III. REFLEXIONES
Por la mañana Alex salió de su guardia, casos como este en que hay chicos involucrados lo estresaban de más. No podía evitar pensar en su propio hijo, aunque ya no era tan niño. quería llamarlo, pero seguro estaría en la escuela, (tendrá que esperar). Su nivel de adrenalina no le permitiría dormir así que decidió ir a liberar un poco de tensión al gimnasio.
Estuvo golpeando un saco por buen rato y tratando de organizar sus ideas. ¿Qué era lo que quería? Ciertamente no era tirarse de cabeza a otro matrimonio para volver a fracasar. ¿Y su cita? ¡no! Eso fue por molestar a Morgan (y vaya si lo consiguió). Sonrió para sí.
-Hola Doctor Alex. Lo saludó una voz familiar. La mujer se puso a golpear el saco de enseguida.
-Dra. Boyd! ¿Cómo va el entrenamiento? ¿Estas lista para competir en el selectivo?
La doctora lo vio divertida. Y soltando una serie de golpes. le respondió con otra pregunta - ¡No te hagas…! ¿A ti como te fue? ¿si te dio revancha? Obviamente ya no se estaba refiriendo al ring. -No, respondió el doctor un poco apenado. Su amiga le dio un golpecito en el hombro. Se despidieron y Alex abandonó el lugar.
Llegando a casa llamó a su hijo platicaron de la universidad y de su trabajo, aunque no quiso contarle los dolorosos detalles del día anterior, le bastaba decirle cuanto lo ama, el muchacho le correspondió de igual forma. ahora se encontraba más tranquilo y sintió que el cansancio lo vencía. Se tumbo en el sillón todavía riendo por la carrilla de la Dra. Boyd. ¡Era genial! pero solo buena amiga y aun si hubiera posibilidades Ella no era Morgan. Ni se acercaba. ¡Rayos!
Este fue su ultimo pensamiento antes de quedarse profundamente dormido en el sillón
