales. Nadie se movía en aquella sala. Nadie respiraba. Solo la miraban atentamente. Trafalgar comenzó a comprender el final de aquella historia. Todos sabían el final de aquella historia realmente. El día en el que la isla de los Cambiaforma fue atacada estaba grabado en los libros de historia, no había nadie en el mundo que no conociera aquella historia. Trafalgar apretó su agarre en la cintura de la chica.
+ Alexia-ya, basta. No hace falta que sigas.
Alexia tembló bajo aquella frase, pues tanto ella como los demás, sabían cómo acababa aquella historia. No sabía si estaba preparada para entrar en detalles, jamás, desde aquel día, le había contado aquella historia a nadie, puesto que era rememorar de nuevo todo lo que había sucedido. Todo lo que había perdido. Todos sus traumas. Y no sabía si estaba preparada para ello. Tragó saliva. Habló ronco, conteniendo las lágrimas.
- Sabéis la historia desde fuera. Nadie jamás ha escuchado la historia desde dentro, y creo que toda la gente que ya no está aquí hoy en día, se merece que sepan lo que pasó realmente. Lo que nos hicieron.
Todos callaron ante aquella afirmación, pues era cierta. Desde aquel día no se supo jamás de la existencia de ningún otro Cambiaforma, asumiendo que todos se habían extinguido aquel día, que aquella raza había sido extinta, que habían acabado con absolutamente todos ellos… Hasta el día de hoy claro. Trafalgar calló, pues sabía que Alexia estaba sufriendo un dolor indescriptible ahora mismo, pero también sabía que tenía razón. Acababa de admitir que era una de ellos, no una híbrida como le había hecho creer, y aquello magnificaba todo aún más para ella, le hacía entender muchas cosas, como el por qué Bepo desde el primer momento tuvo tanta afinidad con ella, o sus sentidos hiper desarrollados, o como aquel día en la isla que cambiaba manejó aquel animal como si fuera su mascota... La vio respirar profundamente unas cinco, seis veces, y prosiguió, esta vez con los ojos cerrados, el ceño fruncido, y un gran pesar en el corazón.
Ambos niños corrían lo máximo que daban sus piernas, y cuánto más se acercaban al centro, a donde estaba su casa, a donde estaban sus padres, el caos era aún peor. Malik cayó al suelo de rodillas al tropezar con lo que parecía un trozo de tejado, y rompió a llorar desconsoladamente, temblando de arriba abajo, con una ansiedad horrible recorriendo todo su cuerpo. Alexia lloraba, pero no podía permitirse flaquear, tenía que cuidar de su hermano, tenía que llevarlo con sus padres. Cogió su mano con fuerza y tiró de él para levantarle y seguir corriendo. Estaban aterrorizados, solo querían llegar con sus padres, donde estarían a salvo, en su casa. Corrían, y corrían, no sabían cuánto llevaban corriendo, cuando pasaron por delante de lo que, si no estuvieran muertos de terror, sabrían que era la casa de su amigo Allen. La puerta salió volando de un golpe y aterrizó delante de los dos niños, haciendo que se cayeran hacia atrás y se quedasen sentados, llorando, tiritando de miedo. Alexia giró su cabeza hacia donde antes estaba la puerta de la casa, y vió como un hombre riéndose a carcajadas, con una risa horrible, lanzaba algo al lado de la casa. No miraron más hacia allá, puesto que vieron como aquel hombre llevaba en sus manos a su amigo, ¿dormido? ¿inconsciente? Eran demasiado pequeños como para saberlo, y tampoco sabían si querían saberlo. Un terrible rugido salió del interior de la casa y un enorme oso pardo se abalanzó sobre aquel hombre, quitándole al niño de las manos… Y arrancándole la garganta de un mordisco. Era el padre de Allen, en su forma animal. Alexia y Malik se quedaron petrificados ante la escena. El shock fue tal, que dejaron de llorar, incluso de temblar. Simplemente se paralizaron como estatuas. Lo único que hizo Alexia, el peor error de su vida, fue mirar lo que había tirado el hombre. Era la madre de Allen. ¿dormida? ¿inconsciente? No. La respuesta era más simple que todo eso. Estaba muerta. Alexia entró en un estado de ansiedad incontrolable, pensando en sus padres. Oyó al padre de Allen, ya en forma humana, llamarles para que entraran en su casa, pero lo ignoró completamente, como si no les estuviera llamando a ellos. Se levantó como por un resorte, tirando de nuevo de su hermano, sin mirar a su alrededor. Su hermano se dejaba guiar, como si fuera un muñeco sin vida. Y en la cabeza de Alexia solo podía pensar en su madre. En que su madre no estuviera como estaba la de Allen. Ni siquiera supo en qué momento, ni cómo, llegaron a la puerta de su casa, completamente arrancada de su sitio y tirada a un lado. Oyeron un rugido proveniente del interior, y cuando entraron corriendo al salón, vieron como su padre, en su forma animal de una terrorífica pantera negra, se abalanzaba sobre un hombre, acabando con su vida.
+ ¡ALEXIA, MALIK!
Su madre vociferó sus nombres mientras corría desesperada hacia ellos con lágrimas en los ojos y los abrazaba tan fuerte que les acababa de dejar sin respiración. Entonces, Alexia se dio el lujo de volver a llorar junto a su hermano, desconsolados, mientras se agarraban a su madre como si su vida dependiera de ello. Su padre terminó con la vida de aquel hombre y volvió a su forma humana, corriendo hacia su familia y abrazándolos a los tres, queriendo protegerlos a toda cosa. Eran su vida, eran lo que había cambiado su vida a mejor, lo que le había hecho mejor persona, lo que le había dado una razón para vivir. Y no pensaba perderlos. Sus ojos estaban de un color azul brillante, transmitían peligro a cualquiera que los mirara, pero sus hijos solo sentían paz, se sentían protegidos.
- Kaia, debemos irnos. Ahora.
La mujer asintió entre lágrimas, pero cuando su padre asomó la cabeza por la entrada, se arrepintió. Vio un grupo de hombres rodeando a otro con unas extrañas gafas, mientras avanzaban por el pueblo, sembrando la muerte a su paso. Niños, jóvenes, padres, madres, abuelos, abuelas, todos caían a su paso. Levi no quiso mirar más y se adentró de nuevo en su casa, dispuesto a proteger a su familia a toda costa.
- Debemos esconder a los niños. Ya.
La mujer lo miró, y entendió lo que su marido, su pareja, su otra mitad, quería decirle. Tenían que esconder a los niños, tenían que ponerlos a salvo, ellos tenían que sobrevivir, tenían que salvarlos, tenían que esconderlos, tenían que salvarlos. Se repetía en bucle en su cabeza, todo el rato, mientras cogía a Malik, y su marido cogía a Alexia. Bajaron por las escaleras del sótano, mientras escuchaban como ya habían irrumpido en su casa. Tenían que esconderlos. Llegaron abajo, aquella casa tenía una antigua chimenea con un conducto, del anterior propietario, que conectaba con el exterior trasero de la casa, el cual daba al bosque. Tenía una puerta de metal con pestillo. Malik metió a Alexia en la chimenea, los pasos se acercaban cada vez más. Kaia se giró un segundo para tratar de discernir a qué distancia estaban los atacantes. Y ese segundo, fue su perdición. Una bomba explotó al lado de su casa, haciendo temblar todo. La puerta de la chimenea se cerró. Ambos padres se giraron exaltados, y se lanzaron a intentar abrir la puerta, pero otra bomba sonó aún más cerca, haciendo temblar todo de tal manera que los cimientos de su casa se estremecieron, y los tres, padre, madre e hijo se cayeron al suelo. Piedras cayeron del techo, atascando la puerta de la chimenea mientras Alexia gritaba de puro terror. El padre se lanzó a proteger a su mujer y su hijo de una piedra que iba a caer justo encima de ellos, parándola con su espala y lastimándose en el proceso. Y cuando las voces estuvieron lo suficientemente cerca, los dos entendieron lo que iba a pasar. Malik se acercó a la chimenea, susurrándole a Alexia.
- Alexia, pase lo que pase no hables, no grites, no llores, que jamás sepan que estás aquí. Que jamás sepan que existes.
El hombre solo podía escuchar los sollozos de su hija a través de la puerta y las rocas.
- Alexia, tienes que prometérmelo. No, tienes que jurármelo.
El hombre luchaba por ser fuerte, por no parece débil o asustado, y que su hija no lo notase.
- Alexia.
Un susurro se deslizó a través del caos, lo más bajo que pudo escuchar en su vida.
+ T-Te lo juro papá…
- Alexia, te quiero. Te querré toda mi vida, tú y tu hermano sois la razón de mi existencia, de mi felicidad.
Alexia no entendía por qué su padre decía todas aquellas cosas. Iban a salir los cuatro de allí, ¿no?
+ P-Papá… M-M-Mami… O-Os quiero…
Kaia giró su cabeza hacia su marido, mientras susurraba cosas tranquilizadoras a su hijo, acariciándole desconsoladamente y meciéndolo. Habló, lo justo para que su hija lo escuchara.
- Cielo, eres la luz de mi vida, siempre lo has sido. Estaremos siempre contigo, protegiéndote.
+ M-Mamá… M-Mam-mi…
Alexia miró a través de una rendija de la puerta de la chimenea, abollada por el golpe de las rocas, intentando ahogar su llanto en el silencio. Y ese mismo silencio inundó aquel sótano cuando seis hombres aparecieron allí, con todo tipo de armas cubiertas de lo que parecía ser sangre. El séptimo, el último en entrar, llevaba unas gafas de lo más extrañas, y una sonrisa terrorífica. Vio como su padre su puso delante de su hermano y su mamá, enfrentando a todos los que estaban allí presentes.
- Vaya, vaya, qué tenemos aquí… Gihihihihi…
Miró a un hombre que iba con él a su lado, como si aquello hubiera sido una pregunta. Era el único que no llevaba armas. Lo vio olfatear el aire unas cuantas veces en dirección a su familia.
+ Tenemos un tigrecito, un flamenco… Y una pantera, señor.
- ¡Ahhhhhhh, al fin damos con ella!
Mi padre miró al hombre que acababa de hablar, y por lo que Alexia entendió, lo reconoció.
+ Sucio traidor, rata asquerosa.
Quería abalanzarse sobre él, pero dos hombres se adelantaron y se lo impidieron. Uno le soltó un puñetazo que no pareció afectar lo más mínimo a Malik, así que se enzarzó a puñetazos con ellos mientras más hombres se unían a la pelea para abatirlo. Kaia abrazaba a su hijo llorando, impotente. Entre puñetazos, y golpes directos a la cabeza, acabaron abatiendo al Malik con un certero golpe en la nuca que no se esperaba, dejándolo prácticamente inconsciente. Su cara se veía ensangrentada, y parecía que iba a perder el conocimiento de un momento a otro. Aquel hombre al que se refería antes, se acercó y se puso a su altura, mientras dos hombres lo arrodillaban y lo cogían cada uno de un brazo, alzándolo ligeramente para que pudiera mirarlo a la cara.
+ No soy un traidor, solo me gusta estar en el bando ganador, no cerca de basura inhumana como vosotros.
Dicho aquello, escupió a Malik en la cara. Él ni se movió, no tenía fuerzas para ello. Un chorro de sangre caía de su boca. Alexia se tapaba la boca con ambas manos, temblando de arriba abajo, luchando por no soltar un grito de terror, ni un sollozo, mientras veía toda aquella escena, y rezaba porque todo fuera a acabar bien.
- Acabad con él, pero ya sabéis como.
No acabó la frase y los hombres que lo sujetaban ya lo estaban arrastrando escaleras arriba. A partir de ahí Alexia entró en shock y todo se volvió confuso. Sus recuerdos eran muy difusos, oía los gritos de su padre arriba, y de un momento a otro, cesaron, no sabía por qué. Mientras tanto, aquel señor de gafas extrañas se acercó a su madre y a su hermano, los cuales temblaban aterrorizados, abrazándose el uno al otro.
- Así que un flamenco…
De un segundo a otro movió sus manos, y su madre empezó a hacer espavientos, como si se estuviera ahogando, como si una mano estuviera apretando su garganta hasta partirle la tráquea. Alexia cree recordar que eso fue lo que pasó, porque sonó un desagradable "crack" antes de que su madre cayera inerte al suelo. Luego miró despectivamente a su hermano, con asco, con odio. No se lo pensó dos veces.
- Inyectar a esta mujer, me quiero hacer un abrigo con sus plumas rosas, me quedará precioso... Gihihihihi…
Sacó un cuchillo y le cortó la garganta a su hermano. Alexia entró en shock, vomitó de repente. No, aquello no había pasado, era una horrible pesadilla de la que su hermano la despertaría para ir a correr a la playa, después de desayunar tortitas hechas por su padre, y después de que su madre la vistiera. Era todo mentira. Empezó a reír histéricamente mientras lloraba a la vez, temblando de arriba abajo. Volvió a vomitar, y cuando alzó la cabeza, vio al hombre de las gafas extrañas a través de la rendija de la chimenea.
- Hola pequeña, ya eres mía, ¿no?
Alexia gritó con todo el aire de sus pulmones, se dio la vuelta, y comenzó a correr. Jamás corrió tan rápido, aún no lo sabía, pero la adrenalina estaba haciendo que no sintiera nada. Absolutamente nada. Oyó unas voces detrás de ella, justo antes de internarse en el bosque, y la risa de aquel hombre de gafas. Sintió algo detrás de ella, pero no había nadie, y de repente algo parecido a unas cuchillas impacto en sus costillas, haciéndola caer al suelo. Eso fue la gota que colmó el vaso. Se transformó, y corrió hasta que las almohadillas de sus cuatro patas se estaban desangrando. Cruzó la isla de una punta a otra, sin parar ni un segundo a coger aire. Llegó arriba de la montaña, donde había una cueva. Una cueva muy pequeña, por la que solo entraría una rata, o algo un poco más grande. Se las apañó para entrar. Su cerebro estaba empezando a fallar. Y desde ahí, simplemente, cayó inconsciente.
Y todo su mundo se vino abajo.
Ya no había mundo para ella.
No había nada.
Ni nadie.
No supo en que momento rompió a llorar desconsoladamente mientras temblaba de arriba abajo, como una niña pequeña, abrazándose a sí misma. No había vuelto a abrir los ojos desde que empezó aquella parte de la historia. Su garganta ardía, sus ojos no se abrían, su aliento faltaba. Hacía años que no desenterraba aquellos recuerdos de su mente. Los había ocultado en el fondo de su memoria, quemándolos, encerrándolos bajo llave y olvidándolos. Pero se dio cuenta de que jamás, en su vida, hasta que hallara la muerte, podría olvidar aquel día. Una solución temporal fue aislarse, recubrirse de una coraza de hierro y no mostrar a los demás lo qué sentía, apartando poco a poco aquellos recuerdos de su cabeza, y haciéndose un personaje que interpretar delante de los demás, como si aquel suceso de su vida jamás hubiera ocurrido. Una Alexia fuerte, invencible, irónica, imperturbable, que lo único que escondía realmente era a una niña de 13 años que vio como asesinaban delante de ella a su padre, su madre y a su hermano pequeño. No encontraba consuelo, no podía parar de llorar. Sus hombros se sacudían entre llanto y llanto mientras todos los que se hallaban allí presentes se habían puesto pálidos. Habían bajado la mirada al suelo, asimilando todo lo que les acababa de contar Alexia. Y asimilando que eran las primeras personas seguramente sobre la faz de la tierra, en saber qué fue lo que pasó allí realmente, cuál fue el infierno que vivieron los Cambiaforma antes de ser asesinados a sangre fría. Todos y cada uno de ellos, sin excepción. Saber que Doflamingo fue capaz de degollar a un niño de 7 años. Y entonces, ¿qué no sería capaz de hacerle a Alexia si conseguía dar con ella? Todos estaban mudos, no encontraban palabras de consuelo para la chica, pero también sabían que no las había. Nada podría consolarla, sabiendo lo que había pasado. O más bien, por lo que le habían hecho pasar. Sabiendo encima que el abrigo que siempre llevaba aquel esquizofrénico psicópata estaba hecho de las plumas… De su… Madre. Estaban espantados. No, eso era poco. No había una palabra en el mundo para describir como se sentían ante lo que acababan de escuchar de la boca de Alexia. Nadie sabía qué hacer ni qué decir. Nadie excepto Trafalgar. Sorprendiéndolos a todos, y sin dudar ni un instante, atrajo el cuerpo de Alexia hacia el suyo. Al estar encogida con las piernas agarradas contra su pecho, pudo abrazarla por completo, rodeándola con sus brazos y pegándola a él lo máximo posible. No podía quedarse impasible ante lo que acababa de contar aquella chica. Verla así le rompió algo por dentro, algo que dolía, y que le hacía tener la necesidad de volver a verla bien, siendo la Alexia que era siempre. Como si un abrazo pudiera apaciguar todo el dolor que la chica estaba sintiendo. Pero, aun así, él lo intentó. Alexia siguió sollozando, esta vez en el pecho de su capitán, sin control alguno. Algo dentro de ella se encendió, como una cerilla, como algo cálido recorriendo su pecho. Algo que hacía años que no sentía. Siguió llorando, no supo por cuanto tiempo. Nadie allí se atrevió a irse. Tampoco nadie quería dejar a Alexia sola. No solo había pasado por mucho el día de hoy, sino que encima le hizo remover su horrible pasado. Poco a poco dejó de llorar, dejó de sollozar, dejó de temblar. No supo en qué momento se quedó dormida en los brazos de Law, pero lo hizo. Su agotamiento físico, y sobre todo mental, la hizo caer muerta en aquella postura. Él se dio cuenta, pero no se le ocurriría moverse jamás. El único que se atrevió a hablar fue Bepo.
- No vamos a dejar que se acerque a ella.
Todos alzaron su mirada para verlo. Tenía una cara que pocas veces se le veía al oso, como cuando estaba a punto de matar a alguien a sangre fría sabiendo que este se lo merecía.
+ Creo que no hace falta ni decirlo, Bepo. Ese cabrón hijo de puta… No solo hizo lo que hizo… Si no que encima lleva…
Sachi se estremeció, no pudo acabar la frase. Todos sabían lo que iba a decir. Trafalgar habló por primera vez en mucho tiempo.
- Creo que… Es hora de irse a dormir chicos.
Todos lo miraron. Por primera vez desde el inicio de la historia. Parecía agotado, derrotado, como si lo que hubiera contado Alexia le hubiera afectado más a él que al resto. Y era verdad. Todos sabían por qué.
- Yo llevaré a Alexia-ya a su camarote, podéis quedaros tranquilos.
Todos lo miraron, y sabían que no estaba más a salvo que con su capitán ahora mismo. Asintieron, estaban agotados psicológicamente después de aquel día, así que poco a poco fueron dirigiéndose a sus camarotes, algunos más afectados que otros. Bepo fue el último en salir, mirando fijamente a Alexia entre los brazos de su capitán. Apretó los puños con fuerza, y luego los relajó, suspirando fuertemente. Sin dudarlo, le dio un beso en la frente a la chica antes de levantarse del sofá y disponerse a salir de la sala. Miró a Trafalgar una última vez.
+ Cuide de ella capitán, creo que lo necesita a usted más que a nadie ahora mismo.
Trafalgar no entendió muy bien lo que dijo, pero no iba a ser él el que lo negara. Nadie iba a acercase a Alexia en una temporada, no pensaba permitir que nadie le hiciera ni el más mínimo daño a aquella chica. Bepo salió hacia su camarote, agotado, como todos los demás, y se quedaron solos. El chico se quedó mirándola durante unos minutos, o quizá fue media hora. Miró fijamente su cara dormida, hinchada, las comisuras de los ojos rojas por la cantidad de lágrimas que salieron de estos. Uno ojos tan preciosos no se merecían llorar tanto. ¿Qué estaba pensando? Pensaba que no quería volver a ver llorar a Alexia de aquella manera. Ni verla sufrir. Pasó media hora sin darse cuenta, pero no podía dejar que durmiera en aquella postura. Se levantó con sumo cuidado, y en el proceso la recogió ligeramente del sofá, aún tapada. Salió con ella entre sus brazos, aún dormida, dispuesto a devolverla a su camarote. Mientras tanto pensaba, pensaba mucho. Llevaba entre sus brazos a la probablemente última Cambiaformas del mundo, lo cual significaba que, ahora que lo sabía todo el mundo, sería el objetivo de muchos. Rememoró todo lo que dijo Doflamingo, ¿por qué el número trece? ¿cómo se había enterado de que Alexia estaba en su tripulación? ¿qué llevaban las cadenas que le habían puesto? Ya habría tiempo para resolver todas estas preguntas, pero lo que había pasado aquella noche solo le hacía aumentar las ganas que tenía de matar a aquel infra ser, porque ni siquiera se le podía llamar humano. Llegaron a su camarote, abrió la puerta y entró, cerrándola en el proceso. Con todo el cuidado con el que fue capaz, la dejó en la cama, tapándola correctamente con su manta, y con otra más por si acaso. Se quedó sentado a la orilla de esta, mirándola dormir, mientras su cabeza vagaba por distintos pensamientos a la vez, lo cual lo hacía todo muy confuso. Después de pasar un rato observándola, y ver que no se despertaba, o no tenía un ataque de ansiedad, decidió que era el momento de irse. Estaba agotado, así que se levantó con cuidado, dispuesto a irse. Pero una vez estuvo de pie, algo le detuvo. Se giró para ver a Alexia despierta, cogiéndole de la camisa, tirando de él, pidiéndole con los ojos que se quedara. Jamás había dormido con una mujer. Después de pasar la noche con ellas, se levantaba y se iba antes de que se despertaran.
+ Por favor.
Un único susurro de Alexia, mirándole con aquellos ojos torturados, fue lo único que hizo falta para que Trafalgar retirara la manta con la que la había tapado y se acostara al lado de la chica, tapándolos a ambos con la manta sin dudar. El gesto le salió solo, como si estuviera acostumbrado a hacer aquello con ella, como si fuera natural. La chica se acomodó a su costado, haciéndose una bolita, como si fuera un gato acurrucado al lado de su humano favorito, mientras él paso un brazo por sus hombros, atrayéndola más a él, rodeándola, haciéndola sentir segura. La chica sentía el olor de Trafalgar por todas partes, cosa que le relajaba increíblemente. Y cuando el chico empezó a hacer círculos con su dedo pulgar a lo largo de todo su brazo, terminó quedándose dormida profundamente. El pelinegro estaba asombrado de su propio comportamiento, pues siempre fue reacio a estas cosas. Pero con ella le salía natural, le gustaba, le relajaba. Por eso comenzó a acariciarla inconscientemente, le gustaba sentir el tacto de su piel, su olor, su respiración pausada contra su pecho… Tampoco supo en qué momento se quedó completamente dormido, con su mentón apoyado en la cabeza de Alexia.
La luz entró por la ventana del camarote de Alexia. Un sol increíble se coló directamente hacia la cara de la chica, que poco a poco fue siendo consciente de todo. De todo lo que había pasado ayer, de todo lo que les había contado a los chicos… Y de que, a su lado, completamente pegado a ella, estaba un Trafalgar profundamente dormido. Ella tenía mucho que asimilar, pero de momento se centró en lo que tenía enfrente. Se frotó los ojos, que aún dolían un poco por el llanto de la noche anterior. Le costó moverse, pues el chico se había puesto de costado mirando hacia ella, rodeándola con ambos brazos por la cintura. Y con su cara excesivamente cerca de la de ella. Se tomó unos segundos para apreciar el rostro del chico, ya que era la primera vez que lo veía dormido. Y se le veía relajado, sus ojeras habían disminuido ligeramente, su pecho subía y bajaba lentamente, y sus labios estaban ligeramente entreabiertos. Se tentó varias veces a tocarlos, o a besarlos, pero no le parecía procedente, quién sabe si a él le gustaría. No supo cuánto tiempo se pasó observando cada facción de su rostro, pero cuanto más miraba, más bonito le parecía. Entre tanto se acordó de que varias veces había comentado que él podía pasarse días sin dormir, apenas dormía unas horas y tenía el sueño muy ligero. Pero no parecía nada de lo que estaba viendo. Se había revuelto un poco para encontrar una mejor postura y ni siquiera se había inmutado. La paz que tenía el chico ahora mismo durmiendo, se la estaba transmitiendo a ella inconscientemente. No sabía ni qué hora era, pero tampoco le importaba.
Alguien comenzó a despertarse poco a poco, lo cual le sacó a Alexia una sonrisa, pues el chico sacó la lengua y se la pasó por los labios, para luego bostezar abiertamente. Abrió ligeramente los ojos y miró a Alexia, la cual estaba sonriéndole cálidamente. Volvió a cerrarlos y una leve sonrisa adornó su rostro. Ver la cara de Alexia según te despiertas era realmente agradable. Espera. ¿Según te despiertas? Abrió algo más los ojos, mirando a Alexia confundido.
- Me habías dicho que no dormías mucho… Creo que me estás engañando Law.
Su nombre susurrado de aquella manera era lo más sexy que había escuchado en mucho tiempo. ¿Qué mierdas estás pensando Trafalgar? Abrió los ojos del todo, mirándola fijamente. No sabía qué hora era, pero lo que sí sabía es que había dormido muchas horas. Hacía años que no dormía tanto, y ya había olvidado lo que era despertarse descansado, relajado, sin nada que hacer. Bueno, sin nada que hacer excepto dirigir una tripulación y encontrar el One Piece. Pero por el momento eso podía esperar. Tenía una Alexia recién despierta entre sus brazos, y lo peor (o lo mejor de todo) es que no le molestaba para nada. No pensó mucho lo que dijo tampoco.
+ No pensaba que dormir con una mujer fuera tan… gratificante.
- ¿Perdón?
La confusión se podía leer perfectamente en el rostro de Alexia, lo cual le sacó una risilla entre dientes al pelinegro.
"Dios, que sexy está recién levantado", pensó ella mientras se mordía un labio ante esa risa. Algo dentro de ella estaba cambiando respecto a Trafalgar, y aún no sabía si eso era bueno, o malo. Pero de momento no le importaba averiguarlo.
+ Es la primera vez que duermo con una mujer. Literalmente, dormir, no pienses otras cosas raras, ¿sí?
Alexia rió suavemente, y aquello fue música para sus oídos.
- ¿Y te ha gustado?
Trafalgar pensó su respuesta, aunque no hacía falta pensarla mucho. Sabía la respuesta incluso antes de que se lo preguntara, y eso era lo que le asustaba. Eso, y que desde que abrió los ojos y la vio tan cerca, solo tenía ganas de darle un beso en esa boquita.
+ Digamos que no ha sido tan molesto como pensaba.
Alexia puso cara de indignada y le dio un golpe en el brazo, aunque solo consiguió que Trafalgar se riera. Dios, como quería besarlo en ese momento.
- A todo esto, ¿no tienes una tripulación y un barco que dirigir?
Se hizo la indignada, aunque no le salió muy bien.
+ Son muy capaces de llevar el submarino solos, por unos minutos no nos vamos a estrellar.
El chico se desperezó y se estiró, dejándole muy poco espacio a Alexia en la cama (a propósito, por su puesto, le encantaba ver esa carita indignada).
- Te recuerdo que esta es mi cama, me parece un poco injusto que me dejes sin sitio en mi propia cama.
Dijo la chica, atrapada entre la pared y el cuerpo de Trafalgar. Aunque si por quejarse era, no iba a hacerlo. Él ignoró completamente todo lo que dijo, para llevar una mano a su mejilla, y con el pulgar recorrer las ojeras de ella, y las comisuras de los ojos, que aún tenía rojas por el llanto. Ella se paralizó, pues sabía lo que estaba observando el chico, y bajó la mirada.
+ No bajes la mirada.
Casi se sintió como una orden. Una que no estaba dispuesta a desobedecer cuando él le alzó la cara con la mano, cogiéndola de la barbilla. Habló en un susurro, muy bajito.
+ No quiero volver a ver tus ojos así, es una orden de tu capitán, ¿de acuerdo?
Dicho en aquel tono y mirándola directamente a los ojos, aquella frase hizo que se estremeciera, pues sabía por qué lo decía. Ella asintió ligeramente, sin apartar la vista de los ojos de él. No supieron si fue el uno, o fue el otro, pero sus labios acabaron encontrándose en algún momento. De forma pausada y lenta, sus labios se movían el uno contra el otro, despacio. No se parecía a los besos que se habían dado en otras ocasiones. Aquí estaban disfrutándose el uno al otro. Trafalgar se sorprendió a si mismo disfrutando el beso; no solo eso, queriendo más, o queriendo que no se acabase nunca. Y bueno, Alexia más de lo mismo, era increíble como aquel chico, con solo un beso, era capaz de hacer que se olvidara de todos sus problemas…. Y del resto del mundo. El beso continuó, él bajo la mano a la parte baja de la cintura de la chica, apretándola más contra él, y ella subió sus manos por su pecho hasta llegar a la cara, cogiéndola suavemente por las mejillas, intentando que no terminara el beso, que no se alejara de ella. Y ahí fue donde se dio cuenta: estaba jodida. Pero le daba igual. Trafagar en cambio, quería pegarla aún más contra él, aunque eso fuera físicamente imposible. Pero las ganas las tenía igual. El beso, desgraciadamente para ambos, terminó. No terminaron agitados como otras veces, pero si terminaron con ganas de más. Se miraron fijamente a los ojos, en silencio, simplemente observando. La chica suspiró y rompió el contacto con él, escondiendo la cara en su pecho. Él se quedó asimilando como había actuado, raro en él, inesperado, aunque no le disgustada. Suspiró también y susurró contra su pelo, muy bajo, pensando que ella no lo oiría.
+ Qué me estás haciendo, Alexia-ya…
Aspiró el olor de la chica, que últimamente siempre le calmaba, sintiendo como ella se había estremecido entre sus brazos. No sabía si es porque le había oído, o porque le había sentido oler su pelo.
Pero sí, Alexia si le había oído, y menos mal que tenía la cara escondida en su pecho, así no podría ver su nariz sonrojada por lo que acababa de escuchar. Se estaba metiendo en una calle sin salida y sin retorno, y lo peor es que no tenía miedo a estrellarse contra la pared del final de la calle por ir corriendo. Se perdió en sus propios pensamientos, y estaba a punto de quedarse dormida cuando Trafalgar se dio cuenta. Se separó ligeramente de ella y la sacudió un poco, suavemente.
+ No no Alexia, tienes que despertarte. Necesitas comer algo, y tengo que revisarte.
Se dio de golpe contra la realidad. Aún tenía las heridas de ayer… Quería hacer como que el día de ayer no había existido, pero era imposible. Suspiró profundamente, tratando de calmarse. El chico la miró y se levantó de la cama. Se lo pensó, y finalmente le ofreció la mano para levantarse.
+ Vamos, date una ducha caliente y mandaré que te preparen algo para comer.
Alexia miró la mano que le ofrecía. Jamás nadie le había echado una mano de ayuda. Nadie. Jamás. Para nada. Sonrió, con un poco más de fuerza, agarró su mano y se levantó. No pensó mucho lo que hizo, así que se puso de puntillas y dejó un beso en sus labios, para luego dirigirse directa a la ducha.
- Estaré lista en unos minutos.
Y cerró la puerta. Trafalgar se quedó allí en medio, pasmado, tocándose los labios. Le había gustado. Sonrió contra sus propios dedos. Aquello era malo, muy malo. O no. Salió de la habitación para darle tiempo a la chica, y avisar a los demás de que estaría por aquí en un rato.
Pero Bepo, que siempre tiene el don de la oportunidad, le interceptó saliendo de la habitación de Alexia. Y encima con la misma ropa de ayer. Su boca compuso una "O" gigante mientras se escondía. Le persiguió hasta la entrada de la cocina, pensando que había sido sigiloso como una pluma.
+ Bepo-ya, sé que llevas siguiéndome desde que salí del camarote de Alexia. Así que si quieres decir algo, dilo ya.
Bueno, tampoco era una sorpresa que le hubiera pillado, así que trotó hasta el lado de su capitán.
- ¿Cómo está Alexia? ¿Ha dormido bien? ¿Ha dormido con ella? ¿Usted a dormido bien? Hace años que no le veo con tan pocas ojeras.
+ Demasiadas preguntas para ser tan temprano.
- ¿Temprano? Capitán, son las nueve y media de la noche.
Espera. Habíamos llegado al submarino a las once de la noche. Debimos que estar unas horas hablando, así que habré ido al camarote de Alexia sobre las cuatro de la madrugada. ¿¡He dormido 17 horas!?"
- Sí, capitán, ha dormido 17 horas. Y media de hecho.
Aquel maldito oso parecía que le había leído el pensamiento, así que el pelinegro lo fulminó con la mirada. Igualmente estaba asimilando aún que había dormido esa cantidad de horas. Hacía años muchos años que no dormía tanto seguido. Entre las preguntas del oso, que aún seguía bombardeándole, asimilar todo lo que había pasado, todo lo que había dormido, que había dormido con Alexia…. Iba a ser una noche muy dura. Y no sabía si estaba preparado para afrontarla solo.
Os dejo este capítulo aquí. Breve después de muchísimo tiempo, pero creo que intenso asidaisdasdis. No se si redacto tan bien como antes, han pasado muchas cosas y tengo que volver a adecuarme a esto, y a este ritmo y todo... Ardo de ganas de leer vuestros comentarios, siento no haberlo acabado tan bien o tan tenso como otros, pero os aseguro que ahora empieza lo fuertote jejejeje. ¡NOOOOOOOOS LEEEEEEMOS!
