Y aquí me tienen, toda casual, actualizando para el Yohna Week que fue en Marzo, fingiendo que no han pasado tres meses.
No me juzguen. Bueno, bueno, sí, júzguenme JAJA lo merezco OOPS! En serio, pienso en fics muy seguido, pero ¿escribirlos? no tanto. De todas formas, les agradezco a cada uno por venir a darse una vuelta por aquí! No es mucho, pero es trabajo honesto jajajajaja y gracias también por cada persona que se dio el tiempo de dejar reviews. Ayy y al respecto, no sé si sea necesario tocar el tema, en fin; no tengo sentimientos negativos hacia nadie por aquí. Sé que hay una persona en especial que estuvo pasando por un momento difícil, que la hizo manifestarse de forma inapropiada en más de una ocasión. Como sea, no quiero juzgarla para nada, sólo quiero hacerles saber que ambas estamos en paz y de verdad le deseo lo mejor. Si es que regresara y se repitieran estas conductas, mantendré mi misma posición. No tengo ni energías para levantarme de la cama y voy a andar buscando peleas jajajaja Así que le envío mis mejores vibras y ánimo en lo que sea que esté haciendo actualmente. A todos, en realidad! Una no sabe por qué están pasando por allá, así que fuerza a ti, que estás leyendo esto.
Bueno, para variar mucho blabla, sorry jiji. Esta historia está basada en el canon! Yoh y Anna se aburren con facilidad, así que se les ocurre hacer estupideces en equipo para pasar el tiempo.
Día 6: Pocky Challenge
Pocky Challenge
La verdad es que esa tarde, al igual que muchas otras, no tenían muchas cosas que hacer. El otoño había llegado hace algunas semanas, pero el frío ambiente se sentía como si estuviesen en pleno invierno. Es por eso, que preferían quedarse en casa antes de salir a coger un resfrío. Tenían que ponerse creativos para pasar el rato, sin embargo, esta nueva ocurrencia de Anna aún generaba dudas en el joven Asakura.
—Hmm, no sé, Anna —dijo Yoh, observándola abrir la caja roja de Pocky.
—¿Aún no empezamos y ya te das por vencido?
—No es eso… Es que eres demasiado competitiva.
—Te asusta perder.
El castaño resopló con incredulidad. ¡Pero qué mujer tan terca! Harto de su testarudez, respondió con una sonrisa altanera.
—No, sólo no quiero que te enfades cuando te gane.
Deseó que Anna se mostrara molesta por la provocación, pero sólo vio más determinación en su semblante.
—Ye veremos —respondió ella, sonriendo maliciosamente.
Yoh inspiró hondamente. Bien, si Anna deseaba jugar a ese estúpido desafío que vio en sus novelas, la complacería. Que luego refunfuñara todo lo que quisiera.
Ambos se sentaron sobre el piso de tatami, frente a frente y a escasos centímetros el uno del otro. Yoh miró con ojos entrecerrados a Anna, mientras que ella sacaba el primer palito de Pocky.
—¡Amo Yoh! —Amidamaru se acercó en su forma hitodama, su expresión llena de temor— ¿Está seguro de que quiere hacer esto?
En lugar de que el castaño respondiera, fue Anna quien habló.
—¿Acaso necesitas la ayuda de Amidamaru para cumplir con algo tan básico? Qué decepcionante, Yoh.
El joven frunció el ceño, mirando de reojo a su espíritu acompañante.
—No hay vuelta atrás —respondió, con un poco más de drama del que hubiese deseado—. Amidamaru, tal vez no deberías ver esto.
—La señorita Anna rara vez lo desafía a un duelo, por supuesto que quiero evidenciar este extraño combate.
Yoh intercambió miradas con Anna, esperando que ella estuviese tan avergonzada como él. En lugar de eso, lo observó con frialdad, como si esperara que él tuviese que cumplir con el trabajo sucio. Y eso tendría que hacer.
—Eh… Amidamaru, ¿cómo te explico? Este desafío no es un duelo… es sólo algo que vimos en la televisión. No vamos a luchar ni nada por el estilo, si no que…—
—Vamos a besarnos, así que vuela lejos de aquí.
El castaño tragó saliva al escuchar a su prometida ser tan directa, y cuando miró al pobre espíritu ruborizarse, incluso cuando no tenía un cuerpo físico, quiso cubrir su rostro con ambas manos. Quería corregir a Anna ante Amidamaru, y explicar que no se trataba realmente de eso, pero el pobre samurái ya se había desvanecido antes de que Yoh pudiera hablar.
—Mira lo que hiciste.
—Él ya debería saber cuándo dejarnos solos —Anna se puso de rodillas, acomodándose para lo que venía.
Yoh negó con la cabeza y la imitó, sentándose de rodillas al punto de rozar las piernas de su prometida. Ella levantó con una mano la famosa golosina; un palillo delgado de galleta cubierto por chocolate.
—¿Hasta cuándo tendremos que hacer esto? —preguntó él, acercando levemente su rostro al de ella—. ¿Hasta que se acaben todos los Pocky la caja?
—Hasta que te aburras de perder —contestó Anna, poniendo la punta del palillo en sus labios—. ¿Listo?
Él asintió. Se agachó un poco para aproximarse aún más y llevó el otro extremo del dulce a hacia su boca, hasta que él y Anna sostuvieron el Pocky únicamente con sus labios. Miró fijamente a la rubia, hasta que alzó su mano indicando la cuenta regresiva con los dedos para comenzar el juego.
Tres.
Dos.
Uno.
Ambos comenzaron a mordisquear la galleta velozmente, pero, llegando a la mitad, Yoh acabó soltando el dulce.
—¡Ja! —soltó la rubia justo después de terminar de comer —Perdiste.
Yoh parpadeó con incredulidad. ¡Quién hubiese sabido que era tan malo en eso! Resopló molesto, y fue él quien sacó el siguiente Pocky y lo puso entre sus labios. Anna lo imitó e inició la cuenta regresiva y, cuando llegaron al último número, repitieron la competencia.
Impulsado por su fracaso anterior, Yoh acabó rápidamente con la galleta, alcanzando los labios de Anna. Sonrió contra su boca cuando se sintió victorioso, alzando ambos puños al aire en señal de triunfo.
—¡Gané! ¡Te gané! —le dijo a Anna, señalándola con burla— ¿Qué decías? ¿Qué me asustaba perder?
La vio entrecerrar los ojos, la furia brillando en ellos. Sin embargo, sonrió levemente, sacando otro Pocky de la caja.
—Me distrajiste con tu mal aliento.
Yoh cambió su rostro de feliz a indignación total. Sabía que ella estaba mintiendo, y seguro estaba diciéndole eso para afectar su confianza y hacerlo perder. ¡Esa bruja!
Sus propios ojos se abrieron en sorpresa. Vaya, él también se estaba poniendo demasiado intenso con ese pequeño enfrentamiento. Pero, si tenía la oportunidad de vencer a Anna en algo, la tomaría sin dudar.
La rubia puso entre sus labios el Pocky, e Yoh la imitó, mirándose con recelo antes de reiniciar el juego.
Tres.
Dos.
Uno.
Anna se movió tan rápido que Yoh soltó el Pocky en sorpresa, llevándose ambas manos a la cabeza cuando notó que perdió nuevamente. Se sujetó el cabello con fuerza, decidido a ganar en el próximo enfrentamiento.
Tres.
Dos.
Uno.
Ambos mordieron el palillo hasta encontrarse a mitad de camino, besándose fugazmente antes de mirarse con enfado.
—Gané —dijo Anna, fulminando al castaño con los ojos.
—¿Qué? ¡Fue un empate!
—Nada de empates, Yoh. Voy ganando, y lo sabes.
Yoh abrió su boca, indignado. Esa niña no sabía a lo que se estaba enfrentando. Él se acomodó en el piso, y estiró su cuello hacia ambos lados.
—Está bien, Anna, no quería demostrar todo mi potencial, pero me estás obligando.
Ella lo miró con burla, y él respondió frunciendo el ceño. Tendrían que ponerse serios.
Pocky en los labios.
Mano en el aire.
Tres.
Dos.
Uno.
Ninguno soltó el dulce, haciendo que sus labios se encontraran. Esta vez, su beso duró ligeramente más de lo necesario, lo que incomodó a ambos, no porque no les gustara ese contacto, sino porque arruinaba la atmósfera de tensión que habían creado. No se puede tener concentración total durante un desafío si te quedas pensando en lo lindo que es tu prometido, y te expones muchísimo al fracaso si te quedas embobado con el nuevo perfume de tu prometida.
Yoh y Anna volvieron a separarse, sus mejillas sutilmente rosas, mirándose incluso más molestos.
—¿Qué fue eso? —preguntó ella, casi reprendiéndolo—. Estamos haciendo algo importante, Yoh. No es momento de ponerse sentimental.
—¿De qué hablas, Anna? Yo estaba enfocado en ganarte, ¿te aprovechas de mi debilidad para derrotarme?
—¡Tú eres quien trata de distraerme! Qué bajo, Asakura.
—Tú eres la que busca excusas tontas para besarme. Si quieres hacerlo, hazlo y ya.
Fue Anna quien abrió su boca indignada, sin poder creer el atrevimiento de su prometido. Él seguía mirándola con el entrecejo unido, ahora cruzando los brazos con enfado como el mocoso que era.
Vaya, era cierto. Si se ponía desagradable cuando competían.
La rubia negó con la cabeza. Se estaba desviando del tema.
Ella presionó sus puños con fuerza, y los llevó al cuello de la camisa de Yoh. Lo sujetó con fuerza y lo atrajo hacia ella, besándolo en los labios sin dejarlo ir. Notó que el cuerpo tenso de Yoh pareció relajarse en ese momento, y cuando volvió a verlo el rojo de sus mejillas había alcanzado sus orejas.
—¿Ves? —preguntó ella— No necesito excusas tontas para besarte. Esto era cien por ciento un desafío y yo…—
Y ella se quedó callada cuando Yoh volvió a besarla. Ya estaba bien familiarizada con sus labios, pero no pudo evitar derretirse ante el tacto. Soltó su camisa y llevó sus manos detrás de su cuello, acariciando el cabello castaño de su prometido, presionando ligeramente cuando ambos abrieron ligeramente la boca, abriendo paso a un beso más profundo.
Sintió las manos de Yoh detrás de su espalda, y fue él quien la atrajo esta vez, haciendo que ella le quedara encima. La espalda del castaño tocó el piso y sintió el peso de Anna sobre él. Yoh olvidó completamente lo que estaban haciendo hace algunos segundos, hasta que, con los ojos cerrados, sintió la presencia de Amidamaru cerca, desapareciendo tan pronto como llegó.
Él sonrió mientras besaba a Anna. Los habían descubierto otra vez. Sonrió aún más cuando notó que ella también sonreía, separándose de él para contemplarlo.
—¿Qué es tan divertido? —preguntó ella, sus mechones rubios cayendo sobre el rostro de él.
Yoh rio.
—Sabes a chocolate.
Él vio las mejillas de Anna tornarse más rojas. Sabía que si se lo hacía notar la haría ruborizarse más aún y, por ende, la haría enfadar. Le dio un beso en la punta de la nariz, y volvió a sentarse en el piso, ahora con las piernas cruzadas, acomodando a Anna entre ellas.
—…oh, y Amidamaru nos vio, de nuevo.
—Ya lo sé —respondió ella, suspirando agobiada— ¿Acaso no conocían la privacidad hace 600 años?
Yoh no podía culpar al espíritu; ambos se encontraban en la sala de estar, así que no era culpa de Amidamaru si se topaba con ellos en… actividades poco decorosas.
—Por cierto —dijo Anna, llevando ambas manos sobre cada mejilla de Yoh— Yo gané.
Él la miró con incredulidad, pero recibió un beso en la frente en respuesta.
Anna se puso de pie, y le extendió su mano a Yoh.
—Vamos, va a comenzar el dorama.
—Ugh, otro capítulo de relleno, supongo —contestó él, recibiendo la ayuda de Anna para levantarse.
—Tal vez podamos sacar otra idea de ahí —susurró Anna, haciendo que Yoh se sonrojara—, para incomodar a Amidamaru, claro.
—Que mala… —susurró él, sonriendo cuando vio la expresión maliciosa de Anna.
Tomados de la mano, se acomodaron en el kotatsu y la rubia encendió la televisión, buscando con el control remoto la serie que tanto deseaba ver.
Yoh estaba preparado para quejarse cuando vio que el dorama seguía estancado en lo mismo de hace 4 capítulos, pero eligió el silencio al sentir que Anna acomodaba su cabeza contra su hombro.
¿Cómo podría quejarse?
