Lo logré! El último prompt, justo a tiempo JAJAJAJA ¿A quién engaño?

Esta última historia está basada en el canon también. Yohna viajando por el mundo! Tiene aproximadamente 19-20 años. Ni yo sé, ustedes conocen los problemas en la línea temporal de Shaman King así que, ni modo.

Les agradezco enormemente a cada uno de ustedes por acompañarme en esto. Demoré MUCHO más de lo presupuestado, pero AL FIN le puedo poner "Complete" a la historia ;; Siento que tengo mil deudas, estoy en el infierno de los fics incompletos jajaja Bueno, volviendo a la idea, gracias, gracias, GRACIAS! Que todos estén muy bien, nos estamos leyendo!


Día 7: Proposal


Proposal

A ninguno le agradaba mucho ir al mercado, pero ya era hora de abastecerse, por lo que no tenían escapatoria. Yoh suspiró cuando Anna comenzó a regatear con el comerciante. Durante sus constantes viajes, la rubia se había convertido en una experta para ahorrar dinero, sin embargo, eso significaba que podrían demorar el doble de tiempo en terminar las compras, ya que ella debatía con los vendedores hasta obtener el precio que deseaba.

El castaño se limpió el sudor de la frente, y miró a su alrededor. No lograba acostumbrarse al sol abrasador de ese país. Observó a la gente, parloteando incesantemente en ese idioma que aún no controlaba del todo, indiferentes al calor y a la falta de aire. Yoh buscó entre sus pertenencias la cantimplora, decepcionado cuando una única gota de agua alcanzó sus labios. El camino de regreso a la casa que los estaba hospedando era largo, por lo que sería un suicida si pensaba en morir de sed en medio del camino.

—Anna —le susurró, intentando de no interrumpir su regateo—, iré a buscar agua y vuelvo.

—No tardes —respondió ella, discutiendo nuevamente con el pobre vendedor.

Yoh rio con lástima cuando el hombre lo miró suplicante. Era bueno para llegar a acuerdos de forma pacífica, pero ni loco se interpondría entre su esposa y sus ahorros. Caminó por el mercado, abrumado por el bullicio de las personas. Algunos vendedores gritaban a todo pulmón para ofrecer sus productos, haciendo que el castaño se sobresaltara de vez en cuando. Por fin, encontró el puesto de una mujer, lleno de tinajas con distintos brebajes. Con su notorio acento, hizo esfuerzos descomunales para hacerse entender.

—Buenas tardes —saludó Yoh—, ¿de casualidad tiene agua? Le pagaré.

La mujer sonrió y asintió con la cabeza. Yoh le entregó la cantimplora, observando a la mujer desaparecer momentáneamente detrás de su tienda improvisada. El castaño esperó pacientemente, riendo ligeramente cuando vio a un niñito escondido detrás de una de las tinajas, observándolo con curiosidad.

—¡Hola! —saludó él, haciendo una seña con la mano.

El pequeño pareció avergonzarse, corriendo a esconderse detrás de la tienda, chocando con la mujer que regresaba con la cantimplora.

—Disculpe —dijo ella, sonriendo apenada—, ¿Mi sobrino lo estaba molestando?

—Oh, para nada —respondió él, recibiendo la cantimplora—, al contrario, me hizo recordar a mi hijo.

La señora sonrió conmovida.

—¿Tienes un hijo?

—Sí, de cuatro años. Vive en Japón —contestó él, buscando entre sus cosas el efectivo para pagar—,hace tiempo no lo veo —agregó, la nostalgia evidente en su voz.

—Debe extrañarlo mucho.

Yoh sonrió tristemente. Sí. Bastante.

—No se preocupe —dijo la señora, negando con las manos cuando el castaño le ofreció el dinero—, el agua no se cobra.

—Vaya, ¡muchas gracias! —contestó él—, me ha hecho un gran favor. Mi esposa es muy estricta con el dinero.

—Es una mujer inteligente —rio ella—, ¿Hace cuántos años están juntos?

—¿Casados? Cuatro años.

Él vio a la mujer entrecerrar los ojos, de forma pensativa. Seguro habría notado no era coincidencia que su matrimonio y su hijo tuviesen los mismos años. Yoh estaba acostumbrado para los típicos reproches de la gente mayor, pero sólo vio a vendedora sonreírle.

—Es adorable que le hayas propuesto matrimonio tan joven —refirió la mujer, enternecida—, seguro estabas muy enamorado.

Yoh sintió que se ruborizaba. Agradeció a la mujer por el agua y se despidió. Le era muy fácil distraerse conversando con desconocidos, por lo que prefirió regresar a su esposa antes de que perdiera la noción del tiempo.

Mientras caminaba, algo quedó dándole vueltas en la cabeza. Cuando vio a Anna, que lo esperaba de brazos cruzados, lo olvidó.

—¿Dónde estabas? —le preguntó ella, arqueando una ceja—. Estaba esperándote.

—Me entretuve —dijo él, sonriendo con culpa—, lo siento.

—¿Encontraste agua? Me dio sed hablar tanto con ese idiota.

Yoh asintió y le entregó la cantimplora a la rubia. Recordó a la mujer y le agradeció mentalmente por el agua. Había sido un encuentro corto y agradable. Y de pronto, el pensamiento volvió a su cabeza de golpe.

—Oye, Anna. No te he propuesto matrimonio, ¿verdad?

La rubia entrecerró los ojos, mirándolo extrañada.

—Oh, entonces, ¿con quién estoy casada? —preguntó ella, la burla obvia en su voz.

—No, no, me refiero a que nos casamos y ya, pero nunca te pregunté si te querías casar conmigo.

De pronto, la expresión reflexiva de Yoh se convirtió en una de horror.

—¿Te querías casar conmigo, cierto?

—Estaba embarazada, no tenía muchas opciones.

—¡Anna!

—¿Hablas en serio? —preguntó ella, negando— Nos comprometieron a los diez años. Tuve bastante tiempo para arrepentirme si no hubiese querido estar contigo.

—Pero…

—Y te amaba Yoh. Te amo, así que no pienses tonterías —lo volvió a mirar, ladeando la cabeza con curiosidad—, ¿a qué viene todo esto?

—Nada —contestó él, frunciendo el ceño—. Es que, de pronto me siento mal. Tuve que haberte preguntado si querías casarte.

Anna suspiró, deteniéndose en medio del mercado. Puso una mano sobre la frente de Yoh, evaluando su rostro.

—Debe ser el calor que te tiene así. Bebe un poco de agua y volvamos rápido a la casa.

—¿"El calor me tiene así"? ¿Así cómo?

—Así: tonto.

Yoh la miró con incredulidad, pero antes de lograr reclamar, Anna lo sujetó del brazo y comenzó a caminar, dirigiéndolo de regreso a su hogar temporal.

Las horas pasaron, y el sol ya se había escondido por fin. El ambiente estaba mucho más fresco y agradable, pero el pensamiento recurrente de Yoh seguía molestándolo.

—No lo sé —dijo de pronto, de espalda sobre la cama—, tal vez tuve que haberte comprado un anillo o algo. Como la gente normal.

Anna volteó a verlo, suspirando irritada.

—Sigues con eso.

—¡Es que… —Yoh se sentó sobre la cama, cruzando las piernas—, ahora recuerdo todas esas novelas que veíamos! Las propuestas de matrimonio siempre eran especiales, y yo nunca lo hice.

La rubia suspiró. En lugar de volver a responder con molestia, caminó hacia su esposo y se sentó en el borde de la cama. Él resopló e hizo un puchero. Anna negó con la cabeza y acarició una de sus mejillas con una mano.

—Nunca necesité una estúpida propuesta, Yoh —le dijo ella, mirándolo fijamente a los ojos—, tú eras todo lo que quería.

Los ojos castaños del joven parpadearon sorprendidos, conmovido ante la confesión de la chica.

—Anna…

—Ahora, aún me debes una vida llena de comodidades —continuó ella, sonriendo maliciosamente—, así que tienes otro tipo de deuda conmigo.

—¿Otro tipo de deuda?

Ella asintió, y se acercó a él hasta darle un beso en los labios.

—Tendrás que encontrar otra manera para pagarme.

Volvió a sonreírle, con esa sonrisa que él conocía a la perfección. Las intenciones de su esposa estaban más que claras, aún así, no dejó espacio para dudas cuando lo besó por segunda vez, subiendo a la cama y acomodándose entre sus piernas.

Oh, estaba bien. Tal vez no Anna no necesitaba una propuesta, pero quería otras cosas que él gustoso podría ofrecerle.

Al día siguiente, cuando Anna despertó, lo primero que notó fue que estaba sola. Se talló los ojos, buscando en dónde diablos se había metido Yoh. Supuso que estaría soñando cuando lo vio sonriendo ampliamente, arrodillado junto a la cama.

—¿Yoh? —preguntó ella.

—Anna Asakura, ¿deseas ser mi esposa?

Ella abrió la boca, pero no logró articular ninguna palabra. Ante su falta de respuesta, Yoh cubrió su boca, avergonzado.

—Oh, lo había olvidado —susurró para sí mismo, buscando entre sus bolsillos el importante objeto que faltaba— ¡Aquí está!

Le mostró a Anna lo que parecía ser un anillo. En realidad, era un círculo hecho de pasto, con una flor aplastada como adorno. La sonrisa de Yoh se hizo aún más grande, esperando alguna reacción de su ¿futura? esposa.

—…

—Lo mejor es que no puedes negarte —dijo él, bastante orgulloso—, sería mucho trabajo tener que cambiar tu apellido otra vez.

Anna no logró aguantarlo y rio, presionando ambos labios para intentar calmarse, ya que Yoh ahora se forzaba para mostrarse lo más serio posible.

—¿Esa risa es un "sí" o es un "no"?

Anna intentó mantener la compostura, y aclaró su garganta intentando seguirle el juego al castaño.

—Es un sí, Yoh —contestó, sonriendo cuando la cara de su esposo de iluminó—. Acepto casarme contigo.

—¡Sí! —celebró él, levantándose del piso para abrazarla—. Por un momento pensé que huirías.

—Ya te lo dije, tuve mucho tiempo para escapar de ti si así lo hubiese querido.

Yoh se sentó junto a ella en la cama, cogiendo una de sus manos con extrema delicadeza, algo que derritió en silencio el corazón de Anna. Acomodó el anillo entre sus dedos, y le dedicó una mirada llena de devoción justo antes de besar su mejilla.

—¿Te gusta? —preguntó él, arqueando las cejas— Me demoré tres minutos en hacerlo.

Anna contempló la singular joya en su mano. Parecía que se iba a desarmar en cualquier minuto.

Sonrió.

—Es perfecto.

Él le respondió sonriendo felizmente, y se inclinó hacia ella para darle un beso en los labios.

No había música romántica de fondo, ni tampoco estaban en medio de un escenario fantástico, repleto de pétalos de rosa y fragancias dulces. Todo eso no le quitaba lo especial a ese momento, en donde, como tantas otras veces, confirmaban que querían compartir su vida. No habían sortijas de oro, sólo una flor semi-marchita, y, honestamente, era mucho más que suficiente.


FIN