Segunda parte

Caroline

Capítulo 1

Me encontraba a oscuras en mi habitación recordando al maldito demonio que llevo tatuado en mi corazón, la música de fondo era como un dedo lastimando una y otra vez la herida de su rechazo.

Mientras bebía de la botella de brandy, Jesse entró a la habitación, podía imaginarla rodando los ojos debido a lo enferma que debía parecerle la situación. Me refiero a la oscuridad en la que estaba con el tipo de música de una mujer que ama un imposible.

De pronto la luz cegó mi vista, luego de varios parpadeos tratando de enfocar mi vista, lo primero que observé fue su rostro descompuesto debido a la escena deprimente que estaba presenciando. Yo, ebria, desalineada, seguramente con el maquillaje corrido debido a mis lágrimas y para rematar los ojos hinchados. Ella se acercó a mí lentamente para finalmente sentarse a mi lado, arrebatándome el control del reproductor para bajar un poco el volumen. Los vidrios dejaron de retumbar.

— ¿Qué sucede Caroline? —me preguntó sin rodeos, ella es así, siempre directa.

—Ella me tendió una trampa —dije entre lágrimas y voz amarga. Jesse suspiró.

—Ella está hospitalizada —ella pensaba que estaba tan ebria que ya alucinaba.

—Fui a verle —respondí mientras sorbía mi nariz con el antebrazo sin importarme lo mal que eso pudiera verse a sus ojos. Por un momento recordé a nuestra madre alcohólica y apostaría a que Jesse también lo hizo.

—Continua… —me animó a seguir con mi relato.

—Le dije que estaba embarazada, le pedí que lo dejara ir…

— ¿Estas embarazada? —me preguntó asombrada.

—No —le respondí con tristeza sabiendo que era lo que él más ansiaba, y mi mayor deseo en ese momento era darle un hijo, hacer su deseo realidad…

— ¿Entonces por qué le mentiste?

—Para que lo dejara ir. Me dijo que lo haría y que le confesara a Ethan lo del supuesto Bebe. Y como una tonta fui a su oficina y se lo dije.

—No te creyó —afirmó.

—No sólo eso. Siempre me dijo que ella no podía tener hijos, pero en realidad es él, quien no puede —sin poder contenerme más volví a sucumbir en llanto.

— ¡Dios! —exclamó Jesse, su expresión me decía que sentía pena por mí, pero la verdad no me importaba.

—Dice que no me ama, y ahora con esto jamás volverá a confiar en mí, creerá que lo engaño. No. Él cree que lo engaño.

—Caroline, él no te ama.

— ¡Sí lo hace! —Le grité— Íbamos a vivir juntos, ¿no lo recuerdas?

—Sólo te utilizaba para calentar su cama y eso no es amar.

— ¡Cállate! Me tienes envidia. ¡Lárgate de aquí, tú te encuentras de su lado! ¡Traidora!

Dos semanas han transcurrido y yo aun continúo deshecha por su rechazo, sin poder resistirlo he ido a buscarlo a la oficina, no me importa suplicar, y si es necesario hacerlo de rodillas para lograr el mínimo acercamiento, lo haré, porque lo amo con toda mi alma, vivir lejos de él me es imposible. No lo encuentro.

Siempre que voy a buscarlo la recepcionista me indica que él se encuentra de viaje. Su número de celular a pesar de que lo marco en distintos horarios esté siempre se encuentra apagado.

Lentamente la esperanza muere dentro de mí ya que sé que ellos están de viaje para reconciliarse e intentarlo de nuevo. Ella debió pedírselo para alejarlo de mí.

Sin darme cuenta el tiempo ha transcurrido…

Hoy se cumplen seis meses de su partida y yo finalmente he decidido continuar con mi vida, por Jesse. Quien en mi depresión y encarcelamiento autoimpuesto ha estado estudiando y ha comenzado a trabajar para ayudar a sustentar los gastos de casa, el dinero que Ethan me dio ha disminuido y apenas queda nada. Cansada de esperarlo aquí sentada en el mismo lugar me levanto y decido continuar. No quiero que Jesse se convierta en el adulto responsable que se supone es mi cargo en nuestro pequeño hogar. Ella aún es demasiado joven debería estar disfrutando cada etapa de su vida.

Más tiempo pasó, perdiendo la esperanza de volver a verle. Jamás he vuelto a ser la misma, mi relación con Jesse era limitada, el momento en que la niña ahora mujer debe partir a la universidad me entristece no quiero quedarme sola, pero tampoco debo cortar sus alas.

— ¿Llevas todo? —Uno de mis cambios notables, era el cigarrillo que siempre llevaba en mi mano.

—Sí —me contestó mi hermana mientras miraba el tablero de horarios del autobús.

—Llámame en cuanto te encuentres instalada —le ordene mientras le daba una última calada a mi cigarrillo y sacaba el humo.

—Ok —fue su simple respuesta, eran esos simples monosílabos en lo que consistía nuestra relación actual.

Anunciaron la salida de su autobús, por la forma en la que Jesse me observaba sabía que al igual que yo no quería irse de esa manera tan fría y sin arreglar nuestras diferencias. Sé perfectamente que en un principio Jesse pensaba que mi amor por Ethan era sólo un capricho, pero al ser testigo de mi desdicha ella ha cambiado de opinión, en ocasiones la veo dudar, sé que muchas veces ha tenido la intención de abrazarme o decirme algo importante pero siempre calla al último momento.

—Caro… —Jesse me llama y la miro a los ojos después de tanto tiempo de no hacerlo debido a mi vergüenza por cometer el mismo error de nuestra madre de traicionar a las personas que te aman en este caso ella, quien hizo mucho por nosotras, pero ¿Qué podía hacer? ¿Luchar en contra de sentimientos superiores a mi fuerza de voluntad? ya no podía—. No volverá, intenta vivir.

Lágrimas brotaron de mis ojos, no lloraba por su partida o el sueño no cumplido, ese sufrimiento siempre estaba reservado para la privacidad de mi almohada, lloraba al entender con esas simples palabras que Jesse al fin después de tanto tiempo me perdonaba mis errores y sobre todo el amor enfermizo que sentía por él.

—Te lo prometo —. Sí, lo hice había esperado más de un año, sin tener noticias de Ethan. Me encontraba sentimentalmente cansada, mentalmente agotada de vivir del recuerdo, de un hombre que nunca existió, y era el momento de continuar…

Ambas nos abrazamos, un gesto que significaba una reconciliación. Transmitiéndonos en la fuerza del abrazo nuestro amor.

—Te quiero Jesse, perdóname por haberte dejado sola.

—Yo también te quiero, no vuelvas a hacerlo.

—No, no volverá a pasar…

Me encontraba trabajando como recepcionista en una empresa de materiales de construcción, los hombres ahí siempre intentaban acercase más de lo debido. Pero siempre les rechazaba, en su mayoría eran hombres casados, ya no quería ser la otra. Me había propuesto encontrar a alguien que sólo pudiera amarme a mí, que fuera solamente mío.

Tiempo después, ese hombre llegó al fin su nombre era Ernest. Un hombre alto, moreno con ojos negros como la noche, no era tan guapo como Ethan, pero tenía carisma y de alguna forma conseguía sacarme una sonrisa, así que… ¿Por qué no intentarlo? Yo se lo había prometido a Jesse. No esperarlo más, continuar con mi vida y ser feliz.

Ocho meses después me encontraba bien, viviendo en paz conmigo misma, no feliz porque siempre estaba la sombra de Ethan enturbiando mi camino. Ernest me había pedido matrimonio y siendo realista supe que si no era con él, no sería con nadie. Era un buen hombre o eso creía.

A los cuatro meses de matrimonio vivía atemorizada, Ernest resultó ser un hombre celoso, impulsivo y en ocasiones muy agresivo.

—Caroline, cariño —lo escuche llamarme con "cariño", escucharle ese tono de voz era lo más atemorizante que jamás escucharía en mi vida.

—Dime, Ernest —le respondí, intentando sonar normal.

—Me puedes decir ¿qué asquerosidad es esto? —dijo señalándome su plato.

—Es la cena —mis manos comenzaron a temblar. Intentaba controlarme sujetando fuertemente el borde de la mesa.

—La cena —afirmó él—, pues trágate tu comida de perro tú sola. ¿Crees que voy a comer esa porquería? —me gritó arrojando el plato a mi rostro, el cual logre esquivar agachando la cabeza, evitando el golpe, pero no logrando evitar así que la ropa se ensuciara con el contenido del plato.

Ernest se levantó de su asiento enfurecido por haber evitado su agresión.

—No, espera por favor —le supliqué en vano, una vez que comenzaba no paraba.

— ¡Estúpida no sabes hacer nada, no me complaces en la cama, no sabes hacer de comer, ni limpiar la casa. Eres una completa inútil buena para nada! —dijo al tiempo que arremetía contra mí.

— ¡Ah! —grité al sentir el primer golpe.

Hoy, regresaba a casa temprano había pedido una licencia a mi jefe para asistir al médico. Un día antes me había hecho la prueba de embarazo casera, dando como resultado positivo. Después de digerir la noticia una sonrisa apareció en mi rostro. Iba a ser madre, un ser pequeñito e indefenso crecía en mi vientre. Por lo que rápidamente busque por la Web un médico especializado que llevara mi embarazo.

Después de la consulta pase a la farmacia para el tratamiento indicado por el doctor, acido fólico, hierro y vitaminas. Todo para la formación y crecimiento sano de mí bebé.

Antes de llegar a casa como ya era costumbre llame a Jesse, para darle la maravillosa noticia, estaba eufórica. Pero no había recordado que al ser más temprana la hora en la que siempre le llamaba no la localizaría, por lo tanto, me limite dejarle un mensaje de voz.

—Hola Jesse… no sé cómo decirte esto… bueno es importante y no debería comunicártelo de esta manera será mejor que mañana te llame, no te preocupes estoy bien.

Corte la llamada, sintiéndome una completa estúpida, pensando que no debí haber dejado ese mensaje, seguramente se preocuparía.

Llegué a casa, estaba tan contenta qué cuando entré al departamento no me percaté del bolso y la chaqueta que estaban sobre el comedor. Fui directo a la recamara, justo en el momento anterior a abrir la puerta escuché gemidos.

— ¡Oh, por Dios! —exclamé sorprendida sintiendo como mi sangre comenzaba a helarse, cubrí mi boca con una mano y abrí lentamente la puerta. Ernest estaba ahí con nuestra vecina teniendo sexo en la que era mi cama, donde procreamos a nuestro hijo, donde dormíamos y compartíamos nuestra intimidad.

Si bien era cierto que no amaba a Ernest, cuando nos casamos le tenía cariño y respeto. El no amarlo no aliviaba la rabia que me causaba su traición, provenía precisamente de lo que había tenido que sufrir a causa de sus celos infundados, me sentía mal y culpable a la vez, pues sé que él presiente mis verdaderos sentimientos de amor frustrado por alguien más. Solía justificar sus actos pensando en ello.

— ¡Ernest! —grité con rabia. Sin poder evitar más las lágrimas. Él levantó la vista, no había culpa en su rostro, al contrario podía divisar su diversión.

Salí de ahí a esperarlo en el comedor, la primera en salir fue ella, mi vecina Vanessa una pelirroja qué según las malas lenguas del edificio, era una prostituta. Ahora tenía pruebas, esa mujer barata lo era. La fulminé con la mirada mientras que la susodicha sonreía. Sin poder contenerme más me lancé contra ella y su estúpida sonrisa burlona. Pero antes que llegara a tocarla fui detenida por Ernest.

— ¡Suéltame, desgraciado hijo de puta! —mientras intentaba sacármelo de encima y sus manos, Vanessa aprovechó para salir del apartamento.

— ¡Basta ya loca! ¿Qué te sucede? Estábamos ocupados.

—Idiota —le di una bofetada lo que lo hizo enfurecer y lanzarse contra mí. Lo último que recuerdo fue ver su puño viniendo en dirección a mi rostro.

Cuando desperté me encontré en una habitación desconocida, el rostro me dolía, no podía abrir bien los ojos. Entonces recordé la golpiza que me dio Ernest, y de pronto se me vino a la mente mi estado de gestación; instintivamente posé mis manos en el vientre y las lágrimas comenzaron a caer.

Un médico entró y comenzó a examinarme realizándome preguntas de rutina, yo respondí a todas, hasta que tome valor y le pregunté acerca de mi bebé.

—Yo estoy embarazada… —las lágrimas volvieron, las hormonas me hacían tan débil— ¿Le sucedió algo a mi bebé?

—No debe preocuparse por su hijo, afortunadamente se encuentra bien, pero es importante que usted se encuentre tranquila o de otra forma puede afectar a su bebé. Voy a remitirle con servicios sociales para que platiquen con usted.

— ¿Seguro doctor que estará bien mi hijo? —le pregunto desconfiada de sus palabras.

—Señora, lo que le ha pasado no debe volver a ocurrir ya que corre el riesgo de sufrir un aborto, ahora lo que necesita es reposo.

Esa tarde tuve una plática acerca de lo que había sucedido ese día, tenía tantas emociones guardadas dentro de mí, había soportado en silencio las agresiones tanto físicas como verbales de Ernest, que la confianza que me brindo la trabajadora social de nombre Jianna, hizo que desahogara todo en su hombro, se sentía tan bien hacerlo. Como un gran peso que llevas a las espaldas y de pronto este desaparece la satisfacción de sentirme liberada fue lo mejor en mucho tiempo. Jianna atenta escuchaba, en ocasiones asentía y en otras preguntaba.

—Debes levantar los cargos correspondientes sobre lo que te ha hecho, si no lo haces esto volverá a ocurrir. Lo peor de todo que cada vez será peor, ¿sabes cuántas mujeres mueren a manos de sus agresores?

—Pero es el padre de mi hijo. Además, a ¿Dónde iría? —dije, no tenía a donde ir, Jesse comparte departamento con una amiga, definitivamente ella no era opción. Vi como Jianna suspiró con pesar—. Voy a presentarte a uno de nuestros abogados, ella va a explicarte y tal vez ayudarte con el divorcio.

—No tengo dinero.

—No te preocupes, nuestra fundación "Despertar" no te impone una tarifa por nuestros servicios. Nos mantenemos de donaciones, lo que quieras aportar ya sea con dinero o con trabajo comunitario, algo que pueda ayudar a nuestro albergue es bienvenido. —finalizó sonriendo cálidamente.

—Gracias.

Hoy hacía dos días de mí platica con Jianna, ahora me encontraba esperando al abogado que me ayudaría a librarme de Ernest. Jianna me había dicho que se trataba de la persona que llevaba el área legal de la fundación y que por ser un caso especial había viajado exclusivamente para verme.

—Buenos tardes —me saludó Jianna entrando a la habitación.

—Buenas tardes. —respondí el saludo.

—Tengo buenas noticias, el abogado que se encargara de tu caso ha llegado de viaje, está afuera esperando. ¿Hay algo que quieras saber antes? —negué con la mano.

Jianna se acercó de nuevo a la puerta abriéndola y haciendo señas a la persona que aguardaba fuera.

Me dolía la cabeza, escuché atentamente el sonido del andar del abogado, eran pasos seguros. Deje de escucharlos cuando estos pararon a mi lado. Abrí el ojo sano y fue cuando la vi.

Era ella, Elena la mujer que me quitó a mí hombre.

— ¿Qué haces tú aquí? —le pregunté con veneno en mi voz. Mirando instintivamente a Jianna y luego a Elena.

—Jianna déjanos a solas un momento por favor —ellas se conocían, ¿se habrían burlado de mí?
—Claro —aceptó de inmediato.

— ¿A qué has venido? ¿A burlarte de mí o a restregarme en la cara lo feliz que eres con él? —mi voz era temblorosa y débil. De nuevo esas malditas hormonas.

—No sabía que eras tú. Te diré esto como mujer: no me alegra tu desgracia, pero todo en esta vida se paga. Como abogado te diré que estoy aquí para ayudarte, pero entenderé que si quieres que pase tú caso a otro para que puedas sentirte más cómoda hablando de tus asuntos. Yo no tengo ningún inconveniente.

—No quiero a ningún abogado, sólo que me dejen tranquila.

—Estas equivocándote, ahora es tiempo de actuar y liberarte de tu agresor, no lo hagas por ti, hazlo por el bebé que llevas dentro de ti. —ella sin decir más se fue. Entonces pensé que muy a mi pesar ella tenía razón, Ernest no era bueno para nosotros.

Después de darle mil vueltas al asunto, pensé que, si Elena llevaba mi caso, podría de nuevo entrar en su vida y en la de Ethan. Elena era una mujer tonta e ingenua, era obvio que desconfiaría, pero sólo debía convencerla de que estaba enamorada perdidamente de Ernest, y que no corría ningún peligro su matrimonio si me encontraba cerca.

Jesse llegó dos horas más tarde.

—Elena estuvo aquí —le dije mientras cepillaba mi cabello.

— ¿Qué?

—Ella es el abogado que se encargara de mi caso.

—No sabía que fuera abogado.

—Ethan y ella se conocieron en la universidad, él me dijo alguna vez que ella terminó su carrera dos años después que él.

— ¡Oh! No estarás pensando en aceptar ¿verdad? —me preguntó con temor.

—Ya no amo a Ethan y estoy segura que con sus abogados mi bebe y yo estaremos a salvo. —le dije para que no echara a perder mis planes.

—Pero será ella no él quien lleve tú caso. —insistía en alejarme.

—Es lo mismo.

—No. Deberías alejarte, ya buscaremos a otra persona.

— ¿Estás loca? no tenemos dinero y no confío en nadie más.

—Es un error Caroline, pero si insistes sólo puedo pedirte que no hagas una estupidez.

Elena

Cuando salí de la habitación de Caroline me sentía abrumada y a la vez asqueada. No había duda de que un amigo podía dañarte más que el peor de tus enemigos. Dios, no soy una santa o una víctima debía confesar que una parte de mí sentía una leve satisfacción por que el destino ha invertido los papeles. Pero tal vez, en otro tiempo y en otro lugar hubiera sentido pena por ella. Hoy no me permito tener compasión por aquellos quien no la merecen. Profesionalmente pienso que es mi deber ayudarla, pero no personalmente eso para mí no sería ético, pues intencionalmente me dejaría ganar. Sí, mi parte herida y rencorosa eso haría. Si ella acepta la ayuda, lo mejor sería canalizarla con otro abogado. Tal vez Steve Adams, mi mano derecha y más confiable abogado.

— ¿Es la zorra? —Jianna me sacó de mis confusos y encontrados sentimientos.

—Solo es una mujer maltratada Jianna. —le respondí, al fin y al cabo era cierto.

— ¿Volverás a ser su amiga? ¿Llevaras su caso? —Jianna, como siempre sacó provecho de la situación para burlarse.

— ¡Ni de broma! —le respondí con mi rostro desfigurado por el temor de sus palabras.

Mi amiga se fue a la oficina a atender otro asunto, mientras que yo regresé al departamento. Durante el trayecto pensé en las palabras de Caroline, "Lo feliz que debes ser con él" lo que significaba que Ethan no me mintió y que efectivamente ellos habían terminado.

Al llegar y entrar a mi nuevo hogar sentí nostalgia por mi antigua vida llena de paz en Italia. Jianna me ayudó bastante al igual que el Dr Peter. Les debía más de lo que un día podría pagarles. De pronto, mi teléfono celular comenzó a sonar con esa odiosa melodía que me sacaba de quicio; a Jianna le gustaba y ella la había colocado como timbre de mi teléfono.

El numero era desconocido para mí, además, de ser local.

—Hola, buenas tardes.

—Hola Elena soy Nicholas ¿Qué tal tu viaje?

—Hola ¡Nicholas! Bien gracias.

—Me alegra, ¿estás en algún hotel hospedada? Porque a mi esposa y a mí nos encantaría tenerte con nosotros.

—Gracias Nicholas estoy con una amiga.

—Ya veo, ¿estarás bien?

—Claro, no te preocupes.

—Sabes que es lo menos que puedo hacer por él, aunque no lo creas estoy seguro de cuanto te amaba.
— ¿A qué hora será la cita?

—Mañana a las diez de la mañana. Ya su familia está enterada.

—De acuerdo. Ahí estaré, si me disculpas…

—Por supuesto, que descanses.

—Gracias.

Finalicé la llamada sin ánimos de nada, fui a la que sería mi habitación y comencé a desempacar guardando cada cosa debidamente en su lugar, hasta que me encontré el libro de Romeo y Julieta, en él había guardado la carta sin leer de Ethan. Aun a pesar de tanto tiempo no me sentía preparada para saber su contenido, podría decir que el tema Ethan Donovan era superado y de cierta manera así era, había perdonado sus errores, pero lo que nunca podría superar sería su muerte. Mañana se leería su testamento y yo no me sentía preparada para admitir que jamás lo encontraríamos, y sobre todo me encontraba aterrada de saber su última voluntad y lo que esperaba de mí.

Recordar la última vez que lo vi con vida aun me partía el corazón. A pesar del daño causado, el dolor y el rencor debía reconocer que llevaba tatuadas sus palabras:

"No te pido nada, sólo que me dejes amarte. No quiero causarte daño. Olvídame hoy y recuérdame mañana cuando estés recuperada. Sólo prométeme que lucharas por tu vida, hazlo sólo por ti porque tienes mucho que dar a otros, pero también tienes mucho que recibir".

Esa había sido la principal causa por la que acepte la propuesta de Jianna para crear la fundación y así poder dar y ayudar a otros.

Con el alma de un beso no dado en los labios, estreche la carta cerca de mi corazón, uno de mis dedos toco la cicatriz y el borde que indicaba el lugar dónde hoy día tenía un marcapasos. Mordí mi labio inferior sentándome en la cama. Lágrimas recorrieron mi rostro en el momento que recordaba al hombre que me enamoró y a su vez destruyó irreparablemente una parte de mi alma…

A la mañana siguiente formalmente me encontraba de luto. A primera me dirigí al que una vez fue nuestro hogar. Frente al edificio un nudo en la garganta se me formó. Entré con las lágrimas a punto de ser derramadas de mis ojos. Una vez en el elevador me recordé, solo los buenos momentos que vivimos juntos, por un momento olvide el daño y los errores cometidos. Yo reconocí por primera vez mi culpa. Yo le permití sus humillaciones, sus maltratos, me dejé manipular como una marioneta y ese fue mi grado de culpa. "El hombre llega hasta donde la mujer quiere"

Entre lentamente al departamento, se encontraba a oscuras. Las cortinas estaban cerradas. Caminé hacia ellas y las corrí aun lado permitiendo que la luz del sol entrara a iluminar y dar un poco de calor a este lugar frío y muerto. Al darme la vuelta y ver mi derredor ahogue un grito, pues por primera vez me daba cuenta de que todo en este lugar me consumía. El frío color blanco de las paredes, los muebles, todo tan fuera de lugar para mí. Pero lo que más daño me causó, es ver que el departamento se encontraba tal y como lo vi la última vez. Como si fuera ayer, como si el tiempo hubiera regresado.

Caminé hacia la habitación, la cama tenia los rastros de lo que alguna vez fueran pétalos de rosas, ropa de él tirada en el suelo. Una triste sonrisa cruzó en mis labios. Sin poder soportar más permanecer en ese lugar fui y recogí la foto más bonita que teníamos. Donde él parecía enamorado, donde yo le adoraba. El día de nuestra boda.

Ahora en este momento, me doy cuenta de que ilusiones y espejismos, eso era él. Una fachada de hombre ideal. Y aunque nunca fue mi intensión convertirme en una princesa así lo hice, por que cada día me mataba un poco más para ser lo que él necesitaba en el espejismo de vida perfecta que creaba a su alrededor. ¿En que momento yo deje de ver la realidad? Tal vez nunca fui consiente de ella, el dolor y la soledad me segaron. No me dejaron ver que los héroes no siempre son príncipes y que a veces los verdaderos monstruos son los hombres que visten de azul y cargan una corona en sus cabezas.

Que el daño fue irreparable y que cada Te amo salido de sus labios no es más hoy que una nueva fractura a mi roto corazón. Y a pesar de todo mis labios siguen extrañándote y mi corazón no entiende de razones.

Tal vez porque ahora estas muerto me permito decirte esto. Y es tan enfermo porque mi amor por ti equivale a lo mucho que me había odiado en ese tiempo. Hoy mi cuerpo ya no tiembla de frio en tu ausencia, aunque siga extrañándote. Te marchaste sin darme la oportunidad de llegar a odiarte de verdad y sin vuelta atrás. Y la verdad es que nunca comprendí realmente que solo tenemos una oportunidad para vivir la vida que esta dura un instante.

Salí de ahí, ahogándome. No, yo no podría superarlo jamás.

Cuando llegue al lugar donde se haría la lectura del testamento ya todos se encontraban ahí. Lo primero que hice al entrar a la habitación fue buscar con la mirada a Emma, ella se encontraba desecha. Caminé hasta su lugar y sin decir nada nos fundimos en un abrazo. Después Quella se puso frente a mí y me dijo:

— ¿Por qué me abandonaste?

—Lo lamento Quella, jamás volveré a hacerlo.

Nos abrazamos y entonces el Abogado que daría lectura entró, saludó a los presentes y tomó su lugar.

Una vez sentados todos, se dispuso a leer la última voluntad de mi esposo…

En, Chicago Illinois, Estados Unidos de América, siendo las 13:15 horas del día 04 del mes noviembre del año dos mil tres, yo, Ethan Donovan, hallándome en pleno goce de mis facultades mentales, otorgo Testamento Público Cerrado como a continuación expreso:

Nombro como único y universal heredero de todos mis bienes a mi esposa Elena Donovan…

Ethan había redactado y firmado su testamento tan solo a dos meses de nuestro matrimonio. Negándome a su última voluntad no podía creer que él no considerara a su familia. ¿Por qué lo hizo? No me había dado cuenta de la crisis nerviosa en la que había entrado hasta que Joshep me abrazó frotando mis brazos para tranquilizarme. Lloraba y negaba.

—Acepta la voluntad de mi hijo, él te amaba. A pesar de sus errores él estaba arrepentido y dispuesto a ganar tu corazón de nuevo.

—No puedo, no puedo.

—Él hizo este testamento antes de sus errores, lo hizo pensando en proteger a la mujer que amaba. Nosotros no tenemos ningún inconveniente. Emma y yo fuimos sus testigos, en total acuerdo a su decisión.

Habían transcurrido dos semanas de la lectura del testamento, Nicholas me dio la bienvenida, tenía miedo. No quería defraudar a nadie y llenar el enorme hueco que Ethan había dejado me parecía algo imposible. Pero debía seguir su ejemplo. Daniel me había estado ayudando a ponerme al día con el manejo de los negocios de mi esposo, pero sobre todo en el manejo del Bufete. Daniel era el encargado de tomar decisiones, no sin antes consultarme, en mi ausencia él era mi asistente y mano derecha. Dividía mi tiempo sin dejar de lado la fundación.

Caroline me había llamado la noche anterior, solicitando mi ayuda para demandar a su esposo. No pude decir que no, pero no sería yo quien llevara su caso. En la fundación tenía un puesto vacante temporal en el área legal. Una de nuestras abogadas colaboradoras se encontraba de incapacidad por un accidente automovilístico. Hoy debía entrevistar a un recomendado de Jianna.

Me encontraba en la oficina de la fundación, leyendo los últimos casos que nos habían llegado, incluido el de Caroline. Cuando Alana mi secretaria me informo de mi cita. Lo hice pasar de in meditado, no tenía demasiado tiempo, a las seis tenía una junta con Nicholas y ya eran las cuatro de la tarde.

Estaba ordenando los expedientes cuando el abogado entró al escucharlo levante la vista, un hombre vestido informal con un Jeans azul claro, playera gris Oxford, chaqueta café a juego con su cinturón y una bandolera igualmente café. Por instinto levante una ceja. ¿Como demonios se atrevía a presentarse vestido así en una entrevista de trabajo, donde por regla tenía que vestir de traje?

Seguí el recorrido de su cuerpo, su cuello y luego su rostro, un jadeo se escapó de mis labios en asombro. Su piel blanca, labios carnosos, un perfil recto como solo los griegos tenían, sus ojos cafés, opacados por lentes que llevaba puestos, una pequeña cicatriz en su ceja y otra en su frente. El cabello de un negro azabache lo llevaba demasiado corto.

—Buenas tardes señorita —su acento era sureño— Siento presentarme vestido informal, pero acabo de llegar a la ciudad, mis maletas se encuentran fuera de la oficina.

Inmediatamente tomé su curriculum y lo leí por segunda vez. Me sentía confundida y nerviosa.

—Evan Reader. Es un gusto conocerla —me ofreció su mano.

—Elena Donovan —le estreche la mano que me ofreció, sintiéndome extrañamente cohibida por su sonrisa amable y su atractivo.

Capítulo 16

¿Qué pasó ayer?

El estruendo de un portazo interrumpió la hipnosis de esos maravillosos ojos cafés, de inmediato, baje la mirada para ocultar la guerra interna que su presencia me ocasionaba.

— ¡Oh! ¡Querido Evan! —el exceso de entusiasmo en la voz de Jianna llamó mi atención, levanté mi vista y la vi lanzarse a los brazos del hombre.

—Jianna. Tan hermosa como siempre. Y sí alcance a llegar a tiempo a la entrevista. —Evan amablemente correspondió el saludo con un beso en la mejilla de ella, para después soltarse de su abrazo, muy pero muy delicadamente. Eso me dio un poco de risa. La grandiosa Jane caza hombres siendo rechazada.

—Mmm Que malvado eres —dijo con puchero en los labios, sí, ella se dio cuenta de su rechazo bien disimulado.

—Jianna, están entrevistándome —le dijo apenado mirándome.

—Ya lo sé —le respondió de mala gana y después se dirigió a mí— Tú —me señaló— no te hagas la tonta, tiene un excelente curriculum, además, me consta lo bueno que es. Mi recomendación es más que suficiente. Creo en él, como ya te platique, fue él quien le quito a mi cerdo exmarido una jugosa fortuna por sus maltratos, logró más de lo que dijo que haría.

—Jianna. Dame unos minutos con él, a solas —le pedí, tenía que ser clara con el señor, respecto a su amistad con Jianna, para evitar problemas posteriores.

—Ponle a prueba, estoy segura qué le divertirá el caso de tu zorra-amiga. Si no puede con el caso despídelo —odiaba cuando Jianna se divertía con mi desgracia y maldición.

—Jianna —la nombre señalando hacia la puerta con una mano.

—De acuerdo, ya me voy adiós —se acercó a Evan— ¡Suerte guapo! —salió de la habitación dejándome sola de nuevo con aquel hombre y su extraña aura intimidante.

—Bien, —lo mire a los ojos —el hecho de que sea amigo de Jianna, no significara que tiene el puesto asegurado. No permitiré ningún tipo de falta hacia el reglamento de la fundación —tomé el reglamento y lo puse frente a él. Lo tomo entre sus manos mirándolo solo un momento y luego regreso su vista a mis ojos —Como bien sugirió Jianna, se le pondrá a prueba con un caso especial.

—Nunca pierdo señorita Donovan —me dijo muy seguro de sí mismo, su arrogancia me fastidió un poco.

—Señora Donovan —le aclaré. Él asintió.

—Disculpe, señora. ¿Por qué es especial? —me preguntó con la curiosidad marcada en su rostro.

—Por razones personales que no le incumben. —Le respondí grosera, pero no pude detener mis palabras antes que salieran de mi boca. Él sonrío, y esa sonrisa… me dejo sin aliento.

—Percibo aversión hacia mi persona o ¿usted actúa de igual forma con todos sus empleados? —odio a este hombre tan atrevido, ¿qué esperaba que lo recibiera como la idiota de Jianna? Iba a responderle como se debía pero mi teléfono celular comenzó a sonar.

—Disculpe un momento —le dije al señor arrogancia— ¿Qué sucede Daniel? —le respondí a mi asistente, mirando al mismo tiempo mi reloj de pulsera, aún estaba a tiempo para llegar a la junta con Nicholas.

Nicholas acaba de autorizar llevar el caso del señor Stevenson —cerré los ojos, y solté un suspiro profundo.

—Recuérdamelo —le pedí, no porque no supiera de que me hablaba solo quería estar segura.

Los padres de la occisa dicen que envió a sus perros a atacarla y asesinarla mientras dormía.

—Ya, ¿A quién le dio el caso? —le pregunté.

A Erik

—Bien me comunico con él enseguida y en cuanto a Nicholas me encargo en cuanto llegue a la oficina.

De acuerdo. ¿Elena?

—Sí.

Te invito a cenar esta noche —no podía negarme, él me sacaba de mi rutina y disfrutaba de su compañía. Pero me gustaba hacerlo enojar.

—Estoy ocupada, lo vemos más tarde.

Solo di sí o no —dijo tajante.

—Sí. Nos vemos —corté la llamada sin esperar respuesta por parte de él. Daniel era un buen amigo. Busqué el archivo de Caroline y se lo entregue a Evan.

—Su nombre es Caroline Miller, fue encontrada por su hermana hace unas semanas en su departamento inconsciente y golpeada. El esposo se dio a la fuga. Ella no quiso poner una demanda en su contra, esta embarazada, pero quiere divorciarse. Por lo que a simple vista será un caso fácil.

— ¿Él sabe del embarazo?

—No, ella acababa de enterarse e iba a darle la noticia, por lo que llegó más temprano a casa y lo descubrió en la cama con otra mujer. Los detalles pregúntaselos a ella —mientras él leía el expediente, yo lo leía a él—. ¿Tienes alguna duda? —le pregunté finalmente.

— ¿Mi contrato?

—Pasa a recursos humanos ellos te darán el contrato temporal, dependiendo del manejo o del resultado que obtengas en el caso, decidiremos darte el contrato definitivo o no, tu salario aumentara si logras formar parte del equipo oficialmente. Solo recuerda que como fundación que se mantiene de donaciones no es un sueldo ostentoso.

—Sin problemas —su blanca y hermosa dentadura me saludo, lo que me provocó unas ganas tremendas de presentarle mi puño a esa boquita sonriente. En definitiva, me caía muy mal este hombre.

— ¿Algo más? —pregunté con una sonrisa más que fingida.

—Gracias.

—Seria todo de mi parte, desde ahora, cualquier cosa debes dirigirte a Jianna. Ahora si me disculpa… debo hacer una llamada urgente —antes de que lo asesine quise decir.

—Gracias y un gusto en conocerla, señora Donovan. —me ofreció su mano y yo se la estreche con la mía, pero él la llevó a sus labios y depositó un beso en ella. De inmediato la retiré.

—¡No vuelva a hacer eso! —había hablado más fuerte de lo debido incluso gritado, pero su actitud de casanova me molesto, era una total falta de respeto lo que hizo.

—Lo siento, no volverá a ocurrir. —dijo sin mirarme a la cara tomó el archivo del escritorio para dar media vuelta e irse. Pude notar un sentimiento que no pude descifrar en sus ojos cuando el antes de cerrar la puerta me miró por un momento.

— ¿Eso que escuche fue un grito? —Jianna esperaba fuera de la oficina, le preguntó al guapetón con diversión. Él suspiró con profundidad, su rostro era de un completo anhelo. — ¿Qué le hiciste, la besaste?

—No. Me hubiera arrojado por la ventana —Evan respondió soltando una carcajada llena de amargura.

— ¡No!… ella es incapaz de hacer semejante cosa —le bromeó para alegrarle un poco, pero su mirada le decía lo inútil de sus intentos —. Te flecho ¿no es cierto?

—Es muy hermosa y detrás de ese escritorio muy sexi. ¡Dios! No pude resistirme —dijo con los ojos cerrados y una sonrisa pícara.

—Tienes competencia. Un tal Daniel del Buffet ahora es su mano derecha, ¿lo conoces? —le pico el orgullo pensaba que lo tenía merecido.

—Ese hijo de… —Jianna soltó una tremenda carcajada.

—Tranquilo galán, ella es viuda y muy rica, por cierto. Puede buscarse algo de compañía.

— ¡Cállate bruja o cometeré un asesinato! —Ella volvió a soltar una carcajada.

Elena salió deprisa de la oficina para encontrar al par riendo, les miro un momento y paso de largo sin decir nada pero con evidente molestia pintada en su rostro.

Me encontraba discutiendo con Nicholas, Daniel y Erik, acerca del caso del muy probable asesino. Nicholas había estado renuente a desistir de su decisión a defenderlo.

—¡No vamos a defender a ese hombre! —dije alzando mi tono de voz más de lo normal. ¿Es que acaso no me hacía entender?

—El hombre no es culpable, ¿quién puede culparlo, por querer tener perros que protejan su propiedad? —dijo con una sonrisa sarcástica.

—La esposa había interpuesto una demanda un mes antes de su muerte, por agresión por parte de él, sus padres dicen que la golpeaba, incluso hay un video y fotografías —. Traté de hacerle comprender que el hombre no era inocente, y que no se merecía la libertad.

—Pero no fue él, los Doberman son perros no muy fieles, son inestables. Se dice que hasta llegan a desconocer al dueño, y ella no era precisamente la dueña, era él.

—He dicho que no, Nicholas —este hombre que alguna vez consideré justo estaba decepcionándome. En cuestión de trabajo era un asqueroso cerdo ambicioso.

—Yo tengo tanto derecho como tú de decidir qué hacer o no —por un momento guarde silencio y me obligué a mirar a Erik.

—Nicholas este es un caso en el que no se ganara, él realmente es un asesino las pruebas, testimonios todo está en su contra. Además, ¿por qué poner en libertad a un asesino? —no quería actuar como villana, pero no me deja alternativa tampoco permitiría que pasara de alto mi autoridad.

—Lo siento Nicholas, pero hay pruebas de que él hablo con el entrenador para que le enseñara las órdenes de ataque específicas a matar —dijo Erik, asentí en agradecimiento por su apoyo y lealtad a mi persona.

—Si ganamos este caso tan complicado nos atraerá más clientela, ¿qué no lo entiendes Elena? Tampoco entiendo porque tú cuestionas mis decisiones, Ethan jamás lo hizo, no interfería con mi trabajo. —me dijo irritado, su mirada era feroz.

—El que no comprende eres tú Nicholas, Ethan está muerto. Ahora yo tomo las decisiones. —hablé lo más tranquila que pude conteniendo las lágrimas consecuencia a el recuerdo de mi esposo.

— ¡Esta no es tu maldita fundación!, no solo tú puedes decidir también los socios y yo soy uno de ellos. No estoy de acuerdo con tus decisiones.

—No vamos a defender a un hombre que de verdad es un asesino, va en contra de los valores de nuestra firma y del propio Ethan quien siempre se inclinó por defender aquellos que en verdad estaban siendo culpados injustamente —respondí tajante ignorando su comentario de mal gusto, pero pronto perdería la paciencia si continuaba con sus necedades.

—¡No seas hipócrita! Durante cuatro años viviste del dinero que se te hacia llegar, y era dinero que delincuentes pagaron por defenderlos.

—Nicholas tranquilízate —le dijo Daniel.

—¡Fuera todos ahora! Nicholas tú te quedas—Sí, logró sacarme de mis casillas, pero no iba a rebajarme frente a todos.

—Escúchame bien Nicholas, tal vez a ti y a otros no les agrade lo que yo decido o hago, pero soy la socia mayoritaria así que pueden sentirse libres de venderme sus acciones y largarse a formar su propia firma y vender su maldita alma al diablo, pero yo mando aquí. Piénsalo muy bien y has lo que mejor te convenga.

—Estás equivocada si piensas que tienes la razón, eres inexperta, Antes que Ethan yo fui el dueño de todo esto.

—Y lo perdiste todo por tus juegos de azar, a tus socios los dejaste arruinados y si Ethan no hubiera adquirido tus acciones he invertido esta empresa ya no existirían.

—Fui la mano derecha de Ethan, él siempre me escuchó, pero tú te rehúsas a hacerlo.

—Entonces tal vez es por eso qué ahora esta muerto. Entiéndelo Yo no soy Ethan aquí y todos somos distintos.

—Él tenía razón, es imposible razonar contigo. Ahora comprendo sus acciones —eso había sido un golpe bajo, pero no respondería a sus ofensas.

— ¡Largo de mi oficina!

Todo el día había estado metida en la oficina trabajando olvidándome del mundo exterior. La cabeza me dolía debido al estrés, pero sobre todo a la discusión con Nicholas. Giré mi silla quedando frente al ventanal, la noche había llegado hacia un par de horas. Miré el cielo estrellado y me pregunté cuántas veces Ethan se sintió de la manera en la que hoy me siento. También, si alguna vez pensó en mí mientras veía las estrellas como ahora hago yo.

Un leve toque a la puerta me trajo de nuevo a mi realidad.

—Adelante.

—Hola, ¿Estas lista? —era Daniel y su gran sonrisa.

— ¿Para qué? —me hice la desentendida.

—Lástimas mis sentimientos, cena. —dijo, y yo me eché a reír por su mala actuación de hombre herido.

— ¡Oh! Si, disculpa, tengo la cabeza hecha un lío. —fingí igual que él.

—Pues una rica cena con un buen amigo es la solución.

Compartir tiempo con Daniel fuera del trabajo era algo gratificante, él era un hombre encantador, con un buen sentido del humor, alegre por naturaleza y muy inteligente. Físicamente era muy guapo, con su altura de 1.90, su cuerpo musculoso por su exceso de ejercicio le daba, el aspecto de un luchador, capaz de tomar a la mujer amada en un brazo y llevársela a casa. Un hombre del que una mujer normal podría enamorarse fácilmente. Pero yo no podría, yo era su jefa y… ¡Por Dios! No me veía en la posición de verme relacionada con mi asistente. La segunda razón, él era mi único amigo y tener un romance con él sería acabar con nuestra amistad demasiada valiosa para mí. Además, Daniel tenía otros intereses.

Cuando salimos al estacionamiento me sentí como muchas otras ocasiones, observada, esa sensación de que cuando vas caminando la piel se te eriza y un escalofrío recorre tu cuerpo. Sintiendo a la vez una fuerte mirada detrás de ti taladrándote, disimuladamente gire hacia atrás pero no había nada solo algunos autos del personal que aún se encontraban en el edificio.

Subimos al coche de Daniel y fuimos a cenar.

A la mañana siguiente me desperté muy cansada, pero siendo responsable me levanté y preparé para partir a la fundación. Cuando salí de mi recamara para ir a la cocina me encontré con Jianna quien ya estaba desayunando.

—Preparé el desayuno —dijo al verme entrar a la cocina.

—Gracias mañana lo haré yo.

—No, yo hago el desayuno todos los días, pero los fines de semana tú cocinas y haces las compras. Odio hacerlas yo. —dijo refunfuñada.

—De acuerdo.

— ¿Qué te pareció Evan? —aquí iba como siempre la casamentera.

—Trae un buen curriculum, se nota que es bueno en lo suyo. Muy seguro de sí mismo —me enfoqué en lo profesional para despistarla o más bien tentar terreno, tal vez me equivocaba y ella realmente quería algo con él.

— ¿No te pareció atractivo? —me miraba a los ojos.

—No. ¿A ti sí?

— ¿Por qué te sonrojas?

—Me cae muy mal, es odioso. ¿Sabes que me beso la mano? —dije indignada y furiosa al recordar el incidente. Era frustrante su actitud.

— ¿Por eso le gritaste?

—No me digas que se escuchó hasta los pasillos. —dije poniéndome colorada de vergüenza y cubriéndome el rostro con ambas manos. Si, definitivamente lo aborrecía.

—Sí.

—Te dije que no me dijeras.

—Ese Evan te gusta. —dijo soltando una carcajada.

—¡Vete al diablo Jianna! Ahora que lo pienso le da un aire a mi exmarido, justo por eso que no me gusta.

….

Cuando llegamos a la oficina me sorprendí al encontrar a mi peor pesadilla Caroline, sentada esperando mi llegada. En cuanto me vio llegar, se puso de pie y caminó hacia mí.

—Hola Elena —me saludó con rostro apenado, sin mirarme a los ojos.

—Señora Donovan. Acompáñame —Nos dirigimos a mi oficina en silencio una vez dentro y sentadas una frente a la otra la inste a hablar.

—¿Qué te trae por aquí Caroline? —le pregunté, mientras encendia el ordenador, la verdad era que trataba de no mostrarle mucha importancia ella no la merecía. Bastante hacía con ayudarla, solo porque tenía un compromiso con esta sociedad y fundación.

—Ayer recibí una llamada de un tal Evan Radear, me informó de que sería mi abogado —me dijo, cuando la observe note cierto nerviosismo en la gran Caroline, ella ya no era tan segura de sí misma como lo fue alguna vez. No, ella ahora sujetaba su bolso desgastado con fuerza.

—Por supuesto, él es el mejor de nuestro equipo —Sí, mentí, como si el tuviera mucho trabajando con nosotros, pero teníamos que darle seguridad a nuestros clientes haciéndoles saber que tenían lo mejor para ayudarles, y más cuando eran tan inseguros como Caroline ahora.

—Estoy segura de que sí lo es, pero me sentiría más tranquila si lo llevaras tú.

—Lo siento, pero no me es posible —le dije con una sonrisa en el rostro haciéndole saber que conmigo las puertas estaban bien cerradas.

— ¿Por lo que sucedió entre ambas?

—No, en realidad no tengo tiempo.

—Yo vi cuando llegaste al restaurante, ese día por la mañana Ethan había terminado conmigo. Yo le obligué a ir a cenar esa noche. Y cuando te vi ahí mirándonos quería que pensaras que él seguía engañándote.

—El pasado ya no importa Caroline—le dije, no queriendo abrir viejas heridas o terminaría desgreñándola, mordí fuertemente mi labio inferior y lo solté cuando el sabor de la sangre se mezcló con mi saliva.

—Quiero pedirte perdón por mi traición y por el daño que te he causado —un toque a la puerta la interrumpió, lo que me hizo sentir aliviada.

—Adelante —por la puerta vi entrar a Evan, vestido de un traje color negro, debía admitir que le quedaba bastante bien.

—Señora Donovan —me saludó aun sin percatarse de mi visita y no fue hasta que se aproximó que vio a Caroline de espaldas. —Mis disculpas, no sabía que se encontraba ocupada.

—No te preocupes de hecho, se trata de tu cliente la Señora Caroline.

—Buenos días y un gusto en conocerla personalmente. —él acorto la distancia y le tendió la mano, ella ni siquiera lo miró. Ella le ignoró como si no existiera. Ethan bajó la mano al percatarse de que ella no se la daría. Y aunque el me caía muy mal, no merecía ese trato, me enfurecí.

—Caroline. ¿Qué quieres? Te hemos asignado un abogado que te ayudará con tu problema, y tú lo rechazas.

—Quiero que seas tú quien lleve mí caso.

—Te he dicho que no me es posible — ¿quién se creía está loca para venir a imponerse?

—Entonces que lo haga Ethan. Él me defendió una vez, y le tengo confianza. No aceptaré a nadie más —maldita desgraciada, estaba furiosa tanto que solté la verdad sin compasión hacia esa mujer que seguramente aun sueña con un hombre prohibido.

—Caroline, Ethan está muerto — dije con mi mejor tono de voz más clamado, dulce e hipócrita que tenía. Disfrutando de su expresión de horror. Sí, no soy santa, ni buena gente, solo soy una humana imperfecta.

—¿Qué? ¿De qué hablas?

—Ethan está muerto —le repetí como si esa frase fuera un cuchillo, que apuñalaba su corazón sin compasión, me recargué en el respaldo de mi asiento con una sonrisa fría. Por un momento me había olvidado de Evan. Dirigí mi mirada a él, quien me miraba sorprendido su rostro me borró mi sonrisa.

—Mentirosa, no quieres que nuestros caminos se crucen de nuevo porque temes que te abandone, que nuestra historia se repita.

—Entonces es por eso qué decidiste tomar la ayuda de la fundación, para acercarte a él. Sal de esta oficina, si es que tienes un algo de dignidad.

—¿Dónde está él? ¿Le has hablado de mi situación?

—Ya te he dicho que Ethan está muerto.

—No es cierto…— Caroline salió de la oficina, hecha una furia y con lágrimas en los ojos. Yo daba gracias por estar sentada de otra forma mis piernas me hubieran fallado. Al querer dañar a Caroline, también me dañe a mí misma. Una cosa es saberlo y otra muy distinta tener que reconocer la muerte de Ethan en voz alta. Levanté mi vista y Evan me miraba de una manera que no podía ser otra que la lastima.

— ¿Qué es lo que quieres? —le pregunté con frialdad.

—Tu amiga se me adelantó al decirte que no me quiere como su abogado.

—Ve con Jianna, y dile que te de algo que hacer.

—Sí. —Dio media vuelta, pero se detuvo apenas dando los primeros pasos a la salida — ¿Te sientes bien?

—Sí, puedes retirarte ya. —Sin más salió de la oficina.

Llegue a casa demasiado cansada y abrumada, había sido un día terrible. Jianna no se encontraba. Me desnudé para tomar un caliente y relajante baño. Cuando estaba apunto de entrar a la ducha mi celular sonó, me entraron ganas de votarlo al cesto de basura. Pero no lo hice cuando vi en el identificador que era mi horrenda amiga y compañera de piso.

—Hola

—Amiga estoy en el bar, "Luna Llena" tienes que venir.

—Amiga estoy apunto de darme un rico y calientito baño.

—No, olvídalo estoy con Armand y un amigo.

—¡No! La última vez que me arrastraste a una cita doble tuve que ver vomitar al tipo y soportar su mal aliento. ¡Olvídalo!

—Este si te va a gustar.

—No Jianna.

—Por favor está haciéndome mal tercio además, reconoce que necesitas un poco de sexo. ¡Vamos mujer! Descárgate vas a envejecer antes de tiempo.

—De acuerdo, pero me largo si es un idiota. Y no Jianna, yo no tengo sexo casual.

—No te arrepentirás.

Llegué al Bar y busqué con la mirada a mí rubia y tonta amiga, la encontré en una mesa en el rincón del Bar con Armand y otro que se encontraba de espaldas. Caminé hacia ellos Jianna al verme me sonrío con su sonrisa de complicidad. Lo que me decía que algo traía entre manos.

—Buenas noches —salude a la pareja y me giré para mirar al susodicho, me asombre al encontrarme con Evan.

—Buenas noches señora. —Me sonrío. Miré a Jianna, pero esta huyo tomando a Armand de la mano llevándoselo a quien sabe dónde. No había de otra, me senté junto a Evan.

Había un silencio y tensión muy incómodos. Yo miraba todo a mi alrededor excepto él, me sentía confundida no sabía cuál era la causa de mi incomodidad o porque mi odio infinito. Tanto traté de ignorarlo que no me di cuenta de que me había pedido una bebida hasta que el mesero se acercó y la colocó frente a mí. Era cerveza clara, justo lo que siempre tomaba, cuando estaba en casa o con gente de confianza, ya que era muy mala bebedora.

—Gracias.

— ¿Por qué me odia? —giré mi rostro para verle y su mirada oscura me atrapo.

—No le odio —respondí, sabiéndome mala mentirosa.

Nuevamente el mesero se acercó y me entregó una nota. Era de Jianna, al leerla me entraron ganas de asesinarla.

— ¿Sucede algo?

—Jianna y Armand se fueron a su departamento. Bueno, será mejor que me vaya a casa. —con intención de levantarme e irme tomé mi bolso, pero el me tomó del brazo y me sugirió:

— ¿Por qué no termina su cerveza?

…..

Me sentía flotar en un mar de sensaciones agradables de las que no quería dejar de sentir, era un hermoso sueño, tiene que serlo. Lo sé porque él estaba conmigo y eso no es posible. Porque Ethan está muerto. Él se acerca y toma mis manos, besa cada una de ellas y luego se acerca a mi rostro depositando un calido beso en mis labios. Después me susurra al oído…

Déjame amarte. No quiero causarte daño. Hoy recuerda cuanto te amé al principio y cuanto te amo ahora. Permíteme darte lo que un día tú me diste…

Desperté. La luz entraba por las ventanas, deslumbrándome. Cuando mis ojos se acostumbraron miré a mí alrededor. Me levanté al desconocer la cama y las cosas que me rodeaban. Esta no era mi habitación, el frío de la mañana calo mis piernas desnudas miré mi vestuario y traía una playera que no era mía. Tragué en seco. ¿Dónde me encontraba? Hice memoria y entonces recordé haber ido en busca de Jianna al Bar… Miré de nuevo a mí alrededor esta vez no en forma de reconocimiento más bien en busca de alguna pista para saber mi paradero. Entonces encontré un porta retrato, ahí estaba él en el centro de la imagen, a su derecha una mujer mayor, a su izquierda una chica morena muy hermosa y frente a él de rodillas mirando a la cámara un joven también moreno como la chica. ¿Quiénes eran? La puerta de la habitación se abrió Ethan entró con una charola repleta del desayuno. Recordé mis piernas desnudas y me senté en la cama cubriéndome con las sabanas.

— Buenos días, Bella durmiente —dijo con esa estúpida sonrisa arrogante. Sintiéndome apenada, aturdida y muy confundida le pregunte:

—¿Qué pasó ayer?…

Capítulo 5

Ten miedo de mí.

La sensación de su cálido cuerpo junto al mío despertó aquellos instintos que habían permanecido dormidos por mucho tiempo. Aspiré el aroma de su cabello castaño inundando mis sentidos, después la observé dormir por un momento. ¡Diablos! Es hermosa, el semblante en su rostro era distinto al de siempre, no hay rastro de melancolía. Parecía feliz en sus sueños. Besé su frente, luego sus labios, correspondió en sueños. Después susurré en su oído todo lo que me hizo sentir desde el primer día que la conocí hasta el día de hoy.

Me levanté y tomé un cambio de ropa limpia, mientras me dirigí al cuarto de baño me desnudé botando la ropa al suelo dejando un camino a mí paso, en el lumbral de la puerta del baño la observé, sus piernas desnudas enredadas en la sabana despertaron mi libido y antes de hacer algo, me largué a tomar una ducha de agua fría.

Cuando salí limpio y cambiado ella seguía durmiendo fui a la cocina y preparé un café junto con un delicioso desayuno. Coloqué todo en una charola, tomé una flor del florero que había en la sala, arreglo que mi madre me dio. Me dirigí a la habitación y cuando entré, la vi levantada mirando el portarretratos que había en mi cómoda.

— Buenos días, Bella durmiente —le dije sonriendo y feliz, pero ella me miró con odio.

— ¿Qué pasó ayer? — ¡Diablos!...

Llegue al Bar, para reunirme con Jianna y Armand ese dúo y sus travesuras malévolas, pero la verdad era que hoy necesitaba de su ingenio, para poder acercarme a ella, y si los planes de Jianna funcionaban podría ser mi oportunidad de romper el hielo con Elena, para poder formar parte de su vida.

—Buenas noches —les dije apenas llegué a la mesa donde se encontraban, ellos platicaban amenamente.

—Hola, cariño —me saludó mí amiga, con su sonrisa coqueta. Armand solo levantó la mano, estaba demasiado ocupado bebiendo su cerveza.

— ¿Ya viene? —pregunté.

—Si, justo está entrando —Y entonces todos dimos rienda suelta a la actuación.

—Buenas noches —la escuché decir, me giré y entonces el tiempo para mí se detuvo. Lucia hermosa con esa blusa negra que se pegaba a sus hermosos pechos como una segunda piel, la falda igualmente negra, que aunque le llegaba debajo de las rodillas le hacía ver tremendamente sexy, mi corazón latía con rapidez.

—Buenas noches señora —le sonreí, pero desvíe mi mirada al instante sintiéndome un maldito pervertido, ya que cada vez que la llamaba señora mi imaginación volaba a una habitación donde me encontraba esposado a la maldita cama. Cuando miré frente a mí, Jianna y Armand ya se habían marchado, le hice señas al mesero y ordene una jarra de cerveza clara y dos tarros. Elena miraba a todas partes excepto a mí. Ella era tan difícil. El mesero sirvió las bebidas, colocándole enfrente la suya.

—Gracias —le dijo amablemente cosa que me irritó. ¿Por qué no puede regalarme un poco de su amabilidad?

— ¿Por qué me odia? —le pregunté, no soportando más el no saber el porqué de su desprecio.

—No le odio —dijo la muy mentirosa. Nuevamente el mesero se acercó y le entrego la nota de Jianna

— ¿Sucede algo? —pregunté fingiendo interés.

—Jianna y Armand se fueron a su departamento. Bueno será mejor que me vaya a casa —con intención de irse tomó su bolso, pero antes de que se levantara tome su muñeca y le dije con mi mejor cara de perrito abandonado…

— ¿Por qué no termina su cerveza?…

Fin de flashback

—Señora —miré la cama, no tenía esposas que pudiera ocupar, pero las agujetas de mis zapatos bien podrían servirle —, un caballero no tiene memoria —coloqué la charola en mi escritorio haciendo un lado algunos papeles del trabajo.

—Precisamente ahora no está siendo un caballero, lo único que me hace pensar es que usted abuso de mí.

— ¿Disculpe? —la observé con el rostro horrorizado y herido —, usted es la señora aquí, que me sedujo llevándose consigo mi virtud sin ninguna promesa de amor o matrimonio. Lo único que trato de hacer es ahorrarle el hecho que quiera corresponderme solo porque se sienta obligada —su rostro era un poema, tenía la boca abierta, y los ojos casi se le salían de su lugar y no pude soportarlo más, solté la carcajada.

— ¡Eres un imbécil! —me gritó, mientras ponía una mano en su pecho y soltaba el aire que al parecer tenía contenido.

—Enserió no creo que quieras saber lo que paso —le dije, pero ella me miraba aterrada al pensar que lo que paso ayer fue el peor error de su vida, solté un suspiro.

Lo miré suspirar, se notaba la guerra interna que tenía, acerca de contarme o no, tome una almohada me acosté boca-arriba y la puse en mi rostro, cerrando mis ojos. De pronto sentí su peso caer a mi lado apartó la almohada de mi rostro y dijo.

—Si quieres suicidarte asfixiándote con la almohada hazlo por favor en tu casa, no quiero que me culpen. —Aun cuando sus palabras eran broma lo había dicho con tanto cariño, que una sensación de protección sentí a mi alrededor. Miraba sus ojos cafés, a través de los lentes. Mis manos tomaron vida propia, fueron a su rostro y acaricie su mejilla, él cerró los ojos y entonces los recuerdos llegaron a mi mente…

— ¿Por qué no termina su cerveza? —me dijo y yo sinceramente la necesitaba, no me gustaba beber frente a desconocidos debido a mí mala resistencia al alcohol. Pero era eso o tener que ir al departamento a escuchar la noche de pasión de Jianna y su amigo.

—De acuerdo —decidí relajarme, que más daba los días anteriores fueron un asco, la presión que Nicholas me ejercía me tenía al borde del colapso. Bebí medio tarro de jalón, la cerveza fría y deliciosa recorrió mi boca y mi garganta hasta mi estómago, sentí todo el maldito recorrido que hizo.

—Gracias, odio beber solo.

—De hecho lo hago más por necesidad que por usted —lo vi sonreír divertido, entonces llevó el tarro a sus labios y bebió, pude apreciar el recorrido del líquido pasar por su garganta moviendo su manzana de Adán, dejó el tarro sobre la mesa y con la punta de la lengua limpio la espuma que había quedado en el contorno de sus labios. ¡Dios mío! Se me hizo agua la boca de tan solo pensar en los suaves que parecían sus labios tan comestibles y sensuales. Di un pequeño sorbo a mi bebida desviando mi mirada a la pequeña pista de baile. De pronto sentí un escalofrío en la espalda al momento que él paso por detrás de mí. Pero fue peor lo que sentí cuando me dijo al oído:

— ¿Bailamos? —me ofreció su mano.

—No gracias.

—Por favor no me rechaces cuando, la gente de las mesas a nuestro alrededor nos observa.

—Te advierto que te pisaré.

—¡Oh!, no lo harás —tomó mi mano y me arrastró a la pista, la canción era lenta y me acercó a su cuerpo, pero no demasiado. Su aroma entró por mis fosas nasales, era un aroma fresco y sensual, me acerqué un poco más para aspirarlo mejor. Él rodeo mi cintura y me pego más a su cuerpo clavando su quijada en el hueco de mi cuello. Extrañamente me sentía bien, no percibía morbo en su abrazo, solo era un acercamiento entre dos personas que están conociéndose.

Cuando terminó la canción, me di cuenta de que no le pise, lo que hizo regalarle una sonrisa. Él beso mi mano, pero en esta ocasión no me molestó. Cerró los ojos, creo esperando a que le insultara por su acción, cuando esta no llegó soltó una carcajada y negó con la cabeza yo le secunde. Me halo hacia él y posando una mano en mí cintura posesivamente me condujó de regreso hasta la mesa.

Conversamos por largo tiempo, haciéndome preguntas superficiales, sobre mi familia, las cosas que me gustaban o disgustaban, de él me enteré qué tiene dos hermanos. Él era el mayor. Su padre murió en un accidente cuando solo tenía diez años. Ayudó a su madre a cuidar de sus hermanos mientras ella trabajaba. Consiguió una beca, además, de trabajar para terminar sus estudios. En el aspecto sentimental era protector con sus seres amados. Buscaba el amor de su vida, decía estar seguro de que en algún lugar se encontraba su princesa de cuento de hadas, a la que había perdido en el camino. Él decía tener defectos como los celos, y muchos otros más que me dijo no quería revelar o saldría corriendo. Asombrosamente no se alababa diciéndome sus virtudes, no, él me dijo cuan imperfecto y humano era. Él solo se autonombro príncipe no azul.

No me di cuenta de que nos acabamos cuatro jarras, hasta que me levanté para ir al tocador y la cabeza me dio vueltas haciéndome perder el equilibrio, Ethan me sujetó antes de que saludara a mi mejor amigo el piso.

— ¡Hey! Cuidado hermosa —arrastró la "sa" lo que me causo una tonta risa.

—Upss, por eso no bebo alcohol, creo que ya me está haciendo efecto. Voy al tocador y me voy señor Evannn.

—No, nada que se va, yo la acompaño —le sonreí de nuevo, no sabía cuántas veces en la noche ya lo había hecho.

Caminamos del Bar hasta mi departamento, en un silencio cómodo. Miré las estrellas y reí como boba pero me sentía bien como hacía mucho tiempo que no lo hacía. Era como un gran respiro después de haber contenido el oxígeno por mucho tiempo. Llegamos, él me ayudo a buscar en mi bolso las llaves, creo que ya no me sentía demasiado apta para hacerlo yo misma. Cuando las encontró y abrió la puerta escuchamos gemidos y gritos. Ambos nos quedamos en la entrada ninguno se atrevió a dar un paso adentro. Cerré la puerta.

—Creo que mejor me voy a un hotel.

—No, vamos a mi departamento, prometo portarme bien —me dijo haciéndome un juramento. Pero dado el estado en el que me encontraba no le vi nada de malo.

Mientras estuvimos esperando el taxi, comencé a marearme a un más, y la acidez comenzó a subir hasta sentir el ardor en mi garganta, me apoye en Evan abrazándolo fuertemente o iba a caer, él me sostuvo.

— ¿Te sientes bien? —me preguntó y yo negué con la cabeza, sentía que si abría la boca vomitaría. No quería hacerlo sería una verdadera vergüenza. ¡Maldito Evan! — Tranquila amor —me dijo y yo quería decirle que no me llamara amor, pero me era imposible hablar. Comencé a sentirme peor, las arcadas vinieron sin aviso. Y luego… Evan me soltó de inmediato y me ayudo a mantener mi cabello fuera del alcance de mis fluidos digestivos. Pero no se podía decir lo mismo de su playera y pantalones. ¡Dios mío! ¡Qué vergüenza!

—Lo siento —dije como pude.

Después me perdí un momento porque cuando me di cuenta estábamos dentro del taxi, el me abrazaba y acariciaba mi brazo depositando suaves besos en mi frente, de alguna manera sabía que estaba abusando de mi confianza y mi estado, pero era agradable sentirse querida y cuidada por alguien. Cerré mis ojos y volví a perderme, cuando los abrí nuevamente, Evan me llevaba en brazos, su rostro demasiado cerca del mío. Cuando llegó a la puerta de su departamento me bajó.

—Amor, sostente de mí un momento —asentí a su orden.

Cuando abrió me cargo de nuevo y me sentó en su único sillón de lo que parecía era la sala o más bien estancia, su departamento era pequeño. Sentía que iba a caerme por lo que me recosté en el sillón y bajé un pie al suelo, para calmar el mareo. Minutos más tarde Evan llegó con un café, me ayudó a sentarme y él se sentó a mi lado, nuevamente abrazándome.

—Hermosa, bébelo te hará sentir mejor —miré su rostro, me sentía amada, cuidada y muy triste. El me miró y con su mano libre limpió una lágrima que sin mi permiso salió a explorar mi rostro.

— ¿Cuánto tiempo es conveniente que una mujer viuda guarde luto? —le pregunté.

—Elena el luto lo llevas en el corazón, puedes guardar luto a tu esposo por el resto de tu vida, pero lo que no debes jamás permitir es que la pena interfiera en tu felicidad. No dejes que detenga tú vida.

—Durante tres años viví pensando que no le importaba, luego llega Daniel y me dice la verdad. Me siento tan estúpida y pienso que si yo lo hubiera sabido antes yo misma lo habría buscado por cielo, mar y tierra, pero después de tres años… ¿Qué puedes hacer? Más que depender de otros.

—Nada hubieras podido hacer que otros no hayan hecho. No te culpes.

—Estaba furiosa con él, pensaba que cuando volviera a verlo le diría todo lo que sentía, cuanto le odiaba. Pero ahora solo puedo sentir una gran perdida y dolor. Es como si el amor que siempre le tuve se hubiera intensificado.

—Elena el amor tiene más de un rostro y uno de ellos es el odio. Y es bueno recordar lo bueno de aquellos seres amados.

—No lo es cuando casi mueres por ellos, sin que les importe verdaderamente —mis lagrimas me dificultaban mi visión. Ethan tomó mi rostro.

—Elena, termina con todo esto que te lastima y vive —vivir eso era lo que él quería, miré a Evan con atención y realmente el parecido con mi esposo era mucho.

—Te odio, porque me abandonaste cuando yo se suponía te necesitaba, por golpearme, humillarme, engañarme y por romper tu palabra de amarme para toda la vida. ¿Sabes cómo me sentí cuando me despreciaste yo arrodillada ante ti? Siempre queriendo ser lo mejor para ti y tu vida perfecta, matándome de hambre vomitando el dolor y la desesperación sintiéndome impotente al verte perdido. Haciendo cualquier cosa para recuperarte, pero nada era suficiente para ti —abofeteé a Evan pensando en que era Ethan, con mis puños cerrados golpeé su pecho, él no me detuvo —. Te odio por abandóname y jamás volver y porque a pesar de todo como una idiota sigo amándote —lloraba sin poderme contener, mientras Evan me abrazaba.

—En nombre de Ethan te suplico perdón, cuando no lo merezco, hubiera dado mi vida por tener una oportunidad para amarte y recompensar el dolor y sufrimiento que te cause —levanté mi rostro a la altura del suyo. No, este hombre no era Ethan, este hombre era Evan Reader el príncipe no azul que salvo mi alma y tal vez mi corazón.

Ethan de poco a poco, acercó su rostro, sin cerrar nuestros ojos nuestros labios se unieron. Lentamente cerré mis ojos y me deje llevar por el beso, pronto esté se tornó más ardiente, si, ardiente. El hombre besaba de una forma que te hacia olvidar hasta tu nombre. Me recostó en el sillón, mientras que su mano entró por debajo de mi blusa acariciándome la piel desnuda, hacia tanto tiempo de no sentir el fuego de la pasión que muy pronto yo ardía. Pero él se detuvo, y se alejó de mí, poniéndose en pie.

—Disculpa, te daré algo para que te cambies y puedas dormir —me dijo, me sentí una idiota. Cuando llegó con una playera, se sentó a mi lado y levantó mi rostro, yo estaba llorando. Por su rechazo o por el de Ethan, no sabía estaba muy confundida.

—Gracias —le dije mientras le arrebataba la playera —él suspiró, cuando le mire bien, él ya se había cambiado a ropa de dormir, idiota de mí, debo darle asco.

—No llores, yo no creo que en realidad quieras eso.

— ¿Para qué me trajiste entonces? —seguía de necia, ¿por qué le rogaba? ¿Es que yo no entendía que no debía rogar a un hombre? ¿Dónde está mi dignidad? ¿Por qué no comprendía que solo quería sentirme amada y deseada por esta noche?

—Prometí no sobrepasarme, estas muy tomada y creo que mañana te arrepentirás.

—Mañana te odiare aún más sin siquiera tener un motivo. Dame el motivo —me puse de pie, caminé hasta él, lo abracé llevando mi cabeza a su pecho escuchando los latidos de su corazón, una hermosa melodía.

—Quiero más que una noche Elena —me congele, yo no podía dar más, mi corazón estaba hecho polvo, no podía sentir amor por un hombre.

—Es lo único que puedo darte y ya es demasiado de lo que he dado o siquiera llegado a pensar —su corazón latía demasiado rápido, comencé a depositar besos en su pecho haciendo un camino hasta llegar a su cuello continúe hasta morder el lóbulo, él me tomó de la cintura y alejó.

—Confía en mí, no quieres esto —besó mi frente —. Mañana, que estés sobria hablamos —tomó mi mano y me llevó a su recamara. Ahí, se acercó a mí y comenzó a subirme la blusa…

— ¿Qué haces?

—Le ayudo señora, como todo un caballero.

—No, tú quieres verme desnuda.

—La verdad es que si, le dije que no era perfecto, nada de príncipe azul. Solo soy un hombre con hambre de usted. Pero me abstengo por el momento —sonreí y me dejé ver por él. Incluso recordé las clases eróticas, pero no me animé por lo que solo me reí. Tal vez algún día…

Tras recordarlo todo y aun acariciando su mejilla me acerqué lentamente y deposité un beso en sus labios, el siguió el ritmo, sus manos traviesas comenzaron a vagar por mi cuerpo, entonces la cordura llegó a mi mente separándolo de mí.

—Como caballero que es señor Ethan, jamás dirá o insinuará nada con respecto a esta noche y parte del día —lo vi sonreír.

— ¿Volvemos a las mismas?

—De las que no debimos salir.

—De acuerdo señora Donovan, ya veremos cuando quiera usted volver a divertirse.

Desayunamos en un silencio cómodo, tomó la flor una rosa roja y la puso en mi cabello a un lado de mi oreja. Fue tierno y su sonrisa arrogante fue sexy. Me duche y el me presto otra playera para irme a casa, mi blusa era un asco. Afortunadamente a mi falda no le pasó gran cosa, pero mis zapatos… Los limpié y me los puse. Evan me acompañó a tomar un taxi, era muy caballeroso. ¿Me pregunté que otras similitudes tendría con él?, Eran tan distintos, pero a la vez muy parecidos. Tal vez era eso lo que me atraía de él, el recuerdo de Ethan.

Cuando llegué al departamento Jianna se notaba muy bien, feliz diría yo.

— ¿Y esa ropa? —me preguntó.

—De tú Evan.

— ¡Oh! Dormiste con él —afirmó con una sonrisa de oreja a oreja.

—Sip. En la misma cama, con su ropa. Pero no tuvimos sexo… él… ¡Dios mío! ¿Sabías que era impotente?

Capítulo 6

Dolor

Eran las seis de la mañana cuando llegué al parque, la sudadera con capucha y lentes oscuros cubrían muy bien mi identidad. Aguardé en el auto hasta las seis con quince; salí al exterior y corrí hasta donde se encontraba una fuente en el centro del lugar. Ahí me detuve fingiendo descansar; dos minutos más tarde, él también paró su andar y se sentó a espaldas mías. Tomé mi celular de entre mis bolsillos del pantalón y fingí tener una llamada mientras que él, revisaba su dispositivo también.

—¿Qué investigaste? —pregunté un poco ansioso por tener resultados.

—No mucho en realidad, no puedo entrar al área de contabilidad y sacar información como si nada —se excusó ante la falta de efectividad.

—Inténtalo Mike, esfuérzate. Si en verdad valoras a tu esposa e hija —presione un poco, la verdad sería incapaz de hacer algo que lastimara a su familia, siendo que yo intentaba proteger a la mía.

—¡Diablos! Por favor…

—¿Ya tienes el expediente de Owen? —lo interrumpí.

—Busqué el expediente de Santiago Owen, pero al parecer desapareció, como comprenderás no puedo ir y solicitarlos a Nicholas.

—Eso no me importa has lo que debas hacer —dije con los dientes apretados lleno de rabia por su respuesta sarcástica.

—Sí, lo haré, solo dame un poco de más de tiempo.

—¿Y, a mí quien me dará tiempo Erik? ¿Quién? —quise saber— ¿Cómo es su relación con Nicholas?

—Tienen demasiados roces, ella se le impone al viejo… Deberías verla es muy distinta a la mujer de antes, ella se ha endurecido —dijo con sincera admiración.

—Debo irme, vigílala y has que Nicholas confíe en ti.

Checar cronología Caroline

No podía creer sus palabras, simplemente no las creía, ella debía mentir seguramente lo único que quería era dañarme como yo alguna vez le dañé. Caminé, hasta la que algún día fuera mi lugar de trabajo. Entré al edificio, parecía como si nada hubiera cambiado solo que la recepcionista no era la misma de hace años; sin embargo, no perdí el valor. Me acerqué y pregunté por Mary Briston la secretaria de Nicholas. La joven morena me indica que había salido a comer, por lo que la espere sentada en el sofá de la recepción. No me animaba a preguntar por él directamente, no me darían información estaba segura de ello.

Transcurrido un tiempo tal vez horas, por fin llego Mary. Al divisarla me acerqué a ella y la llamé con voz baja antes de que subiera al ascensor.

—Mary —ella me miró desconcertada, entonces la saludé un poco más emotiva—: ¡Hola! —me acerqué sonriendo, aunque era tonto fingir felicidad cuando en los ojos y mejillas hay lágrimas.

—¿Caroline? —me preguntó, sé que apenas ha podido reconocerme, todavía tengo visibles los golpes de Ernest.

—Sí —le respondo tímida.

—¿Puedo ayudarte en algo? ¿Cómo has estado?

—Yo, por casualidad me enteré de que … Ethan. ¿Cómo se encuentra él? —le pregunté, pero al final mis labios temblaron y solté un gemido.

—Caroline el señor Ethan, falleció hace unas semanas —tapé mi boca con mis manos y solté un gemido. Mis piernas sin fuerza suficiente me fallaron haciéndome caer al suelo.

—¡Dios mío! ¡Caroline! —gritó Mary mientras trataba de ayudarme a ponerme en pie —¡Ayúdenme! —el guardia de seguridad llegó hasta nosotras ayudando a Mary conmigo. Me llevaron hasta el sofá donde minutos antes estaba sentada. Después de beber un poco de agua, le pregunté.

—¿Qué le sucedió?

—Vivía con la señora Elena fuera del país, ya sabes, que por el accidente que sufrió la señora, tuvieron que viajar a Italia para recibir un tratamiento. Al parecer, a ella le gusto tanto el lugar que se quedaron a vivir ahí. Y fue hace unas semanas atrás que el señor tuvo un accidente, no supimos cómo, solo que había fallecido. Ahora la señora Donovan vino a hacerse cargo de la firma. La verdad me asombra la entereza que ha demostrado. Nunca le he visto llorar, a pesar de ser tan poco el tiempo que ha pasado, tras la muerte del señor. ¿Te sientes mejor?

—Si, gracias Mary.

—¿Quieres que te pida un taxi?, es que no te ves bien.

—No, gracias prefiero caminar —me levanté y sin decirle más me fui.

Caminé hasta casa, no sé cuánto tiempo me llevó el llegar, de lo único de lo que era consiente eran de mis lágrimas derramándose de mis ojos y del deseo de llorar hasta secarme. Al entrar a casa, fui directo al cajón de mi cómoda, de ahí saqué la foto de Ethan y mía, que nos tomamos en una cena. Al ver su hermoso rostro supe que jamás le olvidaría, que mi corazón le pertenecería aun a través de la muerte. Lloré, grité y maldije. Y no dejé de hacerlo hasta que sentí las manos grandes de Ernest en mis antebrazos.

—¿Por qué lloras zorra? —me asustó, no sabía que responder— ¿Qué traes ahí? —me preguntó mientras yo sostenía fuertemente la foto en mi pecho con mis dos manos— ¡Vamos Caroline, dame lo que traes ahí!

—No, es mío —le respondí. Pero él, era grande y más fuerte; me tomó de los cabellos, atrayéndome hacia su enorme cuerpo y después me arrebato la fotografía rompiéndola en el proceso —¡No! —grite de terror, al ver que lo único que tenía de él estaba roto.

—¿Es esté tu amante? —me preguntó mientras que me arroja al piso para golpearme; intenté huir, pero él me sometió colocándose sobre mí, inmovilizándome.

— ¿Qué yo que? —Ethan preguntó enfurecido.

— ¡Hey! No te enojes conmigo, ella fue quien me lo dijo.

— ¿Sí? Pues ahora mismo le voy a demostrar a la señora Donovan, que tan impotente soy —dijo saliendo echando chispas y yo detrás de él. No quería perderme el show.

Llegamos al elevador, Evan, enfurecido esperaba con impaciencia la llegada del ascensor; al ver que no llegaba, se fue directo a las escaleras yo, detrás de él. Subió tan rápido que pensé que no era humano, cuando llegué al piso de la oficina de Elena, Evan ya estaba irrumpiendo el santuario de mi amiga, corrí.

Elena, estaba de pie de espaldas mirando por la ventana, cuando Evan la tomó desprevenida por los hombros, la giró hacia él, ella un poco desconcertada y asustada lo miró.

—¿Qué…. —la pregunta quedo a medias, Evan la beso apasionadamente. Yo una simple espectadora solo miraba con la boca abierta. Elena intentó separarse, pero el agarre de Evan la dejaba sin posibilidades ante su lucha; Evan llevó su mano a el trasero de Elena y la pegó a él, demostrándole cuan impotente era. Tape mi boca antes de que saliera un grito de asombro ante la osadía del hombre. Di media vuelta y salí de la oficina dejándolos solucionar sus problemas en privado.

Ernest no dejó de golpearme hasta que su ebriedad se lo impidió, cayó rendido a mi lado para luego cerrar los ojos y dormir. Estaba aterrada temía realizar un movimiento y que este lo despertara. Pero cuando sus ronquidos se hicieron cada vez más fuertes me levante despacio y salí de ahí.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron, me encontré con Jianna, inmediatamente me sentí protegida y toda la adrenalina que llevaba encima desapareció; ocasionando que las fuerzas me abandonaran. Caí de rodillas y ella intentó ayudarme pero fue inútil. Las puertas cerradas frente a nosotras se abrieron dando paso a… Ethan. No, él se le parecía, pero no podía ser él, este hombre frente a mí no tenía los ojos grises, y su cabello no era del mismo tono, su físico tampoco era como lo recordaba este hombre era más fornido y su perfil no era perfecto como el de Ethan. Luego apareció ella, Elena.

Ahora, me daba cuenta de que era cierto. Cuando la había visto en ocasiones anteriores, no note los cambios en ella, hoy era más delgada, su rostro amable y gentil había desaparecido, dando paso a uno un poco más endurecido, pero triste, sí, ella aunque lo ocultaba demasiado bien a simple vista, cargaba la misma pena que yo. Por un momento creí que no me ayudaría y lo comprendo. Sentí vergüenza al presentarme y pedir ayuda a la mujer que traicioné, a la que intenté robarle a su esposo. Sin embargo, ella se acercó a mí y me tendió la mano. Solté un gemido de dolor, hoy me lamento, por haber traicionado a una verdadera amiga, a la mujer que me ofreció su casa y su amistad. Pero sobre todo su lealtad, yo, una mala agradecida la defraude.

Ahora me encontraba frente a ella, suplicando su ayuda; y ella por tercera ocasión me daba la mano. Ethan sabía lo que eligió. Una buena mujer, una gran mujer. Nunca tuvo comparación, jamás fui una verdadera rival para ella.

—Yo no debería estar aquí. Deberías mandar a echarme. ¿Por qué?

— Porque no es a mí, a quien has recurrido realmente. Es al lugar donde se te puede ayudar —tomé su mano y ella me ayudó a levantarme. El joven junto a ella me sujetó de un lado y Jianna del otro. Me llevaron a la enfermería.

….

Ver a Caroline en esas condiciones, me hizo sentir rabia por el maldito bastardo que la maltrata. Sí, porque por mucho daño que me haya causado no merece ser maltratada bajo la mano de un hombre. Sus malas decisiones la orillaron a vivir esto.

Solo espero que con esta experiencia entre en razón y que Evan la convenza de tomar la decisión correcta.

Cuando regresé a mi oficina, recordé lo que había sucedido hace unos momentos con él… ese sinvergüenza cree que puede venir y besarme sin más, pero eso me ganaba yo por bocona. Resoplando de frustración decido ponerme a trabajar.

No sé cuánto tiempo había pasado cuando mi secretaria Marian me informó que Quella Donovan me buscaba, inmediatamente la hice pasar.

—¡Quella! —me acerqué a ella para abrazarla y darle un beso en la mejilla ella correspondió de la misma manera.

—¿Elena, porque no me has llamado? —me reclamó, con un puchero.

—Lo siento, he tenido mucho trabajo —le respondí verdaderamente apenada. Sus ojos puestos en mí, observándome detenidamente me hacen sentir cierta intimidación.

—Te ves distinta, te ves bien… de hecho muy bien —me sonrío al final de su escrutinio.

—Gracias, ¿cómo esta Emma? —ella era una mujer fuerte pero la ultima vez que la había visto me pareció tan frágil.

—Aún se niega a darse por vencida. Tú ¿Cómo estás? ¿Cómo lo has tomado?

—No lo sé, estoy confundida, una parte de mí al igual que Emma me dice que no lo deje ir, que aún está aquí. Pero otra me dice que debo avanzar.

—Yo me siento igual que tú —las dos guardamos silencio sin saber que decir para reconfortar a la otra —. Shopia tiene muchas ganas de verte.

—Yo igual.

—Entonces ¿qué te parece que nos veamos está tarde?

—Me gusta la idea. Sí, creo que estaría bien un café.

—Bueno debo irme —me dijo, nos despedimos con un fuerte abrazo y con un cita acordada.

….

Después de que Caroline fuera atendida por los médicos de la fundación, solicité se me permitiera hablar con ella. El entrar y verla sumida en sus pensamientos, causó que mi paz interior se viera afectada por su tristeza y mala suerte.

—Buenas tardes —dije, para llamar su atención. Ella se giró mirándome con cautela, sus ojos azules intentaban traspasar mi alma.

— ¿Es usted mi abogado? —preguntó sin rodeos.

—Evan Reader, a sus órdenes.

—Me gusta su voz, me …

—He leído su expediente, en base a los datos ahí asentados, le informo que el suyo es un caso grave de violencia intrafamiliar, mi obligación como su abogado es hacer de su conocimiento que la violencia no sólo incluye las agresiones físicas, sino también agresiones psicológicas como insultos, amenazas, gritos, humillaciones, celos y las agresiones sexuales que consisten en forzar a la víctima mediante amenazas o el uso de la fuerza física a realizar actos de tipo sexual sin su consentimiento —corte su avance y de manera profesional le recordé el porque me encontraba aquí.

—Sí.

—¿Cuánto tiempo lleva usted sufriendo de maltratos por parte de su esposo?

—Hace aproximadamente un año.

—¿Cómo era la contribución de su marido en la manutención del hogar?

—Trabajo, por lo que yo cubro mis gastos personales. En cuanto a la casa, él me daba el dinero y nunca interfirió en la administración de este.

—A parte de las agresiones físicas ¿Sufría usted de agresiones psicológicas; es decir, ¿recibió críticas sobre su aspecto físico, su forma de vestir, su forma de comportarse dentro y fuera de su hogar? Tenga conocimiento que las agresiones psicológicas conllevan insultos, amenazas, humillaciones, celos, burlas, etcétera

—No criticaba mi cuerpo, pero si las cosas que hacía.

—Mencióneme algunos ejemplos sobre las agresiones psicológicas, ya que servirán de agravantes en la demanda.

—La comida, decía que no la sabía hacer, la comparaba con comida de perro, y me la arrojaba encima.

—¿Su esposo sabe que usted está embarazada?

—No ha habido oportunidad de informarle.

—En el expediente se menciona a un único familiar cercano, ¿Su esposo ha llegado a agredir de forma alguna a su familiar?

—No.

—¿Su esposo la ha obligado a tener relaciones sexuales?

—En, tres ocasiones, yo no quería, estaba cansada.

—¿De qué manera la obligó su esposo a tener relaciones sexuales?

—En la segunda ocasión me amenazó con lastimarme, dijo que lo haría a la fuerza si me oponía. Hace tres meses tuvimos una discusión y luego el comenzó a tocarme, yo no quería y traté de detenerlo, pero no paró.

—¿Cómo fueron las primeras agresiones que sufrió usted por parte de su esposo?

—Al principio me gritaba, luego me sujetaba las manos con fuerza o pellizcaba, después terminaba golpeándome con sus manos o pies.

—En base a los antecedentes de agresión de los cuales existe constancia documentada así como testigos, y con la información que usted me acaba de proporcionar, al responder mis cuestionamientos, como su abogado, le informo que procederemos a realizar una demanda penal por violencia intrafamiliar y una demanda civil solicitando el divorcio necesario —continuamos hablando del proceso y disipando sus dudas por una hora más.

….

No me había dado cuenta de lo tarde que era, hasta que Marian llamó a la puerta para preguntarme si necesitaba algo y si podía retirarse. Me disculpé con ella por hacerla esperar. Tardé media hora más en salir de la oficina, bajé hasta el estacionamiento subterráneo del edificio por el elevador, me dirigí directo a mi auto y sentí de nuevo esa sensación o mirada detrás de mí. Caminé deprisa pues el miedo de sentirme observada era algo que me hacía sentir débil. Pero conforme avanzaba, sentía la presencia más cerca. Saqué las llaves de mi bolso, estaba ya demasiado nerviosa por lo que se me cayeron, me incline por ellas y cando volví a ponerme en pie, mi espalda choco con alguien, me paralicé, grité cuando esa persona puso sus manos en mis hombros, al instante el me susurró en el oído:

—Shhh, —su aliento quemó mi piel, su aroma me jugo una broma cruel a mi mente desgastada—. Tranquila hermosa soy yo —mí cuerpo temblaba, giré mi rostro lentamente topándome con esos hipnóticos ojos.

—¡Eres un idiota!, acabas de pegarme un susto tremendo —murmuré sintiéndome tan débil en sus brazos e incapaz de deshacerme de su agarre.

—Lo siento, no fue mi intención. Solo que no pude resistirme. Te invito un café.

—No puedo, gracias —respondí rápidamente.

— ¿Tienes alguna cita?

—Si, con un amigo… Evan no quiero que lo ocurrido esta mañana suceda de nuevo. Siento si te he dado la impresión equivocada. Nuestra relación será meramente profesional.

—Me gustas mucho, sé que no tengo nada que ofrecerle señora, yo no soy rico y puede que piense que estoy detrás de usted por eso. Pero no es así.

—Yo no he dicho eso y no acostumbro, pensar mal de las personas sin conocerlas —ignoré su "Me gustas mucho", este hombre era peligroso para mí salud mental.

—Lo sé.

— No, no lo sabe porque usted no me conoce —me sentía atrapada ante sus avances, por lo que el enojo era una buena manera de escapar.

—Lo siento, disculpe tiene razón, pero lo poco que he visto en usted me demuestra que es muy amable y de buen corazón. Tan solo está el ejemplo de la ex amante de su esposo. La ayuda a pesar del daño que estoy seguro le causó.

—Usted no sabe nada y pido no toqué este tipo de temas —por alguna razón sus palabras me hirieron.

—Está bien.

—Adiós señor Reader, lo espero mañana a primera hora en mi oficina para que me informe sobre el caso de la Señora Miller.

—Buenas noches —lo escuché decir, pero era seguro que no serían buenas en ningún sentido para mí. Estaba el hecho de que la cercanía de su cuerpo lograba inquietar el mío. Sus acciones y palabras me confundían haciéndome pensar en él todo el maldito día. Como en esta mañana besándome y después de manera sutil dejándome ver que yo no era importante, creándome curiosidad saber que otras sorpresas puedo encontrar en Evan Reader, ¿quién es él verdaderamente? En ocasiones es un caballero y en otras un truhan, atrevido, odioso y … ¡Dios mío! ¡El muy maldito está jugando conmigo!

….

Me encontraba en el estacionamiento observando la salida de la mayoría del personal de la fundación, cuando la vi salir a ella tan hermosa como siempre. Deseando hablarle por última vez en el día, caminé con sigilo hacia ella, queriendo a la vez ser descubierto y de alguna manera procurar que su temor hacia mi presencia desaparezca, pues su lenguaje corporal me indicaba que tiene miedo.

Me coloqué detrás suyo, pero su nerviosismo la entorpeció haciendo caer de sus manos las llaves del auto; cuando se inclinaba por ellas, yo observé con picardía y gran detenimiento sus formas como todo hombre hubiera hecho en mi lugar. Ella se levantó y su espalda chocó con mi pecho, la sensación es confortable pero también, se convierte en una condena, al saber que solo es un espejismo, y que realmente, al final del día o este momento no la tendré entre mis brazos. Tomé sus hombros suavemente, ella soltó un grito. Me acerqué a su oído y su aroma atonto mis sentidos por un momento. Aspiré profundamente y solté el aire con verdades a medias.

—Shhh —susurré y con mis labios roce su lóbulo mientras hablaba—, tranquila hermosa soy yo —acaricie su alma con mi voz, ella giró su rostro y el mío quedó a escasos centímetros del suyo. Aun cuando no sería ningún trabajo plantar un beso en sus labios, son sus ojos los que me mantienen inmerso en la profundidad de su noble espíritu. Deseando lo que no puedo tener.

—¡Eres un idiota! acabas de pegarme un susto tremendo —murmuró con voz temblorosa, tratando vanamente de salvar su orgullo, pues su cuerpo se debilitaba a mi contacto como alguna vez sentí estremecerse a la mujer que perdí.

—Lo siento, no fue mi intención. Solo que no pude resistirme —verdades a medias—. Te invito un café —excusa inútil para gozar un poco más de su compañía, pues sabía que me rechazaría, eso es típico de ella, huir, por muy valiente y dura que quiera hacer creer a los demás que es.

—No puedo, gracias.

—¿Tienes alguna cita? —pregunté pues siempre está la posibilidad de que Daniel su asistente la haya invitado.

—Si con un amigo… Evan no quiero que lo ocurrido esta mañana suceda de nuevo. Siento si te he dado la impresión equivocada. Nuestra relación será meramente profesional. —me dijo y yo más bien, pienso que tengo la impresión correcta de mi adorable Elena, más me siento tentado en presionarla un poco más.

—Me gustas mucho —le dije, nuestros cuerpos demasiado cerca el uno con el otro—. Sé que no tengo nada que ofrecerle señora —di un paso atrás para darle respiro y también guardar la distancia, con el único objetivo de confundirla y atraerla hacia mí —, yo no soy rico y puede que piense que estoy detrás de usted por eso. Pero no es así.

—Yo no he dicho eso y no acostumbro a pensar mal de las personas sin conocerlas.

—Lo sé.

— No, no lo sabe porque usted no me conoce —me dijo molesta, y yo sabía que esta noche estaría pensando en mí.

—Lo siento, disculpe tiene razón, pero lo poco que he visto en usted me demuestra que es muy amable y de buen corazón. Tan solo está el ejemplo de la ex amante de su esposo. La ayuda a pesar del daño que estoy seguro le causó —de cierta manera le hice saber mi admiración por ella, que es capaz de hacer a un lado su orgullo y su rencor.

—Usted no sabe nada y pido no toque este tipo de temas.

—Está bien.

—Adiós señor Reader, lo espero mañana a primera hora en mi oficina, para que me informe sobre el caso de la Señora Miller.

—Buenas noches —la vi marcharse en su auto molesta, era obvia su reacción, mi teléfono comenzó a tocar esa vieja canción, miré en la pantalla quien me llamaba, era mi hermano Steve…

—Hermano —respondí

—¡Hola! ¿Interrumpo algo importante? —me pregunta con voz sugerente.

—No. ¿Cómo te encuentras? —le pregunté, la última vez que lo vi, se había torcido el tobillo izquierdo jugando baloncesto.

—Excelente.

—¿Mamá?

—Preocupada porque no le has llamado —golpeé mi frente con la palma de mi mano, por haber olvidado llamarla.

—Comunícamela, por favor.

—¿Hijo? —su voz ronca me hizo saber que se encontraba enferma aún.

—Hola madre, ¿cómo estás?, ¿has tomado tus medicamentos?

—Por supuesto. Estoy muy bien. Dime, ¿te gusto tu apartamento? ¿te gustaron las flores que coloque antes de irme? —obviamente mentía para no preocuparme.

—Todo me ha gustado.

—Estaba muy preocupada, por favor llámame.

—Lo haré, ¿qué te parece si mañana nos reunimos todos para comer? —sugerí, los extrañaba, y quería pasar tiempo con ellos.

—¡Oh! Si, seria genial. Les diré a tus hermanos …

Cuando entré al establecimiento, eran veinte minutos más tarde de la hora acordada para la cita, busque con vergüenza por mi falta de cortesía, cuando las divise, acorte la distancia llegando hasta ellas.

—Es un gusto volver a verte, sobre todo porque estas maravillosamente —me dijo Shopia al verme llegar a la mesa, sin siquiera darme tiempo a decir "Hola".

—Gracias Shopia. ¿Cómo van los negocios?

—Mejor que nunca —respondió con una sonrisa.

—Eres una presumida —le respondió Quella.

—No lo soy.

Un par de horas se nos fueron entre plática y risas sin sentido. Pero a pesar del ambiente festivo, la actitud de Quella me preocupaba, la notaba nerviosa y casi no participó en la charla.

—Bueno chicas fue un plazar verlas después de tanto, pero mi esposo me espera fuera.

—Nos estamos llamando para otra reunión, tenia siglos de no reír. —Había dicho Quella.

Una vez solas Quella se guardo un largo silencio, las cosas ya no eran como antes, tal vez me guardaba rencor, por despreciarles.

—Lo siento Quella.

—¿Por qué?

—Por alejarte no lo merecías, eras mi amiga, pero…

—Lo sé. Tu situación con Ethan era muy dolorosa en ese momento. Entiendo que no hayas querido vernos.

—Sí. Pero también lo siento por declarar a tu hermano muerto, por rendirme. Son tantas cosas que… No sé por dónde comenzar.

—Prometeme que no volveras a alejarme. Yo realmente te necesite y te necesito ahora. Eres lo único que me queda de mi hermano.

Quella estaba llorando. Tomé sus manos entre las mías dándoles un apretón.

—No comprendo que fue lo que pasó. Dicen que fue una venganza, he buscado el ultimo expediente que manejó, pero este desapareció.

—¿Ya lo olvidaste?

—Siempre estará en mi corazón.

—¿Ya no lo amas?

—Quella.

—Lo siento. Cuando estuviste en coma nos habló de lo que sucedía entre ustedes, no voy a preguntarte por qué no confiaste en nosotras, pero quiero que comprendas que realmente se arrepintió por todo.

—Supongo, después de saber que él era el estéril.

—Ethan y yo somos adoptados.

—Lo sé me enteré cuando se me informó de todo. Y por eso no entiendo su aversión por la adopción.

—No lo sabíamos, nos lo confesó Emma… mi madre cuando él nos explico lo que pasaba entre ustedes. Fue un golpe muy fuerte no solo para él, también para mí. —Quella estaba llorando. —Busqué a mi verdadera madre, ella es una loca esquizofrénica. ¿Sabes?

—Quella yo…

—No digas que lo sientes, me dejaste. No me digas que lo sientes.

—Quella entiéndeme, estaba muriéndome aceptar mi anorexia, la decepción. Quería morirme, intente suicidarme en Italia, si no hubiera sido por Jianna yo realmente estaría muerta. Perdóname Quella, pero tampoco seas injusta.

—Tienes razón, soy una estúpida.

—No lo eres. No vuelvas a decirlo.

—Si algún día me vuelvo loca, ¿seguirás siendo mi amiga Elena?

—Eso no ocurrirá. Y Siempre seré tu amiga. Tengo una duda Quella, si tu encontraste a tu familia, ¿por qué no han buscado la de Ethan? Digo para la identificación de cuerpos, con su ADN…

—Mi padre los buscó, pero les perdió la pista en California.

Cuando llegué a casa, las luces del departamento se encontraban apagadas, suponiendo que Jianna ya se encontraba en su recámara seguramente durmiendo, fui a la cocina para beber agua. Estaba concentrada con mi bebida que no la escuche llegar.

—¿Qué hora son estas de llegar señorita? —salté en mi lugar, por el susto.

—Jianna, me asustas —le respondí.

—Es tu conciencia la que te asusta —me dijo mientras se burlaba.

—Lo siento, fui con Quella y Shopia a tomar un café. Se me fue el tiempo.

—Estaba preocupada, la próxima ocasión avisa —me pidió.

—Lo hare, disculpa —cuando terminé la bebida, me dirigí a mí recámara.

Entré en ella sintiéndome agotada, me di un baño rápido y cuando ya estaba en la cama, como ya era costumbre comenzaba a recordar a Ethan. Con la imagen de su rostro en mi mente me rendí al mundo de los sueños en donde él, se encontraba aún con vida, me sonreía y me miraba con amor.

Estaba recostado en mi cama, mirando hacia el techo, ahí tenía mi secreto. Sonreí al recordar lo sucedido esta mañana…

Estaba llegando a la fundación cuando la vi llegar en su coche, se veía preciosa y deseaba poder estrecharla en mis brazos y besarla. Pero no podía, una vez ella estuvo dentro del estacionamiento, entré al edificio. Me dirigí a la oficina de Jianna. Ella aun no llegaba. Me senté en su escritorio y me puse a revisar algunos correos que tenía pendientes en mi cuenta. La escuché abrir la puerta y caminar hasta mi lado posándose detrás de mí.

—¿Con que derecho estas aquí, en mi lugar, ocupando mi ordenador y para colmo con una cuenta de correo electrónico personal y no laboral?

—¡Cállate!, no molestes. ¿Qué no ves que estoy ocupado? —le dije ocultando mi sonrisa.

—Impotente… —me respondió.

—¿Qué?, ese era tu exmarido.

—No, ese eres tú. Al menos eso fue lo que me platico Elena, que anoche por más que intentaron, nada de nada…

—¿Qué quieres decir con todo eso? —pregunté extrañado, ella no pudo haber dicho eso, ella era una dama.

—Que eres impotente —entonces se me ocurrió la fabulosa idea, de que era mi oportunidad para darle los buenos días a Elena.

— ¡¿Qué yo que?! —pregunté, utilizando mi tono indignado y molesto. Esta era la excusa que tenía para verla.

— ¡Hey! No te enojes conmigo, ella fue quien me lo dijo.

— ¿Sí? Pues ahora mismo le voy a demostrar a la señora Donovan, que tan impotente soy —se me ocurrieron unas cuantas barbaridades. Probaría suerte, hasta donde pudiera llegar.

Sabía que Jianna me observaba con atención por lo que lleve mi actuación hasta llegar con Elena. Al llegar a su piso su secretaria, Marian, no se encontraba en su lugar por lo que irrumpí sin problemas en su oficina. Ella estaba de pie de espaldas mirando por la ventana, la tomé de los hombros girándola, me miro horrorizada.

— ¿Qué… —Fue lo que dijo, y sin darle tiempo a nada la bese… ella intentaba deshacerse de mi abrazo, pero yo la sujetaba con fuerza, sus cálidos y carnosos labios me subieron al cielo, para después de que los abandonara, enviarme directo al infierno. Una vez teniendo la certeza de que no podía zafarse, tomé con una mano su delicioso trasero y la pegué más a mi cuerpo, ella gimió pero el sonido quedó atrapado dentro de nuestras bocas. Después la solté de golpe.

—Señora para la próxima vez que vuelva a levantarme un falso testimonio, por haber sido un caballero con usted, vendré y le haré el amor en su escritorio como nadie se lo ha hecho. Mientras tanto compórtese como lo que es, una dama y deje de ponerme en mal con la población femenina.

—Solo le jugué una broma a Jianna, nunca pensé que se lo diría. Discúlpame si lo ofendí, pero no tenía que hacer esto.

— ¡Oh! Claro que tenía que hacerlo. Recuerde que estoy buscando mi princesa de cuentos para pasar el resto de mi vida con ella y usted me pone en mal…

Sonreí al recordar su rostro sonrojado por la rabia. Apostaba a que esto último hirió su orgullo, al no saberse la única dueña de mis pensamientos. Aunque en realidad ella fuera mi sol, y yo un simple planeta girando a su alrededor como mi todo. Y con una sonrisa en los labios me quedé dormido pensando en el día en que la haría mía sobre ese escritorio.

La alarma del despertador me trajo de regreso a mi triste vida solitaria, a mi dolor. Tomé un cambio de ropa y me fui a la bañera; ahí tomé una ducha, el vapor del agua caliente comenzaba a asfixiarme, cerré las llaves del agua y me dispuse a salir de ahí. Pero comencé a sentirme mareada lo que me detuvo, provocando que casi cayera de rodillas si no fuera porque logré tocar la pared, cerré los ojos y apoyándome en ella me deslice al piso. Cuando todo pasó me levanté con mucho cuidado, proseguí a vestirme y alistarme para ir a trabajar. Minutos más tarde, salí de la recámara encontrándome con Jianna, como siempre en la cocina bebiendo café. Desayunamos en silencio, ya que ella estaba revisando algunos documentos. Decidí no interrumpirla con mis achaques.

Al llegar a nuestro destino, estacionamos el auto y subimos al elevador, Jianna bajó en el 4to piso, yo tenía que ir al 6to. Al llegar, me encontré a Evan hablando con Marian, al darse cuenta de mi llegada no pasé desapercibida ante su mirada, que de manera lasciva recorría mi cuerpo. Mas no dije nada, solo le indiqué que me siguiera.

—Buenos días señora.

—Buenos días.

—Le traigo el informe de Caroline.

—Gracias, ¿algo más?

—No.

—Entonces retírate.

Vi a Evan salir de la oficina sin decir nada más. Este día debía presentarme en la firma, por lo que mi tiempo estaba contado, ignoré todo pensamiento que tuviera que ver con el hombre que acababa de salir.

Le había dicho a Mary mí esposa que debía llegar más temprano de lo usual a la oficina, alegando tener demasiado trabajo y algunos pendientes que entregar a Daniel, ella me creyó. Al llegar al edificio esté se encontraba casi vacío, por lo que de inmediato y sin perder tiempo me dirigí al área de contabilidad. Como no llegaba nadie, entré al despacho del jefe de contadores. Prendí el ordenador y mientras tanto le marqué a él…

—Sí.

—Ya estoy aquí.

—Entraras con la clave 02022004HDLF.

—Estoy dentro.

—Llámame cuando lo tengas todo.

Guardé en la memoria todo lo que pude, incluyendo balances. Escuché pasos acercarse, no alcanzaba ya a pagar el ordenador por lo que lo desconecté. Me quité del asiento, tomé una fotografía que se encontraba en el escritorio justo cuando Thomas el jefe de contadores entró.

—Señor Erik —me saludó con el ceño fruncido y mirando mis manos.

—Buenos días Thomas, quería hablar contigo, por eso estoy aquí —le dije mientras colocaba en su lugar la fotografía de su familia.

—Claro, dígame en que puedo serle útil —me dijo mientras me señalaba el asiento para que lo tomara, acto que hice enseguida; mientras él se quitaba el saco y lo colocaba en el respaldo de su silla.

—Necesito un préstamo, por favor no le comenté a mi esposa Mary—debía proteger esa parte.

—No se preocupe, necesita traerme una carta donde solicita el préstamo…

Comenzó a explicarme el procedimiento. Ahora daba inicio a la segunda fase del plan.

Después de un rato de hablar con Thomas fui a mi oficina, respiré hondo, estaba muy nervioso. Fui a la cafetería y me preparé un café. Llegué de nuevo a mi oficina y vacié una parte del contenido líquido en el teclado y la otra parte en la CPU. Llamé a mantenimiento para que fueran a arreglarlo. Dijeron que lo harían en veinte minutos. Salí de mi despacho encontrándome con Daniel en el camino.

—¡Daniel! —le llamé—. ¿Puedo utilizar la oficina de la señora Donovan?

—¿Por qué?

—Tiré por accidente mi café y cayó en el CPU. He llamado a mantenimiento, pero ya sabes que tardan un poco en arreglar los problemas.

—De acuerdo, Elena llegará un poco tarde.

—Gracias, amigo me has salvado tenía que redactar algunas cosas.

Fui a la oficina y coloqué la clave que él me había dado días antes, ElenaDonovan251133hd. Y ahí estaba, de nuevo robando información. Busqué donde me dijo que posiblemente encontraría algo sobre el caso de Santiago Owen. Y si, efectivamente ahí estaba el caso escaneado. También copié los reportes de los balances que le entregan a Elena cada mes. Por si acaso. Terminé de copiar y quité la memoria del ordenador cuando Elena entró a la oficina.

—Buenos días, ¿qué haces aquí?

—Señora Donovan, disculpe. Es que mi computadora se descompuso y vine a trabajar en la suya… le avisé a Daniel.

—Está bien. ¿Has terminado ya?

—Sí. Jefa. Ya terminé. Lo más urgente.

Cerré la sesión antes de que ella llegará hasta mí. Recogí mis cosas y me retiré de su lugar.

—Gracias. Con su permiso.

—Pasa —me dijo.

Salí de ahí, sudando debido a los nervios de casi ser descubierto por segunda ocasión. Llegué a mi oficina, ya habían cambiado mi CPU, asegurándome de que estaba solo, puse el seguro en la puerta. Caminé de nuevo a mi escritorio y con manos temblorosas llamé desde mi móvil a él. Al segundo timbrazo contestó.

—Dime.

—Lo tengo todo.

—Nos vemos mañana en el mismo lugar, a la misma hora.

Me encontraba analizando y revisando con detenimiento los reportes que Daniel me preparó, alguien tocó la puerta, lo hice pasar sin saber quién era, mi secretaria al parecer no se presentó a laborar.

—Buenos días Elena.

—Buenos días Nicholas.

—Elena quiero disculparme por mi actitud hace unos días. Sé que mi comportamiento no fue el mejor, quiero que tengas presente que solo trato de que nos mantengamos dentro del mercado, como lo habíamos hecho con Ethan al frente.

—Disculpa aceptada. Comprendo perfectamente tu punto, tal vez tengas razón, pero comprende que las pruebas lo acusaban directamente a él, era más que evidente que el hombre es culpable.

—Si lo sé, pero ese es nuestro trabajo.

—¿Qué hay de la ética? —le pregunté.

—Tenemos una empresa que cuidar, gastos, sueldos que cubrir, ¿qué haremos sin clientes?

—Lo sé Nicholas, pero hay casos que estamos defendiendo, donde los acusados no son inocentes, más no te he negado que brindemos nuestros servicios. La diferencia es que estos no han cometido un asesinato.

—Comprendo y mantendré cuidado en casos como ese. ¿Hacemos las pases?

—De acuerdo.

—Quiero que sepas que cualquier cosa que necesites, estoy para servirte.

—Gracias —le respondí sin ánimos de seguir escuchándolo, últimamente él era mi persona no favorita.

….

Entré al restaurante donde quedé con mi familia, llegué a nuestra mesa reservada, ellos aun no llegaban. El camarero se acercó a tomar la orden, pero la decline por unos minutos más.

Divagando en mis pensamientos no escuché la llegada de ellos hasta que Steve tocó mi hombro.

—Hermano —Steve mi hermano menor, un chico de veintisiete años, se parecía tanto a nuestra madre como yo. Sus cabellos y sus ojos grises tan poco comunes.

—¿Por qué tardaron tanto? —les pregunte mientras lo abrazaba. Después mi madre se colocó frente a mí.

—Hijo —me llamo mientras me daba un beso en la frente y me rodeaba con sus delgados brazos. Era tan menuda.

—Fue mi culpa, salí tarde de la entrevista de trabajo —respondió Kira, detrás de mi madre.

—Pues más vale que consigas el empleo —le amenace.

—Todo por la familia —dijo sarcástica. Kira ella tenía veinticinco alta, piel morena, cabello negro y facciones propias de su padre.

—¿De que te quejas? el sueldo es excelente —dijo Seth.

Entre pelas típicas de hermanos y platicas comimos en una agradable convivencia familiar.

….

Estaba trabajando, el cansancio y la depresión se negaban a abandonar mi cuerpo, el mirar esta oficina que alguna vez fue de mi esposo, me provocaba amargos recuerdos. El saber que posiblemente estuvo revolcándose con Caroline aquí adentro, me daban ganas de vomitar. Asqueada, cansada y con sentimientos encontrados de odio y amor decidí largarme de aquí.

Manejé sin rumbo o al menos eso pensé, hasta que comencé a notar el ya tan conocido vecindario. Pare frente a la enorme casa frente a mí. Baje del auto y toque el timbre. Una chica de servicio la cual no conocía me abrió la puerta.

—Buenos días.

—Buenos días. ¿Se encontrará la señora Donovan?

—¿Quién le busca?

—Elena Donovan.

—¿Elena? —dijo Emma apareciendo detrás de la chica.

—¡Emma! —sin saber el motivo corrí hasta ella, al abrazarla todos aquellos sentimientos encontrados parecieron acumularse en mi pecho explotando dentro de mí, en lágrimas amargas. Comprendiendo al fin que extrañaba a ese hombre a pesar de los años transcurridos, odiándolo por el daño causado, negándome a dejarlo ir, hasta no encontrar la prueba física de su muerte. Para mí era más fácil odiarlo porque eso me mantenía con vida, me engañaba a mí misma pensando en que lo quería menos que antes y que podía vivir sin él. Pero la realidad es que a pesar de no perdonarlo, no podía negar que lo amaba tanto como antes.

Momentos más tarde caí en cuenta de donde nos encontrábamos no sabía en qué momento caímos al suelo, Emma tenía mi rostro en su pecho y con sus manos acariciaba mis cabellos tratando de darme consuelo, ella debía estar igual o más destrozada que yo, pero aquí estaba llorando conmigo pero a la vez brindándome su apoyo, consolándome; los latidos de su corazón eran lentos y tranquilizadores, sus brazos brindaban ese calor maternal que había perdido hace muchos años y ahora lo encontraba en esta hermosa mujer.

—Lo siento.

—¿Por qué, mi niña?

—Porque yo quería hacerte compañía y distraerte un poco y mírame…

—Hija no te sientas mal, todo lo contrario, tu visita me ha dado confort, pienso que le doy consuelo a él, a través de ti.

Hablamos por algunas horas, ella me habló de cómo conoció a Jhosep, de su problema de esterilidad, de las adopciones de Ethan y Quella. También de sus travesuras de niños de quien era él y como era antes de mí. Cuando me di cuenta de la hora que era, muy a mi pesar decidí partir de regreso a casa, no sin la promesa de volver en algunos días.

El día en la fundación había sido atroz, llegué a casa suspirando, me dolía el estómago y tenía nauseas, al parecer la comida me había caído mal. Abrí la puerta, caminé directo al baño sin prender las luces y botando mi bolso al suelo, vomitaría…

Al entrar al baño encendí la luz y me dirigí a la tasa a desechar lo malo que había ingerido. Cuando acabe tiré de la manija para que el agua se llevara mis desechos intestinales. Me levanté del piso y me fui al lavamanos, ahí me lavé la boca. Me incliné para mojar mi rostro. El agua me refrescó, cuando me levanté lo vi por el espejo, lo que me hizo saltar y gritar del susto.

—Jianna, Jianna, pensé que habías superado tus malos hábitos —me dijo, su mirada era oscura.

—¿Cómo… cómo entraste? —le pregunté ignorando su comentario.

—Olvidas que este departamento es mío…

—Eso no significa que puedes entrar de esta manera, por muy dueño que seas estas violando la privacidad de quienes vivimos aquí. Te recuerdo que me has prestado el departamento.

—¡No me salgas con estupideces! —me dijo, si las miradas mataran en este momento estaría muerta.

—¿Qué es lo que quieres? ¿Qué Elena te encuentre aquí?…

Al llegar al departamento me encontraba exhausta, tanto como para dar un paso seguido del otro sin tambalearme. El aire me faltaba, y la cabeza me dolía de tanto llanto. Abrí la puerta y Jianna estaba mirando la televisión.

—Elena. ¿Te sientes bien? ¿Has llorado?

—No te preocupes Jianna. Estuve con Emma y me puse sentimental.

—Tu esposo fue un maldito patán, deberías odiarlo no amarlo, ni guardarle respeto como si hubiera sido un santo. Lo peor es cuando le lloras.

—Lo sé, pero aún no estoy lista.

—Pues apúrate porque tienes un galán en puerta esperando por ti, dispuesto hacerlo todo para ganarte. Y con tus actitudes volubles no harás más que fastidiarlo.

—Pues si es tan buen partido conquístalo tú. Yo no lo quiero.

Molesta con Jianna, y el odioso de Evan me recosté en la cama, sintiendo que el aire me faltaba. Aspirando hondo, trando de tranquilizarme. Y no me levanté hasta que logré regularizar mi respiración. Me coloqué la pijama sin fuerzas, luego me metí debajo de las sabanas perdiendo la conciencia de la realidad al instante.

Seis con trece minutos en la mañana, esperé impaciente la llegada de Erik Briston, a este parque. Dos minutos más tarde que me parecieron eternos, lo vi llegar, él se sentó a mis espaldas, tosió y carraspeó.

—¿Lo tienes todo? —pregunté con impaciencia.

—Sí. Te dejo la memoria aquí. Estuve revisando la información para ser exactos los balances de contabilidad y los que se han entregado a Elena. No concuerdan.

—Bien Erik. Ahora trabaja para ganarte la confianza de Nicholas, cuéntale de tu problema y has que confíe en ti.

—Sí.

—Ahora vete.

—Ethan, estoy de tu lado.

—Ethan Donovan está muerto Erik, no lo olvides.

—No lo olvido, pero dime entonces como debo llamarte.

—Ni de coña te lo diré.

Capitulo 20

Estaba llegando a la oficina, aun me dolía el cuerpo de la última golpiza que me dio Ernest, pero no podía darme el lujo de perder mi empleo. No ahora que tenía una razón por la que velar. Cuando di vuelta a la esquina, pude reconocerlo a pesar de la enorme distancia que todavía me faltaba para llegar. Iba a dar media y vuelta para huir, pero fue demasiado tarde, él me reconoció. Yo no podía correr, por lo que la otra opción era acercarme más a la empresa. Era la hora de llegada de todo el personal, suficientes testigos para que él, no se atreviera a tocarme. Acorte la distancia, a pesar de que mis piernas y manos temblaban, mi decisión de deshacerme de Ernest no lo hacía.

—Caroline, cariño —se acercó a mí e intentó darme un beso, el cual yo evadí girando mi rostro a un lado—. Perra te crees muy lista, al demandarme ¿no? —me susurró en el oído.

—Te recuerdo, que estas infringiendo la ley al venir hasta aquí. Hay una orden de restricción —le recordé, mirándole a los ojos.

—Tú y tu orden pueden irse al carajo. Será mejor que las retires o vas a lamentarlo —me tomó del brazo y jaloneo.

—¡Suéltame! —al instante lo hizo, ya que algunos compañeros se giraron al escucharme.

—¿Por qué no quieres que nadie nos vea juntos? ¿Acaso es por tu amante?

—No hay ningún amante Ernest. Mira lo que me has hecho —señale mi rostro marcado por su mano dura.

—Caroline, hija debemos entrar ya o tendremos retardo —No me había dado cuenta cuando llego la señora Lewis quien trabajaba en intendencia, se posó a mi lado y tomó mi mano, para alejarme de Ernest. Ella estaba ayudándome y yo se lo agradecí profundamente.

—Si vamos —le dije mirándola con agradecimiento. Mientras que Ernest me miraba con odio.

Cuando entré al edificio sentí un gran alivio. Pero ahora debía actuar rápido, no me quedaba otra solución, que renunciar a mi trabajo.

Eran las ocho treinta y cinco de la mañana, Elena aun no salía de su recamara, últimamente, dormía un poco más o la notaba muy cansada. Supongo que es debido al estrés de la oficina y de la fundación. Por lo que le comentaré que me haré cargo de los pendientes que haya el día de hoy en la fundación, para darle un respiro. Me niego a otra visita por parte de Ethan como la de ayer si a ella llegará a sucederle algo…

Jianna, Jianna, Jianna. Pensé que habías superado tus malos hábitos.

¿Cómo… cómo entraste?

Olvidas que este departamento es mío.

Eso no significa que puedes entrar de esta manera, por muy dueño que seas estas violando la privacidad de quienes vivimos aquí. Te recuerdo que me has prestado el departamento.

¡No me salgas con estupideces! —me gritó.

¿Qué es lo que quieres? ¿Qué Elena te encuentre aquí? —le pregunté, cuando se ponía en su plan pesado era realmente odioso.

¡Lo que quiero es que no me olvide!, lo que deseo, es salir de estas malditas sombras lo antes posible y poder suplicarle perdón, que me permita regresar a su lado —decía desesperado, halando sus cabellos con ambas manos.

¿Has bebido? —le pregunté, estaba muy extraño y me daba un poco de miedo.

No. Estoy desesperado de verla ir y venir de un lado a otro. Y yo detrás de ella oculto a sus ojos, solo mirando como ese imbécil se acerca tratando de conquistarla —me decía con la mirada perdida en algún punto de la habitación—. Los malditos celos siempre presentes de tan solo pensar que pueda estar olvidándome.

Fuiste un desgraciado con ella, ¿no es mejor que la dejes vivir con alguien que pueda ofrecerle una nueva vida?, ¿qué pueda darle lo que tú no puedes? Hijos, Ethan. ¿No es mejor seguir muerto? —en ocasiones pensaba que él no era bueno para ella, había demasiado odio en el corazón de este hombre.

La amo Jianna —me dijo con su rostro lleno de dolor.

De una manera muy egoísta. Solo estas pensando en ti —y era cierto, él había olvidado ya ciertas cosas, que como mujeres nosotras jamás olvidamos. Su engaño, sus palabras hirientes y sus golpes.

No Jianna, te equivocas. Si fuera egoísta no estaría muerto legalmente para protegerla —me tomó de ambos brazos, su agarre me lastimaba, él estaba muy desesperado—. Jianna por favor no permitas que ella tenga una relación con alguien más. Cuando sea el momento te juro que si ella me rechaza yo sabré retirarme. Solo quiero una oportunidad.

Ethan, cuido de Elena no porque tú me lo pidas. Lo hago porque es mi amiga. Pero no hablare bien de ti, que fuiste un…. ¡Agh! no hay palabras para describir lo que fuiste, maldito sociópata. ¡Largo de aquí! —como pude me había soltado de su agarre y con mi mano derecha le señalé la puerta.

Jia… —me suplicó.

¡Vete antes de que te encuentre aquí! ¡Maldito loco!…

De tan solo recordar como salió de aquí molesto por no estar de acuerdo con él, me producía escalofríos. Pero yo estimaba a Elena y en ocasiones Ethan me daba miedo con su vida caótica, la oscuridad que lo envolvía y secretos que no había querido revelarme. Suspiré y continúe haciendo el desayuno de esta mañana.

Batía los huevos para hacer un omelet para desayunar, cuando Elena llegó a la cocina no se le veía un buen semblante.

—¿Elena, te sientes bien? —ella me miró y de pronto sus ojos se cerraron mientras su cuerpo se desvanecía, solté lo que tenía entre mis manos y solo alcancé a impedir que su cabeza se golpeara contra el suelo sujetando sus hombros antes de impactarse contra el piso. —¡Elena!

La recosté en el piso con mucho cuidado, busqué su pulso, era irregular. Después saqué de la alacena el botiquín. Al ponerle el algodón con alcohol cerca de la nariz despertó.

—¿Qué… sucedió? —preguntó apenas recuperando el conocimiento. Hablaba con dificultad.

—Te desmayaste. Te ayudo a levantarte.

—Espera… —estaba muy débil como para que pudiera levantarse aun con mi ayuda.

—Mientras te recuperas, dime a que medico puedo llamar para que te revise.

—A Jhosep… en mi bolso… esta mi agenda

Llame al Dr. Donovan nos pidió que fuéramos de inmediato al hospital. Cuando llegamos la recepcionista nos indicó el consultorio del Dr. Elena se notaba muy débil. La secretaria nos informó que debíamos esperar unos minutos ya que había un paciente dentro del consultorio.

—Siéntate aquí, mientras esperamos nuestro turno llamare a la fundación y a Daniel.

—Sí —respondió.

Estaba preocupado, había estado quince minutos frente al edificio a la hora de entrada esperando a que Elena y Jianna llegaran como todas las mañanas. Ellas nunca aparecieron. Por lo que la ansiedad comenzó a apoderarse de mí. Crucé la calle con un café en mano, entre al edificio y subí al elevador hasta el piso de Elena. Marian su secretaria, terminaba una llamada en el momento en que me acerqué a su escritorio.

—Buen día, Marian —la saludé mientras le regalaba una sonrisa amable.

—Buenos días señor Reader —respondió nerviosa.

—¿Ya llego la jefa? —le pregunté y bebí de mi café.

—No, la señorita Jianna, acaba de informarme que no se presentara el día de hoy, pero si necesitas algo ella vendrá más tarde.

—¿Pasó algo? —le pregunté queriendo saber más.

—No lo sé —dijo levantando sus hombros.

—Muchas gracias Marian —le dije y me despedí sacudiendo mi mano mientras daba vuelta de regreso al elevador.

Cuando entré en la oficina de Jianna, tomé el teléfono que había en el escritorio y la llamé al celular… estaba apagado.

—¡Maldición! —iba a intentarlo nuevamente, cuando una llamada entrante a mi celular me lo impidió.

—Diga… —respondí de mala gana.

—Señor Reader, soy Caroline.

—Buenos días señora Miller, ¿en qué puedo ayudarla? —le respondí profesional no quería que se sintiera en confianza conmigo más de lo debido.

—Es que mi esposo ha venido a mi trabajo y me ha amenazado, quiere que vuelva a su casa. He renunciado a mi empleo, él no me dejará en paz.

—¿Dónde se encuentra ahora? —le pregunté, ya que podía ser presa fácil para su esposo si el la seguía y ella se encontraba en el lugar equivocado.

—Voy rumbo a la fundación, en un taxi. Temí encontrármelo por los alrededores de la empresa.

—Hizo lo correcto, me encargare de que agilicen su detención por la violación a la orden de restricción que se le emitió.

—Sí de hecho me dijo que si no retiraba las demandas lo iba a lamentar.

—De acuerdo.

Al término de la llamada suspiré, ese hombre nos daría varios dolores de cabeza.

Estaba preocupada Elena se veía mal, muy débil, apenas podía moverse y respirar. Hablé con Marian para que cancelara cualquier cita que tuviera, pero me informó que tenía una muy importante, era de un empresario al que habíamos estado persuadiendo para que nos hiciera un campo en su agenda, de esa manera poder presentarle nuestro proyecto y conseguir un donativo. Maldije por dentro, le dije que yo me presentaría a la cita en su lugar. Llame a Daniel informándole el estado de Elena, él quedó en hacerse cargo de todo y pidiéndome le dijera que no se preocupara. Al terminar la llamada vi al Dr. Donovan, un hombre muy guapo a pesar de su edad, más que un doctor parecía modelo de revistas y pasarelas, con su cabello rubio y sus ojos azules. Y qué decir de esa sonrisa. Me acerqué a ellos.

—Buenos días. —dijo mientras ayudaba a Elena a ponerse de pie.

—Hola, Jhosep —le respondió Elena, mientras le abrazaba y depositaba un beso en la mejilla del Dr.

—Buenos días Dr. Soy Jianna Ricci, ¿me recuerda? —le saludé, nos habíamos conocido el día en que dieron de alta a Elena. Yo los recibí en su lugar, ese día me había costado mucho trabajo persuadirlos de dejarla ir sin informarle acerca de Ethan, fingiendo no saber nada del asunto. Pero mi argumento de que ella apenas estaba recuperándose de la fuerte depresión causado por el maltrato de su esposo, encima la anorexia, por lo que era mejor darle tiempo para verles, ahora que se enfrentaba a la realidad de recuperar lo que le quedaba de su vida y volver a empezar.

No había sido con él con quien ocasionalmente tenía contacto, había sido con Emma, el día que nos conocimos les di todos los datos de dónde estaría Elena. También haciéndoles saber que sin ninguna pena podían llamar, aun cuando ella no les tomara las llamadas yo si lo haría, les mantendría informados de su salud. Emma, era quien comúnmente llamaba y ocasionalmente Quella. Les hablaba de ella, su salud y estado de ánimo En ocasiones, alguna anécdota graciosa, de cuando comenzó nuevamente a reír, cuando dejó de llorar o empezó a comer golosinas sin sentirse mal por ello.

—Por supuesto que la recuerdo señorita Ricci. ¿Cómo olvidar a un ángel como usted? Por favor acompáñenme —Elena me miró extrañada.

—No me mires así, nos conocimos el día que saliste de la clínica, tú me enviaste a despacharlos por ti —miré al Dr. y le guiñé el ojo en complicidad, no era necesario decirle el resto. Él me sonrió.

—Lo siento —respondió apenada.

Entramos al consultorio, y ahí el Dr. Donovan comenzó a interrogar a Elena.

—Dime Elena, ¿cómo te has sentido en estos días? —le preguntó mientras la observaba con detenimiento.

—Bien, solo un poco cansada —respondió insegura.

—¿Solo un poco? —preguntó con una ceja levantada y media sonrisa, él no le creía y por supuesto yo tampoco.

—No, en realidad bastante cansada y con mucho sueño —respondió al fin, suspirando derrotada por sus inútiles esfuerzos por mentir.

—¿Has tenido dificultades para respirar?

—Sí.

—¿Desdé cuándo?

—Antes de volver a América. Creo que fueron tres ocasiones, pero ahora ya es más frecuente. En ocasiones no puedo moverme demasiado.

—Bien, necesito que te cambies de ropa, detrás del biombo encontraras una bata. Si necesitas ayuda puedo llamar a una enfermera o si prefieres la señorita Jianna puede pasar contigo.

—Gracias —le respondió ella, y luego me miró. No necesitaba decirme nada. La ayude a cambiarse y una vez que estuvo lista se sentó en la camilla para ser revisada.

El Dr. Donovan al revisarla tenía el rostro indescifrable. Para ser sincera, estaba muy preocupada; al parecer la cuestión era más que un simple desmayo por falta de descanso. Cuando terminó la revisión le sonrío y apretó su mano en señal de apoyo.

—Vamos a realizarte un ecocardiograma para saber cómo está funcionando el marcapasos. Recuerda que habíamos hablado qué este tiene un tiempo de vida limitado y que en algún momento se debía remplazar. De acuerdo al resultado programare la cirugía para remplazarlo.

—¿Entonces este es el caso? ¿El marcapasos ésta fallando? —preguntó Elena con preocupación.

—Lo sabremos con los estudios que vamos a realizarte. Pero de acuerdo a los síntomas que presentas es una opción.

—¿Debo preocuparme?

—No voy a engañarte Elena, esto es algo muy serio. Es por eso qué vamos a mantenerte hospitalizada para monitorearte. Es necesario el reposo. Ten en cuenta que si el marcapasos falla y no hay nadie que pueda auxiliarte podrías morir.

—Entonces ¿ella se quedará aquí un tiempo? —pregunté, él asintió. Elena me miró y podía ver en su rostro el temor —. Elena tranquila el Dr. No permitirá que suceda nada malo.

Salimos del consultorio, mientras me encargaba del papeleo, Elena fue trasladada a la que sería su habitación. Cuando terminé llamé a Ethan.

—Hola, guapo.

—¿Qué sucede Jianna?

—No tengo mucho tiempo, Elena se desmayó esta mañana, la traje con tu padre para que la revisara, de momento está bien. Te explico más tarde. Debo irme.

—Espero tu llamada —el Dr. Donovan venia hacia mí, guarde mi celular en mi bolso.

—Ya está instalada, este es el pase de visitas. Te recomiendo nada de emociones fuertes.

—De acuerdo Doctor.

Decir que no tenía miedo era mentirme a mí misma, lo tenía y mucho. La plática con Jhosep me preocupó. En momentos como estos en los que sabes que tu vida corre peligro, piensas en muchas cosas, por ejemplo, en todo lo que te falta por hacer. Las personas a las que con tu actitud has alejado. Pienso en la familia que Ethan me regaló, sus padres y su hermana; ellos con quienes fui grosera al negarme al verlos en tantas ocasiones. También cruza por mi mente Ethan. Durante tres años había pasado cada día de mi vida odiándolo por el daño causado. Pero en el último año había estado buscándolo, arrepentida por haber creído que durante todo este tiempo yo no le importe. Pero ahora pienso en sus palabras cuando me pidió que lo olvidara, para comenzar una nueva vida sin dolor o pena, luego que le recordara. Ahora entiendo sus palabras y hasta puedo tener la seguridad de que él sabía o presentía lo que sucedería y que no volveríamos a vernos. Hoy había llegado el momento de dar vuelta a la página, de perdonarlo y perdonarme a mí misma por mis errores. De olvidarlo para solo recordar con cariño los momentos hermosos y todo lo que hizo por mí. De darme la oportunidad de amar de nuevo y buscar aquello que no pudimos lograr juntos.

Mi corazón se detuvo por un momento, cuando Jianna me llamó para decirme que Elena se había desmayado y habían ido con mi padre para revisarla. Toda la mañana me debatí en presentarme ante ella y decirle la verdad, que estaba aquí. Que la amaba aun más de lo que alguna vez lo hice. Pero no podía, no en este momento.

Una sonrisa apareció en mis labios, pero no de felicidad era de tristeza y melancolía. La añoranza de un pasado donde fuimos felices borró esa sonrisa de mi rostro, endureciéndolo. Maldiciéndome por todo lo que tuve y que por mi estupidez perdí. Por ellos que me arrebataron la oportunidad de recuperar lo perdido. Ahora solo debía conformarme con la esperanza de que todo acabe pronto.

Era la hora del almuerzo, como todos los días mí esposa Mary y yo lo tomábamos juntos, estábamos esperando a que nuestras órdenes llegaran cuando mi celular comenzó a sonar. Vi en la pantalla el número telefónico de mi acosadora. Ignoré la llamada, pero esta volvió a insistir.

—¿No vas a responder? —me pregunto Mary al ver que hacía caso omiso al llamado.

—No, es de la oficina y quiero almorzar tranquilo.

—Mmm

Por tercera ocasión el teléfono sonó, por lo que opté por apagarlo.

Estaba revisando algunos casos que Jane tenía en su escritorio, me había entretenido demasiado que no me percaté de la hora hasta que ella llegó.

—¿Qué haces aquí? ¿Acaso, quieres quitarme mi puesto? —dijo mientras depositaba su saco detrás del respaldo de la silla donde me encontraba y su bolso a mi lado.

—Algo así. Estoy revisando estos casos que tienes aquí —le señalé.

—Si son casos nuevos y no son para ti.

—Pídele a Elena que me los asigne a mí, si es que no quieres encontrarme siempre en tu oficina.

—Estas de suerte, seré la encargada durante un tiempo.

—¿Dónde ésta mi novia?

—Brincos dieras, que fuera tu novia.

—Dime.

—Se desmayó esta mañana, fuimos al doctor y está hospitalizada en observacón. Mañana le realizaran algunos estudios para verificar como anda funcionando el marcapasos.

—¿El marcapasos?

Cuando estuvimos de regreso al trabajo Mary estaba distante, maldita zorra y estúpido cobarde. Una vez dentro de las instalaciones me dirigí a la oficina de Nicholas, a cumplir con la segunda parte del plan de Ethan. Ganarme su confianza.

Di tres toques suaves a la puerta de su oficina.

—Adelante.

—Buenas tardes Jefe, ¿tendrás tiempo para una charla personal?

—Por supuesto Erik. ¿Qué sucede? —me dijo levantando la mirada hacia mi rostro y señalándome un asiento.

—Tuve una relación casual —le miré apenado pero en su rostro no había ningún sentimiento de reproche—, ahora ella esta extorsionándome. Ya no puedo sacar más dinero de las cuentas o Mary sabrá del faltante —él asintió—. Necesito trabajos fuera de esta empresa que me ayuden a solventar ese gasto hasta que encuentre la manera de deshacerme de ella.

—¿Entonces quieres saber si yo puedo ayudarte con esos trabajos extras?

—Solicite un préstamo a la firma. Pero diablos ¿qué pasará al mes siguiente? ¿De dónde obtendré más dinero? No sé qué más hacer estoy desesperado.

—¿Por qué no haces lo mismo?, busca algo con la que puedas extorsionarla para que te deje en paz.

—Lo he intentado, pero no hay nada, la zorra ésta limpia.

—Los accidentes ocurren todos los días —sugirió y yo casi dejo caer mi quijada de asombro ante su insinuación.

—Aun no estoy tan desesperado —le respondí.

—Déjeme ver qué puedo hacer y te aviso.

—Te estaría eternamente agradecido.

Estando aquí en un viejo auto fuera del hospital, me ponía a soñar con un futuro en el que pudiéramos estar juntos. Sueños solo eso. Pero dicen que los sueños se pueden realizar, yo lucharía por hacerlo real.

Vi a Jianna llegar, mi móvil sonó era ella.

—¡Eres un maldito enfermo! ¿Qué haces aquí afuera acechándonos? —solté una carcajada divertida.

—Estoy cuidándola mientras tú no estás —le dije.

—¿Cómo vas a cuidarla estando tú afuera y ella dentro? —el tono de su voz era de esos que te decían que estaba llamándote imbécil. Negué con la cabeza, divertido.

—Ella ha dormido todo el día —respondí.

—¿Cómo puedes saber eso? —silencio— ¡Oh! ¡por Dios! Entraste —afirmó.

—Mmm tengo mis trucos.

—Ethan comienzas a asustarme, en serio debes pedir ayuda —reí.

—No hay nada de malo en querer protegerla.

—¿Qué hubiera pasado si te encuentras con tu padre? —insistió. Suspiré hondo.

—De acuerdo me excedí.

—Ten cuidado o van a descubrirte. Adiós, psicópata. —me cortó la llamada, sin decir más.

Un ruido y movimiento en mi cama me despertaron, abrí mis ojos, y me topé con la mirada curiosa de Jianna, sentada a mi lado.

—Has llegado. ¿Qué hora es? —pregunté.

—Las cinco.

—¿Tanto he dormido? —me sorprendió la hora.

—Al parecer sí, desde que me fui.

—¿Por qué estás viéndome así? —ella me observaba queriendo descubrir mi alma y eso no me gustaba.

—¿Así como?

—Raro.

—¿Sabías que hablas dormida?

—Mmm ¿Dime que no dije nada vergonzoso? —tapé mi rostro con ambas manos.

—No te preocupes, solo le has dicho a Ethan en sueños que es un idiota y que amas a Evan.

—¡Eso es mentira! —me exalté a lo que ella puso una mano en mi pecho y me sonrió.

—Sí, lo es. Pero fue divertido ver tu rostro. En realidad, solo llamabas a Ethan en sueños —suspiró derrotada pero no comprendía el por qué—. Será mejor que te pongas guapa, tienes visita.

—¿Quién es? —pregunté esperanzada porque fuera Emma o Quella. Deseaba poder verlas.

—Daniel —no eran ellas, pero si me alegraba ver a Daniel.

Me ayudó a cepillar mi cabello enmarañado, y después lo llamó desde la entrada de la habitación para que pasara.

Me había quedado dormido. Al ver la hora, cuarenta minutos habían transcurrido. Entonces lo vi entrar al edificio. La ira inundo todo mi ser, ¿cómo se atrevía a presentarse ante ella?, ¿cómo siquiera podía pensar arrebatarme a mi mujer? Furioso, arranqué el auto, largándome lo más rápido que pude del lugar.

—Hola

—¡Elena!

—Daniel con cuidado —le dije, el hombre no media su fuerza cuando te regalaba uno de sus abrazos efusivos.

—¿Cómo te sientes? —me preguntó con el ceño fruncido, Jianna nos observaba desde el rincón de la habitación, al parecer no le caía muy bien Daniel, siempre evitaba hablar con él.

—Descansada y mucho mejor.

—Eso esta bien —Jianna se sentó frente a nosotros en el sofá que había en la habitación, mirando una revista.

—¿Cómo fue hoy en la firma?

—No debes preocuparte, sabes que puedo mantener todo bajo control —sonreí.

—¿Qué te ha dicho el medico?

—Que posiblemente el marcapasos esté fallando, si es así me harán una cirugía para remplazarlo.

—Vamos preciosa, tienes que estar con los ánimos en alto. Recuerda que aun tienes toda una vida que recorrer y muchos corazones que romper antes de encontrar al indicado —un suave toque interrumpiendo a Daniel.

Daniel caminó hasta la puerta y la abrió sin preguntar quién llamaba…

Compre un ramo de Rosas blancas para Elena. Mientras caminaba el aire fresco me relajó. Llegué al hospital aproveché la distracción del guardia para colarme por el elevador hasta el piso de Elena.

Toqué un par de veces para anunciarme, nunca pensé que sería recibido por el asistente de Elena. Quien me miraba asombrado. Lo mire a los ojos, entonces el sacudió su cabeza de un lado a otro mientras fruncía el ceño.

—¿Quién es Daniel? —escuché que le preguntaba Elena, por lo que lo esquive pasando dentro de la habitación—¿Qué hace aquí? —preguntó al verme.

—Yo…

—No me diga. ¿Quiere un aumento, por eso ésta aquí? —me asombró su actitud, ella estaba bromeando conmigo.

—Algo así, de momento me conformo con que me asignen más casos, señora. —le sonreí y ella me regreso la sonrisa. Me acerqué y le señalé el ramo de flores.

—Gracias, pero no piense que me comprara con unas simples flores. ¡Vamos, sé que puede hacerlo mejor! —me dijo sonriéndome. ¿Acaso estaba coqueteando conmigo? Mire a Jianna esta, estaba con la boca abierta mirándonos estupefacta. Y cuando vi por un momento al grandote, tenía el ceño fruncido. Reí en mi interior. Punto para mí, cero para el gigantón.

—No lo hago. Pero no puede negar que es un bonito detalle, a las mujeres les gustan las flores a menos que usted sea la acepción a la regla. —le sonreí.

—No lo soy, de hecho, las rosas son mis favoritas —le ofrecí el ramo y ella lo tomó. Nuestras manos se tocaron por un momento y la electricidad no se hizo esperar. Nuestras miradas chocaron, entonces nada existía a nuestro alrededor salvo ella y yo.

Era el final del día fui por Mary para retirarnos a casa, pero ella no se encontraba en su escritorio. Me acerqué a la puerta de Nicholas y pude escuchar que hablaba con alguien.

—Owen, no podemos confiarnos con que el mal nacido no haya aparecido durante estos cuatro años. Estoy seguro que, tarde o temprano Ethan volverá por lo suyo. Pero debemos encontrarlo y matarlo antes de que lo haga —si en algún momento dudé de la palabra y salud mental de Ethan ahora confiaba ciegamente en él. Ethan no mintió cuando me dijo que Nicholas lo había secuestrado en confabulación con los hijos de Santiago Owen.

—…

—Debemos seguir a su zorra, tal vez, después de tanto tiempo ya haya hecho algún contacto con ella. Su nombre es Caroline Miller.

Capítulo 21

La mirada de Evan sobre mí me mantenía presa en su telaraña, pero su encanto desapareció con el carraspeo de Jianna. Sintiéndome muy avergonzada la miré y ella me dio una mirada de advertencia. No supe la razón y se me hizo extraño ya que siempre insistía con él.

—¡Bueno, yo tengo que retirarme! —soltó Daniel, con voz más alta de lo debido, para una habitación pequeña.

—Gracias por venir Daniel —le dije con sinceridad, mientras se acercaba y me abrazaba.

—Piensa bien lo que hablamos —me dijo cerca de mi oído. Evan lo miraba de una manera fría y extraña. ¿Acaso eran celos? Daniel se despidió de Jianna con un movimiento de mano a lo lejos, y salió no sin antes prometer volver al día siguiente.

—Evan ¿no tienes otras cosas que hacer, aparte de venir a molestar? —le preguntó Jianna mientras ojeaba una revista despreocupadamente.

—En realidad… no —respondió mientras me regalaba una sonrisa. Pero la tensión entre ellos se podía palpar.

—Cuando le den de alta, ¿le gustaría salir a cenar conmigo? —me preguntó mientras que con su dedo índice acariciaba mi mano derecha postrada en la camilla. Al escuchar su proposición sonreí nerviosa. Lo sentía avanzar demasiado rápido.

— No lo sé… yo…

—Tal vez la operen, ¿no crees que estos temas deberías tratarlos en otra ocasión? —dijo interrumpiendo Jianna, muy molesta.

—¿No crees que necesita motivación? —respondió él de manera cortante y molesta.

—Y ¿se puede saber por qué demonios crees, que tú eres una motivación para ella?

—¿Por qué no puedo serlo?

—¡Hey! ¿Qué ocurre con ustedes dos? —pregunté. Cuando Evan iba a responderme fue interrumpido por dos toques a la puerta y luego quien llamaba entró. Era Jhosep.

—Buenas tardes —saludó. Pero cuando deparó en la presencia de Evan retrocedió un paso asombrado. Evan se encontraba mirándome, de perfil a Jhosep. Luego giró su rostro para observar a mi doctor.

—Buenas tardes —Evan saludó y retrocedió hasta donde se encontraba Jianna que se había puesto de pie, sonriendo.

—Doctor Donovan —saludó Jianna muy efusiva.

—Disculpen —interrumpió Evan—. Elena espero se reponga pronto. Debo retirarme mi hermano ésta esperándome en el estacionamiento.

—Gracias por venir Evan, Sigue esforzándote por ese aumento —le dije, bromeando, a lo que él asintió.

—Con su permiso —se despidió. Saliendo de la habitación dejándome ¿vacía? Jianna sonrío y se acercó a un lado de la camilla, me tomó de la mano y entonces preguntó a un pensativo Jhosep.

—¿Ya le han dado los resultados de los estudios?

—De acuerdo a el resultado de los estudios, Elena, me temo que efectivamente el marcapasos no se encuentra funcionando correctamente. Se tendrá que realizar la cirugía para sustituirlo, lo más pronto posible.

—¿Cuándo seria?

—La cirugía se programará en dos días, para prepararte.

—De acuerdo —suspire, con el pensamiento de que todo saldría correctamente.

Salí de la habitación de Elena con una sonrisa en los labios, feliz por su cambio de actitud para conmigo. Doblé la esquina del pasillo para encontrarme con un Daniel recargado en la pared, mirando el suelo pensativo. Cuando se percató, de mi presencia yo pasaba frente a él.

—Nos conocemos de otra parte —afirmó. Paré mi paso y sin siquiera verlo le respondí.

—No lo creo, pero he escuchado mucho sobre ti.

—¿De quién? —solté una carcajada. Me di media vuelta para encararlo y mirándolo a los ojos me acerqué solo para que él escuchara.

—Habla con Erik Briston antes que con nadie. Le diré a Ethan que le envías tus saludos.

—¿Qué demonios…?

—Shhh es un secreto —le sonreí y lo dejé atónito.

Cuando llegué al estacionamiento busqué con la mirada aquel que compartía conmigo los genes de nuestra madre Elizabeth. Aun no llegaba, saqué de mi chaqueta la caja de cigarrillos y de esta uno, lo llevé a mis labios para encenderlo y tranquilamente esperé su llegada.

Al escuchar las palabras de Nicholas en cuanto a matar a Ethan caí en cuenta de lo peligroso que era el asunto y del riesgo al que exponía a mi familia.

—Erik ¿Qué sucede? Te noto extraño, preocupado —me preguntó Mary mientras salíamos del coche para entrar a casa.

—No es nada amor, son cosas del trabajo —respondo con mi mejor semblante cansado.

—Ayer llegaron los estados de cuenta del banco —me dijo Mary mientras entramos a la casa.

—¿Y? —dije despreocupado, pero estando seguro de que ella sabe de los retiros que he hecho.

—En nuestra cuenta de ahorros no hay incrementos, al revisar los movimientos hay disposiciones de tu tarjeta. ¿Para qué ocupaste ese dinero? —Mary se caracterizaba por siempre hablar las cosas antes que discutirlas, pero eso no me dejaba muchas salidas para evadirla.

—Le presté a Daniel, no te preocupes me pagará en un mes.

—Erik sabes que ese dinero es el fondo de ahorro para nuestra hija. ¿Por qué lo ocupas sin consultarme? —ahora si estaba molesta.

—Daniel va a regresarlo, no creí necesario informarte. Pero disculpa, no volverá a ocurrir —y de verdad esperaba que no volviera a ocurrir.

—De acuerdo.

Terminada la discusión me dirigí a la biblioteca, debía informar a Ethan sobre lo que escuche de Nicholas. Prendí las luces y desde mi celular marqué al celular. Tomé asiento mientras esperaba a que respondiera.

—Dime ¿Qué ocurre?

—Escuché una llamada de Nicholas, sabe que no estas muerto y están buscándote. Van a seguir a tu zorra, palabras de él. No se referían a Elena ¿verdad?

—No. Dniel ya sabe que estoy vivo, quiero que le cuentes lo que sabes. Mañana pónganse en contacto conmigo.

A la mañana siguiente, recibí un mensaje de Daniel pidiéndome pasara a verlo en la oficina en cuanto llegara.

Al llegar al piso me encontré con la nueva secretaria. Ella me sonrío al verme y me dijo:

—Señor Brisron, el señor Daniel lo espera —me indicó muy profesional.

—Gracias. ¿Cuál es su nombre? —su rostro se me hizo muy conocido.

—Kira Reader señor.

—Un gusto y bienvenida.

—Gracias.

Di un toque a la puerta y entré a la oficina. Daniel tenía el ceño fruncido y me miraba dudoso. Tomé asiento y sonreí mientras negaba con la cabeza.

—Me dijo que ya lo sabes —le dije.

—¿Saber qué? —me preguntó mientras evaluaba con la mirada cada uno de mis movimientos.

—Pues eso.

—No entiendo explícame.

—De acuerdo, hace un par de semanas fui sorprendido por Ethan, el muy cabrón estuvo siguiéndome durante algún tiempo. Me encontró yendo a la casa de mi examante, cuando fui a dejarle una cantidad de dinero para mantenerla callada. Me tomo fotografías cuando la estúpida me robo un beso. Me amenazó con decirle a Mary. Quería mi ayuda. El hombre no confiaba en mí. Me ha hecho sacar información de aquí. Esta demente, pero si quieres mi opinión Nicholas lo esta más. Él lo mando a matar Daniel.

—¿Quién más sabe sobre esto? —su rostro era entre incrédulo y asombrado.

—Tan solo tú y yo. Me pidió que lo llamáramos en cuanto te explicara la situación.

—Está bien.

Marqué el número de Ethan, me respondió al primer toque.

—Comunícamelo y pon el altavoz —ordenó de inmediato y sin rodeos.

—Buen día a ti también —le respondí antes de pasar mi celular a las manos de Daniel e indicarle lo que Ethan me había pedido.

—¿En serio eres tú? —preguntó removiéndose en su silla.

—Dos cosas Daniel, mantén tus pantalones en su lugar cuando se trate de Elena. Y la segunda Nicholas es peligroso y en cuanto se le presente la menor oportunidad querrá matarla. Necesito de tu ayuda para detenerlo.

—¡Oh si! ¡Ese es mi buen amigo! —dijo después de una tremenda carcajada— Primero que nada, ese hombre que se parece a ti ¿quién es? Porque deberías cuidarle los pantalones a él y no a mí. Segundo ¿Por qué no lo denuncias y punto?

—Evan y yo compartimos la misma sangre, historia que no te importa. En cuanto a lo otro… Es complicado Daniel, no hay pruebas suficientes para culparlo de mi secuestro. Acusarlo de fraude no es exactamente de lo único en lo que está implicado, él trabaja para la delincuencia organizada. Amenazaron con matarla a ella y a mi familia.

—¿Que vamos a hacer?

—Necesito más pruebas. Y para ello necesitaré de tu colaboración.

Tienen que armar un caso en el que representen a una joven violada, Erik tiene que representarla y aceptar un soborno de la contra parte. Erik recurrirá a Nicholas a cambio de algún favor. La intención es que Nicholas lo envuelva en sus negocios turbios.

—¿Qué hiciste qué? —preguntó Nicholas a Erik.

—No lo quiero en la firma, es más, lo quiero lejos de aquí. Escúchame Erik no te demandamos porque has sido nuestro amigo desde el comienzo de esto, pero lárgate ahora. —dijo Daniel.

—¡Estaba desesperado! —grité.

—¡Largo Erik! —Daniel me señalo la puerta.

Salí de la oficina, Mary mi esposa estaba fuera de ahí.

—¡Erik! —me llamó, mientras se acercaba. Tenía lágrimas en los ojos y su cuerpo temblaba. Sentía pena por mentirle, pero si las cosas salían mal no la quería involucrada en esto.

—Ahora no Mary —le respondí molesto. Me fui directo a la oficina de Nicholas. Cinco minutos más tarde entró.

—¡Eres un imbécil Erik! —me gritó mientras tomaba asiento en su lugar —si la familia de la chiquilla estúpida habla con los medios nos desprestigiaran.

—Sabes que no hubiera hecho esto en otras condiciones, pero esa mujer amenazó con enviarle fotografías a Mary.

—Dile la verdad a tu esposa.

—No puedo, eso la destrozaría a ella y a nuestro matrimonio. Por favor ayúdame —supliqué.

—No puedes quedarte aquí, como si nada.

—¡Dios! Hare lo que sea, Nicholas lo que sea…—decía armando un circo y una perfecta actuación de hombre desesperado.

—¿Estás seguro, de qué harías lo que fuera por tu familia, aunque eso implique realizar actos ilícitos? —lo teníamos.

—Lo que sea por proteger a Mary y a mi hija.

—Entonces, ve a casa y descansa, mañana hablaremos sobre un empleo para ti. Pero será mejor que lo pienses porque una vez dentro la única forma de salir es muerto —¡Maldito Ethan!

—Si. Gracias.

Estaba en el comedor de la fundación, leyendo la parte de anuncios del periódico, en busca de un nuevo empleo. Pero no lograba encontrar alguno que me convenciera. Estaba tan entretenida, que no me percaté de la presencia a mi lado de Evan Reader. Mi abogado, tomó asiento frente a mí y su imponente presencia me intimidó como lo hacía la de Ethan. Por alguna razón este hombre me recordaba a aquel otro al que le entregué mi corazón equivocadamente.

—Ayer por la noche su esposo fue apresado. Debemos asistir a ratificar la denuncia —me dijo muy serio.

—Estoy nerviosa —le mire con terror. Había llegado el momento de enfrentarme a mi agresor y padre de mi hijo.

—No tiene por qué estarlo, todo saldrá bien, se lo aseguro —habló con tal seguridad que terminó por contagiármela.

—Gracias.

Después de la visita de Quella y Emma, había pasado la tarde viendo revistas de famosos, hasta que llegó Jianna con mis libros favoritos. Ella había tenido que regresar a casa desde hace una hora. Y ahora sola sin tener nada más que hacer, tomé mi libro de Romeo y Julieta para leer un poco. Al abrir el libro, calló la vieja carta de Ethan. Esa que nunca fue abierta. Si realmente quería dar vuelta a la página con respecto a esa relación fracasada y su muerte, tenía que cerrar círculos. Y uno no de ellos era lo que quería decirme mediante esta carta. Abrí con mucho cuidado el sobre para no romperlo y saqué las hojas dentro, un nudo en la garganta se me formó cuando distinguí su hermosa caligrafía, tan elegante como él.

Elena:

Desde el fondo de mi corazón, reconozco que he terminado con nuestro amor. Que fui yo quien se equivocó y que tú, lo único que hacías mientras yo te destruía, fue amarme con devoción.

Si tan solo pudiera regresar el tiempo, yo…

Un toque a la puerta me interrumpió, mis manos temblaban y mis ojos se encontraban húmedos de las distintas emociones que me provocaban las ultimas palabras de mi esposo.

—Pase —logré decir después de un momento de silencio. Evan entró con esa seguridad de rompecorazones que poseía.

—Hola —dijo sonriendo, su vista se posó por un momento en mis manos que sujetaban temblorosas la carta de mi esposo. Caminó hasta mí y me preguntó—: ¿Se encuentra bien?

—Si, no es nada —sonreí, pero una lágrima escapó e hizo un recorrido por mi mejilla.

—Hey hermosa nada de lágrimas, ni emociones fuertes —tomó mi rostro entre sus manos y con sus pulgares borró los rastros de llanto. Depositó un suave beso en mi frente y se alejó no sin antes quitarme de entre mis manos la carta de Ethan. Doblo la hoja tal cual estuvo todos estos años, para después guardarla en el sobre y dejarla en el libro que estaba leyendo. Me sonrío.

Evan se quedó a mi lado hasta que la hora de visitas terminó. Al despedirse me dio un beso en la mejilla muy cerca de la comisura de mis labios. Ocasionando que mi piel se erizara. Y sin esperar a que yo dijera algo salió de la habitación.

Estaba llegando a mi apartamento cuando recibí una llamada de un número desconocido para mí.

—Diga —respondí al tercer toque.

—¿Evan Reader? —la voz al otro lado de la línea se me hizo conocida.

—Si. ¿Con quién hablo?

—Jonhatan Lowe, abogado del señor Ernest Cambell —Lowe y yo habíamos estudiado juntos, lo conocía muy bien. Era bueno, aunque no tanto como yo. Si querían un trato era porque no podrían conmigo.

—¿En qué puedo ayudarle? —me hice el desentendido.

—Mi cliente desea hacer un trato con su cliente Caroline Miller—sonreí.

—Lo escucho.

—¿Entonces Ernest quiere darme el divorcio a cambio del perdón? —le pregunté incrédula a Evan.

—Así es. Me es muy amable de su parte. Le recomiendo no confiar demasiado —me dijo mientras se preparaba un café. Tres de azúcar y dos de café. Mi formula preferida para esa bebida.

—Pero es la salida más rápida, que llevar esto hasta las últimas consecuencias —le dije mientras llevaba una galleta a mi boca.

—Pero él cometió un delito con usted. Señora, lo más probable es que no se aleje tan fácilmente como aparenta estarlo haciendo —dijo, yo parecía hipnotizada con cada uno de sus movimientos. Me hacían recordar tanto a Ethan.

—Él tiene otra mujer, porque mentiría. Divorciados ya no puede hacerme nada —deduje.

—Mi labor es aconsejarle, pero al final usted decide lo que cree que le conviene —insistió, pero yo quería liberarme lo más pronto posible de Ernest.

—Quiero terminar lo más pronto posible con esto. Acepto, otorgarle el perdón.

Llegué a la sala de espera, ahí estaba Jianna bebiendo un café en compañía de un hombre que a lo lejos se me hizo familiar. Al acercarme un poco más y verlo mejor me di cuenta de que era muy parecido a Ethan, pero en realidad había rasgos muy diferentes en él. El cabello, los ojos, su postura al sentarse demasiado despreocupada para ser la de mi hijo. Otra característica era la cicatriz en su ceja izquierda ni que decir de su nariz un poco desviada.

—Buenas tardes —saludé a Jianna.

—Emma, buenas tardes. Le presento a Evan Reader un amigo y colaborador de la fundación —dijo con orgullo.

—Un gusto conocerla señora —se puso de pie y me ofreció su mano. ¡Dios! Podría jurar que poseen la misma altura.

—Igualmente —respondí un poco asombrada pues el timbre de la voz del joven era muy parecido al de Ethan. Estaba un poco confundida ¿Podrían existir personas tan parecidas sin tener que ver algo con la sangre? —¿Cuál es su apellido?

—Reader.

—¡Oh!… ¿Elena ya ésta en cirugía? —Le pregunté a Jianna.

—Sí, Quella fue a la cafetería con Shopia. —me dijo y tomé asiento a su lado.

—¿Qué edad tiene señor Reader?

—Treinta y dos —respondió con una bonita y tímida sonrisa. Esa no se parecía a la de mi hijo.

—Se parece mucho a mi hijo, el esposo de Elena.

—¡Vaya! Nunca me lo dijeron Jianna o Elena, creo que ahora comprendo el por qué su hostilidad hacia mi persona.

—Mi hijo desapareció hace más de cuatro años, debes recordárselo. No se lo tomes a mal. Ha sido muy difícil para todos el tener que darlo por muerto.

—Lo siento —dijo con pesar.

—Él esta vivo lo sé. ¿Puedo abrazarlo? —no pude resistir el preguntárselo.

—Supongo que si — se puso de píe.

—Gracias, y disculpe.

—No se preocupe, si yo desapareciera me gustaría que alguien le diera a mi madre un abrazo de consuelo —dijo mientras me abrazaba y las lágrimas querían escapar de mis ojos.

—¿Cómo se llama su madre? —pregunté, acaso podría ser posible…

—…

—Mamá, que bueno que ya estás aquí. ¿Ya conociste al señor Evan?

—Le comentaba que se parecía mucho a tu hermano. Mira que hasta tienen la misma edad…

Capítulo 23

Los rayos del sol brindaban calor a mi torso desnudo, pero mí sangre estaba helada. Temía por la vida de Erik, aunque ya era muy tarde para las lamentaciones. Caminé una distancia considerable, hasta alcanzar la puerta de la vieja bodega que servía de guarida de Nicholas y Jeremias. El equipo de policías me cubría la espalda, estaban preparados para cualquier eventualidad una vez estuviera en una posición comprometida. Se suponía que yo me intercambiaría con Erik como rehén; de ese modo Nicholas y su socio obtendrían una oportunidad de negociar con la policía.

La espera hasta que liberaron a Erik se me hizo eterna, una vez que esto sucedió no podía tener una visión completa de ello, ya que los rayos del sol me cegaban. Después de minutos o segundos infernalmente angustiantes, distinguí una figura frente a mí.

Comencé a avanzar y él también, yo daba un paso, él daba otro. Hasta que nos encontramos a la par, me dio una mirada nerviosa y susurró "No vayas, te matará". A punto de dar otro paso, un brillo desde la puerta me hizo detenerme; de nuevo Nicholas se hacía notar, por el destello de luz que provocaron los rayos del sol, al reflejarse en la esclava de su mano derecha, con la que estaba apuntando el arma hacia nosotros. Tan sólo fue un instante, pero el suficiente para atraer mi atención.

Aunque arriesgado, era la oportunidad perfecta para salir ambos de esta situación, teníamos pocas posibilidades de salir ilesos, pero sin duda era mejor morir intentando proteger a mi amigo, que hacerlo frente a frente a manos del traidor que un día dijo serlo. Di un paso, situándome detrás de Mike, dando media vuelta lo empujé contra el suelo, arrojándome contra él, sirviéndole de escudo. En ese momento el tiroteo comenzó.

La bala de Nicholas había alcanzado a rozar mi hombro izquierdo, pero el dolor no era nada con lo que me temía. Erik gritaba "¡Oh Díos! ¡Oh Díos mío!" mientras que por mi mente solo permanecía una imagen y era la de Elena, pensando en cuanto la amaba. Fuimos rodeados por policías, quienes nos arrastraron a un lugar seguro. Con mi mano derecha sujetaba mi herida, vi a Erik, parecía totalmente en shock y, además, estaba blanco como un fantasma.

—¿Erik, te encuentras bien? —le pregunté.

—No, no lo estoy me orine en los pantalones, pero estoy vivo —decía respirando agitadamente.

El tiroteo continuó por un rato más, hasta que pudieron entrar a la fortaleza. Los policías comenzaron a salir con los hombres de Jeremias, pero ni él ni Nicholas se veían por ningún lado. Hasta que vi a Kira y a otro policía salir con Jeremias arrastrándolo. Los paramédicos me atendían e intentaban hacerme subir a la ambulancia, me solté de su agarre y me puse frente a Kira y su acompañante.

—Está muerto —respondió a mi pregunta silenciosa. Owen estaba herido, su mirada era de un odio infinito.

En ese momento sentí que el aire llegaba a mis pulmones después de mucho tiempo, de casi media vida. La vista se me nubló y de pronto todo fue oscuridad.

Una luz cegadora interrumpe mi paz, me encuentro de pie y comienzo a dirigirme hacia ella, con cada paso que me acerco, la imagen que hay debajo de esa luz se esclarece, de pronto todo se materializa a mi alrededor en un abrir y cerrar de ojos.

Hombres y mujeres bailando, ella se encuentra en un rincón de la habitación llena de humo de cigarrillo, la música a todo volumen, me acerco sin poder evitar detenerme. "Elena" la llamo, cuando ella se gira hacia mi todo se desvanece.

.

Me encuentro de pie en el altar de la iglesia. Un hombre mayor, el sacerdote, recita unas palabras para la ceremonia. Giro mi rostro a mi lado derecho y ella se encuentra ahí. Su piel blanca y suave, sus hermosos ojos verdes mirando hacia el frente con emoción. Entonces me mira y sonríe con amor. Lo recuerdo, estamos casándonos.

La luz tenue de las velas aromáticas marcaba la silueta de su cuerpo desnudo. Dándole un aspecto de sensualidad que jamás había visto en ninguna otra mujer. Estábamos recostados, uno frente al otro, jugando con nuestras manos, acariciándonos las palmas, los dedos, provocando sensaciones en nuestros cuerpos que acabarían en cierto lapso de tiempo en una entrega carnal y de almas. Entonces ella me mira a los ojos con la duda implantada en ellos.

¿Me amas? —Ella me pregunta.

Si — respondo con una sonrisa tierna.

¿Cómo cuánto? —cuestiona de nuevo, mientras me acerco a ella y muerdo su hombro.

Tanto que si me lo pidieras, me sacaría el corazón del pecho y lo entregaría en tus manos. Si con ello puedo hacerte feliz.

En un abrir y cerrar de ojos, ahora otra mujer desnuda se encuentra en su lugar. Esta mujer con su larga cabellera rubia, acaricia mi pecho, sus ojos azules me miran con adoración y anhelo. Pero lo único que me hace sentir como respuesta a este momento, es asco de mí, por haberme entregado a una mujer que no era mi esposa.

Las puertas del elevador se abren, camino por el pasillo y abro la puerta, miro a mi alrededor, estoy en casa, una sensación de calidez y añoranza lastiman mi corazón. Me dirijo a nuestra habitación, ella mi esposa, se encuentra esperándome como siempre. Un vestido negro y entallado, marcaba sus curvas o lo que quedaban de ellas. Su delgadez oprime mi pecho, ¿Por qué no la observé?. Ella me mira con expectación, esperando ver mi reacción. Pero sus ojos al mirar mi indiferencia se entristecen. Paso de largo, quiero detenerme frente a ella, pero no puedo, sigo mi camino, mi cuerpo no responde a las órdenes que envía mi cerebro, como si este hombre no fuera yo, como si fuera otro. Intento desesperadamente con todas mis fuerzas cambiar el curso de los hechos. Pero este es un castigo, lo sé porque no puedo cambiar nada… Observo con detenimiento la decoración romántica que ha hecho y siento en mi rostro plantarse la burla. Grito "¡No!" pero es demasiado tarde…

—Quiero que hagamos las paces —se aventura ella a decir.

Mi corazón se agrieta… recuerdo lo que viene y eso me mata…

—No, tú no quieres hacer las paces, lo que quieres es que te folle.

"Cállate" Intento decirme a mí mismo.

—Quiero que hagamos el amor. No que me tomes como a una cualquiera. ¡Soy tu esposa!

Percibo el daño que mis estúpidas palabras le provocan. Su dolor ahora es mi dolor.

—Yo no quiero.

¿Por qué tengo que ser duro con ella? Mi ángel.

— ¿Por qué?

No preguntes amor mío, no lo hagas… Lloro, lloro, porque sé que lo que viene nos matara a ambos…

—¿Por qué?, todas las mañanas cuando te levantas ¿no te miras al espejo?

"No" No quiero escuchar, no quiero ver y no quiero revivirlo.

—¿A qué te refieres?

Sus lágrimas son mis lágrimas. Siento como el fuego arde en mi cuerpo, esto es el infierno.

—Maldita sea Elena ¿eres tonta o te haces? —camino hasta ella, para arrastrarla hasta el espejo de cuerpo completo que se encuentra en el baño. — ¡Mírate! — ella no lo hace, baja su mirada, gruesas lágrimas caen sobre sus mejillas. — ¡Que te mires! —levanto su barbilla y giro su rostro en dirección al espejo—. Mírate, eres horrible, tu cuerpo es… No te me antojas, estoy cansado de estar con una patética mujer como tú. ¡Quiero el divorcio!

Y con ella mi alma se rompe en mil pedazos, nunca la merecí. ¿Cómo un hombre cegado por la ira puede hacer tanto daño? De esta forma. Mintiéndole, porque ella está cadavérica, su piel pegada a su cuerpo. Yo lo veo, pero no observo y la hiero sin piedad.

—No por favor, no me dejes, dame una oportunidad sólo una…

Ella de rodillas ante mí, ¿por qué no sentí piedad por ella?…

—Dame tiempo, un mes, sólo un mes.

Sus suplicas hacen añicos los trozos rotos de mi alma, de mi corazón. Ya no más por favor, pero viene el tiro de gracia…

—¿Me estás suplicando? No sé qué demonios pensaba cuando creí que eras la mujer perfecta para ser mi esposa. Los papeles del divorcio los dejo en la mesa del comedor.

Camino por el pasillo adornado por flores blancas y alfombrado rojo de aquella iglesia, la gente vestida de negro, sentada en las bancas llora y susurran…

Es él.

¿Por qué no la miró?

Culpable.

Él no la amaba.

Recorro el camino con una rosa roja en la mano, entonces la veo de nuevo como hace cuatro años… una figura de mujer vestida de negro, frente a ella hay un ataúd. Me acerco y la mujer gira su cuerpo y queda frente a mí. Un velo cubre su rostro. Me señala el ataúd, miro es Elena. Pero no es la de ahora, es la de antes. Pálida, ojerosa, su piel pegada a los huesos de su cuerpo. Esta es la Elena enferma, la que con mis palabras y acciones maté, a la que no observé. Una tristeza devastadora invade cada poro, cada célula de mi cuerpo. Deposito la rosa roja en su pecho. La mujer de negro toma mi hombro y yo la miro, ella retira el velo que esconde su rostro. Yo sé su identidad. Es ella, pero no mi esposa o la mujer enferma, no, es la de hoy en día. Llevo mi mano a su rostro y acaricio su mejilla, esta se encuentra fría, muy fría. Lentamente se acerca hasta mí, me abraza, sus labios rozan mi mejilla y luego a mi oído, entonces susurra:

—Sálvame.

Hoy era el segundo día que pasaba hospitalizada, después de la cirugía, y aunque me sentía carente de sentimientos de angustia o tristeza, no pude evitar pensar en que Evan no había venido a visitarme en estos días. Miré hacia Jianna, que se encontraba en el sofá de la habitación mirando muy entretenida una revista.

—Hola —le dije tratando de llamar su atención. Ella levantó la vista y me regaló una sonrisa tierna.

—Hola, pensé que no despertarías hasta el día de mañana dormilona.

— ¿Hoy vino Evan? —pregunté con indiferencia.

—Huy… ¿Cómo es eso? No me digas que has caído en sus redes —me dijo burlonamente.

—No es eso sólo que… siempre anda merodeando y hoy no ha sido así.

—Mmm, eso no es bueno, a menos que quieras terminar perdidamente enamorada de él. Y como la buena amiga que soy, te diré que no debes encariñarte con ese hombre. No te conviene.

— ¿Por qué dices eso, no querías que tuviera una relación con él?

—Una aventura no es lo mismo que una relación.

— ¿Por qué no me conviene? —no quería sospechar, pero tal vez ella estaba interesada en él más de lo que demostraba.

—Es divorciado y desde entonces un nómada. Si la mujer lo dejo fue por algo —dijo levantando los hombros.

—No lo sabía, él solo me contó que alguna vez se había enamorado y que la perdió —Evan me debía una explicación. Ya que no se me hacía justo que él conociera más aspectos de mi vida, que yo de la de él.

—Exacto, la perdió y no precisamente por ser un buen hombre. Y desde mi punto de vista, los hombres no cambian. Además, sus amistades no son buenas —terminó diciendo.

No pregunté más, sólo mantuve mi mirada perdida en el crepúsculo que se observaba desde la ventana de la habitación.

Estaba contenta, por la mañana había asistido a tres entrevistas de trabajo. Estaba segura qué por lo menos en una me llamarían. Terminé de cambiarme de ropa para dormir, y me senté en la pequeña cama de la habitación, que en este momento era mi hogar en la fundación "Nuevo amanecer". Llamé a Jesse desde mi móvil.

— ¡Caroline! ¿Te encuentras bien? —preguntó tan solo respondió el llamado.

—Claro, solo quería saludarte.

— ¿Qué pasó, aún sigues en el albergue?

—Si, pero en cuanto reciba el cheque del dinero que Ernest debe darme, voy a rentar un pequeño apartamento.

— ¿Por qué no vienes a vivir conmigo? Mi amiga deja el departamento en una semana. Aquí podemos vivir muy bien las dos. Además, de que me necesitaras cuando nazca el bebé.

—Jesse, tienes una vida que debes disfrutar, no debes cargar conmigo, mis problemas y mi bebé.

—Claro que no voy a cargar contigo. Te amo, eres mi hermana y sólo quiero vivir contigo por tu grata compañía.

—Mentirosa, no vas a convencerme.

—En unos días iré a verte.

—Me agrada la idea, podemos ver departamentos.

—Si, pero insisto deberíamos vivir juntas. Piénsalo.

Cuando pude salir de mi inconsciencia infernal, lo primero que vi frente a mí fue a mí madre.

—Oh hijo, nos tenías muy preocupados. Tu hermano me platicó lo que hiciste por ese amigo tuyo. No vuelvas a hacerlo Ethan, por favor —sonreí.

—Calma madre, ¿dónde estoy? —pregunté un poco aturdido y desorientado suponiendo que era por los sedantes.

—En el hospital —me respondió tomando mi mano.

—Hola Bello Durmiente —fue el cordial saludo de Kira apenas entró en la habitación.

— ¿Dónde está Erik? —pregunté preocupado por mi amigo.

—Declarando.

—Necesito hablar con Daniel para que vaya por él, mi amigo no está muy bien ahora.

—Yo hablaré con él —su celular sonó, vi salir a Kira respondiendo la llamada y enseguida entró mi hermano.

—Hola, nos tenías preocupados. Por lo regular no eres tan débil como para perder el conocimiento por tanto tiempo.

—Necesitaba descansar mi mente, supongo —le respondí, molesta. No me gustaba parecer débil y menos frente a él.

—No estás de humor —su sonrisa burlona, con la que había tenido que lidiar los últimos cuatro años, comenzaba a odiarla seriamente.

—Necesito saber cómo está Elena. Y también hablar con Jianna —cambié el tema, ya que mi madre nos miraba a ambos muy seria, lo que significaba que estaba a punto de llamarle la atención a mi hermano. En un principio habíamos tenido algunos roces por lo mismo, mamá me defendía de las burlas de él, por lo que se sentía desplazado.

—Hablé con Jianna hace como una hora y me informó que se encontraba dormida, y muy bien —me dijo.

—Gracias. Por todo lo que has hecho por mí —le agradecí, lo merecía.

— ¿Para qué es la familia? ¿Aún quieres hablar con Jianna? —me cortó.

—Sí, debe preparar a Elena.

— ¿Para qué? —preguntó Kira mientras entraba nuevamente a la habitación.

—Para despedirse de Ethan —respondí mirando a mi hermano, que tenía una ceja levantada y otra vez esa estúpida sonrisa en los labios.

— ¿Y si se enamoró de él? —me pregunta riendo con burla, yo le regalo una mirada asesina.

—Más vale que no…

Una vez que hice mis declaraciones, la policía dejó irme. Estaba caminando hacia la salida cuando me encontré con Daniel.

— ¡Erik! ¿Te encuentras bien? Acabo de enterarme.

—Si estoy bien. Gracias. Debo irme…

—Kira me llamó. Me ha pedido que viniera por ti.

—En este momento, no me lo menciones. Voy a ver a Mary…

—Te llevo.

En el auto, nos manteníamos en silencio. Y daba gracias porque fuera así, tenía tantas cosas en la mente. ¡Dios! Había estado a punto de ser asesinado. Mientras que mi esposa estaba molesta conmigo y sin tener la oportunidad de arreglar las cosas.

Cuando llegamos a casa de mi cuñada, bajé del auto sin decir nada. Caminé hasta la entrada de la casa y toqué el timbre de la puerta. Las puertas se abrieron dando paso a la dueña de la casa. Sin decirle nada, pasé de largo empujando a mi cuñada a un lado. Caminé hasta la sala, no encontré a Mary ahí. Katy mi cuñada, despotricaba no sé qué tantas cosas detrás de mi. Yo simplemente la ignoré. Subí por las escaleras hasta la segunda planta de aquella casa. Abría y cerraba puertas, desesperado grité.

— ¡Mary! —ella salió del cuarto de baño con nuestro pequeño ángel envuelto en una toalla. Corrí hasta ellas y las abracé.

—Erik ¿Qué pasa? —su rostro era sorpresa.

—Perdóname, por favor —caí a sus pies llorando y pidiéndole perdón. Mary le dio a su hermana nuestra hija. Ella se retiró sin decir nada.

—Erik ponte de pie y sígueme —lo hice—. ¿Qué sucede? ¿Por qué estas sucio? ¿Eso es sangre?

—Sí pero no es mía...

— ¿De quién?…

—Es una larga historia… Por favor Mary, necesito que hablemos de nosotros…

Habían transcurrido cuatro días desde la cirugía. Hacía una hora que habíamos llegado a casa, Jianna me ayudó a cambiarme la ropa a mi pijama; para estar más cómoda, me recosté en la cama. Me parecía muy gracioso como andaba merodeando de aquí para allá. Y preguntando: ¿Te sientes bien? si pasa algo me avisas por favor, ¿Necesitas algo? ¿Te corro las cortinas? ¿Quieres tomar agua? Avísame si quieres comer. Todo eso en menos de diez minutos.

—Jianna ya basta, tranquila —le dije antes de que volviera a preguntarme algo, ya la veía con esa intención, cuando se asomó por la puerta.

—De acuerdo, sólo trato de ser amable —dijo por fin entrando de lleno a la habitación.

—Gracias amiga. Nunca podré pagarte todo lo que has hecho por mí —dije con sinceridad.

— ¡Bah! —manoteó con la mano derecha restándole importancia a su ayuda—. Ya veré después.

Salió de la habitación, prendí la televisión y una hora más tarde un toque a la puerta se escuchó, después entro por ella Ethan. Se notaba distinto como si de pronto se viera más joven o desinhibido. No podría definir qué era lo que se veía en él. Un aura extraña lo rodeaba.

— ¡Hola! —se acercó a mí para depositar un suave beso en mi mejilla.

—Hola —respondí su saludo con indiferencia.

— ¿Cómo te has sentido? —me preguntó, lo noté nervioso.

—Bien, gracias —respondí mientras tomaba las flores que me ofrecía.

— ¿Ocurre algo? ¿Te sientes mal? —me pregunta al notar mi indiferencia.

—No sabía que estuviste casado…

—No sé qué decirte. Lo siento —respondió mirando hacia el piso con el ceño fruncido, cuando levantó la vista noté algo muy distinto en sus ojos…

— ¿Puedo preguntar por qué terminaron? —le cuestioné sintiendo un nudo en el estómago.

—La amaba, pero… la dejé de observar. Me dejé llevar por el mundo material. ¿Cuál es tu historia con él, tu esposo? —su mirada era intensa y sentía un muy mal presentimiento.

—Él era estéril, le dije que era yo la del problema. Me fue infiel con Caroline, ella era mi amiga... o fingió serlo. Los descubrí el día de nuestro aniversario, cuando se suponía que él debía estar conmigo, llamo para decirme que saldría de viaje, pero estaba con ella. Fin de la historia.

— ¿Y luego? —le miré mal, se supone que yo quiero saber de él, no que él tenga más información de mí.

—Esa noche tuve un accidente, estuve en coma por algunas semanas. Cuando desperté mi corazón falló, los médicos me dijeron que padecía anorexia nerviosa, me internaron en una clínica de rehabilitación y ese fue el último día que lo vi.

—Fue cuando lo secuestraron —afirmó.

—Si.

— ¿Y si él volviera lo perdonarías?

— ¿Tu esposa te perdonaría? —le pregunté

—Tal vez debería preguntárselo.

—Tal vez…

Ethan

Salí de su habitación sintiéndome abatido, tenía que abandonarla y tan sólo el mero pensamiento de no poder volver a acércame a ella me mataba. Una mano tomó mi brazo derecho y me giró, era Jianna.

— ¿Le has dicho ya que te vas?

—No, no puedo.

—Demonios, ven conmigo —me arrastró hasta la cocina. Ninguno de los dos decía nada. — ¿Qué sucede contigo? —me preguntó mientras me puso enfrente un vaso con limonada.

—No quiero alejarme —fue mi respuesta sincera.

—Debes hacerlo. Te dije que no te involucraras demasiado con ella. Sólo lo necesario. Ella ha comenzado a tener sentimientos.

—Ethan está muerto, es imposible que él esté con ella. Pero yo si tengo oportunidad.

— ¿Y vas a engañarla durante todo este tiempo? ¿Le dirás la verdad? ¿Qué Ethan en realidad si está vivo y que durante todo este tiempo ha estado protegiéndola, espiándola como el maldito sicópata que es?

—No, si le digo la verdad puedo perderla.

—No te atrevas a mentirle más de lo que ya lo hemos hecho. Algún día podría enterarse y la destruirás.

Habían transcurrido un par semanas, hacía tres días había comenzado mi rutina normal, pero me llevé una gran sorpresa cuando Daniel me informó que Nicholas había muerto en un tiroteo, que la policía tenía algún tiempo siguiéndole los pasos. También me dijo que había sido el causante del secuestro de Ethan y su muerte. Nicholas murió sin confesar qué había sido de Ethan. Ese día lloré, porque por fin teníamos la seguridad de que mi esposo había sido asesinado y jamás encontraríamos su cuerpo. Emma había sufrido una crisis nerviosa. Al día siguiente de enterarme de la noticia, hice los arreglos para comprar un nicho y poder mantener ahí su memoria, tal vez pareciera tonto tener un lugar a su nombre estando vacío. Pero para mí era importante poder tener ese lugar para visitarle. El domingo, la familia completa y yo asistimos finalmente a su funeral, Jianna estaba conmigo.

El sacerdote dio un servicio, mientras Emma lloraba descontrolada, Quella estaba deshecha y Shopia la ayudaba a mantenerse en pie, Jhosep por su parte, soporto estoicamente y fue la roca a la cual su esposa se aferró.

Mis lágrimas salían de mis ojos sin que yo pudiera evitarlo, para mi había muerto la esperanza y eso dolía hasta los huesos. Fue un golpe de frente, al darme cuenta qué en verdad jamás volvería a verlo. El servicio terminó, cada uno de su familia se despidió de él y el nicho fue cerrado. Todos abandonaron el lugar, mientras que yo aguardé sin decir nada.

—Te dejo unos momentos para que te despidas —me dijo Jianna, yo sólo asentí en respuesta, las palabras se negaban a salir de mis labios.

Después de unos minutos sin saber cómo decirle adiós al hombre que había amado, no sólo con el corazón, también con mi alma y mi vida. Aquel hombre que me había destruido, pero también me había hecho más fuerte al final. Saqué de mi bolso su carta.

"La última vez que nos vimos me dijiste que la leyera cuando estuviera preparada. Han pasado ya más de cuatro años y hoy al fin creo que ha llegado el momento"

Elena:

Desde el fondo de mi corazón, reconozco que he terminado con nuestro amor. Que fui yo quien se equivocó y que tú, lo único que hacías mientras yo te destruía, fue amarme con devoción.

Si tan sólo pudiera regresar el tiempo, yo haría hasta lo imposible por merecerte. Porque hoy, cuando ya es demasiado tarde, me doy cuenta qué jamás he sido digno de ti y del inmenso amor puro que me ofrecías, a pesar de que yo sólo te di lágrimas y tristeza.

Sé que piensas que estoy mintiendo una vez más. Que ahora te busco porque creo que nadie va a amarme por ser un hombre estéril. Pero entérate que no es así.

Cuando te conocí, fue tu inocencia la que me llamó hacia ti; en nuestras salidas, fue la bondad de tu corazón desinteresado lo que me enamoró. Cuando nos casamos, tu pasión te tatuó a mi cuerpo. Pero fue mi cobardía, la que me cegó y me alejó de ti.

Hoy quiero desnudar mi alma y dejar la fachada, mi disfraz, hoy quiero confesarte todos mis pecados. No voy a mentirte más, tal vez la verdad te hiera. Pero si quiero recuperarte, es preciso afrontar la realidad.

Te engañé por primera vez con una prostituta cuando me dijiste que no podías ser madre, debí estar a tu lado, pero lamentablemente no fue así. Si piensas que para mi fue placentero tocar otro cuerpo, cariño… estas muy equivocada. Me sentía sucio y una completa mierda, disculpa mis malas palabras pero ya no quiero ser un hipócrita; culpable por lo que había hecho y tu amor incondicional me enfermaba, porque en el fondo sabía que no te merecía. Porque ahora que lo pienso detenidamente, lo que yo deseaba era que me odiaras, me abandonaras por haberte fallado, por romper nuestros votos.

Pero tú continuabas a mi lado, amándome a pesar de todo, cuando te golpeé y vi que te ibas, no pude dejarte ir aun cuando en el fondo yo lo deseaba porque me lo merecía. Fui egoísta y te retuve a mi lado con falsas promesas. Tal vez te parezca contradictoria mi forma de actuar y pensar. Debes saber que no lo es tanto cuando piensas que es más fácil escuchar "Te voy a dejar" que decirlo uno mismo. Porque cuando eres cobarde intentas más parecer un cabrón, que un estúpido arrepentido.

Cuando conocí a Caroline, me recordaba a ti y esa especie de admiración que sentías cuando nos conocimos y luego nos unimos en matrimonio. Yo te necesitaba, pero quería en mi subconsciente que me dejaras, por eso mis estúpidas acciones. Su amor tan parecido al tuyo fue lo que me acercó a ella. Porque yo deseaba tu amor, beber de tus labios tus besos. Engañé mi mente, mi cuerpo, mi corazón, nuble mis sentidos y le mentí a mi alma con ese falso amor. ¿Sabes? nunca quise dejarte en realidad. Sin embargo, sabía que no importaba si era yo quien se iba, en el fondo siempre supe que tú me esperarías.

Llámame presuntuoso, pero yo confiaba en que tu amor por mí era inmenso y no tenía fin.

Esos cinco días, supe que no podía seguir haciéndote daño, tuve un presentimiento, sueños que me torturaban, pero que al final me abrieron los ojos. Haciéndome recordar cuanto te amaba y lo desdichado que sería si tú realmente desaparecieras de mi vida.

Entonces la venda con la que me había auto cegado cayó de mi rostro y te observé…

Lo que encontré no era la niña, la mujer con la que yo me casé. Estas cansada, enferma por la inseguridad que con mi desprecio e infidelidades te causé. No amor, ¿Me permites continuar llamándote así? Amor, siempre has sido para mí lo más hermoso que ha habido en mi vida. Tus ojos, que me dejaban ver tu alma y el amor que me profesabas; tu piel, suave como el terciopelo; tus dulces labios, que me daban a beber el agua sagrada que era capaz de quitar la sed; tus montes que me llevaban a la cima, para poder tocar el cielo cada vez que los besaba; tu cintura, que amaba recorrer con mis manos temblorosas por el deseo que ese simple acto me causaba; y qué decir de tus grandes, exquisitas y apetecibles caderas; ¡Díos mío! Tus piernas largas que se enrollaban en mí cintura, volviéndome un loco poseso de ti. Isabella, eres hermosa en todos los sentidos. Pero siempre ha sido la calidez de tu corazón la que me hacia soñar, la que me ataba irremediablemente a ti. Y yo, un vil y desgraciado pobre diablo, te hice creer lo contrario. Me odio a mí mismo y cada lágrima que has derramado por mí, me llevará al infierno por el resto de mis días.

No me alcanzará esta vida para que puedas perdonarme, eso lo sé, también estoy seguro que al fin me dejarás y tal vez me olvidarás. Pero te pido por favor me perdones. Y si algún día tú decides regresar amor mío, yo siempre estaré aquí esperando pacientemente una oportunidad para amarte…

Te amaré por siempre.

Edward C

Cuando terminé de leer sus palabras, mis manos temblaban, sollozaba y entonces el dolor que hacía tanto tiempo había creído superado, regresó; la pérdida y la decepción por el hombre al que amaba y entregué todo lo que podía darle y aun más, el que casi me cuesta la vida. Me pide perdón y…

"Yo te perdono, porque ya no tiene caso seguir viviendo de un pasado que jamás podrá ser remediado. Porque quiero ser libre para poder continuar".

El dolor en mi pecho comenzó a hacerse cada vez más fuerte, el aire me faltaba y caí de rodillas al piso. Cerré los ojos tratando de controlar todo aquello que sentía. Luego sentí como era cargada en brazos. No hacía falta que mirara quien era mi caballero de armadura dorada, su aroma era inconfundible, tan similar al de Ethan. Recargué mi cabeza en su pecho y le dije:

—Por favor, no me dejes. —después me perdí en la oscuridad.

Había estado observando mi funeral oculto entre las lápidas. Era extraño ver, cuánto es que las personas expresan el amor de sus difuntos en muerte, más de lo que hacen en vida. Ver a mi madre llorar me rompe el corazón. Pero por el bien de ellos no podía volver nunca más. Jeremias seguía con vida y aunque estuviera en la cárcel, no significaba que el peligro se terminara. Además, el programa de protección a testigos me impedía un acercamiento directo. Entre menos supieran de mi era mejor y más seguro para ellos. Los amaba y muchas veces me hicieron tanta falta. Y aunque tuviera a mi lado a mi familia biológica, nos separaban veintiocho años de toda una vida de recuerdos.

Cuando todos se fueron y ella se quedó de pie, mirando y hablando; desee poder estar a su lado, que lo que tenía que decirme lo hiciera mirándome a los ojos. Me acerqué poco a poco, cuidando de que ella no percibiera mi presencia. Hasta que la vi caer al piso, acorté la distancia corriendo. La sujeté y levanté en brazos. Sentirla de esa manera tan cercana me hizo temblar de dicha. Miré su rostro, estaba pálido y tenía una mueca de dolor, sus ojos estaban cerrados, quería que ella los abriera y me viera por fin, que supiera que estaba ahí, que siempre estuve ahí con ella. Que en realidad nunca la había abandonado. Que yo era su guardián, su protector. Que las sombras eran mis aliadas para perseguirla y observarla. Que no debía temer o sentirse sola, porque yo siempre estuve con ella. Ella recostó su cabeza en mi pecho, un par de lágrimas salieron de mis ojos perdiéndose entre sus cabellos. Y todo terminó cuando ella hablo y después perdió el conocimiento. En ese momento Jianna llegó.

— ¿Qué sucedió?

—Debemos llevarla al hospital —le respondí, me preocupaba su desmayo. Sobre todo porque tan solo habían transcurrido quince días del cambio de su Marca Pasos.

— ¿Te vio?

—Pensó que era Ethan —respondí, pero mi voz se quebró al darme cuenta que tal vez ella ha comenzado a olvidarme y en cambio es Ethan quien habita ahora en su corazón. Me sentía herido y celoso, aunque no debiera. Pero esto me demostraba que algún día ella se enamoraría de alguien más. Que hará su vida y su felicidad será mía también, por otro lado, me sepultará en vida de una manera no física.

—Súbela a mi auto yo la llevo. Si despierta y te ve, sería un error.

—Te seguiré en mi auto.

—Sí.

Llegamos al hospital quince minutos después, Jianna manejaba como una endemoniada corredora profesional y agradecí su habilidad. Envié un mensaje a mi padre desde el celular de Jianna, ella se quedó con el mío. Cuando estaciono el auto, los paramédicos estaban ya listos esperándolas.

Los susurros de Jianna hablando con Emma, me sacaron de mi maravilloso sueño, donde Ethan estaba vivo y se encontraba a mi lado. Abrí los ojos poco a poco y entonces las vi sentadas de mi lado izquierdo en un par de sillas.

—¿Cómo te sientes? —era Evan, giré mi rostro al lado contrario y allí estaba él de pie a mi lado.

—Mareada —le indiqué.

—Llamaré a tu doctor —me dijo. Antes de salir en busca del médico me dio un beso en la frente.

—Hija —Emma se acercó a mí, me sentí un poco cohibida acababa de decirle adiós a Ethan y temía que Emma pensara que ya tenía una relación con otro— nos diste un buen susto.

—Lo siento ¿Ahora qué sucedió?

—Jhosep te lo explicara mejor —fue Jianna quien respondió mi pregunta.

Jhosep entró en compañía de Evan. Su rostro era indescifrable. Lo único que podía percibir era que no me gustaría lo que iba a decirme, su seriedad me lo decía. Me saludó y comenzó a examinarme.

—¿Qué sucede?

—Elena, cuando llegaste al hospital presentabas disfunción en la frecuencia cardiaca. Y el inicio de un nuevo infarto.

—Pero… ¿Por qué?

—Te he puesto en la lista de espera como un caso urgente.

—¿Qué?

—El Marca Pasos no funcionó en esta ocasión. Tu cuerpo lo ha rechazado. La solución es el trasplante de corazón.

Estaba saliendo de mi nuevo empleo, caminé hasta un café cerca de la avenida central que me conduciría a mi cita con Jesse. Entré al pequeño establecimiento, era un lugar que despedía una armoniosa calidez, sencillo pero agradable. Observé el lugar en busca de una mesa desocupada. Cuando vi una anciana retirarse de una de ellas. Me dirigí a la mesa ahora vacía, esta se encontraba en un rincón, me senté en la silla y una camarera se acercó. Saludó con amabilidad, retiro la taza y limpio la mesa que había sido ocupada minutos antes. Después de tomar mí orden se retiró. Observé a las personas a mi alrededor, luego vi la hora que marcaba mi reloj. Era demasiado temprano para que Jesse llegara. Llevé instintivamente mi mano a mi vientre al sentir el movimiento de mi bebé.

—¿Qué sucede cariño? Tranquilo sh…sh…sh te amo.

La camarera llegó con mi taza humeante de chocolate, una vez se retiró, la tomé con mis dos manos y aspiré el aroma, sin siquiera beberlo podía degustar su sabor. Solté un suspiro cuando el líquido estuvo dentro de mi boca, la bebida era uno de mis antojos.

De pronto comencé a recordar a Ethan. Que equivocada estaba en ese entonces, enamorada de un hombre que lo único que veía en mí era mí cuerpo, sólo sexo. Fui tan ingenua en pensar que él era un héroe, tal vez lo fuera en algún sentido, después de todo me había salvado de ir a la cárcel. Pero de ahí, a ser el hombre perfecto del que estúpidamente me enamoré y creé en mi mente. Estaba muy pero muy lejos de serlo. La forma en la que la trataba a ella, su falta de lealtad hacia Elena era señal de que no debía confiar en él o en sus palabras, porque en cualquier momento podía abandonarme a la suerte como a su mujer. Y era verdad, al final lo hizo, justo cuando estaba tan cerca de tocar mi propio paraíso. Cuando mis fantasías estaban por hacerse realidad, él me dejó. Sin mirar atrás, sin compasión al igual que había hecho con ella.

No puedo cambiar el pasado, sólo queda afrontar el futuro. Ahora tenía mi propia familia por quien luchar, si algún día encontraba el amor bienvenido, pero en esta ocasión no me aferraré a una fantasía, si no a una realidad.

—Caroline—me llamó Jesse a mis espaldas.

—Jesse —me puse de pie y le di un beso en la mejilla. A mi pequeña hermana, tan hermosa y pequeñita de estatura, pero no frágil.

Hablamos sobre lo que nos había sucedido en estas semanas que no nos habíamos visto, pagamos la cuenta y salimos a la calle para visitar el primer departamento en renta. Ella tocaba mi vientre y le hablaba al bebé.

Habíamos visitado tres departamentos distintos y ninguno me había convencido. Por lo que fuimos a una tienda de ropa para bebés y ahí compramos algunas cosas. Por primera vez en la vida me sentía feliz. El día había sido largo, Jesse se despidió de mí con un beso en la mejilla. Ella tomó un taxi, la despedí con mi mano y sonreí, el semáforo se puso en rojo por lo que aproveche para cruzar la calle, por un momento mire hacia a atrás y sonreí a mi hermana por última vez.

Capítulo 24

Y tú… ¿Qué harías por amor?

No podía creer mi mala suerte, estaba muriendo lentamente. El implante no funcionó y ahora debía esperar a que alguien de buena voluntad haya decidido donar sus órganos antes de morir. Y, aun así existía la posibilidad de no resistir la operación. Ahora me mantendrán en el hospital monitoreada, conectada a estos aparatos y lo peor, medicada.

¿Qué clase de final me espera si no encontramos un donador a tiempo? ¿Moriría aquí en este cuarto de hospital? ¿Sola?

Saber que su vida se esfuma como humo entre mis manos me atormenta, su corazón poco a poco deja de latir, su vida se extingue con cada segundo que pasa. No encuentro solución a este problema. He arriesgado todo por verla a salvo, he hecho cuanto he podido por hacerla feliz.

Caminé por los fríos y largos pasillos del hospital hasta su habitación, en la entrada me detuve. Ahí estaba él, el hombre que en mi ausencia se convirtió en mi rival, el que tal vez pueda ganar su corazón, después de todo es un mejor hombre que yo. Me oculté para no ser visto, me carcomía el hecho de verlo junto a ella. Quisiera entrar y hacerle frente, decirle que estoy aquí, que jamás la abandoné. Demostrarle cuanto la amo, pero es inútil.

—Elena, no te desanimes. Ya verás que pronto habrá un donador —le dijo él mientras la tomaba de la mano.

—No me desanimo, sólo soy realista. Es poco el tiempo que tengo y la espera es muy larga —respondió ella con tristeza y pesar, mientras lo miraba.

—Más bien tienes miedo y es válido sentirlo, pero escúchame cuando te digo que tu vida no terminará aquí. Saldrás adelante porque eres una persona fuerte y maravillosa. Recuerdo que un día me dijiste que querías ser madre, lucha por hacerlo realidad.

—Para eso necesito primero al padre.

—Aquí estoy yo.

Lo odiaba, sus palabras me hicieron caer a la realidad, de que yo jamás podré hacerla feliz. ¿Qué podía ofrecerle? Nada, sólo mi única y eterna compañía. No podía seguir mintiéndome pensando en que cuando ella supiera la verdad me aceptaría de nuevo en su vida. ¿Para qué? ¿Para negarle la maternidad a su cuerpo, a su alma? Era fácil adoptar, pero ella es capaz de concebir. ¿Le negaría esa felicidad? De ninguna manera, la destrocé y su amor por mí la obligó a sacrificarse. Hoy era el día en que yo debía demostrar mi amor, pero no a ella. Jamás la dejaría con esta carga.

Di media vuelta, no sin antes verla por última vez, sentada en esa cama, demacrada con rostro cansado, débil. Mi consuelo será que cuando todo haya pasado estará bien, su piel tomara vida de nuevo, sus ojos, el brillo inocente que me enamoró cuando la vi por primera vez. Las lágrimas caen de mis ojos, pero no son de tristeza, son de felicidad, porque ella vivirá, encontrará de nuevo a alguien que la proteja y que la ame. Ella será madre y compartirá la dicha con aquel que la acompañe en la vida. Yo donde quiera que me encuentre, si acaso existe un mundo después de esté, la veré feliz. Puedo imaginármela, enamorada de alguien que la ame y la valore, embarazada, plena y feliz.

Llegué al estacionamiento, una brisa de aire fresco inundó no sólo mis pulmones, sino también mi alma. Entré al coche, lo encendí y conduje hasta la farmacia más próxima a aquel que fuera mi santuario, uno que con mis bajos instintos mancillé, llevando a mi amante haciéndola pasar como la amiga de mi mujer. Mi hogar. Después de comprar Aspirinas me dirigí a mi antigua casa.

Dentro del apartamento recorrí cada rincón del lugar, me senté en aquel sofá que muchas veces compartimos y en el que incluso hicimos el amor tantas veces que no podría contarlas. Pensaba en ella, en los momentos compartidos, las sonrisas de alegría, su respuesta a una simple frase como "Te amo" su tímida respuesta a mis caricias. La recordaba a ella amándome, siendo mía y yo de ella.

—Jhosep, ¿vendrás temprano hoy?

—Sí Emma, cariño estaré aquí para hacerte compañía.

Esta mañana la ciudad estaba empañada con el cielo gris de la lluvia, manejaba rumbo al hospital. El día de ayer por la noche había recibido la llamada del doctor Alec, quien me había informado acerca de un posible donador. Hoy hablaría con el familiar para esclarecer sus dudas y saber su decisión. Una llamada interrumpió mi aburrido viaje. Con el manos libres respondí…

—Diga

— ¿Papá? —apenas creyendo lo que había escuchado, por acto reflejo mire el aparato como si este pudiera darme una respuesta de lo que ocurría.

— ¿Quién habla? —pregunté con la duda de que posiblemente fuera número equivocado.

—Soy Ethan —jadeé sorprendido, no podía creerlo. ¿Sería acaso una broma? pero luego caí en cuenta de que en realidad era su voz.

— ¡Oh por Dios! Hijo, ¿dónde estás? ¿de verdad eres tú? —aún tenía mis dudas.

—Si, estoy en el departamento donde viví con Elena — ¿Cuándo había vuelto? ¿Qué hacía ahí? Un momento… ¿Estaba llorando?

— Hijo ¿Qué sucede? Voy para allá —le dije. Desviándome de mi ruta para llegar a donde se encontraba, mi hijo.

—Escúchame, llama a una ambulancia —me asusté. ¿Se encontraba mal?

— ¿Qué pasa? Respóndeme. ¿Te encuentras bien?

—Yo seré el donador de Elena date prisa, la puerta está abierta — ¿Qué? Me sentí caer en un abismo. No podía recuperarlo y después perderlo.

—No espera Ethan ¿Qué dices?...

—Papá… lo siento. Los amo.

Terminé la llamada que sostenía con mi padre, confiaba en que llegaría a tiempo. Comenzaba a marearme, había ingerido ya una fuerte dosis de Aspirinas, estaba por terminarme todas las pastillas. Tenía ganas de vomitar e intentaba con todo mi ser mantener todo dentro de mi sistema. La vista comenzaba a nublárseme. Pero nada de eso me importaba, yo solo quería que Elena fuera feliz, que tuviera una oportunidad de vida. Que se realizara como mujer, como esposa, que lograra ser madre, que su vida fuera larga y en compañía de alguien que la amara y valorara. No como yo, un imbécil que la dañó, humilló y destruyó. Yo debía ser aquel que le devolviera el favor. Ella había creído que yo no la amaba, que no me atraía y por eso cayó en depresión, yo fui el culpable de que ella se dañara en su afán por atraerme. Ella daba su vida por mí. Ahora yo daba la mía por la de ella. Todo por amor.

Cada minuto me sentía más cansado, mis ojos luchaban por no cerrarse pero ya me resultaba imposible mantenerme despierto, a lo lejos escuché un estruendo, me dejé llevar pensando en que serían los paramédicos, o tal vez mi padre, no lo sé…

El departamento de Ethan no estaba lejos de donde me encontraba, llamé una ambulancia y les hablé a grandes rasgos de lo que sucedía. No podía permitir que mi hijo muriera. Porque su muerte sería en vano.

Una vez llegué a mi destino, bajé del auto y entré al edificio… el conserje me llamaba, gritando detrás de mí que nadie podía pasar, a menos que las personas que iba a visitar dieran su autorización para que él permitiera la entrada. Pero lo ignoré totalmente.

— ¡Hombre deténgase!

—Una ambulancia viene en camino déjelos pasar. Soy médico y esto es una emergencia —dije mientras esperaba que abrieran las puertas del elevador. En ese momento vi la ambulancia llegar a través de la puerta de vidrio. Pero no había tiempo de esperarlos, cada segundo contaba. Subí al elevador sin esperarlos. Cuando las puertas se abrieron salí corriendo entrando al departamento.

Corrí hasta la habitación, él estaba ahí… estaba sobre la cama, a su lado un frasco de pastillas… Aspirinas. Lo levanté y sujeté por detrás, él estaba perdiendo la conciencia. Oprimí su estómago para hacerlo vomitar todo lo que había ingerido en su intento de suicidio. Él intentaba no vomitar, pero al final logré que desistiera. Los paramédicos entraron, me hice a un lado y los ayudé a atenderlo. Aun sin poder dar crédito a lo que mis ojos veían…

Era él, era mi hijo.

Cuando íbamos camino a la ambulancia llamé a Emma, con manos temblorosas por la dicha de haberlo encontrado por fin, por las mil emociones y pensamientos que cruzaban por mi mente. Después de un segundo toque, Emma atendió mi llamado.

—Jhosep ¿Qué sucede? —me preguntó, pues sé que en este momento debía estar trabajando y nunca le llamaba en este horario a menos que fuera estrictamente necesario.

—Amor mío, lo encontré.

—¿El corazón para Elena? —preguntó con total inocencia y sollocé de nuevo, esta vez fue de dicha no de tristeza.

—¿Jhosep? —supe que ella ya me había entendido. No quería decirlo en voz alta por temor a equivocarse.

—Sí Emma a nuestro hijo.

Cuando llegamos al hospital, le realizamos un lavado de estómago para tratar de eliminar los fármacos de su organismo.

Había estado soñando con Elena. Abrí mis ojos y lo primero que observé fue a mi padre, estaba ojeroso y parecía haber envejecido diez años desde la última vez que lo vi. El día de mi funeral. Llevaba ropa casual. Seguramente estaba fuera de sus labores.

De pronto recordé porque estaba aquí. Comencé a llorar. ¿Por qué me había salvado? Él escuchó mis sollozos, porque de inmediato despertó y me miró.

—Hijo… —me llamó.

—¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué me salvaste? —le pregunté furioso, mi mirada de rencor lo desconcertó.

—Tranquilo hijo —su voz era serena.

—¡No!, ¿por qué lo hiciste? Yo quiero que ella viva —la garganta me ardía y mi voz se escuchaba ronca.

—Ayer por la tarde le realicé el trasplante de corazón a Elena, encontramos a un donador —me dijo con una tenue sonrisa.

—¿Qué? ¿Cómo esta? —pregunté. No pude evitar sentirme un poco estúpido.

—En cuidados intensivos, estará ahí las primeras cuarenta y ocho horas —mi padre comenzó a llorar—. Eres un estúpido arrebatado. Dios, estás vivo.

Mi padre se dejó caer prácticamente sobre mí llorando. Lo abracé. Cuánto había necesitado de él, de su fortaleza, de su amor y su protección. Durante tanto tiempo me sentí perdido; ahora en los brazos de mi padre me sentía en casa. Era tan fuerte el sentimiento que no podía llorar.

—No, nadie debe saberlo —le dije, él se apartó de mí para mirar mi rostro.

—Lo sé, Jianna nos ha explicado todo —me informó, y por un momento me cruzó por la cabeza que Elena lo supiera, pero no podía ser porque aun debía estar recuperándose de la operación.

—¿A quiénes?

—A tu madre y a mí —me explicó. ¡Mamá!

—¿Dónde está mamá? —pregunté. ¡Dios mío! Parecía un niño pequeño. Pero no me importó parecerlo. Cuando pierdes a tu familia, cuando estás tan cerca y tan lejos a la vez, es un infierno y ahora que la vida o mi estúpido intento fallido de suicidio me dieron la oportunidad de verlos y abrazarlos, era justo lo que pretendía a hacer.

—¿Emma? —me pregunta, como si dudara de que estuviera pidiendo por ella. ¿Por quién más si no?

—Sí —respondí.

—Con Elizabeth en la cafetería —me dijo con burla. Arqueé mis cejas en expresión de asombro. Saber que tu madre la que te cuidó y tu madre la que te dio la vida recibiéndote con los brazos abiertos veintiocho años después, estaban juntas tomando un café, era extraño.

—Papá lo lamento, yo… no podía decirles. Perdóname.

—No hay nada que perdonar Ethan. Te amamos. —dijo mientras nuevamente me abrazaba. Después de soltarme me miro a los ojos. —Un terapeuta vendrá a hacerte un examen de rutina.

—¿Por qué? —pregunté desconfiado.

—Intentaste suicidarte —me respondió.

—Sabes por qué lo hice. No volveré a hacerlo —debatí. Odiaba a los psicólogos.

—Ethan necesitas ayuda, el secuestro, el alejamiento de tu familia, la manera en que te expusiste para salvar a Erik y muchas otras cosas más te han marcado. Hablarlas te ayudará.

—Durante un año recibí ayuda. No necesito más —insistí.

—No pierdes nada con hablar con él. Va a evaluarte y si todo está bien, no hay por qué temer ¿no es así? —psicología inversa… ¿acaso pensaba que no sabía lo que intentaba hacer? Pero era mi padre y si con ese tonto análisis estaría más tranquilo ¿Por qué negárselo?

—Supongo.

—Bien. Fue terapeuta de Elena.

Habían transcurrido diez días después de la operación, hoy Josep autorizaría mi alta. Al fin. Habíamos acordado con Jianna que ella se haría cargo de mí. Aunque Emma me había ofrecido cuidarme, me negué a ello. Ella ya tenía bastante con lidiar la perdida de Ethan. Jhosep estaba dándole las indicaciones a Jianna de mis cuidados.

—Jianna, estas son las recomendaciones y los cuidados que Elena debe tener. Comenzaremos con la incisión, esta debe estar seca y limpia. Cuando revises la herida no debe estar enrojecida o caliente. Los puntos deben estar cerrados. Debes lavar la herida con agua y jabón. La temperatura de elena…—me perdí en las palabras de mi doctor, me sentía completamente extraña— Los medicamentos…. —en momentos como estos en que los veía hablar de cuidados y más cuidados, me daban ganas de llorar, reír y gritar. Pero la realidad era que por fuera yo no demostraba absolutamente nada. Mis emociones eran un caos.

—Si claro —dijo mi amiga mientras me miraba y sonreía. Estaba comenzando a odiar su sonrisa, el motivo, no lo sabía.

—El reposo es indispensable… —bla bla bla, me pregunto cuantas palabras ha dicho en este, su pequeño discurso de "cuidemos a Elena"…— Elena debes hablar de tus emociones.

Entonces desperté del sueño en el que me encontraba sumida mientras ellos hablaban.

—Disculpa.

—¿Te he aburrido? —preguntó divertido.

—Lo siento yo…

—No te preocupes. Estaré visitándote diariamente antes de venir al hospital.

—Gracias.

Me encontraba en el departamento de Elena, acondicionando su recamara para su larga recuperación. Puse unas flores en su cómoda. Algunos regalos que le habían hecho. Escuché que abrieron la puerta de la entrada. Salí para recibirlas, ahí estaba ella en una silla de ruedas y detrás Jianna.

—Hola hermosa —saludé acercándome a ella.

—Por favor no seas hipócrita —sus palabras hicieron parar mi avance en seco.

—¿Disculpa? —pregunté más asombrado que ofendido.

—Durante el tiempo que estuve internada no fuiste a verme —me dijo. Lastimándome— ¿Qué hace aquí? —preguntó a Jianna.

—Elena, Evan ha estado haciéndose cargo de la fundación mientras yo estaba en el hospital —Jianna salió en mi defensa. Lo agradecí.

—Daniel se ha hecho cargo de la firma y sin embargo todos los días fue a verme.

—Mi hermano intentó suicidarse —le dije. Ella me miró asombrada.

—Estuve en el hospital con él. Cuidándolo después del trabajo. Luego cuando le dieron de alta, lo llevé arrastras a sus terapias con el psicólogo ya que se negaba a tomarlas, desviándose en el camino para espiar a su exmujer. Por lo que en cada terapia me quedaba fuera de la puerta hasta que él salía en compañía del médico —ella me miraba con asombro y arrepentimiento.

—Lo siento. ¿Se encuentra bien? —preguntó finalmente.

—Sí. Gracias por preguntar —le sonreí para quitarle tensión al asunto.

—Discúlpame yo… no sé qué es lo que me pasa últimamente.

—No te preocupes. Todo estará bien.

Me acerqué a ella y le tomé de la mano arrodillándome a sus pies. Jianna desapareció en el instante que vio la escena demasiado intima entre nosotros. Deposité un beso en la palma de su mano y la miré a los ojos.

"Por amor a ti, seré capaz de cualquier cosa, con tal de tener una oportunidad para amarte y comenzar una vida llena de recuerdos".

Evan tenía razón, todo estuvo bien…

Evan y Jianna eran para mí, mis ángeles guardianes. Durante estos siete meses ellos me cuidaron. Jianna se preocupaba por mis medicamentos y alimentación. Evan hablaba conmigo acerca de mis emociones. Se ocupaba de distraerme para no desesperarme por el encierro. Cuando comencé con las caminatas diarias, él me acompañaba en ellas todas las tardes. Se había comportado como un gran amigo. Debo confesar que esa atracción sexual que sentía por él, en ocasiones me mataba. Pero él no había demostrado ningún acercamiento de esa índole. Siempre estaba para mí, eso era cierto, pero tan sólo como un amigo. A veces me preguntaba, sí es que acaso para él todo lo anterior había sido un juego. Y aunque muchas veces estuve a punto de tomar la iniciativa, al último momento me arrepentía, su amistad era muy valiosa para mí. Tenía miedo de perderlo.

Hoy era un día especial y triste. Lleno de recuerdos felices y amargos. Jianna había salido con un tipo, mientras que yo como cada año, me encerraba en mi habitación a recordar.

Me encontraba en mi habitación mirando el atardecer desde mi ventana, en una hermosa tarde cómo hoy me había casado con Ethan. Había sido muy feliz. Pero también hacía cinco años él me había dicho que me amaba, y como una estúpida en estas horas, estaba arreglando todo para esa supuesta reconciliación. ¿Quién me iba a decir que más tarde lo encontraría con su amante en ese restaurante? Aún dolía demasiado. Bebí el último trago de mi jugo de naranja. Y entonces escuché el timbre del interfono. Limpié mis lágrimas y respondí al llamado.

—¿Quién es?

—Soy Evan, ¿princesa, puedo subir a verte unos minutos?

—Claro, ¿traes tu llave?

—Sí.

Evan, tras haberme cuidado en los días que Jianna estaba en la fundación, le proporcionamos una copia de la llave de la puerta principal. Unos minutos después, escuché un par de toques de la puerta del departamento. Al abrirle y verlo de pie vestido con un traje de color negro y una camisa gris Oxford, no traía corbata y los primeros tres botones de la camisa estaban abiertos, mostrando parte de su pecho y su piel. Parecía tan sexy que de un momento a otro me dio sed, pero no de agua, sino de él. En su mano derecha traía un osito de peluche, mientras qué en la otra, un par de rosas: una blanca y una roja. Una sonrisa apareció en mis labios mientras que sentía mi corazón martillar en mi pecho. Con un nudo en la garganta y un suspiro de nostalgia, me pareció que Evan tenía un gran parecido a Ethan. Por lo que verlo llegar de esta manera me hizo sollozar.

—Hey hermosa… mi amor ¿qué pasa? —me decía mientras me estrechaba en un abrazo con todo y regalos, su aroma inundó todos y cada uno de mis sentidos, sintiéndome perdida en ese mar de recuerdos agridulces.

—Tranquila amor.

Me llevó hasta el sofá, soltó su abrazo para dejar las cosas que traía en la mesa de centro de la sala. Me tomó de la mano y me condujo a la habitación. Nos sentamos en la cama… él se puso de pie y se quitó su saco, de una forma muy meticulosa lo acomodó en el respaldo de la silla de mi pequeño escritorio. Yo no podía parar de llorar. Deseaba con todo mi corazón que Ethan estuviera vivo. Él volvió a sentarse a mi lado. Tomó mi mano y con su pulgar comenzó a dibujar círculos en mi palma. De pronto sujetó mi mentón con la otra mano y giró mi rostro hacia él. Sin darme tiempo a nada, me besó. Era un beso cálido, lleno de amor y yo temblando lo abracé, respondiéndole con el mismo ímpetu. Entrelacé su cabello entre mis dedos, era suave como el de Ethan. Sus labios eran deliciosos y podía jurar que jugaba con su lengua de la misma manera que lo hacía mi esposo. ¡Dios! Este hombre venía a mí, a darme amor, y yo no podía evitar soñar con que él fuera Ethan. Abrí los ojos, el atardecer daba a sus espaldas, por lo que los últimos rayos del sol creaban una sombra en su rostro. Quise alejarlo, pero sus palabras me sorprendieron.

—Déjate llevar Elena, sólo déjate ir.

Lo hice, volví a besarlo. Al finalizar el beso comenzó a besar mi cuello, mi hombro, acariciando mi piel con sus labios, lo alejé cuando lo sentí bajar cerca de mi cicatriz.

—No —le dije.

—Tranquila, toca mi espalda. —No comprendí su petición hasta que por encima de la camisa toqué los bordes de unas cicatrices—. Las has sentido. Déjame sentir la tuya.

Esos bordes eran cicatrices… ¿Pero de qué? Lo dejé hacer. Su vaivén era lento, matándome poco a poco. Él se acercó a mi oído y susurró como si fuera un secreto.

—Te amo, te amo.

Su voz…—Ethan —gemí el nombre de mi exesposo a él no le importó, tal vez me amaba tanto que al igual que yo, se permitió soñar. Sólo para no sentir que el mundo te come, te destruye, cuando no se tienen sueños en los que alimentas tu alma con felicidad.

Los besos a veces eran intensos, otras eran suaves caricias inundadas de te quiero o te amos.

Habían transcurrido dos horas de ese arrebato. Él se encontraba abrazándome a mis espaldas. No quería girarme y enfrentarle. No quería hablar de nada, me sentía lo peor por haber manchado el recuerdo de este día por un momento de soledad. Por haber utilizado a un hombre maravilloso y fiel amigo como lo era Evan. Ahora comprendía la intensidad de sus sentimientos hacia mí. Él de verdad me amaba, tanto que no le importó hacerme feliz tan solo unos momentos, unos minutos, destruyendo su orgullo llamándolo con el nombre de otro.

Él se levantó y pude ver su silueta a través del espejo de mi cómoda. Evan se acercó hasta su saco y buscó algo de su bolsillo. Luego fue al baño, donde tardó unos minutos, no había ruido alguno. Como si nada regresó y se recostó dándome la espalda. Me levanté, me sentía sucia, la culpa no me abandonaba. Fui hasta el baño, me miré en el espejo y refresqué mi rostro con agua. Cuando levanté mi vista, vi un recipiente blanco que no era mío. Lo tomé y abrí una de sus partes, al destaparlo me quedé estática.

"En el fondo siempre lo supe"

Vi a Evan entrar al baño, mis manos temblaban sin querer, el estuche pequeño se resbaló de mis manos. Mi mirada cruzó con la de él, sentía que mis piernas flaqueaban y mi estomago se comprimía de la impresión. No podía creerlo. Él se puso detrás de mí, sin perder el contacto de nuestros ojos a través del espejo. Me abrazó por detrás. Besó mi hombro mientras que lágrimas caían de mis ojos y mi respiración era más rápida. Entonces el besó y mordió mi lóbulo derecho. Y dijo:

—Feliz aniversario, mi amor.

Evan no era otro que mi esposo.