MONSTRUOS

«Los monstruos no solo existen escondidos debajo de nuestras camas, también pueden venir vestidos de príncipe».

Los cálidos labios de Ethan en su frente la despiertan, sin embargo, no hace nada por demostrar que ya lo está. Y no es hasta que Ethan se levanta para encerrarse en el cuarto de baño que ella da señales de estar despierta. Abre los ojos y ve la hora en el reloj. Era más temprano que de costumbre. Siente una fuerte opresión en el pecho y un nudo en la garganta, esta era la última mañana a su lado. No sabe cómo debe actuar. Hacer de ese momento único y especial o hacerlo como cualquier otro. Finalmente, decide seguir como si nada, porque si finge normalidad, podría ser menos doloroso hasta que llegara el momento final.

Se levanta de la cama y toma un conjunto de ropa, rápidamente se viste antes de que Ethan termine de ducharse; no quiere que él tenga un último recuerdo de su obeso cuerpo al desnudo. Recoge su cabello en una coleta y sale corriendo de la habitación. Su siguiente movimiento es en la cocina. Saca de la alacena los ingredientes para elaborar su desayuno. Las cosas resbalan de sus manos, una que otra vez. Frustrada, respira hondo tomándose un momento para tranquilizar sus nervios; cuando abre sus ojos, se topa con su móvil en la encimera. Lo toma y pone música, cree que apaciguará su ansiedad. Además, no quiere que él crea que en algún momento ella va a hacer alguna escena. No está dispuesta demostrarle su dolor. Quiere que la recuerde como una mujer que en el último momento fue capaz de recuperar su dignidad.

Ethan se acerca, ya bien vestido y listo para irse a la oficina, el aroma de su colonia inunda la cocina y así es como se da cuenta de su presencia, aun cuando está de espaldas. Cierra los ojos y toma una bocanada de aire para infundirse valor.

—¿Te vas más temprano? —le pregunta intentando parecer natural a pesar de que piensa que está deseoso por salir corriendo y tal vez, hasta le pedirá la firma del divorcio en ese momento. No lo enfrenta, sigue dándole la espalda mientras remueve el café que le ha servido.

—No —responde mientras se acerca a ella. La toma por la cintura y la gira para quedar frente a frente. Solo separados por la taza de café humeante en las manos de Elena. Pero, aun así, esa pequeña barrera no le impide a Ethan depositar un suave beso en su mejilla—. Solo pensé que podríamos pasar un poco más de tiempo juntos esta mañana.

Elena asiente, asombrada por ver a su esposo con una sonrisa divertida, pero, sobre todo, real. No lo entiende, la confunde, por lo que baja la mirada para después removerse entre sus brazos y, finalmente, le pone la taza de café en las manos y después le da de nuevo la espalda, ella continúa con el resto del desayuno.

Con disimulo limpia las lágrimas que sus ojos han derramado, a pesar de que se juró no llorar ese día y menos frente a él, se muerde los labios con fuerza para no sollozar. Ya no sabe si esas lágrimas eran de felicidad, nostalgia o dolor. Se siente contenta de pasar más tiempo a su lado en ese último día, sobre todo, porque es él, quien lo ha querido así.

Minutos después, Elena ordena la mesa mientras que Ethan está entretenido leyendo los mensajes de su móvil. De nuevo sus inseguridades asoman su feo rostro y se le revuelve el estómago. Y no se le ocurre otra cosa que, esos mensajes que lee con tanta atención, son de su amante; pues tras su ausencia y el teléfono apagado, el día anterior, seguramente, ella debía de estar furiosa o por lo mínimo ansiosa. Coloca su plato frente a él. Pasa a su lado, y con disimulo, mira el remitente del mensaje que Ethan está leyendo con suma atención. Es Jonathan, su socio. Ethan levanta la vista y ella da media vuelta al instante, conoce a su esposo lo suficiente como para saber que se ha dado cuenta de que leyó el mensaje con él. Toma asiento y cuando levanta la vista se topa con sus impasibles ojos grises. Ya no puede leerlos con facilidad o, al menos, cree que el no le permite hacerlo.

—Esa canción fue la primera que bailamos cuando nos conocimos —menciona Ethan como si nada. Algo que sorprende a Elena, ya que, nunca pensó que recordaría una canción de la que nunca hablaron después de conocerse; en todo caso, esperaría un reclamo, como mínimo, por su indiscreción—. Recuerdo que, Oliver, me convenció de ir a la fiesta. Te vi llegar —agrega, pero él ya no la mira a ella, en cambio, está mirando hacia la vista fuera de la ventana del comedor. Recordando, seguramente. Por un instante ella siente que él la sigue amando. Pero ignora ese pensamiento, tan rápido como puede. Tal vez, es solo la nostalgia del adiós—. ¿Eso es todo lo que vas a desayunar?

—Sí. No tengo apetito —Elena toma el vaso frente a ella y bebe su contenido de una sola vez. Ethan, ahora con su mirada en ella, frunce el ceño.

—Tu ropa, aunque sencilla y anticuada, dejaba ver muy bien lo que había debajo. Pero, eso no fue lo que miré en primer lugar. Fue tu rostro casi al natural, tu cabello lo adornaba y hacía resaltar tu pálida piel; y tus ojos grandes, tan llenos de inocencia y horror, me cautivaron. Esa noche estaba con la hermana de Oliver y…

—Tu eterna enamorada —afirma Elena, mientras que por debajo de la mesa sus manos sujetaban fuertemente sus rodillas, enterrándose las uñas sin darse cuenta. No por los celos de la rubia odiosa y su cuerpo perfecto, era por hablar de lo que significó para él su primer encuentro, y saber que nunca se sintió atraído por su cuerpo.

—¡Pero ella ni siquiera me gustaba! —dijo riendo. Para Elena no fue gracioso.

—¿Tuviste algo que ver con ella? —Siempre quiso saber, sino ¿Por qué Alison la odiaba tanto luego de que Ethan la presentó como su novia? Sabía que Ethan era amigo del hermano de Alison y que ella había estado enamorada de él por años. Y que tal vez ese día esperaba atraparlo, pero si él no hubiera dado alguna señal de interés por ella, Alison nunca se habría atrevido a señalarla como una mosca muerta que se presentó a una fiesta sin invitación y que, además, le coqueteó a su cita, apartándolo de ella por el resto de la noche.

—Esa noche no quise ser descortés, pero en realidad, no le prestaba atención en absoluto. Y no fue hasta que me di cuenta de que estabas a punto de irte, que tomé la iniciativa de acercarme a ti.

—No me respondiste.

—Ese no es el punto. Ni lo que quiero decirte.

—Pero ella me reclamó al siguiente día, me gritó en medio del pasillo de la universidad. Me dijo que yo te había coqueteado y apartado de ella, e, incluso, te había emborrachado para llevarte conmigo a mi departamento.

—No, Elena. Ni antes o después de ti. Y nunca hice o dije algo que demostrara algún interés por ella.

—¿Entonces?...

Ethan negó con la cabeza y levantó los hombros al mismo tiempo.

—Elena, me enamoré de ti a primera vista, pero cuando te conocí de verdad, supe que te quería a mi lado por el resto de mi vida. Y lamento mi egoísmo. Yo… —el sonido de su celular lo interrumpe, Elena no pretendía escuchar sus disculpas por dejarla, por lo que aprovecha para ponerse de pie mientras le hace la seña para que atienda su llamada con tranquilidad.

Ethan responde responde y luego comienza a discutir, ella pudo darse cuenta de que era Jonathan de nuevo y que hablan sobre un caso que, al parecer, iba mal. En algún momento deja de escuchar la conversación para centrarse solamente en la tarea de lavar platos. Escucha sus pasos acercándose y luego entra a la cocina. Elena cierra el grifo del lavabo y seca sus manos con una toallita antes de darse la media vuelta y enfrentarlo.

—Debo irme —le informa Ethan a sus espaldas, puedo escuchar el tono de frustración en su voz—. Pero quiero que terminemos de hablar esta noche.

Elena se gira finalmente y al verlo, se da cuenta de que no quiere dejar ir al hombre al que considera: «su príncipe».

—Sí, claro —le responde con la voz entrecortada y sus manos tiemblan por miedo.

Ethan da media vuelta y sale de la oficina, camina hasta donde ha dejado el saco de su traje negro. Se lo pone mientras llega al vestíbulo, allí toma su portafolio y abre la puerta, pero no sale por ella. En cambio, se gira para encontrarla detrás de su espalda. Elena cierra la distancia con un par de pasos, sus manos temblorosas se dirigen a su corbata, la reajusta y reacomoda correctamente en su cuello con lágrimas en los ojos, y su juramento de no llorar frente a él se va al diablo. No puede evitarlo. Ethan se deja hacer y al final cuando ella baja sus manos y carraspea en un intento de decir adiós, Ethan, limpia sus lágrimas traiciones con sus pulgares. Ambos frente a frente sin poder decir nada se quedan un par de minutos mirándose a los ojos.

Finalmente, es ella quien rompe el silencio:

—Debes irte o tendrás problemas —su voz se entrecorta con lada silaba pronunciada. Pero con esta simple frase ella desea transmitirle a Ethan que lo ama y que, si desea, en ese mismo instante es capaz de darle el divorcio, aunque eso la destruya. Porque lo ama y haría cualquier cosa por él, por verlo feliz.

—Ellos tendrán problemas, yo soy el dueño —responde con una sonrisa llena de orgullo.

—Sí, por supuesto. Lo había olvidado —bromea.

—Elena… —la llama por su nombre en un susurro, hay duda, incertidumbre.

—¿Olvidas algo?

—Sí. —Y la seguridad en su voz vuelve—. Sí, Elena, he olvidado algo. Olvidé como amarte. —Ethan suelta su rostro, baja las manos hasta su cintura y la atrae a su cuerpo, todo había sido tan rápido e inesperado que cuando él finalmente le un beso, ella no puede creerlo. Elena sube sus manos hasta su cuello y corresponde el beso lleno de sentimientos desesperados. Porque para Elena, ese, podría ser el último beso. La iba a dejar, ¿no? Y si en realidad el plan de Quella y Sophia funcionó, Ethan, no la perdonará una vez que descubriera su secreto, o más bien, ella se lo confiese. Y por primera vez, un beso de Ethan le supo a pura amargura.

Ese beso estaba carente de muchas cosas, no había magia que el romanticismo le otorga por defecto, No sabía café. No había aroma a mar embravecido, ni descargas eléctricas por su toque, y por Dios que, sus ojos no pudieron cerrarse, no pudo dejarse arrastrar por las sensaciones.

Y cuando se finaliza el beso, él no lo ha notado o tal vez, para ella besarlo después de mucho tiempo y no sentir nada más que terror, miedo por saber que nunca más podría besarlo de nuevo la hizo actuar mecánicamente. ¿No lo había notado? O fue solo que había tanto qué todavía no se habían dicho, cada uno con sus secretos y emociones a mil por hora, y todas esas cosas que quisieras decirle a alguien y que nunca tuviste la oportunidad de decir o simplemente dejaste para después; todos esos sentimientos que alberga tu corazón que confunden tu mente y apuñalan tu alma. Todo eso que sabes que quieres decir pero que te has quedado sin tiempo para hacerlo. Sabes de alguna manera lo sabes, es demasiado tarde y ahora tendrás que cargan con los remordimientos, los secretos y los te quiero no dichos para siempre. Porque al final, te quedaste sin tiempo, por cobardía, por estupidez. Así que simplemente intentas expresarlo todo con un último beso. Y tan absorto estás en lo que sientes porque es demasiado que ni siquiera te percatas de que el otro no lo siente, no le llega el mensaje y que al igual que tú es incapaz de transmitirte algo porque sus sentimientos son tantos como los tuyos que no pueden siquiera llegar al otro. Están atrapados en el corazón, en el alma, porque es demasiado tarde y los cerrojos de las puertas están cerrados ya. El tiempo se ha acabado. Y ya nada de lo que puedan decir o hacer cambiará el pasado. EL daño está hecho, la intriga y los celos han echado sus raíces. Y aunque el destino les diera una oportunidad para amarse y les diera tiempo, ninguno de los dos, son los de antes. Ella lo dejo creer una mentira, él demostró que su amor por ella solo estaba allí en los buenos tiempos, y ella se demostró que no es tan fuerte, no están buena ni perfecta.

—Te veré esta noche y…—guarda silencio un momento. La mira de arriba abajo y luego dice—: Elena, no me gusta tu aspecto —ella baja la mirada a sus pies, de nuevo estaba haciéndola sentir pequeña e insignificante—. Quiero que te alimentes correctamente. ¿De acuerdo?

—Sí, no te preocupes. Voy a hacerlo —ella promete, con un nudo en la garganta. Sabe que no debió romper la dieta, que ella debió esforzarse más.

—Pasaré por ti a las ocho. Haré la reservación en nuestro restaurante y…

—No es necesaria la tortura, tenías razón… te firmare los documentos y los encontrarás aquí —no quiere ya nada. Se siente pequeña e insignificante y no quiere seguir torturándolo con su presencia. Ella solo desea meterse en una cueva y no salir nunca más.

—No, por favor —la suplica en su voz la hace levantar la mirada hasta sus ojos— Hablemos esta noche…

Y eso es todo lo que necesita Ethan decir, ella siempre hará lo que le pida.

Elena asiente. Cuando él sale por fin dejándola sola, tapa con su mano su boca para no soltar un grito. No sabe qué pasara, si va a dejarla o si estará dispuesto a intentarlo. Corre al teléfono y marca el número de Quella, con manos temblorosas.

—Elena, ¿qué sucede? Hoy es maldito día, qué noticias tienes, ¿está contigo?, ¿se ha ido? —suelta la joven al otro lado de la línea.

—No lo sé, creo que quiere quedarse, Quella. No… no sé qué hacer. ¡Ayúdame!

—Ok, tranquila ven a mi departamento y aquí hablamos.

—De acuerdo.

Elena corre a la habitación y toma de su armario lo primero que encuentra para salir. Sale del departamento y antes de ir con Quella pasa por el vestido a la tienda. No se lo mide, ella no quiere enfrentarse a su horrible figura. No en ese momento, no como se siente.

DOLOR Y REMORDIMIENTO

Su cuerpo siempre fue mi templo, en nuestra noche de bodas la amé y adoré como si el mañana para nosotros no existiera.

¿Me amas? —ella me preguntó mientras me miraba con sus preciosos ojos verdes.

—. Sin dudas, sin miedo ni remordimientos, una respuesta fácil y honesta.

¿Cuánto? —ella me mordió el hombro tras preguntarme y lo único que quería decir era: "Más allá de la muerte". Sin embargo, no era lo que Elena quería escuchar.

Tanto qué si me lo pidieras te entregaría mi corazón en tus manos. Si con ello puedo hacerte feliz. — tomé su rostro en mis manos y la besé.

Ethan llega a la firma media hora más temprano de lo habitual, se siente renovado y con más energía. Saliendo del elevador su mirada se dirige hasta el escritorio de Caroline, ella lo mira con una sonrisa que él no responde, solo se limita a un asentimiento de cabeza e ignorando el rostro descorcertado de Caroline y entra a su oficina cerrando la puerta detrás de él.

Una vez adentro tiene esa horrible sensación de preocupación y miedo. No quiere dejar a Elena. Las horribles pesadillas y los días de convivencia con Caroline le quitaron la manta que había llevado sobre el rostro impidiéndole reconocer que, Caroline, nunca encajaría en su vida, eran polos opuestos, además ella exigía de él lo que ni siquiera Elena alguna vez le exigió, atención exesiva. Esa manera posesiva y obsesiva con la que controlaba cada uno de sus movimientos con Elena lo irritaban. Ya podía bien imaginarse lo que le esperaría después.

Luego, estaba Steve de regreso en la vida de Elena. Eso también había influido, tenía que aceptarlo. Ese hombre había sido un amigo para Elena, pero ella no lo era para él. Y aunque era posible que Steve la aceptara aun sí no podía darle un hijo, él no era el indicado para ella. Elena se merecía más. Entonces en algún momento de sus reflexiones se dio cuenta de que no podría jamás verla con nadie más que con él. ¿Celos? Sí, los tenía y si podía sentir celos significaba que todavía no solo era una pieza importante en su vida, sino que todavía la amaba. A su manera, lo hacía.

Llama al departamento y al no tener respuesta intenta contactarla esta vez por el movil.

No sabía que decirle, simplemente quería escuchar su voz. La opresión en su pecho desde que las pesadillas habían comenzado se aliviaba cuándo estaba cerca de ella. No había querido admitirlo, ni muchas otras cosas, pero la verdad era que amaba a su esposa y nunca se había dado cuenta de cuánto. Fue al verla muerta que supo que no quería vivir sin ella con esa horrible sensación de vacío.

LA LLAMADA

Cuando Quella le abre la puerta se abrazan. Quella empuja a Elena dentro del departamento y la sienta en una silla previamente preparada para ella.

—¿Cómo va todo? ¿Cómo lo notas, inquieto, feliz? ¡Vamos, mujer, habla! —grita Quella mientras toma un tazón y comienza a batir su contenido—. Antes lávate la cara.

Elena asiente y obedece. Regresa ya con la idea de que Quella va a darle una sesión de embellecimiento.

—Extraño. ¿Qué es eso? —pregunta tras ver la rara mezcla que su cuñada está por aplicarle.

—Esto amiga, amiga, es una mascarilla para hidratar tu piel. Ayer teníamos que haberlo hecho, pero tu móvil estuvo apagado y, ¿qué paso con tu línea local? Estaba a punto de ir a tu casa, pero antes le marqué a Ethan y su teléfono parecía estar en las mismas condiciones. Tu amiga me dijo que no fue a trabajar. Está teniendo un mal día al parecer porque fue más déspota que de costumbre.

—Ethan y yo nos tomamos el día y bueno… desconectamos los teléfonos.

—¡Vaya! Lo sospeché. Pero eso es bueno ¿no? ¿Qué te ha dicho del divorcio?

—Nada, en realidad, seguimos en lo mismo, pero no lo sé…

—¿Han hecho el amor?

Elena se muerde el labio inferior antes de responder:

—No.

—¿No lo has seducido? —pregunta asombrada. Su hermano era tan difícil y complicado, pero ella estaba segura de que él la amaba.

—Tenía miedo a que me rechazará, a que terminará molestándose y se fuera de nuevo.

—Elena tenías que darlo e intentarlo todo. ¡Por Dios, mujer!, primera regla de oro para que una mujer tenga un matrimonio duradero y feliz «Dama en la mesa, coqueta y traviesa en la cama».

—Bueno cuando me casé, nadie me lo dijo.

Quella rueda los ojos y retira el cabello de Elena del rostro.

—¿Escuchas eso? —le pregunta.

—Es mi móvil. ¡Oh! ¡Por Dios, es él! —Elena grita aterrorizada.

Ambas mujeres soltaron un chillido, Quella le arroja el bolso a Elena y ella vacía la bolsa para encontrar el celular. Carraspea y toma un momento antes de responder la llamada.

—Hola. —Elena cierra los ojos y por primera vez en mucho tiempo lo siente de nuevo suyo, pero nadie responde al otro lado—. ¿Ethan?

—Sí, Elena —su tono de voz es insegura.

—¿Qué ocurre? — su voz era temblorosa, temerosa de lo que él pudiera responder.

—Nada, solo quería saber en dónde estás.

—Estoy con tu hermana, ella está torturándome… ya sabes…

Quella le sonríe a Elena, ambas están pegadas al teléfono y al escuchar el sonido de la risa de su hermano, ella golpea el brazo de Elena con el codo, ambas mujeres se miran emocionadas. Elena sabe que, su corazón saldrá de su pecho en cualquier momento de emoción, Quella era una amante del romanticismo.

—De acuerdo… —De nuevo se queda en silencio y tras un suspiro, finalmente le confiesa—: Te amo, Elena. Sé que no debería decir esto por teléfono, pero tengo la sensación de que debes de saberlo ahora.

Ambas mujeres están tomadas de la mano muy, muy, muy fuerte.

—Ethan, yo también te amo —ella le responde casi sin voz.

«Ethan tenemos problemas». Elena escucha la voz de Oliver. Escucha un profundo suspiro de Ethan salir de sus labios antes de despedirse.

—Amor… —le cuesta trabajo llamarla así, o, tal vez era la extrañeza de utilizar de nuevo ese apodo para ella, y lo nota, nota la incomodidad. Sin embargo, el ríe un poco y sabe que en realidad Ethan se avergüenza. Quien cree conocerlo no lo creería. Pero ella, su esposa, su mejor amiga, sabe que no es más que un hombre tímido cuando se trata de sentimientos profundos—. Debo cortar la llamada, pero te veré más tarde. Dile a Quella que no se pase.

—Sí. Te estaré esperando.

—Te amo, Elena. —Esta vez lo dice con seguridad y con firmeza. Él la ama, la sigue amando.

Elena deja caer el teléfono al piso y cubre su rostro con sus manos y comienza a llorar, porque toda aquella tensión que había estado sufriendo durante todo ese largo tiempo, al fin, ha desaparecido, pero ahora se siente más desdichada que antes, piensa que no puede decirle la verdad, que tendrá que seguir cargando con el peso de su silencio, que, al pasar el tiempo, se ha convertido en una mentira.

—¿Qué pasa? —pregunta Quella con preocupación.

—Me dijo que me ama —susurra entre sollozos.

—Entonces, ¿por qué lloras, como si fuera el fin del mundo? Deberías estar feliz no triste.

—No lo sé, creo que es de felicidad —miente, pues no puede decirle la verdad a Quella antes que a Ethan.

COMPLICACIONES

Miró a Oliver después de cortar la llamada y piensa que todos merecían una segunda oportunidad, al menos, si el arrepentimiento era sincero.

—¿Qué ocurre? —pregunta con voz tensa.

—Lo siento, ¿quién era ella? —preguntó era obvió que había escuchado la llamada.

—Elena, y por lo demás no te importa.

—Bueno, por aquí no es un secreto que tu amante es la mejor amiga de tu esposa.

—¿Disculpa?

—Todos cometemos indiscreciones, pero tal vez deberías tener más cuidado para la próxima. Como amigo te digo que debes tener cuidado, las mujeres despechadas son un verdadero dolor de culo.

—Creo que has confundido las cosas…

—Lo sé desde hace meses, jamás he dicho nada, Ethan, y no quiero meterme en tus asuntos solo hazme caso, amigo. Y pasando al otro tema Ernest no declarara en contra de su tío, me acaba de informar Jonathan —preocupado Oliver se lleva una mano al rostro.

—Demonios, ¿qué ocurrió? —Ethan sintió un balde de agua caerle encima, contaba con el chico para poder ganar el caso o ese demonio de Jean Carlo quedaría impune ante el asesinato de su esposa.

—Creemos que hay amenaza de por medio, saben que con la declaración del muchacho su tío queda jodido.

—¿Puedes ir a convencerlo, tú?

—No me escuchara a mí, Jonathan ya te lo había dicho. —Ethan se había ganado la confianza del muchacho cuando se conocieron.

—Mañana tiene que presentarse para declarar y yo no puedo viajar. Hoy es mi aniversario.

—Iré yo, pero si no consigo nada perderemos el caso.

—Vete ahora y mantenme informado.

—Sí.

RUPTURA

Caroline al ver salir a Oliver se apresuró a entrar a la oficina. Molesta, azota la puerta. Toma asiento frente a Ethan preparada para recibir indicaciones.

—Caroline, sabes lo que tienes que hacer, déjame solo.

—¿Qué ocurre? —le pregunta poniendose de pie y acercándose a él, poniéndose detrás suyo y queriendo besar su cuello para excitarlo. Ethan se deshizo de ella poniendose de pie.

—Ahora no, Caroline, más tarde.

Ante su rechazo Caroline supo de inmediato que algo no estaba bien y no quería pensar que él se estaba arrepintiendo.

—Puedes retirarte ya, por favor.

—Sí señor.

Más tarde, Caroline está comiéndose las uñas, Ethan estaba distante y frío. Había intentado de nuevo saludarlo como siempre: con un apasionado beso. Pero él la rechazó; de nuevo. Solo de acordarse le daba rabia, ¿qué pensaba ese hombre?, ¿qué la podía tener solo cuándo él quisiera? Ethan salió de una junta media hora después de la hora de la comida. Fue a su oficina ignorando que ella estaba en su escritorio cuando no debería estar ahí.

—Ethan ¿comemos juntos? —le preguntó ella asomándose por la puerta solo lo necesario para que él la viera.

—No. Voy a salir con Fred. —Ella terminó de entrar a la oficina, se cruzó de brazos y lo miró por un rato. Él la estaba ignorando.

—¿Qué te pasa, Ethan?

—Caroline, has una reservación al restaurante de Vincent que me den la mesa de siempre. Después, llama a mi esposa, comunícale que pasaré por ella a las ocho en punto, contacta con la Boutique de mi madre y pídele que le envíe a Elena tres vestidos de mi color favorito, junto con los accesorios acorde, mañana regresaré los que mi esposa no desee. Y por el pago, ya sabes a dónde cargarlo. ¡Ah! Por cierto, quiero que le hagas llegar también un ramo de rosas rojas. Y hazlo antes de salir a comer.

Ethan le dirigió una mirada a los ojos azules y brillosos de ella. Él, acababa de terminar la relación. Y Caroline que no era estúpida lo entendió muy bien.

—Sí, señor, enseguida —Caroline cuadra los hombros y levanta la barbilla, no dispuesta a dejarle ver su dolor. Con dignidad sale de su oficina y se dirige al baño, allí suelta a llorar.

Desea maldecir a ese hombre, por imbécil; se pregunta qué fue lo que hizo Elena para retenerlo, qué le dijo. Desea llamarla y decirle que sabe quién es su amante, quiere gritarle quién es la mujer que le ha robado el sueño y el amor de Ethan. Pero, luego

Caroline realiza la reservación y cuando estuvo a punto de llamar a la Boutique se sintió la ira de la traición carcomer su mente, se negó a ser humillada de esa forma Ethan le había quitado todo, desde su corazón hasta su orgullo y dignidad. No permitiría que la desechara como un maldito juguete viejo que puede tirar sin siquiera mirarle.

LO SIENTO

Regresa a casa con un lindo peinado y un maquillaje perfecto que ha cubierto las manchas negras alrededor de sus ojos y la palidez de su piel. Pone sobre la mesa el conjunto de cosas que Quella le aconsejo que no deben faltar en la decoración de su habitación para esa noche especial. Flores, velas aromáticas, aceites y un hermoso juego de sabanas. Por un momento se siente asqueada, no es que no amara a Ethan o que ya no lo quiera a su lado. Su amor por él es infinito y duda que algún día desaparezca, es tan solo el hecho de saber que tarde o temprano deberá confesar o mejor dicho aclarar aquel mal entendido. Ya no desea seguir bajo el tormento de sus acusaciones, aunque también, esta consciente de que podría perderlo.

Ethan tan inestable podría bien abandonarla de cualquier manera. Otra posibilidad era quedarse a su lado guardando aquel terrible secreto, pero ¿por qué tampoco podía sentirse feliz con esa idea? Se pregunta una y otra vez. La respuesta en el fondo de su corazón martilla tan delicadamente que apenas es capaz de percibirla. Esa razón o entendimiento sale a la luz en una sola frase dicha por su madre.

«La felicidad solo dura un instante, Elena».

Siempre pensó que Ethan era su deseo hecho realidad, su príncipe de fantasía que se presentó ante ella para sacarla de la horrible oscuridad y depresión, pero tarde se dio cuenta de que él no era suficiente. ¿Acaso algo en este mundo lo era?

Cuantas veces ella había esperado la llegada de su esposo vomitando o mirándose al espejo, queriendo ser hermosa y perfecta para que él no la dejará nunca, para que siempre tuviera ojos para ella y nunca otra mujer le pareciera mejor. Sin embargo, se dio cuenta de que él era solo el pretexto para hundirse todavía más en su deprimente deseo de autodestruirse, porque ciertamente Ethan nunca le expreso nada malo acerca de su cuerpo hasta hace unos meses. Su mente comienza al fin a concebirlo. Ahora que las cosas están por solucionarse ella acepta que en realidad no lo necesita para hacer su vida miserable. Pero, asimismo, comprende que terminará muerta como su madre si no se detiene. Muchas veces deseó tener a su madre enfrente y preguntarle:

«¿Por qué si sabías que podrías morir, tomaste esa elección? ¿Por qué me has abandonado?».

Ahora, en su mente enferma halla la respuesta.

«Nada lo vale».

Ethan la traicionó en cuanto tuvo la oportunidad, bajo el más estúpido pretexto. Sus amigos tienen su propia vida y al igual que ella buscan su propia felicidad. No tiene más familia que la política. Su abuelo que se había hecho cargo de ella cuando sus padres murieron había muerto dos meses atrás. Nunca fue importante para él, solo una carga más para su miserable vida llena de carencias y un desahogo financiero al quedar como su tutor por muchos años. Nunca la trato mal, pero tampoco recibió muestras de afecto, ni siquiera cuando guardaba luto. Entonces… ¿Por qué hacerlo? Con tristeza se da cuenta de que su madre jamás la quiso, o bien, llegó a creer que también la abandonaría.

Elena suspira al pensar en su amoroso padre y tras sus recuerdos entiende que él nunca abandono a su madre a pesar de todo y de su retorcida manera de ver la vida. Entonces piensa en la palabra «Esperanza».

Elena toma el teléfono de la casa y marca el número directo de la oficina de Ethan, necesita escuchar su voz para tener la fuerza suficiente para tomar la decisión de quedarse a su lado, de saber que su felicidad no es solo una ilusión y que puede ser duradera.

LO SIENTO PARTE II

Eran las siete treinta cuando Ethan hablaba acaloradamente desde su teléfono con Nicholas, quien le decía no había conseguido convencer a Ernest para declarar el muchacho quería verlo en persona y tener la seguridad de que no tendría ningún problema si confesaba lo que sabía. Ethan maldijo, tenía las manos en la cabeza y los ojos cerrados, cuando Caroline entró.

—Tenemos que hablar.

—Cancela la cita en el restaurante y trata de conseguirme un vuelo a New York para hoy y uno de regreso también para esta madrugada.

—Hice la reservación, pero no pude hacer el resto. Necesitamos hablar.

—Hoy no Caroline mañana por la tarde.

—¡Hoy si Ethan, no puedes tratarme así! Quiero que me lleves a cenar porque tengo algo muy importante que decirte.

—¿Qué no escuchas? tengo que salir de viaje.

Su teléfono celular comenzó a sonar. Vio el identificador y de inmediato tomó la llamada.

Las manos de Elena tiemblan cuando escucha el tono sonar dos, tres veces hasta que escucha a la voz de Ethan…

—¿Que sucede, amor? —No. Su felicidad no era una ilusión, él estaba ahí respondiendo con cariño.

—Hola, solo quería saber si ya vienes. Quiero hablar contigo antes de la cena. Tú me comprendes, ¿no? —Elena se muerde los labios para recibir su respuesta. Sí, ella necesitaba decirle que no era estéril y que lo necesitaba porque su mente enferma estaba ganando a su razón. Sabía que estaba enferma, se sentía débil, esta triste y a veces simplemente solo quería morirse, otras comer hasta reventar, y que ya no podía detenerse.

—Amor, estaba por marcarte: Jonathan sigue en New York, lo siento, Elena, debo viajar para encontrarme con él y…

—Está bien.

—No, no está bien… escúchame Elena, no pienses mal. Te lo juro, voy a recompensarte sólo por favor espérame.

Y se pregunta entonces cómo debe hacerlo, ¿sentada?

—No te preocupes, Ethan, entiendo.

—¿Por qué siento que no lo comprendes? Escúchame yo, te elegí a ti. Quiero estar contigo a pesar de todo porque te amo, Elena.

Ella carraspea y suspira hondo antes de preguntarle.

—¿Quieres que prepare tu maleta?

—No. En el coche traigo una pequeña maleta, la que tenía en el hotel. De la oficina salgo al aeropuerto. Elena, te amo, nunca lo olvides.

—No, te veré mañana entonces.

—Sí. Lo siento, amor.

—No hay problema, ten un buen viaje y espero que todo se resuelva a tu favor.

—Gracias, adiós. Te marcaré en cuanto llegue al hotel. Te amo, hermosa.

—Y yo a ti.

Elena escucha como Ethan corta la llamada, su cuerpo tiembla y sus manos sujetan fuertemente el auricular. Y en su mente solo piensa:

«Siempre en segundo lugar».

Elena finalmente puede ponerse en movimiento para arrojar el teléfono contra la pared, éste se hace añicos mientras grita su coraje y frustración. Camina hasta la habitación de los espejos y abre la puerta de par en par. Camina hasta la ventana para correr las cortinas. La luz del crepúsculo entra y entonces comienza a descubrir los espejos. Las sabanas caen al piso y luego echa una mirada a su reflejo. Asqueroso.

—¿Por qué habrías de ser su prioridad?

La sombra que la ha acompañado desde que era una niña está a su lado, ahora puede verla, la voz de su madre la que siempre la tortura no deja de lastimarla:

«¡Mírate Elena! —Elena se gira para quedar frente al espejo de su madre—. No dejas de ser una obesa, una niña glotona. ¡Vamos! Nadie ama a las niñas gordas como tú. No eres la hija perfecta que siempre quise».

—¡Basta! —Elena toma el espejo y lo empuja hacia atrás, este se rompe. Toma el cepillo que yace en el piso y lo arroja contra otro de los espejos y sale de la habitación en busca del vestido que compró. Se cambia de ropa y retoca el maquillaje cómo su cuñada le recomendó. Ahora vestida y arreglada sale del apartamento para ir al restaurante con o sin Ethan.

21:00 hrs.

Ethan entró al lugar sin intención de quedarse no más de lo necesario, la había interceptado una hora antes de que saliera de la oficina, ella insistió en querer cenar y después hablar de "sus asuntitos pendientes."

Pidió algo ligero mientras observaba a Caroline muy tranquila cenando.

Tenían unos minutos ahí y ya le parecían siglos. Cansado de la situación le tomó la mano.

—Carol, lo siento, pero lo nuestro ha terminado —le dijo Ethan en un tono bajo y lleno de pesar, reflejo de lo que sentía realmente en su corazón, pesar porque realmente había llegado a apreciar a esa mujer. Independientemente de los errores de ambos ella era una buena mujer que se dejó seducir por un hombre egoísta como él. Se conocía lo suficiente para saberse egoísta y debía reconocer que esa situación era su responsabilidad. No quería dañarla más.

—¿Por qué has cambiado de opinión?

—Porque la amo y no puedo vivir sin ella.

—Ella nunca podrá darte hijos yo sí. Haré lo que me pidas —Caroline que nunca rogó por amor ni siquiera a su madre alcohólica en sus años más vulnerables estaba ahí sintiendo que su mundo lleno de felicidad, amor y protección se desvanecían delante de ella. Lo amaba más que a nada y podría atreverse a decir que hubiera hecho por cualquier cosa incluso destruyo su imagen ante su hermana menor su única verdadera familia.

—No me supliques Caroline, no vale la pena el que te humilles por alguien que no te ama y pertenece a alguien más. —llevó sus nudillos a sus labios y los beso con ternura. —Encontrarás a alguien quien si pueda amarte y que te valore.

De la bolsa oculta de su saco, tomó una pequeña caja negra qué, al abrirla reveló una pulsera de diamantes.

—La compre para tu cumpleaños. Pienso que debes tenerlo tú. Nadie más.

—¡Que gran favor me haces! Regrésalo.

—No puedo lo compré hace un mes. Es tarde para eso.

—Dáselo a tu esposa.

—No lo merece y lo sabes. Además, lo compré pensando en ti.

Se la colocó y de nuevo besó su mano. Se quedaron en silencio por un momento hasta que sintió un escalofrío en su nuca y de alguna manera sabía que la causa venia del otro lado del salón. Giró su rostro para encontrar a su esposa mirándolo. Movió sus labios susurrando un "gracias" pudo escuchar su voz o solo era su mente jugándole una mala pasada. Se odio así mismo, iba a confesarle todo. Desde la primera vez que la engañó hasta la última, pensaba hacerlo de verdad. Convencido que la honestidad sería su prueba para demostrarle que estaba dispuesto a salvar su matrimonio quería que comenzaran desde cero, sin mentiras ni falsedades, ahora ella lo había averiguado por sí misma y su oportunidad para demostrarle que era sincero se hizo añicos con su descubrimiento.

DESILUCIÓN

Por segunda vez toma las llaves del coche que Ethan le regaló hace cuatro años, en su cumpleaños. En ese entonces tenía la seguridad que ese caso tenía nombre, falda y tacones. Pero ella fingió creerle que un niño lo había necesitado a pesar de las marcas de pasión en su cuello —la mancha de un labial rojo en su camisa blanca—, ella fingió desde ese entonces.

El auto que solo manejó una vez, porque hacerlo para Elena significaba estar consciente y aceptar su infidelidad; pasarla por alto, comprando así la paz en su matrimonio.

Ahora ella maneja ese automóvil a gran velocidad, quiere disfrutar ese regalo después de dos años. Porque desea confiar en él y en su palabra.

—Él me eligió —dice en voz alta. Así que decide no quedarse en casa a llorar su ausencia, planea disfrutar de una excelente cena en aquel restaurante especial para los dos, volver más tarde a su hogar y dormir toda la noche, al siguiente día, tal vez lo aguarde con una cena especial.

Estaciona el auto a una cuadra del restaurante, siempre odió la idea de entregar las llaves a alguien para luego esperar diez minutos por su auto en el frío de la noche. Camina con enfado hasta el lugar.

—Tengo reservada una mesa a nombre Elena Donovan.

La mujer la mira de manera extraña antes de responder.

—Permítame un momento.

Mientras la mujer busca en su lista ve a su amiga Caroline salir del tocador y caminar a su mesa reservada. Ignorando a la mujer con la que hablaba Elena abandona la recepción y se adentra al gran salón. Al acercase entonces nota a su acompañante. No da un paso más, tampoco hace nada por retroceder y marcharse, ella simplemente se mantiene en pie como una masoquista espectadora. Dándose cuenta qué, él le había mentido nuevamente. Pero ese hecho por muy surrealista que pareciera no le infringía ningún dolor. Porque a pesar de decirse así misma que confiaba, la verdad es que, esperaba esa traición, otra vez.

Pero era ella, quien hizo trisas su corazón. Fue a ella a quien siempre amó desde que era una niña y consideró como su hermana. A la que a pesar del tiempo y la distancia ella la recibió nuevamente en su vida y en su hogar con los brazos abiertos ayudándola a salir adelante a pesar de sus inconveniencias.

Su mejor amiga casi su hermana era la amante de su marido.

Mientras más observa menos comprende o, tal vez, comprende un poco más. ¿Por qué la ha llevado al lugar que guardaba tantas noches especiales y hermosos recuerdos? ¿Por qué estaba con ella en la mesa que había reservado para pasar una velada de reconciliación y la celebración de su aniversario? ¿Por qué toma sus manos y besa sus nudillos como solía hacerlo con ella en un tiempo pasado? ¿Por qué le regala esa sonrisa tan encantadora posiblemente la mejor que alguna vez le haya visto? ¿Por qué lleva consigo un obsequio para ella? ¿Por qué muestra tanta ternura al dárselo? ¿Por qué ella sueña despierta con un hombre que todavía sigue perteneciendo a otra mujer? ¿Qué palabras dulces son las que le susurra al oído? ¿Por qué la maldita traidora llora y lo abraza como si nada en este mundo importara?

«Porque ella te ama y tú la amas. Tal vez nos amas a las dos y la realidad es que no has podido elegir, ella es capaz de seguir existiendo en la oscuridad con lo mejor de ti. Y, yo, con las migajas de amor y tiempo que tú decides arrojarme», dice Elena.

Tal vez fue su mirada inquisidora la que dio aviso a Ethan de su presencia. Él, giró su rostro encontrándose con los ojos llorosos de Elena. Al verse descubierta ella sólo pronuncio un silencioso «Gracias» y dio media vuelta para salir corriendo de ahí.

Capítulo 37 Odio

Caroline quería gritarle a Ethan por ilusionarla, ella no le pidió que abandonara a Elena, siempre supo cual sería su lugar en ese juego. Fue él, que comenzó a revelarle los secretos de su matrimonio, justificándose por traicionar a Elena. Ella le creyó, y se permitió soñar con ser ella su esposa, ser la mujer que le daría lo que ambos soñaban un hogar, una familia.

Ella vio el rostro de Ethan tornarse pálido, sus ojos llenos de terror, decepción y lo supo. Elena estaba ahí, cuando siguió la mirada de Ethan la vio de pie con el rostro bañado en lágrimas. Hubiera dado lo que fuera porque en esos momentos se acercará y los encarará. La odiaba porque una persona tan ordinaria, tan patética y tonta como ella le estaba quitando su felicidad. Él estaba loco si pensaba que lo dejaría ir sin que cumpliera su palabra de darle todo lo que lo le prometió. Un hogar, en el que jamás tendrían carencias ni ella ni su hermana. Un esposo devoto en quien confiar y apoyarse en los malos momentos. Un amante que la llevara cada noche al infierno ardiente y de regreso. Un hijo a quien amar. No, ella no se daría por vencida. Lo vio salir tras ella, pero no importaba porque aun ella tenía una carta bajo la manga que la destruiría ya que conociéndola se dejaría vencer sin siquiera apenas pelear por lo que supuestamente ama.

Pagó la cuenta, cuando salió del lugar no vio a ninguno de los dos. Sonrío pues pensó ese era el inicio de la guerra y la primera batalla la había ganado ella.

Elena sale del restaurante y el aire frío azota en su rostro y puede jurar que también lo siente en su corazón. Corre hasta su auto y justo cuando abre la puerta…

FLOR DE HIERRO

—¡Elena espera! —ella entra rápido y enciende el auto, los seguros en automático impiden que Ethan abra la puerta del copiloto por lo que se coloca frente al auto para impedir que avance. Elena, no dispuesta a escucharlo pone el auto en reversa y luego lo esquiva para salir a toda prisa.

Nada de lo que observa tiene forma, todo parece un borrón ya sea por la velocidad con la que conduce o bien porque sus lágrimas obstruyen su visión. El tono de llamada del número de Ethan comienza a sonar en su movil. Se debate en responder, pero al final sabe que es mejor así, no quiere enfrentarlo cara a cara porque ahora su infinito amor se ha transformado en odio y podría bien ser capaz de asesinarlo. Toma el móvil de su bolso y responde.

—¡No quiero escucharte déjame en paz!

—¡Escúchame, Elena!

—¿Qué es lo que quieres que escuche? Que siempre no fui yo la elegida. Pues déjame decirte grandísimo idiota que no tenías porque elegirme. Yo soy tu esposa no un jodido par de zapatos en una tienda.

—Lo sé, por favor, Elena, detén el auto. Estoy en el taxi detrás de ti.

Elena mira su retrovisor y sí, efectivamente él ésta ahí. Aprieta todavía más el volante con la mano que lo dirige y el teléfono con la otra que lo sostiene, por inercia pisa el acelerador. No reacciona a nada salvo el odio y el rencor. Se siente traicionada de una manera tan vil, porque de todas las mujeres que pudo tomar como amante eligió precisamente a su mejor amiga. A aquella mujer a la cual le confió también su corazón y sus miedos. Se pregunta si ambos hablaban de ello a sus espaldas, si se reían y se burlaban sin compasión maquinando su siguiente movimiento para no ser descubiertos.

—No quiero volver a verte.

—Para, Elena, no estás bien…

—¡Vete a la mierda! Estoy cansada de escuchar que jamás soy suficiente para ti, maldito estéril. Tú, maldito infeliz, no puedes tener hijos, te dejé creer en tu error, te mentí porque te amaba, quería protegerte de sentirte inútil e inservible. ¿Cómo me llamabas? ¡Flor marchita! —el silencio del otro lado del teléfono le hizo saber el estado en shock en el que se encontraba su esposo.

—¡Elena! —gritó Ethan.

Ana

Ana era una joven de diecinueve años, con sueños e ilusiones, con una madre ejemplar y un padre amoroso. Ana es una buena hija y una buena estudiante dedicada y perfeccionista. Amaba el teatro. Asiste a clases nocturnas después de su jornada de trabajo de medio tiempo. Ana trabaja para no ser una carga más para sus padres.

Si hoy fuera un día normal, Ana responsable y perfeccionista no hubiera olvidado su guion en la mesita de noche en casa. Si hoy fuera un día normal, Ana, estaría en aquel viejo teatro actuando en la escena número tres a las 21:48 horas y no caminando de regreso a casa porque no le permitieron la entrada por llegar tarde al ensayo.

Ana, cruza la avenida distraída.

Carlos

Carlos un hombre de cuarenta y dos años, divorciado, con dos hijos a los que no ve desde hace dos años; no porque no lo quiera; Carlos, era alcohólico y no su exmujer no le permitía verlos.

Carlos había sido despedido por tercera vez en dos meses. La causa de su anterior despido fue que por haber bebido de una pequeña botella cuando fue al baño.

Si hoy fuera un día normal, el jefe de Carlos no se hubiera presentado esa noche en la tienda de instrumentos musicales para recoger su guitarra olvidada. Él no hubiera sorprendido a Carlos robando de la caja registradora para comprar una botella de alcohol barato. Si hoy fuera un día normal, Carlos, no estaría manejando y bebiendo al mismo tiempo a toda velocidad; furioso por ese hijo de puta que lo despidió, enojado con esta sociedad que no lo comprendía, con la vida y con esa perra mal nacida que lo abandono y no le permitía ver a sus hijos.

Si hoy fuera un día normal, Carlos, no se pasaría el alto en rojo, a las 21:48 horas.

Destino

Si hoy fuera un día normal, Elena se levantaría a las siete de la mañana, prepararía el desayuno de Ethan y arreglaría su ropa mientras él se alista para ir a trabajar. Más tarde compartirían el desayuno, se despedirían y ella continuaría su rutina normal.

Pero hoy era el último día de su trato, era su aniversario y extrañamente Ethan se levantó una hora más temprano, él quiso pasar un tiempo más con su esposa después de tres años de total abandono.

Cuando salió de casa, ella ya estaba lista para dar inicio a la preparación de esa gran noche tan importante y definitiva para su matrimonio. Si hoy fuera un aniversario como los de hace seis años donde él guardaba fidelidad, regresaría a ella y juntos celebrarían esa noche. Sin embargo, Ethan tenía una amante, nunca asistió a su cita y ella salió a cenar sola en esa fecha tan importante.

A las 21:38 horas ella conoció a su rival. Los observó unos minutos cómo una masoquista, sólo para asegurarse que lo que veía era real. A las 21:45 horas manejaba a toda velocidad, con rabia, dolor y desesperación. Dos minutos más tarde hablaba con él, su verdugo.

Y a las 21:48 horas su destino con el de Ana y Carlos se cruzó

Ella no estaba bien

Él nunca fue creyente pero ahora se encontraba en la capilla del hospital hincado suplicando que ella estuviera bien, pidiendo una segunda oportunidad para hacerla feliz. Dando en ofrenda lo único verdaderamente valioso, su vida.

—Por favor Dios no te la lleves. Por favor, por favor.

Sus lágrimas corrían por sus mejillas, se maldecía así mismo una y otra vez. Que estúpido y que tonto había sido.

—Te lo suplico. Hare lo que ella me pida. Si me quiere a su lado lo estaré. Si me quiere lejos también lo hare. Solo la quiero viva. No importa si ella continúa sin mí. Pero por favor, no te la lleves.

Después de un rato salió de ahí sintiéndose adormecido y lo único que le quedaba era esperar. Fue a la sala de espera y ahí tomó asiento, con incertidumbre suspiró, llevó sus manos a la cabeza para después recargar sus codos en sus rodillas. Recordando cómo es que ese día había estado con ella por la mañana. Su conversación telefónica y cómo se dijeron que se amaban después de tanto tiempo.

Entre su pensamiento escucho las puertas que lo separaban del lugar a donde se la habían llevado y después los pasos de alguien acercándose. Levantó la vista, era un médico... Preguntó por los familiares de Ana Mckenna, una pareja de señores de edad madura se puso de pie, el medico habló y la mujer cayó de rodillas soltando un alarido de dolor. La chica había muerto. Ethan, cerró los ojos no quería siquiera pensar en la posibilidad de qué una noticia similar le dieran. Entonces, recordó al hombre del vehículo que golpeó a la chica para después impactarse con su esposa.

El medico ordeno un tranquilizante para la mujer que aun gritaba y lloraba de agonía por la hija que no vería cumplir sus sueños, formar su propia familia o tener sus hijos, simplemente no la vería crecer. Ethan, sacó su celular del bolsillo de su pantalón y marcó al número de Nicholas.

— ¿Ethan? —preguntó su socio, extrañado por su llamada tenía entendido que estaría celebrando su reconciliación con Elena.

—Necesito que envíes a Fred. A la... Hay un hombre que se pasó el alto, mató a una chica y se impactó con Elena. Quiero que jamás vuelva a ver la luz del día fuera de la cárcel —dijo con rabia.

—Lo siento Ethan, ¿cómo esta?

—No lo sé, —su voz se quebró —aún no me dicen nada. —respiró profundo y contuvo el aire para evitar que las lágrimas cayeran de sus ojos.

—Bien enviare a Fred.

—Tomen el caso de la chica y no cobren nada a la familia.

Aún los miraba y sentía verdadera pena por la madre, aunque Elena no fue quien ocasiono el accidente, por segundos pudo haber sido ella la culpable de la muerte de la chica y cuando saliera del hospital viviría con la culpa. También hubiera ido a la cárcel. No quería seguir torturándose con el hubiera. Pero le era inevitable pensar que si él hubiera ido con su esposa y mandado al demonio a Caroline nada de esto estaría pasando ella estuviera entre sus brazos o tal vez él tendría que estar rogándole su perdón. Si tan solo no hubiera sido un cobarde, le habría confesado a Elena, quien era su amante.

—De acuerdo, ¿Le has comunicado a tu familia, quieres que te ayude en algo? —Nicholas lo sacó de sus pensamientos.

—Gracias, llamé a mi hermana Quella, ella iba a avisarles a mis padres. Y no hay nada más que hacer por ahora —respondió, poniéndose de pie y alejándose del dolor de los padres de la chica.

—Iré de inmediato contigo.

—No es necesario de verdad.

—Olvídalo, queremos a Elena y estaremos ahí contigo. No solo somos socios, somos amigos.

—Gracias.

Los minutos continuaban y no tenía noticias. Desesperado caminaba de un lado a otro. Cuando nuevamente las puertas se abrieron y otro médico salió, por un momento su corazón se detuvo.

—¿Familiares de Elena Donovan? —la voz del médico era segura y fuerte.

—Soy Ethan Donovan su esposo —se acercó.

—Soy el Dr. Noah Greyson, el neurocirujano asignado a su caso. Señor Donovan, el estado de su esposa es sumamente delicado. Lo que más nos preocupaba al ingresarla era la hemorragia intracraneal que presentaba, tuvimos que operarla para liberar la presión de su cerebro y detener el sangrado.

— ¡Dios mío! —dijo Ethan halándose el cabello nervioso temiendo las peores noticias.

—Señor Donovan, probablemente se sienta incómodo con esto, pero necesito hacerle algunas preguntas

—Por supuesto —respondería lo que fuera, siempre que le aseguraran que ella estaría bien.

— ¿Padece su esposa de depresión?

—¿Depresión? —el medico asintió y a pesar de no encontraba el motivo por el que estarían preguntando eso en un accidente automovilístico respondió. —Acabamos de atravesar una crisis matrimonial.

—¿Sabe usted de alguna conducta autodestructiva que presente?

—¿Qué? No entiendo qué quiere decir con eso. —El doctor solo asintió y apuntó nuevamente en su tabla.

—¿Toma algún antipsicótico, antidepresivo o droga? —preguntó el medico con un rostro indescifrable, mirando atentamente cada reacción de Ethan.

— ¿Qué? —volvió a preguntar, comenzaba a ponerse más que nervioso se sentía un idiota porque no era capaz de responder a nada. Y es que Elena se notaba tan desmejorada, delgada y triste que era evidente cuanto le había estado afectando la separación. Pero de eso a auto medicarse o drogarse ella era tan sana e inocente que no lo creía posible —. Claro que no, Elena es una mujer sana, nunca ha usado drogas y no se haría daño a si misma ¿Porque esta preguntando esto?

—En ese caso debo preguntarle si maltrata usted a su esposa. — Ethan lo miró con la boca abierta para después cerrarla y responder lo mejor que pudo, porque iba a mentir.

— ¡Eso es absurdo! yo nunca haría algo así ¡Nunca la lastimaría! —"de nuevo" pensó.

—Le pido por favor que se tranquilice señor Donovan, no quise ofenderle, pero tiene que comprender que el estado de salud de su esposa esta demasiado deteriorado. Encontramos signos de desnutrición severa y algunos hematomas alrededor de su cuerpo y estos son previos al accidente.

— ¿Desnutrición? pero ella come, ha cenado conmigo toda la semana, hemos desayunado juntos, ella no puede estar desnutrida ¿Como puede estarlo si yo la veo comer? —ese medico no le daba confianza debía estar equivocado, cuando su padre llegara le pediría que verificara sus diagnósticos.

—De acuerdo a su estado físico, deshidratación, peso y análisis sanguíneo, temo que su esposa padece anorexia nerviosa.

— ¿Anorexia? pero eso no es posible ella nunca haría eso ya le dije que yo la he visto comer —ella no estaba enferma, no podía ser. Se negaba a que ella se hubiera estado autodestruyendo de esa manera. Entonces recordó haberla visto mirar aquella comida, sin probarla tirarla a la basura para ponerse a llorar, será que ¿no la observó lo suficiente?, ¿qué no le puso atención realmente?

—Necesito que entienda lo que voy a decirle señor Donovan porque el estado de salud de su esposa es delicado. Ella se encuentra en un estado de coma hipoglucémico, la clara desnutrición la llevó a ese estado.

— ¿Coma? ¿Va a despertar? —la realidad le cayó encima oprimiéndolo e impidiendo que pudiera respirar bien. Ella estaba mal y era su culpa, porque él no la observó, ella se lo gritaba en sus sueños, ella le pedía ayuda y el cómo la porquería de humano que es, la ignoro nuevamente.

—Despertará en unos días, conforme consigamos alimentarla vía intravenosa.

Capítulo 40

Quella derrapó en el estacionamiento del hospital para ganar el lugar de otro coche que llegaba también. Estacionó el auto y bajó, tomando su bolso y celular. Caminó deprisa casi corriendo cuando escuchó su nombre resonando en eco. Giró su rostro eran sus padres. Espero a que ellos llegaran a ella, e ignoró sus preguntas solo se limitó, a dar media vuelta y emprender de nuevo su camino. No quería ser grosera con ellos, pero tenía la rabia atorada en la garganta y en el momento que abriera la boca soltaría todo el veneno contenido y quería hacerlo frente al culpable de ese sentimiento tan destructivo, su hermano.

Sus padres confundidos ante la actitud de Quella le seguían los pasos en silencio. Cuando de pronto divisaron a Ethan. Caminaron hacia él chocando de pronto con el ambiente pesado aun cuando este cruzó su mirada con la de Quella poniéndose de pie y cuadrando la espalda, como esperando enfrentarse a algo o a alguien.

Ella se detuvo frente a él mirándolo con un odio nacido de lo más profundo de su ser. Lo abofeteó, su madre jadeo impresionada por las acciones de su hija, mientras que Joseph su padre, la detuvo por detrás tomándola de su pequeña cintura para quitársela de encima a Ethan ya que de pronto parecía una fiera que soltaba golpes y arañazos al rostro de su hermano, que no hacía más que tratar de detener a su agresora.

— ¡Quella! ¿Qué te sucede? — le preguntó Joseph, sus hijos nunca habían peleado de esa manera. —Esto es un hospital no un ring de pelea.

—¡Maldito cabrón, cerdo asqueroso…!

— ¡Quella basta! —de nuevo su padre la tomó del brazo y la alejó de ahí para tranquilizarla, no entendía nada.

Su madre le dio unos pañuelos a Ethan para que se limpiara la sangre que le ocasionaron los rasguños de su hija.

— ¿Qué esta sucediendo Ethan? —le preguntó confundida por la situación, así como preocupada.

—Nada, mamá. —el evitaba la mirada.

— ¿Nada?, entonces ¿Por qué la actitud de Quella? —se suponía que iban a apoyarlo.

—Aquí no. —dijo secamente mirando el suelo evitando la mirada de su madre.

— ¿Ya te dieron informes? —su madre cambio el tema preguntando por el estado de su nuera a la que amaba como una hija.

—Sí… esta en coma hipoglucémico, y no despertara hasta dentro de unos días.

— ¿Qué? ¿Quién la ha atendido? —preguntó su padre que aun sujetaba a una Quella de un brazo.

— El doctor Greyson. —respondió Ethan.

—Hablaré con él después, acompáñenme todos a mi consultorio.

Caminaron al consultorio entrando en silencio. Ethan tomó asiento junto a su madre, frente a Joseph y al lado de este estaba Quella quien le enviaba miradas asesinas e incriminatorias.

—Quella ¿Por qué has golpeado a tu hermano? —preguntó su padre.

—Porque esta mierda de aberración que tienes como hijo…—Quella fue cortada por su padre ya que comenzaba de nuevo a exaltarse.

—Quella sin ofender…

—Es la verdad papa, él tiene la culpa del estado en el que mi hermana se encuentra. ¡Oh mi Dios esta en coma! —jadeó cubriéndose la cara para sollozar, pues apenas estaba cayendo en cuenta de la gravedad del asunto. Tanta había sido su rabia que no capto a la primera el estado de su amiga y hermana.

Joseph al ver el estado de Quella decidió interrogar a su hijo.

— ¿Ethan?

Ethan mantenía la mirada baja, con los puños cerrados, mordía su labio inferior sus ojos estaban brillosos y la piel de su rostro roja por la contención de emociones de desprecio que sentía hacia sí mismo, Quella tenía razón, por ello se dejó golpear e insultar.

—No sé qué decir. —dijo sinceramente no encontrando el principio del asunto

—Tú no, pero yo sí. ¡Aquí el muy hombre, en lugar de estar con su esposa celebrando su aniversario estaba con su amante cenando en un restaurante! — le gritó enfurecida. — Vamos no seas poco hombre y confiesa que te revuelcas con su mejor amiga, — le retaba y manoteaba —. El muy cabrón se acuesta con Caroline la mujer que convivió con Elena desde niñas, a la que ella le tendió la mano, cuidó a su hermana, le abrió las puertas de su casa, —decía a sus padres mirando a uno y después al otro acusando a su hermano revelando sus atrocidades. —Y ¿cómo le han pagado ambos? —preguntó ya mirando a Ethan —. Ella que te ha amado sin condiciones con entrega total. Todo lo que ha luchado por ser la esposa ideal y perfecta para ti y nunca has podido verlo. ¿Qué diablos te dio esa mujer para que tu infinito amor por Elena desapareciera de esa manera?

Quella, tomó el teléfono que había en el escritorio de su padre y se lo arrojó. Él solo puso sus manos en reflejo para detener el golpe. Su madre miraba horrorizada a Ethan, no podía creer que su hijo fuera esa clase de hombres. Joseph se puso de pie y abrazó a Quella, comprendía la rabia de su hija, ella había sido engañada por su ex prometido Peter, por eso, ella comprendía el dolor de Elena como suyo. Para Quella era como volver a vivir aquella experiencia traumática.

Todo estaba en silencio, Joseph y Emma digiriendo la noticia, Ethan derrotado, merecía eso y aún más. Quella habló de nuevo:

— ¿Por qué? ¿Por qué la ilusionaste? ¿Por qué decirle que la amabas cuando todo era mentira? ¿Por qué llegar a tanto si ibas a dejarla al día siguiente? ¿Por qué hacerle daño de esa forma? — ella más que preguntarle a su hermano, preguntaba en voz alta a Peter quien la abandono en el altar el día de su boda. Mientras mantenía la mirada perdida entre los brazos de su padre.

—Estaba terminando con ella. —por fin Ethan soltó las lágrimas que había estado intentado contener. —¿Cómo lo has sabido?

—El esposo de Sophia estaba en una cena de negocios cuando te vio con Caroline, luego vio a Elena. Envió un mensaje a Sophia y ella a mí. Y cuando me enviaste el mensaje diciéndome que Elena había tenido un accidente yo… —Quella ya no pudo continuar, el dolor y el miedo se apoderaron de ella en un llanto incontrolable.

— ¿Por qué la engañaste Ethan? —fue Emma quien preguntó, no alcanzaba a comprender en que momento, y cuáles fueron sus razones o sus pretextos para hacer algo tan vil. Quería comprender antes de abofetearlo por patán.

—Hace cuatro años comenzamos a buscar bebes, —tomó aire para darse un poco de valor y continuar con su confesión — hace tres años ella me dijo que era estéril.

— ¡Ah! —Emma cerró los ojos con fuerza, mientras Joseph miraba a su hijo queriendo traspasarlo y leer su alma. Quella dejó de sollozar y se sentó en el sillón de su padre, ella desconocía esa parte, pero aun así, él era un pedazo de imbécil.

—Dime que esa no es la razón Ethan —le pidió Emma cuándo se recuperó de la impresión.

—Deseaba tener una familia tan perfecta como la nuestra, no quería odiarla por negarme a ser feliz, realmente intente no odiarla repitiendo intentado siempre recordar mí amor por ella y lo feliz que siempre me hizo. La rabia, el dolor de jamás poder saber lo que es ser padre me llevó a cometer los peores errores de mi vida.

—¿Qué errores? —preguntó Emma.

—Por favor mamá no quiero hablar de eso.

—No me importa lo que quieras o no, quiere entender ayúdame por favor.

—La ofendía diciéndole que era una mujer marchita, incapaz de dar vida. —Emma se sujetó con ambas manos al escritorio frente a ella. Joseph miró a su esposa preocupado, era una pesadilla. —En una ocasión la golpeé —pudo haber omitido esa parte, sin embargo, estaba demasiado agotado, tenía la necesidad de confesar sus culpas, sus pecados a esos quienes le dieron la vida. Su padre tenía los puños cerrados con fuerza conteniendo su enojo para no saltarle encima y enseñarle lo que jamás debía hacerle a una mujer. —Ella me perdonó y yo jamás volví a ponerle una mano encima, y aun así seguí con otras mujeres, quería llenar el vacío que sentía.

— ¿Porque no buscaron opciones? Una adopción tal vez —le preguntó su madre mirando su rostro, examinándolo, era la hora de la verdad.

— ¿Qué? ¡Oh! No, no, no, no criare un niño que no lleve mi sangre. —respondió él.

—Y ¿Por qué no? —preguntó su padre.

—Porque no sabría quiénes son sus padres, si acaso eran delincuentes o adictos. Por no decir enfermos de algo hereditario y sin remedio. No sabría cómo llamarlo hijo sin evitar pensar en que no hay un lazo que nos una, como la sangre o nuestro parecido.

—Padres no son los que engendran, son los que te cuidan, están a tu lado cuando enfermas, ríes o lloras. Te levantan cuando caes, están contigo en los momentos felices y en los tristes. ¿Entiendes lo que te digo Ethan? La paternidad no se hizo para todos, hay quienes nunca llegan a entenderlo. —le dijo su padre con voz calma.

—No pienso igual que tú, jamás vería como mi hijo un niño que no lo fuera de mi sangre. Eso no es posible. No lo acepto. Prefiero no tenerlos.

— ¿Ethan en que concepto me tienes? —le preguntó Emma.

—Eres mi madre, que concepto puedo tener de ti si eres perfecta, la mejor de todas.

—No lo soy, porque piensas en una mujer que no puede concebir, como en una mujer marchita —afirmó con voz débil y lagrimas saliendo de sus ojos recorriendo su hermoso rostro, Soseph se movió para acercase a ella, pero ella le hizo una seña de alto con la mano y él paró.

—Mamá yo ya no pienso…

— ¡Cállate! —le dijo ella con el dolor de viejas heridas. —Tú —se levantó de aquel sillón para quedar frente a Ethan. Mirándolo desde arriba, él levanto su mirada hacia esa hermosa mujer que lo que menos era, es ser una mujer marchita. — No eres mi hijo. No quiero volver a verte ni que me dirijas la palabra jamás en lo que me resta de vida. ¿Comprendes?, No soy perfecta porque si lo fuera te habría dicho tu procedencia desde hace mucho, tal vez de esa manera no actuarías como lo has hecho todo este tiempo, nunca dañarías a esa mujer que ahora lucha por su vida, si acaso no se ha rendido ya y lo único que desea en este momento es morir. Ay de ti si ella muere porque no podrás vivir con eso.

Emma salió de aquella habitación escuchando la voz de ese niño que alguna vez meció y canto canciones de cuna llenando el vacío de su corazón.

Ethan iba a salir tras su madre, querís.

—Alto ahí, Ethan. Quella ve con tu madre. — Ordenó Jopeh

—Papá ella no puede dejarme de amar ¡soy su hijo! —dijo con desesperación su mirada llena de dolor y lágrimas resbalando por sus mejillas.

—Ethan, no somos tus padres biológicos. Emma, mi esposa tiene matriz infantil. Has ofendido no solo a tu esposa también has ofendido a la mía. Solo por el amor de un hombre que te cuidó como si llevaras su sangre no te golpeo. Pero si vuelves a poner un pie en mi casa no responderé sobre mis actos. Si en algo agradeces el amor que Emma te dio, no intentes acercarte a ella. En cuanto a Elena, no tendrás ningún derecho de decisión sobre ella, el estado de Elena se debe a tu maltrato psicológico por lo que se te niega cualquier derecho sobre ella hasta que despierte y este apta para tomar sus propias decisiones. ¡Aléjate de nosotros!

Joseph salió sin mirar más a ese hombre destrozado. Él se quedó ahí, no sabe por cuánto tiempo, no sabiendo si fueron minutos u horas lo que tardo en salir de su estado de shock. Se puso de pie no sin antes ver las fotografías que su padre tenía en su escritorio, eran ellos, era el con su madre y su padre, el único mundo que conocía no podía siquiera imaginarse una vida distinta con padres diferentes.

Sacó del porta retratos la fotografía de ellos y se recortó así mismo, en otra quitó la foto completa esa le gustaba y quería conservarla.

Cuando salió al pasillo para dirigirse a la sala de espera vio a Amelia la esposa de Nicholas su socio, con su madre, ellas lo ignoraron, él se sentó en una silla mirando al piso, poco tiempo después alguien tomó un lugar a su lado. Era Nicholas,

¿Cómo te encuentras? —Ethan solo pudo negar con la cabeza sin decir nada.

…..

Había pasado la noche mirando a través de la ventana la oscuridad de los jardines del hospital, pronto se hizo de día, la gente comenzaba a llegar para realizar las visitas a sus pacientes. Emma y Quella llegaron a las ocho de la mañana y fue hasta las once que su padre salió para permitirles la entrada. Quiso acercase y pedir el pase, pero desistió ante la frialdad con la que lo ignoraban cuando estaban a tan solo dos filas. Ellas se habían ido a comer dos horas después ya que Jopeh estaba de guardia y él les había jurado mantenerla vigilada.

Cuando vio a su padre hablar con el doctor de Elena, se acercó, su padre lo miró inquisitivamente.

— ¿Papá, puedo hablar contigo un momento? —le pidió con humildad.

—Yo no soy su padre, me confunde. —le contestó con todo el dolor de su corazón, pero él había dañado demasiado a Emma, su esposa, la mujer que amaba y daba todo por ella.

—Te veo más tarde Joseph, con su permiso —dijo el doctor por ultimo dirigiéndose a Ethan.

—Dr. Me permite un momento. — cambio su pregunta. Sintiéndose perdido y más solo que nunca ante el rechazo de su padre, jamás podría verlo de otra manera. Ese hombre era lo único que él conocía como un padre y dudaba que existiera otro mejor.

—Diga.

— ¿Puedo verla? —lo deseaba con toda el alma.

—Sabes que no. —respondió fríamente su padre.

—Por favor compadécete de mí.

—Y tú ¿te compadeciste de ella? — le respondió su padre recordándole las atrocidades que hizo con ella.

—Te lo suplico —Ethan comenzó a ponerse de rodillas pero Joseph lo detuvó, sacando del bolsillo de su bata el pase.

—Solo cinco minutos, no más, te esperare fuera de la habitación.

…..

Cuando mi padre se apiada de mi dolor, me conduce hasta el lugar donde ella se encuentra.

Ahí dentro de esa habitación me doy cuenta de lo mucho que la amo y sufriría si ella no vuelve a regalarme una de esas sonrisas llenas de amor, que siempre tenía y dedicaba solo a mí.

Por favor mi amor, vuelve a mí. —Bese su mano tiernamente.

¿Cómo es que había llegado a este punto de indiferencia con ella? Y ahora que es demasiado tarde me doy cuenta qué no puedo vivir en un mundo donde ella no exista. Porque mi alma, mi vida y corazón son de ella, solo de ella.

Ni siquiera en esas condiciones en las que se encuentra soy capaz de suplicarle perdón. No porque no quiera, simplemente quiero hacerlo cuando ella esta despierta mirándome al rostro, para que de esa forma pueda ver la verdad y sinceridad de mis palabras, a través de mis ojos, a través de mi alma.

Después de cinco minutos mi padre entra a la habitación y no hace falta que diga nada, él quiere que me vaya.

Salgo de ahí no sin antes agradecerle.

Al salir del hospital voy a nuestro hogar, cuando llego al edificio no puedo evitar pensar que ella estará ahí esperándome como siempre con todo su amor y devoción. Pero no es verdad, ella no está.

Abro la puerta y la imagen frente a mí me golpea, ella preparo todo para esa noche. En la que yo debía estar con ella confesándome y suplicando su perdón. En cambio, estaba con mi amante, terminando lo que no debió comenzar.

Paso directo a la habitación intentando ignorar mi alrededor, pero todo resulta peor porque me encuentro un santuario de amor, velas, aceites, frutas, chocolate. Tomé ropa limpia y fui a la ducha, mi cabeza me dolía eran tantas cosas para una noche, ella me confeso su mentira, su accidente cruel, jugada del destino para hacerme pagar por no amarla. Cuando la tengo la desprecio, y cuando la quiero me la arrebata. También estaba el hecho de que toda mi vida no era real ellos a los que consideraba los mejores padres del mundo, mis perfectos padres no lo eran yo era un hijo al que su madre no amo, al que abandono. Tal vez un no deseado.

No puedo evitar sentirme una completa mierda, comienzo a llorar por todo el daño que le hice a la mujer que me amó. Por todo lo que dije, mis manos comienzan a temblar por la impotencia y la rabia. Mi madre ¡Oh Emma!, la mujer que me dio amor, cariño y protección. La dañe como a mi mujer, me odio por ser tan maldito como la mujer que me parió y me abandono. No se las razones, pero de pronto me entra la duda. ¿Por qué?, ¿quiénes son los que no me amaron, que me abandonaron? Pero si de algo estoy seguro es que herede lo peor de ellos, su maldad, de otra forma ¿Porque dañar a los que te aman? Me odio. Lloro como un niño pequeño, soy pequeño, no soy nada. Caigo de rodillas mientras el agua fría trata de reconfortarme pero no sirve, ya nada puede ayudarme, porque me he quedado solo, ellos la alejaran de mi, ya lo han hecho. La he perdido, yo estoy perdido.

Capitulo 41

El despertar a la realidad.

"En este lugar el tiempo y la distancia no existen. Aquí es la quimera, y como tal no hay nada que pueda dañar. Camino sin rumbo fijo en este desierto donde todo es blanco o es negro según como yo quiera verlo…"

Se encuentra caminando, vagando en aquel lugar inexistente de la nada. Su mirada fija hacia el frente, con su rostro inexpresivo cuando de pronto la nada dejo de serlo y ahora un susurro llega hasta sus oídos:

Ven a mí.

La frase compuesta por tres palabras es totalmente incomprensible para ella, la escucha, pero no la comprende, entonces para su andar.

Te amo.

Después de permanecer quieta vuelve a escuchar el sonido de palabras ahora distintas a esa frase, más pequeña, pero lo que llama su atención es el sonido que emite aquella voz, llena de tristeza y dolor.

¿Quién eres? intenta decir a aquella infinita nada, pero no sale ningún sonido de sus labios.

Camina de nuevo hacia el frente ahora en busca de ese sonido melodioso, camina y camina hasta toparse con algo frente a ella, es una puerta. Cuando la abre no hay nada dentro de ella, solo la nada.

Pero al cruzar, la nada se convierte. Todo a su alrededor comienza a tomar forma y ahora ella se ve frente a una casa hermosa. Camina hacia la entrada toca la puerta y de un momento a otro se encuentra del otro lado. Ahora esta dentro, hay una mujer hermosa de cabello castaño, ojos grandes y verdes. Sonríe a una pequeña niña que se encuentra a su lado. Están preparando galletas, la pequeña quiere tomar una pero su madre se la niega. Ella no puede escuchar lo que dice pero entiende los movimientos de los labios de la mujer.

No, son para la fiesta.

La niña obedece. Después la mujer saca de un cajón un frasco de pastillas tomando una y tragándola bajo la atenta mirada de la pequeña. La niña toma su muñeca y sale de ahí, ella la sigue la niña le resulta familiar a la vez que no

Ahora se encuentran en una reunión, las mujeres admiran la belleza de la madre de la pequeña, mientras que la niña se allá en un rincón observando. La madre sonríe y agradece los halagos.

Más tarde un hombre uniformado de policía llega, besa a su esposa y después a la hija le brinda sus brazos, cenan juntos mientras ella ocupa un lugar en aquella mesa pero nadie puede verla. La pequeña come mientras que la madre le llama la atención.

No comas más o te pondrás gorda. —dice la madre.

Déjala tranquila es pequeña y está en pleno desarrollo, si tiene hambre que coma. —dice el padre la madre molesta se retira de la mesa.

De nuevo todo se desvanece y ahora esta en la recamara de la pequeña. Ella esta dibujando con sus colores a sus padres. La madre entra y le dice:

Escúchame, no importa lo que tu padre diga no debes comer de más o te pondrás tan gorda que nadie va a quererte, ni siquiera yo.

La niña no dice nada solo baja la mirada mientras que su madre la levanta de un brazo y la lleva hacia el espejo — mírate, te vez gorda, debes bajar de peso. ¿Es que no te gustaría verte tan hermosa como yo? ¿Acaso no quieres que te amen como a mí? —la pequeña asintió.

Todo se vuelve oscuridad, ahora la niña esta vestida de negro de pie junto a un hombre mayor frente a dos tumbas son los padres de la niña, la niña no llora.

La pequeña llega a su nueva casa y ella siempre detrás como una sombra espectadora la sigue, la recamara que ahora habita perteneció a su madre, hay un enorme espejo y la pequeña esta frente a él. Pero su reflejo ha cambiado, ahora es una jovencita. Está mirándose, evaluándose, hace caras raras y dice:

Estoy gorda, por eso a nadie le gusto.

Sale de la habitación y ella detrás. Pero ahora la jovencita desaparece dejando en su lugar a una señorita…

Elena no todo en esta vida son libros, ¿por qué no vamos a la fiesta de Alison y nos divertimos un poco?

Porque la última vez que hable con Alison se burló de mi "enorme trasero"

Amiga, nunca dijo "enorme trasero" solo "gran trasero". De acuerdo eso fue grosero, pero no deberías tomártelo tan apecho. ¡Vamos! ¡Por favor, por favor! Quiero que me presentes a mi futuro esposo. ¿Sí? ¡No me hagas suplicarte de rodillas!

No necesitamos ir a una fiesta para presentarte a tu futuro esposo. ¿Sabes?

Si que la necesitamos me niego a no tener mi baile de medianoche con mi príncipe azul.

De acuerdo, pero solo un rato ¡No tengo ánimos de soportar a Alison!

¡Gracias amiga! Veamos esta noche como una oportunidad única para conocer a nuestro príncipe de ensueño.

¡Sí, cumplamos nuestros sueños infantiles!

Aquella alma en pena escuchó las palabras llenas de sarcasmo y pudo también sentir el dolor que guardaba en su corazón.

¡Aguafiestas!

Todo se vuelve oscuridad ahora ve a la joven de pie en un rincón observando a su alrededor insegura de parecer uno de ellos, mirando con envidia a las mujeres bonitas y más delgadas que ella, puede ver a la joven sentirse pequeña ante ellas.

¿Me concederías esta pieza de baile?

Un joven hermoso se acerca a la chica sin malicia, ella puede verlo en sus ojos.

Ah… no se bailar. Lo siento.

Dice la chica insegura, ella ve la expresión del joven un poco de desilusión que suplanta con una de seducción.

Eso es porque no has bailado conmigo.

La joven ahora es un par de años mayor se encuentra detrás de una puerta escuchando una conversación que su esposo, aquel joven hermoso de ojos grises, mantiene con un hombre que al parecer eran cercanos…

—¡No lo puedo creer! ¿Esa mujer es tu esposa? ¿Qué paso con tus gustos por las hermosas rubias de largas piernas y cuerpos esculturales?

Cuida tus palabras Armand ella es mi mujer, para mi es la mujer más hermosa que existe en este mundo.

El amor te ha segado. Bueno cuando te canses de tu mujer huesos anchos… —el hombre no termina de hablar pues es derribado de un puñetazo en el rostro por el chico de ojos grises.

Te lo has ganado por faltarle el respeto a mi esposa. Si lo que quieres es echar a perder nuestra amistad lárgate o pídeme una disculpa.

De acuerdo hermano discúlpame.

La chica está asustada y dolida pues se da cuenta de que ella no encaja en el mundo de su esposo y que él la ama tanto que va en contra de aquellos a quienes conoce desde niño y que son sus amigos. No quiere defraudarlo, no quiere que se burlen de él como muchas veces lo hicieron de ella. La espectadora, mira con tristeza a la joven ya que no se da cuenta de que esos no son amigos, y que lo único que importa realmente es el amor que su esposo le tiene, más allá de un físico.

..

La joven está sentada en la enorme cama matrimonial de su apartamento mirando aquellos análisis médicos sobre la infertilidad de su esposo. La espectadora se encuentra de pie a su lado. La joven comienza a llorar por él, no quiere que sufra, que lo marginen como a ella, que se vea frustrado por no poder evitar ser como es, un infértil. Como ella, que es una gorda que por más que haga no puede dejar de comer, dejar de ser el humano asqueroso que es.

Ella la silenciosa espectadora se lleva una mano al pecho contraído de dolor al descubrir el horrendo concepto en el que esa joven tan hermosa y llena de vida se tiene.

..

La joven se encuentra en el suelo de su cocina comiendo todo lo que ha encontrado en su refrigerador. Se nota demasiado triste y el comer al parecer le brinda un consuelo que llena esa parte solitaria y oscura en que vive su alma. Sintiendo una pena infinita por aquella niña ahora mujer y sin poder evitarlo se acerca tocando su hombro en un intento por llamar su atención.

Como está de espaldas, ella no ha visto su rostro, en realidad nunca pudo verlo, cuando la otra siente su toque se gira, sus miradas chocan y ella le pregunta…

¿Por qué estas triste?

¿Por qué lo estas tú? —le responde la joven.

No, yo no lo estoy —le dice acariciando el rostro de aquella desconocida, de esa niña sensible ahora mujer.

Él no me ama. Me abandonará.

¿Cómo puedes saberlo?

Soy enorme, tan gorda que nadie me ama.

No estás gorda, en realidad eres muy delgada.

La chica se levanta y cierra el refrigerador para después ofrecerle la mano a ella y conducirla a su recamara, le muestra un enorme espejo, el mismo de su madre. Ella se pone frente a él y le dice —Mírame, míranos somos enormes.

La espectadora se acerca a él, ve el reflejo cadavérico de la chica y niega con la cabeza, después ve su imagen, y es la misma…

Elena —escucha a lo lejos, todo a su alrededor comienza a desvanecerse y la tristeza y el dolor junto a todos los recuerdos y demonios que la atormentan vienen a ella para acabarla, para aplastarla en la oscuridad…

Amor. Te amo. Vuelve. Despierta.

Capítulo 42

Ethan salió de la ducha agotado. Al ver la habitación sintió con más fuerza la ausencia de Elena, sabía que ella tenía su espacio en la habitación de al lado, necesitaba sentirla cerca y donde compartían el lecho no la sentía, por alguna razón no podía encontrar algún indicio que le indicara que ella estuvo ahí y no se refería a ropa o cosas de ella, el buscaba su esencia, algún recuerdo que indicara que Elena dormía cada noche con él, besos, caricias risas. Todo era soledad como si lo que se hubiera ido fuera solo un objeto decorativo, superficial.

El aire comenzó a faltarle cuando recordó su sueño ella acusándolo de no escucharla de no mirarla. Sus pasos lo llevaron hasta la habitación de Elena, indeciso de entar de invadir su espacio, lo único que recordaba que le había pedido cuando compraron la casa había sido esa habitación, decía que tenía cosas que habían pertenecido a sus padres, cosas que eran recuerdos de su familia que no podía desaserce porque esos objetos los hacia reales, siempre le había dicho que no quería olvidarlos.

La puerta estaba cerrada con llave, por lo que fue a la cocina y busco el duplicado. Al abrir la puerta sintió un escalofrío abrumador, la oscuridad de la habitación le dio miedo, no sabia lo que encontraría nunca le preguntó, nunca quiso saber en realidad. Tantos años y apenas sabia nada, apenas y había notado que su esposa estaba mas delgada, enferma y frágil, ¿ciego? No. Simplemente no la amaba lo suficiente. Encendio la luz, y dio un paso atrás cuando al fin vio con horror los espejos destrozados en la habiatacion.

Tardo un par de minutos en poder entrar de nuevo, rodeo los espejos y fue hasta un viejo escritorio, de su padre le había dicho. Un par de cajas yacían sobre él. Abrió la primera para encontrarse una hermosa niña siendo abrazada por su padre, otra más donde su padre la llevaba en brazos. Una en la playa con ambos su madre muy delgada, pero hermosa más alejada del padre y la hija, su mirada parecía ausente como si estuviera muy lejos de ahí.

Documentos, actas de defunción. La segunda caja contenía varios cuadernillos con fechas de años anteriores, eran diarios. De cuando era pequeña. Lo veía en sus dibujos. En ninguno estaba su madre. En otros solo rallones que habían borrado lo escrito antes. Tomó los dos últimos. Quería sentirla cerca de él y de pronto se le ocurrió que esa era una manera de estarlo. Con la yema de sus dedos repasó en una sutil caricia la portada del año anterior. Al principio solo quería tocarlos, sentir su esencia. Aunque, todo le gritaba dolor y tristeza.

Entonces se percató de un cuadernillo negro, en el piso al lado del espejo que sabía era de su madre. Lo levantó y se sentó en el suelo y tras inspeccionar superficialmente lo abrió. En la primera página había una foto, de ella cuando era pequeña en medio de sus padres. Ella vestía un vestidito azul, con su cabello rojizo algo desordenado y sus hermosos ojos verdes. Era distinta, a todas las fotografías anteriores, ella portaba una sonrisa, hermosa y autentica sus padres también. Además, era una niña llenita, recordó que Elena jamás le había mostrado alguna foto de ella cuando era pequeña. Paso la siguiente página, la primera frase lo impacto.

—¿Qué es esto? — paso otra página, otra y otra. Era su diario.

"Por amor, día a día me mato un poco más para poder ser lo que el necesita en su vida…"

Cuando Ethan terminó de leer aquel diario, ya era de madrugada. Se preguntó, cuanto dolor podía soportar una persona. Aun impactado por descubrir a esa desconocida que tenía por esposa no pudo evitar llorar, por ella, por él. Que tonto era al creer que la conocía, que la amaba cuando se casó con ella. No, él no podía amarla en ese entonces, no conocía realmente a la persona que compartía su cama, sus días, su vida. Él no la amaba. Cuando se ama no se engaña, no se oculta.

Debía reconocer que solo estuvo enamorado de la ilusión, de una esposa perfecta, de una familia perfecta. La perfección no existe, por lo tanto, ahora que conocía a la verdadera Elena quería ayudarla, quería amarla de verdad, darle la atención que nunca fue capaz de darle cuando creía que era perfecta.

Con manos temblorosas guardo todo de nuevo en la caja y el diario lo colocó en el escritorio. Vio su novela favorita aquella que leía una y otra vez, tomó el libro y al abrirlo un sobre resbaló. Extrañado notó que era de un laboratorio, sacó las hojas que contenían su nombre eran los resultados médicos. Entonces leyó:

Infértil

Cuando amas no engañas, no ocultas, no retienes.

Capítulo 43

La oscuridad deja de serlo, ahora todo son recuerdos, es como volver a vivir lo ya vivido solo que ahora lo mira desde afuera. Siente pena, tristeza por ella misma. Se compadece y lo único que puede hacer es permanecer a su lado porque ha aprendido que solo se tiene así misma. La voz de él llamándola le ocasiona tanta ira, como dolor. Hasta que las cadenas que la mantienen presa en ese lugar, en ese infierno son soltadas.

Ella ya no solo siente dolor en su alma, también lo siente en su cuerpo. Intenta moverse, no pude. Vuelve a intentarlo y de lo único que es capaz, es de mover su mano. Ella abre los ojos una luz cegadora le lastima. Sin miedo vuelve a intentarlo, entonces su mirada se cruza con la de él. Tras sus ventanas grises puede ver su alma, llena de dolor, llena de angustia, llena de remordimiento, llena de amor. Un amor que ahora ya no quiere, un amor que para ella ya no es indispensable, un amor que solo causa dolor. Asustada de recibirlo, de enfrentarlo huye, si, lo hace al único lugar donde todo es paz y seguridad, donde su entorno puede ser blanco o puede ser negro, regresa a su quimera.

Capitulo 44 carolines

Remordimientos

Viajaban en ese auto sin mediar palabra ella miraba las calles alumbradas por la luz artificial de los locales ya cerrados.

Cuando por fin aparcaron frente a su modesto edificio, Caroline se soltó del cinturón de seguridad tomó su bolso e intentó abrir la puerta del auto antes de ser detenida por él.

—Espera Caroline —la voz de Ethan era autoritaria pero amable a la vez.

—No me despidas Ethan, para mí lo sucedido nunca ocurrió —estaba arrepentida y no podía mirarlo a los ojos por lo que mantenía la mirada en su regazo. Tampoco quería que viera su amor por él.

—No voy a hacerlo. Tu trabajo no se ve mezclado con nuestras cosas personales. Escúchame un momento. Por favor.

—Sí —ella realmente no quería hacerlo, se sentía culpable por Elena. Tenia miedo.

—No sientas remordimiento, hermosa. Sé que no debería estar aquí, que mi lugar es en otro lado…

—¿Por qué la engañas? ¿Por qué lo hicimos? —ella no encontraba una verdadera justificación a sus actos.

—No puede tener hijos y yo no puedo vivir con eso.

—¿Por qué no has terminado esa relación? —dijo sorprendida.

—No voy a mentirte de alguna forma yo la amo y la necesito en mi vida —a ella le dolieron sus palabras, aunque no debería, ella era la intrusa después de todo.

—No entiendo cómo puedes amarla y engañarla con otra mujer su mejor amiga.

—No lo sé. Pero lo que sí sé es que voy a estar con ella para toda la vida.

—Bueno creo que será mejor que entre, será como si jamás hubiera sucedido —no quería ser más dañada con una proposición de la que no se sentía capaz de realizar.

—Gracias Caroline por comprender.

Caroline bajo la mirada y salió del auto sin mirar atrás ya que lagrimas corrían por su rostro.

Cuando entró al departamento vio a Jessie que salía a su encuentro.

—¡Por Dios! Caroline, estaba preocupada pensé que algo te había sucedido. ¿Qué sucedió?

—Mañana tenemos auditoria y estuvimos revisando algunos archivos.

—¿Por qué no me avisaste? —la preocupación de Jessie era palpable y ella estaba tan nerviosa.

—Lo siento no volverá a ocurrir. Ahora vayamos a dormir.

Estando en su habitación Caroline, recordó la manera en que había sido amada. Aunque entre sus brazos había sido muy feliz no podía dejar de sentirse una sucia traidora, no podía dejar de pensar que ella lo sabría tarde o temprano. Pero también deseaba con todo su corazón tener la fuerza para enfrentarlo a él, día con día en esa oficina. Las cosas jamás serian como antes, porque ahora sabía lo que significaba ser besada, acariciada, abrazada y amada por ese hombre prohibido.

A la mañana siguiente ella se encontraba trabajando tan temprano como siempre. Preparó el café, cómo a él le gustaba. Cuando llegó, ella lo saludo con una sonrisa al igual que él. De esa forma fingiendo que nada ocurrió transcurrieron tres semanas, cada día era una tortura para ella quien sentía cada centímetro de su piel arder ante el recuerdo de los besos y caricias que él le regaló esa noche. Sufría en silencio ese amor prohibido, luchaba por no caer rendida a sus pies y suplicar las migajas que solo podía ofrecerle si acaso el quisiera hacerlo.

No podía dejar de sentirse una ramera, pero lo peor venia cuando Elena le llamaba y la invitaba a comer o a salir a tomar un café. La rechazó en varias ocasiones, hasta que se quedo sin excusas. ¿Cómo decirle a tu amiga que no puede serlo más, porque se acostó con su pareja? Definitivamente no había frases o palabras para no dañar a esa persona tan querida.

—Hola Caroline. Me alegra que en esta ocasión hayas podido acompañarnos — dijo una alegre Elena, quien aguardaba su llegada en compañía de Jessie.

—Si, a mí también me da gusto. Pero ese jefe odioso que tengo…

Ese día compartieron Elena tan amable y llena de cariño para ella y Jessie, que le dolía y a la vez la llenaba de rabia, porque quería odiarla, pero no podía hacerlo en realidad.

Cuando regresó a la oficina lo hizo con la convicción de jamás volver a mirar ni pensar en él como algo más que su patrón y esposo de su única mejor amiga, pero todo eso se derrumbó, cuando entro a la oficina donde él estaba un poco ebrio sentado en la pequeña sala de su habitación de trabajo.

—Señor, he regresado. Se le ofrece algo. —él la miro de pies a cabeza mientras bebía su whisky, se relamió los labios saboreando los restos de la bebida. Ella hipnotizada ante la imagen de poder y lujuria que emitía sintió las piernas temblar ante el deseo que se posaba en su vientre y su centro.

De pronto le entraron ganas de salir corriendo de ahí antes de cometer de nuevo una locura. Se dio media vuelta dispuesta a salir...

—¡Caroline! — Acaricio a la vez que le llamó, ella quedo estatica tomando la manija de la puerta que la liberaría de otra traición o la condenaría en el infierno.

—No lo hagas —le dijo ella con voz poco convincente.

—¿No hacer qué? —le respondió él que sin ella darse cuenta ya estaba detrás suyo aspirando el aroma de su cabello y hablándole en el oído con voz ronca de deseo.

Su cuerpo temblaba.

—Necesito… tu cuerpo. —La giro y estando ambos de frente mirándose a los ojos no resistieron la lujuria de su mente y su carne.

De nuevo cayó en la tentación de lo prohibido, pero ya no podía hacer más, estaba perdida y enamorada como una tonta.

Su relación clandestina permaneció oculta durante dos meses hasta que Jessie los descubrió.

Eran las tres de la mañana cuando el auto color plata se estacionó frente al edificio. Jessie temía que su hermana anduviera en malos pasos pues llegaba casi siempre muy tarde, la notaba ausente en ocasiones, ya no platicaban acerca de sus secretos íntimos, ella parecía rehuir de su mirada y evadía sus preguntas. Quería saber quién era el hombre con el que ella estaba saliendo.

Esperaba medio oculta en la entrada del edificio, cuando vio estacionarse el auto de Ethan. Eso no la sorprendió, lo que lo hizo fue que él se bajó del auto para abrir la puerta del lado de su hermana y que cuando esta salió lo abrazó. Su boca se abrió en una o, lo peor vino cuando él se soltó de su agarre solo para recargarla en el auto y besarla como si quisiera tragársela. ¿Cuántas veces ambas vieron llorar a Elena cuándo decía que había discutido con Ethan? Caroline la había consolado, abrazado y llorado en una ocasión con ella. ¿Por qué lo hizo? ¿Por remordimiento? o ¿Por qué era una muy buena mentirosa? Sin poder contenerse llena de rabia, pero sobre todo de decepción ya quesu hermana representaba su heroína, su puerto seguro y era duro saber que no era quien ella había creído.

Salió de entre las sombras…

—Buenas noches señor Donovan.

Ethan se irguió soltando a Caroline. Al mismo tiempo se giró para mirar a Jessie.

—Jessie ¿Qué haces aquí? —preguntó Caroline.

—Me deje las llaves adentro, te llamé, pero tu teléfono estuvo apagado todo este tiempo, así que mientras le quitas el marido a tu mejor amiga yo estoy aquí a las tres de la mañana muerta de frío y hambre esperándote.

Ethan no sabía que decir, pero le molestaba que lo juzgaran a él y a ella.

—Jessie este no es el lugar apropiado para hablar, ¿por qué no lo hacemos adentro?—hablo él en tono autoritario como solía hacer, lo que le enfureció a Jessie.

—Disculpe señor Donovan, pero no tengo nada que hablar con usted. Caro, las llaves.

Jessie entró al departamento, esa fue la última vez que le dirigió la palabra a él. A pesar de que un día lo aprecio como aun familiar lejano tal vez un tío.

Caroline entró cinco minutos después a la habitación de Jessie.

—¿Por qué entras sin avisar?

—Jessie déjame explicarte.

—No hay nada que explicarme a mí, hazlo a ella. Solo te pediré un favor no quiero que jamás ese hombre ponga un pie en esta casa.

—No puedes prohibirme eso mocosa insolente. ¡Es mi novio te guste o no!

—No. No lo es. Es tu amante y como tal merece ser tratado. Si el entra yo salgo Caroline. No le diré nada a Elena porque eres mi hermana, pero no me pidas más porque no lo voy a tolerar cerca de mí.

—¿Me estas llamando Puta?

—No he dicho eso, pero tampoco te comportes como tal. ¡Sal de mi habitación! —Jessie no podía estar a favor de lo qué hacía su hermana. No cuándo ellas fueron testigos de la infidelidad de su madre, quien le había hecho un daño profundo a su padre. Jessie recordaba lo triste que era ver a su padre suplicando a su madre con lágrimas en los ojos. Por eso no podía entender cómo es que ella podía hacer ese daño a otros.

Caroline salió dando un portazo, furiosa. Entre ambas hermanas se abrió un enorme precipicio, su comunicación se había vuelto solo necesaria para las cosas superficiales de la casa, su camarería desapareció. Aun cuando Caroline intentaba acercarse a su hermana esta ponía una barrera impenetrable llena de reproches que era mejor evadir.

Pasaron los meses siendo ella la sombra de su amante, el secreto de Ethan. La oscuridad de la ignorancia de Elena. Fingiendo ser lo que ya no sentía, reclamando en secreto al hombre prohibido.

Pero como todo lo que empieza mal, acaba mal. Su relación terminó. La humillación que él le causo haciéndola hacer las reservaciones para su cena especial, las flores y toda esa estupidez que no fue capaz de realizar, la llenó de odio puro. Dejándose llevar por el sentimiento de los celos un mal consejero. Lo citó para aclarar puntos, quería convencerlo de la única forma en la que su relación se basaba, el sexo. Con lo que no contó, pero que le cayó como bendición fue la presencia de ella en el restaurante. Ella ahora creía que Ethan jugo con ella que la engañó de nuevo, esperaba que interpretara todo como una burla ya que había confesado sus secretos y dudas a la amante de su esposo. Ahora esperaba la ruptura y así poder ser feliz los dos.

Llegó al departamento pasada la medianoche, no sabía qué demonios se había apoderado de ella para sentir satisfacción ante el dolor de la que una vez considero su hermana, pero tenía que reconocer que su lado egoísta deseaba ser feliz y había ganado su batalla. Ya era demasiado tarde para arrepentirse ella ya sabía quién era su rival. La mujer con la que no podía competir por el simple hecho de que ella podía darle a Ethan lo que tanto deseaba en esta vida, si ella se hacia un lado o simplemente desaparecía de su camino.

Jessie no se veía por ningún lado cosa que no le importaba, estaba de cierta forma liberada. Ya no tendría que plantarse frente a ella y fingir una amistad que terminó cuando ella cruzó la línea de lo prohibido. Y tal vez fue por ese sentimiento de antaño que deseaba que Elena pudiera encontrar la felicidad con otra persona, Ethan no era para ella, ellos eran tan distintos que no concebía la idea de cómo fue posible que él se fijara en ella.

Después de tanto pensar se fue a la cama y durmió como hacia tanto que su conciencia no se lo permitía. Caroline estaba preparada para hacerle frente a la esposa de su amante.

A la mañana siguiente ella se levantó para llegar más temprano a la oficina y tener el tiempo suficiente para prepararse para lo que se avecinaba. Podía imaginarse a un Ethan furioso y diciéndole que todo se acabó, sabía que la echaría a petición de Elena. Aun así le diría que nada en ella cambiará a pesar de lo que diga. Le dejaría en claro que lo esperará el tiempo necesario hasta que se de cuenta que ya nada le espera con ella.

Cuando llega a la oficina nada de lo que pudo haber imaginado sucede. Las horas pasaron y él jamás llegó. Nicholas había estado ocupando el puesto de Ethan tomando las decisiones que había que hacer. Ella no tuvo el valor para preguntar por su jefe, ahora examante. No sabía los motivos de Ethan para no asistir a trabajar. ¿Es que acaso estaba suplicándole aun el perdón a su mujer? ¡Patético! Pensaba.

A la hora de la salida se topó con Diana la secretaria de Nicholas.

—Caroline, ¿sabes cómo sigue la señora Donovan?

—¿Perdón?, no sé de qué hablas.

—¿De qué más voy a hablar? Del accidente de la esposa de tu jefe.

—¿Cuál accidente?

—¿Es que no has hablado con tu jefe?

—No.

—Ayer que fue su aniversario se quedaron de ver en un restaurante, pero ella nunca llegó porque se accidento antes. Lo que escuche decir a mi jefecito fue que estaba en coma y que se estaba muriendo. No sabes, la señora Katlin y él, estuvieron toda la noche apoyando a la familia…

Caroline dejó de escucharla, sintió que el corazón le golpeaba fuertemente, y que las piernas se le doblaban, tuvo que sujetarse del respaldo de las bancas de la parada de autobús. No podía creerlo ¿Elena accidentada?, ¿muriéndose? No podía ser, cierto que quería que desapareciera de la vida de Ethan, pero no de esa forma. No le deseaba la muerte, ella había dado el apoyo a Jessie y seguía haciéndolo, sabía que con su distanciamiento Jessie había tomado a Elena para ubicarla en su lugar hasta que según Jessie ella recapacitara y dejara a Ethan. Elena, era tonta pero buena. No merecía la muerte, de pronto pensó en él. En lo terrible que debería sentirse lleno de culpa.

—….. Entonces ¿qué dices?

—¿Qué? Disculpa la noticia me impacto, ¿qué es lo que decías?

—Pues que todas las secretarias queremos darle el apoyo al señor Donovan, pero no sabemos si es conveniente que vayamos a verle al hospital. Ya sabes, que el sienta que su gente le apoya.

—No lo sé.

—Pero si tú lo conoces más que nosotros.

—No lo creo conveniente, además, es algo muy íntimo. Pero en cuanto hable con él le hare saber de su apoyo.

—De acuerdo.

Caroline llegó en taxi al hospital, pensaba que Ethan debía sentirse culpable por lo sucedido y ella también, aunque no dejaba de creer en que Elena era una mujer débil, tonta y mártir.

Caminó a hasta la recepción, pero no llegó a ella pues fue interceptada por Sophia, quien le sujetó del brazo enterrándole las uñas.

—¿A dónde vas?

—¿Qué te sucede? ¡Suéltame!

—Vamos a fuera, o ¿quieres que todos se enteren la clase de mujerzuela que eres? —escuchó la voz amenazadora de Quella a sus espaldas. No podía creerlo, ¡Ellas lo sabían!

Sin decir nada caminaron hacia el estacionamiento y se metieron entre dos autos estacionados.

—¡Maldita zorra! ¡Todavía tienes el cinismo de presentarte aquí! —le gritó Quella.

—Mide tus palabras no sé de qué me hablas.

—Ya no finjas lo sabemos todo —esta vez fue Sophia la que respondió.

—No pienses que ella está sola, nos tiene a nosotras.

—Me da gusto que las tenga a ustedes porque va a llorar cuando él la deje por mí. —Quella la abofeteo. Caroline la miró con una sonrisa burlona.

—¿Ya terminaste o quieres la otra mejilla? —le preguntó Caroline a Quella quien la miraba con ganas de asesinarla.

—¡Quella! —la llamó Emma quien había visto todo a distancia. Se acercó con paso decidido. —Hasta una prostituta tiene más clase al saber cuál es la posición que ocupa en la vida de un hombre adultero. Es obvio que usted al presentarse de esta manera tan sin vergüenza no la tiene. ¡Salga de aquí y no vuelva! Si tiene algo que hablar con mi hijo, hágalo donde siempre lo hacen, entre la porquería de sus bajas pasiones.

—No le permito…

—Usted no me permite nada "Señora" que no es más que el objeto de lujuria de un hombre vil como es mi hijo. ¡Largo!

Caroline salió de ahí con lágrimas en los ojos por la humillación de esa mujer era evidente que nunca la aceparía en su familia a menos que…

Quella miraba a su madre como si fuera su más grande heroína, con la boca abierta.

—Niñas no necesitan llegar a los golpes para poner en su lugar a la gente solo tienen que golpear su orgullo con dignidad.

Caroline llegó a su departamento con los ojos rojos, nada había salido como lo había planeado. Todos sabían ya de su relación prohibida. ¿Qué sabían ellos de amar?

Ethan caminó el largo pasillo que conducía hasta el consultorio de su padre. Tocó suavemente y cuando el hombre que le dio una familia le dio el pase, entró sintiéndose extraño.

—Buenas tardes. —Saludó.

—¿Buenas? —Preguntó Joshep con molestia — te cité para entregarte estos documentos, aquí encontraras todo lo que quieras saber sobre tus orígenes.

—No quiero saber nada.

—Ese es tu problema, cuando las cosas no te gustan las ignoras o las tratas de ver según tu lógica. Es por eso qué ahora tu vida es un desastre, no afrontas los problemas. ¡Ya madura Erhan".

—Ella me abandonó ¿Por qué querría saber de esa mujer?

—Un consejo más, antes de armar conjeturas y de hablar sin saber mejor investiga. En otras palabras, guárdate tus pensamientos para ti mismo. Es desgastante ver tanta destrucción provocada por ti.

—¿Por qué me hablas así? Soy tu hijo. Adoptivo o no, lo soy. Se supone que ustedes adoptan porque van a amarnos con o sin defectos. Aun cuando los hijos son de sangre eso no garantiza si serán buenos o malos. ¿Sabes? Al final ustedes son como yo. Piensan igual.

—De nuevo más mierda. Escúchame bien Ethan, preguntas por qué te hablo así. Porque en ocasiones los hijos necesitan mano dura, mostrarles la realidad de las cosas. Siempre lo tuviste todo, nunca tuviste carencias de ningún tipo. Dinero, carros, novias todo en esta vida se te dio sin ningún esfuerzo de tu parte haciéndote un egoísta, manipulador caprichoso y patán. Te encerraste en una burbuja de perfección que no existe. Emma, está molesta y dolida, se pregunta qué hizo mal para que tú resultaras la clase de hombre indeseable que no necesita el mundo. Yo le respondo: "Nada Emma no has hecho nada mal" Te dimos comprensión apoyo incondicional para todo lo que has decidido emprender, no sé en qué momento te desviaste del camino, pero lo hiciste y aquí está frente a mí el resultado. Bien entonces quédate solo y aprende a resolver tus problemas, mira tus errores y aprende de ellos madura. La próxima oportunidad que tengamos de charlar espero ver en ti un mejor ser humano, un buen hombre.

—Siento haberlos decepcionado. Voy a intentar ser un buen hombre.

—¿Intentar?

—Voy, hacer un buen hombre, del que se sentirán orgullosos. — dijo Ethan más para si mismo que para su padre.

Salgo de la oficina de mi padre con la convicción de ser una mejor persona, pensando en lo estúpido y poco hombre que he sido; un mal hijo, un mal esposo y un mal ser humano. Sé que el daño que causé a aquellos que me aman fue demasiado y que posiblemente me merezca su desprecio. Lo único que me queda es tratar de enmendar mis errores, de buscar su perdón.

El sobre amarillo que llevo en mis manos habla de ese pasado oculto. Solo me pregunto ¿Por qué nunca me dijeron la verdad?

Camino hacia ella, aun no despierta. Mi padre no ha querido decirme que es lo que ocurre, ni cuál es su estado, sé que merezco no saberlo y que lo hacen para darme un escarmiento. Ella había dejado de importarme y ahora sé lo que se siente ser olvidado por los que crees que te aman ¿ella se habrá sentido así?, olvidada, no saber que es de aquella persona tan amada. Encontrándote lo suficientemente cerca para observar, pero a la vez tan lejos para saber.

Entro a la habitación, la observo dormir tan pacifica como si lo que estuviera soñando fuera hermoso el paraíso tal vez, me pregunto si entre esos sueños alguna vez estoy yo, como cuando éramos felices.

Los cinco minutos han transcurrido y debo salir. Me acerco a ella le pido que vuelva, le hago saber que la amo.

Ethan había pasado el día en un rincón en la sala de urgencias del hospital, no había querido separarse del lugar, de Elena. Él estaba seguro de que ella despertaría en cualquier momento y su deseo era estar ahí. Pero las llamadas de Nicholas acerca del caso lo tenían nervioso. Haciéndolo dudar acerca de las capacidades de su gente en el caso. Estaban perdiendo.

A la mañana siguiente fue al departamento a bañarse y cambiarse de ropa, durmió un par de horas y fue directo a la oficina, a verificar los avances del caso antes de regresar al hospital. Se sorprendió al encontrar a Caroline ahí, por un momento pensó que ella se marcharía que les evitaría la amargura la vergüenza y el mal rato, pero al ver su cinismo su un torrente de furia lo baño entero. Tenia los labios apretados intentando encontrar la manera menos agresiva de echarla.

—Señor Donovan…

—Pasa a recursos humanos por tu finiquito y una indemnización por tu despido injustificado.

—¿Es por lo que sucedió con tu madre y tu hermana ayer?

Ethan qué había avanzado ya un par de pasos, se detuvo en seco al escucharla. ¿Qué demonios había ocurrido?

—¿Qué? ¿De qué hablas?

—Ayer fui a buscarte al hospital….

—¿Por qué mierda hiciste eso? —Ethan camino hacia ella con los ojos inyectados en sangre por la furia contenida.

—Porque se cómo te sientes. Yo me siento…

—Tú no tienes ni una puta idea de cómo estoy. No me hagas llamar a seguridad, tienes diez minutos para irte y no volver jamás.

—Solo te diré que te amo y que estaré esperándote.

Caroline salió sin esperar respuesta por parte de él. Cuando cerró la puerta detrás de sí escucho un estruendo. Tomó su bolso fue a recursos humanos dónde ya la esperaban con el papeleo.

Pasaron los días y Caroline no podía superar el rechazo de Ethan. Sin saber lo que sucedía en la vida de Ethan. Todos los días leía los periódicos matutinos en busca de noticias acerca de él, por mucho que no le gustara una parte de ella la egoísta, buscaba el titular de la muerte de la esposa del mejor abogado de Chicago. Sintiéndose cada día más amargada arrojó el periódico.

—¿Por qué no has asistido a trabajar? —preguntó Jessie, sin obtener respuesta de Caroline quien seguía sumida en sus pensamientos. —Ayer fui a casa de Elena y no la encontré, su celular ha permanecido apagado o bien no ha querido responderme, tú no has ido a trabajar, tu amante no ha llamado ni se ha aparecido por aquí. Ella al fin lo sabe ¿cierto?

—Sí. —respondió con voz apagada.

—Supongo, piensa que yo también jugué con ella.

—Tuvo un accidente el día que lo supo.

—¿Qué? Pero ¿Cómo sucedió?

—No lo sé solo que esta en estado de coma o al menos fue de lo que me enteré. Pero a este tiempo supongo su estado ha cambiado.

—¿Cuándo pensabas decírmelo?

—Solo te preocupas por ella, ¿qué hay de mí? Ni siquiera me preguntas como estoy. Ethan terminó conmigo y me echó de la oficina pagando muy caro mi silencio como si fuera una cualquiera, cuando fue él quien me pidió que viviéramos juntos.

—Vaya hasta que el patán salió a la luz. Te lo dije, él no era de fiar. No te quejes ni te hagas la victima yo muchas veces te dije que él no te amaba.

—¡No seas cruel! —le dijo Caroline con una mano en su pecho y la otra la mantenía hacia enfrente intentando protegerse de las palabras de su hermana. Las lágrimas caían de sus ojos dejando un camino en su rostro.

—¿En qué hospital esta?…

Capitulo 45 Esperándote.

.

Han sido 10 días viéndola dormir, porque para mí es eso lo que ella está haciendo en este momento. Y yo esperaré por Elena hasta que ella quiera dejar el mundo de los sueños y volver a la realidad, volver a mí.

Salgo de la habitación y me encuentro con Quella quien esta esperando por el pase para entrar a verla, hacerle compañía. Se lo entregó y no resisto, la tomo de la mano y sorprendiéndola la abrazo.

—¡Perdóname! —lloro por haber perdido a mi esposa, a mi madre y mi padre. A ella mi hermana mi compañera de juegos y aventuras. Duele.

No me toques Ethan, mi madre biológica es una loca que esta en un sanatorio, puede que yo también desarrolle su enfermedad. Por lo que te evitare la pena de tener una hermana adoptiva enferma incurablemente. —me dice con crueldad en sus palabras mientras trata de soltarse de mi abrazo. Lagrimas recorren su rostro. Quiero cortarme la lengua.

Escúchame Quella, por favor solo un momento. —la miro a los ojos y puedo ver su dolor, sé que el enterarse de su vida anterior ha sido un impacto fuerte tanto para ella como para mí, lo sé y veo su miedo, es el mismo que el mío.

Ya has hablado demasiado y me duele ver que eres un monstruo de corazón.

No Quella, no quería hijos adoptivos porque no me creía capaz de soportar una pena tan grande de perderlos. Escúchame ¿recuerdas a Nick? él y su esposa adoptaron, la niña resulto tener un retraso mental, no sé muy bien. Pero cuando Nick lo supo sufrió demasiado, ellos aman a la pequeña Nat, pero aun así cuando me habla de la forma que las personas la miran no me sentía con la fuerza para resistir algo como eso. Pero quiero que sepas que tú eres mi hermana, de sangre o no, lo somos y no me importa quienes son tus padres o si puedes desarrollar una enfermedad mental, yo siempre estaré contigo porque sé que tú nunca me abandonarías en algo así. Te amo. Piénsalo por favor. —Supliqué soltándola de mi agarre, deposite un beso en su frente disponiéndome a dejarla en paz, cuando ella me llamó…

¡Ethan!… —me giro para mirarla. —Tengo miedo.

Corre a mis brazos como cuando éramos niños jurando que debajo de su cama había un monstruo que quería llevársela, la envuelvo entre mis brazos tan fuerte y lloro con ella. Sabia la sensación de sentirse perdida, ella sabía su procedencia y no me atrevía a descubrir de donde provenía yo. ¿Cobarde?, tal vez, pero en este momento no me siento capaz de resistir más. Tengo que apoyar a mi hermana y tengo que hacer que mi esposa vuelva y mi madre… aún tengo que suplicarle perdón por mi ofensa.

Shhh, pequeña todo saldrá bien. ¿Quieres hablar sobre eso?

Mamá vendrá en una hora, tal vez podamos hablar.

De acuerdo hablaremos. Estaré en la cafetería esperándote.

Sí.

Entro a la cafetería y mi teléfono suena, es Nicholas.

Buenos días Nicholas. —saludo sin ánimos.

Ethan ¡Ganamos el caso! El infeliz estará veinte años dentro.

Suena bien. —digo realmente sin interés.

Lo siento no debí molestarte con esto, pero sé que el caso era muy importante para ti, sobre todo por el chico. ¿Cómo esta Elena?

No lo sé. —digo con profunda tristeza.

Se rehúsan a decírtelo, —chasqueó la lengua —le diré a mí esposa que le pregunte a Emma y te diremos. —rio por ver hasta que punto he llegado para saber de ella.

Gracias.

Me despido y todo en la oficina esta muy bien.

Capítulo 46

Hoy en el doceavo día estoy con ella, velando sus sueños, pero algo ha cambiado, porque ha comenzado a mover sus dedos, al principio pienso que estoy alucinando, pero vuelve a suceder, la veo fruncir el ceño y me levanto de mi asiento para acercarme a ella, entonces poco a poco abre sus ojos. Ella ha despertado, pero cuando trato de buscar el brillo en su mirada me horrorizo, pues este no está, tan solo hay vacío y dolor. Quiero llorar y decirle tantas cosas, pero las palabras no salen de mi boca. Una lágrima sale de esos ojos y sin dejar de mirarme a las 16:46 hrs su corazón deja de latir.

Pronto un mar de gente entra al cuarto yo retrocedo chocando contra la pared horrorizado, asustado… miles de imágenes pasan por mi cabeza, en mi pecho un hoyo comienza a destrozar todo dentro de mí. Una enfermera me toma del brazo y me arrastra a la salida de aquella habitación. Lo único que alcanzo a ver es a ella rodeada de médicos intentando resucitarla, la puerta se cierra frente a mí. Mi cuerpo se mueve involuntariamente hasta toparme con la pared, instintivamente coloco mi mano en el bolsillo de mi pantalón y encuentro nuestra foto de bodas. Ella es hermosa.

Un mar de lágrimas baña mi rostro, una mujer se acerca y me abraza. No puedo ver su rostro, pero percibo su aroma. ¡Es mi madre! Sus brazos tratan de aliviar mi dolor, es imposible. Me siento desfallecer, mi cuerpo no responde a nada solo al deseo infinito de seguir llorando y lamentándome.

No sé cuánto tiempo ha pasado, yo solo estoy aquí llorando recordando cada minuto de mi vida con ella, desde el momento en que la vi de pie en esa fiesta mirando a los chicos bailar y divertirse mientras ella estaba perdida en sus pensamientos. Su mirada cuando me vio por primera vez. Su primera sonrisa dirigida a mí, mi niña tímida, mí amada mujer. Ahora que la conozco un poco mejor puedo decir que la amo más ahora que sé que no es perfecta, solo un hermoso ser humano que a pesar de su dolor y sus demonios me amó. Si los médicos no pueden traerla de regreso a mí no me importa vivir porque ahora estoy seguro qué, su amor es lo único valioso que tengo, sin su existencia en este mundo mi vida no tiene sentido. Solo quiero que viva, que sea feliz. Qué más da si no está a mi lado, no importa, yo la amo, puedo decirlo con seguridad, es por eso por lo que quiero que viva.

Después de un tiempo mi padre se acerca a nosotros me mira con tristeza y enojo. Me deshago del abrazo de mi madre poniéndome de pie quedando frente a él. Lo miro a los ojos, intento hablar pero las palabras no salen de mi boca. Lo intento de nuevo, no puedo. Las piernas me tiemblan no puedo mantenerme erguido, mi madre da suaves masajes a mi espalda no me había dado cuenta que me faltaba el aire, me tranquilizo solo un poco y miro de nuevo a mi padre.Él sabe lo que quiero saber…

Su corazón late —me dice. —Emma necesitamos hablar ve a mi consultorio.

Algo está mal, lo veo en sus ojos, lo siento. Ella no está bien. Mi padre está apunto de marcharse, lo detengo sujetándolo de la manga de su bata. Se detiene, pero no me mira.

—¡Por favor! —le suplico. Puedo ver la batalla que lleva por dentro.

De acuerdo.

—¡Gracias!

Caminamos en silencio, cuando entramos a su consultorio, ya puedo respirar un poco más. Mi madre ya estaba esperándonos, me senté a su lad y, ella me toma la mano.

¿Qué ocurrió? —pregunta mi madre, su voz es temblorosa.

Tuvo un infarto…

Pero estará bien ¿cierto? —Emma lo interrumpe.

Esto es más grave de lo que pensé. —mi madre y yo no le quitamos la vista de encima. Mi padre suspira. —Leí su historial y sus análisis hasta ahora. Al principio mi temor eran las secuelas que podría tener debido al golpe en su cabeza, por el accidente. Ahondando en su condición descubrimos otras cosas.

¿Qué cosas? —pregunto sin poder evitarlo, mi padre me mira con furia y dolor.

Anorexia nerviosa. —Emma me sujetó la mano con fuerza. La mire, ella mantenía los ojos cerrados.

Eso fue lo que me dijo el doctor (verificar nombre), también me dijo que estaban alimentándola. —dije.

Elena va a salir adelante, es una chica fuerte. —dijo mi madre.

No es tan fácil. Según los estudios Elena no ha ingerido alimento alguno en aproximadamente 17 días, a excepción de líquidos y laxantes que encontramos en su estómago. (verificar capítulos anteriores)

Pero podemos llevarla a una clínica donde le ayuden a superar el problema. Que hay de la fundación de "Un nuevo Amanecer" a la que asististe para dar pláticas, dijiste que ellos se especializaban en trastornos alimenticios. —mi madre era optimista pero tan solo debía mirar el rostro de mi padre para saber el trasfondo de sus palabras. Estaba tan impactado por ser tan ciego y no mirar la verdad de todas las mentiras de Elena, cuando decía que comería con Quella, su desayuno, un maldito vaso lleno de no sé qué porquería.

Cuando no es tan severa es más sencillo, pero al parecer Elena tiene años llevando la pérdida de peso a cuestas, — recordé su diario, ella tenía el problema desde su adolescencia y parte de su infancia. —Solo que al parecer la depresión resultado de su mala vida con Ethan —mi padre me mira con reproche, yo bajo la mirada —agravo la enfermedad. Ella de alguna manera se dejó morir, lenta y dolorosamente.

No entiendo… —dije soltándome de mi madre y poniéndome de pie. —¿A dónde quieres llegar? —Estaba cansado de las medias tintas de todos, de mis padres de Elena. ¿Qué demonios pasaba?

Elena esta sufriendo las consecuencias de la enfermedad en este momento. Su corazón se encuentra demasiado debilitado, tanto que sufrió un infarto del miocardio, las arterias no bombean la suficiente sangre a su cuerpo por falta de nutrientes y su corazón simplemente esta fallando.

¡Pero si ya la están alimentando debería mejorar no empeorar! —grite sin poder contenerme.

No es así de fácil. Su cuerpo no puede recibir alimento, la inanición a la que se sometió modifico todo su metabolismo, cuando despierte ella no podrá comer por sí sola , porque su cuerpo, a pesar de necesitar los nutrientes para vivir, no puede tolerarlos.

Entonces morirá. ¡Ella morirá! ¡Es lo que quieres decir! —dijo mi madre aterrorizada. Yo niego con la cabeza ella no podía morir, no lo merecía. No podía ser. Deje caerme de nuevo en la silla sin fuerzas, incapaz de sostenerme con mis propios pies.

Por el momento lo único que podemos hacer es ponerle un marcapasos.

¿Por qué no la colocas en la lista de espera? —pregunto.

No la admitirían por la anorexia.

¿Pero por qué? Ella tiene tanto derecho como las demás personas a estar en esa lista —dijo mi madre furiosa.

Tal vez, pero las demás personas no se provocaron su desgracia a sí mismas. Porque, aunque Ethan sea el gran culpable de lo que paso, fue Elena la que se provocó los daños en su cuerpo. —Las verdades de mi padre me lastimaron como si fueran dagas incrustándose en mi pecho poco a poco.

—¡Está bien! Haz la operación, colócale un marcapasos y ella se recuperará. —le dijo mi madre con esperanza.

El asunto es más grave que simplemente colocarle un marcapasos, Emma. Ella no califica para esa operación, esta tan debilitada que muy probablemente morirá en mi mesa de operaciones antes de si quiera colocarlo. — dejo de respirar, todo es silencio, después halo mis cabellos con desesperación ¿No hay esperanza?

No podemos dejarla morir así —Mi madre fue la primera en hablar, yo no podía, me encontraba llorando y desesperado.

No tenemos otra opción. La junta de trasplantes se niega a hacerla admisible, un marcapasos podría matarla y si no ayudamos a su corazón de alguna manera ella simplemente... morirá.

Me niego a dejarla morir sin luchar, la abandone una vez, no volvería a hacerlo. Ella es fuerte, lo sé. Porque ahora la conozco. Me puse de pie, poniendo mis manos en el escritorio de mi padre inclinándome sobre este. Lo miré a los ojos y le dije…

Sé que no tengo voz ni voto. Pero se lo debo papá, no voy a abandonarla esta vez. Opérala. Haz la cirugía.

Ethan. ¿No escuchaste lo que dije?

Ella morirá de todos modos. ¿Por qué no hacerlo tratando de salvar su vida? —dice mi madre apoyando mi punto.

Mi padre guardo silencio unos minutos.

Esta bien. Solo necesito que comprendan lo que les explicare. Si sobrevive, necesitara muchos cuidados pos-operatorios. Sin contar el hecho de que un marcapasos solamente podría utilizarlo en un periodo corto. Después de eso tendría que volver a operarla para remplazarlo por otro y así sucesivamente.

Yo cuidare de ella, tú y yo. —Mi madre señala a mi padre y así misma — Ella se quedará con nosotros. Eso será por su bien Ethan, espero lo comprendas. Le has hecho mucho daño y no eres bueno para ella en este momento. No hasta que ella se recupere, y pueda decidir qué hacer con su vida. Comprendes la magnitud de tu daño ¿Verdad?

Si, lo sé. Lo que sea, pero lo único que quiero es que ella este bien, que viva. —les dije a ambos.

Prepararé todo para la operación. —dijo finalmente mi padre, saliendo de la habitación.