Title: Por Amor
Category: Books »
Author: rakelluvre
Language: Spanish, Rating: Rated: M
Genre: Drama/Romance
Published: 04-11-12, Updated: 06-30-12
Chapters: 12, Words: 45,928
18/12/2016.
Por amor
Sola, si, sola me he sentido por mucho tiempo, obscuridad es lo que hay a mi alrededor. Perdida estoy y sin saber a dónde ir me quedo en el mismo lugar.
Ahora sé que la diferencia entre estar viva y estar muerta es que muerta ya no hay dolor...
¿Cómo es que había llegado a este punto de indiferencia con ella? Y ahora que es demasiado tarde me doy cuenta que no puedo vivir en un mundo donde ella no exista. Porque mi alma, mi vida y mi corazón son de ella, sólo de ella.
Ni siquiera en esas condiciones en las que se encuentra soy capaz de suplicarle perdón y no es porque no quiera, simplemente necesito hacerlo cuando ella se encuentre despierta mirándome, para que pueda ver a través de mis ojos mi alma y la sinceridad de mis palabras, necesito que crea en la verdad de mi arrepentimiento.
Han sido diez días velando sus sueños, porque para mí es eso lo que ella está haciendo en éste momento, aunque me digan que no existe conciencia ahora en su cuerpo, yo estoy seguro que puede escucharme o que en algún momento lo hará. Esperaré por mi Bella Durmiente hasta que quiera dejar el mundo de los sueños y volver a la realidad, volver a mí.
Hoy en el doceavo día un tumulto de sentimientos arden en mi pecho, miedo, esperanza, remordimiento y amor; ella ha comenzado a mover sus dedos, al principio pienso qué estoy alucinando pero vuelve a suceder, la veo fruncir el ceño y me levanto de mi asiento para acercarme a ella, entonces poco a poco abre sus ojos, ha despertado pero cuando trato de buscar el brillo en su mirada me horrorizo pues éste no está más, tan sólo hay vacío y dolor. Quiero llorar y decirle tantas cosas pero las palabras se quedan en mi mente. Una lágrima sale de esos ojos y sin dejar de mirarme a las 16:46 horas su corazón deja de latir.
Pronto un mar de gente entra al cuarto y yo retrocedo chocando contra la pared horrorizado, asustado, miles de imágenes pasan por mi cabeza, y siento mi corazón estallar dentro de mi haciendo añicos toda esperanza y felicidad. Una enfermera me toma del brazo y me arrastra a la salida de aquella habitación. Lo único que alcanzo a ver es a ella rodeada de médicos intentando resucitarla, y luego la puerta se cierra frente a mí. Mi cuerpo se mueve involuntariamente hasta volver a topar con la pared, no puedo escuchar nada todo a mi alrededor se mueve en cámara lenta siento la temperatura de mi cuerpo tornarse helada e instintivamente coloco mi mano en el bolsillo de mi pantalón donde está su nota y ahora recuerdo todas y cada una de sus palabras.
Querido esposo:
Disculpa si interrumpo tu noche, la que hasta el día de ayer era nuestra, en una noche como hoy hace cinco años nos casamos ¿lo recuerdas?. Si, supongo que sí. También supongo y comprendo que al ya no amarme has decidido hacerla tuya y de ella.
No por favor no pienses que te he seguido, es solo que toda la tarde estuve preparándote una cena especial por… lo que creía que significaba para ambos esta fecha.
Te esperé sentada en nuestro comedor por dos horas hasta que te llamé, cuan grande fue mi sorpresa al momento de decirme que saldrías de viaje urgentemente por cuestiones de trabajo y que ya llevabas tu maleta preparada.
No, no es un reclamo. Es obvio que ya no hay nada que reclamar. Lo he sabido desde el momento en que entre al lugar a festejar sola nuestro aniversario y verte a ti frente a ella, cenar en nuestra mesa especial, mientras tomabas su mano y besabas sus nudillos como antes solías hacerlo conmigo. Le regalaste una sonrisa encantadora, la mejor de todas, y después de tu bolsillo derecho has sacado una caja negra, la abriste mostrándole un obsequio, tal como hiciste conmigo cuando por primera vez me trajiste aquí, lo tomaste, es una pulsera, seguramente le dijiste que la amas mientras le colocaste la joya, pude ver su semblante soñador y las lagrimas cayendo de sus mejillas, tal como yo lo hubiera hecho si hubiera sido ella.
Al verlos juntos, al verte a ti me doy cuenta que ya nada tengo que hacer a tu lado. Ya no puedo seguir retrasando lo inevitable, ya no puedo seguir intentando salvar lo insalvable, te amo, ya es tiempo de dejarte ir y continuar nuestros caminos.
Cuando regreses a tu casa me habré ido ya y los documentos del divorcio los encontraras firmados. Junto a ellos encontraras algo que debí decirte, perdóname por haberte amado tanto, pensé que era lo correcto y que te salvaba, pero me equivoque. Te soy sincera, no me arrepiento de haberte engañado porque ahora sé que nunca me has amado.
Gracias por la más hermosa mentira que me has hecho vivir mientras ha durado.
Que seas muy feliz.
Samantha.
Mis piernas tiemblan y sin poder sostenerme más en pie caigo de rodillas mientras lloro como un niño, siento unos cálidos brazos a mi alrededor su aroma inconfundible y reconfortante intenta salvarme de mi infierno pero ni siquiera ella es capaz de ayudarme. Mi madre.
Por amor
Capitulo 1
La Cenicienta y el Príncipe que no es Azul.
Cuando era niña mi madre me contaba historias en donde los príncipes se enamoraban de muchachas comunes, ellos luchaban por su amor y vivían felices para siempre. Tal vez el recuerdo de esos sueños nublo mi sentido común. Tal vez él era un buen mentiroso.
—Isabella no todo en esta vida son libros, ¿por qué no vamos a la fiesta de Jessica y nos divertimos un poco?
Ángela una chica con cabello oscuro y unos anteojos que la hacían parecer interesante y atractiva, le suplicaba a su amiga.
—De acuerdo, pero solo un rato, mañana lunes comienzan los exámenes y no puedo desvelarme en tonterías.
—Uy gracias, gracias.
Y fue ahí donde iniciaría la ilusión de un sueño infantil.
No entendía como era que esto era diversión, todos bebían hasta embrutecerse para nada. Era mas seguro este rincón y no ser notada para convertirte en el centro de las burlas. Si, tan concentrada me encontraba que no me di cuenta del hombre que estaba de pie a mi lado.
—¿Me concederías esta pieza de baile? —una voz ronca y varonil fue susurrada en mi oído de forma sensual, tanta que por primera vez sentí un ardor en mi centro junto con un escalofrío que recorrió mi cuerpo. Al mirarle me encontré con el hombre mas hermoso que había visto.
—Ah… no se bailar —fue mi pretexto y un sonrojo en las mejillas—. Lo siento.
—Eso es porque no has bailado conmigo. —Tomo mi mano y juro que una corriente eléctrica me recorrió pero a el pareció no importarle.
Y fue así como conocí a Edward Cullen, en dos meses de salidas al cine, al teatro y paseos nocturnos, el me pidió ser su novia. Gustosa acepte, fue el hombre perfecto, siempre encontraba tiempo para mi, entre sus clases y las mías, nunca me dejo plantada en ninguna cita, él decía que yo era su prioridad sobre sus amigos por lo que cuando estaba conmigo siempre apagaba su celular. A la hora que fuera que yo lo llamara siempre contestaba con un "hola mi amor". Era todo un caballero, jamás me falto al respeto con palabras como ahora hacen muchos hombres con sus novias, tampoco se propaso jamás conmigo o se mostró lujurioso, pero siempre tenía un halago para mí. Si, Edward mi hombre perfecto.
Un día decidió presentarme a su familia, eso después de dos meses de relación formal. Para mi, esa era la prueba de su amor, el realmente me amaba no era solo una chica mas en su vida, al menos eso creía yo. La noche que conocería a sus padres me pidió matrimonio…
El timbre sonó, "demonios" yo aun no estaba lista, estaba tan nerviosa que tardé en decidir mas de la cuenta la ropa que usaría esa noche, solo para terminar colocándome el vestido sin mangas con escote discreto de color negro, zapatillas de igual color, la cena seria en casa de su madre, pero el me pidió que fuera lo mas formal que pudiera, no entendía pero supuse que sus razones tendría. Tome el perfume que me regalo Ángela el día de mi cumpleaños y lo coloque en esos puntos clave para mantener el aroma. Por si me besa, por si me abraza y por si se pasa, al pensar esta ultimo solté una carcajada, Edward es anticuado como mi abuela, que en paz descanse. Bien, me dirigí a la puerta y abrí con una sonrisa de inocencia.
—Disculpa —si estaba molesto por hacerlo esperar por mas de quince minutos no menciono nada, solo me miro de arriba a bajo y dijo:
—Luces hermosa —su sonrisa deslumbrante me dijo que no mentía —. Pero hace frío afuera deberías ponerte un abrigo.
—¡Oh! si claro, aquí esta.
Salimos del departamento, pensé que nos estaría esperando un taxi pero no fue así, había un Volvo plateado esperándonos. Me abrió la puerta del copiloto y yo subí, definitivamente era un caballero, todo un encanto.
—¿Y este auto? —pregunte, estaba confundida no sabia que tenia auto, nunca lo traía y jamás lo comento. Sin embargo el solo sonrío sin mirarme.
Minutos mas tarde se estaciono frente a un parque.
—Bella deberíamos caminar un poco. Necesito aire… estoy nervioso.
Le sonreí, pero por dentro estaba aterrada, él estaba actuando muy extraño, ¿acaso sus padres se molestarían con el por invitar a su novia a cenar con ellos? Caminamos alrededor de cinco minutos, cuando el decidió que era suficiente paro su andar y yo con él. Me tomo del brazo y me giro de forma en que yo quede frente a él. Me miro a los ojos y lentamente se arrodillo frente a mí, con una cajita roja en forma de corazón y me dijo:
—Isabella Swan, si aceptas ser mi esposa prometo amarte, respetarte y cuidarte por el resto de nuestras vidas —. Olvide respirar, olvide mi nombre o el hecho de que tenia tan solo veintiún años, aun no terminaba la universidad, lo único de lo que estaba consiente era de que Edward era mi príncipe azul y que no lo dejaría escapar.
—Si acepto —Edward tomo el anillo y lo coloco en su lugar después beso mi mano, pero yo me lance a él besándolo a los labios.
Esa noche me presento a sus padres, me entere que era hijo de una de las familias mas ricas del país, ahora si pensaba que Edward era mi príncipe, que se enamoro de una muchacha que lo único que tenía era una casita pequeña en Forks herencia de sus padres, al morir tres años atrás. Amaba a Edward con todo mi corazón, tanto que acepte que nos casáramos tres meses después.
Ilusiones espejismos, eso era lo que yo veía en Edward, solo lo que yo quería ver, nunca me puse a analizar su comportamiento, me deje llevar por su hermosura física y su fachada de hombre ideal.
….
En la actualidad…
Bajo la luz de las llamas de la chimenea se encontraba sentada bebiendo su tercera copa de vino, mirando tristemente las distintas figuras que el fuego creaba. Entonces el ruido de las llaves en la cerradura de la puerta se escucho, con el siguiente sonido al cerrarse. Los pasos de él pararon justo detrás de ella.
—¿La junta se extendió hasta las tres de la mañana? —ella pregunto.
—Salí a tomar una copa con Eleazar, después de la junta —contesto mientras dejaba su saco en el sillón y liberaba su cuello de la corbata.
Ella dio un trago más a su copa y continúo diciendo:
—¿A que hora terminaron? — pregunto con un nudo en la garganta.
—Hace media hora. ¡Demonios! Si no me crees ¿Por qué no le marcas y averiguas por ti misma?
—No hace falta, te llamo a las once y dijo que aun se encontraba en Canadá, el vuelo se retrasó y que entregaría el informe a primera hora en la mañana — dijo con tranquilidad mientras se levantaba y se giraba para mirarlo a la cara. Oh si su rostro no tenía precio. Sus ojos muy abiertos, trago saliva, se quedo sin palabras. Ella paso junto a él dándole la espalda —. Para ser un abogado eres pésimo creando cuartadas.
Se dirigió a la habitación, tomo su ropa de cama y camino hacia el baño. Cepillo sus dientes, lavo su rostro y se miro al espejo. Lo que vio la deprimió más de lo que ya estaba, por lo que mejor desvío la vista y comenzó a cambiarse la ropa.
Cuando entro a la recamara Edward iba saliendo de esta con una frazada y una almohada, esta noche dormiría sola.
Se recostó con la tristeza a flor de piel. "¿Cuando el dejo de amarla?". Con lágrimas en los ojos se quedo dormida.
El reloj despertador anunciaba un nuevo día, ella se levanto como todos los días, aun cuando apenas había dormido un par de horas, se dirigió primeramente al baño, aseo su cara y su boca para después ir a la cocina a preparar el desayuno a su esposo, porque podría estar molesta con él, pero ese no era motivo suficiente para Isabella para no cumplir con sus obligaciones de ama de casa. Cuando hubo preparado todo, dispuso un lugar en la mesa, puso el café y jugo de naranja, las tostadas junto al plato de huevos con jamón y una ración de fruta picada. Se sentó en la mesa y espero a que su esposo se presentara para desayunar juntos. Edward entro al comedor, sin siquiera sentarse a la mesa dio un sorbo a su café una mordida a un pan y salió sin siquiera despedirse.
Ese era el hombre real con el que me case, el príncipe desapareció en el momento más difícil de nuestro matrimonio.
…...
Cuatro años antes…
La campanilla que anunciaba la entrada de cada persona que entraba al local había sonado ya varias veces antes de que entrara una hermosa chica con un aura extraña. Su rostro era como el de una niña atrapada en un cuerpo de mujer, su cabello corto y negro. Miro a todos lados buscando algo hasta que lo encontró. Camino lento pero con pasos seguros hasta una mesa que se encontraba en el rincón del lugar, apartada de las demás.
—Hola, siento llegar tarde pero había rebaja en la tienda de Tanya y no pude resistirme —decía mientras tomaba asiento frente al hombre sentado en la mesa.
—Pudiste haberme enviado un mensaje ¿no crees?, pequeña duende —dijo él hombre en tono molesto.
—¡Basta de reclamos! —Golpeo la mesa con su pequeño puño —. Y bien, dime a que se debe que me hayas hecho venir hasta aquí. ¿Qué es eso tan importante y misterioso que has de confesarme? —decía mientras miraba la carta para pedir un postre.
—Voy a casarme —dijo con convicción y seriedad aquel hombre.
—Ya, es un buen chiste. —Ella no le dio importancia alguno al comentario de su acompañante, siguió mirando la carta —. Ahora dime, porque estoy perdiéndome un día de compras con Tanya.
—Ya te lo dije, no es broma voy a casarme. —Dio un sorbo a su café, y la miro con una sonrisa de satisfacción. Entonces capto su atención.
—No es cierto. No, ¡no puede ser verdad! —Chillo y tapo su boca con ambas manos.
—¿Qué es tan difícil de entender? ¿Qué voy a casarme o que estoy enamorado? —se sintió ofendido.
—¿Cuál es la oxigenada sin cerebro pero con un buen cuerpo que te ha dado caza?
—¡Sorpresa!, no es rubia y no me ha dado caza. Y sea como sea su cuerpo a mi me gusta y es perfecto.
—¡Dios mío! Edward, el que una mujer sea buena en el sexo y te haga ver luces de colores no significa que estés enamorado de ella. —No podía creer que su hermano fuera un tonto como para casarse de la noche a la mañana. Ahí había gato encerrado.
—Mira Alice no voy a discutir contigo, tampoco voy ha hablarte de mi novia para que le des tu aprobación. Estas aquí porque como tu hermano mayor, tengo el derecho de pedirte un favor.
—Dime, aunque creo que vas a cometer un error. Ni siquiera la conozco o ¿si? —entrecerró los ojos a modo de desconfianza.
—No hace falta. Lo harás el próximo domingo. Voy a invitarla a conocer a la familia. Y tú vas a preparar a nuestros padres para la noticia.
—¿Quieres una cena especial para la susodicha? — No lo podía creer ¿Quién era esa mujer para poner la vida de su hermano patas a arriba?
—No espero menos —se inclino hacia enfrente y le susurro como si fuera un secreto nacional —, ese día anunciaremos la noticia.
—¿Estas loco? ¿Noticia doble? —definitivamente pensaba que su hermano había perdido la razón.
—¿Lo harás? —pregunto esperanzado.
—Cuando llegue el momento te diré "Te lo dije" —dijo mientras negaba con la cabeza de un lado a otro.
—No yo te diré "Te lo dije" —su sonrisa no podía ser mas grande ni su felicidad.
—Insisto, las mujeres superficiales no son confiables Edward. —Trato de hacerlo entrar en razón.
—¿Lo dices tu que te riges al ritmo de la moda? —Sabia que era un golpe bajo para su querida hermana pero eso le enseñaría a no meter sus narices en su relación.
—Yo no busco a un hombre millonario para que solucione mi vida —dijo molesta.
—Solo hazme el favor Alice.
—De acuerdo —acepto rindiéndose al fin, estando segura que él se arrepentiría en algún momento de su vida. Realmente esperaba estar equivocada.
….
Estaba nervioso, le preocupaba en cierta manera la opinión de sus padres pero confiaba en su amor por ella y en el que ella misma le profesaba. Recordaba el día en que la conoció, una chica tímida en un rincón de la fiesta, su vestido color azul combinaba perfectamente con su piel pálida haciéndola parecer un ángel caído del cielo. La había estado observando desde hacia ya algunos minutos. Le parecía una chica sencilla y tierna, no era pretenciosa y no trataba de aparentar algo que en realidad no era. Ella simplemente era autentica. En ese momento nunca deparo en el resto de su físico solo en su rostro, su mirada tierna y tímida.
Cuando se decidió a hablarle un lapso de inseguridad lo atravesó, no sabia porque le pasaba, no había mujer que lo haya rechazado alguna vez, pero aun así tuvo miedo de que ella fuera la excepción. Cuando acepto bailar con él y la tuvo entre sus brazos se dio cuenta que fue la mejor decisión que pudo haber tenido.
Continuo saliendo con ella a pesar de los comentarios mal intencionados de su mejor amigo James. Pero lo que él y sus otros amigos pensaran le importaba poco. Bella se había ganado su corazón; pero ciertamente le costaba demasiado mantener la relación formal y apropiada con ella, la deseaba a tal punto que hasta soñaba con el día en que la hiciera suya. Cosa que solo pasaría cuando se casaran, ella era especial y no quería caer en el error de la famosa prueba de amor. Quería hacer las cosas bien, realmente la amaba y merecía lo mejor, más que una noche de lujuria para que al siguiente día la dejara en su casa, rompiendo el encanto de una maravillosa noche. Pero como todo hombre visual y carnal no podía evitar desearla, por lo que le pidió matrimonio, estaba seguro de que ella era la mujer de su vida, ¿para que esperar?
Ahora ahí se encontraban en la entrada de la casa de sus padres, ella parecía nerviosa y lo único que podía hacer para tranquilizarla era besarla, la entendía, nunca le hablo sobre si mismo, no era que tuviera algo que esconder, solo que quería que ella lo amara a él y no a su posición social. Ese fue el día en que su fachada de chico clase media termino.
—Tranquila todo saldrá bien van a quererte —tomo su mano y deposito un suave beso en su palma para tranquilizarla.
—Edward, no estoy segura, ¿que haremos si no les gusto? Yo no soy como tú…
—Para, para, no entiendo a que te refieres a ser como yo, mis padres no se dejan llevar por la posición económica Isabella —le dijo un poco molesto. Ella bajo la mirada apenada y él se sintió mal al instante. Tomo su rostro entre sus manos…
—Lo siento amor no quise hablarte así. — Beso sus labios de forma cariñosa. Estaban tan concentrados que no escucharon cuando la puerta de la casa fue abierta, y una tos demasiado fingida los saco del ensueño. Cuando se giraron a ver quien los había interrumpido se encontraron con la enorme sonrisa de la hermana de él, Alice.
—Buenas noches —dijo Alice con su sonrisa y ojos brillantes. Cuando escucho el auto de su hermano aproximarse corrió a la ventana mas cercana sin disimulo alguno, sabiendo que su madre la seguía. Había sido una suerte que la noticia de la novia formal de Edward no la tomara a mal, mas bien todo lo contrario, su madre pensó que ya era hora de que sentara cabeza y se dedicara a una solo una mujer.
Cuando la vio bajar del auto, esperaba ver a una mujer alta, piernas largas cuerpo de Miss Universo. Pero abrió la boca al ver a una chica de estatura media, piel blanca, no alcanzaba a ver completamente su rostro, pero más fue la sorpresa al percatarse que era castaña. Su ropa no parecía de diseñador pero le quedaba bien, disimulaba perfectamente sus acentuadas curvas. Definitivamente no era modelo o actriz, era una mujer común, una mujer que no se regia por excesos o al menos eso era lo que a primera vista veía. Se dio la vuelta para abrirles la puerta pero choco con su padre que también estaba curioso por su nuera. Ahora estaba ahí parada frente a ellos y confirmando sus pensamientos anteriores.
—Hola Alice te presento a mi prometida Bella. Amor ella es Alice mi hermana. —Bella se mordió el labio inferior mientras le daba la mano, pero Alice no la acepto. Se abalanzo sobre Bella.
—Gusto en conocerte Bella. Tengo el presentimiento de que seremos grandes amigas. — quería conocerlo todo de ella.
—El gusto es mío —en ese momento los jóvenes escucharon una voz.
—¡Edward has llegado! —dijo con voz fingida, Edward rodó los ojos sabiendo que seguramente antes estuvo husmeando desde la ventana.
—Hola mama, donde esta Carlisle quiero presentarles a Bella —la mujer los observo expectante.
—Claro pasen esta en la sala —todos pasaron, Carlisle se encontraba encendiendo la chimenea. Haciéndose el desentendido.
—Papá —Edward llamo su atención colocándose frente a él, su padre le lanzo una mirada de interrogación, ellos no sabían aun la verdadera razón de la petición de una cena especial, Alice había guardado el secreto del compromiso solo mencionándoles que conocerían a su novia no su prometida —. Papas, quiero presentarles a una persona muy especial para mí —guardo silencio pues en realidad no era lo que quería decir. También notaba los nervios de su dulce novia quien iba a provocarse una seria herida en sus labios si continuaba la tortura—. No, olviden eso, lo que quiero decir es que quiero que conozcan a la mujer con la que quiero compartir el resto de mi vida, a la mujer que amo, a Isabella mi prometida.
—¡Oh por Dios! —exclamo Esme con lagrimas en los ojos. Mientras que Carlisle los miraba a ambos con una sonrisa.
—Isabella ella es mi madre Esme y él Carlisle mi padre —Bella contenía el aire en sus pulmones y solo lo soltó cuando hablo…
—Mucho gusto señores. —dijo ella tímidamente.
—El gusto es nuestro, aun que estoy asombrado, Edward —Carlisle sonreía.
—Isabella bienvenida a la familia —dijo Esme abrazando a la chica
—¡Oh! Gracias, díganme Bella.
"Efectivamente mi hermana nunca espero a que yo me casara con una mujer distinta a todas mis anteriores conquistas, tarde comprendió que Isabella era lo que yo quería para formar mi hogar y mi familia, ella era la mujer indicada"
…
Un año después…
—Vamos Edward solo un rato —últimamente James se había convertido en una tortura para Edward, quien insistía en que regresara a las andadas.
—No, Bella me espera para cenar —dijo con cansancio de repartirlo por quinta vez en el día.
—Bella esto, Bella lo otro, desde que te casaste has salido con nosotros tus amigos dos veces. ¿Qué acaso nunca piensa soltarte la cadena que traes en el cuello? —su voz era maliciosa.
—No es cadena, se llama matrimonio. Estoy seguro que ella no tiene problemas en que yo salga. Lo que sucede es que yo no quiero salir.
—Mandilón.
—No James, se llama amor. Antes de conocerla viví lo suficiente como para no desear volver a las andadas. Mi vida ahora es mi esposa.
—Suenas como mi hermana cuando mira sus telenovelas.
—Cállate idiota.
….
Después de un largo y cansado día de trabajo solo deseaba llegar a casa al lado de su amada esposa y hacerle el amor. Tocar sus adorables curvas y dejarse mimar por ella. Cuando entro al edificio se topo con el conserje quien le saludo amablemente como siempre. Subió al elevador y se dispuso a dejar el trabajo en su oficina para dedicarse en cuerpo y pensamiento a su esposa. El elevador paro, salió de este y camino por aquel pasillo que lo llevaría a su paraíso personal. Cuando entro por la puerta, se le hizo extraño no ser recibido por unos cálidos brazos. Bella siempre que él llegaba se lanzaba sobre él para devorarse ambos en un apasionado beso, pero en esta ocasión no hubo su acostumbrado recibimiento. "¿Dónde había ido?" Se pregunto, mientras que inspeccionaba la cocina en busca de su otra mitad. Nada, no hayo a nadie. La llamaría una vez se cambiara de ropa. Se dirigió directo a la habitación y ahí la encontró…
—Hola amor, no escuche ruido y pensé que no estabas — Le saludo Edward a sus espaldas —. ¿Qué ocurre? —se preocupo al verla ahí sentada mirando a la nada muy quieta. Bella se giro quedando frente a él, aun tenia rastros de su llanto. Edward de inmediato fue hasta ella, tomando su rostro y la beso.
—¿Qué sucede Bella? —de nuevo le pregunto, aun mas preocupado.
—No podremos tener hijos —le contesto con la mirada baja. Edward sintió un frío recorrer todo su cuerpo y alojarse en su corazón.
—¿Por qué dices eso? —la pregunta salió en automático.
—Soy estéril.
La noticia fue como una abofeteada a su ego, a su hombría y su futuro feliz. No la abrazo o consoló, no dijo nada… dio media vuelta y se fue.
Ese fue el inicio del fin de su matrimonio.
….
Edward manejo no sabe cuanto tiempo pero ya había oscurecido cuando se estaciono frente a un local, el mismo donde años atrás en su soltería iba para encontrar algún desahogo carnal. Salió del auto y entro al lugar. Gente por todos lados mujeres desnudas bailando alrededor de un tubo como anacondas enredándose en el. Edward miraba sin mirar. Una chica morena se acercó a él.
—¿Le puedo ayudar en algo? —sus pechos de silicón se mostraban asfixiados bajo el diminuto sujetador de lentejuelas que traía puesto. La pequeña faldita o intento de ella le daba una buena vista de su trasero.
—Quiero un privado…
Llego a casa al amanecer se sentía asqueado de si mismo, había engañado a su esposa cuando debió estar a su lado para darle apoyo, pero no pudo, sus sueños de una familia como la que él tuvo en su infancia se desmorono. Su deseo de un hijo varón al cual poder enseñarle a jugar pelota, andar en bicicleta o darle consejos de cómo conquistar a una chica cuando tuviera edad, a llevarlo a tomar su primera cerveza, enseñarle todo lo que su padre le había enseñado, todo eso desapareció. No quería decirlo en voz alta pero la había odiado en ese momento y no sabía si seguiría odiándola por más tiempo por negarle su paternidad.
Esa noche fue la primera de muchas en las que el no llego a dormir. Mientras tanto Bella seguía asombrada por la reacción de Edward, sabia que había sido un golpe fuerte.
Actualidad…
Las manos grandes y delgadas del hombre acariciaban con ternura la larga cabellera rubia de la mujer recostada a su pecho. La respiración acompasada de ella era una melodía relajante para él. La alarma del celular de Rosalie sonó y con ello la advertencia de que tenían poco tiempo para volver a la oficina.
Con un gran suspiro ella se retiro dejando libre a aquel hombre maravilloso que le había hecho el amor con tanta pasión que los botones de su blusa quedaron esparcidos por la alfombra de la sucia habitación de hotel, la blusa quedo en un rincón a la entrada junto con el sujetador, la falda al igual que los tacones al lado de la cama. Las bragas ¿donde demonios habían quedado? Buscando con la mirada esa íntima prenda no lograba encontrarla, cuando esta cayó en su rostro. Molesta miro a Edward quien tenía una sonrisa torcida, traviesa y perfecta en su rostro. Si definitivamente él era único. Se coloco la prenda pero tardo demasiado en la acción cuando él ya estaba quitándosela de nuevo.
Eran las dos de la madrugada cuando salieron del hotel de baja categoría. Media hora después se encontraba camino a casa, se le había hecho tarde "de nuevo", pero era algo que no podía evitar cuando estaba con esa hermosa y atractiva mujer de tan solo veintiún años "Su secretaria" quien no solo estaba trabajando con él desde hacia un año y medio por ser su amante. Ella era inteligente, ordenada, eficiente además de muy discreta. No era su primera amante pero si la que ha significado demasiado para él, tanto que estaba pensando seria mente en ponerle un departamento en una mejor zona. Donde vivía era un barrio bajo y peligroso. No le gustaba.
Había llegado a su "hogar" solo esperaba que se "ella" se encontrara dormida ya que si había algo que odiaba eran las escenas de celos y discusiones. Estaba cansado de eso. Una vez estacionado el auto, salió de él con su portafolio en mano. Cerró y puso la alarma. Entro al elevador y cerro los ojos memorando lo vivido hacia solo unas horas.
Ella y su maravillosa boca succionando su miembro, ordeñándolo hasta dejarlo seco. Después cabalgándolo con sus pechos danzando de arriba a bajo una y otra vez. Las puertas se abrieron… había llegado a su piso. Recorrió el pasillo como si estuviera apunto de llegar a la guillotina pero tenía que llegar a su monótona y aburrida vida marital.
Saco las llaves del bolsillo de su pantalón para abrir la puerta de su cárcel. Cuando entro a la estancia encontró lo que ya se esperaba a "su mujer".
—¿La junta se extendió hasta las tres de la mañana? —ella pregunto, él suspiro cansinamente y respondió con indiferencia.
—Salí a tomar una copa con Eleazar, después de la junta. —Dejo su saco en el sillón y libero su cuello de la corbata. Mientras la observaba beber de su copa.
—¿A que hora terminaron? —noto su voz entrecortada y contenida, "patética" fue su pensamiento.
—Hace media hora. ¡Demonios! Si no me crees ¿Por qué no le marcas y averiguas por ti misma? —dijo exasperado y cansado de la conversación lo menos que quería eran reclamos y lagrimas llenas de chantaje emocional.
—No hace falta, te llamo a las once y dijo que aun se encontraba en Canadá, el vuelo se retrasó y que entregaría el informe a primera hora en la mañana. — dijo con tranquilidad mientras se levantaba y se giraba para mirarlo a la cara. Su rostro debió haberle parecido a ella un poema pues sentía sus ojos casi salirse de su lugar cerro la boca cuando se percato de tenerla abierta, trago saliva, no sabia que decir. Ella paso junto a él y dijo — para ser un abogado eres pésimo creando cuartadas.
—¡Diablos! —maldijo en silencio.
Halo sus cabellos con desesperación y tomo aire para dirigirse a la habitación, tomo una almohada y frazada y se dispuso a salir de ahí para dormir en cualquier lugar que fuera lejos de ella, la odiaba por hacerle sentir una mierda.
Esa noche fue la primera de muchas en las que el no llego a dormir…
…..
Autor:
Gracias por el apoyo que le han dado a esta historia, por sus alertas, favoritos, sus PM y Reviews:
Lulu, Brigitte, Monita, Sonia diaz, Miranda, Yumel22, Ana, lore562, Kelxi, Anne Cullen, Sandra32321, Nani87.
Nani87: este capitulo esta mas claro, espero hayas encontrado las repuestas a tus preguntas. También me preguntaste si quedaban juntos, créeme que llegara un momento en que odiaras a Edward al grado de pensar que no merece a Bella. Todo depende de él.
Gracias a las chicas del Facebook por su apoyo.
A quienes me echan la mano de revisar mis locuras, gracias por sus recomendaciones. Sarobari y Lillian.
Nos leemos el siguiente Martes.
Besos.
Chapter 3: Chapter 3
Por amor
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer, la trama a Rakelluvre y la edición a Sarobari es un TH, UA y un OoC.
Summary:
¿Que secreto guardarías para proteger al ser que amas? Porque yo soy la esposa que lo ama incondicionalmente. ¿Cómo hacerle entender que ya todo ha terminado? Yo elegí la mujer equivocada para que sea mi esposa.
¿Cómo resistir al amor prohibido? Yo he llegado al final de su historia para comenzar una nueva.
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A los nuevos lectores ¡Bienvenidos!
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Capitulo 3
Rose.
Año y medio atrás…
"Tal vez si mi padre no hubiera muerto a manos de ese ladrón, tal vez si mi madre no se hubiera vuelto a casar, tal vez y solo tal vez mi vida fuera distinta…"
Rosalie Hale, caminaba apurada con sus altas zapatillas rojas por las calles de Chicago, su vestimenta constaba de una minifalda, camisa blanca manga larga hasta sus muñecas y saco a juego. El color del traje aun cuando estaba desgastado hacia juego con sus zapatillas. Su cabellera larga hasta la cintura rubia como los rayos del sol, ojos color azul como el cielo, espesas pestañas, boca chica y nariz respingona hacia de ella una hermosura de mujer. Una diosa del amor.
Odiaba la impuntualidad, llegando exactamente cinco minutos antes a su entrevista de trabajo al edificio de Cullen & Asociados, respiro hondo tratando de quitarse los nervios de encima. Miro el alto edificio y entro. Espalda recta, cabeza en alto paso lento pero seguro, expresión serena y mirada fija, se acercó a la recepción.
—Buenos días señorita tengo entrevista con el señor Cullen, para el puesto de secretaria.
—¿Cuál es su nombre? — la recepcionista no la miro.
—Rosalie Hale.
—Tome —le entrego un gafete que decía "Visita" —. Ultimo piso, no hay secretaria por lo que yo avisare al señor desde aquí, cuando llegue solo toque su puerta y espere a que le de el paso.
—¿Solo hay una puerta en ese piso?
—Si. —Dignándose a levantar la mirada le sonrío. —Suerte.
—Gracias.
Rosalie siguió las indicaciones y seis minutos mas tarde estaba frente a la puerta del señor Cullen. Dio dos suaves toques y espero…
—Pase.
Ella entro espalda recta, cabeza en alto, a paso seguro y mirada serena.
—Buenos días, señor soy…
—Odio la impuntualidad, un minuto tarde — el hombre la corto — Los días lunes estamos mayormente cargados de trabajo tome asiento y apunte le daré algunas indicaciones a menos que tenga memoria fotográfica y recuerde todo lo que tiene que hacer. — el tecleaba y mantenía la mirada fija en el ordenador.
—Si señor, permítame. — se sentó en la silla frente a él y de su bolso saco su usada agenda y su pluma. —Lista.
—Aun no apuntes —, situó su mirada en ella sin expresión alguna —. Según recursos humanos por tus resultados en los exámenes y entrevistas fuiste la más apta para el puesto, por lo que no gastare mi tiempo entrevistándote para citarte hasta mañana cuando hoy hay demasiado que hacer aquí. Estas a prueba por una semana si no me sirves el sábado a última hora se te hará saber. Y por supuesto el tiempo a prueba se te pagara. Ahora si escribe…
Tras recibir una capacitación Express de Jessica la secretaria de Vicepresidencia paso el día entre contestar teléfonos, escribir algunas cartas, ordenar el itinerario de su jefe, contactar algunos abogados para solicitar expedientes de los últimos casos del mes, y revisar correos electrónicos. La salida de trabajo era hasta las siete de la noche, pero su jefe no se había retirado por lo que ella continuo ordenando expedientes por orden alfabético.
Edward salió de la oficina a las nueve de la noche, se sorprendió al verla ahí entre hileras de expedientes, se quedo parado detrás de ella mirando lo que hacia y dedujo que los estaba ordenando. Al haber despedido a cuatro inútiles secretarias que solo querían el puesto para abrirse de piernas frente a él, la oficina era un completo desorden ya que todo el mundo tomaba los expedientes y los botaba sin tomarse la tarea de dejarlo en su lugar incluyéndose él.
—¿Por qué aun estas aquí? Hace dos horas debiste haberte ido — la voz ronca de él la hizo dar un pequeño salto en su lugar.
—Ah disculpe señor, es que usted aun se encontraba dentro y pensé que pudo haberme necesitado.
—¿Necesitado para que? —le pregunto mientras la miraba desvergonzadamente con una sonrisa ladeada de la cintura para bajo. Pero cambio la expresión borrando su sonrisa sexi conquistadora, cuando miro su rostro. La mirada de Rosalie era helada. — la próxima vez solo avísame que ya es hora.
Edward salió de ahí sorprendido por el rechazo mudo de ella, sonrío al saber que al fin había encontrado a la secretaria perfecta.
….
Eran poco mas de las once cuando ella llego a casa, los gritos de su hermana Bree la alertaron, entro corriendo al apartamento para encontrarse a su padrastro Royce sobre ella intentando golpearla, Rosalie tropezó con las piernas de su madre quien estaba tirada e inconsciente en el suelo. Se levanto para correr a su habitación, saco el viejo bate de su padre y regreso a la sala.
—¡Suéltala maldito o te la veras conmigo! —rugió como leona enfurecida en defensa de su cachorro….
—¡Perra tu no te metas! —Rosalie no lo pensó soltó dos golpes, uno detrás de las rodillas del hombre provocando su caída y el siguiente en su espalda. Bree salto para salir de la jaula humana de su padrastro.
—¡Bree corre a la salida!.
—¡Ah! Puta desgraciada —Royce lloraba del dolor.
—Te lo tienes merecido mal nacido, no te vuelvas a acercar a Bree. — reviso el pulso de su madre la muy desgraciada estaba borracha. Fue a su habitación y de debajo del colchón saco los últimos ahorros que tenia. En una bolsa hecho dos cambios de ropa para el trabajo, tomo la mochila de la escuela de Bree y un cambio para ella. Salió de la casa no sin antes amenazar nuevamente con el bate a su padrastro.
Bree sangraba de la nariz y tenia el ojo morado. Tomaron un taxi y se instalaron en un hotel pagando un día de alojamiento. Una vez en su recamara se dispuso a tomarle fotos con su celular. Después lavo y desinfecto sus heridas, la nariz no estaba rota pero se le haría un buen moretón.
—¿Por qué te golpeo? —le pregunto a su hermana mientras acariciaba sus cabellos.
—Quería tu dinero. Para su droga. —Bree estaba a dolorida y pensaba en lo buena que era su hermana, la amaba y la admiraba. Ella pudiendo haber escapado de aquella mala vida desde hace mucho no lo había hecho por ella.
—¡Maldito!
—No quiero volver —lagrimas cayeron de los ojos de Bree de tan solo catorce años.
—No lo haremos.
…
A la mañana siguiente Rosalie se presento a laborar media hora antes de su entrada. Aun le faltaba mucho para terminar de ordenar los expedientes. Edward Cullen llego diez minutos después y de nuevo se sorprendió al encontrarla ahí archivando como si no se hubiera ido de la oficina. Pero su ropa era distinta pantalón negro blusa blanca, muy parecida a la del día anterior, los mismos zapatos rojos y suéter verde.
—¡Buenos días! —la secretaria se giro y miro a su jefe quien estaba evaluando su vestimenta.
—Buenos días. ¿Gusta una taza de café?
—Si, dos de azúcar —él no menciono nada sobre su atuendo pero negó con la cabeza y se fue a su oficina.
A la hora de la comida Rosalie se quedo en la oficina adelantando su trabajo, cuando recibió una llamada de recepción indicándole que la policía la buscaba. Extrañada bajo a la recepción.
—Buenas tardes —saludo recelosa.
—¿Es usted Rosalie Hale?
—Si.
—Soy el comandante Riley queda usted detenida por agresión y secuestro.
Edward Cullen regresaba a la oficina al lado de su socio Eleazar Denali, cuando el alboroto en la recepción llamo su atención, pero mas se sorprendió al ver a su secretaria ser esposada. Entonces la escucho gritar.
—¿Agresión? ¿Secuestro? ¡Ese hijo de puta la iba a matar a golpes si no la defendía!
—¿Que demonios?.. —murmuro Edward para si mismo. —¿Qué sucede aquí?
—Tiene derecho aguardar silencio, todo lo que diga será usado en su contra… — Rosalie se quedo callada miro a su jefe y con lagrimas en los ojos le dijo….
—En mi celular tengo las pruebas de mi inocencia, por favor —su mirada era suplicante, y algo dentro de Edward se movió.
…
Seis meses después …
—Señor Cullen aquí tiene los documentos que me pidió y también le recuerdo que tiene una cita con Emmet Mcarty a las dos te la tarde.
—Gracias Rose de verdad estaría perdido sin ti. —le dijo antes de dar un sorbo a su café humeante, para después cerrar los ojos y saborearlo bajo la mirada de veneración de su secretaria. —Delicioso, ni siquiera mi esposa hace un café tan rico.
Rose sonrío —Gracias señor. —Un minuto después salió de allí y tras cerrar la puerta suspiro con el corazón latiéndole de forma apresurada.
Lo que había empezado como agradecimiento y gran respeto por aquel hombre quien le dio un voto de confianza a ella, una completa desconocida. Él le había mandado a uno de los abogados del bufete para hacerse cargo de su problema. Las cosas salieron bien. Ella no se cansaba de decirle lo agradecida que estaba con él. Como todo un caballero le había dicho que lo hubiera hecho por cualquier empleado siempre que fuera inocente como en su caso, que tenia una justificación a sus actos. Pero aun así ella se esforzaba al doble en su trabajo siempre realizándolo a la perfección, para hacerle saber a Edward Cullen que no había cometido un error en ayudarla y mucho menos a contratarla. Pero todo ese respeto y admiración con el tiempo se convirtió en veneración por su héroe, hasta que aquellos sentimientos cada día se hacían mas fuerte y su atracción por sentir ese cabello suyo entre sus dedos, acariciar su ancha espalda, preguntarse como se sentiría al ser estrechada entre sus fuertes y protectores brazos, todo eso la volvían un imán sexual cada que estaba frente a él. Hasta el día en que sus sueños se hicieron realidad…
….
Eran las once de la noche cuando Edward salió de su oficina, había bebido unas cuantas copas de Whisky, su insatisfecha vida personal y los problemas del trabajo lo estaban hundiendo, necesitaba una distracción y con urgencia algo que lo hiciera sentirse feliz y vivo. Algo que no le deprimiera, algo que no fuera Isabella Cullen. Y entonces ahí estaba ella, su fiel, eficiente y hermosa secretaria. Dormida en su escritorio esperando la salida de su jefe para poder retirarse. ¿Cuántas veces le había dicho que se podía ir a la hora de su salida? Si él se quedaba era para pasar menos tiempo al lado de su inservible mujer, pero no por eso tenia que sacrificar a su pobre y muy agradecida secretaria.
Con una sonrisa de ternura en su rostro se acercó a ella, por largo tiempo la observo, era bonita de hecho hermosa, su cabello rubio desparramado en el escritorio era lo mas sexi que había visto desde que se había casado con la inútil, gorda y fea Isabella. Rosalie no solo era hermosa por fuera, también lo era por dentro. Inteligente, fuerte, leal, amorosa y por supuesto también una buena madre capaz de enfrentarse a un hombre de casi dos metros de altura para proteger a aquella niña, su hermana, quien consideraba y trataba como a su hija. Que distinta seria su vida si en vez de esperarlo en casa una castaña fuera una rubia. Esa que estaba ahí esperándolo a que el saliera.
—Rose —le llamo suavemente acariciando su nombre con voz seductora y anhelante. Ella abrió los ojos lentamente hasta que cayó en cuenta que él estaba ahí. Un rubor apareció en sus mejillas "adorable" pensó él.
—¡Oh! Disculpe señor. —Se puso de pie de inmediato y aliso sus ropas con nerviosismo.
—Rose, Rose ¿Qué voy a hacer contigo? —Soltó un suspiro dramático —Vamos te llevare a tu casa.
—No es necesario señor yo… —Edward tomo el rostro de ella entre sus manos, sus alientos chocaron, el de ella era dulce el de el a Whisky.
—Lo es, preciosa. —Se alejó de ella y la incito a ir con él.
Subieron al elevador y al cerrarse las puertas Edward no pudo resistirse por mas tiempo a la tensión sexual que hacia ya algunas semanas atrás emanaba de ellos, sabia que no era correcto, que podía perder a una buena empleada pero la necesitaba. La tomo del cuello y la beso.
Nunca la habían besado de la manera en que Edward lo hizo, salvaje tierna y apasionadamente, todo a la vez, nunca se había sentido tan llena de necesidad de fundirse con aquel hombre. Sus piernas flaquearon, se derretía en sus brazos. No pensó en la esposa de él, solo en que los sueños a veces se podían hacer realidad.
Edward termino el beso. Sus ojos eran negros por la pasión y excitación del momento.
—Te necesito Rose, te necesito ahora. Por favor ayúdame a apagar este fuego que has encendido en mi y que me esta llevando al infierno.
Jamás nadie le había dicho algo parecido, nunca se había sentido demasiado importante para alguien como él.
—Su esposa señor. Yo no…
—No la menciones —tenso la mandíbula —ella… no me hace feliz. No hay nada entre nosotros desde hace mucho. Por favor.
Mas tarde entraron a un Hotel a las afueras de la ciudad. Esa noche ella se entrego por primera vez a un hombre, pero no a cualquiera lo hizo al hombre que amaba en secreto con todo su corazón. Que mas daba si mañana no volviera a ella, quería ser feliz aunque fuera una sola vez.
….
Actualidad…
Eran casi las dos de la mañana cuando ella entro a su departamento, la habitación estaba a oscuras, en puntillas se dirigía a su habitación cuando la luz de la estancia se prendió. Bree su hermana de dieciséis años se encontraba sentada en el viejo sillón.
—Me pregunto como es que puedes dormir tranquilamente sabiendo que estas destrozando la vida de una buena mujer. Una mujer que mientras te daban mi patria potestad fue mi madre de acogida. Me dio techo, ropa y comida.
—Su matrimonio es un fracaso, el me ama a mi. — su voz se quebró al final.
—Si sus sentimientos fueran verdaderos no te habría hecho su amante. ¡Por Dios Rosalie, abre los ojos!
— ¡Basta no me levantes la voz! No tienes por qué juzgarme. No sabes nada de la vida, ni es asunto tuyo. —hacia ya mucho tiempo que no se atrevía a ver a los ojos a su pequeña hermana, se sentía mas culpable de lo que demostraba.
Mas tarde recostada en su cama mirando las sombras que entraban desde su ventana hacia su techo se pregunto… ¿Por qué ella no le daba el divorcio? Tal vez pareciera una buena mujer, pero era egoísta, quería tenerlo a su lado sabiendo que nunca podría darle hijos. Edward no merecía una mujer como Isabella Cullen. Si tan solo tuviera la oportunidad, ella le daría un montón de chiquillos y hasta su vida entera para hacerlo feliz.
….
¿Que les pareció Rosalie?
Gracias a todos por el apoyo y los comentarios, pero si quieren decirle unas cuantas cosas a Edward pueden buscarme en Facebook Obscuro Corazón en mi muro encontraran a la presidenta del Team odiando a Edward, Lillian Mcarty Parthenopaeus o bien buscarla a ella directamente.
Gracias por sus comentarios a:
Elizabeth Sawn Cullen, Nadia, Annie Cullen, Lulu, Vale. Potter, Robsten-Patisson, Caresme, Sandra 32321, Kary, Yumel22, Janalez, Kelxi Yloen.
Actualización el próximo lunes.
Besos.
Chapter 4: Chapter 4
Por amor
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer, la trama a Rakelluvre. Betas Sarobari Fisc y Lillian Mcarty, gracias por la ayuda.
Summary:
¿Que secreto guardarías para proteger al ser que amas?. Porque yo soy la esposa que lo ama incondicionalmente. ¿Cómo hacerle entender que ya todo a terminado? Yo elegí la mujer equivocada para que sea mi esposa.
¿Cómo resistir al amor prohibido? Yo he llegado al final de su historia para comenzar una nueva.
Primero que nada una disculpa por actualizar un día después, pero es que tengo un solo defecto para no ser perfecta en este mundo de mortales, este defecto se le dice ESPOSO (me quita el tiempo ja ja ja).
Gracias por continuar…
Capitulo 4
El comienzo.
Isabella se encontraba en la sala de espera de aquel enorme hospital de fertilización, desde el comienzo del matrimonio, Edward le hablaba sobre la numerosa familia que quería que tuvieran. Lo platicaron detalladamente tomando la decisión de esperar a que ella terminara su carrera para poder dar inicio a la búsqueda de bebes. Cumplido el plazo dejo de tomar la píldora, aunque le hubiera gustado ejercer su profesión no cambiaba la idea de tener una hijo de Edward. Y ahí estaba después de un año sin poder concebir. Mentiría si dijera que no tenía miedo de no poder darle una familia a Edward. Pero no quería hacerse ideas erróneas en la cabeza por lo que asistió con un medico especializado en fertilización.
Cuando le propuso asistir al hospital, no quiso atormentarlo de sus sospechas por lo que no le dijo la verdadero motivo del porque asistir a dicho medico, la razón que le dio era para traer a un niño sano al mundo. Edward no puso resistencia a asistir con el medico como lo supuso, de hecho estaba feliz porque las cosas se hicieran de la mejor manera, le agradaba la idea de prepararse antes de la concepción. Ambos tomaban vitaminas, él había dejado de beber su adorado Whisky los fines de semana. Siempre estaba pendiente de que ella no olvidara las pastillas de ácido fólico y de que su alimentación fuera la adecuada. Pero ya habían pasado seis meses y no habían logrado quedar embarazados, por lo que en su última cita les habían hecho estudios mas a fondo.
Ese era el día en que les darían los resultados y sabrían el origen de su problema.
La puerta con el nombre de Dr. Irina Whitlock se abrió.
— Señora Cullen, pase por favor
— Gracias. — le dijo a la enfermera con una sonrisa amable.
— Buenas tardes Isabella. ¿no viene Edward contigo? — pregunto tras ver a su asistente cerrar la puerta.
— Buenas tardes Irina. No, tenía audiencia. — soltó una risita nerviosa.
— Bueno podríamos cambiar la cita — sugirió Irina.
— Oh no… no hay problema puedes darme a mi los resultados de los análisis. — Se mordió el labio inferior — ¿salieron mal los estudios? — se preocupo.
— Tus estudios salieron muy bien…
…
Estaba sentada en la enorme cama matrimonial de su apartamento mirando aquellos análisis médicos sobre la infertilidad de su esposo. Un bebe es lo que habían estado deseando hacia ya un año, este nunca llego y nunca llegaría. Pero debía ser optimista, siempre había otras formas como la adopción. La trabajadora social del hospital de fertilidad en el que estaba siendo tratada le había aconsejado asistir a una reunión de parejas con diversos problemas de fertilidad, en donde algunas mujeres hablaron acerca de sus experiencias.
Escucho el ruido de la puerta de entrada, rápidamente se seco las lágrimas que había en sus ojos y dio un ultimo suspiro de dolor. Ella tenía que ser fuerte para él, ya que el no poder ser padres era doloroso, pero el saberse incapaz de concebir seria aun más fuerte. Había escuchado que algunas mujeres sentían que no servían o no eran mujeres por ser estériles, sus esposos no las comprendieron y las abandonaron por cualquier pretexto no sin antes humillarlas acabando con su autoestima. Y los esposos que aceptaron quedarse a afrontar la realidad al final tuvieron amantes que les dieron los hijos que ellos querían. Contados con los dedos de una sola mano adoptaron. En el caso de los hombres era mucho peor, toda autoestima se esfumaba, sentían que ya no servían para nada e incluso reaccionaban a la defensiva, se mostraban inseguros tanto en sus actos como con sus parejas lo que terminaba destruyendo el matrimonio. Ambas posiciones eran terribles de mirar. El ver a esas mujeres y hombres destruidos le hizo desear jamás permitir que él sufriera o pasara por lo mismo. Ella jamás lo abandonaría aun cuando eso significara perder su maternidad.
— Hola amor, no escuche ruido y pensé que no estabas. — Le saludo Edward a sus espaldas, pero ella tenia terror para enfrentarlo — ¿Qué ocurre? — tenia que decidir ahora, callar y hablar la mentira o decirle la verdad. Se giro quedando frente a él, aun tenia rastros de su llanto. Edward de inmediato fue hasta ella, tomo su rostro y la beso.
— ¿Qué sucede Bella? — de nuevo le pregunto, aun mas preocupado.
— No podremos tener hijos. — le contesto con la mirada baja. No podía mentirle mirándolo a los ojos era una mala mentirosa.
— ¿Por qué dices eso? — la pregunta salió en automático.
— Soy estéril. — La noticia fue como una abofeteada a su ego, a su hombría y su futuro feliz. No la abrazo o consoló, no dijo nada… dio media vuelta y se fue.
Mientras tanto Bella seguía asombrada por la reacción de Edward, sabia que había sido un golpe fuerte. Ahora daba gracias por haberle mentido para no decirle que era él quien no podía concebir. Ahora todo era cuestión de tiempo para aceptar la realidad. Él la amaba y juro jamás abandonarla.
Tomo los papeles y los escondió en su novela favorita Cumbres Borrascosas, al día siguiente, se desharía de ellos.
Eran más de las cuatro de la mañana cuando Edward llego a casa con olor a alcohol. Lo supo por que el deposito un suave beso en su frente antes de recostarse a su lado. Ella había estado muy preocupada pero comprendía que su desilusión por no poder ser padres era demasiada y tal vez estaba con alguno de sus amigos. Así que espero pacientemente su llegada, fingiendo dormir, aliviada de que regresara sano y salvo.
….
Edward
Desde que desperté me pregunte una y otra vez ¿Qué demonios había hecho? ¿No se supone que amo a mi esposa? ¡Maldición le jure ante Dios y ante el hombre que la amaría en las buenas y malas. En la salud y en la enfermedad. Hasta que la muerte nos separara. Me deje llevar por el dolor, ella me decepciono, se supone que uno se casa con la persona indicada para formar un hogar lleno de hijos y ella lo hecho todo a perder. De ahora en adelante lo único que tendré será a ella, no abra esperanza ni ilusión de un pequeñín en un futuro no muy lejano. Porque no existe la posibilidad de uno.
La miro dormir, me odio a mi mismo por fallarle, pero más la odio a ella por provocarlo. Si ella no fuera el problema estaría ahí, apoyándola consolándola. No puedo evitar culparla aun cuando de antemano sé que es algo que no puede evitar. Pero ha matado algo dentro de mí.
Me levanto de la cama, tomo mi ropa y entro al baño. La ducha de agua tibia me cae de maravilla, mi cuerpo se siente arder por el exceso de alcohol en mi sistema. Siento que la cabeza me estallara de un momento a otro, y los malditos recuerdos de la prostituta siguen ahí. Salgo del baño y la encuentro a ella, mi mujer, entrando a la habitación con una taza de café y un par de aspirinas.
— Toma te sentirás mejor con esto. — Ella siente culpabilidad y ahora no sabe como diablos remediar las cosas. No hay remedio, tendría que volver a nacer, pero esta vez sin imperfecciones en su maldito vientre inerte.
— Gracias — contesto más por educación que por otra cosa.
— Edward, sé que esto no es fácil para ti, como no lo es para mí. Pero quizás podríamos considerar la adopción… — al escuchar su voz entrecortada y sus ojos brillosos el amor que le tenia oprimió mi corazón, pero la mención de una adopción…
— ¡Estas loca! — le grite furioso, ella retrocedió pero yo fui mas rápido y la tome de los brazos diciéndole cerca del rostro —. Jamás, escúchame, nunca llamare hijo a alguien que no lleve mi sangre. — La solté arrojando su cafecito y pastillas al suelo.
Como se atrevía a siquiera pensar que yo cuidaría de un niño sin saber por quienes o como fue engendrado. Si sus padres o familiares tendrían alguna enfermedad rara e incurable. Si pertenecía a una familia de drogadictos o asesinos. Por eso y por otras cosas más no aceptaba y ni siquiera pensaba en esa posibilidad. Una de las razones por las que me había casado con Bella era por su buena salud, y si no pertenecía a una cuna de oro, si pertenecía a una familia digna y respetable su padre había sido el jefe de policía de Forks, se suponía que nuestros hijos estarían orgullosos de su abuelo Charlie por ser un hombre justo y honorable. Su abuela Renne fue una mujer bondadosa y hogareña según sus viejos conocidos. Mis padres también eran personas respetables el como medico cirujano era considerado de los mejores y Esme es la madre cariñosa y perfecta.
— Estúpida. — termine de arreglarme y salí del hogar sin despedirme.
…
Habían pasado ya dos meses desde que se enteraran de que no podrían ser padres. Parecían dos desconocidos viviendo juntos, él llegaba cada día mas tarde, argumentando mucho trabajo en la oficina. Los fines de semana salía al bar con sus amigos a jugar billar o a charlar. Pero esas salidas por las tardes se convirtieron en nocturnas. Llegaba al amanecer o simplemente al siguiente día. Según él ya sea Laurent o James no lo dejaban manejar tomado, por lo que terminaba quedándose en sus departamentos. Ella confiaba en él ciegamente. En cuanto a lo sucedido optaron por no volver a mencionar el tema. Era demasiado doloroso para ambos por lo que siempre Edward terminaba hiriendo a Isabella.
….
A los tres meses Edward salía todos los fines de semana a correr sin siquiera invitarla, solo decía vuelvo mas tarde. Fue un domingo después de una de sus salidas cuando ella descubrió algo que plantaría la duda en su corazón.
Isabella
Dios mío no puedo creer que él se lo tomara tan apecho, siento como si hubiera colocado una enorme pared entre nosotros. Intento acercarme cuando llega de trabajar, trato de lanzarme a sus brazos pero la frialdad con la que me mira me detiene frente a él. Evalúo mi siguiente movimiento abrazarlo o desistir, la opción que tomo es un simple "Hola". Doy media vuelta y entro a la cocina para preparar su cena.
Ya no hablamos como solíamos hacerlo, de cómo nos fue en el día, los problemas de su trabajo o de lo que yo hice mientras él no estaba. Tengo terror de perderlo. No me ha tocado y temo que busque a alguien más. ¿Por qué me hace esto? ¿Por qué me esta abandonando a mi suerte? Tal vez me equivoque, debí decirle la verdad. Pero si él lo ha tomado bastante mal pensando que soy yo la estéril no quiero pensar en lo que sucedería si supiera que en realidad es él. No, jamás debe saberlo. Hoy voy a abordarlo, haremos el amor y todo volverá a ser igual.
Él se ha ido a correr como cada domingo tiempo suficiente para arreglar todo y pasar un día encamados. Recuerdo cuando solíamos hacerlo.
Me levanto de la cama y recojo la ropa sucia que por costumbre bota por toda la habitación, camisa, pantalón…
—¿Qué es esto?… Preservativos — un jadeo escapa por mi boca, no puedo evitar que las lágrimas salgan de mis ojos. —No, él no puede hacerme esto. Tal vez son de James si, eso debe ser. ¡Demonios! ¿A quien engaño?.
Llevo mi puño cerrado en mi boca y me muerdo, lo hago para no gritar de desesperación. Levanto la ropa sucia y la llevo a su lugar. Entro al baño y me cambio la ropa de cama por una deportiva, no dejo de llorar, siento un enorme dolor en mi garganta, en mi pecho y sobretodo en mi corazón.
Escucho las llaves en la puerta, he pasado dos horas sentada frente a la televisión sin mirarla pensando en nada y en todo. El entra, no me dice nada. Yo en cambio lo sigo a la habitación donde empieza a desnudarse para tomar un baño. Y de nuevo la maldita ropa tirada en la habitación.
"Acabo de ordenar la habitación ¿podrías recoger lo que has tirado?"
—¿Por qué lloras? — no me había dado cuenta que aun lloraba, pero él esta extrañado.
Meto mi mano en el bolsillo de mi pantalón y saco los preservativos para estirar mi mano abriendo mi puño dejándolos al descubierto. El los mira y como si nada pasara dice:
— ¿Por eso lloras? —el maldito cínico me lo dice de lo mas tranquilo.
—Y lo dices tan tranquilo ¡Imbécil!.
— ¡Hey! Mide tus palabras Isabella. Además ¿por qué estas revisando mis cosas? ¿Que no se supone que hay confianza?
— No revise nada, se cayeron de tú pantalón cuando lo levante del suelo. Dime, ¿me estas siendo infiel?
—Ay Isabella que tonterías dices. Para que engañarte y complicarme la vida cuando puedo dejarte y salir con quien yo quiera sin temor a una esposa celosa y patética. —me escupió en la cara la palabra patética dándome cuenta que este patán no era el hombre con el que me case.
Sin poder evitarlo y no sabiendo que me sucedió le di una bofetada, tan fuerte que lo hizo girar el rostro a un lado. Su mejilla estaba roja en el lugar donde le golpee. Iba a disculparme cuando su mirada llena de odio se planto en mis ojos. Me asuste pero no pude reaccionar cuando el me regreso el golpe haciéndome caer al suelo.
—No vuelvas a tocarme, Isabella. Que no estamos en igualdad de condiciones. Deberías darme las gracias por no dejarte cuando no eres más que una maldita mujer seca — me dijo saliendo de la habitación, mientras yo permanecía en el suelo sujetando mi mejilla.
…..
Edward
Salí de la habitación dejándola tirada en el suelo. ¿Qué hice? La golpee con tanta furia contenida que seguramente le dejaría marca. Sintiéndome arrepentido y el ser mas despreciable que hay en el mundo salí de la casa camine por las calles pensando en mis acciones. La golpee y la insulte sabiendo que ella tenía razón, y todo el derecho del mundo a reclamarme. Pero ella no me reclamó, me preguntó. Y yo como un maldito cretino la insulte a ella quien no era culpable de las circunstancias.
Me dirigí a una florería le compre un ramo de rosas rojas y regrese a casa. Cuando entre la escuche hablar por teléfono mientras sacaba del congelador hielo.
— Claro me interesa, ¿a que hora?... De acuerdo… a nombre de Isabella Swan. Gracias. Si… que tenga buen día. — la escuche decir.
Sin siquiera mirarme pasa a mi lado con la cabeza baja y el hielo envuelto en una toalla sosteniéndolo con una mano en su rostro. La sigo. Cuando entro a la habitación se me hielo la sangre, ella esta haciendo las maletas.
— ¿Qué haces? — Apreté el ramo de flores a mi cuerpo. Sintiéndome impotente.
—Me voy. Disculpa por haberte pegado no fue mi intención. — se disculpo cuando yo lo merecía por ser una mierda con ella. Mi amada y a la vez odiada esposa. Pero al fin y al cabo muy amada.
— No Isabella te falte al respeto, lo merecía. — ella no tenia idea de que tanto merecía aquello.
— No Edward, una cosa son las palabras y otra lo son los golpes.— tenia razón, soy abogado y lucho contra cretinos como yo, irónico.
— Perdóname tú a mí. Yo también perdí el control. No debí seguirte el juego. —Ahora la culpo a ella como el bastardo que soy.
Ella no dijo nada solo metía y metía mas ropa a la maleta.
— Mira te traje rosas son tus favoritas… ¡Dios! Isabella no te vayas. Por favor. — No puedo evitar derramar lágrimas, realmente me siento mal viéndola partir por mi culpa. — Te necesito.
Ella me mira, siento horror al ver que el golpe está hinchando su ojo, casi lo tiene cerrado. Ella está llorando. Corro a abrazarla y beso su hermoso rostro en la parte donde la dañe.
— Perdóname, no volverá a ocurrir. Te lo juro. — haría todo por cumplirle mi palabra.
— ¿Me engañas?— me pregunta con dolor en su mirada. Pidiéndome con ella que le mintiera porque no podría resistirlo y yo no podía perderla.
—No preciosa como crees, son de James. Quería que me fuera con una mujer que se acercó a la mesa, pero no lo hice, porque te amo. Perdóname no volveré a salir con ellos te lo prometo. ¿Si?, por favor quédate nos daremos una oportunidad y todo saldrá bien. Volveremos a ser los mismos.
La beso en sus hermosos y carnosos labios. Por un momento me separo de su cuerpo, mi santuario, para tirar al suelo las maletas y ropa que hay en la cama mientras ella sostiene el ramo de rosas, se las quito de las manos y las esparzo alrededor del centro de la cama, me reúno de nuevo con mi amor. Perdido en sus ojos le saco la playera que lleva, y después el pantalón, dejándola en ropa interior blanca. Ella no es delgada como una modelo, ella está llena de curvas que adornan su hermoso cuerpo. Me gusta porque donde toco no encuentro huesos solo hermosos músculos los cuales podía amasar a mi gusto. Su vientre es plano, pero en estos momentos me hubiera gustado verlo redondo con un niño nuestro dentro de el. Una lágrima cae por mis ojos mientras le acaricio y deposito un beso en su vientre. Escucho que ella jadea y sus lágrimas caen en mi cabello, yo siento su humedad.
Comienzo a desnudarme bajo su mirada, y una sonrisa triste se asoma en mi rostro al verla morder su labio inferior signo de su deseo por mi, me complace. Totalmente desnudo frente a ella la tomo en brazos y la deposito sobre la cama. Las rosas a su alrededor enmarcan el cuadro de una hermosa mujer y esta es mía. Solo mía, la amo a pesar de mi odio hacia ella, hacia las circunstancias que nos han negado la felicidad plena, yo la amo y no puedo evitarlo aun cuando deseo hacerlo. Pero en este momento me rindo ante ella, ante mi amor por esta mujer buena y dulce.
Después de admirarla por un momento, subo a la cama, comienzo a besar sus pies como un sumiso servidor. Con una rosa recorro su cuerpo mientras ella cierra los ojos y se deja llevar por las sensaciones. Sus piernas, después sus caderas, estomago continuando el camino hacia sus pechos su cuello y por ultimo su rostro. Ella besa los pétalos de la rosa. Termino de desnudarla primero el sujetador después las bragas, ella totalmente desnuda bajo mi mirada. Es hermosa. Tomo de nuevo la rosa que ahora esta en su mano y acaricio sus pechos, sus pezones se erectan con la suave caricia de la flor. Hago un camino con ella hasta esos rizos castaños que esconden su centro. Lentamente abro sus piernas puedo ver su humedad de su centro, esta lista, pero yo aun no lo estoy para dejar de deleitarme con ella. Nuevamente retomo las caricias de la rosa ahora en esos labios hinchados; su cuerpo se sacude en un ligero temblor que me hace vibrar; ella dice mi nombre con voz ronca y sensual. Y yo no puedo resistirlo más. Me coloco entre sus piernas sobre ella, la miro a los ojos y le digo "Te amo", mientras uno nuestros cuerpos, mientras nuestras almas se complementan.
…..
He Luchado por recuperar lo perdido, porque mi amor por ella no muera, pero pronto comienza a convertirse en una carga demasiado pesada para llevar. Ambos ponemos de nuestra parte y ya habría funcionado de no ser porque yo sigo guardándole resentimiento por no poder tener hijos.
En el trabajo todo es presión, necesito una fuga de escape y pronto la encuentro bajo los brazos de mis secretarias, pero nunca entienden que solo es el momento. Siempre quieren mas por lo que termino botándolas. Hasta que llega ella.
Es lunes, el peor día de la semana. Lleno de trabajo y juntas. Yo sin secretaria, a la última la había despedido cuando descaradamente comenzó a desnudarse frente a mí.
Ahora tengo que entrevistar a una tal Rosalie Hale. ¡Malditos teléfonos no dejan de sonar!
—Diga.
—Señor Cullen, Rosalie Hale ha llegado a la entrevista.
—Qué pase.
…
Isabella
Pero nada ha vuelto a ser igual. Durante algunas semanas permanezco escondida en el departamento. Alice me llama continuamente para salir, pero yo finjo estar en un seminario que dio la universidad. Edward empieza a llegar temprano, y yo comienzo a recibirlo como antes pero algo en él me repele. Hablamos de lo que hacíamos en el día, pero sin entusiasmo, los lapsos de silencio son cada vez más frecuentes y más largos. No puedo evitarlo, hacemos el amor pero todo es tan pasivo que pronto caemos en la monotonía. Muchas veces intento sorprenderlo, repetir aquella noche en la que de nuevo fue mío, pero jamás ocurre. Su cuerpo se encuentra conmigo pero su mente no.
El tiempo trascurre, discutimos pero ya no como en esa ocasión en la que ambos perdimos el control. Entonces un día llega hablándome de su nueva secretaria y del problema del que tuvieron que sacarla. Me habla de su hermana Bree, la situación en la que se encuentran peleando su patria potestad, Edward me dice que es fácil quitársela a la madre pues es una alcohólica que no trabaja y el padrastro está en la cárcel. Pero aun así es un pleito que llevara su tiempo. En ese momento sintiéndome muy sola le sugiero que seamos sus padres de acogida mientras se soluciona el problema. Rosalie puede ver a su hermana cuando quiera. Y de esa forma la conozco a ella, a Rosalie Hale, la mujer que adelantara el final de mi hogar. No puedo culparla de la destrucción de un matrimonio, donde el amor no era de dos.
….
Si, hay mujeres que perdonan todo, no se les juzga para nada, quien este libre de pecado que lance la primera piedra. Pero mi pregunta es ¿Por qué somos tan ….? Quiero pensar que amamos con mayor intensidad.
¿De verdad les gustaría que se quedaran juntos? Si es así todavía les falta ver dos capítulos y ya me dirán. Otra cosa, se que mueren porque llegue al prologo, pero necesito armar el escenario donde sangrara Edward, para eso hay cosas que deben saber que hizo y dijo. Solo les pido paciencia quienes me leyeron en obscuro corazón, saben que soy una maldita en hacer sufrir a los personajes pero soy peor cuando los hago pagar por sus pecados
Gracias a los lectores fantasmas por continuar conmigo, por sus alertas, favoritos y comentarios siempre es grato saber lo que piensan o sus suposiciones de lo que pasara, solo quiero decir que el fic va avanzado por lo que si coincide con sus suposiciones es por coincidencia o yo soy mala guardando secretos.
Loli (todita la razón), Isis Janet ( un honor tenerte como lectora), Sandra32321 (siempre aquí muchas gracias ya he comenzado a leerte), Carolina (aquí estamos cada semana), Caresme ( ja ja si, es tonta la mujer, pero ¿quien no le ha creído a un hombre?), Lunas Puréele ( aquí esta el engaño de Bella, gracias por continuar), nany 87 (me gusta tu sugerencia la pensare), Moni (pagaran, no te preocupes), Nadia (a mi me cae mal), Annie Cullen ( espérate al siguiente capitulo), Kari (wouu, si estoy contigo los finales felices no siempre tiene que ser vivieron juntos y felices, mucho menos cuando hay mucho daño de por medio. Pero muchas escapamos de la realidad en la lectura. Si me gusta tu propuesta), Miranda ( te prometo que pagara por mirar y comerse lo ajeno), Lolly de Uruguay (Muchas gracias a ustedes por leerme, ella es muy sufrida pero estas cosas pasan en verdad, mi inspiración han sido algunas mujeres que he conocido y que en algún momento ofrecí mi hombro para ayudarlas. Ya que nadie puede ser ayudado si no se ayuda a si mismo), Gaby (gracias), Robsten-Pattinson (las esposas siempre estamos ahí, en las buenas y malas), Janalez (lo tendrá pero en este momento tiene la autoestima por los suelos), Kelxi Ylonen, ( una disculpa por no actualizar antes, gracias por continuar), Yumel 22 (aun no termino el fic pero espero no mas de 20), Andre22-twi (snif snif yo también sentí feo matar a Bella, pero este fic ella tendrá una vida larga y prospera. A tu otra pregunta mejor yo te la preguntare a ti, el próximo capítulo), Elizabeth Swan Cullen (ya pronto en dos capítulos), Lulu, (acertaste).
Hasta el siguiente Lunes. No olviden regalarme un pensamiento.
Besos.
Chapter 5: Chapter 5
Por amor
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer, la trama a Rakelluvre y la edición a Sarobari y Lillian Mcarty, es un TH, UA y un OoC.
Summary:
¿Que secreto guardarías para proteger al ser que amas?. Porque yo soy la esposa que lo ama incondicionalmente. ¿Cómo hacerle entender que ya todo a terminado? Yo elegí la mujer equivocada para que sea mi esposa. ¿Cómo resistir al amor prohibido? Yo he llegado al final de su historia para comenzar una nueva.
Capitulo 5
Traición
Isabella
Estaba nerviosa, hoy conoceré a Bree, Edward me ha hablado de ella tan poco que me siento aterrada, ¿qué pasara si yo no le gusto?
Sé que esto solo es temporal, pero vamos, es una adolescente con una vida difícil y lo que en estos momentos necesita es apoyo mientras vuelve al lado de su hermana. Yo quiero ser esa persona que le brinde seguridad mientras todo se arregla. Además es mi oportunidad de ser madre, aunque sea solo por un tiempo.
Junto con Alice acondicionamos la habitación de invitados para Bree, ahora que me encontraba de pie observando el resultado de tres días de arduo trabajo, me pregunto si a ella le gusta el color rosa, o si mas que una habitación de adolescente parece el de una niña de cinco años. ¡Dios! Esto es frustrante.
Escucho la puerta abrirse y salgo de la recamara no sin antes alisarme el vestido.
—¡Isabella! —escucho la voz de mi marido llamándome, mientras cruzo el pasillo.
—Aquí estoy. —digo con mi mejor sonrisa detrás de ellos. Y ahí esta la chica, se le nota un poco cohibida y nerviosa, pero se puede ver que es una chica noble de buenos sentimientos.
—Bree, te presento a mi esposa Isabella. Amor te presento a Bree.
—Mucho gusto señora, quiero agradecerle por recibirme en su casa por un tiempo —ella baja la cabeza un poco apenada, pero con un inicio de sonrisa.
—El gusto es mío y no hay nada que agradecer. Espero te sientas como en tu casa. ¿Quieres conocer tu habitación? —le digo.
—Por supuesto, señor Cullen muchas gracias.
—Como te ha dicho Bella no hay nada que agradecer, solo debes portarte bien, sacar buenas notas en la escuela y por supuesto llamarme Edward.
—Y a mí, solo Bella. —agrego al pequeño discurso de Edward.
Caminamos hacia la habitación, yo le ayudo con una de sus maletas, al llegar a la puerta le indico cual es el baño que estará utilizando ya que la recamara principal tenia el propio. También le indico donde esta la nuestra y la pequeña biblioteca que Edward utiliza en las pocas ocasiones que trae trabajo a casa. En esta hay algunos libros que pueden serle útiles para la escuela, esos también se los pongo a su disposición.
Entramos a su habitación, por un momento pienso que no le gusta pues observa todo con un rostro tan serio.
— ¿Esta habitación será solo mía?
—Si — digo algo apenada, entiendo que la recamara es demasiado infantil.
—No puede echar a su hija de su habitación, ella se molestara.
—No tenemos hijos. —escucho la voz fría detrás de nosotras. —Isabella no puede. —dice él mientras me mira a los ojos, para enseguida marcharse. Bree esta desconcertada y yo humillada.
—No te preocupes no pasa nada —le digo con una sonrisa a la muy apenada Bree. —Esta habitación la decore con ayuda de mi cuñada, pero creo que me excedí. Si no te gusta podemos decorarla de nuevo juntas. ¿Qué te parece?
—¡Oh no! Me encanta esta decoración, es usted muy buena —de pronto se suelta a llorar. Me parte el corazón verla tan exaltada y la abrazo — yo siempre he compartido habitación con mi hermana. Es genial, muy bonita y perfecta. No quiero cambiar nada.
—¿Estas segura? —le pregunto de nuevo. quiero que se sienta como en su casa.
—Si.
Los días transcurren rápidamente, vivir con Bree es muy fácil, ella es una chica sencilla, con un carácter noble a pesar de todo lo que ha vivido. Cuando llega del colegio comemos juntas, me habla de sus compañeros de clase y del chico que le gusta, Diego, después de comer ella hace sus deberes escolares y luego ordena su habitación y lava su ropa. Por las tardes salimos a tomar un helado, o vamos con Alice de compras. Al llegar a casa me ayuda a preparar la cena. Juntas esperamos a Edward. Paremos una bonita familia feliz.
Ya es domingo, e invito a Rosalie a que coma con nosotros, cuando la conozco me sorprendo de su belleza, parece una de esas mujeres que participan en los certámenes de belleza. Es una chica agradable.
Pasan dos meses, la patria potestad la ha ganado Rosalie, Edward le ha otorgado un préstamo por medio del bufete para que ella pueda conseguir un hogar adecuado para Bree, un pequeño departamento, el cual le he ayudado a buscar al igual que los muebles de segunda mano. Ella no puede darse el lujo de muebles nuevos. Bree y yo decoramos el que en días seria su nuevo hogar, mientras que Rosalie trabaja durante el día. Para mi es un gusto mantenerme ocupada, realmente las extrañare, ellas se han convertido en mis amigas aparte de Alice y Ángela quien se encuentra en Italia haciendo su maestría.
Al fin ha llegado el día en que Bree volverá al lado de su hermana y eso me alegra tanto como me entristece, de nuevo me quedare sola.
—¡Bree, apresúrate ya no tarda en llegar tu hermana! —le grito desde la cocina. La verdad nuestro medio de comunicación de gritos de habitación a habitación nos divierte. Yo finjo ser una madre molesta y ella una adolescente rebelde.
—¡Ya estoy lista! —me dice entrando a la cocina.
—¡No me grites o quedaras confinada a tu habitación hasta el día en que te gradúes de la escuela secundaria! —le digo frunciendo mi ceño y fingiendo estar molesta
—¡Si haces eso me iré de la casa, es mas hoy mismo me voy! — me grita poniendo sus manos sobre sus caderas y los brazos en forma de jarra.
—¡Vete no me interesa!
—¡Basta ya, no griten! —nos grita Edward participando en el juego, entra a la cocina con Rosalie, quien nos mira confundida.
—Estamos jugando. —dice Bree riendo y mirando a su hermana.
Me acerco a Rosalie y le saludo con un beso en la mejilla. Esta es la ultima tarde de Bree con nosotros por lo que yo le he preparado una comida especial de despedida. La comida y la charla son amenas y divertidas. Cuando el momento de la despedida llega no puedo evitar derramar unas lagrimas de tristeza. Bree me hará falta.
—No llores Bella, voy a venir a visitarte, y cuando saque malas notas o manden a llamar a mi tutor vendré por ti para que te hagas pasar por Rosalie.
— ¡Hey! eso ultimo no lo harás — le refuta Rose, dándole un manotazo.
—Cuenta conmigo —le susurro en voz alta ofreciéndole una sonrisa angelical a Rosalie, quien rueda los ojos.
….
Edward
La estancia de Bree en nuestra casa trajo un momento de paz y distracción de nuestros problemas como matrimonio, todo estaba en calma. Pero ahora que se ha marchado, ha vuelto el aburrimiento.
Mi deseo por Isabella ha disminuido, no quiero herirla pero ya no me siento muy atraído hacia ella. Una de las causas es que he vuelto a fijarme en otras mujeres. La adrenalina que conlleva el engaño resultaba adictiva. Y yo me he vuelto un experto en ser infiel. Cuando inicie mi relación con Rosalie nunca me imagine que llegaría el momento de pensar en un divorcio.
Ha pasado ya un año de esa relación clandestina, los lazos de afecto son mucho mas fuertes y la posibilidad de tener con Rosalie lo que con Isabella no puedo obtener, me ha estado dando vueltas en la cabeza una y otra vez. E incluso en una ocasión me deje llevar por el deseo y no utilice preservativo mientras hacia el amor con Rosalie. Después de la aventura me arrepentí, no quería hacerle daño a Isabella dejándola porque mi amante estaba embarazada. Y ahora que el periodo de ella llego puedo respirar tranquilo, por lo que me he propuesto a terminar con mi matrimonio antes de causar un mayor daño.
….
Actualidad….
Bella se encontraba esperando a Rose en aquel lujoso restaurante. Había pasado la noche llorando. Tenia que saber quien era ella, la mujer que le estaba quitando a Edward, no quería perderlo, había estado luchando por su matrimonio desde hacia tres años y medio, y sentía que no era justo que le arrebataran lo único que tenia en la vida, Edward. No tenía familia y muy pocos amigos, su mundo era él.
—Hola siento llegar tarde pero el jefe tardo en salir a comer ya sabes —sonrió.
—Si ese jefe tuyo es un explotador deberías renunciar e irte a la competencia. —Bella le bromeo.
—Le diré a Edward que duerme con el enemigo.
Ambas mujeres, amigas desde hacia un año y medio, bromeaban mientras compartían la comida. Si en ese momento le preguntaran a Bella que pensaba de Rose diría que era una mujer extraordinaria, que había sido afortunada al poder conocer a una persona como ella. Porque Isabella la consideraba su tercera mejor amiga.
—Dime, ¿Qué es eso tan urgente que querías platicarme? —pregunto Rose mientras cortaba un trozo de filete.
—Sé que Edward tiene una amante. — soltó de repente. Rose paro su acción y la miro a los ojos. —Rose, ¿quién es ella? Te prometo que no te pondré en evidencia con Edward. Solo necesito saber… —su voz se quebró — si ella es mejor que yo, que es lo que le da que yo no le he dado. Solo necesito saber quien es mi rival. Para poder luchar contra ella.
— ¿Como estas segura de eso? No hay nadie. — Respondió la rubia mirando a Bella.
— ¿Por qué lo cubres? Sé que es tu jefe, pero piensa en que como mujer puedes estar algún día en mi posición. Por favor Rose, ayúdame. — rogó Bella. Rose, tomo su mano entre las suyas.
—Te juro que no hay nadie, Bella. Si lo hubiera ten por seguro que yo ya te hubiera dicho. Eres mi mejor amiga, estoy en deuda contigo por todo lo que has hecho por Bree y por mí.
—Es que yo… —Bella soltó a llorar. —no sé que hacer, lo amo y siento que lo estoy perdiendo. Anoche llego a las tres de la mañana. dijo que estaba con Eleazar, cuando no era cierto.
—Tranquila, debes pensar fríamente. Un cambio de imagen puede ayudarte a llamar su atención, tal vez. — propuso Rose mientras seguía acariciando la mano de Bella.
—¡Oh por Dios! Debo estar gorda como una ballena para que nadie lo note. Llevo cuatro meses de dieta, tomo pastillas que me alteran a la menor provocación, me causan mareos y todo el tiempo no dejan de temblarme las manos. He bajado veinticinco libras.
—Es que con la ropa que usas no se te nota. Lo siento no te pongas así. —le dijo mientras la observaba minuciosamente. Si ella estaba mucho más delgada, pero eso a ella no le importaba.
—Quiero darle una sorpresa el día de nuestro aniversario. —Sonrío —Alice va a llevarme con una amiga para que me enseñe una rutina de baile erótico. Solo espero no tropezarme y arruinarlo todo. — se limpio la nariz. — soy tan torpe, imagínate en vez de excitarlo voy a parecer su bufón.
—Lo harás bien —dijo Rose no muy convencida. —todas las mujeres somos sexis de una u otra forma.
—Gracias. En verdad ¿no sabes, nada? — Bella la miraba con ojos de suplica y dolor
—No. Pero te prometo que cualquier cosa que me entere te diré de in meditado.
—Gracias amiga. —se abrazaron.
….
Cuando Rosalie llego a la oficina espero impaciente la llegada de él. Muerta de celos y rabia porque Isabella planeaba una noche romántica con su hombre, cosa que ella no permitiría. Ella le daría a Edward un baile que hiciera parecer tonto y torpe el baile de Bella. Minutos más tarde Edward llego.
—No me pases llamadas y cancela todo lo que tenga para esta tarde. Y que nadie me moleste —dijo Edward de mal humor.
—Si —le contesto ella, siempre obediente.
Mas tarde entro a su oficina, él estaba de espaldas viendo las luces de la ciudad desde su ventanal. Estaba oscureciendo. Rosalie cerro la puerta con seguro, fue al minicomponente y puso una suave melodía. Edward molesto por la interrupción a sus pensamientos se giro para reprenderla, pero se quedo pasmado al ver a la rubia moverse en un ritmo sensual y caliente. Desnudándose poco a poco, él se relamió los labios y se dirigió a un lado del escritorio cuando ella llego hasta él, llevo sus caderas hasta el sexo erguido de Edward y se movió en un ritmo sugerente. Se quito el sujetador mostrándole sus pechos ofreciéndoselos con sus manos.
Edward la tomo de la cintura y la giro de espaldas para bajarle las bragas. Penetro su vagina con tres dedos sin preocuparse de que ella estuviera lista o no, pues ella siempre estaba dispuesta. Era una maquina sexual tanto como él. Desabrocho con la otra mano su pantalón, retiro sus dedos de su dulce centro para penetrarle el culo rápido y fuerte sin consideración, mientras la sujetaba de las caderas. Pronto la habitación se lleno de gemidos y gritos de ambos. Hasta que explotaron en un éxtasis total. La experiencia fue fría sin caricias ni palabras previas al acto ni durante el. Como llego se fue.
Edward se fue al baño, para minutos después salir impecable. Ella entro después, se vistió y por primera vez se sintió vacía.
—¿Has escogido ya el departamento que quieres? — le pregunto Edward mientras llevaba a Rosalie hasta su casa.
—No, ya te dije que no dejare que me pagues un lugar. —dijo indignada.
—¿Ni siquiera porque voy a vivir contigo? — dijo con su sonrisa torcida y sensual.
—¿Qué? — Rose tenia la boca abierta.
—Amor cierra tu boquita o pensare que quieres mi miembro dentro de ella. — El río seductoramente y ella cerro la boca todavía asombrada.
—Más tarde tal vez. Explícame lo anterior.
—Hoy le pediré el divorcio a Isabella…
….
Bella se había puesto un vestido entallado que Alice le había regalado, horas antes fue a la estética a que le hicieran un corte de cabello. Llegando a casa se metió al jacuzzi para darse un baño de esencias. Se peino y maquillo. Preparo las velas aromáticas y las puso en distintos puntos en la habitación.
Cuando Edward llego era un poco mas de media noche, pero ella no desistiría de hacer las pases con él por la noche anterior. Edward entro a la habitación quedándose pasmado al ver la escenografilla de lo que podía ser una noche de pasión con su mujer. Rápidamente te recompuso de su reacción y paso al lado de ella sin siquiera mirarla. Había pasado mucho tiempo que él ya no la miraba, hacia mucho que ya no notaba ni el mas grande cambio en ella.
—Quiero que hagamos las pases —se aventuro ella a decir.
—No, tu no quieres las pases, lo que quieres es que te folle. —le contesto mientras se desnudaba.
—Quiero que hagamos el amor. —le contradijo.— no que me tomes como a una cualquiera. ¡Soy tu esposa! —dijo ella alzando un poco la voz en las ultimas palabras.
—Yo no quiero.
— ¿Por qué?— un nudo en la garganta se le comenzó a formar.
—¿Por qué?, todas las mañanas cuando te levantas ¿no te miras al espejo? —le dijo sin siquiera dirigirle una mirada.
—¿A que te refieres?— a esta altura las lágrimas caían de sus ojos.
—Maldita sea Isabella ¿eres tonta o te haces? —camino hasta ella, para arrastrarla hasta el espejo de cuerpo completo que encontraba en el baño. —¡Mírate! — ella no lo hizo, bajo su mirada, gruesas lágrimas caían sobre sus mejillas. — ¡Que te mires! —Tomo su barbilla y le alzo el rostro en dirección al espejo —Mírate, eres horrible, tu cuerpo es enorme, no me antojas, estoy cansado de estar con una gorda y patética mujer como tu. ¡Quiero el divorcio!
—No por favor, no me dejes, dame una oportunidad solo una… —ella se arrodillo y abrazo las piernas de el hombre que amaba— dame tiempo un mes, solo un mes. — rogó de manera desesperada.
—¿Me estas suplicando? No sé que demonios pensaba cuando creí que eras la mujer perfecta para ser mi esposa. — La miro fríamente y empezó a caminar — Los papeles del divorcio los dejo en la mesa del comedor.
Edward salió del baño, dejando a Bella tirada en el suelo, sin siquiera mirarla de verdad. Sin notar su rostro pálido, sus ojeras que ni el mejor maquillaje podía cubrir, que vomitaba lo poco que comía, y que ahora dependía de anfetaminas para poder sobrevivir la agonía de un día más en soledad, se fue sin notar a la mujer cadavérica que suplicaba por su amor. La mujer que estaba ofreciéndole lo ultimo que tenia para darle, su vida.
…..
—¿A donde vas? —le pregunto Bree, quien estaba haciendo su tarea en el comedor de su casa.
—Edward esta esperándome. — Rose estaba nerviosa y eufórica.
— ¿Dormirás en un hotel con él? — pregunto Bree burlándose de su hermana.
—Discutió con Bella.
—¿Y vas a consolarlo?— dijo Bree sarcásticamente.
—No, quiere que hablemos, le pidió el divorcio. Y no tengo porque darte explicaciones adiós. —salió del apartamento sin esperar respuesta.
—Tonta… —dijo Bree negando con la cabeza, prometiéndose jamás mirar ni de chiste a un hombre casado.
…..
Gracias a la Comunidad Los mejores fics por integrar esta historia entre tantas buenos y mejores fics.
A Fans Fic Twilight en Facebook por la recomendación.
Gracias a todos los lectores y autores que han dado a la oportunidad de leer esta propuesta y seguirla.
A todos los que de alguna manera me aportan ya sea en Review o en Facebook.
Sarobari por las recomendaciones y el trabajo de edición que hace, y sobre todo a Lillian quien esta en constante comunicación conmigo siempre aportando su gran talento como Autora de fics y también como editora para la otra pagina.
Isis Janet (gracias), Cathithaxxs (seguimos en contacto), July (ja ja me gusta lo del tonel de comercial, pero seria una muerte rápida y no sufriría), Bellita001 (Rosalie muerta me gusta ) Caresme ( ha si son los hombres, ni como cambiarlos), Loli, (¿a quien te gustaría que se encontrara?) Lunas P (insisto hay que leer el siguiente cap solo espero que al final continúen deseando que ellos no queden juntos) Sandra 32321 (Muchas felicidades por tu Bebe, yo tarde ocho años en embarazarme por segunda vez hasta pensaba que me había vuelto de chocolate, el primero murió a los 8 días de nacido, por lo que encontrar un hombre que siempre te apoye y permanezca a tu lado en medio de tanto dolor es casi un milagro contados aquellos que saben amar de verdad). Miranda (ja ja ja ) Kari (Un aplauso a tu hermana, son muy pocas mujeres que obtienen el valor para arriesgarse a enfrentarse a una nueva vida mejor, muchas otras se quedan ahí en la oscuridad de una relación destructiva que tarde o temprano las acaba completamente. Me alegro que ahora conozca el verdadero significado de amor, en cuanto a los hijos, solo es cuestión de tiempo yo fui igual con mi mama, no sean severos con ellos. Tu hermana debe de formar un vinculo muy fuerte de comunicación con ellos, hacerles ver lo correcto y lo mejor para todos; o en un futuro pueden caer en un circo vicioso y repetir la historia en sus propias relaciones. Ghats : ( nadie muere de amor, y si el infierno uno solo se lo crea) Robsten-Pattison, (de eso me encargo que le diga patetico), Galadriel Grand chéster (gracias) Lulu ( a Bella también se le revuelve el estomago hasta vomitar ja ja) Lolly Uruguay ( Capitulo 7 no te pierdas en siguiente) Yumel 22 (¿eres medico? ¿O te estoy confundiendo? Necesito asesora ¿Puedes? Y por el Karma no te preocupes que ya llegara) Lizzy90 ¿crees en el arrepentimiento de corazón? Kelxi Ylonen ( el martirio de Edward comienza en el capitulo 7) Janalez (bueno después del siguiente cap tal vez y solo tal vez hay que darle el beneficio de la duda).
Nuevamente gracias, el siguiente capitulo viene muy extenso, ¿les gustaría que lo pusiera en dos partes? este viernes la 1era y el lunes la 2da o ¿el lunes todo completo?
Besos.
Chapter 6: Chapter 6
Por amor
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer.
Trama a Rakelluvre.
Beta Sarobari Fics.
Aportaciones Lillian Mcarty P, Yumel 22 (medico de cabecera para este Fic).
Soundtrack: Te dejo en libertad de Ha-Ash.
Me preguntaron ¿Por qué no el capitulo completo? Y yo les respondo como diría mi paisano el Chicharito y ¿Por qué no? Capitulo completo.
Capitulo 6
Te dejo en libertad.
Eran las once de la mañana. Isabella temblaba como una hoja de papel, mientras limpiaba una y otra vez el polvo inexistente de un porta retratos, bajo las miradas inquisitivas de Alice y Tanya.
—Bella, llevamos casi media hora aquí en tu casa, la cual esta ordenada y limpia impecablemente y seguimos esperando que por lo menos me digas hola. ¿Qué ocurre?, o mejor dicho ¿Qué te hizo Edward?
—Me ha pedido el divorcio. Alice, ¡Mira! — le mostró los documentos con una gran tristeza reflejada en su rostro.
—¿Ya hablaste con la secretaria? —pregunto la rubia la cual no era su mejor amiga pero si se podía contar como una muy cercana a serlo.
—Si, hace dos días fuimos a comer y me dijo que no hay ninguna amante.-contesto
—Lo esta cubriendo, te lo he dicho esa mujer no es tu amiga. — dijo Alice a quien no le daba buena espina Rose. No le gustaba la forma en la que miraba a su hermano.
—No, Rose no lo cubre, tal vez él se cuida de ella, precisamente porque sabe que es mi amiga.
—¡Por Dios, Isabella! Lleva su agenda conoce mejor que tu todos los movimientos de Edward —"¡pero que mujer tan ciega!" pensó Alice.
—Y que tal si ella no te dice quien es la otra, porque ella es la mujer que buscas. — afirmo Tanya, ella se había dado cuenta de las miradas de envidia y veneno que le lanzaba Rose a Bella cuando creía que nadie la observaba. Además se le notaba a kilómetros lo enamorada que estaba de Edward. Si, ella conocía ese sentimiento, porque en algún momento de su vida estuvo enamorada de un hombre casado. La diferencia fue que ella se trago su amor alejándose de la pareja.
—¡Basta Tanya! Rosalie seria incapaz de semejante traición. ¡Dios mío! Fui madre de acogida de su hermana, le busque un lugar donde vivir, le decore su apartamento y también lo amueble, salimos a comer juntas o al cine con su hermana. La conozco es mi amiga, me da ánimos, y me aconseja. No, ella no es esa mala mujer. No vuelvas a levantarle falsos. – Protesto Bella de manera acalorada y tratando de justificar a la que ella consideraba su gran amiga.
—De acuerdo solo era una suposición.- "no hay peor ciego que el que no quiere ver", pensó la rubia.
—Bella ¿No crees que ya deberías parar con la dieta?, estas ya muy delgada. Solo eran cuatro kilos de más. - dijo Alice quien estaba comenzando a preocuparse por su amiga que actuaba de forma extraña.
—Ya no estoy de dieta. —Declaro, luego bajo la cabeza y suspiro. Miro a las dos mujeres frente a ella y su mirada se torno dolorida y suplicante— ¿Qué hago, lo he perdido?
—Por ahora nada, saliendo de tu cuarta clase de Baile erótico iras a su oficina y le pedirás tiempo hasta después de tu aniversario. Fija una fecha. Menciónale que esta será la última oportunidad. Que si al llegar a la fecha él aun quiere divorciarse tu firmaras los papeles sin objeción alguna.
—Pero no quiero firmar nada — dijo mirando asustada a sus consejeras.
—Por eso tu vas a seducirlo cada noche para despertar de nuevo la pasión, vas a convencerlo de lo equivocado que estaba, vas a enamorarlo de nuevo.— dijo Tanya, mientras que Bella pensaba que eso justamente era lo mas difícil de todo. Seducirlo.
—Eso si tienes que dejarle en claro que él debe poner de su parte o no firmaras nada y tendrá que pedirte el divorcio por las malas y él tiene toditas las de perder en caso de que no quiera que le quites mas de la mitad de sus bienes. —Alice estaba segura que Edward aceptaría la salida más fácil para él.
—Desde que se fue de casa hace tres días no me toma las llamadas. — Dijo Bella con vos triste y cansada.
—Por eso iras a la oficina y ahí hablaran, él no te armara un show ahí.— Alice le rodó los ojos no podía creer lo necia que era su cuñada.
—Bien.
….
Isabella se encontraba en el suelo de su cocina comiendo todo lo que había encontrado en su refrigerador se sentía asquerosamente llena, pero no podía dejar de comer. Estaba demasiado triste y el comer le ayudaba a llenar el enorme hueco que había en su corazón y su vida. Por un momento recordó la dieta y todo lo que se había esforzado para llevarla acabo sin caer en la tentación. Y ahora estaba ahí, comiéndose un trozo de pastel de chocolate, su favorito. Pero ya estaba cansada de comprarlos para sentarse frente a ellos a mirarlos, recordando el fabuloso sabor de la cocoa, cayéndosele la baba para después tirarlos a la basura intactos.
De que le servía intentar quitarse esos kilos de su cuerpo si aun seguía gorda e indeseable para su marido. Las lagrimas comenzaron a caer de nuevo y un dolor se formo en su estomago. Corrió al baño y comenzó a vomitar, bueno al menos ya no tenia que pasar frente al retrete media hora provocándose el vomito. Al menos su cuerpo ya hacia algo bien, vomitar sin esfuerzo. Después de lavarse los dientes se miro al espejo y el cargo de conciencia por haber pecado a tan solo siete días de que terminara su ayuno de veintiocho días, ahora debía volver a empezar. Se suponía que tenía que dejar descansar su cuerpo por un par de semanas y comenzar de nuevo, pero tenía que comerse ese entupido pastel.
Se saco la playera que traía puesta y la aspiro. Ya no olía a Edward. Entonces de nada servía que la trajera puesta. La boto al cesto de ropa sucia, junto al short que traía puesto. Semidesnuda se acercó al espejo y se subió a la bascula que había frente a él. Odiaba mirarse al espejo, parecía una ballena. Miro su peso, doscientos gramos menos, maldición esa semana no bajo casi nada y con lo que había comido subiría tres kilos, apostaba por eso. Se fue directo al ordenador y entro a su página de dietas extremas. Escogería una más estricta con la que pudiera bajar el doble esa semana.
Estaba en eso cuando escucho ruidos en la entrada del departamento, se asomo para escuchar mejor… los pasos que se aproximaban a la recamara eran de Edward, corrió al armario y se puso la sudadera mas grande que encontró. No quería que el viera esos kilos demás que se empeñaban en hacerse notar.
Cuando él entro a la recamara la encontró leyendo un libro al revés. Edward rodó los ojos y se dirigió al armario para llevarse más ropa. Mientras que ella pensó en lo cobarde que era. Había pasado casi un mes de su platica con Alice y Tanya y no había tenido el valor para plantarse frente a él en la oficina y hacerle la proposición. Ya solo le quedaban 5 días.
—Te daré el divorcio — el la miro con una ceja arqueada — con una condición.
— Te escucho — le dijo interesado, mientras sacaba ropa del armario para guardarla en una maleta.
—Que sea el día después de nuestro aniversario.
—¿Para qué? — le pregunto secamente
—Quiero que lo intentemos por ultima vez, pero tendrás que poner de tu parte no faltaras a casa e intentaras ser como eras antes. Solo serán cinco días. Si no funciona…
—En cinco días no cambiara nada. — estaba cansado de que ella no entendiera que todo había acabado.
—¿Quieres que nos demos mas tiempo? —pregunto esperanzada.
—No, cinco días son suficientes. ¿Pero que hay si esto no funciona?- pregunto dudando de que ella cediera tan rápido.
—Míralo como una despedida por los buenos y malos momentos que hemos vivido durante estos cinco años. — Propuso, tratando de sonar lo mas convincente posible.
—Trato hecho.
Ella sonrío y corrió para abrazarlo, hacia mucho que no tenían esa cercanía por lo que resulto extraña para ambos.
…..
Edward regreso a su hotel. Cubrió la cuenta y regreso a ella, su mujer. No le costaba nada cumplirle su petición, además él la estaba dejando por que no podía darle hijos cuando prometió amarla hasta la muerte. Si podía compensarle aunque sea un poquito el dolor que le había causado en los últimos tres años lo haría, porque después de todo la seguía amando. Pero quería una familia, algo que ella no podía darle.
Llego a casa a la media noche. Se asomo a la recamara, ella dormía, por lo que camino a la cocina. Marco al numero telefónico de Rose…
….
Isabella daba vueltas alrededor de la habitación, pensando que el no cumpliría su palabra de regresar esa noche, estaba segura que estaba con ella, rindiéndole cuentas.
—¡Maldita mujer! ¡Déjalo regresar! ¡Él es mío! — dijo con lagrimas en los ojos. Cuando escucho la puerta de la entrada y corrió a la cama a recostarse. Espero un momento cuando el entro para salir de nuevo de ahí. Ella se levanto, "Que tonta, tal vez tenga hambre y quiera cenar" le gustaba andar descalza por la casa por lo que sus pasos en la alfombra no se escuchaban. Escucho su voz y se acercó lentamente a la cocina escondiéndose en la oscuridad del comedor. Y entonces lo escucho:
….
—Hola amor, ¿que sucedió? Estoy esperándote. —le dijo ella. Edward le dijo que pasaría por ella para irse al Hotel después de ir a su casa por más ropa.
—Lo siento, tuve una plática con Bella, va a darme el divorcio en seis días.
—¿De verdad? — Dijo la mujer emocionada
—Si, pero puso una condición —decía mientras comía el espagueti que Bella dejo preparado para él. Cuanto había extrañado su comida.
—¿Cuál es? — Pregunto cautelosa
—Que vivamos juntos hasta entonces. —cosa que extrañamente no se le hacia para nada difícil, pues durante el ultimo año lo único que quería era no ver mas a su patética y fea mujer.
—¡No, no y no!. ¿Qué no vez que ella esta engañándote?, quiere engatusarte. Seguramente cuando llegue el momento te saldrá con otra cosa.
—No mi amor ella me dará el divorcio. Isabella siempre cumple sus promesas. Ya veras que pronto estaremos juntos. ¿Me amas?
—Sabes que si.
—Dímelo
— Te amo.
—Bien, ahora descansa.
….
Día Uno:
Bella se levanto temprano como cada mañana. Todavía tenía en la mente la conversación que había escuchado en la noche, entre Edward y su amante. El no dijo nombre, pero quien fuera que estaba del otro lado de la línea se lo estaba quitando, y ella tenía solo cinco días para intentar cambiar eso. Preparo el desayuno para ambos. Mas tarde Edward llego al comedor para sentarse frente a ella y disfrutar de lo que con tanto amor le hizo.
—¡No, vas a desayunar tú? —le dijo extrañado de no ver nada frente a ella mas que un vaso de plástico con dibujos de vacas supuso era leche.
—No, Alice me invito a un desayuno que realizara para presentar algunos de sus proyectos a un inversionista extranjero.
—Mmm — continuo con su desayuno mientras leía el periódico del día. Ignorándola un poco.
Cuando Edward llego a la oficina se encontró con una Rose seria y fría.
—Rose, solo serán cinco días. Por favor no actúes como ella. Posesiva, eso no me gusta entiéndeme, esto es mejor que pasar por tribunales para conseguir el maldito divorcio.
—De acuerdo. Ya tengo el departamento. —Dijo ella con una sonrisa —¿quieres que vayamos a verlo por la tarde?
—Por supuesto, tal vez hasta lo estrenemos.
Por la noche, cuando el llego a casa ella se encontraba sacando del horno la cena.
—Hola —saludo él desde la entrada.
—Hola — respondió ella con entusiasmo y una enorme sonrisa en los labios. Dejo la charola en la mesa de la cocina y se acercó a él abrazo y beso su mejilla. —Bienvenido a casa.
Cenando juntos como hace mucho. En un silencio que no era incomodo. Todo lo contrario, era relajante para ambos, disfrutando de su cena.
—¿Cómo te fue con la odiosa hermana mía?
—Bien, aceptaron dos de sus cuatro proyectos, van a financiarla.
—Que bien voy a llamarla mañana para felicitarla.
Estaba recostado en la cama cuando ella salió del baño con un camisón semitransparente de color durazno, no quiso mirarla mucho pues pensó que ella lo buscaría para hacer el amor. Preparado para rechazarla se llevo la sorpresa de que ella paso de largo para ir a leer a la sala mientras escuchaba música. Él se quedo dormido.
"Caminaba por un enorme pasillo con alfombrado color rojo. A sus lados había butacas vacías, solo adornadas con flores blancas. Siguió el camino y cuando llego al final de este vio a una mujer muy delgada vestida de negro y un velo en su rostro. Entonces se dio cuenta que el vestía un traje oscuro y que llevaba una rosa color rojo. Frente a la mujer había un ataúd, se acercó aun más y entonces la vio. Era una mala copia de su esposa. Esta mujer tan parecida a Isabella era mucho más delgada. Parecía que la carne había desaparecido de su cuerpo dejando solo su piel adherida a su esqueleto y enormes ojeras negras alrededor de sus ojos. La belleza de su rostro se había esfumado. Su cabello castaño estaba esparcido en la cama de satín. La mujer a su lado toco su hombro, cuando el miro aquella mano fría y cadavérica vio el anillo de matrimonio de su esposa."
Despertó sudando y agitado miro por inercia a su lado y la vio de espaldas. Dormía plácidamente.
Día dos…
—Edward despierta… —sintió aire en su rostro, el aroma de su aliento entro por sus fosas nasales embargándolo de deseo por besar sus labios. Cuando abrió los ojos la vio a ella soplándole para que se despertara. —Señor Cullen tiene que levantarse e ir a trabajar.
—¿Qué hora es?
—7:30 —dijo ella.
—¡Diablos!
Bella lo vio salir sin que él le dirigiera un hasta pronto. Tomo su desayuno de siempre un laxante de linaza que le ayudaba a purgarse lo poco o nada que tenia en el estomago cada mañana.
Mas tarde fue al gimnasio y de ahí a sus clases de baile, ya sabia la rutina hasta con los ojos cerrados, ahora tenia que presentarla con su instructora con la ropa que usaría esa noche. Estaba nerviosa no quería desnudarse frente a una persona desconocida pero la instructora le dijo que ganaría seguridad. Realmente les había costado demasiado y debía admitir que había hecho milagros con ella para hacerla bailar de esa forma tan sexi. Viéndose natural y hasta atractiva; Alice le tomo una grabación en un ensayo y por primera vez le gusto como se veía moviéndose sensualmente.
Comió con Alice y Tanya, o mejor dicho fingió hacerlo desparramando la comida en su plato y escondiendo otra tanta en su servilleta, ellas no se percataron de sus malos hábitos, planearon la mejor manera de tentar terreno con Edward. Ella tenia que darle a entender que se cambiaria de ciudad cuando ellos supuestamente terminaran, solo para saber que tanto le importaba el no volver a verla. Cuando llego al departamento lo hizo dos horas antes de que Edward llegara de trabajar. Se dirigió al baño y vomito lo que había comido por la tarde.
Por la noche ella estaba ahí, esperándolo como siempre, con esa sonrisa amable y su cena lista para él. Cuando el llego platicaron acerca de su día: Isabella había estado buscando empleo. Molesta le dijo que no se lo daban porque no tenía experiencia. Estaba indignada y el sonrío al verla furiosa, se dio cuenta que le gustaba verla molesta y despotricando ante la injusticia.
—No te burles Edward. — dijo ella haciendo una pequeña pataleta graciosa.
—No lo hago solo que eres graciosa cuando te enojas. Pero puedo darte una carta de recomendación diciendo que trabajaste con nosotros por seis meses. — le dijo
—Eso es malo señor defensor de la ley. — lo apunto con un dedo acusatorio
—Entonces no te quejes. — se encogió de hombros
—Tanya me dijo que abrirá una nueva tienda, me ofreció empleo como encargada.
—Vaya que bien. ¿Por qué no aceptas?
—Es en Florida.
—Oh —no dijo más.
Cuando se fueron a la cama ella solo le dijo buenas noches y se recostó dándole la espalda. En esta ocasión el color de su ropa de dormir era rojo.
A las tres de la mañana despertó nuevamente agitado. El mismo sueño pero en esta ocasión las butacas no estaban vacías, había gente vestida de negro. Miro a su izquierda el lugar estaba vacío, sintió miedo por lo que apresuradamente salió de la cama y entro al baño, ella no estaba ahí, fue hacia la sala pero tampoco la encontró, mas la luz de la cocina se filtraba por debajo de la puerta y su ventana. Se asomo y la vio ahí parada frente a la mesa y una rebanada de pastel y un vaso de agua en su mano. Sonrío y negó con la cabeza, silenciosamente regreso a la cama.
Día tres
—Edward te dejo preparado el desayuno voy a salir. —le dijo detrás de la puerta del baño mientras él se bañaba.
—De acuerdo. —contesto él.
—Que tengas un buen día, esposo.
Cuando Edward llego a la oficina se encontró con Rosalie esperándolo muy dispuesta a complacerlo, pero las pesadillas lo dejaban exhausto junto con la presión del trabajo. Tuvieron sexo rápido, pero esté no le resulto placentero, mas bien todo lo contrario. Se sentía culpable, sentimiento que hacia ya mucho tenia olvidado y guardado en lo mas profundo de su cajón de cosas desagradables que olvidar.
Por la noche cuando llego a casa ella no lo recibió. Estaba en el baño vomitando.
—Isabella, ¿estas bien? —pregunto entrando al baño.
—No entres —le ordeno— ya salgo.
Diez minutos después…
—Lo siento me cayo mal el pollo que comí en la tarde te sirvo la cena.
—ok.
Ceno solo porque ella se había ido a recostar en la cama. Rosalie le envió un mensaje diciéndole que lo amaba y esperaba con ansias el día que pudieran estar juntos sin tener que esconderse. Él no deseaba gritar a los cuatro vientos su relación con una de las mejores amigas de su esposa o ex para ese entonces. Tenia que hablar con Rose y explicarle que debían guardar un tiempo. No le respondió el mensaje.
La pesadilla había vuelto a cambiar solo un poco. Esta vez cuando camino por el pasillo la gente lo observaba, de nuevo al final del camino ella, su esposa, recostada en el ataúd. La mujer a su lado volvió a tocarlo pero esta vez ella señalo a su esposa, quien hacia un momento dormía, ahora ella lo observaba con los ojos hundidos y en ellos no había nada, solo dolor. Ella recostada le dijo —Mírame Edward.
Cuando despertó, lo hizo mas agitado que en días pasados y había sudor en su frente. Busco a Bella con la mirada, como en la noche anterior ella no estaba ahí.
Bella se despertó en la madrugada de esa noche. Tenía hambre, le dolía el estomago. Salió de la cama y fue al baño, saco sus pastillas milagrosas inhibidoras del hambre. Salió del baño y observo a Edward durante un rato mientras este dormía. Le parecía un Dios Griego preso del mundo de los sueños. Su semblante cambio de un momento a otro y lo vio despertar.
—¿Te he despertado? —escucho la voz de ella en la oscuridad.
—No, tuve un mal sueño. ¿Dónde estas?
—Aquí — le dijo al pie de la cama
—Ven vamos a dormir. —Edward levanto las sabanas y abrió sus brazos para que ella se acomodara en ellos. La abrazo, pues sentía que si no lo hacia ella desaparecería de un momento a otro y tenia miedo de volver a sentir esa sensación de perdida que tenia mientras soñaba.
Isabella contenta fue a sus brazos, se sentía amada…
Día cuatro…
Cuando despertó esa mañana aun la abrazaba fuertemente, una sonrisa se dibujo en su rostro, aspiro el perfume de su pelo y mordió su lóbulo, ella se removió.
—Despierta dormilona. — le dijo él de manera juguetona.
—No, estoy a gusto aquí. — protesto ella acomódense en sus brazos
—Vamos, tengo que ir a trabajar.
—De acuerdo, pero si quieres que me levante, tienes que soltarme.
Entonces se dio cuenta de que era el quien en realidad no quería soltarla y levantarse para irse a trabajar.
—¿Por qué no te tomas el día? —el aun no la soltaba.— Podemos ir al cine y luego a comer por ahí.
Edward la soltó, tomo ropa limpia y comenzó a desnudarse bajo la vista de ella quien lo miraba con la boca abierta.
—Tienes una oportunidad para esconder nuestros celulares y desconectar el teléfono. Piensa que vamos a hacer esta mañana. — le dijo el con una sonrisa en los labios.
Y fue así como ellos pasaron el día deambulando por las calles de Chicago. Fueron a una feria, se divirtieron jugaron y la pasaron bien como cuando ambos se amaban.
Por la noche vieron una vieja película de terror, abrazados bajo una manta.
"Camino por el pasillo alfombrado rojo, la gente a sus lados lloraban y susurraban…
—Es él.
—¿Por qué no la miro?
—Culpable.
—Él no la amaba.
Cuando llego al final donde se encontraba la mujer de velo y vestido negros el observo a su esposa en el ataúd. Deposito la rosa roja en el pecho de Isabella. La mujer de negro tomo su hombre y el la miro, pero en esta ocasión ella retiro el velo que escondía su rostro. Era ella su Bella, con la que se había casado y no la mala copia de ella que se encontraba en el ataúd. Él no podía halar solo la miraba.
—Mírame Edward, ¿por qué no lo haces?.
—Lo estoy haciendo.
—No, no lo has hecho. Me has matado.
El miro el féretro y ahí estaba su copia, miro de nuevo hacia Bella pero esta ya no estaba. Miro a su alrededor y la gente lo señalaba"
Eran las 3:30 AM cuando ella se levanto de la cama. De nuevo la maldita hambre. Fue a la cocina y saco una rebanada de pastel, se sentó frente a el plato y comenzó a imaginar una y mil formas de comerlo, tenía hambre, ¿como vivir así? Quería mandar todo a la porra, después de todo solo quedaba un día y si subía de peso podría ser que ellos ya estuvieran divorciados. ¿Qué más daba?. Pero por más que quería probar la comida no podía. Algo la detenía, algo se lo impedía.
4:30AM despertó agitado, sudando y con miedo de perderla. Ella no estaba en la cama. Se levanto buscándola, fue a la sala y por ultimo a la cocina, ahí estaba ella sentada mirando el trozo de pastel de chocolate, ella tomo una cuchara y llevo a sus labios un pedazo pero se detuvo al inicio de ellos, cerro los ojos, temblaba y lloraba. Bajo la mano, tomo el plato y la vacío en la basura. Estaba de espaldas a él. Entonces el la miro, estaba extremadamente delgada, ya no estaban esas protuberantes curvas que lo mataban, se veía mas pequeña.
Ella cayó de rodillas y comenzó a llorar. Él no sabía que hacer, acercarse y abrazarla o dejarla en su intimidad. Decidió lo segundo, una hora después ella regreso a la cama.
Día cinco…
Se levanto una hora mas temprano, beso la frente de su mujer y fue a darse una ducha. Cuando salió del baño, Bella lo esperaba con un café en la mano.
—¿Sales mas temprano? —le pregunto pensando que no quería soportarla ni un minuto mas, pensando que contaba las horas y los minutos para volver a ella, a la otra.
—No. Solo que pensé podríamos pasar un poco mas de tiempo juntos, esta mañana. —Ella le regalo una de sus sonrisas llenas de amor. Él quería acercarse y besarle los labios, pero ella dio media vuelta yéndose a la cocina.
Bella estaba contenta, el quería pasar mas tiempo a su lado, pero si lo veía objetivamente este seria prácticamente su ultimo desayuno juntos, hoy era su aniversario, hoy era el día decisivo en su relación. Trato de despejarse un momento por lo que prendió la radio en su estación favorita… Empezó a sonar una canción que se sabia de memoria pues desde la primera vez que la escucho le había gustado, además que los días que vivió sin Edward la escuchaba una y otra vez, auto convenciéndose de que debía hacer lo correcto si realmente lo amaba.
Comenzó a cantar mientras escuchaba cada palabra de aquella canción analizando cada frase, y llego a la conclusión de que debía ser fuerte y dejarlo ir. Comenzó a cantarle lo que no podía decir con palabras sencillas.
Tú me quieres pero yo te amo,
esa es la verdad.
Tu presencia aquí me esta matando,
sentirte a la mitad.
Me eh cansado de intentar y no lograr
que te vuelva a enamorar.
Sé que no me quieres lastimar,
pero tengo que soltarte.
Hoy te dejo en libertad.
Cuando entro a la cocina ella cantaba. El timbre de su voz le fascinaba, pero poniendo atención en la letra de la canción se dio cuenta del mensaje oculto que le enviaba. Ella lo estaba dejando en libertad, lo estaba dejando elegir, porque ella lo amaba y por amor se hacia a un lado para que él fuera feliz con alguien mas.
Se acercó despacio a ella, cuando Bella sintió su presencia se giro para topárselo de frente. Él le sonrío con tristeza, la abrazo y beso su mejilla para separarse un momento después.
—El desayuno esta listo. Ve a sentarte.
Él no le quitaba la vista de encima siguiendo cada uno de sus movimientos. Sus miradas chocaban y ella sonreía con una pregunta no formulada en voz alta ¿Qué tanto me miras? El solo subía los hombros y negaba con la cabeza.
Desayunaron ella yogurt y él Hot Cakes con tocino. Cuando llego el momento de irse ella lo despidió como todos los días, con una sonrisa en los labios deseándole un buen día, y con la mano diciendo adiós. Sin ningún beso o abrazo de despedida. Gracias decía él.
Pero hoy era diferente, tenia miedo, sentía una opresión en el corazón, un presentimiento de que no volvería a verla jamás. Por lo que al pie de la puerta se detuvo, volteo a verla.
—¿Qué? ¿Olvidas algo? —le pregunto con sonrisa burlona.
—Si, creo que he olvidado algo… — él se acercó a ella la tomo de los hombros y la beso, bajo sus manos a su cintura atrayéndola más a él. Su beso era necesitado, apasionado.
Cuando la soltó, sus corazones latían fuertemente, la miro memorizando cada centímetro de su rostro y volvió a besarla.
—Isabella yo…
—Shhhh, —puso un dedo en sus labios y le sonrío — no digas nada.
Lo abrazo. Cuando él se iba ella lo llamo…
—Edward… —Sé detuvo al pie de la puerta.
—Si.
—Gracias.
—¿Por qué? — pregunto desconcertado.
—Por haberme hecho muy feliz en su momento.
—Bella yo…
—Shhh, vete ya o llegaras tarde y odias eso.
El acepto.
—Te veré esta noche… —le dijo ella.
—Bella no me gusta como te vez — ella sintió un nudo en la garganta —Creo que no te has alimentado bien, a mi me gustan tus curvas, me excitan. — él le guiño un ojo y salió de casa. Mientras que a ella de pronto le entraron ganas de comer, sin cargo de conciencia.
Tenia mucho por hacer ese día, preparar una deliciosa cena, asistir a su cita con el estilista. Puso manos a la obra pero se encontraba inquieta tenia un presentimiento, como si esa extraña interacción hubiera sido una despedida.
—Tonta. — eso no podía ser puesto que al parecer el aun la amaba, podía sentirlo, pero tenia miedo de que fuera solo una mera ilusión y que en realidad el solo estaba soportándola por que ya pronto todo se acabaría y podría estar con su amante al fin.
Si eso sucedía atesoraría estos últimos días, porque cuando firmara el divorcio tendría que confesarle su mentira y el la odiaría por engañarlo. Seguro no querría volver a verla.
No, definitivamente nunca podría dejarla. Se había dado cuenta de lo mucho que la amaba, y que ya no le importaba si tenían hijos o no, ellos serian su única compañía, su única familia, siempre juntos…
No importaba si se llevaba la vida entera pidiéndole perdón por su traición, pero cada día viviría para hacerla feliz. No había necesidad de hacer una elección, por que nunca hubo porque hacerla. Ella era su mujer, la mujer que su corazón y su alma eligieron para compartir su vida entera.
Día 5 a las 21:48 horas.
Edward miraba a Rosalie con ternura y melancolía, cuando un mesero se acercó a su mesa interrumpiendo su platica silenciosa, lo agradecía por que no podía seguir con esa situación en la que tenia que disculparse y decirle siempre no.
El mesero le entrego una nota, le señalo una mesa vacía para después dejarlos solos nuevamente. Edward leyó el inicio de la aquella carta con letra distorsionada y un poco manchada de lo que parecían ser lagrimas…
Querido esposo:
Disculpa si interrumpo tu noche, la que hasta el día de ayer era nuestra, en una noche como hoy hace cinco años nos casamos ¿lo recuerdas?. Si, supongo que si. También supongo y comprendo que al ya no amarme has decidido hacerla tuya y de ella.
No por favor no pienses que te he seguido…
Era de ella, su esposa. Se levanto del asiento tirando la silla en la acción, sin decir nada salió corriendo dejando a Rose solo observándolo, ella sabia quien había enviado la nota. Ella la vio llegar al lugar unos momentos antes.
Edward salió corriendo tras ella, choco con un mesero pero no le importo su único objetivo era la mujer a la que había dañado.
Cuando abandono el restaurante la vio entrar en su auto que un año atrás fuera su obsequio de cumpleaños. Apresuro su carrera hasta ella, sin alcanzarla.
—¡Isabella! —grito mientras levantaba los brazos en una inútil lucha por hacerse notar en el retrovisor del auto que salía a gran velocidad sin ninguna precaución.
Un taxi le pito probando si necesitaba el servicio, él subió al auto pidiendo desesperado que siguiera aquel Volvo negro. El taxista piso el acelerador del auto para dar inicio a la persecución, ella manejaba como nunca lo había hecho, rápido y de forma violenta. Esquivaba los autos que se cruzaban en su camino, nunca la vio así. Marco a su número telefónico sin pensar en nada más que hablar con ella, explicarle que era un error. Marco una vez. Su teléfono estaba ocupado, una segunda el mismo resultado al tercer intento ella le tomo la llamada…
—¿Qué quieres? te he dicho que firmare el divorcio y me iré de tu casa, ¡así que déjame en paz!.
—Escúchame Bella, por favor, para el auto. Estoy detrás de ti en el taxi.
Ella miro el espejo retrovisor, ahí estaba él, seguramente burlándose de ella como todo ese tiempo, en el que llevo a su amante a ella, para entablar una amistad. ¿Qué quería? ¿Humillarla mas?. Lagrimas salieron de sus ojos, el dolor en su corazón era demasiado fuerte, la agonía la tenia al borde de la locura…
Edward pensaba que si continuaba manejando así iba a pasarle algo.
—Para Isabella no estas bien… — la ira la inundo, ¿cuántas veces lo había escuchado decirle que no era lo suficiente para él?.
—¡Vete a la mierda! Estoy cansada de escuchar que jamás soy suficiente para ti, maldito estéril, tú hijo de puta no puedes tener hijos, te mentí Edward, te mentí porque te amaba, quería protegerte —ella le grito con rabia y dolor con una mano sujetaba el volante y con la otra el celular. Las lágrimas le borraban la visión, quería huir alejarse de todo, de él.
—¡Bella, Cuidado! — Edward grito horrorizado.
Una luz la cegó, una fuerza impulsándola hacia el frente del auto, más dolor y luego oscuridad.
Sola, si, sola me he sentido por mucho tiempo, obscuridad es lo que hay a mi alrededor. Perdida estoy, sin saber a donde ir me quedo en el mismo lugar.
Ahora sé que la diferencia entre estar viva y estar muerta es que muerta ya no hay dolor...
Nota:
La tortura psicológica a Edward a comenzado. En ocasiones la culpa no te deja vivir.
Gracias por sus comentarios alertas y favoritos.
Vanne, July, suzette cullen, zujeyane, Galadriel Grandchester, angy cullen, Luna's P, riomahellsing, lillian Mcarty P, Miranda, loli, randa1, Elizabeth Swan Cullen, Marytere, bellta001, Tulipan8, Lolly de Uruguay,ninacara, Raik Chan, Lizzy90, luly, mei-cullen-chan, Kari, lulu, gavm, meylin, Isacobo, Rossi22, Janalez, Isa1712, Yumel22, Caresme, cathithaxxs, Isis Janet, kelxi Ylonen, gax26, sandra32321, Lore562.
Galanes postulados para Bella están: Emmet, Jasper, Alec y Jacob. ¿Quién pide otro y que profesión quieren que tenga?
La siguiente semana subiré en mi perfil la biografía de cada uno de ellos así podrían ustedes elegir el que mas les guste por votos.
Facebook, Obscuro Corazón si alguien quiere dejarle un hermoso pensamiento de odio a Edward puede hacerlo también por ahí.
Gracias y hasta el miércoles.
Besos.
Chapter 7: Chapter 7
Por amor
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer.
Trama a Rakelluvre.
Beta Sarobari Fics.
Aportaciones Lillian Mcarty P, Yumel 22 (medico de cabecera para este Fic).
Soundtrack: Precisamente con ella (Edith Márquez)
Capitulo 7
Si hoy fuera un día normal.
¿Como es que había llegado a este punto de indiferencia con ella? Y ahora que es demasiado tarde me doy cuenta que no puedo vivir en un mundo donde ella no exista. Porque mi alma, mi vida y corazón son de ella, solo de ella.
…...
Isabella aparco a las afueras del departamento de su cuñada media hora después de que Edward saliera rumbo a su oficina, ella toco el timbre de aquella jaula de locas, con eso se refería a Alice y Tanya.
—Oye pensé que llegarías a las 10:30 AM —dijo Alice quien le abrió la puerta tomando algunas de las bolsas que traía Bella en la mano.
—Edward se levanto más temprano y bueno yo también.
—¿Cómo va todo? ¿Cómo lo notas?, ¿inquieto?, ¿feliz? ¿Vamos mujer habla! — dijo Tanya saliendo de la cocina de Alice batiendo en un tazón algún menjurje, demasiado exaltada.
—Extraño, ¿qué es eso? —pregunto Bella frunciendo el ceño e ignorando el cúmulo de preguntas que le lanzo.
—Esto amiga es una mascarilla para que obtengas una piel más suave. Lo colocaremos en varias partes de tu cuerpo, haber que diablos se puede hacer, ayer teníamos haberlo hecho, pero nunca llegaste. ¡He! — Tanya hablo tan rápido que Bella temió por su bienestar. Si, definitivamente seria una mañana demasiado larga.
—Al menos avanzamos con la depilación a láser, de otra forma imagínate Tanya, los milagros que tendríamos que hacer. Platícanos que ha ocurrido en estos dos días.
Bella les narro todo lo ocurrido el día anterior y parte de esa mañana.
— ¡Si!, él debe estar dudando, —Alice saltaba de felicidad.
—¿En la cama como se ha portado? —pregunto Tanya, como quien no quiere la cosa.
— No hemos tenido relaciones, yo…
—¡¿No lo has seducido? —le grito Alice enfurecida.
—Tengo miedo a que me rechace, que termine molestándose y se vaya de nuevo.
— Eres tonta. ¿Para que te llevamos a esas clases eróticas?
—Quiero que me ame a mí, no a nuestro sexo.
—Te recuerdo querida que solo tenias cinco días para conquistarlo de nuevo, tenias que atacar con todo, ¡Por Dios, mujer!, primera regla de oro para que una mujer tenga un matrimonio duradero y feliz "Dama en la mesa, coqueta y traviesa en la cama". —Bella jadeo con los ojos bien abiertos, por el comentario de Tanya.
—Cuando… me case nadie me lo dijo. — Alice soltó una risita…
—¿Escuchan? ¿Qué es eso?
—Es mi celular —Bella lo tomo en sus manos y vio la pantalla con la foto de Edward —es él.
—Alta voz… —gritaron las locas.
….
Edward llego a su oficina como siempre, cinco minutos antes. Rosalie ya se encontraba ahí. Saliendo del elevador su mirada fue al escritorio de su amante, ella lo miro con una sonrisa el no respondió con una de vuelta, solo con un asentimiento de cabeza y entro a su oficina cerrando la puerta detrás de él. Rosalie desconcertada con un nudo en el estomago y un presentimiento de que algo no andaba bien.
—Rose, buenos días, ¿ha llegado Edward?
—Buenos días Eleazar acaba de entrar.
—Gracias —sin esperar a que ella lo anunciara cruzo la puerta de la oficina.
Rose resoplo, odiaba ser ignorada, y definitivamente ese no seria su día. Edward dentro de su oficina marco a casa, nadie le respondía la llamada, intento de nuevo esta vez al numero celular de su esposa.
—Si Edward ¿Qué sucede?
—Hola —no sabia que decirle, simplemente quería escuchar su voz. La opresión en su pecho desde que había tenido la pesadilla no lo abandonaba.
—¿Edward? —pregunto ella con duda.
—Si — le respondió en un susurro lleno de duda.
—¿Qué ocurre? — su voz era temblorosa, temerosa de lo que él pudiera responder.
—Nada, solo quería… saber — silencio — ¿Dónde estas? —termino por fin preguntando, recordando no haberla encontrado en casa.
—Haciendo algunas compras. — cuando era sorprendida él podía percibir la mentira en su tono de voz.
—De acuerdo… — sin saber como decirlo después de tanto tiempo, sin saber como ser humilde y hacerle creer la verdad entre tanta mentira lo dijo — Bella Te amo.
Su silencio lo mantenía al filo del abismo, si, sabia que debía suplicar su perdón, enmendar errores. Porque todos merecemos una segunda oportunidad, al menos eso era lo que decían los arrepentidos que creen en el amor, en un mañana mejor y los que saben que es de humanos equivocarse.
Una lágrima se deslizo por la mejilla de ella conteniendo el aliento su corazón desbocado de emociones encontradas de alivio, dolor y amor. Con voz débil le respondió:
—Lo sé… yo también te amo.
—Edward, tenemos problemas —dijo Eleazar entrando a su oficina. Edward le hizo señas para que aguardara un momento.
—Amor, —una palabra de cuatro letras que podían decirlo todo, o podían decirle nada, una palabra para describirla a ella, tan simple y necesaria como respirar para poder vivir — debo irme cuídate y cualquier cosa me llamas. ¿De acuerdo?
—Si, besos. —le dijo ella con emoción.
—Besos. Te amo. —jamás dejaría de decírselo.
Corto la llamada, se sentía extraño al volver a decirle que la amaba pero también sentía un fuerte alivio, como si después de tanto tiempo volviera a sentir el calor en su corazón que solo ella le hacia sentir.
….
—¿Qué ocurre? —pregunto algo tenso.
—Lo siento, me alegra que ya estés mejor con Bella —dijo con sinceridad.
—Gracias, ahora ve al grano.
—Jacob no declarara en contra de su tío, me acaba de informar Fred. —preocupado Eleazar se llevo una mano al rostro.
—Demonios, ¿qué ocurrió? —Edward contaba con el chico para poder ganar el caso o ese demonio de hombre que era Sam Uley quedaría impune ante el asesinato de su esposa Emily.
—Creemos que hay amenaza de por medio, saben que con la declaración del muchacho su tío queda jodido.
—¿Puedes ir a convencerlo?
—No me escuchara a mi, yo pienso que tu eres el indicado. — Edward se había ganado la confianza del muchacho cuando se conocieron.
—Mañana tiene que presentarse para declarar y yo no puedo viajar hoy, es mi aniversario.
—Iré yo pero si no consigo nada perderemos el caso.
—Vete ahora y mantenme informado,
—Si.
…..
Rose, entro al despacho, algo molesta. Tomo asiento frente a él, preparándose para recibir indicaciones.
—Rosalie sabes lo que tienes que hacer, déjame solo.
—¿Qué ocurre? —le pregunto acercándose a él, poniéndose detrás suyo y queriendo besar su cuello para excitarlo, pero el se deshizo de ella haciéndose al frente.
—Ahora no Rosalie mas tarde. — ella salio de la oficina furiosa.
….
Cuando Bella termino la llamada las tres gritaron como locas adolescentes emocionadas porque el chico que te gusta te ha dicho que te ama. Al final se abrazaron.
—Lo sabia mi hermano te ama, es un idiota y un cabron también pero me niego a pensar que no tiene corazón. —Bella intento sonreír, pero al final no lo logro.
—Bueno basta de celebraciones, aun no hay que cantar victoria hasta que no hayan platicado y roto esos papeles. Isabella desnúdate para ponerte esto. —Bella se quedo parada mirando hacia el suelo.
—Puedo ponérmelo yo en el baño.
—No. ¡Por Dios Bella tienes lo mismo que yo! Pero que penosa mojigata resultaste.
Bella miraba el piso concentrada en sus pensamientos.
—Vamos Isabella no tenemos todo el tiempo del mundo —dijo Alice
Bella comenzó a desnudarse retirando lentamente cada una de sus enormes prendas. Un jadeo de asombro se escucho en aquella habitación, la primera en reaccionar fue Tanya quien salvo la situación, rápidamente le dio un codazo a Alice quien miraba la delgadez de Bella con sorpresa, esa no era la chica con la que se caso su hermano. No entendía como era que nunca se dio cuenta de su cambio. Si se le notaba delgada pero siempre pensó que era por la ropa que usaba siempre una o dos tallas más grandes de la real. Desde que la conoció siempre fue así.
En cambio Tanya se percato de que clase de problema tenia Bella, ato cabos, sus actitudes y sus acciones. Casi quiso golpearse la cabeza contra la pared por estúpida. Tenía que ayudarla pero no sabía como, por ahora era hacer como si nada, mañana cuando su situación con Edward se definiera hablaría con ella y le brindaría su ayuda. Además de que en casos como ese tenia que buscar ayuda profesional para que le indicara como ayudar a Bella, su rival. Si porque ella siempre estuvo enamorada de Edward desde los diecisiete cuando lo conoció, pero las cosas nunca se dieron, unas cuantas salidas nada más, algunos besos y caricias pero nada formal. Cuando ella volvió de Paris, él se mantenía alejado tiempo después se entero de su compromiso con Bella.
Cuando la conoció pensó que era una mujer insignificante pero solo le basto ver a Edward junto a ella, para darse cuenta que en el amor no importan las clases sociales o el físico. Es un sentimiento que va más allá. Cuando se casó ella lloro, siempre considero a Edward su gran amor aunque él siempre la mirara como la amiga de la familia.
Cuando Bella les platico de las sospechas de sus infidelidades, ella llego a pensar que era su oportunidad, incluso lo busco, pero ya estando frente a él no pudo hacerlo. Puesto que no era lo que realmente ella quería. Una doble vida, traición no solo a una conocida, también a ella misma. Edward era un hombre tan hermoso como peligroso. Es por ello que durante dos años se alejó de la familia Cullen, hasta que supero su enamoramiento y volvió, ahora su rival era su amiga y aun con todos sus defectos de torpeza y cierta inocencia hasta llegar a la idiotez la quería.
— Bella recuéstate. —le indico Tanya. Alice había salido de la habitación para tranquilizarse. Bella sentía pena, porque mujeres tan hermosas vieron su horrendo y enorme cuerpo.
…..
Rosalie casi se comía las uñas, algo sucedía, podía presentirlo, Edward estaba distante y frío. Intento saludarlo como siempre con un apasionado beso y cuando las cosas se ponían muy calientes pues una mamada era suficiente para tenerlo detrás suyo durante el resto del día. Pero él la rechazo. Solo de acordarse le daba rabia, ¿que pensaba ese hombre que la podía tener solo cuando el la quisiera?. Edward salió de la junta media hora después de la hora de la comida. Saliendo de la sala de juntas se fue a su oficina ignorando que ella estaba en su escritorio cuando no debería estar ahí.
—Edward ¿comemos juntos? —le dijo ella asomándose por la puerta solo lo necesario para que él la viera.
—No, voy a salir con Eleazar —ella termino de entrar a la oficina, se cruzo de brazos y lo miro por un rato. Él la estaba ignorando.
—¿Que te pasa Edward?
—Rosalie, has una reservación al restaurante de Laurent dile que me de la mesa que ocupo cuando voy a cenar con mi esposa. Después llámala, dile que pasare por ella a las ocho en punto, contacta con Tanya y pídele que le envíe a Bella tres vestidos de mi color favorito junto con los accesorios, mañana le regresare los que mi esposa no desee. Y por el pago ya sabe a donde cargarlo. Ah por cierto. Quiero que le hagas llegar también un ramo de rosas rojas. Hazlo antes de salir a comer.
Edward le dirigió una mirada a los ojos azules y brillosos de ella. El acababa de terminar la relación. Y ella que no era estúpida entendió.
—Si señor enseguida. —cuadro los hombros y salió de ahí, para encerrarse en el baño y llorar.
…..
Llegaron al departamento y comenzaron a preparar toda la casa, para esa noche especial, Alice se encargo de la decoración mientras Bella le daba las indicaciones a Tanya sobre la preparación de la cena. Mientras ella permanecía sin hacer nada pues ellas "las locas" temían que se rompiera una uña o arruinara la suavidad que al final lograron en sus maltratadas manos. Tanya le había dicho que contratara a una empleada domestica. Pero a ella no le parecía necesitarla, era de esa manera que se mantenía ocupada.
A las cuatro de la tarde comenzaron a maquillarla y peinarla. A las cinco la vistieron, Bella les agradecía toda la compresión y ayuda que brindaban. Veinte minutos después salieron de ahí. Edward siempre llegaba a las seis de la tarde esa fecha, siempre puntual.
…..
Eran las siete treinta cuando Edward hablaba acaloradamente desde su teléfono con Eleazar, quien le decía no había conseguido convencer al muchacho de declarar, Jacob quería ver a Edward en persona y tener la seguridad de que no tendría ningún problema si confesaba lo que sabia. Edward maldijo, tenia las manos en la cabeza y los ojos cerrados, cuando Rosalie entro.
—Tenemos que hablar. —le dijo Rosalie.
—Cancela la cita en el restaurante y trata de conseguirme un vuelo a New York para hoy y uno de regreso también para esta madrugada.
—Hice la cita pero no pude hacer el resto. Necesitamos hablar.
—Hoy no Rosalie mañana por la tarde.
—Hoy si Edward, no puedes tratarme así. Quiero que me lleves a cenar por que tengo algo muy importante que decirte.
—¿Qué no escuchas? tengo que salir de viaje- El teléfono de Edward sonó. El vio el identificador y de inmediato tomo la llamada.
—¿Que sucede, amor? —Rosalie sintió un aguijonazo en el corazón. ¿Cómo se atrevía a hacerle esto?
—Tengo que salir de viaje, lo siento mucho amor, pero mañana te compensare lo juro. — mas silencio — En el carro traigo una pequeña maleta lo que tenia en el hotel. — seguía escuchando a su esposa sin percatarse de la mirada de odio que Rosalie le lanzaba. — Te Amo, nunca lo olvides.
El cortó la llamada y levanto la vista hacia su ex amante.
—¿Decías?
—Tengo algo que decirte y si no me llevas a cenar le diré todo a ella. —Rosalie se dio media vuelta y salió molesta no sin antes detenerse en el lumbral de la puerta y decirle. —te veré en el restaurante de Laurent a las nueve si no llegas ella lo sabrá hoy mismo.
Edward maldijo por su suerte, pero realmente creía capaz a Rosalie de decirle todo a Bella, y eso no podía ser porque ella jamás lo perdonaría. Marco el teléfono de Jacob y comenzó a convencerlo de asistir a declarar.
…..
21:00 hrs.
Edward entro al lugar sin intención de quedarse no más de lo necesario. Pero ella insistió en querer cenar y después hablar de "sus asuntitos pendientes."
Pidió algo ligero mientras observaba a Rosalie muy tranquila cenando.
….
Había estado esperando sentada en el comedor cuando la incertidumbre ya no pudo mas con ella, pensando en que la amante lo estaba reteniendo o que quizá el no llegaría por que ya había hecho su elección. Le llamo, le sorprendió su tono tan seguro, no podía mentirle, que caso tenia que le dijera que la amaba si al otro día iba a dejarla. No, el no mentía, la amaba y en verdad tenia que salir de viaje, confiaría en él.
Tomo su bolso y las llaves de su carro, ver todo lo que habían preparado para esa noche la deprimía por lo que decidió salir a cenar. No porque realmente fuera hacerlo, solo que las paredes de ese lugar iban a tragársela de soledad y tristeza.
…..
Ahora estaba ahí como una masoquista viéndolos, él le mintió, le dijo que la amaba y no era verdad. Amaba a otra, a esa mujer, a la que le confío su intimidad a la que recibió en su casa con los brazos abiertos, a la que amo por el simple hecho de que estaba sola con su hermana sin familia, tal y como ella lo estaba antes de conocer a los Cullen.
Su mejor amiga era la amante que ella busco. La traidora, de él lo esperaba, siempre lo supo pero de ella no. Saco de su bolso un lapicero y en una hoja de su agenda escribió…
Querido esposo:
Disculpa si interrumpo tu noche, la que hasta el día de ayer era nuestra, en una noche como hoy hace cinco años nos casamos ¿lo recuerdas?. Si, supongo que si. También supongo y comprendo que al ya no amarme has decidido hacerla tuya y de ella.
No por favor no pienses que te he seguido, es solo que toda la tarde estuve preparándote una cena especial por… lo que creía que significaba para ambos esta fecha.
Te espere sentada en nuestro comedor por dos horas hasta que te llame, cuan grande fue mi sorpresa al momento de decirme que saldrías de viaje urgentemente por cuestiones de trabajo y que ya llevabas tu maleta preparada.
No, no es un reclamo. Es obvio que ya no hay nada que reclamar. Lo he sabido desde el momento en que entre al lugar a festejar sola nuestro aniversario y verte a ti frente a ella, cenar en nuestra mesa especial, mientras tomas su mano y besas sus nudillos como antes solías hacerlo conmigo. Le regalas una sonrisa encantadora, la mejor de todas, y después sacas de tu bolsillo derecho una caja negra, la abres mostrándole un obsequio, tal como hiciste conmigo cuando por primera vez me trajiste aquí, lo tomas de su caja y lo pones en su muñeca, es una pulsera, seguramente le dices que la amas, puedo ver su semblante soñador y las lagrimas cayendo de sus mejillas, tal como yo lo hubiera hecho si fuera ella.
Al verlos juntos, al verte a ti me doy cuenta que ya nada tengo que hacer a tu lado. Ya no puedo seguir retrasando lo inevitable, ya no puedo seguir intentando salvar lo insalvable, te amo, ya es tiempo de dejarte ir y decir buena suerte amor mío.
Cuando regreses a… tu casa me habré ido ya y los documentos del divorcio los encontraras firmados. Junto a ellos encontraras algo que… perdóname por haberte amado tanto, pensé que era lo correcto y que te salvaba, pero me equivoque. Te soy sincera, no me arrepiento de haberte engañado porque ahora sé que nunca me has amado.
Gracias por la mas hermosa mentira que me has hecho vivir mientras ha durado.
Que seas muy feliz.
Isabella.
La envío con un mesero y salió del lugar sin mirar atrás. No valía la pena.
Tenían unos minutos ahí y ya le parecían siglos. Cansado de la situación le tomo la mano
—Rose, lo siento pero lo nuestro a terminado
—¿Por qué has cambiado de opinión?.
—Porque la amo y no puedo vivir sin ella.
—Ella nunca podrá darte hijos yo si. Hare lo que me pidas.
—No me supliques Rose, no vale la pena el que te humilles por alguien que no te ama y pertenece a alguien mas. - llevo sus nudillos a sus labios y los beso. —encontrarás a alguien quien si pueda amarte y que te valore.
De la bolsa oculta de su saco una pequeña caja negra y de ella una pulsera.
—La compre para tu cumpleaños pasado mañana. Pienso que debes tenerlo tu nadie más. — lo había comprado un mes antes por lo que no podía regresarlo o cambiarlo. Y no pensaba darle a Bella algo que no hubiera sido comprado para ella.
Se la coloco y de nuevo le beso la mano. Se quedaron en silencio por un momento hasta que un mesero se acercó entregándole a el la nota de ella, la mujer que ella había visto y daría lo que fuera porque en estos momentos se acercara y los encarara. La odiaba porque una persona tan ordinaria, tan patética y tonta como ella le estaba quitando su felicidad. Él estaba loco si pensaba que lo dejaría ir sin que cumpliera su palabra de darle todo lo que lo le prometió. Un hogar, en el que jamás tendrían carencias ni ella ni su hermana. Un esposo devoto en quien confiar y apoyarse en los malos momentos. Un amante que la llevara cada noche al infierno ardiente y de regreso. Un hijo a quien amar. No, ella no se daría por vencida. Lo vio salir tras ella, pero no importaba porque aun ella tenia la carta bajo la manga que la destruiría ya que conociéndola se dejaría vencer sin siquiera apenas pelear por lo que supuestamente ama.
Pago la cuenta, cuando salió del lugar no vio a ninguno de los dos. Sonrío pues pensó ese era el inicio de la guerra y la primera batalla la había ganado ella.
…..
—Escúchame Bella, por favor, para el auto. Estoy detrás de ti en el taxi.
Quería que papara, deseaba tenerla frente a él y suplicarle de rodillas que lo escuchara, decirle que él estaba terminando con Rose para poder intentar sanar las heridas que le provoco a ella. Pero un recuerdo de sus sueños le llego en ese momento a la mente, ella en un ataúd y el depositando una rosa roja en el pecho de ella quien yacía ahí muerta.
—Para Isabella no estas bien…
—¡Vete a la mierda! Estoy cansada de escuchar que jamás soy suficiente para ti, maldito estéril, tú hijo de puta no puedes tener hijos, te mentí Edward, te mentí porque te amaba, quería protegerte — él se quedo en shock, recordando ese día en que le confeso que no podrían tener hijos, también vinieron a su mente todas aquellas palabras hirientes en las que la llamo una mujer seca incapaz de dar vida. Ella lo soporto todo siempre en silencio. Sus ojos no pudieron evitar soltar lágrimas no por saberse un imposibilitado sino por que ella lo amaba tanto que merecía montarle un pedestal y adorarla por el resto de sus días. Levanto la vista más hacia delante de ella….
—¡Bella, Cuidado! —grito horrorizado.
…
Ana
Ana era una joven de diecinueve años, con sueños e ilusiones, con una madre ejemplar y un padre amoroso. Ana era una buena hija y una buena estudiante dedicada y perfeccionista. Amaba el teatro. Asistía a clases nocturnas después de su jornada de trabajo de medio tiempo, porque Ana era responsable, Ana trabajaba para no ser una carga mas para sus padres.
Si hoy fuera un día normal Ana responsable y perfeccionista, no hubiera olvidado su guion en la mesita de noche en casa. Si hoy fuera un día normal Ana estaría en aquel viejo teatro actuando en la escena numero tres a las 21:48 horas y no caminando de regreso a casa por que no le permitieron la entrada por llegar tarde al ensayo. Ella cruzaba la avenida distraída.
Carlos
Carlos un hombre de cuarenta y dos años divorciado con dos hijos a los que no veía desde hacia dos años, cuando su mujer lo abandono por su alcoholismo. Carlos había sido despedido por tercera vez en dos meses, la causa, que siempre se presentaba a laborar alcoholizado, o bien bebía de una pequeña botella en sus tiempos de descanso o cuando iba al baño.
Si hoy fuera un día normal, el jefe de Carlos no se hubiera presentado esa noche en la tienda de instrumentos musicales para recoger su guitarra olvidada. Él no hubiera sorprendido a Carlos robando de la caja registradora para comprar una botella de alcohol barato. Si hoy fuera un día normal Carlos no estaría manejando y bebiendo al mismo tiempo a toda velocidad furioso por ese hijo de puta que lo despidió, enojado con esta sociedad que no lo comprendía, con la vida y, con esa perra mal nacida que lo abandono y no le permitía ver a sus hijos.
Si hoy fuera un día normal Carlos no se pasaría el alto en rojo, a las 21:48 horas.
Isabella
Si hoy fuera un día normal, Isabella se levantaría a las siete de la mañana, prepararía el desayuno de Edward, arreglaría su ropa mientras él se alista para ir a trabajar. Mas tarde compartirían el desayuno, se despedirían y ella continuaría su rutina normal. Pero hoy era el ultimo día de su trato con Edward, hoy era su aniversario y extrañamente él se levanto una hora mas temprano, él quiso pasar un tiempo mas con su esposa después de tres años de total abandono.
Cuando el salió de casa ella ya estaba lista para dar inicio a la preparación de esa gran noche tan importante para su matrimonio. Si hoy fuera un aniversario como los anteriores él regresaría a ella y juntos celebrarían esa noche. Pero el tenia una amante, nunca asistió a su cita y ella salió a cenar sola, a festejar sola ese fecha tan importante. A las 21:16 horas ella conoció a su rival. Los observo unos minutos como una masoquista, para creer que lo que veía era real. A las 21:45 horas ella manejaba a toda velocidad, con rabia, dolor desesperación, ella dos minutos mas tarde hablaba con él, su verdugo. A las 21:48 su destino con el de Ana y Carlos se cruzo.
….
Alice aguardaba en su auto fuera del edificio de Bella esperándola, había recibido su llamada en la que le dijo que Edward le dijo que se iría de viaje, y poco tiempo después los vio a él y su amante Rosalie. Odiaba a su hermano por caer tan bajo, como pudo llevar a su amante a su hogar. Nunca le perdonaría. Él podía ser su hermano pero ella era mujer, y sabia bien que Bella nunca hizo algo que mereciera tal bajeza. Un nudo en su estomago se le formo, y conforme los minutos pasaban su desesperación se acrecentaba. Llamo a Edward pasados treinta minutos.
—Comunícame con Bella —fue su orden fría.
— …
—¿Qué le hiciste? —grito enfurecida.
— …
—Voy para allá cabron de mierda, ¡escúchame! si algo le llega a suceder tu tendrás la culpa, y yo no dejare que jamás lo olvides. —termino la llamada y arranco su coche rumbo al hospital. No sin antes llamar a Esme y decirle que ella su mejor amiga y cuñada se había accidentado.
….
Él nunca fue creyente pero ahora se encontraba ahí hincado suplicando que ella estuviera bien pidiendo una segunda oportunidad para hacerla feliz. Dando en ofrenda lo único verdaderamente valioso, su vida.
—Por favor Dios no te la lleves. Por favor, por favor.
Sus lágrimas corrían por sus mejillas, se maldecía así mismo.
—Te lo suplico. Hare lo que ella me pida. Si me quiere a su lado lo estaré. Si me quiere lejos también lo hare. Solo la quiero viva. No importa si ella continúa sin mí. Pero por favor, no te la lleves.
Después de un rato mas salió al pasillo, los médicos que se la habían llevado no salían aun a darle informes.
…
Recordando una y otra vez todo el daño que le hizo, arrepentido, lloraba.
Acariciaba su cuerpo, había sido su noche de bodas, la había hecho suya.
—¿Me amas? —ella le pregunto.
—Si — respondió él con una sonrisa.
—¿Cómo cuanto? —ella le mordió el hombro tras preguntarle.
—Tanto que si me lo pidieras, me sacaría el corazón del pecho y te lo entregaría en tus manos. Si con ello puedo hacerte feliz. — tomo su rostro en sus manos y la beso.
…
Nota:
Como la hago de emoción.
Huy hoy no tengo palabras… solo puedo decirles muchas gracias, estoy cumpliendo mi objetivo, el cual es provocar en muchos o pocos lectores emociones de odio, tristeza, rabia, todo aquello que han sentido al leer esto.
Las biografías quedan el viernes.
Gracias nuevamente por hacerme saber que lo estoy logrando, a quienes están recomendando esta historia, a todos los lectores fantasmas y los que han decidido salir a la luz.
Veronica, Florecita, Cathithaxx, Ana Maricela, Ana, Lulu, LoreMolina, Loli, Angel of the Dark, Lolly de Uruguay, Kari, Meylin, Caresme, Gaby, July, brenda, Paty Love, Miranda, Cathithaxxs, Bellita001.
Gracias por sus comentarios por muy malvados que sean, me preguntaron si quedan juntos Edward y Bella, la respuesta es…. Esta historia apenas empieza y ya tengo amenazas de muerte si se quedan juntos. La verdad todo puede pasar al final lo importante es que Bella sea muy feliz. ¡Oh! olvidaba algo… no estoy dispuesta a tocar en la tortura de Edward sus bolitas. Son mías ya no quiero mas hijos, por lo que no me importa que no sirvan.
Hasta el miércoles.
Besos.
Chapter 8: Chapter 8
Por amor
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer.
Trama a Rakelluvre.
Beta Sarobari Fics, Lillian Mcarty P.
Yumel 22 (Dr. Asesor) Gracias por el dialogo Alec/Edward.
Soundtrack: Mas alto que las Águilas (Pepe Aguilar)
Capitulo 8
Perdido.
Edward se encontraba sentado en la sala de espera del hospital, con incertidumbre suspiro llevo sus manos a la cabeza para después recargar sus codos en sus rodillas. Recordando como es que ese día había estado con ella por la mañana. Su conversación telefónica y como se dijeron que se amaban después de tanto tiempo.
Entre su pensamiento escucho las puertas que lo separaban del lugar a donde se la habían llevado y después los pasos de alguien acercándose. Levanto la vista, era un medico... Preguntó por los familiares de Ana Mckenna, una pareja de señores de edad madura se puso de pie, el medico hablo y la mujer cayo de rodillas soltando un alarido de dolor. La chica había muerto. Edward cerro los ojos fuertemente no quería siquiera pensar en la posibilidad de que una noticia similar le dieran a él. Entonces recordó que al hombre del vehículo que golpeo a la chica para después impactarse con su esposa.
El medico ordeno un tranquilizante para la mujer que aun gritaba y lloraba de agonía por la hija que no vería cumplir sus sueños, formar su propia familia o tener sus hijos, simplemente no la vería crecer. Edward, saco su celular del bolsillo de su pantalón y marco al número de Eleazar.
— ¿Edward?—pregunto su socio, extrañado por su llamada tenia entendido estaría celebrando su reconciliación con Bella.
—Necesito que envíes a Mike. A la... Hay un hombre que se paso el alto, mato a una chica y se impacto con Bella. Quiero que jamás vuelva a ver la luz del día fuera de la cárcel. —dijo con rabia.
—Lo siento Edward, ¿cómo esta Bella?— él conocía a Bella y su preocupación era verdaderamente sincera.
—No lo sé, —su voz se quebró —aún no me dicen nada. —respiró profundo y contuvo el aire para evitar que las lagrimas cayeran de sus ojos.
—Bien enviare a Mike.
—Tomen el caso de la chica y no cobren nada a la familia. —aún los miraba y sentía verdadera pena por la madre, aunque Bella no fue quien ocasiono el accidente, por segundos pudo haber sido ella la culpable de la muerte de la chica y cuando saliera del hospital viviría con culpa, también hubiera ido a la cárcel. No quería seguir torturándose con el hubiera, pero le era inevitable pensar que si él hubiera ido con su esposa y mandado al demonio a Rosalie nada de esto estaría pasando ella estuviera entre sus brazos o tal vez él tendría que estar rogándole su perdón. Si tan solo no hubiera sido un cobarde confesándole quien era su amante antes de que Rosalie se lo contara todo.
—De acuerdo, ¿Has avisado a tu familia, quieres que te ayude en algo? —Eleazar lo saco de sus pensamientos.
—Gracias, Alice esta enterada ya. Y no hay nada mas que hacer por ahora.— respondió, poniéndose de pie.
—Solo esperare a Carmen y salgo para allá.
—No es necesario de verdad
—Olvídalo, queremos a Bella y estaremos ahí contigo. No solo somos socios, somos amigos.
—Gracias.
Parecía que habían pasado horas desde que hablo con Alice, pero tan solo habían pasado algunos minutos. Desesperado caminaba de un lado a otro. Cuando nuevamente las puertas se abrieron y otro medico salió, por un momento su corazón se detuvo.
—¿Familiares de Isabella Swan?— la voz del medico era segura y fuerte.
—Soy Edward Cullen su esposo —se acercó.
—Soy Alec Vulturi, el neurocirujano asignado a su caso. Señor Cullen, el estado de la señora Cullen es sumamente delicado. Lo que más nos preocupaba al ingresarla era la hemorragia intracraneal que presentaba, tuvimos que operarla para liberar la presión de su cerebro y detener el sangrado.
— ¡Dios mío! - dijo Edward halándose los cabellos nervioso, temiéndose las peores noticias.
—Señor Cullen, probablemente se sienta incomodo con esto pero necesito hacerle algunas preguntas
—Por supuesto —respondería lo que fuera pero que le aseguraran que ella estaría bien.
— ¿Padece su esposa de depresión, sabe usted de alguna conducta autodestructiva que presente, toma algún antipsicótico, antidepresivo o droga? —preguntó el medico con un rostro indescifrable, mirando atentamente cada reacción de Edward.
— ¡¿Que? —su Bella no seria capaz de auto medicarse o drogarse ella era tan sana e inocente que no lo creía capaz —. Claro que no, Bella es una mujer normal, nunca ha usado drogas y nunca se haría daño a si misma ¿Porque esta preguntando esto?
—En ese caso debo preguntarle si maltrata usted a su esposa. — Edward lo miro con la boca abierta para después cerrarla y responder lo mejor que pudo, porque iba a mentir.
— ¡Eso es absurdo! yo nunca haría algo así ¡Nunca la lastimaría! —"de nuevo" pensó.
—Le pido por favor que se tranquilice señor Cullen, no quise ofenderle pero tiene que entender señor Cullen que el estado de salud de su esposa esta demasiado deteriorado. Encontramos signos de desnutrición severa y algunos hematomas alrededor de su cuerpo y estos son previos al accidente.
— ¿Desnutrición? pero ella come, ha cenado conmigo toda la semana, hemos desayunado juntos, ella no puede estar desnutrida ¿Como puede estarlo si yo la veo comer? —ese medico no le daba confianza debía estar equivocado, cuando su padre llegara le pediría que verificara sus diagnósticos.
—En ese caso temo que su esposa padece anorexia nerviosa. —eso si que no lo esperaba, ¿anorexia? ella quien fuera su mujer llena de curvas.
— ¿Anorexia? pero eso no es posible ella nunca haría eso, ya le dije que yo la he visto comer. —ella no estaba enferma, no podía ser. Se negaba a que ella se hubiera estado autodestruyendo de esa manera. Pero entonces recordó haberla visto mirar aquella comida, sin probarla tirarla a la basura para ponerse a llorar, será que ¿no la observo lo suficiente, que no le puso atención realmente?
—Necesito que entienda lo que voy a decirle señor Cullen porque el estado de salud de su esposa es delicado. Ella se encuentra en un estado de coma hipoglucémico, la clara desnutrición la llevo a ese estado.
— ¿Coma? ¿Va a despertar? —la realidad le cayo como un cubetazo de agua fría. Ella estaba mal y era su culpa, porque él no la observo, ella se lo gritaba en sus sueños, ella le pedía ayuda y el como la porquería de humano que es la ignoro nuevamente.
—Despertará en unos días, conforme consigamos alimentarla vía intravenosa.
...
Alice derrapo en el estacionamiento del hospital para ganar el lugar de otro coche que llegaba también. Estaciono el auto y bajo de él tomando su bolso y celular. Camino de prisa casi corriendo cuando escucho su nombre resonando en eco. Giro su rostro eran sus padres. Espero a que ellos llegaran a ella, e ignoro sus preguntas solo se limito a dar media vuelta y emprender de nuevo su camino. No quería ser grosera con ellos pero tenia la rabia atorada en la garganta y en el momento que abriera la boca soltaría todo el veneno contenido y quería hacerlo frente al culpable de ese sentimiento tan destructivo, su hermano.
Sus padres confundidos ante la actitud de Alice le seguían los pasos en silencio. Cuando de pronto divisaron a Edward, pero sintieron el ambiente mas pesado aun cuando este cruzo su mirada con la de Alice poniéndose de pie y cuadrando la espalda, como esperando enfrentarse a algo o a alguien.
Ella se detuvo frente a él mirándolo con el odio mas profundo de su ser. Lo abofeteo, Esme jadeo impresionada por las acciones de su hija, mientras que Carlisle la detuvo por detrás tomándola de su pequeña cintura para quitársela de encima a Edward ya que de pronto parecía una fiera que soltaba golpes y arañazos al rostro de su hermano, que no hacia mas que tratar de detener a su agresora.
— ¡Alice! ¿Pero, que te sucede? — le pregunto Carlisle, ellos sus hijos nunca habían peleado de esa manera. —Esto es un hospital no un ring de pelea.
—Maldito cabrón, cerdo asqueroso…
— ¡Alice basta! —Carlisle la tomo del brazo y la alejo de ahí para tranquilizarla, no entendía nada.
Esme le dio unos pañuelos a Edward para que se limpiara la sangre que le ocasionaron los rasguños de su hija.
— ¿Qué esta pasando aquí Edward? —le pregunto confundida por la situación, así como preocupada.
—Nada, mamá. —el evitaba la mirada.
— ¿Nada?, entonces ¿Por qué la actitud de Alice? —se suponía que iban a apoyarlo.
—Aquí no. —dijo secamente mirando el suelo evitando la mirada de su madre.
— ¿Ya te dieron informes? —Esme cambio el tema preguntando por el estado de su nuera a la que amaba como una hija.
—Si… esta en coma hipoglucémico, y no despertara hasta dentro de unos días.
— ¿Qué? ¿Quién la ha atendido? —pregunto Carlisle quien llegaba con Alice un poco mas controlada
— El doctor Vulturi. —respondió Edward.
—Hablaré con él después, acompáñenme todos a mi consultorio.
Caminaron al consultorio entrando en silencio. Edward tomo asiento junto a Esme frente a Carlisle y al lado de este estaba Alice quien le enviaba miradas asesinas e incriminatorias.
—Alice ¿Por qué has golpeado a tu hermano? —pregunto Carlisle.
—Porque esta mierda de aberración que tienes como hijo…—Alice fue cortada por su padre ya que comenzaba de nuevo a exaltarse.
—Alice sin ofender…
—Es la verdad papa, él tiene la culpa del estado en el que mi hermana se encuentra. ¡Oh mi Dios esta en coma! —jadeó cubriéndose la cara para sollozar, pues apenas estaba cayendo en cuenta de la gravedad del asunto. Tanta había sido su rabia que no capto a la primera el estado de su amiga y hermana.
Carlisle al ver el estado de Alice decidió interrogar a su hijo.
— ¿Edward?
Edward mantenía la mirada baja, los puños cerrados, mordía su labio inferior sus ojos estaban brillosos y la piel de su rostro roja por la contención de emociones de desprecio que sentía hacia si mismo, Alice tenia razón, por ello se dejo golpear e insultar.
—No sé que decir. —dijo sinceramente no sabiendo por donde comenzar.
—Tú no pero yo si. ¡Aquí el muy hombre, en lugar de estar con su esposa celebrando su aniversario estaba con su amante cenando en un restaurante! — le grito enfurecida. — Vamos no seas poco hombre y confiesa que te revuelcas con su mejor amiga, — le retaba y manoteaba —. El muy cabrón se acuesta con Rosalie la mujer que convivió con Bella, a la que ella le tendió la mano, cuido a su hermana, le abrió las puertas de su casa — decía a sus padres mirando a uno y después al otro acusando a su hermano revelando sus atrocidades —, y ¿como le han pagado ambos? —Dijo ya mirando a Edward — ella que te ha amado sin condiciones con entrega total. Todo lo que ha luchado por ser la esposa ideal y perfecta para ti.
Alice, tomo el teléfono que había en el escritorio de su padre y se lo aventó, él solo puso sus manos en reflejo para detener el golpe. Esme miraba horrorizada a Edward, no podía creer que su hijo fuera esa clase de hombres. Carlisle se puso de pie y abrazo a Alice, comprendía la rabia de su hija, ella había sido engañada por su ex prometido Peter, por eso ella sentía el dolor de Bella como suyo. Para Alice era como volver a vivir aquella experiencia traumática.
Todo estaba en silencio, Carlisle y Esme digiriendo la noticia, Edward derrotado, merecía eso y aun más. Alice hablo de nuevo:
— ¿Por qué?, ¿por qué la ilusionaste? ¿Porque decirle que la amabas cuando todo era mentira? ¿Porque llegar a tanto si ibas a dejarla al día siguiente? ¿Por qué hacerle daño de esa forma? — ella mas que preguntarle a su hermano, preguntaba en voz alta a Peter quien la abandono en el altar el día de su boda. Mientras mantenía la mirada perdida entre los brazos de su padre.
Edward sabia que no solo buscaba sus respuesta también buscaba las respuestas de quien la daño ¿Por qué?
—Estaba terminando con ella. —por fin Edward soltó las lagrimas.
— ¿Por qué la engañaste Edward? —fue Esme quien pregunto, no alcanzaba a comprender en que momento, cuales fueron sus razones o sus pretextos para hacer algo tan vil. Quería comprender antes de abofetearlo por patán.
—Hace cuatro años comenzamos a buscar bebes, —tomo aire para darse un poco de valor y continuar con su confesión — hace tres años ella me dijo que era estéril.
— ¡Ahhh! —Esme cerró los ojos con fuerza, mientras Carlisle miraba a su hijo queriendo traspasarlo y leer su alma. Alice dejo de sollozar y se sentó en el sillón de su padre, ella desconocía esa parte, pero aun así él era un pedazo de imbécil.
—Dime que esa no es la razón Edward —le pidió Esme cuando se recupero dé la impresión.
—Deseaba tener una familia tan perfecta como la nuestra, no quería odiarla por negarme a ser feliz, pero no pude. La rabia, el dolor de jamás poder saber lo que es ser padre me llevo a cometer los peores errores de mi vida. La ofendía diciéndole que era una mujer marchita, incapaz de dar vida. —Esme sujeto con ambas al escritorio frente a ella. Carlisle miro a su esposa preocupado, era una pesadilla. —En una ocasión la golpee —pudo haber omitido esa parte pero estaba demasiado agotado, tenia la necesidad de confesar sus culpas, sus pecados a esos quienes le dieron la vida. Su padre tenía los puños cerrados con fuerza conteniendo su enojo para no saltarle encima y enseñarle lo que jamás debía hacerle a una mujer. —Ella me perdono y yo jamás volví a ponerle una mano encima, pero aun así seguí con otras mujeres quería llenar el vacío que sentía.
— ¿Porque no buscaron opciones? Una adopción tal vez —le dijo su madre mirando su rostro, examinándolo, era la hora de la verdad.
— ¿Qué? ¡Oh! no, no, no, no criare un niño que no lleve mi sangre. —respondió él.
—Y ¿Por qué no?— pregunto su padre.
—Porque no sabría quienes son sus padres, si acaso eran delincuentes o adictos. Por no decir enfermos de algo hereditario y sin remedio. No sabría como llamarlo hijo sin evitar pensar en que no hay un lazo que nos una, como la sangre o nuestro parecido.
—Padres no son los que engendran, son los que te cuidan, están a tu lado cuando enfermas, ríes o lloras. Te levantan cuando caes, están contigo en los momentos felices y en los tristes. ¿Entiendes lo que te digo Edward?
—No pienso igual que tú, jamás vería como mi hijo un niño que no lo fuera de mi sangre. Eso no es posible. No lo acepto. Prefiero no tenerlos.
— ¿Edward en que concepto me tienes?— le pregunto Esme.
—Eres mi madre, que concepto puedo tener de ti si eres perfecta, la mejor de todas.
—No lo soy, porque piensas en una mujer que no puede concebir como en una mujer marchita —afirmó con voz débil y lagrimas saliendo de sus ojos recorriendo su hermoso rostro, Carlisle se movió para acercase a ella pero le hizo una seña de alto con la mano y el paro. Para continuar diciendo
—Mamá yo ya no pienso…
— ¡Cállate! —le dijo ella con el dolor de viejas heridas. —Tú —se levanto de aquel sillón para quedar frente a Edward. Mirándolo desde arriba, él levanto su mirada hacia esa hermosa mujer que lo que menos era, es ser una mujer marchita. — No eres mi hijo. No quiero volver a verte ni que me dirijas la palabra jamás en lo que me resta de vida. ¿Comprendes Anthony Masen?, No soy perfecta porque si lo fuera te habría dicho tu procedencia desde hace mucho, tal vez de esa manera no actuarías como lo has hecho todo este tiempo, nunca dañarías a esa mujer que ahora lucha por su vida, si acaso no se ha rendido ya y lo único que desea en este momento es morir. Ay de ti si ella muere porque no podrás vivir con eso.
Esme salió de aquella habitación escuchando la voz de ese niño que alguna vez meció y canto canciones de cuna llenando el vacío de su corazón.
Edward iba a salir tras su madre.
—Alto ahí Edward, Alice ve con tu madre. — Ordeno Carlisle.
—Papá ella no puede dejarme de amar ¡soy su hijo!.— dijo con desesperación su mirada llena de dolor y lagrimas resbalando por sus mejillas.
—Edward, no somos tus padres biológicos. Esme, mi esposa tiene matriz infantil. Has ofendido no solo a tu esposa también has ofendido a la mía. Solo por el amor de un hombre que te cuido como si llevaras su sangre no te golpeo. Pero si vuelves a poner un pie en mi casa no responderé sobre mis actos. Si en algo agradeces el amor que Esme te dio, no intentes acercarte a ella. En cuanto a Bella, no tendrás ningún derecho de decisión sobre ella, el estado de Bella se debe a tu maltrato psicológico por lo que se te niega cualquier derecho sobre ella hasta que despierte y este apta para tomar sus propias decisiones. ¡Aléjate de nosotros!
Carlisle salió sin mirar más a ese hombre destrozado. Él se quedo ahí, no sabe por cuanto tiempo, no sabiendo si fueron minutos u horas lo que tardo en salir de su estado de shock. Se puso de pie no sin antes ver las fotografías que su padre tenia en su escritorio, eran ellos, era el con su madre y su padre, el único mundo que conocía, no podía siquiera imaginarse una vida distinta con padres diferentes.
Saco del porta retratos la fotografía de ellos y se recorto así mismo en otra quito la foto completa esa le gustaba y quería conservarla.
Cuando salió al pasillo para dirigirse a la sala de espera vio a Carmen con su madre, ellas lo ignoraron, él se sentó en una silla mirando al suelo, poco tiempo después alguien tomo un lugar a su lado. Era Eleazar,
¿Cómo estas? —Edward solo pudo negar con la cabeza sin decir nada.
…..
Había pasado la noche mirando a través de la ventana la oscuridad de los jardines del hospital, pronto se hizo de día, la gente comenzaba a llegar para realizar las visitas a sus pacientes. Esme y Alice llegaron a las ocho de la mañana y fue hasta las once que su padre salió para permitirles la entrada. Quiso acercase y pedir el pase pero desistió ante la frialdad con la que lo ignoraban cuando estaban a tan solo dos filas. Ellas se habían ido a comer dos horas después ya que Carlisle estaba de guardia y él les había jurado mantenerla vigilada.
Cuando vio a su padre hablar con Alec el doctor que había atendido a Bella la noche anterior se acercó, Carlisle lo miro inquisitivamente.
— ¿Papá, puedo hablar contigo un momento? —le pidió con humildad.
—Yo no soy su padre, me confunde. —le contesto con todo el dolor de su corazón, pero él había dañado demasiado a Esme, su esposa, la mujer que amaba y daba todo por ella.
—Te veo mas tarde Carlisle, con su permiso —dijo Alec por ultimo dirigiéndose a Edward.
—Dr. Me permite un momento. — cambio su pregunta. Sintiéndose perdido y más solo que nunca ante el rechazo de su padre, jamás podría verlo de otra manera. Ese hombre era lo único que el conocía como un padre y dudaba que existiera otro mejor.
—Diga.
— ¿Puedo verla? —lo deseaba con toda el alma.
—Sabes que no. —respondió fríamente
—Por favor compadécete de mí.
—Y tú ¿te compadeciste de ella? — le respondió su padre recordándole las atrocidades que hizo con ella.
—Te lo suplico —Edward comenzó a ponerse de rodillas pero Carlisle lo detuvo, sacando del bolsillo de su bata el pase.
—Solo cinco minutos, no más, te esperare fuera de la habitación.
…..
Cuando mi padre se apiada de mi dolor, me conduce hasta el lugar donde ella se encuentra.
Ahí dentro de esa habitación me doy cuenta de lo mucho que la amo y sufriría si ella no vuelve a regalarme una de esas sonrisas llenas de amor, que siempre tenia y dedicaba solo a mí.
— Por favor mi amor, vuelve a mí. —Beso su mano tiernamente.
¿Como es que había llegado a este punto de indiferencia con ella? Y ahora que es demasiado tarde me doy cuenta que no puedo vivir en un mundo donde ella no exista. Porque mi alma, mi vida y corazón son de ella, solo de ella.
Ni siquiera en esas condiciones en las que se encuentra soy capaz de suplicarle perdón. No porque no quiera, simplemente quiero hacerlo cuando ella esta despierta mirándome al rostro, para que de esa forma pueda ver la verdad y sinceridad de mis palabras, a través de mis ojos, a través de mi alma.
Después de cinco minutos mi padre entra a la habitación y no hace falta que diga nada, él quiere que me vaya.
Salgo de ahí no sin antes agradecerle.
Salgo del hospital y voy a nuestro hogar, cuando llego al edificio no puedo evitar pensar que ella estará ahí esperándome como siempre con todo su amor y devoción. Pero no es verdad, ella no esta.
Abro la puerta y la imagen frente a mi me golpea, ella preparo todo para esa noche. En la que yo debía estar con ella confesándome y suplicando su perdón. En cambio estaba con mi amante, terminando lo que no debió comenzar.
Paso directo a la habitación intentando ignorar mi alrededor, pero todo resulta peor porque me encuentro un santuario de amor, velas, aceites, frutas, chocolate y... ¿Unas esposas? ¿Lubricante? ¡Dios! aun recuerdo cuando un día le pedí que me dejara atarla y hacerle cosas perversas para su mente inocente, pero ella se negado completamente sonrojada. Nunca me moleste por ello, todo lo contrario, me ocasionaba risa ella tan tierna, mi dulce Bella. Cuanto debía estar desesperada para aceptar hacer algo solo por complacerme.
Tome ropa limpia y fui a la ducha, mi cabeza me dolía eran tantas cosas para una noche, ella me confeso su mentira, su accidente cruel, jugada del destino para hacerme pagar por no amarla. Cuando la tengo la desprecio, y cuando la quiero me la arrebata. También estaba el hecho de que toda mi vida no era real ellos a los que consideraba los mejores padres del mundo, mis perfectos padres no lo eran yo era un hijo al que su madre no amo, al que abandono. Tal vez un no deseado.
No puedo evitar sentirme una completa mierda, comienzo a llorar por todo el daño que le hice a la mujer que me amó. Por todo lo que dije, mis manos comienzan a temblar por la impotencia y la rabia. Mi madre ¡Oh Esme!, la mujer que me dio amor, cariño y protección. La dañe como a mi mujer, me odio por ser tan maldito como la mujer que me parió y me abandono. No se las razones pero de pronto me entra la duda. ¿Porque?, ¿quienes son los que no me amaron, que me abandonaron? Pero si de algo estoy seguro es que herede lo peor de ellos, su maldad, de otra forma ¿Porque dañar a los que te aman? Me odio. Lloro como un niño pequeño, soy pequeño, no soy nada. Caigo de rodillas mientras el agua fría trata de reconfortarme pero no sirve, ya nada puede ayudarme, porque me he quedado solo, ellos la alejaran de mi, ya lo han hecho. La he perdido, yo estoy perdido.
Nota:
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Gracias a Fanfiction Addiction (twilight) por sus comentarios y sus recomendaciones.
A todos los lectores muchas gracias por leer, también a los que lo recomiendan, y a quienes lo comentan ya sea aquí o en Facebook.
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Kari: has visto mas alla, el lado humano de Rose, justo lo que intento plasmar para el siguiente capitulo. Gracias. Jaquicullen, Muchas gracias. Maria, hola gracias disculpa la demora. Fran, ¡Me asustaste!, Gracias. Rob y Pato, ¡Dios mio! Diez hijos… pobre Bella, pero mejor nos conformamos con dos. Gracias. Lolly de Uruguay, ahora dime si has sentido una pizca de lastima. Paty Love, El final alternativo de Obscuro Corazon ya esta hecho hace meses, solo que me cuesta trabajo terminar de editarlo porque ya no puedo ver otro final distinto. Pero esta semana tratare de que quede. Bellita001,si, fue el comienzo, Ciruelo, Muchas gracias. Caresme, Toda la razon, PatyLove, me creerás que no he visto esa película, pero estoy tentada. Miranda, Gracias, Flowers19, ya te extrañaba. Diana, Ja ja Le daré su merecido.
Gracias por leer el inicio del sufrimiento de Eddy malo.
Las biografías las encuentran en Facebook Obscuro Corazón y en mi perfil solo voten ya sea con un Me gusta en Factbook o por Review en un solo lugar.
Besos.
Chapter 9: Chapter 9
Por amor
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer.
Trama a Rakelluvre.
Beta Sarobari Fics, Lillian Mcarty P.
Yumel 22 (Dr. Asesor)
Soundtrack: Rolling in the Deep
Capitulo 9
El despertar a la realidad.
Edward salió de la ducha agotado. Caminó al librero donde ella tenía su colección de libros favoritos. Quería sentirla cerca de él y de pronto se le ocurrió que esa era una manera de estarlo. Con la yema de sus dedos repasó en una sutil caricia aquellos viejos libros, recordó el día que él le regalo su colección completa con ejemplares nuevos. Ella amablemente le sonrió y si, los tenía en un lugar especial pero nunca los leyó. Cuando él le pregunto si acaso el regalo no le gustaba ella le respondió que había sido un detalle hermoso y que por ello no quería tocarlos. Pero él sabía que era más que eso, los viejos libros cada uno de ellos tenia una historia que contar, ellos vivieron con ella cuando él aun no la conocía, ellos sabían sus mas profundos secretos pues ella era solitaria, y como un ser solitario siempre se acompañaba con lo que le hacia sentirse segura, uno de ellos.
Tomo Cumbres Borrascosas y entonces se percató de algo que nunca había visto ahí en ese librero, un cuadernillo negro, lo tomo también, se sentó en el suelo y lo abrió. Lo observo por un momento, en la primera página había una foto, era ella cuando era pequeña en medio de sus padres. Ella vestía un vestidito azul, pudo reconocerla por su cabello castaño y sus ojos chocolate. Pero era distinta, ella sonreía. Además era una niña llenita, recordó que Bella jamás le había mostrado ninguna foto de ella cuando era pequeña. Paso la siguiente página, la primera frase lo impacto.
—¿Qué es esto? — paso otra pagina, otra y otra. Era su diario.
"Por amor, día a día me mato de hambre para poder ser lo que el necesita en su vida…"
Cuando Edward terminó de leer aquel diario, ya era de noche. Se preguntó, cuanto dolor podía soportar una persona. Aun impactado por descubrir a esa desconocida que tenia por esposa no pudo evitar llorar, por ella, por él. Que tonto era al creer que la conocía, que la amaba cuando se caso con ella. No, él no podía amarla en ese entonces pues no conocía realmente a la persona que compartía su cama, sus días, su vida. Él no la amaba, pues cuando se ama no se engaña, no se oculta. Debía reconocer que solo estuvo enamorado de la ilusión, de una esposa perfecta, de una familia perfecta. La perfección no existe, por lo tanto ahora que conocía a la verdadera Isabella quería ayudarla, quería amarla de verdad, darle la atención que nunca fue capaz de darle cuando creía que era perfecta.
Con manos temblorosas tomo el libro de Cumbres Borrascosas pero resbaló de sus manos y de este salió un sobre. Extrañado noto que era de un laboratorio, saco las hojas que contenían los resultados…
Infértil
Cuando amas no engañas, no ocultas, no retienes.
…..
"En este lugar el tiempo y la distancia no existen. Aquí es la quimera, y como tal no hay nada que pueda dañar. Camino sin rumbo fijo en este desierto donde todo es blanco o es negro según como yo quiera verlo…"
Se encuentra caminando, vagando en aquel lugar inexistente de la nada. Su mirada fija hacia el frente, con su rostro inexpresivo cuando de pronto la nada dejo de serlo y ahora un susurro llega hasta sus oídos:
—Ven a mí.
La frase compuesta por tres palabras es totalmente incomprensible para ella, la escucha pero no la comprende, entonces para su andar.
—Te amo.
Después de permanecer quieta vuelve a escuchar el sonido de palabras ahora distintas a esa frase, más pequeña, pero lo que llama su atención es el sonido que emite aquella voz, llena de tristeza y dolor.
"¿Quien eres?" intenta decir a aquella infinita nada, pero no sale ningún sonido de sus labios.
Camina de nuevo hacia el frente ahora en busca de ese sonido melodioso, camina y camina hasta toparse con algo frente a ella, es una puerta. Cuando la abre no hay nada dentro de ella, solo la nada.
Pero al cruzar, la nada se convierte. Todo a su alrededor comienza a tomar forma y ahora ella se ve frente a una casa hermosa. Camina hacia la entrada toca la puerta y de un momento a otro se encuentra del otro lado. Ahora esta dentro, hay una mujer hermosa de cabello castaño, ojos grandes y verdes. Sonríe a una pequeña niña que esta a su lado. Están preparando galletas, la pequeña quiere tomar una pero su madre se la niega. Ella no puede escuchar lo que dicen pero entiende los movimientos de los labios de la mujer.
—No, son para la fiesta.
La niña obedece. Después la mujer saca de un cajón un frasco de pastillas tomando una y tragándola bajo la atenta mirada de la pequeña. La niña toma su muñeca y sale de ahí, ella la sigue… ahora se encuentran en una reunión, las mujeres admiran la belleza de la madre de la pequeña, mientras ella esta en un rincón observando. La madre sonríe y agradece los halagos.
Mas tarde un hombre vestido de policía llega, besa a su esposa y después a la hija le brinda sus brazos, cenan juntos mientras ella ocupa un lugar en aquella mesa pero nadie puede verla. La pequeña come y come mientras que la madre le llama la atención.
—No comas mas, o te pondrás gorda. —dice la madre.
—Déjala en paz, es pequeña y esta en desarrollo, si tiene hambre que coma. —dice el padre, mientras que la madre molesta se retira de la mesa.
De nuevo todo se desvanece y ahora esta en la recamara de la pequeña. Ella esta dibujando con sus colores a sus padres. La madre entra y le dice:
—Bella escúchame, no importa lo que tu padre diga no debes comer de mas o te pondrás tan gorda que nadie va a quererte, ni siquiera yo.
La niña no dice nada solo baja la mirada mientras que su madre la levanta de un brazo y la lleva hacia el espejo — mírate, te vez gorda, debes bajar de peso. ¿Es que no te gustaría verte tan hermosa como yo?, ¿no quieres que te amen como a mí? —la pequeña asintió.
Todo se vuelve oscuridad, ahora la niña esta vestida de negro de pie junto a una señora mayor frente a dos féretros son los padres de la niña, la pequeña no llora.
….
La pequeña llega a su nueva casa y ella siempre detrás como una sombra espectadora la sigue, la recamara que ahora habita perteneció a su madre, hay un enorme espejo y la pequeña esta frente a él. Pero su reflejo ha cambiado, ahora es una jovencita. Está mirándose, evaluándose, hace caras raras y dice:
—Estoy gorda, por eso a nadie le gusto.
Sale de la habitación y ella detrás. Pero ahora la jovencita desaparece dejando en su lugar a una señorita…
—Isabella no todo en esta vida son libros, ¿por qué no vamos a la fiesta de Jessica y nos divertimos un poco?
—De acuerdo, pero solo un rato, mañana lunes comienzan los exámenes y no puedo desvelarme en tonterías.
—Uy gracias, gracias.
….
Ella observaba a la chica de pie en un rincón observando a su alrededor insegura de parecer uno de ellos, mirando con envidia a las mujeres bonitas y mas delgadas que ella, puede ver a la joven sentirse pequeña ante ellas.
—¿Me concederías esta pieza de baile?
Un joven hermoso se acerca a la chica sin malicia, ella puede verlo en sus ojos.
—Ah… no se bailar. Lo siento.
Dice la chica insegura, ella ve la expresión del joven un poco de desilusión que suplanta con una de seducción.
—Eso es porque no has bailado conmigo.
….
La chica de cabellos castaños se encuentra detrás de una puerta escuchando una conversación que su esposo, aquel joven hermoso de ojos verdes, mantiene con un hombre que al parecer eran cercanos…
—No lo puedo creer, ¿esa mujer es tu esposa?, ¿qué paso con tus gustos por las hermosas rubias de largas piernas y cuerpos esculturales?
—Cuida tus palabras James ella es mi mujer, para mi es la mujer mas hermosa que existe en este mundo.
—El amor te ha segado. Bueno cuando te canses de tu mujer huesos anchos… —el hombre no termina de hablar pues es derribado de un puñetazo en el rostro por el chico de ojos verdes.
—Te lo has ganado por faltarle el respeto a mi esposa. Si lo que quieres es echar a perder nuestra amistad lárgate o pídeme una disculpa.
—De acuerdo hermano discúlpame.
La chica está asustada y dolida pues se da cuenta que ella no encaja en el mundo de su esposo y que él la ama tanto que va en contra de aquellos a quienes conoce desde niño y que son sus amigos. No quiere defraudarlo, no quiere que se burlen de él como muchas veces lo hicieron de ella. Ella la espectadora, mira con tristeza a la chica pues esta no se da cuenta de que esos no son amigos, y que lo único que importa realmente es el amor que su esposo le tiene, más allá de un físico.
…..
La joven está sentada en la enorme cama matrimonial de su apartamento mirando aquellos análisis médicos sobre la infertilidad de su esposo. Ella se encuentra de pie a su lado. La chica comienza a llorar por él, no quiere que sufra, que lo marginen como a ella, que se vea frustrado por no poder evitar ser como es, un infértil. Como ella, que es una gorda que por más que haga no puede dejar de comer, dejar de ser el humano asqueroso que es.
Ella la silenciosa espectadora se lleva una mano al pecho contraído de dolor al descubrir el horrendo concepto en el que esa joven tan hermosa y llena de vida se tiene.
…..
La joven se encuentra en el suelo de su cocina comiendo todo lo que ha encontrado en su refrigerador. Se nota demasiado triste y el comer al parecer le brinda un consuelo que llena esa parte solitaria y oscura en que vive su alma. Sintiendo una pena infinita por aquella niña ahora mujer y sin poder evitarlo se acerca tocando su hombro en un intento por llamar su atención.
Como está de espaldas, ella no ha visto su rostro pero cuando la otra siente su toque se gira, sus miradas chocan y ella le pregunta…
—¿Por qué estas triste?
—¿Por qué lo estas tú? —le responde la joven.
—No, yo no lo estoy —le dice acariciando el rostro de aquella desconocida.
—Él no me ama. Me abandonara.
—¿Cómo puedes saberlo?
—Soy enorme, tan gorda que nadie me ama.
—No estás gorda, en realidad estás muy delgada.
La chica se levanta y cierra el refrigerador para después ofrecerle la mano a ella y conducirla a su recamara, ahí hay un enorme espejo, el mismo de su madre. Ella se pone frente a él y le dice —Mírame, míranos somos enormes.
Ella se acerca a él, ve el reflejo cadavérico de la chica y niega con la cabeza, después ve su imagen, es la misma…
—Isabella —escucha a lo lejos, todo a su alrededor comienza a desvanecerse y la tristeza y el dolor junto a todos los recuerdos y demonios que la atormentan vienen a ella para acabarla, para aplastarla en la oscuridad…
…..
—Amor. Te amo. Vuelve. Despierta.
La oscuridad deja de serlo, ahora todo son recuerdos, es como volver a vivir lo ya vivido solo que ahora lo mira desde afuera. Siente pena, tristeza por ella misma. Se compadece y lo único que puede hacer es permanecer a su lado porque ha aprendido que solo se tiene así misma. La voz de él llamándola le ocasiona tanta ira, como dolor. Hasta que las cadenas que la mantienen presa en ese lugar, en ese infierno son soltadas. Ella ya no solo siente dolor en su alma, también lo siente en su cuerpo. Intenta moverse, no pude. Vuelve a intentarlo y de lo único que es capaz, es de mover su mano. Ella abre los ojos una luz cegadora le lastima. Sin miedo vuelve a intentarlo, entonces su mirada se cruza con la de él. Tras sus ventanas esmeraldas puede ver su alma, llena de dolor, llena de angustia, llena de remordimiento, llena de amor. Un amor que ahora ya no quiere, un amor que para ella ya no es indispensable, un amor que solo causa dolor. Asustada de recibirlo, de enfrentarlo huye, si, lo hace al único lugar donde todo es paz y seguridad, donde su entorno puede ser blanco o puede ser negro, regresa a su quimera.
…
Nota:
Este mini capitulo es un regalo de agradecimiento. Es una mirada dentro del alma de Bella. El siguiente es un Rose y espero poder actualizar el lunes a mas tardar el martes.
Quiero agradecer a todos los lectores que siguen esta historia. A los que dejan un comentario y sobre todo a quienes la recomiendan.
A quienes no tienen cuenta voy a responderles en el siguiente capitulo. Se que en capítulos anteriores me han faltado Review por responder, mil disculpas me come el tiempo. Pero deben saber que cada uno de ustedes son importantes les leo y me sacan una sonrisa con su odio infinito a Eddy. Me despido pues sigo dándoles respuesta.
Mil gracias, los quiero.
Rakel.
Chapter 10: Chapter 10
Por amor
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer.
Trama a Rakelluvre.
Beta Sarobari Fics, Lillian Mcarty P.
Yumel 22 (Dr. Asesor)
Soundtrack: Señor Amante.
Capitulo 10
Remordimientos
Viajaban en ese auto sin mediar palabra ella miraba las calles alumbradas por la luz artificial de los locales ya cerrados.
Cuando por fin aparcaron frente a su modesto edificio, ella se soltó del cinturón de seguridad tomo su bolso e intento abrir la puerta del auto, mas fue detenida por él.
—Espera Rosalie. —le pidió él.
—No me despidas Edward, para mi lo sucedido nunca ocurrió. —dijo ella mirando su regazo. No podía mirarle a los ojos, pues entonces le revelaría cuanto lo amaba.
—No voy a hacerlo. Tu trabajo no se ve mezclado con nuestras cosas personales. Escúchame un momento. Por favor.
—Dime. —ella realmente no quería hacerlo se sentía muy culpable y el sentimiento no le agradaba en absoluto.
—No sientas remordimiento Rose. Sé que no debería estar aquí, que mi lugar es en otro lado…
—¿Por qué la engañas? ¿Por qué lo hicimos? —ella no encontraba una verdadera justificación a sus actos.
—No puede tener hijos, y yo no puedo vivir con eso.
—¿Por qué no terminar esa relación? —dijo sorprendida.
—No voy a mentirte de alguna forma yo la amo y la necesito en mi vida. —a ella le dolieron sus palabras aunque no deberían.
—No entiendo como puedes amarla y engañarla con otra mujer. —ella a pesar de su imposibilidad era una buena mujer.
—No lo sé. Pero lo que si sé es que voy a estar con ella para toda la vida.
—Bueno creo que será mejor que entre, será como si jamás hubiera sucedido. —no quería ser mas dañada con una proposición de la que no se sentía capaz de realizar.
—Gracias Rose, por comprender.
Ella solo bajo la mirada y salió del auto sin mirar atrás ya que lagrimas corrían por su rostro.
Cuando entro al departamento vio a Bree que salía a su encuentro.
—Por Dios Rose estaba preocupada, pensé que algo te había sucedido. ¿Qué paso?
—Mañana abra auditoria y estuvimos revisando algunos archivos.
—¿Por qué no me avisaste?
—Lo siento no volverá a ocurrir. Ahora hay que ir a dormir.
—Hasta mañana.
Rose estando en su habitación recordó la manera en que había sido amada. Aunque entre sus brazos había sido muy feliz no podía dejar de sentirse una sucia traidora, no podía dejar de pensar que ella lo sabría tarde o temprano. Pero también deseaba con todo su corazón tener la fuerza para enfrentarlo a él día con día en esa oficina. Las cosas jamás serian como antes, porque ahora sabia lo que significaba ser besada acariciada abrazada y amada por ese hombre prohibido.
A la mañana siguiente ella se encontraba en la oficina tan puntual como siempre. Preparo el café, como a él le gustaba. Cuando su pecado llego, ella lo saludo con una sonrisa al igual que él. De esa forma fingiendo que nada ocurrió transcurrieron tres semanas, cada día era una tortura para ella quien sentía cada centímetro de su piel arder ante el recuerdo de los besos y caricias que él le regalo esa noche, sufría en silencio ese amor prohibido, luchaba por no caer rendida a sus pies y suplicar las migajas que solo podía ofrecerle si acaso el quisiera hacerlo.
No podía dejas de sentirse una cualquiera, pero lo peor venia cuando ella le llamaba y la invitaba a comer o a salir a tomar un café. La rechazo en varias ocasiones hasta que se quedo sin excusas. ¿Cómo decirle a tu amiga que no puede serlo más porque se acostó con su pareja? Definitivamente no había frases o palabras para dañar a esa persona tan querida.
—Hola Rose. Me alegra que en esta ocasión hayas podido acompañarnos — dijo una alegre Bella, quien aguardaba su llegada en compañía de Bree.
—Si, a mi también me da gusto.
Ese día compartieron como cualquier otro.
Cuando regreso a la oficina lo hizo con la convicción de jamás volver a mirar ni pensar en él como algo más que su patrón y esposo de su única mejor amiga, pero todo eso se derrumbo cuando entro a la oficina donde él estaba un poco ebrio sentado en la pequeña sala de su habitación de trabajo.
—Señor, he regresado. Se le ofrece algo. —él la miro de pies a cabeza mientras bebía su whisky, se relamió los labios saboreando los restos de la bebida. Ella hipnotizada ante la imagen de poder y lujuria que el emitía sintió las piernas temblar ante el deseo que se posaba en su vientre y su centro.
De pronto le entraron ganas de salir corriendo de ahí antes de cometer de nuevo una locura. Se dio media vuelta dispuesta a salir pero el la detuvo.
—Rose. — acaricio su nombre y ella quedo congelada tomando la manija de la puerta que la liberaría de otra traición o la condenaría en el infierno.
—No lo hagas. —le dijo ella con voz poco convincente.
—¿No hacer que? —le respondió él que sin ella darse cuenta ya estaba detrás suyo aspirando el aroma de su cabello y hablándole en el oído con voz ronca de deseo.
Su cuerpo temblaba.
—Necesito… tu cuerpo. —la giro y estando ambos de frente mirándose a los ojos no resistieron la lujuria de su mente y su carne.
De nuevo cayó en la tentación de lo prohibido, pero ya no podía hacer mas, estaba perdida y enamorada como una tonta.
Su relación clandestina permaneció oculta durante dos meses hasta que Bree los descubrió.
Eran las tres de la mañana cuando el auto color plata se estaciono frente al edificio, Bree temía que su hermana Rose anduviera en malos pasos pues llegaba casi siempre muy tarde, la notaba ausente en ocasiones ya no platicaban acerca de sus secretos íntimos, ella parecía rehuir de su mirada y evadía sus preguntas. Quería saber quien era el hombre con el que ella estaba saliendo. Estaba en la entrada del edificio cuando vio estacionarse el auto de Edward. Eso no la sorprendió lo que lo hizo fue que él se bajo del auto para abrir la puerta del lado de su hermana, cuando esta salió lo abrazo. Su boca se abrió en una o, lo peor vino cuando él se soltó de su agarre solo para recargarla en el auto y besarla como si quisiera tragársela. ¿Cuántas veces ambas vieron llorar a Bella cuando decía que sospechaba de una amante? Rosalie la había consolado abrazado y llorado en una ocasión con ella. ¿Por qué lo hizo? ¿Por remordimiento?, o ¿Por qué era una muy buena mentirosa? Sin poder contenerse llena de rabia pero sobre todo de decepción ya que Rose representaba su heroína, su puerto seguro y era duro saber que no era quien ella había creído.
Salió de entre las sombras…
—Buenas noches señor Cullen.
Edward se irguió soltando a Rose al mismo tiempo, se giro para mirar a Bree.
—Bree ¿Qué haces aquí afuera?—pregunto Rose.
—Me deje las llaves adentro, te llame pero tu teléfono estuvo apagado todo este tiempo, así que mientras le quitas el marido a tu mejor amiga yo estoy aquí a las tres de la mañana muerta de frío y hambre esperándote.
Edward no sabía que decir, pero le molestaba que lo juzgaran a él y a ella.
—Bree este no es el lugar apropiado para hablar, ¿por qué no lo hacemos adentro?—hablo él en tono de orden, lo que le enfureció a Bree.
—Disculpe señor Cullen pero no tengo nada que hablar con usted. Rose las llaves. —Rose le paso las llaves, estaba apenada con su hermana.
Bree entro al departamento esa fue la ultima vez que le dirigió la palabra a él.
Rosalie entro cinco minutos después. Entro a la recamara de su hermana sin tocar.
—¿Por qué entras sin avisar?
—Bree déjame explicarte.
—No hay nada que explicarme a mí, hazlo a ella. Solo te pediré un favor no quiero que jamás ponga un pie en esta casa.
—No puedes prohibirme mocosa insolente. Es mi novio te guste o no.
—No, no lo es, es tu amante, y como tal merece ser tratado. Si el entra yo salgo Rose. No le diré nada a Bella porque eres mi hermana por muy… que seas pero no lo voy a tolerar cerca de mi.
—¿Me estas llamando Puta?
—No te comportes como tal. Sal de mi habitación. —Bree no podía estar a favor de lo que hacia su hermana, no cuando ellas fueron testigos de la infidelidad de su madre, quien le había hecho un daño profundo a su padre. Bree recordaba lo triste que era ver a su padre suplicando a su madre con lagrimas en los ojos. Por eso no podía entender como es que ella podía hacer ese daño a otros.
Rose salió de ahí dando un portazo.
Entre ambas hermanas se abrió un enorme precipicio, su comunicación se había vuelto solo necesaria para las cosas superficiales de la casa, su camarería desapareció. Aun cuando Rose intentaba acercarse a su hermana esta ponía una barrera impenetrable llena de reproches que era mejor evadir.
Pasaron los meses siendo ella la sombra de su señor amante, el secreto de Edward Cullen siempre oculta en la oscuridad de la ignorancia de Isabella Swan. Fingiendo ser lo que no sentía, reclamando en secreto al hombre prohibido.
Pero como todo lo que empieza mal acaba mal su relación termino. La humillación que el le causo haciéndola hacer las reservaciones para su cena especial, las flores y toda esa estupidez que no fue capaz de realizar la lleno de odio puro. Dejándose llevar por el sentimiento mal consejero, lo cito para aclarar puntos, quería convencerlo de la única forma en la que su relación se basaba el sexo. Con lo que no contó, pero que le cayo como bendición fue la presencia de ella. Ahí estaba sentada en una mesa lo bastante retirada como para no ver el verdadero ambiente que se vivía en ellos. Creyendo que él la engaño, esperando que ella lo abandonara y así poder ser feliz al lado que ama.
….
Llego al departamento pasada la media noche, no sabía que demonios se había apoderado de ella para actuar como lo hizo, pero tenía que reconocer que su lado egoísta deseaba ser feliz y había ganado su batalla. Ya era demasiado tarde para arrepentirse ella ya sabia quien era su rival. La mujer con la que no podía competir por el simple hecho de que ella podía darle a Edward lo que tanto deseaba en esta vida, si ella se hacia un lado o simplemente desaparecía de su camino.
Bree no se veía por ningún lado cosa que no le importaba, estaba de cierta forma liberada. Ya no tendría que plantarse frente a ella y fingir una amistad que termino cuando ella cruzo la línea de lo prohibido. Ella realmente deseaba que Bella pudiera encontrar la felicidad con otra persona, Edward no era para ella, ellos eran tan distintos que no concebía la idea de cómo fue posible que él se fijara en ella.
Después de tanto pensar se fue a la cama y durmió como hacia tanto que su conciencia no se lo permitía. Ella estaba preparada para hacerle frente a la esposa de su amante.
A la mañana siguiente ella se levanto para llegar mas temprano a la oficina y tener el tiempo suficiente para prepararse para lo que le venia, en el trayecto de su casa a la oficina pensó en varios supuestos escenarios.
Primero: Edward llega y le dice que todo acabo entre él y su mujer, pudiera que al principio estuviera renuente a ella pero con el tiempo se daría cuenta de que fue lo mejor y regresara a sus brazos.
Segundo: Una esposa celosa y molesta por su traición le pide a Edward que la despida. Pensó que hacer en ese caso. La victima. Si, eso seria lo mejor. Ella se iría de aquel lugar no sin antes dejar la puerta abierta para Edward, cuando el quisiera regresar a ella, cuando las cosas y esa estúpida supuesta reconciliación no funcionaran. Porque algo era seguro, Bella no lo satisfacía en la cama como ella.
Tercer escenario: Bella molesta llega a la oficina a armar un escándalo. Ella tendría que actuar con madurez intentando detenerla para que hablen de una forma civilizada. Dejando por debajo a Bella y siendo ella toda una dama. Mostrándole a Edward que estaba a la altura de la situación.
Las horas pasaron y el jamás llego. Eleazar estuvo ocupando el puesto de Edward tomando las decisiones que había que hacer. Ella no tuvo el valor para preguntar por su jefe ex amante. No sabía los motivos de Edward para no asistir a trabajar. ¿Es que acaso estaba suplicándole aun el perdón a su mujer? Patético.
A la hora de la salida se topó con Jessica la secretaria de Eleazar.
—Rose, ¿sabes como sigue la señora Cullen?
—¿Perdón?, no sé de que hablas.
—Ay pues de que mas voy a hablar, del accidente la esposa de tu jefe.
—¿Cuál accidente?
—¿Es que no has hablado con tu jefe?
—No.
—Ayer que fue su aniversario se quedaron de ver en un restaurante pero ella nunca llego porque se accidento antes de llegar. Lo que escuche decir a mi jefecito fue que estaba en coma y que se estaba muriendo, no sabes la señora Carmen y él estuvieron toda la noche apoyando a la familia…
Rosalie dejo de escucharla, sintió que el corazón le golpeaba fuertemente, y que las piernas se le doblaban, tuvo que sujetarse del respaldo de las bancas de la parada de autobús. No podía creerlo ¿Bella accidentada?, ¿muriéndose? No podía ser, cierto que quería que desapareciera de la vida de Edward pero no de esa forma. No le deseaba la muerte, ella había dado el apoyo a Bree y seguía haciéndolo pues sabia que con su distanciamiento Bree había tomado a Bella para ubicarla en su lugar hasta que según Bree ella recapacitara y dejara a Edward. Bella era tonta pero buena. No merecía la muerte, de pronto pensó en él. En lo terrible que debería sentirse lleno de culpa.
—….. Entonces ¿que dices?
—¿Qué? Disculpa la noticia me impacto, ¿que decías?
—Pues que todas las secretarias queremos darle el apoyo al señor Cullen, pero no sabemos si es conveniente que vayamos a verle al hospital. Ya sabes, que el sienta que su gente le apoya.
—No lo sé.
—Pero si tú lo conoces más que nosotros.
—No lo creo conveniente, además es algo muy íntimo. Pero en cuanto hable con él le hare saber de su apoyo.
—De acuerdo.
….
Llego en taxi al hospital, Edward debía sentirse culpable por lo sucedido y ella también pero demonios esa mujer si que es tonta y mártir.
Camino a hasta la recepción, pero no llego a ella pues fue interceptada por Tanya, quien le sujeto del brazo enterrándole las uñas largas y afiladas.
—¿A dónde vas?
—¿Qué te sucede? Suéltame.
—Vamos a fuera, o ¿quieres que todos se enteren la clase de mujerzuela que eres?— escucho la voz amenazadora de Alice a sus espaldas. Ellas lo sabían.
Sin decir nada caminaron hacia el estacionamiento y se metieron entre dos autos estacionados.
—¡Maldita zorra! ¡Todavía tienes el cinismo de presentarte aquí! —le dijo Alice.
—Mide tus palabras no sé de que me hablas.
—Ya no finjas lo sabemos todo.
—No pienses que ella esta sola, nos tiene a nosotras estúpida.
—Me da gusto que las tenga a ustedes porque va a llorar cuando él la deje por mi. —Alice la abofeteo. Rosalie la miro con una sonrisa burlona.
—¿Ya terminaste o quieres la otra mejilla? —le preguntó Rosalie a Alice quien la miraba con ganas de asesinarla.
—¡Alice! —la llamo Esme quien había visto todo a distancia. Se acercó con paso decidido. —Hasta una prostituta tiene mas clase al saber cual es la posición que ocupa en la vida de un hombre adultero. Es obvio que usted al presentarse de esta manera tan sin vergüenza no la tiene. Salga de aquí y no vuelva. Si tiene algo que hablar con mi hijo, hágalo donde siempre lo hacen, entre la porquería de sus bajas pasiones.
—No le permito…
—Usted no me permite nada "señora" que no es mas que el objeto de lujuria de un hombre vil como es mi hijo. ¡Largo!
Rosalie salió de ahí con lágrimas en los ojos por la humillación de tal dama. Alice miraba a su madre como si fuera su más grande heroína, con la boca abierta.
—Woouu Esme eres grande. —dijo Tanya.
—Niñas no necesitan llegar a los golpes para poner en su lugar a la gente y pegándoles donde mas les duele. Su orgullo.
Rosalie llego a su departamento con los ojos rojos, nada había salido como lo había planeado. Todos sabían ya de su relación prohibida. ¿Qué sabían ellos de amar?
Se fue a la cama ignorando la mirada interrogativa de Bree.
A la mañana siguiente ella se encontraba redactando una carta que Eleazar le había pedido, cuando Edward llego con ropa casual pasando de largo a su oficina. Entro detrás de él.
—Señor Cullen…
—Pasa a recursos humanos por tu finiquito y una indemnización por tu despido injustificado.
—¿es por lo que sucedió con tu madre y tu hermana ayer?
—¿Qué?, ¿de que hablas? — él no lo sabia.
—Ayer fui a buscarte al hospital….
—¡¿Por qué mierda hiciste eso?
—Porque se como te sientes, yo me siento…
—Tú no tienes ni una puta idea de cómo estoy. No me hagas llamar a seguridad, tienes diez minutos para irte y no volver jamás.
—Solo te diré que te amo y que estaré esperándote. — salió sin esperar respuesta por parte de él. Cuando cerró la puerta detrás de sí escucho un estruendo. Tomo su bolso fue a recursos humanos firmo los documentos indicados y salió de ahí.
…
Edward camino el largo pasillo que conducía hasta el consultorio de su padre. Toco suavemente y cuando el hombre que le dio una familia le dio el pase, entró.
—Buenas tardes. —saludo.
—¿Buenas? —Pregunto Carlisle con molestia — te cite para entregarte estos documentos, aquí encontraras todo lo que quieras saber sobre tus orígenes.
—No quiero saber nada.
—Ese es tu problema, cuando las cosas no te gustan las ignoras o las tratas de ver según tu lógica. Es por eso que ahora tu vida es un desastre, no afrontas los problemas. Ya madura.
—Ella me abandono ¿Por qué querría yo saber de esa mujer?
—Un consejo más, antes de armar conjeturas y de hablar sin saber mejor investiga. En otras palabras guárdate tus pensamientos para ti mismo. Es desgastante ver tanta mierda provocada por ti.
—¿Por qué me hablas asi? Soy tu hijo. Adoptivo o no, lo soy. Se supone que ustedes adoptan por que van a amarnos con y sin defectos. Aun cuando los hijos son de sangre eso no garantiza si serán buenos o malos. Sabes, al final ustedes son como yo. Piensan igual.
—De nuevo más mierda. Escúchame bien Edward, preguntas por que te hablo así. Porque en ocasiones los hijos necesitan mano dura mostrarles la realidad de las cosas. Siempre lo tuviste todo, nunca tuviste carencias de ningún tipo. Dinero, carros, novias todo en esta vida se te dio sin ningún esfuerzo de tu parte haciéndote un egoísta, manipulador caprichoso y patán. Te encerraste en una burbuja de perfección que no existe. Esme esta molesta y dolida, se pregunta que hizo mal para que tú resultaras la clase de hombre indeseable que no necesita el mundo. Yo le respondo nada Esme no has hecho nada mal. Te dimos comprensión apoyo incondicional para todo lo que has decidido emprender, no se en que momento te desviaste del camino, pero lo hiciste y aquí está frente a mi el resultado. Bien entonces quédate solo y aprende a resolver tus problemas, mira tus errores y aprende de ellos madura. La próxima oportunidad que tengamos de charlar espero ver en ti un mejor ser humano, un buen hombre.
—Siento haberlos decepcionado. Voy a intentar ser un buen hombre.
—¿Intentar? Aun no empiezas y ya te estas dando por vencido.
—Voy hacer un buen hombre del que se sientan orgullosos. — dijo Edward mas para si mismo que para su padre.
…..
Se encontraba angustiada, no sabia lo que ocurría en la vida de Edward habían pasado ya algunas semanas en las que se separaron. Todos los días leía los periódicos matutinos en busca de noticias acerca de él, por mucho que no le gustara una parte de ella la egoísta, buscaba el titular de la muerte de la esposa del mejor abogado de Chicago. Sintiéndose cada día mas amarga arrojo el periódico.
—¿Por qué no has asistido a trabajar? —pregunto Bree, sin obtener respuesta de Rosalie quien seguía sumida en sus pensamientos.
—Ayer fui a casa de Bella y no la encontré, de hecho su celular a permanecido apagado o bien no ha querido responderme en días, tú no has ido a trabajar, tu amante no a llamado ni a venido. Ella al fin lo sabe ¿cierto?
—Si. —respondio con voz apagada.
—Supongo que piensa que yo también jugué con ella.
—Tuvo un accidente el día que lo supo.
—¿Qué? ¿Pero como sucedió?
—No lo sé solo que esta en estado de coma o al menos fue de lo que me entere. Pero a este tiempo supongo su estado a cambiado.
—¿Cuándo pensabas decírmelo?
—Solo te preocupas por ella, ¿qué hay de mi? Ni siquiera me preguntas como estoy. Edward termino conmigo y me hecho de la oficina pagando muy caro mi silencio como si fuera una cualquiera, cuando el me pidió que viviéramos juntos.
—Vaya hasta que el patán salio a la luz. Te lo dije, el no era de fiar. No te quejes ni te hagas la victima yo muchas veces te dije que él no te amaba.
—¡No seas cruel! —le dijo Rosalie con una mano en su pecho y la otra la mantenía hacia enfrente intentando protegerse de las palabras de su hermana. Las lagrimas caían de sus ojos dejando un camino en su rostro.
—¿En que hospital esta?…
….
Bree llego al hospital una hora mas tarde llevaba su pequeña mochila en forma de oso. Entro y se dirigió a paso lento a la recepción. Las piernas temblaban y se sentía muy mal. No quería llorar, pero sin saber el estado actual de su adoptada hermana mayor tenia el nudo de sentimientos atorados en su garganta.
—Disulpe quisiera pedir informes del estado de la Señora Isabella Cullen y ¿Cuál es el horario de visitas? —la enfermera la miro de mala gana. Acababa de iniciar su turno. Su compañera anterior había tenido tanta urgencia por salir que solo le dijo que Ángela W. llegaría por el permiso de visitas. Solo ella estaba autorizada por la familia para que pudiera ver a la paciente. Suponiendo que era ella le entrego el permiso.
Bree no dijo nada, camino al elevador y entro. Subió al piso 6to, estaba nerviosa la enfermera no le dio el informe alegando que solo el medico podía hacerlo. Pero no quiso insistir ya que temía no la dejaran pasar a verla, por ser la hermana de la amante de su marido.
Camino por el amplio, silencioso y sombrío pasillo hasta encontrar la habitación 608.
Abrió lentamente la puerta sin saber que encontrarse, todo estaba en silencio entro. Cuando la vio estaba conectado a unos aparatos que marcaban el ritmo de su corazón. Pensando en que se encontraba dormida tomo valor y se acerco. Cayeron lagrimas de sus ojos busco en su mochila algo con que limpiarse y entonces la escucho.
—¿Desde cuando que lo sabes? —Bree se quedo paralizada, lentamente subió la mirada hasta toparse con la de ella. Retrocedió un paso, el semblante de su rostro no era el mismo, siempre amable y lleno de ternura. Sus labios no mostraban esa sonrisa calida con la que siempre recibía a todos. Ella sin poder evitarlo se soltó a llorar como niña pequeña.
—Lo si..ento— decía entre sollozos. —lo siento, nunca quiso escucharme.
—Tal vez ella no, pero yo si. —dijo con dificultad.
—Perdóname, estaba entre la espada y la pared. No podía elegir.
—Entonces yo tomare la decisión por ti. —Bree paro su llanto y la miro a los ojos, no había rencor, ni dolor solo indiferencia. —Sal de aquí, y no vuelvas jamás. Nunca más te atrevas a cruzarte en mi camino.
Bree abrazo su mochila, se sentía tan perdida como cuando murió su padre.
—Yo te quiero y espero algún día puedas perdonarme. Gracias por todo Bella, lo siento tanto.—se giro y salio de ahí.
…..
Bree entro al departamento con el rostro bañado en lagrimas.
—¿Qué paso? ¿Cómo esta? —preguntó Rosalie quien aun continuaba con su camisón de dormir despeinada y el rostro hinchado por el llanto.
—Esta despierta no se su estado ella no quiere verme. —Bree se dirigió a su habitación dejando a una pensativa Rosalie.
"Bueno, entonces esta viva… Bien, Isabella Swan a llegado el momento de hablar de mujer a mujer…"
…
Nota:
Sinceramente me costo trabajo ponerme en sus zapatos. El siguiente capitulo por fin despierta Bella. Lean la parte del prologo donde ella abre los ojos es importante. Voy a tardar en actualizar el siguiente capitulo hasta el viernes 15, espero su comprensión.
Gracias nuevamente a todos quienes están recomendando el fic, a todos los que ponen esta historia en sus favoritos o alertas. Y a quienes se toman el tiempo de dejar un mensaje ya sea en Review, en el Face o en un PM se los agradezco infinitamente.
Kori: no habrá ningún Jacob. Meylin: el cap anterior no estaba pensado solo salio así sin previo aviso. Fue una alucinada, pero muy interesante ja ja ja. Espero este si haya llenado sus expectativas. Saludos. Lolly de Uruguay: gracias a ustedes por continuar espero que te guste este capitulo menos lagrimas. Flowers: hola, tienes razón el largo camino de recuperacion de Bella apenas va a comenzar. Alejandra coincido con tigo maldito Karma que nos hace pagar por nuestros errores. Bellita001, no te deprimas, este capitulo es puro odio espero te haga sentir un poquito mejor. Cathithaxxs : muchas gracias por la recomendación y a tus amigas mis saludos. Lulu ¿yo maquiavélica? Ja ja ja no es la consecuencia de la falta de sueño. Caresme: si esta llena de inseguridades que tendrá que superar. Karina: si tienes razon Bella debe aprender a quererse así misma y lo hará, por supuesto.
Gracias por continuar aquí, nos leemos el viernes 15.
Besos.
Chapter 11: Chapter 11
Por amor
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer.
Trama a Rakelluvre.
Beta Sarobari Fics, Lillian Mcarty P.
Yumel 22 (Dr. Asesor)
Soundtrack: Equivocada Thalía
Frente a Frente Enrique B.
Nota: gracias a mis tres Betas por dedicarme un poco de su tiempo y sobre todo por su paciencia.
Capitulo 11
Esperándote.
Salgo de la oficina de mi padre con la convicción de ser una mejor persona, pensando en lo estúpido y poco hombre que he sido; un mal hijo, un mal esposo y un mal ser humano. Sé que el daño que causé a aquellos que me aman fue demasiado y que posiblemente me merezca su desprecio. Lo único que me queda es tratar de enmendar mis errores, de buscar su perdón.
El sobre amarillo que llevo en mis manos habla de ese pasado oculto. Solo me pregunto ¿Por qué nunca me dijeron la verdad?.
Camino hacia ella, aun no despierta. Carlisle no ha querido decirme que es lo que ocurre, ni cual es su estado, sé que merezco no saberlo y que lo hacen para darme un escarmiento. Ella había dejado de importarme y ahora se lo que se siente ser olvidado por los que crees que te aman ¿ella se habrá sentido así?, olvidada, no saber que es de aquella persona tan amada. Encontrándote lo suficientemente cerca para observar pero a la vez tan lejos para saber.
Entro a la habitación, la observo dormir tan pacifica como si lo que estuviera soñando fuera hermoso el paraíso tal vez, me pregunto si entre esos sueños alguna vez estoy yo, como cuando éramos felices.
Los cinco minutos han transcurrido y debo salir. Me acerco a ella le pido que vuelva, le hago saber que la amo.
….
Han sido 10 días viéndola dormir, porque para mí es eso lo que ella está haciendo en este momento. Y yo esperare por mi Bella hasta que ella quiera dejar el mundo de los sueños y volver a la realidad, volver a mí.
Salgo de la habitación y me encuentro con Alice quien esta esperando por el pase para entrar a verla, hacerle compañía. Se lo entrego y no resisto le tomo la mano y sorprendiéndola la abrazo.
—Perdóname. —lloro por haber perdido a mi esposa, a mi madre y mi padre. A ella mi hermana mi compañera de juegos y aventuras. Duele.
—No me toques Edward, mi madre biológica es una loca que esta en un sanatorio, puede que yo también desarrolle su enfermedad. Por lo que te evitare la pena de tener una hermana adoptiva enferma incurablemente. —me dice con crueldad en sus palabras mientras trata de soltarse de mi abrazo. Quiero cortarme la lengua.
—Escúchame Alice, por favor solo un momento. —la miro a los ojos y puedo ver su dolor, sé que el enterarse de su vida anterior ha sido un impacto fuerte tanto para ella como para mí, lo sé y veo su miedo, el mismo que el mío.
—Ya has hablado demasiado y me duele ver que eres un monstruo de corazón.
—No Alice, no quería hijos adoptivos porque no me creía capaz de soportar una pena tan grande de perderlos. Escúchame ¿recuerdas a Mike? él y su esposa adoptaron, la niña resulto tener un retraso mental, no se muy bien. Pero cuando Mike lo supo sufrió demasiado, ellos aman a la pequeña Jesse pero aun así cuando me habla de la forma que las personas la miran no me sentía con la fuerza para resistir algo como eso. Pero quiero que sepas que tú eres mi hermana, de sangre o no, lo somos y no me importa quienes son tus padres o si puedes desarrollar una enfermedad mental, yo siempre estaré contigo por que sé que tú nunca me abandonarías en algo así. Te amo. Piénsalo por favor. —Supliqué soltándola de mi agarre, deposite un beso en su frente disponiéndome a dejarla en paz, cuando ella me llamo…
—Edward… —me gire para mirarla. —tengo miedo.
Corrió a mis brazos como cuando éramos niños jurando que debajo de su cama había un monstruo que quería llevársela, yo la abrace tan fuerte y llore con ella. Sabia la sensación de sentirse perdida, ella sabia de donde venia y no me atrevía a descubrir de donde provenía yo. ¿Cobarde?, tal vez, pero en este momento no me siento capaz de resistir más. Tengo que apoyar a mi hermana y tengo que hacer que mi esposa vuelva y mi madre aun tengo que suplicarle perdón por mi ofensa.
—Shhh, pequeña todo saldrá bien. ¿Quieres hablar sobre eso?.
—Mamá vendrá en una hora, tal vez podamos hablar.
—De acuerdo hablaremos. Estaré en la cafetería esperándote.
—Si.
Entro a la cafetería y mi teléfono suena, es Eleazar.
—Hola Eleazar. —saludo sin ánimos.
—Edward, ganamos el caso. —dijo con tranquilidad. —El viejo Sam estará diez años dentro.
—Suena bien. —digo realmente sin interés.
—Lo siento no debí molestarte con esto, pero sé que el caso era muy importante para ti, sobre todo por el chico. ¿Cómo esta Bella?
—No lo sé. —digo con profunda tristeza.
—Se rehúsan a decírtelo, —chasqueó la lengua —le diré a Carmen que le pregunte a Esme y te diremos. —rio por ver hasta que punto he llegado para saber de ella.
—Gracias.
—Me despido y todo aquí esta muy bien.
….
Hoy en el doceavo día estoy con ella, velando sus sueños, pero algo ha cambiado, porque ha comenzado a mover sus dedos, al principio pienso que estoy alucinando, pero vuelve a suceder, la veo fruncir el ceño y me levanto de mi asiento para acercarme a ella, entonces poco a poco abre sus ojos. Ella ha despertado, pero cuando trato de buscar el brillo en su mirada me horrorizo, pues este no está, tan solo hay vacío y dolor. Quiero llorar y decirle tantas cosas pero las palabras no salen de mi boca. Una lágrima sale de esos ojos y sin dejar de mirarme a las 16:46 hrs su corazón deja de latir.
Pronto un mar de gente entra al cuarto yo retrocedo chocando contra la pared horrorizado, asustado… miles de imágenes pasan por mi cabeza, en mi pecho un hoyo comienza a destrozar todo dentro de mí. Una enfermera me toma del brazo y me arrastra a la salida de aquella habitación. Lo único que alcanzo a ver es a ella rodeada de médicos intentando resucitarla, la puerta se cierra frente a mí. Mi cuerpo se mueve involuntariamente hasta toparme con la pared, instintivamente coloco mi mano en el bolsillo de mi pantalón y encuentro su nota enviada a través de ese mesero…
Un mar de lagrimas caen de mi rostro, una mujer se acerca y me abraza. Es mi madre. Sus brazos tratan de aliviar mi dolor, es imposible. Me siento desfallecer, mi cuerpo no responde a nada solo al deseo infinito de seguir llorando y lamentándome.
No se cuanto tiempo a pasado, yo solo estoy aquí llorando recordando cada minuto de mi vida con ella, desde el momento en que la vi de pie en esa fiesta mirando a los chicos bailar y divertirse mientras ella estaba perdida en sus pensamientos. Su mirada cuando me vio por primera vez. Su primera sonrisa dirigida a mí, mi niña tímida mí amada mujer. Ahora que la conozco un poco mejor puedo decir que la amo mas ahora que sé que no es perfecta, solo un hermoso ser humano que a pesar de su dolor y sus demonios me amó. Si ellos no pueden traerla de regreso a mi no me importa vivir porque ahora estoy seguro que su amor es lo único valioso que tengo, sin su existencia en este mundo mi vida no tiene sentido. Solo quiero que viva, que sea feliz. Que más da si no es a mi lado, no importa, yo la amo, puedo decirlo con seguridad, es por eso que quiero que viva.
Después de un tiempo mi padre se acerca a nosotros me mira con tristeza y enojo. Me deshago del abrazo de mi madre poniéndome de pie quedando frente a él. Lo miro a los ojos, intento hablar pero las palabras no salen de mi boca. Lo intento de nuevo, no puedo. Mi padre sabe lo que quiero saber…
—Su corazón late —me dice. —Esme necesitamos hablar ve a mi consultorio.
Algo esta mal, lo veo en sus ojos, lo siento. Ella no esta bien. Mi padre esta apunto de marcharse, lo detengo sujetándolo de la manga de su bata. Se detiene pero no me mira.
—Por favor —le suplico. Puedo ver la batalla que lleva por dentro decidiendo.
—De acuerdo.
—Gracias.
Caminamos en silencio, cuando entramos a su consultorio, Esme ya estaba esperándonos, me senté a su lado, ella me tomo la mano.
—¿Qué ocurrió? —pregunta mi madre, su voz es temblorosa.
—Tuvo un infarto del miocardio…
—Pero estará bien ¿cierto? —Esme lo interrumpe.
—Esto es mas grave de lo que pensé. —mi madre y yo no le quitamos la vista de encima. Mi padre suspira. —Leí su historial y sus análisis hasta ahora. Al principio mi temor eran las secuelas que podría tener debido al golpe en su cabeza, por el accidente. Ahondando en su condición descubrimos otras cosas.
—¿Qué cosas? —pregunto sin poder evitarlo, mi padre me mira con furia y dolor.
—Anorexia nerviosa. —Esme me sujeto la mano con fuerza. La mire, ella mantenía los ojos cerrados.
—Eso fue lo que me dijo el doctor Vulturi, también me dijo que estaban alimentándola. —dije.
—Bella va a salir adelante, es una chica fuerte. —dijo mi madre.
—No es tan fácil. Según los estudios Bella no ha ingerido alimento alguno en aproximadamente 17 días, a excepción de líquidos y laxantes que encontramos en su estomago.
—Pero podemos llevarla a una clínica donde le ayuden a superar el problema. Que hay de la fundación de "Un nuevo Amanecer" a la que asististe para dar pláticas, dijiste que ellos se especializaban en trastornos alimenticios.
—Cuando no es tan severa es mas sencillo, pero al parecer Bella tiene años llevando la perdida de peso a cuestas, — recordé su diario, ella tenia el problema desde su adolescencia y parte de su infancia. —Solo que al parecer la depresión resultado de su mala vida con Edward —mi padre me miro con reproche, yo bajo la mirada —agravo la enfermedad. Ella de alguna manera se dejo morir, lenta y dolorosamente.
— No entiendo… —dije soltándome de Esme y poniéndome de pie. —¿A dónde quieres llegar? —pregunte.
—Bella esta sufriendo las consecuencias de la enfermedad en este momento. Su corazón esta demasiado debilitado, tanto que sufrió un infarto del miocardio, las arterias no bombean la suficiente sangre a su cuerpo por falta de nutrientes y su corazón simplemente esta fallando.
—¡Pero si ya la están alimentando debería mejorar no empeorar! —grite sin poder contenerme.
—No es así de fácil. Su cuerpo no puede recibir alimento, la inanición a la que se sometió modifico todo su metabolismo, ella no puede comer, porque su cuerpo, a pesar de necesitar los nutrientes para vivir, no puede tolerarlos.
—Entonces morirá. Ella morirá. —dijo Esme aterrorizada. Yo niego con la cabeza ella no podía morir, no lo merecía. No podía ser. Deje caerme de nuevo en la silla sin fuerzas, incapaz de sostenerme con mis propios pies.
— Por el momento lo único que podemos hacer es ponerle un marcapasos.
—¿Por qué no la colocas en la lista de espera? —pregunte.
—No la admitirían por la anorexia. —respondió con pesar.
— ¿Pero porque? Ella tiene tanto derecho como las demás personas a estar en esa lista —dijo Esme furiosa.
—Tal vez, pero las demás personas no se provocaron su desgracia a si mismas. Porque aunque Edward sea el gran culpable de lo que paso, fue Bella la que se provoco los daños en su cuerpo. —las verdades de mi padre me lastimaron como si fueran dagas incrustándose en mi pecho poco a poco.
—Esta bien, haz la operación, colócale un marcapasos y ella se recuperara. —le dijo Esme con esperanza.
—El asunto es más grave que simplemente colocarle un marcapasos Esme. Ella no califica para esa operación, esta tan debilitada que muy probablemente morirá en mi mesa de operaciones antes de si quiera colocarlo. — dejo de respirar, todo es silencio, después halo mis cabellos con desesperación ¿No hay esperanza?.
—No podemos dejarla morir así —Esme fue la primera en hablar, yo no podía, me encontraba llorando y desesperado.
—No tenemos otra opción. La junta de trasplantes se niega a hacerla admisible, un marcapasos podría matarla y si no ayudamos a su corazón de alguna manera ella simplemente... morirá.
Me niego a dejarla morir sin luchar, la abandone una vez, no volvería a hacerlo. Ella es fuerte, lo sé. Porque ahora la conozco. Me puse de pie, poniendo mis manos en el escritorio de mi padre inclinándome sobre este. Lo mire a los ojos y le dije…
—Sé que no tengo voz ni voto. Pero se lo debo Carlisle, no voy a abandonarla esta vez. Opérala. Haz la cirugía.
—Edward, ¿no escuchaste lo que dije?
—Ella morirá de todos modos. ¿Por qué no hacerlo tratando de salvar su vida? —dice mi madre apoyando mi punto.
—Esta bien. Solo necesito que comprendan lo que les explicare. Ella necesitara muchos cuidados pos-operatorios. Sin contar el hecho de que un marcapasos solamente podría utilizarlo en un periodo corto d años. Después de eso tendría que volver a operarla para remplazarlo por otro y así sucesivamente.
—Yo cuidare de ella, tú y yo. —Esme, señala a Carlisle y así misma — Ella se quedara con nosotros. Eso será por su bien Edward, espero lo comprendas. Le has hecho mucho daño y no eres bueno para ella en este momento. No hasta que ella se recupere, y pueda decidir que hacer con su vida. Comprendes la magnitud de tu daño ¿verdad?.
—Si, lo sé. Lo que sea pero lo único que quiero es que ella este bien, que viva. —les dije a ambos.
—Voy a preparar todo. —dijo Carlisle saliendo de la habitación.
…..
Isabella
El dolor en mi cabeza me hizo salir de mi inconciencia, me encontraba un poco confundida, pero cuando pude abrir los ojos completamente me di cuenta de que estaba en un lugar desconocido. Los cerré nuevamente y las imágenes llegaron poco a poco a mi mente. Él me engaño con una de mis mejores amigas. ¿Por qué de tantas mujeres en el mundo tenia que ser ella?. Suspiro, lo que me ocasiona un enorme malestar, miro a mí alrededor y comienzo a sentirme ansiosa. Esme entra a la habitación y me mira con asombro para después sonreírme.
—Bella no te muevas, espera un momento llamare a Carlisle—Asentí levemente.
—¿Qué sucedió? —estoy confundida.
—No recuerdas el accidente. —me pregunta Esme.
—Si, ¿pero que me paso?…—si lo recordaba pero sobre todo lo que ocurrió antes, su traición.
Vi a Carlisle entrar en ese momento, se acercó con una sonrisa amable.
Me explico mi estado clínico, de forma tranquila y pausada. No podía creer que tengan que ponerme un marcapasos, ellos me dicen que estoy enferma, que tengo anorexia nerviosa.
Van a operarme y debo estar despierta, la cirugía será con anestesia local, Carlisle me ha explicado que debe ser así o podría no volver a despertar.
…
Edward
Me encontraba caminando como un león enjaulado, desesperado, mortificado, asustado y rogando a los cielos una oportunidad para ella. Mi madre se encuentra sentada en la pequeña sala de espera junto con Alice y Tanya. El silencio se ve interrumpido solo por mis pasos.
Las horas pasan en una lenta agonía, tan solo han pasado tres horas pero han sido las mas largas de mi vida, hasta que por fin mi padre sale por las puertas por las que conducían hasta ella, mi corazón.
Esme se levanto de su asiento junto con Alice y Tanya que también habían venido a apoyar a Bella.
—Hasta ahora la operación ha sido un éxito, solo hay que mantener los cuidados necesarios para su progreso. — No me había dado cuenta de que contenía el aire hasta que mi padre apretó mi hombro en signo de apoyo.
—Entonces ¿esta fuera de peligro? —Preguntó Alice.
—En cuanto a la anorexia será necesario enfrentarla a su situación. He llamado a mi amigo el Dr. Peter el vendrá personalmente a evaluar el estado de Bella, en cuanto se encuentre mejor.
—¿Cuánto tiempo mas se quedara en el hospital?. —fue mi madre quien en esta ocasión pregunta.
—Al parecer no sufrió daños a nivel cerebral debido al golpe. En cuanto a la operación serán 8 días los que quiero que este aquí, en observación. Si no hay mas complicaciones ese seria el tiempo que estaría aquí. En cuanto a su anorexia repito el Dr. Peter nos dará su diagnostico.
—Papá gracias por salvarla. —le dije desde lo mas profundo de mi corazón.
—Es mí deber como medico. —sin decir mas se aleja.
…
Isabella
Durante la operación comienzo a recordar esos sueños extraños y comprendo que solo eran recuerdos de cosas que había hecho y que me han perjudicado a la larga. Mi deseo por agradarle a él, pero más que nada por agradarme a mi misma. Querer ser una persona distinta, una mejor y más bonita persona, fue lo que ocasiono que tomara las decisiones equivocadas. Recordé a la niña, a la adolescente, a la joven y a la esposa todas ellas una sola, sus sufrimientos, sus inseguridades, su autoestima y amor propio inexistente. En el fondo de mi corazón sé que es verdad pero me niego a aceptarlo.
Ahora después de la operación la mayor parte del tiempo estoy sola, lo que me ayuda a pensar y analizar mi vida. Me pregunto ¿esto es lo que quiero?, ahora es como abrir los ojos a la realidad y me doy cuenta que no fue por amor mi mentira, no fue por amor el haberlo perdonado cuando me golpeo, no fue por amor pasar cada una de sus palabras hirientes por alto, sus infidelidades y sus humillaciones. No, la realidad es más oscura y escalofriante. Fue por egoísmo. Si, yo no quería perder al hombre hermoso, las envidias de las mujeres al mirarme al ir de la mano con él, porque por primera vez era envidiada. Sin querer perder a la única persona que por tan solo un momento me hacia sentir hermosa bajo sus caricias, tampoco a la única familia que tenia, él. Yo mentí porque no soportaba el hecho de hacer humano e imperfecto a mi Dios griego. No, yo era la mala, la fea, la defectuosa no él. Prefería mentirme a mí misma y hacerme creer que yo era la culpable.
Ahora ya no quiero ser débil, ya no quiero depender de él. Quiero salir adelante por mi propio bien, tengo la necesidad de amarme a mi misma. Pero antes debo aprender a hacerlo. Él ha querido verme desde que desperté pero yo no quiero, tengo miedo porque a pesar de todo lo quiero, y se ha convertido en mi droga personal. Él es dañino para mí pero aun así deseo estar a su lado. Por eso no puedo verlo, temo recaer en mi vicio por él.
Otro día mas aquí ¿hasta cuando podré marcharme?, Ángela ha viajado desde Italia para verme. Quieren hacerme ingerir sólidos pero no puedo, quiero hacerlo pero algo en mi lo rechaza, vomito.
Un medico ha venido a visitarme, él es especialista en trastornos alimenticios.
—Buenos días Bella. —Saluda Carlisle — este es el Dr. Peter del que te hable. Dr, ella es Bella.
El doctor me saluda con amabilidad y confianza. Me examina, bajo mi atenta mirada. Me he vuelto aun mas callada que antes, no deseo hablar ni expresar lo que siento, porque por muy extraño que parezca no siento nada, es como si hubiera muerto por dentro.
—Bella voy hacerte unas preguntas.
—Necesito ayuda —dije sin emoción alguna cortando lo que iba a decirme. Para que darle vueltas al asunto, era mejor ir directo —tengo un problema y no puedo solucionarlo sola. Quiero…—no puedo continuar porque no sé que mas decir y el Dr. Peter lo entiende, él asiente y con su mirada me lo dice. —Carlisle me dijo que viene de una clínica.
—¿Quieres que te hable de ella? —me pregunta.
—Si
…..
Otro día mas… Me encuentro con los ojos cerrados y entonces escucho entrar a alguien quien solloza, es Bree. Me pregunto si también nuestra amistad fue mentira.
—¿Desde cuando lo sabes? —Bree se queda paralizada, lentamente sube la mirada hasta toparse con la mía. La veo retroceder un paso.
—Lo si… siento. Lo siento, nunca quiso escucharme. — me dice llorando.
—Tal vez ella no, pero yo si. —digo con dificultad.
—Perdóname, estaba entre la espada y la pared. No podía elegir. —Tal vez es cierto ella es su hermana.
—Entonces yo tomare la decisión por ti. — nunca podré sentir rencor hacia ella, por que es como la hermana menor que nunca tuve, y sé que su lugar no es conmigo es con Rosalie, es con su verdadera familia. —Sal de aquí, y no vuelvas jamás. Nunca más te atrevas a cruzarte en mi camino.
Sé que la he herido pero es la única forma de que ella vuelva con su hermana.
—Yo te quiero y espero algún día puedas perdonarme. Gracias por todo Bella, lo siento tanto.
"No hay nada que perdonarte Bree" digo en silencio.
...
Rosalie
Llamo a la oficina Edward esta ahí, he estado fuera del hospital por dos días viéndolos entrar y salir del hospital. Ahora ella se encuentra sola y esta es mi oportunidad para hablar con ella.
Llego a la recepción y pido el pase para verla. Camino hacia su encuentro. Abro la puerta y una mujer a la que no conozco esta con ella.
—¿Quién es usted? —me pregunta, poniéndose frente a mí.
—Ángela déjanos solas, por favor. — le pide Bella, la mujer me mira con duda en su rostro, sin decir mas sale de la habitación.
—¿Qué haces aquí? —me pregunta sin rodeos.
—A pesar de lo que creas estoy preocupada por ti y por Edward, él se siente culpable. —le digo con culpa. Ella no deja de mirarme. —Siempre quisiste saber quien era la mujer que te robo su corazón. Pues aquí me tienes.
Ella sonríe. Pero no dice nada.
—Sé que lo amas Bella. Por eso te pido lo dejes ser feliz.
—¿Dónde crees tú que esta su felicidad? —me pregunta.
—Al lado de la mujer que le ha dado lo que tú no has podido. —ella sigue mirándome sin dejarme ver sus sentimientos. —Un hijo.
Entonces comienza a reír y la furia comienza a crecer dentro de mí.
—¿Cuál es la broma? —le digo con mis manos en mi vientre. —¿Crees que puedes burlarte de mi bebe solo porque fue procreado de un amor prohibido?
—No, claro que no. Tú bebe no tiene la culpa de tus errores.
—Mi amor por Edward no es ningún error.
—¿Qué quieres Rosalie? ¿Qué te deje el camino libre? Pensé que habías dicho que tienes su corazón, entonces ¿a que vienes? Si él es tuyo ira a ti como siempre ¿no es cierto?.
—Te tiene tanta lastima que cree que debe permanecer a tu lado solo por el hecho de que nunca podrás tener hijos. Piensa que no encontraras a nadie quien te ame con tu defecto.
—Entonces lo liberare, no porque tu me lo pides, o porque yo lo ame tanto… lo hago por mí, porque yo no me merezco tener a mi lado a ese traidor. Solo espero seas lo suficientemente mujer para retenerlo a tu lado. No lo quiero tocando mi puerta cuando lo haya apartado de mi lado y se dé cuenta de la clase de ser humano que eres.
—No te preocupes yo si soy la mujer que el necesita.
—Eso espero, hoy lo dejare libre, mas vale que le digas lo de su hijo, eso ayudara que vuelva a ti con o sin remordimientos.
—Espero que encuentres la felicidad y el amor como yo lo he encontrado.
—Gracias Rose, por ser tan buena amiga que has decidido quitarme de encima una gran cruz.
…
Edward
Bella se ha negado a verme, desde que despertó. Yo he obedecido sus deseos, después de lo ocurrido la última vez que nos vimos no me arriesgo a otra crisis por parte de ella. Sé que lo mejor en estos momentos es su tranquilidad. Pero aun cuando no me desea cerca yo estoy aquí detrás de su puerta a su alcance para cuando ella disponga de mí.
Han pasado cuatro días desde su operación, mi hermana me ha dicho que no ríe, pero tampoco llora, de hecho no muestra ningún tipo de emoción en su rostro. Carlisle esta preocupado por su conducta.
Ahora estoy en la oficina arreglando algunos asuntos pendientes, Rosalie interrumpe en la oficina con Jessica detrás de ella.
—Edward necesito hablar contigo. —me exige.
—Señor disculpe ella me a empujado. —dice Jessica, haciéndome enfurecer con Rosalie. ¿Quién es ella para maltratar a mi personal?
—Retírate Jessica… ¿Qué haces aquí? ¿No te pague lo suficiente para que me dejes de molestar? —le dije para herirla por su actitud arrogante.
—¿Ahora soy una molestia? Estoy aquí porque hay algo que te corresponde saber. —me dice, sinceramente no hay nada que quiera yo saber de ella.
—Dime y vete —le pido para terminar con esto lo mas rápido posible, verla frente a mí me da asco porque me recuerda lo imbécil que fui al enredarme con ella.
—Estoy embarazada. —a ese cuento con otro, ¿pero que demonios le sucede?, que bajo ha caído tratando de atarme de esa forma. Ilusa.
—Felicítame al padre. —le digo mirándola a los ojos con frialdad.
—¿Qué? ¡Edward tu eres el padre! —me grita y yo rio por que algún día en el pasado pudo haber sido una noticia maravillosa. Pero ahora no lo es —¿Por qué te ríes?
—Aquí hay dos cosas la primera o estas mintiendo o tienes otro amante.
—¿Qué?, no lo puedo creer, después de todo lo que te he dado ahora me dices que este hijo no es tuyo.
—¿Qué se supone que me has dado Rosalie? —le pregunto, pues he sido yo el que le dio a ella, comprando su compañía, ¿es que nunca se dio cuenta?.
—Te di mi virginidad, mi dignidad, traicione a mi amiga por ti y todo para que me digas Puta.
—No pongas palabras en mi boca Rosalie, si eso te consideras es tu opinión no la mía. Ahora déjame recordarte que no te he obligado a estar conmigo y tampoco te he mentido. Yo te dije lo que buscaba de ti. Tu cuerpo, solo eso.
—Pero tú me amas. —¿Amarla? Para nada. Eso jamás ocurrirá, no en esta vida.
—Jamás te he dicho semejante mentira. Nunca te engañe o te prometí nada.
—No era necesario que me dijeras que me amas. ¡Íbamos a vivir juntos! —ella trata de chantajearme emocionalmente, llora. Pero si eso no funcionó con Bella menos lo haría con ella. Si, sigo siendo un maldito hijo de puta. Pero ya me había comportado bastante con ella cuando terminamos pero ahora ha cruzado mi límite.
—Sin compromiso. —le digo con frialdad.
—Pero estoy embarazada, ¿qué voy a hacer? —vuelve a intentar la vieja táctica, tan vieja como lo es la profesión mas antigua del mundo.
—Decirle al verdadero padre. —le aconsejo.
—¡Tú eres su padre! —insiste sacándome de mis casillas.
—¡No, mientes!. —Le grito —¡Yo soy estéril Rosalie! — Le digo apuntándome a mi mismo —, no era Bella soy yo….
…..
Rosalie
Ahora entiendo su broma y porque ella se reía, estaba burlándose de mí. Maldita mosca muerta…
—Me mentiste, para acostarte conmigo. —le digo.
—No me lo confeso hasta antes del accidente. Basta ya Rose, vete y no me busques mas.
—Tú y tu perfecta mujer ¡váyanse al infierno!. —le grito sin contener mi furia.
Salgo de ahí sintiéndome estúpida y vacía; ambos se burlaron de mí. Ella ha hecho que me humille de la forma más cruel.
…
Edward
Llego al hospital y aun tengo el mal sabor de boca por la noticia y pelea con Rosalie. No puedo creer lo bajo que ha caído para retenerme a su lado. Pero aun cuando ese hijo hubiera sido mío yo no volvería con Rosalie. Cuidaría de que no le faltara nada a él pero no volvería a cometer el mismo error.
Alice me ve llegar…
—Bella esta esperándote, quiere verte.
—Gracias. ¿Carlisle va a darla de alta mañana?
—Si, de hecho mañana mismo ella se internara en la clínica, mi padre me ha dicho que ocupara una enfermera personal y exclusiva para sus cuidados especiales.
—Yo correré con los gastos.
—Si tengo aquí… —saca de su bolso dos sobres —los expedientes de dos enfermeras, papá va a entrevistarlas.
—Gracias Alice.
—Sabes que lo hago por ella.
—Lo sé.
La dejo para hablar con Bella. Estoy nervioso, siento que me tiembla el cuerpo. Toco la puerta para anunciarme. Ángela abre dejándome entrar y saliendo ella después. Bella esta mirando hacia la ventana, de pronto gira su rostro y nuestras miradas se encuentran. No puedo evitarlo y comienzo a llorar. Camino hacia ella sin perder el contacto visual. A nada de distancia mis piernas pierden fuerza y caigo de rodillas a ella. Bella esta sentada en la cama con sus piernas apoyadas en el suelo yo frente a ella mirándola le tomo su mano, esta fría.
—No lo merezco, pero te suplico me perdones. No hay justificación a mis actos pero quiero que sepas que el último día no mentí. Yo te amo, estaba dejándola.
—No me interesa más el pasado Edward. —su voz suena neutra sin emoción.
Llevo su mano a mis labios y la beso.
—Una vida no me alcanzara para compensar el dolor y el daño que te he causado. —le digo con arrepentimiento verdadero.
—Ya no quiero tu lastima. —me dice entre dientes, y con dolor aun cuando su rostro no dice nada, lo sé, yo puedo ver lo que hay dentro de su ser. Porque ahora la conozco.
—¿Qué? Nunca jamás he sentido lastima por ti. —tomo su rostro entre mis manos y pego mi frente con la de ella, mientras que mantiene sus manos en sus piernas y cierra los ojos, no hace ningún movimiento es como si se estuviera conteniendo.
—Eso fue lo que dijo tu amante esta mañana.
—¿Rosalie estuvo aquí?… —ahora si, que esa mujer no se pusiera en mi camino porque la destruiría por atreverse a lastimar a mi esposa —No Bella, nada de lo que te haya dicho ella es verdad.
—Lo sé. Porque dice esperar un hijo tuyo. —Me dice —Yo realmente lo dudo. —lo que dice me deja ver cuanto me odia, ella se ha burlado de mi como yo alguna vez lo hice de ella.
—Bella te amo, voy a hacerte feliz quiero que….—no me deja terminar, me corta.
—Pedí verte para decirte que no quiero que sigas detrás de la puerta, quiero que te vayas y continúes tu camino lejos de mí. Si Rosalie realmente esta embarazada como me ha dicho, debes tomarle la palabra. Porque será la única paternidad que podrás tener algún día. A menos que encuentres otra mujer que te ame y que te acepte aun cuando ni siquiera quieres pensar en la adopción.
—No quiero a nadie mas, solo a ti —le respondo con desesperación mientas abrazo su cintura queriendo retenerla a mi lado. Sé que me comporto como un completo egoísta, pero estos últimos días casi la pierdo en dos ocasiones y sé que perderla en definitiva seria mi muerte.
—Suéltame, tu toque me quema, me hace daño en este momento. Entiende, si alguna vez puedes pensar en mí antes que en ti comprenderás y me dejaras libre. Porque ahora soy yo quien te pide que me dejes en libertad. —no, no puede hacerlo. Sé que puedo hacerla feliz, solo necesito una oportunidad…
—Mañana te iras a la clínica, ahí puedes pensar con calma y será un tiempo considerable para sanar nuestras heridas, para pensar y hablaremos entonces.
—Quiero el divorcio. —Insiste en ello, ahora se lo que sintió cuando yo se lo pedí.
—No, por favor. —De nuevo me arrodillo ante ella coloco mi cabeza entre sus piernas y sollozo en ellas.
—Quiero a mi lado a alguien quien me ame de verdad, lo merezco Edward. Cuando salga de ahí, quiero el divorcio. Déjame sola.
Me levanto, beso su frente y luego sus mejillas; cuando quiero besar sus labios ella se aparta. Su desprecio me hiere en lo más profundo de mi corazón y sé que a pesar de todo siempre estaré a su lado aun cuando tenga que ser en las sombras porque la necesito y mi vida es oscuridad sin su sonrisa llena de amor en mis días.
—Vete. —me dice pero no me mira a los ojos y sé que podría hacerla flaquear en su decisión, pero hacerlo seria un error. Ella necesita recuperarse.
—No importa lo que pase, esperare por ti el tiempo que sea necesario.
….
Salgo de la habitación y me derrumbo en el pasillo llorando por ella hasta que mi padre llega y me pide que lo acompañe. Vamos a la azotea del hospital. Mirando el panorama tengo ganas de arrojarme al vacío.
—Conocí a Esme cuando yo aun era estudiante de medicina, el señor Platt su padre tenia un café cercano a la universidad, en ese tiempo apenas me alcanzaba para los transportes, pero siempre conseguía de una forma u otra dinero para tomar una taza de café y una deliciosa dona de chocolate de tu abuela. Desde mi punto de vista son las mejores que he vivido en mi vida. El caso es que Esme trabajaba de mesera ahí todos los viernes —el semblante de mi padre es soñador y de un adolescente enamorado, lo envidio.
—Un día me arme de valor y la invite a salir. Ella tenía varios pretendientes, algunos tenían coches, vestían y calzaban bien. Pero ella acepto mi invitación. Jamás había aceptado ninguna. Esa noche la lleve a un mirador, en una vieja carcacha que un amigo me presto. Ella dijo que le había gustado. No se si me mintió pero yo estaba muy feliz. Iniciamos una gran amistad, termine la carrera y de inmediato le pedí que fuera mi novia, ella me dio el sí después de decirme que me había tardado demasiado en hacerlo y que ella pensaba declararse esa misma noche.
Sonrío, no me imagino a Esme declarándosele a un Carlisle lento.
—No te burles, solo quería lo mejor para ella, yo no tenia nada, quería que tuviera la opción de elegir.
—¿Pero pudiste perderla?
—Si, pero no fue así. Hay un viejo dicho que dice… Déjalo ir, si es para ti volverá, si no vuelve, es porque jamás lo fue. La amaba y hoy la amo mucho más. Nos casamos e iniciamos desde cero. Pero ella siempre estuvo a mi lado en las buenas y en las malas, en la pobreza y hoy en la riqueza. En la salud y en la enfermedad. Cuando supimos que ella no podía tener hijos fue muy mala conmigo, ella quería alejarme, hacer que yo la olvidara. Pensaba que yo estaría con ella por compasión y no por amor. Se equivocó, siempre lo hizo, yo la amaba con locura y no concebía una vida sin ella. — me mira a los ojos y puedo ver porque me lo dice.
—Bella me mintió, no es ella quien no puede tener hijos. —mi padre endereza la espalda y me mira con una ceja levantada. — Soy yo.
Bajo mi vista pues las lagrimas se acumulan en mis ojos.
—No es el fin del mundo. Cuando tú llegaste fuiste su luz. Ella cambio demasiado, eras su adoración, para ella es muy difícil tu situación y comportamiento. Tus fracasos son sus fracasos.
—Entiendo.
—Dale un tiempo.
…..
Llego a nuestro hogar y de nuevo la tristeza me absorbe como un monstruo, me siento en el rincón que hasta hoy se ha convertido en mi lugar favorito, desde ahí puedo ver todo el departamento. Puedo verla a ella cocinando, bailando mientras sirve la mesa. Mirando la tele mientras ella acaricia mi cabello y mi rostro que se encuentra entre sus muslos. Y si cierro los ojos puedo escucharla decirme "Te amo Edward". La recuerdo e imagino que ella esta conmigo… me levanto de mi lugar y busco una hoja de papel y bolígrafo, cuando los encuentro me siento de nuevo ahí en mi lugar.
No se cuanto tiempo ha pasado, mi teléfono vibra a través del bolsillo de mi pantalón, tomo la llamada es Eleazar, me dice que hay problemas, Jacob nuestro testigo en el caso de Sam Uley ha aparecido muerto en una habitación de hotel. Debo ir a la oficina, miro mi reloj son las nueve de la mañana, no he dormido nada.
…..
—Todo indica que fue un ajuste de cuentas —dice Eleazar.
—Prometimos protegerlo, puta madre ¿es que no puedo hacer nada bien? —digo y tapo mi rostro con mis manos desesperado.
—Edward debemos guardar la calma. —Eleazar intenta tranquilizarme.
—Esto me preocupa, ¿y si ellos intentan algo mas en nuestra contra? —Mike se nota nervioso, él fue quien trabajo directamente en el caso. —sabíamos que Sam Uley era peligroso no debimos tomar el caso.
—Si nosotros no lo hacíamos ¿quien? —Pregunta Eleazar —mato a una mujer y violo a otra.
—Han estado marcando a casa y nadie responde, cuando Jess vio en el periódico la muerte de Jacob se puso muy mal. Tiene miedo. —Mike también lo tiene, y se lo que siente al siquiera pensar en perder a su familia.
—No debemos dejarnos llevar por el miedo. Si recibimos algún tipo de amenaza tomaremos cartas en el asunto. —Mike no esta convencido ante las palabras de Eleazar.
—Si se siente mas segura podemos contratarle guardaespaldas. —le ofrezco entendiendo su posición.
—Si, hablare con ella. Gracias.
Salgo de la oficina a las 9:48 de la mañana, hoy los médicos la dan de alta a las 10 AM. El trafico no me deja avanzar, desesperado a las 10:05 AM estaciono el coche ya estoy cerca del hospital pero si pretendo llegar en el auto tardare media hora mas. Salgo corriendo, tengo que verla antes de que parta a la clínica o no la vería en varios meses.
…..
Isabella
A las ocho de la mañana la enfermera entra para limpiar la herida de la cirugía, cambia las gasas y las vendas de mi cabeza la cual aun me duele. Durante la noche no pude dormir más de dos horas, Edward se empeñaba a no dejarme ni en sueños ni en pensamientos.
Estoy muy lastimada y me costara mucho trabajo volver a confiar en la gente a mi alrededor. ¿Como confiar en una amiga si dos de ellas me traicionaron?, ¿como confiar en él, si durante mas de tres años nuestro matrimonio se ha basado en una mentira, por mi parte y por la de él?. Cuantas veces me negó serme infiel y cuantas veces me engaño. Y luego su relación duradera con ella. Me pregunto si ella le confiaba a él todo lo que estúpidamente hacia para complacerlo. Maldita sea la hora en que le hable a ella mi peor enemiga de mis desesperados intentos por llamar su atención. ¿Cuánto se abran reído de mí? Puedo imaginármela diciéndole a él que yo tomaba clases de baile erótico para seducirlo. ¡Por Dios! cuando los cinco comíamos en la misma mesa, teniéndonos ahí a las dos sentadas una al lado de la otra ¿nos comparaba? Ella tan hermosa y yo tan insignificante. No puedo evitar sentir rabia y odio hacia aquella mala mujer. Siento que los trozos de mi roto corazón se hacen polvo.
Sé que este estado de ánimo no me hace bien, pero no puedo evitarlo. Ayer cuando lo tuve frente a mí pude darme cuenta de que de alguna manera jamás dejare de amarlo. Es irónico la manera en que la rueda de la fortuna ahora me mantiene arriba y a él abajo. No me regocijo porque seria ser como él cuando en tiempo pasado yo le suplique de rodillas que no me dejara. Si en verdad no siente lastima o remordimiento por mis acciones y si tan solo tiene una pizca de amor por mí, entonces puedo decir que soy yo quien le compadece pues me ha perdido. No importa cuanto mi cuerpo arda en deseo por sentir sus caricias, no interesa cuanto el polvo de mi corazón necesite del abrazo de esas migajas de amor de él. Que más da si mi alma muere por él. Yo no volveré a ser humillada, mancillada y traicionada por Edward. No, mi lugar esta lejos de su persona, de su sombra dañina.
Ángela llega con la maleta que contiene un cambio de ropa.
Cuando salgo del hospital voy en una silla de ruedas, el calor del sol hace un intento por darme calor cosa que no funciona, tengo frío, un frío que va más allá de lo físico. Viene de donde alguna vez se alojó mi corazón. Al ver a todos aquí afuera esperándome me doy cuenta de que tontamente esperaba verlo ahí, esperaba saber que significo algo para él, que esa pizca de amor por mi existió. Y al no verlo el poco orgullo que me quedaba de saberme por lo menos tan importante para él como para sentir lastima o un compromiso para estar aquí el día de hoy, se ha derrumbado. Yo no significo nada en su vida ni en él. Tal vez está con su amante tomándome la palabra, decidiendo ser un padre para el hijo de ella.
Ellos su familia intentan acercase a mi pero yo no puedo estar cerca de ellos, pues es estar de alguna forma conectada a él. Ya no puedo, ya no quiero, mis fuerzas se han acabado, estoy derrotada. Les hago una señal con mi mano y niego con la cabeza. Le pido con la mirada a Ángela que me ayude a poner en pie, el Dr. Peter esta ahí, el me saluda y yo apenas puedo responderle, también me ayuda a ingresar al auto que me llevara al lugar donde intentare rescatar ese polvo de corazón y guardarlo en un recipiente al que pretendo resguardar bajo miles de candados.
Estoy junto a la ventanilla y no quiero mirarlos a ellos, sé que están sufriendo mi desprecio, solo espero que comprendan que su presencia en estos momentos me hace sentir miserable, desdichada y aun mas destrozada.
Es hora de partir, mirando mis manos escucho que tocan en la ventanilla, miro a Ángela que esta a mi lado.
—Es Edward.
Cierro los ojos y respiro por mi boca, me duele mi pecho, es el dolor que su presencia me causa. Giro mi rostro y leo sus labios "Por favor", abro la ventanilla pero me niego a mirarlo. Y como si el mundo no existiera solo estamos él y yo, mi mente se cierra y solo escucho la canción que suena en la radio del auto…
Porque siempre estuve equivocada,
y no lo quise ver.
Porque yo por ti la vida daba,
porque todo lo que empieza acaba.
Por que nunca tuve mas razones,
para estar sin él.
Porque cuesta tomar decisiones,
porque se que va a doler.
Y hoy pude entender,
que a esta mujer,
siempre la hiciste,
inmensamente triste.
Y las lágrimas que se negaban a salir desde que desperte, lo hacen.
—No llores, por favor. Perdóname. —me dice con dolor.
Lo miro y él también llora. Pero no hay mentira en sus ojos verdes ni en su rostro
Hoy que no puedo mas,
sigo decidida a dejarte atrás…
Niego con mi cabeza a estas alturas el nudo en mi garganta no me deja articular palabra alguna.
Por tu desamor, lastimada estoy…
—Toma, léela cuando estés preparada para saber su contenido. Quiero que sepas que siempre estaré en el mismo lugar esperando por ti.
El me ofrece un sobre, es una carta que lleva mi nombre con su hermosa caligrafía.
Y hoy pude entender,
que a esta mujer,
siempre la hiciste,
inmensamente triste.
Tomo la carta y un sollozo sale de mi boca sin poder contenerlo. Él toma mis manos
—Bella yo…—ambos nos miramos, teniendo tanto dolor dentro.
Guardamos un largo silencio escuchando el inicio de otra canción. Una sonrisa triste se asoma en sus labios, son las putas canciones que trasmiten en la radio. Maldita coincidencia, maldito destino que me hará odiar a Thalía y a Enrique. Su mirada me dice que también los odiara es increíble que yo le sonría de vuelta, cuando lo único que quiero hacer es llorar y hundirme en mi miseria.
Solo quedan,
las ganas de llorar,
al ver que nuestro amor se aleja…
Frente a frente bajamos la mirada,
pues ya no queda nada de que hablar, nada…
—Yo… ya no puedo darte nada, todo te lo di. Mi vida, mi corazón todo. No volveré. Lo siento tanto. Quisiera poder amarte de nuevo pero ya no tengo corazón para ti. —le digo interrumpiendo nuestro silencio.
Queda poca ternura,
y alguna vez haciendo una locura …
Un beso y a la fuerza, queda.
Queda un gesto amable,
para no hacer la vida insoportable…
Edward toma mi rostro y mis labios en un beso casto. Tan suave como una brisa.
Solo quedan las ganas de llorar,
al ver que nuestro amor se aleja.
Frente a frente bajamos la mirada,
pues ya no queda nada de que hablar, nada…
Él me suelta cierra sus ojos mientras gruesas lagrimas resbalan por sus mejillas. Su voz es irreconocible.
—No te pido nada, solo que me dejes amarte. No quiero causarte daño. Olvídame hoy, recuérdame mañana cuando estés recuperada. Solo prométeme que lucharas por tu vida, hazlo solo por ti porque tienes mucho que dar a otros, pero también tienes mucho que recibir.
—Si —es lo único que puedo decirle.
Él se aleja de la ventanilla con la mirada al suelo como si le costara trabajo mirarme partir, yo cierro la ventanilla y miro al frente. El auto comienza a avanzar a su destino hacia una nueva vida sin dolor.
…..
Edward
La miro partir, Alice toma mi mano.
—Ella volverá. —me dice, yo no quiero hacerme ilusiones.
—Has hecho lo más fácil, lo difícil será esperar hijo. —mi padre palmea mi espalda. Sin poder resistir más los dejo y me dirijo a cualquier lugar lejos de ahí, de ese momento…
Llego a mi auto, abro la puerta y es detenida por alguien.
—¿Edward Cullen? —escucho una voz ronca a mis espaldas. Me giro y me topo con tres hombres.
—Si, soy yo.
El hombre del medio tiene su mano dentro del bolsillo de su chaqueta me hace una seña, lleva un arma, los otros dos dejan al descubierto la suya.
—Vas a acompañarnos…
…..
Cuatro años después …..
El avión aterrizó a las 12:00 del día, cuando bajó de este una hermosa mujer rubia esperaba su llegada. Impaciente miraba a cada pasajero recién llegado minuciosamente. Hasta que le diviso.
—Hasta que llegas, tengo horas esperándote.
—Lo siento el vuelo se retrasó.
—Con tu suerte pensé que habías ocasionado la caída del avión.
—Que gracia me das Jane.
Jean soltó una carcajada llamando la atención de la gente a su alrededor.
—Eres la única persona en este mundo que me causa gracia, ¿sabes?
—Lo sé pareces una vieja amargada….
La pareja siguió hablando y bromeando mientras se dirigían al departamento que compartirían, dejaron el equipaje y se dirigieron al lugar donde se encontraba aquella persona que necesitaba su ayuda.
—Espera aquí, hablare con ella para decirle de que va el asunto. —dijo Jane.
Jean se dirigió a la habitación donde se encontraba aquella mujer brutalmente golpeada, la había encontrado en su departamento un día después de haber sido atacada por el hombre con el que vivía. Él había sido encontrando con su amante, en las afueras de la ciudad en un hotel.
—Buenos tardes —dijo Jane entrando a la habitación.
—Buenas tardes. —contesto la mujer.
—Bueno, tengo buenas noticias, el abogado que se encargara de tu caso ha llegado de viaje, esta afuera esperando. Hay algo que quieras saber antes. —La mujer que tenía un collarín en el cuello negó con la mano.
Jane se acercó de nuevo a la puerta abriéndola y haciendo señas a la persona que aguardaba fuera.
La mujer acostada en esa cama cerró el único ojo que podía abrir, el otro esta demasiado hinchado. Escucho atentamente el sonido del andar de su abogado, eran pasos seguros. Dejo de escucharlos cuando estos pararon a su lado. Abrió el ojo sano y le vio.
La mujer abrió la boca al tener frente a ella, a la única persona que no creyó volver a ver en su vida….
…
Nota: Son las cinco de la mañana actualizo ahora pues no podré hacerlo en otro momento, no he contestado Review solo los PM. Disculpen no es que sea malagradecida con ustedes que se toman un tiempo para hacerme saber sus pensamientos pero juro no he podido hacerlo me encontraba en el dilema: escribía capitulo o respondía sus Review y creo que la mayoría preferíamos lo primero.
Espero les haya hecho sentir algo, pues este capitulo tiene mucho trabajo por parte de Betas y su servidora. ¿Valió la pena? Gracias a quienes con sus Review y PM me inspiraron. Dedicado a ustedes, a Flowers y a todas las chicas que cumplieron años en esta semana.
Por ultimo ….. Ya se me olvido ja ja es verdad. Mejor ya me voy a dormir.
Gracias.
Chapter 12: Chapter 12
Por amor
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer.
Trama a Rakelluvre.
Beta Sarobari Fics, Lillian Mcarty P.
Yumel 22 (Dr. Asesor)
Epílogo.
Hoy es un día importante, ella saldrá de la clínica, y como un acosador me encuentro fuera, observando a cada persona entrar o salir de ella. Un hombre que camina en la acera pasa al lado del viejo coche que he rentado esta mañana, yo bajo la cabeza, la gorra puesta en su lugar me ayuda a ocultar mi rostro. Entonces veo el auto de mi padre llegar, mi madre vestida de negro al igual que mi padre y mi hermana salen de él.
Ella me ha dicho que Bella no quiere ver a mi familia y mucho menos a mí. Eso por el momento es mejor. No quiero que llore por mi mentira como lo ha hecho mi familia. Ella se la llevara lejos, a salvo de mí y de toda la maldad que me rodea.
Veinte minutos después los veo de nuevo salir, estoy seguro que ella no ha querido verlos. Lo sé porque mi madre esta llorando en los brazos de mi padre. Me duele el daño que le he hecho a mi madre, solo espero poder compensarla algún día.
Una hora más tarde ella sale, aun esta demasiado delgada, va tomada de la mano de ella, Bella mira la puerta del auto abierta y por alguna razón o fuerza gira su rostro a mi dirección, no me muevo, mi cuerpo se ha congelado en mi sitio. Tan solo fueron tres segundos, ella entra al coche y Jane mira hacia mí y asiente sabiendo que estoy aquí, mirándolas partir a un nuevo comienzo.
Pero solo es cuestión de tiempo para que yo regrese de nuevo.
…
Este es el cierre de esta primera parte. Recuerden que la segunda se llama "Una oportunidad para amarte"
Agradecida con ustedes por su apoyo en Los Suri Awards 2012, si aun no han votado, los invito a que pasen y voten por sus favoritos.
Miles de gracias.
Besos.
Title: Una oportunidad para amarte
Category: Books » Twilight
Author: rakelluvre
Language: Spanish, Rating: Rated: M
Genre: Drama/Romance
Published: 06-27-12, Updated: 11-21-12
Chapters: 13, Words: 50,720
Chapter 1: Chapter 1
Por amor
"Una oportunidad para amarte"
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer. Trama a Rakelluvre.
Beta Sarobari, Lillian Mcarty P. Yumel 22 (Dr. Asesor)
Al nuevo lector: esta es la secuela del Fic Por Amor. ¡Bienvenidos!
Summary:
Después de cuatro años de su partida Isabella Swan regresa a enfrentar su pasado. Viejas heridas se abren al encontrarse con la mujer que destruyo la ultima oportunidad que tenia para salvar su matrimonio. Edward Cullen ha vuelto a nacer, después de una experiencia traumática que le cambio la vida por completo. ¿Podrá Edward redimir el daño que le causo a su esposa?, ¿Bella le dará otra oportunidad?, ¿Quién es el hombre que la protege? ¿Qué hará Edward por amor?
Prólogo
El avión aterrizó a las 12:00 del medio día, piso suelo americano sintiendo una opresión en el pecho debido a los nervios, le aterraba no saber a que se enfrentaría después de tantos años de ausencia. Sabia que era una cobarde al haber huido de esa manera, pero en ese momento de su vida no se sentía preparada para enfrentarlo sabiendo que su esposo Edward, posiblemente esperaba algo de ella que ya no podía dar. Pero su temor más fuerte era saber que no la eligió, tantas noches pasadas se había torturado pensando en que él volvía con su amante cada noche, mientras ella estaba internada en la clínica intentando superar su patética enfermedad. En ese entonces todo era tan confuso: lo odiaba pero también lo amaba. Hoy, recordarlo ya no le dolía y tampoco sentía la ira que hacia arder su cuerpo. Había pasado tanto tiempo que sus heridas tanto físicas como emocionales habían sanado ya.
Entrar a la clínica Un Nuevo Amanecer, solo había sido el primer paso a una gran batalla de por vida consigo misma, su peor enemiga. No podía decir que ahora era perfecta y que era la mujer más segura sobre la tierra; pero lo que si podía decir es que había adquirido la valentía y fuerza de voluntad que nunca tuvo para decir "No" manteniéndose firme a sus ideales. Aprendió a aceptarse y amarse, sin esperar que otros lo hicieran por ella.
Cuando se miraba al espejo, trataba de ver las cosas nuevas que había en ella y no las anteriores que no le gustaban. No miraba su cuerpo, ella miraba su alma. Estaba consiente que la sombra que la atormento durante casi toda su vida, la anorexia, siempre estaría ahí, detrás de ella observando, esperando a que ella de nuevo flaqueara y regresara llorando a lo único que le dio consuelo en sus días de soledad y desespero. A lo único que sentía que podía controlar su hambre. Mientras tanto ella viviría porque lo prometió, no por el, era por ella, porque sabía que aun tenía mucho que dar, o mejor dicho, tenía mucho que ayudar.
Cuando bajó del avión busco entre la multitud a su gran amiga Jane. Después de la traición de la que considero una de sus mejores amigas pensó que jamás podría volver a confiar su amistad y confianza a alguien. Pero se equivoco, conoció a Jane en la clínica, ella era una trabajadora social de profesión que también se encontraba interna, era bulímica.
Cuando se conocieron, Jane estaba a un mes de terminar su tratamiento y dejar la clínica. Jane era una chica huraña, demasiado seria y por alguna extraña razón su aura causaba temor a otros cuando en realidad era la chica más dulce que había conocido. Jane solía burlarse diciéndole la "esposa engañada". Durante el mes que se trataron debido a las sesiones grupales no hacia más que hacerle la vida imposible con comentarios hirientes, ahora entendía que solo quería ayudarla a reaccionar. Ella no lloraba y tampoco se enojaba, estaba en un estado de depresión en el que ya no sentía, estaba anestesiada, nada de lo que dijeran o hicieran a su alrededor le importaba. Nada la afectaba, la vida había perdido su sentido, su valor. Cuando al fin creyó que no volvería a verla y descansaría de esa personita molesta ella volvió a aparecer… Cuando le avisaron que estaba fuera de su habitación esperando ser recibida no lo creyó. Ni siquiera sabía la razón de haber aceptado verla, la chica parecía odiarla por alguna razón que no lee importaba conocer. Bella no quería amigas. Pero lo hizo dio permiso para que ella la visitara cuando quisiera y así pasaron los meses. Jane jamás falto a ninguna visita…
Miraba a todas partes hasta que se topo con la rubia cabellera de su amiga. Con una sonrisa camino de prisa para encontrarse con ella. Se fundieron en un abrazo y dieron un beso en la mejilla.
— ¡Hasta que llegas, tengo horas esperándote! —le reclamo la siempre inconforme Jane.
—Lo siento, el vuelo se retrasó —le dijo con una sonrisa culpable.
—Con tu suerte pensé que habías ocasionado la caída del avión —y ahí estaba la molestosa Jane, que siempre aprovechaba para burlarse.
—Que gracia me das Jane —dijo sarcástica.
Jane soltó una carcajada llamando la atención de la gente a su alrededor.
—Eres la única persona en este mundo que me causa gracia, ¿sabes? —dijo Jane, y eso era verdad pues Bella era su única amiga.
—Lo sé, pareces una vieja amargada —Bella le respondió lanzándole un beso al final.
Ellas siguieron hablando y bromeando mientras se dirigían al departamento que compartirían, dejaron el equipaje y fueron al lugar donde se encontraba aquella persona que necesitaba su ayuda. Cuando Bella salió de la clínica Jane le propuso crear una fundación donde ayudaran a mujeres con problemas de violencia intrafamiliar. Mujeres como Jane, que sufrió por años los golpes de su esposo, mujeres como Bella que vivió el maltrato psicológico por su madre y por ultimo por Edward.
Llegaron al hospital, donde Bella por un momento tuvo la sensación extraña de un presentimiento. Ese no era el hospital donde Carlisle trabajaba, por ese lado se sentía segura. Temía verlos pues nunca respondió las llamadas de la familia Cullen, estaba agradecida con ellos. Pero le aterraba saber de él, pero aun más que Edward la buscara.
—Espera aquí, hablare con ella para decirle de que va el asunto —dijo Jane.
Mientras ella esperaba, observaba atentamente a su alrededor. No pasaron mas de cinco minutos cuando Jane se asomo por la puerta para pedirle que pasara.
Según Jane era un caso especial el de la mujer, la hermana de esta la había encontrado inconsciente en su hogar, o mejor dicho su casa de infierno. Jane le dijo que ella estaba un poco renuente a recibir la ayuda por temor a represalias por parte de su expareja. Por lo que pensó que si ella le explicaba mejor los procedimientos y la situación en la que se encontraba podría convencerla de actuar. Como principal representante del área legal de la fundación era parte de sus obligaciones.
Lo primero que vio al entrar a la habitación fue a una mujer brutalmente golpeada, casos como ese siempre le recordaba el golpe que Edward le dio en una ocasión, en esos momentos era cuando ella le odiaba y la ira regresaba. Tomo aire para tranquilizarse y lo soltó lentamente. Lo siguiente en mirar fue el cabello rubio de la mujer después su rostro casi deforme debido a la hinchazón causada por los golpes. Después como en cámara lenta miro sus ojos y la reconoció.
Era ella, la mujer que traiciono su amistad y confianza. La que la visitó y humilló en el hospital cuando se encontraba en una situación similar a la suya, la que se burlo de ella y su estupidez. Si, su segunda más grande enemiga Rosalie Hale.
La mujer que creyó nunca volvería a ver.
Cualquiera que fuera la razón por la que la rueda de la fortuna, el karma o el destino las pusiera de nuevo en el mismo camino le hacia pensar en lo crueles que podían llegar a ser, ese no era mas que un juego despiadado, para la diversión de aquel ser supremo que seguramente la odiaba por algo que tal vez en su vida pasada hizo.
….
Nota:
Sé que están preguntándose que sucedió, pero de una vez les digo que la tercera parte será igual va a dividirse como otro fic. De antemano gracias por su comprensión, a su debido tiempo sabrán la razón.
Gracias por su apoyo.
Próxima actualización 2 de Julio 2012.
Chapter 2: Chapter 2
Por amor
"Una oportunidad para amarte"
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer. Trama a Rakelluvre.
Beta Sarobari, Lillian Mcarty P. Ginette Bri Drb, Yumel 22 (Dr. Asesor)
Quiero agradecer a Lillian Mcarty P por la portada número 1 del fic, y al grupo FFAD Diseñadores por la portada número 2, hecha por Lovely Joy, la segunda se utilizara para los avances en Facebook. Ambas son preciosas.
Al nuevo lector: esta es la secuela del Fic Por Amor. ¡Bienvenidos!
Capítulo 1
Me encontraba a oscuras en mi habitación recordando al maldito demonio que llevo tatuado en mi corazón, la música de fondo era como un dedo lastimando una y otra vez la herida de su rechazo.
Mientras bebía de la botella de brandy, Bree entro a la habitación podía imaginarla rodando los ojos debido a lo enferma que debía parecerle la situación. Me refiero a la oscuridad en la que estaba con el tipo de música de una mujer que ama un imposible.
De pronto la luz cegó mi vista, luego de varios parpadeos tratando de enfocar mi vista, lo primero que observé fue su rostro descompuesto debido a la escena deprimente que estaba presenciando… Yo, ebria, desalineada, seguramente con el maquillaje corrido debido a mis lágrimas y para rematar los ojos hinchados. Ella se acerco a mí lentamente para finalmente sentarse a mi lado, arrebatándome el control del reproductor para bajar un poco el volumen. Los vidrios dejaron de retumbar.
— ¿Qué sucede Rose? —me pregunto sin rodeos, ella es así, siempre directa.
—Ella me tendió una trampa —dije entre lágrimas y voz amarga. Bree suspiro.
—Ella está hospitalizada —ella pensaba que estaba tan ebria que ya alucinaba.
—Fui a verle —respondí mientras sorbía mi nariz con el antebrazo sin importarme lo mal que eso pudiera verse a sus ojos. Por un momento recordé a nuestra madre alcohólica y apostaría a que Bree también lo hizo.
—Continua… —me animo a seguir con mi relato.
—Le dije que estaba embarazada, le pedí que lo dejara ir…
— ¿Estas embarazada? —me pregunto asombrada.
—No —le respondí con tristeza sabiendo que era lo que él más ansiaba, y mi mayor deseo en ese momento era darle un hijo, hacer su deseo realidad…
— ¿Entonces por qué le mentiste?
—Para que lo dejara ir. Me dijo que lo haría y que le confesara a Edward lo del supuesto Bebe. Y como una tonta fui a su oficina y se lo dije.
—No te creyó —afirmó.
—No sólo eso. Siempre me dijo que ella no podía tener hijos, pero en realidad es él, quien no puede —sin poder contenerme más volví a sucumbir en llanto.
— ¡Dios! —exclamó Bree, su expresión me decía que sentía pena por mí, pero la verdad no me importaba.
—Dice que no me ama, y ahora con esto jamás volverá a confiar en mí, creerá que lo engaño, no, él cree que lo engaño.
—Rose él no te ama.
— ¡Sí lo hace! —Le grite— Íbamos a vivir juntos, ¿no lo recuerdas?
—Sólo te utilizaba para calentar su cama Rose.
— ¡Cállate! Me tienes envidia. ¡Lárgate de aquí, tú te encuentras de su lado! ¡Traidora!
Dos semanas han transcurrido y yo aun continúo deshecha por su rechazo, sin poder resistirlo he ido a buscarlo a la oficina, no me importaba suplicar y si era necesario hacerlo de rodillas para lograr así fuera el mínimo acercamiento a él, lo haría, porque lo amo con toda mi alma, vivir lejos de él me era imposible.
Siempre que voy a buscarlo la recepcionista me indica que él se encuentra de viaje. Su número de celular a pesar de que lo marco en distintos horarios esté siempre se encuentra apagado.
Lentamente la esperanza muere dentro de mí ya que sé que ellos están de viaje para reconciliarse e intentarlo de nuevo. Ella debió pedírselo para alejarlo de mí.
Sin darme cuenta el tiempo ha transcurrido…, hoy se cumplen seis meses de su partida y yo finalmente he decidido continuar con mi vida, por Bree. Quien en mi depresión y encarcelamiento autoimpuesto ha estado estudiando y ha comenzado a trabajar para ayudar a sustentar los gastos de casa, el dinero que Edward me dio a disminuido y apenas queda nada de el. Cansada de esperarlo aquí sentada en el mismo lugar me levanto y decido continuar. No quiero que Bree se convierta en el adulto responsable que se supone es mi cargo en nuestro pequeño hogar. Ella aun es demasiado joven debería estar disfrutando cada etapa de su vida.
Más tiempo pasó, perdiendo la esperanza de volver a verle. Jamás he vuelto a ser la misma, mi relación con Bree era limitada, el momento en que la niña ahora mujer debía partir a la universidad me entristecía no quería quedarme sola, pero tampoco quería cortar sus alas.
— ¿Llevas todo? —Uno de mis cambios notables, era el cigarrillo que siempre llevaba en mi mano.
—Sí —me contesto mi hermana mientras miraba el tablero de horarios del autobús.
—Llámame en cuanto te encuentres instalada —le ordene mientras le daba una última calada a mi cigarrillo y sacaba el humo.
—Ok —fue su simple respuesta, eran esos simples monosílabos en lo que consistía nuestra relación actual.
Anunciaron la salida de su autobús, por la forma en la que Bree me observaba sabia que al igual que yo no quería irse de esa manera tan fría y sin arreglar nuestras diferencias. Sé perfectamente que en un principio Bree pensaba que mi amor por Edward era sólo un capricho, pero al ser testigo de mi desdicha ella ha cambiado de opinión, en ocasiones la veo dudar, sé que muchas veces ha tenido la intención de abrazarme o decirme algo importante pero siempre calla al último momento.
—Rose… —Bree me llama y la miro a los ojos después de tanto tiempo de no hacerlo debido a mi vergüenza por cometer el mismo error de nuestra madre de traicionar a las personas que te aman en este caso ella, quien hizo mucho por nosotras, pero ¿Qué podía hacer? ¿Luchar en contra de sentimientos superiores a mi fuerza de voluntad? ya no podía—. No volverá, intenta vivir.
Lágrimas brotaron de mis ojos, no lloraba por su partida o el sueño no cumplido, ese sufrimiento siempre estaba reservado para la privacidad de mi almohada, lloraba al entender con esas simples palabras que Bree al fin después de tanto tiempo me perdonaba mis errores y sobre todo el amor enfermizo que sentía por él.
—Te lo prometo —. Sí, lo hice había esperado más de un año, sin tener noticias de Edward. Me encontraba sentimentalmente cansada, mentalmente agotada de vivir del recuerdo, de un hombre que nunca existió, y era el momento de continuar…
Ambas nos abrazamos, un gesto que significaba una reconciliación. Transmitiéndonos en la fuerza del abrazo nuestro amor.
—Te quiero Bree, perdóname por haberte dejado sola.
—Yo también te quiero, no vuelvas a hacerlo.
—No, no volverá a pasar…
Me encontraba trabajando como recepcionista en una empresa de materiales de construcción, los hombres ahí siempre intentaban acercase más de lo debido. Pero siempre les rechazaba, en su mayoría eran hombres casados, ya no quería ser la otra. Me había propuesto encontrar a alguien que sólo pudiera amarme a mí, que fuera solamente mío.
Tiempo después, ese hombre llego al fin su nombre era Paul. Un hombre alto, moreno con ojos negros como la noche, no era tan guapo como Edward pero tenía carisma y de alguna forma conseguía sacarme una sonrisa, así que ¿Por qué no intentarlo? Yo se lo había prometido a Bree. No esperarlo más, continuar con mi vida y ser feliz.
Ocho meses después me encontraba bien, viviendo en paz conmigo misma, no feliz porque siempre estaba la sombra de Edward enturbiando mi camino. Paul me había pedido matrimonio y siendo realista supe que si no era con Paul, no sería con nadie. Era un buen hombre o eso creía.
A los cuatro meses de matrimonio vivía atemorizada, Paul resultó ser un hombre celoso, impulsivo y en ocasiones muy agresivo.
—Rose, cariño —lo escuche llamarme con "cariño", escucharle ese tono de voz era lo más atemorizante que jamás escucharía en mi vida.
—Dime, Paul —le respondí, intentando sonar normal.
—Me puedes decir ¿qué asquerosidad es esto? —dijo señalándome su plato.
—Es la cena —mis manos comenzaron a temblar. Intentaba controlarme sujetando fuertemente el borde de la mesa.
—La cena —afirmó él—, pues trágate tu comida de perro tú sola. ¿Crees que voy a comer esa porquería? —me gritó arrojando el plato a mi rostro, el cual logre esquivar agachando la cabeza, evitando el golpe pero no logrando evitar así que la ropa se ensuciara con el contenido del plato.
Paul se levanto de su asiento enfurecido por haber evitado su agresión.
—No Paul, espera por favor —le suplique en vano, una vez que comenzaba no paraba.
— ¡Estúpida no sabes hacer nada, no me complaces en la cama, no sabes hacer de comer, ni limpiar la casa. Eres una completa inútil buena para nada! —dijo al tiempo que arremetía contra mí.
— ¡Ah! —grite al sentir el primer golpe.
Hoy, regresaba a casa temprano pues se había pedido una licencia a mi jefe para asistir al médico. Un día antes me había hecho la prueba de embarazo casera, dando como resultado positivo. Después de digerir la noticia una sonrisa apareció en mi rostro. Iba a ser madre, un ser pequeñito e indefenso crecía en mi vientre. Por lo que rápidamente busque por la Web un médico especializado que llevara mi embarazo.
Después de la consulta pase a la farmacia para el tratamiento indicado por el doctor, acido fólico, hierro y vitaminas. Todo para la formación y crecimiento sano de mí bebé.
Antes de llegar a casa como ya era costumbre llame a Bree, para darle la maravillosa noticia, estaba eufórica. Pero no había recordado que al ser más temprana la hora en la que siempre le llamaba no la localizaría, por lo tanto sólo me limite dejarle un mensaje de voz.
—Hola Bree… no sé cómo decirte esto… bueno es importante y no debería comunicártelo de esta manera será mejor que mañana te llame, no te preocupes estoy bien.
Corte la llamada, sintiéndome una completa estúpida, pensando que no debí haber dejado ese mensaje, seguramente se preocuparía.
Llegue a casa, estaba tan contenta que cuando entre al departamento no me percate del bolso y la chaqueta que estaban sobre el comedor. Mas fui directo a la recamara, justo en el momento anterior a abrir la puerta escuche gemidos.
— ¡Oh, por Dios! —exclame sorprendida sintiendo como mi sangre comenzaba a helarse, cubrí mi boca con una mano y abrí lentamente la puerta. Paúl estaba ahí con nuestra vecina teniendo sexo en la que era mi cama, donde procreamos a nuestro hijo, donde dormíamos y compartíamos nuestra intimidad.
Si bien era cierto que no amaba a Paul, cuando nos casamos le tenía cariño y respeto. Pero aún así, eso no aliviaba la rabia que me causaba su traición, provenía precisamente de lo que había tenido que sufrir a causa de sus celos infundados, me sentía mal y culpable a la vez, pues sé que él presiente mis verdaderos sentimiento de amor frustrado por alguien más. Solía justificar sus actos pensando en ello.
— ¡Paul! —grite con rabia. Sin poder evitar más las lágrimas. Él levanto la vista, no había culpa en su rostro, al contrario podía divisar su diversión.
Salí de ahí a esperarlo en el comedor, la primera en salir fue ella, mi vecina Victoria una pelirroja que según las malas lenguas del edificio, era una prostituta. Ahora tenía pruebas, esa mujer barata lo era. La fulmine con la mirada mientras que la susodicha sonreía. Sin poder contenerme más me lance contra ella y su estúpida sonrisa burlona. Pero antes que llegara a tocarla fui detenida por Paul.
— ¡Suéltame, desgraciado hijo de puta! —mientras intentaba sacármelo de encima y sus manos, Victoria aprovecho para salir del apartamento.
— ¡Basta ya loca! ¿Qué te sucede? Estábamos ocupados.
—Idiota —le di una bofetada lo que lo hizo enfurecer y lanzarse contra mí. Lo último que recuerdo fue ver su puño viniendo en dirección a mi rostro.
Cuando desperté me encontré en una habitación desconocida, el rostro me dolía, no podía abrir bien los ojos. Entonces recordé la golpiza que me dio Paul, y de pronto se me vino a la mente mi estado de gestación; instintivamente pose mis manos en el vientre y las lágrimas comenzaron a caer.
Un medico entró y comenzó a examinarme realizándome preguntas de rutina, yo respondí a todas, hasta que tome valor y le pregunte acerca de mi bebé.
—Yo estoy embarazada… —las lágrimas volvieron, las hormonas me hacían tan débil— ¿Le sucedió algo a mi bebé?
—No debe preocuparse por su hijo, afortunadamente se encuentra bien, pero es importante que usted se encuentre tranquila o de otra forma puede afectar a su bebé. Voy a remitirle con servicios sociales para que platiquen con usted.
— ¿Seguro doctor que estará bien mi hijo? —le pregunto desconfiada de sus palabras.
—Señora, lo que le ha pasado no debe volver a ocurrir ya que corre el riesgo de sufrir un aborto, ahora lo que necesita es reposo.
Esa tarde tuve una plática acerca de lo que había sucedido ese día, tenía tantas emociones guardadas dentro de mí, había soportado en silencio las agresiones tanto físicas como verbales de Paul, que la confianza que me brindo la trabajadora social de nombre Jane, hizo que desahogara todo en su hombro, se sentía tan bien hacerlo. Como un gran peso que llevas a las espaldas y de pronto este desaparece la satisfacción de sentirme liberada fue lo mejor en mucho tiempo. Jane atenta escuchaba, en ocasiones asentía y en otras preguntaba.
—Debes levantar los cargos correspondientes sobre lo que te ha hecho, si no lo haces esto volverá a ocurrir. Lo peor de todo que cada vez será peor, ¿sabes cuántas mujeres mueren a manos de sus agresores?
—Pero es el padre de mi hijo. Además a ¿Dónde iría? —dije, no tenía a donde ir, Bree comparte departamento con una amiga, definitivamente ella no era opción. Vi como Jane suspiro con pesar—. Voy a presentarte a uno de nuestros abogados, ella va a explicarte y tal vez ayudarte con el divorcio.
—No tengo dinero.
—No te preocupes, nuestra fundación "Despertar" no te impone una tarifa por nuestros servicios. Nos mantenemos de donaciones, lo que quieras aportar ya sea con dinero o tal vez algo que pueda ayudar a nuestro albergue es bienvenido. —finalizó sonriendo cálidamente.
—Gracias.
Hoy hacía dos días de mí platica con Jane, ahora me encontraba esperando al abogado que me ayudaría a librarme de Paul. Jane me había dicho que se trataba de la persona que llevaba el área legal de la fundación y que por ser un caso especial había viajado exclusivamente para verme.
—Buenos tardes —me saludo Jane entrando a la habitación.
—Buenas tardes. —respondí el saludo.
—Tengo buenas noticias, el abogado que se encargara de tu caso ha llegado de viaje, está afuera esperando. ¿Hay algo que quieras saber antes? —negué con la mano.
Jane se acercó de nuevo a la puerta abriéndola y haciendo señas a la persona que aguardaba fuera.
Me dolía la cabeza, escuche atentamente el sonido del andar del abogado, eran pasos seguros. Deje de escucharlos cuando estos pararon a mi lado. Abrí el ojo sano y fue cuando la vi.
Era ella, Isabella la mujer que me quito a mí hombre.
— ¿Qué haces tú aquí? —le pregunte con veneno en mi voz. Mirando instintivamente a Jane y luego a Bella.
—Jane déjanos a solas un momento por favor —ellas se conocían, ¿se habrían burlado de mí?
—Claro —aceptó de inmediato.
— ¿A qué has venido?, ¿a burlarte de mí? o ¿a restregarme en la cara lo feliz que eres con él? —mi voz era temblorosa y débil. De nuevo esas malditas hormonas.
—No sabía que eras tú. Te diré esto como mujer: no me alegra tu desgracia, pero todo en esta vida se paga. Como abogado te diré que estoy aquí para ayudarte, pero entenderé que si quieres que pase tú caso a otro para que puedas sentirte más cómoda hablando de tus asuntos. Yo no tengo ningún inconveniente.
—No quiero a ningún abogado, sólo que me dejen tranquila.
—Estas equivocándote, ahora es tiempo de actuar y liberarte de tu agresor, no lo hagas por ti, hazlo por el bebé que llevas dentro de ti. —ella sin decir más se fue. Entonces pensé que muy a mi pesar ella tenía razón, Paul no era bueno para nosotros.
Después de darle mil vueltas al asunto, pensé que si Bella llevaba mi caso, podría de nuevo entrar en su vida y en la de Edward. Bella era una mujer tonta e ingenua, era obvio que desconfiaría, pero sólo debía convencerla de que estaba enamorada perdidamente de Paul, y que no corría ningún peligro su matrimonio si me encontraba cerca.
Bree llego dos horas más tarde.
—Bella estuvo aquí —le dije a Bree mientras cepillaba mi cabello.
— ¿Qué? —pregunto sorprendida.
—Ella es el abogado que se encargara de mi caso.
—No sabía que fuera abogado.
—Edward y ella se conocieron en la universidad, él me dijo alguna vez que ella termino su carrera dos años después que él.
— ¡Oh! No estarás pensando en aceptar ¿verdad? —me pregunto con temor.
—Ya no amo a Edward y estoy segura que con los abogados de Edward mi bebe y yo estaremos a salvo. —le dije para que no echara a perder mis planes.
—Pero será ella no él quien lleve tú caso. —insistía en alejarme.
—Es lo mismo.
—No, deberías alejarte, ya buscaremos a otra persona.
— ¿Estás loca? no tenemos dinero y no confío en nadie más.
—Es un error Rosalie, pero si insistes, sólo puedo pedirte, rogarte, no hagas una estupidez.
Cuando salí de la habitación de Rosalie me sentía abrumada y a la vez asqueada. Dios, no soy una santa o una víctima debía confesar que una parte de mí sentía una leve satisfacción por que el destino ha invertido los papeles. Pero tal vez, en otro tiempo y en otro lugar hubiera sentido pena por ella. Hoy no me permito tener compasión por aquellos quien no la merecen. Profesionalmente pienso que es mi deber ayudarla, pero no personalmente, eso para mí no sería ético, pues intencionalmente me dejaría ganar. Sí, mi parte herida y rencorosa eso haría. Si ella acepta la ayuda, lo mejor sería canalizarla con otro abogado. Tal vez Emmett.
— ¿Es la zorra? —Jane me saco de mis confusos y encontrados sentimientos.
—Sólo es una mujer maltratada Jane. —le respondí, pues era cierto.
— ¿Volverás a ser su amiga?, ¿llevaras su caso? —Jane, como siempre saco provecho de la situación para burlarse.
— Ni de broma Jane. —le respondí con mi rostro desfigurado por el temor de sus palabras.
Jane se fue a la oficina a atender otro asunto, mientras que yo regrese al departamento. Durante el trayecto pensé en las palabras de Rosalie, "Lo feliz que debes ser con él" lo que significaba que Edward no me mintió y que efectivamente ellos habían terminado.
Al llegar y entrar a mi nuevo hogar sentí nostalgia por mi antigua vida llena de paz en Italia. Ángela me ayudo bastante al igual que Jane. Les debía más de lo que un día podría pagarles. De pronto, mi teléfono celular comenzó a sonar con esa odiosa melodía que me sacaba de quicio; a Jane le gustaba y ella la había colocado como timbre de mi teléfono.
Tome la llamada era Eleazar…
—Hola, buenas tardes Eleazar.
—Hola Bella, ¿qué tal tu viaje?
—Bien gracias.
—Me alegra, ¿estás en algún hotel hospedada? Porque a Carmen y a mí nos encantaría tenerte con nosotros.
—Gracias Eleazar estoy con una amiga.
—Ya veo, ¿estarás bien?
—Claro, no te preocupes.
—Sabes que es lo menos que puedo hacer por él, aunque no lo creas estoy seguro de cuanto te amaba.
— ¿A qué hora será la cita?
—Mañana a las diez de la mañana. Ya su familia está enterada.
—De acuerdo. Ahí estaré, si me disculpas…
—Por supuesto que descanses.
Gracias.
Finalicé la llamada sin ánimos de nada, fui a la que sería mi habitación y comencé a desempacar guardando cada cosa debidamente en su lugar, hasta que me encontré el libro de Romeo y Julieta, en el había guardado la carta sin leer de Edward. Aun a pesar de tanto tiempo no me sentía preparada para saber su contenido, podría decir que el tema Edward Cullen era superado y de cierta manera así era, había perdonado sus errores, pero lo que nunca podría superar sería su muerte. Mañana se leería su testamento y yo no me sentía preparada para admitir que jamás lo encontraríamos, y sobre todo me encontraba aterrada de saber su última voluntad y lo que esperaba de mí.
Recordar la última vez que lo vi con vida aun me partía el corazón. A pesar del daño causado, el dolor y el rencor debía reconocer que llevaba tatuadas sus palabras:
—No te pido nada, sólo que me dejes amarte. No quiero causarte daño. Olvídame hoy y recuérdame mañana cuando estés recuperada. Sólo prométeme que lucharas por tu vida, hazlo sólo por ti porque tienes mucho que dar a otros, pero también tienes mucho que recibir.
Esa había sido la principal causa por la que acepte la propuesta de Jane para crear la fundación y así poder dar y ayudar a otros.
Con el alma de un beso no dado en los labios, estreche la carta cerca de mi corazón, uno de mis dedos toco la cicatriz y el borde que indicaba el lugar dónde hoy día tenía un marcapasos. Mordí mi labio inferior sentándome en la cama. Lágrimas recorrieron mi rostro en el momento que recordaba al hombre que me enamoro y a su vez destruyo irreparablemente una parte de mi alma…
….
El epílogo de Por Amor fue publicado el viernes pasado. Gracias nuevamente por su apoyo. Debo declarar que odio a FF, porque ahora no conozco el nombre de quien me deja un Review, todos son Anónimos (me refiero a quienes no tienen cuenta). Pero no importa todos sus comentarios son bienvenidos.
Gracias por sus alertas, favoritos y sus comentarios ya sea con cuenta o sin ella. Todos son valiosos y apreciados.
Fecha de actualización 12 de julio. Muchas gracias por su comprensión.
P.D: Bella habla en ocasiones como si Edward sigue vivo porque no acepta su muerte.
Besos.
Chapter 3: Chapter 3
Por amor
"Una oportunidad para amarte"
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer. Trama a Rakelluvre.
Beta Sarobari, Lillian Mcarty P. Yumel 22 (Dr. Asesor)
Al nuevo lector: esta es la secuela del Fic Por Amor. ¡Bienvenidos!
Capítulo 3
— ¿Me amas?
—Si
— ¿Cómo cuanto?
—Tanto que si me lo pidieras, me sacaría el corazón del pecho y te lo entregaría en tus manos. Si con ello puedo hacerte feliz.
…
El agua helada recorrió mi cuerpo desde la cabeza hasta el torso, el sentir frío en mi cuerpo adormecido por estar en una sola posición lo agradeció tanto como lo maldijo.
— ¡Infeliz despierta! —un golpe cayo sobre mis costillas desechas debido a las innumerables golpizas que estos hombres me daban en tanto la oportunidad tenían.
—Mmm —fue lo único que pude musitar debido al dolor y a que no tenía ya fuerza suficiente para más. Sentí que era levantado de mi asiento para ponerme de rodillas recargando en algún lugar mi cuerpo, dejando expuesta mi espalda. Sentí el frío del metal recorrer mi columna, el sonido familiar de unas tijeras rasgando la tela al cortarla. Después pasos alejándose. En pocos momentos comenzó la tortura.
…
Vestida de blanco recorría el pasillo de la iglesia en dirección hacia mí, tan hermosa y angelical era el semblante de su sonrisa al cruzarse nuestras miradas. Sus ojos me hablaban con la voz del alma diciéndome cuanto me amaba. Yo lo sabia, siempre lo supe. Llego al fin, su destino entrelazándose con el mío. Mi padre me la entrega y me dice:
—Cuida de ella, como se te ha enseñado. Con amor y respeto.
Yo asiento en entendimiento a sus palabras. Sin apartar mi mirada de los ojos oscuros de mi amada, llevo su mano a mis labios y deposito un beso.
…..
No se cuanto tiempo ha pasado, y me pregunto porqué ellos, mi familia no han pagado mi rescate. ¿Acaso fue tan grande el daño causado por mi estupidez?, ¿ella se encontrara bien?…
Escucho la puerta abrirse, mas de una persona entra, lo sé, porque me toman de ambos brazos y me arrastran a algún lugar, creo que me cambian de habitación. Por primera vez desde que me trajeron aquí, hace ya mucho tiempo, me quitan la venda que cubre mis ojos. Los abro poco a poco, la luz es tenue pero suficiente para ver el rostro del hombre que esta frente a mí. No le alcanzo a reconocer de inmediato, bajo la mirada; dicen: nunca los mires al rostro, si reconoces a alguien y ellos lo saben, tus oportunidades de sobrevivir se reducen a nada.
El hombre se acerca a mí y golpea mi rostro, es entonces que levanto la vista y detrás de él hay alguien más, que esta escondiéndose bajo la oscuridad de las sombras del cuarto. Pero él olvidó algo, olvidó quitarse de la muñeca lo que le identificaría. Desvío la mirada y trato de no volver a ver ahí. Me sorprendo, pues nada de lo que parecía ser en mi vida era real, esta traición es una verdadera mierda.
El hombre frente a mí, el que me golpeaba y la voz de mi secuestrador me tira encima unas fotografías. Son de ella, de Bella.
—Tú hijo de puta, ¿quien te crees, para ser el defensor de una ramera muerta y otra que esta por pagar su atrevimiento? Si tú eres un desgraciado que mientras su esposa vomitaba las entrañas tú te revolcabas con su amiga. Tu putita secretaria hipócrita igual a ti. —él soltó una carcajada y después me propino otro golpe al rostro. Yo no respondo nada, si esos golpes eran mi castigo por haberle hecho daño a mi esposa con gusto los acepto. Pero tras eso había algo mas turbio, esto solo era el pretexto.
—Yo no mato, forzó o prostituyo a nadie.
—Mi padre, tiene cáncer y va a pasar el resto de sus días encerrado, cometiste un grave error en meterte con uno de los líderes de la mafia.
—Puedo hacer que reduzcan su condena.
—No es tan fácil perdonarte, Edward. Veras, mi madre se suicido al enterarse que mi padre se acostó con esas mujerzuelas. Ellos eran un matrimonio de treinta años. Mi padre era un ejemplo a seguir, nunca le falto a mi madre.
— ¿Qué quieres? —comenzaba a desesperarme.
—Simple, hacerte pagar el dolor que ahora sufre mi padre por la perdida de mi madre. Que sientas lo que él siente. Ojo por ojo.
— ¿Quieres matarme?
—Eso es demasiado fácil. No, voy a matarla a ella. —mi sangre se helo— lenta y dolorosamente frente a ti. Después de todo pareciera que si le tienes cariño. Se te veía muy mal en el hospital. —Él soltó una carcajada.
—Mátame a mí, ella no es culpable de nada, ella ya ha sufrido bastante.
—Mi madre tampoco era culpable.
—Lo lamento, de verdad lo siento. Por favor te lo ruego.
Lo ultimo que recuerdo es su mano en el aire, en ella un arma y luego oscuridad.
….
—Edward, te amo. —ella me dijo con adoración, yo lo era todo para ella, siempre lo supe.
—Y yo a ti Isabella. —me acerque lentamente a su rostro y deposite un beso casto en sus labios.
….
Cuando abrí los ojos un hombre estaba sentado frente a mí, no era el mismo que me golpeo.
—Puedo darte tres veces más de lo que él te da, si tan solo me dejas ir. —el hombre no me respondió ni siquiera me miro continuaba tallando un pedazo de madera con una pequeña navaja.
—Te ofrezco el dinero, una casa y protección. —De nuevo no obtuve respuesta.
Un par de hombres entraron llevaban con ellos a Emily la chica que había denunciado la muerte de su prima a manos de Sam. Ella estaba brutalmente golpeada.
— ¡Edward, has despertado! ¡Mira quien nos acompaña! —dijo señalando a Emily. Ella lloraba y temblaba de terror.
—Quiero que mires y que su muerte caiga sobre tus hombros. —él cargó la pistola que llevaba consigo, apuntó a la cabeza de Emily.
— ¡No, no por favor! —Grite pero mi voz fue callada por el sonido del impacto del arma al ser disparada.
…..
—Bella yo…
—Yo… ya no puedo darte nada, todo te lo di. Mi vida, mi corazón todo. No volveré. Lo siento tanto. Quisiera poder amarte de nuevo, pero ya no tengo corazón para tí.
—No te pido nada, solo que me dejes amarte. No quiero causarte daño. Olvídame hoy, recuérdame mañana cuando estés recuperada. Solo prométeme que lucharas por tu vida, hazlo solo por ti porque tienes mucho que dar a otros, pero también tienes mucho que recibir.
—Si.
Un estruendo fuera de la habitación me saca de mi inconciencia, se escuchan gritos y también disparos. Yo trato de mantenerme despierto, pero mi debilidad debido a los golpes, no me permite mantenerme totalmente consciente. De pronto distingo sombras entrando a la habitación, es Embry. Traía consigo un arma, él apunta a mi cabeza y solo rezo por que una vez terminada mi vida a ella la dejen en paz, solo quiero que ella sea feliz.
Amada Esposa:
Desde el fondo de mi corazón, reconozco que he terminado con nuestro amor. Que fui yo quien se equivoco y que tú, lo único que hacías mientras yo te destruía, fue amarme con devoción.
Si tan solo pudiera regresar el tiempo, yo…
….
Esme
Estaba rezando por la seguridad de mi hijo, porque lo encontráramos pronto, sano y salvo. Habían pasado ya cuatro meses de su desaparición. La policía había llegado a la conclusión de que se trataba de una venganza y no un secuestro, pues jamás pidieron un rescate. Aun, cuando decían que las probabilidades de encontrarlo con vida eran mínimas, yo no perdía la esperanza. Él era mi hijo, jamás me daría por vencida hasta no tener su cuerpo inerte frente a mí.
El timbre del teléfono sonó, me levante y corrí a tomar la llamada pero fue Carlisle quien llego antes que yo.
—Casa de la familia Cullen
—…
—Si soy yo, dígame.
—…
—Vamos de inmediato.
—Carlisle ¿Qué sucede? —le pregunte con incertidumbre.
—Creo que han encontrado a Edward —dijo con tristeza— Debemos ir a la morgue a identificar el cuerpo.
Por un momento mi corazón se detuvo, pero no, mi sexto sentido de madre me decía que Edward no estaba muerto.
—No Carlisle ve tu, pero yo sé que mi hijo no esta muerto.
Y Carlisle así lo hizo, fue a la morgue a identificar el cuerpo de un hombre con las características físicas de mi hijo.
…..
Isabella
Había pasado seis meses de estar dentro de la clínica, me había rehusado a recibir las visitas de Alice y Esme. La razón muy sencilla, no quería saber nada de él, ni nada de lo que lo relacionaba. Esme siempre había sido de la creencia, que un matrimonio era para toda la vida y como Edward se encuentra arrepentido, estoy segura que ella me pedirá darle una última oportunidad. Yo, estoy cansada de oportunidades que lo único que ocasionan es que mi corazón se rompa una y otra vez. Además ya no tengo nada que ofrecer, no me siento capaz de dar una oportunidad sin estar cada cinco minutos pensando en que tal vez, esta engañándome cuando no esta conmigo. La confianza ya no existe entre los dos.
Hoy por fin después de ocho meses mi tratamiento ha terminado. Los médicos me han dado de alta. Y aunque sé que mi batalla contra mi misma y mi anorexia será de por vida estoy segura que podré lograrlo. Tengo listas mis maletas, Jane esta conmigo. Ella me propuso conocer a su familia en Italia, dijo que serian como unas vacaciones para tomar decisiones acerca de lo que quiero hacer de hoy adelante con mi vida. Tiene razón, aun no puedo enfrentarme a Edward y tampoco es que a él le importe de verdad. Si fuera así ¿por qué no ha venido ni una sola vez a verme?
Cuando iba a salir de la que había sido mi habitación durante estos meses, Jane entró.
—Bella, la familia de tú esposo esta aquí —me informo preocupada, supongo a mi reacción.
— ¿Sabes si él también esta aquí? —pregunte con miedo y a la vez con esperanza.
—No, el no está.
—Entonces no quiero verlos. Es a él a quien debe importarle verme no a su familia.
—De acuerdo.
….
Viviendo en Italia desde hacia cinco meses, había tomado la decisión de quedarme a vivir aquí. Donde podía olvidarme del dolor. Donde terminaría por olvidarlo.
Me encontraba preparando la cena de esta noche cuando el timbre del apartamento sonó. Me limpie las manos con el delantal que llevaba encima, mientras caminaba hacia la entrada. Cuando la abrí me sorprendió ver a un enorme hombre en la puerta de mi casa. Llevaba ropa casual.
—Buenas tardes, Señora Cullen —me saludo él con el nombre de mi esposo, era norteamericano y parecía conocerme, pues su sonrisa era amable.
— ¿Quién le dijo mi nombre? —le pregunté mientras trataba de hacer memoria por recordarlo, sin éxito alguno.
—Soy Emmett McCarty, trabajo en Cullen y Asociados.
—Lo envío mi esposo —afirme— ¿Me ha enviado el divorcio?
—No, en realidad… creo que debería tomar asiento. Tengo una noticia que darle —sin yo haberle invitado, el paso dentro del apartamento, dirigiéndose a la sala. Cuando llego me señaló con la mano un lugar para que tomara asiento. Él se sentó frente a mí.
—Bien ¿Qué es lo que él quiere?
—En realidad no ha sido su esposo el que me ha enviado. Fue el señor Eleazar.
—¿Qué? No entiendo.
—Tengo entendido que su esposo fue secuestrado el mismo día que usted fue internada en la clínica de rehabilitación.
—No puede ser —susurre mientras me llevaba una mano al pecho.
—Hace medio año encontraron un cadáver con las señas de su esposo, pero su rostro estaba irreconocible. Sus padres se rehusaron a reconocerlo como Edward.
—¿Que hay de las pruebas de ADN? —pregunté, con un nudo en la garganta.
—No son padres biológicos de su esposo. Es hijo adoptivo.
—¡Oh por Dios! —nunca me lo dijo, los recuerdos de él rehusándose a que adoptáramos vinieron a mi mente, junto con una pregunta ¿Él lo sabría? —Necesito… yo…
— ¿Puedó traerle un vaso con agua? —las palabras no salían de mi boca, solo asentí. Mientras él fue a la cocina, yo trataba de tomarle sentido a todo lo que este hombre me decía, ahora comprendía su ausencia. Había creído que yo no le importaba pero él me hizo prometerle que saldría adelante. ¿Me pregunto si él lo que le ocurriría, o si lo habían amenazado antes?
—Aquí tiene, bébalo todo.
— ¿Que han hecho sus padres? —mis manos temblaban mientras sujetaba con fuerza el vaso.
—Han contratado investigadores. Señora de verdad siento mucho tener que ser yo quien le traiga tan tristes noticias —asentí recibiendo sus disculpas.
—Sus padres, ¿no pagaron a tiempo el rescate?
—Al parecer fue una venganza, los secuestradores jamás se pusieron en contacto con ellos. Eleazar me ha enviado, para que usted como su esposa tome la decisión que sus padres no han hecho.
— ¿Dé que habla?
—Después de un año el señor Cullen no volverá y si lo hace no será con vida —ante esas palabras mi estomago se comprimió— Hay negocios, socios que piden la toma de decisiones. Es preciso que usted enfrente la realidad que sus padres no han podido afrontar.
— ¿Quieren que de por muerto a mi esposo? ¿Cuando su familia no ha perdido la esperanza de encontrarlo? —de pronto las nauseas vinieron a mí, corrí al baño sin decir nada y vomite. La impresión de su desaparición y el hecho de que me pidieran matarlo formalmente era demasiado. Después de varios minutos regrese a la sala.
— ¿Se encuentra mejor? —me pregunto preocupado.
—Si, lo lamento. Por favor continúe.
—Ha habido pérdidas en los negocios de su esposo. Debido a su ausencia, no se han podido tomar algunas decisiones que solo él como presidente y socio mayoritario puede decidir. Varios accionistas han pedido que la familia haga la lectura del testamento, y el heredero tome cartas en el asunto. De otra manera ellos se retiraran, y como consecuencia habrá demandas.
—No haré nada sin consultar antes a sus padres.
—De acuerdo, voy a dejarle los datos del hotel donde me hospedo. Solo le pido reconsidere todas las opciones. Sabemos que para usted será difícil la decisión. Pero tenga en cuenta que de usted dependen otros.
…..
Cuando Jane llego a casa me encontró sentada en el suelo, abrazando mis rodillas llorando.
— ¿Qué ocurre? —se acerca alarmada a mí.
—Edward esta muerto.
— ¿Quién te dijo eso? —ella tenso la quijada.
Le explique todo lo que había hablado con el abogado de Eleazar. Ella me consoló, me sentía una estúpida por que jamás quise recibir las visitas de su familia. Esa noche hable con Esme. Ella lloro conmigo en el teléfono, fue una llamada que duro horas, le pedí perdón por mi desatención, y me uní a ellos en la búsqueda de Edward. No, no pude rendirme y darlo por muerto, sin antes haber agotado todos los intentos de encontrarlo. El hombre que Carlisle vio en la morgue, no podía ser Edward, aun cuando su rostro estaba desfigurado y no podía reconocerse. Carlisle como solo un padre puede saber, supo que no era él. Una marca, un lunar que el hombre tenia y Edward no.
Hable con Emmett y acordamos una cita, esta vez había sido asesorada por un abogado de Carlisle, tomamos la opción de que como su esposa y única autorizada por los bancos para hacer movimientos en sus cuentas, yo tomaría su lugar en su ausencia. Pero en este caso, Emmett había sido un gran apoyo e incluso él no se había inclinado a favor de aquellos socios que querían muerto a Edward, por así decirlo, él se había comportado de una forma neutral. Por lo que como empleado de Edward me precio tomar a Emmett como mi representante legal. Eleazar se había comunicado con gran insistencia conmigo, para pedirme de manera sutil le entregara el poder legal de los negocios, pero algo que había aprendido de Edward, cuando solía hablarme de su trabajo en las empresas y el bufete, es que jamás se debe dar a un socio, un poder que sea mayor que el tuyo. Sé que podía confiar en Eleazar, pero si accedía prácticamente le estaría entregando la empresa y Bufete de Edward. Algo que a él le había costado tanto tiempo y esfuerzo. Como siempre decía Edward, "es mejor no tentar al Diablo"
Desde Italia me mantenía en constante contacto con Emmett y con los investigadores que llevaban la búsqueda de Edward. Nunca regrese a Estados Unidos, la razón es que después de haberme enterado de su desaparición volví a caer en depresión, Ángela y Jane estuvieron dándome su apoyo. Fue entonces que Jane me propuso formalizar la fundación y así la iniciamos para poder honrar mi promesa hecha a él. Si algún día el regresaba yo podría mirarlo a los ojos y decirle que había cumplido mi promesa. Pero si no volvía, esperaba que donde quiera que estuviera supiera que lo había logrado.
….
Ahora después de cuatro años, sin esperanzas de encontrarlo ya, debíamos afrontar la realidad. Edward jamás volvería, aun cuando nuestros corazones se negaran a aceptarlo. La vida debía continuar.
Este día formalmente me encontraba de luto. A primera hora de la mañana me dirigí al que una vez fuera nuestro hogar. Frente al edificio un nudo en la garganta se me formo. Entré con las lágrimas apunto de ser derramadas de mis ojos. Una vez en el elevador me recordé, solo los buenos momentos que vivimos juntos, por un momento olvide el daño y los errores cometidos. Yo reconocí por primera vez mi culpa. Yo le permití sus humillaciones, sus maltratos, me deje manipular como una marioneta y ese fue mi grado de culpa. "El hombre llega hasta donde la mujer quiere"
Entre lentamente al departamento, se encontraba a oscuras. Las cortinas estaban cerradas. Camine hacia ellas y las corrí aun lado permitiendo que la luz del sol entrara a iluminar y dar un poco de calor a este lugar frío y muerto. Al darme la vuelta y ver mi derredor ahogue un grito, pues por primera vez me daba cuenta de que todo en este lugar me consumía. El frío color blanco de las paredes, los muebles, todo tan fuera de lugar para mí. Pero lo que mas daño me causó, es ver que el departamento se encontraba tal y como lo vi la ultima vez. Como si fuera ayer, como si el tiempo hubiera regresado.
Camine hacia la habitación, la cama tenia los rastros de lo que alguna vez fueran pétalos de rosas, ropa de él tirada en el suelo. Una triste sonrisa cruzo en mis labios. Sin soportar más permanecer en ese lugar fui y recogí la foto mas bonita que teníamos. Donde él parecía enamorado, donde yo le adoraba. El día de nuestra boda.
….
Cuando llegue al lugar donde se haría la lectura del testamento ya todos se encontraban ahí. Lo primero que hice al entrar a la habitación fue buscar con la mirada a Esme, ella se encontraba desecha. Camine hasta su lugar y sin decir nada nos fundimos en un abrazo. Después Alice se puso frente a mí y me dijo.
— ¿Por qué me abandonaste?
—Lo lamento Alice, jamás volveré a hacerlo.
Nos abrazamos y entonces el licenciado entró, saludó a los presentes y tomó su lugar.
Una vez sentados todos, se dispuso a leer la última voluntad de mi esposo…
En, Chicago Illinois, Estados Unidos de América, siendo las 13:15 horas del día 04 del mes noviembre del año dos mil tres, yo, Edward Anthony Cullen, hallándome en pleno goce de mis facultades mentales, otorgo Testamento Público Cerrado como a continuación expreso:
Nombro como único y universal heredero de todos mis bienes a mi esposa Isabella Swan…
Edward había redactado y firmado su testamento tan solo a dos meses de nuestro matrimonio. Negándome a su última voluntad no podía creer que él no considerara a su familia. ¿Por qué lo hizo?. No me había dado cuenta de la crisis nerviosa en la que había entrado hasta que Carlisle me abrazo frotando mis brazos para tranquilizarme. Lloraba y negaba. Pero él como un padre me dijo.
—Acepta la voluntad de mi hijo, él te amaba. A pesar de sus errores, él estaba arrepentido y dispuesto a ganar tu corazón de nuevo.
—No puedo, no puedo.
—Él hizo este testamento antes de sus errores, lo hizo pensando en proteger a la mujer que amaba. Nosotros no tenemos ningún inconveniente. Esme y yo fuimos sus testigos, en total acuerdo a su decisión.
…..
Habían transcurrido dos semanas de la lectura del testamento, Eleazar me dio la bienvenida, tenia miedo. No quería defraudar a nadie y llenar el enorme hueco que Edward había dejado me parecía algo imposible. Pero debía seguir su ejemplo. Emmett me había estado ayudando a ponerme al día con el manejo de los negocios de mi esposo, pero sobre todo en el manejo del Bufete. Emmett era el encargado de tomar decisiones, no sin antes consultarme, en mi ausencia él era mi asistente y mano derecha. Dividía mi tiempo sin dejar de lado la fundación.
Rosalie me había llamado la noche anterior, solicitando mi ayuda para demandar a su esposo. No pude decir que no, pero no seria yo quien llevara su caso. En la fundación tenia un puesto vacante temporal en el área legal. Una de nuestras abogadas colaboradoras se encontraba de incapacidad por un accidente automovilístico. Hoy debía entrevistar a un recomendado de Jane.
Me encontraba en mi oficina, en la fundación, leyendo los últimos casos que nos habían llegado, incluido el de Rosalie. Cuando Marian mi secretaria me informo de mi cita. Lo hice pasar de in meditado, no tenia demasiado tiempo, a las seis tenia junta con Eleazar, y eran las cuatro de la tarde.
Estaba ordenando los expedientes cuando el abogado entró al escucharlo levante la vista, un hombre vestido informal con un Jeans azul claro, playera gris Oxford, chaqueta café a juego con su cinturón y una bandolera igualmente café. Por instinto levante una ceja. ¿Como demonios se atrevía a presentarse vestido así en una entrevista de trabajo, donde por regla tenia que vestir de traje?
Seguí el recorrido de su cuerpo, su cuello y luego su rostro, un jadeo se escapo de mis labios en asombro. Su piel blanca, labios carnosos, un perfil recto como solo los griegos tenían, sus ojos cafés, opacados por lentes que llevaba puestos, una pequeña cicatriz en su ceja y otra en su frente. El cabello de un negro azabache lo llevaba demasiado corto.
—Buenas tardes señorita —su acento era sureño— Siento presentarme vestido informal, pero acabo de llegar a la ciudad, mis maletas se encuentran fuera de la oficina.
Inmediatamente tome su curriculum y lo leí por segunda vez. Me sentía confundida y nerviosa.
—Ethan Reader, para servirle señorita. —me ofreció su mano.
—Isabella Cullen —le estreche la mano que me ofreció, sintiéndome extrañamente cohibida por su sonrisa amable y su atractivo.
…
Nota:
A mi lectora mgsa:
Todo autor debe respetar su trabajo para que otros lo respeten, soy un autor que no teme matar a sus personajes principales. Un claro ejemplo Obscuro Corazón. Mas sin embargo matarlos no me hace ser una HDP, solo alguien muy valiente al arriesgarse a perder lectores. Al final creo que todos están en su derecho de abandonar la historia cuando ya no les guste, yo lo he hecho con algunas excelentes historias, llevándome lo que desde mi punto de vista, ha sido lo mejor de ellas. A ustedes mis lectores, jamás les he faltado al respeto, por lo que pido lo mismo a cambio. No pienso reportar tu mensaje, pues creo que no ha sido con intención de ofenderme, lo que si te sugiero es que utilices las palabras correctas para hacer saber tu molestia.
Gracias por leerme.
…
A todos mis lectores, un minuto de silencio para Edward Cullen…
Gracias por sus comentarios y alertas. Por las recomendaciones y por hacer de esta Fan-novela un tema de conversación con sus amigas y familiares. Mis saludos a la Fan familia y ¿Cuánto apostamos? =).
Próxima actualización 22 de julio.
Besos.
Chapter 4: Chapter 4
Por amor
"Una oportunidad para amarte"
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer. Trama a Rakelluvre.
Beta Sarobari, Lillian Mcarty P. Yumel 22 (Dr. Asesor)
Al nuevo lector: esta es la secuela del Fic Por Amor. ¡Bienvenidos!
Capítulo 4
—Ethan Reader, para servirle señorita. —me ofreció su mano.
—Isabella Cullen —le estreché la mano que me ofreció, sintiéndome extrañamente cohibida por su sonrisa amable y su atractivo.
El estruendo de un portazo interrumpió la hipnosis de esos maravillosos ojos cafés, de inmediato, baje la mirada para ocultar la guerra interna, que su mera presencia me ocasiono
— ¡Oh! ¡Querido Ethan! —el exceso de entusiasmo en la voz de Jane llamó mi atención, levanté mi vista y la vi lanzarse a los brazos del hombre.
—Jane, si alcance a llegar a tiempo a la entrevista. —él amablemente correspondió el saludo con un beso en la mejilla de ella, para después soltarse de su abrazo, muy pero muy delicadamente. Eso me dio un poco de risa. La grandiosa Jane caza hombres siendo rechazada.
—Mmm Que malvado eres —dijo con puchero en los labios, si, ella se dio cuenta de su rechazo bien disimulado.
—Jane, están entrevistándome —le dijo apenado mirándome.
—Ya lo sé —le respondió de mala gana y después se dirigió a mí— Tú —me señalo— no te hagas la tonta, tiene un excelente curriculum, además me consta lo bueno que es. Mi recomendación es más que suficiente. Creo en él, como ya te platique, fue él quien le quito a mi cerdo exmarido una jugosa fortuna por sus maltratos, logró más de lo que dijo que haría.
—Jane. Dame unos minutos con él, a solas —le pedí, tenia que ser clara con el señor, respecto su amistad con Jane, para evitar problemas posteriores.
—Ponle a prueba, estoy segura que le divertirá el caso de tu zorra-amiga. Si no puede con el caso despídelo —odiaba cuando Jane se divertía con mi desgracia y maldición.
—Jane —la nombre señalando hacia la puerta con una mano.
—De acuerdo, ya me voy adiós —se acercó a Ethan— ¡Suerte guapo! —salió de la habitación dejándome sola de nuevo con aquel hombre y su extraña aura intimidante.
—Bien, —lo mire a los ojos —el hecho de que sea amigo de Jane, no significara que tiene el puesto asegurado. No permitiré ningún tipo de falta hacia el reglamento de la fundación —tome el reglamento y lo puse frente a él, lo tomo entre sus manos mirándolo solo un momento y luego regreso su vista a mis ojos —Como bien sugirió Jane, se le pondrá a prueba con un caso especial.
—Nunca pierdo señorita Cullen —me dijo muy seguro de si mismo, su arrogancia me fastidió un poco.
—Señora Cullen —le aclare. Él asintió.
—Disculpe, señora. ¿Por qué es especial? —me pregunto con la curiosidad marcada en su rostro.
—Por razones personales que no le incumben. —le respondí grosera, pero no pude detener mis palabras antes que salieran de mi boca. Él sonrío, y esa sonrisa… me dejo sin aliento.
—Percibo aversión hacia mi persona o ¿usted actúa de igual forma con todos sus empleados? —odio a este hombre tan atrevido, que esperaba que lo recibiera como Jane, iba a responderle como se debía pero mi teléfono celular comenzó a sonar.
—Disculpe un momento —le dije al señor arrogancia— ¿Qué sucede Emmett? —le respondí a mi asistente, mirando al mismo tiempo mi reloj de pulsera, aun estaba a tiempo para llegar a la junta con Eleazar.
—Eleazar acaba de autorizar llevar el caso del señor Stevenson —cerré los ojos, y solté un suspiro profundo.
—Recuérdamelo —le pedí, no porque no supiera de que me hablaba solo quería estar segura.
—Los padres de la occisa dicen que envió a sus perros a atacarla y asesinarla mientras dormía.
—Ya, ¿A quien le dio el caso? —le pregunte.
—A Erik
—Bien me comunico con él en seguida y en cuanto a Eleazar yo me encargo en cuanto llegue a la oficina.
—De acuerdo. ¿Bella?
—Si
—Te invito a cenar esta noche —no podía negarme, él me sacaba de mi rutina y disfrutaba de su compañía. Pero me gustaba hacerlo enojar.
—Estoy ocupada, lo vemos mas tarde.
—Solo di si o no —dijo tajante.
—Si. Nos vemos —corté la llamada sin esperar respuesta por parte de él. Emmett era un buen amigo. Busque el archivo de Rosalie y se lo dí a Ethan.
—Su nombre es Rosalie Hale, fue encontrada por su hermana hace unas semanas en su departamento inconsciente y golpeada. El esposo se dio a la fuga. Ella no quiso poner una demanda en su contra, esta embarazada, pero quiere divorciarse. Por lo que a simple vista será un caso fácil.
— ¿Él sabe del embarazo?
—No, ella acababa de enterarse e iba a darle la noticia, ella llego mas temprano a casa y lo descubrió en la cama con otra mujer. Los detalles pregúntaselos a ella —mientras él leía el expediente, yo lo leía a él—. ¿Tienes alguna duda? —le pregunte finalmente.
— ¿Mi contrato?
—Pasa a recursos humanos ellos te darán el contrato temporal, dependiendo del manejo o del resultado que obtengas en el caso, decidiremos darte el contrato definitivo o no, tu salario aumentara si logras formar parte del equipo oficialmente. Solo recuerda que como fundación que se mantiene de donaciones no es un sueldo ostentoso.
—Sin problemas —su blanca y hermosa dentadura me saludo, lo que me provoco unas ganas tremendas de presentarle mi puño a esa boquita sonriente. En definitiva me caía muy mal este hombre.
— ¿Algo mas? —pregunté con una sonrisa mas que fingida.
—Gracias.
—Seria todo de mi parte, desde ahora, cualquier cosa debes dirigirte a Jane. Ahora si me disculpa… debo hacer una llamada urgente —antes de que lo asesine, quise decir.
—Gracias y un gusto en conocerla, señora Cullen. —me ofreció su mano y yo se la estreche con la mía, pero él la llevo a sus labios y deposito un beso en ella. De inmediato la retire.
—¡No vuelva a hacer eso! —había hablado mas fuerte de lo debido incluso gritado, pero su actitud de casanova me molesto, era una total falta de respeto lo que hizo.
—Lo siento, no volverá a ocurrir. —dijo sin mirarme a la cara tomo el archivo del escritorio para dar media vuelta e irse. Pude notar tristeza en sus ojos cuando el antes de cerrar la puerta me miro por un momento.
…
Jane
— ¿Eso que escuche fue un grito? —le pregunté al guapetón con diversión. El suspiro con profundidad, su rostro era de un completo anhelo —. ¿Qué le hiciste, la besaste?
—No, me hubiera arrojado por la ventana —me dijo soltando una carcajada llena de amargura.
— ¡No!… ella es incapaz de hacer semejante cosa —le bromee para alegrarle un poco, pero su mirada me dijo lo inútil de mis intentos —. Te flecho ¿no es cierto?
—Es muy hermosa y detrás de ese escritorio muy sexi. ¡Dios! No pude resistirme —dijo con los ojos cerrados y una sonrisa picara.
—Tienes competencia. Emmett, ¿lo conoces? —le pique el orgullo y bien merecido que se lo tenia.
—Ese hijo de… —solté una tremenda carcajada.
—Tranquilo galán, ella es viuda y muy rica, por cierto. Puede buscarse algo de compañía.
— ¡Cállate Jane o cometeré un asesinato! —Solté una carcajada ante su frase.
…..
Isabella
Me encontraba discutiendo con Eleazar, Emmett y Erik, acerca del caso del muy probable asesino. Eleazar había estado renuente a desistir de su decisión a avalarlo.
—¡No vamos a defender a ese hombre! —dije alzando mi tono de voz mas de lo normal. ¿Es que acaso no me hacia entender?
—El hombre no es culpable, ¿quién puede culparlo, por querer tener perros que protejan su propiedad? —dijo con una sonrisa sarcástica.
—La esposa había interpuesto una demanda un mes antes de su muerte, por agresión por parte de él, sus padres dicen que la golpeaba, incluso hay un video y fotografías —. Traté de hacerle comprender que el hombre no era inocente, y que no se merecía la libertad.
—Pero no fue él, los Doberman son perros no muy fieles, son inestables. Se dice que hasta llegan a desconocer al dueño, y ella no era precisamente la dueña, era él.
—He dicho que no, Eleazar —este hombre que alguna vez considere justo estaba decepcionándome.
—Yo tengo tanto derecho como tú de decidir que hacer o no —por un momento guarde silencio y me obligué a mirar a Erik.
—Eleazar este es un caso en el que no se ganara, él realmente es un asesino las pruebas, testimonios todo esta en su contra. Además ¿por qué poner en libertad a un asesino? —no quería actuar como villana pero no me deja alternativa, tampoco permitiría que intentara denigrarme por ser mujer.
—Lo siento Eleazar, pero hay pruebas de que él hablo con el entrenador para que le enseñara las órdenes de ataque específicas a matar —dijo Erik, asentí en agradecimiento por su apoyo y lealtad a mi persona.
—Si ganamos este caso tan complicado nos atraerá mas clientela, ¿qué no lo entiendes Isabella?, tampoco entiendo porque tú cuestionas mis decisiones, Edward jamás lo hizo, no interfería con mi trabajo. —me dijo irritado, su mirada era feroz.
—El que no comprende eres tú Eleazar, Edward esta muerto, ahora yo tomo sus decisiones. —hablé lo mas tranquila que pude conteniendo las lagrimas consecuencia a el recuerdo de mi esposo.
— ¡Esta no es tu maldita fundación!, no solo tú puedes decidir también los socios y yo soy uno de ellos. No estoy de acuerdo con tus decisiones.
—No vamos a defender a un hombre que de verdad es un asesino, va en contra de los valores de nuestra firma y del propio Edward quien siempre se inclino por defender aquellos que en verdad estaban siendo culpados injustamente —respondí tajante ignorando su comentario de mal gusto, pero pronto perdería la paciencia si continuaba con sus necedades.
—¡No seas hipócrita! Durante cuatro años viviste del dinero que se te hacia llegar, y era dinero que delincuentes pagaron por defenderlos.
—Eleazar tranquilízate —le dijo Emmett.
—¡Fuera todos ahora! —si, logro sacarme de mis casillas, pero no iba a rebajarme frente a todos.
—Escúchame bien Eleazar, tal vez a ti y a otros no les agrade lo que yo decido o hago, pero soy la socia mayoritaria así que pueden sentirse libres de venderme sus acciones y largarse a formar su propia firma y vender su maldita alma al diablo, pero yo mando aquí. Piénsalo muy bien y has lo que mejor te convenga.
—Estás equivocada si piensas que tienes la razón, eres inexperta, fui la mano derecha de Edward, él siempre me escucho pero tú te rehúsas a hacerlo.
—Edward ya no esta aquí y todos somos distintos.
—Él tenia razón, es imposible razonar contigo, ahora comprendo sus acciones —eso había sido un golpe bajo, pero no respondería a sus ofensas.
— ¡Largo de mi oficina!
….
Todo el día había estado metida en la oficina trabajando olvidándome del mundo exterior. La cabeza me dolía debido al estrés, pero sobre todo a la discusión con Eleazar. Gire mi silla quedando frente al ventanal, la noche había llegado hacia un par de horas. Miré el cielo estrellado y me pregunté cuantas veces Edward se sintió de la manera en la que hoy me siento. También, si alguna vez pensó en mí mientras veía las estrellas como ahora hago yo.
Un leve toque a la puerta me trajo de nuevo a mi realidad.
—Adelante.
—Hola, ¿ya estas lista? —era Emmett y su gran sonrisa.
— ¿Para que? —me hice la desentendida.
—Lástimas mis sentimientos, cena. —dijo, y yo me eché a reír por su mala actuación de hombre herido.
— ¡Oh! Si, disculpa, tengo la cabeza hecha un lío. —fingí igual que él.
—Pues una rica cena con un buen amigo es la solución.
Compartir tiempo con Emmett fuera del trabajo era algo gratificante, él era un hombre encantador, con un buen sentido del humor, alegre por naturaleza y muy inteligente. Físicamente era muy guapo, con su altura de 1.90, su cuerpo musculoso por su exceso de ejercicio, le daban el aspecto de un luchador, que era capaz de tomar a la mujer amada en un brazo y llevársela a casa. Un hombre del que una mujer normal podría enamorarse fácilmente. Pero yo no podría, yo era su jefa y ¡Por Dios! No me veía en la posición de verme relacionada con mi asistente. La segunda razón , él era mi único amigo y tener un romance con él seria acabar con nuestra amistad demasiada valiosa para mí. Además Emmett tenía otros intereses.
Cuando salimos al estacionamiento me sentí como muchas otras ocasiones, observada, esa sensación de que cuando vas caminando la piel se te eriza y un escalofrío recorre tu cuerpo. Sintiendo a la vez una fuerte mirada detrás de ti taladrándote, disimuladamente gire hacia atrás pero no había nada solo algunos autos del personal que aun se encontraba en el edificio.
Subimos al coche de Emmett y fuimos a cenar.
…
Isabella
A la mañana siguiente me desperté muy cansada, pero siendo responsable me levante y prepare para partir a la fundación. Cuando salí de mi recamara para ir a la cocina me encontré con Jane quien ya estaba desayunando.
—Preparé el desayuno —dijo Jane al verme entrar a la cocina.
—Gracias mañana lo haré yo.
—No, yo hago el desayuno todos los días pero los fines 'de semana tú cocinas y haces las compras. Odio hacerlas yo. —dijo refunfuñada.
—De acuerdo.
— ¿Qué te pareció Ethan? —aquí iba como siempre la casamentera.
—Trae un buen curriculum, se nota que es bueno en lo suyo, muy seguro de sí mismo —me enfoqué en lo profesional para despistarla o mas bien tentar terreno, tal vez me equivocaba y ella realmente quería algo con él.
— ¿No te pareció atractivo? —me miraba a los ojos.
—No. ¿A ti si?
— ¿Por qué te sonrojas?
—Me cae muy mal, es odioso. ¿Sabes que me beso la mano? —dije indignada y furiosa al recordar el incidente. Era frustrante su actitud.
— ¿Por eso le gritaste?
—No me digas que se escucho hasta los pasillos. —dije poniéndome colorada de vergüenza y cubriéndome el rostro con amabas manos. Si, definitivamente lo aborrecía.
—Si
—Te dije que no me dijeras.
—Ese Ethan te gusta. —dijo soltando una carcajada.
—¡Vete al diablo Jane!
….
Cuando llegamos a la oficina me sorprendí al encontrar a mi peor pesadilla Rosalie Hale, sentada esperando mi llegada. En cuanto me vio llegar, se puso de pie y camino hacia mí.
—Hola Bella —me saludo con rostro apenado, sin mirarme a los ojos.
—Licenciada Cullen. Acompáñame —Nos dirigimos a mi oficina en silencio una vez dentro y sentadas una frente a la otra la inste a hablar.
—¿Qué te trae por aquí Rosalie? —le pregunté, mientras prendía el ordenador, la verdad era que trataba de no mostrarle mucha importancia ella no la merecía. Bastante hacia con ayudarla, solo porque tenía un compromiso con esta sociedad y fundación.
—Ayer recibí una llamada de un tal Ethan Radear, me informo de que seria mi abogado —me dijo, cuando la observe note cierto nerviosismo en la gran Rosalie, ella ya no era tan segura de sí misma como lo fue alguna vez, no, ella ahora sujetaba su bolso desgastado con fuerza.
—Por supuesto, él es el mejor de nuestro equipo —si, mentí, como si el tuviera mucho trabajando con nosotros, pero teníamos que darle seguridad a nuestros clientes haciéndoles saber que tenían lo mejor para ayudarles, y mas cuando eran tan inseguros como Rosalie.
—Si, estoy segura de que si, Pero me sentiría mas tranquila si lo llevaras tú.
—Lo siento pero no me es posible —le dije con una sonrisa en el rostro haciéndole saber que conmigo las puertas estaban bien cerradas.
— ¿Por lo que sucedió entre ambas?
—No, en realidad no tengo tiempo.
—Yo vi cuando llegaste al restaurante, ese día por la mañana Edward había terminado conmigo. Yo le obligue a ir a cenar esa noche. Y cuando te vi ahí mirándonos quería que pensaras que el seguía engañándote.
—El pasado ya no importa Rosalie —le dije, no queriendo abrir viejas heridas o terminaría desgreñándola, mordí fuertemente mi labio inferior y lo solté cuando el sabor de la sangre se mezclo con mi saliva.
—Quiero pedirte perdón por mi traición y por el daño que te he causado —un toque a la puerta la interrumpió, lo que me hizo sentir aliviada.
—Adelante —por la puerta vi entrar a Ethan, vestido de un traje color negro, debía admitir que le quedaba bastante bien.
—Señora Isabella —me saludo aun sin percatarse de mi visita y no fue hasta que se aproximó que vio a Rosalie de espaldas. —Mis disculpas, no sabia que se encontraba ocupada.
—No te preocupes de hecho, se trata de tu cliente Rosalie Hale.
—Buenos días y un gusto en conocerla personalmente. —él acorto la distancia y le tendió la mano, ella ni siquiera lo miro. Ella le ignoro como si no existiera. Ethan bajo la mano al percatarse de que ella no se la daría. Y aunque el me caía muy mal, no merecía ese trato, me enfurecí.
—Rosalie, ¿qué quieres? Te hemos asignado un abogado que te ayude con tu problema, y tú lo rechazas.
—Quiero que seas tú quien lleve mí caso.
—Te he dicho que no me es posible — ¿quién se creía esta loca para venir a imponerse?
—Entonces que lo haga Edward, él me defendió una vez, y le tengo confianza. No aceptare a nadie mas —maldita desgraciada, estaba furiosa tanto que solté la verdad sin compasión hacia esa mujer que seguramente aun sueña con un hombre prohibido.
—Rosalie, Edward esta muerto — dije con mi mejor tono de voz mas clamado, dulce e hipócrita que tenía. Disfrutando de su expresión de horror. Si, no soy santa, ni buena gente, solo soy una humana imperfecta.
—¿Qué? ¿De que hablas?
—Edward esta muerto —le repetí como si esa frase fuera un cuchillo, que apuñalaba su corazón sin compasión, me recargue en el respaldo de mi asiento con una sonrisa fría, por un momento me había olvidado de Ethan. Dirigí mi mirada a él, quien me miraba sorprendido su rostro me borro mi sonrisa.
—Mentirosa, no quieres que nuestros caminos se crucen de nuevo porque temes que te abandone, que nuestra historia se repita.
—Entonces es por eso que decidiste tomar la ayuda de la fundación, para acercarte a él. Sal de esta oficina, si es que tienes un algo de dignidad.
—¿Dónde esta él?, ¿le has hablado de mi situación?
—Ya te he dicho que Edward esta muerto.
—No es cierto…— Rosalie salió de la oficina, hecha una furia y con lagrimas en los ojos. Yo daba gracias por estar sentada de otra forma mis piernas me hubieran fallado. Al querer dañar a Rosalie, también me dañe a mí misma. Una cosa es saberlo y otra muy distinta tener que reconocer la muerte de Edward en voz alta. Levante mi vista y Ethan me miraba de una manera que no podía ser otra que la lastima.
— ¿Qué es lo que quieres? —le pregunte con frialdad.
—Tu amiga se me adelantó al decirte que no me quiere como su abogado.
—Ve con Jane, y dile que te de algo que hacer.
—Si. —Dío media vuelta pero se detuvo apenas dio los primeros pasos a la salida — ¿Te sientes bien?
—Si, déjame sola. —sin mas salió de la oficina.
…..
Era de noche cuando me acerque a esa casa, donde se encontraba aquella mujer con la que le había sido infiel a Jessica, cuando ella abortó por tercera ocasión. Había sido solamente un desliz de una noche pero ella supo jugar sus cartas, ahora me extorsionaba con dinero que debía traerle mensualmente. Si yo no cumplía me llamaba al celular o a casa. Jessica me amaba ciegamente y nunca ha hecho alusión de una amante por esas extrañas llamadas.
Odiaba a esa mujer, ahora me encontraba atado de pies y manos. Toque el timbre y ella abrió la puerta.
—Hola, llegas tarde.
—tenia que hacer que Jessica se fuera a casa antes que yo. Aquí tienes —le dije entregándole el sobre con el dinero.
—Bueno cariño, no quieres pasar.
—No Heidi. Adiós.
Camine al auto y subí a este. Vi como Heidi entró a su casa y cerro la puerta, mientras que yo buscaba las llaves del auto estas se me cayeron. Me agache y busque en la oscuridad hasta encontrarlas. Pero cuando me levante y vi el retrovisor me encontré con el rostro de él reflejada en el espejo. Él me apunto con una pistola en la sien. Intente decir algo pero la impresión de verlo y luego de su amenaza me paralizo impidiéndome el habla.
— ¡Sorpresa! Mike —dijo—me pregunto ¿que diría Jessica sobre tu amante? —me arrojo a las piernas unas fotografías y papeles cuando tomé uno para saber que eran me di cuenta que eran estados de cuenta. Míos.
— Soy tú amigo, no tú enemigo.
—Eso esta por verse. Enciende el auto y conduce con mucho cuidado —conduje por un buen rato, sudaba y temblaba —. Háblame de Eleazar y de tu nueva jefa…
…..
Llegue a casa demasiado cansada y abrumada, había sido un día terrible. Jane no se encontraba. Me desnudé para tomar un caliente y relajante baño. Cuando estaba apunto de entrar a la ducha mi celular sonó, me entraron ganas de votarlo al cesto de basura. Pero no lo hice cuando vi en el identificador que era Jane.
—Hola
—Amiga estoy en el bar, "Luna Llena" tienes que venir.
—Amiga estoy apunto de darme un rico y calientito baño.
—No, olvídalo estoy con Dimitri y un amigo.
—¡No! La última vez que me arrastraste a una cita doble tuve que ver vomitar al tipo, soportar su mal aliento. ¡Olvídalo!
—Este si te va a gustar.
—No Jane.
—Por favor esta haciéndome mal tercio.
—De acuerdo pero, me largo si es un idiota.
—No te arrepentirás.
Llegué al Bar y busqué con la mirada a Jane, la encontré en una mesa en el rincón del Bar con Dimitri y otro que se encontraba de espaldas. Camine hacia ellos Jane al verme me sonrío con su sonrisa de complicidad. Lo que me decía que algo traía entre manos.
—Buenas noches —a la pareja y me gire para mirar al susodicho, me asombre al encontrarme con Ethan.
—Buenas noches señora. —me sonrío. Mire a Jane pero esta huyo tomando a Dimitri de la mano llevándoselo a quien sabe donde. No había de otra me senté junto a Ethan.
Había un silencio y tensión muy incómodos. Yo miraba todo a mi alrededor exceptoél, me sentía confundida no sabia cual era la causa de mi incomodidad con él, o porque mi odio infinito. Tanto trate de ignorarlo que no me di cuenta que me había pedido una bebida hasta que el mesero se acercó y la coloco frente a mí, era cerveza clara, justo lo que siempre tomaba, cuando estaba en casa o con gente de confianza, ya que era muy mala bebedora.
—Gracias.
— ¿Por qué me odia? —gire mi rostro para verle y su mirada oscura me atrapo.
—No le odio. —respondí, sabiéndome mala mentirosa.
Nuevamente el mesero se acercó y me entrego una nota. Era de Jane, al leerla me entraron ganas de asesinarla.
— ¿Sucede algo?
—Jane y Dimitri se fueron a su departamento. Bueno será mejor que me vaya a casa. —con intención de levantarme e irme tome mi bolso pero el me tomo del brazo y me sugirió:
— ¿Por qué no termina su cerveza?…
…..
Me sentía flotar en un mar de sensaciones agradables de las que no quería dejar de sentir, era un hermoso sueño, tiene que serlo, lo sé porque él estaba conmigo y eso no es posible. Porque Edward esta muerto. Él se acercó a mí y toma mis manos, besa cada una de ellas y luego se acerca a mi rostro depositando un calido beso en mis labios. Después me susurra al oído…
—Déjame amarte. No quiero causarte daño. Hoy recuerda cuanto te amé al principio y cuanto te amo ahora. Permíteme darte lo que un día tú me diste…
Desperté. La luz entraba por las ventanas, deslumbrándome. Cuando mis ojos se acostumbraron a la luz vi a mí alrededor. Me levante al desconocer la cama y las cosas que me rodeaban. Esta no era mi habitación, el frío de la mañana calo mis piernas desnudas mire mi vestuario, y traía una playera que no era mía. Trague en seco. ¿Dónde me encontraba? Hice memoria y entonces recordé haber ido en busca de Jane al bar… Mire de nuevo a mí alrededor esta vez no en forma de reconocimiento más bien en busca de alguna pista para saber mi paradero. Entonces encontré un porta retrato, ahí estaba él en el centro de la imagen, a su derecha una mujer mayor a su izquierda una chica morena muy hermosa y frente a él de rodillas mirando a la cámara un joven también morena como la chica. ¿Quiénes eran? La puerta de la habitación se abrió Ethan entro con una charola repleta del desayuno. Recordé mis piernas desnudas y me senté en la cama cubriéndome con las sabanas.
— Buenos días, Bella durmiente —dijo con esa estúpida sonrisa arrogante. Sintiéndome apenada, aturdida y muy confundida le pregunte:
—¿Qué pasó ayer?…
…..
¿Qué pasó?…. Mil disculpas por el retrazo, ya saben los detalles, pero la buena noticia es que las actualizaciones volverán a hacer semanales. Para el siguiente miércoles, el capítulo tratara de un especial Ethan Reader.
Sé que las Edward/Bella, están queriéndome matar, pero recuerden Por Amor, se hizo una votación donde elegían a su posible galán para esta faceta de la historia. Si, ya sé que gano Emmett, no coman ansias y les daré un consejillo no dejen de leer, no teman a explorar todo un mundo de posibilidades.
Muchas gracias los Suri Awards, ¡Felicidades a las ganadoras!.
Gracias a quienes nominaron esta historia, a todas aquellas personas que nos dieron su voto y su apoyo, tanto a mis betas que participaron, como a la historia. Miles de gracias.
Quiero agradecer a todos las chicas que amablemente toman su tiempo para comentar, por sus favoritos y alertas? Ha ha ha.
Bueno sorpresa a las niñas que pedían Obscuro Corazón de regreso, un consejo si quieren leerlo mañana actualizo el primer capitulo, borrare el final alternativo; si, leyeron bien final alternativo, el que jamás volverá a hacer publicado para esta nueva edición, por lo que si quieren copiarlo y guardarlo para leerlo al final de la historia háganlo ahora. Este fic es tragedia.
De la Tentación a la Obsesión ya actualice disculpen la demora. (Fic no apto para menores de edad).
Bajo el Crepúsculo toca el viernes.
Bueno sin mas pendientes, nos leemos el siguiente viernes.
Chapter 5: Chapter 5
Por amor
"Una oportunidad para amarte"
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer. Trama a Rakelluvre.
Beta Sarobari, Lillian Mcarty P. Yumel 22 (Dr. Asesor)
Al nuevo lector: esta es la secuela del Fic Por Amor. ¡Bienvenidos!
Les recomiendo que escuchen la canción Ten miedo de mí (Fernando Delgadillo)
"Querido lector, te presento a Ethan Reader"
Capítulo 5
Ten miedo de mí.
La sensación de su cálido cuerpo junto al mío despertó aquellos instintos que habían permanecido dormidos por mucho tiempo. Aspiré el aroma de su cabello castaño inundando mis sentidos, después la observé dormir por un momento. ¡Diablos! Es hermosa, el semblante en su rostro era distinto al de siempre, no hay rastro de melancolía. Parecía feliz en sus sueños. Besé su frente, luego sus labios, correspondió en sueños. Después susurré en su oído todo lo que me hizo sentir desde el primer día que la conocí hasta el día de hoy.
Me levanté y tomé un cambio de ropa limpia, mientras me dirigí al cuarto de baño me desnudé botando la ropa al suelo dejando un camino a mí paso, en el lumbral de la puerta del baño la observé, sus piernas desnudas enredadas en la sabana despertaron mi libido y antes de hacer algo, me largué a tomar una ducha de agua fría.
Cuando salí limpio y cambiado ella seguía durmiendo fui a la cocina y preparé un café junto con un delicioso desayuno. Coloqué todo en una charola, tomé una flor del florero que había en la sala, arreglo que mi madre me dio. Me dirigí a la habitación y cuando entré, la vi levantada mirando el portarretratos que había en mi cómoda.
— Buenos días, Bella durmiente —le dije sonriendo y feliz, pero ella me miró con odio.
— ¿Qué pasó ayer? — ¡Diablos!
Flasback
Llegue al Bar, para reunirme con Jane y Dimitri, ese dúo y sus travesuras malévolas, pero la verdad era que hoy necesitaba de su ingenio, necesita poder acercarme a ella, y si los planes de Jane funcionaban hoy podría ser mi oportunidad de romper el hielo con Isabella, para poder formar parte de su vida.
—Buenas noches —les dije apenas llegue a la mesa donde se encontraban, ellos platicaban amenamente.
—Hola, cariño —me saludó Jane, con su sonrisa coqueta. Dimitri solo levantó la mano, pues estaba demasiado ocupado bebiendo su cerveza.
— ¿Ya viene? —pregunté.
—Si, justo esta entrando —dijo Jane, todos dimos rienda suelta a la actuación.
—Buenas noches —la escuché decir, me gire y entonces el tiempo para mi se detuvo. Lucia hermosa con esa blusa negra que se le pegaba a sus hermosos pechos como una segunda piel, la falda igualmente negra, que aunque le llegaba debajo de las rodillas le hacia ver tremendamente sexy, pues le hacia notar sus agradables y deliciosas curvas, mi corazón latía con rapidez.
—Buenas noches señora —le sonreí, pero desvíe mi mirada al instante sintiéndome un maldito pervertido, ya que cada vez que la llamaba señora mi imaginación volaba a una habitación donde me encontraba esposado a la maldita cama. Cuando mire frente a mí, Jane y Dimitri ya se habían marchado, le hice señas al mesero y ordene una jarra de cerveza clara y dos tarros. Bella miraba a todas partes excepto a mí. Ella era tan difícil. El mesero sirvió las bebidas, colocándole enfrente la suya.
—Gracias —le dijo amablemente cosa que me irrito. ¿Por qué no puede regalarme un poco de su amabilidad?
— ¿Por qué me odia? —le pregunté, no soportando mas el no saber el porqué de su desprecio.
—No le odio —dijo la muy mentirosa. Nuevamente el mesero se acercó y le entrego la nota de Jane.
— ¿Sucede algo? —pregunté fingiendo interés.
—Jane y Dimitri se fueron a su departamento. Bueno será mejor que me vaya a casa —con intención de irse tomo su bolso, pero antes de que se levantara tome su muñeca y le dije con mi mejor cara de perrito abandonado…
— ¿Por qué no termina su cerveza?…
Fin de flashback
—Señora —miré la cama, no tenía esposas que pudiera ocupar pero las agujetas de mis zapatos bien podrían servirle —, un caballero no tiene memoria —coloque la charola en mi escritorio haciendo un lado algunos papeles del trabajo.
—Precisamente ahora no esta siendo un caballero, lo único que me hace pensar es que usted abuso de mi.
— ¿Disculpe? —la observé con el rostro horrorizado y herido —, usted es la señora aquí, que me sedujo llevándose consigo mi virtud sin ninguna promesa de amor o matrimonio. Lo único que trato de hacer es ahorrarle el hecho que quiera corresponderme solo porque se sienta obligada —su rostro era un poema, tenía la boca abierta, y los ojos casi se le salían de su lugar y no pude soportarlo mas, solté la carcajada.
— ¡Eres un imbécil! —me gritó, mientras ponía una mano en su pecho y soltaba el aire que al parecer tenía contenido.
—Enserió no creo que quieras saber lo que paso —le dije, pero ella me miraba aterrada al pensar que lo que paso ayer fue el peor error de su vida, solté un suspiro.
….
Isabella
Lo miré suspirar, se notaba la guerra interna que tenía, acerca de contarme o no, tome una almohada me acosté boca-arriba y la puse en mi rostro, cerrando mis ojos. De pronto sentí su peso caer a mi lado él aparto la almohada de mi rostro y dijo.
—Si quieres suicidarte asfixiándote con la almohada hazlo por favor en tu casa, no quiero que me culpen. —aun cuando sus palabras eran broma lo había dicho con tanto cariño, que una sensación de protección sentí a mi alrededor. Miraba sus ojos cafés, através de los lentes. Mis manos tomaron vida propia, fueron a su rostro y acaricie su mejilla, él cerro los ojos y entonces los recuerdos llegaron a mi mente…
Flashback
— ¿Por qué no termina su cerveza? —me dijo y yo sinceramente la necesitaba, no me gustaba beber frente a desconocidos debido a mí mala resistencia al alcohol. Pero era eso o tener que ir al departamento a escuchar la noche de pasión de Jane y su amigo.
—De acuerdo —decidí relajarme, que mas daba, los días anteriores fueron un asco, la presión que Eleazar me ejercía me tenía al borde del colapso. Bebí medio tarro de jalón, la cerveza fría y deliciosa recorrió mi boca y mi garganta hasta mi estomago sentí todo el maldito recorrido que hizo.
—Gracias, odio beber solo —le regale la primera sonrisa sincera desde que lo conocí y él también lo hizo.
—De hecho lo hago más por necesidad que por usted —lo vi sonreír divertido, entonces llevó el tarro a sus labios y bebió, pude apreciar el recorrido del liquido pasar por su garganta moviendo su manzana de Adán, dejó el tarro sobre la mesa y con la punta de la lengua limpio la espuma que había quedado en el contorno de sus labios. ¡Dios mío! Se me hizo agua la boca de tan solo pensar en los suaves que parecían sus labios tan comestibles y sensuales. Di un pequeño sorbo a mi bebida desviando mi mirada a la pequeña pista de baile. De pronto sentí un escalofrío en la espalda al momento que él paso por detrás de mí. Pero fue peor lo que sentí cuando me dijo al oído:
— ¿Bailamos? —me ofreció su mano.
—No gracias.
—Por favor no me rechaces cuando la gente de las mesas a nuestro alrededor nos observan.
—Te advierto que te pisaré.
—¡Oh!, no lo harás —tomó mi mano y me arrastró a la pista, la canción era lenta y me acercó a su cuerpo, pero no demasiado. Su aroma entro por mis fosas nasales, era un aroma fresco y sensual, me acerque un poco más para aspirarlo mejor. Él rodeo mi cintura y me pego mas a su cuerpo clavando su quijada en el hueco de mi cuello. Extrañamente me sentía bien, no percibía morbo en su abrazo, solo era un acercamiento entre dos personas que están conociéndose.
Cuando termino la canción, me di cuenta de que no le pise, lo que hizo volver a regalarle una sonrisa. El beso mi mano, pero en esta ocasión no me molesto. Cerró los ojos, creo esperando a que le insultara por su acción, cuando esta no llegó soltó una carcajada y negó con la cabeza yo le secunde. Me halo hacia él y posando una mano en mí cintura posesivamente me condujo de regreso hasta la mesa.
Conversamos por largo tiempo, haciéndome preguntas superficiales, sobre mi familia, las cosas que me gustaban o disgustaban, de él me enteré que tiene dos hermanos Seth y Leah. Él es el mayor. Su padre murió en un accidente cuando solo tenía diez años. Ayudó a su madre a cuidar de sus hermanos mientras ella trabajaba. Consiguió una Beca además de trabajar para terminar sus estudios. En el aspecto sentimental era protector con sus seres amados. Buscaba el amor de su vida, decía estar seguro de que en algún lugar se encontraba su princesa de cuento de hadas, a la que había perdido en el camino. Él decía tener defectos como los celos, y muchos otros más que me dijo no quería revelar o saldría corriendo. Asombrosamente no se alababa diciéndome sus virtudes, no, él me dijo cuan imperfecto y humano era. Él solo se autonombro príncipe no azul.
No me di cuenta de que nos acabamos cuatro jarras, hasta que me levante para ir al tocador y la cabeza me dio vueltas haciéndome perder el equilibrio, Ethan me sujetó antes de que saludara a mi mejor amigo el piso.
— ¡Hey! Cuidado hermosa —arrastró la "sa" lo que me causo una tonta risa.
—Upss, por eso no bebo alcohol, creo que ya me esta haciendo efecto. Voy al tocador y me voy señor Ethannn.
—No, nada que se va, yo la acompaño. —le sonreí, si, de nuevo lo hice y no sabia cuantas veces en la noche ya lo había hecho.
Caminamos del Bar hasta mi departamento, en un silencio cómodo. Mire las estrellas y reí como boba pero me sentía bien como hacia mucho tiempo no me sentía, era como un gran respiro después de haber contenido el oxigeno por mucho tiempo. Llegamos, él me ayudo a buscar en mi bolso las llaves, creo que ya no me sentía demasiado apta para hacerlo yo misma, cuando las encontró y abrió la puerta escuchamos gemidos y gritos. Ambos nos quedamos en el lumbral de la puerta ninguno se atrevió a dar un paso adentro. Cerré la puerta.
—Creo que mejor me voy a un hotel.
—No, vamos a mi departamento, prometo portarme bien —me dijo haciéndome un juramento. Pero dado el estado en el que me encontraba no le vi nada de malo.
Mientras estuvimos esperando el taxi, comencé a marearme a un mas, y la acidez comenzó a subir hasta sentir el ardor en mi garganta, me apoye en Ethan abrazándolo fuertemente o iba a caer, él me sostuvo.
— ¿Te sientes bien? —me preguntó y yo negué con la cabeza, sentía que si abría la boca vomitaría. No quería hacerlo seria una verdadera vergüenza. ¡Maldito Ethan! — Tranquila amor —me dijo y yo quería decirle que no me llamara amor, pero me era imposible hablar. Comencé a sentirme peor, las arcadas vinieron sin aviso. Y luego… Ethan me soltó de inmediato y me ayudo a mantener mi cabello fuera del alcance de mis fluidos digestivos. Pero no se podía decir lo mismo de su playera y pantalones. ¡Dios mío! ¡Que vergüenza!
—Lo siento —dije como pude.
Después me perdí un momento porque cuando me di cuenta estábamos dentro del taxi, el me abrazaba y acariciaba mi brazo depositando suaves besos en mi frente, de alguna manera sabia que estaba abusando de mi confianza y mi estado, pero era agradable sentirse querida y cuidada por alguien. Cerré mis ojos y volví a perderme, cuando los abrí nuevamente, Ethan me llevaba en brazos su rostro demasiado cerca del mío. Cuando llego a la puerta de su departamento me bajo.
—Amor, sostente de mí un momento —asentí a su orden.
Cuando abrió me cargo de nuevo y me sentó en su único sillón de lo que parecía era la sala o mas bien estancia, su departamento era pequeño. Sentía que iba a caerme por lo que me recosté en el sillón y baje un pie al suelo, para calmar el mareo. Minutos más tarde Ethan llego con un café, me ayudo a sentarme y él se sentó a mi lado, nuevamente abrazándome.
—Hermosa, bébelo te hará sentir mejor —mire su rostro, me sentía amada, cuidada y muy triste. El me miro y con su mano libre limpio una lágrima que sin mi permiso salió a explorar mi rostro.
— ¿Cuánto tiempo es conveniente que una mujer viuda guarde luto? —le pregunte.
—Isabella el luto lo llevas en el corazón, puedes guardar luto a tu esposo por el resto de tu vida, pero lo que no debes jamás permitir es que la pena interfiera en tu felicidad. No dejes que detenga tú vida.
—Durante tres años viví pensando que no le importaba, luego llega Emmett y me dice la verdad. Me siento tan estúpida y pienso que si yo lo hubiera sabido antes yo misma lo habría buscado por cielo mar y tierra, pero después de tres años… ¿Qué puedes hacer? Más que depender de otros.
—Nada hubieras podido hacer que otros no hayan hecho. No te culpes.
—Estaba furiosa con él, pensaba que cuando volviera a verlo le diría todo lo que sentía, cuanto le odiaba. Pero ahora solo puedo sentir una gran perdida y dolor. Es como si el amor que siempre le tuve se hubiera intensificado.
—Bella el odio y el amor tiene mas de un rostro y uno de ellos es el odio. Y es bueno recordar lo bueno de aquellos seres amados.
—No lo es cuando casi mueres por ellos, sin que les importe verdaderamente —mis lagrimas me dificultaban mi visión. Ethan tomo mi rostro.
—Bella, termina con todo esto que te lastima y vive —vivir eso era lo que él quería,
—Te odio, porque me abandonaste cuando yo se suponía te necesitaba, por golpearme, humillarme, engañarme y por romper tu palabra de amarme para toda la vida. ¿Sabes como me sentí cuando me despreciaste yo arrodillada ante ti? Siempre queriendo ser lo mejor para ti y tu vida perfecta, matándome de hambre vomitando el dolor y la desesperación sintiéndome impotente al verte perdido. Haciendo cualquier cosa para recuperarte, pero nada era suficiente para ti —abofeteé a Ethan pensando en que era Edward, con mis puños cerrados golpee su pecho, él no me detuvo —. Te odio por abandóname y jamás volver y porque a pesar de todo como una idiota sigo amándote —lloraba sin poderme contener, mientras Ethan me abrazaba.
—En nombre de Edward te suplico perdón, cuando no lo merezco, hubiera dado mi vida por tener una oportunidad para amarte y recompensar el dolor y sufrimiento que te cause —levanté mi rostro a la altura del suyo. No, este hombre no era Edward, este hombre era Ethan Reader el príncipe azul que salvo mi alma y tal vez mi corazón.
Ethan de poco a poco, acerco su rostro, sin cerrar nuestros ojos nuestros labios se unieron. Lentamente cerré mis ojos y me deje llevar por el beso, pronto esté se torno mas ardiente, si, ardiente. El hombre besaba de una forma que te hacia olvidar hasta tu nombre. Me recostó en el sillón, mientras que su mano entro por debajo de mi blusa acariciándome la piel desnuda, hacia tanto tiempo de no sentir el fuego de la pasión que muy pronto yo ardía. Pero él se detuvo, y se alejó de mí, poniéndose en pie.
—Disculpa, te daré algo para que te cambies y puedas dormir —me dijo, me sentí una idiota. Cuando llegó con una playera, se sentó a mi lado y levantó mi rostro, yo estaba llorando. Por su rechazo o por el de Edward, no sabia estaba muy confundida.
—Gracias —le dije mientras le arrebataba la playera —él suspiro, cuando le mire bien, él ya se había cambiado a ropa de dormir, idiota de mí, debo darle asco.
—No llores, yo no creo que en realidad quieras eso.
— ¿Para que me trajiste entonces? —seguía de necia, ¿por qué le rogaba? ¿Es que yo no entendía que no debía rogar a un hombre? ¿Dónde esta mi dignidad? ¿Por qué no comprendía que solo quería sentirme amada y deseada por esta noche?
—Prometí no sobrepasarme, estas muy tomada y creo que mañana te arrepentirás.
—Mañana te odiare aun mas sin siquiera tener un motivo. Dame el motivo —me puse de pie, camine hasta él lo abrace llevando mi cabeza a su pecho escuchando los latidos de su corazón, una hermosa melodía.
—Quiero más que una noche Isabella —me congele, yo no podía dar mas, mi corazón estaba hecho polvo, no podía sentir amor por un hombre.
—Es lo único que puedo darte y ya es demasiado de lo que he dado o siquiera llegado a pensar —su corazón latía demasiado rápido, comencé a depositar besos en su pecho haciendo un camino hasta llegar a su cuello continúe hasta morder el lóbulo, él me tomo de la cintura y alejó.
—Confía en mi, no quieres esto —besó mi frente —. Mañana, que estés sobria hablamos —tomó mi mano y me llevo a su recamara. Ahí, se acercó a mí y comenzó a subirme la blusa…
— ¿Qué haces?
—Le ayudo señora, como todo un caballero.
—No, tú quieres verme desnuda.
—La verdad es que si, le dije que no era perfecto, nada de príncipe azul. Solo soy un hombre con hambre de usted. Pero me abstengo por el momento —sonreí y me deje ver por él. Incluso recordé las clases eróticas pero no me anime por lo que solo me reí. Tal vez algún día.
Fin de flashback
Aun acariciando su mejilla me acerqué lentamente y deposité un beso en sus labios, el siguió el ritmo, sus manos traviesas comenzaron a vagar por mi cuerpo, entonces la cordura llego a mi mente separándolo de mí.
—Como caballero que es señor Ethan, jamás dirá o insinuará nada con respecto a esta noche y parte del día —lo vi sonreír.
— ¿Volvemos a las mismas?
—De las que no debimos salir.
—De acuerdo señora Cullen, ya veremos cuando quiera usted volver a divertirse.
Desayunamos en un silencio cómodo, tomó la flor una rosa roja y la puso en mi cabello a un lado de mi oreja. Fue tierno y su sonrisa arrogante fue sexy. Me duche y el me presto otra playera para irme a casa mi blusa era un asco. Afortunadamente a mi falda no le pasó gran cosa, pero mis zapatos… Los limpie y me los puse. Ethan me acompañó a tomar un taxi, era muy caballeroso. ¿Me pregunte que otras similitudes tendría con él?, Eran tan distintos pero a la vez muy parecidos. Tal vez era eso lo que me atraía de él, el recuerdo de Edward.
Cuando llegue al departamento Jane se notaba muy bien, feliz diría yo.
— ¿Y esa ropa? —me pregunto.
—De tú Ethan.
— ¡Oh! Dormiste con él —afirmó con una sonrisa de oreja a oreja.
—Si, en la misma cama, con su ropa. Pero no tuvimos sexo… él… ¡Dios mío! ¿Sabias que era impotente?
…
¿Qué tal este hombre?, no sé ustedes pero a mi me gusta…
¿Dónde esta Edward? ¿Es un Edd/Bell? Bueno mi respuesta a estas preguntas es, a lo largo del fic sabremos que sucedió con Edward. Solo les pido paciencia. En todo caso todavía queda la tercera parte para traer de regreso a Edward ya sea como Zombie, vampiro, gato o perro. ¿Se lo imaginan? La verdad es que responder a sus preguntas esta parte del fic perderá su sentido, es por eso les pido me acompañen a descubrir y disipar sus dudas en cada capitulo que pase. Gracias por su comprensión.
Gracias a todos por sus comentarios, favoritos y alertas.
Hola chicas sinceramente, se me dificulta poder responder sus Review en privado asi que lo hare de esta forma espero no les cause molestia.
Tanya Masen Cullen: gracias, PekasCullen: estoy de acuerdo contigo, Miranda: Gracias, Janalez: nada es lo que parece aquí, Sol: gracias estamos en contacto por Face, Ame D´Cullen P: creo te respondí si no es asi nos leemos en Face, Melangie: Gracias. Jamlvg: ¿Qué cosa?, Nany87: ya respondí arriba. Caresme: mmmm, Asheyswan: yo también tengo las mías. Grandma s blue eyed angel: disculpa, mejor te invito a descubrirlo, gracias. Lizzie: En el capitulo 6 responderé tu pregunta acerca de Rosalie. Luna S P: amablemente la cuido ja ja ja, Chayley: ya sabes que paso, Conejo azul: Quien será? Vikki, Si a lo primero. CaroZApXD: algo así. LuLu: fueron 4 jarras, Jbpattinson: No, Izzy90: Concuerdo contigo, Yukalu: Gracias por leer seguimos en contacto. LoreMolina:al principio no te equivocaste. Mallory Greatson: ja ja ja espera y veras, Cindylis: yo también disfrute la parte de Rose. Sandra32321: es Mike el que le da dinero a la fulana, Little Whitiie: No llores, Tata xoxo. ¿Por qué crees? Julissa Pattinson: por PM, Marah 2221: disculpa si la semana te hice esperar. Isis Janet: Gracias, Anonimo: espera al 6 y te hare tus sueños realidad, Bella Rocio: gracias, Zujeyane: Gracias, Vero: gracias, Gaby Twiligh: muy cerca, Medialuna: =) Twilight allmy love 4ever: No es un Emmett/Bell, solo un posible, Carmilla: Gracias, Anonimo: los miércoles, guisella, mil disculpas y tratare de cumplir siempre.
Gracias a todos…
Chapter 6: Chapter 6
Por amor
"Una oportunidad para amarte"
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer. Trama a Rakelluvre.
Betas:
Lillian Mcarty y Sarobari.
Asesores:
Dr. Yumel22
Lic. Miryam Álvarez Rodríguez.
Al nuevo lector: esta es la secuela del Fic Por Amor. ¡Bienvenidos!
Capítulo 6
Dolor
Eran las seis de la mañana cuando llegué al parque, la sudadera con capucha y lentes oscuros cubrían muy bien mi identidad. Aguardé en el auto hasta las seis con quince; salí al exterior y corrí hasta donde se encontraba una fuente en el centro del lugar. Ahí me detuve fingiendo descansar; dos minutos más tarde, él también paró su andar y se sentó a espaldas mías. Tomé mi celular de entre mis bolsillos del pantalón y fingí tener una llamada mientras que él, revisaba su BlackBerry.
—¿Qué investigaste? —pregunté un poco ansioso por tener resultados.
—No mucho en realidad, no puedo entrar al área de contabilidad y sacar información como si nada —se excuso ante la falta de efectividad.
—Inténtalo Mike, esfuérzate. Si en verdad valoras a tu esposa e hija —presione un poco, la verdad seria incapaz de hacer algo que lastimara a su familia, siendo que yo intentaba proteger a la mía.
—¡Diablos! Por favor E…
—¿Ya tienes el expediente de Sam? —lo interrumpí.
—Busqué el expediente de Sam Uley pero este desapareció, como comprenderás no puedo ir y solicitarlos a Eleazar.
—Eso no me importa has lo que debas hacer —dije con los dientes apretados lleno de rabia por su respuesta sarcástica.
—Si, lo haré, solo dame un poco de más de tiempo.
—¿Y, a mí quien me dará tiempo Mike?, ¿quién? —quise saber— ¿Cómo es su relación con Eleazar?
—Tienen demasiados roces, ella se le impone al viejo… Deberías verla es muy distinta a la mujer de antes, ella se ha endurecido —dijo con sincera admiración.
—Debo irme, vigílala y has que Eleazar confíe en ti.
…..
No podía creer sus palabras, simplemente no las creía, ella debía mentir seguramente lo único que quería era dañarme como yo alguna vez le dañé. Caminé, hasta la que algún día fuera mi lugar de trabajo. Entré al edificio, parecía como si nada hubiera cambiado solo que la recepcionista no era la misma de hace años; sin embargo, no perdí el valor. Me acerqué y pregunté por Jessica Newton la secretaria de Eleazar. La joven morena me indica que había salido a comer, por lo que la esperó sentada en el sofá de la recepción. No me animaba a preguntar por él directamente, no me darían información estaba segura de ello.
Transcurrido un tiempo talvez horas, por fin llego Jessica. Al divisarla me acerqué a ella y la llame con voz baja antes de que subiera al ascensor.
—Jessica —ella me miró entonces la saludé un poco mas emotiva—: ¡Hola! —me acerqué sonriendo, aunque era tonto fingir felicidad cuando en los ojos y mejillas hay lágrimas.
—¿Rosalie? —me pregunto, sé que apenas a podido reconocerme, aun tengo visibles los golpes de Paul.
—Si —le respondo tímida..
—¿Puedo ayudarte en algo? ¿Cómo has estado?
—Yo, por casualidad me entere de que … Edward. ¿Cómo se encuentra él? —le pregunté pero al final mis labios temblaron y solté un gemido.
—Rose… el señor Edward, falleció hace unas semanas —tapé mi boca con mis manos y solté un gemido. Mis piernas sin fuerza suficiente me fallaron haciéndome caer al suelo.
—¡Dios mío! ¡Rose! —dijo Jessica mientras trataba de ayudarme a ponerme en pie —¡Ayúdenme! —gritó Jessica, el guardia de seguridad llego hasta nosotras ayudando a Jessica conmigo. Me llevaron hasta el sofá donde minutos antes estaba sentada. Después de beber un poco de agua, le pregunté.
—¿Qué le sucedió?
—Vivía con la señora Isabella fuera del país, ya sabes, que por el accidente que sufrió la señora Cullen tuvieron que viajar a Italia para recibir un tratamiento. Al parecer, a ella le gusto tanto el lugar que se quedaron a vivir ahí. Y fue hace unas semanas atrás que el señor tuvo un accidente, no supimos cómo, solo que había fallecido. Ahora la señora Cullen vino a hacerse cargo de la firma. La verdad me asombra la entereza que ha demostrado. Nunca le he visto llorar, a pesar de ser tan poco el tiempo que ha pasado, tras la muerte del señor Cullen. ¿Te sientes mejor?
—Si, gracias Jessica.
—¿Quieres que te pida un taxi?, es que no te ves bien.
—No, gracias prefiero caminar —me levanté y sin decirle mas me fuí.
Caminé hasta casa, no se cuanto tiempo me llevó el llegar, de lo único de lo que era consiente eran de mis lágrimas derramándose de mis ojos y del deseo de llorar hasta secarme. Al entrar a casa, fui directo al cajón de mi cómoda, de ahí saque la foto de Edward y mía, que nos tomamos en una cena. Al ver su hermoso rostro supe que jamás le olvidaría, que mi corazón le pertenecería aun a través de la muerte. Lloré, grité y maldije. Y no dejé de hacerlo hasta que sentí las manos grandes de Paul en mis antebrazos.
—¿Por qué lloras zorra? —me asusto, no sabía que responder— ¿Qué traes ahí? —me preguntó mientras yo sostenía fuertemente la foto en mi pecho con mis dos manos— ¡Vamos Rosalie, dame lo que traes ahí!
—No, es mío —le respondí. Pero él, era grande y mas fuerte; me tomó de los cabellos, atrayéndome hacia su enorme cuerpo y después me arrebato la fotografía rompiéndola en el proceso —¡No! —grite de terror, al ver que lo único que tenía de él estaba roto.
—¿Es esté tu amante? —me preguntó mientras que me arroja al piso para golpearme; intenté huir, pero él me sometió colocándose sobre mí, inmovilizándome.
…
— ¿Qué yo que? —Ethan preguntó enfurecido.
— ¡Hey! No te enojes conmigo, ella fue quien me lo dijo.
— ¿Si? Pues ahora mismo le voy a demostrar a la señora Cullen, que tan impotente soy —dijo saliendo echando chispas y yo detrás de él. No quería perderme el show.
Llegamos al elevador, Ethan, enfurecido esperaba con impaciencia la llegada del ascensor; al ver que no llegaba, se fue directo a las escaleras yo, detrás de él. Subió tan rápido que pensé que no era humano, cuando llegué al piso de la oficina de Bella, Ethan ya estaba irrumpiendo el santuario de mi amiga, corrí.
Bella, estaba de pie de espaldas mirando por la ventana, cuando Ethan la tomo desprevenida por los hombros, la giro hacia él, ella un poco desconcertada y asustada lo miró.
—¿Qué…. —la pregunta quedo a medias, Ethan la beso apasionadamente. Yo una simple espectadora solo miraba con la boca abierta. Bella intentó separarse, pero el agarre de Ethan la dejaba sin posibilidades ante su lucha; Ethan llevó su mano a el trasero de Bella y la pegó a él, demostrándole cuan impotente era. Tape mi boca antes de que saliera un grito de asombro ante la osadía del hombre. Di media vuelta y salí de la oficina dejándolos solucionar sus problemas en privado.
Cuando llegué al ascensor, las puertas se abrieron dejando paso a nada mas y nada menos, que a Rosalie Hale o lo que quedaba de ella. Cuando se percato de mi presencia, cayó de rodillas. ¡Dios mío! Estaba tan golpeada que no tengo la menor idea de cómo es que llego hasta aquí.
—¡Rosalie! levántate —le dije, pero era obvio que ella no podía, entonces grite— ¡Ayuda! —de inmediato Ethan salió de la oficina encontrándose con nosotras, Bella detrás de él.
….
Cuando las puertas del ascensor se abrieron, me encontré con Jane, inmediatamente me sentí protegida y toda la adrenalina que llevaba encima desapareció; ocasionando que las fuerzas me abandonaran. Caí de rodillas, Jane intento ayudarme pero fue inútil. Las puertas cerradas frente a nosotras se abrieron dando paso a… Edward. No, él se le parecía, pero no podía ser él, este hombre frente a mi no tenía los ojos verdes, y su cabello no era del mismo tono, su físico tampoco era como lo recordaba. Luego apareció ella, Isabella.
Ahora, me daba cuenta de que era cierto. Cuando la había visto en ocasiones anteriores, no note los cambios en ella, hoy era mas delgada, su rostro amable y gentil había desaparecido, dando paso a uno un poco mas endurecido, pero triste, sí, ella aunque lo ocultaba demasiado bien a simple vista, cargaba la misma pena que yo. Por un momento creí que no me ayudaría y lo comprendo. Sentí vergüenza al presentarme y pedir ayuda a la mujer que traicioné, a la que intenté robarle a su esposo. Sin embargo, ella se acercó a mí y me tendió la mano. Solté un gemido de dolor, hoy me lamento, por haber traicionado a una verdadera amiga, a la mujer que me tendió la mano, me ofreció su casa y su amistad. Pero sobre todo su lealtad, yo, una mala agradecida la defraude.
Ahora me encontraba frente a ella, suplicando su ayuda; y ella por tercera ocasión me daba la mano. Edward, sabía lo que eligió. Una buena mujer, una gran mujer. Nunca tuvo comparación, jamás fui una verdadera rival para ella.
—Yo no debería estar aquí. Deberías mandar a echarme. ¿Por qué?
— Porque no es a mí, a quien has recurrido realmente. Es al lugar donde se te puede ayudar —le dí la mano y ella me ayudó a levantarme. El joven junto a ella me sujeto de un lado y Jane del otro. Me llevaron a la enfermería.
….
Ver a Rosalie en esas condiciones, me hizo sentir rabia por el maldito bastardo que la maltrata, si, porque por mucho daño que me haya causado, no merece ser maltratada bajo la mano de un hombre. Sus malas decisiones la orillaron a vivir esto.
Solo espero que con esta experiencia entre en razón y que Ethan la convenza de tomar la decisión correcta.
Cuando regresé a mi oficina, recordé lo que había sucedido hace unos momentos con Ethan… ese sinvergüenza cree que puede venir y besarme sin mas, pero eso me ganaba yo por bocona. Resoplando de frustración decido ponerme a trabajar.
No se cuanto tiempo había pasado cuando mi secretaria Marian me informó que Alice Cullen me buscaba, inmediatamente la hice pasar.
—¡Alice! —me acerqué a ella para abrazarla y darle un beso en la mejilla ella correspondío de la misma manera.
—¿Bella, porque no me has llamado? —me reclamó, con un puchero.
—Lo siento, he tenido mucho trabajo —le respondí verdaderamente apenada. Sus ojos puestos en mí, observándome detenidamente me hacen sentir cierta intimidación.
—Te ves distinta, te ves bien… de hecho muy bien —me sonrío al final de su escrutinio.
—Gracias, ¿cómo esta Esme? —me preocupaba Esme, ella era una mujer fuerte pero la ultima vez que la había visto me pareció tan frágil.
—Aún se niega a darse por vencida, ¿tú como estas?, ¿cómo lo has tomado?
—No lo sé, estoy confundida, una parte de mí al igual que Esme me dice que no lo deje ir, que aun está aquí. Pero otra me dice que debo avanzar.
—Yo me siento igual que tú —las dos guardamos silencio sin saber que decir para reconfortar a la otra —. Tanya tiene muchas ganas de verte.
—Yo igual —y era verdad, no fuimos las mejores amigas pero su apoyo la convirtió en una amiga cercana.
—Entonces ¿qué te parece que nos veamos está tarde?
—Me gusta la idea. Si, creo que estaría bien un café.
—Bueno debo irme —me dijo, nos despedimos con un fuerte abrazo y con un cita acordada para ese día mas tarde.
….
Después de que Rosalie fuera atendida por los médicos de la fundación, solicité se me permitiera hablar con ella. El entrar y verla sumida en sus pensamientos, causó que mi paz interior se viera afectada por su tristeza y mala suerte.
—Buenas tardes —dije, para llamar su atención. Ella se giró mirándome con cautela, sus ojos azules intentaban traspasar mi alma.
— ¿Es usted mi abogado? —preguntó sin rodeos.
—Ethan Reader, a sus ordenes.
—Me gusta su voz, me …
—He leído su expediente, en base a los datos ahí asentados, le informo que el suyo es un caso grave de violencia intrafamiliar, mi obligación como su abogado es hacer de su conocimiento que la violencia no sólo incluye las agresiones físicas, sino también agresiones psicológicas como insultos, amenazas, gritos, humillaciones, celos y las agresiones sexuales que consisten en forzar a la víctima mediante amenazas o el uso de la fuerza física a realizar actos de tipo sexual sin su consentimiento —corte su avance y de manera profesional le recordé el porque me encontraba aquí.
—Si.
—¿Cuánto tiempo lleva usted sufriendo de maltratos por parte de su esposo?
—Hace aproximadamente un año.
—¿Cómo era la contribución de su marido en la manutención del hogar?
—Trabajo, por lo que yo cubro mis gastos personales. En cuanto a la casa, él me daba el dinero y nunca interfirió en la administración de este.
—A parte de las agresiones físicas ¿Sufría usted de agresiones psicológicas; es decir, recibió críticas sobre su aspecto físico, su forma de vestir, su forma de comportarse dentro y fuera de su hogar? Tenga conocimiento que las agresiones psicológicas conllevan insultos, amenazas, humillaciones, celos, burlas, etcétera
—No criticaba mi cuerpo, pero si las cosas que hacia.
—Mencióneme algunos ejemplos sobre las agresiones psicológicas, ya que servirán de agravantes en la demanda.
—La comida, decía que no la sabía hacer, la comparaba con comida de perro, y me la arrojaba encima.
—¿Su esposo sabe que usted está embarazada?
—No ha habido oportunidad de informarle.
—En el expediente se menciona a un único familiar cercano, ¿Su esposo ha llegado a agredir de forma alguna a su familiar?
—No.
—¿Su esposo la ha obligado a tener relaciones sexuales?
—En, tres ocasiones, yo no quería, estaba cansada.
—¿De qué manera la obligó su esposo a tener relaciones sexuales?
—En la segunda ocasión me amenazo con lastimarme, dijo que lo haría a la fuerza si me oponía. Hace tres meses tuvimos una discusión y luego el comenzó a tocarme, yo no quería y traté de detenerlo, pero no paró.
—¿Cómo fueron las primeras agresiones que sufrió usted por parte de su esposo?
—Al principio me gritaba, luego me sujetaba las manos con fuerza o pellizcaba, después terminaba golpeándome con sus manos o pies.
—En base a los antecedentes de agresión de los cuales existe constancia documentada así como testigos, y con la información que usted me acaba de proporcionar, al responder mis cuestionamientos, como su abogado, le informo que procederemos a realizar una demanda penal por violencia intrafamiliar y una demanda civil solicitando el divorcio necesario —continuamos hablando del proceso y disipando sus dudas por una hora mas.
….
No me había dado cuenta de lo tarde que era, hasta que Marian llamó a la puerta para preguntarme si necesitaba algo y si podía retirarse. Me disculpé con ella por hacerla esperar. Tardé media hora más en salir de la oficina, bajé hasta el estacionamiento subterráneo del edificio por el elevador, me dirigí directo a mi auto y sentí de nuevo esa sensación o mirada detrás de mí. Caminé deprisa pues el miedo de sentirme observada era algo que me hacia sentir débil. Pero conforme avanzaba, sentía la presencia mas cerca. Saqué las llaves de mi bolso, estaba ya demasiado nerviosa por lo que se me cayeron, me incline por ellas y cando volví a ponerme en pie, mi espalda choco con alguien, me paralicé, grité cuando esa persona puso sus manos en mis hombros, al instante el me susurró en el oído:
—Shhh, —su aliento quemó mi piel, su aroma me jugo una broma cruel a mi mente desgastada—. Tranquila hermosa soy yo —mí cuerpo temblaba, gire mi rostro lentamente topándome con esos hipnóticos ojos.
—¡Eres un idiota!, acabas de pegarme un susto tremendo —murmuré sintiéndome tan débil en sus brazos e incapaz de deshacerme de su agarre.
—Lo siento, no fue mi intención. Solo que no pude resistirme. Te invito un café.
—No puedo, gracias —respondí rápidamente.
— ¿Tienes alguna cita?
—Si, con un amigo… Ethan no quiero que lo ocurrido esta mañana suceda de nuevo. Siento si te he dado la impresión equivocada. Nuestra relación será meramente profesional.
—Me gustas mucho, sé que no tengo nada que ofrecerle señora, yo no soy rico y puede que piense que estoy detrás de usted por eso. Pero no es así.
—Yo no he dicho eso y no acostumbro pensar mal de las personas sin conocerlas —ignore su "Me gustas mucho", este hombre era peligroso para mí salud mental.
—Lo sé.
— No, no lo sabe por que usted no me conoce —me sentía atrapada ante sus avances, por lo que el enojo era una buena manera de escapar.
—Lo siento, disculpe tiene razón, pero lo poco que he visto en usted me demuestra que es muy amable y de buen corazón. Tan solo está el ejemplo de la ex amante de su esposo. La ayuda a pesar del daño que estoy seguro le causó.
—Usted no sabe nada y pido no toque este tipo de temas —por alguna razón sus palabras me hirieron.
—Esta bien.
—Adiós señor Reader, lo espero mañana a primera hora en mi oficina para que me informe sobre el caso de la Señora Hale.
—Buenas noches —lo escuché decir, pero era seguro que no serian buenas en ningún sentido para mí. Estaba el hecho de que la cercanía de su cuerpo lograba inquietar el mío. Sus acciones y palabras me confundían haciéndome pensar en él todo el maldito día. Como en esta mañana besándome y después de manera sutil dejándome ver que yo no era importante, creándome curiosidad saber que otras sorpresas puedo encontrar en Ethan Reader, ¿quién es él verdaderamente? En ocasiones es un príncipe y en otras un truhan, atrevido, odioso y … ¡Dios mío! ¡El muy maldito esta jugando conmigo!
….
Me encontraba en el estacionamiento observando la salida de la mayoría del personal de la fundación, cuando la vi salir a ella tan hermosa como siempre. Deseando hablarle por última vez en el día, caminé con sigilo hacia ella, queriendo a la vez ser descubierto y de alguna manera procurar que su temor hacia mi presencia desaparezca, pues su lenguaje corporal me indicaba que tiene miedo.
Me coloqué detrás suyo, pero su nerviosismo la entorpeció haciendo caer de sus manos las llaves del auto; cuando se inclinaba por ellas, yo observé con picardía y gran detenimiento sus formas como todo hombre hubiera hecho en mi lugar. Ella se levantó y su espalda chocó con mi pecho, la sensación es confortable pero también, se convierte en una condena, al saber que solo es un espejismo, y que realmente, al final del día o este momento no la tendré entre mis brazos. Tomé sus hombros suavemente, ella soltó un grito. Me acerqué a su oído y su aroma atonto mis sentidos por un momento. Aspiro profundamente y suelto el aire con verdades a medias.
—Shhh —susurré y con mis labios roce su lóbulo mientras hablaba—, tranquila hermosa soy yo —acaricie su alma con mi voz, ella giró su rostro y el mío quedó a escasos centímetros del suyo. Aún cuando no sería ningún trabajo plantar un beso en sus labios, son sus ojos los que me mantienen inmerso en la profundidad de su noble espíritu. Deseando lo que no puedo tener.
—¡Eres un idiota! acabas de pegarme un susto tremendo —murmuró con voz temblorosa, tratando vanamente de salvar su orgullo, pues su cuerpo se debilitaba a mi contacto como alguna vez sentí estremecerse a la mujer que perdí.
—Lo siento, no fue mi intención. Solo que no pude resistirme —verdades a medias—. Te invito un café —excusa inútil para gozar un poco mas de su compañía, pues sabía que me rechazaría, eso es típico de ella, huir, por muy valiente y dura que quiera hacer creer a los demás que es.
—No puedo, gracias.
—¿Tienes alguna cita? —pregunté pues siempre está la posibilidad de que Emmett su asistente la haya invitado.
—Si con un amigo… Ethan no quiero que lo ocurrido esta mañana suceda de nuevo. Siento si te he dado la impresión equivocada. Nuestra relación será meramente profesional. —me dijo y yo mas bien, pienso que tengo la impresión correcta de mi adorable Isabella, mas me siento tentado en presionarla un poco mas.
—Me gustas mucho —le dije, nuestros cuerpos demasiado cerca el uno con el otro—. Sé que no tengo nada que ofrecerle señora —dí un paso atrás para darle respiro y también guardar la distancia, con el único objetivo de confundirla y atraerla hacia mí —, yo no soy rico y puede que piense que estoy detrás de usted por eso. Pero no es así.
—Yo no he dicho eso y no acostumbro pensar mal de las personas sin conocerlas.
—Lo sé.
— No, no lo sabe por que usted no me conoce —me dijo molesta, y yo sabía que esta noche estaría pensando en mí.
—Lo siento, disculpe tiene razón, pero lo poco que he visto en usted me demuestra que es muy amable y de buen corazón. Tan solo está el ejemplo de la ex amante de su esposo. La ayuda a pesar del daño que estoy seguro le causó —de cierta manera le hice saber mi admiración por ella, que es capaz de hacer aun lado su orgullo y su rencor.
—Usted no sabe nada y pido no toque este tipo de temas.
—Esta bien.
—Adiós señor Reader, lo espero mañana a primera hora en mi oficina, para que me informe sobre el caso de la Señora Hale.
—Buenas noches —la vi marcharse en su auto molesta, era obvia su reacción, mi teléfono comenzó a tocar esa vieja canción, miré en la pantalla quien me llamaba, era mi hermano Seth…
…
Nota: Una disculpa por el retrazo, por cuestiones de salud me tome una semana de descanso obligatoria. Lo siento, lamentablemente soy humana.
Estrenamos nuevo asesor; esta vez legal, gracias por tu tiempo Lic Miryam, insisto este nombre es precioso, ja ja ja.
También gracias a las chicas que dijeron "Yo" escogí conforme respondieron.
A todos los lectores que se han tomado un tiempo para leer esta historia, quiero agradecerles por ello. Hoy vengo a decirles, que esta será la ultima nota de autor que escriba con respecto al fic.
¿Edward esta muerto? No responderé la pregunta pues he dejado bastante claro dentro del fic cual es su estado. (Epílogo Por amor y Summary Una oportunidad para amarte)
¿El Fic será un Edward/Bells? Tengo derecho a guardar silencio, es mejor que esperen hasta el final y descubran si pueden enamorarse de dos hombres a la vez, uno desde el mas allá y otro muy terrenal.
Gracias a mis Betas por su colaboración.
Gracias a los lectores fantasmas, a los que dejan su huella, ya sea con un Review o una alerta.
Magali: Búscame en Face como Obscuro Corazón.
Paty Love: Mil disculpas por dejarte plantada me fue imposible terminar el capitulo a tiempo.
Martha: Solo tú y yo sabemos la verdad ja ja ja.
Kela Viquez: avisare.
Kellis: Tampoco es esa mi virtud, pero hago lo que esta en mis manos.
Lulu: buena sugerencia, lo pensare.
Medialuna:Gracias
Sol: No lo sé, ja ja es mentira si lo sé, pero no te diré.
Nancy: Tal vez me estoy dando un poco de respiro, cuando escribí por amor lo hice tan rápido que todo el tiempo me la pase deprimida, llore demasiado. Por otro lado, no quise que Bella cayera en una relación autodestructiva. Pero bien, el tiempo lo dirá todo.
Mel Bennet : Nos leemos por Face.
Guest: Lo siento.
Caresme: gracias.
Guest: ja ja ja si.
Guest: gracias.
A todas las demás les respondo por Inbox.
Nos leemos hasta el siguiente viernes.
Besos.
Chapter 7: Chapter 7
Por amor
"Una oportunidad para amarte"
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer. Trama a Rakelluvre.
Betas:
Lillian Mcarty y Sarobari.
Asesores:
Dr. Yumel22
Lic. Miryam Álvarez Rodríguez.
Al nuevo lector: esta es la secuela del Fic Por Amor. ¡Bienvenidos!
Nota: Yo dije que el viernes actualizaba y estoy actualizando en viernes. Mil disculpas espero que después de leer el capítulo me hayan perdonado. ¡Disfrútenlo!
Capítulo 7
—Buenas noches —la vi marcharse en su auto molesta, era obvia su reacción, mi teléfono comenzó a tocar esa vieja canción, miré en la pantalla quien me llamaba, era mi hermano Seth…
—Hermano —respondí
—¡Hola! ¿Interrumpo algo importante? —me pregunta con voz sugerente.
—No. ¿Cómo te encuentras? —le pregunté, la última vez que lo vi, se había torcido el tobillo izquierdo jugando baloncesto.
—Excelente.
—¿Mamá?
—Preocupada porque no le has llamado —golpeé mi frente con la palma de mi mano, por haber olvidado llamarla.
—Comunícamela, por favor.
—¿Hijo? —su voz ronca me hizo saber que se encontraba enferma aun.
—Hola madre, ¿cómo estás?, ¿has tomado tus medicamentos?
—Por supuesto. Estoy muy bien. Dime, ¿te gusto tu apartamento? ¿te gustaron las flores que coloque antes de irme? —obviamente mentía para no preocuparme.
—Todo me ha gustado.
—Estaba muy preocupada, por favor llámame.
—Lo haré, ¿qué te parece si mañana nos reunimos todos para comer? —sugerí, los extrañaba, y quería pasar tiempo con ellos.
—¡Oh! Si, seria genial. Les diré a tus hermanos …
….
Cuando entré al establecimiento, eran veinte minutos más tarde de la hora acordada para la cita, busque con vergüenza por mi falta de cortesía, cuando las divise, acorte la distancia llegando hasta ellas.
—Es un gusto volver a verte, sobre todo porque estas maravillosamente —me dijo Tanya al verme llegar a la mesa, sin siquiera darme tiempo a decir "Hola".
—Gracias Tanya a mí también me da gusto. ¿Cómo van los negocios?
—Mejor que nunca —respondió con una sonrisa de excito en el rostro.
—Eres una presumida —le respondió Alice.
—No lo soy —se defendió Tanya.
—¿Qué es eso que veo en tu mano? —le pregunté sin poder creerlo, al ver el hermoso solitario adornando su mano.
—Tanya esta comprometida —respondió Alice.
—¡Felicidades! Me da mucho gusto —le dije mientras la abrazaba.
—Gracias, quise verlas a ambas esta noche porque quería pedirles que fueran mis damas de honor. Ustedes son mis amigas más cercanas —dijo mirándonos a los ojos—. Bella, a pesar de que hacía mucho que no nos veíamos siempre te he considerado alguien muy especial.
—Yo estoy encantada —dijo Alice con una sonrisa abrazando a Tanya.
—Tanya, yo te estoy muy agradecida por todo el apoyo que me disté en el pasado. ¿Cómo decirte que no? Cuando tú también eres alguien muy especial —le respondí con sinceridad, sentía que esta era una buena manera de regresarle todo lo bueno que hizo por mí a pesar de haber sido la mujer del hombre que ella amaba. A diferencia de Rosalie, Tanya supo comportarse a la altura de una dama y ser una buena amiga.
Un par de horas se nos fueron entre plática y risas sin sentido. Pero a pesar del ambiente festivo, la actitud de Alice me preocupaba, la notaba nerviosa y casi no participó en la charla. Al final de esta velada quedamos en vernos la siguiente semana para la primera prueba del vestido de Tanya.
Cuando llegué a casa, las luces del departamento se encontraban apagadas, suponiendo que Jane ya se encontraba en su recámara seguramente durmiendo, fui a la cocina para beber agua. Estaba concentrada con mi bebida que no la escuche llegar.
—¿Qué hora son estas de llegar señorita? —salté en mi lugar, por el susto.
—Jane, me asustas —le respondí.
—Es tu conciencia la que te asusta —me dijo mientras se burlaba.
—Lo siento, fui con Alice y Tanya a tomar un café. Se me fue el tiempo.
—Estaba preocupada, la próxima ocasión avisa —me pidió.
—Lo hare, disculpa —cuando terminé la bebida, me dirigí a mí recámara.
Entré en ella sintiéndome agotada, me di un baño rápido y cuando ya estaba en la cama, como ya era costumbre comenzaba a recordar a Edward. Con la imagen de su rostro en mi mente me rendí al mundo de los sueños en donde él, se encontraba aún con vida, me sonreía y me miraba con amor.
….
Estaba recostado en mi cama, mirando hacia el techo, ahí tenía mi secreto. Sonreí al recordar lo sucedido esta mañana…
Estaba llegando a la fundación cuando la vi llegar en su coche, se veía preciosa y deseaba poder estrecharla en mis brazos y besarla. Pero no podía, una vez ella estuvo dentro del estacionamiento, entré al edificio. Me dirigí a la oficina de Jane. Ella aun no llegaba. Me senté en su escritorio y me puse a revisar algunos correos que tenía pendientes en mi cuenta. La escuché abrir la puerta y caminar hasta mi lado posándose detrás de mí.
—¿Con que derecho estas aquí, en mi lugar, ocupando mi ordenador y para colmo con una cuenta de correo electrónico personal y no laboral?
—¡Cállate!, no molestes. ¿Qué no ves que estoy ocupado? —le dije ocultando mi sonrisa.
—Impotente… —me respondió.
—¿Qué?, ese era tu ex marido.
—No, ese eres tú. Al menos eso fue lo que me platico Bella, que anoche por más que intentaron, nada de nada…
—¿Qué quieres decir con todo eso? —pregunté extrañado, ella no pudo haber dicho eso, ella era una dama.
—Que eres impotente —entonces se me ocurrió la fabulosa idea, de que era mi oportunidad para darle los buenos días a Isabella.
— ¡¿Qué yo que?! —pregunté, utilizando mi tono indignado y molesto. Esta era la excusa que tenía para verla.
— ¡Hey! No te enojes conmigo, ella fue quien me lo dijo.
— ¿Si? Pues ahora mismo le voy a demostrar a la señora Cullen, que tan impotente soy —se me ocurrieron unas cuantas barbaridades. Probaría suerte, hasta donde pudiera llegar.
Sabía que Jane me observaba con atención por lo que lleve mi actuación hasta llegar con Bella. Al llegar a su piso su secretaria, Marian, no se encontraba en su lugar por lo que irrumpí sin problemas en la oficina de Bella. Ella estaba de pie de espaldas mirando por la ventana, la tomé de los hombros girándola, me miro horrorizada.
— ¿Qué… —Fue lo que dijo, y sin darle tiempo a nada la bese… ella intentaba deshacerse de mi abrazo, pero yo la sujetaba con fuerza, sus cálidos y carnosos labios me subieron al cielo, para después de que los abandonara, enviarme directo al infierno. Una vez teniendo la certeza de que no podía zafarse, tomé con una mano su delicioso trasero y la pegue más a mi cuerpo, ella gimió pero el sonido quedó atrapado dentro de nuestras bocas. Después la solté de golpe.
—Señora para la próxima vez que vuelva a levantarme un falso testimonio, por haber sido un caballero con usted, vendré y le haré el amor en su escritorio como nadie se lo ha hecho. Mientras tanto compórtese como lo que es, una dama y deje de ponerme en mal con la población femenina.
—Solo le jugué una broma a Jane, nunca pensé que se lo diría. Discúlpame si lo ofendí, pero no tenía que hacer esto.
— ¡Oh! Claro que tenía que hacerlo. Recuerde que estoy buscando mi princesa de cuentos para pasar el resto de mi vida con ella y usted me pone en mal…
Sonreí al recordar su rostro sonrojado por la rabia. Apostaba a que esto ultimo hirió su orgullo, al no saberse la única dueña de mis pensamientos. Aunque en realidad ella fuera mi sol, y yo un simple planeta girando a su alrededor como mi todo. Y con una sonrisa en los labios me quedé dormido pensando en el día en que la haría mía sobre ese escritorio.
…..
La alarma del despertador me trajo de regreso a mi triste vida solitaria, a mi dolor. Tomé un cambio de ropa y me fui a la bañera; ahí tomé una ducha, el vapor del agua caliente comenzaba a asfixiarme, cerré las llaves del agua y me dispuse a salir de ahí. Pero comencé a sentirme mareada lo que me detuvo, provocando que casi cayera de rodillas si no fuera por que logré tocar la pared, cerré los ojos y apoyándome en ella me deslice al piso. Cuando todo pasó me levanté con mucho cuidado, proseguí a vestirme y alistarme para ir a trabajar. Minutos más tarde, salí de la recámara encontrándome con Jane, como siempre en la cocina bebiendo café. Desayunamos en silencio, ya que ella estaba revisando algunos documentos. Decidí no interrumpirla con mis achaques.
Al llegar a nuestro destino, estacionamos el auto y subimos al elevador, Jane bajo en el 4to piso yo tenía que ir al 6to. Al llegar, me encontré a Ethan hablando con Marian, al darse cuenta de mi llegada no pasé desapercibida ante su mirada, que de manera lasciva recorría mi cuerpo. Mas no dije nada, solo le indiqué que me siguiera.
—Buenos días señora.
—Buenos días.
—Le traigo el informe de Rosalie Hale.
—Gracias, ¿algo mas?
—No.
—Entonces retírate.
Vi a Ethan salir de la oficina sin decir nada más. Este día debía presentarme en la firma, por lo que mi tiempo estaba contado, ignoré todo pensamiento que tuviera que ver con el hombre que acababa de salir.
….
Le había dicho a Jessica que debía llegar mas temprano de lo usual a la oficina, alegando tener demasiado trabajo y algunos pendientes que entregar a Emmett, ella me creyó. Al llegar al edificio esté se encontraba casi vacío, por lo que de inmediato y sin perder tiempo me dirigí al área de contabilidad. Como no llegaba nadie, entré al despacho del jefe de contadores. Prendí el ordenador y mientras tanto le marque a él…
—Si
—Ya estoy aquí.
—Entraras con la clave 02022004HDLF
—Estoy dentro.
—Llámame cuando lo tengas todo.
Guardé en la memoria todo lo que pude, incluyendo balances. Escuché pasos acercarse, no alcanzaba ya a pagar el ordenador por lo que lo desconecté. Me quité del asiento, tome una fotografía que se encontraba en el escritorio justo cuando Thomas el jefe de contadores entró.
—Señor Mike —me saludó con el ceño fruncido y mirando mis manos.
—Buenos días Thomas, quería hablar contigo, por eso estoy aquí —le dije mientras colocaba en su lugar la fotografía de su familia.
—Claro, dígame en que puedo serle útil —me dijo mientras me señalaba el asiento para que lo tomara, acto que hice enseguida; mientras él se quitaba el saco y lo colocaba en el respaldo de su silla.
—Necesito un préstamo, por favor no le comente a mi esposa Jessica —debía proteger esa parte.
—No se preocupe, necesita traerme una carta donde solicita el préstamo…
Comenzó a explicarme el procedimiento. Ahora daba inicio a la segunda fase del plan.
….
Estaba llegando a mi oficina en Cullen y Asociados, eran las once de la mañana, cuando entré a mi piso, los teléfonos sonaban con insistencia y la supuesta secretaria asignada para mí, ni rastro de ella. Cuando iba a tomar la llamada, el teléfono dejo de sonar, rodé los ojos y seguí mi camino hasta la oficina. Al abrir la puerta me encontré con Mike sentado en mi lugar…
….
Después de un rato de hablar con Thomas fui a mi oficina, respire hondo, estaba muy nervioso. Fui a la cafetería y me preparé un café. Llegué de nuevo a mi oficina y vacié una parte del contenido líquido en el teclado y la otra parte en la CPU. Llamé a mantenimiento para que fueran a arreglarlo. Dijeron que lo harían en veinte minutos. Salí de mi despacho encontrándome con Emmett en el camino.
—¡Emmett! —le llamé—, ¿puedo utilizar la oficina de la señora Cullen?
—¿Por qué?
—Tiré por accidente mi café y parte de el calló en el CPU. He llamado a mantenimiento pero ya sabes que tardan un poco en arreglar los problemas.
—De acuerdo, Bella llegara un poco tarde.
—Gracias, amigo me has salvado. tenía que redactar algunas cosas.
Fui a la oficina y coloque la clave que él me había dado días antes, BellCullen25. Y ahí estaba, de nuevo robando información. Busqué donde me dijo que posiblemente encontraría algo sobre el caso de Sam Uley. Y si, efectivamente ahí estaba el caso escaneado. También copié los reportes de los balances que le entregan a Bella cada mes. Por si acaso. Terminé de copiar y quité la memoria del ordenador cuando Isabella entró a la oficina.
—Buenos días, ¿qué haces aquí?
—Señora Cullen, disculpe. Es que mi computadora se descompuso y vine a trabajar en la suya… le avise a Emmett.
—Esta bien.
Cerré la sesión antes de que ella llegara hasta mí. Recogí mis cosas y me retire de su lugar.
—Gracias. Con su permiso.
—Pasa —me dijo.
Salí de ahí, sudando debido a los nervios de casi ser descubierto por segunda ocasión. Llegué a mi oficina, ya habían cambiado mi CPU, asegurándome de que estaba solo, puse el seguro en la puerta. Caminé de nuevo a mi escritorio y con manos temblorosas llame desde mi móvil a él. Al segundo timbrazo contestó.
—Dime.
—Lo tengo todo.
—Nos vemos mañana en el mismo lugar a la misma hora.
…
Me encontraba analizando y revisando con detenimiento los reportes que Emmett me preparo, alguien toco la puerta, lo hice pasar sin saber quien era, mi secretaria al parecer no se presentó a laborar.
—Buenos días Bella
—Buenos días Eleazar.
—Bella quiero disculparme por mi actitud hace unos días. Sé que mi comportamiento no fue el mejor, quiero que tengas presente que solo trato de que nos mantengamos dentro del mercado, como lo habíamos hecho con Edward al frente.
—Disculpa aceptada. Comprendo perfectamente tu punto, tal vez tengas razón, pero comprende que las pruebas lo acusaban directamente a él, era más que evidente que el hombre es culpable.
—Si lo sé, pero ese es nuestro trabajo.
—¿Qué hay de la ética? —le pregunté.
—Tenemos una empresa que cuidar, gastos, sueldos que cubrir, ¿qué haremos sin clientes?
—Lo sé Eleazar, pero hay casos que estamos defendiendo, donde los acusados no son inocentes, mas no te he negado que brindemos nuestros servicios. La diferencia es que estos no han cometido un asesinato.
—Comprendo y mantendré cuidado en casos como ese. ¿Hacemos las pases?
—De acuerdo.
—Quiero que sepas que cualquier cosa que necesites, estoy para servirte.
—Gracias —le respondí sin ánimos de seguir escuchándolo, últimamente él era mi persona no favorita.
….
Entré al restaurante donde quedé con mi familia, llegué a nuestra mesa reservada, ellos aun no llegaban. El camarero se acercó a tomar la orden pero la decline por unos minutos más.
Divagando en mis pensamientos no escuché la llegada de ellos hasta que Seth tocó mi hombro.
—Hermano —Seth mi hermano menor, un chico de veinte años, se parecía tanto a nuestra madre como yo. Sus cabellos y sus ojos similares a los míos.
—¿Por qué tardaron tanto? —les pregunte mientras abrazaba a Seth. Después mi madre se colocó frente a mí.
—Hijo —me llamo mientras me daba un beso en la frente y me abrazaba.
—Fue mi culpa, salí tarde de la entrevista de trabajo —respondió Leah, detrás de mi madre.
—Pues mas vale que consigas el empleo —le amenace.
—Todo por la familia —dijo sarcástica. Leah una chica de 27 alta, piel morena, cabello negro y facciones propias de los Quileutes.
—¿De que te quejas? el sueldo es excelente —dijo Seth.
Entre pelas típicas de hermanos y platicas comimos en una agradable convivencia familiar.
….
Estaba trabajando, el cansancio y la depresión se negaban a abandonar mi cuerpo, el mirar esta oficina que alguna vez fue de mi esposo, me provocaba amargos recuerdos. El saber que posiblemente estuvo revolcándose con Rosalie aquí adentro, me daban ganas de vomitar. Asqueada, cansada y con sentimientos encontrados de odio y amor decidí largarme de aquí.
Manejé sin rumbo o al menos eso pensé, hasta que comencé a notar el ya tan conocido vecindario. Pare frente a la enorme casa frente a mí. Baje del auto y toque el timbre. Una chica de servicio la cual no conocía me abrió la puerta.
—Buenos días.
—Buenos días. ¿Se encontrara la señora Cullen?
—¿Quién le busca?
—Isabella Cullen.
—¿Bella? —dijo Esme apareciendo detrás de la chica.
—¡Esme! —sin saber el motivo corrí hasta ella, al abrazarla todos aquellos sentimientos encontrados parecieron acumularse en mi pecho explotando dentro de mí, en lágrimas amargas. Comprendiendo al fin que extrañaba a ese hombre a pesar de los años transcurridos, odiándolo por el daño causado, negándome a dejarlo ir, hasta no encontrar la prueba física de su muerte. Para mí era mas fácil odiarlo porque eso me mantenía con vida, me engañaba a mí misma pensando en que lo quiería menos que antes y que podía vivir sin él. Pero la realidad es que a pesar de no perdonarlo, no podía negar que lo amaba tanto como antes.
Momentos mas tarde caí en cuenta de donde nos encontrábamos no sabia en que momento caímos al suelo, Esme tenía mi rostro en su pecho y con sus manos acariciaba mis cabellos tratando de darme consuelo, ella debía estar igual o más destrozada que yo, pero aquí estaba llorando conmigo pero a la vez brindándome su apoyo, consolándome; los latidos de su corazón eran lentos y tranquilizadores, sus brazos brindaban ese calor maternal que había perdidos hace muchos años y ahora lo encontraba en esta hermosa mujer.
—Lo siento.
—¿Por qué, mi niña?
—Porque yo quería hacerte compañía y distraerte un poco y mírame…
—Hija no te sientas mal, todo lo contrario tu visita me ha dado confort, pienso que le doy consuelo a él, a través de ti.
Hablamos por algunas horas, ella me habló de cómo conoció a Carlisle, de su problema de esterilidad, de las adopciones de Edward y Alice. También de sus travesuras de niños de quien era él y como era antes de mí. Cuando me dí cuenta de la hora que era, muy a mi pesar decidí partir de regreso a casa, no sin la promesa de volver en algunos días.
….
El día en la fundación había sido atroz, llegué a casa suspirando, me dolía el estomago y tenía nauseas, al parecer la comida me había caído mal. Abrí la puerta, caminé directo al baño sin prender las luces y botando mi bolso al suelo, vomitaría…
Al entrar al baño encendí la luz y me dirigí a la tasa a desechar lo malo que había ingerido. Cuando acabe tiré de la manija para que el agua se llevara mis desechos intestinales. Me levanté del piso y me fui al lavamanos, ahí me lave la boca. Me incliné para mojar mi rostro. El agua me refrescó, cuando me levanté lo vi por el espejo, lo que me hizo saltar y gritar del susto.
—Jane, Jane, pensé que habías superado tus malos hábitos —me dijo, su mirada era oscura.
—¿Cómo… cómo entraste? —le pregunté ignorando su comentario.
—Olvidas que este departamento es mío…
—Eso no significa que puedes entrar de esta manera, por muy dueño que seas estas violando la privacidad de quienes vivimos aquí. Te recuerdo que me has prestado el departamento.
—¡No me salgas con estupideces! —me dijo, si las miradas mataran en este momento estaría muerta.
—¿Qué es lo que quieres? ¿Qué Bella te encuentre aquí?…
….
Al llegar al departamento me encontraba exhausta, tanto como para dar un paso seguido del otro sin tambalearme. El aire me faltaba, y la cabeza me dolía de tanto llanto. Abrí la puerta y Jane estaba mirando la televisión.
—Isabella ¿te sientes bien? ¿has llorado?
—No te preocupes Jane. Estuve con Esme y me puse sentimental.
—Tu esposo fue maldito patan, deberías odiarlo no amarlo, ni guardarle respeto como si hubiera sido un santo, Lo peor es cuando le lloras.
—Lo sé, pero aún no estoy lista.
—Pues apúrate porque tienes un galán en puerta esperando por ti, dispuesto hacerlo todo para ganarte. Y con tus actitudes volubles no harás más que fastidiarlo.
—Pues si es tan buen partido conquístalo tú. Yo no lo quiero.
Molesta con Jane, y el odioso de Ethan me recosté en la cama, sintiendo que el aire me faltaba. Aspirando hondo, trató de tranquilizarme. Y no me levanté hasta que logré regularizar mi respiración. Me coloqué la pijama sin fuerzas, luego me metí debajo de las sabanas perdiendo la conciencia de la realidad al instante.
…..
Seis con trece minutos en la mañana, esperé impaciente la llegada de Mike Newton, a este parque. Dos minutos más tarde que me parecieron eternos, lo vi llegar, él se sentó a mis espaldas, tosió y carraspeó.
—¿Lo tienes todo? —pregunté con impaciencia.
—Si. Te dejo la memoria aquí. Estuve revisando la información para ser exactos los balances de contabilidad y los que se han entregado a Bella. No concuerdan.
—Bien, Mike. Ahora trabaja para ganarte la confianza de Eleazar, cuéntale de tu problema, has que confíe en ti.
—Si.
—Ahora vete.
—Edward, estoy de tu lado.
—Edward Cullen esta muerto Mike, no lo olvides.
—No lo olvido, pero dime entonces como debo llamarte.
—Anthony, Anthony Masen ese es mi nombre…
…..
¿Sorprendidas?
He creado un grupo para el Fic "Por Amor" en Factbook o bien pueden buscarme como "Obscuro Corazón".
Gracias por tenerme paciencia juro que no fue mi intención atrasarme. Gracias por continuar.
Pido una disculpa por responder todos los Reviews dentro del capitulo, pero es que si no lo hago así no lo hago de la manera correcta por falta de tiempo.
Mami Cullen: aquí estoy gracias.
Ely Cullen: No era posible porque hay una identidad, la que no lograbas entender que era secreta, esa identidad es la de Edward que hasta hoy se sabe quien es.
Mariipattz:gracias.
Mahely:Gracias, ¿cómo o dónde te etiqueto?
Taniia Marcelita: Tranquila, todo tiene un por que
Cam-Twiligther: ese era el chiste que no supieran que era Edward.
Abril: Consejo tomado en cuenta para el futuro je je la trama va lenta pero no coman ansias el drama comienza.
Bere prin: Ok espero tu Inbox.
Sol: heeee
Pili: Gracias a ti por leer.
Dani-vg9806: Gracias, tenias toda la razón.
Isis Janet: Sip saludos y abrazo a ti. Gracias.
Yoahama: Aquí esta Edward.
Michelle de Cullen: Hay que mente tan trabajadora la tuya ja ja ja ¿bueno que opinas de este capitulo?
ANATXP: Si Por amor estuvo muy depresivo yo también llore mares.
CindyLis: Hola, ja ja ja lo único que puedo decir es que me gusta leer sus teorías gracias por tus comentarios.
Lillian Mcarty: El pez gordo salio a flote.
Lord Ty: Gracias por la invitación.
Paola Alexandra: Lo siento, trato de no pasar mas de quince días sin actualizar, trabajo con varias betas y asesoras cada una con su parte y es tardado, pero esto ya tiene un final escrito por lo que continuara hasta donde tenga que llegar. Gracias.
Zeelmii: Edward se metió a la cárcel a un jefe de la mafia de tratantes de blancas, eso y mas. Muerto legalmente ya lo dijo Anthony Masen.
Ame D´Cullen-Pattinson : gracias.
Felicytas: ja ja ja ammm no se que decirte… gracias por las teorías me encantan.
Marie: No soy mala solo traviesa ja ja ja.
Diana: Muy interesante tu opinión. De verdad me gusta que no les guste Ethan, porque es mío ja ja ja.
Vikki Cullen: te confundes porque esa era la finalidad que no supieran quien era la otra persona de algunos diálogos ahora lo sabes es Edward.
Paky32: No te preocupes, tienes mucha razón.
Kela Viquez: Muchas gracias por leer.
Miranda: Edward muerto, pero aquí esta Anthony.
.Cullen: Los fantasmas hicieron su aparición.
Prettybells: Gracias
Angel Dark 1313: Mas Ethan para mí ja ja ja. No hay necesidad de presión aquí esta Anthony.
AnnieFP: Si no la controlas no la consumas, mejor dámela a mí que bien la ocupa para inspirarme ja ja ja. Gracias.
Izzy90: Yo tambien quiero que se anime.
Elizabeth: Que suposición tan retorcida, ja ja ja… La verdad…. ¿Te dice algo este capítulo?
Ardi Cullen: Gracias.
Lulu: gracias y bien tienes razon ahora si el drama comienza.
Lily: Tienes que leer Por amor si no lo has hecho. O bien el capitulo 3 de este fic te lo responde.
Stefanny93: Gracias. No tan malo solo que desconfía de la gente.
Karito Cullen Mases: A ti por leer.
: Gracias, Mike trabaja en la firma de Edward salio en el capitul de Por amor. El de la capucha era Edward.
LoreMolina: Gracias, ya veremos que pasara con estos tres.
Niel Ridout: Comienzo a creerles con eso de que soy malvada ja ja gracias por leer.
Marian24: gracias, ¿dónde estabas que no impediste que Ethan hiciera de las suyas?
Tata xoxo: Gracias, ¿sigues con la misma teoría?
Marah2221: ¿misma teoría?
Bella Rocio: Solo porque me caes bien compartiré contigo a Ethan, ya vez que pocas somos las que lo queremos.
Caresme: Muchas gracias.
Roxcio: ¿Esto te responde? Gracias.
Zujeyane: A todo esta dispuesto.
Medialuna: Gracias.
Mariana Yaneth: La vida es un mundo de posibilidades. Solo es cuestión de creer. Si lo sé soy ingenua.
Gleri: mmmm que imaginación. Si, muy interesante, pero, ¿ahora que opinas?
Sandra32321: Gracias, a mi tampoco me agrada Rose.
Malicaro: Gracias.
Gaby Twiligth: Valio la pena mantener la esperanza.
Luchy: Hola, gracias por leer. Esta es una secuela de un fic llamado Por Amor, no me has dicho si lo has leído o no. En el epilogo, Edward hace su aparición cuando supuestamente esta desaparecido. Aquí, su familia lo cree muerto. Por lo que en realidad, Edward nunca estuvo totalmente fuera de la historia, hacia pequeñas apariciones que ahora podrán identificar claramente, como el desconocido en capítulos anteriores. El summary también lo dice todo ¿Qué hará Edward por amor?.
El fic, tiene como personajes principales a Edward, Bella y Rosalie. En las categorías nosotras como lectoras tenemos la mala costumbre y lo digo porque yo también lo hago, de relacionar Edd/Bell como personajes de romance, cuando en realidad la categoría se refiere a personajes principales y esto no quiere decir que al final de la historia se queden juntos (no hablo del final de esta historia). Lo siento si por accidente te engañe. No quiero que pienses que coloque la categoría de esta manera por que quiera mas lectores, no te lleves esa mala impresión. Creo que si la historia no te atrapa en los primeros tres capítulos no lo hará en los siguientes. Los lectores llegan por accidente o bien porque ustedes mismos los recomiendan, como paso con Por Amor, por ahí lo leyeron y comenzaron a hablar de el en los foros, o paginas de Facebook. Y me encuentro en deuda y muy agradecida con quienes hicieron y hacen esto. Todo lo que aparezca en esta historia que a simple vista sea extraño o fuera de lugar tienen una razón de ser, obviamente el autor no te dará la respuesta abiertamente, porque entonces… ¿Dónde queda la emoción de descubrir los secretos de la historia? Gracias por tu comentario y seguimos en contacto.
Gracias por todo, disculpen mis errores ortográficos. Nos vemos en 15 días.
Besos.
Chapter 8: Chapter 8
Por amor
"Una oportunidad para amarte"
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer. Trama a Rakelluvre.
Betas:
Lillian Mcarty y Sarobari.
Asesores:
Dr. Yumel22
Lic. Miryam Álvarez Rodríguez.
Al nuevo lector: esta es la secuela del Fic Por Amor. ¡Bienvenidos!
Nota: los diálogos en cursiva son flash back
Rose
Estaba llegando a la oficina, aun me dolía el cuerpo de la última golpiza que me dio Paul, pero no podía darme el lujo de perder mi empleo. No ahora que tenia una razón por la que velar. Cuando di vuelta a la esquina, pude reconocerlo a pesar de la enorme distancia que aun me faltaba para llegar. Iba a dar media y vuelta para huir, pero fue demasiado tarde, él me reconoció. Yo no podía correr, por lo que la otra opción era acercarme más a la empresa. Era la hora de llegada de todo el personal, suficientes testigos para que él, no se atreviera a tocarme. Acorte la distancia, a pesar de que mis piernas y manos temblaban, mi decisión de deshacerme de Paul no lo hacia.
—Rose, cariño —se acercó a mí e intentó darme un beso, el cual yo evadí girando mi rostro a un lado—. Perra te crees muy lista, al demandarme ¿no? —me susurró en el oído.
—Te recuerdo, que estas infringiendo la ley al venir hasta aquí. Hay una orden derestricción —le recordé, mirándole a los ojos.
—Tú y tu orden pueden irse al carajo. Será mejor que las retires o vas a lamentarlo —me tomó del brazo y jaloneo.
—¡Suéltame! —al instante lo hizo, ya que algunos compañeros se giraron al escucharme.
—¿Por qué no quieres que nadie nos vea juntos? ¿Acaso es por que tu amante pueda enterarse?
—No hay ningún amante Paul. Mira lo que me has hecho —señale mi rostro marcado por su mano dura.
—Rose, hija debemos entrar ya o tendremos retardo —No me había dado cuenta cuando llego la señora Cope quien trabajaba en intendencia, se posó a mi lado y tomó mi mano, para alejarme de Paul. Ella estaba ayudándome y yo se lo agradecí profundamente.
—Si vamos —le dije mirándola con agradecimiento. Mientras que Paul me miraba con odio.
Cuando entré al edificio sentí un gran alivio. Pero ahora debía actuar rápido, no me quedaba otra solución, que renunciar a mi trabajo.
Jane
Eran las ocho treinta y cinco de la mañana, Bella aun no salía de su recamara, últimamente, dormía un poco más o la notaba muy cansada. Supongo que es debido al estrés de la oficina y de la fundación. Por lo que le comentaré que me haré cargo de los pendientes que haya el día de hoy en la fundación, para darle un respiro. Me niego a otra visita por parte de Edward como la de ayer si a ella llegara a sucederle algo…
—Jane, Jane, Jane. Pensé que habías superado tus malos hábitos.
—¿Cómo… cómo entraste?
—Olvidas que este departamento es mío.
—Eso no significa que puedes entrar de esta manera, por muy dueño que seas estas violando la privacidad de quienes vivimos aquí. Te recuerdo que me has prestado el departamento.
—¡No me salgas con estupideces! —me gritó.
—¿Qué es lo que quieres? ¿Qué Bella te encuentre aquí? —le pregunté, cuando se ponía en su plan pesado era realmente odioso.
—¡Lo que quiero es que no me olvide!, lo que deseo, es salir de estas malditas sombras lo antes posible y poder suplicarle perdón, que me permita regresar a su lado —decía desesperado, halando sus cabellos con ambas manos.
—¿Has bebido? —le pregunte, estaba muy extraño y me daba un poco de miedo.
—No. Estoy desesperado de verla ir y venir de un lado a otro. Y yo detrás de ella oculto a sus ojos, solo mirando como ese imbécil se acerca tratando de conquistarla —me decía con la mirada perdida en algún punto de la habitación—. Los malditos celos siempre presentes de tan solo pensar que pueda estar olvidándome.
—Fuiste un desgraciado con ella, ¿no es mejor que la dejes vivir con alguien que pueda ofrecerle una nueva vida?, ¿qué pueda darle lo que tu no puedes? Hijos, Edward. ¿No es mejor seguir muerto? —en ocasiones pensaba que él no era bueno para ella, había demasiado odio en el corazón de este hombre.
—La amo Jane —me dijo con su rostro lleno de dolor.
—De una manera muy egoísta. Solo estas pensando en ti —y era cierto, él había olvidado ya ciertas cosas, que como mujeres nosotras jamás olvidamos. Su engaño, sus palabras hirientes y sus golpes.
—No Jane, te equivocas. Si fuera egoísta no estaría muerto legalmente para protegerla —me tomó de ambos brazos, su agarre me lastimaba, él estaba muy desesperado—. Jane por favor no permitas que ella tenga una relación con alguien más. Cuando sea el momento te juro que si ella me rechaza yo sabré retirarme. Solo quiero una oportunidad.
—Edward, cuido de Bella no porque tú me lo pidas. Lo hago por que es mi amiga. Pero no hablare bien de ti, que fuiste un…. Agh no hay palabras para describir lo que fuiste, maldito psicópata. ¡Largo de aquí! —como pude me había soltado de su agarre y con mi mano derecha le señale la puerta.
—Jane… —me suplico.
—¡Vete antes de que te encuentre aquí! ¡Maldito loco!…
De tan solo recordar como salió de aquí molesto por no estar de acuerdo con él, me producía escalofríos. Pero yo estimaba a Bella y en ocasiones Edward me daba miedo con su vida caótica, la oscuridad que lo envolvía y secretos que no había querido revelarme. Suspiré y continúe haciendo el desayuno de esta mañana.
Batía los huevos para hacer un omelet para desayunar, cuando Bella llegó a la cocina no se le veía un buen semblante.
—¿Bella, te sientes bien? —ella me miró y de pronto sus ojos se cerraron mientras su cuerpo se desvanecía, solté lo que tenía entre mis manos y solo alcance a impedir que su cabeza se golpeara contra el suelo sujetando sus hombros antes de impactarse contra el piso —. ¡Bella! …
La recosté en el piso con mucho cuidado, busque su pulso, era irregular. Después saque de la alacena el botiquín. Al ponerle el algodón con alcohol cerca de la nariz despertó.
—¿Qué… sucedió? —pregunto apenas recuperando el conocimiento. Hablaba con dificultad.
—Te desmayaste. Te ayudo a levantarte.
—Espera… —estaba muy débil como para que pudiera levantarse aun con mi ayuda.
—Mientras te recuperas, dime a que medico puedo llamar para que te revise.
—A Carlisle Cullen… en mi bolso… esta mi agenda
Llame al Dr. Cullen nos pidió que fuéramos de inmediato al hospital. Cuando llegamos la recepcionista nos indicó el consultorio del Dr. Cullen, Bella se notaba muy débil. La secretaria del Dr. Nos informó que debíamos esperar unos minutos ya que había un paciente dentro del consultorio.
—Siéntate aquí, mientras esperamos nuestro turno llamare a la fundación y a Emmett.
—Si —respondió.
Ethan
Estaba preocupado, había estado quince minutos frente al edificio a la hora de entrada esperando a que Bella y Jane llegaran como todas las mañanas. Ellas nunca aparecieron. Por lo que la ansiedad comenzó a apoderarse de mí. Cruce la calle con un café en mano, entre al edificio y subí al elevador hasta el piso de Bella. Marian su secretaria, terminaba una llamada en el momento en que me acerqué a su escritorio.
—Buen día, Marian —la saludé mientras le regalaba una sonrisa amable.
—Buenos días señor Reader —respondió nerviosa.
—¿Ya llego la jefa? —le pregunté y bebí de mi café.
—No, de hecho la señorita Jane, acaba de informarme que no se presentara el día de hoy, pero si necesitas algo ella vendrá mas tarde.
—¿Pasó algo? —le pregunté queriendo saber más.
—No lo sé —dijo levantando sus hombros.
—Muchas gracias Marian —le dije y me despedí sacudiendo mi mano mientras daba vuelta de regreso al elevador.
Cuando entré en la oficina de Jane, tome el teléfono que había en el escritorio y la llame al celular… estaba apagado.
—¡Maldición! —iba a intentarlo nuevamente, cuando una llamada entrante a mi celular me lo impidió.
—Diga… —respondí de mala gana.
—Señor Reader, soy Rosalie.
—Buenos días señora Hale, ¿en que puedo ayudarla? —le respondí profesional, no quería que se sintiera en confianza conmigo mas de lo debido.
—Es que mi esposo ha venido a mi trabajo y me ha amenazado, quiere que vuelva a su casa. He renunciado a mi empleo, él no me dejará en paz.
—¿Dónde se encuentra ahora? —le pregunté, ya que podía ser presa fácil para su esposo si el la seguía y ella se encontraba en el lugar equivocado.
—Voy rumbo a la fundación, en un taxi. Temí encontrármelo por los alrededores de la empresa.
—Hizo lo correcto, me encargare de que agilicen su detención por la violación a la orden de restricción que se le emitió.
—Si de hecho me dijo que si no retiraba las demandas lo iba a lamentar.
—De acuerdo.
Al término de la llamada suspiré, ese hombre nos daría varios dolores de cabeza.
Jane
Estaba preocupada pues ella se veía mal, muy débil, apenas podía moverse y respirar. Hablé con Marian para que cancelara cualquier cita que tuviera, pero me informó que tenia una muy importante, era de un empresario al que habíamos estado persuadiendo para que nos hiciera un campo en su agenda, de esa manera poder presentarle nuestro proyecto y conseguir un donativo. Maldije por dentro, le dije que yo me presentaría a la cita en su lugar. Llame a Emmett informándole el estado de Bella, él quedó en hacerse cargo de todo y pidiéndome le dijera que no se preocupara. Al terminar la llamada vi al Dr. Cullen, un hombre muy guapo a pesar de su edad, más que un Dr. Parecía un modelo de revistas y pasarelas, con su cabello rubio y sus ojos azules. Y que decir de esa sonrisa. Me acerqué a ellos.
—Buenos días. —dijo mientras se acercaba y ayudaba a ponerse de pie a Bella.
—Hola, Carlisle —le respondió Bella, mientras le abrazaba y depositaba un beso en la mejilla del Dr.
—Buenos días Dr. Soy Jane Vulturi, ¿me recuerda? —le saludé, nos habíamos conocido el día en que dieron de alta a Bella, yo los recibí en su lugar, ese día me había costado mucho trabajo persuadirlos de dejarla ir sin informarle acerca de Edward, fingiendo no saber nada del asunto. Pero mi argumento de que ella apenas estaba recuperándose de la fuerte depresión causado por el maltrato de su esposo, encima la anorexia, por lo que era mejor darle tiempo para verles, ahora que se enfrentaba a la realidad de recuperar lo que le quedaba de su vida y volver a empezar.
No había sido con él con quien ocasionalmente tenia contacto, había sido con Esme,
el día que nos conocimos les di todos los datos de donde estaría Bella, también haciéndoles saber que sin ninguna pena podían llamar, aun cuando ella no les tomara las llamadas yo si lo haría, les mantendría informados de su salud. Esme, era quien comúnmente llamaba y ocasionalmente Alice. Les hablaba de ella, su salud y estado de ánimo En ocasiones, alguna anécdota graciosa, de cuando comenzó nuevamente a reír, cuando dejó de llorar o empezó a comer golosinas sin sentirse mal por ello.
—Por supuesto que la recuerdo señorita Vulturi, ¿cómo olvidar a un ángel como usted? Por favor acompáñenme —Bella me miró extrañada.
—No me mires así, nos conocimos el día que saliste de la clínica, tú me enviaste a despacharlos por ti —miré al Dr. y le guiñé el ojo en complicidad, no era necesario decirle el resto. Él me sonrió.
—Lo siento —respondió apenada.
Entramos al consultorio, y ahí el Dr. Cullen comenzó a interrogar a Bella.
—Dime Bella, ¿cómo te has sentido en estos días? —le preguntó mientra la observaba con detenimiento.
—Bien, solo un poco cansada —respondió insegura.
—¿Solo un poco? —preguntó con una ceja levantada y media sonrisa, él no le creía y por supuesto yo tampoco.
—No, en realidad bastante cansada y con mucho sueño —respondió al fin, suspirando derrotada por sus inútiles esfuerzos por mentir.
—¿Has tenido dificultades para respirar?
—Si.
—¿Desdé cuando?
—Antes de volver a America. Creo que fueron tres ocasiones pero ahora ya es mas frecuente. En ocasiones no puedo moverme demasiado.
—Bien, necesito que te cambies de ropa, detrás del biombo encontraras una bata. Si necesitas ayuda puedo llamar a una enfermera o si prefieres la señorita Jane puede pasar contigo.
—Gracias —le respondió ella, y luego me miró. No necesitaba decirme nada. La ayude a cambiarse y una vez que estuvo lista se sentó en la camilla para ser revisada.
El Dr. Cullen al revisarla tenía el rostro indescifrable. Para ser sincera, estaba muy preocupada; al parecer la cuestión era más que un simple desmayo por falta de descanso. Cuando terminó la revisión le sonrío y apretó su mano en señal de apoyo.
—Vamos a realizarte un ecocardiograma para saber como está funcionando el marcapasos. Recuerda que habíamos hablado que este tiene un tiempo de vida limitado y que en algún momento se debía remplazar. De acuerdo al resultado programare la cirugía para remplazarlo.
—¿Entonces este es el caso?, ¿el marcapasos esta fallando? —preguntó Bella con preocupación.
—Lo sabremos con los estudios que vamos a realizarte. Pero de acuerdo a los síntomas que presentas es una opción.
—¿Debo preocuparme?
—No voy a engañarte Bella, esto es algo muy serio. Es por eso que vamos a mantenerte hospitalizada para monitorearte. Es necesario el reposo. Ten en cuenta que si el marcapasos falla y no hay nadie que pueda auxiliarte podrías morir.
—Entonces ¿ella se quedara aquí un tiempo? —pregunté, él asintió. Bella me miró y podía ver en su rostro el temor —. Bella tranquila el Dr. No permitirá que suceda nada malo.
Salimos del consultorio, mientras me encargaba del papeleo, Bella fue trasladada a la que seria su habitación. Cuando terminé llamé a Edward.
—Hola, guapo.
—¿Qué sucede Jane?
—No tengo mucho tiempo, Bella se desmayo esta mañana, la traje con tu padre para que la revisara, de momento está bien. Te explico mas tarde. Debo irme.
—Espero tu llamada —el Dr. Cullen venia hacia mí, guarde mi celular en mi bolso.
—Ya está instalada, este es el pase de visitas. Te recomiendo nada de emociones fuertes.
—De acuerdo Doctor.
BELLA
Decir que no tenía miedo era mentirme a mi misma, lo tenía y mucho. La plática con Carlisle me preocupó. En momentos como estos en los que sabes que tu vida corre peligro, piensas en muchas cosas, por ejemplo en todo lo que te falta por hacer. Las personas a las que con tu actitud has alejado. Pienso en la familia que Edward me regaló, sus padres y su hermana; ellos con quienes fui grosera al negarme al verlos en tantas ocasiones. También cruza por mi mente Edward. Durante tres años había pasado cada día de mi vida odiándolo por el daño causado. Pero en el ultimo año había estado buscándolo, arrepentida por haber creído que durante todo este tiempo yo no le importe. Pero ahora pienso en sus palabras cuando me pidió que lo olvidara, para comenzar una nueva vida sin dolor o pena, luego que le recordara. Ahora entiendo sus palabras y hasta puedo tener la seguridad de que él sabía o presentía lo que sucedería y que no volveríamos a vernos. Hoy había llegado el momento de dar vuelta a la página, de perdonarlo y perdonarme a mi misma por mis errores. De olvidarlo para solo recordar con cariño los momentos hermosos y todo lo que hizo por mí. De darme la oportunidad de amar de nuevo y buscar aquello que no pudimos lograr juntos.
Edward
Mi corazón se detuvo por un momento, cuando Jane me llamó para decirme que Bella se había desmayado y habían ido con mi padre para revisarla. Todo la mañana me debatí en presentarme ante ella y decirle la verdad, que estaba aquí. Que la amaba aun más de lo que alguna vez lo hice. Pero no podía, no en este momento.
Una sonrisa apareció en mis labios pero no de felicidad, era de tristeza y melancolía. La añoranza de un pasado donde fuimos felices borró esa sonrisa de mi rostro, endureciéndolo. Maldiciéndome por todo lo que tuve y que por mi estupidez perdí. Por ellos que me arrebataron la oportunidad de recuperar lo perdido. Ahora solo debía conformarme con la esperanza de que todo acabe pronto.
Mike
Era la hora del almuerzo, como todos los días Jessica y yo lo tomábamos juntos, estábamos esperando a que nuestras órdenes llegaran cuando mi celular comenzó a sonar. Vi en la pantalla el número telefónico de mi acosadora. Heidi. Ignoré la llamada pero esta volvió a insistir.
—¿No vas a responder? —me pregunto Jess al ver que hacia caso omiso al llamado.
—No es de la oficina y quiero almorzar tranquilo.
—Mmm
Por tercera ocasión el teléfono sonó, por lo que opte por apagarlo.
Ethan
Estaba revisando algunos casos que Jane tenía en su escritorio, me había entretenido demasiado que no me percaté de la hora hasta que ella llegó.
—¿Qué haces aquí? ¿ Acaso, quieres quitarme mi puesto? —dijo mientras depositaba su saco detrás del respaldo de la silla donde me encontraba y su bolso a mi lado.
—Algo así. Estoy revisando estos casos que tenias aquí —le señale.
—Si son casos nuevos y no están asignados a ningún abogado aun.
—Pídele a Bella que me los asigne a mí, si es que no quieres encontrarme siempre en tu oficina.
—Estas de suerte, seré la encargada durante un tiempo.
—¿Dónde esta mi novia?
—Brincos dieras, que fuera tu novia.
—Dime.
—Se desmayó esta mañana, fuimos al doctor y está hospitalizada en observacón. Mañana le realizaran algunos estudios para verificar como anda funcionando el marcapasos.
—¿El marcapasos?…
Mike
Cuando estuvimos de regreso al trabajo Jessica estaba distante, maldita Heidi y estúpido cobarde. Una vez dentro de las instalaciones me dirigí a la oficina de Eleazar, a cumplir con la segunda parte del plan de Anthony. Ganarme la confianza de Eleazar.
Di tres toques suaves a la puerta de su oficina.
—Adelante.
—Buenas tardes Eleazar, ¿tendrás tiempo para una charla personal?
—Por supuesto Mike ¿que sucede? —me dijo levantando la mirada hacia mi rostro y señalándome un asiento.
—Tuve una relación casual —le mire apenado pero en su rostro no había ningun sentimiento de reproche—, ahora ella esta extorsionándome. Ya no puedo sacar más dinero de las cuentas o Jessica sabrá del faltante —él asintió—. Necesito trabajos fuera de esta empresa que me ayuden a solventar ese gasto hasta que encuentre la manera de deshacerme de ella.
—¿Entonces quieres saber si yo puedo ayudarte con esos trabajos extras?
—Solicite un préstamo a la firma. Pero diablos ¿que pasará al mes siguiente? ¿De donde obtendré más dinero? No sé que mas hacer estoy desesperado.
—¿Por qué no haces lo mismo?, busca algo con la que puedas extorsionarla para que te deje en paz.
—Lo he intentado, pero no hay nada, la zorra esta limpia.
—Los accidentes ocurren todos los días —sugirió y yo casi dejo caer mi quijada de asombro ante su insinuación.
—Aun no estoy tan desesperado —le respondí.
—Déjeme ver que puedo hacer y te aviso.
—Te estaría eternamente agradecido.
Edward
Estando aquí en un viejo auto fuera del hospital, me ponía a soñar con un futuro en el que pudiéramos estar juntos. Sueños solo eso. Pero dicen que los sueños se pueden realizar, yo lucharía por hacerlo real.
Vi a jane llegar, mi móvil sonó, era ella.
—¡Eres un maldito enfermo!, ¿qué haces aquí afuera acechándonos? —solté una carcajada divertida.
—Estoy cuidándola mientras tú no estas —le dije.
—¿Cómo vas a cuidarla estando tú afuera y ella dentro? —el tono de su voz era de esos que te decían que estaba llamándote imbécil. Negué con la cabeza, divertido.
—Ella a dormido todo el día —respondí.
—¿Cómo puedes saber eso? —silencio— ¡Oh! ¡por Dios! Entraste —afirmó.
—Mmm tengo mis trucos.
—Edward, comienzas a asustarme, en serio debes pedir ayuda —reí.
—No hay nada de malo en querer protegerla.
—Pero, ¿Qué hubiera pasado si te encuentras con Carlisle? —insistió. Suspiré hondo.
—De acuerdo me excedí.
—Ten cuidado o van a descubrirte. Adiós, psicópata —me cortó la llamada, sin decir mas.
Bella
Un ruido y movimiento en mi cama me despertaron, abrí mis ojos, y me tope con la mirada curiosa de Jane, sentada a mi lado.
—Has llegado. ¿Qué hora es? —pregunté.
—Las cinco.
—¿Tanto he dormido? —me sorprendió la hora.
—Al parecer si, desde que me fui.
—¿Por qué estas viéndome así? —ella me observaba queriendo descubrir mi alma y eso no me gustaba.
—¿Así como?
—Raro.
—¿Sabias que hablas dormida?
—Mmm ¿dime que no dije nada vergonzoso? —tapé mi rostro con ambas manos.
—No te preocupes, solo le has dicho a Edward en sueños que es un idiota y que amas a Ethan.
—¡Eso es mentira! —me exalté a lo que ella puso una mano en mi pecho y me sonrió.
—Si, lo es. Pero fue divertido ver tu rostro. En realidad solo llamabas a Edward en sueños —suspiró derrotada pero no comprendía el por que—. Será mejor que te pongas guapa, tienes visita.
—¿Quién es? —pregunté esperanzada porque fuera Esme o Alice. Deseaba poder verlas.
—Emmett —no eran ellas, pero si me alegraba ver a Emmett.
Me ayudó a cepillar mi cabello enmarañado, y después llamó a Emmett desde la entrada de la habitación para que pasara..
Edward
Me había quedado dormido, al ver la hora, cuarenta minutos habían transcurrido. Entonces le vi entrar al edificio. La ira inundo todo mi ser, ¿cómo se atrevía a presentarse ante ella?, ¿cómo siquiera podía pensar arrebatarme a mi mujer?. Furioso, arranque el auto, largándome lo más rápido que pude del lugar.
Bella
—Hola
—¡Bella!
—Emmett con cuidado —le dije, el hombre no media su fuerza cuando te regalaba uno de sus abrazos efusivos.
—¿Cómo te sientes? —me preguntó con el ceño fruncido, Jane nos observaba desde el rincón de la habitación, al parecer no le caía muy bien Emmett, siempre evitaba hablar con él.
—Descansada y mucho mejor.
—Eso esta bien —Jane se sentó frente a nosotros en el sofá que había en la habitación, mirando una revista.
—¿Cómo fue hoy en la firma?
—No debes preocuparte, sabes que puedo mantener todo bajo control —sonreí.
—¿Qué te ha dicho el medico?
—Que posiblemente el marcapasos esté fallando, si es así me harán una cirugía para remplazarlo.
—Vamos preciosa, tienes que estar con los ánimos en alto. Recuerda que aun tienes toda una vida que recorrer y muchos corazones que romper antes de encontrar al indicado —un suave toque interrumpiendo a Emmett.
Emmett camino hasta la puerta y la abrió sin preguntar quien llamaba…
Ethan
Compre un ramo de Rosas blancas para Bella. Mientras caminaba el aire fresco me relajó. Llegué al hospital y pedí informes de la habitación de Bella.
Toqué un par de veces para anunciarme, nunca pensé que seria recibido por el asistente de Bella. Quien me miraba asombrado. Lo mire a los ojos, entonces el sacudió su cabeza de un lado a otro mientras fruncía el ceño.
—¿Quién es Emmett? —escuche que le preguntaba Bella, por lo que lo esquive pasando dentro de la habitación—¿Qué hace aquí? —preguntó Bella al verme.
—Yo…
—No me diga. ¿Quiere un aumento, por eso esta aquí? —me asombró su actitud, ella estaba bromeando conmigo.
—Algo así, de momento me conformo con que me asignen mas casos, señora. —le sonreí y ella me regreso la sonrisa. Me acerqué y le señale el ramo de flores.
—Gracias, pero no piense que me comprara con unas simples flores. ¡Vamos, sé que puede hacerlo mejor! —me dijo sonriéndome. ¿Acaso estaba coqueteando conmigo? Mire a Jane esta, estaba con la boca abierta mirándonos estupefacta. Y cuando vi por un momento al grandote, tenía el ceño fruncido. Reí en mi interior. Punto para mí, cero para el gigantón.
—No lo hago. Pero no puede negar que es un bonito detalle, a las mujeres les gustan las flores a menos que usted sea la acepción a la regla. —le sonreí.
—No lo soy, de hecho las rosas son mis favoritas —le ofrecí el ramo y ella lo tomó. Nuestras manos se tocaron por un momento y la electricidad no se hizo esperar. Nuestras miradas chocaron, entonces nada existía a nuestro alrededor salvo ella y yo.
…..
Mike
Era el final del día fui por Jessica para retirarnos a casa, pero ella no se encontraba en su escritorio. Me acerqué a la puerta de Eleazar y pude escuchar que hablaba con alguien.
—Uley, no podemos confiarnos con que el mal nacido no haya aparecido durante estos cuatro años. Estoy seguro que tarde o temprano Edward volverá por lo suyo. Pero debemos encontrarlo y matarlo antes de que lo haga —si en algún momento dudé de la palabra y salud mental de Edward ahora confiaba ciegamente en él. Edward no mintió cuando me dijo que Eleazar lo había secuestrado en confabulación con los hijos de Sam Uley.
—…
—Debemos seguir a su zorra, tal vez, después de tanto tiempo ya haya hecho algún contacto con ella. Su nombre es Rosalie Hale.
Nota:
Hola disculpen el retrazo pero al fin llego. Gracias por sus comentarios. Chicas en este momento se me cierran los ojitos por lo que responderé solo los Review donde haya preguntas.
….
¿Cada cuando actualizo? En este momento no tengo una fecha especifica, todo depende de que trate el capitulo y sinceramente hemos comenzado ya con la parte difícil del fic. Por ejemplo, este capitulo lo reviso Yumel (parte medica) ella me ayuda a diagnosticar la enfermedad de Bella, pero no solo es tratar dos o tres diálogos, como en este capitulo; también hay que ver como se desarrollara la trama cuidando algunos aspectos de capítulos posteriores. Miry (parte legal) ocurre lo mismo con la parte medica aunque no se ha visto mucho aquí también hay que cuidar lo que se escribe. Lillian ( Trama y estilo) y Sarobari (ortografía).
Como se darán cuenta hay una gran labor detrás de cada capitulo, por favor, si nos retrasamos a la fecha aproximada que les suelo dar, ténganos un poquito de paciencia. Esto se los hago saber para que no piensen que me olvido de ustedes. Muchas gracias por continuar aquí. Y gracias a mis Betas por su tiempo y ayuda.
…
En capítulos anteriores no lograban identificar quien era el que hablaba y si, no me equivoco son los diálogos de Edward, ¿por qué? Porque no quería que supieran que era él.
…..
El fic se divide en tres partes, esta es la segunda y la tercera también viene independiente.
….
Anatxp, pili, Geny Ramirez, Catrina00, Paola 14 ya lo sabes ahora. Cullen Vigo, Ludwikacullen, janalez, Ame D Cullen, Lillian ¿el loquito? Sandra 32321, Pregunta que yo no responderé ja ja, Kela Viquez, lo sabrán en el penúltimo capitulo. Asheyswan, Karenov17, Lys Cullen, Mami Cullen, Pilar, Marjhoncullen, Suiza19, Paky32, Naty Nessie C, Rosi 22, Si, Mel, Dani-vg9806, Mahely, Cindylis, Luisinha, yo tambien pero me tardaria mucho en actualizar, Maithe, Diana, Stefanny93, Bellita001, MalloryG, Grandma´s, Bery. Castel, Tata Xoxo, Isis Janet, Zujeyane, Ela fordyce, mmm, crematlv, Caresme, Mariana yaneth, Roxio, Bella Rocio, Mariee cullen, Pekascullen, Medialuna, Gracias, Marian24, Elizabeth, Gaby Twilight, gleri, Elizabeth Swan te respondi por PM, Patt gracias. Anónimos.
Gracias a todos, nos leemos el 30 septiembre aproximadamente.
Chapter 9: Chapter 9
Por amor
"Una oportunidad para amarte"
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer. Trama a Rakelluvre.
Betas:
Lillian Mcarty y Sarobari.
Asesores:
Dr. Yumel22
Lic. Miryam Álvarez Rodríguez.
Al nuevo lector: esta es la secuela del Fic Por Amor. ¡Bienvenidos!
Capítulo 9
Bella
La mirada de Ethan sobre mí me mantenía presa en su telaraña, pero su encanto desapareció con el carraspeo de Jane. Sintiéndome muy avergonzada la miré y ella me dio una mirada de advertencia. No supe la razón y se me hizo extraño ya que siempre insistía con Ethan.
—¡Bueno, yo tengo que retirarme! —soltó Emmett, con voz más alta de lo debido, para una habitación pequeña.
—Gracias por venir Emmett —le dije con sinceridad, mientras se acercaba y me abrazaba.
—Piensa bien lo que hablamos —me dijo cerca de mi oído. Ethan lo miraba de una manera fría y extraña. ¿Acaso eran celos? Emmett se despidió de Jane con un movimiento de mano a lo lejos, y salió no sin antes prometer volver al día siguiente.
—Ethan, ¿no tienes otras cosas que hacer, aparte de venir a molestar? —le preguntó Jane mientras ojeaba una revista despreocupadamente.
—En realidad… no —respondió mientras me regalaba una sonrisa. Pero la tensión entre Ethan y Jane se podía palpar.
—Cuando le den de alta, ¿le gustaría salir a cenar conmigo? —me preguntó Ethan. Mientras que con su dedo índice acariciaba mi mano derecha postrada en la camilla. Al escuchar su proposición sonreí nerviosa. Lo sentía avanzar demasiado rápido.
— No lo sé… yo…
—Tal vez la operen, ¿no crees que estos temas deberías tratarlos en otra ocasión? —dijo interrumpiendo Jane, muy molesta.
—¿No crees que necesita motivación? —respondió él de manera cortante y molesta.
—Y ¿se puede saber por qué demonios crees, que tú eres una motivación para ella? —rebatió Jane.
—¿Por qué no puedo serlo?
—¡Hey! ¿Qué ocurre con ustedes dos? —pregunté. Cuando Ethan iba a responderme fue interrumpido por dos toques a la puerta y luego quien llamaba entró. Era Carlisle.
—Buenas tardes —saludó. Pero cuando deparó en la presencia de Ethan retrocedió un paso asombrado. Ethan se encontraba mirándome, de perfil a Carlisle. Luego giró su rostro para observar a mi doctor.
—Buenas tardes —Ethan saludó y retrocedió hasta donde se encontraba Jane que se había puesto de pie, sonriendo.
—Doctor Cullen —saludó Jane muy efusiva.
—Disculpen —interrumpió Ethan—. Isabella espero se reponga pronto. Debo retirarme mi hermano esta esperándome en el estacionamiento.
—Gracias por venir Ethan, Sigue esforzándote por ese aumento —le dije, bromeando, a lo que él asintió.
—Con su permiso —se despidió. Saliendo de la habitación dejándome ¿vacía? Jane sonrío y se acercó a un lado de la camilla, me tomó de la mano y entonces preguntó a un pensativo Carlisle:
—¿Ya le han dado los resultados de los estudios?
—De acuerdo a el resultado de los estudios, Bella, me temo que efectivamente el marcapasos no se encuentra funcionando correctamente. Se tendrá que realizar la cirugía para sustituirlo, lo más pronto posible.
—¿Cuándo seria?
—La cirugía se programara en dos días, para prepararte.
—De acuerdo —suspire, con el pensamiento de que todo saldría correctamente.
…
Ethan
Salí de la habitación de Isabella con una sonrisa en los labios, feliz por su cambio de actitud para conmigo. Doblé la esquina del pasillo para encontrarme con un Emmett recargado en la pared, mirando el suelo pensativo. Cuando se percato de mi presencia, yo pasaba frente a él.
—Nos conocemos de otra parte —afirmó. Paré mi paso y sin siquiera verlo le respondí.
—No lo creo, pero he escuchado mucho sobre ti.
—¿De quien? —solté una carcajada. Me di media vuelta para encararlo y mirándolo a los ojos me acerqué solo para que él escuchara.
—Habla con Mike Newton antes que con nadie. Le diré a Edward que le envías tus saludos.
—¿Qué demonios…?
—Shhh es un secreto —le sonreí y lo deje atónito.
Cuando llegué al estacionamiento busqué con la mirada aquel que compartía conmigo los genes de nuestra madre Elizabeth. Aun no llegaba, saqué de mi chaqueta la caja de cigarrillos y de esta uno, lo llevé a mis labios para encenderlo y tranquilamente espere su llegada.
Mike.
Al escuchar las palabras de Eleazar en cuanto a matar a Edward caí en cuenta de lo peligroso que era el asunto y del riesgo al que exponía a mi familia.
—Mike, ¿Qué sucede? Te noto extraño, preocupado —me preguntó Jessica mientras salíamos del coche para entrar a casa.
—No es nada Jessica, son cosas del trabajo respondió con mi mejor semblante cansado.
—Ayer llegaron los estados de cuenta del banco —me dijo Jessica mientras entramos a la casa.
—¿Y? —dije despreocupado, pero estando seguro de que ella sabe de los retiros que he hecho.
—En nuestra cuenta de ahorros no hay incrementos, al revisar los movimientos hay disposiciones de tu tarjeta. ¿Para que ocupaste ese dinero? —Jessica se caracterizaba por siempre hablar las cosas antes que discutirlas, pero eso no me dejaba muchas salidas para evadirla.
—Le presté a Emmett, no te preocupes me pagara en un mes.
—Mike sabes que ese dinero es el fondo de ahorro para nuestra hija, ¿por qué lo ocupas sin consultarme? —ahora si estaba molesta.
—Emmett va a regresarlo, no creí necesario informarte. Pero disculpa, no volverá a ocurrir —y de verdad esperaba que no volviera a ocurrir.
—De acuerdo.
Terminada la discusión me dirigí a la biblioteca, debía informar a Edward sobre lo que escuche de Eleazar. Prendí las luces y desde mi celular marqué al celular de Edward. Tomé asiento mientras esperaba a que respondiera.
—Dime ¿Qué ocurre?
—Escuché una llamada de Eleazar, sabe que no estas muerto y están buscándote. Van a seguir a Rosalie.
—Emmett ya sabe que estoy vivo, quiero que le cuentes lo que sabes. Mañana pónganse en contacto conmigo.
A la mañana siguiente, recibí un mensaje de Emmett pidiéndome pasara a verlo en la oficina en cuanto llegara.
Al llegar al piso me encontré con la nueva secretaria. Ella me sonrío al verme y me dijo:
—Señor Newton, el señor McCarty lo espera —me indicó muy profesional.
—Gracias. ¿Cuál es su nombre? —su rostro se me hizo muy conocido.
—Leah Reader señor.
—Un gusto y bienvenida.
—Gracias.
Di un toque a la puerta y entré a la oficina. Emmett tenía el ceño fruncido y me miraba dudoso. Tomé asiento y sonreí mientras negaba con la cabeza.
—Me dijo que ya lo sabes —le dije.
—¿Saber que? —me preguntó mientras evaluaba con la mirada cada uno de mis movimientos.
—Anthony.
—No entiendo explícame —entonces inicié mi relato de cómo él me contacto, hasta la llamada de Eleazar.
—¿Quién mas sabe sobre esto? —su rostro era entre incrédulo y asombrado.
—Tan solo tú y yo. Me pidió que lo llamáramos en cuanto te explicara la situación.
—Está bien.
Marqué el número de Edward, me respondió al primer toque.
—Comunícamelo y pon el altavoz —ordenó de inmediato y sin rodeos.
—Buen día a ti también —le respondí antes de pasar mi celular a las manos de Emmett e indicarle lo que Edward me había pedido.
—¿En serio eres tú? —preguntó removiéndose en su silla.
—Dos cosas Emmett, mantén tus pantalones en su lugar cuando se trate de Isabella. Y la segunda Eleazar es peligroso y en cuanto se le presente la menor oportunidad querrá matarla. Necesito de tu ayuda para detenerlo.
—¡Oh si! ¡Ese es mi buen amigo! —dijo después de una tremenda carcajada— Primero que nada ese hombre que se parece a ti ¿quién es? Porque deberías cuidarle a los pantalones a él y no a mi. Segundo ¿Por qué no lo denuncias y punto?
—Ethan y yo compartimos la misma sangre, historia que no te importa. En cuanto a lo otro… Es complicado Emmett, no hay pruebas suficientes para culparlo de mi secuestro. Acusarlo de fraude no es exactamente de lo único en lo que esta implicado, él trabaja para la mafia. Amenazaron con matarla a ella y a mi familia.
—¿Que vamos a hacer?
—Necesito mas pruebas. Y para ello necesitaré de tu colaboración.
…
Paul
"¡Maldita Rosalie! ¿Quién se cree para levantarme una demanda?" pensaba mientras me comía a besos a Victoria, el timbre sonó; detuve mis caricias sobre el cuerpo de mi amante. Por un momento creí que podría ser Rose, pero al abrir la puerta me tope con dos hombres.
—¿Señor Paul Cambell?
—Si, soy yo.
—Esta es una orden de aprehensión, queda usted detenido por agresión contra la señora Rosalie Hale —me informó. Yo automáticamente retrocedí dos pasos y ví salir a Victoria con todas sus cosas. ¡Maldita zorra!.
—No oficial, están equivocados, ella esta mintiendo —dije sonriendo.
—Tiene derecho a guardar silencio.
Guarde silencio, pero esa estúpida iba a pagar muy caro.
…..
Mike
Ya todo estaba preparado, se suponía que yo me dejaría sobornar por la contra parte del caso Thompson un hombre que violo a una joven, yo represento a la chica. Claro todo era mentira, pero queríamos parecer que los padres de la joven se dieran cuenta y de esa manera despedirme de la firma. Emmett tendría que despedirme, yo recurrir a Eleazar desesperado entonces intentaría convencerlo de ayudarme con algún trabajo. La intención será que me lleve hasta sus negocios ilícitos.
—¿Qué hiciste que? —preguntó Eleazar.
—No lo quiero en la firma, es más, lo quiero lejos de aquí. Escúchame Mike no te demandamos porque has sido nuestro amigo desde el comienzo de esto, pero lárgate ahora. —dijo Emmet.
—¡Estaba desesperado! —grité.
—¡Largo Mike! —Emmett me señalo la puerta.
Salí de la oficina, Jessica estaba fuera de ahí.
—¡Mike! —me llamó, mientras se acercaba. Tenía lágrimas en los ojos y su cuerpo temblaba. Sentía pena por mentirle de esa manera pero si las cosas salían mal no la quería involucrada en esto.
—Ahora no Jessica —le respondí molesto. Me fui directo a la oficina de Eleazar. Cinco minutos más tarde entró.
—¡Eres un imbécil Mike! —me gritó mientras tomaba asiento en su lugar. —si la familia de la chiquilla estúpida habla con los medios nos desprestigiaran.
—Sabes que no hubiera hecho esto en otras condiciones, pero esa mujer amenazó con enviarle fotografías a Jessica.
—Dile la verdad a tu esposa.
—No puedo, eso la destrozaría a ella y a nuestro matrimonio. Por favor ayúdame —supliqué.
—No puedes quedarte aquí, como si nada.
—¡Dios! Hare lo que sea, Eleazar lo que sea…—decía armando un circo y una perfecta actuación de hombre desesperado.
—¿Estas seguro, de que harías lo que fuera por tu familia, aunque eso implique realizar actos ilícitos? —lo teníamos.
—Lo que sea por proteger a Jessica y a mi hija.
—Entonces, ve a casa y descansa, mañana hablaremos sobre un empleo para ti. Pero será mejor que lo pienses porque una vez dentro la única forma de salir es muerto —¡Maldito Edward!.
—Si. Gracias.
Rosalie
Estaba en el comedor de la fundación, leyendo la parte de anuncios del periódico, en busca de un nuevo empleo. Pero no lograba encontrar alguno que me convenciera. Estaba tan entretenida, que no me percaté de la presencia a mi lado del hombre que me liberaría de Paul. Ethan Reader, mi abogado, tomó asiento frente a mí y su imponente presencia me intimidó como lo hacía la de Edward. Por alguna razón este hombre me recordaba a aquel otro al que le entregué mi corazón equivocadamente.
—Ayer por la noche su esposo fue apresado. Debemos asistir a ratificar la denuncia —me dijo muy serio.
—Estoy nerviosa —le mire con terror. Había llegado el momento de enfrentarme a mi agresor y padre de mi hijo.
—No tiene por qué estarlo, todo saldrá bien, se lo aseguro —habló con tal seguridad que terminó por contagiármela.
—Gracias.
….
Bella
Después de la visita de Alice y Esme, había pasado la tarde viendo revistas de famosos, para matar el tiempo, hasta que llegó Jane con mis libros favoritos. Ella había tenido que regresar a casa desde hace una hora. Y ahora sola sin tener nada más que hacer, tomé mi libro de Cumbres Borrascosas para leer un poco. Al abrir el libro, calló la vieja carta de Edward. Esa que nunca fue abierta. Si realmente quería dar vuelta a la página con respecto a esa relación fracasada y su muerte, tenía que cerrar círculos. Y uno no de ellos era lo que quería decirme mediante esta carta. Abrí con mucho cuidado el sobre para no romperlo y saque las hojas dentro, un nudo en la garganta se me formó cuando distinguí su hermosa caligrafía, tan elegante como él.
Amada Esposa:
Desde el fondo de mi corazón, reconozco que he terminado con nuestro amor. Que fui yo quien se equivocó y que tú, lo único que hacías mientras yo te destruía, fue amarme con devoción.
Si tan solo pudiera regresar el tiempo, yo…
Un toque a la puerta me interrumpió, mis manos temblaban y mis ojos se encontraban húmedos de las distintas emociones que me provocaban las palabras de Edward.
—Pase —logre decir después de un momento de silencio. Ethan entró con esa seguridad de rompecorazones que poseía.
—Hola —dijo sonriendo, su vista se poso por un momento en mis manos que sujetaban temblorosas la carta de mi esposo. Caminó hasta mí y me preguntó—: ¿Se encuentra bien?
—Si, no es nada —sonreí pero una lágrima escapó e hizo un recorrido por mi mejilla.
—Hey hermosa nada de lágrimas, ni emociones fuertes —tomó mi rostro entre sus manos y con sus pulgares borró los rastros de llanto. Depositó un suave beso en mi frente y se alejó no sin antes quitarme de entre mis manos la carta de Edward. Doblo la hoja tal cual estuvo todos estos años, para después guardarla en el sobre y dejarla en el libro que estaba leyendo. Me sonrío.
Ethan se quedo a mi lado hasta que la hora de visitas terminó. Al despedirse me dio un beso en la mejilla muy cerca de la comisura de mis labios. Ocasionando que mi piel se erizara. Y sin esperar a que yo dijera algo salió de la habitación.
Ethan
Estaba llegando a mi apartamento cuando recibí una llamada de un número desconocido para mí.
—Diga respondí al tercer toque.
—¿Ethan Reader? —la voz al otro lado de la línea, se me hizo conocida.
—Si. ¿Con quien hablo?
—Jonhatan Lowe, abogado del señor Paul Cambell —Lowe, habíamos estudiado juntos, lo conocía muy bien. Era bueno pero no tanto como yo. Si querían un trato era porque no podrían conmigo.
—¿En que puedo ayudarle? —me hice el desentendido.
—Mi cliente desea hacer un trato con la señora Rosalie Hale —sonreí.
—Lo escucho.
…..
Rose
—¿Entonces Paul quiere darme el divorcio a cambio del perdón? —le pregunté incrédula a Ethan.
—Así es. Me es muy amable de su parte. Le recomiendo no confiar demasiado —me dijo mientras se preparaba un café. Tres de azúcar y dos de café. Mi formula preferida para esa bebida.
—Pero es la salida mas rápida, que llevar esto hasta las últimas consecuencias —le dije mientras llevaba una galleta a mi boca.
—Pero él cometió un delito con usted. Señora, lo mas probable es que no se aleje tan fácilmente como aparenta estarlo haciendo —dijo, yo parecía hipnotizada con cada uno de sus movimientos. Me hacían recordar tanto a Edward.
—Él tiene otra mujer, porque mentiría. Divorciados ya no puede hacerme nada —deduje.
—Mi labor es aconsejarle, pero al final usted decide lo que cree que le conviene —insistió, pero yo quería liberarme lo más pronto posible de Paul.
—Quiero terminar lo más pronto posible con esto. Acepto, otorgarle el perdón.
….
Esme
Llegué a la sala de espera, ahí estaba Jane bebiendo un café en compañía de un hombre que a lo lejos se me hizo familiar. Al acercarme un poco mas y verlo mejor me di cuenta de que era muy parecido a Edward, pero en realidad había rasgos muy diferentes en él. El cabello, los ojos, su postura al sentarse demasiado despreocupada para ser la de mi hijo. Otra característica era la cicatriz en su ceja izquierda ni que decir de su nariz un poco desviada.
—Buenas tardes —saludé a Jane.
—Señora Cullen, buenas tardes. Le presento a Ethan Reader un amigo y colaborador de la fundación —dijo con orgullo.
—Un gusto conocerla señora —se puso de pie y me ofreció su mano. ¡Dios! Podría jurar que poseen la misma altura.
—Igualmente —respondí un poco asombrada pues el timbre de la voz del joven era muy parecido al de Edward. Estaba un poco confundida ¿Podrían existir personas tan parecidas sin tener que ver algo con la sangre? —¿Cuál es su apellido?
—Reader.
—¡Oh!… ¿Bella ya esta en cirugía? —Le pregunté a Jane
—Si. Alice fue a la cafetería con Tanya. —me dijo y tomé asiento al lado de Jane.
—¿Qué edad tiene señor Reader?
—Treita y dos —respondió con una bonita y tímida sonrisa. Esa no se parecía a la de mi hijo.
—Se parece mucho a mi hijo, el esposo de Bella.
—¡Vaya…! nunca me lo dijeron Jane o Isabella, creo que ahora comprendo el por qué su hostilidad hacia mi persona.
—Mi hijo desapareció hace más de cuatro años, debes recordárselo. No se lo tomes a mal. Ha sido muy difícil para todos el tener que darlo por muerto.
—Lo siento —dijo con pesar.
—Él esta vivo lo sé. ¿Puedo abrazarlo? —no pude resistir el preguntárselo.
—Supongo que si — se puso de pié.
—Gracias, y disculpe.
—No se preocupe, si yo desapareciera me gustaría que alguien le diera a mi madre un abrazo de consuelo —dijo mientras me abrazaba y las lágrimas querían escapar de mis ojos.
—¿Cómo se llama su madre? —pregunté, acaso podría ser posible…
—…
—Mamá, que bueno que ya estas aquí. ¿Ya conociste al señor Ethan?
—Le comentaba que se parecía mucho a tu hermano. Mira que hasta tienen la misma edad…
….
Hola muchas gracias a todas por sus comentarios, siento no poder responder en esta ocasión sus Review, pero de nuevo mi espalda esta dándome una lata horrible. No puedo permanecer mucho tiempo sentada. También agradezco por sus favoritos. A los nuevos lectores bienvenidos. Pero sobre todo quiero agradecerles por continuar con la lectura a pesar de las tremendas desilusiones que les he causado a lo largo de la historia. Nos acercamos al final huy que nervios… faltan 4 capítulos contando este.
Nos leemos pronto. La siguiente semana pues ya tengo el capítulo, solo hay que hacer las debidas correcciones.
Besos.
Chapter 10: Chapter 10
Por amor
"Una oportunidad para amarte"
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer. Trama a Rakelluvre.
Betas:
Lillian Mcarty y Sarobari.
Asesores:
Yumel22
Miryam Álvarez Rodríguez.
Ludwika Von Cullen
Capitulo 10
Ethan
Después de dos horas de espera, por fin Carlisle salió a decirnos como había transcurrido la cirugía de Bella. Al parecer, todo estaba bien. Me despedí de todos. No quería incomodar a Bella con mi presencia ni a los Cullen. Me fui directo a mi departamento, el día de mañana sería muy largo.
Temprano asistí con Rosalie a cerrar su caso. Paul firmó el divorcio, ni siquiera la miraba, hacía como si ella no existiera. Mientras que ella trataba de controlar su nerviosismo. Él fue puesto en libertad. No estaba conforme con que él, fuera perdonado sin siquiera tener su merecido. ¿Pero que podía opinar yo?
Durante el trayecto a la fundación ella permanecía en silencio al igual que yo. Estaba cerca de los juzgados por lo que caminamos de regreso. Cuando íbamos a cruzar una calle para llegar a la fundación un auto se cruzo por nuestro camino muy lentamente. Era Jared, él me miro especulativamente y otro hombre que iba en la parte trasera del auto me tomó una foto, para después, el conductor acelerar y huir.
—¿Qué demonios fue eso? —preguntó Rosalie.
—No lo sé —respondí.
—¡Diablos no vi bien las placas del auto! ¿Tú si?
—No. Démonos prisa —le indiqué.
Cuando llegamos a la fundación ella me agradeció y tomándome de sorpresa se lanzó a mis brazos y llorando me dio un beso en la mejilla.
—Gracias de verdad muchas gracias —dijo apartándose de mi al sentir que me había quedado inmóvil sin responder su muestra de agradecimiento—. Disculpa mis hormonas me traicionan.
—No se preocupe señora. Tenga cuidado y le deseo lo mejor a usted y su hijo — terminando de decir esto di media vuelta y me fui.
Llamé a Leah para saber cómo iba todo con respecto a Mike y su cita con Eleazar, le comenté sobre el encuentro con Jared. Marqué a mi hermano, luego de dos timbrazos respondió, informándome que Mike ya estaba dentro del edificio y que Eleazar ya había abierto la boca.
Mike
Me encontraba en la recamara frente al espejo con mi pecho desnudo, colocándome los micrófonos que la policía me había entregado el día de ayer, a través de uno de sus agentes que resultó ser la nueva secretaria. Leah Reader. Ella me había enseñado a ponérmelos antes de comenzar con la actuación en la que Emmett me despediría. Habíamos estado dos horas dentro de la oficina, diciéndome lo que tendría que hacer cuando estuviera dentro de la boca del lobo. Después de su rápida capacitación e instrucciones de lo que debía conseguir, dimos marcha a la farsa. Los gritos llamarían la atención de los empleados y del mismo Eleazar.
Hoy era el día en que tenía que conseguir las pruebas que inculpaban a Eleazar o por lo menos la mayoría. Estaba nervioso, si ellos me encontraban los micrófonos sería mi fin. Cuando terminé me fui a la sala, a esperar la llegada del delincuente de Eleazar; mientras tanto me puse a pensar y recordar la discusión con Jessica la noche anterior.
—¡¿Qué hiciste?!… —gritó Jessica, yo me mantenía callado con la mirada baja— ¡Responde!
—Baja la voz, vas a asustar a la niña —le dije con tono calmado. La niña me abrazaba fuertemente, por ser un angelito especial, los cambios de temperamento los detectaba con mayor facilidad provocándole crisis nerviosas.
—¿Por qué te echaron? —preguntó de nuevo un poco más calmada.
—Me dejé sobornar. Y Emmett se enteró —respondí.
— ¿Por qué lo hiciste?, Mike tu sueldo era suficiente para vivir holgadamente. Sabes que yo trabajo por gusto. ¡Por Dios! Mike no había necesidad… ¿Emmett no te pidió prestado, cierto? —había llegado el momento de confesar mi desliz con Heidi y alejar a Jessica, de mi vida. Solo por este momento.
—No.
—Entonces…
—Solo fue una vez… —sabía que debía suplicar su perdón pero no pude evitar dejar en claro que había sido una vez y un gran error.
—¿Una vez, que te dejaste sobornar?
—No, solo ha sido una vez que te he sido infiel —le dije mientras miraba sus ojos.
—¿Qué tiene que ver eso con lo otro? —preguntó dándome la espalda.
—Hace dos años que ella me ha amenazado con decírtelo, y yo pago por su silencio, Jessica.
—Mike ¿has preferido pagar por su silencio que decirme la verdad? —preguntó girándose al mismo tiempo para ver mi rostro, lloraba y sus puños se encontraban cerrados fuertemente.
—No quería perderte —mi voz sonó estrangulada por retener mi llanto en vano.
—Eres un idiota. Siempre supe de tu infidelidad.
—¿Qué? —no podía creerlo, ella siempre lo supo.
—Mi hermana te vio irte del bar con ella. Me llamó y me dijo en qué hotel te encontrabas. Yo fui para allá. Cuando llegué pensé que al verte te diría muchas cosas, que te dejaría. Soborné al recepcionista y me dio el número de tu habitación. Fui hasta ahí pero no pude tocar. Me quedé frente a la puerta un largo tiempo. Sabía que si te enfrentaba todo se acabaría, entonces… regresé a casa y decidí pelear por nuestro matrimonio. Fue cuando tomé la decisión de que adoptáramos a un bebé.
—Lo lamento Jessica.
—Nunca comprendí, por qué ibas cada mes a su casa, tan solo algunos minutos y salías de ahí. Ahora lo sé. Pero ya no puedo seguir a tu lado, cuando nunca tuviste el valor de afrontar tu error. Te amo Mike, pero necesito tiempo.
… ella se fue está mañana a primera hora, llevaba maletas de ella y de la niña. Estaba destrozada. Pero era tiempo de alejarla de mí. Por su seguridad, no me acercaría a ella.
El timbre sonó, ese debía ser Eleazar. Salí de la habitación y me dirigí directo a la puerta principal. La abrí y ahí estaba de píe frente a mí Eleazar.
—Buenos días —saludó.
—Buenos, adelante —haciéndome a un lado le cedí el paso.
—Jessica te ha dejado ¿cierto? —preguntó mientras tomó asiento en el sofá.
—Si —mi respuesta melancólica lo hizo poner una expresión de pena.
—¿Ya lo sabe?
—Si —suspiré y pasé la mano por mi rostro.
—Pensé que no pensabas decírselo.
—Seguí tu consejo —le respondí. Aunque no fue su consejo en sí. Solo que ya no podía cargar con la culpa.
—Lástima, ahora su muerte será en vano —dijo y después tiró a la mesa de centro un sobre amarillo. Le miro con la duda plantada en mi rostro.
—¿Qué? ¿De qué hablas? —me señaló el sobre, lo tomé y lo abrí al instante. Era ella. Heidi. Muerta.
—¡Oh por Dios! dime que no es cierto —dije arrojando las fotos lejos de mí.
—La primera regla que debes aprender amigo mío, es "deshazte de lo que te estorba" por Jessica ni te preocupes ya regresará. Ahora solo tienes que concentrarte en tu nuevo trabajo.
Salí corriendo de esa habitación de terror, dirigiéndome al baño. Vomité, nunca fue mi intención mandar a matarla y tampoco le desee la muerte por muy molesto que Heidi me tuviera. Regresé más tranquilo y apenas creyendo lo que Eleazar me decía fríamente. La había matado. Y eso era en lo único que podía pensar.
—Ven te llevaré hasta mi otro negocio.
—¿Tienes otra firma? —pregunté con inocencia.
—No.
Llegamos a las afueras de la ciudad, era una zona un poco abandonada, solo se podían ver grandes bodegas. Cuando por fin llegamos a nuestro destino, dos hombres corpulentos se aproximaron a nosotros, pero al ver el rostro de Eleazar desistieron de sus avances. Yo caminaba detrás de él. Entramos a la enorme bodega. Había cajas grandes y pequeñas, el piso se encontraba sucio. El polvo se respiraba en el ambiente. Me condujo hasta lo que parecía un sótano. Entramos y tal fue mi sorpresa al ver mucha gente; ancianos, jóvenes, niños. Todos de procedencia extranjera. Japoneses y latinos en su mayoría.
—Son indocumentados, llegaron ayer.
—¿Qué haces con ellos? —pregunté, mientras los observaba. Estaban sucios y se podía ver en sus rostros la incertidumbre.
—Con los hombres y niños, traficamos sus órganos. Con las mujeres las prostituimos. Tú trabajaras con ellas. Cuando nuestros compradores paguen por ellas, serás el encargado de llevarlas hasta ellos. Pero no lo harás solo, tu compañero será Carls. Ya lo conocerás, es un soviético muy simpático —¡Dios mío! No podía creer que hablara como si del clima se tratara el asunto. Tan natural.
—Como comprenderás Mike, ya estas dentro, muy enlodado, diría yo. No puedes echarte para atrás o bueno no sólo te matáremos a ti, si intentas algo estúpido. También a tu familia.
—No lo haré. Estoy agradecido por lo que haces por mí —dije con la mayor seguridad posible.
—Ven te presentare a Jared, es el hijo menor de Sam Uley ¿lo recuerdas?
—¿Del caso de Edward?
—Así es.
— ¿Puedo preguntar algo?
—La respuesta es si —respondió adivinando mi pregunta—. Nosotros lo secuestramos. Pero la policía lo rescato.
—¿Dónde esta? —pregunté.
—¿El cobarde hijo de puta? Escondido —soltó una carcajada llena de odio.
Subimos de regreso una vez terminado el recorrido. Luego me llevó hasta otras escaleras que se encontraban al fondo de la bodega, las subimos hasta el segundo piso. Caminamos un pequeño pasillo y entramos a un pequeño cuarto que servía de oficina. Detrás del escritorio, había un hombre delgado, moreno, de ojos negros, profundos y fríos. Su cabello era largo por debajo del hombro y lacio.
—Jared te presento a Mike Newton.
—Gusto en conocerte.
Entonces todo sucedió muy rápido mi teléfono celular comenzó a sonar, al ver el identificador decia Jessica.
—Es Jessica —les dije, pero sobre todo a Eleazar.
—Adelante Mike —dijo, dándome autorización para hablar con ella. Salí de la pequeña oficina, quedándome en el pasillo. Yo sabía que no era Jessica.
—¿Qué pasa?
—Sal de ahí, ahora —me ordeno Leah.
—¿Qué? —sentía las piernas flojas, algo malo ocurría. Si no fuera de ese modo ¿Por qué querrían que abandonara la misión?
—Ahora Mike sal de ahí. Jared ya sabe de la traición —¡Diablos! Si moría regresaría del infierno para llevarme conmigo a Edward. Lo juré en mis adentros.
No perdí tiempo, caminé a paso normal, un hombre pasó junto a mí.
—Dime Jessica, ¿qué te han dicho los médicos? —pregunté a Leah.
—Debes darte prisa. Estamos afuera esperando a que salgas para detenerlos.
Continuaba caminando estaba por llegar a la salida, unos cuantos pasos. El guardia de seguridad me veía frunciendo el ceño. Entonces escuche a Eleazar gritar.
—¡Deténganlo…!
…..
Edward
Estaba llegando al puesto de vigilancia donde habíamos estado observando los movimientos de Jared, no teníamos orden de aprehensión ni de cateo, porque no teníamos ningún pretexto para inspeccionar el lugar. Pero sabíamos que algo escondían ahí. Entré a la habitación al momento que Leah salía.
—Lo tienen, lo descubrieron —la sangre se heló en mis venas al escucharla.
—¡¿Qué?! ¡Demonios! —pateé la puerta frente a mí— Debemos sacarlo de ahí.
—Perdimos contacto con él hace cinco minutos —me dijo respirando rápido.
—¡Leah! —quería que actuaran pronto.
—Tenemos las pruebas, confesaron muchas cosas y sí, hay gente secuestrada ahí dentro.
—¿Qué esperamos? —pregunté desesperado con la adrenalina recorriendo mi cuerpo.
—A que nos contacten, a estas alturas saben que estamos aquí —respondió y me dieron ganas de estrangularla por lenta, ¿qué no se daba cuenta de que Mike podría morir?
—Al diablo, la vida de mi amigo corre peligro.
—No lo mataran —dijo con un autocontrol envidiable.
—Si lo harán —debatí.
—Te buscan a ti —me dijo poniendo su dedo índice en mi pecho. Miles de alternativas pasaban en mi mente…
En ese momento mi celular comenzó a sonar era Mike.
—No respondas, espera…. —Me ordenó ella.
Ella terminó de repartir órdenes para ejecutar las aprehensiones de todos los de ahí dentro. Mientras yo veía la pantalla de mi celular con el nombre de Mike, los conocía y apenas la policía pusiera un pie en su territorio matarían a Mike.
—Espera ¿Y… si lo matan? Me quieren a mí, voy a presentarme. Si me disparan entren. Pero si me dejan entrar esperen quince minutos.
—De acuerdo —me respondió Leah.
El teléfono sonó de nuevo.
—Quiero que dejen salir a Mike, a cambio mío —le ordené a quien fuera del otro lado de la línea.
—Nosotros ponemos las condiciones hijo —era él.
—Eleazar… a la policía le importa más tu aprehensión, que la vida de un ciudadano. No les importó que mataran a Emily, ¿por qué habría de importarles la de Mike? En cambio a mi si me interesa. Yo, por él.
—…
—Están rodeados, por lo menos te daré el gusto de matarme. ¡Maldito cobarde hijo de puta, enfréntame! —le reté.
—Calma Edward —me dijo—. Te quiero frente a la puerta con el torso desnudo, y las manos en alto.
—También quiero a Mike frente a la puerta, el cambio debe ser al mismo tiempo.
—De acuerdo.
…
8 años atrás…
Hoy era mi día, el comienzo de mi propio negocio… tres meses de haberme graduado, al fin tenía todo puesto para dar comienzo a mi carrera como abogado. Había pedido un préstamo a Carlisle para poder rentar este local en el centro de la ciudad, poner mi propio despacho. Invité a Mike a participar en este pequeño proyecto y gustoso aceptó, con tal de no estar bajo el yugo de su padre, al igual que yo, quiso comenzar solo y desde abajo.
Llevábamos un mes aquí, los trabajos habían llegado poco a poco. Debido a nuestra inexperiencia no cobrábamos demasiado. En este mes apenas habíamos cubierto la renta, el pago de la recepcionista Jessica Stanley y los gastos de los servicios. Hasta que un día entró en nuestro pequeño y modesto local, una mujer de estatura media, delgada, blanca y el cabello rubio. Su vestimenta consistía en un traje de marca color negro. El cabello estaba recogido en un moño, llevaba los ojos cubiertos por unos lentes oscuros, sus labios a pesar del rojos carmesí que los delineaba, no podían ocultar el corte en la comisura izquierda. Jessica de inmediato la atendió, yo la miraba desde mi lugar sin decir nada, era una mujer atractiva.
—En el letrero de allá a fuera —señaló con su mano—, dice que pueden ayudarme.
Mike, y su estúpido Lema "¿Tienes un problema legal? ¿Nadie te ayuda? Nosotros lo resolvemos"
—Si, ¿Quiere una cita con alguno de nuestros abogados? —preguntó Jessica. La verdad era que el mes pasado habíamos tenido solo tres clientes, casos que aun estaban en proceso. Nuestra agenda estaba más que vacía.
— ¿Podría ser hoy?
—Permítame, déjeme verificar —Jessica tecleó en su ordenador mientras que la rubia observaba el lugar —. Tengo un espacio con el Abogado Cullen, hasta el miércoles de la siguiente semana.
La rubia torció la boca y después soltó un largo suspiro. Ella tomó sus lentes con ambas manos y los retiró dejando al descubierto el resultado de un golpe. Jessica abrió los ojos y de inmediato desvío la mirada hacia el ordenador.
—Mire señorita… ¿Cuál es su nombre?
—Jessica Stanley.
—Bien Jessica Stanley, vengo a la cafetería que está enfrente de su oficina. Soy una persona observadora. Le diré, el lugar ese abre a las 8 de la mañana, por el joven cobrizo sentado ahí —me señaló— usted siempre llega 7 minutos tarde. El otro joven, el rubio llega a las 9 am, coquetea con usted y luego juega con el otro. En estas dos ultimas semanas que los he observado, no han tenido más clientes que una anciana y dos matrimonios. ¿Acaso cree que voy a creerle cuando me dice que su agenda esta ocupadísima? Mire mi rostro, porque tal vez el día de mañana aparezca en los titulares de algún periódico amarillista, muerta a manos de mi marido.
—Si, déjeme ver si el Abogado Cullen, puede atenderle en este momento. —Jessica marcó mi extensión.
—Señor Cullen, ¿tiene tiempo para atender a una persona? Es urgente —Jessica me miró desde su lugar y yo asentí desde el mío.
—Pasé, el Abogado la atenderá.
—Gracias —la rubia caminó hasta mi cubículo desde donde había observado todo. Cuando llegó frente al escritorio me puse de pie.
—Buenos días, mi nombre es Edward Cullen —le tendí la mano la cual estrechó con la suya. Era pequeña y suave. Llevaba una esclava de oro y dos anillos en sus dedos.
—Jane Vulturi —dijo, le señalé el asiento y ella lo tomó.
—Señora Vulturi ¿En qué puedo servirle?…
Ella por alguna extraña razón confió en mí. Tal vez fuera porque Félix su esposo en ese entonces, había sobornado a dos abogados anteriores. Ella no esperaba mucho de mí, pero cuando ganamos el caso ella se sintió eternamente agradecida. Nos hicimos amigos, y aunque coqueteábamos nunca llegamos a nada.
Nos encontrábamos, Jessica, Mike, Jane y yo en el café frente al despacho. Celebrando nuestra victoria. El caso de Jane, no había sido un caso realmente difícil, después de algunos meses ganamos. Dos horas más tarde, Jessica y Mike se retiraron. Yo me quede un tiempo más con Jane.
—Bueno abogado debo confesarle que no le tenía fe, jamás pensé que podría hacerlo —dijo Jane con burla.
—Lo ve, el lema de Mike es cierto. Somos expertos en la materia —solté una carcajada y ella me arrojó la servilleta en el rostro.
—Cullen, eres un arrogante pero siempre estaré en deuda contigo. Aunque tal vez esta noche quieras cobrarte, por mi no hay problema.
—Jane, eres una mujer muy hermosa, jamás permitas que algún hombre te diga lo contrario. Jane, eres una mujer muy especial para mí, acostarnos sería arruinar esta amistad. Además olvidas lo más importante, que soy un hombre comprometido. Amo a mi esposa.
—Me agradas Cullen, eres muy inteligente, ya decía yo que piensas más con el cerebro que con la pequeña cabeza. En una semana regreso a Italia y espero no volver a tu país.
—Regresarás…
….
Tres semanas después de haber ganado el caso de Jane se presentó en mi modesto despacho el abogado de Félix Vulturi. Eleazar Denali. Haciéndome una invitación a participar como Abogado Jr en su firma la cual era reconocida en este estado. Al hablarlo con Mike, quedamos en que él se quedaría con nuestro pequeño negocio. Para mi era injusto dejarlo, pero su insistencia a que aprovechara esta oportunidad me hizo aceptar la propuesta de Eleazar.
Después de seis meses de arduo trabajo con Eleazar, me posicionaron entre los mejores en el equipo. Mi competencia era Emmett McCarty. Pero aun con toda y nuestra rivalidad, era digno de mi admiración y respeto. Jamás se dejaba sobornar, y siempre peleaba por la justicia. Pero yo era el chico malo y un poco ambicioso, el que aceptaba casos en los que en definitiva los acusados eran realmente culpables. Sólo tenía una razón para no defender a alguien. Un asesino.
Un día Eleazar me asignó el caso de un hombre que en muchos aspectos me recordaba a Félix Vulturi. Era violento, engreído y un verdadero hijo de puta. Su esposa lo había demandado por violación y también solicitaba el divorcio, así como la patria potestad de sus hijos. Mike Newton era su abogado. Fue uno de los casos más divertidos que tuve, Mike era muy bueno. Más no tanto como yo. Debo confesar que el bien ganó sobre el mal. Fue entonces que Eleazar consideró a Mike un buen elemento para formar parte de su ejercito de abogados. Sólo los mejores.
Cuando hablé con Mike sobre la propuesta de Eleazar quedó encantado, sobre todo por los ingresos. Él quería casarse con Jessica después de seis meses de relación. También hubo una convocatoria para anexar a un socio a la firma. Hable con Bella sobre esta oportunidad, como siempre ella me apoyaba en todo con respecto a mi carrera. Sabía que esto iba a absorberme más tiempo y que estaría muy sola, ya que acababa de graduarse. Decidimos tener un hijo.
Haciendo mi inversión para ser socio en la firma, pasaron cuatro meses de que me enterara de que la firma estaba sufriendo las consecuencias de un mal manejo, estábamos en la ruina. Estaba molesto con Eleazar por embaucarme en un negocio en el que no tenía ningún futuro, mi inversión estaba perdida. Ninguno de los socios poseía el suficiente capital para sacarlo a flote. Los bancos no querían prestarnos. Hablé con Carlisle, sabía que esta era mi oportunidad para ser dueño mayoritario del negocio. Solicitó un préstamo a los bancos, me entregó el dinero y a cambio le firmé un pagaré. Pagué las deudas que teníamos, adueñándome de la firma, cambiamos el nombre a Cullen y asociados. Salvé el patrimonio de cuatro familias y el trabajo de muchos empleados. Eleazar me entregó el trabajo de toda su vida. Convirtiéndose en mi mano derecha trabajamos hombro con hombro para convertirnos y mantenernos como los mejores abogados de este lado de la costa.
Pero mi mundo y perfecta vida era una mentira y aunque estaba teniendo éxito en mi carrera, en mi matrimonio no era así. Ella no podía darme hijos. Engañarla y casi dejarla fueron mi solución. Pero pese a todo lo ocurrido, hoy puedo decir que algo bueno hubo de eso. La conocí tal cual como era realmente, aprendí a no amar sus virtudes, más bien sus defectos, aquellos con los que tienes que vivir el resto de tu vida. Y que en ocasiones son los que hacen que los matrimonios se terminen. Amar esas imperfecciones es amar a la persona que está a tu lado. La aceptas. Pero siendo demasiado tarde y poco el tiempo, ella fue llevada a clínica de rehabilitación. De nuevo mi camino se cruzó con el de aquella mujer especial… Jane.
Jane a quien no había vuelto a ver, hasta que por accidente nos encontramos en la clínica, donde Bella estaría internada. Jane era Bulímica, su tratamiento estaba por terminar, pero dudaba de que en realidad ella dejara sus malos hábitos. Le hablé de Bella y de la situación que estábamos atravesando. Ella en agradecimiento accedió a cuidar de mi esposa aquí en la clínica, ya que estaba seguro necesitaría una amiga. Bella no me permitiría acercarme, así como a mi hermana tampoco se lo permitió.
Llegó el día que marcaría nuestra vida, llevándola por caminos distintos…
La miro partir, Alice toma mi mano.
—Ella volverá. —me dice, yo no quiero hacerme ilusiones.
—Has hecho lo más fácil, lo difícil será esperar, hijo. —mi padre palmea mi espalda. Sin poder resistir más los dejo y me dirijo a cualquier lugar lejos de ahí, de ese momento…
Llego a mi auto, abro la puerta y es detenida por alguien.
— ¿Edward Cullen? —escucho una voz ronca a mis espaldas. Me giro y me topo con tres hombres.
—Si, soy yo.
El hombre del medio tiene su mano dentro del bolsillo de su chaqueta, me hace una seña, lleva un arma, los otros dos dejan al descubierto la suya.
—Vas a acompañarnos…
El agua helada recorrió mi cuerpo desde la cabeza hasta el torso, el sentir frío en mi cuerpo adormecido por estar en una sola posición lo agradeció tanto como lo maldijo.
— ¡Infeliz despierta! —un golpe cayó sobre mis costillas desechas debido a las innumerables golpizas que estos hombres me daban en tanto la oportunidad tenían.
—Mmm —fue lo único que pude musitar debido al dolor y a que no tenía ya fuerza suficiente para más. Sentí que era levantado de mi asiento para ponerme de rodillas recargando en algún lugar mi cuerpo, dejando expuesta mi espalda. Sentí el frío del metal recorrer mi columna, el sonido familiar de unas tijeras rasgando la tela al cortarla. Después pasos alejándose. En pocos momentos comenzó la tortura.
No sé cuanto tiempo ha pasado, y me pregunto por qué ellos, mi familia no han pagado mi rescate. ¿Acaso fue tan grande el daño causado por mi estupidez?, ¿ella se encontrará bien?…
Escucho la puerta abrirse, más de una persona entra, lo sé, porque me toman de ambos brazos y me arrastran a algún lugar, creo que me cambian de habitación. Por primera vez desde que me trajeron aquí, hace ya mucho tiempo, me quitan la venda que cubre mis ojos. Los abro poco a poco, la luz es tenue pero suficiente para ver el rostro del hombre que está frente a mí. No le alcanzo a reconocer de inmediato, bajo la mirada; dicen: nunca los mires al rostro, si reconoces a alguien y ellos lo saben, tus oportunidades de sobrevivir se reducen a nada.
El hombre se acerca a mí y golpea mi rostro, es entonces que levanto la vista y detrás de él hay alguien más, que esta escondiéndose bajo la oscuridad de las sombras del cuarto. Pero él olvidó algo, olvidó quitarse de la muñeca lo que le identificaría. Desvío la mirada y trato de no volver a ver ahí. Me sorprendo, pues nada de lo que parecía ser en mi vida era real, esta traición es una verdadera mierda.
El hombre frente a mí, el que me golpeaba y la voz de mi secuestrador, me tira encima unas fotografías. Son de ella, de Bella.
—Tú hijo de puta… ¿Quién te crees, para ser el defensor de una ramera muerta y otra que está por pagar su atrevimiento? Si tú eres un desgraciado que mientras su esposa, vomitaba las entrañas, te revolcabas con su amiga. Tu putita secretaria hipócrita igual que tú —él soltó una carcajada y después me propinó otro golpe al rostro. Yo no respondo nada, sí esos golpes eran mi castigo por haberle hecho daño a mi esposa con gusto los acepto. Pero tras eso había algo más turbio, esto sólo era el pretexto.
—Yo no mato, forzo o prostituyo a nadie.
—Mi padre, tiene cáncer y va a pasar el resto de sus días encerrado, cometiste un grave error en meterte con uno de los líderes de la organización.
—Puedo hacer que reduzcan su condena.
—No es tan fácil perdonarte, Edward. Veras, mi madre se suicidó al enterarse que mi padre se acostó con esas mujerzuelas. Ellos eran un matrimonio de treinta años. Mi padre era un ejemplo a seguir, nunca le faltó a mi madre.
— ¿Qué quieres? —comenzaba a desesperarme.
—Simple, hacerte el dolor que ahora sufre mi padre por la pérdida de mi madre. Que sientas lo que él siente. Ojo por ojo.
— ¿Quieres matarme?
—Eso es demasiado fácil. No, voy a matarla a ella. —mi sangre se helo— lenta y dolorosamente frente a ti. Después de todo pareciera que si le tienes cariño. Se te veía muy mal en el hospital. —Él soltó una carcajada.
—Mátame a mí, ella no es culpable de nada, ella ya ha sufrido bastante.
—Mi madre tampoco era culpable.
—Lo lamento, de verdad lo siento. Por favor te lo ruego.
Lo último que recuerdo es su mano en el aire, en ella un arma y luego oscuridad.
….
Cuando abrí los ojos un hombre estaba sentado frente a mí, no era el mismo que me golpeó.
—Puedo darte tres veces más de lo que él te da, si tan sólo me dejas ir. —el hombre no me respondió, ni siquiera me miró. Continuaba tallando un pedazo de madera con una pequeña navaja.
—Te ofrezco el dinero, una casa y protección. —De nuevo no obtuve respuesta.
Un par de hombres entraron, llevaban con ellos a Emily, la chica que había denunciado la muerte de su prima a manos de Sam. Ella estaba brutalmente golpeada.
— ¡Edward, has despertado! ¡Mira quien nos acompaña! —dijo señalando a Emily. Ella lloraba y temblaba de terror.
—Quiero que mires y que su muerte caiga sobre tus hombros. —él cargó la pistola que llevaba consigo, apuntó a la cabeza de Emily.
— ¡No, no por favor! —Grite pero mi voz fue callada por el sonido del impacto del arma al ser disparada.
…..
Un estruendo fuera de la habitación me saca de mi inconsciencia, se escuchan gritos y también disparos. Yo trato de mantenerme despierto, pero mi debilidad debido a los golpes, no me permite mantenerme totalmente consciente. De pronto distingo sombras entrando a la habitación, es Embry. Traía consigo un arma, él apunta a mi cabeza y solo rezo por que una vez terminada mi vida a ella la dejen en paz, sólo quiero que ella sea feliz. Pero de pronto escucho la ruptura de cristales y siento como algo cae a mis pies, cuando abro mis ojos distingo el cuerpo inerte de Embry en el suelo. Una bala le atravesó el cráneo, hombres vestidos de negro y encapuchados con armas en sus manos entran a la habitación. De pronto me veo rodeado de ellos, y luego vuelvo a perder la conciencia.
Cuando mi mente se conecta de nuevo a la realidad, mis ojos aun permanecen cerrados. Mi cuerpo descansa en una suave base, es una cama, el constante murmullodel tráfico de la ciudad fuera de está habitación alcanza mis oídos que se encuentran en alerta. Abro mis ojos y parpadeo un poco debido a la luz de la lámpara en el techo. Los cierro de nuevo, carraspeo y lamo mis labios resecos. Abro de nuevo los ojos, cuando escucho los pasos de alguien acercándose a mí. Una chica de tez morena, ojos negros al igual que su cabello me regala una sonrisa pero esta no es de felicidad. Es triste y melancólica. Entonces la reconozco.
Cuantas noches pasé mirando su fotografía, preguntándome cuanto había sufrido a manos de Sam. Emily su prima había recurrido a mi para denunciar a Sam debido a la desaparición de Leah Clearwater, después de meses de investigación se encontró un cuerpo de mujer irreconocible, los médicos forenses dedujeron su identidad debido a las pruebas de ADN. Leah Clearwater era un oficial de policía encubierto. La ultima noche que Emily vio a Leah, esta se notaba nerviosa, y le había pedido que guardara un sobre; que regresaría por el en una semana, pidiéndole que no lo abriera o entregara a nadie. Leah jamás regresó. Después de cuatro meses de búsqueda le informaron que Leah había muerto. Ella no entregó el sobre que tenía en sus manos, Emily lo abrió. Eran las pruebas que inculpaban a Sam como traficante de órganos y personas. Entonces dedujo que Sam era culpable. Ella acudió a los oficiales que eran los superiores de Leah, pero se dio cuenta que uno de ellos aparecía en las fotografías, por lo que en esa cita no habló acerca de la información que tenía en sus manos. Tiempo después Emily me contrató para llevar su caso. Lo ganamos. Pero había pagado muy caro las consecuencias y la pobre de Emily también.
— ¿Estoy muerto? Porque se supone que tú lo estas —le dije, ella sonrío con amargura y respondió:
—Agente encubierto. Sé que no te dejaste sobornar o amedrentar por las amenazas de Sam.
—Mi familia, corre peligro.
—Mientras tu estés desaparecido ellos no harán nada, pero tendremos que tomar precauciones.
Las precauciones eran sacar a Bella del país, para eso me ayudo Jane. Cuando fui liberado, busqué a Jane, ella me explicó que Bella no tenía idea de mi desaparición, al parecer mi familia se lo había ocultado. Jane convenció a Bella para irse con Ángela a Italia. Posteriormente ella la convenció de permanecer más tiempo en el país y vivir juntas.
Flash Back
Hoy es un día importante, ella saldrá de la clínica, y como un acosador me encuentro fuera, observando a cada persona entrar o salir de ella. Un hombre que camina en la acera pasa al lado del viejo coche que he rentado está mañana, yo bajo la cabeza, la gorra puesta en su lugar me ayuda a ocultar mi rostro. Entonces veo el auto de mi padre llegar, mi madre vestida de negro al igual que mi padre y mi hermana salen de él.
Ella me ha dicho que Bella no quiere ver a mi familia y mucho menos a mí. Eso por el momento es mejor. No quiero que llore por mi mentira como lo ha hecho mi familia. Ella se la llevara lejos, a salvo de mí y de toda la maldad que me rodea.
Veinte minutos después los veo de nuevo salir, estoy seguro que ella no ha querido verlos. Lo sé porque mi madre está llorando en los brazos de mi padre. Me duele el daño que le he hecho a mi madre, solo espero poder compensarla algún día.
Una hora más tarde ella sale, aun esta demasiado delgada, va tomada de la mano de ella, Bella mira la puerta del auto abierta y por alguna razón o fuerza gira su rostro a mi dirección, no me muevo, mi cuerpo se ha congelado en mi sitio. Tan solo fueron tres segundos, ella entra al coche y Jane mira hacia mí y asiente sabiendo que estoy aquí, mirándolas partir a un nuevo comienzo.
Pero solo es cuestión de tiempo para que yo regrese de nuevo.
Fin de flash Back
Mientras tanto, yo busqué a mi familia biológica. Una vez que Bella se marchara, fui hasta nuestro departamento, llevándome conmigo los tesoros ámas preciados, nuestra foto de bodas, su diario, y el sobre amarillo que contenía la información de mi madre biológica. Cuando leí la carta me quede asombrado. Una niña de quince años, engañada por la fantasía del amor, incomprendida por su progenitor. Pero nunca una mala mujer, sin compasión por sangre de su sangre.
Elizabeth Masen, ese era su nombre. Cuando Elizabeth cumplió la mayoría de edad huyó de casa. Trabajó como camarera en algunos bares y restaurantes, fue ahí donde conoció a Ethan Reader, tras perseguirla por un año al fin consiguió una cita. Mi madre sentía que no merecía las cosas buenas de la vida, ella se sentía culpable por haberme abandonado, pensó que si le hablaba de aquello a Ethan, él desistiría pero no fue así. La ayudó a buscarme y así poder cerrar ese ciclo inconcluso que no le permitía continuar.
Elizabeth, suplico a la trabajadora social del orfanato que le entregara una carta dirigida a mis padres adoptivos, en ella explicaba el porque me había dado en adopción. Ella solo quería saber si yo era feliz. Quería conocerme aunque fuera de lejos. Esme se puso en contacto con Elizabeth. Hablaron de mujer a mujer, de madre a madre. Dos mujeres hermosas y buenas. Sin egoísmo decidieron lo mejor para mí.
Elizabeth se presento en la casa Cullen el día de mi séptimo cumpleaños. Yo llegaba de la escuela cuando vi a una mujer de cabello cobrizo como el mío y ojos verdes. Ella me había parecido una joven muy bonita. Su largo cabello caía hasta su pequeña cintura.
—Edward, ven aquí —me llamó Esme— quiero presentarte a una vieja amiga.
—¡Mamá quiero abrir mis regalos! —recuerdo haber ido al llamado de mi madre de mala gana—Buenas tardes señora —saludé a la mujer frente a mí.
—Buenas tardes, mi nombre es Elizabeth. No me digas señora me haces sentir muy vieja, tan solo tengo veintidós —ella sonrío, era la sonrisa picara y ladeada. Por lo que no pude negarme a devolverle la sonrisa.
—Mi mamá dice que debo respetar a mis mayores.
—Te concedo mi permiso para hablarme de tú. Sabes Edward, te pareces a alguien a quien no veo desde hace muchos años, ¿puedo felicitarte por tu cumpleaños?
—Claro —acepté después de mirar a mi madre, quien asintió en signo de aceptación. Sentir el abrazo de aquella mujer me había dejado un poco confundido, el sentimiento que trasmitía era muy fuerte.
—Gracias, mira este es tu obsequio —cuando se separó, de mí, ella lloraba.
—No llore —le dije y seque sus lágrimas con mis manos.
—No te preocupes cariño es de felicidad. ¿No abrirás tu regalo?
—Si —retiré lo más rápido que pude el papel que envolvía mi regalo, para encontrar un aeroplano—. Gracias —le dije mientras sonreía y se lo mostraba a papá.
—Dime, que tal Esme y Carlisle ¿son los mejores padres del mundo? Porque si no los son puedo hacer algo al respecto —Bromeó, mostrándome su puño.
—Son los mejores. Mi mamá es la mejor de todas.
—Bien dicho chico. Bueno debo irme.
—Mucho gusto conocerte Elizabeth. Y gracias por mi regalo.
—No pequeño el gusto es mío —me dio tres besos, uno en cada mejilla y el último en la frente.
Jamás volví a verla desde entonces. Yo aún conservaba el aeroplano como uno de mis juguetes más preciados de mi infancia. Ahora lo recordaba, ¿cómo pude haberlo olvidado?…
Fui a la dirección que había dejado ella escrita en una nota que decía:
"Si algún día te enteras de la verdad, y quieres darme la oportunidad de conocerte búscame"
Sin tener a donde ir, y con la curiosidad de obtener respuestas fui. Llegué a una residencia de clase media. La casa era blanca, aunque su pintura se mostraba un poco desgastada. Subí las escaleras que conducían a la puerta y di tres toques. Entonces la puerta fue abierta por un hombre o joven muy parecido a mí. Sus ojos verdes del mismo tono a los míos me evaluaban, tanto como los míos a él. Entonces dijo:
—¿Edward Cullen?
—Si —respondí desconcertado. ¿Por qué sabía mi nombre?
—Si está aquí, es porque ya sabes la verdad, ¿o me equivoco? ¿He hablado de más?
—No. ¿Quién eres tú? —le pregunté entrecerrando los ojos.
—Soy tu hermano. Pasa volverás loca a mamá —di un paso pero al momento colocó su palma en mi pecho deteniéndome—. Solo te advierto, que si has venido a juzgarla y a portarte como un idiota, ni te molestes en entrar. A menos que quieras que te eche a patadas. —sonreí a la vez que negué con la cabeza de un lado a otro.
…
Hoy, lo único que tengo para decirles es: Gracias queridos lectores.
Gracias por sus comentarios:
Monica Cullen W, Sofi GM, Lauren0515, Janalez, Isis Janet, Neella, Pili, Litte Whitiee, Kela Vizquez, Kmilita, Yayis10, Luwika Cullen, Ela fordyce, Ame D'Cullen, Dezkiciada, Sky TwiCullen, Felicytas, Julissa de P. Marah2221, Karito Cullen Masen, Lulu, Niel Ridout, Rob y Pato, BabyBoo27, Robsten Pattinson, Melyna-cisne, Asheyswan, Karenov, Maya Cullen, Caresme, Maithe Cullen, Paky32, Annie, Ev76, Bella Rocio, Pecas Cullen, Dani-vg9806, CindysLis, Mahely, MaarriTwilight, SolcyGonzalez, GabyTwiligth, Roxcio, Tataxoxo.
Gracias a los nuevos lectores, a quienes se animaron a dejar un Review por primer vez, a los que volvieron a hacerlo después de mucho tiempo, a los anónimos. Alos lectores Fantasmas, a las chicas del grupo en Facebook. A mis betas y asesoras.
Están cordialmente invitadas, solo pueden buscarme como Oscuro Corazón.
Besos.
Chapter 11: Chapter 11
Por amor
"Una oportunidad para amarte"
Disclaimer
Los personajes pertenecen a Meyer. Trama a Rakelluvre.
Betas:
Lillian Mcarty, Sarobari, Yumel22
Lic. Miryam Álvarez Rodríguez.
Al nuevo lector: esta es la secuela del Fic Por Amor. ¡Bienvenidos!
Recomendación por Bella Rocío, escuchar las siguientes canciones mientras leen para una mejor ambientación…
One Day -Trading Yesterday (Ethan)
Shattered - Trading Yesterday (Edward)
Capitulo 11
Edward
Los rayos del sol brindaban calor a mi torso desnudo, pero mí sangre estaba helada. Temía por la vida de Mike, aunque ya era muy tarde para las lamentaciones. Caminé una distancia considerable, hasta alcanzar la puerta de la vieja bodega que servía de guarida de Eleazar y Jared. El equipo de policías me cubría la espalda, estaban preparados para cualquier eventualidad una vez estuviera en una posición comprometida. Se suponía que yo me intercambiaría con Mike como Rehén; de ese modo Eleazar y su socio obtendrían una oportunidad de negociar con la policía.
La espera hasta que liberaron a Mike se me hizo eterna, una vez que esto sucedió no podía tener una visión completa de ello, ya que los rayos del sol me cegaban. Después de minutos o segundos infernalmente angustiantes, distinguí una figura frente a mi.
Comencé a avanzar y él también, yo daba un paso, él daba otro. Hasta que nos encontramos a la par, me dio una mirada nerviosa y susurró "No vayas, te matará". A punto de dar otro paso, un brillo desde la puerta me hizo detenerme; de nuevo Eleazar se hacía notar, por el destello de luz que provocaron los rayos del sol, al reflejarse en la esclava de su mano derecha, con la que estaba apuntando el arma hacia nosotros. Tan sólo fue un instante, pero el suficiente para atraer mi atención.
Aunque arriesgado, era la oportunidad perfecta para salir ambos de esta situación, teníamos pocas posibilidades de salir ilesos, pero sin duda era mejor morir intentando proteger a mi amigo, que hacerlo frente a frente a manos del traidor que un día dijo serlo. Di un paso, situándome detrás de Mike, dando media vuelta lo empujé contra el suelo, arrojándome contra él, sirviéndole de escudo. En ese momento el tiroteo comenzó.
La bala de Eleazar había alcanzado a rozar mi hombro izquierdo, pero el dolor no era nada con lo que me temía. Mike gritaba "¡Oh Díos! ¡Oh Díos mío!" mientras que por mi mente solo permanecía una imagen y era la de Bella, pensando en cuanto la amaba. Fuimos rodeados por policías, quienes nos arrastraron a un lugar seguro. Con mi mano derecha sujetaba mi herida, vi a Mike, parecía totalmente en shock y además estaba blanco como un fantasma.
—¿Mike, te encuentras bien? —le pregunté.
—No, no lo estoy, pero estoy vivo —decía aún respirando agitadamente.
El tiroteo continuó por un rato más,hasta que pudieron entrar a la fortaleza. Los policías comenzaron a salir con los hombres de Jared Uley, pero ni él ni Eleazar se veían por ningún lado. Hasta que vi a Leah y a otro policía salir con Jared arrastrándolo. Los paramédicos me atendían e intentaban hacerme subir a la ambulancia, me solté de su agarre y me puse frente a Leah y su acompañante.
—Está muerto —respondió a mi pregunta silenciosa. Jared estaba herido, su mirada era de un odio infinito.
En ese momento sentí que el aire llegaba a mis pulmones después de mucho tiempo, de casi media vida. La vista se me nubló y de pronto todo fue oscuridad.
Una luz cegadora interrumpe mi paz, me encuentro de pie y comienzo a dirigirme hacia ella, con cada paso que me acerco, la imagen que hay debajo de esa luz se esclarece, de pronto todo se materializa a mi alrededor en un abrir y cerrar de ojos.
Hombres y mujeres bailando, ella se encuentra en un rincón de la habitación llena de humo de cigarrillo, la música a todo volumen, me acerco sin poder evitar detenerme. "Bella" la llamo, cuando ella se gira hacia mi todo se desvanece.
.
Me encuentro de pie en el altar de la iglesia. Un hombre mayor, el sacerdote, recita unas palabras para la ceremonia. Giro mi rostro a mi lado derecho y ella se encuentra ahí. Su piel blanca y suave, sus hermosos ojos cafés mirando hacia el frente con emoción. Entonces me mira y sonríe con amor. Lo recuerdo, estamos casándonos.
La luz tenue de las velas aromáticas marcaba la silueta de su cuerpo desnudo. Dándole un aspecto de sensualidad que jamás había visto en ninguna otra mujer. Estábamos recostados, uno frente al otro, jugando con nuestras manos, acariciándonos las palmas, los dedos, provocando sensaciones en nuestros cuerpos que acabarían en cierto lapso de tiempo en una entrega carnal y de almas. Entonces ella me mira a los ojos con la duda implantada en ellos.
—¿Me amas? —Ella me pregunta.
—Si — respondo con una sonrisa tierna.
—¿Cómo cuánto? —cuestiona de nuevo, mientras me acerco a ella y muerdo su hombro.
—Tanto que si me lo pidieras, me sacaría el corazón del pecho y lo entregaría en tus manos. Si con ello puedo hacerte feliz.
En un abrir y cerrar de ojos, ahora otra mujer desnuda se encuentra en su lugar. Esta mujer con su larga cabellera rubia, acaricia mi pecho, sus ojos azules me miran con adoración y anhelo. Pero lo único que me hace sentir como respuesta a este momento, es asco de mí, por haberme entregado a una mujer que no era mi esposa.
Las puertas del elevador se abren, camino por el pasillo y abro la puerta, miro a mi alrededor, estoy en casa, una sensación de calidez y añoranza lastiman mi corazón. Me dirijo a nuestra habitación, ella mi esposa, se encuentra esperándome como siempre. Un vestido negro y entallado, marcaba sus curvas o lo que quedaban de ellas. Su delgadez oprime mi pecho, ¿Por qué no la observé?. Ella me mira con expectación, esperando ver mi reacción. Pero sus ojos al mirar mi indiferencia se entristecen. Paso de largo, quiero detenerme frente a ella, pero no puedo, sigo mi camino, mi cuerpo no responde a las órdenes que envía mi cerebro, como si este hombre no fuera yo, como si fuera otro. Intento desesperadamente con todas mis fuerzas cambiar el curso de los hechos. Pero este es un castigo, lo sé porque no puedo cambiar nada… Observo con detenimiento la decoración romántica que ha hecho y siento en mi rostro plantarse la burla. Grito "¡No!" pero es demasiado tarde…
—Quiero que hagamos las paces —se aventura ella a decir.
Mi corazón se agrieta… recuerdo lo que viene y eso me mata…
—No, tú no quieres hacer las paces, lo que quieres es que te folle.
"Cállate" Intento decirme a mí mismo.
—Quiero que hagamos el amor. No que me tomes como a una cualquiera. ¡Soy tu esposa!
Percibo el daño que mis estúpidas palabras le provocan. Su dolor ahora es mi dolor.
—Yo no quiero.
¿Por qué tengo que ser duro con ella? Mi ángel.
— ¿Por qué?
No preguntes amor mío, no lo hagas… Lloro, lloro, porque sé que lo que viene nos matara a ambos…
—¿Por qué?, todas las mañanas cuando te levantas ¿no te miras al espejo?
"No" No quiero escuchar, no quiero ver y no quiero revivirlo.
—¿A qué te refieres?
Sus lágrimas son mis lágrimas. Siento como el fuego arde en mi cuerpo, esto es el infierno.
—Maldita sea Isabella ¿eres tonta o te haces? —camino hasta ella, para arrastrarla hasta el espejo de cuerpo completo que se encuentra en el baño. — ¡Mírate! — ella no lo hace, baja su mirada, gruesas lágrimas caen sobre sus mejillas. — ¡Que te mires! —levanto su barbilla y giro su rostro en dirección al espejo—. Mírate, eres horrible, tu cuerpo es enorme, no te me antojas, estoy cansado de estar con una gorda y patética mujer como tú. ¡Quiero el divorcio!
Y con ella mi alma se rompe en mil pedazos, nunca la merecí. ¿Cómo un hombre cegado por la ira, puede hacer tanto daño? De esta forma. Mintiéndole, porque ella está cadavérica, su piel pegada a su cuerpo. Yo lo veo, pero no observo y la hiero sin piedad.
—No por favor, no me dejes, dame una oportunidad sólo una…
Ella de rodillas ante mí, ¿por qué no sentí piedad por ella?…
—Dame tiempo, un mes, sólo un mes.
Sus suplicas hacen añicos los trozos rotos de mi alma, de mi corazón. Ya no más por favor, pero viene el tiro de gracia…
—¿Me estás suplicando? No sé qué demonios pensaba cuando creí que eras la mujer perfecta para ser mi esposa. Los papeles del divorcio los dejo en la mesa del comedor.
Camino por el pasillo adornado por flores blancas y alfombrado rojo de aquella iglesia, la gente vestida de negro, sentada en las bancas llora y susurran…
—Es él.
—¿Por qué no la miró?
—Culpable.
—Él no la amaba.
Recorro el camino con una rosa roja en la mano, entonces la veo de nuevo como hace cuatro años… una figura de mujer vestida de negro, frente a ella hay un ataúd. Me acerco y la mujer gira su cuerpo y queda frente a mí. Un velo cubre su rostro. Me señala el ataúd, miro en el, es Bella. Pero no es la de ahora, es la de antes. Pálida, ojerosa, su piel pegada a los huesos de su cuerpo. Esta es la Bella enferma, la que con mis palabras y acciones maté, a la que no observé. Una tristeza devastadora invade cada poro, cada célula de mi cuerpo. Deposito la rosa roja en el pecho de Isabella. La mujer de negro toma mi hombro y yo la miro, ella retira el velo que esconde su rostro. Yo sé su identidad. Es ella, mi Bella, pero no mi esposa o la mujer enferma, no, es la de hoy en día. Llevo mi mano a su rostro y acaricio su mejilla, esta se encuentra fría, muy fría. Lentamente se acerca hasta mí, me abraza, sus labios rozan mi mejilla y luego a mi oído, entonces susurra:
—Sálvame.
Bella
Hoy era el segundo día que pasaba hospitalizada, después de la cirugía, y aunque me sentía carente de sentimientos de angustia o tristeza, no pude evitar pensar en que Ethan no había venido a visitarme en estos días. Miré hacia Jane, que se encontraba en el sofá de la habitación mirando muy entretenida una revista.
—Hola —le dije tratando de llamar su atención. Ella levantó la vista y me regaló una sonrisa tierna.
—Hola, pensé que no despertarías hasta el día de mañana dormilona.
— ¿Hoy vino Ethan? —pregunté con indiferencia.
—Huy… ¿Cómo es eso? No me digas que has caído en sus redes —me dijo burlonamente.
—No es eso sólo que… siempre anda merodeando y hoy no ha sido así.
—Mmm, eso no es bueno, a menos que quieras terminar perdidamente enamorada de él. Y como la buena amiga que soy, te diré que no debes encariñarte con ese hombre. No te conviene.
— ¿Por qué dices eso, no querías que tuviera una relación con él?
—Una aventura no es lo mismo que una relación.
— ¿Por qué no me conviene? —no quería sospechar, pero tal vez ella estaba interesada en él más de lo que demostraba.
—Es divorciado y desde entonces un nómada. Si la mujer lo dejo fue por algo —dijo levantando los hombros.
—No lo sabía, él solo me contó que alguna vez se había enamorado y que la perdió —Ethan me debía una explicación. Ya que no se me hacía justo que él conociera más aspectos de mi vida, que yo de la de él.
—Exacto, la perdió y no precisamente por ser un buen hombre. Y desde mi punto de vista, los hombres no cambian. Además, sus amistades no son buenas —terminó diciendo.
No pregunté más, sólo mantuve mi mirada perdida en el crepúsculo que se observaba desde la ventana de la habitación.
Rosalie
Estaba contenta, por la mañana había asistido a tres entrevistas de trabajo. Estaba segura que por lo menos en una me llamarían. Terminé de cambiarme de ropa para dormir, y me senté en la pequeña cama de la habitación, que en este momento era mi hogar en la fundación "Nuevo amanecer". Llamé a Bree desde mi móvil.
— ¡Rosalie! ¿Te encuentras bien? —preguntó tan solo respondió el llamado.
—Claro, solo quería saludarte.
— ¿Qué pasó, aún sigues en el albergue?
—Si, pero en cuanto reciba el cheque del dinero que Paúl debe darme, voy a rentar un pequeño apartamento.
— ¿Por qué no vienes a vivir conmigo? Mi amiga deja el departamento en una semana. Aquí podemos vivir muy bien las dos. Además de que me necesitaras cuando nazca el bebé.
—Bree, tienes una vida que debes disfrutar, no debes cargar conmigo, mis problemas y el mi bebé.
—Claro que no voy a cargar contigo. Te amo, eres mi hermana y sólo quiero vivir contigo por tu grata compañía.
—Mentirosa, no vas a convencerme.
—En unos días iré a verte.
—Me agrada la idea, podemos ver departamentos juntas.
—Si, pero insisto deberíamos vivir juntas. Piénsalo.
Edward
Cuando pude salir de mi inconsciencia infernal, lo primero que vi frente a mí fue a mí madre.
—Oh hijo, nos tenías muy preocupados. Tu hermano me platicó lo que hiciste por ese amigo tuyo. No vuelvas a hacerlo Anthony, por favor —sonreí.
—Calma madre, ¿dónde estoy? —pregunté un poco aturdido y desorientado suponiendo que era por los sedantes.
—En el hospital —me respondió tomando mi mano.
—Hola Bello Durmiente —fue el cordial saludo de Leah apenas entró en la habitación.
— ¿Dónde está Mike? —pregunté preocupado por mi amigo.
—Declarando.
—Necesito hablar con Emmett para que vaya por él, Mike no está muy bien ahora.
—Yo hablaré con él —su celular sonó, vi salir a Leah respondiendo la llamada y enseguida entró mi hermano.
—Hola, nos tenías preocupados. Por lo regular no eres tan débil como para perder el conocimiento por tanto tiempo.
—Necesitaba descansar mi mente, supongo —le respondí mal humorado. No me gustaba parecer débil y menos frente a él.
—No estás de humor —su sonrisa burlona, con la que había tenido que lidiar los últimos cuatro años, comenzaba a odiarla seriamente.
—Necesito saber cómo está Bella. Y también hablar con Jane —cambié el tema, ya que mi madre nos miraba a ambos muy seria, lo que significaba que estaba a punto de llamarle la atención a mi hermano. En un principio habíamos tenido algunos roces por lo mismo, mamá me defendía de las burlas de él, por lo que se sentía desplazado.
—Hablé con Jane hace como una hora y me informó que se encontraba dormida, y muy bien —me dijo.
—Gracias. Por todo lo que has hecho por mí —le agradecí, lo merecía.
— ¿Para qué es la familia? ¿Aún quieres hablar con Jane? —me cortó.
—Si, debe preparar a Bella.
— ¿Para qué? —preguntó Leah, mientras entraba nuevamente a la habitación.
—Para despedirse de Ethan —respondí mirando a mi hermano, que tenía una ceja levantada y otra vez esa estúpida sonrisa en los labios.
— ¿Y si se enamoró de él? —me pregunta riendo con burla, yo le regalo una mirada asesina.
—Más vale que no… —dije entre dientes.
Mike
Una vez que hice mis declaraciones, la policía me dejó irme. Estaba caminando hacia la salida cuando me encontré con Emmett.
— ¡Mike! ¿Te encuentras bien? Acabo de enterarme.
—Si estoy bien. Gracias. Debo irme…
—Leah me llamó. Me ha pedido que viniera por ti.
—En este momento, no me lo menciones. Voy a ver a Jessica…
—Te llevo.
En el auto, nos manteníamos en silencio. Y daba gracias porque fuera así, tenía tantas cosas en la mente. ¡Dios! Había estado a punto de ser asesinado. Mientras que mi esposa estaba molesta conmigo y sin tener la oportunidad de suplicarle perdón.
Cuando llegamos a casa de mi cuñada, bajé del auto sin decir nada. Caminé hasta la entrada de la casa y toqué el timbre de la puerta. Las puertas se abrieron dando paso a la dueña de la casa. Sin decirle nada, pasé de largo empujando a mi cuñada a un lado. Caminé hasta la sala, no encontré a Jessica ahí. Katy mi cuñada, despotricaba no sé qué tantas cosas detrás de mi. Yo simplemente la ignoré. Subí por las escaleras hasta la segunda planta de aquella casa. Abría y cerraba puertas, desesperado grité.
— ¡Jessica! —ella salió del cuarto de baño con nuestro pequeño ángel envuelto en una toalla. Corrí hasta ellas y las abrace.
—Mike ¿Qué pasa? —su rostro era sorpresa.
Perdóname, por favor —caí a sus pies llorando y pidiéndole perdón. Jessica le dio a su hermana nuestra hija. Ella se retiró sin decir nada.
—Mike ponte de pie y sígueme —lo hice—. ¿Qué sucede? ¿Por qué estas sucio? ¿Eso es sangre?
—Si pero no es mía...
— ¿De quién?…
—Es una larga historia… Por favor Jessica, necesito que hablemos de nosotros…
…
Bella
Habían transcurrido cuatro días desde la cirugía. Hacía una hora que habíamos llegado a casa, Jane me ayudó a cambiarme la ropa a mi pijama; para estar más cómoda, me recosté en la cama. Me parecía muy gracioso como andaba merodeando de aquí para allá. Y preguntando: ¿Te sientes bien? si pasa algo me avisas por favor, ¿Necesitas algo? ¿Te corro las cortinas? ¿Quieres tomar agua? Avísame si quieres comer. Todo eso en menos de diez minutos.
—Jane ya basta, tranquila —le dije antes de que volviera a preguntarme algo, ya la veía con esa intención, cuando se asomó por la puerta.
—De acuerdo, sólo trato de ser amable —dijo por fin entrando de lleno a la habitación.
—Gracias amiga. Nunca podré pagarte todo lo que has hecho por mí —dije con sinceridad.
— ¡Bah! —manoteó con la mano derecha restándole importancia a su ayuda—. Ya veré después.
Salió de la habitación, prendí la televisión y una hora más tarde un toque a la puerta se escucho, después entro por ella Ethan. Se notaba distinto como si de pronto se viera más joven o desinhibido. No podría definir qué era lo que se veía en él. Un aura extraña lo rodeaba.
— ¡Hola! —se acercó a mí para depositar un suave beso en mi mejilla.
—Hola —respondí su saludo con indiferencia.
— ¿Cómo te has sentido? —me preguntó, lo noté nervioso.
—Bien, gracias —tomé las flores que me ofrecía.
— ¿Ocurre algo? ¿Te sientes mal? —me pregunta al notar mi indiferencia.
—No sabía que estuviste casado… —le respondí sin poder evitar el toque de reproche en mi voz.
—No sé qué decirte. Lo siento —respondió mirando hacia el piso con el ceño fruncido, cuando levantó la vista noté algo muy distinto en sus ojos…
— ¿Puedo preguntar por qué terminaron? —le cuestioné sintiendo un nudo en el estomago.
—La amaba, pero… la dejé de observar. Me dejé llevar por el mundo material. ¿Cuál es tu historia con él, tu esposo? —su mirada era intensa y sentía un muy mal presentimiento.
—Él era estéril, le dije que era yo la del problema. Me fue infiel con Rosalie, ella era mi amiga... o fingió serlo. Los descubrí el día de nuestro aniversario, cuando se suponía que él debía estar conmigo, llamo para decirme que saldría de viaje, pero estaba con ella, fin de la historia.
— ¿Y luego? —le miré mal, se supone que yo quiero saber de él, no que él tenga más información de mí.
—Esa noche tuve un accidente, estuve en coma por algunas semanas. Cuando desperté mi corazón falló, los médicos me dijeron que padecía anorexia nerviosa, me internaron en una clínica de rehabilitación y ese fue el último día que lo vi.
—Fue cuando lo secuestraron —afirmó.
—Si.
— ¿Y si él volviera lo perdonarías?
— ¿Tu esposa te perdonaría? —le pregunté
—Tal vez debería preguntárselo.
—Tal vez…
…..
Ethan
Salí de su habitación sintiéndome abatido, tenía que abandonarla y tan sólo el mero pensamiento de no poder volver a acércame a ella me mataba. Una mano tomo mi brazo derecho y me giro, era Jane.
— ¿Le has dicho ya, que te vas?
—No, no puedo Jane.
—Demonios, ven conmigo —me arrastró hasta la cocina. Ninguno de los dos decía nada. — ¿Qué sucede contigo? —me preguntó mientras me puso enfrente un vaso con limonada.
—No quiero alejarme —fue mi respuesta sincera.
—Debes hacerlo. Te dije que no te involucraras demasiado con ella. Sólo lo necesario. Ella ha comenzado a tener sentimientos.
—Edward está muerto, es imposible que él esté con ella. Pero yo si tengo oportunidad.
— ¿Y vas a engañarla durante todo este tiempo? o ¿Le dirás la verdad? ¿Qué Edward en realidad si está vivo y que durante todo este tiempo ha estado protegiéndola, espiándola como el maldito sicópata que es?
—No, si le digo la verdad puedo perderla.
—No te atrevas a mentirle más de lo que ya lo hemos hecho. Algún día podría enterarse y la destruirás.
Bella
Habían transcurrido un par semanas, hacía tres días había comenzado mi rutina normal, pero me llevé una gran sorpresa cuando Emmett me informó que Eleazar había muerto en un tiroteo, que la policía tenía algún tiempo siguiéndole los pasos. También me dijo que había sido el causante del secuestro de Edward y su muerte. Eleazar murió sin confesar qué había sido de Edward. Ese día lloré, porque por fin teníamos la seguridad de que Edward había sido asesinado y jamás encontraríamos su cuerpo. Esme había sufrido una crisis nerviosa. Al día siguiente de enterarme de la noticia, hice los arreglos para comprar un nicho y poder mantener ahí su memoria, tal vez pareciera tonto tener un lugar a su nombre estando vacío. Pero para mí era importante poder tener ese lugar para visitarle. El domingo, la familia completa y yo asistimos finalmente a su funeral, Jane estaba conmigo.
El sacerdote dio un servicio, mientras Esme lloraba descontrolada, Alice estaba deshecha y Tanya la ayudaba a mantenerse en pie, Carlisle por su parte, soporto estoicamente y fue la roca a la cual su esposa se aferro.
Mis lágrimas salían de mis ojos sin que yo pudiera evitarlo, para mi había muerto la esperanza y eso dolía hasta los huesos. Fue un golpe de frente, al darme cuenta que en verdad jamás volvería a verlo. El servicio terminó, cada uno de su familia se despidió de él y el nicho fue cerrado. Todos abandonaron el lugar, mientras que yo aguardé sin decir nada.
—Te dejo unos momentos para que te despidas —me dijo Jane, yo sólo asentí en respuesta, las palabras se negaban a salir de mis labios.
Después de unos minutos sin saber cómo decirle adiós al hombre que había amado, no sólo con el corazón, también con mi alma y mi vida. Aquel hombre que me había destruido, pero también me había hecho más fuerte al final. Saqué de mi bolso su carta.
"La última vez que nos vimos me dijiste que la leyera cuando estuviera preparada. Han pasado ya más de cuatro años y hoy al fin creo que ha llegado el momento"
Amada Esposa:
Desde el fondo de mi corazón, reconozco que he terminado con nuestro amor. Que fui yo quien se equivocó y que tú, lo único que hacías mientras yo te destruía, fue amarme con devoción.
Si tan sólo pudiera regresar el tiempo, yo haría hasta lo imposible por merecerte. Porque hoy, cuando ya es demasiado tarde, me doy cuenta que jamás he sido digno de ti y del inmenso amor puro que me ofrecías, a pesar de que yo sólo te di lágrimas y tristeza.
Sé que piensas que estoy mintiendo una vez más. Que ahora te busco porque creo que nadie va amarme por ser un hombre estéril. Pero entérate que no es así.
Cuando te conocí, fue tu inocencia que me llamó hacia ti; en nuestras salidas, fue la bondad de tu corazón desinteresado lo que me enamoró. Cuando nos casamos, tu pasión te tatuó a mi cuerpo. Pero fue mi cobardía, la que me cegó y me alejó de ti.
Hoy quiero desnudar mi alma y dejar la fachada, mi disfraz, hoy quiero confesarte todos mis pecados. No voy a mentirte más, tal vez la verdad te hiera. Pero si quiero recuperarte, es preciso afrontar la realidad.
Te engañé por primera vez con una prostituta cuando me dijiste que no podías ser madre, debí estar a tu lado, pero lamentablemente no fue así. Si piensas que para mi fue placentero tocar otro cuerpo, cariño… estas muy equivocada. Me sentía sucio y una completa mierda, disculpa mis malas palabras pero ya no quiero ser un hipócrita; culpable por lo que había hecho y tu amor incondicional me enfermaba, porque en el fondo sabía que no te merecía. Porque ahora que lo pienso detenidamente, lo que yo deseaba era que me odiaras, me abandonaras por haberte fallado, por romper nuestros votos.
Pero tú continuabas a mi lado, amándome a pesar de todo, cuando te golpeé y vi que te ibas, no pude dejarte ir aun cuando en el fondo yo lo deseaba porque me lo merecía. Pero fui egoísta y te retuve a mi lado con falsas promesas. Tal vez te parezca contradictoria mi forma de actuar y pensar. Pero no lo es tanto cuando piensas que es más fácil escuchar "Te voy a dejar" que decirlo uno mismo. Porque cuando eres cobarde intentas más parecer un cabrón, que un estúpido arrepentido.
Cuando conocí a Rosalie, me recordaba a ti, y esa especie de admiración que sentías cuando nos conocimos y luego nos unimos en matrimonio. Yo te necesitaba, pero quería en mi subconsciente que me dejaras, por eso mis estúpidas acciones. Su amor tan parecido al tuyo fue lo que me acercó a ella. Porque yo deseaba tu amor, beber de tus labios tus besos. Engañé mi mente, mi cuerpo, mi corazón, nuble mis sentidos y le mentí a mi alma con ese falso amor. ¿Sabes? nunca quise dejarte en realidad. Sin embargo, sabía que no importaba si era yo quien se iba, en el fondo siempre supe que tú me esperarías.
Llámame presuntuoso, pero yo confiaba en que tu amor por mí era inmenso y no tenía fin.
Esos cinco días, supe que no podía seguir haciéndote daño, tuve un presentimiento, sueños que me torturaban, pero que al final me abrieron los ojos. Haciéndome recordar cuanto te amaba y lo desdichado que sería si tú realmente desaparecieras de mi vida.
Entonces la venda con la que me había auto cegado cayó de mi rostro y te observé…
Lo que encontré no era la niña, la mujer con la que yo me casé. Estas cansada, enferma por la inseguridad que con mi desprecio e infidelidades te causé. No amor, ¿Me permites continuar llamándote así? Amor, siempre has sido para mí lo más hermoso que ha habido en mi vida. Tus ojos, que me dejaban ver tu alma y el amor que me profesabas; tu piel, suave como el terciopelo; tus dulces labios, que me daban a beber el agua sagrada que era capaz de quitar la sed; tus montes que me llevaban a la cima, para poder tocar el cielo cada vez que los besaba; tu cintura, que amaba recorrer con mis manos temblorosas por el deseo que ese simple acto me causaba; y qué decir de tus grandes, exquisitas y apetecibles caderas; ¡Díos mío! Tus piernas largas que se enrollaban en mí cintura, volviéndome un loco poseso de ti. Isabella, eres hermosa en todos los sentidos. Pero siempre ha sido la calidez de tu corazón la que me hacia soñar, la que me ataba irremediablemente a ti. Y yo, un vil y desgraciado pobre diablo, te hice creer lo contrario. Me odio a mí mismo y cada lágrima que has derramado por mí, me llevará al infierno por el resto de mis días.
No me alcanzará esta vida para que puedas perdonarme, eso lo sé, también estoy seguro que al fin me dejarás y tal vez me olvidarás. Pero te pido por favor me perdones. Y si algún día tú decides regresar amor mío, yo siempre estaré aquí esperando pacientemente una oportunidad para amarte…
Te amaré por siempre.
Edward C
Cuando terminé de leer sus palabras, mis manos temblaban, sollozaba y entonces el dolor que hacía tanto tiempo había creído superado, regresó; la pérdida y la decepción por el hombre al que amaba y entregué todo lo que podía darle y aun más, el que casi me cuesta la vida. Me pide perdón y…
"Yo te perdono, porque ya no tiene caso seguir viviendo de un pasado que jamás podrá ser remediado. Porque quiero ser libre para poder continuar".
El dolor en mi pecho comenzó a hacerse cada vez más fuerte, el aire me faltaba y caí de rodillas al piso. Cerré los ojos tratando de controlar todo aquello que sentía. Luego sentí como era cargada en brazos. No hacía falta que mirara quien era mi caballero de armadura dorada, su aroma era inconfundible, tan similar al de Edward. Recargué mi cabeza en su pecho y le dije:
—Ethan… por favor… no me dejes. —después me perdí en la oscuridad.
Edward.
Había estado observando mi funeral oculto entre las lápidas. Era extraño ver, cuánto es que las personas expresan el amor de sus difuntos en muerte, más de lo que hacen en vida. Ver a mi madre llorar me rompe el corazón. Pero por el bien de ellos no podía volver nunca más. Jared seguía con vida y aunque estuviera en la cárcel, no significaba que el peligro se terminara. Además, el programa de protección a testigos me impedía un acercamiento directo. Entre menos supieran de mi era mejor y más seguro para ellos. Los amaba y muchas veces me hicieron tanta falta. Y aunque tuviera a mi lado a mi familia biológica, nos separaban veintiocho años y de toda una vida de recuerdos.
Cuando todos se fueron y ella se quedó de pie, mirando y hablando; desee poder estar a su lado, que lo que tenía que decirme lo hiciera mirándome a los ojos. Me acerqué poco a poco, cuidando de que ella no percibiera mi presencia. Hasta que la vi caer al piso, acorté la distancia corriendo. La sujeté y levanté en brazos. Sentirla de esa manera tan cercana me hizo temblar de dicha. Miré su rostro, estaba pálido y tenía una mueca de dolor, sus ojos estaban cerrados, quería que ella los abriera y me viera por fin, que supiera que estaba ahí, que siempre estuve ahí con ella. Que en realidad nunca la había abandonado. Que yo era su guardián, su protector. Que las sombras eran mis aliadas para perseguirla y observarla. Que no debía temer o sentirse sola, porque yo siempre estuve con ella. Ella recostó su cabeza en mi pecho, un par de lágrimas salieron de mis ojos perdiéndose entre sus cabellos. Y todo terminó cuando ella hablo:
—Ethan… por favor… no me dejes. —para después perder el conocimiento. En ese momento Jane llegó.
— ¿Qué sucedió? —me preguntó Jane.
—Perdió el conocimiento, llevémosla al hospital —le respondí, me preocupaba su desmayo. Sobre todo porque tan solo habían transcurrido quince días del cambio de su Marca Pasos.
— ¿Te vio?
—Pensó que era Ethan —respondí, pero mi voz se quebró al darme cuenta, que tal vez ella ha comenzado a olvidarme y en cambio es Ethan quien habita ahora en su corazón. Me sentía herido y celoso, aunque no debiera. Pero esto me demostraba que algún día ella se enamoraría de alguien más. Que hará su vida y su felicidad será mía también, por otro lado me sepultará en vida de una manera no física.
—Súbela a mi auto yo la llevo. Si despierta y te ve, sería un error.
—Te seguiré en mi auto.
—Si.
Llegamos al hospital quince minutos después, Jane manejaba como una endemoniada corredora profesional y agradecí su habilidad. Envié un mensaje a mi padre desde el celular de Jane, ella se quedó con el mío. Cuando Jane estaciono el auto, los paramédicos estaban ya listos esperándolas.
Bella
Los susurros de Jane hablando con Esme, me sacaron de mi maravilloso sueño, donde Edward estaba vivo, donde él se encontraba a mi lado y me amaba. Abrí los ojos poco a poco y entonces las vi sentadas de mi lado izquierdo en un par de sillas.
—¿Cómo te sientes? —era Ethan, giré mi rostro al lado contrario y allí estaba él de pie a mi lado.
—Mareada —le indiqué.
—Llamaré a tu doctor —me dijo. Antes de salir en busca del médico me dio un beso en la frente.
—Hija —Esme se acercó a mí, me sentí un poco cohibida, acababa de decirle adiós a Edward y temía que Esme pensara que ya tenía una relación con otro— nos diste un buen susto.
—Lo siento ¿Ahora qué sucedió?
—Carlisle te lo explicara mejor —fue Jane quien respondió mi pregunta a Esme.
Carlisle entró en compañía de Ethan. Su rostro era indescifrable. Lo único que podía percibir era que no me gustaría lo que iba a decirme, su seriedad me lo decía. Me saludó y comenzó a examinarme.
—¿Qué sucede Carlisle?
—Bella, cuando llegaste al hospital presentabas disfunción en la frecuencia cardiaca. Y el inicio de un nuevo infarto.
—Pero… ¿Por qué?
—Te he puesto en la lista de espera como un caso urgente.
—¿Qué?
—El Marca Pasos no funcionó en esta ocasión. Tu cuerpo lo ha rechazado. La solución es el trasplante de corazón.
…..
Rosalie
Estaba saliendo de mi nuevo empleo, caminé hasta un café cerca de la avenida central que me conduciría a mi cita con Bree. Entré al pequeño establecimiento, era un lugar que despedía una armoniosa calidez, sencillo pero agradable. Observé el lugar en busca de una mesa desocupada. Cuando vi una anciana retirarse de una de ellas. Me dirigí a la mesa ahora vacía, esta se encontraba en un rincón, me senté en la silla y una camarera se acercó. Saludó con amabilidad, retiro la taza y limpio la mesa que había sido ocupada minutos antes. Después de tomar mí orden se retiró. Observé a las personas a mi alrededor, luego vi la hora que marcaba mi reloj. Era demasiado temprano para que Bree llegara. Llevé instintivamente mi mano a mi vientre al sentir el movimiento de mi bebé.
—¿Qué sucede cariño? Tranquilo sh…sh…sh te amo.
La camarera llegó con mi taza humeante de chocolate, una vez se retiró, la tomé con mis dos manos y aspiré el aroma, sin siquiera beberlo podía degustar su sabor. Solté un suspiro cuando el líquido estuvo dentro de mi boca, la bebida era uno de mis antojos.
De pronto comencé a recordarlo a él, a Edward. Que equivocada estaba en ese entonces, enamorada de un hombre que lo único que veía en mí era mí cuerpo, sólo sexo. Fui tan ingenua en pensar que él era un héroe, tal vez lo fuera en algún sentido, después de todo me había salvado de ir a la cárcel. Pero de ahí, a ser el hombre perfecto del que estúpidamente me enamoré y creé en mi mente. Estaba muy pero muy lejos de serlo. La forma en la que la trataba a ella, su falta de lealtad hacia Bella, debía decirme que no debía confiar en él o en sus palabras, porque en cualquier momento podía abandonarme a la suerte como a su mujer. Y era verdad, al final lo hizo, justo cuando estaba tan cerca de tocar mi propio paraíso, cuando mis fantasías estaban por hacerse realidad, él me dejó. Sin mirar atrás, sin compasión al igual que había hecho con ella.
No puedo cambiar el pasado, sólo queda afrontar el futuro. Ahora tenía mi propia familia por quien luchar, si algún día encontraba el amor bienvenido, pero en esta ocasión no me aferraré a una fantasía, sino a una realidad.
—Rosalie —me llamo Bree a mis espaldas.
—Bree —me puse de pie y le di un beso en la mejilla. A mi pequeña hermana, tan hermosa y pequeñita de estatura, pero no frágil.
Hablamos sobre lo que nos había sucedido en estas semanas que no nos habíamos visto, pagamos la cuenta y salimos a la calle para visitar el primer departamento en renta. Ella tocaba mi vientre y le hablaba al bebé.
Habíamos visitado tres departamentos distintos y ninguno me había convencido. Por lo que fuimos a una tienda de ropa para bebés y ahí compramos algunas cosas. Por primera vez en la vida me sentía feliz. El día había sido largo, Bree se despidió de mi con un beso en la mejilla. Ella tomó un taxi, la despedí con mi mano y sonreí, el semáforo se puso en rojo por lo que aproveche para cruzar la calle, por un momento mire hacia a atrás y sonreí a mi hermana por última vez.
….
Nota:
Muchas gracias por todo su apoyo y la espera.
El siguiente capitulo es el final.
Gracias por leerme, por comentarme y brindarme un poquito de su tiempo.
Yo dije que hoy actualizaba, así que ya es muy tarde por lo que mejor subo el capitulo y respondo Review por FF.
Próxima actualización el 14 de noviembre.
Chapter 12: Chapter 12
Por amor
"Una oportunidad para amarte"
Gracias por compartir tus personajes con tus fans, Meyer.
Betas: Gracias por todo…
Sarobari, Lillian, Miry Alvarez, Yumel 22.
Ludwica Cullen
Lector:
Gracias por regalarme un poco de tu tiempo para leer mis locuras producto de noches de insomnio. Por recomendar esta historia, por nominarla en concursos y por sus votos también.
Grupos de Facebook y Blogs
Gracias por su apoyo y por sus recomendaciones.
Soundtrack:
May I (Trading yesterday)
por Bella Rocío.
Capítulo 12
Y tú… ¿Qué harías por amor?
No podía creer mi mala suerte, estaba muriendo lentamente. El implante no funcionó y ahora debía esperar a que alguien de buena voluntad haya decidido donar sus órganos antes de morir. Y aun así, existía la posibilidad de no resistir la operación. Ahora me mantendrán en el hospital monitoreada, conectada a estos aparatos y lo peor, medicada.
¿Qué clase de final me espera si no encontramos un donador a tiempo? ¿Moriría aquí en este cuarto de hospital? ¿Sola?
Edward
Saber que su vida se esfuma como humo entre mis manos me atormenta, su corazón poco a poco deja de latir, su vida se extingue con cada segundo que pasa. No encuentro solución a este problema. He arriesgado todo por verla a salvo, he hecho cuanto he podido por hacerla feliz.
Caminé por los fríos y largos pasillos del hospital hasta su habitación, en la entrada me detuve, ahí estaba él, el hombre que en mi ausencia se convirtió en mi rival, el hombre que tal vez pueda ganar su corazón, después de todo es un mejor hombre que yo. Me oculté para no ser visto, me carcomía el hecho de verlo junto a ella. Quisiera entrar y hacerle frente, decirle que estoy aquí, que jamás la abandoné. Demostrarle cuanto la amo, pero es inútil.
—Bella, no te desanimes. Ya verás que pronto habrá un donador —le dijo él mientras la tomaba de la mano.
—No me desanimo, sólo soy realista. Es poco el tiempo que tengo y la espera es muy larga —respondió ella con tristeza y pesar, mientras lo miraba.
—Más bien tienes miedo y es válido sentirlo, pero escúchame cuando te digo que tu vida no terminará aquí. Saldrás adelante porque eres una persona fuerte y maravillosa. Recuerdo que un día me dijiste que querías ser madre, lucha por hacerlo realidad.
—Para eso necesito primero al padre —le respondió con su hermosa sonrisa.
—Aquí estoy yo.
Lo odiaba, sus palabras me hicieron caer a la realidad, de que yo jamás podré hacerla feliz. ¿Qué podía ofrecerle? Nada, sólo mi única y eterna compañía. No podía seguir mintiéndome pensando en que cuando ella supiera la verdad me aceptaría de nuevo en su vida. ¿Para qué? ¿Para negarle la maternidad a su cuerpo, a su alma? Era fácil adoptar, pero ella es capaz de concebir. ¿Le negaría esa felicidad? De ninguna manera, la destrocé y su amor por mí la obligó a sacrificarse. Hoy era el día en que yo debía demostrar mi amor, pero no a ella. Jamás la dejaría con esta carga.
Di media vuelta, no sin antes verla por última vez, sentada en esa cama, demacrada con rostro cansado, débil. Mi consuelo será que cuando todo haya pasado estará bien, su piel tomara vida de nuevo, sus ojos, el brillo inocente que me enamoró cuando la vi por primera vez. Las lágrimas caen de mis ojos, pero no son de tristeza, son de felicidad, porque ella vivirá, encontrará de nuevo a alguien que la proteja y que la ame. Ella será madre y compartirá la dicha con aquel que la acompañe en la vida. Yo donde quiera que me encuentre, si acaso existe un mundo después de esté, la veré feliz. Puedo imaginármela, enamorada de alguien que la ame y la valore, embarazada, plena y feliz.
Llegué al estacionamiento, una brisa de aire fresco inundó no sólo mis pulmones, sino también mi alma. Entré al coche, lo encendí y conduje hasta la farmacia más próxima a aquel que fuera mi santuario, uno que con mis bajos instintos mancillé, llevando a mi amante haciéndola pasar como la amiga de mi mujer. Mi hogar. Después de comprar Aspirinas me dirigí a mi antigua casa.
Dentro del apartamento recorrí cada rincón del lugar, me senté en aquel sofá que muchas veces compartimos y en el que incluso hicimos el amor tantas veces que no podría contarlas. Pensaba en ella, en los momentos compartidos, las sonrisas de alegría, su respuesta a una simple frase como "Te amo" su tímida respuesta a mis caricias. La recordaba a ella amándome, siendo mía y yo de ella.
Carlisle
Esta mañana la ciudad estaba empañada con el cielo gris de la lluvia, manejaba rumbo al hospital. El día de ayer por la noche había recibido la llamada del doctor Alec, quien me había informado acerca de un posible donador. Hoy hablaría con el familiar para esclarecer sus dudas y saber su decisión. Una llamada interrumpió mi aburrido viaje. Con el manos libres respondí…
—Diga
— ¿Papá? —apenas creyendo lo que había escuchado, por acto reflejo mire el aparato como si este pudiera darme una respuesta de lo que ocurría.
— ¿Quién habla? —pregunté con la duda de que posiblemente fuera número equivocado.
—Soy Edward —jadeé sorprendido, no podía creerlo. ¿Sería acaso una broma? pero luego caí en cuenta de que en realidad era su voz.
— ¡Oh por Dios! Hijo, ¿dónde estás? ¿de verdad eres tú? —aún tenía mis dudas.
—Si, estoy en el departamento donde viví con Bella — ¿Cuándo había vuelto? ¿Qué hacía ahí? Un momento… ¿Estaba llorando?
— Hijo ¿Qué sucede? Voy para allá —le dije. Desviándome de mi ruta para llegar a donde se encontraba él, mi hijo.
—Escúchame, llama a una ambulancia —me asusté. ¿Se encontraba mal?
— ¿Qué pasa? Respóndeme. ¿Te encuentras bien?
—Yo seré el donador de Bella, date prisa, la puerta está abierta — ¿Qué? Me sentí caer en un abismo. No podía recuperarlo y después perderlo.
—No espera Edward ¿Qué dices? Edward….
—Papá… lo siento. Los amo.
….
Edward
Terminé la llamada que sostenía con mi padre, confiaba en que llegaría a tiempo. Comenzaba a marearme, había ingerido ya una fuerte dosis de Aspirinas, estaba por terminarme todas las pastillas. Tenía ganas de vomitar e intentaba con todo mi ser mantener todo dentro de mi sistema. La vista comenzaba a nublárseme. Pero nada de eso me importaba, yo solo quería que Bella fuera feliz, que tuviera una oportunidad de vida. Que se realizara como mujer, como esposa, que lograra ser madre, que su vida fuera larga y en compañía de alguien que la amara y valorara. No como yo, un imbécil que la dañó, humilló y destruyó. Yo debía ser aquel que le devolviera el favor. Ella había creído que yo no la amaba por su físico, que no me atraía y por eso cayó en depresión, yo fui el culpable de que ella se dañara en su afán por atraerme. Ella daba su vida por mí. Ahora yo daba la mía por la de ella. Todo por amor.
Cada minuto me sentía más cansado, mis ojos luchaban por no cerrarse pero ya me resultaba imposible mantenerme despierto, a lo lejos escuché un estruendo, me dejé llevar pensando en que serían los paramédicos, o tal vez mi padre, no lo sé…
Carlisle
El departamento de Edward no estaba lejos de donde me encontraba, llamé una ambulancia y les hablé a grandes rasgos de lo que sucedía. No podía permitir que mi hijo muriera. Porque su muerte sería en vano.
Una vez llegué a mi destino, bajé del auto y entré al edificio… el conserje me llamaba, gritando detrás de mí que nadie podía pasar, a menos que las personas que iba a visitar dieran su autorización para que él permitiera la entrada. Pero lo ignoré totalmente.
— ¡Hombre deténgase!
—Una ambulancia viene en camino déjelos pasar. Soy médico y esto es una emergencia —dije mientras esperaba que abrieran las puertas del elevador. En ese momento vi la ambulancia llegar a través de la puerta de vidrio. Pero no había tiempo de esperarlos, cada segundo contaba. Subí al elevador sin esperarlos. Cuando las puertas se abrieron salí corriendo entrando al departamento de Edward.
Corrí hasta la habitación, él estaba ahí… estaba sobre la cama, a su lado un frasco de pastillas… Aspirinas. Lo levanté y sujeté por detrás, él estaba perdiendo la conciencia. Oprimí su estomago para hacerlo vomitar todo lo que había ingerido en su intento de suicidio. Él intentaba no vomitar, pero al final logré que desistiera. Los paramédicos entraron, me hice a un lado y los ayude a atenderlo. Aun sin poder dar crédito a lo que mis ojos veían…
Era él, era mi hijo.
Cuando íbamos camino a la ambulancia llamé a Esme, con manos temblorosas por la dicha de haberlo encontrado por fin, por las mil emociones y pensamientos que cruzaban por mi mente. Después de un segundo toque, Esme atendió mi llamado.
—Carlisle ¿Qué sucede? —me preguntó, pues sé que en este momento debía estar trabajando y nunca le llamaba en este horario a menos que fuera estrictamente necesario.
—Esme, lo encontré.
—¿El corazón para Bella? —preguntó con total inocencia y sollocé de nuevo pero fue de dicha, no de tristeza.
—¿Carlisle? —supe que ella ya me había entendido pero no quería decirlo en voz alta por temor a equivocarse.
—Si Esme, a nuestro hijo.
Cuando llegamos al hospital, le realizamos un lavado de estomago para tratar de eliminar los fármacos de su organismo.
Edward
Había estado soñando con Bella. Abrí mis ojos y lo primero que observé fue a mi padre, estaba ojeroso y parecía haber envejecido diez años desde la última vez que lo vi. El día de mi funeral. Llevaba ropa casual. Seguramente estaba fuera de sus labores.
De pronto recordé porque estaba aquí. Comencé a llorar. ¿Por qué me había salvado? Él escuchó mis sollozos, porque de inmediato despertó y me miró.
—Hijo… —me llamó.
—¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué me salvaste? —le pregunté furioso, mi mirada de rencor lo desconcertó.
—Tranquilo hijo —su voz era serena.
—¡No!, ¿por qué lo hiciste? Yo quiero que ella viva —la garganta me ardía y mi voz se escuchaba ronca.
—Ayer por la tarde le realicé el trasplante de corazón a Bella, encontramos a un donador —me dijo con una tenue sonrisa.
—¿Qué? ¿Cómo esta? —pregunté. Si, no pude evitar sentirme un poco estúpido.
—En cuidados intensivos, estará ahí las primeras cuarenta y ocho horas —mi padre comenzó a llorar—. Eres un estúpido arrebatado. Dios, estás vivo.
Mi padre se dejó caer prácticamente sobre mí llorando. Lo abracé. Cuánto había necesitado de él, de su fortaleza, de su amor y su protección. Durante tanto tiempo me sentí perdido; ahora en los brazos de mi padre me sentía en casa. Era tan fuerte el sentimiento que no podía llorar.
—No, nadie debe saberlo —le dije, él se apartó de mí para mirar mi rostro.
—Lo sé, Jane nos ha explicado todo —me informó, y por un momento me cruzó por la cabeza que Bella lo supiera, pero no podía ser porque aun debía estar recuperándose de la operación.
—¿A quiénes?
—A tu madre y a mí —me explicó. ¡Mamá!
—¿Dónde está mamá? —pregunté. ¡Dios mío! Parecía un niño pequeño. Pero no me importó parecerlo. Cuando pierdes a tu familia, cuando estás tan cerca y tan lejos a la vez, es un infierno y ahora que la vida o mi estúpido intento fallido de suicidio me dieron la oportunidad de verlos y abrazarlos, era justo lo que pretendía a hacer.
—¿Esme? —me pregunta, como si dudara de que estuviera pidiendo por ella. ¿Por quién más si no?
—Si —respondí.
—Con Elizabeth en la cafetería —me dijo con burla. Arqueé mis cejas en expresión de asombro. Saber que tu madre la que te cuidó y tu madre la que te dio la vida recibiéndote con los brazos abiertos veintiocho años después, estaban juntas tomando un café, era extraño.
—Papá lo lamento, yo… no podía decirles. Perdóname.
—No hay nada que perdonar Edward. Te amamos. Edward un terapeuta vendrá a hacerte un examen de rutina.
—¿Por qué? —pregunté desconfiado.
—Intentaste suicidarte —me respondió.
—Sabes por qué lo hice. No volveré a hacerlo —debatí. Odiaba a los psicólogos.
—Edward necesitas ayuda, el secuestro, el alejamiento de tu familia, la manera en que te expusiste para salvar a Mike y muchas otras cosas más te han marcado. Hablarlas te ayudará.
—Durante un año recibí ayuda. No necesito más —insistí.
—No pierdes nada con hablar con él. Va a evaluarte y si todo está bien, no hay por qué temer ¿no es así? —psicología inversa… ¿acaso pensaba que no sabía lo que intentaba hacer? Pero era mi padre y si con ese tonto análisis estaría más tranquilo ¿Por qué negárselo?
—Supongo.
—Bien. Su nombre es Jasper Whitlock.
Bella
Habían transcurrido diez días después de la operación, hoy Carlisle autorizaría mi alta. Al fin. Habíamos acordado con Jane que ella se haría cargo de mí. Aunque Esme me había ofrecido a cuidarme, me negué a ello. Ella ya tenía bastante con lidiar la perdida de Edward. Carlisle estaba dándole las indicaciones a Jane de mis cuidados.
—Jane, estas son las recomendaciones y los cuidados que Bella debe tener. Comenzaremos con la incisión, esta debe estar seca y limpia. Cuando revises la herida no debe estar enrojecida o caliente. Los puntos deben estar cerrados. Debes lavar la herida con agua y jabón. La temperatura de Bella…—me perdí en las palabras de Carlisle, me sentía completamente extraña— Los medicamentos…. —en momentos como estos en que los veía hablar de cuidados y más cuidados, me daban ganas de llorar, reír y gritar. Pero la realidad era que por fuera yo no demostraba absolutamente nada. Mis emociones eran un caos.
—Si claro —dijo Jane mientras me miraba y sonreía. Estaba comenzando a odiar su sonrisa, el motivo, no lo sabía.
—El reposo es indispensable… —bla bla bla, me pregunto cuantas palabras ha dicho en este, su pequeño discurso de "cuidemos a Bella"…— Bella debes hablar de tus emociones.
Entonces desperté del sueño en el que me encontraba sumida mientras ellos hablaban.
—Disculpa.
—¿Te he aburrido? —preguntó divertido.
—Lo siento yo…
—No te preocupes. Estaré visitándote diariamente antes de venir al hospital.
—Gracias.
Ethan.
Me encontraba en el departamento de Bella, acondicionando su recamara para su larga recuperación. Puse unas flores en su cómoda. Algunos regalos que le habían hecho. Escuché que abrieron la puerta de la entrada. Salí para recibirlas, ahí estaba ella en una silla de ruedas y detrás Jane.
—Hola hermosa —saludé acercándome a ella.
—Por favor no seas hipócrita —sus palabras hicieron parar mi avance en seco.
—¿Disculpa? —pregunté mas asombrado que ofendido.
—Durante el tiempo que estuve internada no fuiste a verme —me dijo. Lastimándome— ¿Qué hace aquí? —preguntó a Jane.
—Bella, Ethan ha estado haciéndose cargo de la fundación mientras yo estaba en el hospital —Jane salió en mi defensa. Lo agradecí.
—Emmett se ha hecho cargo de la firma y sin embargo todos los días fue a verme.
—Mi hermano intentó suicidarse —le dije. Ella me miró asombrada.
—Estuve en el hospital con él. Cuidándolo después del trabajo. Luego cuando le dieron de alta, lo llevé arrastras a sus terapias con el psicólogo ya que se negaba a tomarlas, desviándose en el camino para espiar a su ex mujer. Por lo que en cada terapia me quedaba fuera de la puerta hasta que él salía en compañía del medico —ella me miraba con asombro y arrepentimiento.
—Lo siento. ¿Se encuentra bien? —preguntó finalmente.
—Si. Gracias por preguntar —le sonreí para quitarle tensión al asunto.
—Discúlpame yo… no sé qué es lo que me pasa últimamente.
—No te preocupes. Todo estará bien.
Me acerque a ella y le tomé de la mano arrodillándome a sus pies. Jane desapareció en el instante que vio la escena demasiado intima entre nosotros. Deposité un beso en la palma de su mano y la miré a los ojos.
"Por amor a ti, seré capaz de cualquier cosa, con tal de tener una oportunidad para amarte y comenzar una vida llena de recuerdos".
…..
Nota: ¿Ya perdonaron a Edward?
Bueno si han votado por un final distinto, esto es lo más que he podido hacer. Pero si se tocaron el corazón y quieren continuar descubriendo los últimos secretos del Diablo vestido de Ángel, nos leemos en el Epílogo.
La siguiente semana capitulo doble Epílogo y el primer capitulo de la tercera temporada, Una vida llena de recuerdos.
Fecha de actualización 21 de noviembre.
Grupo en Facebook Por Amor…
Daniela: Mucho gusto… todas tus preguntas tendrán su respuesta a su debido tiempo. Muchas gracias.
Lkm: No importa, lo que cuenta es que estas aquí.
Annie: No
The princes SC: gracias y aun me falta mucho.
Pili: Gracias a ti por leer.
Robsten: Esta tiene tercera temporada y el fic sería De la tentación a la obsesión.
Diana: Edward no puede volver a su vida normal ya que esta en el programa de protección a testigos. Jared aun sigue vivo.
Anonimo: No lo maté.
Caresme: Hay tercera temporada.
Mahely: Si captaste lo que sucedió con Rose.
Solcy Gonzalez: Muchas gracias, Ethan no quiere irse.
Ev76 Si hay tercera temporada y algunas respuestas de tus preguntas vienen en los siguientes capítulos.
Maya Cullen Masen, Crematlv19, Bella Rocio, Marah2221, Pekascullen, Prettybells, Naty Nessie Cullen, Ashleyswan, Milla Whitlock, Isis Janet, Zujeyane, Cindylis, Fernanda HC, Gaby Twilight, Seiya-Moon2, Tataxoxo, Dezkiciada, Little Whitiee, Fle-Arg, Sky TwiCullen, Dani-vg9806.
Gracias lectores silenciosos.
Chapter 13: Chapter 13
Por Amor
Una oportunidad para amarte
Los personajes no me pertenecen solo la trama.
Rated M (para mayores de 18 años)
Beteado por: Sarobari, Lillian P y Miry Alvarez.
Gracias a Ludvika Cullen por su participación.
Sonudtrack: Fix you de Coldplay.
Por Bella Rocio.
Epílogo
Bella
Ethan tenía razón, todo estuvo bien…
Ethan y Jane eran para mí, mis ángeles guardianes. Durante estos siete meses ellos me cuidaron. Jane se preocupaba por mis medicamentos y alimentación. Ethan hablaba conmigo acerca de mis emociones. Se ocupaba de distraerme para no desesperarme por el encierro. Cuando comencé con las caminatas diarias, él me acompañaba en ellas todas las tardes. Se había comportado como un gran amigo. Debo confesar que esa atracción sexual que sentía por él, en ocasiones me mataba. Pero él no había demostrado ningún acercamiento de esa índole. Siempre estaba para mí, eso era cierto, pero tan sólo como un amigo. A veces me preguntaba, sí es que acaso para él todo lo anterior había sido un juego. Y aunque muchas veces estuve a punto de tomar la iniciativa, al último momento me arrepentía, su amistad era muy valiosa para mí. Tenía miedo de perderlo.
Hoy era un día especial y triste. Lleno de recuerdos felices y amargos. Jane había salido con Dimitri, mientras que yo como cada año, me encerraba en mi habitación a recordar.
Me encontraba en mi habitación mirando el atardecer desde mi ventana, en una hermosa tarde cómo hoy me había casado con Edward. Había sido muy feliz. Pero también hacía cinco años él me había dicho que me amaba, y como una estúpida en estas horas, estaba arreglando todo para esa supuesta reconciliación. ¿Quién me iba a decir que más tarde lo encontraría con su amante en ese restaurante? Aún dolía demasiado. Bebí el último trago de mi jugo de naranja. Y entonces escuché el timbre del interfono. Limpié mis lágrimas y respondí al llamado.
—¿Quién es?
—Soy Ethan, ¿princesa, puedo subir a verte unos minutos?
—Claro, ¿traes tu llave?
—Si.
Ethan, tras haberme cuidado en los días que Jane estaba en la fundación, le proporcionamos una copia de la llave de la puerta principal. Unos minutos después, escuché un par de toques de la puerta del departamento. Al abrirle y verlo de pie vestido con un traje de color negro y una camisa gris Oxford, no traía corbata y los primeros tres botones de la camisa estaban abiertos, mostrando parte de su pecho y su piel. Parecía tan sexy que de un momento a otro me dio sed, pero no de agua, sino de él. En su mano derecha traía un osito de peluche, mientras que en la otra, un par de rosas: una blanca y una roja. Una sonrisa apareció en mis labios mientras que sentía mi corazón martillar en mi pecho. Con un nudo en la garganta y un suspiro de nostalgia, me pareció que Ethan tenía un gran parecido a Edward. Por lo que verlo llegar de esta manera me hizo sollozar.
—Hey hermosa… mi amor ¿qué pasa? —me decía mientras me estrechaba en un abrazo con todo y regalos, su aroma inundó todos y cada uno de mis sentidos, sintiéndome perdida en ese mar de recuerdos agridulces.
—Tranquila amor.
Me llevó hasta el sofá, soltó su abrazo para dejar las cosas que traía en la mesa de centro de la sala. Me tomó de la mano y me condujo a la habitación. Nos sentamos en la cama… él se puso de pie y se quitó su saco, de una forma muy meticulosa lo acomodó en el respaldo de la silla de mi pequeño escritorio. Yo no podía parar de llorar. Deseaba con todo mi corazón que Edward estuviera vivo. Él volvió a sentarse a mi lado. Tomó mi mano y con su pulgar comenzó a dibujar círculos en mi palma. De pronto sujetó mi mentón con la otra mano y giró mi rostro hacia él. Sin darme tiempo a nada, me besó. Era un beso cálido, lleno de amor y yo temblando lo abracé, respondiéndole con el mismo ímpetu. Entrelacé su cabello entre mis dedos, era suave como el de Edward. Sus labios eran deliciosos y podía jurar que jugaba con su lengua de la misma manera que lo hacía mi esposo. ¡Dios! Este hombre venía a mí, a darme amor, y yo no podía evitar soñar con que él fuera Edward. Abrí los ojos, el atardecer daba a sus espaldas, por lo que los últimos rayos del sol creaban una sombra en su rostro. Quise alejarlo pero sus palabras me sorprendieron.
—Déjate llevar Bella, sólo déjate ir.
Lo hice, volví a besarlo. Sus manos comenzaron a subir mi blusa hasta que quedó fuera de mi cuerpo. Luego se deshizo de mi falda. No traía zapatos, por lo que sólo me encontraba en ropa interior. Le ayudé a desabotonar su camisa y él se la sacó desesperado. Mientras que yo, con urgencia desabrochaba su cinturón y sus pantalones, él me ayudó a quitárselos junto con los bóxers. Apareciendo frente a mí su erección, la tomé entre mis manos y deposité suaves besos, lo escuché gemir y maldecir, mientras tomaba mis cabellos enredándolos en su mano. Él de pie, yo arrodillada en mi cama frente a él enterrando mis uñas en sus apetecibles nalgas. El comenzó a mover sus caderas penetrando mi boca.
Lo sentí tensarse pero antes de terminar en mi boca, me separó de su cuerpo y me arrojó a la cama. Acarició mis piernas con manos temblorosas, me quitó las bragas negras que llevaba puestas. Abrió mis piernas para terminar acercándose a mi femineidad, aspirando mi aroma, llenándose de el; después comenzó a lamer, chupar, morder, una y otra vez. Yo miraba el techo, no quería mirar abajo, yo quería seguir en mi fantasía, sólo sentir y disfrutar de este encuentro. Hacía tanto tiempo que había olvidado estas sensaciones. Y que me parecían tan intensas y deliciosas que me pregunté, cómo es que he vivido tanto tiempo sin ellas. Sentí el cosquilleo formarse en lo más profundo de mis entrañas… perdí el control y grité su nombre. Mi amante no paró cuando creí que había cometido un tremendo error, él continuó y mi orgasmo llegó, llevándome a los limites de esté mundo.
Mi respiración era entrecortada, mi cuerpo temblaba, apenas pude percibir que él se había puesto entre mis piernas. No fue hasta que él comenzó a penetrarme que me desperté de mi éxtasis. Mi cuerpo estaba hipersensible, por lo que un nuevo orgasmo me azotó cuando se introdujo en mí. Mis manos acariciaban su espalda, por un momento entre toda esta pasión desbordante mis manos sentían bordes, unos más pequeños que otros. Él paró un momento, metió una mano debajo de mi espalda y desabrochó mi sostén, lo retiró con delicadeza, sus manos rozaban mi piel con suavidad. Fuera de mi cuerpo la prenda intima, él comenzó a besar mi cuello, mi hombro, acariciando con su mano mi pecho izquierdo. Luego cuando comenzó un recorrido con sus labios, lo alejé cuando lo sentí cerca de mi cicatriz.
—No —le dije.
—Tranquila, toca mi espalda. Las has sentido. Déjame sentir la tuya.
Si, lo sabía, esas marcas eran cicatrices… ¿Pero de qué? Lo dejé hacer. Su vaivén era lento, matándome poco a poco. Él se acercó a mi oído y susurró como si fuera un secreto.
—Te amo, te amo.
—Edward… —de nuevo cometí el error, pero a Ethan no le importó, tal vez me amaba tanto que al igual que yo, se permitió soñar. Sólo para no sentir que el mundo te come, te destruye, cuando no se tienen sueños en los que alimentas tu alma con felicidad.
De pronto, comenzó a acelerar sus embestidas y juntos tocamos la luna y las estrellas; en mi caso, toqué el sol antes de que su último rayo desapareciera en el firmamento dejándonos en completa oscuridad.
Habían transcurrido dos horas de ese arrebato de pasión. Él se encontraba abrazándome a mis espaldas. No quería girarme y enfrentarle. No quería hablar de nada, me sentía lo peor por haber manchado el recuerdo de este día por un momento de apasionamiento. Por haber utilizado a un hombre maravilloso y fiel amigo como lo era Ethan. Ahora comprendía la intensidad de sus sentimientos hacia mí. Él de verdad me amaba, tanto que no le importó hacerme feliz tan solo unos momentos, unos minutos, destruyendo su orgullo llamándolo con el nombre de otro.
Él se levantó y pude ver su silueta desnuda a través del espejo de mi cómoda. Ethan se acercó hasta su saco y buscó algo de su bolsillo. Luego fue al baño, donde tardó unos minutos pero no había ruido alguno. Como si nada regresó y se recostó dándome la espalda. Me levanté, me sentía sucia, la culpa no me abandonaba. Fui hasta el baño, me miré en el espejo y refresqué mi rostro con agua. Cuando levanté mi vista, vi un recipiente blanco que no era mío. Lo tomé y abrí una de sus partes, al destaparlo me quedé estática.
"En el fondo siempre lo supe"
Vi a Ethan entrar al baño, mis manos temblaban sin querer, el estuche pequeño se resbaló de mis manos. Mi mirada cruzó con la de él, sentía que mis piernas flaqueaban y mi estomago se comprimía de la impresión. No podía creerlo. Él se puso detrás de mí, sin perder el contacto de nuestros ojos a través del espejo. Me abrazó por detrás. Besó mi hombro mientras que lágrimas caían de mis ojos y mi respiración era más rápida. Entonces el besó y mordió mi lóbulo derecho. Y dijo:
—Feliz aniversario, mi amor.
Continuara…
….
La tercera temporada ya está arriba… Una vida llena de recuerdos…
En este momento no estoy en casa pero sepan que estoy muy agradecida con cada comentario, alerta, favorito y PM enviado. También agradezco por regalarme su tiempo leyendo esta historia.
Gracias…
Una vida llena de recuerdos
Los personajes no me pertenecen.
Trama
Rakelluvre
Betas
Sarobari
Lillian McCarty P
Miry Alvarez
Ludwika Cullen
Soudtrack - The reason (Hoobastank)
Por Bella Rocio.
Bienvenidos esta es la tercera temporada del fic Por amor.
Capítulo 1
Una nueva vida
Llegué a una residencia de clase media. La casa era blanca, aunque su pintura se mostraba un poco desgastada. Subí las escaleras que conducían a la puerta y di tres toques. Entonces la puerta fue abierta por un hombre joven muy parecido a mí. Sus ojos verdes del mismo tono que los míos me evaluaban, tanto como los míos a él. Entonces dijo:
—¿Edward Cullen?
—Si —respondí desconcertado. ¿Por qué sabía mi nombre?
—Si estás aquí, es porque ya sabes la verdad, ¿o me equivoco? ¿He hablado de más?
—No. ¿Quién eres tú? —le pregunté entrecerrando los ojos.
—Soy tu hermano. Pasa, volverás loca a mamá —di un paso pero al momento colocó su palma en mi pecho deteniéndome—. Sólo te advierto, que si has venido a juzgarla y a portarte como un idiota, ni te molestes en entrar. A menos que quieras que te eche a patadas —sonreí a la vez que negué con la cabeza de un lado a otro.
Mi hermano me llevó hasta la sala y me señaló el sofá para que tomara asiento. Así lo hice, y sin decir nada salió de la habitación. Observé a mí alrededor, la casa parecía pequeña, los muebles estaban algo desgastados, el librero donde se encontraba la televisión tenía una fotografía que al instante llamó mi atención. Me puse de pie y fui hasta allí para tomarla entre mis manos. Era yo, en mi cumpleaños número seis. A mi alrededor estaban mis amigos del colegio; frente a mí, estaba un enorme pastel. Todos llevábamos puestos nuestros gorros de fiesta. Esme estaba detrás de mí, del lado derecho y Carlisle del lado izquierdo. Alice se encontraba en brazos de mi padre. Todos sonreíamos.
—Cada vez que estaba a punto de salir por esa puerta, y correr hacia ti para decirte la verdad, miraba esa foto para convencerme de que eras feliz con tu familia y que hacía lo correcto —habló una mujer a mis espaldas.
Cuando me giré para enfrentarme a aquella persona, me quedé sorprendido al ver a Elizabeth. Era hermosa y mis facciones eran parecidas a las de ella. Su cabello cobrizo y ojos verdes, era nuestra característica particular.
—Gracias. Por hacerte a un lado por mi propio bien y mi felicidad. Me diste una buena vida, una gran vida —al verla llorar, supe cuán difícil debió ser para ella haber renunciado a mí.
Ese fue el primer encuentro con la mujer que me dio la vida, pero fue el más significativo, porque aprendí que si en verdad amas a las personas, debes hacer lo correcto dejando a un lado tu egoísmo.
La visitaba todos los viernes; ella me hablaba de su vida, de sus padres, sus amigos de la infancia, me contaba anécdotas y finalmente de mi progenitor, nunca supo más de él. Me mostró la única fotografía que tenía de ese hombre. Hoy doy gracias a la vida por no parecerme a él físicamente. En realidad me parecía más a mi abuelo Anthony, de ahí mi nombre, y aunque lo detesto por haberme abandonado en un orfanato, alejándome de mi madre Elizabeth, porto su nombre, porque fue mi madre quien me lo puso, para siempre tener algo que me ligara a ella. Me habló de su esposo Ethan Reader. El hombre que la ayudó a buscarme, el padre de Seth.
Ella nunca me preguntó el por qué la había buscado, pero si había notado mi forma de actuar un tanto extraña. Siempre nervioso, mirando a través de las ventanas. Hasta que un día al fin me preguntó.
—Has mirado por esa ventana más veces hoy, que otros días. ¿Quién está siguiéndote?
—Nadie —le respondí tajante, soltando la cortina para volver a tomar a siento frente a Elizabeth.
—Negar los monstruos que atormentan tu alma no te servirá de nada. Sólo vivirás aterrado el resto de tu vida —me dijo, y tenía razón. No podía pasarme la vida entera huyendo, porque ese no era yo.
—Me secuestraron —le dije, decidiendo desnudar el alma, como lo hizo ella conmigo.
—Lo sé —respondió tranquila.
—¿Qué?
—Seth trabaja en el departamento de policía. Tu comportamiento le extrañó, por lo que te investigó. Para todo el mundo tú estás desaparecido.
—No debería estar aquí, yo… lo siento los he puesto en peligro y…—me sentía culpable, y no culpaba a Seth por investigarme, cuando yo no les hablaba jamás de mi.
—No tienes a donde ir. Comienza una nueva vida, comienza aquí —me ofreció, y mi corazón sintió calidez por primera vez, después de casi un año.
Comencé a llorar; era cierto, nadie podía saber de mí, y ella mi madre, me abría los brazos para comenzar de nuevo. Me negaba a portar el nombre de Anthony, por lo que en mi nueva identidad, mi nombre es Ethan Anthony Reader Masen. En nombre del hombre que me encontró y que gracias a él hoy tengo un nuevo hogar.
Mi hermano Seth era un chico agradable, pero muy temperamental cuando se trataba de competir por el amor de nuestra madre. Celos, eso era lo que él me tenía y no lo culpaba. Alguna vez yo llegué a sentir ese sentimiento por causa de Alice. No era lo mismo un hermano que una hermana. Pero aun así he llegado a amarlo.
Durante estos cuatro años estuve lejos de ella, Isabella. Jane me enviaba fotografías en las que aparecía físicamente llena de vida, estaba hermosa, repuesta, pero su mirada aún era triste. Cada día que pasaba para mí era una tortura, impidiéndome a mi mismo no mandar al demonio todo e ir tras de Bella. Pero el saber que podría perderla por manos de Eleazar o sus socios, me detenía en este lugar.
Pasó el tiempo, los negocios no podían seguir estancados, al fin el día en que ella debía volver llegó. Ella debía parar mi búsqueda, tenía que tomar las riendas de su vida y de lo que ahora era suyo. Eleazar la obligó a volver.
Desde que había regresado me convertí en su sombra, la seguía a todas partes. Cuando la veía con Emmett, ardía en celos y la furia se apoderaba de mí. Pero ¿qué podía hacer? Estaba muerto para ella y para todos. Por su bien y por el mío. Durante este tiempo trabajé en mi cambio de imagen, sólo por si era necesario acercarme a Bella y a mi familia, o por si algún día me llegara a topar con alguien conocido. Me sometí a un cambio de imagen con un cirujano plástico, sólo realizó los cambios necesarios para parecer otra persona muy parecida a mi anterior imagen. Cuando estuve secuestrado rompieron mi nariz, por lo que mi estructura ósea se modificó. La cicatriz de mi ceja y otra de mi labio inferior también las dejaron. Oscurecieron mi cabello y depilaron las cejas, por último, tenía que utilizar lentillas cambiando mi color de ojos. Ese fue el cambio físico, pero el emocional y mi comportamiento, fueron la transformación más difícil. Opté la personalidad inmadura, manías y lenguaje corporal de mi hermano Seth, dándole vida a Ethan, si no quería ser descubierto debía ser cuidadoso.
Hombres contratados por Eleazar comenzaron a seguirla. Entonces decidí entrar en su vida y mantenerme cerca. Cuando me presenté ante ella por primera vez, perdí el control y fui más allá de lo permitido, besé su mano, quería sentir de nuevo su piel bajo mis labios. Ella por supuesto se molestó, cuando salí de su oficina sonreí, ella no me había reconocido, lo que me beneficiaba porque podía conquistarla sin las sombras de un pasado tormentoso. Lo único malo y tedioso fue haber tenido que aceptar el caso de Rose. No puedo negar que sentía mis entrañas removerse al saber que había sido golpeada por su esposo. No eran celos ni mucho menos amor, pero después de todo ella era una mujer y de tan sólo pensar que Bella pudiera toparse con una alimaña como Paul, me carcomía el alma.
Continúe siguiéndola a todas partes, cuando preparé junto con mi confidente y amiga Jane el plan para verla en el Bar, hablé de mí, lo más sincero que pude. Había estado enamorado y la perdí, ella no supo que yo hablaba de ella. Tenía un hermano y una hermana, Leah no lo era de sangre pero si de pena. Vi morir a su prima frente a mí. Ella me vio sufrir por no tenerla a mi lado.
El plan había sido embriagarla y llevarla conmigo. No falló y terminamos en mi departamento. Me partió el corazón verla sufrir por mis actos anteriores, tanto que desee poder decirle que era yo. Tenía tantas ganas de hacerle el amor, que tuve que utilizar todo mi autocontrol para poder negarme a sus avances.
Ella estaba tumbada en la cama, dormía plácidamente con mi playera puesta, sus piernas desnudas me invitaban a acariciarlas. No era un príncipe azul, simplemente un hombre deseoso de la mujer a mi lado. Todo era tan tormentoso, yo parecía un alcohólico con la botella de licor frente a mis ojos, a tan sólo centímetros para poder tocarla y beber de ella. Bella era el licor. Olí su cabello y le susurre al oído:
"Déjame amarte. No quiero causarte daño. Hoy recuerda cuanto te amé al principio y cuanto te amo ahora. Permíteme darte lo que un día tú me diste, dame una oportunidad para amarte"
La besé suave y con ternura. Después me levanté de la cama antes de que perdiera el control y terminara seduciéndola.
A la mañana siguiente jugué con ella como nunca antes lo había hecho, cuando fuimos novios o aun después de estar casados. Esta nueva Bella, este nuevo yo me gustaban, era como volver a un inicio en el que te volvías a enamorar por segunda vez de la misma persona.
Mi señora Cullen.
…..
—Feliz aniversario, mi amor.
Su mirada era incrédula y llena de dolor. No podía soportarlo por más tiempo, mucho menos ahora que sé que no me ha olvidado. Que me sigue amando a mí, a Edward.
—¿Edward? —me preguntó con voz entrecortada.
—Si, todo este tiempo siempre fui yo —le respondí, sin perder el contacto visual de su mirada a través de nuestros reflejos en el espejo. Ella se giró. Frente a frente, llevó su mano derecha a mi rostro intentando descifrar qué modificaciones había sufrido. Lo acarició con ternura, al fin reconociéndome. Yo sólo me dediqué a sentir su suave caricia con los ojos cerrados. Me sentí perdido cuando ella de un momento a otro se alejo de mí.
—¿Por… por qué? Me has engañado —afirmó.
—¡No!
—¿No?
—Todo tiene una explicación —respondí desesperado por sus conclusiones erróneas.
—¿Explicación? Me has seducido bajo otro nombre, con otra imagen… ¿Y me dices que todo tiene explicación? —se giró para quedar frente a mí— Dime, ¿este era tu plan? ¿enamorarme de nuevo y luego decirme que eras tú? ¿es que no te cansas de jugar conmigo? ¿Qué te he hecho para que me trates así?
—No estoy jugando contigo —le respondí intentado tomarla de los brazos, pero ella empujó mis manos, rechazándome y a su vez hiriéndome.
—¿No? ¿Por qué no me lo has dicho antes de llevarme a la cama? ¿Eh? —me abofeteó.
—Lo siento… —le respondí mirándola a los ojos, queriendo mostrarle que hablaba con la verdad— yo te necesitaba tanto que temí me rechazaras yo… te amo y no puedo seguir sin ti. Ha pasado tanto tiempo, tantas cosas…
—Exacto, ya nada es lo mismo. Toma tus cosas, vístete y vete —sus palabras sonaron tan frías, que me costó trabajo creer que hacía un par de horas habíamos hecho el amor.
—No, Bella. Escúchame por favor —intenté de nuevo hablar con ella.
—¿Por qué debería de hacerlo? ¿Acaso tú me escuchaste cuando te lo imploraba? ¿Cuándo te rogaba tan sólo unos minutos de tu valioso y estúpido tiempo?
—Espera, no. No, tú no Bella, no lo hagas. No cometas mi error —el dolor a través de sus palabras rasgaron mi corazón. Cuánto daño le había causado, cuánto resentimiento guardaba en su interior.
—¡Basta! ¡No tienes derecho a aconsejarme absolutamente nada! Tú eres una mentira, siempre lo has sido —sus lágrimas bañaban su rostro—. Mi vida jamás ha tenido una verdad desde que te conocí. ¿Jane lo sabía cierto?
—Bella, déjame explicarte —intenté tocarla por los hombros pero ella me empujó haciéndome retroceder un paso.
—Vete ahora, no quiero verte o escucharte. Me has humillado haciéndome creer que estuve con alguien más y no fue así.
—No hubo engaño porque tu corazón me llamaba a mí. Tú decías mi nombre.
—¡Vete al diablo! ¡Lárgate! —ella me empujó de nuevo y señaló la puerta del baño indicándome que saliera de ahí.
—Tenemos que hablar —rogué nuevamente.
—Ahora no… por favor —sus lágrimas me conmovieron.
No pude más que rendirme a sus deseos, yo sabía que aún me ama, y que solo sería cuestión de tiempo convencerla de que mis sentimientos por ella son verdaderos y palpables.
—Estoy en un programa de protección a testigos. Nadie puede saber que estoy vivo.
—Nadie sólo Jane… —su voz guardaba ira.
—Estábamos protegiéndote.
—Yo era tu esposa, por mucho daño que me hayas hecho, nunca te hubiera traicionado —me dijo, ella se veía tan dolida, tal vez pensaba que no confiaba en ella.
—Lo sé —dije con pesar, pero sabiendo que hubiera sido un error decírselo.
—Vete.
Salí del baño, tomé mi ropa y comencé a vestirme sin ganas de hacerlo en realidad. Estaba poniéndome el pantalón, cuando ella salió del baño con una toalla cubriendo su cuerpo. Mi espalda estaba desnuda. No la vi acercase, ella me tocó las cicatrices.
—Dios mío ¿él te hizo esto? —preguntó con horror.
—Fue el hijo mayor de Uley, pero él estaba ahí —le respondí, girándome para quedar frente a ella, tomé sus manos y las llevé a mi corazón— ¿Puedes sentirlo? Mi corazón late por ti. Por favor Bella danos tregua esta noche. Déjame entrar a tu vida sólo este instante. Ambos lo necesitamos y lo sabes —pegué mi frente con la de ella y cerré los ojos porque mis lágrimas salieron sin mi permiso, las emociones que sentía en ese momento eran demasiado intensas—. Ya no puedo seguir adelante, estando cerca y lejos a la vez de lo que un día fue mi vida, sin ti o mi familia. Sólo esta noche olvidémonos del pasado y el presente. De nuestra historia y de aquello que nos falta por contar. Déjame amarte y ámame sin compromiso si tú así lo quieres. Pero te ruego. No. Te imploro, hoy no me alejes de ti, de tu cuerpo y de tu vida —caí de rodillas a sus pies y me abracé a su cintura como si fuera mi salvavidas—. Imagina que soy tu sueño hecho realidad, que he regresado del inframundo y que esta noche sólo estoy para ti. No nos reprochemos, no removamos la herida. Sólo permíteme amarte, dame sólo este momento, me iré antes del amanecer. Sin decir nada como si esto fuera sólo un sueño. Ya habrá tiempo de hablar.
Sentí sus manos acariciar mi rostro, y de pronto gotas saladas cayeron, humedeciendo mis cabellos. Ella lloraba. Suavemente me apartó de ella y me tendió su mano. Me puse en pie, tomé su rostro, acercándome lentamente para besar sus labios con suavidad y con todo el amor que le tenía. Bajé lentamente en una suave caricia mis manos a su cintura y la atraje hacia mí. Ella correspondió mi beso, llevando las manos a mi cuello, acariciándolo y relajándome al instante. Era mía, seguía siéndolo aun después de tanto tiempo, a pesar del daño causado, su cuerpo respondiéndome no podía negarlo, como yo tampoco podía negar que estaba perdido sin su cercanía. La necesitaba de una manera enfermiza, la amaba más que a mi propia vida y siempre daría mi vida por la de ella.
Tiré de la toalla dejándola de nuevo desnuda, la besé apasionadamente, tal vez como nunca lo había hecho, no llegaba a mi mente ningún recuerdo de algún arranque de pasión como éste. Porque cuando pierdes algo amado, y lo sufres de la manera en que ambos hemos sufrido, demuestras tu aprecio cuando lo recuperas, con besos y abrazos, diciéndole todo aquello que por estupidez y cobardía jamás dijiste. Hoy era mi noche, mi oportunidad y no perdería el tiempo. Podría ser que mañana ella no me perdonara, ni mi traición, ni mis mentiras, ninguna de ellas. Ya hubieran sido para bien o para mal, al final no dejaban de ser mentiras.
Pero hoy, la amaría como si no hubiera un mañana, porque tal vez no lo haya.
—Ámame como nunca lo has hecho. Has de mi lo que te plazca, muéstrame al verdadero Edward, no a mi esposo, el que siempre se contuvo por no lastimarme o por darme un respeto. Hazme el amor suave, ámame con pasión, tómame sin reservas, tócame como a ninguna otra mujer has tocado. Sedúceme y enséñame como a ti te gusta. Basta de vergüenza o mojigaterías, ya no las quiero. Te perdí por eso y quiero sentir que me necesitarás y que nadie podrá llenar mi vacío nunca más.
Me partía el alma pensar que ella creía que no me satisfacía, esa fue mi más cruel y grande mentira.
—Nunca me perdiste, y esa no fue la razón de mi engaño…
—No más pasado esta noche… —me interrumpió, pero yo no estaba dispuesto a dejarlo pasar.
—No dudes de ti, eres perfecta, pero sí te mostraré lo que soy. No seré paciente porque he pasado mucho tiempo lejos de ti, y no estoy dispuesto a perder más nuestro tiempo. No seré dulce, porque lo único que deseo es fundir nuestros cuerpos, marcarlos para toda la vida.
—Hazlo. No tendré miedo.
Me entregué a ella, como con nadie. La recorrí con mi lengua, lamiendo su cuerpo, saboreando cada centímetro de su piel, la escuché gemir de placer. Mordí sus senos marcando mi paso por ellos, mientras ella gritaba de dolor y placer al mismo tiempo. Poseí su cuerpo fundiéndome con ella, en un sexo salvaje, con embestidas fuertes, profundas y rápidas. Bella, gritaba mi nombre dejándose llevar por el momento, enloqueciéndome cada segundo un poco más. Los detalles sobran. Salvo que la tome con perversidad, tatuando mi nombre en su piel, haciéndola arder en las llamas de la exaltación, negándole el clímax para tomar de su cuerpo lo que me satisfacía, y haciendo realidad mi fantasía sexual de poseerla sin reservas, por el único lugar donde nunca fui capaz de tomarla, por su temor, por mi inutilidad como amante, mostrándole a su vez que también podía ser placentero para ella si se dejaba hacer. Finalmente le di lo que tanto me suplicaba. Su orgasmo. Media hora después de ese arrebato de pasión le hice el amor de manera suave y tierna. No importa de qué manera la amara, nuestro orgasmo fue de igual manera intenso, placentero y hermoso.
Había estado observándola dormir lo que pudieron ser segundos, minutos u horas, no importaba el tiempo, para mí esta noche el tiempo carecía de sentido. Pero para el universo no funcionaba igual, pude ver el cielo comenzar a aclararse. Debía irme porque se lo prometí, ese fue el trato para tomar de ella lo que quisiera esta noche. Cumpliría mi promesa, aunque eso significara volver a esa terrible vida, llena de fría soledad y angustiosa pérdida; porque la amaba y lo último que quería era verla incomoda al verme despertar a su lado, antes de siquiera haber arreglado nuestros problemas del pasado. Intenté levantarme despacio y sin que ella me sintiera marchar, pero fue inútil. Despertó, su mirada me hacía arder en expectación. Pero ni una sola palabra salía de sus suaves e hinchados labios. Me vestí lentamente, con el deseo latente de alargar mi partida. Esperando, deseando que ella me detuviera. Cuando hube terminado me acerqué a su cuerpo, sentándome a su lado. La observé por un momento. Su hermoso cabello castaño estaba hecho una maraña por la actividad de horas antes, en las que mis manos se enredaban y tiraban de ellos entre toda esa desenfrenada pasión. Estaba sonrojada, supongo que como a mí, a ella también la azotaban los recuerdos. Cubría su desnudez con la sabana. ¡Maldita tela! yo anhelaba que fuera mi piel la que envolviera su cuerpo. La vi tragar pesado, la hora de la despedida había llegado. ¿Cómo decir adiós sin palabras? Lo había prometido "Sin decir nada".
Lentamente fui bajando mi rostro hasta el suyo, la miraba a los ojos pidiendo su permiso, y terminé de cerrar la distancia cuando cerró sus ojos y entreabrió los labios en una suave invitación.
Me levanté de la cama y caminé despacio hasta la puerta sin mirar una sola vez atrás, pero con el anhelo de escuchar de ella un "Detente". Cuando abrí la puerta la escuché decir:
—Gracias por la noche inolvidable Ethan.
Escucharla darme las gracias me dolió, pero llamarme Ethan, eso mató mi corazón. Porque sólo podía significar que jamás me perdonaría.
—Adiós señora Cullen.
…
Nota: Gracias por sus comentarios los Reviews los respondo en cuanto me sea posible gracias.
Chapter 2: Chapter 2
Por Amor III
Una vida llena de recuerdos.
Los personajes no me pertenecen, solo la trama.
Capítulo Beteado por:
Sarobari
Lillian Mcarty
Soundtrack: Perfect Hedley
por Bella Rocío.
Nota: Antes de leer este capitulo prepárense con una caja completa de pañuelitos.
Capítulo 2
Lo vi marcharse y con él, todo lo que soy.
Me quede con el sabor agridulce de su último beso.
¿Esto sería todo?…
Sabía que me partiría el alma si lo dejaba entrar de nuevo a mi corazón. Pero valió la pena volver a sentirme viva, sumergida en sus caricias y su pasión.
¿Ahora cómo volver a comenzar? Todo en lo que creía no era real. Por segunda vez nada era real.
Salí de la cama, tomé un conjunto de ropa limpia y fui al cuarto de baño a ducharme. No podía esperar más, tenía que enfrentarlo, tenía que saber. Encerraría esta noche en mi conciencia, como si está solo hubiera sido un maldito sueño, producto de mis más profundos deseos. Al entrar al baño, mi mirada en automático se fijo en aquel recipiente blanco. Sus lentillas oscuras. No pude evitar soltar una carcajada amarga, por su engaño, tan cerca de mí y no lo vi. Pero no es cierto, siempre lo supe. En el fondo de mi conciencia yo lo intuía.
Entre a la ducha, el agua caliente fue como un alivio a mis engarrotados músculos. Mi cuerpo dolía, cuando comencé a enjabonarlo vi las marcas de sus manos al sujetar mis caderas con fuerza, dedos en mis muñecas al dominarme, dientes en mis hombros cuando llegamos al clímax y boca al succionar mis senos y muslos. Había sido rudo. Cuando salí de la ducha fui hacia el espejo y me horrorice al ver cuan marcado estaba mi cuerpo. ¿Qué me había hecho? Tan sumergida en el placer que su cercanía me causaba, que no pude sentir el dolor al que me sometía. Me pregunto, si así era con todas esas mujeres con las que me fue infiel. Esa prostituta que le brindo sus servicios, esa mujer que fingía ser mi mejor amiga, y todas esas mujerzuelas que lo tocaron y gozaron de sus caricias. De sus labios y lengua al besar sus cuerpos. De su cuerpo y su hombría. Pero sobre todo de su deseo insaciable. Las odiaba y maldecía a todas. Todo eso tuvieron ellas, mientras que yo debía conformarme con las migajas de su pasión adormecida, con sexo triste y monótono. Forzado, solo por cumplir con su deber, hacia su horrible y obesa esposa. ¿Tan horrible e indeseable era para ti? Cobarde, por callar tus deseos, por siempre esconderte de mí. ¿Por qué lo hacías? ¿Por qué lo haces? ¿Por qué preferiste confiar en Jane, antes que en mí? ¿Fue ella alguna de tus amantes? ¿Ella me miente como lo hizo Rosalie?
Mis lágrimas de impotencia de dolor y decepción bañaban mi rostro, la cabeza me dolía y no podía dejar de mirar mi cuerpo con desprecio a través del espejo. Sí, desprecio por no haber sido capaz de mantener a mi marido en mi cama, como mínimo, ya que no podíamos tener hijos. Entonces él nunca me amó… solo me quería en su casa y en su cama para albergar su descendencia, para mantener su hogar. ¿Nunca fui suficiente para él? ¿Por qué me busca? Porque no pude tener hijos y piensa que nadie lo amará. ¿Yo soy su única opción? Él se esta conformando conmigo. Por ser la única estúpida que lo amó de verdad.
Y yo que había creído que esta noche era especial, es por ese motivo que me mostró una parte de él, solo por que no se cree suficiente hombre para amar y ser amado.
Durante tanto tiempo trabajé en mi autoestima, tanto tiempo levantándome cada día diciéndome lo importante que soy, lo hermosa y bonita que puedo parecerle a cualquier hombre. Tanto trabajar solo para que un imbécil con letras mayúsculas me destroce en una sola noche.
No lo iba a permitir, nunca más iba a dejarme pisotear por ese hombre y sus mentiras. No iba a llorar por él y el por qué nunca me amó de verdad.
Molesta di media vuelta para comenzar a secar mi cuerpo y vestirme. Ya no podía esperar más para terminar en definitiva con él. Iría a hablar con Edward o Ethan como diablos se llame ahora.
…
Salí de su departamento con un nudo en la garganta. Mi intención ante todo esto había sido llegar con ella y confesarle la verdad. Pero al verla desecha por mi causa detuve mis intenciones. Luego perdí el control. Abrazarla, besarla después de varios meses me hizo desearla aun más. Tal vez fue mi miedo de perderla una vez, que ella supiera la verdad, tal vez fue por eso por lo que en verdad perdí la razón en ese momento y simplemente me deje llevar. La necesitaba.
No me arrepiento. No. Porque ahora sé, que de habérselo dicho antes no hubiera tenido la oportunidad de amarla posiblemente, por ultima vez.
Vi mi auto y me acerque a él. Abrí la puerta, entré y luego golpeé el volante sacando un poco mi frustración. Tomé mi celular que se encontraba en la guantera y de inmediato marque el número telefónico de Leah.
—Hola. ¿Por qué tan temprano? —me respondió un poco adormilada.
—Ella lo sabe ya. Necesito que hablemos.
—¿Estás en tu departamento? —me preguntó con un tono de voz más consiente.
—Voy hacia allá.
—De acuerdo llego en diez minutos.
Manejé hasta mi hogar, si así se le puede llamar a un lugar que solo sirve de refugio en estas noches frías de soledad. Leah junto con Seth ya estaba fuera de la puerta cuando yo llegué ahí.
—¿Tú que haces aquí? —pregunté a mi hermano quien se encontraba recargado en la puerta.
—Soy tu hermano —respondió levantándose de hombros sin darle importancia a su respuesta.
—Si, es cierto. Lo había olvidado —lo empuje para quitarlo de la cerradura y abrirles la puerta.
Cedí el paso a Leah, como un caballero y cuando Seth iba a entrar después de ella de nuevo lo empuje.
—¿Por qué no te caigo bien? —me preguntó cerrando la puerta tras de sí.
—Porque siempre estas burlándote de mí —le respondí sentándome en el sofá al lado de Leah dejándolo a él de pie. No era que no lo amara, lo hacia pero en estos momentos no me encontraba de humor para soportar sus burlas, con comentarios sarcásticos y provocativos.
—No todos los días te encuentras con tu hermano perdido, el cual fue secuestrado, salvado para entrar en ese programa de protección, temerario, que se atreve a iniciar un tiroteo entre sus secuestradores y policías estando en medio del campo de batalla. Que para rematar intenta suicidarse para darle su corazón a la chica que ama. No sabes lo que es abrir los ojos cada mañana y preguntarte: ¿Qué planeara mi hermano para el día de hoy?… hermano tu si sabes vivir la vida con intensidad… —soltó una carcajada—. Eres mi ejemplo a seguir.
Si, era por eso que en ciertas ocasiones no lo toleraba.
—Seth… no le des más ideas —dijo Leah.
Con un suspiro ignoré sus comentarios e inicié mi relato de mi noche con Bella, obviamente omití nuestros encuentros sexuales, esos los guardaría para mí más tarde.
—Entonces la sedujiste y luego le dijiste la verdad para después seducirla de nuevo —afirmó— ¡¿Estas loco?! —gritó después de digerir sus propias palabras— ¡Jared sigue con vida, no puedes volver a tu vida ordinaria! Recuerda, Anthony, recuerda, que se te meta en esa loca cabeza tuya que él ha visto tu rostro actual —dijo Seth.
—Sabe donde encontrarte. Edward, has a un lado tu egoísmo, si en verdad la amas desaparece de su vida —me dijo Leah mientras tomaba mi mano entre las suyas.
Leah tenía razón, había sido tan estúpido al albergar esperanzas que en realidad no tenía. Debía volver a las sombras. Además yo no podría jamás negarle su maternidad. Habíamos transcurrido ya un largo camino, para mantenerla a salvo. Tenía que hacerme a un lado. Pero antes debía liberarla de nuestro pasado.
—Tienen razón. Haré lo correcto. Aun cuando vaya en contra de mi mismo.
—Debes irte ya. Te ayudaremos a empacar —dijo Seth, yendo a mi recamara, lo escuche abriendo el closet.
—Debo hablar antes con ella —le dije a Leah quien me miraba con tristeza, ella me comprendía. Sabía mejor que nadie lo que significaba para mí separarme de Bella, de mi familia. Ella también se había separado de la suya.
—No, no debes.
—Lo siento pero no la dejare así, no de nuevo. Debo liberarla de nuestro pasado. Por favor —le supliqué me dejara hacerlo.
Ella no podía obligarme a nada, pero hace tiempo, le pedí fuera mi conciencia esa que te dice lo correcto y lo incorrecto. Cuando en una ocasión intenté viajar a Italia a ver a Bella. Cuando Jane me llamó llorando diciéndome que Bella había recaído en depresión, cuando hasta ella creyó que no lo lograría. Estaba en el aeropuerto apunto de comprar el boleto cuando Seth y Leah llegaron para impedirlo…
"No importa quien se encuentre a su lado, esa es su batalla, no la tuya o la de Jane. Hagan lo que hagan, si Bella no quiere dejar de revolcarse en su miseria, si ella no quiere vivir no lo hará, debe sobrevivir por sí misma"
"Puedo ayudarla, decirle que ella no tiene la culpa, que fui yo"
"Las heridas que causan las palabras dichas por tanto tiempo no se borran con un simple lo siento, o solo por que un día despiertas sabiendo que estabas equivocado y vas y te disculpas. Ella sé cree culpable, se siente no amada y traicionada. Digas lo que digas la traición esta ahí porque fue real".
"¿Y si muere… y si con mi lo siento puedo salvarla?"
"Me hablaste de una carta, ella la tiene, la leerá cuando este preparada para perdonarte u olvidarte, ahora debes proteger su vida"
—Está bien, empacamos lo necesario, te llevamos a su departamento, hablas con ella y nos vamos —aceptó Leah, comprendiendo que ésta vez no podría detenerme.
—Saldré a comprar unos cigarrillos y algunas cajas —le dije poniéndome de pie.
—¡Te acompaño! —grito Seth desde mi habitación.
—No voy a fugarme, necesito cinco minutos.
Salí del edificio y crucé la calle para comprar los cigarrillos, estaba pagando cuando la vi caminar hacia la entrada de mi edificio, por las ventanas del local. Cuando me dieron el cambio crucé la salida. Saqué un cigarrillo de la caja y lo encendí. ¿Cobarde? Tal vez, pero necesitaba con fervor unos minutos para prepararme para decirle adiós.
Unos minutos después vi salir a Leah y Seth, ellos me buscaban con la mirada hasta que me encontraron al otro lado de la acera mirando en su dirección. Asentí con la cabeza dándoles a entender que sabia de su llegada a mi departamento. Asintieron también en respuesta y se fueron caminando.
Di la última inhalación y tiré la colilla del cigarro al piso para pisarla después. Me estaba preparado para enfrentar, de una vez por todas, los demonios del pasado.
El frío de la mañana recorrió mi cuerpo dolorido. Calándome hasta los huesos. Pero poco me importó, tenía que hablar con él. Al fin el día tan esperado había llegado. Pensé haberlo perdonado, pero… ¿Cómo hacerlo, cuando se mete en mi cama con un disfraz de alguien que en realidad no existe? Caminé, no se por cuanto tiempo, tal vez más de una hora hasta que me encontré frente al edificio donde el tenia su departamento.
Subí por las escaleras ya que el edificio era tan viejo que ciertamente dudaba al subir por el ascensor. Era mejor el camino largo y lleno de ejercicio, eso ayudaba a relajar los nervios de éste encuentro.
Una vez llegado a su piso caminé por el pasillo intentando controlar mi respiración. Me había excedido con el ejercicio. Solo Dios sabe cuanto necesitaba desgastar energía para no saltarle encima cuando lo tuviera en frente. Había tanta ira recorriendo mi cuerpo que ciertamente dudaba poder controlarme y no gritarle como una loca todas sus verdades. Pero Demonios del inframundo que lo trajeron de vuelta, él se lo merecía eso y mucho más.
Di tres suaves toques a su puerta y esperé… nada. Volví a tocar esta vez un poco más fuerte. La adrenalina corría por mi cuerpo, a pesar del clima tenía calor mucho calor. Tal vez fuera el abrigo que colgaba de mis hombros, pero me sentía como un maldito volcán a punto de hacer erupción. Entonces la puerta se abrió dando lugar a el a Ethan, no, no era Ethan, ni tampoco Edward. Él era mucho más joven, pero era muy parecido a Edward o Ethan, de nuevo estaba enredándome.
—Hola Isabella —me saludó como si me conociera de toda la vida, con una sonrisa torcida tan parecida a la de Ethan tímida y a la vez coqueta. No a la que le conocía a mi esposo traviesa y arrebatadora.
—No sé quien eres… —fui sincera.
—Pasa, Anthony salió —me dijo el joven.
—¿Disculpa?
—Tu esposo, su nombre es Anthony.
Es que ni siquiera sabia como se llamaba. En verdad, que tenía toda la razón soy estúpida y patética.
—¡Oh!… —Pasé al interior, ahí estaba mi secretaria en la firma. Leah.
—Buenos días —me saludó mientras yo la miraba. Sin poder evitarlo me reí como loca. Es que acaso esto no podía estar pasando. No, no podía. Sin embargo estaba sucediendo. Por donde quiera que mirara él se había encontrado en todas partes. En casa, en la firma y en la fundación. Me quedé callada, no podía responder sin que en realidad dijera cosas estúpidas y ofensivas a toda esta gente desconocida.
—Bueno nosotros nos vamos. Te dejaremos aquí para que hables con él en cuanto regrese —dijo el chico de ojos verdes.
Cuando ellos se retiraron solté un suspiro. Dejé mi bolso en el sillón y fui hasta su pequeña recamara a unos cuantos pasos. El lugar realmente era pequeño. Cuando entré a la habitación vi su ropa esparcida por el piso haciendo camino hasta el baño. Si, definitivamente era Edward. Había cosas y manías que no habían cambiado con el tiempo o en su intento de cambiar su personalidad. Las personas seguimos siendo las mismas, no cambiamos después de todo.
Fui hasta su cómoda y de nuevo tomé la fotografía de él y su familia, la que había visto cuando me trajo aquí, esa única vez. La mujer ahí era hermosa y suponía que era su madre biológica.
No sabiendo el motivo del por qué miré hacía arriba, encontré nuestra fotografía de bodas pegada en el techo, era una impresión ampliada de ella. Si te recostabas en la cama podías observarla antes de cerrar los ojos y dormir, al igual que podía ser lo primero que vieras cuando tus ojos se abrieran al despertar. Sentí un nudo en la garganta. ¿Qué era en realidad lo que extrañabas? ¿Tu vida de hombre exitoso y adinerado?
Miré a otra parte, luego me acerqué a su pequeña mesita y su viejo ordenador. Sobre la superficie había varios sobres y cartas. Algunas eran más viejas que otras, pero lo que me llamó mi atención era que, dentro de ellas había fotografías. Las saque y estas se me cayeron de las manos cuando descubrí que eran mías. Me asusté, mi corazón latía tan rápido y fuerte que temí por un momento se saliera de mi pecho.
Abrí otro sobre, más fotos mías, estas eran de Italia, las de mis cumpleaños. Fotos casuales que me tomaba Jane sin ninguna explicación. Ahora la tenía, se las enviaba a él. ¡Que enfermo! Era un acosador. No pude evitar llorar. Otras eran más recientes, estas últimas habían sido tomadas en el estacionamiento de la fundación, con Emmett en un restaurante. ¿Él las había tomado o tenía gente espiándome? No, él las había tomado. Si, cuando se acercó a mí esa noche en el estacionamiento sentí su presencia como en otras ocasiones. Antes había creído estar nerviosa, pero ahora sé que él siempre estuvo observándome.
Seguí rebuscando entre todo lo que tenía ahí… ¿Qué demonios? Era un expediente medico.
—Isabella —al ser sorprendida tiré de mis manos los papeles, estos cayeron esparcidos a mis pies. No le miré porque si lo hacia, no sabia de lo que sería capaz. Me agache para levantarlos. Los puse de nuevo en la mesa. Y después lo miré, me sorprendió verlo con rastros de llanto en el rostro. Y mis barreras, mi odio y mi orgullo se desplomaron.
Su rostro era triste, muy triste.
—Vine para hablar —le dije.
—Lo sé. Acompáñame —salió de la habitación y yo detrás de él. Se sentó en una de las esquinas de su único sofá, dándome espacio para tomar lugar a su lado.
Por algunos momentos ninguno dijo nada, Edward me miraba mientras que yo miraba hacia el frente. No podía soportar un minuto más estar bajo su escrutinio.
—¿Por qué?…—logré preguntar al fin con valentía—. Sé que ya lo has dicho en tu carta pero… necesito escucharlo de ti
—Por cobardía, por inmadurez, porque todo se me dio tan malditamente fácil que me sentía el dueño del mundo. Que lo merecía todo. Al decirme que no me podías hacer padre me enfurecí. No es excusa, fue una estupidez de mi parte.
—Fuiste estúpido una y otra vez —no pude detener mis palabras. Ya estaban dichas antes de que me diera cuenta. Él sonrió con tristeza y aceptó.
—Fui más que estúpido Bella, y no sabes cuanto me arrepiento —no quería sus disculpas o lamentos, hablé entonces:
—¿Desde cuándo me engañabas con ella? —siempre me he hecho esa pregunta, ¿seria tan cínico para presentarme a su amante como me presentó a Rose, la chica necesitada. Siendo todo una farsa? Y si fue así ¿Por qué, mantener a tu esposa tan cerca de tu amante?
—Medio año después de que comenzó a trabajar para mí —dijo con la mirada baja, como si en verdad se sintiera avergonzado.
Mentiras…
—¿Por qué ella? —fue mi siguiente pregunta lanzada.
—Porque era una niña idiota, que carecía de amor. Que se conformaba con mis migajas. Porque era leal y manejable. Pero sobre todo yo no te respetaba.
—¿La tomaste de la misma manera que conmigo hace unas horas? —eso no había querido preguntar, pero Dios sabe que quiero saber en que fallé, si en verdad ella no se equivocó cuando me dijo que no era suficiente mujer para él.
—No, jamás. Bella escúchame. Ninguna mujer ha tenido lo que tú y yo compartimos, por que yo siempre te hice el amor, con ellas fue algo físico carente de sentimientos.
—Solo lujuria —indagué.
—Si —su respuesta me lastimó, porque eso significaba que yo no le atraía.
—¿Yo no te causaba lujuria?
—¡Por Dios! —se levantó sujetando sus cabellos y halándolos desesperado— Claro que si Bella pero… fui un maldito caprichoso y vanidoso poco hombre.
—¿Entonces por qué hasta hoy te he conocido más de lo que en todo nuestro tiempo juntos? —me puse en pie para mirarle de frente, casi a su altura.
Nunca pude imaginarme que el dolor causado en el pasado aun siguiera dentro de mí, adormecido por creerle muerto. Pero ahora que Edward ha vuelto, el dolor, la ira y mis inseguridades volvieron con él. Más vivas que nunca.
—No lo sé. Por estúpido porque siempre te creí frágil y pensé que te espantaría, siempre eras tan tierna y en la única ocasión que lo intenté me separaste de ti y me gritaste que te lastimaba. No volví a dejarme llevar —tomó mis hombros con sus manos.
—No puedo recordarlo —me deshice de su agarre y me senté de nuevo, el calor de su piel traspasaba mi blusa, quemándome.
Edward se sentó a mi lado, se notaba abatido y había una lucha interna en su mirada, entonces me miró y dijo:
—Fue en un aniversario de Carlisle y Esme. Cuando llegamos a casa traíamos copas de más. En cuanto cruzamos la entrada tú te abalanzaste sobre mí y yo creí que en verdad querías hacerlo así. Nos besamos como locos, las cosas a nuestro alrededor caían a nuestro paso. Cuando llegamos a la cama te acosté en ella, te bese muy apasionadamente pero yo estaba muy caliente. El cierre de tu vestido se atoro o no sé que pasó, yo perdí el control y lo jale rompiendo la parte de arriba, tú intentaste pararme pero yo te sujeté las manos a tus lados y comencé a jugar con mis labios en tus senos. Tu sujetador me estorbaba y desesperado como estaba, no medí consecuencias y te mordí. Cuando gritaste fue que paré. Tú te deshiciste de mi agarre y me empujaste. Estabas asustada y yo intente consolarte. No me dejaste acércame hasta que te quedaste dormida. Estabas demasiado ebria para que pudieras recordar a la mañana siguiente. Tú lo olvidaste y yo no quería recordártelo para que no tuvieras miedo de mí. No era mi intención hacerte daño.
—No se que decir.
—Nada. No tienes nada que decir, simplemente no lo recuerdas y yo no quise asustarte.
—¿Por qué te secuestró Eleazar? —pregunté cambiando de tema.
—Porque hay personas que prefieren verse arruinados antes de ver sus empresas en manos de alguien más. Supongo que nos subestimó a ambos.
—¿A que te refieres?
—Creo que pensó que no superarías la anorexia, que al final morirías. Ellos iban a matarme lentamente Bella.
—¿Qué te hicieron?
—No querrás saberlo y yo no deseo recordarlo. Pero lo único que mantuvo con vida en ese momento eras tú. Pensar que querían matarte a ti también y que solo estaban aguardando a que salieras de la clínica o murieras en ella. Era mi mayor tortura pero también lo que me daba la fuerza de voluntad de continuar e intentar buscar una salida aunque fuera imposible. La policía llegó y me rescató. Pero ellos estaban libres, no podía comprobar que Eleazar estaba en confabulación con los Uley y presentarme ante él era poner en riesgo a toda la familia.
—Por eso entraste al programa de protección a testigos…
—Si.
—¿Y Jane? ¿Qué significa en tu vida?
—Ella fue mi primer caso ganado, ella me dijo que estaría en deuda conmigo. No volví a verla hasta que me la encontré en la clínica cuando fui a hacer los últimos trámites. Le pedí que te cuidara. En verdad le agradaste.
—¿Te acostaste alguna vez con ella? —tenía que saberlo, y él no podía culparme por preguntar. Él se había acostado con mi supuesta amiga.
—No. Jamás volvería a cometer el mismo error Bella. Nunca.
—Y las personas que están contigo en la fotografía de tu recamara… ¿Quiénes son?
—Mi madre bilogía Elizabeth, Seth mi hermano menor y Leah, ella era la chica que supuestamente fue asesinada por Sam, en realidad él la creyó muerta cuando sus compañeros agentes la encontraron, al final decidieron darla por muerta. Temían por su seguridad. Es una gran amiga.
—¿Tú…?
—¡No! Bella —gritó, provocando que saltara en mi lugar—. Escúchame, no he estado con ninguna mujer desde el día que estuvimos juntos en el departamento. Desde mucho antes.
Su estúpida respuesta atrajo de nuevo mi irá, ¿como se atreve a decir eso? Si tenía más de un año sin tocarme cuando ocurrió todo.
—¿Cuándo fue la ultima vez que estuviste con Rosalie? —le solté con veneno.
—Bella, ódiame o perdóname pero deja de torturarte.
—¿Cuándo?
—El primer día de nuestro trato —respondió entre dientes mirándome a los ojos. El muy … se acordaba cuando fue la última vez con ella, ¿Tanto le gustaba?
—¿Cuándo fue la ultima vez que estuviste conmigo?
—Hace menos de cinco horas —respondió sin pensar y yo me le fui encima a golpes. Él no recordaba cuando había sido la última vez conmigo pero si recordaba cuando había sido con ella. ¡Quería matarlo!
—¡La recuerdas… tú la recuerdas a ella! A su cuerpo escultural, a su belleza extraordinaria, pero a tu esposa, a la que te amaba más que a nada en el mundo, que te adoraba e idolatraba, a esa la olvidaste tan fácil como olvidaste que amo las orquídeas y odio las rosas. Pero aprendí a amarlas solo porque tú me las dabas. Pero en cambio te olvidas de todo porque yo no te importaba en absoluto.
Le gritaba y le soltaba golpes, había perdido el control sacando lo peor de mí. El rodó haciéndonos caer del sofá. Quedando encima de mí, sujetó mis brazos colocándolos a ambos lados.
—17 de octubre del 2006, llegué del trabajo agotado por una discusión con Eleazar. Entré a la recamara dispuesto a tomar una ducha, me desnudé y entré al baño. Había escuchado el agua de la ducha correr, tú estabas dentro. Yo te necesitaba, por lo que entré sin que tú percibieras mi presencia. Te abracé por la espalda, no dijimos nada simplemente me dejaste amarte como hacia mucho lo habíamos hecho. Desde el día que te golpeé tal vez. Lo hicimos ahí, en la ducha, en nuestra cama y finalmente en la cocina cuando me preparaste la cena. En esas tres ocasiones me respondías con tanto amor, llorabas de sentimiento y por que sin palabras me decías que me amabas y me necesitabas, implorabas por tenerme de vuelta. Al final te odié por tener el efecto de hacerme sentir una mierda, por mancillar tu cuerpo después de haber tocado a otro. Si Bella, ese día estuve con ella, pero no me hizo sentir nada comparado con lo mucho que sentía contigo. Bella, dejé de tocarte porque no quería seguir ensuciándote con toda mi porquería. ¿Ahora comprendes? —me soltó y se puso en pie. Me tendió la mano pero yo le rechace.
—No me toques —retiró su mano y me dio la espalda— ¡Pero el día de nuestro aniversario planeabas estar con ella! ¿Por qué me ilusionaste? ¿Por qué me hiciste creer que continuaríamos juntos?
—¡No! Estaba terminando esa relación. Lo hice una vez llegue a la oficina ese día. Pero ella me amenazó con decírtelo todo. Me pidió hablar con ella.
—¡En nuestro restaurante! Por eso tu mentira del viaje… ¿Querías darle su despedida, su noche llena de pasión?
—¡No! —se volteo a mi de nuevo, dándome cuenta que estaba llorando— Lo del viaje se canceló a ultima hora. Yo no sabía lo que estabas preparando para esa noche. Le dije que reservara el lugar para nosotros… pero ella nunca te dio aviso.
—¡Ay por Dios! —No me iba a convencer con sus lágrimas falsas— Que cínico, pedirle que me llamara y que preparara nuestra noche… eres un hijo de… tus madres no tienen la culpa pero… eres un maldito desgraciado poco hombre.
—Fue mi forma de decirle que lo nuestro había terminado y que te había elegido a ti.
—¡Pobres estúpidas que éramos! Mira que hasta te estabas dando el lujo de elegir como si no te mereciéramos, como si nos hicieras un gran favor, eres una verdadera basura. Y encima de todo aceptaste su caso. Dime, ¿ella si esta enterada de quien eres?
—No…—dijo con cansancio.
—Tenías razón soy tan estúpida y patética…
—Tranquila Bella.
—¡Vete a la mierda! ¿Cómo me pides que esté tranquila? Te odio… en verdad te odio…
—¡Ya basta! ¡Te he suplicado me perdones, me he puesto a tus pies implorándotelo! ¡Deja ya de hacerte daño, deja de preguntar por algo que ya no tiene ningún caso!
—Lo tiene para mí, porque he sido yo la que ha vivido todo este tiempo sufriendo, preguntándome que hice mal cuando todo te lo di.
—Entiéndelo de una vez… y aunque te parezca estúpido lo que voy a decirte. No eras tú, era yo. Yo, él que no estaba preparado para recibir lo que me ofrecías. Yo, que no sabía como amar a tan maravillosa mujer. Yo, que era un egoísta que no podía entregarme a ti. Yo nunca estuve a tu nivel Bella. Soy yo el que hizo todo mal. Soy yo el que no te merecía a ti. Entiendo que no puedas perdonarme, con mi idiotez casi te mato. Voy a irme, desapareceré de tu vida. Lo lamento. Espero que algún día puedas disculpar mis faltas, y puedas vivir en paz con nuestro pasado.
—¿Qué? —pregunté confundida.
—Jared está con vida y sabe donde encontrarme. No voy a exponerte a ti o a mi familia.
—Por mi, ni te preocupes, ya has hecho demasiado por tu sentimiento de culpa.
—¿Crees que es culpa lo que yo siento? —preguntó incrédulo.
—¿Qué más podría ser? No me digas que de la noche a la mañana te diste cuenta que me amabas. Por favor…
—¿No fuiste tu quien me pidió cinco días para demostrarme que aun te amaba?
—No, en realidad los quería para despedirnos —respondí, mintiéndole.
—Ahora tú no te mientas a ti misma. Pero ya no importa. ¿Cierto?
—No, ya no importa.
—Entonces concluyamos este capitulo de nuestras vidas y continuemos nuestro camino —el saber que no volvería a verlo me lastimó.
—¿No volveré a verte?
—No.
Me respondió, mi cabeza estaba hecha un lío, mis sentimientos también. Estaba experimentándolo todo y nada a la vez. Pero al final si tenía que irse por su seguridad, entonces cerrar el círculo de lo que fue nuestra vida pasada, dejarle ir era lo correcto. Sin culpas, sin rencores. Por su bien pero sobre todo por el mío, para poder continuar e iniciar una nueva vida.
—Entonces adiós y cuídate Edward —le dije.
Me puse en pie y tomé mi abrigo y mi bolsa. Sin mirarlo.
—Cuídate Bella y sé muy feliz. No permitas a otro hombre lo que me permitiste a mí.
—No lo haré —prometí.
Abrí la puerta, pero antes de poner un pie fuera de su departamento…
—Edward —me giré, y me sorprendió tenerlo justo detrás de mi.
—Si —lloraba, y no pude evitar abrazarlo.
—Disculpo tus faltas —le dije al oído y bese su mejilla. Se separó y tomó si rostro entre sus manos.
—Déjame besarte por última vez —pidió a escasos centímetros de mi rostro. Seria tan fácil aceptar, porque la cruel realidad era que yo aún le amaba. Pero primero estaba mi dignidad.
—No —le respondí mientras acariciaba sus labios con las yemas de mis dedos.
Me separe de él y salí de ahí llorando, dejando todo lo que soy con él. Porque yo ya le había entregado todo en el pasado. Camine sin mirar atrás sin importar el dolor que me causaba.
…..
Hola, créanme fue todo un show publicar este capitulo, con visitas en casa y una banda ancha extraviada. Pero bueno… espero no hayan sufrido mucho con este capítulo, prometo que el siguiente no habrá lágrimas pero si muchas revelaciones. ¡Oh! Miento tal vez algunas pocas lloren.
Gracias por sus comentarios favoritos y por la calida bienvenida que le han dado a esta tercera parte.
Leí un Review donde me decían que no encontraban el grupo Por amor en Facebook, pueden buscarme a mí como Obscuro Corazón.
Hasta la siguiente semana.
Besos.
Chapter 3: Chapter 3
Por Amor III
Una vida llena de recuerdos
Personajes de Meyer.
Trama Raquel Luvre
Betas: Sarobari, Lillian Macarty, Miry Alvarez
Saondtrack por Bella Rocio:
Kelly Clarkson Because of you ( Bella)
James Blunt - Goodbye My Lover (Edward)
Capitulo 3
Edward.
Ella se había marchado.
¿Quién dijo que los hombres no lloran?
Porque seguramente mintió con lágrimas en los ojos.
No fui consciente del tiempo transcurrido hasta que alguien tocó a mi puerta trayéndome de nuevo a esta oscura realidad. De regreso del pasado, donde ella y yo fuimos felices alguna vez. Miré a mí alrededor notando que estaba anocheciendo.
¿Cuánto tiempo había permanecido de pie mirando la puerta? El sonido de la madera al ser aporreada se volvió más insistente conforme pasaban los segundos. Caminé hacia la puerta y volví a abrirla, para encontrar a Seth recargado en el marco de la entrada.
— ¿Qué quieres? —pregunté sin ánimo ni modales.
—La vimos salir esta mañana llorando, no regresamos porque creímos que sería mejor darte tiempo —me respondió con tranquilidad, mientras se daba paso dentro del departamento.
— ¿Puedes venir mañana? —le pregunté detrás de él, esperando que comprendiera la indirecta de que no estaba de ánimo y se largara.
—Sólo vine a ver como estabas.
—Estoy bien.
Dos días había permanecido aislado en mi departamento, llorando como una niñita con el corazón roto. Recuerdo que la última vez que me sentí así de desdichado, fue cuando ella tuvo el accidente y su corazón se detuvo. No hay nada peor que saber que pudiste haber hecho más pero las malditas circunstancias te lo impidieron.
Leah y Seth no me habían buscado hasta el momento ni yo a ellos. Y es que si fuera por mí, me quedaría lo que me resta de vida aquí, en este templo de soledad, recordando cada minuto de mi vida junto a ella…
De nuevo me había perdido en mis recuerdos. La luz del día se filtraba a través de las percudidas cortinas del lugar. Un estruendo llamó por fin mi atención, alguien golpeaba la puerta, la voz de Elizabeth me llamaba. Queriéndome poner en pie, caí al suelo, mis músculos estaban engarrotados por permanecer en una sola posición.
— ¡Ya voy! —con la voz ronca respondí al llamado, aún tirado en el piso.
Luego de unos minutos pude moverme, el hormigueo que había sentido en todo mi cuerpo había comenzado a desvanecerse. Permitiéndome por fin desplazarme cojeando hasta la puerta, al abrir recibí el impacto del abrazo de Elizabeth…
Bella
Fuera del edificio de Edward permanecí algunos minutos de pie. Sabiendo que si partía sin mirar atrás lo dejaría en mi pasado. ¿Pero realmente quería hacerlo? Podía disculpar sus faltas a nuestros votos y seguir mi vida en paz. Pero perdonar el daño y las mentiras, no podía. La confianza estaba destrozada. Hasta volviendo a nacer, hasta siendo otro me mintió. Si tan sólo me lo hubiera dicho antes de llevarme a la cama… tal vez todo fuera distinto, probablemente hubiéramos tenido una oportunidad. Pero no, Edward siempre decidiendo por mí lo que era mejor, pero esta vez no le daría oportunidad. Sé que Jared intentará llegar a él por medio de mí. Y si me atrapa, lo traerán de regreso. En esta ocasión yo decidiré lo mejor para mí, para ambos. Di un paso, luego otro y así finalmente caminé dejando al que fuera el amor de mi vida en los recuerdos de un amargo pasado.
Llegué a la fundación, todo estaba decidido, al diablo con él y su estúpida obsesión por controlarlo todo. Avancé a los ascensores, las personas me miraban con una sonrisa que se desvanecía al ver mi semblante serio y molesto. No decían nada, quizá mi mirada o el hecho de que les ignoraba les decía que no me molestaran, que no era el momento.
Llegué a mi piso, Marian estaba tecleando en el ordenador. Al escuchar mis pasos o la llegada del ascensor ella se giró y sonrío, yo no le regresé la sonrisa. Nunca fui hipócrita, sonreír en este momento sólo sería una mueca horrible, ella sabría que no era sincera.
—Comunícate con Emmett McCarty y dile que necesito que venga aquí de inmediato. Busca a Jane, si aún no llega llámala y dile que me urge hablar con ella ahora. No me pases llamadas de nadie, cancela todos los compromisos de hoy y que nadie que no sea Emmett o Jane me moleste.
—Si, señora Cullen.
Entré a mi oficina, boté mi bolso en el escritorio listo para ser tomado y largarme de aquí en cualquier momento. Me puse a pensar en Jane, en el momento en que la conocí, cuando vivíamos en Italia, que buena actriz era. Dos suaves toques se escucharon en la puerta y luego Jane se asomó.
—Hola, ¿puedo entrar? —nunca pedía permiso para entrar, seguramente Marian o Edward la pusieron al tanto sobre mi estado de ánimo.
—Adelante.
Entró cerrando la puerta tras de sí. Caminó mirándome con duda. Tomó asiento frente a mí.
—Te lo dijo cierto —afirmó. Suspiré hondo y profundo. No podía descargar mi rabia con ella, después de todo hoy no estaría aquí, si ella no me hubiera cuidado.
— ¿Te acostaste con él? —deseaba con todo mi corazón que la respuesta fuera afirmativa, porque de esa manera podría olvidar que esta mujer me salvó la vida y dándome el pretexto para odiarla por el simple hecho de que Edward confío en ella antes que en su propia esposa.
—No —cerré los ojos y luego volví a mirarla—. Lo conocí hace once años, él estaba recién casado contigo. Mi esposo me golpeaba de la nada, mi autoestima estaba deshecha, yo estaba pulverizada por dentro. Había contratado varios abogados intentando divorciarme de él, pero todos ellos fueron sobornados. Un día fui a tomar un café con la amante de mi esposo. La enfrenté, pero era tan cínica que terminó burlándose de mí. Cuando salí del café, lo vi llegar a su pequeño despacho, tan guapo él, lo observé en un principio porque me gustó; ahí de pie en la acera de enfrente minutos más tarde, observé a la recepcionista llegar tarde y luego a Mike.
Esa noche, mi esposo me golpeó tanto que tuve que ser hospitalizada por tres días. Aún convaleciente, a Félix no le importaba tomarme sexualmente y golpearme. Durante dos semanas observé a Edward y a Mike sin clientes. Hasta que una noche, Félix llevó a casa a su amante, ambos se burlaban de mí y me humillaban, después comenzaron a tener relaciones sexuales en la sala, horrorizada intenté salir de ahí, pero justo cuando iba a subir al ascensor, Félix me alcanzó y me llevó de nuevo al departamento. Esa noche los vi a ellos comiéndose uno al otro y luego él intentó que yo participara. Me negué y él me golpeó dejándome inconsciente.
Al día siguiente fui al despacho de Edward con la esperanza de que me ayudara, pero si al igual que los otros se dejaba sobornar, me quitaría la vida. Porque ya no podía seguir viviendo así. Edward fue mi salvador, él me salvó en muchos aspectos. Me dio seguridad y confianza. Cuando ganó el caso fuimos todos a festejar, ese día me le ofrecí. Pero él me rechazo Bella, me dijo que yo era hermosa y que no permitiera que alguien dijera lo contrario, pero que amaba a su esposa, te envidié por llegar a su vida antes de que yo lo conociera. Pero todo eso me duró no más de dos minutos. Esto responde a tus preguntas. ¿Por qué te cuidé? Porque él lo hizo conmigo. Me salvó y yo lo salvé a él, salvándote a ti. Porque cuando volvimos a encontrarnos cargaba el peso de sus errores en su espalda, lo pude ver en sus ojos. Si morías él moriría contigo.
—Gracias, de verdad Jane, muchas gracias. Pero eso de que el moriría conmigo no me lo creo. —Ella me miraba queriéndome decir algo pero no lo hacía—. Voy a irme y no volveré.
—No me lo dirás ¿cierto?
—No, no quiero volver a saber de Edward. Pero realmente no entiendo cómo has confiado en Edward y creer que seguía siendo el hombre que conociste en el pasado. Cuando él acepto trabajar para un abogado corrupto y luego ser su socio. ¿No crees que también recurrió en algunos casos al soborno para ganar?
—Él ya pagó el error de traicionarse a sí mismo al aliarse a las personas equivocadas Bella. Lo traicionaron. En cuanto a lo segundo… no sé si lo hizo. Pero también pienso que de alguna manera lo ha pagado. Ahora no debes ser tan dura con él. Todos nos equivocamos alguna vez. Todos mentimos y controlamos la vida de otros cuando se nos presenta la menor oportunidad si eso de alguna manera nos beneficia.
—Puedes retirarte, en una semana enviaré a un abogado con la documentación en regla.
—Está bien, voy a extrañarte y realmente te quiero. Tú eres mi única amiga y mi familia. No hace falta decir que sí algún día necesitas de algo, aquí estaré.
—Gracias Jane —le agradecí con sinceridad —. Deberías regresar a Italia un tiempo.
—Si, creo que necesito unas vacaciones.
En ese instante tocaron a la puerta, de nuevo di el pase para un Emmett nervioso. Al verme asintió en forma de saludo, pero cuando su mirada se encontró con la de Jane, me pareció ver que él le hacia un guiño de complicidad. Desvié mí mirada, tal vez Emmett también sabia de Edward.
Jane se retiró con un hasta pronto. Emmett tomó el asiento de Jane.
—Hola, Marian me dijo que era urgente…
—Si —le corté— ¿Qué es lo que sabes?
— ¿De qué hablas? —preguntó haciéndose el desentendido.
—Lo sabes —afirmé. Emmett soltó un largo suspiro.
—Me dijo que no podía decirte.
—Yo confiaba en ti, Emmett —le reclamé dolida.
—Era por tu bien. En realidad Bella no lo he visto, sólo he hablado por teléfono con él.
—Mientes, el día que te presenté a Ethan, tú sabías que era Edward.
— ¿Qué? ¿Ethan es Edward? —preguntó con el asombro plantado en su rostro.
—Si. Pero ya no importa, la razón por la que estás aquí es que necesito que cotices las acciones de la firma, si quieres comprarlas tú estará bien.
— ¿Edward lo sabe? —preguntó ahora con duda.
—Son mías ahora Emmett. Pasado mañana se pondrá en contacto contigo mi abogado, cualquier trámite será a través de él.
— ¿Y tú? —preguntó nuevamente inclinando su enorme cuerpo hacia el frente, intentando ver más allá de lo que realmente estaba mostrándole.
—Me voy Emmett.
— ¿Por qué?
—Porque donde quiera que miro Edward está ahí.
—Entiendo —sonrió— ¿Por qué estás molesta conmigo?
—Porque confiaba en ti ciegamente Emmett.
—No podía decírtelo, él me dijo que te pondría en peligro.
—Estuve conviviendo con un traidor. ¿Y si yo hubiera cometido el mismo error de Edward, confiar en Eleazar?, ¿qué crees que hubiera pasado?
—Lo sé. Debimos decírtelo.
— ¿Debimos?
—Mike ayudó a Edward a detener a Eleazar, lo del soborno y el despido sólo fue para acercar a Mike a Eleazar.
— ¿Cómo sucedió la muerte de Eleazar?
—Por lo que sé, Mike fue descubierto, al parecer vieron a Mike hablando con un hombre parecido a Edward, no estaban seguros y luego a Rose con él mismo hombre por lo que las sospechas se confirmaron. Cuando Mike entró en la guarida de Uley y Eleazar, lo tomaron de rehén. Pero no contaban con que estaban rodeados por ellos. Le encontraron los micrófonos y fue cuándo se dieron cuenta. Llamaron a Edward y negociaron un intercambio. Mike me contó que cuando estaba por cruzar con Edward, lo empujó al suelo y el tiroteo comenzó.
— ¿Mike está bien?
—Si, no sufrió daños, Edward sólo en el hombro.
— ¿Dónde está Mike?
—Se fue del país con Jessica y su hija. No quería exponerse a que tomaran represalias.
—Comprendo. —y ahora yo me pregunto ¿Por qué Edward no hizo lo mismo conmigo?
—Si me preguntas, mucha gente aquí corre peligro, y sí, creo que deberías desaparecer sin que nadie de nosotros sepamos donde encontrarte. Sólo por un tiempo. En lo que los ánimos de los criminales se calman.
—Si, ese es el plan. Pero sé que intentarán atrapar a Edward por medio de mí. Lo pensé. Además ya no quiero que controle más mi vida.
—No lo decía por él, sino por ti. Por tu seguridad. Dispondré un dinero para que te vayas lo antes posible, tú abogado y yo arreglaremos todo.
—La mitad del dinero, dónala a la fundación. Del restante la mitad hazla llegar a Edward mediante Leah, y la otra la entregaras a mi abogado.
— ¿El abogado es de confianza?
—Si. En cuanto cotices las acciones, has los movimientos en mis cuentas para entregarle su parte a Edward, antes de que le perdamos el rastro a Leah.
—Si. Adiós Bella y cuídate mucho. Cualquier cosa sabes dónde buscarme.
—Gracias Emmett.
El salió sin decir nada más. Había sido un buen amigo, pero me sentía traicionada por todos. Y estaba cansada de mentiras y secretos, necesitaba comenzar de nuevo con algo que realmente fuera real y honesto. Ellos mis amigos, la que había sido mi familia desde que me uní a Edward, todos lo sabían y nadie tuvo el valor de decírmelo o insinuarlo. La decisión estaba tomada, debía irme, desaparecer de la vista de ellos si realmente quería encontrar mi propio destino, sin la manipulación de Edward y sobre todo si quería protegerlo.
Tomé mi bolso del escritorio y fui en busca de Jane. Ahora que sabía que Rosalie fue vista con Ethan debía ponerla sobre aviso, ayudarla a desaparecer un tiempo. Ya que de alguna manera corría peligro. Al llegar a la oficina de Jane no me molesté en tocar la puerta, simplemente abrí.
—Jane —ella estaba en una situación incómoda con Emmett—. Disculpen —fue todo lo que pude decir y salí de ahí de nuevo. Asombrada.
Un par de minutos después vi salir a Emmett, sonrojado y apenado, sólo asintió y se fue sin decir nada. Entré de nuevo a la oficina. Jane estaba en su escritorio avergonzada.
—Debemos sacar a Rosalie de la ciudad, la vieron con Edward.
—Bella, no te lo había dicho ni a ti ni a Edward, debido a tu estado de salud. Rosalie se fue de la fundación. No dejo ningún dato para localizarla.
—Esperemos no la encuentren.
Daba gracias por no tener demasiadas cosas en el departamento que compartía con Jane. Fue fácil empacarlas en un día. Subí las cajas al auto y fui al departamento que compartía con Edward años atrás. Ahí dejaría la caja que contenía mis recuerdos de él.
Llegué al edificio y me ubiqué en el estacionamiento. Baje la caja, no era tan pesada. Fui hasta el elevador. Esperando llegar a mi destino, me sentí nostálgica, hacía tanto que no venía aquí…
Llegué a la puerta y vi que esta tenía una cerradura nueva. Intenté abrir con mi llave pero fue inútil. Tomé de nuevo la caja en mis manos y bajé por el ascensor. Me dirigí directamente al portero.
—Buenas noches —saludé—. Quise entrar a mi departamento pero, alguien cambió la cerradura.
— ¿Señora Cullen? —dijo un hombre detrás de mí. Era el administrador.
—Si. ¿Podría explicarme qué sucede? —exigí una respuesta.
—Pensé que le había informado su familiar, él dijo que lo haría.
— ¿Qué familiar y qué iba a informarme?
—Hace unos meses llegó su familiar pasando sobre el guardia de seguridad, era médico. Nos explicó que venía por una emergencia, incluso vino una ambulancia.
— ¿Cómo era él?
—Rubio de ojos azules, alto y de unos cuarenta y algo de edad —dijo el guardia.
—Carlisle —murmure— ¿Cuál era la emergencia?
—Uno de sus familiares señora, intento suicidarse en su departamento.
— ¿Qué?… —de pronto recordé a Ethan cuando me dijo que no había ido a visitarme al hospital, porque su hermano se había intentado suicidar. Entonces Edward intento suicidarse ¿Por qué?
—Él dijo que se lo diría a usted. Nos dio dinero para la reparación de los daños y nos pidió cambiáramos la chapa, y que sólo a usted le entregáramos la llave —me dijo mientras sacaba la llave de un cajón y me la entregaba.
—Gracias.
—De nada.
— ¿Por qué no me informó usted personalmente?
—El señor o médico, me dijo que usted se encontraba hospitalizada por problemas del corazón, por lo que cualquier impresión podría afectarla.
—Gracias. —Tomé la caja que descansaba en el piso
—Permítame ayudarla con eso…
—No se preocupe no pesa. Gracias.
Subí de nuevo al piso del departamento, luego ingresé la llave en la cerradura y esta abrió. Busqué los rasgos de intento de suicidio, ahí en nuestra recamara, en nuestra cama había un frasco de aspirinas y algunas pocas pastillas. Fue así como intentó suicidarse.
Dejé la caja en la cama y salí de ahí. En el estacionamiento, ya en el auto, marqué el teléfono de Carlisle. Al tercer toque él contestó.
—Bella.
—Hola Carlisle.
— ¿Sucede algo? ¿Te sientes mal? —preguntó preocupado.
— ¿Por qué intento suicidarse Edward? —fui al grano.
— ¿Por qué no vienes a casa y platicamos?
—No tengo tiempo, salgo esta noche de viaje —respondí.
— ¿Has hablado con él?
—Si
—Sera mejor que se lo preguntes a él.
—Soy su esposa y merezco saberlo del médico que lo atendió. Por favor Carlisle no más secretos, no por parte de ti que has sido un padre para mí.
—Quería donarte su corazón —guardé silencio por un par de minutos o más. No pude evitar llorar, porque en algún momento de mi vida estuve dispuesta a dar mi vida por él. Y ahora él, me demostró que sus sentimientos hacia mí, podían ser producto de culpabilidad o porque realmente me amaba y yo jamás lo sabría.
—Gracias Carlisle.
Corté la llamada, fui al hotel a dormir esta noche. Al siguiente, iría a ver a mi abogado para ponerme de acuerdo y dejar todo en orden antes de irme de aquí.
Edward
Todo estaba listo, solo esperaba a Seth con mi documentación, así como el lugar que sería mi próximo destino. En mi mano tenía una fotografía de ella. Tan hermosa. Jasper mi psicólogo, decía que tenía una obsesión por ella. Tal vez sí, pero no sólo era eso, estaba seguro de que la amaba de verdad. Por eso me marchaba dejándola libre. Por eso me negaba a hablar con Jane o que Leah me informara sobre la situación en la firma. No quería saber absolutamente nada. Ahora que estaba convencido que alejarme era lo correcto. Si algún día la vida o el ser Supremo me cruzaba de nuevo en su destino, entonces no dudaría en que ella y yo estábamos predestinados a estar juntos de verdad. Mientras tanto, viviría dejando los fantasmas que me atormentan cada noche en el pasado.
El timbre sonó, debía ser Seth. Caminé hasta la puerta, al abrirla me encontré a mi hermano en compañía de Leah.
—Hola
—Hola, no quiero saber nada de ella.
—Si, no te preocupes, lo sé. Toma —me entregó un portafolios.
— ¿Qué es? —pregunté, antes de abrir el portafolios y encontrarme una suma de dinero. — ¿De dónde?
—No preguntes. Sólo acéptalo, porque la persona que te lo envía según su informante, tomó su parte y desapareció.
—No puedo viajar con esto.
—Lo sé. Mi tío pondrá en venta la propiedad en donde vivirás, tu madre Elizabeth la comprará a un precio más elevado de lo que realmente cuesta, de esa manera le entregaremos el dinero a mi tío y a su vez él te dará lo tuyo.
—pensé que nadie sabía que estabas viva.
—Ahora que Jared está en la cárcel y Eleazar muerto fui con él. Le dije que se había hecho justicia por la muerte de Emily. Los Quileutes son fieles, el no dirá jamás que estoy viva.
— ¿Dijiste que voy a vivir en…?
—La Push, es una reserva.
— ¿Con tu tío?
—En la casa de mis padres, que ahora es tuya. Sólo cuídala bien.
—Gracias. ¿Dijiste con los Quileutes? ¿Y si no me aceptan? ¿Qué voy a hacer allá?
—Te aceptarán porque mi tío te aceptará con los brazos abiertos, además trabajarás con él.
— ¿De qué?
—Servicio de grúas. —La carcajada de Seth me molestó.
—Seth, cállate o probarás el puño de tu hermano. Leah soy abogado.
—Ya no. Edward olvídate de eso ya.
—No, me niego a ir.
—Sólo un tiempo, verás que te gustará.
—Sólo algunos meses.
—Vámonos ya —dijo Seth.
—La Push… —refunfuñé. Dejé la fotografía de Bella sobre la cama. Dejando así mi vida pasada atrás.
…..
Buenas tardes, con la mala noticia que mi compu pasó mejor vida, dicen por ahí que no soporto tanto drama y se infarto. Como comprenderán me es imposible responder sus Reviews pero me he leído todos y cada uno de ellos. Muchas Gracias son una gran motivación, para mi equipo y para mí.
A los nuevos lectores les doy la bienvenida.
Nos leemos la siguiente semana.
Facebook Oscuro Corazón Grupo Por Amor.
Besos.
Chapter 4: Chapter 4
Por amor
Una vida llena de recuerdos.
Los personajes pertenecen a Meyer.
Trama Rakel Luvre.
Betas Sarobari, Lillian M, Miry Álvarez
Soundtrack por Valeska : Entre tus alas de Camila .
Capitulo 4
Edward
El amanecer en este lugar, era algo que me gustaba observar cada mañana con una humeante taza de café; como un ritual para iniciar mi día. Leah había tenido razón, vivir en la reserva de La Push, era algo de lo que te acostumbrabas y le tomabas gusto prontamente. Tres meses fueron suficientes. Recluido de las grandes ciudades, era un lugar lleno de naturaleza, donde podías tener una vida tranquila. Si tuviera hijos, sería un lugar donde me gustaría que crecieran. Pero yo no los tenía y tampoco iba a tenerlos en el futuro. Harry, el tío de Leah era un hombre mayor, silencioso, pero de buen corazón. No habíamos hablado acerca de su hija Emily, pero al verlo, había tenido la necesidad de pedirle perdón por no haber podido hacer nada por salvar la vida de su hija. Él, como buen hombre que es, me dio las gracias por intentar detener a gente como Sam. Emily, había no seguido las indicaciones de Leah de mantenerse al margen, y eso la llevó a su muerte.
Trabajaba para él, remolcando autos varados en las carreteras, tenía un compañero, su nombre era Garrett, quien también vivía en una pequeña casa al lado de la mía. Garrett era un ex convicto acusado de intento de violación, la versión de él, era que el padre de la chica los había descubierto y ella para salvar su pellejo se había puesto a llorar, gritando que Garrett intentaba violarla. En cuanto pagó su condena, fue por su hermana, quien era mal vista, como una delincuente indigna de confianza igual que el hermano. Vivieron en algunos pueblos hasta que llegaron a La Push, ella había quedado encantada con el lugar y la gente, que no la miraba mal por tener sólo tres mudas de ropa o zapatos viejos, gente que no te miraba más de tres segundos seguidos, porque no le interesaba inmiscuirse en la vida de los demás. Gente que te aceptaba si tú los aceptabas, con sus creencias, estilo de vida y cultura. Respeto con respeto. Si no les causas problemas, ellos no te causaban problemas. Eso era todo, así de sencillo.
Bebí mi último trago de café, degustando su sabor. Hacía demasiado frío, pero de alguna manera, lograba adormecer el dolor de mi cuerpo al estar lejos de ella.
El día de trabajo había estado tranquilo, por la mañana un auto sobre la carretera que al parecer, pasó a mejor vida. De ahí nada, los pocos servicios que hubo, Garrett los atendió, ya que él se encontraba más cerca de las ubicaciones.
Al final del día, como todos los demás, me disponía a irme a casa a pensar en mi obsesión, mi esposa. Una vez recibida mi paga por Harry, me dispuse a irme. La puerta de la oficina se abrió violentamente, dando paso a un molesto Garrett.
—Buenas tardes.
—Hola hijo. ¿Por qué ese rostro? —preguntó Harry a Garrett.
—Se me averío una llanta en medio de esta lluvia —respondió quitándose el impermeable.
— ¿Ya está todo bien o quieres que te ayude en algo? —le pregunté.
—Todo bien, gracias Ethan.
—Me voy a casa entonces.
—No, no, espera… espera afuera.
—De acuerdo.
Salí de la oficina y esperé en la entrada del local, mirando a un grupo de niños que jugaban a la pelota en tremenda lluvia. Los envidiaba por tener esa libertad de hacer lo que les plazca, sin temor de poner su vida en peligro, la de sus familiares o amigos.
—Listo Ethan, vámonos —me señaló su auto.
—Gracias, yo traigo mi vehículo —Señalé una motocicleta.
— ¡Fiu! ¿Y esa belleza? —preguntó acercándose a ella y admirándola.
—Thomas necesitaba dinero y se la compré.
— ¡Pero el hombre quería demasiado! —me dijo asombrado.
—La pequeña Beky lo vale —respondí acariciando el asiento de mi chica.
— ¿De dónde sacaste tanto?
—La liquidación de mi trabajo anterior, más algunos ahorros —mencioné despreocupado.
—Quedaste pobre —soltó una carcajada.
—Soy un hombre solo, sin compromisos ¿qué más da?
—Disfrútalo. ¿Por qué no vamos a beber unas cervezas?, el partido comienza en media hora y conozco un buen bar sobre la carretera rumbo a Forks. La mayoría de los hombres vamos ahí después de la jornada.
—No lo sé, estoy cansado.
—Oh vamos. No digas estupideces y no me hagas rogarte como un chico que quiere conseguir una cita con la chica nueva del pueblo —solté una carcajada, él era un hombre agradable, y solitario, al igual que yo.
—Está bien. Pero no soy buena compañía.
— ¡Bah! tonterías.
Subí a mi moto y él a su coche, cuando arrancó me coloqué detrás de él para seguirlo al dichoso bar. Diez minutos después estábamos aparcando. Una vez dentro, pedimos una cerveza. El partido había comenzado hacía más de una hora, y yo ni siquiera me había informado de quienes jugaban, estaba perdido en mis pensamientos. Preguntándome dónde, o con quién estaría, si pensaba en mí como yo en ella.
— ¿En qué piensas?
—Nada —bebí mi cerveza.
—Oye, yo confíe en ti. Confía chico, tampoco es como si tuviera muchos amigos con quienes hablar de la gente.
—Tienes razón, no tienes amigos.
Quedé en silencio un momento, pero cuando iba a decirle en qué pensaba, una chica entró al bar; ella vestía un vestido corto, demasiado corto, mostrando sus bien torneadas y largas piernas, y de piel pálida, un poco enrojecida debido al frío. La fuerte lluvia la había empapado, haciendo que el vestido se pegara a su cuerpo como una segunda piel. El vestido azul resaltaba la belleza de su rostro. Ojos grandes, nariz respingona, labios rojos, carnosos y sensuales. Ella temblando se acercó a la barra bajo la atenta mirada masculina, que al verla llegar había perdido el habla. Ella, ignoraba las miradas y silbidos de uno que otro hombre, que había logrado despertar bajo su encanto de sirena atrayente. Yo solté una carcajada.
— ¿De qué te ríes? —Garrett se encontraba de espaldas a ella, por lo que no la había visto.
—Estaba pensando muy seriamente en las palabras de mi antiguo psicólogo.
— ¿Estás loco?
—Me dijo que yo estaba obsesionado con mi esposa, ella era una castaña muy hermosa. Yo le dije que era un idiota, que ella no era una obsesión y que yo estaba perdidamente enamorado.
— ¿Cuál es la risa?
—Que acabo de descubrir que tenía razón.
— ¿Y eso? ¿Así de la nada?
—No, lo sé porque ahora una hermosa pelirroja se ha convertido en mi nueva obsesión.
Le señalé a la chica en la barra que hablaba con el dueño. Ella tomó asiento en la barra, entonces un hombre alto y sucio se acercó a ella, colocándose detrás de ella, de una manera en la que podía olerla. Me enfurecí. ¿Cómo se atrevía a invadir su espacio personal? Escuché silbar a Garrett.
—La chica es bonita y ahora está en serios problemas con ese imbécil. ¿Tú no eres peligroso o sí? —me miró con el ceño fruncido.
—¡Claro que no! —Bajé la mirada y me concentré la etiqueta de la botella de cerveza que sin darme cuenta la había comenzado a levantar con una uña— estaba enferma, necesitaba un trasplante de corazón y yo estaba dispuesto a darle el mío
— ¡Oh! ¿Ella…?
—Ya no preguntes Garrett —lo miré con dureza.
—Lo siento —dijo dándome a entender que había pensado que al final ella murió.
Sin decir nada me puse en pie y fui hasta la barra.
— ¡Hey! Tú, Will, dame una cerveza para la señorita —dijo el apestoso hombre al lado de mi diosa.
—No gracias, señor no bebo —ella le indicó a Will.
—Oh, vamos preciosa no querrás despreciarme —ella le ignoraba intentando marcar un número telefónico en su celular. Al ver que no tenía resultado alguno maldijo— Hey, no me ignores preciosa tal vez pueda darte lo que estás buscando. ¿Cuánto cobras?
Ella lo miró con la boca y los ojos bien abiertos.
—Si cuanto cobras zorrita, yo te pago el doble que él.
Se escuchó detrás de ellos, ella molesta no dijo nada, simplemente tomó su bolso, evadió al tipo y salió del bar. El hombre de la barra le hizo señas a su amigo y fueron tras de ella. Pero yo salí tras de ellos. Vi a Garrett ponerse de pie antes de salir por la puerta.
—Ustedes dos… ¿A dónde creen que van? —les grité. Ella, al igual que ellos, se detuvo y giró. Mirándome sorprendida.
—Tú no te metas. La putita nos va a dar sus servicios.
—No lo creo —escuché a Garrett detrás de mí.
—Garrett, no te metas donde no te llaman.
—Por supuesto que me meto —él se puso a mi lado— ella es amiga de mi hermana. No es ninguna zorra.
Ellos la miraron dubitativos.
—Garrett, no te vi, ¿estabas en el bar? —dijo ella con voz temblorosa, pasándolos y acercándose a nosotros, colocándose a un lado de Garrett, ella le dio un beso en la mejilla en forma de saludo.
—Hola preciosa —saludo él.
Luego ella se puso frente a mí y de igual manera me saludó. Pero al darme el beso en la mejilla, enterró sus uñas en mi brazo y tembló. Yo la abracé por la cintura. Temblaba como una hoja. Tal vez fuera el miedo o el frío. Los hombres pasaron a nuestro lado.
— ¿Disculpa, te encuentras bien?
—Sí, ella me miró a los ojos.
—Yo soy Ethan y él es Garrett.
—Mucho gusto le dijo a él. Soy Marie—. Sonreí, y ella al percatarse de mi sonrisa bajó su mirada apenada.
— ¿Te podemos ayudar en algo?
—Mi auto se descompuso a unos kilómetros de aquí, estaba buscando a alguien que pudiera ayudarme —nos señaló la dirección donde se encontraba su auto, para después estornudar. Me quité la chamarra que traía puesta y se la coloqué en los hombros.
— ¿Hacia dónde ibas?
—A mi casa.
— ¿Se encuentra lejos?
—No, es en Forks.
Unos vítores se escucharon dentro del bar, Garrett miró instintivamente.
—Garrett préstame tu coche, voy a revisar su auto. Te dejo las llaves de mi moto en caso de que tarde en regresar.
—De acuerdo. Te envío un mensaje si me marcho a casa. En la cajuela hay herramientas.
—Gracias.
Le hice una seña a Marie para que me siguiera y así lo hizo. Le abrí la puerta del copiloto para que entrara. Garrett levantó las cejas sugestivamente, yo sonreí.
Conduje hasta su auto, que se encontraba a un lado de la carretera, había resultado bastante lejos. Por lo que caminando, sería un recorrido de más de una hora. Durante el camino, habíamos estado sumergidos en un silencio bastante cómodo. Estacioné el auto frente al suyo, para que los faros del auto de Garrett alumbraran su toldo, y poder tener mejor visibilidad, a que tan sólo iluminara con una lámpara.
Caminé a la cajuela y saqué la caja de herramientas que traía Garrett ahí. Abrí la cajuela del auto de mi chica pelirroja, y comencé a revisarlo. Había aprendido lo básico en mecánica con mi padre, pero había sido bajo la tutela de Harry quien me instruyó a fondo en motores de todo tipo de marcas. Eran necesarios los conocimientos, si podías no sólo brindar un servicio de mecánica a uno de remolque. También era bien pagado.
Le había pedido que permaneciera dentro del auto, pero no me hizo caso, después de algunos minutos ella bajó y se posó a mi lado. La miré, cosa que había sido mala idea, pues no pude evitar mirar su escote y luego cuando bajé la mirada fue peor, sus hermosas y apetecibles piernas me dijeron hola.
—Es la batería.
—Entonces no arrancará.
—Creo que vi que Garrett tenía una batería, revisaré si puede ajustarse a tu auto.
Ella iba tras de mí, observando lo que hacía, muy cerca de mí. Saqué la batería de la cajuela del auto y luego me dirigí al auto de ella. La cambié, si le quedaba.
—Sube a tu auto y enciéndelo—. Ella lo hizo así. —Cariño, acelera —le grité. Fui hasta su ventanilla —no dejes de acelerar. Esperaremos un par de minutos.
Guardé las herramientas, y cerré su cofre. Luego volví a acercarme a ella.
—Listo. —le dije.
Ella no apagó su auto, simplemente se bajó de el, ella me tomó de la mano y me miró.
—Gracias. ¿Cuánto les debo por la batería y tu ayuda?
—Nada.
— ¿Cómo que nada?
—Me llevaré tu batería. No es nada.
—Pero ya no sirve.
—Si sirve —le respondí, y saqué de mi bolsillo mi cartera. De ahí tomé una tarjeta del trabajo—. Toma, mira yo trabajo aquí, mi número es el segundo que aparece ahí. Si tienes algún problema de nuevo con el auto llámame, o llama a Garrett.
—Gracias.
—Adiós, cuídate y por favor no vuelvas a entrar a un bar vestida así.
—No lo haré.
—Vamos nena, sube a tu auto que hace frio.
Ella se dio media vuelta, pero antes de entrar al coche se giró de nuevo a mí y me abrazó. Gustoso, yo la recibí entre mis brazos, y no pude evitar sentir el deseo de acorralarla entre mi cuerpo y el auto. Quería sentir cada centímetro de su cuerpo pegado al mío. Tomé su pierna izquierda y la subí hasta mi cintura, ella la enredó en mi cadera, impulsándose para hacer lo mismo con la otra. Yo tenía mi rostro en el hueco de su cuello, aspirando su embriagador aroma.
Entonces, se separó un poco de mi, tomó mi rostro en sus manos y me besó. Era un beso ansioso y necesitado. Lleno de pasión, de amor y de otro sentimiento que no podía descifrar. El beso duró para mi gusto poco tiempo; yo quería continuar pero ella se alejó de mi boca recargando su frente en mi hombro.
—Gracias por todo lo que has hecho por mi Edward —ese había sido el sentimiento que no sabía cómo nombrar. Agradecimiento. Me alejé de ella soltándome de su agarre, molesto. Prefería su desprecio, a su lástima.
—No tienes nada de que agradecer, ya lo habíamos hablado antes. ¿Por qué me besaste?
—Porque tú habías querido un último beso. ¿Lo recuerdas?
— ¿Por qué me lo das ahora? ¿Estas agradeciéndome con un beso?
— ¿Necesitas dinero?
— ¿Ya no me amas?
— ¿Por qué intentaste suicidarte?
—Porque estoy cansado de huir de esta estúpida vida. ¿Quién te lo dijo?
—Tú, entonces no lo hiciste por mí.
— ¿Por ti? ¿Por qué habría de hacerlo? Lo único que quiero hacer por ti, es llevarte a rastras hasta mi casa, hacerte el amor hasta el amanecer, y encadenar tu alma a la mía, para no que no puedas escapar jamás de mi. Eso es justo lo que ahora quiero hacer.
—No puedo seguir amándote —me dijo y sentí como algo oprimía mi corazón, la miré con furia, porque yo si la amaba con cada célula de mi cuerpo, porque ese beso fue de lástima, por el pobre idiota enamorado de la chica hermosa—. ¿Sabes por qué? —Negué. —Porque no puedo amar a un hombre que no conozco, no puedo amar a este hombre sencillo y apasionado frente a mí. No sé quién eres. Tan diferente al chico engreído, ambicioso y ególatra que conocí, con el que me casé. Ese hombre de verdad ha muerto.
Ella se dio la vuelta y entró a su auto, la vi marcharse. En cuestión de segundos me di cuenta de algo que no había notado antes. La chica curvilínea, tímida, que jamás se pondría un vestido corto y zapatillas altas. La tonta, la estúpida y patética mujer que amaba ciegamente a ese ególatra. También había muerto en aquella habitación de hospital, cuando su corazón se detuvo al despertar del coma.
Corrí al auto, subí y arranque, desesperado. El destino había puesto de nuevo en mi camino la oportunidad de ser feliz. Yo había intentado hacer lo correcto. La había dejado ir. Había dejado el camino libre a otro, que pudiera hacerla madre. Al diablo, ella y yo estábamos predestinados o al menos eso quería creer. Corrí como alma que lleva al diablo, hasta que la alcancé, rebasé su auto, poniéndome frente a ella y le indiqué con las direccionales que se detuviera, que se orillara. Ella así lo bajó del auto, simplemente me miró caminar hacia ella y bajó su ventanilla. Tomé aire y le hablé.
—Señorita, la puerta de atrás la lleva abierta —le dije, para después abrirla y cerrarla—. Mi nombre es Ethan Reader.
La miré con intensidad a los ojos, esperando aceptara mi muda proposición.
—Isabella Marie Swan. Gracias.
— ¿Vives por aquí?
—En Forks, ¿y tú?
—La Push.
—La reserva es muy bonita.
—Lo es. Escucha… estoy separado, se podría decir que divorciado de mi mujer desde hace más de cinco años. Yo hice cosas terribles e imperdonables. La mafia está buscándome para matarme. Mi familia posiblemente esté fuera del país por lo mismo. Perdí mis bienes. Vivo en una pequeña cabaña, tengo un empleo donde gano una mierda. Me gusta el sexo, bebo cerveza de vez en cuando, soy un poco necio, tiendo a obsesionarme y a controlarlo todo. Pero nunca te haría daño, si tu aceptaras salir conmigo a tomar un café… podrías conocerme y yo conocerte mejor.
— ¿Me estás pidiendo una cita?
—Sí.
—Yo…
—Puedes pensarlo, te doy mi número telefónico. Dame tu número para marcarlo y así lo registras en tu celular… de esta forma no lo extraviarás —Ella soltó una carcajada— ¿Qué? No te burles, como verás, soy un asco pidiendo citas. Lo que es bueno, ya que no tengo citas muy a menudo o no las tengo —ella me dio su celular, yo le marqué mi número para llamarme a mí mismo y así poder registrar su teléfono en mi memoria. Ella me observaba.
— ¿Cómo debo llamarte?
—Marie.
—Bien. Este domingo me toca descansar. Así sólo tienes que llamarme y quedamos.
—De acuerdo, lo pensaré.
—Gracias. ¿Puedo preguntarte dos cosas personales?
—Dime.
— ¿Algún hombre en tu vida del que deba cuidarme?
—No, mi padre murió hace años y soy divorciada desde hace cinco.
—Bien. ¿Me dejarás investigar si eres pelirroja natural? —le pregunté con la mirada entre sus piernas, sin poder evitar lamer mis labios.
— ¡Ah! Por eso no tienes citas. ¡Eres un imbécil!
—Lo siento. Lo que en realidad quise preguntar es que si eres pelirroja natural. El color de tu cabello es hermoso y no podría dormir hasta saber si lo eres o no.
—Si lo soy. Por supuesto que lo soy. No mires abajo.
—No lo haré.
—Lo has hecho.
—No, claro que no
—Si, bajaste la mirada.
—En un acto inconsciente. Lo siento.
—Bueno, es tarde y quiero llegar a casa señor Ethan.
—Solo Ethan.
—De acuerdo. Ethan.
Conduje hasta casa, Garrett vivía a lado mío, por lo que estacioné su auto en su garaje y fui a mi casa. Cuando entré, mi celular vibró a través de mis pantalones. Lo saqué para revisarlo, era un mensaje. De ella.
No, esto no es la confirmación de una cita, debo devolverte tu chaqueta. El domingo a las 12:00 del día en Seattle, en el Restaurante….
Marqué su número y al tercer toque ella respondió.
—Si.
—No, no será una cita —le confirmé—. Pero podría ser el comienzo de algo ¿no?
—Podría.
— ¿Qué haces? —pregunté mientras tomaba asiento en mi sofá.
—Estoy tomando un baño.
—Hay velas aromáticas a tu alrededor —afirmé la conocía demasiado bien.
—Sí. Vainilla.
—Me gusta la vainilla. ¿Segura que no eres castaña?
—Déjame ver… mmm…—gimió, ¡Dios! Fue tan erótico que comencé a tener un serio problema de control sexual— tal vez algún día lo averigües.
—Eres mala.
Un toque a la puerta me sacó de la burbuja de fantasía en la que me encontraba. Fui hasta la entrada y abrí.
— ¡Ethan! —gritó la hermana de Garrett.
—Charlotte.
—Te traje algo de cenar. Mi hermano me dijo que tuviste un último trabajo que hacer antes de venir a casa.
—Gracias, Charlotte, no te hubieras molestado.
—No es molestia, ya lo sabes. ¡Oh! Estás hablando por teléfono. Me voy… hasta mañana.
—Adiós y gracias.
Puse de nuevo el celular en mi oído.
— ¿Marie?
— ¿Tu novia?
—No, mi vecina —aclaré no quería que existieran malos entendidos.
—Que amable, toda ella.
—Es buena, se compadece de este pobre soltero —intenté bromear, su tono sarcástico me indicaba que estaba molesta.
—Debo colgar.
— ¿Te veo el domingo? —pregunté desesperado.
—Si es que no se me olvida. Tal vez sí.
Ella me cortó, marqué de nuevo su número telefónico, pero estaba fuera de servicio.
….
Hola, apuesto que por un momentito las engañe. Espero les haya gustado el capitulo y que la espera haya valido la pena. Para el siguiente capitulo les recomiendo leer mientras comen un helado de chocolate. Ya saben, el chocolate es el sustituto del amor. Nos leemos el siguiente fin de semana, si es que para el 23 tenemos luz. Sino será el lunes, o cuando haya energía.
Gracias por regalarme unos minutos de su tiempo y leerme, por sus comentarios.
En Facebook en la pagina de Fanfiction addicition (Twilight) se esta llevando acabo votaciones a los 20 fics mejores del año. Gracias a Flavia Morales por postular el Fic Por Amor y sus secuelas. Les invitamos a que si les gusta esta historia nos den su voto o cualquiera de los fics postulados.
Mariela: Bienvenida.
Twilight love1694: gracias e igual bienvenida a mi mundo de locura.
Lokkita: Gracias por darle la oportunidad a la historia y gracias al grupo que te lo recomendó ¿Cuál es?
Giova: Hola, la verdad yo no he podido perdonar a Edward, por muy bonito que parezca todo reo que lo hare sufrir hasta el final ha ha ha. Pero debo aclarar que Edward no es el culpable de la Anorexia de Bella. Fue Renne su madre quien destrozo su autoestima y de quien inicio indirectamente los malos hábitos alimenticios. Edward solo fue el detonante a la gravedad de la enfermedad.
Andre R: Hola, gracias. En definitiva mi compu murió, pero me han prestado una Lap.
Daniela: Hola, ¿se han calmado tus ansias de saber que pasara?
Fernanda HC Espero que no te mate.
Vale Potter :Gracias por el minuto de silencio.
Marah2221: El que persevera alanza… hay que darle porras a Edward.
Genesis Bautistaparedes: Tengo buenas consejeras. Te recomiendo estos fics por orden de gusto.
Sólo humano por Tatarata.
Porcelana
Segundas oportunidades
Juegos del destino
Mundo de mentiras
Mi vida en tus manos
Paper Love
Corazón de Cristal
Mil grullas de papel
Términos y condiciones
Tus imperfecciones mi perfección
Blind
Juego de amigos, en proceso
Falsas apariencias, en proceso
Descubriendo a un papá
Mira en tu corazón
Julissa de Pattinson: Gracias
Caresme: Los caminos se cruzaron de nuevo.
Zujeyane: Tus deseos se hicieron realidad.
BabyBoo27: Esperemos lo logren.
Manligrez: La pregunta es ¿lo superaran?
Dani-vg9806: Tarde pero al fin llego.
Cindy Liz Yo me siento igual.
Janalez: después de algunos meses creo que si les sirvió.
Luisinha: El tiempo dirá si han podido sanar las heridas o no.
Guest: Gracias
Maria: Ahora puro enamoramiento.
Ashleyswan: Lo hicieron.
Beakis: gracias.
Luna Sanz Comienzan de nuevo.
Solcy Gonzalez ¿Cómo van? =)
Robsten : A mi también me la pone difícil, pero aun no puedo perdonarlo.
Cintygise: Ella también quiere protegerlo. Pero mejor que no lo perdone aun sino se acaba pronto la historia.
Melyna Ortiz Nos leemos en diez capítulos.
Saha Denali Gracias tienes toda la razón.
Pili: Gracias a ti por leer.
Bella Rocio: pensando seriamente en tus buenos deseos.
Tata xoxo: No exactamente al mismo pero si muy cerquita.
Fle- Arg: Sin remedio. Bueno ya sabemos el destino de Bella.
Etzelita: Lo intentare.
Pekas Cullen: Bueno fueron muchas emociones en un día.
Isis Janet: ¿Te gusto?
Nos leemos el 23 de diciembre.
Chapter 5: Chapter 5
Por amor
Una vida llena de recuerdos.
Personajes de Meyer
Trama de Rakelluvre
Betas: Sarobari, Lillian, Miry Alvarez.
Nota: El helado de chocolate es para espantarse las maripositas del estomago.
Capítulo 5
Rueda de la fortuna.
Bella
Eran las doce con quince minutos, y yo, aún no llegaba al restaurante donde había quedado con Ethan, quería hacerlo sufrir un poco. Aunque, temía que al final fuera él, el que olvidara nuestro encuentro; bien merecido me lo tendría por querer castigarlo por sólo una vecina amable, pero, ¿a quién quiero engañar? estaba celosa de esa mujer.
Estacioné mi auto a un par de calles atrás del restaurante, no quería que Ethan me viera llegar, ya que me conocía a mí misma, lo suficiente para saber que los nervios de verlo de nuevo me traicionarían. Para tranquilizarme, utilizaría mi efectiva terapia de caminata, antes de enfrentarme a situaciones tensas o difíciles.
Mientras caminaba hacia mi destino, miré a las personas pasar a mi lado, retraídas en sus pensamientos como yo en los propios, aunque no lo suficiente como para ignorar lo que sucedía a mi alrededor.
Al cruzar la calle, pude vislumbrarlo de lejos, de pie con un cigarrillo, mirando los autos pasar frente a él. Como había previsto, Ethan esperaba mi llegada en auto. Mientras más me acercaba, mejor percibía su nerviosismo, era extraño verle impaciente; Ethan o mejor dicho Edward, ya no era ese hombre seguro de sí mismo que un día conocí y que amé con locura. Su pie golpeaba insistentemente el piso, la mano izquierda parcialmente dentro del bolsillo de sus vaqueros de color negro, acompañado de una camisa azul a cuadros, que hacia resaltar su pecho musculoso y sus brazos de una manera exquisita; su cabello, un poco más largo que hace unos meses, se veía deslavado, evidenciando su color natural.
Como si notara mi presencia aun en la distancia, giró su rostro en mi dirección, su mirada impactó con la mía, lo que me permitió notar que no traía puestas las lentillas oscuras, ahora un hermoso par de ojos verdes me recorría con un brillo e intensidad muy conocida por mí, algo que pensé jamás volvería a ver o sentir.
Giró por completo su cuerpo para quedar frente a mí. Dio una última calada al cigarrillo para después arrojarlo y pisarlo. Ahora, ambas manos descansaban dentro de los bolsillos de sus pantalones.
—Hola —lo saludé una vez estuve frente a él—. ¡Que casualidad encontrarte por aquí!
— ¿De verdad? ¿Por qué?—. Ethan me siguió el juego a nuestro supuesto encuentro sorpresivo.
—Trabajo a dos cuadras de aquí —mentí—, y estoy en mi hora de descanso —asintió comprendiendo que esto no era una cita.
—Linda chaqueta —dijo refiriéndose a su chaqueta que yo usaba en ese momento.
— ¿Te gusta? —cuestioné con cinismo. Ethan ladeó un poco su cabeza hacia el lado derecho, mientras sus ojos me miraban evaluando la imagen frente a él, finalmente respondió:
—Me gusta —susurró.
—Sabía que te gustaría, es la que me prestaste el otro día.
— ¿De verdad? No lo había notado —ambos soltamos una carcajada—. Vine a comprar un libro pero hoy no abrieron la librería, ahora sólo estoy en busca de un buen sitio para comer, ¿conoces alguno?
—Sí, justo esté —señalé detrás de nosotros—. Voy a almorzar ahora, si gustas puedes acompañarme.
—Me encantaría.
Cuando entramos al restaurante, una camarera se quedó mirando a Ethan con la boca abierta e inmediatamente se acercó a nosotros.
—Buenas tardes, mi nombre es Elisa. ¿Puedo ayudarte en algo?— Ella se dirigió a él ignorando mi presencia.
—Una mesa para dos —respondió amable, a la vez que me tomaba por la cintura.
—Síganme por favor.
La chica caminaba contoneando sus caderas, como sí tuviera algún problema con sus zapatos y no pudiera caminar correctamente. Nos condujo hasta una mesa en el centro del lugar.
—Señorita ¿podría asignarnos una mesa en un lugar con mayor privacidad?— Ethan preguntó antes de que yo eligiera mi lado de la mesa, él había dado un apretón a mi antebrazo impidiéndome tomar asiento.
—Por supuesto señor —esbozó una sonrisa que de inmediato me trajo a la mente la imagen de Cheshire; después de asignarnos una mesa, nos proporcionó el menú y mientras esperaba para tomar nuestra orden, constantemente rozaba su cadera contra el hombro de Ethan.
— ¿Algo más que pueda ofrecerle señor?
—Mi amor. ¿Deseas algo más? —Me preguntó, mientras tomaba mi mano derecha con su izquierda y entrelazar nuestros dedos, colocándolas sobre la mesa a la vista de la arpía.
—Que nos deje solos —fue la fría respuesta tras acercar mi rostro al de él, como si fuera a besarlo; Ethan miraba mis labios entreabiertos, en cuanto escuché sus tacones alejarse, regresé a mi posición inicial; retirando mi mano de la mesa y soltándome de su agarre.
Mis ojos se movían en cualquier dirección, excepto al rostro de Ethan, no quería mirar su reacción. Después de un par de minutos me rendí, tarde o temprano tendría que mirarle. Lentamente giré mi rostro en su dirección. Me encontré con la imagen de Ethan, mirando su mano ahora sola en la mesa, con el ceño fruncido. Al dirigir mi mirada al punto de su fijación me sorprendió que llevara puesta la argolla de matrimonio. Sentí un vuelco en el corazón. Instintivamente llevé mi mano izquierda a mi pecho para tocar la argolla y mi anillo de compromiso, que colgaban de una cadena debajo de mis ropas.
Cuando levantó su mirada de su mano, se fijó en la mía, para distraer su atención reinicié con nuestro juego.
—Pensé que habías dicho que eras divorciado.
—Lo estoy —retiró lentamente su mano de la mesa, llevándola debajo del mantel—. Sólo la uso para desanimar a camareras coquetas— su tono era frio. De inmediato capté el doble sentido de sus palabras. Se sentía usado por mí.
—Lo siento— me disculpé, ya que había sido muy cruel de mi parte marcar territorio, para después rechazarlo.
—No te disculpes, yo mal interprete. ¿Vienes seguido a este lugar? —Preguntó dando por terminado los acontecimientos anteriores.
—No. Solía venir con mis padres, pero después de su muerte esta es la primera ocasión que vengo —confesé.
—Siento que tu esposo nunca se haya interesado verdaderamente en conocer cosas tan importantes como esta.
—No te preocupes, mi esposo era algo egoísta, sólo superado por su idiotez— en definitiva los comentarios hirientes, venían en cantidades similares para ambas partes. Ethan tan solo rió con amargura y negó con la cabeza.
—Apuesto que no eras tan agresiva con él en ese entonces.
—Sabes apostar, en ese entonces era estúpida y patética —intentaba cerrar mi boca y guardarme esos comentarios, pero cuando me daba cuenta ya habían salido de mis labios.
—No, yo creo que eras dulce e inocente— me sorprendió su respuesta. Esperaba que me reclamara por no intentar llevar la fiesta en paz, pero su respuesta fue suave y sincera.
—Gracias eres muy amable —sonreí con sinceridad y agradecimiento por disculpar mis ofensas.
La camarera volvió con nuestra orden. Las colocó a cada uno en su lugar y se retiró en silencio y sin coqueteo.
—Mmm, tenias razón, esté es un buen lugar para comer —alabó.
—Te lo dije.
Continuamos saboreando nuestra comida en silencio, disfrutando de nuestra mutua compañía, como en tiempos pasados al inicio de nuestro matrimonio, donde sólo nuestros cuerpos, uno al lado del otro era suficiente para ser felices.
—Dime algo que a tu esposo jamás le hayas contado —pidió cuando terminó de comer, dando inicio a la conversación.
—Mi madre padecía Bulimia, entre su enfermedad, llegó a lastimarme profundamente. No en un estado físico, sino emocional. Yo siempre fui una niña llenita, carecía de la belleza física de mi madre; heredé las características de mi padre, ojos y cabello castaño; mi madre era rubia, de ojos azules y de complexión delgada. Constantemente ella me dejaba sin la merienda, o realizaba comentarios hirientes con referencia a mi sobrepeso —tomé una respiración profunda y continué—. En muchas ocasiones mi padre me encontró llorando dentro de su patrulla. Él era tan bueno… me daba galletas y dulces. Las guardaba dentro de la cajuela de su coche, para que mi madre no las encontrara y lo tachara de consentidor —no me había percatado de que lloraba hasta que Ethan había borrado de mi rostro los rastros de las lágrimas derramadas—. Dime algo que a tu esposa no le hayas contado.
—Cuando la vi por primera vez me pareció un ángel— su mirada parecía perdida ante el recuerdo. —Había un aura brillante alrededor de ella. Tardé bastante al decidirme acercarme a ella. Tenía miedo, miedo de que me rechazara—. Ahora él me miraba con intensidad. —Cuando comenzamos a salir…—sonrió—. Solía espiarla de vez en cuando, de la universidad a su casa. Y no fue hasta que un día la vi salir a tomar un café con un compañero de clases, que conocí lo que eran los celos.
—Espera… ¿Por qué la espiabas?
—Me gustaba observarla, era como el mejor espectáculo que alguna vez hubiera visto en mi vida. Desearla y no poder tocarla, ese sentimiento de añoranza se volvió en mi adicción.
— ¿Cómo manejaste esos celos?
—Al siguiente día visité a su mejor amiga Ángela y le pregunté quién era él —dijo con simpleza.
— ¿Qué te respondió?
—Que el chico estaba enamorado de ella, pero que nunca había tenido el valor de animarse a decírselo —solté una carcajada.
—Eso era mentira.
—No, no lo era. Hablé con él.
— ¡No es cierto!
—Sí, lo hice. Al final le hice un favor a ella, él era un cobarde que nunca le dijo sus sentimientos y además al primer inconveniente salió corriendo despavorido. Era o es un cobarde.
—Creo que necesito un café.
Ethan llamó a la camarera y ordenó dos cafés. Mientras que mi corazón latía con rapidez y fuerza, que podía sentir el golpeteo en mi pecho. Nunca me imaginé que William estuviera enamorado de mí. Yo también había tenido un enamoramiento con él antes de conocer a Edward. Si él hubiera declarado sus sentimientos, estos hubieran sido correspondidos. Por otra parte me sentía halagada, debido a mi baja autoestima nunca me imaginé que podría vivir alguna vez la experiencia de que dos hombres se disputaran mi corazón. Sin saberlo había sucedido.
Los cafés llegaron a la mesa, endulcé mi bebida y di un sorbo. Intentando a su vez asimilar las cosas que Edward había hecho.
— ¿Te has molestado? —preguntó un poco nervioso.
—No, solo estoy sorprendida —confesé mirando mis manos.
— ¿Puedo pedirte un favor?
—Si claro —levanté mi vista hacia su rostro, él miraba mis labios.
— ¿Podrías endulzar mi café?— su voz ronca y suave a la vez, emanó olas de seducción provocándome un escalofrió.
—Por supuesto.
Coloqué tres cucharadas de azúcar en la taza y removí el líquido para mezclar la bebida. Luego ubiqué la taza frente a él. Ethan, la tomó con ambas manos para llevarla directo a sus labios y dar un trago al líquido humeante. Cerró los ojos y saboreó. Yo me encontraba en un trance observándole. El abrió los ojos sonrió y me miró con un brillo de placer en sus ojos.
—Gracias —asentí— ¿Hace cuanto vives en Forks?
—Dos meses y una semana. ¿Y tú, hace cuanto que vives en La Push?
—Dos meses tres semanas.
— ¿Ya no sigues a tu esposa?
—No, creo que ahora es ella quien me sigue.
—No lo creo.
—Quiero que sea ella quien quiera que la siga al fin del mundo.
El café se había terminado, entre sonrisas y miradas coquetas el tiempo se había esfumado. Recordé nuestra primera cita, Edward había tenido total control de la situación, dado a que yo prefería mirarlo y guardar silencio. Edward, había sido quien me había hablado sobre su familia, amigos y sus sueños de tener una firma con gran renombre. Hoy las cosas eran diferentes, en ocasiones lo había notado tímido, inseguro, como si estuviera caminando en la cuerda floja; posiblemente fuera así, sin confianza, con resentimiento y tanto tiempo separados, era como volver a empezar, todo era tan frágil. Ya no me sentía pequeña frente a él, ya no era ese ratoncito suplicando piedad al león. Me sentía fuerte y segura de mi misma, al grado de incomodarlo con mis comentarios y coqueteos.
Era bueno saber que tu príncipe azul es un simple mortal, que de vez en cuando puedes hacerlo sudar.
Finalmente pedimos la cuenta, cuando la camarera llegó la colocó sobre la mesa, ambos la tomamos al mismo tiempo. Ethan, me miraba diciéndome que no me atreviera, por lo que le tuve que recordarle que esto no era una cita y que yo pagaría mi parte. Salimos del lugar, me quité su chaqueta y se la ofrecí.
—Gracias, muy calientita.
—Cuando tengas frio llámame— su comentario con doble intención me sacó una sonrisa. Me mordí el labio inferior y le miré de arriba abajo evaluándolo, como si fuera mercancía. Totalmente nervioso, evitó mi mirada.
—Definitivamente las pelirrojas son peligrosas.
—Adiós.
— ¿Te llevo a alguna parte?
—Gracias, mi coche se encuentra a dos cuadras. Adiós Ethan.
Di media vuelta comenzando a alejarme de él, pero el deseo de mirar atrás y verlo de pie mirándome marchar, con la esperanza de que yo le regalara una última mirada, fue más fuerte que yo. Al darme la vuelta, choqué con el pecho de alguien que venia detrás de mí sin darme cuenta. Su aroma muy bien conocido me penetró hasta el alma misma. Nuestros pechos subían y bajaban agitados. Quería abrazarlo y no soltarlo jamás. Sin embargo, sólo me quede de pie mirándolo paralizada, aterrada por lo que pudiera pasar en el futuro. Mis piernas temblaban y mis manos sudaban.
Fue Ethan quien tomó la iniciativa, y lentamente con una suave caricia tocó mi rostro, cerré los ojos y me deje llevar por la sensación de su toque. Suspiré.
—Un suspiro es un beso deseado, mas no dado —susurró— ¿Volveré a verte?
—Más pronto de lo que piensas —abrí mis ojos y sin decir más, salí huyendo de él, como la niña tímida llena de miedos e inseguridades que hacia mucho tiempo no veía en mí. Huí de estas sensaciones de enamoramiento que venían a mí, más intensas que nunca.
Corrí sin detenerme hasta llegar al auto, me recargué en el para tomar aire. Estaba agotada, más emocionalmente que físicamente. Reí, reí como una loca sin ningún motivo para hacerlo. Mi pecho se hinchó de felicidad, mi corazón latía de forma desbocada y mi estomago tenía un santuario de mariposas. Conduje hasta casa con una sonrisa de idiota en el rostro tras mi encuentro con Ethan.
Edward
El viento frio azotaba mi cuerpo, la adrenalina recorría a gran velocidad mi sistema, aceleré todo lo que la moto corría. Me sentía eufórico y muy feliz. Por minutos eternos, llegué a pensar que ella no se presentaría a nuestro encuentro casual. Entonces me sucedió la necesidad de mirar en su dirección, como si una fuerza me atrajera a ella. Mi esposa, la que con esa inexplicable fuerza magnética, siempre me hacía mirar hacia donde ella se encontraba.
Su vestimenta era una gama de grises, su blusa de cuello alto, minifalda, medias oscuras y botines. Acompañada con mi chaqueta, se veía hermosa y sexy con el cabello suelto, deslumbrándome con su tonalidad rojiza. Ella no se daba cuenta de que era merecedora de miradas de envidia por parte de mujeres y de admiración por parte de los hombres.
Cuando entramos al restaurante, la camarera coqueta había hecho que se molestara. En otros tiempos, la hubiera utilizado para causarle celos e inflar mi ego. Pero hacerlo hoy hubiera sido un completo error. Los celos era una carta de doble filo que me tenía prohibido utilizar.
Cuando puse mi mano sobre la de Marie, recordé que hace muchos años atrás, un día como hoy fue nuestra primera cita. ¿Casualidad? No lo sé. Pero también en esa ocasión tomé su mano, la diferencia era que ella disfrutaba de mi agarre, simplemente sonrojándose, bajando su mirada al plato frente a ella. Hoy la había retirado.
Durante la plática me permití observar verdaderamente a fondo, quedando registrado en mi mente cada movimiento y la expresión de su rostro. Sus movimientos más seguros me habían intimidado, haciéndome sentir un primerizo y pequeño.
No, pequeño no era la definición exacta. Era enamorado, tan enamorado que no sabía cómo tratarla, qué decir o qué hacer para hacerla feliz; para que no perdiera el interés en mi.
Entonces este era el momento en que la incertidumbre e inseguridad comenzaban a carcomerme el alma. ¿Qué pasaría si ya no le gusto y se ha dado cuenta? ¿Si ya no me mira como su amor platónico que de pronto se hace realidad? ¿Qué pasaría si ya no siente nada por mí? ¿Sí ella no me llama, podría hacerlo yo?
Llegué a casa con miles de demonios atormentándome, teniendo el presentimiento de que esto sólo era el principio. El destino era como una rueda de la fortuna, un día te encontrabas arriba, pero al siguiente estabas abajo.
…
¡Felices fiestas!...
Sé que dije que actualizaría el 23, pero andaba ocupada leyendo un fic muy interesante… casualmente tiene algunas muchas, pocas coincidencias con Por amor y con otro fic. Soy una persona que antes de pensar mal, piensa en que todo ha sido un error. ¿Gustan una barrita de chocolate? … espero no volver a encontrar ninguna otra coincidencia porque todo es un error y alucinación mía. ¿Cierto?
Lo siento tenía que sacar este sentimiento de confusión que traigo encima o de verdad mi navidad quedaría arruinada.…
Muchas gracias por sus comentarios, alertas y sobre todo por leerme.
Aquellos lectores que se han mantenido fieles a esta historia desde sus inicios, de verdad, muchas gracias. A los nuevos bienvenidos. A los fantasmas gracias también. A los que se fueron gracias también por seguirme hasta donde llegaron, espero leernos en otra ocasión.
Les deseo mucho éxito, prosperidad y salud a todos, un abrazo enorme de mí para ustedes desde México… Mis Betas también les mandan saludos.
Siguiente actualización… no me maten, 15 de enero. Después de casi un año necesito vacaciones. Gracias por su comprensión.
EmilyLuhia: Bienvenida.
Giovana: ¿En cuál pagina? ¿FF o Facebook?
Cisu Cullen: Gracias. Te engañe.
NenaCullen M: Tengo mis dudas contigo, bien sabes porque.
Sky TwiCullen: ¡Mantén la esperanza!
Suiza19: Ya te extrañaba.
Luisinha: Gracias.
Zujeyane: Gracias.
CindyLis: Igualmente felices fiestas y fue casualidad
Melyna-Ortiz: Gracias y seguimos leyéndonos.
Mahely: Pobre Edward y eso que lo quieren ¡he!
Genesis bautista: No hay de que.
Pili:Un abrazo desde México, que la pases super bien y muchas gracias.
Vale Potter: ¿No! ¡Emmett Gay, no! Tú continua leyendo la vida es un mundo de posibilidades ya sabes…
LunaS P: ¿Vamos bien con los méritos?
Gretchen: Ya veremos… gracias.
Guest: Gracias por leer.
Analian Swan: Gracias, te mando buenos deseos… ¿lograra averiguarlo?
AshleySwan: ¿Esto responde tu pregunta?
Bella Rocio: No se acabo el mundo.
Beakis: No lo hicieron.
Solcy Gonzalez: Bendiciones a ti también.
AnaidT:Aquí lo tienes.
Caresme: ¿Verdad que si?
SahaDenali: La pelirroja es Bella.
Ame D Cullen: Hola Gracias.
Pekascullen:Ethan/Edward, se hace el tonto, en realidad quiere el pretexto para andar tocando las cositas de Marie.
Cintygise: Creo que Ethan/Edward perdió la práctica y por eso fue divertido la pedida de cita.
BabyBoo27: Gracias a ti por regalarme un poco de tu tiempo.
Marah:Por ahora nada trágico.
Tataxoxo: Me gusta que no pierdan la esperanza.
Ela Fordyce: Lo tomare en cuenta.
Gaby Twilight: Buuu! Menos mal que solo fue un susto.
Eve76: Gracias un abrazo también para ti. Lo supo cuando la vio entrar al Bar por eso se rió.
Fle Arg: ¿Logré hacerte sentir maripositas?
Felicytas: Las teorías son buenas siempre que intentes ver más allá de lo que se dice.
Lokkita Masen: Pues entonces gracias Fanfition Addiction (Tiwilight). Si a mi también me han recomendado Fics.
Chapter 6: Chapter 6
Por amor
Una vida llena de recuerdos.
Los personajes pertenecen a Meyer.
Trama a Rakelluvre
Betas: Sarobari, Lillian Mcarty y Miry Alvarez
Bella Rocio Soundtrack All this time
Capítulo 6
El cine
Edward
Viernes, hoy era un frío, lluvioso y espantoso día, para cualquier habitante de la península, solo era un día más. Pero para mí, era mucho más frío y lluvioso. Lo aborrecía. Corrí de nuevo la cortina, cubriendo la visión del amanecer de este detestable tiempo.
Me duché en cinco minutos con agua fría, intentando olvidar la sensación de su cuerpo desnudo debajo de mí. Después de salir de la ducha, me preparé para dar inicio a mi monótono día de trabajo.
Cuando llegué a la oficina, como siempre, Harry ya estaba listo para entregarme la ruta de trabajo para el día de hoy. Puse mis datos en la libreta de asistencia, siete en punto, ni un minuto más, ni un minuto menos. Al menos llegar temprano a mi trabajo si podía controlarlo.
Tomé mi ruta junto con las llaves de la grúa. Me despedí de Harry con la mano y salí del local. Garrett llegaba diez minutos tarde. Yo odiaba la impuntualidad. Fui hasta la grúa, subí a ella disponiéndome a dar inicio a mi trabajo.
3:00 pm
Me encontraba sentado en la esquina de la barra de un pequeño local de comida rápida; con una hamburguesa fría y patatas aguadas con exceso de grasa. Por lo único que venía a este lugar, era el café. Estaba obsesionado con él, pero era delicioso y lo preparaban justo como me gustaba.
3:30 pm
Como cada media hora, miré la pantalla de mi celular encontrándolo sin mensajes nuevos, o llamadas perdidas. Fui al menú del aparato y tecleé en escribir mensajes. ¿Le enviaría uno? No. Guardé de nuevo mi teléfono dentro de la chaqueta, pensando en que ella debía acercarse por sí misma. Ella me dijo que me llamaría. No iba a obligarla a mi presencia, no de nuevo.
Sentí la vibración de mi celular a través de mi ropa, lo saqué de prisa con un nudo en el estomago y el corazón latiendo más rápido que lo normal. No era un mensaje, era una llamada. Cerré los ojos y respondí.
— ¿Qué pasa Garrett? —decepcionado, así me sentía.
— ¿Recuerdas a la pelirroja? —me removí en mi lugar, nervioso.
—Sí. ¿Qué con ella?
—Esta mañana me llamó para un servicio. Dejó las luces prendidas del auto y de nuevo se quedó sin batería—. ¿Por qué no me habrá llamado a mí? ¿Se había decidido a no llamarme?
¿Qué quieres Garrett? ¿Quieres saber si me sigue importando o puedes pedirle una cita?
—Me pidió un favor —gruñí, lo que le provocó diversión.
—Deja de quitarme el tiempo —estaba furioso.
— ¡Celoso! Me pidió que te diera su nuevo número de celular, el suyo lo extravió por lo que lo ha cambiado. ¿Tienes donde apuntar?
—Espera —tomé una servilleta, y saqué una pluma del bolsillo de mi camisa—. ¿Cuál es?
— 89 654 42
—Gracias.
—Deberías volver a tomar consulta con el psicólogo, los celos no son buenos.
—Sabes Garrett, algún día sabrás lo que es estar enamorado.
—Ni en sueños.
—Te veo luego —corté la llamada.
Nervioso, con las manos temblándome, marqué el número que me dio Garrett, que por cierto era el mismo que ella me había dado. Era evidente que le mintió a Garrett, para no parecer obvia. Mi dulce Bella.
—Hola —murmuró en voz baja, y el sonido sedoso me derritió.
—Hola, mi amor.
— ¿Mi amor? —su tono fue extraño, seguido de una risita sarcástica que utilizó muchas veces en el pasado, junto con sus reclamos por no llegar a tiempo a casa. Estaba molesta.
—Disculpa, no quise decírtelo… bueno si quería, pero si te molesta no volveré a llamarte así —me apresuré a explicarle, quería evitar que me colgara como la vez anterior.
—No me molesta, simplemente me extraña tu sobrenombre, cuando ni siquiera te has tomado la molestia de llamarme. He tenido que hacer que mi auto quede sin baterías para contactar a tu amigo y enviarte la indirecta— ¿Eso había hecho ella? ¿Sólo para pedirle a Garrett que me dijera que la llamara?
— ¿No era más sencillo llamarme a mí directamente?
—Jamás, Edward —utilizó mi nombre real—. ¿Recuerdas que un día me pediste que no te quitara el tiempo con mis estupideces, llamándote por teléfono?
—Eso… fue hace mucho Bella. Lamento haber sido cruel contigo, cuando sólo querías escuchar mi voz —tenía un nudo en la garganta—. Por favor, quiero que me llames cuando lo desees, que me busques si quieres verme.
—Ya veremos.
—No te llamé porque quería darte tu espacio, sin presiones, que seas tú quien me quiere en tu vida.
— ¿Sabías que yo estaba aquí?
—No, fue el destino —ambos guardamos un largo silencio, ella suspiró y entonces habló:
— ¿A ti tampoco te han gustado las patatas? —tardé un par de segundos para comprender que ella se encontraba aquí. Exaltado y muy avergonzado por haber sido captado Infraganti, miré a todas partes, hasta que la encontré en la mesa detrás de mí.
Bella se veía hermosa. Mirándome con el celular en la mano derecha en su oído, mientras que con la izquierda desmenuzaba una patata. Pero lo que más me llamó la atención, fue su sonrisa de niña traviesa, nada arrepentida por su última maldad.
Le di de nuevo la espalda porque me intimidaba. ¿Cómo lo lograba? Aún tenía el teléfono en mi oído.
— ¿De quién esperabas llamada? —me preguntó curiosa.
—De ti —ella soltó una carcajada ante mi honesta respuesta. ¿Qué era gracioso? Yo intentaba ser sincero con ella…
—Es agradable saber que el hombre que te gusta espera tu llamada con impaciencia.
— ¿Te gusto? —no pude evitar sonar emocionado. Al no recibir respuesta me giré para observarla, y estaba roja hasta las orejas.
—Puede que sí —respondió por fin.
Ahora fue mi turno de reír, lo hice tan fuerte que las personas a mí alrededor me miraron. Les ignoré. No era mi culpa que ya hubieran olvidado lo que es estar enamorado. Con temor al rechazo, me animé a pedirle una cita.
—Te invito al cine mañana en la tarde.
— ¿Cómo una cita o una salida de amigos? —preguntó, mas no me arriesgaría a su rechazo.
— ¿Quieres que sea una cita? —contraataqué.
— ¿Tú quieres que lo sea? —no se rendía tan fácilmente, lo que evadir la respuesta significaba que en realidad temía a mi respuesta. Tomaría el riesgo, aunque eso significara la humillación seguida por la decepción.
—Sí.
—Entonces que sea así —sorprendido miré detrás de mí por encima de mi hombro, la encontré mirando su plato mordiéndose el labio inferior.
— ¿Paso por ti o quieres que nos veamos en algún sitio?
—Si prometes no espiarme, te daré mi dirección para que pases por mí.
—Lo prometo. Nunca más te seguiré.
—Entonces pasas por mí a las seis, te enviaré por mensaje mi dirección.
—Hasta entonces.
—Adiós.
Terminamos la llamada, pague la comida y cuando voltee a donde ella estaba sentada, ya no se encontraba ahí. Salí del restaurante, me subí a la grúa. Cuando estaba por marcharme, mi celular sonó. Era el mensaje de Marie indicándome su dirección.
Sábado
Debido a la lluvia del día anterior, hoy había salido el bendito sol que era cosa extraña por aquí. Por lo que decidí tomarlo como un buen augurio. No era una persona supersticiosa, pero no podía negar el hecho de querer aferrarme a cualquier cosa, para que esta nueva oportunidad con Bella funcionara.
Bajé de la motocicleta, me dirigí a la puerta de entrada de la casa de Bella. Toqué el timbre y esperé. Cuando abrió la puerta para recibirme me sonrió y comenzó a evaluarme sin pena alguna, de pies a cabeza una y otra vez. Entonces ¿Por qué no lo haría yo? Llevaba un vestido corto de color negro en conjunto con zapatillas altas. Al parecer, el deseo por impresionarnos uno al otro nos llevó a la exageración. ¿Quién demonios iba al cine vestido como si fuera a un centro nocturno? Mi vestimenta tampoco era la adecuada.
—Luces hermosa —no podía negarlo. Mi rostro de bobo lo confirmaba.
Bella
¡Dios mío! Con el paso del tiempo Edward era más guapo de lo que fue en sus veinte. A sus treinta y tres años era un hombre atractivo, con su melena despeinada, ojos fieros, de alta estatura con porte elegante; era todo un Don Juan. Con sólo mirarlo mi cuerpo había despertado. Tal vez fueran esas cicatrices en el rostro, las indicaciones de hombre peligroso, lo que atraía. Al mirar su ropa, me di cuenta que él también quería agradarme. Su camisa blanca y pantalones oscuros me hacían recordar otros tiempos, me gustaba verlo elegante. Pero al mirar detrás de él me di cuenta de que había venido en su motocicleta. Nada que ver con su imagen, pero aun así mis piernas temblaban ante la fantasía de ser tomada sobre esa motocicleta con tanta intensidad, que si me lo pedía o simplemente actuaba, yo diría Si hazlo, sobre la moto, sobre mi cama, donde tú quieras, pero hazlo ya.
— ¿Nos vamos? —me preguntó, bajando la mirada, evitando cruzarse con la mía. Estaba claro, él sentía la misma atracción sexual que yo.
—Sí, ¿Es tuya? —señalé la moto detrás de él. Se giró por completo y caminó hacia ella dejándome atrás.
—Sí, se llama Becky.
— ¿Viajaremos en ella? —pregunté, mientras acariciaba el asiento de Becky con mi dedo índice de mi mano izquierda. Edward estaba a mi lado, lentamente se acercó quedando a tan sólo unos centímetros de mi cuerpo.
— ¿Tienes miedo? —susurró en mi oído, sentí un escalofrió. No pude responder—. ¿No te gustaría montarte en ella, sentir el viento golpear tu cuerpo y la adrenalina recorrer cada rincón de ti?
Mordí mi labio y no lo solté hasta que sentí el sabor salado de la sangre. Carraspeé, ¿Cómo decirle que con mucho gusto me montaba donde el quisiera, incluso en él mismo? ¿Cómo pedirle que fueran sus manos las que quería sentir recorriendo mi cuerpo?
—Mi padre me aconsejaba que me alejara de los hombres con motocicleta —sonrió—. Decía que eran muy peligrosos.
¿Te alejarás?
—Hasta ahora… no lo creo. Quiero ir al infierno. La vida es sólo una y desgraciadamente muy corta.
—No te arrepentirás.
Subió a la moto, pero yo no estaba segura de cómo montarme. Después de pensarlo unos segundos, finalmente me monté a horcajadas. Recargué mi rostro en su hombro, y deposité un beso en el hueco de su cuello, provocándole un ligero estremecimiento. Mis brazos envolvieron su cintura, mi pecho se oprimía en su espalda, mis muslos rozaban los suyos.
Tomó una de mis manos para besarme la palma, luego con la punta de su lengua, dibujó un pequeño círculo en el centro de la misma y volvió a poner un beso tierno ahí. Por último, la colocó en su abdomen junto a la otra. Al encender la moto nuestros cuerpos vibraron, antes de arrancar miró nuestros muslos notando que mi corta falda se había subido dejando al descubierto aún más mis piernas. Jadeó, tosió y luego me miró al rostro.
— ¡Eres perversa! —su comentario y cara de sufrimiento total, me hizo reír.
Edward
A pesar del viento helado golpeando mi cuerpo, yo me sentía arder por dentro. Su cuerpo pegado al mío con sus piernas desnudas, estaba causando estragos en mi cordura. Quería detener la motocicleta y llevarla al bosque para poseerla. Raptarla, transportarla hasta mí casa, atarla a la cama y hacerle el amor con devoción. Aceleré, mi voluntad comenzaba a flaquear.
Después de unos minutos llegamos al cine. Aparqué la moto dentro del estacionamiento. Cuando ella bajó, la vi temblar y abrazarse a sí misma. El viento frío de la noche hizo mella en ella. Al bajar de la moto y acercarme a ella, noté que castañeaba los dientes. La abracé para brindarle un poco de calor, luego comencé a frotar su espalda y brazos pero paré cuando ella se quedó totalmente inmóvil. ¿Había ido demasiado lejos?
— ¿Te molesta? —pregunté.
—No —apenas pronunció en un susurro.
— ¿Quieres que frote también tus bonitas piernas? —bromeé intentando quitarle la incomodidad.
—No, gracias, ya estoy mejor —dijo, mientras me empujaba lejos de ella.
Ambos reímos por la broma. La tomé de la mano para dirigirnos a la taquilla del cine. Cuando llegamos había una gran fila. Nos formamos permaneciendo aún tomados de la mano, de vez en cuando me miraba para enseguida ver hacia otra parte.
Dos recuerdos vinieron a mi mente, uno más lejano que otro. El primero, curiosamente también había sido la segunda ocasión que salíamos. ¿Me pregunto si ella notará estas coincidencias?
En esa ocasión la había encontrado en su casa. Vestía con unos Jeans deslavados, en conjunto con una blusa floja, su cabello lo tenía atado a diferencia de hoy, y sus zapatos no llevaban tacón. El cine estaba cercano a su casa, por lo que fuimos caminando hasta el. Al igual que ahora, íbamos tomados de la mano, yo sonreía y ella se sonrojaba. Sus ojos delataban emoción.
El segundo recuerdo, fue cuando me suplicó por esos cinco días. El cuarto día cuando quise escapar de la realidad dando un paso al pasado cuando habíamos sido felices, donde no había engaños, sólo nuestro amor. En esa ocasión fuimos a desayunar, caminábamos por las calles de la ciudad tomados de la mano, sonreíamos y bromeábamos. Como hoy… la diferencia era que cuando me miraba sonreía con autentica felicidad, como si ese exacto momento fuera el más feliz de su vida. Con tristeza y pesar me di cuenta que nunca la he vuelto a ver así. Antes, al verme a su lado, proyectaba adoración e idolatría. Hoy sólo hay tristeza y desconfianza. Todo por culpa mía, más me pregunto si algún día volverá a amarme de esa manera.
Cuando al fin compramos los boletos, eligió una película de acción. Luego de comprar las palomitas y el refresco, entramos a la sala donde se proyectaría la película. Nos condujo a los asientos en medio de la sala. Lo que confirmó mis sospechas, lo que estaba haciendo era ponérmela difícil. No películas de terror porque siempre terminaba abrazándome, obvio no quería terminar en mis brazos. No película romántica, para no desear un final feliz del que ya no cree; y qué decir de los asientos, antes siempre elegíamos los últimos porque gustaba de besarla en medio de la película, por lo que temía que la besara.
Sentados mirando a la gente colocarse en sus asientos, esperamos a que diera inicio la película. Ella permanecía atenta a la pantalla, mientras que yo la miraba a ella embobado. Sus piernas estaban cruzadas dejando al descubierto su muslo desnudo, lo que también me provocaba ansiedad por acariciar esa parte de su piel. Su cuerpo inclinado al lado contrario era clara indicación de la distancia que interponía entre nosotros. Mientras que yo anhelaba estrecharla entre mis brazos, fundiéndonos en un beso apasionado. ¿Qué haría si la abrazaba?
Nervioso, inseguro, decidí intentarlo… llevé mi mano izquierda hasta mi cuello, y di un masaje a este tratando de aliviar mi tensión, luego estiré mi brazo, por último lo coloqué en su respaldo. Escuché una risilla detrás de nosotros… Bella levantó una ceja y oprimió los labios para no reírse. ¿Ahora quién era el patético? La primera vez que abracé a una chica en el cine no fue problema, de hecho, fue tan natural como respirar, pero eso se debía a que ella lo quería. El leguaje corporal de Bella, me decía que no me deseaba cerca. Haciéndome las cosas más complicadas. ¿Por qué quería reírse de mí? Jugueteé con un mechón de su cabello. Bella, tan sólo comió palomitas y bebió de su refresco, pero jamás me miró. Después de un tiempo que consideré oportuno, dejé caer mi brazo del respaldo a sus hombros. Entonces ahí fue que pasó todo tan rápido, ella soltó la carcajada mientras que las luces del cine se encendían… avergonzado, cubrí mi rostro con ambas manos, al darme cuenta que tardé toda una película para abrazarla.
—Apuesto que ni siquiera sabes de qué trató la película, y todo por estar pensando en cómo poner tus manos sobre mí.
—No me avergüences más por favor.
—El chico de enfrente fue más rápido que tú, ahora esta besando a la chica.
Miré hacia donde señalaba, para darme cuenta de que tan sólo eran unos niños no mayores a los dieciocho. Realmente me había visto lento.
—La noche es joven —dije en mi defensa. Lo que le provocó más risa.
El viaje de regreso a su casa fue más rápido de lo que quería. Estacioné frente a su puerta. Ella bajó de la motocicleta y yo le seguí. Caminamos hasta la entrada de su casa. En el camino, miraba su trasero contonearse de un lado a otro. Relamí mis labios y de pronto ella se giró quedando frente a mí.
— ¿Estas mirando mi trasero? —preguntó horrorizada.
—No —negué.
—Te he visto, no lo niegues, es inútil.
—Eres muy apetecible —reconocí, ambos volvimos a reír.
Nos quedamos en silencio sin saber que decir, ambos mirándonos. Deseaba postergar mi retirada por más tiempo pero no sabía como hacerlo.
— ¿Quieres pasar a tomar una taza de chocolate? —me invitó con cierta inseguridad en su voz.
—Por supuesto.
De su bolso sacó las llaves de la casa, abrió la puerta entrando en el proceso. Encendió las luces del pasillo y me invitó a pasar. Después me condujo hasta su pequeña pero acogedora cocina. Me señaló una pequeña mesa para dos personas, me dirigí directo al lavabo para asear mis manos, después tomé asiento. Eché un vistazo a mí alrededor, la decoración hogareña sólo podría ser de mi esposa. Sonreí. Ella sacó una tetera del refrigerador y lo puso a fuego lento en la estufa. De la alacena sacó un par de tazas, dos cucharas, un platón y el azúcar. De otra puerta, un recipiente que al abrirlo expidió el exquisito aroma a nuez. Con delicadeza colocó en el platón las galletas que contenía el recipiente.
Me gustaba mirarla moverse de un lado a otro, me hacía sentirme como en casa. Extrañaba su compañía, su voz cuando canta mientras cocina. Extraño llegar a casa sabiendo que ella se encontrará ahí esperándome. Su cuerpo brindándome calor por las noches, y cada mañana despertarme junto a ella abrazándome. Extraño a mi comprensiva y fiel esposa. Nunca valoré estos aspectos de Bella, aunque era lo que más me gustaba de nuestra convivencia en pareja.
— ¿Tu las has hecho? —pregunté, ella me miró y sonrió asintiendo— ¿Puedo? —señalé el platón.
—Claro.
Tomé una galleta, la acerqué a mi rostro para aspirar el aroma, luego le di un mordisco, cerré los ojos y degusté el sabor casero de la galleta hecha por mi mujer.
—Deliciosas ¿Por qué nunca las hiciste antes? —mencioné un poco dolido porque nunca me preparó algunas de estas.
—Si lo hice —nuestras miradas chocaron, desconcertado, las alertas se dispararon y rápidamente intente recordar. Ella me dio la espalda y fue hasta la estufa—. Pero estabas demasiado ocupado follándote a mi mejor amiga, como para llegar a casa temprano y cenar conmigo.
Su voz sedosa y cariñosa me dejo frío, estático, con el rostro pálido. No supe que decir.
Tomó una servilleta para tomar la tetera caliente, se dio media vuelta para mirarme con una sonrisa en el rostro tan amable y dulce que me hizo temer seriamente por mi vida. Sirvió el chocolate en ambas tazas, como si su comentario mordaz lleno de reproche, no hubiera significado nada. Como si el recuerdo no la lastimará. Como si esas noches en que ella me preparaba algo especial para que yo nunca llegara, no me dolieran a mí por mi estupidez.
—Lo siento —me disculpe con sinceridad y dolor. En cambio ella me sonrió de nuevo.
—No te disculpes. Lo hecho, hecho está, y yo hace mucho que lo he superado.
Leah llevaba mucha razón. No importa si un día te dabas cuenta de cuan equivocado estabas. Con un lo siento, no borras las cicatrices que causaste a las personas que amabas como a la vida misma.
Bebimos el chocolate en silencio, estaba nervioso ante lo que hablaríamos o lo que sucedería en el futuro…
…
Buenas noches. ¿Que tal la pasaron? Espero que muy bien. Gracias por la espera.
A los nuevos lectores bienvenidos. A los fantasmas mis saludos, a quienes dejan un Review muchas gracias.
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Alguien me preguntó como se daba de alta en FF… son las tres de la mañana disculpen si no recuerdo el nombre…
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Próxima actualización el 25 de enero.
Gracias.
…..
Chapter 7: Chapter 7
Por amor
Una vida llena de recuerdos
Meyer el la dueña de los personajes la historia es mía.
Betas: Sarobari, Lillian M Miry Alavarez
Soundtrack por Bella Rocio
Janson M Beautiful Mess
Nota: Leer minuciosamente hasta el más mínimo detalle.
Capitulo 7
Discusión.
Edward
Como cada mañana, me encontraba mirando el amanecer desde la entrada de mi casa, bebiendo mi café en compañía de las deliciosas galletas que Bella me había obsequiado la noche anterior. Cerré los ojos, intentando controlar mi agitada respiración. Estaba frustrado. Nuestra plática me había desgastado tanto física como emocionalmente, y con tan sólo recordarlo, la piel se me ponía de gallina…
Estaba sentada frente a mí, había agregado dos cucharadas más de azúcar al chocolate, lo removía con delicadeza. Admiraba su temple, no tenía miedo como yo. Me gustaba observarla actuar, por lo que quitarle la mirada de encima no era opción para mí. Cansado de la incertidumbre, rompí el silencio.
— ¿A qué te dedicas ahora? —pregunté con verdadero interés.
—Voy a abrir un pequeño despacho de abogados. Tres abogados solamente —respondió sin mirarme.
Ella estaba ocupada con su chocolate.
— ¿No me habías dicho que ya estabas trabajando?
—Te mentí —su respuesta sincera me sorprendió.
— ¿Vas a ejercer? —pregunté de nuevo al ver que ella no diría más.
—No, no quiero que nos encuentren.
Entonces ella me miró, sus ojos grandes mostraban sentimientos de temor.
—Siento haberte metido en todo esto.
Por unos minutos más, guardamos silencio nuevamente.
— ¿Qué esperas obtener de este juego, Edward? —hablaba en serio.
—Conocernos realmente, enamorarme de nuevo de esta mujer, no de la persona; porque es evidente que ya no somos los de antes. Deseo que me permitas conquistar tu corazón, pedirte que seas mi novia y ¿por qué no?, casarme de nuevo contigo. También está la parte en que estoy dispuesto a dejarte ir, si tú así me lo pides. Si encontraras a alguien que pueda llenar todas y cada una de tus expectativas, esas que yo no puedo.
— ¿A qué te refieres? —preguntó confundida.
—A los hijos que no puedo darte. —Ella tomó mi mano por encima de la mesa, iba a decirme algo pero yo continué—. Pero sólo para que estés enterada, estoy dispuesto a adoptar si ese es tu deseo. Por supuesto, si tú me aceptas de nuevo en tu vida.
— ¿Porque ahora eres tú el estéril y no yo? —dijo con resentimiento, soltando mi mano. Alejándose.
—No —suspiré—. Ya no tengo miedo.
— ¿De qué?
—De que el bebé pueda tener alguna enfermedad sin que lo sepamos. Un hijo, no es una cosa a la que puedas devolver porque no te gusta.
— ¿Qué habría pasado si hubiéramos tenido hijos propios y alguno estuviera enfermo?, ¿Eh?
Sus ojos estaban cristalinos.
—No lo sé. Supongo que nunca lo pensé antes.
— ¿Me hubieras sido infiel?
Su voz se quebró al final.
—Supongo que sí —respondí, ella jadeó dolida y agregué—, porque yo no te valoraba de verdad. Ahora si lo hago, pero sobre todo es que tal vez, en ese entonces yo me amaba más a mi mismo que a ti. Ahora todo es distinto.
— ¿Por qué?
Dos lágrimas resbalaron por su mejilla, y yo las limpié con mi mano.
—Porque ahora te conozco más de lo que alguna vez lo hice. Porque mis sentimientos por ti son más fuertes, pero sobre todo son reales.
Ella alejó su rostro de mi mano y se puso en pie, yendo hacia la ventana de su cocina y mirando hacia el exterior.
—A veces pienso que eres otra persona.
Me levanté, poniéndome detrás de ella y tomando su cintura en mis manos. Su calor era abrazador.
—Soy Edward, sabes que Ethan sólo es una fachada. Lo que siento y hago por ti es real.
—Lo sé —se giró quedando frente a mí—, pero me cuesta tanto volver a confiar…
—Danos una oportunidad. Déjame demostrarte que no te fallaré otra vez. Haré siempre lo correcto, aun cuando eso no signifique mi felicidad.
La incertidumbre, la duda que había en sus ojos, hablaban por si mismos de que hoy no podría decidir. Ella, se alejó de mí tomando el respaldo de su silla, dándome la espalda.
—Continuemos siendo amigos por un tiempo.
—Sólo te pediré dos cosas, Bella.
— ¿Cuáles?
La tomé del brazo y la giré hacia mí.
—Permíteme intentar conquistarte, y si descubres que ya no sientes nada por mí, más allá que un cariño de amigos, dímelo. No me des falsas esperanzas.
—Lo haré. Creo que eso es justo, para ambos.
—La segunda, perdóname por todo. Por no estar junto a ti, por no darme cuenta de todo lo que hacías por agradarme, por cada una de mis faltas. Pero hazlo de verdad y guarda ese pasado que tanto te dañó, en una caja en tu desván. Esos recuerdos deséchalos de tu memoria, cuando yo no supe que esto pasó alguna vez y nunca me enteré. No nos dañes con reproches ni indirectas, si en verdad vas a darme la oportunidad de resarcir mis culpas.
El perdón, es una palabra que no se pide ni se da con ligereza. Esa palabra es tan profunda como el dañó que se causó. Es por eso, que en ocasiones es tan difícil pedirlo como darlo.
Ahora me arrepentía. Creo que me gustaría más vivir engañado, que saber que la he perdido. Di el último sorbo a mi café. Los gritos de Garrett llamaron mi atención.
— ¡Charlotte! ¿A dónde demonios crees que vas? ¡Vuelve aquí, ahora!
—Ahora regreso, no tardo —le respondió ella.
La vi caminar directo a mi casa, con recipientes de comida en las manos, y esa sonrisa de niña boba que siempre me daba.
— ¡Charlotte! ¡No me mato trabajando para mantener a los vecinos, especialmente a Ethan! —Garrett, gritó nuevamente desde la entrada de su casa. Solté una carcajada.
Cuando ella se postró frente a mí, no pude evitar percatarme de que traía una camiseta nueva, se había peinado distinto y llevaba labial de un tono claro. Sus pantalones desgastados eran los de siempre al igual que sus botas. Al mirar de nuevo su rostro, ella estaba sonrojada. Había cometido el error de mirarla más de la cuenta. Podía adivinar que ella pensaba que yo estaba impresionado por su apariencia.
—Hola —saludó con timidez.
—Hola.
—Te traje el almuerzo… anoche vine a buscarte para darte la cena pero no te encontré.
—Salí —respondí con frialdad. Esto ya no me estaba gustando.
—Te esperé un buen rato. —Había llegado alrededor de las dos de la mañana. Levanté una ceja no dando importancia a sus palabras—. ¿A dónde fuiste?
Vi a Garrett acercarse hasta nosotros, poniéndose detrás de ella. Charlotte estaba tan ocupada mirándome con idolatría, que no se percató de la llegada de Garrett.
—Charlotte, tu hermano tiene razón, no deberías andar trayéndome comida. Sé cuidarme perfectamente, gracias por tu amabilidad pero no la necesito —su rostro palideció—. Garrett es mi amigo y no quiero problemas con él por ti, ni que los tengas tú.
—No le hagas caso, él no habla enserio.
Garrett, levantó una ceja detrás de ella sorprendido por su comentario. Pero antes de que él respondiera, lo hice yo.
—Sí, si habla enserio y yo también.
—Yo sólo quiero ser amable, tú estás tan solo…
—No sientas lastima por mí—hablé con dureza.
—No es lástima, verás… —tomó mi mano—, cuando Garrett estuvo en la cárcel nadie me tendió la mano. No quiero ser como esas personas.
—No lo seas —me deshice de su agarre—, ayuda también a otros no sólo a mí. Y te lo repito nuevamente, no necesito de tu amabilidad.
—Pero te encuentras solo. Todos necesitamos de afecto.
—Estoy solo, porque yo así lo quiero. Además ¿Qué no te das cuenta que esto puede ser malinterpretado?
— ¿A qué te refieres?
—La gente, hasta Garrett, puede pensar que tenemos algo más que una amistad.
—Garrett no se molestaría, eres su amigo y un buen hombre.
—No, no lo soy y tú no me interesas, Mírate Charlotte, eres una niña. ¿Qué edad tienes, dieciocho?
—Veinte.
—Busca a alguien de tu edad.
—No me gustan los niños. Yo quiero a un hombre, a uno como tú.
—Estoy saliendo con alguien. Ella es todo lo que busco y necesito de una mujer. Tiene experiencia con hombres como yo. Es hermosa, inteligente, me comprende, podemos hablar de cualquier cosa, libros o política. Es ambiciosa, le gusta superarse. Dime Charlotte, ¿qué has hecho desde que tu hermano ha vuelto a tu lado?, nada, no estudias, no trabajas. ¿Cómo vas a conocer a alguien que en verdad te guste y tú a él? Tú y yo no tenemos nada en común. Nuestra diferencia de edades es muy grande.
—Pero… —sus lágrimas recorrían su rostro—, pero yo…
— ¡Basta ya Charlotte! deja ya a Ethan. Sólo estás humillándote, él no es para ti —habló Garrett, mirándome con ojos asesinos.
Charlotte, salió corriendo sin mirarme o a Garrett. Él, tomó asiento a mí lado, donde segundos antes Charlotte había estado.
—Aunque no estoy de acuerdo en las acciones de mi hermana, no puedo permitir que la humilles así.
—Era necesario y lo sabes. No entendía razones.
—Lo sé, pero si esto vuelve a ocurrir en el futuro, voy a patearte el trasero Reader.
—Entonces, aconseja bien a tu hermana.
—Lo haré. ¿Cómo te fue con la pelirroja?
.
.
El día se me había hecho eterno como ningún otro, pensar en ella era mi consuelo como también mi desesperada condena. Pero al fin estaba estacionándome frente a su casa. Caminé hasta su puerta, pero antes de tocar esta se abrió. Ella vestía con un ligero camisón de seda color durazno, este le llegaba a la mitad del muslo. Jadeé al notar que por el frio, sus pezones se habían puesto erectos. Tosí para intentar recomponerme pero fue inútil, mi corazón latía desbocadamente.
—Este sería un buen recibimiento si me dejaras llevarte en brazos hasta tu recamara y me permitieras hacerte el amor —ella sonrió.
—No lo creo, no te esperaba y estaba a punto de ir a dormir.
—Por mi no te detengas, si gustas puedo arroparte.
—Que lindo y amable, pero prefiero hacerlo sola.
Me acerqué a ella y besé su mejilla al mismo tiempo que ponía mis manos sobre su cintura y la atraía a mí, fundiéndola a mi cuerpo en un abrazo que ella me correspondió. Después del beso puse mi rostro en el hueco de su cuello, aspirando el aroma de esencias de su piel. Había tomado un baño. Lejos de estar excitado estaba anhelando su calor. Permanecimos en silencio abrazados unos minutos, sólo disfrutando de nosotros. Ella me abrazó con más fuerza y suspiró.
— ¿Quieres pasar?, hace frio aquí afuera —me invitó mientras castañeaba los dientes.
—No. Estoy bien aquí, si paso, en verdad querré llevarte a la cama.
— ¿Cómo fue tu día? —aún permanecíamos abrazados.
—Aburrido, no hubo nada interesante. Me refiero a servicios —dije mientras depositaba pequeños besos en su cuello. No había resistido la tentación de hacerlo. Su piel se erizó.
—No hagas eso, por favor —dijo en un jadeo, arqueando su cuerpo. Sus pechos se oprimieron aún más en mí. Jadeamos los dos. La solté porque su cercanía me quemaba.
—Será mejor que vayas adentro y te pongas algo decente. Yo te espero aquí.
—Si buena idea. —Le di la vuelta y la empujé por la espalda para que entrara a su casa. Cuando dio un paso no pude contenerme, le di una suave y cariñosa nalgada en el trasero diciéndole por traviesa. Ella simplemente se carcajeó mientras se iba.
Me senté en la escalinata intentando tranquilizarme. Estaba excitado. Saqué un cigarrillo y comencé a fumar. Tenía los ojos cerrados cuando ella regresó y la sentí a mi lado.
—Eso te matará.
—Prometo que lo dejaré.
—A mí no me lo prometas.
—Sí que lo haré. Y ¿a ti cómo te fue hoy?
Tomé su mano y la conduje frente a mí. Ella se sentó en el segundo escalón, mientras que yo la cobijaba entre mis piernas desde su espalda. Puse mi rostro en su hombro y aspiré de nuevo su aroma.
—Bien, hoy me entregaron las llaves del local que renté para poner el despacho.
— ¿Dónde lo pondrás? —le pregunté con voz ronca.
—Aquí en Forks —ella respondió con aire ahogado, ya que había dado un mordisco a su lóbulo.
— ¿Crees que funcione? —susurré.
—No planeo hacerme rica —carraspeó—, sólo brindar un servicio cuando alguien lo ocupe. Además, haré promoción para realizar los testamentos a mitad de precio.
—Entiendo. Me gustaría besarte.
— ¿No te gustaría trabajar conmigo? —me ignoró cambiando de tema.
—No puedo.
—Tal vez sólo como asesor, para lo demás contrataremos a un abogado.
—No creo que sea buena idea yo… te deseo demasiado. Mejor así, cada uno por su lado.
—Como quieras, pero si cambias de opinión…
—Lo haré cuando seas mi novia.
—Sueña Reader.
.
.
Habíamos hablado por más de una hora, el tiempo en su compañía parecía correr más rápido. Los días siguientes fijamos una rutina. Le enviaba un mensaje por la mañana, dándole los buenos días, que ella respondía siempre de inmediato. Por la noche, después de la jornada de trabajo y de haber entregado la grúa, iba a su casa. Nos sentábamos en la escalinata y hablábamos de nuestro día, la nueva música de la radio, los chismes del pueblo y de nuestros nuevos gustos. De todo y nada a la vez.
Aún no me atrevía a pasar dentro de su casa, ya que la atracción sexual no me dejaría ponerle atención y yo quería conocerla. Pasar estos momentos sólo como amigos. En ocasiones, cuando yo llegaba muy tarde a su casa, simplemente permanecíamos abrazados sin decir nada, después le besaba la frente y me iba a casa.
Los fines de semana, salíamos a tomar un café o simplemente a caminar por el pueblo tomados de la mano, comiendo un helado. Para aquellos ojos observadores no éramos más que una pareja de novios. Incluso, sus vecinos me miraban saludándome con una sonrisa, cuando me veían llegar temprano a su casa y ella aún no llegaba. Yo, simplemente me sentaba en la escalinata a esperarla. Pero a mi parecer, sólo era un hombre con su autorización para cortejarla.
Habían transcurrido ya dos largos meses, nuestra relación se encontraba un poco estancada en el aspecto en que yo no podía avanzar a la siguiente etapa. Si, esa en la que le robas un beso a la mujer que amas, y después le pides que sea tu novia. Yo no había podido encontrar el momento perfecto, aunque tenía una idea de cómo quería hacerlo. Había algo en mi vida que no le he compartido. Tal vez fuera en ese momento. Sí, ese era. Sólo tendría que buscar la forma de traerla hasta ahí.
Bella
Moría de hambre.
El pequeño despacho estaba teniendo éxito. Los casos no eran muchos, dado a que era una localidad pequeña, pero Ethan había puesto volantes en el negocio de su jefe para tener mayor publicidad. En realidad era de mucha ayuda, además de que Ethan a cada gente que se topaba, gente a la que le daba un volante. Mi relación con él estaba en estado de color de rosa. Como pretendiente era un cínico sinvergüenza, pero muy divertido. Diferente al tipo modosito que fue en el pasado, donde fingía ser el novio perfecto, guardando las apariencias, quedando como hombre recto, que respetaba a su novia por fuera, y por dentro fantaseaba con mi cuerpo desnudo. En realidad sigue siendo un idiota pervertido. En este tiempo he llegado a conocerlo profundamente, aunque hay aspectos en él que no han cambiado, por lo menos hoy sé a qué atenerme. Las personas no somos perfectas, y hay aspectos en mí que también detestaba pero que jamás lo mencionó. Odiaba que yo comiera en la cama mientras veía la televisión antes de dormir. Aborrecía el pastel de chocolate que preparaba en sus cumpleaños, pero había prohibido a su familia que me lo dijeran. No le gustaba cuando masticaba chicle y tronaba enormes bombas, en especial en su mejilla. También detestaba mi obsesión por la limpieza y el orden en la casa. Eso entre muchas otras cosas. Lo que uno piensa que debe soportar por amor.
Con una sonrisa en los labios, caminé hasta el establecimiento en el que en ocasiones me encontraba a Ethan comiendo, cuando estaba trabajando cerca. Al entrar lo busqué con la mirada, me pregunté qué tan mentirosa me escucharía si dijera que vengo a este establecimiento por que la comida, especialmente las patatas, son deliciosas… suponía que sería la mentirosa más grande de Forks. Porque en realidad vengo aquí, para encontrarme casualmente con él.
—Buenas tardes, ¿cuál es su orden?
—Hamburguesa y patatas.
Sí, patatas, esas grasientas y asquerosas frituras. Pero a él y a mí nos era inevitable no ordenarlas. Es ese tipo de cosas que haces aunque lo odies, porque te recuerda a alguien. Bueno, ahora tengo la certeza de que sigo estando tontamente enamorada de mi ex marido. Pero ¿Cómo evitarlo?...
Tomé mi orden y me dirigía a una de las mesas vacías del fondo del local, cuando un tipo se dio la vuelta y chocó contra mí, casi tirándome el refresco encima. Por fortuna, la charola que traía evitó el desastre de mi comida en el suelo.
—Disculpa, no te vi.
Al levantar mi rostro me encontré con Garrett.
—Garrett.
— ¿Marie? Oh chica pelirroja. ¿Cómo has estado? —dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
—Bien, gracias ¿y tú?
—Excelente. ¿Comemos juntos o esperas a Ethan?
—No he quedado con Ethan, y si podemos comer juntos.
Nos sentamos en la mesa, uno en frente del otro.
—Primero que nada, te confesaré algo. En realidad, quiero que lo sepas por mí y no por alguna gente chismosa.
—Dime.
— ¿Prometes no espantarte y darme el beneficio de la duda?
—Está bien.
—Estuve en la cárcel injustamente acusado por intento de violación.
—Dime que eso no es lo primero que les dices a las mujeres cuando acabas de conocerlas.
—Sí, es lo primero.
—Viendo por el lado positivo, eres sincero.
—Como te he dicho, quiero que lo sepas por mí, y la mujer que quiera estar conmigo lo hará porque cree en mí.
—Si, me gusta tu filosofía. ¿Qué fue lo que sucedió?
—Mi novia era la hija de un predicador. Un día sus padres salieron, la casa estaba sola. Ella y yo comenzamos a explorarnos, ya sabes, perdimos el control y cuando nos dimos cuenta, que fue en el momento que sus padres entraron a la casa, estábamos desnudos a punto de fornicar. Ella al escuchar el grito de su padre, comenzó a llorar y decir que yo la estaba forzando. Fin de la historia.
— ¿Cuánto tiempo estuviste preso?
—Mi condena fue de ocho años, pero me la redujeron a cinco por buen comportamiento.
—Vaya. Lo siento.
—Yo lo siento más por mi hermana, ella a cargado con esto. ¿Cuál es tu historia?
—Bueno, soy abogada.
—Hey, es bueno saber eso. No es que esté pensando en meterme en problemas de nuevo pero, ya sabes uno nunca sabe.
—Claro, claro.
— ¿Qué te trajo hasta aquí?
—Mi esposo murió y todo me recordaba a él. Decidí regresar a mis raíces y volver a comenzar.
—Mi sentido pésame. ¿Qué tal va todo con Ethan?
—Bien, somos amigos.
— ¿Pero, te gusta?
—Sí, creo que sí.
— ¿Te gusta cómo amigo, cómo compañía para esas noches frías o cómo algo serio… tu sabes, novio tal vez?
—Mmm ¿por qué la pregunta?
—Puff, lo tienes loco, ¿sabes? A la hora de salida, hace entrega de los papeleos a Harry, entra al baño con su mochila siendo un hombre sucio para después salir de ahí, con ropa limpia, perfumado y peinado. Como dice mi hermana, guapísimo. Y simplemente se va, a veces con tanta prisa que ni adiós dice —no sabía que responderle—. Te diré algo, no creo que tu esposo se moleste, si rehaces tu vida.
—No es eso, sólo que… estoy conociéndole. Mi esposo no fue muy bueno y tengo miedo.
—Sólo se clara con mi amigo. Tengo la impresión de que no será una persona agradable con la gente que le rodea si está despechado.
—De acuerdo.
—Mi cumpleaños será mañana, mi hermana está organizando una reunión. ¿Te gustaría ir?
—Si, por supuesto. Dame la dirección…
Salí del local, con mi sonrisa de enamorada. Garrett, había delatado a Edward en cuanto a cómo se sentía conmigo. A todos nos gusta saber cómo se siente la persona de la que estamos enamorados. Llegué al despacho y había un hombre de pie en el mostrador junto a mi secretaria Sue.
—Mire, ya ha llegado la señorita Swan —dijo Sue, entonces el hombre se dio la vuelta y casi me caigo de la impresión al ver frente a mí a William.
William, era un hombre tan alto como Edward, su cuerpo había cambiado a uno de complexión más robusta, había dejado de ser ese chico delgado y desgarbado. Hoy era un hombre, al que se le notaba el ejercicio en sus pectorales, debajo de su ropa. Sus ojos grises me miraban con un brillo de emoción y reconocimiento.
— ¿Isabella Swan?
—William…
De un momento a otro, él me tenía estrechada entre sus brazos, William y yo nos conocíamos desde que éramos unos niños. Él había crecido en Forks con sus padres. Durante nuestra niñez nunca habíamos sido amigos, sólo nos conocíamos de vista. Fue en la universidad que comenzamos una amistad. El estar lejos de casa sin conocer a nadie, nos había orillado a hablarnos en nuestro primer día, cuando coincidimos en la cafetería. Desde ese momento comenzamos esa relación de amistad. Siempre me pareció un chico atractivo, pero fue en ese entonces que con su forma de ser y compañerismo, me enamoré de él.
Hoy, estaba aquí frente a mí.
—Pensé que jamás volvería a verte después de que te casaste con ese ricachón prepotente, y mal geniudo. ¿Cómo está él? ¿Cómo estás tú? ¿Qué ha sido de ti?
—Vamos a mi oficina.
Caminamos hasta el pequeño cubículo que fungía de oficina. Tomé asiento en mi escritorio mientras él se sentaba frente a mí. Cuando me di cuenta que me miraba especulativamente.
—Estás guapísima —algo en sus palabras me hizo sonrojar—. ¡No lo puedo creer!, aún te sonrojas —soltó una carcajada—. Vamos, cuéntame que la curiosidad me mata.
—Pues, Edward falleció.
—Lo siento. ¿Hace cuánto?
—Hace cinco años. La ciudad terminó por aburrirme, así que decidí regresar a casa. Y ¿tú?
—No cambias nada, sigues igual de comunicativa. Yo me casé, tengo cuatro hijos, mi ex esposa es médico. Nuestros trabajos terminaron por alejarnos hasta que ella conoció a alguien más. Se enamoró y todo se acabó.
— ¿Y, tus hijos?
—Viven con ella y cada quince días vienen conmigo y cuando les toca estar con su madre, sólo voy a verlos un rato los sábados por la tarde.
—Cuatro hijos… —podrían ser mis hijos. Si Edward no hubiera interferido. Si él hubiera demostrado que sentía algo por mí.
—Sí, dos embarazos, son dos gemelos y dos gemelas —dijo sonriendo, mientras sacaba de su cartera la fotografía de sus hijos.
—Son hermosos —dije, ellos eran rubios como su padre y tenían los ojos azules, supongo que eran heredados por la madre.
—Sí. ¿Tú tienes hijos?
Por alguna razón, su pregunta me dolió. Y tuve una visión de elección hacia el futuro. Si las cosas entre Edward y yo se arreglaban, siempre habrá personas que harán esta pregunta. Por lo que siempre estará la respuesta negativa. Así sería mi vida.
—No. ¿Hace cuánto que te divorciaste?
—Dos años, pero estamos en buenos términos. Ella es una buena mujer.
Sonreí al ver que su nobleza y buen corazón no habían cambiado. Hablar bien de su ex mujer a pesar de todo, eso decía mucho de él.
— ¿A pesar de eso?
—Cuando hay una separación siempre la culpa es de dos.
—Si, tienes razón.
—Sabes, vine por el anuncio del empleo.
—Oh, claro. ¿Tienes tus documentos? —me entregó su Curriculum, le di una ojeada. Hacía un par de meses, había trabajado en una firma en Seattle.
— ¿Por qué dejaste tu empleo?
—No quise representar a un asesino de dos mujeres y un niño —rodo lo ojos—, mi jefe me echó.
—Aquí no hay mucho trabajo.
—No importa. El sueldo base que ofreces es suficiente para sobrevivir y Sue me explicó que los honorarios por cada caso son independientes. Mira, no hay muchas alternativas aquí. Necesito no sentirme un idiota ante mi ex. Yo pago las colegiaturas de mis hijos —se removió en el asiento—, así que ya le debo dos. No quiero tener problemas con ella o que piense que no me interesa cumplir con nuestro trato. Puede ser comprensiva, pero tiene poca paciencia.
—Entiendo. Estás contratado. Comienzas mañana.
—Gracias. Puedo quedarme ahorita.
—No, ve a darle la noticia a tus hijos. Festeja con ellos.
—Gracias. ¿Estás viviendo en la casa de tus padres?
—Si.
—Es bueno saberlo, yo vivo con mis padres. ¿Puedes creerlo? No importa.
No pude evitar sonreír ante su comentario. Charlamos un poco más acerca de sus padres y después, se fue. Era tarde cuando Sue y yo cerramos la oficina. Cuando llegué a casa, Edward estaba sentado en la escalinata fumando un cigarrillo. Bajé de mi auto y caminé hasta él.
—Hola —saludé, mientras él me tomaba por la cintura atrayéndome a su cuerpo.
—Hola —besó mi mejilla.
— ¿Llevas mucho esperándome? —pregunté, mientras ponía mis brazos en sus hombros y pegábamos nuestras frentes cerrando los ojos, disfrutando de nuestra cercanía.
Se encogió de hombros y respondió —Llegué temprano.
Permanecimos abrazados un rato, hasta que el silencio fue roto por él.
— ¿Qué haremos mañana por la noche?
—Nada, tengo un compromiso —reí dentro de mí. Pude sentir la tensión en sus hombros.
— ¿Con quién?
—Fiesta de un amigo.
— ¿Puedo acompañarte?
—Sólo era para mí la invitación.
—Mmm
—Pero nos vemos el domingo ¿si? —aparté mi frente de la de él y abrí los ojos para encontrarme con su mirada oscura. Estaba molesto—. ¿Qué sucede?
—Nada.
—Edward, he salido contigo en todo momento libre que he tenido. ¿No crees que necesitamos un poco de espacio también? No creas que el mundo solo gira a tu alrededor.
—El mío si gira alrededor de ti —me soltó y dio dos pasos atrás, alejándose de mí—. Pero si te estoy abrumando, sólo debes decirme que no quieres que venga a verte todos los días y listo.
—No es eso, sólo me refiero al día de mañana. Me han invitado a una fiesta y quiero ir sola.
— ¿Para conocer gente?
—No. Para tener la libertad de hacer lo que me plazca, sin tener que dar explicaciones a alguien.
— ¿Quieres libertad?
—Mejor cambiemos de tema.
—No —le ignoré.
—Adivina a quién me he encontrado esta tarde y va a trabajar conmigo.
— ¿A quién? —respondió molesto. No me miraba a mí, tenía su rostro dirigido hacia la casa de mi vecina.
—A William —lo vi girar su rostro como en cámara lenta con una mirada fulminante.
—Dime que no es con él con quién vas a salir…
— ¿Qué te pasa?
—No Bella, no saldrás con ese imbécil —soltó furioso mientras me tomaba del brazo.
—Suéltame —ordené—, el único imbécil aquí eres tú —escupí la palabra imbécil con coraje, caminé hasta la entrada de mi casa, abrí la puerta y entré.
—Isabella, aún no terminamos de hablar —estaba de pie detrás de mí. Di la vuelta para quedar frente a él.
—Yo ya terminé, te veo el domingo, si es que quieres —dicho esto, le azoté la puerta en las narices. Por ser un idiota controlador, por no tenerme confianza y no escucharme. Que se torture toda la noche y día de mañana pensando en estupideces. Menuda sorpresa se iba a llevar al verme llegar a la reunión de Garrett. Eso le daría una lección de confianza.
Nota: Disculpen la espera surgieron algunos contratiempos pero aquí estamos.
Espero este capitulo haya sido de su agrado, tomen en cuenta que en la vida real, la vida esta llena de caminos distintos y circunstancias increíbles. Nos da y a veces nos quita. Pero sobre todo nos enseña. ¿Como saber que es lo que realmente queremos si no tenemos opciones para elegir? ¿Las personas cambian o se adaptan?
Gracias por sus Review, pero sobre todo gracias por leer.
Próxima actualización el ocho de febrero.
Chapter 8: Chapter 8
Por amor
Una vida llena de recuerdos
Meyer el la dueña de los personajes la historia es mía.
Betas: Sarobari, Lillian M Miry Alavarez
Soundtrack por Bella Rocio
Alucinado de Tiziano Ferro
Capitulo 8
Celos.
Edward
Atormentado. Esa era la palabra que describía mi estado de ánimo. Ella me había azotado la puerta en la cara, prácticamente echándome de su lado. Bueno… en realidad estaba exagerando. Ella simplemente no quería verme en mi estado de celoso posesivo. No deseaba discutir y escuetamente me había dado tiempo para tranquilizarme hasta el domingo. ¡Ah! sí… porque hoy sábado no estaría en casa. Asistiría a la dichosa fiesta con su enamorado de pacotilla.
Por la mañana no había tenido deseos de presentarme a trabajar. La idea de postrarme fuera de su casa y vigilarla me resultaba atractiva. Pero se lo había prometido. No la iba a acosar. ¡Diablos! ¿Por qué no crucé los malditos dedos cuando se lo juré?
Ahora estaba en medio de la carretera, arrastrando un coche con todo y su anciana dueña, la cual ha estado hablándome de sus gatos muertos como si me importara. Pero afortunadamente estaba ya cerca de su casa para deshacerme de ella.
—Eres un tonto —soltó después de un suspiro largo.
— ¿Disculpe? —le pregunté, asombrado por su facilidad de insultarme sin problema alguno.
—Trato de distraerte para hacerte olvidar lo que te tiene tan molesto y ni siquiera me pones atención, muchacho —dijo acusadoramente.
—No estoy molesto.
—No, claro que no. Anda, dime qué te pasa.
—Ay no, por favor.
—Hablar de lo que te molesta con otras personas puede ayudarte a encontrar la respuesta a tus problemas —dijo, en ese tono sabio de los ancianos.
Luego de pensarlo un momento…
—Mi novia va a asistir a una fiesta el día de hoy, con una persona que estuvo enamorado de ella hace años.
—Entonces déjame adivinar… —silenció sus labios con su dedo índice, levantó una ceja y murmuró en signo de estar pensando—. Te comportaste como un idiota y ella rompió contigo —afirmó.
—No rompió conmigo —¿Cómo iba a romper conmigo si no éramos mas que amigos?
—Pero, ¿sí fuiste un idiota?
¿Para que negarlo? Ella era intuitiva.
—Técnicamente si. No quiere verme hasta mañana.
— ¡Ajá! Tiene carácter.
—Si —sonreí como bobo, y por alguna razón la anciana decrépita tuvo razón. Me sentía mejor ahora que hablaba sobre el asunto.
—Pues no seas idiota, envíale flores y discúlpate —me ordenó—. Sé un buen chico, no le des razones para que piense que el otro es mejor. Que si pudiera elegir entre tú y él, no sea ese muchacho el hombre ideal para formar un hogar. Al final, las mujeres inteligentes buscamos al hombre que nos ame y respete para compartir el resto de nuestras vidas. No aquel chico malo que pueda tratarnos mal.
—Ella es inteligente. Gracias.
—A la siguiente calle a la derecha está mi casa.
La plática con la anciana ayudó a tranquilizarme un poco. Cuando llegué a la oficina de Harry, este sólo estaba esperándome a mí para cerrar. Hoy era el cumpleaños de Garrett. Charlotte me había interceptado por la mañana para recordarme no faltar. No tenía ganas de asistir, pero de nada me servía quedarme en casa cuando la fiesta estaba a mi lado y tarde o temprano alguno de ese par de hermanos iría en mi búsqueda.
Bebería cerveza hasta ahogarme en ella. Hacía mucho tiempo que no realizaba semejante estupidez, pero hoy sentía la necesidad de perderme en el alcohol para no pensar en lo que Bella podría estar haciendo con su amigo.
Estacioné la moto fuera de mi casa, y caminé hasta la de Garrett. Había varias jóvenes fuera de la casa platicando. Cuando pasé por su lado más de una me dio una mirada sugerente. Algunos de los ancianos de la comunidad me saludaron con un asentimiento de cabeza, los más jóvenes me ignoraron. No los conocía a todos, pero sabía que estaban sorprendidos tanto como yo de esta reunión. Garrett y Charlotte no eran muy sociables, menos por los antecedentes de Garrett. Hasta en esta comunidad, los hombres ordenaban a sus mujeres ser precavidas. Y de lo que de mí pensaran, no tenía idea.
Miré a todas partes en busca del festejado, cuando lo localicé me encaminé hasta él.
—Me alegra que estés aquí —me dio la bienvenida felizmente.
— ¡Felicidades! —le saludé, mientras le daba una palmada en la espalda.
— ¡Ethan! —me llamó Charlotte. Giré mi cuerpo encontrándome con ella de frente, de inmediato se colgó de mi brazo.
—Hola, Charlotte.
—Charlotte, largo de aquí no molestes a Ethan —la reprendió Garrett. Sonrojada de vergüenza, Charlotte me soltó y sin decir nada se fue a la mesa de bebidas.
—Diviértete —me despachó Garrett, dándome una palmada en la espalda.
Una hora después, iba por mi tercera o tal vez cuarta cerveza. Durante ese tiempo me percaté de que Garrett enviaba y recibía continuamente mensajes por el celular. Me preguntaba con quién estaba tan insistente. De pronto las voces se apagaron, y un wow a mi lado se escuchó salir de los labios de un hombre joven. Garrett se encontraba casi frente a mí, guardó su celular y sonrió hacia la puerta. Llevé mi mirada por curiosidad en esa dirección. Era ella, mi Bella que caminaba sensualmente con su cabellera suelta, larga y rojiza adornando el contorno de su rostro. Llevaba un vestido corto de color rojo, de cuello alto que cubría la cicatriz de su operación de corazón. Un cinturón negro que hacía lucir aun más sus caderas. Sus medias eran gruesas, y los botines a juego con tacón alto estilizaban sus piernas. Se veía más alta. Era hermosa y todos estos estúpidos contando a Garrett, lo sabían. Un momento… ¿Por qué ella estaba aquí?
Bella
Definitivamente debía cambiar este auto. Ahora se había sobrecalentado, dejándome a la mitad del camino a La Push. No estaba dispuesta a llamar a Edward, porque eso sería tan solo un pretexto, y yo realmente quería sorprenderlo. Así que le envié un mensaje a Garrett, indicándole lo sucedido. Me dijo que enviaría a uno de sus amigos en mi búsqueda, también que Ethan ya estaba en la fiesta, de muy mal humor. Sonreí ante ese hecho. Como solo tenía que esperar, y para ser sincera con un poco de miedo por la oscuridad de la noche, entablé una plática por mensajes.
Le escribí acerca de nuestra discusión, a lo que él menciono que Ethan era idiota por no ocurrírsele que yo podría ir a su fiesta.
Edward
La vi llegar hasta él, con una pequeña caja forrada con un moño a juego, ella le abrazó con fuerza y besó la mejilla. Charlotte se acercó a ellos con precaución. Salí del rincón donde había permanecido escondido y me acerqué a ellos.
—Mucho gusto Charlotte.
—El gusto es mío —dijo Charlotte, mientras le daba un golpe al hombro de Garrett y le decía—: Que guardadito te lo tenías ¡eh!
—No es lo que estás pensando tonta —le respondió él.
En ese momento, Bella se percató de mi presencia, nuestras miradas se encontraron. No pude evitar sentirme tan idiota y molesto por su broma de mal gusto. Ella sabía que yo vendría a la fiesta de Garrett o la invitaría a venir conmigo, y aun así no me dijo que también estaba invitada. Ahora, la pregunta era… ¿Cómo supo de la fiesta? ¿Desde cuándo tenía contacto con Garrett? ¿Por qué ella lo consideraba su amigo? Un amigo es alguien cercano con el que tienes contacto constante. Negué con la cabeza, decepcionado, por haberme ocultado que frecuentaba a Garrett.
—Hola Marie —mi voz estaba cargada de resentimiento.
—Ethan —ella se acercó y me dio un beso en la mejilla en forma de saludo. Yo no le respondí, simplemente me quedé de pie inmóvil. Cuando se separó de mí, me dio una mirada llena de reproche.
—Marie, deja a este amargado y ven conmigo, te presentaré a Harry, mi jefe.
Garrett se la llevó y yo regresé a mi rincón, bebiendo el resto de cerveza de un jalón. Transcurrieron tres horas; Marie, había estado conversando un rato con Harry, bailó con Garrett y tres imbéciles que se atrevieron a acercarse a ella cuando Garrett negó ser su novio o estar pretendiéndola por quinta vez durante la noche.
Yo simplemente la observaba, ella no quería compartir esta noche conmigo, así que la dejé hacer. No me acercaría, si ella quería hablar conmigo que fuera ella quien viniera a mí. Pero ni loco me uniría a la manada de perros que tenía merodeando a su alrededor. Cansado de verla sentirse como una reina, desvié mi mirada de ella por primera vez desde que llegó. Verla me estaba dañando, enfureciéndome, decepcionándome, entristeciéndome porque la amaba con locura, y mientras que yo siempre quería estar a su lado dándole su lugar como mi esposa, ella me rechazaba y aceptaba de buen grado los halagos de esos hombrecillos. Aun sabiendo que yo estaba frente a ella haciendo nada, esperando una señal por su parte para correr a su lado.
—Es ella —afirmó Charlotte, ni siquiera había notado que se encontraba sentada a mi lado. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí?
—No sé de qué hablas —me hice el desentendido, ahora agregaba el sentirme humillado.
Yo hablando de mi mujer ideal y ella, rompiéndome el corazón públicamente ante la mujer que rechacé hacía unos meses.
—Tu gran mujer. Tenías razón, ella no busca a los hombres, ellos van a ella como abejas a un panal. Es muy bonita. Sabe cómo rechazarlos y mantenerlos a la expectativa de algún tipo de atención de su parte. No dice no, pero tampoco dice si —analizó.
—Ella no es así —quise defenderla, aunque en estos momentos daba otra imagen.
—No hay peor ciego que el que no quiere ver —dijo negando con la cabeza y continuó—, escuché que es abogada.
—Sí, lo es.
—Si me disculpas por entrometerme pero… creo que estás mirando demasiado alto. Tal vez si miras un poco más debajo de la altura de tus ojos, puedas encontrar a la mujer que necesitas. A una que te ame de verdad.
—Hace mucho tiempo, miré más abajo de la altura de mis ojos y me encontré con la mejor amiga de mi esposa —vi por el rabillo de mi ojo el rostro de Charlotte, estaba sorprendida—. Lo tenía todo, pero no supe valorarlo y terminé destruyendo no solo mi hogar, también a ella. La tristeza casi la mata. No me compadezcas ni tengas lastima por mi. Porque estoy pagando por mis pecados.
Salí de la casa de Garrett con una última lata de cerveza en la mano. Caminé hasta la mía, abrí la puerta y entré. Estaba cansado. Solo quería recostarme en la cama y dormir cuanto fuera posible. Ahora comprendía… ¿Cuántas noches pasó ella en vela, pensando en que estaba con mi amante?
Un par de golpes se escucharon en la puerta de entrada. No quería saber nada de Charlotte o de Garrett, por lo que ni siquiera me molesté en mover algún músculo de mi cuerpo para dejar la comodidad de mi cama.
—Edward, te he visto entrar aquí, por favor ábreme.
Era Bella. Me levanté de la cama de un salto, lo que me provocó un fuerte mareo. Tambaleándome fui hasta la puerta y abrí. Ella temblaba de frio frente a mí.
—Si te ven entrar aquí, pensarán lo peor de ti —arrastraba las palabras, el aire fresco me había subido el alcohol a la cabeza de manera rápida.
— ¿Continúas molesto? —me preguntó, castañeando los dientes y abrazándose a si misma.
— ¿Realmente te importa, Isabella? —dije su nombre con sarcasmo. El dolor combinado con el alcohol hablaba por mí.
—Isabella… —susurró su nombre con tristeza.
—Si, mira en este momento no me encuentro sobrio y estoy cansado —dije, tallando mi rostro con la palma de mi mano.
—Garrett, se puso de acuerdo con los chicos para darte una lección por celoso. ¡Por Dios! Edward, sabes que eso de hacerme la interesante no se me da. Jamás he sido de esa manera —se justificó.
Me recargué en el umbral de la puerta y la observé detenidamente.
—No me agradó —confesé entristecido. Pero no podía permanecer enojado, así que le creí.
—Lo siento.
Ella saltó hacia mí, la recibí entre mis brazos, a lo lejos vi a Garrett mirándonos con una cerveza en la mano. Iba a matarlo. Él no quería darme una lección por mi comportamiento de idiota con Bella, él se desquitó por la manera en que le rompí el corazón a su hermana.
Llevé a Bella dentro de la casa. La tomé de la mano guiándola hasta mi pequeña habitación. Dentro de ella la solté para dirigirme al closet. Saqué una sudadera y pants para ella. Se los tendí mientras me miraba con el ceño fruncido, confundida.
—Ni creas que dejaré que te marches a esta hora a tu casa. Estoy tan ebrio que no puedo llevarte yo mismo de regreso, por eso te quedaras aquí conmigo. Además, quiero mostrarte algo mañana.
— ¿Dónde dormiré? —preguntó nerviosa, mordiéndose el labio inferior. Miré la cama y luego a ella.
—En mi cama —dije con voz ronca—, a mi lado.
—Edward… —jadeó mi nombre, sus ojos se oscurecieron.
— ¡Cállate ya mujer y cámbiate que tengo demasiado sueño! —le grité, cortando cualquier pensamiento pecaminoso que pudiera cruzar por nuestras cabezas.
Me quité las botas, los pantalones, y la playera como pude. Levanté el edredón de la cama y me metí en ella haciendo un hueco para Bella. La cama era individual, pero era justo lo que necesitaba para tenerla pegada a mi cuerpo. Tal y como deseaba. Esta noche necesitaba su calor, el aroma de su cabello en mi rostro y sus piernas enredadas en las mías.
Cuando se recostó a mi lado, su cuerpo frío provocó que me estremeciera. Enredé mis piernas con las de ella abrazándola con fuerza. Bella se reacomodó de nuevo quedando frente a frente. Nos miramos a los ojos, comunicándonos en silencio. Suspiré cuando de la nada comenzó a depositar pequeños besos en mi rostro, me sentía adormecido y no sabía si era por el alcohol o por su cercanía que mi alma se sentía en paz, como hace mucho que no estaba. Mi voluntad cansada solo quería dormir en sus brazos por la eternidad.
Después sentí sus labios húmedos dejar un camino de besos de mi mejilla hasta mi cuello. Volvió a subir un poco, atrapando mi lóbulo y mordisqueándolo. Jadeé de placer y excitación. Ella se acomodó de nuevo, pero esta vez sobre mi. Su sexo rozó con mi erección y en ese momento reaccioné.
—Bella, se una buena chica y compórtate —la reprendí con muy poca convicción, pues mis manos estaban acariciando sus pechos.
—No quiero comportarme, quiero que me ames —dijo, y después se movió sugestivamente. Estaba enloqueciendo, pero no lo suficiente para no saber que si esto ocurría se iría al traste todo lo que habíamos logrado. Yo no quería algo de una sola noche, yo quería que esto sucediera cuando definiéramos nuestra relación. Caer en sus encantos en este momento no me aseguraba que el día de mañana ella simplemente me desechara.
— ¿Si me acuesto contigo esta noche, eso te convertirá en mi novia?
Ella se quedó estática por un momento, sopesando la profundidad de mis palabras y lo que ello significaba para ambos. El perdón definitivo y dar dos pasos al pasado para comenzar a reconstruir nuestra relación.
—Yo… dormiré en tu sofá.
Intentó salir de la cama pero se lo impedí.
—Bella, solo quiero dormir. Has sido tú la que comenzó, no me ofende tu rechazo. Solo quiero que cierres tus ojos, te dejes llevar por Morfeo tal y como quiero hacerlo yo.
6 am
El reloj despertador dio la alarma trayéndome de nuevo a la realidad. Cuando creí que este era otro día más me di cuenta que estaba sujetando fuertemente el cuerpo de alguien. Abrí mis ojos y entonces ella se removió molesta por el sonido de la alarma, me estiré un poco para apagarla. En aquel momento me di cuenta de que ella estaba dormida a mi lado. Cerré los ojos e intenté recordar lo que había pasado anoche.
Formalmente me declaraba el hombre más imbécil del planeta. Había desechado la oferta de tener un muy buen sexo la noche anterior y peor aun, era con la mujer que amaba. La que me quitaba el aliento, ella, que con tan solo una sonrisa me hacía feliz y que con sus caricias me excitaba. Entonces recordé la razón de mi rechazo, dándome cuenta que no era tan imbécil, si todo salía como yo prevenía seria recompensado no con sexo sino con amor infinito.
Penosamente la solté, dejándola dormir un rato más en mi cama. Fui al baño y me aseé. Me dolía un poco la cabeza por el exceso de alcohol ingerido hacia unas horas. Me vestí con un pantalón y playera limpios. Fui hasta la cocina y preparé café para recibir el amanecer al lado de mi mujer. Estaba contento. Al fin compartiría este momento, era perfecto, sobre todo porque no tuve que hacer nada para convencerla de venir a esta hora a mi casa, ella vino sola. Podría tomar esas coincidencias como un buen augurio.
6:30 am
Fui a la recamara y desde el umbral la llamé.
—Bella, despierta quiero mostrarte algo.
Ella sacó un poco la cabeza de las cobijas, adormilada abrió un ojo. Era tan graciosa.
— ¿Tiene que ser ahora?
—Sí, apresúrate o te lo perderás.
Bella
Si lo que quería que viera no era importante me lo comería vivo. Me levanté de mala gana y fui hasta el baño. Cuando terminé de asearme ya me encontraba un poco más despierta. Salí de la recamara hasta la cocina, ahí lo encontré de espaldas mirando por su ventana. Me miró por sobre su hombro y luego se giró completamente.
—Vamos a ver el amanecer.
Tomó los dos termos que se encontraban sobre la mesa, me entregó el mío y salimos. A un lado de la puerta de entrada había una banca de madera. Edward se sentó y palmeó a su lado para yo hacer lo mismo.
Estábamos en silencio, disfrutando de la visión del panorama. Su casa parecía estar construida en terreno alto. Porque podías admirar la belleza del mar desde este lugar. El cielo oscuro minutos antes había comenzado a aclararse.
— ¿Alguna vez te habías imaginado vivir en un sitio como este? —pregunté, pues no me imaginaba al anterior Edward haciendo planes para comprar una casa en un sitio así.
— ¿Como este, te refieres a la casa de madera o al lugar en sí?
—A todo.
—No.
— ¿Te gusta vivir aquí? —pregunté de nueva cuenta.
Di un sorbo a mi café. Estaba caliente y me quitaba el frío.
—Pese a lo que pudieras pensar… sí. Este lugar es pacífico y la gente es buena.
— ¿La casa, humilde?
—Era de Leah, ahora es mía. Y sí, me gusta su construcción rústica.
Reímos con complicidad, disfrutando de nuestra compañía en una mañana serena.
En el horizonte los primeros rayos solares tocaron las aguas del mar, era…
—Hermoso.
El agua brillaba, aun en esta distancia se podía ver como el mar se fundía con el cielo bajo las llamas del sol.
—Hermosa —dijo él.
Podía sentir la mirada penetrante de Edward. Pero los tonos rojizos y juego de matices no me permitían apartar la vista y tampoco deseaba hacerlo.
—Todo esto es… perfecto —alabé el momento y el paisaje. Nunca había tenido la oportunidad de admirar la belleza de un simple amanecer.
—No, tú eres perfecta.
Sus palabras llamaron mi atención, cuando vi su rostro me di cuenta que él no miraba el horizonte, solamente a mí. Su intensa mirada llevaba un mensaje de amor, ternura y pasión. Él también era perfecto, el sol acariciaba nuestros rostros, llenándolos de vida con su calor.
Lentamente lo vi acercarse a mi rostro, sus ojos me enviaban un mensaje de amor incondicional. Poco a poco acortamos la distancia, un calor en mi pecho me impulsaba al cuerpo de Edward. El tomó mi rostro con ambas manos y acarició nuestros labios. La sensación del roce me hacía desear aún más. También le sucedía lo mismo, pude verlo en sus ojos oscurecidos. Ambos acortamos la distancia de nuevo, esta vez el beso era apasionado, llevé mis manos a su cuello ejerciendo presión hacía mí, abrí mi boca para recibir su lengua, exploraba mi boca con un ritmo lento y sensual. Hasta que se tornó erótico, tanto que parecía que estábamos haciendo el amor y no simplemente besándonos. Sus movimientos sugestivos me encendieron. Cuando al fin paramos, pensé que me llevaría hasta su cama y me haría el amor.
De un momento a otro se apartó un poco de mi, tomó mi mano entre las suyas y…
—Isabella ¿Quieres ser…
Terror.
No quería que me lo pidiera, no aún. Era demasiado pronto, no estaba lista.
—No, por favor. No arruines este momento… —le supliqué.
—El pedirte que seas mi novia, ¿es arruinar el momento? —dijo en tono dolido estremeciéndome
—Edward, no es eso… yo no estoy lista.
—Anoche querías tener sexo conmigo y me dices que no estas lista a dejar de ser solo mi amiga. ¿Qué es lo que quieres, que seamos amantes casuales? ¿No te das cuenta de que te amo y ya no puedo seguir siendo solo tu amigo? —sus palabras eran duras. ¿Por qué me hacía esto si prometió ser paciente?
—Prometiste esperar, eres tu quien no se da cuenta que tengo miedo de entregarte de nuevo mi corazón y que lo destruyas en mil pedazos. No podría volver a levantarme. Me moriría —confesé, mientras que las lágrimas comenzaban a salir de mis ojos.
— ¿Crees que para mi es fácil? ¡Escúchame! —Gritó, acercando su rostro al mío, estaba molesto, dolido—. Duele haberte perdido, pero duele más estar cerca de ti y saber que puedes darte cuenta que ya no me amas, que podrías enamorarte de alguien más. Pero sobre todo, me duele saber que yo no podría ser competencia para quien se cruce en tu camino, por mucho que mi amor sea tan grande, mis errores me alejan de ti.
Él lloraba, lleno de rabia.
—Lo siento, Edward —tomé su rostro con mis manos intentando borrar sus lágrimas, queriendo hacerlo entender que no podía. No aun—. Solo te pido un poco más de tiempo yo…
— ¡No! Anoche me di cuenta que ya no puedo esperar y seguir siendo tu amigo —me alejó de él—. Te amo, esa es la verdad —dijo tocándose el corazón— y lamento que no puedas verla. Siempre estaré aquí, si algún día quieres volver a ser mi mujer. Pero no me busques si lo único que quieres es mi amistad.
—Estás presionándome.
—No, estoy evitando hacernos más daño. Trato de que no terminemos siendo amantes casuales. No solo una mujer es capaz de hacer y aceptar cualquier cosa por las migajas de cariño de un hombre. Un hombre puede hacer lo mismo por una mujer.
Le había hecho daño. A ambos.
—Edward yo no… lo siento no quise hacerte mi amante de una noche. Tú eres importante para mí, jamás…
—Será mejor que te vayas.
—Edward… —jadeé.
—Vete Isabella, cuando estés preparada vuelve a mi. Y si jamás lo estás, te deseo lo mejor en esta vida.
¿Estaba terminando?
Caminé hasta la casa de Garrett, toqué dos veces y esperé, las lágrimas no dejaban de recorrer mi rostro. La hermana de Garrett fue quien abrió la puerta adormilada.
—Lo siento, ¿se encuentra Garrett?
—Sí, pasa. Está dormido, pero ahora lo despierto.
Me quedé de pie en medio de la sala, mi corazón tenía frío. La calidez que lo abrigaba se había ido con el amor de Edward.
—Marie, ¿qué sucede? —me preguntó Garrett, cuando entró en la sala mirándome temblar y sollozando—. ¿Qué te hizo ese idiota? —negué con la cabeza de un lado a otro. El nudo en la garganta y el dolor en mi pecho no me dejaban hablar—. Voy a enseñarle a ese hijo de puta como tratar a una mujer.
Garrett solo alcanzó a tocar la puerta cuando su hermana y yo lo detuvimos.
— ¡No! —logré gritar. Puse mi mano derecha en mi pecho, intentaba tranquilizarme aspirando hondo— Ethan es mi esposo —Charlotte jadeó y Garrett abrió la boca y frunció el ceño—, por favor no interfieras en nuestros problemas. Solo sé un buen amigo y llévame a casa.
—Él me platicó en alguna ocasión que su psicólogo le dijo que lo que él tenía contigo era una obsesión. Dime, ¿Alguna vez te hizo daño? ¿Lo está haciendo ahora? Si es así yo lo mantendré al margen.
—No. Solo discutimos. Por favor, Garrett llévame a casa.
Edward
Cerré la puerta recargándome en ella para deslizarme lentamente, tomé mis cabellos y los jalé, desesperado, atormentado. Tenía una vez más el corazón roto. ¿Por qué no podía darse cuenta que ahora era ella quien me tenía en sus manos, que podía destruirme si realmente lo quisiera?
Sé lo que prometí, pero me sentía estancado en una relación de amistad que no avanzaba, y la llegada de William me preocupaba. Esta jugada era una navaja de doble filo. Pero desesperado, la jugué.
….
Nota: Gracias por seguir ésta historia, por sus comentarios y alertas.
Nos leemos el 15 de febrero.
P.D: En el siguiente capitulo se vale llorar.
Saludos.
Chapter 9: Chapter 9
Por amor
Una vida llena de recuerdos
Meyer es la dueña de los personajes la trama es mía.
Betas: Sarobari, Lillian M Miry Alavarez
Soundtrack por Bella Rocio
Me equivoqué de María Jose
Long Distance Bruno Mars
Ésta última es la que canta Bella al final del capitulo.
As long as you're there Charice
Nota: Preparen pañuelos…
Capitulo 9
Bella
Habían transcurrido dos días sin noticias de Edward. Me sentía impotente, atada a un sentimiento de aversión que no me permitía poder buscarlo y aceptar dar un paso adelante en la relación. Había estado a punto de ir a su casa en varias ocasiones, pero no había dado dos pasos, cuando me paralizaba. No sabía como superar el miedo a la traición o el tratar de recuperar una confianza destruida, era algo más como una fobia.
—Isabella… —llamó William.
— ¿Si?
— ¿Qué te sucede? Cada día que pasa te noto mas desanimada —dijo mientras se sentaba frente a mi escritorio. Dándome una taza de café. Era gracioso que el cotilleo aún fuera su gran y peor defecto. Sonreí.
—No es nada, solo estoy cansada.
—Sabes que soy tu amigo. Sé que no nos hemos visto en mucho tiempo pero… siempre te he considerado mi amiga y si necesitara hablar con alguien por supuesto lo haría contigo.
—Gracias. No es nada, de verdad.
¿En realidad no era nada? Me preguntaba con tristeza. ¿Edward no significaba nada?
—Bien. Pero tal vez deberías ir a descansar a casa. Cualquier contratiempo, Sue o yo nos pondremos en contacto contigo.
—Creo que tienes razón, me iré, estoy cansada.
Salí del despacho apenas tomé mis cosas, subí al auto y llegué a casa en diez minutos. Arrastré mis pies hasta la puerta de entrada, dándome cuenta que en verdad estaba agotada.
Edward
Dos días. Estaba muriendo lentamente… ¿Debía buscarla? ¿Tenía que decirle que aceptaba sus condiciones? ¿Que no me importaba como quería tenerme en su vida pero que simplemente me tuviera en ella?
—Edward, vámonos —dijo Garrett una vez subió a la grúa.
Había ocurrido un accidente, afortunadamente no hubo muertos aunque si algunos heridos. La tarde estuvo pesada y Garrett había sido enviado conmigo para ayudarme. Durante estos dos días lo había estado evadiendo, realmente no quería golpearlo. Pero la forma en la que me miraba me fastidiaba.
— ¿Qué? —pregunté una vez estuvimos camino de vuelta a la oficina.
— ¿Por qué no la llamas y aclaran las cosas?
Reí sin ánimo de alegría, más bien con sarcasmo.
—Tú no sabes nada —espeté.
— ¿Que es tu esposa?—giré mi rostro hacia él.
— ¿Qué demonios? ¿Ahora eres su confidente? ¿Su mejor amigo? ¿O, algo más? —pregunté ahora si, enardecido por su confianza con ella.
—Es tu esposa, cuidado en como la nombras —advirtió.
—No estoy nombrándola nada. Pero mejor dime cuáles son tus intenciones —miré a Garrett a los ojos por un momento. Había burla en ellos.
—Me confesó eso para impedir que te pateara el culo el día que la echaste de tu casa. No soy su confidente, y no tengo interés alguno en una mujer casada y mucho menos en ella. Lamentablemente eres uno de los pocos que no me mira como si fuera la peste, solamente quiero ayudarte.
Me rendí, que caso tenía guardarme todo si ella ya posiblemente había confiado en él.
—Es complicado.
—Tenemos por lo menos tres horas de camino, así que comienza por el principio.
—Le fui infiel en los primeros años de matrimonio —dije y esperé su respuesta.
—Eres un hijo de puta. Mejor no la busques, déjala tranquila.
—Cuando dejé a mi amante, ella nos vio y supo entonces quien era la otra mujer —le respondí ignorando su sugerencia—. Esa noche tuvo un accidente. Estuvo en coma más de una semana —el simple recuerdo me causó un estremecimiento.
—Espera… tú me dijiste en el bar que estaba enferma del corazón.
—Sí, ella enfermó… porque… era anoréxica y nunca me di cuenta, Garrett. ¿Qué clase de esposo era? La tenía prácticamente olvidada, como se olvida algún juguete que alguna vez se quiso pero luego pasa el tiempo y lo arrumbas debajo de la cama, ignorándole. Suplantándolo con algún nuevo modelo.
— ¿Qué piensas al respecto?
—Que fui un imbécil.
—Sabes lo que has hecho y en lo que eso te convierte —respondió con simpleza.
—La amo Garrett, no quiero perderla definitivamente. Nos estábamos conociendo de nuevo pero… lo eché a perder.
—Sí, lo hiciste —le dediqué una mirada fulminante—. Pero… ¿Por qué?
—Alguien que la amó está de regreso y… tengo miedo. Estoy aterrado al pensar que en cualquier momento se dé cuenta que él es mejor que yo. Que él si puede ofrecerle todo aquello que yo no. Una vida tranquila y una familia numerosa.
—A las mujeres solo hay que amarlas para hacerlas verdaderamente felices.
—A veces ni el arrepentimiento ni el amor es suficiente. Pensé que estábamos bien —me preguntaba una y otra vez qué había hecho mal—. Quise pedirle que fuera mi novia y ella no aceptó. Todo se salió fuera de control…
—No la presiones con ponerle un titulo a su relación. Si realmente ella no quisiera nada contigo simplemente no te hablaría. Ahora solo preocúpate porque vuelva a amarte.
—Entonces…
—Que sea tu novia, pero que no lo sepa. Hazle el amor, pero a ella dile que no hay compromiso a una relación formal. Luego no sé, háblale de alguna amiga imaginaria, entonces ella se dará cuenta que necesita echarte el lazo para no perderte.
—Estás loco, no puedo, yo… la engañé. Hablarle de otra mujer sería peligroso. Dañino para ella.
—No. Yo creo que se dará cuenta que está dejándote libre —declaró seguro de tener la razón.
— ¿Crees que funcione?
—Espero que si. Le prometí llevarle información sobre coches en venta. ¿Podemos pasar a su casa de manera que no sea obvio un primer encuentro contigo? —dijo moviendo las cejas sugestivamente.
—Le di un ultimátum, le dije que si me buscaba era para algo más que una amistad.
—Cede. Di que lo sientes, que estabas celoso, eres humano y puedes equivocarte.
Llegamos a Forks una hora mas tarde. Garrett inició el recorrido del pueblo hasta la casa de Bella, estaba nervioso. Al girar por su calle vi un coche estacionándose afuera de su casa. Por lo que le pedí a Garrett que disminuyera la velocidad y se estacionara antes de llegar lo suficientemente cerca para ser vistos. Un hombre rubio bajó del auto y de inmediato sentí que palidecía, era William. Su andar era despreocupado, deseaba salir de la camioneta y darle caza, convertir esa indolencia a una preocupación por salvar su vida. Aplasté el envase de plástico que aún contenía un poco de agua. Tensé la quijada y podía sentir un tic en mi ojo izquierdo.
— ¡Hey! Ethan, cálmate o sufrirás un infarto —dijo riendo. Su chiste me pareció de lo más despreciable y se lo hice saber con una mirada oscura y asesina. Al ver mi furia plasmada en el rostro dirigida hacia él, dejó de sonreír.
Miré de nuevo en dirección a casa de Bella. William esperaba que ella saliera. Entonces bajé de la camioneta y me dirigí a él. Bella, abrió la puerta y salió con una sonrisa que días antes había sido solamente mía, para cuando solía darme la bienvenida. Mi cuerpo ardía, de pronto no podía distinguir otro color que no fuera el rojo. Pero cuando la besó en la mejilla y la abrazó me detuve en seco. Mirando como ese… tenía las manos en su cintura. Escuché a Bella jadear. ¿Tanto le gustaba la cercanía de ese bastardo? Me pregunté. Entonces, levanté mi vista hasta su rostro para ver sus ojos oscuros encontrarse con los míos, negros, llenos de rencor, odio, dolor, decepción, traición, ira… amor. La había perdido.
Quería decirle tantas cosas, pero ninguna de ellas describiría como me siento. Tampoco podría decirle absolutamente nada, no me pertenecía. Hacía años que Bella ya no era mía. No había palabras para suplicarle que no me dejara, y si las había, no podía pedirlo. Yo la amaba, pero debía dejarla ir, porque eso era lo correcto ¿no? Lo prometí.
Siempre me he preguntado, por qué cuando ella me vio cenando con Rosalie no se acercó y me reclamó, por qué fue silenciosa al irse, por qué simplemente me dijo adiós en una nota.
Ahora lo sé. Porque me amaba y me dejaba en libertad para ser feliz con quien ella creía que era mi felicidad. Di media vuelta y emprendí mi camino de regreso a la camioneta…
—Edward…
La escuché llamándome, me detuve por un instante más no me giré a mirarla. Si lo hacía, le diría cuanto la odiaba y despreciaba. Me sentía traicionado. Pero no era lo correcto decirle esas cosas, porque en realidad yo estaba muerto, no existía y simplemente ella ya no era nada mío. Continúe mi camino…
—Edward… por favor mírame.
No lo hice. Si lo hacía, después de hacerle saber mi odio, caería de rodillas y le suplicaría que no me abandonara. Que ironía. Cuando años atrás fue ella quien me suplicó de rodillas que no la dejara.
—Estoy trabajando.
Dicho esto me fui lo más pronto que pude.
No recuerdo haberme subido a la camioneta o llegar a la oficina. Ahora estaba de pie bajo la lluvia frente a mi motocicleta. ¿Cuánto tiempo he estado ahí de pie? No lo sé.
—Ethan, ¿te encuentras bien? —preguntó Garrett. Asentí.
Subí a la moto y manejé al bar donde ella y yo volvimos a encontrarnos. Una vez estacioné la moto, entré al bar dirigiéndome a la barra. Ahí pedí una cerveza tras otra…
Bella.
Estaba arruinada.
¿Qué debía hacer? Era tan estúpida que simplemente lo dejé ir sin darle ninguna explicación. Era media noche, había creído que él llegaría una vez entregara la grúa y el papeleo a Harry. Pero para esta hora, me daba cuenta de que en realidad él no vendría. Lo sabía, porque él me lo había dicho. No quería verme, a menos que yo lo buscara y diéramos inicio de nuevo a nuestra relación sentimental. Suponía el gran esfuerzo que hizo para hacer a un lado su orgullo y su ego para haberse presentado aquí, en mi casa, rompiendo su propia norma. Y al verme en brazos de William… lo estropeé todo. Desde que William se había retirado hace unas horas, no había parado de llorar sintiéndome horrible por hacer que Edward sufriera sabiendo cuanto me ama. Ahora puedo darme cuenta de que su cariño y sus palabras de amor son verdaderas al demostrarme que es capaz de cualquier cosa, incluso pasar por él mismo para tenerme a su lado.
Ahora me tocaba a mí.
Caminé hasta el teléfono y marqué al servicio de taxis. Temía quedar varada de nuevo si utilizaba mi coche.
Una hora más tarde, con mochila en mano, estaba de pie tocando la puerta de la casa de Edward. Las luces estaban apagadas, rodeé la vivienda en busca de la motocicleta. No la encontré, sin embargo di con la ventana entre abierta de su recamara. Afortunadamente ahora mi cuerpo era delgado, lo suficiente para treparme y entrar por ahí. Daba gracias porque la casa fuera de un solo piso y no de dos, ¡donde tuviera que escalar!
Una vez dentro, guardé la mochila en su closet, no encendí las luces por temor a ser denunciada por allanamiento de morada. Así que avancé en la oscuridad, topándome y golpeándome en el camino de vez en cuando hasta que encontré la cama. Me recosté, estaba agotada de llorar, pensar y de nuevo llorar. Después de algún tiempo me quedé dormida.
El estruendo de una puerta seguido de un trueno me despertó, llovía. No estaba segura de que el ruido anterior fuera la puerta, por lo que esperé unos segundos para intentar escuchar algo más, pero nada… hasta que unos toques insistentes se escucharon en la puerta principal. Me puse en pie, pensando en que Ethan aun no se encontraba en casa. Pero fue mi sorpresa al ver las luces de la sala encendidas. Caminé por el pasillo y entonces escuché la voz de Charlotte.
—Ethan, mi hermano me dijo hace rato lo que sucedió con ella.
— ¿Qué quieres Charlotte? No estoy de humor —habló arrastrando las palabras, había bebido.
—Ethan, se que para ti soy una niña pero… quiero que me mires bien, no lo soy.
Vi a Edward dejarse caer en el sillón que quedaba a la vista del pasillo donde me encontraba. Podía verle de perfil. Él estaba mirando hacia el frente de una manera tensa. Los murmullos y roces de la ropa se escuchaban hasta que cesaron.
— ¿Qué es esto?
—Hazme el amor Ethan, quiero que seas el primero. No me importa si en este momento piensas que yo soy ella. No lo sé, tal vez si te das la oportunidad puedas darte cuenta que podríamos tener algo juntos.
No podía creerlo, estaba en shock ¿Qué se pensaba esa mocosa? Un momento. ¡No! ¿Acaso los sonidos que se habían escuchado anteriormente eran porque…?
— ¿Ya terminaste de hablar Charlotte?
—No, Ethan. Quiero que sepas que estoy dispuesta a todo para complacerte. Yo puedo darte lo que quieras.
Ella estaba seduciéndole, estaba segura de que Edward aceptaría. Después de todo era un hombre de carne y hueso. Pero quería imaginarme que Edward la rechazaba y entonces…
— ¿De verdad Charlotte, puedes darme lo que quiero?
—Si, pídemelo. Lo que sea.
Era una maldita ofrecida. Estaba a punto de salir de mi escondite, cuando Edward volvió a hablar.
—Quiero que vuelvas el tiempo atrás, al momento en que la abandoné cuando me dijo que no podía tener hijos. Detén mi mano antes de siquiera profanar su rostro con mi golpe. Impídeme revolcarme cada noche con su mejor amiga. Cierra mi boca para que no la hiera con mis palabras. Abre mis ojos para observarla y ver el daño que se hacia a si misma. No dejes que me suplique de rodillas un poco de afecto. Sálvale la vida a aquella persona que fue su donante de corazón. Detén a mi padre para que no llegue a tiempo para salvarme y permíteme entregarle mi corazón en bandeja de plata. ¿Puedes hacerlo, Charlotte?
No podía ver su rostro, pero si podía escuchar la intensidad de sus sentimientos con cada palabra dicha.
—No Ethan, no puedo volver el tiempo. Ella está ya con alguien más. No te ama.
—Entonces dile que soy un monstruo egoísta, consumidor de su alma. Que soy tan maldito que la quiero para mí y me importa un bledo condenarla a mi persona por el resto de nuestras vidas. Que no me afecta no poder hacerla madre. Que la amo y la necesito para poder funcionar, sin ella simplemente no puedo continuar. Dile que venga y me dé un poco de su compasión o su lástima, pero que no me abandone. Que me permita ser algo en su vida. Su amante tal vez o su simple jodido amigo. Solo dile que la amo.
Estaba impactada por su confesión. Yo estaba haciéndole tanto daño con mi indecisión. Y ella envenenándolo aun más.
—Ethan, puedo ayudarte a adormecer el dolor. Cierra tus ojos e imagina que soy ella y tómame entre tus brazos, hazme el amor como lo harías con ella.
— ¡No! ¡Tú no eres ella! Quiero que te vistas y te largues de mi casa. No me interesas —dijo con desprecio.
—Pero…
Ella estaba seduciéndolo, una prueba más de que Edward ya no era el mismo de antes, que hubiera aceptado acostarse con ella sin mucho esfuerzo, ella no era Rosalie, era una joven hermosa e inexperta, yo ya no era esa esposa sumisa y estúpida.
— ¿Qué no escuchaste? ¡Que te largues ahora mismo de aquí! —Salí de mi escondite mientras hablaba, ella dio un salto hacia atrás al verme. Miré a Edward, estaba pálido, con la boca abierta, asustado. De nuevo me dirigí a Charlotte.
—Yo…
—Tú nada. Lárgate de aquí y no quiero que vuelvas a acercarte a mi marido, a hablarle y mucho menos mirarle. Te lo prohíbo. Porque escúchame bien, soy capaz de arrastrarte desde donde te encuentres hasta la playa y ahogarte.
Ella levantó su ropa, pero antes de que comenzara a colocársela la empuje hacia atrás con fuerza. Estaba furiosa por meterse con mi Edward. Abrí la puerta…
— ¡Espera, estoy desnuda!
— ¿Ahora te pondrás pudorosa? ¡Por favor no me hagas reír! Esto te lo tienes merecido por desnudarte frente a un hombre casado.
La terminé de empujar fuera de la casa, haciendo que chocara contra el pecho de Garrett que estaba estático mirando la escena sin poder creérselo.
— ¿Qué demonios sucede aquí? —dijo Garrett, mientras intentaba cubrir a su hermana con su chamarra. Las manos de Edward sujetaron mis hombros. Sin embargo eso no me impidió responder.
—Como puedes ver —señalé a Charlotte—, tu hermana se le ofreció a Ethan de esta manera tan descarada aun cuando él la rechazaba. Ellos no sabían que yo estaba aquí. No quiero verla de nuevo cerca de mi marido, Garrett, porque te juro que no responderé de mis actos.
Garrett miró a su hermana asombrado.
— ¿Por qué Charlotte? ¿Qué pretendías con tus estúpidas acciones?
Fue lo último que escuché antes de azotar la puerta frente a ellos. Me solté del amarre de Edward.
—Solamente te diré tres cosas, Edward… la primera, cuando vivamos juntos no quiero que llegues tarde a casa o que simplemente no vengas a dormir. La segunda, no quiero a ninguna de tus vecinas enamoradas merodeando por aquí y ofreciéndose como tributo a ti, como si fueras un dios pagano del sexo; y tercero, William solo estaba dándome las gracias por haber cuidado de sus bebés mientras regresaba de una cita con un cliente. La niñera tuvo un percance y no pudo recogerles de la guardería, su madre estaba en una cirugía. Ahora, aclaradas las cosas no quiero volver a tocar el tema Charlotte o William nunca más. ¿Comprendes?
—Ajá… no entiendo —se veía realmente confundido, tratando de esforzarse por hacer funcionar su cerebro alcoholizado.
— ¿Estás de broma? —Después de todo lo que había escuchado decirle, quería jugar con él un poco—. ¿No fuiste tú quien me dijo, que el día que te buscara lo hiciera para dar un paso más a nuestra relación? Pues aquí estoy, aceptando ser tu novia. Pero si te has arrepentido es hora de decírmelo, no mañana, ni en algunos meses o años. Es ahora.
—Está bien… solo estoy…
—Olvídalo ¿quieres? No deseo volver a hablar de eso. Vayamos a dormir —rogué. Estaba cansada pero también deseaba sus brazos.
Recostados en la cama yo le daba la espalda. Me sentía extraña.
—Bella… —me removí de nuevo para acomodarme frente a frente.
—Por favor, no me traiciones, no lo hagas. No me mientas —le pedí mientras acariciaba su rostro con mis manos.
—No, jamás, no te arrepentirás. Te lo juro.
Edward
El despertador timbró, adormilado lo apagué. Aún no muy consciente, los recuerdos fugaces vinieron a mi mente. Charlotte frente a mí desnudándose, y luego ella desaparecía para tener a Bella entre mis brazos mientras lloraba y me suplicaba algo que no podía recordar. En estos momentos estaba solo en la cama, por lo que llegué a pensar que era algún sueño.
Pero un ruido proveniente de la cocina me hizo despertar completamente. ¿Qué había hecho? ¿Me había acostado con Charlotte? ¿Ella estuvo realmente aquí? Si Charlotte estuvo aquí y yo cedí a sus encantos, entonces era un completo estúpido, hijo de puta, que no aprendía de mis errores.
Me levanté enseguida y me puse los pantalones. Me aseé y caminé fuera de la habitación. Crucé el pequeño pasillo hasta la sala, no había señales de quién podría ser la persona invasora de mi casa, y finalmente llegué a la cocina. Cuando me quedé en el umbral, la vi.
Bella, cantaba y bailaba la canción de la radio mientras cocinaba. Se notaba feliz, sus piernas desnudas, mi playera acariciando sus curvas, su cabello hecho un desastre. Pero nada de eso importaba, ella estaba ahí, en mi cocina, vistiendo mi ropa. Y yo no podía estar más feliz. La amaba y la había extrañado tanto que ahora tenía un nudo en la garganta, y como una niña quería llorar. Porque ahora podía tener la certeza de que me había perdonado. Sin que me lo dijera yo podía sentirlo. Ella cantaba para mí. Bella sabía que estaba detrás de ella. Siempre intuía donde podía encontrarme.
Caminé hasta ella, abrazándola por la espalda para terminar besando el hueco de su cuello, ocasionándole cosquillas.
—Preparé el café para ver el amanecer.
—Vamos —tomé su mano y caminamos hasta fuera de la casa. Ella había cogido en el camino una manta.
Nos sentamos en silencio en la banca de madera. Había neblina y hacía frío, por lo que ella nos cubrió a ambos con la manta. Con un brazo la atraje hacia mí y la abracé, mientras que en la otra mano sujetaba mi taza de café. Entonces, la maravilla se hizo frente a nuestros ojos.
—Simplemente hermoso —dijo.
—Perfecto —respondí
—Mírame —me ordenó y así lo hice— Eres un vanidoso, Ethan Reader—dijo antes de besarme.
Fue el beso más cálido y lleno de amor que habíamos compartido. Tierno, tan lleno de su alma y mucho más de su corazón. Cuando nos separamos nuestra respiración era errática.
—Ethan Reader… ¿Quieres… ser mi… novio? —tartamudeó, como la primeriza en declaraciones de amor que era ella.
—No.
— ¿Qué?
—He dicho que no, hasta que realmente estés segura de que no podré darte un hijo. Pero estoy dispuesto a aceptar una inseminación en un banco de esperma. Solo déjame ser parte de tu vida y la del bebé que puedas concebir.
—Te amo —declaró.
—Yo también te amo.
— ¿Lo tomo como un sí?
—Déjame pensarlo…
—Eres un idiota.
Volvimos a besarnos con amor y deseo.
Entonces recordé lo que había pasado la noche anterior. Al final Garrett tenía razón, un poco de celos fue la solución. Lamentaba haber utilizado a Charlotte, exponiéndola de esa forma. Pero en la guerra y el amor todo valía.
Cuando llegué a casa, fui directo a mi recamara, encontrándome con Bella dormida en mi cama. Se veía tan hermosa. La manta que había cogido Bella esta mañana, era la manta que había llevado la noche anterior a la sala para dormir en el sofá. Pero Charlotte llegó antes, toda insinuante. Esa situación me pareció la oportunidad que necesitaba para recuperar la confianza de Bella, de conseguir su perdón y simplemente la tomé sin sentir una pizca de remordimiento.
¿Cómo sentirlo, si ahora ella estaba en mis brazos? Al diablo con el mundo, haría cualquier cosa por tener a Bella conmigo. Siempre fui un egoísta de mierda, para qué seguir negando lo que soy. Estoy dispuesto a pasar por quien sea y aceptar cualquier cosa para que ella siga permaneciendo en mi vida.
Nota:
Edward malvado pero mejorado un poquito ha vuelto.
Gracias por su apoyo, por sus comentarios y sobre todo por dedicarme unos minutos de su valioso tiempo para leer esta historia. Se que van dos capítulos que no respondo sus review. La razón es simple estoy intentado terminar el fic lo más pronto posible ya que me quedare de nuevo sin computadora durante dos meses. Es por eso que ocupo el tiempo en escribir y escribir. Disculpen, pero no quiero dejarlas esperando tanto tiempo.
Gracias por su comprensión. Juro que me daré un tiempo para responderles.
Nos leemos en el siguiente capitulo el día 22
Besos y buen fin de semana.
Chapter 10: Chapter 10
Por amor
Una vida llena de recuerdos
Meyer es la dueña de los personajes la trama es mía.
Betas: Sarobari, Lillian M Miry Alavarez
Soundtrack por Bella Rocio
I Don't Wanna Miss A Thing Aerosmith
Just A Kiss Lady Antebellum
Contenido para mayores de 18 años.
Capitulo 10
Primera vez
Edward.
Después de estar un rato abrazados sin decir nada, nos adentramos a la casa. Bella preparó más café. Buscó entre los estantes de la cocina algo comestible para desayunar. Obviamente no encontró nada y murmuró algo sobre ir de compras después del trabajo. Nos bañamos uno después del otro, aunque yo hubiera querido hacerlo juntos. Ella buscó y sacó de mi closet una mochila que no había visto la noche anterior. Venía preparada para amanecer en mi casa y eso me gustó, sacándome una sonrisa boba.
La llevé hasta su oficina, después de despedirnos con un largo beso regresé a La Push lo más pronto posible. Aunque detestaba la impuntualidad, el haber llegado cinco minutos tarde había valido la pena. Y si cada día la causa de mi retraso en el trabajo era Bella, no me importaría hacer de ese mal hábito una buena costumbre.
El coche de Garrett estaba estacionado ya en su lugar, algo extraño de ver. Sonreí. Entré al establecimiento pero no había nadie en la recepción. Caminé hacia la oficina de donde provenían las voces de Garrett y Harry.
—Siento que deberías pensarlo un poco más antes de hacer o de tomar una decisión tan precipitada. ¿A dónde irán? Y sobre todo, ¿de qué vivirán? —decía Harry en ese tono preocupado que sólo un hombre de su edad podía mostrar; ya que para él, nosotros éramos su familia. Harry no tenía más que a Leah como familiar directo. Prácticamente aquí se encontraba tan solo como nosotros.
—Charlotte está descontrolada y temo que se meta en problemas y se cree mala fama con lo sucedido…
—Garrett —interrumpí, él y Harry me miraron sorprendidos, no se habían percatado de mi presencia hasta ahora.
—Buenos días Ethan. Los dejo para que hablen —dijo Harry retirándose de su oficina.
Ambos nos miramos sin saber qué decir realmente. Me sentía responsable porque hubiera decidido irse llevándose a su hermana con él. Después de todo había utilizado a Charlotte, y permitiendo que ella se ofreciera y desnudara ante mí, para mi propio beneficio.
—Lamento mucho si el comportamiento de Charlotte te trajo más problemas con Marie —se disculpó con verdadera preocupación.
—No pasó nada, ella y yo solucionamos nuestros problemas. Pero gracias por preocuparte.
—Charlotte y yo nos vamos. No quiero que ella ande en boca de todos y después no pueda encontrar a alguien que la respete.
—Lo sucedido con Charlotte no lo sabrá nadie. Ni Marie ni yo diremos nada.
—Lo sé —dijo después de un largo suspiro. Parecía cansado.
—Entonces, ¿por qué quieres irte?
—No sé cómo manejarla. Ella está arrepentida, pero si nos quedamos temo que haga otra estupidez.
— ¿No has pensado que lo único que estás enseñándole a tu hermana es a huir de sus problemas? Deja que se enfrente a sus errores. Sé que será incomodo, pero ella debe aprender a cargar con sus culpas y encontrarles solución.
— ¿Qué hay si ella intenta otra cosa estúpida contigo para comprometerte?
—No lo hará y si lo intenta le pondré un alto. Pero te advierto que no seré bueno. Ella debe aprender cuando retirarse del juego. Por las buenas o por las malas.
Era lo menos que podía hacer para que se quedaran, después de todo era mi responsabilidad y culpa.
Bella
No podía creer mi comportamiento poco ético al besarme con Edward fuera de mi trabajo, casi como una colegiala fuera de la escuela. Pero era imposible no besarlo, sus labios eran adictivos. Había sido una estúpida al llevar una relación de amistad durante tanto tiempo. Ahora podía verlo mejor, no había razón para tener miedo a otro engaño. Edward no volvería a cometer el mismo error dos veces. Y yo tampoco permitiría a mi mente cegarse ante un amor no correspondido.
Cuando William cruzó la puerta su mirada buscó mi ubicación, al ver que yo le observaba desde mi escritorio, sonrió. Dejó su saco y su portafolio en su lugar. Fue a la cafetera y preparó dos cafés. Aun cuando me llevó uno a mí, no preguntó nada en cuanto a lo sucedido el día anterior. Estaba un poco avergonzada con él. Le había mentido, claro, había sido para proteger la identidad de Edward. Pero él era un amigo que sabía guardar secretos y había descubierto mi mentira topándose de frente con la verdad.
El día anterior, después de haberme ido a casa, me llamó Sue diciéndome que la niñera de William se reportaba enferma y que no podría cuidar a los niños. Regresé a la oficina, William estaba en los juzgados, en su expediente personal se encontraba el número telefónico de su ex esposa pero éste se encontraba fuera de servicio. Intentamos localizarlo nuevamente y en esa ocasión dio resultado, él respondió el llamado. Al comentarle la situación me pidió recogerlos, ya que no tenía a nadie más a quien llamar; él nos dijo que hablaría a la escuela. La directora era una conocida de su ex mujer, por lo que suponía no habría que llamarla para autorizar que una persona que no era la niñera los recogiera.
Eran unos niños encantadores y bien educados. Estuvimos en mi casa hasta que William fue a recogerlos. Ellos estaban en la cocina comiendo cuando su padre llegó. Al verme me dio las gracias abrazándome, detrás de él estaba Edward. Su rostro era de dolor y odio. Conocía la sensación, era la misma que yo tuve al verlo con Rosalie.
Después de mis vanos esfuerzos para hacerme escuchar, se fue. William me dijo que debía irse, pero que si necesitaba algo se lo hiciera saber. Pero lo que yo necesitaba se había ido minutos atrás.
—Ya, pregunta ¿qué quieres saber? —Le di carta blanca para preguntarme al verlo por séptima vez mirándome a escondidas.
— ¿Te reconciliaste con tu difunto esposo? —preguntó William con sarcasmo mientras tomaba asiento frente a mí. Sue frunció el ceño al no comprender el significado de la pregunta.
—La gente no se enoja con los muertos. Ellos muertos están, no sirve de nada perder el tiempo y amargarte la vida —murmuró Sue.
—No está muerto, sólo estaba enojada con él y no quería verlo —respondí.
—Hablamos en la hora de la comida —susurró William, al notar de nuevo mi mentira.
Edward
El día había estado muy tranquilo, lo que quería decir que podría ir al pueblo a comer con Bella. Arranqué la grúa en dirección a nuestro restaurante feliz porque conseguiría verla durante una hora. Cuando llegué a la avenida en donde se encontraba la oficina de Bella comencé a buscar un lugar para estacionarme. Pero a esa hora era casi imposible, había autos estacionados por todas partes. No fue hasta unas calles delante de su trabajo que encontré espacio para estacionarme. Me dirigía hacia el restaurante donde solíamos comer, cuando la vi caminando al lado de William. Esperé en la acera del otro lado. No dudaba de ella, pero siempre se tiene curiosidad por saber cómo es el comportamiento de tu pareja frente al sexo opuesto cuando tú no estás. Y no, no eran celos.
Había una gran ventana por la que podías ver hacia el interior del establecimiento. Ellos se sentaron frente al ventanal. Ordenaron y comenzaron a charlar…
Bella
William hablaba en serio cuando sentenció que más tarde hablaríamos, ahora estaba acompañándome a comer para interrogarme. Sentados uno frente al otro de una manera demasiado cerca, se podría decir que demasiado íntima; tan cerca que podía admirar mejor sus facciones varoniles. Su rostro ya no era el de un joven seductor, ahora era el de un hombre demasiado atractivo. Él era esa clase de hombre bello que a cualquier mujer le gustaría admirar.
— ¿Por qué me dijiste que Edward estaba muerto? —ésta pregunta había sido el inicio de nuestra conversación.
—Programa de Protección a Testigos —respondí sin miedo. Sabía que podía confiar en él.
—Supongo que tú no entraste al programa —afirmó para después dar un bocado.
—No.
—No deberías verlo entonces. Eso los pone en riesgo a ambos y lo sabes —me miró con el ceño fruncido como cuando se preocupaba de verdad.
—Nadie sabe que estoy aquí.
—La casa en la que vives está a tu nombre.
—Es posible que ya no viva ahí dentro de poco —refuté.
— ¿Vivirán juntos? —preguntó levantando la vista de pronto de su plato.
—Somos pareja.
William tomó mi mano mientras me miraba a los ojos.
— ¿Por qué no estás con él? —Había olvidado lo intuitivo que era, siempre mirando más allá. Reconociendo la mentira y el secreto. Cualidades que lo hacían bueno en su trabajo.
—Estoy con él —sonreí. El acarició con su pulgar mis nudillos y fue entonces que recordé que estaba tomando mi mano. También recordé que era una caricia muy común entre nosotros. Pero eso había sido en el pasado, cuando éramos amigos y no había alguien de por medio que lo pudiera tomar a mal.
—No. Es como si él hubiera aparecido en tu vida hace poco tiempo. Si no te llevó con él, es porque no te ama lo suficiente.
—O que me ama lo suficiente para no exponerme al peligro.
—Mientes.
—No sabes nada —retiré mi mano y le miré con los ojos entrecerrados. Él sonrió.
—Reconozco un matrimonio roto por la infidelidad a kilómetros…
Tomé un trago de mí bebida. Sí, conocía el tema por experiencia propia. ¿Cómo engañarlo?
—Yo le fui infiel —dije segura.
—No. En su mirada vi resignación. La misma mirada de mi ex esposa cuando me encontró con mi amante. Él fue el infiel.
— ¡¿Qué?! Habías dicho que fue ella.
—Sí, lo mío fue después. Pero la verdad sólo lo hice cuando me di cuenta de que no había terminado con su amante. Fue una especie de venganza, hasta provoqué que ella me encontrara. Tenía demasiado enojo dentro de mí. Yo esforzándome en que la relación funcionara, dejé mi trabajo para regresar aquí y tener más tiempo para ellos. Para ella en especial. ¿Y cómo me pagó?
—Lamento que no haya funcionado.
—Volverá a hacerlo tarde o temprano. Lo hará Bella, no te engañes.
—No, hay mucha historia que contar y…
—Siempre estuve enamorado de ti, sé que tú también lo estabas, pero eras demasiado insegura para captar mis indirectas. Y cuando estaba decidido a ir más rápido, llegó él —de nuevo tomó mi mano, pero en ésta ocasión con ambas manos—. Dime, nunca te has preguntado que hubiera sido si…
—No. Yo amo a Edward.
—Si lo hubiéramos intentado antes de que él llegara, no puedes saberlo. Pero ahora sí.
—Él es mi esposo—retiré mis manos de entre las suyas.
—Sí, fui un idiota. El día que iba a confesarme, tú llegaste y me dijiste que él te había pedido ser su novia. Guardé mis sentimientos con la esperanza de que terminaran pronto. Sin embargo, a los pocos meses te casaste.
—Él hace poco me habló sobre su charla.
— ¿De verdad? —preguntó mientras que intentaba acariciar mi rostro. Retrocedí, impidiéndoselo.
—Sí, y si continuas con éste comportamiento voy a despedirte —soltó una carcajada.
— ¿Te pongo nerviosa? Porque si es así, significa que no te soy indiferente.
— ¿Qué? —mi teléfono celular sonó con el tono de Edward. Era un mensaje en el que me decía que estaba afuera esperándome. Giré mi rostro y lo vi de pie mirándonos. Estaba furioso, con los puños cerrados, y su rostro rojo, muy rojo. De inmediato salí para encontrarme con él.
Crucé la calle y cuando estuve frente a él no me dijo nada, simplemente me tomó de la cintura y me besó. Yo le respondí el beso de manera apasionada, por temor a que tomara mi falta de entusiasmo como un rechazo debido a la mirada de William.
—No es lo que piensas —le dije en cuanto el beso terminó.
—Yo no pienso nada, Bella. Confió en ti y sé que no me defraudarás.
Si lo sabía, ¿por qué estaba furioso? Además de que de cierta forma sus palabras me estremecieron. Confiaba en mí o al menos lo estaba intentando.
—Le dije que te amaba y que…
—No me des explicaciones o comenzaré a pensar que sientes alguna atracción por él y por eso te sientes tan culpable que necesitas excusarte por un pecado no cometido. Y el hecho de que tú no me tengas confianza no quiere decir que yo no te la tenga a ti.
—Lo siento, tienes razón. ¿Comemos juntos?
—No, Harry me envió una alerta, debo irme. Sólo que estaba cerca de aquí y quise venir a saludarte.
Me tomó entre sus brazos y me besó nuevamente. Mis piernas temblaban y el aire me faltaba, más por la intensidad de su beso que por el hecho de contener la respiración.
—Ahora, se una buena chica y termina de comer, que me gusta tu delicioso trasero y no me gustaría que desapareciera —dio un ligero apretón en mi trasero.
— ¡Oye! No hagas eso.
— ¿Por qué?
—Porque hay gente alrededor y eso se ve mal.
—Te amo.
—Yo también te amo.
Y ahora fui yo quien inició el beso. Cuando finalmente ya me iba, él me giró de nuevo, tomando mi rostro con ambas manos.
—Prométeme que no le hablarás sobre nosotros, me refiero a nuestros problemas y situación sentimental.
— ¿Por qué?
—Por favor.
—Sí.
—Esa es mi chica —dicho eso, besó mi frente y se marchó.
Edward.
Maldito hijo de… Mierda, sólo faltó un poco para que entrara ahí y me fuera directo a su yugular. ¿Cómo se atrevía a tomar su mano? ¿A siquiera intentar seducirla tan estúpidamente? Tenía ganas de tener una charla bastante extensa con ese…
Pero no caería en su juego. Si lo hacía, me expondría ante ella, y si quería que Bella confiara en mí, debía demostrarle que yo lo hacía. Y por supuesto confiaba en ella, en quien no confiaba era en él.
Bella
Llegué a casa lo más rápido que me fue posible después de haber revisado un caso muy especial que estaba llevando William. Él había estado mirándome de una manera extraña, que no me hacía sentirme incomoda sino todo lo contrario, me alagaba. Y aunque jamás lo reconocería en voz alta, yo también me preguntaba que hubiera sido si…
Moví mi cabeza a ambos lados tratando de despejar ese pensamiento de mi mente. Unos toques a la puerta llamaron mi atención, era Edward que venía por mí para salir al cine.
—Veo que hiciste caso a mi sugerencia —dijo después de saludarme con un beso y un abrazo.
—Si te gusta verme con falda… ¿por qué no complacerte? —mi respuesta fue acompañada con una caricia en su pecho.
—Que complaciente.
Cuando llegamos al cine no había demasiada gente, sobre todo porque era Martes. Cuando entramos a la sala de inmediato me arrastró a la parte trasera, dejándome en el rincón, alejados de las pocas personas que había en el lugar.
Cuando apagaron las luces no perdimos tiempo, me abrazó de inmediato y buscó mis labios. El ambiente oscuro y lleno de personas que bien podían descubrirte besando a tu novio, causaba una sensación de adrenalina. Edward se quitó la chamarra y cubrió nuestras piernas. Entonces, hizo algo que jamás había hecho en público en toda nuestra vida juntos. Metió su mano por debajo y comenzó a acariciar mis muslos mientras me besaba sugerentemente.
Me hizo temblar cuando acarició cerca de mi intimidad, entreabrí mis piernas y entonces dejó mis labios para besar desde mis mejillas hasta mi lóbulo. Luego de mordisquearlo un poco, con su pulgar comenzó a acariciar en círculos la piel expuesta de mis piernas.
— ¿Me amas? —preguntó con voz ronca en un susurro. Era tan sexy.
—Sí —dije en medio de un jadeo al sentir su pulgar rozar mi sexo.
—Demuéstramelo —acarició dos veces.
— ¿Co… como?
—Hagamos el amor.
— ¿En mi casa o en la tuya? —pregunté excitada ante el pensamiento y las imágenes que pasaban por mi mente.
—Vamos a un hotel.
— ¿Qué? —Negué con mi cabeza de un lado a otro—. En mi casa.
Se apartó de mí y cruzó sus brazos sobre su pecho. Privándome de sus deliciosas, excitantes y ardientes caricias.
— ¿Entonces no me amas?
—Claro que si te amo —dije intentando descruzar sus brazos. No me gustaba verlo enojado.
—Entonces vamos al hotel que se encuentra a dos calles de aquí —propuso.
— ¿Por qué un hotel si tenemos dos casas disponibles? —susurré cerca de su oído. Vi a una mujer que volteó hacia nosotros, al parecer había escuchado.
—No. Tú no me amas —me señaló con su dedo índice y continuó—, si lo hicieras vendrías conmigo. Pero está bien. Apuesto a que Charlotte si me ama y no tendría reparo en acompañarme a ese hotel si se lo pidiera.
— ¿Qué? —Él cubrió su boca con la mano para amortiguar el sonido de su risa. Entonces comprendí el juego—. Está bien, te amo y voy a demostrártelo dándote mi primera vez en un hotel.
Me sujetó de la mano y salimos del Cine a tan solo treinta minutos de haber comenzado la película. Caminamos en silencio hasta el hotel que había dicho. Estaba nerviosa. Yo había llegado virgen al matrimonio, por lo que nunca pasé por esta experiencia de sentir que hacías algo indebido. La sensación de que cuando ibas en camino al hotel, la gente con la que cruzabas te miraba como si supieran lo que ibas a hacer. Cosa improbable hasta que te veían entrar al hotel de la mano de un hombre.
La recepción era pequeña, el hotel no era cinco estrellas, de hecho parecía uno de paso. El hombre que nos atendió me lanzó una mirada y yo me escondí detrás de Edward, sonrojada. Mis manos sudaban, me sentía expuesta como si anduviera desnuda. Pero en realidad era el hecho de que ellos sabían qué hacía yo ahí. Tragué en seco y me decía a mi misma que no debía avergonzarme, pero era inútil. Pensaba que por las mentes del personal del hotel se les pasaban las imágenes de nosotros teniendo relaciones.
—Una habitación sencilla —solicitó Edward.
—Habitación 215. ¿Condones? —preguntó el hombre. No los necesitábamos, como si pudiera quedar embarazada. Rodé los ojos.
Edward se giró para poder mirarme a la cara y entonces con una sonrisa maliciosa preguntó: —¿Cariño, como quieres tu primera vez? ¿Con condón o sin condón? —Abrí la boca y luego la cerré, ¿cómo demonios me preguntaba eso? Moría de vergüenza, no sabía qué responder.
—Condones, no queremos que la deje embarazada ¿Verdad? —dijo el hombre, quien estaba intentando no reírse. Entrando también a la burla. —O que la contagien de alguna enfermedad indeseada —dijo en mi dirección y me guiñó un ojo.
—Por supuesto —Edward respondió.
Cuando entramos al elevador lo pellizqué.
— ¡Auch!
—Nunca me había sentido tan avergonzada —dije mientras Edward se reía de mi.
—Debí quitarte la virginidad antes de casarnos.
Cuando las puertas del elevador se abrieron caminamos por el pasillo en busca de nuestra habitación, me sentía rara y muy nerviosa; todo estaba silencioso. No sé qué esperaba, pero no algo completamente silencioso. Cuando la encontramos y entramos comencé a inspeccionarla, en realidad sólo estaba haciendo tiempo. Edward se quitó la chamarra, y después me atrapó entre sus brazos cuando abrí el armario.
Besó mi cuello y luego lo mordisqueó.
—No me gustan esos espejos —dije—. Siento que están observándonos detrás de ellos.
—No hay nadie detrás —dijo en mi oído y luego se separó de mí.
Buscó el control remoto de la televisión y la encendió.
—Pero los espejos de las paredes son sospechosos. ¿Qué tal si hay alguien que esté filmándonos del otro lado de la habitación? ¿Y si después encontramos nuestra noche en Internet?
—Te encuentras demasiado nerviosa. Tranquila amor, no haremos nada que no hayamos hecho antes —dijo mientras cambiaba de canal.
Se sentó en la cama y yo junto a él. Continuó buscando entre los canales hasta que dio con una película de pornografía. Lo miré entre asustada y sorprendida, nunca habíamos visto una juntos. Parecía que a él no le importaba verla en mi presencia.
Luego él me miró, se acercó lentamente hasta que atrapó mis labios con los suyos, comenzamos a besarnos con el sonido de la película como música de fondo. Lentamente me recostó en la cama pero recordé los espejos, luego sentí la cama desconocida y el pensamiento de otras personas haciendo el amor en ella me dio asco.
— ¡Espera! —grité mientras que lo empujaba lejos de mí.
— ¿Qué pasa? —preguntó frustrado.
—No lo sé, estoy nerviosa.
—De acuerdo.
Nos sentamos de nuevo y comenzamos a ver la televisión.
Eran dos parejas, la primera tenían sexo oral. Ella disfrutaba como si tuviera una enorme paleta en su boca. En la segunda pareja, el hombre tomaba a la mujer de una manera salvaje. Si fuera una virgen estaría asustada ante tremenda escena grotesca para una inocente, pues la mujer gritaba como si la partieran en dos, no se podía asegurar si gritaba por placer o por dolor.
De nuevo vi el rostro de Edward que disfrutaba de la película.
— ¿Cariño, podrías hacer eso la próxima vez? —señaló la pantalla. Una mujer gritaba y la otra jugaba con su lengua y el miembro de su pareja.
—Puedo hacerlo ahora —dije sugestivamente mientras le acariciaba el pecho.
Carraspeó —¿En serio?
—Sí.
Se reacomodó recostándose en la cama, se desabrochó el pantalón, parecía contento, como un niño pequeño a punto de recibir un regalo. Colocó los brazos detrás de su cabeza. Entonces lo hice…
— ¡Oh! ¡Sí! ¡Oh Dios! ¡Oh Dios! ¡Sí, sí, sí!… —grité.
Edward de pronto se sentó, tenía la boca abierta hasta que por fin soltó la carcajada y cubrió mi boca con su mano. Yo ya no pude más, también reí por mi estúpida broma. Reímos un buen rato, me dolía el estomago y las lágrimas salían sin compasión.
Cuando paramos de reír, Edward se puso de pie y dijo: —Vámonos de aquí.
Yo estaba más que agradecida con él. No me gustaba el hotel y su ambiente.
Cuando llegamos a la recepción estaba menos nerviosa, ya no me importaba como me miraran las personas del hotel. El hombre de la recepción me miró a lo que yo le respondí.
—Pésimo amante —chasqué la lengua y Edward jadeó.
El hombre de nuevo se contuvo para no reír. Mientras que yo les daba la espalda y me dirigía a la entrada del hotel.
— ¿Por qué le dijiste eso? —Edward preguntó cuando me alcanzó.
—Tú insinuaste que era virgen y no hemos estado ahí más de veinte minutos.
—Te llevaré a casa —dijo riendo.
—Gracias.
Tomados de la mano salimos del hotel.
Edward
Cuando llegamos a su casa la llama del deseo aun no se extinguía, sin embargo no estaba dispuesto a pasar la noche con ella. Hoy me había dado cuenta de la verdadera razón por qué no la seduje en el pasado, antes del matrimonio. Porque ella no era mujer de una noche, tampoco lo era para satisfacer las necesidades carnales de un novio deseoso. Ella era esa clase de mujer de la que quieres tener a tu lado antes y después de intimar. Es la mujer con la que planeas una noche romántica, con la que haces el amor y no el sexo. Luego duermes, desayunas, comes y cenas con ella. No quieres separarte de su lado y tampoco la quieres bajo otro techo que no sea el tuyo.
Mientras la besaba lo había decidido.
—Quédate —me pidió, cuando sutilmente mordía mi cuello. Yo la había recargado en la pared, mientras que con una mano acariciaba su muslo y con la otra la sujetaba del cuello. Su pierna enredada en mi cintura me dejaba el espacio correcto para que nuestros sexos se rozaran de forma sugerente. Suaves caricias que enviaban olas de deseo a nuestros corazones.
Las ansias por poseerla estaban ganando la batalla. Debía parar.
—No puedo —la solté. Estábamos dando un buen espectáculo fuera de su casa.
—Voy contigo a tu casa —propuso y sonaba tentador.
—Cásate conmigo.
Ella se detuvo y se alejó un poco para mirar mi rostro.
—Apenas tenemos veinticuatro horas de novios y ya quieres que nos casemos —la sonrisa en sus labios era hermosa e hipnotizante—. Eres increíble.
—Te amo. Quieres dormir conmigo. Qué más da casarnos entonces.
— ¿Y si no acepto… aun? —preguntó acariciando mi cabello.
—Entonces no sueñes con mi cama y mis artes amatorias.
Ella soltó una carcajada y dijo: —No tienes remedio Ethan Reader.
Nota:
Ese hombre no tiene remedio…
Primero que nada muchas gracias por la espera, segundo como siempre muy agradecida con ustedes por leer esta historia y tercero sus comentarios siempre son bienvenidos, esperados pero sobre todo agradecidos.
Quiero invitarlas a unirse a mi cuenta de Facebook Obscuro Corazón ya que Por amor tiene un grupo cerrado, para participar en el sólo tienen que enviarme un Inbox pidiéndome unirse. A partir del 1 de marzo publicare toda la información que tengo recopilada y que me he apoyado para escribir la historia. Iniciando con Trastornos alimenticios.
Próxima actualización el 2 de marzo
Besos.
Chapter 11: Chapter 11
Por amor
Una vida llena de recuerdos
Los personajes pertenecen a Meyer la historia a mí.
Betas: Miry Alvarez, Lillian Mcarty y Yumel 22
Soundtrack por Valeska Soto y Rakelluvre
Hay amores - Shakira
Everybody Hurts - The Corrs
Never say never - The Fray
No promises - Shayne Ward
Nota: Una disculpa por la espera, las enfermedades llegan sin aviso. Pero bueno aquí estamos de nuevo. Les agradezco a todos sus comentarios, sus minutos de tiempo a todos los lectores de Por amor y sobre todo por estar pendientes de ésta historia aun con mis retrasos.
Éste capítulo marca el final de una etapa y el comienzo de otra.
Capítulo 11
Hay amores
Tres semanas consumiéndome en éste fuego de pasión insatisfecha. La deseaba más de lo que alguna vez lo hice. ¡Dios! No lo soporto. Pronto muy pronto me digo cada vez que estoy a punto de rendirme a mis instintos, a los suyos. La amo y lo grito a los cuatro vientos. No me importa.
Estoy esperándola afuera de su oficina. Muero de celos al pensar lo que él comparte con ella, horas durante el día, el trabajo, la camaradería, sonrisas, pláticas, qué sé yo. Ella y yo jamás lo compartimos mientras vivimos como marido y mujer. Estúpido, imbécil, no le permití crecer; la encerré, la privé de ejercer su carrera, y lo peor de todo, me cerré a la posibilidad de que ambos pudiéramos compartir victorias y derrotas.
Él hace el intento, lo sé, lo siento, lo presiento y lo he visto. Pero ella ingenua, cree que puede mantenerlo a margen. No duermo, sólo pienso en que él tiene ahora la ventaja, aprovecha el tiempo que yo no tengo. Ella puede irse en cualquier momento. Es tan fácil encontrar un amigo, alguien que te ame, te comprenda, te consuele en los momentos difíciles, y te de palabras de aliento. Es tan fácil engañar y engañarte a ti mismo. Confío en ella, lo hago, pero no en él. Es tan difícil permanecer sentado y observar cómo existe la posibilidad de que te roben el corazón, ella es mi corazón. No descansaré en paz hasta que ella viva conmigo.
Todo está preparado, pedí a Harry unos días en el trabajo. Ella no lo sabe, pero he acondicionado la casa para convertirla en nuestro hogar cuando estemos juntos de nuevo. Pinté y arreglé el exterior de la casa con la ayuda de Garrett, compré cortinas, utensilios de cocina, aparatos. Hasta llené el lugar vacío de la despensa con todo lo que ella podría ocupar para preparar esos platillos que tanto me gustaban y que ella amaba hacer. Cambié los muebles por unos nuevos. La cama ya no es pequeña, ahora es matrimonial. Quiero ver, muero por saber su reacción al enterarse que su casa ha estado esperándola desde hoy.
Pero sólo faltaban tres días. Ella y yo renovaremos nuestros votos.
Él sale, se detiene, saca un cigarrillo y lo enciende; me mira y sonríe, me reta, me presume que ha estado con ella y yo no sé qué es lo que han hablado, lo que han hecho. Quiero destrozar su rostro y borrarle su sonrisa engreída. Yo no me muevo, no demuestro nada. Pero cuando ella y yo estemos de nuevo juntos voy a reír frente a él, yo se lo diré y será mi venganza.
Ella salé un momento después, cruzan algunas palabras y atraviesa la avenida para encontrarse conmigo. La recibo con un fuerte abrazo, aspirando el aroma de su cabello, me vuelve loco, me excita. La deseo y entonces la beso con furia porque muero de celos. La incertidumbre y la inseguridad se mezclan con la pasión de mi amor por ella. No sabe cuán celoso estoy, no permito que lo vea. Si percibe lo que me ocurre pensará que aun no es tiempo de estar juntos o que nuestra relación ya no es viable para ninguno de los dos. No puedo permitir que se aleje de nuevo. Yo quise hacer lo correcto, la deje ir, pero no lo hare de nuevo. No.
Bella
Ésta noche había soñado con Edward y todo el día había estado recordando sus besos y caricias. Parecía una adolecente enamorada, ilusionada y totalmente embobada con su novio, más no una mujer adulta.
—Ésta noche quiero dormir en tu casa —le dije, mientras él arrancaba el auto que había comprado hace unos días para viajar más cómodos en los días de lluvia.
—Me encantaría amor, pero mejor esperemos al sábado, tan sólo nos faltan dos días y medio.
—Pero aun tengo que comprar algunas cosas que te hacen falta para la casa. Y quiero hacer un inventario.
—No te preocupes, las compraremos cuando estemos juntos —apretó mi muslo con su mano, lo que me provocó cosquillas.
—Edward… —reproché.
—Bella… —Imitó—. ¿Cenamos en tu casa o fuera?
—En casa. ¿Que te gustaría cenar?
—Pizza.
—No me quedará el vestido, me veré horrendamente gorda —dije juguetona. Sabía que unos trozos de pizza no me harían daño, pero quería comportarme como una novia preocupada porque todo saliera perfecto el día de su boda.
—No, te veras deliciosa. Mmm y en nuestra noche de bodas me chuparé los dedos —dijo relamiéndose los labios con la deliciosa punta de su lengua.
—Está bien. Todo sea por darle un banquete de rey a mi prometido.
La cena acompañada de una película había sido una buena idea, salvo que la pizza se enfrió y la película quedó olvidada cuando comenzamos a besarnos. Nos encontrábamos ahora en mi sofá, cubiertos por una manta, semidesnudos, con sólo nuestra ropa interior. Él estaba entre mis piernas, por lo que nuestros sexos se rozaban al movernos uno contra el otro en busca de placer.
—Edward… ¿y si nos comemos el banquete antes de la fiesta? —dije sugestivamente, mientras que con mis uñas arañaba el camino de su columna vertebral.
— ¡No! —Dijo, mientras oprimía nuestros sexos con fuerza en reacción a mi caricia—. Debo demostrar a todos que eras virgen —gimió al sentir mi mordida en su cuello más la caricia de su espalda—. Ya sabes, la presión social por no ser virgen hasta el matrimonio sería insoportable.
—Me cortaré la palma de la mano y con la sangre mancharé las sabanas —ahora metía una de mis manos debajo de su bóxer y apretaba su nalga mientras con la otra lo arañaba, y con mi boca mordía su hombro.
— ¡Mierda! Preguntarán qué te sucedió en la mano y deducirán la trampa.
Colocó sus manos en mi cintura atrayéndonos aún más, su erección me provocaba un dolor delicioso.
—Entonces, juega con la punta de la pluma.
—Puede que la tinta se corra… ¡Diablos!... Y… y no tenemos condón —gemido—, podrías quedar embarazada de quintillizos, somos pobres y no podríamos mantenerlos.
Aceleró los movimientos de cadera, mordió mis labios, haló mi sostén dejando libres mis senos y los lamió.
—Tengo en mi bolso el que te vendió el hombre del hotel —gemí, mordí, arañé y apreté— ¡Oh Dios!
—No lo soy, solamente soy un simple mortal y —gimió, lamió, mordió y se movió más rápido—… no es de mi talla ese condón.
— ¡Lo rellenamos con papel higiénico!
— ¡Tonta! —Se deshizo de mi agarre, poniéndose de rodillas—. Ese no es el problema —sacó de entre su bóxer su gran miembro—, me queda chico.
Con una mano estrujó mi pecho derecho mientras con la otra se masturbaba hasta llegarse a correr dejando caer su semen en mi abdomen. Nunca había hecho eso, por lo que la escena me pareció tremendamente erótica. Cuando terminó, resoplé frustrada cubriendo mi rostro con ambas manos.
Me exalté cuando sentí sus manos quitándome mis bragas. Lo miré de nuevo. Untó de semen sus dedos índice y medio, después dijo con tristeza y amargura:
—Ya que no sirve para lo que debería, démosle una buena utilidad.
Jadeé ante el horror y crueldad de sus palabras hacia él mismo. Quería abrazarlo y decirle que no me importaba que nos fuera imposible ser padres. Pero sus dedos moviéndose dentro de mí me enloquecieron, mi excitación anterior era tanta que sentir su invasión dentro de mi sexo fue mi perdición, hasta que me corrí entre gritos y gemidos.
Cuando la tormenta de sensaciones se hizo pacifica, él se alejó de mi cuerpo. Se puso en pie y con la mirada baja dijo "lo siento" ocultándome sus ojos, para que al instante desapareciera detrás de la puerta del baño.
Toqué suavemente la puerta y al ver que no había respuesta, entré. Edward estaba sentado en el suelo con sus rodillas abrazadas y su cabeza oculta entre ellas. Me senté a su lado y recargué mi cabeza en su hombro.
—Te amo —le dije— y sólo quiero estar a tu lado. No intentes abandonarme, yo no podría soportarlo.
—Ese es el problema, Bella. Que tal vez no te amo lo suficiente como para hacer a un lado mi egoísmo y dejarte libre. No cariño, no te preocupes. No te abandonaré para que otro ocupe mi lugar y te dé lo que yo no puedo. Al final, creo que sigo amándome más a mi mismo que a ti. Perdóname, perdóname amor mío pero no podría continuar mi vida lejos de tu voz, tu comprensión, tu mente, tu cuerpo, tu sexo, tu compañía pero sobre todo de tu amor. Ya ves, me gusta sentirme amado por ti, porque eres tan incondicional, inocente y entregada. ¡Dios! He rogado a él en silencio porque vuelvas a mirarme como antes, donde yo sólo era tu mundo, tu todo. Porque me gusta, me hace sentir importante y el rey de tu vida. Jasper Whitlock tenía razón, estoy obsesionado contigo. Tan egoísta y obsesionado que mataría a cualquier hombre que quiera alejarte de mi. Nunca, escúchame bien, nunca voy a dejarte ir. Si algún día tú me dejas, yo moriría.
Me dio un beso en la frente, se puso de pie y salió del baño. Estaba paralizada, jamás lo había visto y escuchado hablar así, era terrorífico. Estaba enfermo y obsesionado. ¡Dios mío! ¿Quién era él? ¿Estaba loco? Tenía miedo y luego… ¿Por qué me dijo todo eso? No, el quiere que me vaya porque cree que no puede hacerme feliz, intenta asustarme. Demasiado egoísta para romper conmigo por su propia boca, pero bastante inteligente para provocar que sea yo quien lo haga.
Edward
Dudas y más dudas. No puedo hacerla feliz, no puedo privarla a estar sujeta a un hombre patético, inútil y marchito.
— ¿Sabes que llevas ahí sentado mirando a la nada más de dos horas? —Garrett se sentó a mi lado.
— ¿Llevas dos horas mirándome, Garrett? ¿Qué tienen tú y tu hermana que sienten tanta fascinación por mí? —dije burlón.
— ¡Ja! Tal vez sea que el televisor está al lado de la ventana y tú casualmente estás justo frente a ella. Es inevitable no verte por el rabillo del ojo. Además de que eres atractivo, encantador y guapo, tú sabes…
—No seas marica Garrett, de verdad no quiero romper tu corazón de niña —ambos soltamos una carcajada.
—Los nervios antes de la boda, peleas, dudas, sentimentalismos y al final todo se soluciona.
— ¿Crees que todo lo sabes?
Me molestaba el hecho de que fuera tan predecible.
—Tienes cara de muerto en vida como cuando la viste con su amigo.
Tenía que sacar lo que llevaba dentro de mí, todos esos sentimientos de impotencia. Necesitaba que alguien me infundiera valor para romper con ella y perderme de su vista.
—Soy estéril Garrett, jamás podré darle una familia propia, y aun cuando podamos adoptar o asistir a un banco de esperma, me siento impotente, inútil, muerto, enfermo, yo…
—No seas imbécil —me cortó—. ¿Qué tipo de esterilidad tienes?
— ¿Qué? —pregunté confundido, no tenía idea de lo que me preguntaba.
— Vamos por partes. Primero que nada, ¿cómo sabes que eres estéril?
—Por unos estudios…
— ¿Los tienes?
—No.
— ¿Recuerdas qué decían?
—No.
— ¿Sabes que hay distintos tipos de esterilidad masculina?
—No —respondí. Yo no sabía nada y no comprendía cómo es que él hablaba del tema como si hablara de futbol—. ¿Tú cómo sabes todo eso?
—Antes de ir a la cárcel, tenía una vida Ethan. Yo estudiaba medicina. Pero vamos, te queda poco tiempo de soltería. Vamos a darte tu despedida.
— ¡Oh! ¿No Garrett, tú también?
—Imbécil.
Dolor de cabeza, un espantoso dolor. Abrí mis ojos despacio, estaba en una recamara desconocida. Inspeccioné. ¡Diablos! Recordaba entrar a un centro nocturno con Garrett, chicas bailando semidesnudas. Yo bebiendo, Garrett manoseando a una bonita morena que no parecía exactamente muy decente. Y luego, todo en blanco. No quería mirar hacia mis lados y encontrarme con la sorpresa de una mujer desnuda. Llevé mis manos hacia abajo, sí, traía puestos mis pantalones. Tanteé mi pecho y también llevaba mi playera junto con la chamarra. Ahora si vi a mi lado. "¡Ay, no!" Me levanté de prisa y jadeé al ver que efectivamente Garrett estaba desnudo.
Palidecí y si aun estaba un poco borracho, con la impresión se me quitó. Vi despertar a Garrett, me miró y de nuevo cerró los ojos, dos segundos después soltó una risotada.
—Hey bonita, despierta —removió el bulto de cobijas a su lado y de ahí salió una mujer pelirroja—. Te dije que mi amigo pensaría lo peor al verme desnudo junto a él.
Ambos reían. Resoplé y fui al baño. Me lavé el rostro, enjuagué mi boca con agua y jabón a falta de pasta dental. El hotel era de mala muerte. ¿Dónde demonios estábamos?
—Garrett, te espero en el coche, date prisa.
Había estado tan borracho que me había perdido totalmente la noche anterior. Veinte minutos después vi salir a la chica del hotel, ella tomó un taxi. Al rato salió Garrett caminando de lo más feliz hacia mí.
—Quita esa cara, eres más santo que el sacerdote de la comunidad donde crecí. Si algún día Marie vuelve a dudar de ti, yo con gusto meto las manos al fuego por ti.
Cuando llegamos de vuelta a la Push, de nuevo la ansiedad y el dolor volvieron. Ya más sobrio comenzaba a arrepentirme por todo lo que le había dicho a Bella. ¿Y si de verdad no se presentaba a la ceremonia? Cuando Garrett se estacionó frente a su casa me pidió que lo acompañara. Fuimos a su habitación, ahí tenía un mueble con grandes enciclopedias de medicina.
—Toma —me tendió uno de esos libros, al leer el título tomé asiento en su desordenada cama. Leí la información, no entendía nada. Rasqué mi cabeza y resoplé —explícame en castellano.
—La mayoría de las causas de esterilidad masculina se debe a una baja calidad en el semen. Ya sea que los espermatozoides tengan anomalías morfológicas, en la concentración espermática o en su movilidad.
También hay otras causas no relacionadas con la calidad seminal, como son las patologías que impiden el correcto depósito del semen en la vagina como ocurre con la hipospadias, disfunción eréctil.
Otras causas de la infertilidad, es el consumo de drogas, alcohol, tabaco, anomalías genéticas, infecciones del tracto urinario y trastornos hormonales. Y olvidaba la azoospermia, que es una ausencia total de espermatozoides en el eyaculado.
—No sé qué es lo que tengo.
—En mi opinión, Ethan, deberías olvidarte de esto durante un buen rato. Disfruta de tu boda, la luna de miel y disfruta de tu matrimonio. Para las parejas que buscan un bebé cuando hay infertilidad por parte de alguno de los dos, es agotador. Habrá tensiones y eso afecta aun mas a un matrimonio reciente.
—Si tengo alguna de esas cosas, ¿cómo demonios voy a tener un hijo?
—Si tu problema es la calidad espermática, esta puede ser tratada, te harían un examen y de ahí determinarían el diagnóstico y tratamiento. En todo caso suponiendo… mira, yo no debería suponer pero, si el problema es que tus espermas son de bajo conteo, el tratamiento sería la fecundación In vitro.
—Fecundación In vitro…
—Es una posibilidad, pero no lo sabremos hasta que asistas con un especialista. Ya no te desgastes pensando en eso. Ve con ella.
—Soy un imbécil, no sé cómo decirle que lo siento.
—Ve a su casa, preséntate con un ramo de flores y un disco con una canción ridículamente llena de ternura y dedícasela.
—Gracias Doctor corazón.
—De estar solo, metido en esa casa con una hermana que ha estado llorando día y noche porque según ella está avergonzada y no sabe cómo los mirará cuando se tope con ustedes. Sinceramente prefiero estar metiendo mis narices en tu vida.
—Lo siento.
Casi era media noche y yo estaba llegando a la casa de Bella. Las luces de su sala se encontraban encendidas. Desde mi auto le envié un mensaje que más parecía una carta.
"Lo sé, soy un idiota, por favor no seas dura conmigo, es sólo que… no sé como lidiar con los sentimientos y demonios que habitan en mi. Es decir, mis miedos. Miedo a que pase el tiempo y descubras que te encuentras insatisfecha, que no eres una mujer meramente realizada, que te falta eso que por naturaleza las mujeres buscan en determinado tiempo. Estoy aterrado de que un día me odies por no poderte dar lo que mereces. Bella, hemos hablado de adopción pero, ¿has pensado que jamás vivirás la espera de un bebé nueve meses? ¿Y si no es un bebé lo que nos ofrezcan en el orfanato, sino un niño mayor? ¿Qué será de esos años o meses perdidos? No estamos hablando de ir de compras. Es un ser humano. Además tú puedes vivir esa sensación de crear vida dentro de ti ¿Por qué estar atada a alguien que jamás podrá dártelo de forma natural? Un niño probeta me dirás… pero… ¿y si no funciona? Solamente deseo hacerte feliz. Y no tengo idea de cómo hacerlo. Te amo y el miedo de no ser suficiente para ti me consume.
¿Has pensado que al final de nuestras vidas sólo seremos tú y yo? En unos años caminaremos tomados de la mano por la playa y lo único que veremos frente a nosotros serán olas de mar, nubes, arena, rocas y un hermoso paisaje, pero jamás veremos a un niño jugando a formar castillos de arena.
En otros años más, seremos una pareja de ancianos solitarios, que cuando uno de los dos falte, el otro vivirá en una tremenda soledad. ¿Qué harás tú cuando yo te falte? No habrá nietos a quienes consentir, ni hijos a quienes dar un consejo. Me siento patético al aferrarme a una felicidad incompleta, atando a una gran y buena mujer como tú a mí, que no soy capaz de dar vida y que por dentro estoy marchito.
¿Sabes? Te amo y aun tengo la ilusión de casarme contigo. Pero tenía que darte los pros y los contra de estar a mi lado.
Estoy afuera de tu casa"
Veinte minutos y ella no había respondido mi mensaje. Lágrimas traicioneras salieron de mis ojos, lágrimas de dolor. Tal vez ella está hablándome a través de su silencio, está diciéndome que quiere romper. Esperé otros cinco minutos… y cuando estaba a punto de marcharme la vi salir de su casa. Caminó hasta mi auto y abrí la puerta del copiloto para que entrara.
Mi mirada estaba puesta hacia el frente, en el volante del auto. Ella no me decía nada y yo no tenía palabras para comunicarme. Todo lo que sentía ya se lo había escrito en ese mensaje de texto.
— ¿Podemos dar un paseo? —de esa forma rompió el silencio que nos mantenía suspendidos en un hilo a veinte metros de altura.
Encendí el auto y corrimos en el a las afueras del pueblo. Sobre la carretera había una desviación hacia un mirador. Nunca habíamos venido, más había escuchado a Harry hablar de el con otro anciano de La Push. Cuando llegamos y apagué el auto sentí la sensación de que me faltaba el aire. Estaba expectante a sus palabras. Ella encendió la radio del auto con tranquilidad.
¡Ay! mi piel, que no haría yo por ti
por tenerte un segundo, alejados del mundo
y cerquita de mí
¡Ay! mi piel, como el río Magdalena
que se funde en la arena del mar,
quiero fundirme yo en tí.
Al escuchar la letra, me pregunté si esto era enserio.
—Dime lo que piensas, Bella —le ordené.
Hay amores que se vuelven resistentes a los daños,
como el vino que mejora con los años,
así crece lo que siento yo por ti.
— ¿No te das cuenta, Edward? Que justo de esto, yo estúpidamente en el pasado traté de protegerte. Si nunca comprendiste el por qué de mi mentira, entonces busca la respuesta justo ahora. Porque esto está separándonos de nuevo. Tu esterilidad nuevamente nos amenaza, nos rompe y destruye nuestro matrimonio sin ni siquiera haber iniciado. ¿Sabes? William me preguntó si yo no pensaba en lo que pudo haber sido mi vida a su lado y no al tuyo. No voy a ser hipócrita y mentirte, Edward. Yo me lo pregunté alguna vez, ¿y sabes qué? Sólo se quedo en eso, en una pregunta. Nunca he podido verme al lado de otra persona que no seas tú. ¿Quieres hacerme feliz? Déjame estar a tu lado. Solos tú y yo.
¡Ay! mi piel, no te olvides del mar
Que en las noches me ha visto llorar
tantos recuerdos de ti
¡Ay! mi piel, no te olvides del día
que se paró en tu vida,
de la pobre vida que me tocó vivir.
Asentí, ella lloraba, lo que me derrumbó. La atraje hacia mí, envolviéndola entre mis brazos.
—Hazme el amor —le pedí.
Ella soltó una risita.
—Sólo nos queda un día.
—No me importa, te necesito.
—Yo también.
Hay amores que parece que se acaban y florecen
y en las noches del otoño reverdecen
tal como el amor que siento yo por ti
yo por ti…por ti…como el amor que siento yo por ti.
Nota:
¿Boda?
Capítulo 12 corto pero sustancioso.
Próxima actualización el 14 de marzo.
Chapter 12: Chapter 12
Por amor
Una vida llena de recuerdos
Los personajes no me pertenecen sólo la trama.
Betas Miry Alvarez y Lillian Mcarty
Música por Valeska
From this moment on
Now and forever
Nota: Bueno llegamos al final de un ciclo para comenzar la etapa final fic. Es uno de los capítulos más cortos pero cargado de sentimiento y un mensaje que no es la parte final como pudieran suponer.
Capitulo 12
Votos.
La novia, con su hermoso vestido blanco, nerviosa de pie en la entrada de la iglesia junto al padre de su novio. El hombre rubio de ojos azules le dedicó una sonrisa tierna y susurró "No dejaré que te caigas", como respuesta ella sonrió. Las puertas de la iglesia se abrieron, pudo vislumbrar entonces a las personas que estaban ahí para presenciar el enlace; a la mayoría ella no las conocía. Personas con rostros sonrientes que no sabía si eran familiares o amigos de él. Su futuro esposo. Más ella volvió a sonreír, a pesar de que estaba aterrada. Nunca le había gustado ser el centro de atención y ahora se encontraba ahí, expuesta por él. Porque había sido él quién había querido una boda grande y glamorosa. Porque una chica es la que sueña con tener el más hermoso vestido, la fiesta más envidiada de la ciudad y el hombre rico, guapo e ideal. Pero ella no. Sólo le importaba estar al lado del hombre que amaba. Sin embargo no podía decir que ésta no era la boda soñada, esa que nunca se atrevió si quiera a imaginarse. ¿Quién iba a querer casarse con esa regordeta? Nadie. Pero su príncipe azul había llegado a su vida sin previo aviso. Tan sólo algunos meses atrás ella estaba en una fiesta rodeada de chicas hermosas, delgadas, rubias, ojos azules; y ella era todo lo contrario a la belleza estereotipada.
De nuevo sonrió. Sí, ella era la chica obesa a la que su mamá le prohibía las galletas cuando era una niña, ella la que no podía tocar la cena o su mamá se molestaría y la dejaría sin su desayuno al otro día. La que se miraba en el espejo cada día para decirse cuan fea era y que no merecía nada bueno en esta vida. Sus padres habían muerto años atrás; su abuela, esa mujer un tanto fría pero que le había intentado dar un hogar cuando quedó huérfana, también la había abandonado. Entonces creyó que Dios le había dado un poco de felicidad que no estaba hecha para ella.
Al final del pasillo, frente al altar estaba él con una sonrisa, esperándola. Ese hombre con el que nunca se permitió soñar, o jamás se casaría con el hombre que merecía, un hombre cualquiera, sin belleza extraordinaria.
La marcha nupcial comenzó y ella dio un paso y luego otro. Temblaba de terror, no miedo al matrimonio, no miedo a caerse, era el miedo a despertar de tan hermoso sueño.
Cinco años después, despertó al borde de la muerte.
Porque hay sueños que se convierten en eso, en pesadillas.
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Caminaban abrazados, intentando cubrirse de la lluvia bajo la sombrilla que él cargaba. Hacía frío. No, no era un día soleado, tampoco vestían de blanco, ella no llevaba velo o un ramo si quiera. Pero eran felices. Más que hace once años.
Edward, paró frente a una casa con un jardín precioso repleto de hermosas flores de colores. Le dio la sombrilla a ella, su prometida, se agachó y cortó de tajo las más coloridas y bonitas. Siempre con la expectación de que en cualquier momento alguien saliera de la casa y les reclamara. Cortó las suficientes y se las ofreció a Bella depositando un casto beso en su frente. Ambos sonrieron. Corrección, ahora la novia llevaba un ramo.
Continuaron caminando hasta toparse con la iglesia que los esperaba. Él miró su reloj de mano, llegaron puntuales. La dejó en la entrada de la iglesia. Dio un beso en su frente y dijo, "Te amo, gracias amor por ésta nueva oportunidad"
Dio media vuelta, sin esperar respuesta por parte de ella, y de pronto apareció de pie frente al altar, esperándola.
La iglesia solitaria, con sólo tres invitados de nombre Garrett, Harry y Sue, como únicos testigos a su enlace. No había pétalos de rosas blancas en su camino al hombre amado, no había un hombre entregándola a su futuro esposo, tampoco estaban las damas de honor o padres llorando de felicidad por su enlace. Tan sólo estaba ella, vistiendo un hermoso y sencillo vestido beige, con flores cortadas minutos antes del jardín de un desconocido.
Ella sonrió al hombre que amaba y al que se acercaba con cada paso que daba. La marcha nupcial como eco e inicio de esa nueva unión. Ella era feliz, tan feliz como nunca lo fue antes. Porque estaba entregándose al hombre que amaba, por fin estaría a su lado y nada ni nadie los separaría. Él un hombre cualquiera pero eso si, con belleza extraordinaria.
Y fue así como uno frente al otro se dio inicio a su ceremonia…
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Bella
Apreté fuertemente el pequeño ramo entre mis manos en un signo de emoción y nerviosismo. Cuando al fin el recorrido hacia él terminó, y estando frente a frente, tomó mis manos entre las suyas quedando en medio el pequeño ramo. Al mirarlo a los ojos supe que éste no era un sueño, era una hermosa e imperfecta realidad. Mi hombre real, de carne y hueso, un príncipe que no era azul, ni de cuento de hadas. Él era el hombre de mi historia, de mi vida y al que podía tocar. Con aquellas imperfecciones, celoso, egoísta, engreído, voluntarioso y psicópata; que lo hacían ser un hombre cualquiera.
No escuchaba las palabras de aquel siervo de Dios, no, yo miraba los ojos del hombre dueño de mi corazón. De pronto, su semblante emocionado cambio a uno serio y dijo:
—Después de un gran recorrido he aprendido que amarte no significa idealizarte. Amarte, significa aceptar tus más profundos miedos y defectos. Enloquecer por tus virtudes. Admirar tus aciertos y apoyarte en los desaciertos. No es controlar tus pasos, es caminar a tu lado. No es entregarte mi corazón para que lata dentro de tu pecho tan sólo para redimir mis culpas. No, es hacer que vivas con amor y plenitud cada día de tu vida como si éste fuera el último de ella. Yo, Edward Anthony Cullen Masen, me entrego a ti Isabella Marie Swan por primera vez en alma, corazón y cuerpo. Para estar a tu lado en la salud, para cuidarte en la enfermedad, para protegerte de cualquier maldad. Para amarte en la luz y en la oscuridad. Viviendo en gratitud por ésta nueva oportunidad para amarte, dándote una vida llena de hermosos recuerdos. Por amor, te pido que aceptes ser mi compañera en este largo camino que se llama vida. Mi amiga en complicidad con cada paso que demos hacia nuestra felicidad, mi amada a la que le entrego mi amor y lealtad. Mi amante para brindarme tu calor por el resto de nuestras vidas.
—Acepto —respondí con lágrimas en los ojos—. Yo, Isabella Marie Swan, me entrego a ti sin rencor, dejando atrás perdonado y aceptado el pasado. Dándote lo mejor de mí desde hoy y siempre. Prometo ser tu aliciente para superar cualquier adversidad. Seré tu compañera y te proporcionaré las armas para enfrentar las batallas que se presenten a lo largo de nuestra vida. Serás mi amado en alma, cuerpo y corazón, mi espíritu y mi motor para continuar nuestro recorrido hasta el final. Aceptaré y amaré cada una de tus imperfecciones, para después amar y adorar tus virtudes. Lucharé por ti, aun si es contra de ti mismo. Cuidaré de ti y estaré a tu lado en la salud y en la enfermedad. Juntos forjaremos nuestro hogar, nuestro bienestar y nuestros recuerdos. No te prometo ser una esposa ideal, pero si una que nunca te abandonará ni te dará la espalda cuando más la necesites. Si tú, Edward Anthony Cullen Masen me aceptas, me entregaré a ti completamente.
—Acepto.
Cuando por fin fuimos declarados marido y mujer, Edward no esperó para recibir la indicación del sacerdote para besarnos. Él simplemente me estrechó entre sus brazos y robó de mis labios ese beso. Uno apasionado y urgente. Lleno de esperanza y amor.
Fuimos felicitados por nuestros testigos.
Cuando salimos de la iglesia, regresamos de nuevo caminando hasta la casa de mis padres por el auto y mis pertenencias. No, no quisimos una fiesta o comida para celebrar; en realidad estábamos más deseosos por llegar a nuestro hogar, después de tantos años de ausencia. Sí, sólo queríamos estar juntos, hacer el amor y permanecer abrazados todo el tiempo que fuera posible. Esa era nuestra forma de celebrar nuestra unión.
De camino a nuestra casa, el silencio era nuestro cómplice y testigo de nuestras miradas que lo decían todo y nada a la vez. Amor era lo que fluía de nuestros cuerpos. Las palabras eran mudas.
Cuando llegamos, me sorprendí al encontrarme con una casa totalmente distinta a lo que yo había visto semanas atrás. Edward la había pintado, desde afuera podía ver las cortinas nuevas en las ventanas. Al mirarlo, él tenía una sonrisa en su rostro. Lo abracé y lloré, porque sentía que ésta casa era más mi hogar de lo que fue aquel apartamento con decoración fría. Al estar de pie en el umbral, Edward abrió la puerta y me tomó en brazos, cruzamos la puerta adentrándonos a nuestro hogar. Me depositó en medio de la sala. No había muebles costosos, tan sólo muebles comunes pero nuestros. A pesar del dinero que seguramente tenía escondido, él supo que esas banalidades no iban conmigo ni con lo que estábamos a punto de emprender. Esos muebles comunes y rústicos eran hermosos.
— ¿Te gusta?
—Me encanta.
—Espero que la cama te guste más.
Entramos a la recamara y ahí estaba. Una cama matrimonial adornada con sabanas rojas de satín y grandes almohadones. Velas aromáticas de vainilla, él pasó por mi lado y comenzó a encenderlas. Una pequeña mesa con platillos servidos.
—Sue, los preparó —dijo, al verme desconfiando de la comida.
—No he dicho nada.
Entré al baño y en un banco estaba doblado mi camisón. Quité mi vestido y me coloqué el camisón color palo de rosa semitransparente. Deseando que él me lo quitara lo más rápido que fuera posible. Solté mi cabello rojizo. Respiré hondo y salí de ahí. Qué importaba que fuera aún de día, yo deseaba consumar nuestro matrimonio, ya.
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.
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Era un día soleado, a lo lejos se veía una hermosa niña de cabellos rubios; su madre, una atractiva mujer de piel blanca, de hermosos ojos azules y rubia, estaba con ella. Ambas construían un castillo de arena.
Después de una larga caminata, Edward, llegó hasta ellas. Se arrodilló junto a la pequeña y besó su frente. La niña lo recibió con un abrazo, bajo la atenta mirada de la madre.
—Hermosas, la comida está lista.
…..
Nota: No, no estaremos presentes en la noche de bodas ya que como toda pareja recién casada merece privacidad en ese momento.
¿Qué fue lo ultimo? el inicio del fin.
Gracias muchas gracias por acompañarme hasta este momento…
Lulu: Me has hecho reír, melodramático si, pero tiene su justificación, y yo también le daría un zape.
Pili: Pronto lo sabremos gracias.
Caresme: Gracias por siempre andar por aquí.
Marchu: Gracias.
Mahely: Si los celos moderados son buenos para el ego de toda mujer.
Anonimo: Los defectos de un hombre suelen ser lo que más atrae a una mujer.
A las demás chicas no las nombro porque voy a responderles en su cuenta de FF. Gracias por sus comentarios y a los lectores fantasmas un abrazo y un saludo.
Nos leemos el 19 de marzo. Prepárense para las primeras diferencias de los recién casados.
Saludos.
Chapter 13: Chapter 13
Por amor
Una vida llena de recuerdos
Los personajes no me pertenecen sólo la trama.
Betas Miry Alvarez, Lillian Mcarty
Yumel22 Eli Va
Nota: Buenos días estoy por aquí muy agradecida con todos los lectores de esta historia, por la dedicación que tienen al seguir el Fic. Con éste capítulo marcamos el inicio a temas sensibles. Doy la bienvenida a una nueva integrante al grupo de Betas y asesores Eli Val Nutrióloga.
Capitulo 13
El Príncipe estéril.
Bella
Acariciaba mi espalda mientras permanecía recostada sobre su pecho, escuchando el bombeo de su fuerte corazón. Teníamos dos días dentro de la casa sin salir. ¿Quién quería hacerlo si todo lo que tienes para vivir está a tu lado?
Tercer día de matrimonio... Edward, se había tomado diez días de licencia para arreglar la casa y estar conmigo, estos días habían terminado, hoy debía volver al trabajo.
Dormía plácidamente boca abajo, un brazo le colgaba fuera de la cama, su espalda desnuda era tentadora, me abstuve de acariciarlo. Me levanté desasiéndome de la sabana. Sonreí ante la idea de que ahora estábamos unidos y ya nada nos separaría. Por primera vez en toda mi vida me sentía plena y feliz.
Tomé una ducha rápida, el agua caliente había sido como un calmante a mi adolorido cuerpo. Entre la lujuria y la pasión habíamos experimentado posiciones dignas de contorsionistas, las cuales nos habían pasado factura. Solté una carcajada al recordar los primeros intentos fallidos. Tal vez debería considerar practicar el yoga, para eso de la flexibilidad.
Me coloqué una playera de él, salí del baño y lo observé dormido aún. Me acerqué a él sentándome a un lado de la cama, soplé tiernamente en su mejilla causándole cosquillas que inquietaron su sueño. Lo hice de nuevo y gimió. Con las puntas de un mechón de mi cabello nuevamente le hice cosquillas. El dio un fuerte manotazo a su mejilla de lo cual se arrepintió de inmediato, ya que atontado dijo ‹‹Ouch››
— ¿Has sido tú? —Preguntó adormilado, con un ojo abierto observándome y el otro cerrado
—Sí.
Reí.
—Eres una traviesa, ¿sabes?
—Te amo.
—Yo te amo más.
—Hora de levantarse, señor Reader.
—Quiero quedarme y hacerte el amor —dijo, mientras se giraba y abrazaba mi cintura con sus fuertes brazos.
—Puedes hacerme el amor ahora, y después ir a trabajar —sugerí mordiéndome el labio inferior, saboreando la idea de sentir el fuego de su pasión sobre mí.
—Mmm… Me has convencido. Vamos mujer, quítate esa playera que me estorba.
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Tres meses de feliz matrimonio, viviendo en una burbuja de amor. Entre una pasión desmedida y suaves caricias, amándonos en cada rincón de nuestra casa. Siempre al finalizar mi jornada de trabajo lo encontraba fuera de la oficina, esperando por mí. Un día los hijos de William lo esperaban afuera, al verme salir ellos corrieron a saludarme, eran un encanto. Cuando miré hacia Edward, él tenía un semblante indescifrable, no estaba segura si era de molestia, tristeza o indiferencia. Pero al parecer no le había agradado mi cercanía con esos niños.
Después de ese día algo ocurrió entre nosotros, en ocasiones cuando mirábamos la televisión veía hacia cualquier punto, sin mirar de verdad. Pensando. Cuando le preguntaba qué ocurría, simplemente respondía que nada. Pero yo podía darme cuenta de que algo lo alejaba de mí. Por eso había decidido prepararle de cenar su platillo favorito.
Hoy era domingo, él había trabajado el turno de día. Cuando llegó a casa se quitó las botas y el impermeable, había caído una fuerte tormenta. Me saludó como cada noche, con un beso apasionado, un abrazo y un te amo. Después se fue directo a la ducha.
Estábamos cenando en silencio, cosa que estaba ya comenzando a inquietarme, él había ignorado totalmente mi menú, su mirada era esquiva y comía en total silencio. Había intentado entablar una conversación hablándole de mi día, pero cuando terminé esperé un momento para que me platicara cómo le había ido, más no lo hizo. Sin esperanza de que él me hablara, continué cenando en silencio.
—Voy a ir a Chicago —dijo sin más.
— ¿Vas o vamos? —pregunté confundida.
—Voy.
Él no me miraba y su actitud estaba lastimándome.
—Y… ¿A qué vas? —quise sonar despreocupada, pero mi voz se quebró al final.
—Voy a ver a mi madre.
Edward, se levantó de la mesa llevándose su plato y vaso directo al fregadero.
— ¿A Esme?
—No, a Elizabeth.
—Puedo ir contigo y me la presentas —insistí.
—No.
Él me daba la espalda. Algo ocurría y no quería decirme.
— ¿Por qué?
—Bella, por favor. Necesito ir solo —dijo, con tono de suplica. Se giró hacia mí y en sus ojos se veía la incertidumbre.
— ¿Para qué, a dónde vas realmente? Y no me mientas Edward.
Mirándome directo a los ojos suspiró y dijo:
—Tengo cita con un especialista en fertilización.
— ¿Qué? —Me puse de pie tan rápidamente que la silla detrás de mí cayó—. Pensé que había quedado claro que no me importa no tener hijos.
—No lo hago por ti Bella, lo hago por mí. —Sentí una cubetada de agua fría caer sobre mí—. Sé que debí preguntarte si quieres tener hijos o no. Lo siento. Si tú no deseas tener bebés entonces no voy —dijo, dándome de nuevo la espalda—. Pero no me des una negativa pensando en mí. ¿Te gustaría que tuviéramos hijos?
— ¿Cómo vamos a tenerlos? —dije con sarcasmo y enseguida me arrepentí—. ¡Dios! no quiero herirte.
— ¡Ya lo hiciste hace años ocultándome la verdad! —gritó, y de nuevo se volvió hacia mí.
— ¡Lo hice por ti! No seas injusto.
—No lo soy Bella, pero por Dios, ¿Qué te dijo la doctora para definitivamente negarme un maldito tratamiento, para negarme la verdad de mi situación? ¿De verdad los tratamientos no pueden darnos tan sólo un uno por ciento de posibilidad? Lo quiero Bella, ese uno por ciento, lo quiero.
Nunca me había puesto a pensar en ese uno por ciento de posibilidad. Era consciente de que no medí las consecuencias de mis actos y que había sido realmente una estúpida por haberme dejado llevar por el miedo y la falta de confianza en él.
— ¿Y si… no funciona?
—Lo aceptaré y superaré, pero si tú no quieres ser madre no viajaré a Chicago.
— ¿De verdad lo haces por tu paternidad o es para probar tu hombría a William? ¿Crees que no me doy cuenta de cómo intentas asesinarlo con la mirada?
—Isabella… eres cruel —dijo, saliendo de la cocina donde habíamos estado comiendo. Fui tras él.
—No soy cruel, soy realista. Porque comenzar una lucha para concebir es meternos en un terreno oscuro y difícil. Y no quiero verte sufrir. Te amo y no quiero verte llorar —dije tras su espalda, mientras lo seguía hasta nuestra recamara. Se volvió hacia mí…
—Quiero ser padre. Quiero dejar de sentirme marchito y muerto por dentro —dijo llorando y señalándose hacia sí mismo.
—Podemos adoptar.
—Será nuestra última opción —me tomó de los brazos—. Pero antes quiero intentarlo. Por favor.
Sus ojos suplicantes y su voz quebrada, me convencieron de que no había nada que lo hiciera cambiar de opinión. Pero tenía miedo, porque en realidad no era por él por quien yo me negaba. Era por mí. Por lo que un día había escuchado decir a un medico en el centro de rehabilitación.
—Está bien, ve a Chicago. Intentémoslo.
¿Cómo decirle que no sabía si podría hacerlo?
—Gracias, Bella.
—No, perdóname por haberte mentido.
—No hay nada que perdonar.
Edward
Cuando salí de casa, Bella y yo nos despedimos en silencio, con un simple beso en la mejilla. No estaba molesto, pero era ella quien se comportaba de manera fría, no quería comprender que yo estaba dispuesto a luchar por nuestro sueño. Me creía débil y yo realmente no lo era. Estaba preparado para la aceptación y la desilusión.
Ahora estaba en la recepción del consultorio de Kate Whitlock, la doctora que nos había atendido hace diez años. Vi a una pareja salir del consultorio, la mujer sonreía mientras que el esposo llevaba el semblante de completa alegría en el rostro. Por un momento quise soñar en que esa pareja éramos Bella y yo, que habíamos recibido la noticia de estar esperando un bebé, nuestro hijo. La recepcionista me pidió que pasara al consultorio, yo me encontraba bastante nervioso.
—Buenas tardes —la doctora miró el expediente—, señor Edward Cullen.
—Buenas tardes.
— ¿En qué puedo ayudarlo?
—Hace aproximadamente nueve o diez años, usted nos atendió a mi esposa y a mí. Resulta que nosotros, después de haber estado intentando concebir durante un año, no lo habíamos logrado. Nos realizó unos análisis y al parecer los míos no fueron favorables. Yo no estuve en esa cita donde le entregó los resultados a mi esposa —tomé una bocanada de aire y exhalé—. Estoy aquí, porque quiero que vuelva a hacerme los estudios y me diga si existe alguna posibilidad de que haya algún tratamiento que pueda ayudarme con mi problema.
— ¿Trae consigo los análisis?
—No.
— ¿Por qué no vino después?
—Yo no quería aceptar que el del problema para tener hijos, era yo —mentí.
—Seguramente le comenté a su esposa que podían recibir ayuda psicológica para tratar de comprender y aceptar el problema. Ese es un servicio que lo cubre el hospital. Siempre que nosotros llevemos el seguimiento de su caso.
—No fue fácil para mí escuchar a mi esposa —Isabella, Isabella, ¿Por qué mentiste?
—Bien, primero voy a realizarle unas preguntas para actualizar su expediente.
—Si.
—Sólo déjeme ver si he comprendido bien. ¿Usted quiere saber si es estéril o viene en busca de ayuda para embarazar a su pareja?
—Ambas.
— ¿Y su esposa?
—Si hay un tratamiento para lo que tengo, entonces la traeré
—De acuerdo. Eso lo comprendo, pero le recuerdo que esto es cosa de dos, además de que a ella también se le realizaran algunos estudios. Debemos comenzar a prepararla en caso de que sea viable algún tratamiento para usted —asentí—. Comencemos entonces con datos generales de su salud desde su nacimiento… —Por casi media hora respondí todas y cada una de sus preguntas—. Supongo que durante todo este tiempo no han utilizado anticonceptivos, ¿o sí?
—No.
—Bien, le realizaremos un análisis de semen llamado seminograma, éste nos arrojará el tipo de problema que tiene usted. Para el análisis no debe eyacular por cuatro días antes de la prueba. Por medio de éste examen se realizan varias pruebas al mismo tiempo; cantidad del esperma, la apariencia, el volumen y viscosidad del semen, su PH, detectar bacterias y más. También le realizaremos otro análisis, ésta vez de su sangre, que nos dirá su nivel de hormonas. Pero primero, por favor pase a cambiarse, le realizaré una exploración...
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Salí del hospital sintiéndome un poco humillado, estrujado e invadido. Que póngase de pie, que recuéstese, que voy a tocarlo aquí y luego allá. Ahora sabía cómo se sentía una mujer cuando iba a realizarse el Papanicolaou.
Busqué un teléfono público, le había prometido a Bella llamarla después de la consulta. Marqué el número de su oficina.
—Buenas tardes, oficina de Marie Swan…
—Sue, soy Ethan, por favor con mi esposa.
—Señor, no se encuentra aquí, salió a comer.
— ¿Con William? —pregunté, antes de siquiera pensar en lo que quería saber.
—Sí, señor.
Maldije dentro de mí, lo odiaba.
—Gracias, la llamaré al celular.
Marqué su número pero ella no me respondió, marqué nuevamente y nada. Molesto, busqué un hotel en donde hospedarme.
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Bella
Estaba removiendo mi comida con desgana, William había insistido en que fuéramos juntos a comer. Estos días, él había intentado que volviéramos a ser amigos, pero era tan difícil cuando yo sabía que a Edward le molestaba nuestra cercanía.
— ¿Por qué no me invitaste a tu boda? —preguntó, después de un largo silencio.
—Porque cuando te encuentras con Edward, pareciera que están en un duelo de miradas.
—Es él quien comienza, yo simplemente le sigo el juego —dijo riendo—. ¿Qué te ocurre?
—Nada.
—Mmm… Te prometo ser objetivo.
—Y yo le prometí a él no hablarte de nosotros.
—Pero él no lo sabrá —insistió.
—Pero yo si.
—De acuerdo, como quieras. Pero recuerda que antes de conocerlo, Isabella, éramos amigos. Él debió aceptarte con lo que tenías, que en realidad era muy poco. No tenías familia y dos escasos amigos no le afectaban en nada y aun así, te alejó de nosotros.
—Eso no es cierto —dije, aun sabiendo que él no mentía, ya que Edward se molestaba cuando salía con Ángela y William. Nunca me dijo el por qué, ahora sé que su malestar ha sido siempre por mi amigo.
— ¿Sabes que Ángela se fue a Italia decepcionada porque su mejor amiga no fue a despedirla? ¿Sabías que cuando me casé tenía la esperanza de que aparecieras por la puerta, aunque haya sido con él del brazo? Eras mi amiga, nuestra amiga y lo abandonaste todo por cumplir sus caprichos. Ahora dime, ¿qué es lo que tienes?
—Nada.
—Apuesto que haya sido tu vida lo que haya sido antes de comportarte como una delincuente, escondiéndote, tenías amigos y una vida. ¿Ahora qué? Lo dejaste todo para huir por algo que él hizo, dejaste amigos, casa, todo por él. Te casaste de nuevo con Edward, sabiendo que algún día pueden encontrarlos y acabar con la vida de ambos. Soy tu amigo después de todo, soy lo último que tienes de tu pasado. No es justo que no confíes en mí. Estoy haciendo lo posible para no molestarte. Fue un error confesarte mis sentimientos porque te alejaste. Pero, ¿sabes? sé cuándo tengo posibilidades con una mujer y cuándo no. Y yo no tengo posibilidades contigo, ¿no es así?
Tenía razón, era lo último que me quedaba. En ocasiones tenía la necesidad de hablar y desahogarme, con Garrett era imposible. Él era amigo de Edward.
—Edward y yo, tenemos problemas para concebir y se fue a Chicago a consultar con un médico especialista.
— ¿Él tiene el problema?
—Si. Yo pensé en él y en el fracaso. Me aterré y le dije que yo era la que no podía concebir. Vinieron sus infidelidades, los problemas y mi enfermedad. Pero a todo esto, sé que la ciencia ha avanzado y ahora él habla de un uno por ciento. Dice que no importa que tan sólo sea una sola oportunidad, está dispuesto a tomarla e intentarlo.
Cuando estuve en el centro de rehabilitación en las terapias grupales, alguien habló sobre un caso en especial. Creo que yo no podré tener bebés, mi cuerpo puede que esté demasiado desnutrido y eso pondría nuestras vidas en peligro… Yo… puedo recaer en la enfermedad. ¡Dios! Deseo que los médicos le digan que no hay esperanza. Soy una egoísta pero… estoy aterrada porque él desea tanto ser padre y si hay esperanza para él, al final volveríamos como al inicio, donde yo no podía. Tengo miedo de que todo vuelva a repetirse, no podré sobrevivir, ésta vez no podré.
—Pienso que estás cometiendo el mismo error que antes, ocultándole a él la verdad o por lo menos tus miedos. Si Edward es lo bastante inteligente, no volverá a cometer los mismos errores. Pero debes entender Bella, que eres tú quien de nuevo se equivoca, habla con él. Si te ama tanto como dices que lo hace, va a cuidarte y protegerte. Pero sobre todo, tendrás en él una mano que te sostendrá cuando tengas miedo. Y lo mismo debe esperar él de ti. En pocas palabras, habla con Edward todo lo que me acabas de decir.
—Estás defendiéndolo.
—No, simplemente estoy siendo un buen amigo, que como tal, siempre voy a darte un buen consejo. No uno que te destruirá.
—Vaya, gracias.
—Ahora seré un mal amigo. Deja a tu marido, yo te daré muchos hijos. Ya sabes, tengo cuatro hermosas referencias.
—Idiota.
.
.
.
Edward
Recostado en la cama me imaginaba otro escenario de mi vida, cómo habría sido si ella me hubiera dicho la verdad. ¿Por qué Bella? ¿Por qué lo hiciste?
Ocho treinta de la noche y yo me dignaba a llamarla.
—Casa de la familia Reader…
Escuché su bonita voz.
—Soy yo —dije secamente, estaba molesto y celoso. Mala combinación.
—Amor, ¿Por qué no me llamaste? Estaba preocupada…
Si claro, como si a ella realmente yo le importara, como si me extrañara. A veces me cuestionaba si era verdad que aun me amaba. Y en éste momento me preguntaba, si sólo era la mera curiosidad de lo que pudo haber sido y no fue, el motivo real del por qué aun está conmigo.
— ¿Tanto, que no me respondías mientras comías con William?
— ¿Qué? Mi teléfono no ha timbrado… ¡Diablos! Discúlpame cariño, lo dejé en vibrador.
—Mmm —no quería iniciar una discusión, estaba tan molesto que era mejor ignorar que iniciar una pelea cuando estábamos separados por miles de kilómetros.
— ¿Cómo te fue con la doctora?
—Tuve que mentirle del por qué nunca regresamos al consultorio y me dio rabia al saber que pudimos haber tenido ayuda para aceptar el problema —definitivamente perdí el control.
—Fui a esas pláticas y salí de ahí con un peor animo.
— ¡Sin mí! ¡Yo era quien más necesitaba ayuda¡ —grité, dándome de topes en la cabeza por levantarle la voz.
—Lo siento Edward, si pudiera regresar el tiempo, yo…
—No puedes, así que dejémoslo ya —Si, era mejor olvidar lo que no se puede cambiar y continuar…
—Entonces deja de hacerme sentir mal, por favor.
—De acuerdo jamás volveremos a tocar el tema.
—No es eso, Edward, es…
— ¡Basta ya! Olvídalo. Regresaré en una semana. Tengo que realizarme unos análisis y esperaré por el resultado. No puedo arriesgarme a estar viajando continuamente. Te llamo mañana, cuídate.
.
.
.
Bella
En estado de shock permanecía mirando el auricular. ¿Qué había ocurrido? Con impotencia me maldije por haber cometido esa estupidez. Él tenía razón, su derecho era saberlo, tal vez si yo hubiera actuado correctamente nos habríamos evitado tanto dolor. Hoy, demasiado tarde lo comprendía, yo había sido condenada por mí misma el día en que mentí. Mi propio verdugo.
Me solté a llorar, tomé el celular y llamé a la única persona que conocía mis miedos. William.
.
.
.
Edward
Durante cuatro días permanecí encerrado en mi cuarto de hotel. No la llamaba por miedo a tener otra discusión, más lo hacía a la hora que salía a comer. La respuesta de Sue siempre era la misma, salió con él.
Quería confiar, pero era tan difícil cuando la imagen de los hijos de William aparecía en mi cabeza, donde ellos corren hacia Bella a saludarla. De alguna forma, su semblante cambió a uno lleno de ternura. Cuando cargó a una de las niñas, ella sonrió con verdadera felicidad y de una manera muy distinta. De alguna manera eso demostraba que muy dentro de ella deseaba ser algún día madre. Todas las mujeres quieren serlo, ¿no?
Hoy era la fecha indicada para realizarme los estudios. Caminé por el pasillo que conducía a la habitación donde obtendría la muestra de espermas que necesitaban, entré a la habitación con el pequeño frasco en mis manos. Suspiré, bajé mis pantalones junto con mi boxers. Me senté, cerré mis ojos y pensé en Bella.
Saliendo de ahí, me dijeron cuando tendrían el resultado. Siete días.
….
Nota:
Gracias lectores.
Ya saben a las demás les respondo en su cuenta. Si alguien me falto en el capítulo 11 mil disculpas me hice pelotas ya no supe a quien si le respondí y a quien no.
Anónimo: Gracias.
Chibik: No te preocupes por los review mientras continúes hasta el final. Y si, tienes razón.
Marchu: No te asustes todo saldrá bien. Lo importante es que nuestros protagonistas sean felices.
Caresme: Gracias a ustedes por dejarse llevar a ese mundo.
Anónimo: Años después, noche de bodas no puede ser, como dicen por ahí a los nadadores de Edward les falta condición.
Mahely: Buena teoría pero no.
Fabiola: Hola saludos a Chihuahua… no tenía conocimiento del retiro de esa autora. Y si es una pena que suceda eso.
Pili: Esos y muchos otros clavos sueltos pero todos serán resueltos se los aseguro.
Siguiente actualización el miércoles 27.
Gracias.
Chapter 14: Chapter 14
Por amor
Una vida llena de recuerdos.
Los personajes pertenecen a Meyer la trama es mía.
Betas: Miry Alvarez, Lillian Mcarty.
Asesores: Yumel22, Eli Val.
Soundtrack por Valeska Soto y Lillian Mcarty
Angel Ravelo Preocupate por ti
Franco Simone Paisaje
Nota: Sé que estoy regresándolos al inicio de sus problemas, que hasta cierto punto caen en los mismos errores. Pero me gustaría que tuvieran en cuanta que mi objetivo es hacer de estos personajes ficticios, seres con personalidades reales de acuerdo a sus problemas físicos y emocionales.
Desde mi muy personal punto de vista; el ser humano no cambia, simplemente se adapta y aprende de sus errores intentando así, hacer lo correcto.
Capítulo 14
Posibilidades
Bella
Llegué a casa cansada y con dolor de cabeza, el trabajo en la oficina había sido tortuoso. Al estacionar el auto me di cuenta de que las luces estaban encendidas, Edward me había dicho que llegaba en una semana pero al parecer había decidió regresar antes. Tomé del asiento trasero del auto el refractario que Sue me había dado lleno de comida. Antes de entrar a la casa miré por la ventana, el televisor estaba encendido y Edward estaba sentado en el sofá frente a el con una cerveza en la mano.
—Hola amor. Llegaste antes —lo saludé alegremente por tenerlo de nuevo en casa, mientras cerraba la puerta y colgaba mi abrigo en el perchero.
—Si, ¿te sorprende? —dijo de forma fría.
—No, sólo que dijiste que volverías en una semana.
Me acerqué a él y le di un beso en la mejilla ya que él no se giró para besarme, ni siquiera me miraba. Puse el refractario sobre la mesita de centro.
—Pues si te molesta que haya llegado antes puedo irme.
Estaba molesto y no sabía el motivo, tal vez le había ido mal, seguramente recibió antes los análisis.
— ¿Qué te pasa?
—Nada.
— ¿Como te ha ido con el medico? —indagué con tono interesado, cambiando de estrategia ya que con reclamaciones no era la manera de tratar a Edward.
—Como si te importara.
—Claro que me importa. ¿Tienes hambre, quieres comer?
Tomé el refractario y retiré la tapadera para que el aroma de la comida le cambiara el mal humor.
—No, gracias, ya comí —me miró por primera vez desde que llegué y continuo —, con Charlotte… y Garrett.
—Vaya.
— ¿Vaya? —repitió, levantando una ceja mientras que salía de sus labios una sonrisa burlona.
—Cuando te encuentres de mejor humor hablamos.
Di media vuelta dispuesta a retirarme pero antes de que llevara a cabo mi huida tomó mi mano con fuerza, me haló hacia él, quedando nuestros rostros a la misma altura.
—Eso será cuando llegué a casa y encuentre a mi mujer donde debería estar —dijo con rabia contenida. Mi boca se abrió debido a la sorpresa de su comentario.
— ¿Disculpa? ¿Puedes ser mas claro?
—Sabes de lo que hablo.
—No, Edward, no sé qué es lo que te molesta.
—Bien, entonces averígualo —me soltó. Antes de gritarle lo idiota que se estaba comportando, vino a mi mente alguna supuesta mala noticia.
— ¿Qué te dijo el médico?
—No te importa. —De acuerdo, ya había cruzado la línea y mi paciencia estaba por irse al carajo.
—Eres un grosero, ¿sabes? Yo no merezco que me hables de esa forma. No voy a tolerarte, no así.
Caminé a la cocina directo al refrigerador, guardé el refractario, y cuando me di media vuelta él estaba detrás de mí con el rostro furioso.
—Pues yo no voy a tolerar que mi mujer no llegué a casa a tiempo porque se va a cenar con su imbécil amigo. Ahora niégamelo.
—Hoy fue el cumpleaños de Sue y fuimos a su casa a cenar. ¿De acuerdo? Si eso para ti es que estuve con él, pues sí. ¿Ahora, me vas a decir cómo te fue con el médico o no?
—En siete días me dan los resultados de los análisis —no dejaba de mirarme a los ojos de manera fría.
—Bien, iré contigo.
—No.
— ¿Por qué?
—Porque si los resultados no son favorables, necesitaré tiempo para asimilarlo —escondió su mirada dándome la espalda.
—Soy tu esposa, Edward. ¿Por qué me haces a un lado? —pregunté dolida. Toqué su hombro con mi mano intentando girarlo y que me mirara, más no lo hizo.
—No quieres verme llorar, ni sufrir, solamente estoy evitándote el problema.
—No era eso lo que yo quería decir y lo sabes.
Lo rodeé y me puse frente a él, quiso huir de mi mirada de nuevo pero lo abracé poniendo mi rostro en su pecho. Se comportaba tan frío conmigo y no sabía la causa, eso me dolía, yo sólo quería que me abrazara y me dijera que me había extrañado como yo a él.
—Como sea. Si eso ocurre… no te quiero cerca de mí.
— ¿Por qué? —Lo solté—. Dame una maldita buena razón para no dejarme estar ahí.
—Porque no quiero tú compasión ni tú lastima.
—Mientes, hace diez años yo quería que estuvieras ahí y sin embargo te fuiste dejándome completamente sola, yo no haré lo mismo que tú.
—Yo no soy tu, Bella. Sólo quiero estar solo en ese momento. Por favor.
—Como desees, si quieres revolcarte solo en tu miseria, adelante. Pero no pretendas que llegué temprano a casa el día que regreses, que juegue a ser la esposa ideal y abnegada, cuando eres tú quien no me deja participar en ese momento tan importante no sólo para ti sino también para mi —estaba llena de rabia, no tenía derecho a desquitar sus frustraciones conmigo—. Edward, tú serás el padre de mi hijo o bien mi pareja por el resto de nuestras vidas, y por lo tanto merezco serlo en todo momento. No solamente cuando te convenga tener la cena y cama caliente, no me hagas sentir de nuevo como una maldita incubadora humana.
Había dicho lo último llorando, las lágrimas me traicionaron y dolor se instalo en mi pecho. Caminé hasta la recamara, él venia detrás de mi, di media vuelta y cerré la puerta en sus narices.
—No me molestes ahora, Edward —dije detrás de la puerta. Escuché un golpe y una maldición del otro lado.
Al día siguiente me desperté, miré su lado de la cama encontrándolo vació, resoplé y me pregunté qué nos ocurría. Me levanté de la cama y tomé una ducha rápida, debía llegar temprano a la oficina y preparar las pruebas que demostraban la inocencia de nuestro cliente. Era un caso difícil y llevábamos semanas trabajando en el duramente. Mientras me dirigía a la cocina a preparar el desayuno lo vi dormido en el sofá. Yo había llorado por un par de horas la noche anterior hasta que decidí que una discusión con Edward no iba a quitarme el sueño y martirizarme como lo había hecho años atrás. Fortaleza debía sacar, fortaleza… de lo más profundo de mí. Pero a pesar de que intenté no llorar, los estragos de mi mala noche y dos horas de lágrimas estropearon mi rostro.
Él, al escucharme en la cocina despertó. Lo escuché moverse por la casa hasta la recamara pero en ningún momento me giré a mirarlo. Continúe preparando el desayuno, y serví su plato y el mío. Los llevé a la mesa antes preparada y me senté a desayunar en silencio. Él llegó cinco minutos más tarde, bañado.
Comí en silencio sin dirigirle la mirada, tomé el periódico del día anterior y comencé a leerlo.
—Lo siento, es que… Malditos celos. Me siento inseguro.
Cerré el periódico, lo doble en dos y lo deposité a un lado de mí. Lo miré al rostro con toda la seriedad que me fue posible y dije:
—Cuando te pregunto qué sucede no me lo dices, ¿cómo entenderte y saber qué es lo que esperas de mí si no me hablas?
—Lo sé. Lo siento, perdóname. Yo hablaré contigo. Tengo miedo, mucho miedo.
—Yo estaré contigo si tú me lo permites. —Tomé su mano entre las mías.
—Sí. Sí quiero que lo estés.
Entonces pensé que si yo le pedía confianza y comunicación, debía darle lo mismo. Tenía que confiarle mis miedos.
—Hay algo que debo decirte…
— ¿Qué es?
—Tal vez yo no pueda tener hijos, Edward —solté mi preocupación en voz baja. Creí que me soltaría y se alejaría pero no fue así.
— ¿Por qué piensas eso?
—Por la desnutrición que sufrí hace años con la anorexia. —Él meditó un poco mis palabras, me miró y besó mis labios suavemente.
—Vendrás conmigo, y dependiendo de los resultados le expondremos esto a la doctora.
— ¿Qué haremos si yo no puedo?
—Estaré ahí para ti. Siempre. Perdóname por haber huido como un maldito cobarde, debí quedarme y apoyarte.
—No, perdóname tú a mí por ocultarte la verdad, ahora míranos, tanto dolor y tiempo perdido. Tampoco fui una buena esposa.
—Pero si mejor que yo. Perdonémonos ambos.
—Si.
— ¿Vamos a la cama? Compré un lubricante con sabor a fresas.
—Mmm… Sí, quiero probarlo. Pero rápido, debo ir a trabajar.
.
.
.
Edward
Durante toda la semana había intentado comer con ella para evitar que lo hiciera con William. Mis celos no me dejaban ni un momento, inútilmente intentaba desecharlos de mi corazón pero cada día que iba a recogerla a la salida me topaba con él y me daban ganas de golpearlo por el simple hecho de estar por algunas horas bajo el mismo techo que mi mujer.
Hoy terminé antes mi jornada de trabajo. Estacioné el carro frente a su oficina del otro lado de la acera, quería admirarla un rato y recordar cuando trabajábamos juntos en la fundación. En ese entonces no tuve la oportunidad de observarla en su ambiente laboral como hubiera querido. Y ahora, en ésta posición, podía verla a través de los ventanales.
Ella estaba en su escritorio leyendo lo que parecía ser un expediente mientras lamía una paleta de caramelo. Era sexy y graciosa a la vez. Él, desde su lugar la observaba atentamente. Sue, parecía no percatarse de nada pero hasta yo desde aquí podía sentir el deseo de ese hombre por mi mujer. ¿Cómo controlarme si me sentía amenazado? Cada día que ella partía de casa hacia la oficina era un infierno para mí. Mis dudas se acrecentaban aun más cuando en la cama ella no parecía muy deseosa de mi apetito sexual. Casi siempre teníamos que utilizar lubricante y eso me ponía nervioso. Llegando a cuestionarme si yo no era buen amante o si ella deseaba las caricias de alguien más y no las mías. En cambio yo, lo único que deseaba y pensaba cuando estábamos en casa era hacerle el amor. Ella era muy hermosa y había pasado tanto tiempo de estar lejos que quería recuperar el tiempo perdido.
Ella, dejó la paleta a un lado y miró hacia él. William, se puso de pie y se acercó a ella. A su lado, Bella, comenzó a hablarle mostrándole las hojas en sus manos. El maldito se acercó demasiado y olió disimuladamente el perfume de mi mujer. Salí del auto furioso, crucé la calle y entré a la oficina de forma violenta sin importarme nada, iba a matar a ese hijo de puta.
La vi levantar la vista al escuchar el portazo, pasé de largo a Sue, quien dijo algo que no me interesó. Vi el rostro de Bella pasar del desconcierto al susto cuando se imaginó mis intenciones. Llegué frente a ellos, William me miraba nervioso. ¡Oh! Sí, idiota, sabía que yo lo había visto. Alargué mi brazo y lo pesqué de su camisa, lo atraje hacia mí y sabiendo que no lo esperaba solté un puñetazo a su muy agradable rostro. Cayó de espaldas.
— ¡Edward! —gritó mi mujer.
— ¡Escúchame bien, vuelve a acercarte a ella de esa manera y la próxima vez te envió casi muerto al maldito hospital! ¿Me escuchas?
—Edward, sólo estábamos hablando. ¿Qué demonios te sucede? —No había algo más que odiara en ese momento, qué el hecho de que ella lo defendiera.
— ¡Ya basta Isabella! ¿Estás ciega o te gusta tenerlo detrás de ti?
— ¿De qué hablas? Estás equivocado, Edward —dijo asustada mientras intentaba ayudar a su admirador. ¿En serio no lo veía?
—No. El imbécil estaba oliéndote.
Jadeó.
— ¡Oh! Si, amor, él lo hacía y yo no lo voy a tolerar.
— ¿Que? ¿William?
—Utilizas el mismo perfume que mi ex, fue un acto inconsciente. Lo siento.
—Pues antes de detener fantasías de tu ex y su olor con mi mujer, piénsalo dos veces.
— ¡No me amenaces! —levantó la voz.
Iba de nuevo a golpearlo pero Bella se interpuso abrazándome.
—No te acerques a ella a menos de un metro de distancia.
— ¡Basta ya! —gritó—. William, no te quiero ver aquí en lo que va de la semana, lo que hiciste es una falta de respeto a mi persona no sólo como tu amiga sino también como tu jefa.
—Disculpa, Bella, no volverá a ocurrir —dijo, de manera sumisa. El imbécil tomó sus cosas y salió apresuradamente.
—Te espero en el coche.
Salí de ahí, deseaba un cigarrillo pero estaba dejando de fumar por lo que sólo atiné a meterme dentro del coche y golpear el volante. Diez minutos después ella llegó y se subió al auto. Lo encendí y partimos a casa en silencio.
Después de unos minutos…
—Despídelo —le ordené.
—Necesita el trabajo —dijo, defendiéndolo de nuevo. Rodé los ojos.
—Eso debería pensar antes que su…
— ¡Edward! —gritó, sin dejarme terminar mi frase florida.
—Me prohíbes a mí y a Charlotte un cruce de palabras, ni siquiera unos ‹‹Buenos días›› y tú quieres que yo permita que él continúe acosándote.
—Él no se ha desnudado frente a mí, Edward. —Solté una carcajada sarcástica.
—Porque no ha tenido la oportunidad, tan sólo dásela y veras. No mejor no lo hagas —dije lo último entre dientes.
—Como tú con Charlotte, la dejaste que se desnudara, viste la mercancía de la chica y luego la despachaste cruelmente.
— ¿Sabes qué? Te diré la verdad. Sí, lo hice, dejé que se desnudara, pude haberla detenido, sabía cuáles eran sus intenciones desde que la vi dejar caer su abrigo al piso y, ¿sabes por qué no la detuve? Porque sabía que estabas ahí, mirándonos. Porque esa era mi oportunidad para demostrarte con hechos lo que con mis palabras no alcanzaba a decirte. Esa es la verdad. Lo hice a propósito. Quería que tú sintieras que podías perderme. Ahí está el maldito secreto. Ahora dime… ¿Lo haces a propósito? —Desvié mi mirada del camino para ver su rostro, no me había dado cuenta que viajábamos a alta velocidad hasta que la vi sujetarse del tablero del auto de manera nerviosa. Disminuí la velocidad—. ¿Lo tienes a tu lado sabiendo que me pudro en celos y rabia cada vez que sales de la casa? —Golpeé el volante—. ¿Pensando en que vas a encontrarte con él? ¿Eh?
—El León cree que todos son de su condición. Me decepcionas.
—Y en estos momentos tú me decepcionas aun más. Aléjalo, Bella, o va a causarnos una gran herida.
—Es mi único amigo —dijo llorando. Maldije, ¿acaso ella sentía algo por él?
—Yo soy tu amigo.
—No, tú eres mi esposo.
— ¿Qué malditos pecados tienes que no puedes confiármelos a mí?
—Los mismos que tú seguramente tienes.
—Ya no tengo ninguno, el último te lo acabo de revelar. Ahora dime los tuyos.
Ella guardó silencio, no me respondió. Manejé hasta casa esperando a que ella hablara, más no lo hizo. Cuando llegamos estacioné el auto frente a nuestro dulce hogar, pero no apagué el motor. Ella me miró desconcertada.
—No estamos llevando a cabo nuestros votos, Bella. No quiero una esposa ideal, quiero a una real que pueda ser mi amiga, que me permita ser su amigo, que me confíe sus miedos, pero no lo haces. Te diré algo, siempre me sentiré celoso y amenazado de cualquier hombre que se encuentre cerca de ti. Eso jamás cambiará y tendrás que aceptarme así. Pero, ¿sabes por qué no pienso cambiar ese defecto? Porque es como no sentir nada por ti, no amarte, ser indiferente a tu belleza. Eres tan hermosa y tu no te das cuenta que cualquier hombre te merece más que yo por mi traición. No sentir celos sería como olvidarme de lo que una vez hice y no quiero olvidar el daño que te causé, porque no pienso volver a repetirlo.
—Yo…
— Baja del auto —corté cualquier cosa que quisiera decirme, ya que estaba tan molesto que en verdad no la escucharía y terminaría hiriéndola—, llegaré más tarde, no me esperes despierta.
— ¿A dónde vas?
—No con una mujer y que eso te baste para dormir bien.
Cuando bajó del auto, arranqué y salí a alta velocidad, alejándome de ella. Llegué hasta la carretera y conduje al bar a donde últimamente Garrett se la pasaba después del trabajo. Estacioné, bajé del auto y entré al lugar. Olía a cigarrillo, las voces altas, los gritos alegres y alcoholizados ensordecieron los recuerdos de su voz en nuestra discusión.
Lo busqué con la mirada hasta encontrarlo en un rincón en pleno manoseo con Zafrina, una chica de belleza exótica pero demasiado lista y vivida para mi amigo, quien me temía estaba demasiado ilusionado con ella. Era simple notarlo, ya que al finalizar cada jornada salía directo aquí para verla. Llegaba tarde a su casa, lo había visto en dos ocasiones cuando, Bella y yo, nos quedábamos mirando las estrellas platicando de nuestro día o simplemente besándonos como dos adolecentes. Cuando me encontraba con Charlotte fuera de su casa, ella me miraba y sus ojos llenos de incertidumbre me decían que quería hablarme más las amenazas de Bella se lo impedían. Garrett, asistía al trabajo con aliento alcohólico y eso no era nada bueno, tarde o temprano se volvería un alcohólico o terminaría sufriendo un accidente en la carretera.
Me acerqué a la mesa, corrí la silla a su lado y le llamé:
—Buenas noches, Garrett. —Hablé fuerte para ser escuchado en medio de su arranqué de pasión.
— ¿Ethan?
—Garrett, necesito hablar contigo.
—Estoy ocupado —dijo arrastrando las palabras y continúo besando a la mujer.
—Si, ya veo. Pero es importante.
—Vaya, amigo, con ese genio que tienes nadie diría que estás recién casado… si quieres puedo ayudarte —dijo Zafrina, quien se había zafado de los labios de mi amigo. Su insinuación frente a su cliente me había parecido lo más desagradable que una mujer pudiera hacer. Garrett, la miró con el ceño fruncido y yo la fulminé con la mirada.
—Lárgate, Zafrina —le ordené. Ella miró a Garrett pidiendo ayuda pero él no la miraba.
—Garrett, ¿cariño?
—Déjanos, Zafrina —dijo finalmente, estaba molesto. La mujer maldijo y se fue indignada.
— ¿Qué haces con esa puta?
—Pues lo que se hace con una puta —respondió molesto.
—No seas cínico, te pregunto en serio y sabes a lo que me refiero.
— ¿Qué quieres?
Arrastré una silla y me senté a su lado, ordené un tarro, para beber de la jarra que Garrett tenía en la mesa llena de cerveza.
— ¿Cuántos años tienes, Garrett? —pregunté después de un trago.
— ¿Quién eres, mi padre? —se notaba lo bebido que estaba. Esa mujer seguramente ya le había sacado una buena cantidad de dinero.
— ¿Veinticinco? A tu edad manejaba un Bufete de Abogados. A tu edad, había tenido a más mujeres de las que has tenido tú. A tu edad, yo engañaba a mi mujer con prostitutas que no valían la pena, como no lo vale Zafrina. Y no lo vale, no por su profesión, sino porque ella tiene a un maldito que la maneja y es ese maldito el que disfruta tu dinero con ella. Zafrina, sólo te dice lo que quieres escuchar, te ama de la manera en que se debe amar a un hombre solitario y necesitado de afecto.
—Tengo veintiséis, papá.
—A los veintiséis mi socio me tenía secuestrado, a esa edad estaba siendo torturado por un maldito tratante de blancas como el chulo de Zafrina. A los veintiséis me pusieron una maldita pistola en la cabeza, aquí está la marca de la bala —señale la cicatriz—. Si la policía no hubiera llegado en ese momento, la bala hubiera entrado directo a mi cerebro. Hijo, si yo no te estimara, no te diría que estoy bajo protección a testigos. Que mi mujer y yo corremos peligro. Ya te llegará la indicada, pero Zafrina no lo es.
Garrett, me miraba con el ceño fruncido, dentro de su estupor había logrado captar algo de todo lo que le había contado. Él sabía que yo ocultaba cosas, pero supongo nunca se imaginó esto.
—Me gusta el sexo con Zafrina —comenzó a decir, mientras intentaba servirse más cerveza de la jarra, se la quité de las manos y le serví yo—. Amanda, era mi novia desde la secundaria. Ella quería guardarse para el matrimonio, pero yo insistí y la presioné hasta que cedió. Su padre nos encontró y yo jamás la toqué. Un puto virgen acusado de violación. ¡Maldita!
—Amanda, no era una bruja, solamente una niña estúpida y miedosa de la ira de su padre. Ella tampoco te amaba después de todo. Pero lo que si te apuesto es que esa caza hombres, es bruja y te tiene hechizado.
— ¿Sabes lo que les hacen a los violadores en la cárcel? Así que no me jodas señor de ciudad, cuando los malditos recuerdos vienen a mi mente y yo sólo quiero olvidar.
—Vámonos de aquí. Compremos unas cervezas y bebámoslas en tu cochera.
—No me dejaras en paz, ¿no es así?
—No, éste no es tu lugar. Eres mucho más, amigo.
4am
Las cervezas se habían terminado, llevé a Garrett adentro de su casa y lo tumbé en su cama. Salí por la puerta trasera y fui directo a mi hogar. Silencioso caminé hasta nuestro lecho. Encontré a Bella recostada en la cama, de pie a su lado, la observé dormir. Bella, se removió y abrió los ojos. No estaba dormida, yo lo sabía. Ella, miró mi rostro bajo la luz de la luna que se filtraba a través de la ventana, levantó las sabanas y me hizo la invitación para recostarme junto a ella. Los roces de mi ropa siendo despojada de mi cuerpo era lo único que se escuchaba en la habitación. Desnudo me metí a la cama, abrazándola y atrayéndola a mi pecho. La extrañaba, la necesitaba, y la amaba tanto que hasta estaba a punto de ceder a que ese maldito continuara siendo su amigo.
—Le dije a William el por qué estabas fuera de la ciudad.
Por un momento no alcance a comprender sus palabras. ¿Acaso ella estaba diciendo que le había hablado de mi intimidad? Aterrado, al verme enclenque frente al hombre que era un maldito semental enamorado de mi mujer y su puto amigo. Mi enemigo.
— ¿Le dijiste que yo era estéril? —Convoqué mi fuerza interior, necesitaba de todo mi autocontrol para apaciguar mi furia.
—Sí —dijo, en voz casi inaudible. La solté, aventándola no muy fuerte a su lado de la cama. No, no podría ser muy delicado en estos momentos, ella me traicionó.
— ¡Lo prometiste, Bella! —grité.
—Lo lamento. Pero necesito a veces a alguien con quien hablar —dijo entre sollozos. Encendí la lámpara de noche que descansaba a un lado de mi cama.
— ¿Por qué no conmigo? —dije tocándome el pecho, haciéndole saber que yo estaba con ella y no lo comprendía. No estaba aceptándome como su compañero, su confidente, y eso me lastimaba en lo más profundo de mí ser.
—No puedo cuando te comportas como un idiota.
Caí en cuenta que ambos estábamos errando en nuestra nueva vida, esto era más difícil de lo que habíamos creído. Volver a conocernos y volver a toparnos con las mil y un razones por las que no funcionábamos como pareja.
—Buen punto. No sé qué nos está pasando, se supone que estábamos bien, que seriamos muy felices. Discutimos por casi todo, no estamos caminando uno al lado del otro, estamos haciéndolo separados y como se nos da la gana sin consultar al otro. En parte es mi culpa, lo sé. Yo falló y te orillo a que lo hagas tú también. Pero entiende que hay cosas, Bella, que no deberían ser habladas, secretos que sólo pertenecen a aquellos que los viven. No puedes decirle al enemigo de tu esposo sus malditas debilidades —me sentía débil y dolido.
—Él no es tu enemigo —dijo, por lo que se ganó una mirada dura ante tal estupidez. Si alguna vez hubo alguna duda sobre las buenas intenciones de William y mis celos mal infundados, hoy ella y yo sabíamos que no era así, él lo había demostrado la tarde anterior.
— ¿Cómo te sentiste al enterarte que tu rival sabía tus más profundos secretos, que utilizaba esa información para ser una mejor amante, y darme lo que yo quería y esperaba de ti?
—Traicionada y débil. Y fuiste un maldito por eso. Ahora sabes lo que yo sentí.
—Tienes razón y en otro maldito universo diría lo merezco. ¿Pero no crees que ya pagué lo suficiente por mis errores? No estamos hablando de desquitarnos de lo que nos hicimos y de lo que no. Se supone que eso estaba ya sanado, que tal vez no olvidado pero si perdonado. No puedes decir te perdono y en cuanto te sientas acorralada por tu mal proceder y mis reclamos, me saques en cara el daño que te hice.
—Lo mismo digo yo de ti, no me perdonas el hecho de haberte mentido y ocultado la verdad.
—Mi madre tenía razón al decir ‹‹Nunca vayas a la cama enojado con tu pareja.›› Levántate, vamos a hablar como es debido.
Me levanté de la cama, recogí mi pantalón y me lo puse, la escuché salir de la habitación. Definitivamente necesitaba un cigarrillo. De un cajón del buró tomé uno. Fui a la sala, ella me esperaba sentada en el sillón. Caminé a la cocina y encendí la estufa para prender mi cigarrillo. Cerré la perilla y regresé a la sala. Con su camisón blanco casi trasparente, su ceño fruncido, su cabello fuego que tanto me encendía y sus deliciosos labios fruncidos me esperaba sexy y ardiente. Pero debíamos aclarar todo de una maldita vez.
—De acuerdo, no es que no te perdonara, Bella, es la maldita situación de que nuestro anterior matrimonio se desplomó con tu mentira —ella abrió la boca para debatirme pero levanté mi mano silenciándola—, lo nuestro, estaba destinado a ser un total fracaso. Esa es la maldita realidad. No por tu mentira sino por nuestra falta de sinceridad con nosotros mismos. Bella, yo no te amaba —ella llevó una mano a su pecho—, te idealizaba, que son cosas totalmente distintas. Me gustabas muchísimo, te quería pero no te amaba tan locamente como lo hago ahora. —Aclaré, no quería que pensara que en estos tiempos era lo mismo—. Porque yo realmente no te conocía. Yo amaba una mentira, algo que no eras tú. Y lo que ahora veo me tiene fascinado, embrujado, obsesionado y enamorado. Fuiste tú la que detonó la bomba de tiempo que era nuestro matrimonio. El maldito dinero y poder me tenían ocupado, me hicieron cínico y un hijo de puta. Hay hombres que el poder los ciega y echa a perder, uno de esos hombres era yo. Un maldito niño rico que vivía su cuento feliz. Que siempre tuve todo, que alcancé el éxito tan rápido como espuma de jabón. Por eso no podía concebir la idea de un maldito fracaso. Yo era arrogante, demasiado arrogante para nuestro bien. Caprichoso también. Inmaduro. Estaba molesto, tal vez en el fondo no contigo por haberme mentido, sino por todos nuestros errores y que pudimos mediarlo a tiempo y no fue así.
—Debemos trabajar en la confianza.
—Sí. Voy a pedirte que me digas que me comporto como idiota cuando lo haga. Y yo te recordaré tus votos cuando necesites decirme las cosas.
Guardamos silencio por unos minutos tan sólo mirándonos a los ojos, finalmente tenía que ceder si quería que las cosas funcionaran, bajé mi mirada. Ella decidió hablar:
—Te amo, fui una idiota.
—No, sólo no confías en mí. Y lo entiendo, porque yo te fallé. Pero dame un voto de confianza. Hazlo y te juró que no te defraudaré —su mirada se tornó de corderito asustado.
— ¿Prueba superada?
—Parece que sí.
—Entonces, cumple con tus obligaciones maritales y complace a tu esposa —dijo, solté una carcajada, me puse de pie y caminé hasta ella.
—Con mucho gusto.
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Bella
Era domingo por la tarde, por alguna extraña razón me sentía con la necesidad de limpiar una de las dos habitaciones que contenían algunas de las cosas que había traído de la casa de mis padres. Saqué las cajas y las llevé al cuarto de lavado. Dejándola totalmente vacía, la observé por un momento mientras que estaba de pie en medio de ella. Cerré mis ojos y la imaginé… sus paredes de un color azul claro, mientras que las cortinas con estampado de imágenes de súper héroes... Sonreí a la vez que me asusté, al darme cuenta que en realidad había estado comenzando a preparar la habitación de un bebé que no sabía si en verdad sería posible que llegará.
—He estado pensando en hacer una puerta en esta pared —escuché la voz de Edward, me asusté, pero al poner atención a sus palabras supe qué él sabía que yo pensaba en ésta habitación como para nuestro hijo—, de esa forma podríamos atenderlo por las noches sin necesidad de entrar por la puerta del pasillo, ocasionando que entren corrientes de aire frío a su habitación. He leído que esas corrientes pueden ocasionarles resfriados.
—Yo he visto en un programa que lo mejor es que duerman en la habitación de los padres en los primeros meses. Su cuna al lado de la madre.
—Imposible, la despertarías cuando te hiciera el amor —jadeé y me giré a mirarle el rostro—. Cariño eres muy ruidosa y gritona —dijo divertido.
— ¡Oye! No haremos el amor en la misma habitación que nuestro bebé.
— ¿A no? ¿Entonces dónde?
—Cualquier otra parte.
— ¿En el bosque? —preguntó, mientras me atrapaba en un fuerte abrazo.
—Sí.
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Estábamos preparando las maletas para nuestro viaje a Chicago. Estaba nerviosa, pero al detenerme un momento y verlo empacar con seguridad pero sobre todo con un semblante de total serenidad, comprendí que no debía temer por los resultados sean cual sean éstos. Y que siempre estaría a mi lado aun cuando sea yo quien no pueda darle al fin un hijo.
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De nuevo como hace diez años nos encontrábamos en la sala de espera del hospital cuando ambos asistimos por primera ocasión. La diferencia es que ahora estábamos tomados de la mano, él con conocimiento de los hechos y yo confiando en que su respuesta a los resultados siempre será de aceptación y continuidad.
Cuando la asistente de la doctora nos indicó que podíamos pasar, Edward, me detuvo un momento.
—Pase lo que pase siempre te amaré, Bella.
—Pase lo que pase siempre te amaré, Edward.
Sellamos nuestra promesa con un casto beso.
Al entrar al consultorio sentí que todo me daba vueltas, era como regresar el tiempo, con una nueva oportunidad para hacer las cosas de manera correcta. En ésta ocasión no fallaría. Yo prometí en nuestros votos luchar a su lado e iba a hacerlo hasta el final.
Tomamos asiento.
—Buenas tardes, señores —saludó la doctora con una sonrisa cálida.
—Buenas tardes —respondimos al unísono. Edward, me tomó de la mano y por un momento nos miramos. Podía saber que él como yo, sentía un nudo en el estomago.
—Señora Cullen, un gusto volver a verla.
—Igualmente doctora.
—Bien, tengo ya aquí los resultados de los análisis del señor Cullen.
Levantó el sobre de laboratorio, mostrándolo. Sacó del sobre las hojas que contenían la posible visión de nuestro futuro.
— ¿Y?… —preguntó Edward, impaciente, al tardar demasiado la doctora en revisar cada uno los resultados.
—Tranquilo, todo tiene solución en ésta vida, debe entender señor que en ocasiones las cosas son por algo y que los resultados sean los que sean, son siempre para obtener algo mejor.
—Sí —respondió, aunque su tono fue de ‹‹Lo que usted diga pero apúrese.›› Ella lo supo, pues sonrió.
—Los análisis arrojaron como resultado un recuento bajo de espermatozoides o oligospermia.
— ¿A qué se debe eso, doctora? —pregunté.
—Puede ser resultado de una variedad de factores. Trescientos millones se consideran un recuento normal de espermatozoides, donde al menos el 60 % de esos espermatozoides tiene una forma y una motilidad normal. Aunque los hombres con recuentos de espermatozoides menores a los veinte millones han tenido hijos, y algunos hombres con recuentos de espermatozoides relativamente altos no han podido, estos casos se consideran excepciones a la regla. La oligospermia puede ser causa de innumerables, y a veces inexplicables, factores. Sobrecalentamiento de los testículos, estrés emocional, psicológico y físico; abuso de drogas, tabaquismo, deficiencias nutricionales y obesidad, toxinas ambientales. Estas toxinas pueden estar en su lugar de trabajo, ya sea porque trabaja con químicos o con materiales que contengan dichas toxinas.
Por un momento ambos nos mirábamos, sabíamos qué era exactamente lo que deseábamos saber en realidad.
— ¿Entonces, puedo contar con algún tratamiento que aumente mi conteo? —preguntó Edward, nuevamente con impaciencia.
—Comprobable científicamente no lo hay. Existen tratamientos alternativos que se basan en ingerir una dieta de antioxidantes o medicamentos. Pero repito, no son comprobables científicamente.
— ¿No podremos tener hijos? —preguntó Edward, nervioso. Tomé y apreté su mano en signo de apoyo.
—Existen varios métodos de reproducción. —Respiré. Había esperanza.
— ¿Cómo la inseminación artificial? —de nuevo interrumpió Edward a la doctora. Ella, sonrió y pacientemente nos respondió.
—Es uno de ellos, pero para tu caso, Edward, no es la mejor alternativa ya que presentas un menor conteo de lo que se considera viable para ésta opción.
— ¿Entonces? —Ahora fui yo la desesperada.
—La fecundación In Vitro es la técnica más común en su caso.
— ¿Y si esa no funciona? —pregunté de nuevo.
—Utilizaríamos la misma técnica pero le agregaremos una micro manipulación, es decir, que en un laboratorio se captura un espermatozoide y se inyecta dentro del ovocito.
—Doctora —interrumpí. Sí, éramos un par de desesperados con muchas dudas y deseosos de respuestas inmediatas—. Yo soy anoréxica, ¿eso puede causar dificultades para el desarrollo de un embarazo? —La doctora miró a Edward con reproche, suponiendo que por no habérselo dicho antes.
— ¿Estás en recuperación? —preguntó, con el ceño fruncido y evaluándome con la mirada.
—Desde hace cinco años yo estoy rehabilitada. Pero estuve a punto de morir, he tenido varios infartos, durante cuatro años utilicé un marca pasos y, hace un año y medio tuve un trasplante de corazón.
—Bien. ¿Señora Cullen, desea usted ser madre en éste momento?
—Sí, lo deseamos —respondió, Edward.
—Una cosa es lo que en pareja se quiere y otra lo que uno quiere —le dijo a Edward, y luego de nuevo se dirigió a mí — ¿Isabella?
—Sí, lo deseo.
— ¿Sabe usted realmente la responsabilidad que está adquiriendo al traer a un niño al mundo?
—Sí —respondí firmé.
—Entonces, si en verdad deseas ser madre, vas a seguir todos y cada uno de los procesos que llevaremos a cabo para preparar tu cuerpo.
—Lo haré.
— ¿Tu último chequeo médico, hace cuanto fue?
—Hace seis meses.
— ¿Tu periodo es regular o irregular?
—Regular.
—Vamos a verificar tu estatura y peso. Por favor, descálzate y de espaldas sube a la báscula.
—Sí —obediente me descalcé y subí a la báscula. Miré al frente y cerré los ojos, no quería ver mi peso y preocuparme por el.
—Bien, puedes bajar. Tu peso es el ideal de acuerdo a tu altura.
—Voy a darte una orden para una Biometría hemática completa, para saber si tienes anemia, y en su caso para que te sea tratada. Ahora voy a recetarte Vitamina B9, D, E y K. Te recetaré hormonas luteinizantes y gonadotropicas para preparar el útero y hacerlo un lugar óptimo para el embrión.
—Sí.
—Isabella, como te he dicho antes, debemos comenzar a prepararte para que traigas al mundo un niño sano y fuerte. Para que no presentes ningún problema durante el embarazo y no se torne de alto riesgo. Por eso es importante que incrementes tu peso cinco kilos.
— ¿Qué? —pregunté aterrada. Por un momento la voz contra la que luchaba día con día, gritó aterrada. Sentí la mano de Edward apretar mi muslo.
—Si tú no tomas las vitaminas que te he ordenado o no cumples con una buena alimentación, esto afectara no sólo tu embarazo, también al bebé. Por la falta de vitaminas y proteínas, el bebé podría presentar problemas tanto neuronales, como de desarrollo. Y para el desarrollo óptimo del bebé es necesario que ingieras más proteínas.
—De acuerdo, haré lo que sea —silencié la voz torturante. Quería ser madre y darle a Edward el regalo de la paternidad.
—Me gusta tu disposición. Llevarás un control con un nutriólogo y con un psiquiatra, para ayudarte a asimilar cualquier inquietud o adversidad que venga dentro del tratamiento de fecundación y posterior a el. Mientras tanto debes pedir cita con nuestra nutriólogo para dar inicio a tu control alimentario y otra cita con uno de los psiquiatras del hospital, yo te recomiendo a Jasper Whitlock.
— ¿Jasper Whitlock? Creo que lo conozco. Estuve en la clínica Nuevo Amanecer, y creo él trabajaba ahí.
—Sí, es uno de los fundadores —dijo sonriendo. Sí, esa era la razón por la que ella me lo recomendaba, él tenía experiencia con casos de anorexia.
—Quien me trató fue Peter, pero llegué a verlo en los corredores. ¿Usted es su hermana, cierto?
—Sí, así es. Hace dos años que comenzó a dar consulta en éste hospital.
— ¿Puede ser algún otro medico? —interrumpió Edward de pronto, cuando lo miré él tenía el ceño fruncido y los puños cerrados. Algo pasaba dentro de él.
— ¿Por qué, Edward?
—Sólo pregunto —respondió, mientras subía los hombros despreocupado pero su rostro decía lo contrario.
—Edward, él no sólo tiene acceso a mi expediente en la clínica, sino que conoce a Peter y viniendo de la clínica me siento más segura, yo creo que sería la mejor opción.
— ¿Por qué no lo conoce, señor Cullen, y después determina si quiere que él los trate o no? —sugirió la doctora un poco desconcertada al igual que yo.
—Ya lo conozco, asistí a sus terapias después de un intento de suicidio, él fue la recomendación del doctor Peter quien es amigo íntimo de mi padre.
¿Qué trataba de esconder? En mi opinión era la mejor opción, no sólo por mí, también por él. A ambos nos conocía.
—Lo quiero a él, Edward.
—Puedo recomendarles otro médico, es igualmente excelente —de nuevo sugirió la doctora al ver la posición terca de mi marido.
—Sí.
—No —lo contradije de inmediato.
—Bien, voy a dejarlos cinco minutos para que se pongan de acuerdo. Con permiso —dijo. Esperamos a que la doctora saliera de la oficina para discutirlo.
—Lo quiero a él —dije de inmediato, robándole la palabra.
— ¿Por qué precisamente él? ¿Te gusta o que? —y sus malsanos celos de nuevo.
—Ay, no empieces a comportarte como idiota — ¡Ajá, toma esa Edward! Qué bonito era tener el poder de detener a tu esposo con su total permiso.
—Ok —suspiró—, dame tus razones.
—Porque es fundador de la clínica donde fui tratada, de esa en donde me salvaron la vida. Fui a dos de sus terapias grupales y gracias a ellas sentí que tenía esperanza, que podía salir adelante —soltó una carcajada.
—Él, me dijo que lo mío no era amor sólo una maldita obsesión. No lo soporto —su rostro era rojo de coraje.
—De una manera indirecta me salvo la vida —refuté.
—Otro puede ayudarnos.
—Por favor, Edward, te lo pido por favor. No seas egoísta, no me lo niegues sólo porque te hizo un diagnostico que no te gustó. ¿Y quieres que te diga lo que pienso? En el tiempo en que te hacías pasar por alguien más, si parecías un maldito psicópata acosador y obsesivo. Yo creo que de alguna manera tenía razón. Pero me gusta pensar en todo lo que hiciste por estar cerca de mí. Él no sabía que estabas bajo protección a testigos ¿o si?
—No lo sabía todo.
—Si el supiera tus razones de actuar como lo hiciste, su diagnostico tal vez fuera distinto.
—Puede que si.
—Por favor, Edward, has que me sienta segura en ésta lucha que comenzaremos. Lo prometimos, ¿recuerdas? —Jaló sus cabellos mientras que resoplaba.
—Está bien. Pero antes necesito la primera consulta a solas con él.
— ¿Por qué?
—No terminé las terapias. Huí. —Solté una carcajada. Sí, definitivamente Edward era todo un caso.
—No huyas en éstas.
—No lo haré.
—Bien. ¿Qué me escondes? —pregunté con seriedad.
—Sí, intenté suicidarme para darte mi corazón.
—Gracias. No debiste, pero gracias.
—Te amo.
—Lo sé. Y sabes que yo también lo hago.
—Sí
—Entonces será Jasper.
— ¿Lo tuteas? —preguntó molesto.
—Celoso.
La doctora entró de nuevo al consultorio, el ambiente tenso había cambiado a uno lleno de complicidad.
— ¿Ya decidieron?
—Si. Será el doctor Whitloc—De acuerdo.
.
.
.
Caminando sobre las calles de Chicago paré mis pasos y lo abracé.
—Eres buena debatiendo, estoy seguro que eres muy buena abogada. Me has ganado —dijo con decepción por su fracaso.
—Usted, defiende las causas equivocadas.
—Sí, posiblemente.
Tomé su rostro entre mis manos y lentamente uní mis labios con los suyos para fundirnos en un suave beso.
….
Gracias a todos por la espera y por seguir la historia. Primero que nada, les comento que los capítulos comenzaran a ser más grandes, por lo tanto tardare unos días más entre cada actualización.
Ariana: tienes toda la razón.
Cli: Hoy te has enterado ja ja ja.
Zujeyane: Si muy malo pero es parte de lo que deben vivir.
Isis Janet: De los errores se aprende, bueno, la mayoría de las veces.
Sadooh17: Si, te entiendo.
Marishka Cullen: Yo le paso tu mensaje a Eli. Bueno lo del marcapasos no es problema pues ella ya tuvo un trasplante de corazón. En cuanto a la anorexia de Bella ese si es algo más delicado.
Janalez: Espero hayas quedado satisfecha con Bella en éste capítulo.
Yolabertay:No hay cuarta temporada ésta es la ultima.
Gretchen Cullen: Dicen que para que un matrimonio fracase se necesitan dos. Exacto Bella cometió errores en el pasado y esperemos haya aprendido de ellos.
Danny: Si ya tienen problemas, pero en realidad están solucionando los anteriores.
Saha Denali: ¿Celos sin fundamento?... bueno el problema de los celos de Edward, es un problema más profundo de lo que parece.
Kedchri: Bella es quien debe alejarlo, la pregunta es si ella quiere.
Ardi Cullen: Eso es lo ideal y lo que se supone se debe hacer. Pero a veces la inseguridad puede más que la razón.
Chuss: Me has puesto en una encrucijada. No, no es cierto… Por amor es un drama en el que he intentado manejar cuanta felicidad y capítulos románticos como la historia y los personajes lo ameritan.
Robsten-pattinson : Si hay demasiadas discusiones.
Cintygise: William no es tan mal amigo, a veces le gana su enamoramiento.
Fabiola: Hola gracias a ti. ¿Profesora de que?... Saludos a Chihuahua.
Marchu: Lo harán a su debido tiempo.
Pili: Edward que no te engañe, no es tan buena gente ja j aja
Any0239: Me baso en su historial medico.
Beakis: Si otra vez.
Little White: Ja, ja, ja… a los hombres no les gusta ser manoseados, pero no debería quejarse tanto fue una mujer. Horror si hubiera sido hombre.
Sky TwiCullen: No lo sé. No quiero pasar de 21 capítulos por eso serán más largos estos últimos.
Caresme: Gracias a ustedes. Si son muy malos consejeros.
Manigrez: Tienes toda la razón.
Julissa de Pattinson: Huy… es complicado.
: Sus acciones tienen una razón psicológica de ser.
Maribris: Empatía, exacto.
Catrina00: Gracias y no pierdas la fe, haré lo posible.
Lulu: Ja, ja, ja… Bella tiene que enviar a William a la Patagonia.
Ev76: Bueno hay que recordar las personas no cambiamos, nos adaptamos e intentamos siempre hacer lo correcto.
Tataxoxo: Si sufren por necios…
: No, tampoco. Faltan dos capítulos.
Marah2221: Así es no contábamos con la problemática de Bella.
CindyLis: faltan dos o tres capítulos y lo sabrás.
Mahely: Tranquila, esperanza…
AshleySwan: Yo espero lo mismo.
PekasCullen: No tienes idea de cómo me has hecho reír… Yo quero ser miembro del ¡TEAM EDWARD VEN Y HAZME UN HIJO!
Próxima actualización el 10 de abril, recuerden que cada capitulo lo revisan cuatro personas por lo que puedo desfasarme unos días en la fecha de publicación.
Gracias.
Chapter 15: Chapter 15
Por amor
Una vida llena de recuerdos
Los personajes pertenecen a Meyer
La trama es mía.
Beta:
Miry Alvarez
Lillian Mcarty
Aesores:
Yumel 22
Eli Val
Ela Fordice
Musica:
Valeska Soto
Yo caminaré por Sergio Dalma
A mis betas y asesores:
Lillian por cuestiones de salud no ha podido participar en éste capitulo pero le enviamos un saludo. Miry Alvarez. Amiga, muchas gracias y mil disculpas, te quiero. Valeska Soto:Siempre abuso de tu buen gusto por la música, gracias por soportarme. Yumel, me imagino el trabajo que debes tener, los horarios que un medico tiene siempre son difíciles y aun así te das el tiempo, muchas gracias. Eli val, gracias por toda la información que me has dado y sobre todo por los esquemas alimenticios que has hecho para Bella. Ela Fordice ¡Bienvenida! Gracias por aceptar participar en el manejo de la parte psicológica del Fic.
Lectores:
Mil disculpas por la espera, no tengo perdón, pero intento no dejar espacios en blanco en la historia. En ocasiones aun cuando el autor se documente no es especialista en el tema, por lo que los errores en la práctica son comunes. En lo personal, pienso que siempre es bueno pedir una segunda opinión a los especialistas.
Grupo Facebook Por amor:
Gracias a todas por pertenecer, participar o simplemente reírse de nuestras loqueras.
Grupo Facebook FFAD: A quienes votaron por el fic a mejor trama original, muchas gracias. Pasamos a la siguiente fase.
Magui de Cullen: Gracias por proponer en tu grupo Clan Pervert la lectura de Por amor.
PekasCullen: Quien quiera pertenecer al TEAM EDWARD VEN Y HAZME UN HIJO O MÍNIMO PRACTIQUEMOS HASTA QUE NOS SALGA, póngase en contacto por Review o en el grupo. ¡Es broma!
Capitulo 15
Reyna de Hielo
Bella
Durante el camino del hospital al departamento donde vivía Edward como Ethan, acordamos quedarnos en Chicago hasta que asistiéramos a la primera consulta con la nutrióloga y la psiquiatra.
Lo primero que hicimos fue limpiar el apartamento. Como toda buena esposa curiosa del pasado de su marido, limpié minuciosamente la recamara; en especial las cajas que guardaba celosamente al fondo del armario. Aprovechando que se encontraba lavando el baño saqué las cajas de su escondite, estas estaban selladas con cinta, por lo que tuve que utilizar un cuchillo de la cocina para abrirlas. Cuando corté la cinta me sentí nerviosa e insegura de querer realmente saber lo que contenían esas cajas, por lo que medité un momento calibrando el peso que conllevaba enterarme de sus andanzas en nuestro tiempo separados. No era falta de confianza, al fin y al cabo hoy estábamos juntos. Pero él sabía todo acerca de mí en ese tiempo en el que lo creí muerto. Me tenía bien vigilada con Jane. Por lo que me decía a mi misma que yo solamente quería estar en las mismas condiciones que él, conociendo su pasado tanto como él conocía el mío.
—Lo único que encontrarás en esas cajas son mis pequeñas obsesiones.
—Su voz fuerte y el hecho de verme descubierta ante él, me hizo dar un pequeño salto por el susto.
Mordí mi labio inferior y lentamente me di media vuelta para mirarlo a los ojos.
—Tengo miedo de no poder con ellas —dije nerviosa, buscando en su rostro algún signo de molestia que no encontré.
Con los brazos y una ceja levantada me respondió:
—Entonces deja esas cajas donde las has encontrado.
—No puedo, soy muy curiosa. Solo dime si hay algo aquí que pueda herirme.
—Solamente encontrarás algunas fotografías de mi ex esposa y cosas que le pertenecieron —previno guiñándome un ojo.
— ¿Hablas de la mujer que perdiste por ser un idiota?
—De esa misma.
— ¿Aun la amas?
—Nunca la amé tanto como te amo a ti. ¿Qué hay de ti? ¿Sigues amando a tu ex?
—No. Yo solo te amo a ti.
Abrí la primera caja, en ella encontré una fotografía de nuestra primera boda. Él sonreía feliz y orgulloso. Pero no era la misma sonrisa que tenía cuando nos casamos por segunda ocasión. Eran parecidas pero a la vez muy distintas. Edward se sentó a mi lado.
—Ella era muy hermosa —dijo mientras tomaba asiento a mi lado. Rodeó mi cuerpo con su brazo y me dio un beso en la mejilla.
Me levanté de improviso, él frunció el ceño pero su gesto desapareció cuando me acomodé entre sus piernas y la caja a nuestro lado. Saqué otra foto, era de nuestra luna de miel. Entonces comenzó a narrarme el dónde y cómo habían sido tomadas cada una de ellas. Aunque conocía todo aquello, por alguna razón fue como si en verdad yo no hubiera estado ahí.
La segunda caja contenía las cartas y fotografías que Jane le había enviado durante cuatro años de nuestra estancia en Italia. Me sorprendía con las anécdotas de cada una de las cartas que había recibido; el cómo y el dónde las había leído, hasta lo que había pensado después de su lectura.
Sintiendo su amor por mí, no pude evitar ponerme sensible. Me deshice de su abrazo y me coloqué frente a él y le ayudé a levantarse. Cuando lo hizo, comencé a desnudarlo.
—Yo quería tener una aventura contigo cuando vine la primera vez aquí —al recordar mi fiasco, me sonrojé.
—Lo sé, tú eras muy insistente —olió mi cabello.
—Patética —me dije a mi misma, él soltó una carcajada.
—No. Ebria, tanto que fue por eso que fracasaste.
Lo acompañé en sus risas de burla y después comencé a besar su pecho, fui bajando poco a poco hasta su cintura, me hinqué y tomé su miembro entre mis manos…
.
.
.
Habíamos llegado un poco tarde a recoger los resultados del laboratorio, por lo que en consecuencia también lo hicimos a la consulta con la Doctora Kate. El resultado de los análisis había sido favorable por lo que oficialmente iniciábamos el proceso para preparar mi cuerpo para la fecundación In Vitro y un posible embarazo.
La consulta con la nutrióloga fue otra cosa…
Senna, una mujer un poco extravagante en su forma de vestir folklórico, aunque se debía reconocer que era muy hermosa. Hasta Edward se había quedado mirándola de más, cosa que me molestó. Pero en realidad lo entendía, con su belleza exótica era una mujer muy atractiva.
—Los resultados de la biometría hemática revelan que no existe anemia, esto es muy favorable para tu preparación. De acuerdo a las indicaciones de la Doctora Kate, debes incrementar un poco tu peso. ¿Es correcto?
—Sí.
—También advierte que eres anoréxica.
—Sí, pero estoy rehabilitada —respondí muy segura de mí misma. No quería que pensaran que no sería capaz de llevar un embarazo saludable.
—Durante el embarazo incrementará tu peso, este se convertirá en reservas que deberán cubrir las necesidades del niño. No debes sentir temor de este incremento ya que después del parto perderás el peso del bebé y la placenta. Después durante la lactancia terminarás de consumir las últimas reservas hasta recuperar tu peso ideal.
— ¿Es necesario lo de incrementar los cinco kilos antes del embarazo?—preguntó Edward.
—Sí. Las mujeres embarazadas tienen una descompensación ya sea por los malestares del embarazo como los ascos, nauseas, vómitos o simplemente por el hecho de que el bebé comience a absorber los nutrientes de tu cuerpo —se dirigió a mí—. Si no estamos pendientes de tu alimentación o de tener una reserva, podrías desarrollar anemia. Y eso no sería bueno para el perfecto desarrollo de tu bebé, ni para ti.
—Pero una vez que el bebé nazca perderé esos kilos, ¿verdad? —odiaba estos momentos de debilidad, pero en ocasiones no podía detenerme.
—Sí.
—De acuerdo —dije aliviada.
—Platícame qué es lo que comes regularmente, y las cantidades que consumes.
—Cuando estoy en casa, como tres veces al día; por la mañana un yogurt acompañado con un pan tostado. A medio día una manzana. En la hora de la comida, pasta, ensalada acompañada con pescado o carne roja. Más tarde alguna fruta fresca, y en la cena un café y galletas.
—Cuando no puedes hacer las tres comidas y dos colaciones, ¿cuánto y qué es lo que comes?
—Por la mañana yogurt, tostada y café. Como trabajo, en ocasiones no tengo tiempo de salir a comer por lo que ingiero una manzana. Cuando tengo tiempo, el menú es una hamburguesa y papas fritas. En la cena, leche y galletas. Cuando no tengo el tiempo de comer hasta la cena, el menú es fruta, ensalada, yogurt y leche.
—Entonces, ¿no tienes manera de regresar a casa y comer en tu horario de comida?
—No.
—Voy a medirte y a pesarte. Pasa por aquí. —Nos dirigimos a la báscula, descalza subí a ella. De nueva cuenta cerré mis ojos e intenté no pensar en mi peso ni en querer saber cuál era y ella tampoco me lo diría—. Listo, puedes bajar —me indicó.
La nutrióloga escribió en el expediente mi peso y altura, luego verificó mi presión arterial. Por último me dio unas hojas que contenían mi dieta. Edward se acercó a mí para leer el contenido. Ambos lo hicimos.
— ¿Cuatro comidas al día? ¿Puedo hacer tres y las colaciones?
—Debes hacer si o si las cuatro comidas diarias, más una o dos colaciones entre las comidas principales o antes de acostarte. No te saltes comidas. Te recomiendo servirte en un plato mediano e imponerte la obligación de terminar la porción. Para que puedas cumplir con tus comidas te sugiero que la lleves de tu casa a tu trabajo. O bien asistas a un restaurante saludable. Te voy a indicar un suplemento alimenticio que se llama Ensure. Este lo adquieres en cualquier farmacia, lo puedes consumir a manera de colación, en el desayuno o la merienda. Por el momento será una vez al día.
—Yo me encargaré de eso —se ofreció Edward. Le di una fallida mirada asesina que lo único que le ocasionó fue risa.
—Está bien, serán cuatro comidas y sus colaciones. Por el bien del futuro bebé —dije más para mí que para ellos. Intentando convencerme de lo que debía hacer. Senna sonrió, Edward tomó mi mano y besó mi muñeca, contento por mi compromiso y actitud.
— ¿Cuánto tiempo tardará en incrementar el peso? —preguntó Edward.
—De cinco a seis semanas, que coinciden con el tiempo de tres meses que dura su preparación para la fecundación; incrementará de quinientos a setecientos gramos a la semana. Y cada quince días estaré dándote el seguimiento para verificar que así sea. Así que yo sabré cuando no estés comiendo como se te ha indicado.
—Sí —respondí obedientemente.
—También es conveniente que lleves un registro de todo lo que comes durante el día. Esos registros los revisaré en tu próxima consulta.
Cuando por fin salimos de la consulta me sentí aliviada, Edward revisaba la lista. —Vamos al supermercado de compras —ordenó.
Al llegar al supermercado tomamos un carrito y comenzamos caminando por los pasillos hasta que paramos en el departamento de lácteos. Leches, quesos, crema de leche, fueron los primeros ingredientes de la lista. Era divertido hacer las compras con Edward, él mencionaba el producto y una idea de cómo podíamos cocinarlo. Creo que estaba disfrutando el hecho de comer cosas nuevas.
Huevo, carne, verduras, frutas frescas y secas, pan, pastas y cereales. Cuando miré detrás de mí el carrito de compras que Edward amablemente llevaba, sentí mi corazón parar un segundo. Edward, al mirar mi rostro lleno de terror al ver tanta comida, ordenó con voz dura:
—Isabella, mira que nos falta en la lista y vamos por ello.
Giré mis talones dándole la espalda a toda esa comida. La voz cantante del terror, como secretamente le llamaba, me ordenaba no comer todas esas calorías que me pondrían tan enorme como una ballena. Los sobrenombres terribles sonaban en mi mente. No me había dado cuenta de que me había quedado paralizada y que temblaba hasta que Edward me sacudió.
—Isabella, cálmate. No toda ésta comida es para ti, también lo es para mí —fue entonces que reaccioné.
—Sí, tienes razón.
— ¿Quieres que nos vayamos? Puedo regresar más tarde por el resto.
—No. Continuemos.
Miel, azúcar, aceite, condimentos, jugos, aguas saborizadas, sopas, postres y por último el Ensure. Doblé la lista, pero Edward me la arrebató.
— ¿Qué sucede?
— ¿Qué es la otra hoja? —preguntó mientras revisaba la última hoja que me había saltado.
—Son las cosas que debo evitar.
Después de ver que no mentía, me regresó la lista. Mientras esperábamos en la fila para pagar, leía nuestro posible menú para la cena.
—Edward, para la cena de hoy, qué prefieres… ¿pasta o cereal?
—Pasta, no hemos comido —respondió distraídamente mientras leía el contenido del Ensure.
— ¿Con omelette?
—Mmm. Sí, suena bien —dijo, mientras sobaba su estomago.
— ¿Jugo de frutas o licuado de frutas con agua?
—Definitivamente jugo de frutas.
Ambos seguimos abstraídos en lo que teníamos en la mano. De tanto en tanto avanzábamos.
— ¿Sabes qué es lo peor de la dieta? —le pregunté fingiendo pesar.
—No. ¿Qué es?
—No puedo ingerir hamburguesas, de verdad extrañaré las asquerosas y grasientas papas fritas.
Edward soltó la carcajada porque en realidad yo no iba a extrañar las papas.
Edward
Bella dormía plácidamente, la cama pequeña que compartíamos no era suficiente para ella sola que en cuanto me levanté se extendió completamente sobre ella. Fui a la cocina y revisé la lista de la dieta, y me dispuse a preparar el desayuno a mi mujer, a mi reina.
Con una charola en las manos entré a la recamara. La sábana que la cubría media hora antes estaba tirada en el piso. Su cuerpo desnudo me daba la cordial bienvenida al nuevo día a su lado. Coloqué la charola de su desayuno en mi escritorio a un lado de la cama. Con mucho cuidado me coloqué sobre ella sin tocarla y con la punta de mi lengua recorrí su columna vertebral, su hermoso cabello que caía desparramado en su rostro fue retirado por su mano al despertarse con mi caricia.
—Buenos días —saludó ella sin abrir aún los ojos.
—Hola, dormilona —ella rió un poco y abrió un ojo.
— ¿Qué haces tan temprano? —cerró su ojo y se reacomodó la almohada.
—Son las ocho. Y te preparé el desayuno.
—Mmm. —Abrió completamente los ojos y dijo—: tengo hambre. ¿Cuál es el menú?
Giró completamente su cuerpo para mirarme, ella seguía debajo de mí por lo que sus pechos desnudos quedaron frente a mi rostro. Sin poder contenerme, atrapé uno con mi boca. Ella gimió. Llevó sus manos a mi ropa interior intentando bajarlos de mi cintura. Me separé de ella y lo retiré quedando tan expuesto como lo estaba Bella. Su mirada de lujuria me traspasó provocando que tuviera un arranque de pasión. Subí de nuevo a la cama posicionándome encima de ella, absorbiéndonos en un beso demandante. Las caricias que propinaba en mi espalda me excitaron rápido y más de la cuenta, por lo que no pude ser delicado y paciente. Siempre tenía que ser paciente con Bella, preparar su cuerpo por un largo tiempo. Ella no se excitaba tan fácil, pero sentirla tan dispuesta me volvió loco, por lo que me fue imposible no adentrarme en ella de forma rápida y sin querer saber si estaba lista o no. Pero al estar dentro de ella me percaté, de que si bien estaba más deseosa de lo normal, le había hecho falta el lubricante. Salí de ella un poco frustrado y molesto, no con ella sino conmigo mismo, sintiéndome un verdadero inútil como amante. Bella jamás se quejaba, pero sabía muy bien las consecuencias de hacerle el amor sin que estuviera verdaderamente lista. Dolor y ardor. Mis líquidos seminales no eran suficientes.
—Lo siento, fue muy rápido. ¿Dónde dejamos el lubricante ayer? —pregunté mirando hacia todas partes desesperado.
—Mmm… no recuerdo —respondió ella, levantándose de la cama y ayudándome a buscarlo.
Para cuando lo encontré debajo de la cama, el deseo se había ido. Ella intentó renovar el momento, pero ya no fue lo mismo. La duda de no complacerla, de no darle placer, me carcomía. No soportando más la situación le pregunté.
—Bella, ¿yo no te excito?
— ¿Qué?
—Sí, me refiero a que si no soy un buen amante, ¿no te gustan mis caricias o tal vez te gustan otras cosas y yo no lo sé?
— ¿Por qué me preguntas todo eso? —me preguntó, escondiendo no solo su cuerpo con la sabana en un intento de protegerse, también escondió su mirada agachando su cabeza.
— ¿Por qué tenemos que utilizar casi siempre lubricantes? —le respondí con otra pregunta. Tomé su barbilla y levanté su rostro, nuestras miradas atrapadas en la del otro, no daba tregua a huir.
—Porque soy anoréxica y soy… casi asexual —dijo con los ojos llorosos, y cuando terminó la frase se levantó de prisa y se encerró en el baño. Yo me sentí perdido. Me levanté y toqué suavemente la puerta que me separaba de Bella. Sin responder, salió del baño cinco minutos después. Yo aun la esperaba pacientemente afuera.
— ¿Por qué nunca me lo dijiste? —le pregunté mientras detenía su huida bloqueando su paso.
—Eres un excelente amante, si es eso lo que te preocupa.
— ¡Claro que no! —la interrumpí—. Bueno… no exactamente.
—Eres paciente y sé lo mucho que te cuesta controlarte para esperar a que yo llegue contigo… eso habla bien de ti.
—No quiero que hagas algo que no deseas hacer.
—No. Me gusta sentirme amada, Edward. Qué importa un maldito orgasmo, yo me siento mujer y realizada cuando soy el motivo de tu placer. Me complaces y me llenas de otras maneras.
—Espera, espera, espera… ¿finges orgasmos? —Me miraba con horror—. ¿Bella?
—No siempre.
Impresionado, me senté en la cama preguntándome si lo de la noche anterior había sido real, si todas esas noches en las que me sentía realizado al creer que culminábamos juntos o si la conexión que solamente un orgasmo te da fue solo una ilusión.
—Bella, ¿tú… tú me amas?
—Un orgasmo no me hace amarte más o amarte menos, Edward.
—No te lo pregunto por el sexo. Lo hago por todo lo que me ocultas. ¿Cuántas veces hemos hecho el amor? Desde que nos conocimos, demasiadas, y en todas ellas has fingido.
— ¡No! no en todas.
—Pero me has engañado. Ahora me pregunto si de verdad quieres ser madre o si también lo único que haces es aceptar mis deseos porque crees amarme.
—Quiero ser madre y no hay nada de malo con intentar satisfacer a tu esposo tanto física, emocional y también en su hombría.
—Durante mis cumpleaños, cuando vivimos juntos, tú me preparabas esos pasteles de chocolate y yo me los comía como si de verdad me fascinaran, cuando la verdad era que no me gustaban. Sin embargo, lo hacía porque sabía el tiempo y el amor que le dedicabas a ese pastel. Los comía solo para complacerte. Lo que sientes ahora, la desilusión y el dolor; es el mismo que yo estoy sintiendo, pero multiplicado por mil. No te culpo por no sentir, pero me molesta que no me lo hayas dicho y que todo este tiempo me hayas hecho pasar por un maldito imbécil.
—Lo lamento —ella estaba llorando, y yo demasiado molesto, por lo que intenté tranquilizarme.
—Solo hay que trabajar en lo que te hace sentir más, solamente tienes que ayudarme a conocer tu cuerpo. Deja de ocultarme las cosas, deja de intentar protegerme. ¿Qué otra cosa debo saber de ti?
—Ya no hay secretos.
Yo lo dudaba, toda ella era tan complicada, pero la amaba. Ahora pensaba que las terapias en pareja iban a ayudarnos, iban a ayudarme a comprenderla, a intentar manejar toda esta situación y secretos que me guarda.
—Desayuna, yo iré a bañarme. Falta poco para mi primera consulta con Jasper.
—Te acompaño —se ofreció.
—No tiene caso, entraré solo. Espérame aquí.
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Cuando dejé el departamento me sentía fracasado, frustrado y muy lastimado. No sabía cómo actuar en una situación así, tenía demasiado miedo de cometer errores que de nuevo nos llevaran al fracaso; de lastimarla de nueva cuenta.
Llegué al hospital caminando, no estaba tan retirado del departamento y yo necesitaba tranquilizarme. Frente a la puerta del consultorio de Jasper Whitlock, la angustia inicial volvió, me sentí desesperado por hablar y pedir ayuda. Si Jasper era tan bueno como decían, tenía la esperanza de que pudiera ayudarme a encontrar la solución o por lo menos que me orientara y me dijera como manejar esta situación.
Di dos toques a su puerta y un ‹‹adelante›› me animó a continuar. Cerré la puerta detrás de mí y me coloqué frente a su escritorio, mirándolo a los ojos…
—Hola Edward, cuánto tiempo… —asentí. Casi no hablaba en mis anteriores sesiones. Me comportaba con un niño caprichoso. Pero ahora no se trataba de mí, sino de ella. Y por eso debía dejar mis niñerías y abrirme completamente a él.
—Doctor Whitlock. —Tomé asiento y continué diciendo—. Necesito ayuda…
Después de haber sido tan cooperativo respondiendo a cada una de sus preguntas, de hablar de todo lo que me había guardado sin parar; avanzamos más de lo que lo habíamos hecho en todas sus sesiones anteriores. Pero aun quedaban cosas pendientes y debía seguir asistiendo a sus sesiones hasta que me diera de alta. Al final de la sesión me quedé sentado mirándolo…
—La sesión ha terminado, pero como veo que no tienes mucha intención de salir corriendo, supongo que hay algo que quieres decirme.
—Mi esposa me confesó esta mañana que no siente placer la mayor parte de las veces que hacemos el amor. Casi siempre necesitamos de lubricantes para llevar a cabo la relación. —Carraspeé—. Dice que es por su enfermedad, la anorexia.
—Pero, según sus expedientes ella tiene la enfermedad controlada, ¿cierto?
—Sí.
—El principal problema de una persona anoréxica es la inseguridad, por lo que durante la relación sexual se sienten más vulnerables al verse expuestas en su desnudes. La comunicación durante la relación sexual y la confianza son importantes en ese momento. Verás, ella debe tener la confianza de decirte ‹‹No›› cuando en verdad no desea tener relaciones sexuales y que no se vea forzada a aceptar por miedo a tu enojo por su falta de deseo. También es importante que tenga la confianza de decirte ‹‹Aun no estoy lista, necesito más juego previo››. Por tu parte, utiliza ese juego previo el tiempo que sea necesario para prepararla, no debes sentirte frustrado y mucho menos demostrárselo sino sale a la primera. Cuando estén dentro del juego debes hacerle saber lo hermosa que es y lo bien que te hace sentir; no solamente una vez, debes decírselo con la mayor frecuencia, sin exagerar. Algo que debes evitar es cuestionarle si ella te ama o no. ¿Conoces las zonas erógenas de la mujer?...
Bella
Cuando Edward llegó a casa, la comida estaba preparada. Había apuntado en mi agenda mi desayuno preparado por Edward y mi almuerzo, siguiendo las indicaciones de Senna para llevar un control de lo que comía diariamente. Cuando vi a Edward entrar por la puerta con el semblante sereno, supe que la terapia con Jasper había marchado bien. Se notaba relajado y hasta juguetón, el tema de esta mañana no se tocó.
Durante la tarde habíamos visto viejas películas clásicas, recostados en el sofá. Al terminar la última se puso de pie dirigiéndose a la cocina. Miré el reloj de pared… la hora de la tercera colación había llegado. Vi pasar a Edward de la cocina directo a la recamara con un plato con fresas y crema chantillí. Dos minutos más tarde regresó sentándose a mi lado.
—Tengo ganas de jugar… ¿Me dejarás hacerte el amor? —pidió mi permiso para tocarme. Yo nunca decía no, por lo que me parecía extraño que me diera la pauta para negarme, si él me deseaba en este momento.
—Quiero que me hagas el amor —le respondí segura.
Él se levantó del sofá y me tendió su mano para llevarme a la recamara. Una vez ahí, comenzó a desnudarme lentamente, disfrutando la anticipación de verme desnuda. Cuando terminó me miró completamente. Edward no solo me había desnudado físicamente, también había desnudado mi alma. Se fue desnudando lentamente, mirando mi rostro, pero yo veía su cuerpo siendo despojado de sus prendas.
Se acercó lentamente sin que nuestros cuerpos se tocaran, sus labios rozaron los míos. Llevó sus manos detrás de mi cabeza, no comprendía lo que iba a hacer hasta que tocó mi prendedor desatando mi cabello, lo sacudí porque sabía que ese movimiento lo excitaba. Él suspiró. Con las puntas de sus dedos, tocó levemente mi cabeza desde la coronilla, y suavemente comenzó a introducirlas entre mi cabello. Una y otra vez, lo que ocasionó que me relajara. No estaba enterada de la tensión que sufría hasta que comencé a caer en un momento de tranquilidad cerrando mis ojos y gimiendo de placer. Cuando paró, hice un puchero que borró con otro ligero beso. Me recostó en la cama colocándose a mi lado.
—Te amo, eres lo más importante en mi vida —suspiró y continuó diciendo—. Eres tan hermosa y sexy. Me duele cuando no estás conmigo.
Hizo a un lado mi cabello para acercarse a mi cuello, con sus labios tomó mi lóbulo y lo mordisqueó suavemente; luego deslizó sus labios por mi oreja por un par de minutos, mi respiración se hizo rápida por el cosquilleo.
—Ponte boca abajo —susurró con voz ronca.
Cambié de posición, lo que estaba haciendo era agradable, me hacía sentir nerviosa y expectante a su siguiente paso. Retiró mi cabello de la nuca y de nuevo acarició con sus dedos esa parte unos momentos, luego besó, mordió y lamió, provocándome un cosquilleo que recorría mi espina dorsal. Gemí. Eso era malditamente bueno. Edward era buen amante, le gustaba experimentar nuevas posiciones sexuales, era atento, preocupado conmigo y mi placer. Nunca había trabajado mi cuerpo demasiado tiempo con este tipo de caricias, siempre había sido más sexual y menos erótico, pero con estas caricias provocaba cosas que por lo regular tardaba demasiado en sentir, o bien no sentía.
Me giró de nuevo boca arriba, colocó mis manos arriba de mi cabeza con las palmas hacia arriba; con la punta de sus dedos acarició mis antebrazos, en respuesta mordí mi labio inferior reprimiendo otro gemido. Llegaba hasta mis muñecas y regresaba. Estaba atento mirando y evaluando mis expresiones faciales. Cerré mis ojos y me concentré en las sensaciones que me provocaba.
—Eres bellísima —dijo, y yo le creí. Sí, me hacía sentir bella y amada.
Demasiado rápido para mi gusto se separó de mí, tomó el plato que contenía las fresas y colocó cuatro en fila en su pecho, sobre ellas el chantillí. No necesitaba palabras para entender su invitación a comer… a comerlo a él. Le quité el chantillí de las manos y unté otro poco en su miembro. Comí la primera fresa que se encontraba en el centro de su pecho, la segunda sin dejar rastros del chantillí, lamiendo su piel. La tercera que descansaba en el centro de su ombligo y la cuarta un poco más abajo. Su respiración errática, sus gemidos y sus palabras incoherentes me animaban a continuar hasta lamer el dulce que había puesto en su miembro…
Sabía que faltaba poco para su clímax, pero me detuvo apartándome y recostándome en la cama de nuevo. Me colocó tres fresas, una en cada seno y otra más en mi ombligo. Una a una las fresas desaparecieron, las comía, lamía y mordía mi piel. Yo estaba deseosa de tenerlo dentro de mí.
—Edward, creo… yo… —no sabía cómo pedirlo, cómo explicarle que deseaba tenerlo completamente. Que no estaba fingiendo y que por mucho que no estuviera lubricada yo deseaba nuestra conexión.
—Shhh… lo sé. —Me dijo, luego se posicionó en medio de mis piernas, tomó mi rostro entre sus manos, y mirándonos a los ojos entró en mí lentamente. No hubo dolor o ardor. Fue como la primera vez que estuvimos juntos después de seis años.
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Jasper Whitlock seguía tal y como lo recordaba, un hombre alto, delgado pero no demasiado. Su cabello rubio y un poco largo lo hacía parecer más joven de lo que realmente era. Su mirada especulativa me ponía nerviosa. Pero su sonrisa amable me daba seguridad.
Durante la media hora de terapia había hablado poco, pero de alguna manera me sentía liberada al reconocer que sentía cierta ansiedad con relación a mi nuevo esquema de alimentación. Además de que tenía miedo de que no lográramos concretar el embarazo.
La sesión término sin darme cuenta del tiempo transcurrido. Edward había estado esperando fuera del consultorio, cuando me vio salir se puso de pie y llegó hasta mí rápidamente. Tomó mi rostro y lo besó pareciendo demasiado ansioso.
En el viaje del hospital a casa decidimos quedarnos en la ciudad hasta por lo menos a la primera inseminación. Entre las consultas y las terapias teníamos que estar viajando constantemente y eso no era recomendable si a un Paul estaba detrás de nosotros.
Cuando llegamos a casa y después de habernos alimentado, hicimos las llamadas para dejar todo arreglado. Edward habló con Harry, solicitando una baja temporal. En realidad Harry no necesitaba de Edward, solo le había hecho el favor a Leah de mantenerlo ocupado y a su vez dándole una fachada. En cuanto a mi negocio, tuve que dejarlo a cargo de William, y como era de esperarse, a Edward no le agradó la idea.
Otras de las razones por las que habíamos decidido quedarnos, era para trabajar en nuestra relación. Durante las mañanas limpiábamos la casa, después de la comida recorríamos las tiendas como dos estrellas de Rock escondiéndose de los paparazzi, aunque en realidad nosotros nos escondíamos de la delincuencia organizada.
Un día recorriendo las calles y las tiendas encontramos una de ropa y accesorios de bebé. No habíamos podido resistir la tentación de comprar una prenda, pero al final llevamos un libro de nombres, una prenda de color rosa, otra azul y una amarilla.
—Como nuestro bebé será un niño, se llamará… —dije con el libro en mis manos, antes de que él me cortara a media frase.
— ¡Hey! —Refunfuñó apartándose de mi centro—. ¿Cómo que niño? Será niña —afirmó, y volvió al lugar que últimamente se había convertido en su favorito, explorando las caricias que podrían resultarnos efectivas.
— ¿Quieres apostar, Cullen?
—No. Lo que quiero es que te concentres… —dijo, asomándose de nuevo de entre mis piernas. Solté una carcajada y arrojé el libro de nombres lejos de nosotros.
Mis momentos favoritos eran cuando nos acostábamos en el sofá y me leía mi novela Cumbres Borrascosas.
Un día me llevó a conocer a Elizabeth, su madre. La mujer era muy hermosa y agradable. Su hermano Seth había simpatizado de inmediato conmigo, pero fue Leah quien se había molestado al vernos. No porque no nos quisiera ahí, ella se preocupaba por la seguridad de Edward. Si yo no supiera que el lazo que los unía era el de la culpabilidad por la muerte de Emily, me hubiera puesto muy celosa por su trato tan íntimo y confidente.
Al final de los tres meses habíamos trabajado como pareja, la comunicación y la confianza.
Edward
En nuestra sesión de pareja con Jasper, nos había recomendado hacer una lista de nuestros deseos y miedos como pareja, y otra lista de lo que nos gusta y no de nuestra pareja. En alguna ocasión, cuando Bella y yo comenzamos a salir de nuevo habíamos tenido una plática de esto, pero plasmarlo era distinto porque de alguna manera te hacía no olvidarlo. Y después de las sesiones nuestra comunicación había aumentado, ambos estábamos haciendo el esfuerzo.
Cuando la Doctora Kate nos dijo que todo estaba listo para iniciar el proceso de la fecundación, me sentí excitado y más nervioso que antes. Me sentía orgulloso de Bella, porque había seguido todas indicaciones médicas al pie de la letra sin rechistar.
Cuando formalmente se dio inicio al tratamiento de fecundación, comenzaron monitoreando el ciclo menstrual y de ovulación de Bella mediante pruebas de sangre y ultrasonidos conforme se acercaba su ovulación. Además de que la medicación de la HCG, que según la Doctora, esta hormona ayudaría a la maduración de los óvulos.
Por mi parte, había dejado una muestra de espermatozoides para ser sometida a un proceso de lavado y selección para eliminar los espermatozoides muertos o dañados. En cada uno de los procedimientos nos acompañábamos y mostrábamos apoyo el uno al otro.
Bella
Miraba el techo intentando bloquear mi mente del hecho de tener una aguja en mi vagina en busca de mis folículos y óvulos para ser extraídos. Cuarenta y cinco minutos más tarde, el procedimiento terminó. Cuando llegamos a casa los sedantes habían desaparecido, por lo que tenía un molesto dolor. Ingresé a la ducha, había tenido un ligero sangrado el cual me habían dicho era normal.
Edward me trataba con delicadeza, me pidió que me recostara y descansara mientras que él, como había sido nuestra rutina, me leía un libro.
—Gracias, Bella —me dijo de repente.
— ¿Por qué?
—Por aceptar pasar por todo esto —señaló mi vientre haciendo amago del tratamiento—, por mi sueño, cuando tú tienes otras alternativas.
—Mi sueño es tener un hijo tuyo. Que no se te olvide.
Besé su mejilla y volví a acomodarme para continuar escuchando su lectura.
Edward
Cinco días después…
— ¡Edward, apresúrate o llegaremos tarde! —Isabella me apuró desde el umbral de la puerta.
— ¡Ya voy! ¿No has visto mi cartera?
— ¿Has buscado sobre el escritorio?
—No. ¡Oh! ¡Gracias, amor!
Cuando llegamos al hospital, lo hicimos cinco minutos antes de la hora de nuestra cita. Bella se encontraba más nerviosa que en ocasiones anteriores.
—Tranquila, amor —intenté tranquilizarla sobando su espalda en círculos para aliviar la tensión.
— ¿Cómo me tranquilizo si me van a implantar a nuestro bebé?
—Recuerda que el estrés no te hace bien. Eso déjalo para mí.
—Tienes razón, es solo que estoy tan emocionada.
Bella
El procedimiento para implantar varios embriones en mi útero había sido de igual manera mediante un catéter por mi vagina. Cuando llegamos a casa, Edward me abrazó para después arrodillarse y besar mi vientre. Teníamos la esperanza de que por lo menos un embrión pudiera implantarse y prosperar.
Todos los días besaba mi vientre antes de acostarnos a dormir, cuando se despertaba ponía su mano en el y comenzaba a hablarle, ordenándoles a los embriones se implantaran. Luego me besaba los labios y terminaba diciéndoles cuan deseados eran.
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Dos semanas después…
—Isabella, mi amor, levántate ya es de día.
Edward, pareciendo un niño en navidad, me había despertado a las siete de la mañana para realizarme el test de embarazo. La prueba la había comprado tres días antes. Me levanté adormilada, pero nerviosa y emocionada; fui al cuarto de baño, bajé mis pantaletas de mi cintura…
No hacía falta que realizara el test, mi periodo había llegado.
Marzo…
Abril…
Mayo…
Junio…
Julio…
Agosto…
Después de tres inseminaciones se había tomado la decisión de realizar el método de manipulación.
Septiembre…
Octubre…
Noviembre…
Nadie nos había dicho que esta lucha sería fácil, pero con cada decepción mi corazón sufría una fractura.
Hoy podría hacerme la prueba y saber si en esta ocasión si había funcionado el tratamiento, pero como nunca había sido necesario utilizar la prueba puesto que era muy exacta en mi periodo, había decidido esperar a que pasara este día. Edward me miraba a cada rato, pero no se atrevía a sugerirme que me hiciera la prueba. Tal vez fuera porque al igual que yo también tenía miedo a otro fracaso. El día había pasado casi de manera natural, lo único que lo opacaba era la tensión que se respiraba. Al llegar la noche mis esperanzas habían vuelto. Mi periodo siempre llegaba por la mañana o tarde y ver que aun no había signos de que este llegara, me provocaba una sensación de seguridad y valor.
— ¿No vas a hacerte la prueba?
—Esperaré hasta mañana.
—Bien.
El día había llegado, desperté por los ruidos de la cocina. Edward, como todas las mañanas, estaba preparando el desayuno. Me levanté de la cama y fui al baño. Edward había puesto la prueba en el lavabo, por lo que me fue imposible ignorarla y no saber lo que él esperaba que hiciera.
Como siempre pasaba, al retirar mi ropa interior el sangrado estaba ahí.
Salí del cuarto del baño dando un portazo, estaba llena de rabia. Edward llegó de inmediato.
— ¿Qué sucede? —preguntó al entrar a la recamara—. ¿Qué estás haciendo? —esta vez preguntó desconcertado al verme comenzando a empacar.
— ¿Tú qué crees?
—No lo sé.
—Regreso a casa.
— ¿Por qué?
—Porque ya no puedo más. Estoy cansada, me duele el corazón.
—Sabíamos que no sería fácil. Hay quienes lo intentan por años…
—Pero yo no puedo, es demasiado… las terapias, las dietas y nuestras vidas no pueden continuar detenidas.
—No están detenidas.
—Si lo están, este no es nuestro hogar. Mi negocio está en Forks, no sé cómo marcha realmente.
—No me hagas esto.
—No. Tú no me lo hagas a mí. Lo intenté. Intenté hacerte feliz. Ya no más, por favor.
Dos días después regresamos a casa, durante el viaje ninguno pronunció alguna palabra que no fuera necesaria. Ni siquiera éramos capaces de mirarnos. Cuando por fin llegamos a nuestro hogar, estaba lleno de polvo. Me había llevado toda la tarde y parte de la noche limpiar, mientras que Edward había estado mirando el horizonte sentado fuera de la casa. Cuando por fin había terminado me dispuse a desempacar. Entre las maletas había guardado la bolsa que contenía las cosas del bebé. Fui a la recamara que meses antes había dispuesto sería la del niño, me dirigí directamente al armario y guardé la bolsa con aquellas cosas. Al darme la vuelta encontré a Edward mirándome desde el umbral. Su rostro estaba bañado en lágrimas. Y al mirar su dolor no pude evitar sentirme culpable.
—Lo siento —dije.
—No es tu culpa. Soy yo el del problema. Gracias por intentarlo —en su rostro no había resentimiento, solo dolor.
Caminé hasta él, Edward me tendió sus brazos, entré en ellos y en su pecho lloré con él.
Por la muerte de la ilusión de un hijo nuestro.
Gracias a:
Anonimos, Lucero Silvero, Genesis Bautista, Isis Janet, Kumiko, Gretchen Cullen Masesn, Magui de Cullen, Lulu, Ardi Cullen, Felicytas, Cli, Zujeyane, Cintygise, Janalez, Vivi SR, Danny Ordaz, Asheyswan, Pili, Medeas16, Fabiola, Any0239, Geny Ramirez, Julissa Pattinson, Maribris 1313, Babyboo27, Mahely, Caresme, Pekascullen, Yolabertay, Tata xoxo, marah221, Ela fordice, Catrina00, Solcy, Pato, Dianaviviani, Manligrez.
Nos leemos el 5 de mayo.
Gracias.
Chapter 16: Chapter 16
Por amor
Una vida llena de recuerdos
Los personajes no me pertenecen solo la trama.
Beteado por Miry Alvarez
Asesores: Ela Fordice y Ludwika Von Cullen
Capitulo 16
Una vieja amiga
Bella
Hace un mes habíamos vuelto a nuestra vida normal. Desde el día en que nos consolamos mutuamente no volvimos a tocar el tema de nuestro intento fallido. En ocasiones me ponía a pensar que no debí haberme dejado llevar por el dolor o la rabia. Él tenía razón, existían parejas a las que les llevaba años lograrlo.
Verdaderamente odiaba ver a Edward triste, ya casi no iba a buscarme a la oficina para comer juntos. Ahora que lo recordaba, solo había ido en dos ocasiones. Tampoco me recogía para ir a casa ya que a la semana de haber regresado me compró un auto nuevo. El anterior lo vendió, cansado de que siempre fallara. Se había distanciado demasiado, durante la cena no hablábamos mucho y nuestra vida sexual había disminuido, casi siempre era yo quien lo buscaba ya que él había dejado de hacerlo.
Hoy estaba dispuesta a hablar con él. Hice la cena y me senté a la mesa para esperarlo. Cuando llegó a casa venía mojado de pies a cabeza, me levanté de inmediato, le di un beso en la mejilla mientras se quitaba la chamarra.
—Hola —saludé.
—Hola. Me daré una ducha, ¿ya cenaste? —preguntó.
—No, estaba esperándote —le respondí. Me puse de pie para seguirlo hasta nuestra recamara, le ayudé a preparar su ropa mientras que entraba en la ducha.
—Bien, no tardo.
—Calentaré la comida.
Mientras preparaba todo para cenar pensé en un plan para hacerlo hablar conmigo de lo que sentía. Él llegó diez minutos después, se sentó a la mesa y se puso a comer en total silencio. A mitad de la cena hablé—: No tengo idea de qué decirle a William para despedirlo —comenté como si nada. Logré captar su atención, ya que de inmediato levantó su mirada del plato a mi rostro.
—¿Qué hizo?
—Nada últimamente.
—¿Entonces?
—Dijiste que no lo querías cerca de mí, que debería despedirlo. ¿Recuerdas? —soltó una carcajada y negó con la cabeza.
—No lo dejes sin empleo.
—¿Qué? Pensé que no lo querías cerca de mí —él no respondió, en cambio se levantó de la mesa, depositó su plato en el fregadero y se giró de nuevo a mí.
—Si él no te ha molestado y está comportándose, no veo el motivo para despedirlo. Además, tengo entendido que llevó muy bien el negocio en tu ausencia o el abogado que contrató es pésimo y estás molesta por eso.
—Es su primer empleo como abogado, está aprendiendo. William no me ha molestado. De hecho hemos marcado un límite. ¿Por qué tu cambio de actitud?
—Tiene cuatro hijos que mantener.
—¿Entonces, ya no estás celoso de él? —guardó silencio un momento antes de responderme.
—¿Qué sucede contigo Bella?
—Pasa que… siento que ya no me amas, que me odias por haber desistido.
—No te odio —se acercó y tomó mi mejilla levantándola hacia su rostro—. Y sigo amándote, eso nunca cambiará. ¿Qué te hace pensar eso?
—Ya no me buscas para comer juntos —él estaba de pie a mi lado, mientras que yo continuaba sentada. Lo abracé por la cintura ocultando mi rostro con su cuerpo—. Me compraste un auto para que yo volviera sola a casa. Ya no me buscas sexualmente como antes, ¿es porque engordé?
—¡No! Espera, vamos por partes. La razón por la que te buscaba para comer, aparte de compartir juntos, es para que no salieras a comer con William. Iba por ti al trabajo para restregarle en la cara que tú eres mía, y he preferido que seas tú quien me busque en la cama porque sé que estás triste tanto como yo. Además, me gusta que me busques, no es porque hayas engordado, Bella. Es más, me gustas mucho tal cual es tu aspecto ahora y siempre. Te amo ahora, y cuando estemos viejitos y arrugados, te amaré igual. Para mí serás la mujer más hermosa del mundo. Sé que me amas y no veo la necesidad de comportarme como un celoso posesivo y psicópata. Confío en ti y en que nuestro amor durará toda la vida hasta nuestro último aliento. Y si algún día tus sentimientos hacia mí cambiaran no te culparía, sino todo lo contrario, te desearía lo mejor, Bella. Porque te amo.
—¿Y si fueran tus sentimientos los que cambiaran?
—No lo harán, pero si eso pasara, de alguna manera te amaría hasta el final de mis días. Porque has formado parte de mi vida por mucho tiempo. Eres especial y siempre contarás conmigo.
—No quiero que termine nunca.
—Luchemos para que no sea así. Vamos con Jasper tan solo una vez. Necesitamos ayuda, hagámoslo por ti, por mí y por nuestro amor.
—Tienes razón. Necesitamos ayuda y yo soy tan egoísta.
—No lo eres, estás asustada y triste, Bella.
—Nunca debí desistir.
—La situación te superó, puede pasarle a cualquiera, Bella. No te culpes. No voy a obligarte a que te sometas a todo eso de nuevo. Podemos adoptar.
—No nos darán un niño si su vida corre peligro con nosotros y lo sabes.
—Entonces solo seremos tú y yo. No necesito más de lo que tú no estés dispuesta a darme.
De nuevo, dos semanas después nos encontrábamos viajando a Chicago para nuestra última consulta con Jasper.
Edward
Estaba recostado mirando dormir a mi esposa, había llegado cansada del viaje. Como tan solo estaríamos pocos días decidimos instalarnos en un hotel. Apenas caía la noche y yo no tenía sueño por lo que decidí salir a caminar un poco. Dejé una nota a su lado, donde se supone que yo debería estar durmiendo. Cinco minutos después me encontraba caminando sin rumbo.
Las calles estaban concurridas, gente iba y venía; sin siquiera saber el por qué, alguien en específico atrajo mi atención del otro lado de la acera. Tal vez fue su cabello rubio, no lo sé, pero de un momento a otro me encontré siguiéndola a lo lejos; no quería echar a correr para alcanzarla. Yo sabía a dónde se dirigía, por lo que no había prisa alguna. Seguí observándola, llevaba su cabello recogido en una coleta, hacía frío y traía puesto un abrigo negro hasta la altura de las rodillas; por primera vez la veía con zapatos bajos, su andar era lento.
Caminé tranquilamente hasta el edificio al que segundos antes la vi entrar. Frente a el me debatí en ingresar o no. Se suponía que no debía volver a verla, ni a ella ni a nadie. No obstante, tenía la necesidad de hablarle, después de todo había sido mi amiga. Yo simplemente quería saber cómo se encontraba.
Entré al edificio. Ignoré el elevador y subí por las escaleras. Llegué hasta el piso donde ella vivía dirigiéndome directamente hasta su puerta. Di dos toques, ella no preguntó quién se encontraba del otro lado de su puerta, simplemente abrió. Sus ojos azules me miraron con asombro y luego con terror.
—¡Hola! —saludé con una sonrisa.
—¿Qué haces aquí?
—Vaya, yo… no lo sé.
—Pasa —abrió la puerta un poco más, dándome el paso—. Disculpa el desorden.
Miré a mi alrededor, no había tal desorden, pero ella estaba nerviosa.
—No hay problema, después de todo no esperabas visitas —ella aun no se quitaba el abrigo que llevaba puesto.
—¿Cómo has estado? —preguntó mientras que me invitaba a sentarme en el sofá señalándome con una mano.
—Bien, ¿y tú? —pregunté mientras ella se retiraba el abrigo, entonces sin evitarlo jadeé al ver lo que escondía debajo.
—Como ves… embarazada —dijo con una sonrisa triste. Carraspeé.
—Felicidades.
—No, Edward, o ¿debo decir Ethan?
—Edward. ¿Por qué no?
Rió de nuevo triste. Se sentó frente a mí y me miró al rostro detenidamente y frunció el ceño al ver mi mano izquierda.
—¿Volviste con ella, con… con Bella? —su voz temblaba, estaba a punto de llorar.
—Sí —entonces dos lágrimas recorrieron su mejilla.
—Aun cuando mi rostro diga lo contrario —explicó sabiendo que sus lágrimas mostraban su tristeza y continuó diciendo—: mi corazón está feliz por ustedes. Merecían una segunda oportunidad.
—Gracias —me acerqué hasta donde se encontraba, arrodillándome frente a ella. Nuestros rostros quedaron a la misma altura—. ¿Qué pasa?
Ella sin poder detenerlo, se echó a mis brazos y se soltó a llorar. Estuve consolándola por un largo rato hasta que su llanto cedió. Era tan extraño verla en ese estado. Para mí ella era una mujer fuerte.
—Yo… no quiero este bebé, quise abortarlo pero no pude. Yo… soy terrible.
—¿Y el padre? —pregunté. Ella negó moviendo su rostro a los lados.
—Un desconocido en un bar.
—¿Qué?
—Lo sé, soy un desastre, una inconsciente. Es por eso que no quiero este bebé. No puedo cuidarme yo sola. ¿Cómo cuidaré de él?
—Tienes que madurar.
—Mira a tu alrededor.
Observé con mayor detenimiento la habitación, había sábanas cubriendo ciertos muebles.
—Las sábanas cubren cualquier cosa en este departamento que refleje mi cuerpo. Soy bulímica y cada día que pasa es peor. Siento que en cualquier momento perderé el control…
—¿Estás yendo con un especialista?
—Sí, pero la depresión de tener un niño que yo no quiero me aterra. Me deprime y eso no es bueno. Quise abortar, yo… estuve fuera de la clínica un buen rato. No me atrevía hasta que por fin entré. Tomé asiento en la sala de espera, había una pareja, estaban discutiendo. Él quería hacerla desistir y ella decía que no podía con esa responsabilidad. Yo estaba al lado de él, lo vi sacar su Tablet y le mostró el video de un procedimiento de aborto. Quise no mirar, pero me paralicé cuando vi partes del cuerpo de un ser humano siendo destrozado. ¡Dios! No es lo mismo pensar que solo te lo sacarán, que lo que llevas dentro no es más que algo sin forma, a ver con tus propios ojos que eso en realidad posee vida —la alejé de mí, un poco asqueado e impresionado.
—Yo… ¿Por qué? —pregunté sin siquiera estar consciente de qué es lo que quería saber.
—Lo sé, soy un horrible ser humano.
—Jane, no eres horrible, solo que deberías madurar y hacerte responsable de tus actos, ¿no crees?
—¡Eso intento ahora! Pero cada día me resulta más difícil. No tengo a nadie y mi enfermedad está a solo minutos de volver. Estoy luchando pero me siento tan débil…
—Da a ese niño en adopción.
—¿Crees que no lo he pensado? Pero, ¿y si nadie lo adopta, si vive toda su vida en un orfanato?
—Habemos parejas que deseamos hijos propios pero no podemos. Estoy seguro que el bebé encontrará unos padres.
Entonces nos miramos a los ojos, una revelación vino a mí y al parecer también a ella…
—¿O tal vez sea su padre adoptivo quien lo encuentre a él?
Bella
Había despertado hace una hora, me sorprendió el encontrarme sola, con tan solo una nota de Edward. No sabía hace cuánto que se había marchado, pero ya pasaba de la media noche. Estaba asustada y pensaba que tal vez le había ocurrido algo.
De pronto escuché movimientos del otro lado de puerta, luego la cerradura, caminé hasta ella. Edward entró, me miró y sonrió.
—Lo siento, llego tarde.
—Me tenías preocupada. ¿Dónde estabas?
—Lo siento yo…
Edward
Asistimos puntualmente a nuestra cita con Jasper, pero aun no estaba disponible por lo que nos sentamos en la sala de espera. La noche anterior habíamos estado hablando por un largo tiempo acerca de mi encuentro con Jane, por lo que Bella quería ir a buscarla en seguida porque pensaba que debía sentirse muy sola. Pero cuando la detuve y sin más le dije lo que Jane y yo habíamos pensado, ella se quedó muda.
—¿Ethan y Bella Reader? —nos llamó la recepcionista.
—Sí, somos nosotros.
—Pueden pasar.
Asentimos y nos pusimos de pie para dirigirnos al consultorio. Jasper estaba sentado detrás de su escritorio en su sillón de cuero de color negro. Con una sonrisa cálida nos dio la bienvenida. Ambos tomamos asiento frente a él.
—¿Cómo se sienten?
—Bien —dijo Bella, pero el tono de su voz decía otra cosa.
—¿Edward, cómo te sientes?
—Triste.
—Tengo entendido que decidieron suspender el tratamiento y que ya no insistirán, ¿cierto?
—Sí, lo decidimos —afirmó Bella. Levanté una ceja en desacuerdo, pero no hizo falta decir nada, Jasper vio mi expresión.
—¿Edward?
—A mí me hubiera gustado continuar, pero por otro lado la comprendo, y acepto que ella ya no quiera hacerlo —Bella me miraba con el ceño fruncido—. No me mires así Bella. Prefiero que lo sepas ahora y no algún día cuando en alguna discusión el tema salga a flote —ella asintió. Bella y yo habíamos acordado que cuando fuéramos sinceros el uno con el otro, no tomaríamos a mal nuestras opiniones, las pensaríamos antes de iniciar una discusión o tomárnoslo a pecho. Ella comprendió mi punto.
—La verdad es que cuando él me dice estas cosas me hace dudar.
—Es normal, no es una decisión que se deba tomar de un momento a otro. Lo que les recomiendo es que se tomen un tiempo antes de decidir si quieren realmente desistir. El proceso al que se han sometido ejerce demasiada presión y esto llega a afectar en su relación como pareja. Dediquen un periodo de tiempo únicamente a su matrimonio, a su convivencia como pareja. Cuando crean que ya es hora de tomar decisiones, entonces háblenlo de nuevo.
—Me parece correcto, pero él quiere que adopte al bebé de una amiga.
—Eso es muy pronto. ¿Cuánto tiempo tiene el bebé? —preguntó Jasper.
—No ha nacido aun, ella tiene cinco meses de gestación —respondí.
—Ella es bulímica y le ha comentado a mi esposo que está costándole demasiado esfuerzo salir adelante sola y que necesita ayuda.
—¿Por qué no le ofrecen su ayuda desinteresada hasta que el niño nazca y posteriormente ustedes podrán decidir adoptarlo o no?
—Concuerdo con usted —dijo Bella.
—No te comprendo Bella, fuiste tú la que mencionó el tema de adopción en caso de que nosotros no pudiéramos concebir. ¿Por qué el cambio de actitud? No quieres continuar con el tratamiento y ahora no quieres adoptar.
—No estoy segura de no volver a intentarlo, pero tampoco quiero darte esperanzas de que en algún momento volveré a tomar el tratamiento.
—Independientemente de que adoptemos o no a ese bebé, me gustaría ayudar a Jane.
—En eso estoy de acuerdo, pero no sé si es lo correcto —dijo mirando a Jasper.
—Yo les recomiendo que se pongan de acuerdo pensando detenidamente en los pros y los contras de cada decisión que quieran tomar. Por lo pronto no deberían pensar en la adopción ni en el tratamiento de fecundación, tómense un lapso para vivir y disfrutar este tiempo en pareja. Aun es demasiado pronto para tomar decisiones, como pareja han avanzado demasiado y cualquier paso mal dado los llevará a un retroceso. Pueden dar apoyo a su amiga pero no pueden llevarla a vivir con ustedes. La convivencia de una persona externa a su familia con una enfermedad como la bulimia puede afectar su relación como pareja. Por tu parte, Edward, no puedes presionar a tu pareja ni forzar situaciones para que ella acepte la adopción. Son jóvenes y tienen todavía tiempo.
Bella
Estábamos en un restaurante esperando a que Jane llegara, Edward y yo conversábamos mientras tanto. Escuchamos un carraspeo detrás de nosotros, giré mi rostro hacia esa voz y la vi. Se veía hermosa. A pesar de sentir cierta envidia por su embarazo, me alegró verla. Si ella pudiera mirarse a sí misma se daría cuenta de lo bien que el embarazo le ha sentado.
—Hola, Jane —la abracé en cuanto me puse de pie. La había extrañado mucho.
—Bella —afianzó aun más su agarre. Luego de un momento, se separó de mí para de igual manera saludar a Edward.
—¿Cómo te encuentras, linda? —preguntó Edward. Me molestó su piropo pero no dije ni demostré nada.
—Cada día más enorme.
—Nada de eso. Te ves hermosa —le dije yo.
Se sentó frente a nosotros mientras que Edward llamaba al mesero, quien después de tomarnos la orden se retiró. Comenzamos a hablar de lo que nos había ocurrido en este tiempo.
Jane aun se hacía cargo de la fundación, no conocía al padre de su bebé ya que había sido la consecuencia de una aventura de una noche tras haber roto su relación con Emmett. Él había querido volver con ella, pero al enterarse de que se encontraba embarazada, desistió.
—¿Se la pusiste difícil, no es así, Bella? —preguntó Jane de forma burlona, tan sólo para molestar a Edward.
—Sí —respondí mirándolo. Él me dio un beso en la mejilla.
—No importa, yo hubiera esperado.
—Mientes.
—No, sólo estaba presionándote.
—Tonto.
—Me da gusto que ahora sean felices juntos —dijo ella finalmente tomándonos de la mano.
—Jane, queremos que vengas con nosotros a Forks para ayudarte durante tu embarazo —comentó Edward.
—¿Bella?... ¿Edward te habló acerca de que daré al bebé en adopción?
—Sí. Me dijo que crees que no eres capaz de cuidarlo.
—No, no lo soy, además… soy muy irresponsable e inmadura. Nunca he sido maternal y no me interesa tener a un chiquillo detrás de mí todo el tiempo —no pude evitar soltar un jadeo—. Es la verdad Bella, no te espantes. Prefiero ser sincera conmigo y con él. Quiero evitarnos sufrimientos innecesarios, si él puede tener una madre dulce y cariñosa, una familia que le proporcione el cariño que yo no le daré, entonces por qué engañarme pensando en que cuando nazca cambiaré.
—Hoy asistimos a terapia y nos aconsejaron tomarnos las cosas con calma. Por lo que decidimos dejar descansar un tiempo el tema de la adopción. Pero nuestra ayuda es incondicional, Jane. Si tú quieres podemos cuidarte, y cuando nazca tu hijo podrás decidir si te quedas con él o lo das en adopción y nosotros tomaremos la decisión de adoptar o retomar el tratamiento de fecundación.
—Me parece bien, pero no quiero ser una carga.
—Jane, ¿fui una carga para ti?
—No.
—Entonces déjame ayudarte porque tú tampoco lo eres para nosotros. Eres mi amiga y tú sabes que gracias a ti logré superar mi depresión y enfermedad. Siempre fuiste muy paciente conmigo.
—Bella, yo te quiero, nunca dudes de que lo que hice por ti fue por verdadero cariño hacia ti. No por un favor hacia Edward.
Edward
Jane se había instalado en la recamara que iba a ser de nuestro hijo. Ella se notaba más relajada, al parecer la soledad la había estado deprimiendo. Mientras que Bella preparaba la cena, Jane se recostó un rato a descansar. A la mañana siguiente buscaríamos una casa cercana a la nuestra para ella.
Bella se encontraba dando la espalda a la puerta de la cocina, estaba entretenida preparando los platillos. Me acerqué silencioso hasta tomarla por la cintura.
—Perdóname por presionarte.
—No te preocupes, Jasper nos ayuda.
—Con que Jasper, ¿eh?...
—Celoso.
—Pensé que te gustaba celoso.
—Sí, me gusta. Pero con moderación, ¿de acuerdo?
—Sí, prometo no golpearlo.
Ella soltó una carcajada y de inmediato se tapó la boca ya que no quería despertar a Jane. Le di la vuelta y la besé, por un momento me olvidé de nuestra visita y levanté el vestido de Bella para acariciar sus piernas. La cargué haciendo que enredara las piernas en mi cintura. Sus bragas me estorbaban, estaba por bajarlas cuando…
—¡Hey! —solté a Bella de inmediato provocando que casi se cayera—. ¡Suéltense que vamos a cenar en esta habitación! No se ofendan pero qué asco…
—Definitivamente, Jane, mañana te busco casa y no regresaremos hasta encontrarla.
Jane y yo reímos ante el comentario de Bella.
—¡Claro! No quiero frustrarles la diversión.
Nota:
Mil disculpas por la tardanza. Gracias por la espera, sus comentarios los cuales responderé en el trascurso de la semana.
Nos leemos hasta dentro de dos semanas.
Besos.
Chapter 17: Chapter 17
Por amor
Una vida llena de recuerdos
Los personajes no me pertenecen tan sólo la trama es mía.
Nota: Una enorme disculpa por el retraso, deben enterarse que éste capítulo no está revisado por ninguna de mis betas o asesoras así, que disculparan mis fallas. Por cuestiones de tiempo y personales no había podido actualizar además de que siempre que revisaba el capitulo terminaba corrigiendo o cambiando algunas cosas. Lo siento. Los últimos capítulos de igual forma los presentaré sin Beteo, por cuestiones de tiempo es mejor así.
Gracias a mis betas y asesoras por su apoyo durante éste viaje. Sarobari, Lillian, Yumel, Miry, Ludwika, Bella, Eli Val, Ela Fordice y a todas aquellas personas que en algún momento me apoyaron.
A los lectores, muchas gracias por su presencia, a quienes amablemente se han tomado su tiempo para dejarme un Review estoy muy agradecida. Lamentablemente me es imposible responderles, no cuento con Internet en casa, pero siempre los leo desde mi celular.
El siguiente capítulo lo publicaré el Viernes de la siguiente semana. Esta vez sin falta, ya termine la historia solo estoy revisándola según yo.
Capitulo 17
Él y ella.
Garrett
"Caminaba como un león enjaulado. Sí, yo era eso, estaba furioso, la odiaba. ¿Cómo puede ser posible odiar a muerte a la persona que más amaste en la vida? Sencillo, cuando esa persona te traiciona y te hunde para siempre. Jamás en esta vida la perdonaría."
Tenía seis años y Charlotte tenía apenas tres meses de edad cuando mi padre abandono a mi madre sin importarle sus dos hijos. Ese día lo recuerdo con tanta claridad, que sé que vestía su vieja chamarra de cuero con la camiseta que le habíamos regalado el día de su cumpleaños pasado. Los pantalones eran unos Jeans deslavados y rotos de la bastilla.
Mi padre cuando llegaba del trabajo daba un ligero beso a la coronilla de Charlotte, luego un beso a los labios de mi madre; a mí, simplemente me alborotaba el cabello y pellizcaba mi mejilla. Lavaba sus manos, tomaba asiento en la mesa para comenzar a cenar y contarnos su día.
Pero en esa ocasión fue diferente. Llegó directo a la habitación; sin decir nada tomó su ropa lanzándola a una bolsa negra de plástico. Ella lo siguió, escuché decir a mi padre que lo habían despedido y que no podía continuar. Hablaron durante un par de horas. Mi madre gritaba, Charlotte lloraba y yo simplemente intentaba calmar su inquietud sujetándola entre mis brazos fuertemente. Charlotte pesaba demasiado para mi, se agitaba en mis brazos y apenas lograba sostenerla sin que se lastimara. Poco a poco el temor iba creciendo en mi pecho haciéndose cada vez más fuerte.
Vi salir de la recámara a mi padre con el rostro colorado y ojos vidriosos. No nos miró mientras que se dirigía a la salida que lo llevaría a su libertad, guardo cualquier frase de consuelo o de despedida dentro de su mente. Silencio. Él simplemente se marchó.
Durante los años posteriores de la partida de mi padre, mi madre trabajó como obrera en una fábrica, a veces hacía dobles turnos. Casi nunca la veía y cuando estaba en casa la dejaba dormir. Yo sabía lo mucho que se esforzaba, lo veía, al igual que Charlotte que ya contaba con la edad suficiente para comprender; era una buena niña, curiosa y traviesa. Pero cuando mamá estaba en casa ella se quedaba calladita y se recostaba a su lado cuando dormía. Charlotte velaba sus sueños mientras que yo preparaba la comida que a mamá le gustaba.
Los domingos asistíamos a la iglesia. Tenía catorce años cuando conocí a la niña más bonita que había visto en mi vida; con cabello castaño, sus ojos verdes eran grandes llenos de inocencia; en sus mejillas se dibujaban unas graciosas pecas, sus labios eran gruesos de un color cereza. Estaba en la entrada de la casa del señor, cuando la vi mirando hacía todas partes como si estuviera perdida a pesar de que su madre la llevaba de la mano.
La segunda ocasión que la vi fue en la escuela. Estaba milagrosamente en mi grupo y entonces agradecí a Dios por cruzarla en mi destino. Era tímida casi no hablaba, pero cuando lo hacía siempre decía cosas inteligentes. Yo la admiraba; entonces, se hizo mi amiga. Paso aún más tiempo y mi amor por ella fue creciendo. La conocía muy bien o eso pensé. Gustaba de tomar leche caliente en las noches frías, no le gustaba el chocolate, prefería el sabor vainilla. Yo, odiaba la vainilla pero por ella la comía y fingía que era el sabor más delicioso del planeta.
A los dieciocho años, la invité al baile. Su vestido era rosa pastel tan esponjado que parecía princesa sacada de un cuento de hadas. Tenía flores bordadas en la orilla de su amplia falda y rosas de alrededor de su escote, su cabello iba sujeto con una cinta del mismo color del vestido. Apenas pudo entrar en el auto de su padre. Él nos llevó al baile. Su padre era un buen hombre temeroso de Dios y de sus leyes. Me advirtió de los castigos divinos si mis intenciones con su hija no eran buenas. Mis intensiones eran buenas, yo la amaba.
Bailamos una canción lenta, nunca habíamos estado tan cerca uno del otro, el calor que emanaba de nuestros cuerpos era un poco sofocante, provocando sensaciones extrañas un leve sonrojo. Mis manos temblaban, las de ella sudaban y mi voz era chillona. La conocía tan bien, que cuando la veía mirar a todas partes era porque se sentía perdida. Su cuerpo temblaba y no podía articular palabra.
Pero el instituto terminaba y pronto partiríamos a la universidad, ella quería ser veterinario y yo medico; entonces, debía actuar ya no éramos tan niños. Terminó la canción mis manos estaban mojadas. Ella me miró temerosa con sus labios temblorosos. Me acerqué lentamente, nunca había besado pero, había practicado ésta mañana, mirándome en el espejo de mi habitación. Besarla fue como besar un ángel me sentí en el paraíso del que tanto hablaba su padre en la iglesia.
Esa noche, cuando su padre nos recogió al final del baile pedí su permiso para tratarla como algo más que una amiga. Él me conocía y también a mi madre. Me dio su aprobación. Alison era mi novia. Nos separamos para continuar con nuestros estudios con la promesa de vernos los fines de semana. Nunca faltábamos a nuestra promesa.
A los veintidós años era un hombre enamorado. Trabajaba y estudiaba, mis practicas comenzaban. Mi madre ya se notaba cansada. Charlotte era apenas una adolescente, madura y comprensiva para su edad.
El fin de semana llegó y con el mi amor. No la había visto en un mes, la extrañaba y soñaba con nuestro reencuentro. Sus padres fueron a una reunión de beneficencia mientras que ella se quedó en casa a estudiar. Yo no debía haber estado ahí; pero, mis ansias no me dejaban dormir esa noche. Quería verla por lo menos un instante.
Me presenté en su casa. Sorprendida me miró, sonrojándose en el instante en que se percató de que su camisón blanco me dejaba ver más de lo que era considerado decente. Desvié mi mirada clavándola en la loseta, intentando controlar los demonios que incitaban el deseo carnal. Pero yo era un hombre. Ella me dejo pasar dentro de su casa. Me senté en el sillón con mis puños cerrados y mi espalda recta. Mi mirada siempre hacia el frente, lejos de sus pezones erectos por el frío de la noche. Me ofreció una taza de leche caliente. Acepté. La acompañé hasta la cocina, me senté en el desayunador mirando el techo. Colocó la taza de leche caliente frente a mí y unas galletas de chocolate. Sonreí. Hacía tiempo le había confesado que no me gustaba la vainilla, Alison había reído todo ese día de mi. Confesándome que lo sabía pero que me hacía comer cualquier cosa que tuviera el sabor de la vainilla tan sólo porque eso le demostraba lo mucho que yo la amaba.
Terminé la leche y las galletas. Me tomó de la mano y me condujo de vuelta a la sala, nos sentamos en el sofá. La plática era sencilla y espontánea hasta que comenzó a hablarme de sus amigas y sus novios. Me dijo que ellas ya no eran vírgenes y que le hablaban de las maravillosas sensaciones que sus novios o amigos con derecho les hacían sentir. Las anécdotas provocaron que sudara y sintiera escalofríos. Sus ojos estaban oscuros, tenían una mirada distinta.
Estaba nervioso porque yo sabía que quería ir un poco más allá de besos y caricias infantiles a sus pechos sobre la ropa. En algún momento se puso de pie y se quitó el camisón, yo estaba anonadado. La amaba y temía no a Dios y su castigo divino por mancillar a una mujer antes del matrimonio. Temía a mí mismo, a dejarme llevar y hacerle daño. Temía al hombre que era su padre, que me había dado la confianza de tratar a su hija, de entrar a su casa y a sus vidas. Pero no fue suficiente temor para el deseo que corría por mis venas. Había soñado con ese momento de verla desnuda durante muchas noches, me había masturbado en la ducha pensando en sus besos y sus caricias traviesas.
Me puse de pie, quería salir y correr lejos de ella pero me detuvo. Dijo que no llegaríamos al final, que sólo quería sentir mis manos acariciar su cuerpo sin la ropa. Me dijo que sus amigas le platicaban como les daban placer a sus novios con sexo oral, que podía intentarlo si yo accedía a tocarla. Había visto películas pornográficas, y de tan sólo imaginarme su boca tragando mi miembro enloquecí, cediendo a sus caprichos pecaminosos. La tomé de la cintura acercándola a mí, besé su vientre, acaricié sus caderas, sus nalgas sus pechos, primero con temor luego con desesperación. Ella gemía, sentí sus manos intentando deshacerse de mi camisa, le ayudé. Ella desabrocho mis pantalones. Ambos desnudos recostados en el sofá acariciándonos con pasión. No escuchamos el auto llegar, ni las llaves abriendo la cerradura, ni sus padres entrando a la casa o a la sala.
—¿Qué significa esto? —fue el grito de su padre que nos sacó de nuestro momento de lujuria. Salté lejos de ella sin saber que decir. Ella se cubría con un cojín, nuestras miradas perturbadas y nerviosas se cruzaron. Miré a su padre quien a su vez la veía a ella con dolor y decepción. Entonces la escuché decir:
—Que… quería violarme —dijo con temor a su vez de que su confirmación parecía más una pregunta. Luego lo entendí, ella dijo lo que su padre quería escuchar.
Asombrado giré mi rostro a ella de vuelta, comencé a negar con mi cabeza de un lado a otro, no negaba su afirmación, más bien el hecho de creerla capaz de semejante traición. Hasta que caí en cuenta del peso de sus palabras y de lo que su padre estaba haciendo. Llamando a la policía. Comencé a vestirme, aun no decía nada seguía conmocionado. Su madre se dirigió a ella y le dio una bofetada sin pronunciar palabra alguna. Ella nunca decía nada. Jamás habíamos entablado una gran conversación, nunca supe si me aceptaba, si creía que era bueno para su hija. Pero al verla bofetear a Alison por su falsa confesión, me hizo saber que sabía que su hija mentía. Su padre se acercó y me sujetó del brazo. Conmocionado aun no quería luchar, el dolor de su traición me dejo clavado en el mismo lugar.
Esa madrugada mi madre sufrió un infarto al saber que su hijo había sido detenido por intento de violación. Ella murió creyéndome un violador.
Me encontraba tan devastado, que ni siquiera volví a mirarla al rostro el día que atestiguo en contra de mí inventándose toda una novela de lo sucedido esa noche. Su padre un soldado de Dios. Ella, una sierva pura e inocente. Ganaron el juicio.
Con tan sólo veintidós años fui condenado a ocho años de cárcel por intento de violación. Charlotte fue a una casa de acogida mientras que yo cumplía mi condena.
El día que llegué al reclusorio, perdí mi inocencia, mi hombría. Ese día fui violado en las duchas por quienes con el pretexto de odiar a los violadores tomaban la justicia en sus manos calmando así su sed de sangre y lujuria. Con el tiempo perdí la cuenta de cuantas veces sucedió lo mismo, no importaba cuanto intentara cuidarme, el final era inevitable. Deje de resistirme. Hasta que un día llegó otro y ellos se olvidaron de mí.
Me recordaron el día que un niño de diecinueve llegó a mi celda, él era gay. Cumplía una condena por asalto a mano armada. Su historia… un joven enamorado que caminaba por la calle con destino a casa, vio al joven moreno del que había estado enamorado desde hacía un par de años, robando a una mujer. Chocaron, el arma cayó al piso mientras que el joven huía. La mujer asustada gritó, asombrado por lo que su amigo estaba haciendo no pensó en que no debía tocar el arma o que no debió decir que él era el culpable. Pensó que el otro lo agradecería. Jamás se presentó ni siquiera a su juicio.
Ellos llegaron cuando el joven se bañaba, yo salía de las duchas encontrándome con ellos de frente, uno de ellos me sonrío y mando un beso a mis labios. Iba a irme como si nada, en el pasillo me detuve al escuchar el grito del "pequeño Justin" así le decía su madre. Me puse los pantalones lo más rápido que pude. Entré a las duchas, estaban a punto de violarlo. El odio y resentimiento guardado por dos años sacó lo peor de mi. Eran tres los golpeé una y otra vez, no paré hasta que Justin me tomó del hombro y me dijo: "para o los mataras". Reaccioné los miré en el piso casi inconscientes, salí de ahí yendo directo a mi celda y detrás de mí el afeminado pequeño Justin. Lloré y grité.
Caminaba como un león enjaulado. Sí, yo era eso, estaba furioso, la odiaba. ¿Cómo puede ser posible odiar a muerte a la persona que más amaste en la vida? Sencillo, cuando esa persona te traiciona y te hunde para siempre. Jamás en esta vida la perdonaría.
A los tres días el afeminado pequeño Justin, para los reclusos era mi Puta, para él y para mí no éramos más que los hermanos varones que nunca tuvimos.
Dos meses después, estábamos en las duchas. Los nuevos del día llegaron y entre ellos el "Moreno" amor platónico del pequeño Justin. Se toparon de frente, Moreno, lo miró como se mira a lo que repudias. Los vi entrar, hambrientos de carne nueva. No me miraron, tampoco a pequeño Justin. Ni yo a ellos.
—Pequeño Justin, vámonos.
Pequeño asintió, bajo la mirada y negó suspirando hondo. Él comprendió que nunca obtendría su agradecimiento y que no valía la pena dar la vida por alguien que no te considera un ser humano. Pequeño Justin caminó detrás de mí.
Un mes después, comíamos en nuestra mesa, con el grupo de centroamericanos. Justin frente a mí, con su muy amena y afeminada platica. Su sonrisa picara, y ademanes nos hacía reír. Era como la tía loca de la familia. Pequeño Justin dejó de sonreír, miré de tras de mí para encontrarme a Moreno sosteniendo su charola, todos guardaron silencio mientras que Moreno con su rostro magullado apenas pudo sentarse. Acababa de salir de enfermería y el culo le dolía debido al desgarre que sufrió y sufría cada vez que era violado en las duchas. Y todos seguíamos sin decir nada. Todos conocíamos la estúpida historia del afeminado pequeño Justin.
Moreno levantó su rostro para mirar a Justin a los ojos.
—Lo siento.
Seis meses después Pequeño Justin fue puesto en libertad. Y por primera vez una semana después de su partida tuve mi primera visita al reclusorio. Y no llegó solo, lo hizo con su madre.
Moreno, se convirtió en mi sombra. Hasta que un día, mi condena se redujo por buen comportamiento y cumplidos los cinco años quede libre. Charlotte había cumplido la mayoría de edad y tenía tres meses viviendo en casa del pequeño Justin. Jamás acepte que me viera en la cárcel, por lo que nuestro reencuentro fue más que emotivo.
Abandonamos la ciudad para iniciar de cero en algún lugar remoto. Pero en cuanto se enteraban de mi estadía en la cárcel éramos marginados. Nadie me daba empleo. Charlotte nos mantenía como podía, trabajando de cajera o camarera. De lo que encontraba. Un día llegamos a la Push. Conocí a Harry cuando éste tenía problemas para remolcar un coche varado. Le ayudé y diciéndome que era demasiado viejo para esos trotes me ofreció el trabajo. Le hablé sobre mí y las razones por la que estuve en la cárcel. Se lo conté todo y por primera vez alguien me creyó.
Luego llegó él, mi mejor amigo Ethan Reader, siempre cauteloso mirando a sus lados y a su espalda. Esperando ser emboscado en cualquier momento. Luego la chica pelirroja, atractiva y llena de inseguridades. Ellos la pareja perfecta. Me daban envidia por tenerse uno al otro para amarse unos días y odiarse uno que otro.
—¡Estoy cansada de ser tu domestica! ¡Levanta tu ropa!
—¡No me grites que no estoy sordo!
—¡Ethan Reader!
—¡Ya voy mujer!
Miré a Charlotte quien estaba muerta de la risa por la discusión de nuestros vecinos.
—Tu amor platónico es un desordenado —le dije.
—O ella una loca obsesiva —contradijo Charlotte.
—¡Bah! Envidia tienes.
—Sí, la verdad que si —dijo y suspiró con melancolía. Pero ya había aceptado que ella no significaba nada para mi amigo.
Pensando en la relación que Ethan compartía con su ahora esposa, salí al bar a despejarme un rato con cervezas. Estaba solo mirando a la nada entonces ella apareció. Zafrina, quien más tarde me dio mi primera vez con una mujer. Quien me devolvió mi hombría a pesar de haberle pagado. Estar con ella me hacía olvidar mis pesadillas y demonios.
Pero Ethan tenía razón, yo no debía enfrascarme en algo que no llevaba a nada bueno. Y de nueva cuenta me encontraba solo. Con mi juventud perdida y mis sueños de ser un gran medico frustrados.
Jane
Nací en un lugar de Italia llamado Volterra. Crecí bajo el manto amoroso de una gran familia. Mis padres eran dos personajes llenos de vida y sobre protectores con sus cuatro hijas. Había sido la última en nacer y según mis hermanas la más amada por mi padre… mí padre. Un hombre robusto y malhumorado. Lo era todo para mí. Le amaba y admiraba, pero eso se terminó al cumplir los dieciséis años, cuando comencé a fijarme en el sexo opuesto y él correteaba a mis pretendientes con pistola en mano.
Fue a los dieciocho años cuando conocí al primo de mi mejor amiga, su nombre era Félix. Él, era un hombre veinte años mayor; su rostro enigmático junto a su pinta de gladiador romano me cautivó. Más fue su promesa de convertirme en una gran modelo lo que provocó que cayera a sus pies.
Para qué hablar de la decepción y el dolor que le causé a mi padre con mi partida. Aun recuerdo su rostro desfigurado por mis acidas e hirientes palabras. Le dije viejo bueno para nada, le hice saber cuánto odiaba la pobreza en la que me hizo crecer. Todo el dinero, ropa y cosas materiales que no me dio y que yo podía conseguirme sin su ayuda. A mi madre le dije que no quería terminar como ella, atada, obligada a una vida y a un hombre humilde que apenas podía darme de comer. Llena de hijos muertos de hambre. Mi madre me abofeteó y me pidió que jamás volviera. Ese día yo morí para ellos, para mis hermanas. Ese día deje de ser Jane Georgiano.
No culpo a Félix por mis acciones, a estas alturas de mi vida sé con seguridad cuán fácil es perder el piso por unas falsas y bonitas palabras de personas astutas, aves de rapiña. Pero estaba tan enamorada de la riqueza de Félix que no me daba cuenta en lo que me había convertido en un lapso de seis meses de vivir con él. Me prostituía y a cambio obtenía la fama de una modelo que más que posar en pasarelas de moda era una dama de compañía para hombres ricos y de no tan buena reputación.
Cuatro años después viajamos a Estados Unidos, por consejo de un amigo de Félix habían comprado un periódico local. Entre sus nuevas amistades conocí a un joven empresario, era un hombre poco atractivo pero con un gran corazón, el único que me trató como una mujer y no como un objeto sexual; ya que Félix continuaba ofreciéndome a sus socios como objeto de diversión. Cuando Félix se dio cuenta del amor que su socio me profesaba, yo estuve a punto de abandonarlo. Pero era tan dependiente de él y de sus malos tratos que terminé por destruir la oportunidad que la vida me daba para reformarme.
Aún me pregunto el por qué Félix se negaba a dejarme ir. Fue entonces que para retenerme me propuso matrimonio y de nuevo creyendo en sus falsas promesas acepté.
Comenzaron los golpes y peores humillaciones. Llevaba a mujeres jóvenes a la casa con la promesa de hacerlas unas grandes modelos. Las llevaba a mi cama y me hacía verlos tener sexo. La envidia por la juventud y belleza de esas mujeres fue carcomiendo mi corazón y salud mental.
Un año más tarde, intenté divorciarme pero con su dinero compró a mi abogado. Me di cuenta que no sería tan fácil apartarme de su lado. Hasta que lo encontré a él, Edward Cullen, un joven abogado. Le había contratado más por el gusto de ver su rostro por un tiempo que por la confianza de que me daría la libertad. Me llevé una gran sorpresa al ver que había conseguido lo que otros no obtuvieron por su falta de lealtad a su cliente y no sólo eso, también una pensión con la que podría vivir cómodamente hasta que volviera a contraer matrimonio.
Él me gustaba y una vez libre tenía la necesidad de sentirme viva, sentirme mujer, creer que podía ser amada. Pero yo había llegado tarde a su vida, así me lo hizo saber. No era que yo quisiera algo serio, no, había pasado la mayor parte de mi juventud al lado de un hombre despreciable. Tan sólo necesitaba de un hombre que fingiera esa noche. Más sus palabras de rechazo me hicieron sentir vacía y a la vez esperanzada de poder algún día encontrar a un hombre que fuera capaz de amarme como él amaba a su esposa.
Regresé a Italia, con el deseo de volver a casa. Viajé durante algunas horas hasta llegar al país que me vio nacer y crecer. Renté un auto y un día antes de mi partida a Volterra, lo pasé recorriendo tiendas en busca de los obsequios adecuados para mi familia. Con nerviosismo elegí cada uno de ellos preguntándome si aun me recordaban, sí acaso podrían perdonarme. Quise ser optimista y me engañaba a mí misma diciéndome que sí.
Pero había sido un error. Mi padre con sus cabellos encanecidos, sus ojos brillosos que delataban su tristeza y esa sabiduría que sólo el tiempo te da, me miró con reprobación. Mi hermana mayor me dejo pasar dentro de la casa, me senté en la mesa donde tantas veces había compartido el desayuno con ellos. Me sentí de nuevo de dieciséis años…
—¿Cómo va todo por aquí? —pregunté en un intento de romper el hielo. Mi hermana era madre de tres niños el más pequeño de cuatro meses yacía dormido entre mis brazos mientras su hija mayor de cinco me miraba con interés.
—Bien, Antonia se casó hace dos semanas y ésta de luna de miel.
—Me imagino su felicidad.
—¿Y tú Jane, has podido ser feliz? —me preguntó mi madre, que hasta ese momento había permanecido en silencio. Ni siquiera cuando me acerqué a ella para saludarla con un beso en la mejilla me había dicho algo—. Porque recuerdo que el día que te fuiste dijiste que serias tan feliz, que te olvidarías de todos nosotros y que nunca volverías.
Me hizo sentir como una niña de nuevo, sintiendo el arrepentimiento y el peso de mis acciones en la espalda, como si estas fueran bultos de concreto, me encorvé con la mirada puesta en mis manos entrelazadas en la mesa.
—Madre lo lamento.
—No tanto como tu padre, a quien le destrozaste la vida. A mí a quien me rompiste el corazón. No lo sientes tanto puesto que ahora vienes a plantarte aquí frente a nosotros. Vestida con ropa que cuesta más de lo que gana tu padre en una semana. Con tus zapatos que seguramente cuestan más de lo que costó el vestido de novia de tu hermana. Presumiendo a nuestros vecinos tu auto convertible. Vienes aquí y te atreves a traernos obsequios para comprarnos, para callarnos la boca y demostrar que has obtenido lo que querías. No. Jane, llévate tus limosnas, la lástima a tu familia humilde, a la que repudiaste por ser como somos. Si conseguiste lo que has querido, si eres feliz Jane te felicito y deseo que sigas siéndolo pero lejos de aquí.
No pude responder ante sus observaciones, no podía defenderme ella tenía razón. Mi comportamiento había sido el de una hija orgullosa y mezquina. Me puse de pie y le ofrecí a mi hermana al bebe. Salí sin decir nada con el nudo en la garganta ardiéndome como una herida provocada por un fierro ardiendo, lágrimas resbalaban por mis mejillas. Mi padre se encontraba sentado en la escalinata fuera de la casa observando el auto en el que había llegado o eso parecía a simple vista. Me senté junto a él y le observé, en realidad mi padre estaba perdido en algún lugar en su mente.
—Pa' yo…
—No digas nada Jane. Me da gusto que hayas venido a vernos y que en realidad no nos olvidaste. —Guardó silencio por unos minutos yo continuaba llorando en silencio tan sólo mirando su rostro serio—. ¿Te hizo mucho daño?
Su pregunta terminó por romperme. Solté un gemido lleno de dolor, nunca había sido tan consciente en realidad del daño que Félix me había causado hasta ese momento. Mi padre suspiró y abrió sus brazos para mí. Lloré sintiéndome de nuevo tan pequeña y vulnerable como cuando era una niña de diez años. Su mano acariciaba mi cabello y tiernamente depositaba besos en mi coronilla.
Las heridas que causé a mi padre con mis palabras nunca fueron sanadas sin embargo, él estaba ahí en ese momento para mí. Consolándome.
—Jane espero que encuentres tu camino y que tus vivencias te hagan una mejor persona.
No necesité más para entender que si bien me consolaba, eso no significaba que estaba perdonada. Limpié mis lágrimas y prometí que volvería cuando él pudiera estar orgulloso de mí.
Hablar fue más fácil que realmente actuar. Con el dolor aun del rechazo de mi familia carcomiendo mi alma regresé a Estados unidos. Comencé de nuevo haciendo lo único que sabía hacer, modelando. Y mientras tanto terminé mis estudios como trabajadora social. Vivía sola y no tenía amigos salvo amantes casuales. Cuatro años más tarde la tristeza y la enfermedad que había nacido en el tiempo que viví con Félix estaba destruyéndome. No podía seguir viviendo atormentada por mi físico.
Ingresé por voluntad propia a una clínica de rehabilitación. Ahí encontré de nuevo a Edward. ¿Quién iba a creer que el hombre que había admirado y respetado se había convertido en un imbécil? Me pidió velar por su esposa y así lo hice, no por él quien se había ganado mi resentimiento. Lo hice por ella, que me recordaba a mí misma en muchos aspectos.
Durante mi corto tiempo en la clínica intenté por todos los medios hacerla reaccionar, deprimida se estaba dejando morir lentamente. Le ofrecí mi amistad sincera y quedo demostrada cuando regresé a la clínica para visitarla después de que me dieran de alta. Fue entonces que me gané su confianza.
No había vuelto ver a Edward, las dudas acerca de su paradero me hacían pensar que había elegido a su amante antes que a su esposa. Más grande fue la sorpresa de un día ser asaltada por él en la calle mientras volvía de una visita a Bella a casa. Edward me habló acerca de estar en problemas y que era más seguro para su familia en especial para Bella que lo creyeran muerto. La convencí para que viajara conmigo a Italia, donde nos instalamos, ella tomó seminarios sobre su carrera de Derecho. Mientras que creábamos en conjunto una sociedad de ayuda para mujeres que como nosotras necesitaban de apoyo legal, psicológico o bien un techo y comida por un tiempo. Hasta cuatro años después que ella se enteró de su supuesta muerte, cuando la veía pensativa podía darme cuenta de que en realidad siempre tuvo la esperanza de volver a verlo; por mucho que dijera que seguramente estaba con su amante viviendo feliz.
Mantenía contacto con Edward mediante cartas dirigidas a nombre de Ethan Reader. Cuando llegó el momento de volver nos instalamos en un departamento supuestamente arrendado, en realidad pertenecía a Ethan o mejor dicho Edward.
Para ser sincera me sorprendió la tenacidad de él para recuperarla aunque para cuando le confesó la verdad, no haya sido lo que él esperaba. Mientras que yo era una espectadora de su historia me replantaba una y otra vez que no quería enamorarme. Jamás era como lo esperabas.
Emmett Mcarty era un hombre atractivo, que en cierta manera me recordaba a ese empresario enamorado que tiempo atrás me cautivó. Pero mi miedo al amor nuevamente me hizo estropear nuestra relación. Cansado de mis difíciles estados de ánimo terminó el noviazgo que teníamos. Era cierto que quería intentar tener algo serio con Emmett, después de Félix, no había tenido ninguna relación estable. Y eso me asustó, perder mi independencia pero sobre todo enamorarme.
Después de nuestra ruptura, tuve una aventura con un desconocido al que ni siquiera recuerdo. Cuando me enteré de que estaba embarazada mi mundo se vino abajo. Quise abortar pero al final no pude hacerlo. Emmett volvió y cuando le dije que estaba embarazada y que no sabía quién era el padre, se fue.
Ahora estoy aquí, intentando sobrevivir. Mi embarazo amenazado por mi enfermedad, que con las malas jugadas de mi mente me hace odiar aun más mi situación. No podía creer que al final cometí el error de convertirme en madre soltera. No quería serlo. Quería seguir siendo libre y sin ningún tipo de ataduras aun cuando no fuera feliz.
—Es hermoso éste lugar ¿no es así? —Me dijo Bella, mientras se sentaba a mi lado en la banca que daba justo frente al hermoso atardecer. No respondí a su pregunta—. Todos los días miramos el amanecer tan hermoso como éste crepúsculo.
—No comprendo cómo puedes vivir en éste sitio. No es… como las ciudades donde hemos vivido.
—No, es hermoso.
—Todo es verde. No hay smog…
—Lo amo y yo estaré dónde él se encuentre.
—¿Crees que algún día los encuentren?
—No lo sé. Mientras tanto seré feliz a su lado.
—¿Pero qué hay de eso de tener familia?
—No nos encontraran.
—Dime la verdad Bella, ¿de verdad quieres tener un hijo?, ¿arruinar tu figura, tu carrera?
—¿Mi carrera? Por si no te has dado cuenta esa queda arruinada en el momento que decidí marcharme de la ciudad y venir a Forks. Edward no tiene nada que ver con esa decisión.
—Adopta a éste niño, yo no lo quiero la maternidad no se me da. Lo harías muy feliz.
—En éste momento estamos disfrutándonos mutuamente. ¿Por qué no haces lo mismo?
—¿Qué? ¿Disfrutar de tu marido? —dije con una sonrisa maliciosa en mi rostro.
—Me refiero a tu maternidad, quien sabe tal vez nunca más vuelvas a tener la oportunidad. Y no te atrevas a poner tus garras en mi marido, Jane.
Cuando iba a responder vimos el auto de Edward acercarse y detrás de él, otro que más que auto parecía un desperdicio de lámina andante. De él bajo un hombre alto, con el cabello largo hasta los hombros y negro; una barba de tres días; unos ojos cafés muy expresivos. Su nariz respingona y sus labios eran delgados. Era un hombre atractivamente prohibido. Un hombre que se notaba a simple vista —y no sólo por esa cosa que él podría llamar auto—, que no tenía en que caerse muerto. Su ropa deslavada y vieja confirmaba todo. Ambos se acercaron a nosotros. Desvíe mi mirada de él cuando Edward se acercó a nosotras y con él a su lado mirándome.
—Buenas noches señoras —saludó Edward educadamente. Se acercó a Bella y depositó un suave beso en sus labios, los envidiaba por lo que miré hacia otra parte. Edward me sorprendió con un beso en mi frente.
—Calma, yo no necesito cariño idiota.
—Tan dulce como siempre. ¡Hola bebé! —Saludó a mi estomago depositando la palma de su mano en mi vientre, me estremecí. Era extraño.
—¡Suelta no me toques! —Le grité mientras manoteaba alejándolo de mí.
—No es a ti quien quiero tocar Jane, es al bebe y apuesto que no le das el cariño que necesita.
—Él no necesita nada, no piensa, no siente, sólo está ahí viviendo temporalmente.
—No piensa, pero si siente —el extraño nos interrumpió. Planté mi vista a él deseando hacerlo sentir dolor. No tenía poderes, pero si los tuviera en este momento estaría retorciéndose y pidiendo piedad.
—Jane te presento a Garrett mi amigo y vecino.
—Mmm.
—Hola, mucho gusto en conocerte —dijo estirando su mano llena de ¿qué era eso? Mi rostro debió indicarle mi repugnancia porque se miró las manos y —: ¡Oh! Lo siento, es un poco de lodo. Cambié una llanta.
Intentó limpiarse la mano en su camiseta igual de mugrosa que su mano, me dieron nauseas por lo que sin decir nada me puse en pie y caminé dentro de la casa sin mirar atrás.
Nota: ¡Huy! ¿Qué fue esto? Espero me lean la mente y saquen sus deducciones. Miles de gracias por continuar aquí.
Chapter 18: Chapter 18
Por amor
Una vida llena de recuerdos
Los personajes no me pertenecen tan sólo la trama.
Nota: Primero que nada disculpas por el tiempo de espera, pero creo que entre más revisaba según yo, el capítulo menos me gustaba. Al fin quede contenta con el contenido y espero también sea de su agrado.
Capítulo 18
En éste lugar nunca dejaba de llover, caminaba despacio con temor a caerme. No sería bueno llevarme un buen porrazo con tremenda panza, sé que no me podría poner en pie tan fácilmente. Él maldito clima del día describía a la perfección mi estado de ánimo.
Desde que llegué a éste infierno de pueblo me he preguntado cada día, cómo es que acepté la propuesta de Edward. Ni siquiera sé si al final adoptaran al niño que crece dentro de mí.
Las gotas de lluvia no traspasan mi impermeable pero si dificultan mi camino a lo que es mi nueva casa cercana a la de mis amigos. Cada mañana voy con Bella y Edward para desayunar juntos; al terminar, ambos salen a sus respectivos trabajos. Mientras tanto, aguardo el regreso de Bella para comer juntas. Por el resto del día hablamos de todo y nada a la vez en espera de Edward.
Tanto Bella como Edward pasan tiempo conmigo y eso está bien, porque ya no me siento tan sola. Aunque debo confesar que me preocupa ver que Edward se demuestra más entusiasmado con el bebe. En cambio Bella, intenta hacerme ver lo hermoso de estar embarazada. Me pregunta sí el bebe se mueve o cómo me gustaría que se llamara.
No quiero pensar en nombres. Para mí es difícil. Creo, que es como darle algo de ti. Además sea que lo adopten ellos o cualquier otra pareja, supongo que querrán nombrarlo con el nombre del padre o la madre según el caso. La verdad no me interesa. Es mejor así.
En la soledad de mi temporal hogar, a veces me pregunto cómo será físicamente. Todo se debe a Edward y su costumbre de decirle nena cuando yo irremediablemente deseo que sea nene. Tendría una vida más fácil. Luego, ésta Bella que me obliga a tocar mi vientre y dirigirme al niño para preguntarle que desea desayunar. Como si me fuera a responder, bueno, debo reconocer que la idea no es tan descabellada. El niño come fruta y leche. Si desayuno cualquier otra cosa antes que esos alimentos, termino expulsándolo todo.
Ésta tarde Bella no comerá conmigo, ha tenido que atender algunos pendientes en su oficina. Debí haberme marchado de regreso a mi casa después del almuerzo, pero como siempre me sucede después de comer, me he quedo dormida. El niño es muy dormilón. Bella me ha enviado un mensaje pidiéndome que esperé a Edward para llevarme a casa. La idea no me agrada en lo absoluto, últimamente no soporto su estado paternal. Aunque sé, que lo hace más por él que por molestarme; detesto cuando me toca el estómago y lo frota de forma circular, mientras que tiene una muy larga charla con mi vientre. Era estúpido que reforzara los lazos de afecto con un niño que no tenía idea si al nacer podría decir: ¡Es mi hijo y me lo llevo a casa! Puede que Bella no lo quiera al nacer y entonces… ¿Qué iba a hacer él con ese cariño que veo en sus ojos cuando me toca el vientre? Ese sentimiento que noto en su mirada podría destruirlos a ambos.
Faltan algunas casas más para llegar a la mía, la lluvia comienza a caer con más fuerza. Mis pies están mojados, el suelo es peligroso con tanto lodo. Escucho detrás de mí lo que sin duda es la carcacha del amigo de Edward. El delicioso y prohibido Garrett.
—¡Hola bonita! ¡¿Te llevo?! —gritó Garrett sobre el horrible ruido del motor de la cosa fea que llamaba auto. Lo ignoro, y continuo caminando con mi vista hacia en frente. La lluvia comienza a arreciar—. ¡Vas a mojarte!
—Eso a ti no te importa —respondí entre dientes, sin mirarle pero notando que el horrible sonido del intento de auto había cesado.
—Te enfermaras y no es bueno en tu estado —dijo a mis espaldas. Garrett había bajado del auto—. Además…
—Ya te lo dije no es asunto tuyo —le dije interrumpiéndolo y luego le grité—: ¡Lárgate!
Seguí mi camino hasta darme cuenta que me seguía. Giré repentinamente mi cuerpo quedando frente a él, coloqué mi mirada azul en sus ojos oscuros; con mi ceño fruncido intentando parecer lo más molesta posible. Y para añadirle más dramatismo a la escena coloqué una mano en mi cintura, o donde debería de haber una. Garrett no respondió mi ataque de forma verbal, simplemente me dedico una mirada de arriba hacia bajo antes de dar media vuelta para subir a su caja de fierro y ponerla nuevamente en marcha. Pero metros más adelante, se detuvo y bajó nuevamente del coche.
¡Garrett era un necio!
Continué mi camino, pasando por su lado ignorándolo totalmente. De pronto sentí su mano sujetando mi brazo; provocándome una ligera excitación ante el inicio de un juego que sin duda llevaría al desastre al pobre Garrett. Si, ya me había ocurrido algo como esto con anterioridad, primero aquel empresario de buenos sentimientos, luego Emmett. ¿Es que acaso no lo veía?
—¿Se puede saber que te hice para que seas tan grosera conmigo?
—¡No me toques! —grité.
Él no encajaba conmigo, ninguno de ellos lo hizo. No era por el dinero, bueno en el caso de Garrett si lo es, pero también tiene lo mismo que los anteriores, demasiado corazón, demasiada bondad. Lo puedo ver en sus ojos oscuros. No era que me agradara ser golpeada, pero no soy muy buena. Mi carácter indomable, mi necedad y el terror a perder mi libertad es lo que me impide enamorarme. No puedo corresponder de la misma forma en la que ellos se entregan.
—De acuerdo, pero estas mojándote. Hace mucho frío y si piensas como un ser humano deberías subir a mi auto antes de provocarte un resfriado. Piensa en tu bebe.
¡Si, demasiado corazón!
Molesta subí a su chatarra andante. Miré por la ventana durante el corto camino a mi casa. Su aroma, mezclado con el olor a tierra húmeda, me agradaba. Provocaba el deseo de acércame y olerlo. Cuando se detuvo frente a mi casa e intente abrir la puertezuela, ésta se quedó atascada. El buen hombre, se estiró sobre mí para alcanzar el seguro del auto y retirarlo, para después empujar con fuerza la puerta y abrirla. Su acercamiento me facilitó el aspirar su aroma. Se retiró lentamente sabiendo lo que hacía y lo que me provocaba.
Fingiéndome molesta le di una mirada de asco, aunque por dentro mi corazón latía con rapidez. Bajé del auto y entre a casa sin mirar atrás. O al menos eso le hice creer, porque apenas cerré la puerta detrás de mí, corrí a la ventana de la sala escondiéndome entre las cortinas para verlo marchar en su peculiar transporte. Solté una risita, aunque ésta se desvaneció al pensar en el daño que puedo causarle si sedo aunque sea un poco a mi deseo de él.
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Mi día en la oficina había comenzado con órdenes y malas noticias. Todo iba de mal en peor. No podía ausentarme unos meses o sólo venir medio día a trabajar por que todo se convertía en un caos. Primero nos atrasábamos, luego los errores que William cometió que casi nos cuesta perder un caso. Pero nada de esto me hacía enojarme tanto como lo hacía mi marido y su sobreprotección a Jane. En ocasiones hubiera preferido no haberla traído con nosotros. Me dolía verlo a su lado tocándola y hablándole cariñosamente. Yo quería darle eso que ella estaba dándole. Mis celos son infundados y sé que ella no tiene la culpa, ni siquiera él. Tan sólo son ideas mías. Edward sólo es amable con ella.
Desde ésta mañana no me he sentido bien, debe ser porque a pesar de encontrarme al pendiente de la alimentación de Jane no me he cuidado como es debido.
—Bella tu esposo ésta en la línea —me comunicó Sue.
Di un suspiro de frustración seguramente me llamaba para saber por qué no estoy con Jane. Le hice señas para que me pasara la llamada.
—Hola
—Hola amor. Garrett me dijo que se encontró con Jane camino a su casa en el inicio de una tormenta. Sólo quería saber si te encontrabas bien.
—Sí, ¿no has hablado con ella? —le pregunté.
—No, llegué a casa y no las encontré.
—No pude regresar para comer con ella, le dije que te esperara para que la llevaras a su casa. —Solté un suspiro lleno de frustración—. Al parecer no quiso hacerme caso.
—Está bien. Hablaré más tarde con Jane.
—Te veo por la noche entonces. —Me despedí con tristeza. Quería que me dijera que vendría por mí.
—De acuerdo. Te amo.
Corté la llamada molesta por su falta de atención hacía mí que soy su esposa. Decidí llamar a Jane y reprenderla por su imprudencia. No podía creer que no me hiciera caso. Era peligroso que teniendo ya siete meses de embarazo anduviera sola por la calle en medio de la lluvia. Parecía una niña pequeña y desobediente. En esa parte tenía razón, era una inmadura que nunca cambiaria.
Marqué su número de celular y mientras esperaba que respondiera, me tomé un par de pastillas que aliviaran mi dolor de cabeza.
—¿Qué pasa? ¿Por qué no me dejan dormir?
—Jane, te envié un mensaje para que esperaras a Edward. Él me ha llamado diciéndome que Garrett te llevó a tu casa en medio de la tormenta.
—¡No sean exagerados! ¡Apenas comenzaba a llover!
—Como sea Jane, debes cuidarte ya lo sabes.
—De acuerdo no volverá a ocurrir.
—Te veo por la mañana.
Corté la llamada aun más molesta que antes. Necesitaba respirar, necesitaba salir de ahí. Me puse en pie pero demasiado rápido, perdí el equilibrio, tan sólo sentí que era sostenida por William.
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Era media noche y aun así no podía conciliar el sueño; notaba un poco extraña a Bella desde hace días. La sentí levantarse de la cama. Fingí estar durmiendo sin saber por qué. Por un momento creí que iría a sanitario pero no fue así. Salió de la habitación tan sigilosa como un gato en cacería.
Aguardé unos minutos. Al ver que no regresaba decidí ir en su búsqueda. Salí de la habitación a oscuras, en el pasillo caminé lentamente y muy silencioso. Llegué a la habitación que iba a hacer del hijo que nunca llego, la encontré mirándose en el espejo de cuerpo completo que había escondido en el armario hacía meses; cuando me casé con Bella. No quería que recayera en su enfermedad pero obviamente ella lo encontró.
La vi mirándose el abdomen, luego fue hasta una mecedora que había comprado con algunas cosas para el bebé que habíamos esperado con anhelo. Ella se sentó ahí y luego comenzó a mecerse mirando la pared fijamente frente a ella. Cuando estaba a punto de hacerme notar ella levantó del piso un platón con el contenido de una rebanada de pastel. Tomó el tenedor y pinchó un trozo. Lo llevó lentamente hasta sus labios…
Comencé a recordar una escena parecida hace mucho tiempo a tras donde Bella se encontraba en la cocina de nuestro primer departamento con un trozo de pastel frente a ella y el tenedor en la mano mientras que lágrimas resbalaban en sus mejillas.
Mi corazón retumbaba. Bum, bum, bum ensordeciendo cualquier ruido a mí alrededor y fue peor cuando recordé el resto de la escena: Ella, levantándose de la silla tirando al cesto de basura el pastel y luego, llorando de rodillas. Yo detrás de ella, tan sólo viendo por primera vez en mucho tiempo el esqueleto en el que se había convertido mi esposa, en esa figura decadente de lo que una vez fue.
Bella continuaba con el trozo de pastel frente a sus labios… Sentía como el tiempo se detuvo en ese momento y entonces lo supe. Por alguna extraña razón ese pensamiento, esa deducción tan poco lógica; porque realmente no tenía que ver lo uno con lo otro… yo lo supe.
Terminé por entrar en la habitación la tenue luz de la lámpara que se encontraba clavada en la pared en forma de oso debía ser nueva pues desconocía su existencia hasta éste momento. Caminé hasta ella, que al percatarse de mi presencia terminó por llevarse a la boca ese trozo de pastel. La conocía demasiado bien como para no saber que lo había hecho al propósito, para no verse obligada a tomar la palabra.
Me arrodillé frente a ella, tomé sus manos entre las mías y di un beso tierno a cada una. La miré a los ojos, entonces fue inevitable mi pregunta:
—¿Hace cuánto tiempo? —Algunas lágrimas comenzaron el recorrido por sus mejillas hasta caer en nuestras manos entrelazadas.
—Desde hace unas semanas que… —Su sollozo me partió el corazón.
—¿Pero… —No lograba encontrar las palabras exactas para preguntarle. Ni siquiera sabía si era tan sólo un sueño o una pesadilla—. ¿Cómo?
—Me desmaye en la oficina ésta tarde.
Ella se había desmayado y nadie me había avisado. Pero aun no respondía mi pregunta y eso estaba matándome.
—¿Por qué nadie me aviso?
—Les pedí que no te lo dijeran. Fui a la farmacia y… —del bolsillo de su bata sacó la prueba de embarazo. Jadeé al ver que era positiva y aún continuaba preguntándome el cómo sucedió.
Lentamente me puse en pie y caminé hasta la pequeña cama, me senté ya que corría el riesgo de derrumbarme sobre mis piernas. Miles de preguntas comenzaron a pasarse por mi mente.
—¿Por qué no me lo dijiste ésta tarde?
—No quería darte falsas esperanzas. Tenía las sospechas porque mi periodo no ha llegado éste mes, pero tenía miedo de hacerme la prueba.
—Bella me haces tan inmensamente feliz.
—No puedo creérmelo. Se suponía que sólo pasaría con las inseminaciones.
—Debemos ir al médico.
—Sí.
No quería que lo supiera pero tenía miedo, mucho miedo.
—Bella, pase lo que pase siempre serás lo más importante para mí.
A la mañana siguiente desperté con una adrenalina recorriendo mi cuerpo de una forma desbordante. Estaba emocionado, Bella me había pedido no decir nada a nadie por el momento hasta saber que era lo que ocurría de verdad. Ella aun no podía creer que estuviera embarazada, pero yo sí. Lo creía, lo podía sentir y si me ponía a pensar en su comportamiento poco convencional podía decir que los síntomas siempre estuvieron ahí, sólo que ninguno de los dos los tomamos en cuenta. La presencia de Jane nos había servido de distracción. Mareos o debilidad por las mañanas, ascos al ver los extraños antojos de Jane. Esa parte maternal tan latente que Jane despertaba en Bella. Esa sobreprotección. En ocasiones tocaba su vientre sin darse cuenta, si es verdad lo que me había dicho; que no lo supo hasta el día anterior. Pero si lo sospechaba. Sonreí como idiota. Un bebe… de Bella y mío.
Viajamos a Chicago dos días más tarde. Garrett me prometió que su hermana estaría al pendiente de Jane y que no nos preocupáramos. Bella y yo no habíamos hablado con nadie del incidente de Charlotte conmigo. ¿Para qué? Tan sólo era una chiquilla un poco confundida. Así que tenía la seguridad de que Jane no sería tan malvada con ella. Mala, posiblemente.
Bella estaba tan nerviosa que me gritaba y se molestaba por todo conmigo. Que si no salimos a tiempo, que si porque vamos a un hotel y no al departamento, que por qué no empaqué esto o el otro. Estaba a punto de perder la poca paciencia que me quedaba.
—Sabes que no me gustan los hoteles. Soy un poco paranoica.
—Ya te lo dije sólo estaremos una noche Bella, en el departamento tendríamos que limpiarlo todo.
—No debe estar tan sucio.
—Lleva solo dos meses, al entrar pondrás el grito en el cielo y comenzaras a limpiar, por aquí y por allá. Y terminaremos durmiendo dos horas Bella.
—Es que…
—¡Basta ya! ¡Para Bella! Tranquilízate por favor. Me pones nervioso.
—Lo siento.
—No… ven, ven aquí amor. Tranquila todo estará bien. Lo prometo.
—¿Y si es una falsa alarma? Las pruebas pudieron equivocarse.
—Bella te hiciste siete. Amor siete pruebas y ninguna fue negativa.
—No puedo creerlo.
—Yo sí.
—¿Por qué?
—Porque nunca perdí la fe en que lo lograríamos.
—Te amo, perdóname por no creer.
—No importa.
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Estaba recostada en una camilla, la doctora colocó un gel demasiado frío para mi gusto. Edward a mi lado tomándome de la mano, de vez en cuando la apretaba un poco más reflejo de su propio nerviosismo. Las imágenes que reflejaban una pantalla era confusas y sin forma alguna para nosotros. Ella maniobraba sacando trazos al parecer midiendo y de pronto soltó una risilla traviesa.
—¿Qué ocurre? —pregunté al fin un poco exasperada por su actitud un poco… ¿burlona? Tal vez.
—¡Vaya! Pensé que nunca preguntarían —dijo, burlándose de nosotros—. ¿Cuándo fue la fecha de tu último periodo Bella?
—Hace treinta y seis días.
—Mmmm, que extraño —dijo burlonamente, de nuevo—. Cuando me llamaste diciendo que agradecías mis servicios pero que como nuevamente la inseminación había fallado decidieron tomarse un tiempo para decidir si volver a intentarlo o no. Creí que te habías hecho la prueba.
—No fue necesario, mi periodo llegó.
—¿Por qué? —preguntó Edward.
—Porque de acuerdo al ultrasonido tienes más de sesenta días de gestación —Edward y yo jadeamos al mismo tiempo sorprendidos. La inseminación no había fallado.
—Pero mi periodo…
—No fue un periodo, fue un pequeño sangrado que confundiste con tu periodo. Créeme cuando te digo que es común ésta confusión en madres primerizas.
—Ese sangrado ¿es peligroso? —preguntó Edward con rostro de espanto.
—De acuerdo al ultrasonido no hay desprendimiento de placenta alguno por lo que no hay ningún problema aparente. Lo único que hay que decir es ¡Felicidades serán padres!
Edward recargó su cabeza en mi pecho sollozando, no pude evitar sentir su dolor y a la vez su felicidad. Lloré con él. Cuando levantó su rostro beso mis labios y dijo: —Gracias amor, por soportar todo el proceso, por hacerme el hombre más feliz de la tierra —. Luego se puso de pie y sorprendió a la doctora con un abrazo y de igual forma le agradeció.
—No debe agradecerme aún, hágalo cuando tenga en sus brazos a su hijo sano y salvo. Recuerden que aunque él está aquí ahora, depende de que Bella se cuide y tome todas las medidas de seguridad para no recaer en la anorexia.
—Si doctora, voy a cuidarme.
—Bella ya puedes levantarte y cambiarte de ropa. Te esperaremos para darles las indicaciones y cuidados que debes tener de ahora en adelante.
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Cuando salimos del consultorio la abracé y cargué dándole vueltas. Me encontraba eufórico pero no podía evitarlo. Estaba feliz. Caminamos hasta el Hotel tomados de la mano. Bella lucia radiante, su mirada era distinta sus ojos irradiaban una luz inusual. Se veía hermosa y deseaba hacerle el amor.
Cuando llegamos a la habitación la tomé de la mano y nos dirigimos hasta la cama, frente a ella, comencé a desatarle el cabello que llevaba en una coleta; me coloqué detrás de ella, haciendo a un lado su cabello dejando al descubierto su cuello comencé a depositar pequeños besos recorriéndola detrás de la oreja, pasando por su cuello hasta llegar a su hombro. Mientras que pausadamente bajaba el cierre de su vestido. Jadeó cuando le regalé una mordida a su cuello pero el sabor de su piel y el aroma dulce de su ser me atrajo como un vampiro hacia una virgen doncella. Retiré de sus hombros su vestido y éste calló al piso irremediablemente. Desabroché su sujetador y se lo quité con ternura acariciando su piel en el proceso; la sentí temblar. Sus hermosos pechos me llamaban para ser besados pero aun no quería probar aquel manjar. Su respiración era errática y su mirada de deseo me pedía gritos que la tomara y la hiciera mía proveyéndola del placer que tanto su cuerpo necesitaba. Pero primero quería jugar…
….
Próximo capitulo el 2 de octubre.
Gracias por sus reviews, pero sobre todo por la espera. Nos quedan cuatro capítulos. A las chicas que me han escrito en Por amor y Una oportunidad para amarte muchas gracias. Disculpen por no responder sus reviews no tengo ordenador en casa y esa es una de las tantas causas de mi demora. Espero su comprensión.
Hasta pronto.
Chapter 19: Chapter 19
Por amor
Una vida llena de recuerdos
Los personajes no me pertenecen tan sólo la trama.
Capitulo 19
Anne
Jane se encontraba sola en casa observando el televisor, aunque observar tan sólo era un decir, ya que en realidad su mente se encontraba a miles de kilómetros de ahí. Como si estuviera en un viaje cósmico podía ver a Emmett sentado en un bar bebiendo una cerveza fría, llamando la atención de las mujeres a su alrededor. No quería continuar torturando su corazón con lo que pudo ser, y no fue. Pero, su penitencia era algo adictiva para un ser que siempre sintió que no merecía ser amado, aunque fuera eso precisamente, lo que en realidad más deseaba.
Acostumbrada ya a ese sabor agridulce de la amargura que implicaba el arrepentimiento, intentó por millonésima ocasión comunicarse con él. Nuevamente su número se encontraba fuera de servicio. Aseguraba que no deseaba saber de ella. Lo entendía, y con una sonrisa amarga se decía a sí misma: "Qué hombre querría estar con una mujer que nunca sería capaz de reconocer sentimientos de apego hacía su pareja, o peor aun, qué llevara en su vientre el fruto de una aventura".
Agotada suspiró llevándose una mano al abultado vientre.
—Bien, niño es hora de ir a la cama. —Como si el "niño" comprendiera lo que le había dicho la madre que lo resguardaba dentro de si, renegó con movimientos bruscos llenos de protesta. —¡Auch! —Se quejó Jane, asombrada de la fuerza que su pequeño mostraba.
De pie se quedó pensando que el niño, sería tan rebelde cómo ella había sido con su madre a la hora de ir a la cama, sonrió al recordar los berrinches que le costaron a sus padres hacer su voluntad.
—De acuerdo pequeño, escucharas un poco más de Tom y Jerry, mientras merendamos algo y después… ¡A la cama!
Subió el volumen del televisor y se dirigió hacía el refrigerador. Sacó un refractario que contenía la sopa que Charlotte le había preparado esa tarde. A Jane no le gustaba depender de las personas y mucho menos de los desconocidos aunque, fueran remunerados por sus servicios. Pero tenía que reconocer que la niña le agradaba. Decía cosas graciosas y contaba un sinfín de anécdotas humillantes y penosas de su hermano. No entendía que le hacía portarse amable con ella aun sabiendo que era la hermana de Garrett, y que portarse bien con la chica traía como consecuencia que él se mostrara aun más interesado. Comió la sopa caliente y después apagó el televisor. Moverse por la casa le resultaba cada vez más difícil, su protuberancia se encontraba más grande y sólo le faltaba menos de un mes para dar a luz.
La noticia del embarazo de Bella le había dado tanta felicidad como tristeza. Sabía que su amiga no podría hacerse cargo de su bebé con un embarazo avanzado, además… ¿Para qué querría a otro hijo si ya tenía el propio? Pensaba.
Suspiró. Le había parecido un bonito sueño que Edward y Bella se quedaran con su hijo, Jane sentía que tendría la seguridad de que sus padres lo amarían y que lo protegerían de cualquier avenencia. Ahora se preguntaba constantemente el futuro de su pequeño, por mucho que no lo quisiera a su lado no significaba que no le preocupara su porvenir, después de todo pensaba que su hijo era una parte de ella, la mejor sin duda. Un ser que crecía en su interior y que con el paso del tiempo había aprendido a aceptarlo. Con la ayuda de Bella, Jane, dejo de mirarlo como algo ajeno a su cuerpo y un ser no vivo. Edward le había metido la espinita de que quedándose el niño bajo su tutela, ella podría formar parte de la vida del bebé como una tía o amiga de la familia. Pudiendo así estar con él en los días más importantes de su vida. Cumpleaños, graduaciones, cuando tuviera su primera novia, cuando la maldita le rompiera el corazón. Jane, sonrío al imaginarse al lado de su hijo tomando su primera cerveza y dándole consejos de cómo tratar y seducir a las mujeres; una enfurecida Bella reclamándole por enviciar a su hijo. Pero, ahora creía que eso no podría ser posible.
Aunque Edward le aseguraba que si se quedarían con el bebé, ella no se encontraba segura de que fuera a suceder. Imponer la presencia de su hijo le resultaba un gesto egoísta de su parte con las personas que tanto le habían ayudado. El niño sabría que es adoptado o, ¿cómo explicar la poca diferencia de edades con su hermano o hermana? Cuando el niño tuviera la edad suficiente y madurez mental preguntaría. ¿Qué pensaría al saber que su madre no lo quiso? ¿Qué deliberadamente lo dio en adopción? Entonces querría saber quien es su madre y el porqué no se encuentra a su lado. Y si para ese entonces tuviera el valor de confesarle quien era su madre biológica, él querría saber quién es su padre. ¿Qué le respondería?
"Soy tan irresponsable que no lo sé —se reprochó—. Inmediatamente no solo me rechazará por haberle abandonado, también me odiará. Y sería el fin de mi relación con él. No me permitiría estar a su lado como una espectadora dejándome apoyarlo en sus momentos más difíciles como en los más felices. Pensar en su rechazo, en su odio me parte el corazón más que cualquier otro rechazo, de cualquier hombre que haya amado antes o amaré después, incluyendo a mi padre".
Entonces fue de esa forma que llegó a la conclusión de que lo mejor sería darlo en adopción sin saber quienes serian sus padres. A punto de recostarse en su acogedora cama, escuchó el toqué de la puerta principal de su hogar. Haciendo un gruñido de exasperación, se puso una manta y fue a ver quien era el imprudente que llamaba a esas horas.
—¿Quién es? —preguntó Jane de mal humor.
—Hola, soy Garrett.
Jane arrugó la nariz e hizo una mueca graciosa al escuchar la voz al otro lado de la puerta, era un hombre testarudo y necio. De pronto el niño se despertó y pataleo fuerte dentro de ella causando que se sintiera incomoda. Al final decidió cambiar su táctica, lo había estado rechazando y tratando mal desde que lo conoció. Y con esos modos lo único que causaba era que el hombre se encaprichara más. No sabía cuales eran sus intenciones nunca le dio la oportunidad de aclarárselas. Tal vez ella lo había mal interpretado todo y el hombre solamente era amigable en el buen sentido. Tal vez era Gay, y ella había predispuesto que le interesaba de otra manera. Se preguntó a sí misma: "¿Quién querría tener una aventura con una embarazada de ocho meses de gestación?" Resopló al darse cuenta de lo vanidosa que siempre había sido. Y también se río de sí misma. Tomó la decisión de abrirle la puerta al hombre que le atraía como imán, pero que sabía que no era para ella. Pensó en saciar la morbosa curiosidad del hombre para que éste de una vez por todas se alejara corriendo de ahí.
Abrió la puerta despacio, lo que vio le encogió el corazón. Maldijo a sus hormonas.
— Hola —fue el seco saludo de Jane.
—Hola, mi hermana a hecho este pan de manzana y me ha pedido que te traiga un poco. —Aguardó una respuesta negativa por parte de la mujer frente a él, un azote de la puerta en sus narices o un par de maldiciones. Pero, al ver que ella no decía nada y que sólo lo miraba de arriba a bajo, continuó—: Dijo que se te había antojado esta tarde.
Ella continuaba mirándole y de pronto sintió que la piel se le erizaba. Pensó de pronto que, seguro que la mujer tenia un arma e iba a dispararle en cualquier momento. Irónico que para él, quien ya se había jurado esa sería la última ocasión que intentaría acercase a ella, fuera a morir por una bala en su pecho disparada por esa malvada y amargada bruja. Estaba apunto de dar media vuelta y darse por vencido cuando de pronto escucho: "Pasa". Por un momento dudo, pensando que había sido su deseo por conocerla mejor, su imaginación haciéndole una jugada muy mala. Pero de pronto la vio levantar una ceja solo como ella sabía hacerlo.
—Pasaras o me dejaras ir a la cama a dormir.
—Cla… claro disculpa.
Garrett dio un paso dentro de la casa de Jane y entonces sintió que su vida había terminado la mujer lo asesinaría. Que engañosamente a lo que pudiera pensar la gente ella sería capaz de cavar un hoyo lo suficientemente profundo para enterrar su cadáver ahí. Se la imaginaba con su grande estomago arrastrándolo hasta su tumba.
—Está lloviendo a cantaros. ¿De verdad Charlotte te pidió que vinieras o fuiste tú el necio en insistir?
Garrett con su uno noventa de estatura se ruborizó. Jane se dio la vuelta dándole la espalda para contener la carcajada que asomaba por sus labios apunto de estallar. Cuando Garrett no dio respuesta a su pregunta delatándose a sí mismo en su mentira, Jane decidió no atormentarlo más. Directamente fue a su recamara y cogió una toalla.
—Toma sécate o te resfriaras —ordenó ella. Garrett se quedó pasmado imaginando, que ella era su mujer quien esperaba con ansia y preocupación su llegada. Ese sería su recibimiento, frío como solamente ella era, pero tras esa fachada una gran de ternura—. ¿Te encuentras bien o las tuercas de tu cabeza se han oxidado con la lluvia?
—Lo siento, es que nunca habías sido tan amable.
—Mmm. Gracias por el pan. ¿Gustas un café?…
En ese momento Garrett supo que esa noche moriría envenenado…
Tres días después….
—¿Podrías pasarme el control remoto del televisor por favor?
—Claro, mi amor.
—¿Cuantas veces debo decirte que no me digas, mi amor?
—Bueno… eres mi amor. Aunque yo no signifique nada para ti, no quiere decir que tú no signifiques nada para mí.
—Garrett… —no tenia ningún caso continuar discutiendo con él—. Eres un tonto.
—Soy el tonto que te ha hecho sonreír estos últimos días.
—Sabes que cuando el bebé nazca me iré, ¿por qué insistes en permanecer cerca de mí?
—Porque no temo al amor, por mucho que al final duela.
Garrett
Se acerca la navidad y con ellos el infierno que me atormenta desde hace años. Es en esta época cuando más me aflige la duda y las miles de preguntas revolotean dentro de mi cabeza como un tornado.
—¿En que estas pensando? —cerré los ojos por un momento para volver a la realidad. Con un suspiro hondo le respondo a aquella mujer que sin proponérselo me robó el corazón justo en el momento en que sus ojos azules me miraron.
—Nada.
—He despertado desde hace rato ya, y no haces más que taladrar el techo con tu miar para luego caer en un abismo de tristeza. Miras el techo como si en el se proyectara una película que yo no puedo ver.
—Cuéntame la película que te hace llorar cada noche, cuando crees que yo duermo y no siento que te apartas de mis brazos para salir al encuentro del cielo nocturno.
—Yo… Mejor que no sepamos nada el uno del otro.
—Quiero estar contigo.
—De verdad no te comprendo… no tengo nada que ofrecerle a un hombre como tu.
—Mi amada Jane, tu no comprendes que lo que fácil llega, fácil se va. Lo difícil cariño, y lo que realmente cuesta; es lo que vale y perdura.
—Dime que te aflige tal vez yo te cuente…
Navidad
Faltaba poco para traer al mundo a mi pequeño, y el miedo crecía con cada minuto que transcurría.
—¿Estas lista? Edward me ha enviado un mensaje, nos esperan ya.
—Si, coge por favor los regalos. Esta enorme panza no me permite agacharme.
—Claro, no culpes al bebé.
—Puff. Ni siquiera me deja dormir.
—Pronto lo tendremos en casa y te prometo que yo lo cuidare por las noches para que tu duermas bien.
Escucharlo hablar de esa forma, describiéndome escenas de una familia feliz, me provocaba terror, no quería. No deseaba esa vida.
—Garrett… —el reclamo y el reproche quedo en el aire suspendido porque él se ha ido.
Todos nos encontrábamos cenando y compartiendo anécdotas graciosas de navidad, ecepto Bella que por alguna razón se limitaba a escuchar pero jamás a participar. Nuestras miradas se cruzaron entonces recordé las cosas que me había platicado de sus navidades con su anoréxica madre. No, en definitiva sus navidades no fueron graciosas y mucho menos agradables. Comprendía su silencio.
Reíamos de Garrett y sus ocurrencias cuando de pronto escuchamos el toque de la puerta, Garrett se levantó de inmediato para atender al llamado, realmente huía de las burlas de Edward. Entonces él se quedó estático, completamente pálido, podía ver su perfil desde mi posición en el comedor Edward y Bella le daban la espalda Charlotte se encontraba demasiado ocupada sirviéndose un poco más de pavo.
Garrett se giró para mirarme y en sus ojos vi furia y tristeza, sólo dijo: "Es para mí, ahora vuelvo". Todos nos quedamos en silencio un momento.
Edward me miró y dijo:
—Seguro que es alguno de los chicos. ¿Celosa?
—Cayate idiota, eso jamás.
Pero la verdad era que lejos de estar celosa me encontraba preocupada, nunca me ha confesado sus secretos así como yo nunca le he confesado los míos. Pero sabia que la persona quien quiera que fuera que estuviera ahora hablando con él era causante de su sufrimiento. Me levanté de la silla con mucho trabajo, Bella quien comía un trozo de pay me observó sorprendida, al fijarse en mi seriedad. Fui hasta la ventana, Garrett estaba discutiendo con una mujer, ella lloraba e intentaba abrazarlo entonces… una furia se apodero de todo mi ser.
—Charlotte… ¿Quién es esa mujer?
Charlotte, se acercó y miró por donde le señalaba y jadeo. Con los ojos desorbitados volteo hacía Edward y dijo:
—Es Alison.
Edward se puso de pie tan rápido que la silla cayó detrás suyo. Corrí o más bien caminé lo más rápido que mi estado me permitió hasta Edward sujetándolo de una manga de su suéter para detenerlo.
—¿Quién es Alison?
—La mujer que destruyó la vida de Garrett.
—¿La ama?
—No —respondió con una marcada mueca de asco ante la posibilidad.
—Entonces déjame a mí.
No sabía por qué, o si él se molestaría conmigo por inmiscuirme pero, si era el caso lo merecía por entrar en mi vida a la fuerza. Tomé del perchero de la entrada de la puerta un abrigo pero, no lo abroche. Miré mi reflejo en un pequeño espejo que traía en el bolso y aspiré hondo y abrí la puerta con decisión.
—¡No me importa Alison! —Gritó Garrett enfurecido, verlo de esa manera me hizo saber que no seria agradable para mí hacerlo molestar. Ya era demasiado tarde para arrepentirme de intervenir en su discusión cuando se percataron de mi presencia y ambos voltearon a mi dirección. .
Con mi voz más dulce y mi cara inocente le llamé, mi mano derecha sujetaba el barandal de los escalones y con la otra sujetaba mi vientre.
—Garrett… —Ambos voltearon, la mujer llamada Alison me vio sorprendida fijándose en mi vientre más de la cuenta —. Ya vamos a brindar, ¿por qué no invitas a tu amiga… mi amor?
Garrett se sorprendió aun más por mi cursi frase de: "Mi amor"
—No es mi amiga y ya se va.
Sin apartar su mirada de mi persona en ningún momento desde que respondió a mi llamado, caminó hacía mí dejando a la mujer hecha un mar de lágrimas, derrotada y totalmente abandonada. Esperaba de todo corazón que él realmente no la quisiera, por que lo que acababa de hacer era separarlo de tal vez la mujer de su vida. Yo no le amaba y mucho menos lo quería a mi lado. No sabía en que pensaba cuando me levanté de la silla para espiarle o cuando detuve a Edward y que decir cuando salí de la casa para ir en su búsqueda y luego llamarlo "Mi amor"; para él esa simple frase significaba que yo le correspondía y no era así.
Garrett me tomó por la cintura y me beso apasionadamente, mi pequeño no le fue impedimento para ese abrazo lleno de amor. Por primera vez en mi vida me sentí verdaderamente amada. Cuando él me soltó yo lloraba, iba a romperle el corazón y me dolía.
—Garrett yo…
—Lo sé, Jane. Pero solo déjame soñar esta noche.
Y volvió a besarme.
Edward
Quisiera tener el poder de leer mentes y así saber lo que pasa por su mente en momentos como este. Ella desnuda frente al espejo acaricia suavemente el pequeño monte que sobre sale de su estomago. La ternura en su rostro es la que solo una madre puede tener. Ella es feliz lo sé, y yo también lo sería si mi felicidad no se viera empañada por la posibilidad de que algún día nos encuentren.
Ella se percata de mi presencia en la entrada de la recamara, me mira y me ofrece su mano para ir hacia ella. No puedo resistirme, ni negarme a sus deseos le pertenezco y estoy atrapado en su red. No quiero alejarme.
—Mirá… ¿Puedes creer que haya vida aquí? —me preguntó mirándome con ternura mientras colocaba mis manos en su pequeña protuberancia.
—Si.
—Estoy asustada… ¿Qué tal si no soy una buena madre? ¿Qué si cometo los errores de mi madre con mi propia hija?
—Lo bueno de convertirnos en padres es que puedes ser mejor.
—¿Seras mejor que los tuyos?
—En primer lugar nunca te abandonaría a tu suerte, en segundo jamás le mentiría a mi hijo o hija acerca de su procedencia. Ni lo que fui alguna vez contigo y no fingiré ser algo que no soy. Todo lo que vera en mi será verdadero.
—Mmm es aterrador ahora comprendo mejor a Jane.
—Si piensas mucho en el futuro creo que si aterra, pero si te ocupas en el presente pienso que disfrutaras más de la experiencia.
—Tienes razón. ¿Vamos a la cama?
—Si, señora Cullen.
La levanté en brazos llevándola hasta la cama, comencé a besarla despacio. Mis intenciones eran claras deseaba hacerle el amor a mi esposa. Entonces… el timbre del teléfono comenzó a sonar una y otra vez era más de media noche. Molesto y frustrado me levanté, Bella soltó una risita por mi actitud de niño mimado que le han quitado de las manos su dulce favorito.
—Si —respondí con fastidio.
—Edward soy Garrett es Jane ya es hora, te veo en el hospital.
Sentí un viento helado envolver mi cuerpo y una opresión en el estomago. Recuperándome de la impresión me di cuenta que Garrett ya había cortado la llamada. Colgué el auricular en su lugar y fui hasta la recamara de nuevo en busca de Bella.
—Bella, es Jane. Ya es hora. —me encontraba nervioso vistiéndome apresuradamente—. Garrett va rumbo al hospital. Hay que avisarle a Charlotte. Iré yo mientras te vistes.
—Si. Edward. —me giré al escuchar su voz— Tranquilo todo saldrá bien.
La serenidad en su tono de voz y su mirada cariñosa me hizo saber que me encontraba apunto de perder el control y que no debía hacerlo. Debía cuidar de mi Bella.
—Si —solté una risa nerviosa que ella comprendió, ambos nos miramos y dijimos al mismo tiempo:
¡Seremos papas!
Jane
"De la ansiedad a la angustia; de la angustia al miedo; del miedo al horror; del horror al terror. Dolor"
La fuerte lluvia impedía que Garrett pudiera ver a través del parabrisas la carretera. Era de noche todo era una inmensa oscuridad. Los gritos de la mujer que se encontraba en el asiento trasero de su coche, apunto de parir no le ayudaban mucho para poder concentrarse en el camino que tenia por delante. Para acabarla, uno de los focos delanteros del auto se había fundido esa mañana, una razón más para que se maldijera por haber sido flojo y no haberla reparado esa tarde. Pero qué iba a saber Garrett lo que le esperaba esa madrugada.
No iba a alta velocidad, quería llegar al hospital pronto, si, es cierto. Pero no quería hacerlo por causa de un accidente. Jane gritaba y maldecía su suerte y la hora en la que se acostó con ese tal Emmett o aquel desconocido en un Bar mugriento. Hasta ese momento Garrett no tenia idea de cómo había sido concebido el bebe que estaba apunto de nacer y del que pretendía ser padre. No le importaba en realidad, pero siempre había creído que la resistencia de Jane para confiar y dejarse amar por él, era porque aun amaba al padre del bebe y que aun cuando la había abandonado ella no podía olvidarlo. Se sorprendió de que ese no fuera el caso. Pero más de saber que ella era esa clase de mujer que tenia aventuras con desconocidos y que no le importaba siquiera conocer su nombre. Se preguntó por qué sería de esa forma.
Jane sentía que estaba siendo castigada por todos sus pecados, el dolor era inmenso o al menos a ella le parecía. Sentía que se estaba partiendo en dos. Había visto muchos videos de partos en televisión, pensaba que sabiendo lo que ocurría eso le ayudaría para estar mejor preparada. Había visto como la parte femenina era lo suficientemente flexible para que el niño pudiera salir. Pero una cosa era verlo y otra muy distinto padecerlo. En definitiva era una mujer cobarde ya que constantemente, se juraba que jamás volvería a dar a luz a otro hijo. Ella decía no tener madera para eso.
Miró al conductor, él parecía muy concentrado en el camino, no le hablaba ni decía nada. lamentaba haberle dicho cosas tan horribles minutos antes de comenzar la odisea de los dolores del parto. Llevaban un buen rato sentados en su sala mirándose el uno al otro antes de que comenzaran los dolores de parto. Él como cada noche le decía que la amaba y que quería algo serio con ella, pedía, no, le suplicaba que le diera la oportunidad de demostrarle que sería un buen compañero y un buen padre. No lo dudaba en realidad conocía su corazón bondadoso, con el simple hecho de quererla a su lado con un hijo que no era suyo ya era mucho decir. Pero ella sentia que no podía hacerle eso. El no merecía cargar con una mujer como ella. Y pensaba que Garrett merecía algo mejor. Por eso le había dicho que nunca se casaría o aceptaría vivir con un bueno para nada, con alguien tan pobre que apenas podía mantener a su hermana y a sí mismo. No estaba dispuesta a darle a su hijo a un iletrado como padre. Que él había sido el hombre mas inadecuado con el que se había enredado y que estaba cansada de jugar con él. Quería que se fuera de su vida para siempre. ¿Y que había hecho él? Se quedo sentado mirándola. No había odio en esa mirada, ni rencor. Sólo una profunda tristeza.
Entonces ella sintió la primera contracción. Él lo noto y luego a los cinco minutos otra más. ¿Cómo termino Garrett llevándola camino al hospital? Garrett sin decirle nada fue hasta la recamara tomó la maleta que Jane había preparado para ese fatídico día, verlo cargando la maleta con la expresión más seria que jamás le había visto, hizo que confirmara sus sospechas; el momento había llegado. Pudo gritarle que se largara, que podría arreglárselas sola. Pero era una cobarde y lo necesitaba. Aunque jamás lo reconocería. Todo lo demás fue historia. Ahora se encontraba atrapada con él, en ese auto. Garrett no le dirigía la palabra y tampoco una mirada. Todo había acabado, no había vuelta atrás se mordía la lengua ella simplemente no se permitía arrepentirse y gritarle que quería creer en él y que lo intentaría, por ella por él y por el niño que aunque tampoco reconocía ya amaba con todo su ser.
Un fuerte sollozo se escuchó en la parte trasera del auto. Garrett no se inmutó seguía con la vista al frente concentrado. De pronto perdió el control del auto, salio de la carretera y apenas al canso a parar justo antes de estrellarse contra un arrebol. Bajó de prisa con una linterna en mano para ver lo que había ocasionado el accidente. La llanta delantera del lado izquierdo se había ponchado. Garrett gritó desesperado pateó la llanta, fue la primera vez en toda la noche que mostró más que tristeza. Entonces Jane quien lo miraba desde el auto gritó….
—¡Garrett! —Garrett suspiró frustrado, y acudió al llamado de la mujer que lo había no solo ofendido y lastimado con sus palabras venenosas sino también roto el corazón por segunda vez en su vida. Se maldecía por su suerte de siempre liarse con mujeres frívolas y malas. Pero el bebé no tenía la culpa y por su vocación de medico frustrado no podía abandonarla en ese momento.
—¿Qué sucede?
—¡Se me ha roto la fuente!
Garrett sacó el móvil del bolso de su pantalón, quiso llamar a Edward y decirle que se diera prisa para encontrarlos pero no tenía señal. Maldijo de nuevo.
—¡Mierda! —Garrett esperaba que Edward viera las luces intermitentes fuera del camino de la carretera y se le ocurriera que fuera él, el del problema—. Jane, reza porque Edward nos vea y pare su auto antes de seguirse rumbo al hospital.
Jane no respondió, pero cuando vio que se apartaba de la ventanilla y luego abría la puerta del auto pensó que la sacaría y ella no podía siquiera moverse, los dolores le parecían eran muy fuertes. Lo que hizo después Garrett, la sorprendió la empujó haciendo que ella se recostara boca arriba, remango las mangas de su camisa. Ella no entendía que pasaba y menos que pretendía al comenzar a subirle las faldas.
—¿Qué… qué haces? —Garrett, rodó los ojos, con sarcasmo y una risa amarga le respondió:
—No violarte por supuesto —Rompió la ropa interior de Jane, ella soltó un grito, provocado tanto de miedo como de una contracción—. No te hice el amor cuando me permitías dormir en tu cama mucho menos ahora que la cabeza del niño puede verse desde aquí.
Jane, jadeo. Sentía que todo le daba vueltas.
—No, no, no, no. ¿Qué voy a hacer?
—Tenerlo. Flexiona las rodillas, comienza a trabajar con tu respiración como te enseñaron en esas clases de preparación a las que asististe. Y cuando sientas la contracción venir toma todo el aire que puedas y puja.
Jane comenzó a reír histéricamente… estaba aterrada y se sentía estupida. Él era su ángel. Pero no podía permitirle hacer eso. Confiaba en él, claro que lo hacía pero no quería hacer que se sintiera con derechos a nada y mucho menos no deseaba arrebatarle el derecho de ser padre de ese niño. Por lo que debía herirlo terminar de una vez con eso que tontamente creyó que podía permitirse tener.
—¿Éstas loco? No tendré un hijo en tu mugrienta carcacha y nunca le haría caso a un conductor de grúa.
—¿Por qué eres tan testaruda? Tu hijo puede morir asfixiado si te empeñas a esperar a que alguien nos encuentre.
—¿Cómo voy a dar a luz si no se que hacer?
—Yo te ayudare.
—¡Y tu que vas a saber, el hecho que tu abuelo fuera un granjero eso no te hace veterinario para tener una idea de cómo nacen los becerros, mucho menos los bebes!
Otra contracción impidió que ella continuara con su veneno.
—Pues si esperas a que un veterinario venga en tu ayuda pierdes el tiempo. Tal vez deberías aceptar la ayuda de un estudiante de medicina. Creo que ese te serviría más en éste caso. ¡Ahora por el amor de Dios mujer puja!
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Se encontraba despertando de un largo sueño, agotada pero en paz, hasta que de repente, recordó a su hija. Se preguntó si servicios sociales ya abría llegado. En cuanto nació Garrett la había puesto en su vientre y tapado con su chamarra ella demasiado asustada, no de estar en medio de la nada acabando de tener a su hija, sino de sostenerla demasiado tiempo entre sus brazos. Tenia miedo de sentirla tan real que no pudiera separarse después de ella. Afortunadamente Edward si los vio a un lado de la carretera. La sacaron del auto de Garrett y en cuanto se encontró a salvo en el auto de Edward le pidió a Bella que sostuviera al bebe, que sentía muy cansada. No era mentira. Estaba perdiendo demasiada sangre el cordón aun no había sido cortado.
Cerro los ojos, y ya no supo más. Una enfermera entró a la habitación, después de presentarse comenzó a revisarle el suero.
—Pronto le traerán a su bebe para que lo alimente.
—No espere, yo… no puedo… yo… —la enfermera la observó con detenimiento y el ceño fruncido.
—Nada de eso señora, usted debe amantar a su bebe a menos que el medico diga lo contrario. No hay forma de alimentar a su pequeño que no sea la lactancia.
—Pero…
La enfermera salió no permitiéndole replicar. Dos toques a la puerta y luego Garrett entró, tan serio como jamás lo había visto, ni siquiera la noche anterior. Pensó que al fin había logrado que desistiera.
—Que bien que ya estas conciente.
Jane no podía verlo a los ojos, casi sentada tenia la mirada puesta en sus manos.
—Gracias. Por todo.
—No tienes porque. Era mi deber aunque nunca pude titularme.
—Garrett yo…
—Solo quería decirte que… espero que realmente estés segura de lo que estas apunto de hacer. Le has roto el corazón a Edward y a Bella. ¿Qué es eso de que no se lo darás, a Bella y a Edward? Lo llevaran a una casa cuna o quien sabe Dios a donde. Eres una madre desnaturalizada. Eres…
La enfermera entro de nuevo con un bulto en sus brazos, se acerco a ellos y entonces dijo:
—Señor, sostenga a su hija un momento en lo que ayudo a su esposa a sentarse correctamente para alimentar a su hija.
Garrett se quedó helado, una cosa era ayudar a que naciera, sostenerla un momento en sus manos. Demasiado aturdido y nervioso por lo que pasaría después, no se había detenido a pensar en sostenerlo y fraternizar con la pequeña. Pero eso era diferente.
—¿Señor? Puff estos padres de ahora —dijo la enfermera. Jane miraba el miedo de Garrett. Pero le asombro que tomara a la bebe en brazos con cariño y mucho cuidado. Su mirada antes molesta y triste ahora era de total ternura, para después intentar contener las lágrimas que estaban apunto de derramarse. Jane aparto la mirada.
Ayudada por la enfermera se sentó. La enfermera le dio las indicaciones para amamantar a su hija de la forma correcta. Ordenó que Garrett le entregara el bebe. Un momento sus miradas se cruzaron y Jane quiso llorar también. Pero no tanto cuando con manos temblorosas sujeto a su hija en sus brazos. Siguiendo las indicaciones la bebé comenzó a succionar el pezón. Pero aún asé se contuvo para no llorar. Si lo hacia no podría dejarla ir, y tampoco a él.
El sentimiento de sostener en sus brazos a ese ser pequeño, inofensivo y especial le llego hasta el fondo de su corazón llenándola de una sensación vacía y de mucha angustia. Tocaron a la puerta, ella evitaba la mirada de Garrett y dio el pase. Una mujer morena, de aspecto frío y distante se acercó detrás de ella venía Edward y Bella. Edward se notaba serio. El rostro de Bella estaba bañado en lágrimas. Ya estaban enterados de su decisión, de que entregaría a su hija a un orfanato y no a ellos. Estaba segura de que Edward no se lo perdonaría. Ella misma no se lo perdonaría.
La señorita Miller, le hablaba y explicaba algo pero no lograba entender nada. Luego le colocó unos papeles en frente y le pidió que le entregara la niña mientras leía y firmaba. Entonces su cerebro hizo clic.
—No.
—¿Disculpe, que ha dicho? —preguntó la trabajadora social.
—No. No entregare a mi hija. —Jane sujeto fuertemente a la bebé como si alguien fuera a arrebatársela. No se atrevía a mirar a nadie más, que no fuera el rostro de la mujer. Ambas se miraron a los ojos.
—¿Esta segura?
—Si. Es mía. Es mi hija y me quedaré con ella —Jane se encontraba a punto de pasar a la histeria.
—Esta bien. Felicidades es una niña preciosa.
La mujer sin decir más se marcho. Jane sostuvo a su hija hecha un mar de lagrimas.
—Perdóname hija, perdóname. Mi pequeña Anne…
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Lo sé dirán que después de mil años me he acordado de publicar. Pero no es así, lo juro. Perdí los últimos capítulos. Quise volver a escribirlos pero costo mucho trabajo, no me quedaban como antes la inspiración se me fue. entonces... un día simplemente escribí y escribí. Aquí el resultado.
Gracias a los que me han leído y esperado. Gracias a todos los que me han comentado.
Nos leemos el 29.
Saludos.
Chapter 20: Chapter 20
Por amor
Todo por amor Parte I
Los personajes no me pertenecen tan sólo la trama.
Nota: El día miércoles publicaré un capítulo especial de Jane, espero sea de su agrado. Mientras tanto les dejo el penúltimo capítulo de éste fic.
PD: Den gracias a Lillian Mcarty y Miry Alvarez por éste capítulo.
Como cada día, nos encontrábamos mirando el atardecer, sentados en la arena. Edward se encontraba detrás de mí, yo recargaba mi espalda en su pecho, confortada por su calor, protegida por sus brazos. Sentía que todo por lo que habíamos pasado valía la pena. Cada lágrima derramada, era el costo de la mujer que ahora se encontraba a su lado. Una mujer fuerte, decidida, pero sobre todo segura de sí misma. Ya no siento temor por si él va a amarme por el resto de su vida. Sé que si, no es así, yo seguiré con vida, adelante por mí, y por éste ser que crece dentro de mi vientre.
Edward, acaricia con suavidad mi abultado vientre…
—¿Cómo crees que será? Le preguntó mientras los últimos rayos del sol se ocultan.
—Hermosa como tú.
—Quiero que tenga el color de tus ojos —le digo después de un largo silencio.
—Yo tu cabello
—Tus labios.
—Tu nariz.
—Tu sonrisa.
—La tuya —sonrió, mi sonrisa también me gusta.
—¿Ambas?
—Si. —Ante su afirmación yo atino a robarle un beso.
Caminamos de regreso a casa hablando de los nombres de bebé para nuestro hijo. Porque sería niño. El mes pasado no lo confirmaron durante el chequeo en el ultrasonido. Estaba más que contento. En cuanto llegamos de casa se puso a ordenar y re-decorar la habitación. Aunque ya estaba decorada con anterioridad con tonos neutros, ahora que sabía el sexo de nuestro hijo decidió que las paredes debían estar decoradas con cosas de niños. Edward descubrió que la pintura no es lo suyo, por lo que al final opto, por contratar a un decorador.
Nos encontramos en nuestra habitación a media noche bastante entretenidos, Edward con un pinta labios en mano y yo soy su lienzo, aún seguía esforzándose con lo de la pintura… el pinta labios me hace cosquillas, él se encuentra concentrado en la tarea de dibujar el rostro sonriente de nuestro hijo. Cuando finalmente ha dado por concluido su obra, sonríe como un niño pequeño. Suelto una carcajada mientras que el me observa con una ceja en alto y su rostro pinta la interrogación a mi risa.
—Me rio, porque te he visto una cana, en tu hermosa cabellera y pienso que eres muy viejo para ser padre.
—¿Cana? ¿Has dicho una cana?
—Si
—Te recuerdo que si yo me hago viejo tú también.
—No. Yo soy inmortal.
—¿Enserio tengo una cana?
—No. Pareces un niño esperando la navidad para por fin recibir su juguete favorito.
—No espero la navidad, espero a la cigüeña.
A la mañana siguiente me levanto de la cama sin encontrar a Edward a mi lado, después de vestirme decentemente, voy a la cocina y ahí lo encuentro. Recargado en el fregadero con los ojos cerrados.
—Buenos días —le saludo mientras paso por su lado para llegar al refrigerador. Saco un recipiente que contiene algo de estofado, otro con lasaña y uno más de fruta.
—No tiene nada de buenos —responde en un murmullo. Pongo en el horno a calentar la comida y mientras, arreglo la mesa para desayunar.
—Tengo nauseas.
—¿Has comido algo fuera de casa? —La comida ésta lista, me sirvo en un solo plato de todo un poco pero aun así tengo ganas de un omelette, nuevamente me encuentro en el refrigerador.
—No.
—¿Entonces? Pregunto mientras me dispongo a preparar mi segundo platillo.
—Tal vez sea que estoy embarazado —responde finalmente abriendo los ojos. Sé que cuando el inicia su día con ascos no le apetece comer nada. Por lo que siempre termino desayunando sola.
—Cierto —digo aguantando las ganas de reír. Odia, de verdad odia, cuando me burlo de su estado.
—¿Vas a comerte todo eso? —me señala toda la comida a mi alrededor. Entonces ocurre que no puedo evitarlo…
—Sí, alguien tiene que comer por ti.
—Puaj, me voy a recostar un rato más.
—¿Querías un bebe no?
Le suelto cuando va saliendo de la cocina, escucho decir algo así como: Ya te veré en el parto, el que ríe al último ríe mejor.
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Los meses han transcurrido demasiado rápido. Edward dejo de tener asco por casi todo, mientras que yo aborrecí su perfume. Mis estados de ánimo lo volvían loco, días lloraba por todo y en otros me enojaba por nada. Pero aun así siempre estaba a mi lado. Los mejores días eran cuando se portaba más detallista y especial conmigo. Hasta que finalmente el esperado día llego.
Durante toda la noche el bebé había estado inquieto, pequeñas contracciones habían aparecido, tome notas de cada una de ellas como me lo había indicado mi médico por la mañana éstas eran ya más frecuentes. Edward no se había enterado de nada, no quise despertarlo ya que bastante tenía con mis propios nervios como para lidiar con los suyos. Me levanté despacio para que no me notara, tome una ducha rápida. Al salir del baño él ya se había despertado, miraba muy entretenido la televisión.
—Edward —el giro su rostro hacia mí.
—¿Si?
—Ya es hora….
Cabe mencionar que ya en la sala de parto, con cámara en mano para grabar el nacimiento de nuestro hijo tuvieron que sacarlo de la habitación totalmente inconsciente. Los médicos soltaron una sonora carcajada cuando le grite al bulto: ¡Traidor!
Las burlas de Garrett, Jane, Charlotte y Billy fueron soportadas Edward por meses.
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Bella mecía a su hijo delicadamente mientras le cantaba una canción de cuna, Edward quien la había estado observando absorto desde hacía ya algunos minutos pensó que no había ningún sitio que pudiera ser mejor que ese. Al lado de su esposa e hijo. Ella al sentir su mirada despego su mirada del pequeño en sus brazos para mirarle a él y regalarle una dulce sonrisa llena de complicidad y amor devoto. Esa mirada le causo un estremecimiento, era la misma mirada que ella siempre tenía al verlo cuando la conoció. ¡Oh! Ese día…
La había estado observando desde que la vio entrar a la habitación su atuendo no era el más llamativo ni mucho menos el más favorecedor a su cuerpo. Pero había algo en sus ojos que le llamaba la atención. Se notaba perdida hasta que encontró un rincón donde colocarse y así tener un lugar privilegiado donde podía mirar sin llamar mucho la atención. Era tímida, se abrazaba a sí misma, pero también muy observadora. Reía, rodaba los ojos y hasta negaba cuando las chicas de la fiesta se comportaban inadecuadamente. Él simplemente disfrutaba de sus gestos.
Sin resistir más su curiosidad se acercó hasta ella intentando ser cauteloso y sorprenderla. Disimuladamente se colocó detrás de la joven castaña y aspiro su perfume… era delicioso, suave fresco y delicado como ella.
—¿Me concederías esta pieza de baile? —la vio dar un pequeño brinco en su lugar y entonces se volvió para darle la cara, por un momento se mantuvieron la mirada. Era mágico adentrarse en esa ventana de su alma. Podía decir que leía en ella todo y nada a la vez.
—Ah… no sé bailar. Lo siento.
—Eso es porque no has tenido un buen maestro —tomó su mano con delicadeza, lo que le provoco la famosa sensación de enamoramiento, mariposas en el estómago.
Edward sonrió ante el recuerdo, Bella que aún lo miraba, desde la mecedora frunció el ceño y le pregunto:
—¿De qué te ríes?
—Recordé como te conocí.
—Mmm. De mi parte puedo decir que fue amor a primera vista.
—De la mía digo que… también.
Bella se puso en pie con lentitud para no despertar al bebé y luego tras colocarlo en su cuna y arroparlo, fue hasta donde la esperaba su esposo con una sonrisa coqueta. Ambos se fundieron en un beso apasionado y lentamente caminaron hasta su habitación.
"De pie frente al espejo, observo con detenimiento la imagen reflejada ante mí. Ya no me importa cómo me ve la gente, ahora sólo importa lo que yo veo cuando me miro al espejo y sé que la imagen de esa mujer frente a mí es real… soy una mujer con defectos físicos como todas las demás, no hay mujer perfecta, ni una belleza única, porque todos somos diferentes y lo que puede ser bello para unos, no lo es para otros. Siempre trato de verme arreglada para él, pero siempre hermosa para mí".
Chapter 21: Chapter 21
Una vida llena de recuerdos
Por amor III
Especial Jane y Garrett.
Los personajes no me pertenecen, sólo la trama.
Nos leemos el lunes para el final. Gracias…
Era un día que había comenzado como cualquier otro, pero lejos estaba de serlo, Bella noto por primera vez cuanto habían bajado la guardia tras haber vivido los últimos meses su embarazo y luego los primeros tres meses de vida de su hijo. Un auto que no era de la localidad se encontraba estacionado a unas cuantas casas de la suya. Podía ser nada o podía serlo todo. Pero su instinto de supervivencia se puso en alerta. Edward entró en ese momento a la cocina sin percatarse de lo absorta que su esposa se encontraba mirando fuera de la ventana. Ella escuchó el golpe de la puerta del refrigerador y soltó un brinco. Pero intentó tranquilizarse cuando sintió las manos de Edward en su cadera y el dulce beso que depositó lentamente en su cuello.
Bella se giró y lo besó para apartarlo de la ventana. Tras darse los buenos días desayunaron en silencio. Edward se despido para ir a trabajar. Mientras que Bella lo veía marchar con un nudo en la garganta y un mal presentimiento.
Se quedó mirando por la ventana por largo tiempo hasta vio salir de la casa frente al auto al esposo de su vecina con su hermano. Si lo había olvidado… el auto era de ese hombre.
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—¿Aun no te dirige la palabra?—pregunto Bella mientras daba pequeños golpecitos a la espalda de su hijo. El cabello oscuro del niño le hacía cosquillas en su cuello.
—No —respondió Jane con un suspiro desalentador. Anne se encontraba en sus piernas jugando con mechón de su madre.
—¿Cuánto tiempo a transcurrido? —le preguntó Bella tras acomodar al pequeño en sus brazos para admirarlo. Su piel era pálida como la de ella, los ojos del niño tenían el color verde de Edward y los labios de ella. Aunque podía jurar que la sonrisa del pequeño era la de Seth, aunque ella se negaba a desmentir a Edward quien insistía en que la sonrisa era suya.
—Casi un año. ¡Es un ingrato!
Bella sonrió al ver la frustración de su amiga. Garrett… en estos momentos tanto su situación como su comportamiento con Jane eran complicados. Él no hacía nada por querer reanudar la "relación" o la "amistad". Tras haber acompañado a Jane hasta su casa el día que salió del hospital no había vuelto a cruzar palabra con ella. En parte culpa de Jane que huía cada vez que lo veía llegar. Y la otra parte culpa de él, que cuando su amiga por fin se animaba a permanecer en la misma habitación que un indignado Garrett, tampoco se esforzaba por entablar conversación con ella. Lo entendía, Jane se excedió con sus groserías.
—Le has hecho daño.
—Y que no es obvio que si no me he marchado es porque estoy esperando por él.
—Sólo ve y dile.
—¿Qué?... No puedo.
—¡Claro que sí! —Bella tenía una sonrisa burlona y retadora. Sabía que Jane detestaba que insinuaran que era cobarde.
—¿Y si me rechaza?
—Lo dudo. Te contare un secreto…. Le ha confesado a Edward que de verdad te ama, pero que te ha rogado demasiado y tú lo has tratado con la punta del pie. Dijo que no espera que tú vayas a su casa y le pidas disculpas. Pero que sí que muestres alguna señal, pero no cualquiera algo que le indique que estas dispuesta a aceptarlo de verdad y totalmente. Jane, lo quiere todo o nada. Además, ¿cómo quieres que se acerqué si cuando lo miras venir tú simplemente le das la espalda, lo ignoras o te vas?
—De acuerdo… te encargo a mi hija. Me llevaré tu auto.
—¿A dónde vas?
—Voy a buscarlo, pero que ni crea que le declarare mi amor. Sólo voy a besarlo. Eso es todo.
Bella soltó una carcajada era una lástima no poder presenciar la escena. Miró a la pequeña Anne, quien descansaba en su silla mecedora, la niña rubia de ojos azules como su madre la regalo una sonrisa. Era increíble ver que la pequeña era un encanto con los hombres de la casa. Edward la amaba y aunque no era nuestra hija adoptiva para él, era como si lo fuera. Siempre la procuraba. Aunque decía que si Garrett lograba su cometido juraba que sería el tío consentidor.
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Jane tenía una sonrisa en su rostro cuando pensó que efectivamente ella jamás iría a su casa a pedirle una disculpa. Pero si iría a su casa a robarle un beso. Llevaba días soñando con sus labios y es que el hombre sí que sabía besar. No quería pensar siquiera en cómo era la intimidad con él. No quería recorrer ese camino de nuevo; desde que le permitiera visitarla o quedarse a dormir con ella, algo en su cerebro bloqueaba esas imágenes. Quería amarlo a él, deseaba con todo su corazón encontrar algo que hiciera que ella se encontrara fascinada y pérdida por lo que representaba Garrett y no solamente porque era bueno era en la cama. Si iba a ser el definitivo tenía que ser distinto a todos y a todo lo que había conocido. Cuando se detuvo frente a la casa de Bella, supo en realidad que todo en él era y había sido distinto. Sonrió de nuevo, curiosamente el miedo a una relación, el terror de verse a su lado por el resto de sus días desapareció. Él era justo lo que ella quería y necesitaba entonces… ¿Por qué resistirse? Durante meses Garrett demostró su devoción y amor, era justo que ahora ella lo hiciera con él.
Bajó del auto, arrancó una flor que comenzaba a crecer a un lado de la escalera de Bella. Una flor cualquiera de color rosado. Se acercó con pasos decididos hasta la casa de Garrett y tocó suavemente. Podía escuchar la televisión encendida, podía escucharlo a él despotricando contra el equipo favorito de Edward mientras que éste se burlaba de él. La puerta se abrió dando paso a Charlotte, quien también llevaba una camiseta de su equipo favorito. Algo roída y deslavada pero la portaba con gran orgullo aunque su equipo fuera un perdedor.
—¡Hola! —saludo Jane, la valentía comenzaba a esfumarse. Nunca jamás había buscado a un hombre de una forma inocente.
—¿Hola? —Charlotte le devolvió el saludo un tanto dudoso, desde que se había enterado lo ocurrido con su hermano ella solo se limitaba a saludarla fríamente, su amistad o el intento de ella se había terminado. Jane lo entendía Garrett era su hermano y ella lo había lastimado.
—¿Se encuentra tu hermano? —se sentía como una quinceañera.
—Si.
—¿Puedo pasar? —Charlotte entrecerró los ojos para observarla y evaluar la situación. Finalmente suspiró y negó con la cabeza.
—Si vuelves a hacerle daño a mi hermano te pateare el trasero.
—De acuerdo, yo dejare que lo hagas si vuelvo a fallarle.
Charlotte se hizo a un lado, dándole paso a Jane. Sin perder tiempo y antes de perder la poca convicción que le quedaba caminó hasta él. Garrett le daba la espalda y discutía con Edward. No se había percatado de su presencia hasta que fue el mismo Edward quien se puso de pie como resorte y lo hizo a un lado.
—¿Qué pasa Jane? —le preguntó Edward, pensando que algo iba mal.
—No todas las mujeres estamos loquitas por ti. Vanidoso —Edward sólo le regalo una sonrisa de: "Tú alguna vez lo estuviste" Jane bufó sonrojándose un poco. Garrett quien al principio se había asombrado por su presencia, alzó las cejas al notar su dialogo silencioso y sus implicaciones. Se giró dándoles la espalda, en realidad no quería saber lo que significaban esas sonrisas, bufidos o miradas. Jane carraspeó y tras un silencio incomodo volvió a carraspear. Garrett quien se había dado cuenta de que era a él a quien buscaba se giró para quedar frente a ella. No le gustaba ser grosero como otras personas, mucho menos si esta era una mujer y menos aún si se trataba de la mujer que amaba.
—¿Es conmigo la cosa?
Jane lo miraba a los ojos, notó que algo en su mirada había cambiado ya no había recelo o miedo al mirarlo.
—Tú me gustas mucho —dijo Jane mientras que tomaba su mano y depositaba la florecilla en ella. Se puso de puntitas y beso su mejilla. Garrett demasiado atontado se quedó inmóvil. Fueron las burlas de Edward lo que lo hicieron reaccionar.
—¡Vamos Jane sé que puedes hacerlo mejor!
—Si pero eso no sería apto para tus tiernos oídos y los inocentes ojitos de Charlotte.
—Bueno si ese es el caso… ¡Edward te invito un helado!
—Acepto hermosa damita.
Garrett los vio marcharse, un poco asustado. ¿Qué pretendía esa mujer?... y tras sentir un golpe en su pecho lo supo. Era besarlo.
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Garrett jugaba con la pequeña Anne, en el patio delantero de la casa. La casa había sufrido muchos cambios tras la llegada de Garrett a ella. Primero, le dio mantenimiento, la pintó y ayudo a sembrar flores, flores como la que Jane le había dado hacía ya cuatro meses. Colocó una cerca alrededor de la casa de esta manera podía sentirse más seguro cuando Anne comenzara a caminar por si sola.
Estaba tumbado en el césped, y la niña sujetada por los aires. La acercaba y luego la elevaba haciendo que la pequeña soltara enormes carcajadas. Jane los observaba desde la entrada de la casa. Su sonrisa se borró cuando vio un auto de lujo detenerse frente a su casa. No conocía el auto pero por algún motivo su corazón comenzó a latir con fuerza. Y no fue hasta que vio al hombre descender que sintió que sus piernas le fallaban. Garrett miraba al hombre alto y bien vestido que se encontraba de pie detrás de la cerca observando a su mujer. Vio a Jane acercarse a ellos, se encontraba pálida.
—¿Qué sucede?
—Es Emmett mi anterior pareja. No sé cómo me encontró o que quiere. Ve adentro con la niña mientras hablo con él.
Garrett no estaba convencido de hacer eso. Pero entonces recordó cuando ella espanto como si de una mosca se tratara a Alison, pero no podía hacer lo mismo con ese hombre. ¿Por qué tal vez él era el padre de Anne? No quería que ella lo culpara si ese hombre jamás volvía a verla. Hizo lo que Jane le pidió. Si mirar atrás tomó a la pequeña y la llevó adentro de la casa. Si en ese momento le preguntaban si tenía miedo del extraño, podría decir con seguridad que no. Garrett sabía lo que representaba para Jane y no sentía temor de ningún hombre, ni siquiera del verdadero padre de Anne.
Jane camino hasta donde se encontraba Emmett, detrás de la cerca pero frente a él. Por alguna razón creía que traicionaba a Garrett si permitía la entrada de Emmett.
—Hola Emmett. ¿Qué te trae por aquí? —preguntó con una fingida seguridad. Sus piernas temblaban.
Emmett la observó con detenimiento. La mujer que tenía frente a él no era la misma mujer de la que se había enamorado alguna vez. Jane traía puesto un vestido de flores, sencillo. No llevaba maquillaje pero aun así lucia hermosa. Su cabello estaba recogido en una coleta. Nada de glamur había en esa mujer. ¿Dónde había quedado la mujer que gustaba de vestir como una modelo? Mejor dicho ¿Dónde estaba la ex modelo? Ni siquiera quedaba nada de la trabajadora social con la que había vivido alguna vez. Su cambio la hacía verse como una mujer llena de vida, como nunca antes la vio. Sintió celos, porque en su corazón sabía que no solo era causa de la niña que había dado a luz, sabía que también tenía que ver el hombre que ella miraba con tanto amor. Y que para su mala fortuna no era él.
—¿Esa era tu hija?
—Si
—¿El hombre con el que me engañaste?—Emmett no pudo contener sus celos y con gran amargura soltó esa pregunta.
—Nunca te engañe ya habíamos terminado cuando tuve esa aventura. Y no, tampoco es él.
—¿Quién es?
—El padre de mi hija. —La miraba con asombro sabía que padre no es el que engendra, es el que cría. Y por su estúpido orgullo no le dio la oportunidad a Jane de volver a su lado. Y fue otro quien se quedó con todo—. El hombre que ha estado a mi lado desde que me conoció, me ayudo a traer a Anne al mundo, es el padre de Anne.
—¿Y si yo soy el verdadero padre?
—No lo eres.
—¿Estas segura? Podemos hacer una prueba de…
—No Emmett, estoy segura la fecha en que nació la niña. Yo solo quería volver a ti, me engañé a mí misma y siento haberte engañado a ti tambien.
—¿Eres feliz?
—Como nunca lo he sido.
Todo por amor
Parte II
Me pregunto cuántas veces puede romperse un corazón antes de perder la esperanza. No entiendo cómo es que después de tanto sufrimiento ante la pérdida no ha dejado de latir. De pronto lo recuerdo… el corazón que late con fuerza dentro de mi pecho no me pertenece en realidad. Tan sólo es un regalo de la vida o del destino y es así como he podido continuar viviendo. Y como es natural, también viene a mí mente el dueño de éste corazón, la vida que pudo tener, sus sueños y aquellos a los que dejó en algún lugar con sólo un recuerdo. Pienso en que ese alguien pudo haber sido Edward y me siento aliviada de que no fuera así. Debo vivir… no puedo rendirme, ésta es una segunda oportunidad para ser feliz. Pero… ¿Cómo? Si las personas que amo no están a mi lado.
Aunque comienzo a llorar nuevamente, sé que una de ellas ésta bien en donde quiera que se encuentre y la otra… ésta luchando por seguir a mi lado.
Lo miró yacer en la cama, dormido, tan hermoso como un príncipe de cuentos. Ajeno al mundo exterior. Y nuevamente sé que no es así. Que en el lugar de su inconciencia está librando una batalla. Sus demonios lo atormentan y no lo dejan regresar. Yo sólo quiero que no se rinda y que despierte.
Lentamente me acerco a él y rozo sus labios con los míos. Y tal como él hacía conmigo le pido:
—¡Vuelve a mí!
Tomo asiento en la pequeña e incómoda silla que se encuentra a su lado, cierro por un momento los ojos y recuerdo el último día que abracé y besé con adoración a mi hijo.
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El día ha comenzado como cualquier otro. Con calma y palabras de amor puro, visto a mi niño; entre sonrisas, caricias y suaves besos le doy de beber el biberón; ya que ha terminado se lo entrego a Edward. Preparo el desayuno y tomo asiento frente a mi esposo, que no deja de hacerle caras bobas al niño.
—¿Has hablado ya con Seth? —pregunto tras observarle un momento.
—Si, dice que Embri sigue en la cárcel pero que al parecer según sus informantes continua manejando sus negocios desde ahí.
—¿Crees que nos ha encontrado? —le miro a los ojos pues ahora después de tanto conozco cada uno de sus gestos y sé cuándo me miente o trata de ocultarme la verdad. Él para mí es como un libro abierto.
—No lo creo… Seth ya nos habría pedido movernos de aquí.
Edward toma una de mis manos entre las suyas y suavemente deposita un beso. Él no esta tan seguro de lo que dice.
—¿Y, si sus informantes no son de fiar? —pregunto de nuevo con preocupación. Edward me mira a los ojos y con resignación en su tono me responde:
—Bella. ¿Quieres que nos vayamos de aquí?
—No… No lo sé. Te juro que no son alucinaciones mías, he visto un auto negro pasar frente a la oficina más de tres veces al día, incluso ha aparcado frente a ella en dos ocasiones, y nadie baja de ese auto. Los vidrios polarizados me ponen más nerviosa aun.
—Le pediré a Seth que envié a alguien a evaluar la situación. Si eso te hace sentir más segura… Lo haré.
—Gracias.
—No agradezcas, ya sabes que tú y nuestro hijo lo son todo para mí; nada existe después de ustedes.
Le sonrió. Él se retira del comedor con el bebé; depósito los trastes sucios en el fregadero y de inmediato voy en busca de mi pequeño. Cargo a Ethan suavemente, recargando su pequeño rostro en mi hombro para darle apoyo. Edward toma el bolso del bebe y pone sobre el pequeño su manta de color azul para cubrirlo del frío de la fresca mañana.
Ambos salimos de casa y caminamos en silencio hasta la casa de Charlotte. Donde dejaremos n al pequeño Ethan. Edward cariñosamente deposita un beso en la frente de nuestro hijo le pide portarse bien. Entrego la bolsa del bebe a Charlotte junto con ella una libreta que lleva las indicaciones y cuidados que el bebé requiere; así como números telefónicos de contacto de nosotros y de emergencias. No me gusta dejar a mi hijo al cuidado de alguien que no sea mi amiga, pero este día no ha podido cuidar a Ethan por la mañana. Doy un último beso y abrazo a mi hijo para después irme tomada de la mano de mi esposo.
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Bella miraba desde su escritorio fuera de la calle, sentía en su pecho que algo no estaba bien. Llamó a Jane y mientras hablaban, vio del auto aparcado frente a su establecimiento, bajar de él a tres hombres. Uno de ellos de complexión robusta, calvo con unos ojos oscuros que le provocaron escalofríos. El segundo más bajo que el primero, pero no menos aterrador tenía el rostro marcado con una cicatriz que iniciaba desde su ojo izquierdo y terminaba en la parte media de su mejilla. El tercer hombre era de estatura mediana, sus ojos grises eran fríos pero fue su sonrisa sádica la que la aterró aún más.
—Jane… ¿Recuerdas de lo que hablamos hace unos días?
—Si.
—Bien, has lo que me prometiste.
Fue lo último que Jane escuchó antes de que la comunicación se cortara. Jane quien había decidido con Charlotte darles un poco de sol a los pequeños, se encontraban en el patio delantero de la casa. Tumbadas en una manta mientras que los bebes estaban recostados también; manoteando y haciendo ruiditos vocales. Jane vio un auto rojo aparcar frente a la casa de Edward y Bella. Lentamente y con disimulo le pidió a Charlotte que fuera adentro con la pequeña Anne. Levantó al pequeño Ethan y caminó tras Charlotte. Vio a dos hombres, uno de ellos estaba intentando ver por una de las ventanas hacia adentro de la casa de sus amigos. Otro tocaba la puerta. Al casi ser descubierta mirándolos bajó la vista al piso.
—¡Disculpen señoras! —Charlotte no sabía lo que ocurría, por lo que sin temor alguno se detuvo al llamado del hombre. Jane giró, y regalando una amable sonrisa dijo:
—Niña ve adentro con Anne y dale su medicamento que ya le toca —Charlotte la miró un poco extrañada pero no dio importancia, se dirigió a dentro de la casa—. Dígame señor.
—Busco al señor Ethan Reader, ¿sabe a qué hora puedo encontrarlo?
—No sé quién es ese señor.
—Su vecino.
—¡Oh! ¿Se refiere al hombre que vive en esa casa? No señor no es mi vecino, yo no vivo aquí. ¡Gracias al cielo! Es casa de mi cuñada pero ella no se encuentra en este momento. De hecho yo solo vine a cuidar a su hija un rato. Pero si se refiere a la pareja que viven ahí los vi salir temprano. Son pocas veces las que los he visto. Creo que los he visto solo los fines de semana en el supermercado un par de veces. Aquí entre nosotros… él no me agrada. Es muy serio. Fíjese que un día me encontré a la mujer en el súper, chocamos nuestros carritos de despensa sin querer. El me dio una mirada de pocos amigos. Apuesto que quería estrangularme o algo así. Ella es… dulce podría decirlo así. Me sonrió levemente y se disculpó. Luego pues ya sabe… al otro día que vine a visitar a mi cuñada la vi a ella arreglando su jardín. Y bueno, ya nos conocíamos ¿no? Entonces quise saludarla, y todo iba muy bien; ella muy amable por cierto… y estaba invitándola a tomar un café con nosotras y entonces, que sale el tipo todo hecho una furia… ¡Le grito a ella desde el pórtico! ¡Dios! Qué vergüenza le hizo pasar a la pobre mujer. Pero eso sí, toda sonrisas me pidió que la disculpara, pero que no podía venir conmigo. El otro día…
—Está bien señora muchas gracias.
—De nada, fue un placer…—dijo ella tras darle una ojeada lujuriosa al hombre— hablar un poco con usted.
El hombre un poco asombrado y otro tanto divertido le regalo una sonrisa y un guiño a la rubia. Iba a decirle algo cuando fue llamado por su compañero. Ambos subieron al auto. El auto no arranco pero ella fue adentro de la casa.
—¡Charlotte!
—No encuentro la medicina que dices de Anne.
—Eso es mentira necesito que te lleves a Anne de aquí y te escondas en casa de Billy. No llames a Ethan o a Bella. Los tipos que están afuera quieren hacerles daño… ¿Comprendes?
—¿Quiénes son? ¿Por qué?
—Créeme niña mientras menos sepas mejor. Has lo que te digo, yo le enviare un mensaje a Garrett para que te encuentre ahí.
—¿A dónde vas?
—Voy a sacar al niño de aquí. Volveré cuando sea seguro regresar.
—¡Dejaras a Anne!
—¡Es hijo de ellos! ¡No sé si esos tipos saben de la existencia del bebe pero si lo saben es peligroso que esté con nosotros! ¿Entiendes? Estoy protegiendo a Anne y también estoy intento protegerlo a él.
Charlotte salió por la puerta trasera de la casa y entre sus brazos llevaba a la pequeña Anne. Jane mientras tanto subió al pequeño Ethan a la carriola y salió por la puerta delantera. Paso junto al coche rojo. El hombre con el que había hablado minutos atrás se encontraba fuera del auto, sonrió al verla pasar y sin disimulo alguno veía el trasero de la rubia.
Ella no lo miro ya que a lo lejos vio un auto negro aproximándose, el conductor llevaba unos lentes oscuros no podía ver el color de sus ojos. Pero Jane sabía que estaba mirándola a ella, seguramente extrañado de verla ir con su hijo quien sabe a dónde. Ella dando la espalda a los hombres dijo en silencio "Peligro" y rezo porque él le hubiera entendido. No fue cuando el auto negro paso de largo que supo que sus suplicas fueron escuchadas.
Ethan Reader quien volvía a casa tras enterarse que ese día no habría trabajo. La grúa que manejaba había sido llevada al taller y no la entregarían hasta dentro de dos días. Sin más que hacer se dispuso a tomarse el día con su pequeño hijo. La vio a ella pasar sin hablarle leyendo en sus labios la palabra "peligro" y como si fuera en cámara lenta vio el auto rojo con vidrios polarizados un hombre que miraba a Jane y su trasero. Todo hizo clic en su mente. La angustia y preocupación lo traicionaron. "Mi hijo" pensó y fue así como un hombre siempre dispuesto a dar su vida por lo que ama se quitó los lentes y justo cuando él se cruzó en su camino del otro hombre. Sus miradas chocaron. Ethan Reader sonrió.
¿Acaso se burlaba del hombre? No, sonrió a la vida y el destino que le permitieron tocar aunque haya sido un momento un trozo de cielo y felicidad…
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—¿Isabella Swan?
—¿Quién le busca? —preguntó el hombre rubio, interesado de haber visto a su jefa entrar corriendo al baño a toda prisa con celular en mano. Los hombres entraron al instante que ella cerró la puerta tras de sí.
—Unos viejos amigos —él joven rubio vio la pistola de uno de los hombres que por descuido descubrió.
—¡Señora Cope! —Dijo Bella saliendo del baño, atrayendo la atención de los presentes —¿Dónde…?
—Isabella Swan.
—Si —entonces el hombre le mostro la misma pistola que William había visto. Ella no se inmuto.
—Señora Cope. Cancele todas mis citas del día de hoy. William hasta cargo del negocio —dijo tras un guiño y una sonrisa.
—No puedes irte ¿qué hay del caso del robo a mano armada?
—No te preocupes por eso, he dejado el expediente en el cuarto de archivo ahí están las indicaciones. —señaló la habitación por la que había salido antes. El baño. Cope frunció el ceño y pensó "Abogados siempre haciéndose los importantes, sino es más que el baño"
—De acuerdo.
Y fue así como William la vio salir con aquellos hombres, mientras que uno con el rostro marcado por una cicatriz lo miró a los ojos y llevándose el dedo índice de su mano derecha, le hizo la señal a William de guardar silencio. Con disimulo con la otra mano dejo al descubierto la pistola nuevamente.
—Que hombres tan más aterradores. ¿Cómo puede la señora relacionarse con gente como esa?
William ignoró los comentarios de la señora Cope y corrió al "cuarto de archivo" para ver la indicaciones…
"Dile a Seth que están aquí"
Fue la indicación que encontró tras un número telefónico.
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La persecución había durado veinte minutos antes de que el auto negro se les hubiera perdido. Pero entonces el auto negro apareció frente a ellos. El conductor Edward Cullen recibió una llamada del celular de su esposa de un hombre que decía que ella estaba en sus manos. El lugar de encuentro fue en los acantilados de La Push.
Al bajar del auto vio su rostro y la furia se apodero de él, un golpe en su labio izquierdo fue el causante.
—¡¿Qué le han hecho?!
Pero su osadía fue castigada pues dos hombres comenzaron golpearlo. El de la sonrisa sádica causante de la herida reía desquiciado mientras la sujetaba.
—¡Ya no lo golpeen por favor! —Ella lloraba.
—Edward Cullen, vaya que eres muy hábil para esconderte. Lástima que para volverte a casar con tu amada esposa hayas tenido que salir del programa de protección a testigos.
—¿Qué? —Bella miró a Edward mientras que bajaba la mirada. Entonces por eso los habían encontrado, por ella. Quien no formaba parte del programa porque cuando él lo tomó ella estaba en rehabilitación hacía más de ocho años. Si ella no hubiera vuelto a él… No, hubo otra oportunidad cuando le dijo la verdad y ella no le perdono.
—Ella no tiene nada que ver… déjenla libre.
—¿Libre? No. Así no funcionan las cosas con nosotros. De hecho ella va a morir y tú vas a verlo.
El hombre sujetó a Bella del brazo y la empujó al acantilado. Edward horrorizado corrió a la orilla y justo cuando se lanzó tras ella, el sádico disparó en dos ocasiones a la espalda de Edward.
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Escucho su grito llamándome, lo veo caer con migo y luego el sonido de las detonaciones. Le han disparado. Cierro los ojos e intentando contener el aire. El agua es muy fría. Abro los ojos pretendiendo ver a mi alrededor pero todo ésta oscuro aquí, lucho contra las corrientes pera salir a flote, pero es inútil no encuentro la salida en esta nada. Esta sensacion de desespero porque el aire se me termina y entonces veo de nuevo hacia arriba de mí… distingo la luz. Estoy cerca… un poco más. Me digo que no puedo rendirme mi hijo, él me necesitan.
Salgo a flote las olas me golpean, intento desesperadamente encontrarlo. Un helicóptero sobre vuela los cielos escucho más detonaciones. Desesperada grito su nombre. Me sumerjo, una, dos, tres veces… intentando encontrarlo. Todo es inútil. Me niego a darme por vencida. Me sumerjo nuevamente mis lágrimas se mezclan con el mar entonces le veo y nado hasta él, lo he encontrado y sé, que es por casualidad o pura suerte. Intento llevarlo hacia la superficie pero la fuerza de las corrientes nos azota contra las rocas. El dolor del golpe me entorpece pero mi amor por él es más fuerte y logro salir a flote; las olas no me dan tregua. Las rocas filosas me causan dolor y ardor en mi espalda pero aun así no suelto a Edward, que esta inconsciente. No sé si respira, o no. Pero no me permito dejarme llevar por el pánico. Una vez más la furia del mar nos azota contra las rocas casi arrebatándome al amor de mi vida. Veo sangre en su frente no sé si es mía o de él. Miró hacia el frente un par de rescatistas descienden del helicóptero a una distancia prudente de nosotros. Y justo cuando estoy por desfallecer ellos han llegado a sostenerme.
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Me encuentro mirando tras la ventana el crepúsculo, una hermosa gama de colores rojizos se distinguen en el cielo y recuerdo las veces que al lado de Edward las vimos.
—No hay nada más hermoso de ver que tú —Siento un fuerte dolor en mi pecho al escuchar sus palabras y comienzo a llorar—. Creí que ahora estábamos bien, sin rencores, no pensé que aún me quisieras muerto.
—Jamás —respondo pero aun no me armo de valor para girarme y verlo—. Pero tengo miedo de que solo sea mi imaginación.
—No lo es cariño. Estoy aquí. Y te necesito.
Me giro entonces y lo veo recostado en la camilla mirándome con lágrimas en los ojos como yo. Me lanzo sobre él importándome poco sus heridas, lo sé soy egoísta y desconsiderada pero necesito sentir el latido de su corazón contra mi pecho. Lo amo y ha despertado y mi felicidad casi está completa.
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Mi nombre es Carlos… soy un alcohólico y guardo una sentencia por homicidio imprudencial de treinta años. Llevo ocho años pudriéndome en esta cárcel. La causa… mate a una mujer por conducir en estado de ebriedad. Esa terrible noche, también impacte mi auto con el de una mujer. Ella no murió…
Ahora a mis cincuenta años me ha llegado de nuevo la esperanza…
Dos guardias vinieron a mi celda una mañana llevándome con ellos. No sabía lo que ocurría pero no me animé a preguntar una segunda ocasión, sé que no me lo dirán. Me condujeron a una habitación "especial"; ahí me esperaba un joven agente del FBI su nombre es Seth.
El hombre con el número 67459 yace dormido en su celda, hoy me han trasladado con él. El motivo, el pretexto no es importante. Saco de mi bota la jeringa con el líquido transparente, me han dicho que esto hará que su corazón deje de latir haciéndolo pasar por un infarto. Yo solo tengo que pedir auxilio y nadie sospechara de mí.
En noventa días yo quedare en libertad…
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Doscientos noventa y siete días, estamos en Rio de janeiro. Veo a las personas ir y venir en este restaurante. Llevamos cuatro horas aquí. Llegamos antes, sólo por si acaso. Aunque Embri crea que estamos muertos, cuando has sufrido acontecimientos como nosotros jamás dejas de cuidarte… de sospechar.
Entonces veo entrar a un hombre alto rubio con algunos signos de la vejez… la mujer que lo acompaña aún tiene un semblante dulce y amable. Me sorprendo al ver a la chica de cabellos oscuros ahora largos hasta la cintura luce hermosa con aquel joven rubio. Sé que lo he visto antes pero no recuerdo en dónde.
—¡No puede ser! —escucho a mi esposo rezongar—. ¿A caso lo ha traído mi padre para que me de terapia?
—¿De quién me hablas?
—Del estúpido doctor que viene al lado de Alice.
—¿Has notado que vienen tomados de la mano?
—¿Qué?... —al verlo fruncir el ceño me permito reír a su costa.
—¡Esme! —grito sin poder evitar correr hasta ella y fundirme en un abrazo con la mujer que hizo de mi esposo el hombre que hoy es.
—¡Bella!
Estamos hablando de lo que sucedió y como hemos vivido todo este tiempo; ellos fueron avisados por Elizabeth; pero una vez que Edward fue dado de alta del hospital Seth, nos hizo abordar un avión. Después de cambiarnos de residencia más de cuatro ocasiones en los últimos meses, hoy al fin nos hemos instalado aquí.
—¡Hola! Alguien me dijo que estaba invitado a una reunión importante —era Garrett, él al igual que nosotros tenía un semblante triste. Alrededor de sus ojos se nota su desvelo. No puedo evitarlo, lo abrazo y al igual que él suelto en llanto contenido. Me siento culpable de su dolor y del de Jane; aunque su hija es pequeña sé que la extraña. Charlotte lleva en brazos a la pequeña Anne. De inmediato le sonrió y ella me cede a la niña.
Tenerla en mis brazos abre un nudo en mi garganta de nuevo y el dolor de la ausencia de Ethan me traspasa. Ahora estamos completos tan sólo falta ella y mi hijo.
Son las ocho treinta. No ha habido señales de Jane. Estoy nerviosa y Edward continuamente toma mi mano que esta junto a la de él y la aprieta. Ya no hay más charla todos estamos en silencio esperando.
Son las once con treinta minutos y los pocos comensales que quedaban se han marchado. Muerdo mis labios y ya no intento evitarlo estoy llorando en los brazos de Edward. Me pregunto porque no ha aparecido.
—Mi madre ha llegado —me dice Edward. Dirijo mi rostro a la entrada del local y veo a Elizabeth y Leah entrar. Edward se pone de pie y va con ellas. Las abraza a ambas. Elizabeth llora en los brazos de su hijo y la comprendo.
Elizabeth se acerca a la mesa y saluda a todos, a mí me abraza y sonríe con tristeza. —Están bien —me asegura y lo sé.
—Y ¿Seth? —pregunta Edward.
—Registrándonos en el hotel —responde Leah.
—Bien.
Hemos tenido que dejar el restaurante. Ahora caminamos hacia nuestro hogar no muy lejos de aquí. Todos caminamos en silencio de nuevo. Creo que nadie sabe que decirnos. A lo lejos veo una silueta sentada en el pórtico. Jadeo y corro hacia aquella persona…
—¿Jane?
—¡Bella!
No necesito decirle nada, ella me entrega a mi hijo y yo lo abrazo con fuerza, Ethan estaba dormido y al sentir el cambio de brazos se despierta. Sus hermosos ojos me miran y yo lo beso una y otra vez. Siento los brazos de Edward rodearnos. Y no es hasta después que veo a Jane en brazos de Garrett.
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—Es un día hermoso.
—Lo es. Hoy nació nuestro hijo hace tres años —me dice mientras me abraza por detrás. Recargo mi cabeza en su pecho y suspiro.
—Si.
—Te amo Bella —deposita un beso en mi cuello. Siento un escalofriado recorrer mi columna vertebral y le respondo:
—Ahora lo sé.
—Voy por ellas.
—Claro, claro tu princesa.
—¡Hey! ¿Celosa?
—¿Yo? Para nada —le digo mientras que me deshago de su agarre.
—Iba a ser nuestra hija, soy su padrino.
—Aja.
—Celosa.
—¡Es que las mujeres jóvenes te siguen!
—Sólo me importas tú.
Me gira y toma mis labios sin mi permiso, forcejeamos un momento pero luego me dejo llevar, pensando en que no me importa nada más que su boca en estos momentos. Luego de un rato de intercambiar suaves besos. Me quedo envuelta en sus brazos viendo a Ethan jugar con Anne a lo lejos.
—Me pregunto que abra sido de Rosalie.
—No lo sé… ¿Por qué?
—Mmm No lo sé. Solo que tal vez ya no la odio. No. Espera ammm… creo que sólo la detesto por su traición, pero no la odio. ¡Maldita bruja! —me doy media vuelta pero al escucharlo soltar una carcajada me devuelvo—. ¿De qué te ríes?
—De nada mi amor —me dice con total seriedad—. Lo siento Bella, de verdad no te merezco.
—Tienes toda una vida para hacerte merecerme.
Ahora si lo dejo solo. Camino hacia Esme quien habla animadamente con Elizabeth y me uno a ellas. Alice me sonríe y me dice que va al baño. Jasper muy serio desde una esquina junto con Carlisle y Garrett ve a Alice partir.
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Alice entra al pequeño cuarto, se mira al espejo y comienza a arreglarse un poco el cabello…
—Hola —Alice escucha una voz infantil detrás de ella.
—¡Hola! te he traído unos chocolates.
Alice se gira y ve a un niño de diez años mirándola con una sonrisa. Ella abre uno de los dulces y se lo ofrece a la nada….
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Edward recorrió el camino empedrado hasta la playa, vio a los dos pequeños jugar con su amiga.
Rosalie
Era un día soleado y hermoso, como si éste le diera la bienvenida. Recorrió el camino que la conduciría hasta donde se encontraba su hermana.
Rosalie Hale, su hermosa madre, protectora y hermana. A pesar de tanto tiempo no podía aun creer que ella hubiera terminado de esa manera. ¿Tal era su pecado que debía pagarlo de esa manera?
Subió al taxi y miró por la ventanilla, el semáforo en rojo. Rose cruzaba la calle con una mano en su hinchado vientre, entonces ella se giró un instante para decirle adiós. En ese momento todo sucedió tan rápido, más ante sus ojos fue en cámara lenta, como ella recuerda lo sucedido.
Un auto a toda velocidad impacto con Rosalie, se la escucho gritar. El hombre que conducía bajó del coche y observó el cuerpo de su hermana. La mirada del agresor era de odio y satisfacción. Paul, la odiaba tanto que ese sentimiento malsano lo cegó haciendo que cometiera un terrible intento de asesinato.
Recuerda tirarse al suelo de rodillas y gritar el nombre de su hermana llamándola, intentando que abriera los ojos. El charco de sangre se hacía cada vez más grande. Lloraba, no quería perderla la amaba, la necesitaba; era como su madre siempre había actuado como su verdadera madre ya que la que la engendro no era más que una alcohólica que no recordaba ya ni su nombre.
En el hospital estuvo horas esperando a que el doctor saliera por la puerta que tenía en frente y le informara sobre su estado. Cuando la ambulancia llegó y los paramédicos se la arrebataron de los brazos aún estaba con vida, y rezaba porque todavía continuara en este mundo, su hermana la luchadora, intentando no dejarse llevar por la oscuridad y la paz que la muerte concedía. No, no podía imaginarse en ese momento una vida donde ella, su apoyo incondicional no formara más parte de esta existencia terrenal. Entonces rezo al ser supremo por ella, porque no le arrebatara la única familia que tenía. Su fortaleza y su ejemplo de lucha constante a seguir. Porque a pesar de su amor fallido por Edward Cullen, al final después de un largo tiempo de agonía logró salir adelante, intento tener una vida en la que redimir sus errores haciendo esta vez lo correcto, era su objetivo de cada día.
Intentó enamorarse de un hombre libre. Se esforzó por ser una buena hermana y darle la oportunidad de estudiar sin preocuparse por la cuestión económica, Rosalie quien se había desviado de su camino hacia muchos años al final comprendió que debía retomar todo lo que había dejado por ese amor no correspondido.
Las puertas se abrieron y un hombre vestido de blanco dijo:
—Familiares de Rosalie Hale.
De inmediato se le formo un nudo en el estómago. Y un frio helado se coló hasta sus huesos. Se puso de pie y se dirigió al hombre, le miró con suplica. "Por favor que este con vida, ella es lo único que tengo"
—Soy su hermana.
—Soy el doctor Alec Vulturi…
Una vez que había llegado al hotel soltó todo el dolor que guardaba en su roto corazón. Jamás volvería a verla despierta. Nunca le sonreiría de nuevo. Y, ¡oh Dios! Su sobrino, ese pequeñito ser que nunca vio la luz, ese niño que había llegado a la vida de Rosalie para infundirle de nuevo valor y una razón más para continuar. Muerto, por su propio padre. Loco asesino. ¿Por qué Rosalie? ¿Por qué no lo dejaste pudrirse en la cárcel? Esas eran las preguntas que se hacía una y otra vez. Jamás comprendería porque tuvo compasión por un hombre que la humilló y maltrató.
A la mañana siguiente llegó al hospital, de pie a su lado solo veía las maquinas a su alrededor dándole vida artificial. Rosalie ya no despertaría jamás pero su corazón, su fuerte corazón aún continuaba latiendo.
Otro día más, ahí a su lado, viéndola dormir, ¿Cuánto podría soportar? Ella no regresaría.
El tercer día, aún más agónico, lo decidió. No podía hacerle eso a ella, mantener su cuerpo atado a una cama cuando ya no había conciencia en ella. Pero la amaba y era egoísta. No, no podía dejarla ir. El saber que su corazón aun latía luchando por la vida, le impedía terminar lo que Paul había iniciado.
Cuarto día. El doctor Alec, le había dado unas formas a llenar, sobre si aceptaba o no desconectar a su hermana. Entre esas formas estaba la de donación de órganos. Pero no, se rehusaba a semejante atrocidad, descuartizar a su hermana para el beneficio de otros. Prefería mantenerla atada a esa cama, a esa vida artificial.
Quinto día. De camino a la habitación de Rosalie vio a Edward Cullen en la entrada de una habitación triste y desolada. ¿Estaba alucinando? ¿Acaso no estaba muerto? Antes de llegar a él, había huido, ¿Lágrimas, esas eran lágrimas? Se asomó al interior de la habitación ahí se encontraba Bella. ¡Dios! ¡Era él y estaba vivo! Lloraba, lloraba por ella. ¿Cómo era posible? ¿Qué le sucedía a Bella? Entonces corrió a recepción y pidió informes sobre la paciente Isabella Cullen.
Sexto día. Hermanita, hermanita ¿Dónde estás? ¿Acaso estas en el infierno? No, no quiero que continúes sufriendo. Siempre intentaste redimirte, por aquel pecado… amar a un prohibido, comer de su fruto, fornicar y ser la causante de un adulterio. ¡Oh Dios Rosalie! ¿Cómo ayudarte? ¿Cómo poner fin a tu agonía?
Esa noche tuvo un sueño.
Bree la pequeña niña peinaba su muñeca mientras Rosalie a su vez la peinaba a ella.
—Tienes un hermoso cabello Bree.
—No lo es. No es rubio como el tuyo.
—Eso no es lo que importa Bree. ¿Sabes que siempre te he amado cierto?
Entonces bree la niña había crecido ahora era ella Bree la mujer.
—No me dejes.
—Sabes que te amo y que nunca te dejaría sola. Pero tengo una deuda pendiente…
—Has sufrido mucho Rose. Has intentado hacer lo correcto.
—Lo sé, pero no ha sido suficiente, porque en realidad buscaba llenar el vacío. Buscaba mi propia felicidad. Y el que haga lo correcto no significa que haya pagado por mis actos duros y crueles ante la persona que me brindo amor, lealtad y protección a lo que más amo en este mundo terrenal. Tú.
—Ella no quiso ver la verdad.
—Tal vez, pero eso no significaba que yo tenía el derecho de codiciar lo que ya tenía dueña. Hurtar, desear, poseer al hombre de la que fue como una hermana. Y lo peor las palabras destructivas y dañinas. La burla, el odio y el deseo de que ella muriera.
—Entonces…
—Déjame ir y has que pague mi deuda. Rosalie le pedía que la dejara ir, que permitiera pagar su deuda. ¿Cómo? Entonces la revelación estaba frente a ella. Los documentos donde realizaba la donación de los órganos de su hermana. Pero tras la larga lista de espera, sabía que el corazón de Rosalie no sería de Bella a menos que pudiera haber una forma de donarlo a alguien en específico. No sabía si podía ser así.
Séptimo día. Muy temprano llego al hospital, hablo con Alec Vulturi y luego con Carlisle Cullen…
Epilogo
¡Hola! Mi nombre es Bella, sé que todos ustedes están aquí por diferentes razones. Tal vez, porque les han obligado o simplemente porque han tocado fondo y la venda de sus ojos a caído. Saben que están solos, que no hay nadie en quien confiar más que en sí mismos y lo que pueden ver a través del espejo.
Pónganse de pie y acérquense al espejo. Échense un vistazo. Acérquense más, háganlo sin miedo. Miren a la mujer u al hombre frente a ustedes, vean al hijo, a la madre o al padre. ¿Qué es lo que ves? Yo se los diré…
A un ser humano que solo desea no estar solo, quiere amar y ser amado. Respetado y aceptado. No importa si eres alto o bajo; obeso o flaco; blanco o negro. Tal vez te guste la música clásica o Rock, o simplemente el Pop. No importa… No, no importa. Solo eres un humano que desea ser amado.
Pero yo les diré un secreto, sólo ustedes pueden amarse a sí mismos más de lo que alguien en este mundo pueda amarlos. Nadie los amara a menos que ustedes no lo hagan.
¿Qué es lo que ven en el espejo? Se ven a ustedes mismos gritando por ser salvados. Sólo ustedes pueden salvarse.
Y entonces, solo entonces estarán listos para darlo todo por amor.
