Capítulo 47

El dolor en mi cabeza me hizo salir de mi inconciencia, me encontraba un poco confundida, pero cuando pude abrir los ojos completamente me di cuenta de que estaba en un lugar desconocido. Los cerré nuevamente y las imágenes llegaron poco a poco a mi mente. Él me engañó con una de mis mejores amigas. ¿Por qué de tantas mujeres en el mundo tenía que ser ella? Suspiro, lo que me ocasiona un enorme malestar, miro a mí alrededor y comienzo a sentirme ansiosa. Emma entra a la habitación y me mira con asombro para después sonreírme.

Elena no te muevas, espera un momento llamare a Joshep—Asentí levemente.

¿Qué sucedió? —estoy confundida.

No recuerdas el accidente. —me pregunta Emma.

Sí. ¿Qué, me paso? —Lo recordaba pero sobre todo lo que ocurrió antes, su traición.

Vi a Joshep entrar en ese momento, se acercó con una sonrisa amable.

Me explicó mi estado clínico, de forma tranquila y pausada. No podía creer que tengan que ponerme un marcapasos, ellos me dicen que estoy enferma, que tengo anorexia nerviosa.

Van a operarme y debo estar despierta, la cirugía será con anestesia local, Joshep me ha explicado que debe ser así o podría no volver a despertar.

Capítulo 48

Me encontraba caminando como un león enjaulado, desesperado, mortificado, asustado y rogando a los cielos una oportunidad para ella. Mi madre se encuentra sentada en la pequeña sala de espera junto con Quella y Sophia. El silencio se ve interrumpido solo por mis pasos.

Las horas pasan en una lenta agonía, tan solo han pasado tres horas, pero han sido las más largas de mi vida, hasta que por fin mi padre sale por las puertas por las que conducían hasta ella, mi corazón.

Emma se levanta de su asiento junto con Quella y Sophia.

Hasta ahora la operación ha sido un éxito, solo hay que mantener los cuidados necesarios para su progreso. — No me había dado cuenta de que contenía el aire hasta que mi padre apretó mi hombro en signo de apoyo.

Entonces… ¿Está fuera de peligro? —Preguntó Quella.

En cuanto a la anorexia será necesario enfrentarla a su situación. He llamado a mi amigo el Dr. Peter apellido el vendrá personalmente a evaluar el estado de Elena, en cuanto se encuentre mejor.

¿Cuánto tiempo más se quedará en el hospital? —Fue mi madre quien en esta ocasión pregunta.

Al parecer no sufrió daños a nivel cerebral debido al golpe. En cuanto a la operación serán 8 días los que quiero que este aquí, en observación. Si no hay más complicaciones ese sería el tiempo que estará aquí. En cuanto a su anorexia repito el Dr. Peter nos dará su diagnóstico.

Papá gracias por salvarla. —le dije desde lo más profundo de mi corazón.

Es mi deber como médico. —Sin decir más se aleja.

Capítulo 49

Durante la operación comienzo a recordar esos sueños extraños y comprendo que solo eran recuerdos de cosas que había hecho y que me han perjudicado a la larga. Mi deseo por agradarle a él, pero más que nada por agradarme a mí misma. Querer ser una persona distinta, una mejor y más bonita persona, fue lo que ocasiono que tomara las decisiones equivocadas. Recordé a la niña, a la adolescente, a la joven y a la esposa todas ellas una sola, sus sufrimientos, sus inseguridades, su autoestima y amor propio inexistente. En el fondo de mi corazón sé que es verdad, pero me niego a aceptarlo.

Ahora después de la operación la mayor parte del tiempo estoy sola, lo que me ayuda a pensar y analizar mi vida. Me pregunto ¿esto es lo que quiero?, ahora es como abrir los ojos a la realidad y me doy cuenta qué no fue por amor mi mentira, no fue por amor el haberlo perdonado cuando me golpeo, no fue por amor pasar cada una de sus palabras hirientes por alto, sus infidelidades y sus humillaciones. No, la realidad es más oscura y escalofriante. Fue por egoísmo. Sí, yo no quería perder al hombre hermoso, las envidias de las mujeres al mirarme al ir de la mano con él, porque por primera vez era envidiada. Sin querer perder a la única persona que por tan solo un momento me hacía sentir hermosa bajo sus caricias, tampoco a la única familia que tenía, él. Yo mentí porque no soportaba el hecho de hacer humano e imperfecto a mí príncipe. No, yo era la mala, la fea, la defectuosa no él. Prefería mentirme a mí misma y hacerme creer que yo era la culpable.

Ahora ya no quiero ser débil, ya no quiero depender de él. Quiero salir adelante por mi propio bien, tengo la necesidad de amarme a mí misma. Pero antes debo aprender a hacerlo. Él ha querido verme desde que desperté, Quella me lo dicho, pero yo no quiero enfrentarme a él. Tengo miedo porque a pesar de todo lo quiero, y se ha convertido en mi droga personal. Él es dañino para mí, pero aun así deseo estar a su lado. Por eso no puedo verlo, temo recaer en mi vicio por él.

Otro día más aquí ¿hasta cuándo podré marcharme? Quieren hacerme ingerir sólidos. No puedo, quiero hacerlo, pero algo en mi lo rechaza y vomito.

Un médico ha venido a visitarme, él es especialista en trastornos alimenticios.

Buenos días Elena. —Saluda Joshep — este es el Dr. Peter del que te hable. Dr, ella es mi nuera Elena.

El doctor me saluda con amabilidad y confianza. Me examina, bajo mi atenta mirada. Me he vuelto aún más callada que antes, no deseo hablar ni expresar lo que siento, porque por muy extraño que parezca no siento nada, es como si hubiera muerto por dentro.

Elena voy a hacerte unas preguntas.

Necesito ayuda —dije sin emoción alguna cortando lo que iba a preguntarme. Para que darle vueltas al asunto, era mejor ir directo —tengo un problema y no puedo solucionarlo sola. Quiero…—no puedo continuar porque no sé qué más decir y el Dr. Peter lo entiende, él asiente y con su mirada me lo dice. —Joshep me dijo que viene de una clínica.

¿Quieres que te hable de ella? —me pregunta.

Sí.

Capítulo 50

Jessie llegó al hospital una hora más tarde llevaba su pequeña mochila en forma de oso. Entró y se dirigió a paso lento a la recepción. Las piernas le temblaban y se sentía muy mal. No quería llorar, pero sin saber el estado actual de su adoptada hermana mayor tenía el nudo de sentimientos atorados en su garganta.

—Disculpe quisiera pedir informes del estado de la Señora Elena Donovan y ¿Cuál es el horario de visitas? —la enfermera la miró de mala gana. Acababa de iniciar su turno. Su compañera anterior había tenido tanta urgencia por salir que solo le dijo que una Sophia W. llegaría por el permiso de visitas. Sólo ella estaba autorizada por la familia para que pudiera ver a la paciente. Suponiendo que era ella le entregó el permiso.

Jessie no dijo nada, caminó al elevador y entró. Subió al piso 6to, estaba nerviosa la enfermera no le dio el informe alegando que solo el medico podía hacerlo. Pero no quiso insistir ya que temía no la dejaran pasar a verla, por ser la hermana de la amante de su marido.

Caminó por el amplio, silencioso y sombrío pasillo hasta encontrar la habitación 608.

Abrió lentamente la puerta sin saber que encontrarse, todo estaba en silencio. Cuando la vio estaba conectado a unos aparatos que marcaban el ritmo de su corazón. Pensando en que se encontraba dormida tomó valor y se acercó. Cayeron lágrimas de sus ojos, buscó en su mochila algo con que limpiarse y entonces la escuchó.

—¿Desde cuándo que lo sabes? —Jessie se quedó paralizada, lentamente subió la mirada hasta toparse con la de ella. Retrocedió un paso, el semblante de su rostro no era el mismo, siempre amable y lleno de ternura. Sus labios no mostraban esa sonrisa cálida con la que siempre recibía a todos. Ella sin poder evitarlo se soltó a llorar como niña pequeña.

—Lo si..ento— decía entre sollozos. —lo siento, nunca quiso escucharme.

—Tal vez ella no, pero yo sí. —dijo con dificultad.—Perdóname, estaba entre la espada y la pared. No podía elegir.

—Entonces yo tomare la decisión por ti. —Jessie, paró su llanto y la miró a los ojos. No había rencor, ni dolor solo indiferencia. —Sal de aquí y no vuelvas jamás. Nunca más te atrevas a cruzarte en mi camino.

En realidad Elena no podría sentir rencor por Jessie, la había amado como su pequeña hermana, pero estaba consiente que en realidad no lo eran y que Caroline era su verdadera familia, su lealtad debía ser por su amada madre y hermana Caroline.

Jessie abrazó su mochila. Se sentía tan perdida como cuando murió su padre.

—Yo te quiero y espero algún día puedas perdonarme. Gracias por todo Elena, lo siento tanto. —Se giró y salió de ahí.

No hay nada que perdonarte Jessie dijo Elena una vez que la joven se había ido.

Capítulo 51

Jessie entró al departamento con el rostro bañado en lágrimas.

—¿Qué paso? ¿Cómo esta? —preguntó Caroline quien todavía continuaba con su camisón de dormir despeinada y el rostro hinchado por el llanto.

—Esta despierta, no sé su estado ella no quiere verme. —Jessie se dirigió a su habitación dejando a una pensativa Caroline.

"Bueno, entonces está viva… Bien, Elena ha llegado el momento de hablar de mujer a mujer"

He estado fuera del hospital por dos días viéndolos entrar y salir del hospital. Ahora ella se encuentra sola y esta es mi oportunidad para hablar con ella.

Llego a la recepción y pido el pase para verla. Camino hacia su encuentro. Abro la puerta y la veo mirarme desde la cama.

¿Qué haces aquí? —me pregunta sin rodeos.

A pesar de lo que creas estoy preocupada por ti y por Ethan, él se siente culpable. —le digo con culpa. Ella no deja de mirarme. —Siempre quisiste saber quién era la mujer que te robo su corazón. Pues aquí me tienes.

Ella sonríe. Pero no dice nada.

Sé que lo amas Elena. Por eso te pido que lo dejes ser feliz.

¿Dónde crees tú que esta su felicidad? —me pregunta.

Al lado de la mujer que le ha dado lo que tú no has podido. —ella sigue mirándome sin dejarme ver sus sentimientos. —Un hijo.

Entonces comienza a reír y la furia comienza a crecer dentro de mí.

¿Cuál es la broma? —le digo con mis manos en mi vientre. —¿Crees que puedes burlarte de mí bebe solo porque fue procreado de un amor prohibido?

No, claro que no. Tú bebe no tiene la culpa de tus errores.

Mi amor por Ethan no es ningún error.

¿Qué quieres Caroline? ¿Qué te deje el camino libre? Pensé que habías dicho que tienes su corazón, entonces… ¿A qué vienes? Si él es tuyo ira a ti como siempre ¿no es cierto?

Te tiene tanta lástima que cree que debe permanecer a tu lado solo por el hecho de que nunca podrás tener hijos. Cree que no encontraras a nadie quien te ame con tu defecto.

Entonces lo liberare, no porque tú me lo pides, o porque yo lo ame tanto… lo hago por mí, porque yo no me merezco tener a mi lado a ese traidor. Solo espero seas lo suficientemente mujer para retenerlo a tu lado. No lo quiero tocando mi puerta cuando lo haya apartado de mi lado y se dé cuenta de la clase de ser humano que eres.

No te preocupes yo si soy la mujer que necesita.

Eso espero, hoy lo dejare libre, más vale que le digas lo de su hijo, eso ayudara que vuelva a ti con o sin remordimientos.

Espero que encuentres la felicidad y el amor como yo lo he encontrado.

Gracias Caroline, por ser tan buena amiga que has decidido quitarme de encima una mierda de hombre, gracias por mostrarme lo idiota que estaba. Realmente eres la mejor de mis amigas tan considerada y buena. Ahora que te he agradecido ¡Lárgate!

Capítulo 52

Elena se ha negado a verme, desde que despertó. Yo he obedecido sus deseos, después de lo ocurrido la última vez que nos vimos no me arriesgo a otra crisis por parte de ella. Sé que lo mejor en estos momentos es su tranquilidad. Pero aun cuando no me desea cerca yo estoy aquí detrás de su puerta a su alcance para cuando ella disponga de mí.

Han pasado cuatro días desde su operación, mi hermana me ha dicho que no ríe, pero tampoco llora, de hecho, no muestra ningún tipo de emoción en su rostro. Mi padre está preocupado por su conducta.

Ahora estoy en la oficina arreglando algunos asuntos pendientes, Caroline interrumpe en la oficina con mi pobre secretaria detrás de ella.

—¡Ethan, necesito hablar contigo! —me exige.

Señor disculpe ella me ha empujado. —dice la muchacha, haciéndome enfurecer con Caroline todavía más. ¿Quién es ella para maltratar a mi personal?

Retírate… ¿Qué haces aquí? ¿No te pagué lo suficiente para que me dejes de molestar? —le dije para herirla por su actitud arrogante.

¿Ahora soy una molestia? Estoy aquí porque hay algo que te corresponde saber —me dice, sinceramente no hay nada que quiera yo saber de ella.

Dime y vete —le pido para terminar con esto lo más rápido posible, verla frente a mí me da asco porque me recuerda lo imbécil que fui al enredarme con ella.

—¡Estoy embarazada! —Ese cuento a otro. ¿Qué demonios le sucede? Que bajo ha caído tratando de atarme de esa forma. Ilusa.

Felicítame al padre. —le digo mirándola a los ojos con frialdad.

¿Qué? ¡Ethan tu eres el padre! —me grita y yo rio porque algún día en el pasado pudo haber sido una noticia maravillosa. Pero ahora no lo es —¿Por qué te ríes?

Aquí hay dos cosas la primera o estas mintiendo o tienes otro amante.

¿Qué? No lo puedo creer, después de todo lo que te he dado ahora me dices que este hijo no es tuyo.

¿Qué se supone que me has dado Caroline? —le pregunto, pues he sido yo el que le dio a ella, comprando su compañía, ¿es que nunca se dio cuenta?

Te di mi virginidad, mi dignidad, traicioné a mi amiga por ti y todo para que me digas Puta.

No pongas palabras en mi boca Caroline, si eso te consideras es tu opinión no la mía. Ahora déjame recordarte que no te he obligado a estar conmigo y tampoco te he mentido. Yo te dije lo que buscaba de ti. Tu cuerpo, solo eso.

Pero tú me amas. —¿Amarla? Para nada. Eso jamás ocurrirá, no en esta vida.

Jamás te he dicho semejante mentira. Nunca te engañé o te prometí nada.

No era necesario que me dijeras que me amas. ¡Íbamos a vivir juntos!¡Tú me lo pediste! —Ella trata de chantajearme emocionalmente, llora. Pero si eso no funcionó con Elena menos lo haría con ella. Sí, sigo siendo un maldito hijo de puta. Y hablo de la desgraciada maldita que me abandono. Pero ya me había comportado bastante bien con ella cuando terminamos, ahora ha cruzado mi límite.

Sin compromiso. —le digo con frialdad.

Pero estoy embarazada, ¿qué voy a hacer? —vuelve a intentar la vieja táctica, tan vieja como lo es la profesión más antigua del mundo.

Decirle al verdadero padre —le aconsejo.

¡Tú eres su padre! —insiste sacándome de mis casillas.

¡No! ¡Mientes! —Le grito —¡Yo soy estéril Caroline! — Le digo apuntándome a mí mismo —. No era Elena soy yo….

Ahora entiendo su broma y porque ella se reía, estaba burlándose de mí. Maldita mosca muerta Elena realmente quería que yo cometiera ese terrible error.

Me mentiste, para acostarte conmigo. —le digo.

No, me lo confeso hasta antes del accidente. Basta ya Caroline, vete y no me busques más.

Tú y tu perfecta mujer ¡váyanse al infierno! —le grito sin contener mi furia.

Salgo de ahí sintiéndome estúpida y vacía; ambos se burlaron de mí. Ella ha hecho que me humille de la forma más cruel.

Llego al hospital y aún tengo el mal sabor de boca por la noticia y pelea con Caroline. No puedo creer lo bajo que ha caído para retenerme a su lado. Pero aun cuando ese hijo hubiera sido mío yo no volvería con Caroline. Cuidaría de que no le faltara nada a él, pero no volvería a cometer el mismo error.

Capítulo 53

Quella me ve llegar…

Elena esta esperándote, quiere verte. —mi corazón comienza a latir apresuradamente. ¡Ella quiere verme!

Gracias. ¿Papá va a darla de alta mañana?

Si, de hecho, mañana mismo ella se internara en la clínica. Mi padre me ha dicho que ocupara una enfermera personal y exclusiva para sus cuidados especiales.

Yo correré con los gastos.

Sí tengo aquí… —saca de su bolso dos sobres —los expedientes de dos enfermeras, papá va a entrevistarlas.

Gracias Quella.

Sabes que lo hago por ella.

Lo sé.

La dejo para hablar con Elena. Estoy nervioso, siento que me tiembla el cuerpo. Toco la puerta para anunciarme. La enfermera abre dejándome entrar y saliendo ella después. Elena esta mirando hacia la ventana, de pronto gira su rostro y nuestras miradas se encuentran. No puedo evitarlo y comienzo a llorar. Camino hacia ella sin perder el contacto visual. A nada de distancia mis piernas pierden fuerza y caigo de rodillas. Elena, ésta sentada en la cama con sus piernas apoyadas en el suelo yo frente a ella mirándola le tomo su mano, esta fría.

No lo merezco, pero te suplico me perdones. No hay justificación a mis actos. Quiero que sepas que el último día no mentí. Yo te amo, estaba dejándola.

No me interesa más el pasado Ethan. —su voz suena neutra sin emoción.

Llevo su mano a mis labios y la beso.

Una vida no me alcanzara para compensar el dolor y el daño que te he causado. —le digo con arrepentimiento verdadero.

Ya no quiero tu lastima. —me dice entre dientes, y con dolor aun cuando su rostro no dice nada, lo sé, yo puedo ver lo que hay dentro de su ser. Porque ahora la conozco.

¿Qué? Nunca he sentido lastima por ti. —tomo su rostro entre mis manos y pego mi frente con la de ella, mientras que mantiene sus manos en sus piernas y cierra los ojos, no hace ningún movimiento, es como si se estuviera conteniendo.

Eso fue lo que dijo tu amante esta mañana.

¿Caroline estuvo aquí? —Ahora sí, que esa mujer no se pusiera en mi camino porque la destruiría por atreverse a lastimar a mi esposa —No Elena, nada de lo que te haya dicho ella es verdad.

Lo sé. Porque dice esperar un hijo tuyo. —Me dice —Yo realmente lo dudo. —lo que dice me deja ver cuánto me odia, ella se ha burlado de mi como yo alguna vez lo hice de ella.

Elena te amo, voy a hacerte feliz quiero que….—no me deja terminar.

Pedí verte para decirte que no quiero que sigas detrás de la puerta, quiero que te vayas y continúes tu camino lejos de mí. Si Caroline realmente esta embarazada como me ha dicho, debes tomarle la palabra. Porque será la única paternidad que podrás tener algún día. A menos que encuentres otra mujer que te ame y que te acepte aun cuando ni siquiera quieres pensar en la adopción. Que te ame a pesar de ser una flor marchita, naturaleza muerta.

No quiero a nadie más, solo a ti —le respondo con desesperación mientas abrazo su cintura queriendo retenerla a mi lado. Sé que me comporto como un completo egoísta, pero estos últimos días casi la pierdo en dos ocasiones y sé que perderla en definitiva seria mi muerte.

Suéltame, tu toque me quema, me hace daño en este momento. Entiende, si alguna vez puedes pensar en mí antes que en ti comprenderás y me dejaras libre. Porque ahora soy yo quien te pide que me dejes en libertad. —No, no puede hacerlo. Sé que puedo hacerla feliz, solo necesito una oportunidad…

Mañana te iras a la clínica, ahí puedes pensar con calma y será un tiempo considerable para sanar nuestras heridas, para pensar y hablaremos entonces.

Quiero el divorcio. —Insiste en ello, ahora sé lo que sintió cuando yo se lo pedí.

No. ¡Por favor! —De nuevo me arrodillo ante ella coloco mi cabeza entre sus piernas y sollozo en ellas.

Quiero a mi lado a alguien quien me ame de verdad, lo merezco Ethan. Cuando salga de ahí, quiero el divorcio. Déjame sola.

Sollozo, no puedo contenerme me aterra perderla, no puedo suplicarle aun más porque mi llanto no me lo permite. Cuando logro calmarme, me levanto, beso su frente y luego sus mejillas; cuando quiero besar sus labios ella se aparta. Su desprecio me hiere en lo más profundo de mi corazón y sé que a pesar de todo siempre estaré a su lado aun cuando tenga que ser en las sombras porque la necesito y mi vida es oscuridad sin su sonrisa llena de amor en mis días.

Vete. —me dice, pero no me mira sus ojos están vacíos mirando hacia la pared, sus manos relajadas en los antebrazos del sillón. No hay dolor, no hay amor y la ira apenas sale en su voz, solo pude sentirla a través de sus palabras y mis frases de vuelta con el único objetivo que era yo en esta ocasión. Ella necesita recuperarse.

No importa lo que pase, esperare por ti el tiempo que sea necesario.

Salgo de la habitación y me derrumbo en el pasillo llorando por ella hasta que mi padre llega y me pide que lo acompañe. Vamos a la azotea del hospital. Mirando el panorama tengo ganas de arrojarme al vacío.

Conocí a Emma cuando yo aún era estudiante de medicina, su padre tenía un café cercano a la universidad, en ese tiempo apenas me alcanzaba para los transportes, pero siempre conseguía de una forma u otra dinero para tomar una taza de café y una deliciosa dona de chocolate de tu abuela. Desde mi punto de vista son las mejores que he vivido en mi vida. El caso es que Emma trabajaba de mesera ahí todos los viernes —el semblante de mi padre es soñador y de un adolescente enamorado, lo envidio.

Un día me arme de valor y la invite a salir. Ella tenía varios pretendientes, algunos tenían coches, vestían y calzaban bien. Pero ella acepto mi invitación. Jamás había aceptado ninguna. Esa noche la lleve a un mirador, en una vieja carcacha que un amigo me presto. Ella dijo que le había gustado el lugar. No sé si me mintió, pero yo estaba muy feliz. Iniciamos una gran amistad, termine la carrera y de inmediato le pedí que fuera mi novia, ella me dio el sí después de decirme que me había tardado demasiado en hacerlo y que ella pensaba declararse esa misma noche.

Sonrío, no me imagino a Emma declarándosele a un Joshep lento.

No te burles, solo quería lo mejor para ella, yo no tenía nada, quería que tuviera la opción de elegir.

Pero pudiste perderla.

Si, pero no fue así. Hay un viejo dicho que dice… Déjalo ir, si es para ti volverá, si no vuelve, es porque jamás lo fue. La amaba y hoy la amo mucho más. Nos casamos e iniciamos desde cero. Pero ella siempre estuvo a mi lado en las buenas y en las malas, en la pobreza y hoy en la riqueza. En la salud y en la enfermedad. Cuando supimos que ella no podía tener hijos fue muy mala conmigo, ella quería alejarme, hacer que yo la olvidara. Pensaba que yo estaría con ella por compasión y no por amor. Se equivocó, siempre lo hizo, yo la amaba con locura y no concebía una vida sin ella. — me mira a los ojos y puedo ver porque me lo dice.

Elena me mintió, no es ella quien no puede tener hijos. —mi padre endereza la espalda y me mira con una ceja levantada. — Soy yo.

Bajo mi vista pues las lágrimas se acumulan en mis ojos.

No es el fin del mundo. Cuando tú llegaste fuiste su luz. Ella cambio demasiado, eras su adoración, para ella es muy difícil tu situación y comportamiento. Tus fracasos son sus fracasos.

Entiendo.

Dale un tiempo.

Llego a nuestro hogar y de nuevo la tristeza me absorbe como un monstruo, me siento en el rincón que hasta hoy se ha convertido en mi lugar favorito, desde ahí puedo ver todo el departamento. Puedo verla a ella cocinando, bailando mientras sirve la mesa. Mirando la tele mientras ella acaricia mi cabello y mi rostro que se encuentra entre sus muslos. Y si cierro los ojos puedo escucharla decirme "Te amo Ethan". La recuerdo e imagino que ella esta conmigo… me levanto de mi lugar y busco una hoja de papel y bolígrafo, cuando los encuentro me siento de nuevo ahí en mi lugar.

No se cuánto tiempo ha pasado, mi teléfono vibra a través del bolsillo de mi pantalón, tomo la llamada es Nicholas, me dice que hay problemas, nuestro testigo, ha, aparecido muerto en una habitación de hotel. Debo ir a la oficina, miro mi reloj son las nueve de la mañana, no he dormido nada.

Todo indica que fue un ajuste de cuentas —dice Nicholas.

Prometimos protegerlo, puta madre ¿es que no puedo hacer nada bien? —digo y tapo mi rostro con mis manos desesperado.

Ethan debemos guardar la calma. —Mi mentor intenta tranquilizarme.

Esto me preocupa, ¿y si ellos intentan algo más en nuestra contra? —Nick se nota nervioso, él fue quien trabajo directamente en el caso. —sabíamos que Sam Uley era peligroso, debimos hacer caso de los rumores de pertenecer a la delincuencia organizada, no debimos tomar el caso.

Si nosotros no lo hacíamos ¿Quién? —Pregunta Nicholas —mato a una mujer y violo a otra.

Han estado marcando a casa y nadie responde, cuando mi esposa vio en el periódico la muerte del muchacho se puso muy mal. Tiene miedo. —Nick también lo tiene, y se lo que siente al siquiera pensar en perder a su familia.

No debemos dejarnos llevar por el miedo. Si recibimos algún tipo de amenaza tomaremos cartas en el asunto. —Nick no esta convencido ante las palabras de Nicholas, yo tampoco.

Si se siente más segura podemos contratarle guardaespaldas. —le ofrezco entendiendo su posición.

Sí, hablare con ella. Gracias.

Salgo de la oficina a las 9:48 de la mañana, hoy los médicos la dan de alta a las 10 AM. El tráfico no me deja avanzar, desesperado a las 10:05 AM estaciono el coche ya estoy cerca del hospital, pero si pretendo llegar en el auto tardare media hora más. Salgo corriendo, tengo que verla antes de que parta a la clínica o no la vería en varios meses.

A las ocho de la mañana la enfermera entra para limpiar la herida de la cirugía, cambia las gasas y las vendas de mi cabeza la cual aún me duele. Durante la noche no pude dormir más de dos horas, Ethan se empeña a no dejarme ni en sueños, ni en pensamientos.

Estoy muy lastimada y me costara mucho trabajo volver a confiar en la gente a mi alrededor. ¿Como confiar en una amiga si dos de ellas me traicionaron? ¿Cómo confiar en él, si durante más de tres años nuestro matrimonio se ha basado en una mentira, por mi parte y por la de él? Cuántas veces me negó serme infiel y cuántas más me engañó. Y luego su relación duradera con ella. Me pregunto si ella le confiaba a él todo lo que estúpidamente hacía para complacerlo. Maldita sea la hora en que le hable a ella, mi peor enemiga. ¿Cuánto se abran reído de mí? Puedo imaginármela diciéndole a él que yo tomaba clases de baile erótico para seducirlo. ¡Por Dios! cuando los cinco comíamos en la misma mesa, teniéndonos ahí a las dos sentadas una al lado de la otra ¿nos comparaba? Ella tan hermosa y yo tan insignificante. No puedo evitar sentir rabia y odio hacia aquella mala mujer. Siento que los trozos de mi roto corazón se hacen polvo.

Sé que este estado de ánimo no me hace bien, pero no puedo evitarlo. Ayer cuando lo tuve frente a mí pude darme cuenta de que de alguna manera jamás dejare de amarlo. Es irónico la manera en que la rueda de la fortuna ahora me mantiene arriba y a él abajo. No me regocijo porque sería ser como él cuando en tiempo pasado yo le suplique de rodillas que no me dejara. Si en verdad no siente lastima o remordimiento por mis acciones y si tan solo tiene una pizca de amor por mí, entonces puedo decir que soy yo quien le compadece pues me ha perdido. No importa cuánto mi cuerpo arda en deseo por sentir sus caricias, no interesa cuanto el polvo de mi corazón necesite del abrazo de esas migajas de amor de él. Qué más da si mi alma muere por él. Yo no volveré a ser humillada, mancillada y traicionada por Ethan. No, mi lugar esta lejos de su persona, de su sombra dañina.

Quella llega con la maleta que contiene un cambio de ropa.

Cuando salgo del hospital voy en una silla de ruedas, el calor del sol hace un intento por darme calor cosa que no funciona, tengo frío, un frío que va más allá de lo físico. Viene de donde alguna vez se alojó mi corazón. Al ver a todos aquí afuera esperándome me doy cuenta de que tontamente esperaba verlo ahí, esperaba saber que significo algo para él, que esa pizca de amor por mi existió. Y al no verlo el poco orgullo que me quedaba de saberme por lo menos tan importante para él como para sentir lastima o un compromiso para estar aquí el día de hoy, se ha derrumbado. Yo no significo nada en su vida ni en él. Tal vez está con su amante tomándome la palabra, decidiendo ser un padre para el hijo de ella.

Ellos, su familia intentan acercase a mí. Pero yo no puedo estar cerca de ellos, pues es estar de alguna forma conectada a él. Ya no puedo, ya no quiero, mis fuerzas se han acabado, estoy derrotada. Les hago una señal con mi mano y niego con la cabeza. Le pido con la mirada a la enfermera que me ayude a poner en pie, el Dr. Peter está ahí, el me saluda y yo apenas puedo responderle, también me ayuda a ingresar al auto que me llevara al lugar donde intentare rescatar ese polvo de corazón y guardarlo en un recipiente al que pretendo resguardar bajo miles de candados.

Estoy junto a la ventanilla y no quiero mirarlos a ellos, sé que están sufriendo mi desprecio, solo espero que comprendan que su presencia en estos momentos me hace sentir miserable, desdichada y aún más destrozada.

Es hora de partir, mirando mis manos escucho que tocan en la ventanilla, miro a mi enfermera a mi lado.

Es su esposo.

Cierro los ojos y respiro por mi boca, me duele el pecho, es el dolor que su presencia me causa. Giro mi rostro y leo sus labios "Por favor", abro la ventanilla, pero me niego a mirarlo. Y como si el mundo no existiera solo estamos él y yo, mi mente se cierra y todo lo demás desaparece.

Y las lágrimas que se negaban a salir durante este tiempo, lo hacen.

No llores, por favor. Perdóname. —me dice con dolor.

Lo miro y él también llora. Pero no hay mentira en sus ojos ni en su rostro

Niego con mi cabeza a estas alturas el nudo en mi garganta no me deja articular palabra alguna.

Toma, léela cuando estés preparada para saber su contenido. Quiero que sepas que siempre estaré en el mismo lugar esperando por ti.

El me ofrece un sobre, es una carta que lleva mi nombre con su hermosa caligrafía.

Tomo la carta y un sollozo sale de mi boca sin poder contenerlo. Él toma mis manos

Elena yo…—ambos nos miramos, teniendo tanto dolor dentro.

Guardamos un largo silencio. Una sonrisa triste se asoma en sus labios, lo único que quiero hacer es llorar y hundirme en mi miseria.

Yo… ya no puedo darte nada, todo te lo di. Mi vida, mi corazón todo. No volveré. Lo siento tanto. Quisiera poder amarte de nuevo, pero ya no tengo corazón para ti. —le digo interrumpiendo nuestro silencio.

Ethan toma mi rostro y mis labios en un beso casto. Tan suave como el viento.

Él me suelta cierra sus ojos mientras gruesas lagrimas resbalan por sus mejillas. Su voz es irreconocible.

No te pido nada, solo que me dejes amarte. No quiero causarte daño. Olvídame hoy, recuérdame mañana cuando estés recuperada. Solo prométeme que lucharas por tu vida, hazlo solo por ti porque tienes mucho que dar a otros, pero también tienes mucho que recibir. Prométeme que no te rendirás.

Sí —es lo único que puedo decirle.

Él se aleja de la ventanilla con la mirada al suelo como si le costara trabajo mirarme partir, yo cierro la ventanilla y miro al frente. El auto comienza a avanzar a su destino hacia una nueva vida sin dolor.

La miro partir, Quella toma mi mano.

Ella volverá. —me dice, yo no quiero hacerme ilusiones.

Has hecho lo más fácil, lo difícil será esperar hijo. —mi padre palmea mi espalda. Sin poder resistir más los dejo y me dirijo a cualquier lugar lejos de ahí, de ese momento…

Llego a mi auto, abro la puerta y es detenida por alguien.

¿Ethan Donovan? —escucho una voz ronca a mis espaldas. Me giro y me topo con tres hombres.

Sí, soy yo.

El hombre de en medio tiene su mano dentro del bolsillo de su chaqueta me hace una seña, lleva un arma, los otros dos dejan al descubierto la suya.

Vas a acompañarnos…

Cuatro años después …..

El avión aterrizó a las 12:00 del día, cuando bajó de este una hermosa mujer rubia esperaba su llegada. Impaciente miraba a cada pasajero recién llegado minuciosamente. Hasta que le diviso.

—Hasta que llegas, tengo horas esperándote.

—Lo siento el vuelo se retrasó.

—Con tu suerte pensé que habías ocasionado la caída del avión.

—Que gracia me das Jianna.

Jianna soltó una carcajada llamando la atención de la gente a su alrededor.

—Eres la única persona en este mundo que me causa gracia, ¿sabes?

—Lo sé pareces una vieja amargada….

La pareja siguió hablando y bromeando mientras se dirigían al departamento que compartirían, dejaron el equipaje y se dirigieron al lugar donde se encontraba aquella persona que necesitaba su ayuda.

—Espera aquí, hablare con ella para decirle de que va el asunto. —dijo Jianna.

Jianna se dirigió a la habitación donde se encontraba aquella mujer brutalmente golpeada, la había encontrado en su departamento un día después de haber sido atacada por el hombre con el que vivía. Él había sido encontrando con su amante, en las afueras de la ciudad en un hotel.

—Buenos tardes —dijo Jianna entrando a la habitación.

—Buenas tardes. —contesto la mujer en un murmullo.

—Bueno, tengo buenas noticias, el abogado que se encargara de tu caso ha llegado por fin y esta afuera esperando. Hay algo que quieras saber antes. —La mujer que tenía un collarín en el cuello negó con la mano.

Jianna se acercó de nuevo a la puerta abriéndola y haciendo señas a la persona que aguardaba fuera.

La mujer acostada en esa cama cerró el único ojo que podía abrir, el otro esta demasiado hinchado. Escuchó atentamente el sonido del andar de su abogado, eran pasos seguros. Dejó de escucharlos cuando estos pararon a su lado. Abrió el ojo sano y la vio.

La mujer abrió la boca al tener frente a ella, a la única persona que no creyó volver a ver en su vida a Elena.

—¿Caroline?

Capito 14

¿Me amas?

Si

¿Cómo cuánto?

Tanto qué si me lo pidieras, me sacaría el corazón del pecho y te lo entregaría en tus manos. Si con ello puedo hacerte feliz.

El agua helada recorrió mi cuerpo desde la cabeza hasta el torso, el sentir frío en mi cuerpo adormecido por estar en una sola posición lo agradeció tanto como lo maldijo.

— ¡Infeliz despierta! —un golpe cayó sobre mis costillas desechas debido a las innumerables golpizas que estos hombres me daban en tanto la oportunidad tenían.

Un fuerte quejido fue lo único que pude musitar debido al dolor y a que no tenía ya fuerza suficiente para más. Sentí que era levantado de mi asiento para ponerme de rodillas recargando en algún lugar mi cuerpo, dejando expuesta mi espalda. Sentí el frío del metal recorrer mi columna, el sonido familiar de unas tijeras rasgando la tela al cortarla. Después pasos alejándose. En pocos momentos comenzó la tortura.

Vestida de blanco recorría el pasillo de la iglesia en dirección hacia mí, tan hermosa y angelical era el semblante de su sonrisa al cruzarse nuestras miradas. Sus ojos me hablaban con la voz del alma diciéndome cuanto me amaba. Yo lo sabía, siempre lo supe. Llego al fin, su destino entrelazándose con el mío. Mi padre me la entrega diciendo:

Cuida de ella, como se te ha enseñado. Con amor y respeto.

Yo asiento en entendimiento a sus palabras. Sin apartar mi mirada de los ojos oscuros de mi amada, llevo su mano a mis labios y deposito un beso.

No sé cuánto tiempo ha pasado, y me pregunto por qué mi familia no ha pagado mi rescate. ¿Acaso fue tan grande el daño causado por mi estupidez? ¿Ella se encontrará bien?

Escucho la puerta abrirse, más de una persona entra, lo sé, porque me toman de ambos brazos y me arrastran a algún lugar, creo que me cambian de habitación. Por primera vez desde que me trajeron aquí, hace ya mucho tiempo, me quitan la venda que cubre mis ojos. Los abro poco a poco, la luz es tenue pero suficiente para ver el rostro del hombre que esta frente a mí. No le alcanzo a reconocer de inmediato, bajo la mirada, dicen "Nunca los mires al rostro, si reconoces a alguien y ellos lo saben, tus oportunidades de sobrevivir se reducen a nada"

El hombre se acerca a mí y golpea mi rostro, es entonces que levanto la vista y detrás de él hay alguien más, escondiéndose bajo la oscuridad de las sombras del cuarto. Pero él olvidó algo, olvidó quitarse de la muñeca lo que le identificaría. Desvío la mirada y trato de no volver a ver ahí. Me sorprendo, pues nada de lo que parecía ser en mi vida era real, esta traición es una verdadera mierda.

El hombre frente a mí, el que me golpeaba y la voz de mi secuestrador me tira encima unas fotografías. Son de ella, de Elena.

—¡Tú! Hijo de puta, ¿quién te crees, para ser el defensor de una ramera muerta y otra que esta por pagar su atrevimiento? Si tú eres un desgraciado que mientras su esposa vomitaba las entrañas tú te revolcabas con su amiga. Tu putita secretaria hipócrita igual a ti. —él soltó una carcajada y después me propino otro golpe al rostro. Yo no respondo nada, si esos golpes eran mi castigo por haberle hecho daño a mi esposa con gusto los acepto. Pero tras eso había algo más turbio, esto solo era el pretexto.

—Yo no mato, forzo o prostituyo a nadie.

—Mi padre, tiene cáncer y va a pasar el resto de sus días encerrado, cometiste un grave error en meterte con uno de los líderes de la mafia.

—Puedo hacer que reduzcan su condena.

—No es tan fácil perdonarte, Ethan. Veras, mi madre se suicidó al enterarse que mi padre se acostó con esas mujerzuelas. Ellos eran un matrimonio de treinta años. Mi padre era un ejemplo a seguir, nunca le falto a mi madre.

— ¿Qué quieres? —comenzaba a desesperarme.

—Simple, hacerte pagar el dolor que ahora sufre mi padre por la pérdida de mi madre. Que sientas lo que él siente. Ojo por ojo.

— ¿Quieres matarme?

—Eso es demasiado fácil. No, voy a matarla a ella. —mi sangre se helo— lenta y dolorosamente frente a ti. Después de todo pareciera que si le tienes cariño. Se te veía muy mal en el hospital. —Él soltó una carcajada.

—Mátame a mí, ella no es culpable de nada, ella ya ha sufrido bastante.

—Mi madre tampoco era culpable.

—Lo lamento, de verdad lo siento. Por favor te lo ruego.

Lo último que recuerdo es su mano en el aire, en ella un arma y luego oscuridad.

Ethan, te amo. —ella me dijo con adoración, yo lo era todo para ella, siempre lo supe.

Y yo a ti Elena. —me acerqué lentamente a su rostro y deposité un beso casto en sus labios.

Cuando abrí los ojos un hombre estaba sentado frente a mí, no era el mismo que me golpeó.

—Puedo darte tres veces más de lo que él te da, si tan solo me dejas ir.

El hombre no me respondió ni siquiera me miró continuaba tallando un pedazo de madera con una pequeña navaja.

—Te ofrezco el dinero, una casa y protección. —De nuevo no obtuve respuesta.

Un par de hombres entraron, llevaban con ellos a Emily la chica que había denunciado la muerte de su prima. Ella estaba brutalmente golpeada.

— ¡Ethan, has despertado! ¡Mira quién nos acompaña! —dijo señalando a Emily. Ella lloraba y temblaba de terror.

—Quiero que mires y que su muerte caiga sobre tus hombros. —él cargó la pistola que llevaba consigo, apuntó a la cabeza de Emily.

— ¡No, no por favor! —Grité pero mi voz fue callada por el sonido del impacto del arma al ser disparada.

…..

Elena yo…

Yo… ya no puedo darte nada, todo te lo di. Mi vida, mi corazón todo. No volveré. Lo siento tanto. Quisiera poder amarte de nuevo, pero ya no tengo corazón para tí.

No te pido nada, solo que me dejes amarte. No quiero causarte daño. Olvídame hoy, recuérdame mañana cuando estés recuperada. Solo prométeme que lucharas por tu vida, hazlo solo por ti porque tienes mucho que dar a otros, pero también tienes mucho que recibir.

Sí.

Un estruendo fuera de la habitación me saca de mi inconciencia, se escuchan gritos y también disparos. Yo trato de mantenerme despierto, pero mi debilidad debido a los golpes, no me permite mantenerme totalmente consciente. De pronto distingo sombras entrando a la habitación, es mi captor Ivan. Traía consigo un arma, él apunta a mi cabeza y solo rezo porque una vez terminada mi vida a ella la dejen en paz, solo quiero que ella sea feliz.

Elena:

Desde el fondo de mi corazón, reconozco que he terminado con nuestro amor. Que fui yo quien se equivocó y que tú, lo único que hacías mientras yo te destruía, fue amarme con devoción.

Si tan solo pudiera regresar el tiempo, yo…

Emma estaba rezando por la seguridad de su hijo, porque lo encontraran pronto, sano y salvo. Habían pasado ya cuatro meses de su desaparición. La policía había llegado a la conclusión de que se trataba de una venganza y no un secuestro ya que jamás pidieron un rescate. Y a pesar de que decían que las probabilidades de encontrarlo con vida eran mínimas, no perdía la esperanza. Él era su hijo, jamás se daría por vencida hasta no tener su cuerpo inerte frente a ella.

El timbre del teléfono sonó, se levantó y corrió a tomar la llamada, pero fue Joshep quien llegó antes que ella.

—Casa de la familia Donovan.

—…

—Sí, soy yo dígame.

—…

—¡Vamos de inmediato!

—Cariño ¿Qué sucede? —le preguntó la mujer con incertidumbre.

—Creo que han encontrado a Ethan —dijo con tristeza— Debemos ir a la morgue a identificar el cuerpo.

Un dolor intenso golpeo su pecho, su sexto sentido de madre le decía que Ethan no estaba muerto. Respiró profundo e intento volver a la calma.

—No. Yo no puedo. Ve tú, pero yo sé que mi hijo no está muerto.

Para Elena entrar a la clínica Un Nuevo Amanecer, solo había sido el primer paso a una gran batalla de por vida consigo misma, su peor enemiga. No podía decir que ahora era perfecta y que era la mujer más segura sobre la tierra; pero lo que si podía decir es que había adquirido la valentía y fuerza de voluntad que nunca tuvo para decir "No" manteniéndose firme a sus ideales. Aprendió a aceptarse y amarse, sin esperar que otros lo hicieran por ella.

Cuando se miraba al espejo, trataba de ver las cosas nuevas que había en ella y no las anteriores que no le gustaban. No miraba su cuerpo, ella miraba su alma. Estaba consiente que la sombra que la atormento durante casi toda su vida, la anorexia, siempre estaría ahí, detrás de ella observando, esperando a que ella de nuevo flaqueara y regresara llorando a lo único que le dio consuelo en sus días de soledad y desespero. A lo único que sentía que podía controlar su hambre. Mientras tanto ella viviría porque lo prometió, no por él, era por ella, porque sabía que aún tenía mucho que dar, mucho que ayudar.

Después de la traición de la que considero una de sus mejores amigas pensó que jamás podría volver a confiar y dar su amistad. Se equivocó, conoció a Jianna en la clínica, también se encontraba interna, era bulímica.

Cuando se conocieron, Jianna estaba a un mes de terminar su tratamiento y dejar la clínica. Ella era una chica huraña, demasiado seria y por alguna extraña razón su aura causaba temor a otros cuando en realidad era la chica más dulce que había conocido. Jianna solía burlarse diciéndole la "esposa engañada". Durante el mes que se trataron debido a las sesiones grupales no hacía más que hacerle la vida imposible con comentarios hirientes, ahora entendía que solo quería ayudarla a reaccionar. Ella no lloraba y tampoco se enojaba, estaba en un estado de depresión en el que ya no sentía, estaba anestesiada, nada de lo que dijeran o hicieran a su alrededor le importaba. Nada la afectaba, la vida había perdido su sentido, su valor. Cuando al fin creyó que no volvería a verla y descansaría de esa personita molesta ella volvió a aparecer… Cuando le avisaron que estaba fuera de su habitación esperando ser recibida no lo creyó. Ni siquiera sabía la razón de haber aceptado verla, la chica parecía odiarla por alguna razón que no le importaba conocer. Elena no quería amigas. Pero lo hizo, dio permiso para que ella la visitara cuando quisiera y así pasaron los meses. Jianna jamás falto a ninguna visita…

Había pasado seis meses de estar dentro de la clínica, me había rehusado a recibir las visitas de Quella y Emma. La razón era que no quería saber nada de él ni nada de lo que lo relacionaba. Emma siempre había sido de la creencia que un matrimonio era para toda la vida y como Ethan se encuentra arrepentido, estoy segura de que, ella me pedirá darle una última oportunidad para hablar. Estoy cansada de oportunidades que lo único que ocasionan es que mi corazón se rompa una y otra vez. Además, ya no tengo nada que ofrecer, no me siento capaz de dar una oportunidad sin estar cada cinco minutos pensando en que tal vez, esta engañándome. Yo también lo engañe dejándolo creer lo que quería. ¿Qué podría esperarnos a ambos?

Hoy por fin después de un año mi tratamiento ha dado frutos, puedo valerme por mí misma y pronto estaré lista para integrarme a la sociedad. Los médicos me dejaran volver a casa bajo observación. Y aunque sé que mi batalla contra mí misma y mi anorexia será de por vida estoy segura que podré lograrlo. Tengo listas mis maletas, Jianna esta conmigo. Ella me propuso conocer a su familia en Italia, dijo que serian como unas vacaciones para tomar decisiones acerca de lo que quiero hacer de hoy adelante con mi vida. Tiene razón, aun no puedo enfrentarme a Ethan y tampoco es que a él le importe de verdad. Si fuera así ¿por qué no ha venido ni una sola vez a verme?

Cuando iba a salir de la que había sido mi habitación durante estos meses, Jianna entró.

—Elena, la familia de tú esposo esta aquí —me informó preocupada, supongo a mi reacción.

— ¿Sabes si él también esta? —pregunté con miedo y a la vez con esperanza.

—No. Él no está.

—Entonces no quiero verlos. Es a él a quien debe importarle verme no a su familia.

—De acuerdo.

Hoy es un día importante, ella saldrá de la clínica, y como un acosador me encuentro fuera, observando a cada persona entrar o salir de ella. Un hombre que camina en la acera pasa al lado del viejo coche que he rentado esta mañana, yo bajo la cabeza, la gorra puesta en su lugar me ayuda a ocultar mi rostro. Entonces veo el auto de mi padre llegar, mi madre vestida de negro al igual que mi padre y mi hermana salen de él.

Ella me ha dicho que Elena no quiere ver a mi familia y mucho menos a mí. Eso por el momento es mejor. No quiero que lloré por mi mentira como lo ha hecho mi familia. Ella se la llevará lejos, a salvo de mí y de toda la maldad que me rodea.

Veinte minutos después los veo de nuevo salir, estoy seguro que ella no ha querido verlos. Lo sé porque mi madre está llorando en los brazos de mi padre. Me duele el daño que le he hecho a mi madre, solo espero poder compensarla algún día.

Una hora más tarde ella sale, aún está demasiado delgada, va tomada de la mano de ella, Elena mira la puerta del auto abierta y por alguna razón o fuerza gira su rostro a mi dirección, no me muevo, mi cuerpo se ha congelado en mi sitio. Tan solo fueron tres segundos, ella entra al coche y Jianna mira hacia mí y asiente sabiendo que estoy aquí, mirándolas partir a un nuevo comienzo.

Pero solo es cuestión de tiempo para que yo regrese de nuevo.

Viviendo en Italia desde hacía cinco meses, había tomado la decisión de quedarme a vivir aquí. Donde podía olvidarme del dolor. Donde terminaría por olvidarlo.

Me encontraba preparando la cena de esta noche cuando el timbre del apartamento sonó. Me limpié las manos con el delantal que llevaba encima, mientras caminaba hacia la entrada. Cuando la abrí me sorprendió ver a un enorme hombre en la puerta de mi casa. Llevaba ropa casual.

—Buenas tardes, Señora Donovan —me saludó con el nombre de mi esposo, era norteamericano y parecía conocerme y aunque su sonrisa era amable algo en su mirada me decía que lo que escucharía no me agradaría.

— ¿Quién le dijo mi nombre? —le pregunté mientras trataba de hacer memoria por recordarlo, sin éxito alguno.

—Soy Daniel Walker, trabajo en Donovan y Asociados.

—Lo envío mi esposo —afirmé— ¿Me ha enviado el divorcio?

—No, en realidad… creo que debería tomar asiento. Tengo una noticia que darle —sin yo haberle invitado, el paso dentro del apartamento dirigiéndose a la sala. Cuando llegó me señaló con la mano un lugar para que tomara asiento. Él se sentó frente a mí.

—Bien ¿Qué es lo que él quiere?

—En realidad no ha sido su esposo el que me ha enviado. Fue el señor Nicholas Jhonson.

—¿Qué? No entiendo.

—Tengo entendido que su esposo fue secuestrado el mismo día que usted fue internada en la clínica de rehabilitación.

—¡No puede ser! —susurré mientras me llevaba una mano al pecho.

—Hace medio año encontraron un cadáver con las señas de su esposo, pero su rostro estaba irreconocible. Sus padres se rehusaron a reconocerlo como Ethan.

—¿Qué hay de las pruebas de ADN? —pregunté, con un nudo en la garganta.

—No son padres biológicos de su esposo. Es hijo adoptivo.

—¡Oh por Dios! —nunca me lo dijo, los recuerdos de él rehusándose a que adoptáramos vinieron a mi mente, junto con una pregunta ¿Él lo sabría? —Necesito… yo…

— ¿Puedo traerle un vaso con agua? —las palabras no salían de mi boca, solo asentí. Mientras él fue a la cocina, y rebuscaba yo trataba de tomarle sentido a todo lo que este hombre me decía, ahora comprendía su ausencia. Había creído que yo no le importaba, pero él me hizo prometerle que saldría adelante. Me pregunto si él sabía lo que le ocurriría, o si lo habían amenazado antes.

—Aquí tiene, bébalo todo.

— ¿Qué han hecho sus padres? —mis manos temblaban mientras sujetaba con fuerza el vaso.

—Han contratado investigadores. Señora de verdad siento mucho tener que ser yo quien le traiga tan tristes noticias —asentí recibiendo sus disculpas.

—Sus padres, ¿no pagaron a tiempo el rescate?

—Al parecer fue una venganza, los secuestradores jamás se pusieron en contacto con ellos. El señor Nicholas me ha enviado, para que usted como su esposa tome la decisión que sus padres no han hecho.

— ¿Dé que habla?

—Después de un año el señor Donovan no volverá y si lo hace no será con vida —ante esas palabras mi estomago se comprimió— Hay negocios, socios que piden la toma de decisiones. Es preciso que usted enfrente la realidad que sus padres no han podido afrontar.

— ¿Quieren que de por muerto a mi esposo? ¿Cuándo su familia no ha perdido la esperanza de encontrarlo? —de pronto las náuseas vinieron a mí, corrí al baño sin decir nada y vomité. La impresión de su desaparición y el hecho de que me pidieran matarlo formalmente era demasiado. Después de varios minutos regresé a la sala.

— ¿Se encuentra mejor? —me preguntó preocupado.

—Sí, lo lamento. Por favor continúe.

—Ha habido pérdidas en los negocios de su esposo. Debido a su ausencia, no se han podido tomar algunas decisiones que solo él como presidente y socio mayoritario puede decidir. Varios accionistas han pedido que la familia haga la lectura del testamento, y el heredero tome cartas en el asunto. De otra manera ellos se retirarán, y como consecuencia habrá demandas.

—No haré nada sin consultar antes a sus padres.

—De acuerdo, voy a dejarle los datos del hotel donde me hospedo. Solo le pido reconsidere todas las opciones. Sabemos que para usted será difícil la decisión. Pero tenga en cuenta que de usted dependen otros.

Cuando Jianna llegó a casa me encontró sentada en el suelo, abrazando mis rodillas llorando.

— ¿Qué ocurre?

—Ethan está muerto.

— ¿Quién te dijo eso? —ella tensó la quijada.

Le expliqué todo lo que había hablado con el abogado de Nicholas. Ella me consoló, me sentía una estúpida porque jamás quise recibir las visitas de su familia. Esa noche hable con Emma. Ella lloró conmigo en el teléfono, fue una llamada que duro horas, le pedí perdón por mi desatención, y me uní a ellos en la búsqueda de Ethan. No, no pude rendirme y darlo por muerto, sin antes haber agotado todos los intentos de encontrarlo. El hombre que Joshep vio en la morgue, no podía ser Ethan, aun cuando su rostro estaba desfigurado y no podía reconocerse. Joshep como solo un padre puede saber, supo que no era él. Una marca, un lunar que el hombre tenía y Ethan no.

Hable con Daniel y acordamos una cita, esta vez había sido asesorada por un abogado de Joshep, tomamos la opción de que como su esposa y única autorizada por los bancos para hacer movimientos en sus cuentas, yo tomaría su lugar en su ausencia. Pero en este caso, Daniel había sido un gran apoyo e incluso él no se había inclinado a favor de aquellos socios que querían muerto a Ethan, por así decirlo, él se había comportado de una forma neutral. Por lo que como empleado de Ethan me precio tomar a Daniel como mi representante legal. Nicholas se había comunicado con gran insistencia conmigo, para pedirme de manera sutil le entregara el poder legal de los negocios, pero algo que había aprendido de Ethan cuando solía hablarme de su trabajo en las empresas y el bufete, es que jamás se debe dar a un socio, un poder que sea mayor que el tuyo. Sé que podía confiar en Nicholas, pero si accedía prácticamente le estaría entregando las empresas y Bufete de Ethan. Algo que a él le había costado tanto tiempo y esfuerzo. Como siempre decía Ethan, "Es mejor no tentar al Diablo"

Desde Italia me mantenía en constante contacto con Daniel y con los investigadores que llevaban la búsqueda de Ethan. Nunca regresé a Estados Unidos, la razón es que después de haberme enterado de su desaparición volví a caer en depresión. Sophia y Jianna estuvieron dándome su apoyo. Fue entonces que Jianna me propuso crear una fundación para apoyar a la mujer que sufriera violencia de género y así la iniciamos para poder honrar mi promesa. Si algún día el regresaba yo podría mirarlo a los ojos y decirle que había cumplido. Pero si no volvía, esperaba que donde quiera que estuviera supiera que lo había logrado.

Ahora después de tres años, sin esperanzas de encontrarlo ya, debíamos afrontar la realidad. Ethan jamás volvería, aun cuando nuestros corazones se negará a aceptarlo. La vida debía continuar.

Después de tantos años volvía a Estados Unidos, Jianna había regresado un año antes y había comenzado una sede más de nuestra fundación en este país.

El avión aterrizó a las 12:00 del mediodía, piso suelo americano sintiendo una opresión en el pecho debido a los nervios, le aterraba no saber a qué se enfrentaría después de tantos años de ausencia. Sabía que era una cobarde al haber huido de esa manera, pero en ese momento de su vida no se sentía preparada para enfrentar a su esposo Ethan, posiblemente esperaba algo de ella que ya no podía dar. Pero su temor más fuerte era saber que no la eligió, tantas noches pasadas se había torturado pensando en que él volvía con su amante cada noche, mientras ella estaba internada en la clínica intentando superar su patética enfermedad. En ese entonces todo era tan confuso: lo odiaba, pero también lo amaba. Hoy, recordarlo ya no le dolía y tampoco sentía la ira que hacía arder su cuerpo. Había pasado tanto tiempo que sus heridas tanto físicas como emocionales habían sanado ya.

Cuando bajó del avión buscó entre la multitud a su gran amiga Jianna.

Miraba a todas partes hasta que se topó con la rubia cabellera de su amiga. Con una sonrisa caminó deprisa para encontrarse con ella. Se fundieron en un abrazo y dieron un beso en la mejilla.

— ¡Hasta que llegas, tengo horas esperándote! —le reclamó la siempre inconforme Jianna.

—Lo siento, el vuelo se retrasó —le dijo con una sonrisa culpable.

—Con tu suerte pensé que habías ocasionado la caída del avión —y ahí estaba la molestosa Jianna, que siempre aprovechaba para burlarse.

—Que gracia me das Jianna —dijo sarcástica.

La rubia soltó una carcajada llamando la atención de la gente a su alrededor.

—Eres la única persona en este mundo que me causa gracia, ¿sabes? —dijo Jianna, y eso era verdad. Elena era su única amiga.

—Lo sé, pareces una vieja amargada —Elena le respondió lanzándole un beso al final.

Ellas siguieron hablando y bromeando mientras se dirigían al departamento que compartirían, dejaron el equipaje y fueron al lugar donde se encontraba aquella persona que necesitaba su ayuda. Cuando Elena salió de la clínica Jianna le propuso crear una fundación donde ayudaran a mujeres con problemas de violencia intrafamiliar. Mujeres como Jianna, que sufrió por años los golpes de su esposo, mujeres como Elena que vivió el maltrato psicológico por su madre y por ultimo por Ethan.

Llegaron al hospital, donde Elena por un momento tuvo la sensación extraña de un presentimiento. Ese no era el hospital donde Joshep trabajaba, por ese lado se sentía segura. Temía verlos ya que nunca respondió las llamadas de la familia Donovan, estaba agradecida con ellos, pero le aterraba saber de él y todavía más que Ethan la buscara.

—Espera aquí, hablaré con ella para decirle de que va el asunto —dijo Jianna.

Mientras ella esperaba, observaba atentamente a su alrededor. No pasaron más de cinco minutos cuando Jianna se asomó por la puerta para pedirle que pasara.

Según Jianna era un caso especial el de la mujer. La hermana la había encontrado inconsciente en su hogar, o mejor dicho su casa de infierno. Jianna le dijo que ella estaba un poco renuente a recibir la ayuda por temor a represalias por parte de su expareja. Por lo que pensó que si ella le explicaba mejor los procedimientos y la situación en la que se encontraba podría convencerla de actuar. Como principal representante del área legal de la fundación era parte de sus obligaciones.

Lo primero que vio al entrar a la habitación fue a una mujer brutalmente golpeada, casos como ese siempre le recordaban el golpe que Ethan le dio en una ocasión, en esos momentos era cuando ella le odiaba y la ira regresaba. Tomó aire para tranquilizarse y lo soltó lentamente. Lo siguiente en mirar fue el cabello rubio de la mujer después su rostro casi deforme debido a la hinchazón causada por los golpes. Después como en cámara lenta miró sus ojos y la reconoció.

Era ella, la mujer que traiciono su amistad y confianza. La que la visitó y humilló en el hospital cuando se encontraba en una situación similar a la suya, la que se burló de ella y su estupidez. Caroline.

La mujer que creyó nunca volvería a ver.

Cualquiera que fuera la razón por la que la rueda de la fortuna, el karma o el destino las pusiera de nuevo en el mismo camino le hacía pensar en lo crueles que podían llegar a ser, ese no era más que un juego despiadado, para la diversión de aquel ser supremo que seguramente la odiaba por algo que tal vez en su vida pasada hizo.