He aquí una idea que emociona mucho a mis hermanas, así que este capitulo va especialmente dedicado a ellas, espero que les guste, yo estaba muy emocionada escribiéndolo.

Primo Passo

El auditorio escolar estaba repleto ese día, y no solo por estudiantes de la institución, también por público en general que se había enterado de aquella presentación. Y es que las expectativas que generaban aquel cuarteto siempre eran superadas por mucho, y no era para menos, después de todo, eran los mejores estudiantes de la prestigiosa escuela "Atsudoragon – la sociedad de las artes" además de ser los nietos del prodigioso y fallecido músico Yamamoto Genryusai, quien fue uno de los fundadores de aquella escuela de música en la que salían grandes prodigios, no solo en música.

Desde su fundación, se fueron agregando más clases artísticas. Desde teatro, danza, pintura y escultura, música, entre otras. Pero los que más destacaban del ramo en música eran aquellos por lo que el auditorio estaba a reventar.

Ver a esos cuatro prodigiosos músicos siempre era un deleite tanto auditivo como visual, ya eran muy reconocidos en el pueblo de karakura, tanto en grupo, como tocando individualmente.

Se dio aviso de la tercera llamada por los altavoces, las respiraciones se contuvieron por un momento cuando el telón se alzó, dando paso a un escenario totalmente oscuro, donde se encendió una luz directa que ilumino a un joven alto de cabellos largos de color castaño oscuro, totalmente liso que caían con rebeldía sobre su espalda y hombros. Traía unos lentes que caían ligeramente por el puente de su nariz mientras sostenía con vehemencia sobre su clavícula un violín, preparado para comenzar a tocar en cuanto los desbordantes aplausos cesaran.

(MOST Epic Violin, Cello, Drums (Clocks and Clouds))

Todos volvieron a contener el aliento cuando el arco rasgo las cuerdas del violín dando las primeras notas, a las que se sumaron tonos graves de un cello, revelando con otra luz a otro apuesto joven sentado en una silla para manejar tan pesado y enorme instrumento. Este tenía el cabello corto, un poco desordenado, más rebajado de un lado mientras que del otro lo tenía un poco más largo, alcanzándose a ver que sobresalía un mechón teñido de color rojo. Tez ligeramente bronceada, fachada de rebelde que contrastaba con el instrumento clásico que tocaba con pasión y delicadeza a la vez.

Ambos instrumentos sonaron con misticismo, casi deteniendo el latir de los corazones del público que los escuchaba en total silencio, como esperando algo, un cambio abrupto en aquella abrumadora calma con la que ambos hombres tocaban. Un breve silencio, seguido de un ritmo más apasionante por parte del cello mientras que el violín rasgaba con lentitud las cuerdas, dando en alerta al público que estaba por surgir algo más. Entonces una serie de percusiones dieron aquel salto en el ritmo cardiaco tanto de los oyentes como de los músicos, ahora revelando al baterista. Cabello corto, castaño, peinado con una especie de mohicana, tez blanca, dándole un ritmo constante a aquellos dos instrumentos clásicos, provocando un salto en el corazón de todos con cada golpe al bombo. Aquella interpretación poco a poco iba subiendo de intensidad.

A la apasionante interpretación, se unió alguien más, una flauta que parecía unirse a la voz de las cuerdas del violín, cantando en conjunto, dándole mucho más matiz a la melodía que ahora envolvió mucho más al público. La luz iluminó ahora a la flautista, una bella joven de cabello mediano que llegaba un poco más arriba del cuello, negro, con algunas mechas rosadas. De menor estatura que el violinista con el que ahora tocaba lado a lado, coordinándose con él a la perfección. Ahora los cuatro estaban uniéndose en aquella asfixiante interpretación, que tenía a todos casi sin respiración.

Una vez más, los hermanos Yamamoto, los prodigios musicales de aquella escuela, tenían al público en la palma de sus manos. Cada uno a su estilo, cada uno con diferente apariencia y personalidad, pero que parecían coordinarse como si se leyeran las mentes cuando tocaban juntos.

Los aplausos fueron tan efusivos y estridentes, que prácticamente el escenario parecía temblar. Cada hermano hizo una reverencia tras que el escenario se ilumino por completo, revelando que tras ellos estaba un hermoso piano de cola, en donde se sentó el violinista al dejar el respectivo instrumento en un atril, mientras que la flautista se sentaba en el banquito frente al arpa, recargándolo en su pequeño hombro, en lo que los otros dos hermanos abandonaron por ahora el escenario.

(Hijo de la luna – Daniel Jordán (arpa))

El arpa, interpretado por las delicadas, pero a la vez, decididas y apasionadas manos de la única mujer de aquel cuarteto, empezaron con el ritmo atrecillado de aquella enigmática pieza, que ponía al público totalmente atento, como si se tratara de un cuentista a punto de contar una historia mítica, a la que no podían perderle el menor detalle. Asami Yamamoto, de 17 años, la única mujer de aquellos hermanos, tocaba aquella pieza tan popular con tal destreza que a pesar de no haber palabras de por medio, parecía hacer que su arpa hablara, el público podía escucharla cantando con desbordante pasión y entrega, y es que su interprete, acentuaba su belleza al tocar con tal vehemencia, hipnotizando a los oyentes, adentrándolos en la historia que interpretaba con cada cuerda que sus dedos jalaban como si estuviera tejiendo un magistral tapiz.

Y claro, aquello no podía estar completo sin el piano que daba el acompañamiento con el ritmo de vals que Haruki Yamamoto, de 24 años, tocaba con delicadeza y cuidado en los versos que cantaba el arpa, pero al momento de entrar al apasionante coro, dejaba caer sus dedos en los acordes para adentrar más al público en la noche en que esa historia se contaba. Ahora que tenían una luz más natural, podía apreciarse mejor a aquel talentoso pianista de cabellos largo de castaño oscuro, cuyas puntas se degradaban hacia arriba en azul cian, que parecían hipnotizarte en su danza al estar moviéndose por el desborde de entrega al tocar el acompañamiento de su hermana menor, como un verdadero y errático gitano.

Todos estaban escuchando en total silencio, sin atreverse si quiera a parpadear. Para casi el final, donde el arpa cantaba las ultimas estrofas, se quedó sonando ella sola, con delicadeza, alzando su voz cuando el piano se le unió, viendo de reojo a su hermano cuyos cabellos se movían aun más ante la intensidad que tocaba los últimos acordes místicos, por lo que Asami no pudo quedarse atrás y también rasgueo las cuerdas provocando que la voz del arpa se alzara más. Ambos culminaron en perfecta sincronía, Haruki con un fuerte acorde y Asami con serie de notas fuertes y apasionadas.

Cuando el shock paso por tal historia contada de tan magistral manera, todos se pusieron de pie, aplaudiendo fuertemente, aplausos que siguieron aun después de que ambos hermanos dieron una reverencia y se retiraron del escenario, siendo reemplazados por el cellista rebelde y el baterista, aunque ahora estaban de pie, luciendo con toda una actitud de rock stars una guitarra y un bajo que tenían puestas con la ayuda de un thali.

(Réquiem for a dream – Guitar arrangement by Mirko Fadda)

El bajo empezó con el misterio, dando notas graves y rápidas, anunciando el caos y la tormenta. Asahi Yamamoto era aquel bajista, de 17 años, gemelo de Asami. Cabello castaño, corto de los lados sobresaliéndole una mohicana, dando incluso la ilusión que era más alto de lo que era. Él se quedo un rato dando ese ritmo en el bajo constante y cardiaco, incitando a quien lo escuchaba a ya no aguantar más la intriga de lo que anunciaba por dejar venir. Fue hasta que el guitarrista empezó a dar los primeros sonidos agudos, alzando sus cuerdas dando un efecto estridente, que se acentuó y acelero más las expectativas con el efecto de cayente que daba gracias a la palanca de su guitarra. El guitarrista era el hermano de en medio, Satoshi Yamamoto, 20 años, aunque la mayoría le llamaba simplemente Sato. Cuando decían su nombre completo era señal de que estaban por reprenderlo. Tenía toda la apariencia del clásico rockero problemático, pero quien realmente lo conocía podía asegurar que poseía un corazón de oro, solo que era excesivamente efusivo y amigable, al menos en palabras de su hermana menor.

La estridencia de la guitarra subía en cada nota, al igual que los graves del bajo que sonaban con más fuerza y violencia, dando cual golpe sin previo aviso el siguiente fraseo de aquella pieza tan impactante. Satoshi se movía de un lado a otro, de atrás para adelante, haciendo más agresivo y asfixiante la interpretación. Podía incluso verse la tensión de los músculos de sus brazos y de sus hombros, su mechón se movía con juguetearía e incluso gotas de sudor caían de su frente mientras una imborrable sonrisa mostrando los dientes se mostraba en su cara, como si disfrutara estar sometiendo al público en aquella violencia en que la tormenta tenía a todos. Asahi no se quedaba atrás, también sus movimientos agresivos y fuertes con el bajo que daba el sonido estruendoso de los truenos en aquella tempestad, mostrando una sonrisa ladina, casi pretensiosa. Ambos hermanos parecían el conjunto de rayos y truenos, que culminaron con un ultimo relampagueo mientras la sonoridad del trueno se quedaba fluctuando por el escenario.

De nueva cuenta ese par dejo al publico en shock, como si realmente hubiesen salido apenas con vida de un mar tormentoso, poniéndose luego de pie y también despidiéndolos con estridentes aplausos al ponerse de pie.

Regresaron de nuevo Satoshi con su guitarra y Haruki, ahora con su violín en mano. Aunque ambos traían puesto sombreros de tipo vaquero y unos chalecos del mismo estilo, pero diferentes uno del otro. El de Hatuki era café claro, de cuero, con una estrella de alguacil en el pecho, mientras que el de Haruki era totalmente de cuero negro. Esto el público lo recibió emocionado, especialmente se dejaron escuchar los gritos de las mujeres al ver a los hermanos vestidos así.

-ya tenías planeado esto ¿verdad? – encara Haruki a su hermano alzando una ceja

-claro, teníamos que dar una excelente presentación hermano – dice Satoshi emocionado – además no me costo trabajo, los de teatro me prestaron la utilería

Haruki alza los ojos, para luego negar divertido, Satoshi tenia una ventaja al ser tan extrovertido y amigable, siempre lograba hacerse de contactos para conseguir las cosas fácilmente

(Roundtable Rival – Lindsey Stirling)

El violín empezó a sonar animado, dando totalmente el ambiente del viejo oeste, mientras que Satoshi dama palmadas al ritmo alentando al publico a aplaudir, ritmo que, de hecho, también estaba dando Haruki dando pisadas con su pie izquierdo. Luego Satoshi inicio a tocar su guitarra, dando ahora un ritmo de rock al violín de su hermano. Pero lo que tenía más emocionado y animado al público no era en si la forma en que estaban tocando, era especialmente, la pantomima que esos hermanos estaban dando. Sotoshi se iba acercando al mayor con actitud de todo un forajido, enfrentando al alguacil con su guitarra, dando la sensación de un desafío al puro estilo del viejo oeste, pero con instrumentos. Satoshi empezó el primer disparo con algunas notas en su guitarra, moviéndola de tal forma que de verdad parecía que de verdad el pentagrama salía del instrumento atacando a su rival, mientras que Haruki respondía y evadía con su violín. Ambos se movían rodeándose, se encaraban y desafiaban en autentico duelo del viejo oeste, batalla que primero el alguacil gano, disparando una certera nota a la que Sotoshi respondió echándose hacia atrás como si hubiese recibido realmente el balazo, retirándose y dejando sonar al violín en victoria de ese primer combate.

Satoshi se puso del otro lado del escenario, dejando a Haruki seguir nuevamente con el ritmo inicial de cantina en aquellos lejanos tiempos, e igualmente que, al inicio, volvía a incitar al público a aplaudir al ritmo. Luego Satoshi volvió a pasos más seguros a donde Haruki, reclamando una nueva revancha tocando la guitarra, y claro que el alguacil no dejaría que ese forajido viniera a causar estragos en su pueblo, así que respondió y un nuevo combate inicio. Sin embargo, esta vez tomo un nuevo giro, aquel forajido había regresado con sed de venganza y se dejo escuchar en la agresividad de sus rasgueos, disparos que el alguacil apenas estaba pudiendo responder, todo parecía indicar que el mal esta vez triunfaría cuando Haruki se puso de rodillas ante la intensidad de la guitarra del villano. Pero una nueva oleada de valor, coraje y fuerza lo hicieron volver a levantarse, tocando con decisión las cuerdas del violín, dejando que el arco golpeara con fuerza, haciendo retroceder al villano mientras él se ponía de pie.

Un silencio abrumador, una guerra de miradas, azul cian de Haruku contra la intensidad de los ojos grises de Satoshi. ¿Quién ganaría en aquella desafiante riña en la que se miraban fijamente a los ojos?

El primer disparo lo hizo el violinista, tocando con toda la intención de no dejar que el mal triunfara sobre el bien. Claro que el forajido no se dejaría vencer tan fácilmente, así que también respondió, pero no se esperaba los ataques tan certeros del alguacil, cuyos disparos estaba dejándolo en desventaja. Satoshi estaba haciendo una interpretación de aquel combate de forma magistral, parecía realmente que las notas salían disparadas a él, dejándolo totalmente fuera de combate al inclinarse sobre una rodilla ante el ultimo disparo que ambos dieron.

Nuevos aplausos y chiflidos de dejaron escuchar, la emoción en el púbico era latente, lo que incito al siguiente par a tomar el escenario. Ahora ante ellos estaban los gemelos Asahi y Asami.

En lo que Asahi se posicionaba en su batería, un asistente ponía un largo atril en donde posaban con delicadeza una serie de instrumentos de viento; una flauta, un clarinete, un piccolo y un oboe. Esto llamo la atención del público. ¿Acaso la pequeña prodigio tocaría todos esos instrumentos para una sola canción? Además, llevaba puesto un sencillo vestido verde pasto, casi asemejando una hoja, así como una corona de laurel, dando la impresión de que era la mismísima hija de la madre tierra. Asahi por su parte solo llevaba al igual que su hermana, una corona de laurel.

(Celtic Woman – Tir na nog ft. Oonagh)

Tomó primero la flauta transversal. Las primeras notas al ritmo céltico inmediatamente trasportaron a los oyentes a un bosque mágico, casi podían escuchar el trino de los pájaros y el correr del agua que caía por una cascada dejando unos momentos solo a Asahi que comenzaba a marcar el ritmo marchante con el bombo en lo que ella tomaba el piccolo y lo posicionaba en sus labios. Aquel instrumento daba un sonido tan agudo, que parecía el cantar de un pajarillo que te daba la bienvenida a aquel bosque encantado que marcaba la melodía con un ritmo dinámico, invitándote a dejarte fascinar por la magia del lugar.

Un pequeño remate de la batería en el que Asami apenas tuvo unos segundos para cambiar a la flauta, comenzando hábilmente con el coro a la par que Asahi daba un ritmo mucho más animado, invitando al público a querer pararse y danzar como si estuvieran celebrando una buena cosecha o la llegada de la primavera. El ambiente del lugar se tornó de la frescura que brindaba un bosque por el que entraban varios rayos de luz, quizá con algunas hadas también volando al ritmo de aquella danza.

Nuevamente Asahi marco el ritmo de marcha, dando un pequeño tiempo a su hermana de tomar ahora el clarinete, dando lugar a la siguiente voz de aquella melodía encantada. Si, daba la impresión de que varias musas de los bosques estaban cantando con aquel cambio de instrumentos que manejaba con asombrosa habilidad, parecía que eran uno mismo. Y Asahi daba los cambios, los remates que marcaba la rítmica y los sobresaltos para dar esa serie de saltos animados, cambiando hábilmente a otro remate para dar entrada al coro que nuevamente la flauta toco de forma dinámica, animada y mágica, provocando que los corazones de todos latieran desenfrenados pero felices. La flauta de Asami parecía que echaba polvos de hada con cada nota, mientras la batería de su gemelo con cada serie de golpes sacaba chispas doradas. Ambos estaban divirtiéndose mucho en aquella interpretación.

Volvió a cambiar al piccolo, tocando trinos como si una parvada de pájaros cantara coordinados, felices de estar en aquel bosque encantado. Quedándose luego Asahi con un pequeño solo de batería, tocando con asombrosa coordinación los tambores y el bombo, dejando la energía de la fuerza de la naturaleza en cada golpe que su hermana marcaba con un fuerte aplauso al entrar el tiempo más fuerte. Aquello era una festividad de la naturaleza viva.

No supieron en que momento Asami ahora tomaba el oboe, cantado ahora lo voz un poco más gruesa pero hermosa, seguida de una serie de tambores y entrando otra vez los coros interpretados por la flauta cuyas notas parecieron cobran aun más vida, cerrando con alegría de poder haber tenido el privilegio de entrar a aquel mágico paraje.

Asami se retiró rápidamente tras dar las gracias con una reverencia a los aplausos, para prepararse para su presentación con Satoshi, y asegurarse que el desparpajado de su hermano se vistiera adecuadamente para aquella pieza. Mientras que Asahi se quedaba a conectar su bajo tras quitarse aquella ridícula corona de laurel y esperaba a su hermano mayor Haruki.

-Satoshi – toca la puerta del vestidor tras bambalinas – más vale que te estés poniendo el esmoquin, yo ya voy a cambiarme – exige severa

-si, estoy en eso – responde tras la puerta sin interés, a lo que Asami suspira retirándose para cambiarse y estar lista en cuanto Haruki y Asahi terminaran.

En el escenario, Asahi, ya listo para tocar con su bajo. Llegando Haruki al escenario a quien siguio con la mirada al verlo salir con un kimono estilo samurái con adornos de flor de cerezo, de color blanco, degradándose a negro al inicio de las mangas y la parte baja, y un sombro de paja en forma de cono, llevando su cabello amarrado en una coleta que dejaba caer por encima de su hombro y violín en mano como si este fuese su katana, tomando luego su respectivo lugar en el escenario, mirando a su hermano menor dándole la señal de que podía comenzar, este solo suspiro divertido, conocía que para Haruki era muy importante vestirse para dar la presentación adecuada.

(senbonzakura – Lindsey Stirling)

El bajo empezó con una serie de notas que fueron en crescendo y dando un ritmo oriental, entrando luego el violín. Haruki empezó mantenido el orgullo de un samurái en calma, que no se deja provocar tan fácilmente y que convocaba el florecimiento de la primavera, y con ello, la aparición de las flores de sakura, cuyos pétalos parecían salir de a poco en cada movimiento del arco, y al mismo tiempo, pintando en un fino lienzo de papel de arroz. Al fondo, se escuchaban y se sentían los graves marcados por el bajo, marcando las notas acentuadas del violín tan dinámico y orgulloso de su hermano.

Varios rasgueos seguidos en el bajo, en conjunto de notas más agudas del violín que se alzaron en el escenario. De repente, el dinamismo fue en aumento, Haruki empezó a moverse por el escenario de forma contundente y a la vez, armoniosa, como si disfrutaba del caer de las hojas de sakura tras volver de alguna batalla, cuyos arboles empezaron a aparecer por todo el lugar. Asahi lo seguía casi con cautela, pero orgullo, como quien sigue a un honroso líder, a quien no dejaba solo, siendo su apoyo ante cualquier cosa, siendo claramente trasmitido al darle los cimientos con su bajo.

Se movía con firmeza, al menos en sus pasos, pero el dinamismo oriental de su violín dejaban en claro lo feliz que estaba por volver a su tierra en plena temporada en que aquellos bellos flores de cerezo retoñaban y caían sobre él, danzando en su recorrido al suelo, casi moviéndose al viento junto a la melodía, contagiando con ello a su pequeño hermano, que tocaba con más ímpetu las gruesas cuerdas de su instrumento, haciendo llegar aquel vibrato a todo el público, en especial a Haruki que podía sentir el leve temblor de las notas graves en sus pies.

Toda esa cultura oriental podía verse en el recorrido que pintaba el samurai. Peces japones nadando y luciendo sus colores en un estanque, edificaciones antiguas, jardines tradicionales, dándolos a relucir con alegría y orgullo que era levemente perceptible en su sonrisa ladina al subir más su energía en pasar el arco por las cuerdas del violín mientras sus dedos digitaban las cuerdas correspondientes. Todo aquello se iba pintando en tinta en aquel tapis metafórico.

Asahi no se quedaba atrás a pesar de ser el acompañante de su hermano, cada acento lo daba con entusiasmo, casi dando un leve brinco a su vez, y su sonrisa entusiasta no se borraba, menos ante la mirada cómplice de su hermano que veía por debajo de su sombrero de paja en aquel recorrido por el antiguo Japón en el que estaba recorriendo junto a Haruki, terminando con el samurai tomando el arco apuntando hacía abajo y mirando con orgullo al público. Cuyos gritos nuevamente se dejaron escuchar combinados con aplausos.

En lo que sus dos hermanos entraban con sonrisas radiantes a bambalinas, Asami tocaba insistentemente en la puerta del vestidor de donde el soquete de su hermano Satoshi aún no se dignaba a salir.

-Satoshi – le reclama con voz chillona – ya nos toca. ¿Por qué tardas tanto? – ella ya estaba vestida con un elegante vestido negro de tirantes gruesos y su flauta en mano

-ya voy ya voy – responde fastidiando tras la puerta – no puedo ponerme esta cosa del cuello – Asami sabía que se refería al moño que iba al cuello, el desparpajado de su hermano era un completo inútil con esas cosas – adelántate, enseguida te alcanzo

-más vale que salgas adecuadamente vestido – le amenaza, yéndose al escenario

Pero oh ilusa que fue, porque a los segundos que ella tomo elegantemente asiento en su lugar correspondiente, Satoshi también tomó asiento a lado de ella tomando su cello. A Asami le sale inmediatamente una vena furiosa en la frente mientras fulminaba a su hermano con la mirada al verlo vestido con pantalón de mezclilla, tenis deportivos, su camiseta de su grupo favorito y varias pulseras y un collar de cadenas que estaba por encima de un moño que llevaba al cuello, que era lo único elegante que llevaba. No podía ahorcarlo estando frente a los espectadores, así que trato de calmarse. En cuento terminaran, le daría tremendo jalón a ese mechón suyo.

(Villa-Lobos The Jet Whistle – Assobio a Jato for flute & cello min 4:27 al 7:23)

La flauta inicio con una nota larga y suave, casi decadente siendo seguida por una nota igualmente larga del cello, sumiendo a todos ahora en una noche quieta, en calma en algún campo que era únicamente iluminado por varias luciérnagas y los rayos plateados de la luna llena. Asami tocaba su flauta casi con voz angelical, era como si ella fuese la luna en aquel escenario al que se sumieron. Su rostro sereno, pero firme le daba una belleza embriagadora, era la guardiana lunar, mirando a su amante con quien no podía estar, solo mirar.

La apariencia de Satoshi contrastaba divinamente con su expresión y con la delicadeza con la que pasaba su arco por las cuerdas, que le respondía a la flauta de su hermana como el hombre melancólico que estaba recargado en un árbol en aquella noche que contemplaba la luna llena, calmado, pero con el corazón melancólico y añorante.

Sonidos agudos de la flauta, combinados con los graves y con pesar del cello en aquella noche en que no se hacia más que estar ahí, en donde el único movimiento eran el de los erráticos de las luciérnagas, ya que la Luna y el hombre solo estaban ahí, mirándose uno al otro con desesperada añoranza. Si se acercaran más, podrían ver la luz que se dejaban escapar de los ojos grises perlados de Satoshi y de Asami, sintiendo el dolor en silencio de aquella pieza, y trasmitiéndolo a los que los escuchaban literalmente con una mano en el pecho.

Esta vez los aplausos fueron tenues, pero no por eso quería decir que la presentación de esos dos no les gusto, se reflejaba en los ojos llorosos de varias personas, mientras aquel par se retiraba.

La calma que reflejaba Asami daba a entender que no estaba enojada con Satoshi, pero en cuanto estuvieron lejos de los ojos de los espectadores cumplió con su promesa interna de agarrarlo fuertemente del mechón de su cabello haciendo que su hermano se inclinara.

-auch, auch, auch – se queja Satoshi – me vas a arrancar el cabello de raíz

-pues si debería hacerlo – finalmente lo suelta – quedamos que para esta pieza nos vestiríamos de negro y elegantes, y sales en tus fachas de rock star – normalmente eso no le molestaba, ella variaba mucho de estilo de vestimenta, pero le gustaba vestirse adecuadamente dependiendo de lo que tocaría.

-traigo ropa negra – se señala su camiseta – y algo elegante – estira el moño de su cuello – no me pidas más – se cruza de brazos evadiendo la mirada de rayo fulminante de su hermana

-ya déjense de pleitos y prepárense para la última presentación – Haruki se pone entre los dos abriéndose paso – aquí podemos salir como queramos, así que Asami, si quieres puedes cambiarte –él estaba vestido con unos jeans rasgados, camiseta negra y una chaqueta blanca delgada encima, dejándose el cabello suelto

-sí, no tardo – se va al vestidor, quería usar el vestido con notas de piano en esa pieza

(Beethoven´s Secrets – OneReplublic - the piano Guys)

La última presentación de ese día de los hermanos Yamamoto inicio con suaves notas del cello, dando la bienvenida a la noche y despidiendo al atardecer al tiempo que la cortina se alzaba, iluminando con una tenue luz naranja a Satoshi. El contraste entre su vestimenta desgarbada y rockera se veía muy bien, llamaba mucho la atención, en especial al tener aquella sonrisa ladina y coqueta al tocar. Ahora también la misma luz iluminaba a Haruki, que acompañaba al cello tocando en pizzicato para luego cambiar al arco en una melodía que te daba la bienvenida a ver el atardecer en despejados campos, con una brisa refrescante y vigorizante, a la que se unió la flauta y la batería que marcaba el ritmo tranquilo de una caminata a paso constante, iluminando a los gemelos Asami y Asahi.

Ahora todos caminaban por ese campo, incluyendo al público, siendo bañados por la luz cálida entre naranja y rojo, despidiendo otro día de la más hermosa manera.

Cada uno de aquellos jóvenes talentos prodigiosos de la música se unía en su respectiva parte, dando el ambiente reconfortante, tranquilizador, dando por terminado una sublime presentación con aquel cuarteto, que de a poco fue subiendo el vigor. Asahi golpeando levemente los platillos para dar un tenue vibrato, Haruki tocando con más fuerza y pasión, con su hermana siguiendo la misma tonada en la flauta, que acentuaba más la interpretación, mientras que Satoshi también movía el arco de forma vigorizante, marcando el un abrupto cambio que siguieron sin problemas sus hermanos.

Flauta y violín hablaron al mismo tiempo, casi en un reclamo, y el cello respondía de la misma forma, dando un vaivén de entre agudos del la flauta y el violín, y graves intensos del cello, todo acompañado de percusiones rápidas de la batería dando más coraje e intensidad a esa charla, uniéndose los tres para hablar en coordinación, acentuándolos con los leves platillos de la batería y siguiendo el cello cantando casi por su propia cuenta pero siendo apoyado por sus demás hermanos que le hacían celestiales coros de fondo.

Una nota larga del violín quedo sonando, seguida de un expectante silencio, que llenaron Haruki y Asami sutilmente con notas tranquilas y suaves con sus respectivos instrumentos. El sol ya estaba a punto de caer en el horizonte, ya el cielo se estaba pintando de un azul cálido. Sotoshi entró otra vez con las notas del principio, despidiendo finalmente al sol que se terminaba de ocultar.

Nuevos aplausos poniéndose de pie, muchos más efusivos al estar todos tan encantados con cada una de las presentaciones de aquellos hermanos, quienes hicieron una reverencia, cada uno con expresiones tan distintas una de la otra; Haruki tenia una sonrisa de medio lado, poniéndose más erguido que daba la impresión de que ganó más altura. Satoshi saludaba a todos sonriendo y mostrando los dientes, con actitud coqueta y galante. Asami con expresión casi presuntuosa, demostrando lo orgullosa que se sentía, mientras que su gemelo, Asahi, mostraba una expresión amable y satisfecha, dando las gracias a la gente que fue a verlos.

Poco a poco el público se fue retirando, dejando vacío y en silencio aquel espacio que tan solo unos instantes estuvo lleno de apasionada música que retumbaba en cada rincón, llenando aun más con aplausos y gritos de emoción.

Tras bambalinas tan solo quedaban los hermanos, quienes ya habían guardado sus respectivos instrumentos y dejándolos bien resguardados bajo llave en un lugar asignado para ellos, al menos los que podían ser guardados, ya que el piano de cola y la batería se quedaron en el escenario, pero bien cubiertos cada uno con una funda.

-¿quieres darte prisa enana? – le reclama Satoshi a Asami, quien seguía limpiando las piezas de sus instrumentos de viento que uso – muero de hambre

-a diferencia de ustedes que solo guardan sus instrumentos en una funda o los cubren, yo tengo que desarmar pieza por pieza y limpiarlas – responde evasiva en lo que limpiaba con un pañuelo una de las boquillas

-aun así, date prisa – dice Satoshi haciendo una mueca

-excelente presentación como siempre hermanos – la voz del mayor de ellos les hizo volver la vista a donde llegaba Takeshi Yamamoto, de 29 años – el director Ukitake dijo que muchas personas aseguran que entraran para el próximo inicio de cursos

Takeshi era docente de aquella institución, aunque claro, seguía tomando uno que otro curso para refinar sus conocimientos. Daba clases de solfeo y apreciación musical, era una persona muy amable y paciente, pero sin dejar de ser estricto, en especial con sus hermanos, alegando que ellos eran el mayor ejemplo para seguir en la disciplina de música. Se especializo en el Saxofon y contrabajo, ya que sentía una gran inclinación por el Jazz, pero también era capaz de tocar diferentes géneros.

Aunque desde hace algunos años no se presentaba en vivo, solo tocaba en alguna aula o en su casa para no perder la práctica. Sus hermanos conocían perfectamente sus motivos, y lo respetaban, pero también deseaban que algún día ya se animara a unírseles.

-obviamente, somos una gran publicidad – alardea Satoshi

-es bueno saber que inspiramos a más gente a adentrarse en el mundo de la música – habla Asahi sentado sobre un baúl

-esto, entonces, merece que lo festejemos – propone pícaro Haruki

-recuerda que nada de fiestas en la casa – deja en claro Takeshi – mamá y papá hicieron especialmente énfasis en eso en lo que están en el crucero

Los padres de los hermanos, Kai y Yuriko Yamamoto trabajaban en lujosos cruceros tocando música hermosa. Kai en el piano, mientras su esposa cantaba como los mismísimos ángeles. Recién hace unas semanas que habían salido.

-que aguafiestas – reclaman al unisonó Satoshi y Haruki

-mejor vamos a la división trece – propone Asahi al tiempo que su gemela terminaba de limpiar sus instrumentos – hace mucho que no vemos a los chicos por estar ensayando

-es una gran idea – salta Asami emocionada – tiene tiempo que no veo a Toushiro

-ooh tu novio compacto – molesta Satoshi

-en primer lugar, no es mi novio – se defiende poniendo sus manos en la cadera – somos amigos desde la infancia, y, en segundo lugar, su nombre es Toushiro, aunque te cueste.

-si como sea – mueve la mano en signo de indiferencia, lo que molesta más a Asami – pero, en fin, no me caería mal uno de esos cafés

-vamos entonces, yo invito – dice Takeshi, ganándose miradas escépticas y asombradas de sus hermanos - ¿Qué?, es en recompensa por sus esfuerzos con los ensayos para esta presentación – se alza de hombros, viendo los rostros sonrientes y macabros de sus hermanos – solo no abusen – puntualiza

Emprendieron el camino a ese famoso café de la ciudad, que era dirigido por la capitana Rukia Kuchiki y su esposo Ichigo Kurozaki. Le llamaban capitana por el símbolo del mandil blanco que llevaba puesto. Era mujer muy agradable y hermosa, siempre los consentía mucho cuando iban, y cada semana alguno de ellos tocaba para generarle al local más clientela, dándoles como pago todos los postres que quisieran. Ahí también trabajaban Toushiro Hitsugaya, amigo albino de la infancia de Asami. Renji Abarai y Hisagi Shuuhei, quienes se hicieron buenos amigos de los hermanos al ser clientes tan frecuentes.

Y ahí iban, a tomarse un merecido descanso. Los hermanos eran muy unidos, especialmente gracias a su lazo con la música. Eran diferentes, con distintos gustos y formas de ser, pero que lograban una simbiosis asombrosa al tocar juntos, además que tenían un peculiar gusto en común, que era por los mitológicos dragones, que los cinco tenían tatuados en diferentes partes del cuerpo, por lo que también eran conocidos como "the musical dragons".