Segunda saga: Equestria, un nuevo hogar

El verano del año dos mil cuarenta y dos ya se había hecho presente hace mes y medio. Las olas, por su parte, golpeaban las orillas de la playas, en lo que era un día muy caluroso en Malibu, el mar se encontraba relativamente tranquilo, con algunas olas de vez en cuando, situación que muchas personas aprovecharon. Desde que la Tierra fue azotada por un ataque de la naturaleza, que se llevó parte de América del Sur, Canadá, Rusia y Japón hace unos siete años, la población sobreviviente de dichos lugares se ha concentrado en masa en los continentes y respectivos países intactos. La exigencia de servicios, hogares y la misma sobre población, provocaron que un proyecto de colonización llamado "Centauri, un nuevo hogar", se adelantara. La Tierra, pasó un mal momento, la desigualdad entre los humanos se hizo cada vez más grande, obligando a los gobiernos de los países sobre poblados a tomar medidas extremas. Parte de lo que quedó de América del Norte, Europa, Rusia, y Japón, se convirtieron en países donde solamente podrían prosperar las personas que tuvieran los recursos suficientes. África, México, Asia, y parte de lo que había quedado de América del Sur, se convirtieron en focos de atención para aquellas personas necesitadas, aumentando drásticamente la población, al igual que la demanda de atención médica, hogares y servicios esenciales para una sociedad.

S.H.I.E.L.D, al igual que muchos héroes que sobrevivieron en el pasado al ataque de Ultrón, creación de Tony Stark y Bruce Banner, ayudaron lo mejor posible a estos países, y combatieron con la creciente amenaza de nuevos villanos y antiguos. Si bien con el pasar de los años la creciente amenaza de estos se vio disminuida debido a la derrota definitiva o muerte de algunos, muchos solo terminaron retirándose y renunciando a sus planes de conquista mundial cuando vieron que la Tierra ya no era algo por lo que valiese la pena luchar.

Pasado cuatro años luego de la catástrofe global, en dos mil treinta y nueve, Alfa Centauri C, enana roja que complementaba un sistema solar, ya no era un sueño, sino una realidad. El proyecto había finalizado, y cualquiera en el planeta, tenía la oportunidad de comenzar un nuevo hogar allá. El planeta no sería abandonado por toda la humanidad, más bien, parte de esta sería trasladada al nuevo planeta, muy parecido a la Tierra, que científicos habían descubierto décadas atrás en la zona habitable del sistema solar Alfa Centauri perteneciente a la constelación Centaurus.

Poco a poco, la población disminuiría drásticamente en la Tierra, permitiéndole tomarse su tiempo para recuperarse y que el nivel del agua bajara. Así mismo, los países afectados por la excesiva cantidad de personas, volverían a la normalidad, y su economía se restablecería poco a poco. Aunque los países que mantenían una sociedad rica y un auge económico, mantendrían la firme condición ya mencionada con anterioridad, y la población de estos no disminuiría en lo más mínimo. En el 2042, en la actualidad, el planeta cuenta con una población de mil millones, una cifra cercana a la época de 1918.

En el verano estaba en su mayor punto de calor, y la gente lo sabía, las playas estaban llenas de vida, los centros comerciales, puestos, parques de diversiones, conciertos, y toda actividad al aire libre que se pudiera imaginar, también. Pero no todo era color de rosas en una mansión alejada de la sociedad, esta misma desprendía una gran nube de humo gris, producto de una explosión.

—Entréguenme el elemento y les prometo una muerte rápida —afirmó el Doctor Doom, manteniendo alzado el guante izquierdo de su armadura.

—¡Ahórrate las amenazas, Doom! —gritó Camila portando su armadura plateada y azul de nanotecnología, la cual ya presentaba algunos rasguños y abolladuras. El sistema de regeneración cada vez actuaba con mayor lentitud—.¡Nunca lo tendrás!

—Respuesta equivocada —contestó Doom, liberando de su guante un rayo de energía que hizo retroceder a Camila, manteniendo firme su brazo y sin que su pulso temblase ni por un instante. La joven Stark terminó chocando contra una pared cercana, recibiendo un montón de daño. Cuando finalmente pudo comenzar a incorporarse, el tirano soberano de Latveria la tomó del cuello y comenzó a ejercer presión sobre él.

—Nunca asististe a la clase de modales, ¿Verdad? —alcanzó a decir Camila con esfuerzo, mientras sentía como el aire escapaba de sus pulmones—. Espero que aprendas a tratar con más respeto a las chicas cuando encuentres novia.

—No me hagas perder más el tiempo con tu palabrería inútil, niña —dijo Doom, ejerciendo aún más presión sobre el cuello de la joven. La armadura de nanotecnología no aguantaría mucho más tiempo—. Dame el elemento. Ahora.

—¡Ey, mal remedo de Darth Vader! —dijo una voz familiar detrás de ellos que Camila se alegró de oír.

Doom se dio la vuelta y, mientras soltaba a la joven inconsciente, vio a Eric parado frente a él, portando su armadura naranaja y plateada y acumulando una gran cantidad de energía en la zona de su pecho.

—Creí que te había hecho pedazos —comentó el supervillano, encarándole.

—Sí, bueno, creíste —remarcó Eric burlonamente, mientras su armadura continuaba redirigiendo toda la energía disponible—. Ese fue tu gran error.

—No volveré a cometerlo —declaró Doom a la vez que activaba sus puños de energía y corría hacia Eric, listo para reducir su armadura de nanotecnología a menos que polvo.

—Tienes razón, Victor —dijo Eric mientras escuchaba la voz de Tars indicándole que el unirayo ya podía ser disparado—. No lo harás.

El unirayo atravesó la armadura de titanio de Doom con un disparo limpio y preciso, abriéndose paso a través de su pecho y su columna, dejando un gran hoyo en su camino antes de evaporarse en el aire. El falso Doom comenzó a realizar movimientos espasmódicos hasta que su cuerpo entero voló en pedazos. Su cabeza terminó cayendo al suelo, rodando sobre el mismo hasta ser detenido por el pie izquierdo de Eric.

—Camila, ¿Te encuentras bien? —preguntó Eric, acercándose a su hermana y haciendo desaparecer su casco con una simple orden mental.

—Podría estar mejor —dijo Camila, recobrando el conocimiento para ver la cabeza de Doom que se hallaba a pocos centímetros de su posición—. ¡Diablos, sabía que era un Doombot, pero nunca imaginé que sería uno tan fuerte!

—Agradece que era un Doombot y no el Doom real —dijo Eric mientras tomaba la cabeza del Doombot para examinarla, buscando el microchip con cámara oculta. Cuando finalmente lo encontró lo arrancó y empezó a hablar con él—.¿Cómo estás, Victor? Lamento haber destruido tu juguete favorito. Espero que puedas reemplazarlo por otro, así podré divertirme con él también.

La voz del Doctor Doom comenzó a sonar a través del intercomunicador del microchip.

—Veo que heredaste el sentido del humor de tu padre, joven Stark —dijo Von Doom con un tono de voz que irradiaba odio—. Disfrútalo mientras puedas. Las ganas de reír se te acabarán muy pronto.

—Sí, sí, sí —dijo Camila, acercándose al microchip para asegurarse de que su voz pudiese ser oída—. ¿Por qué no mejor vuelves a tratar de expandir tu imperio y te olvidas de nosotros? Anda, sé un buen psicópata megalomaníaco.

—Doom nunca olvida —sentenció Victor Von Doom, finalizando la trasmisión antes de que Eric estrujase el microchip con su dedo índice y su pulgar, hasta aplastarlo y destruirlo.

—¿Sus papás ya saben de todo esto? —preguntó un muchacho, que se encontraba sentado en uno de los escritorios del laboratorio de Eric, mientras relajaba su cabeza sobre sus dos manos.

—Fueron informados, Roberto. Ya saben que no regresaremos. —respondió Eric.

—Cuando mamá se enteró...me rompió el corazón. —alegó Camila, mientras recordaba el momento de la revelación—Ay...y mis amigas...¡De tan solo recordarlo, me da ganas de ir a buscarlas y darles un enorme abrazo!

—Lo importante aquí, es que tienen el apoyo de ellas, y el mío.—habló Roberto.

Él era un joven empresario de veinticinco años, mejor amigo de Eric, y ahora heredero de la empresa de ambos hermanos, y próximo Iron Man. Llevaba un lujoso traje marrón, sus zapatos negros, lujosos y brillantes, combinaban con su cabello y ojos. Sus dedos de la mano, estaban decorados con hermosos anillos, y un reloj de plata ubicado en su muñeca izquierda, complementaba la decoración.

—¿Estarás bien aquí, Roberto? —preguntó su mejor amigo.

—¿Qué más puedo pedir? Tengo un nuevo hogar, aprendí sobre la construcción de armaduras, la mansión fue extremadamente reforzada, así que el próximo Doomboot será aniquilado. Soy el nuevo Iron Man… —explicó Roberto con júbilo—. ¡Y estoy muy feliz por ustedes dos!

—Yo creo que estás más feliz por haber recibido una mansión gratis. Que quede claro, que sigue siendo mía y de Camila. —aclaró Eric a su amigo.

—¡Muy bien! ¿Tenemos todo para partir? A ver… —dijo Camila mientras empezaba a chequear las cosas que tenía cerca suyo—. Armaduras de nanotecnología, los regalos para las chicas y la familia Apple, y nuestras alforjas para llevarlos, los cofres llenos de bits…

—¡Oh! Así que ahí fue a parar el resto de su dinero —observó el muchacho de cabello oscuro mientras sacaba su celular.

—¡Exacto! Quiero construirme mi propia casa en Equestria, no ansío invadir el hogar de Twilight y Spike —explicó Eric a su amigo, quien quedó confundido por los nombres—. Además, te alegrará saber, que logré un vínculo entre la Tierra y Equestria, básicamente puedo ir y volver cuando se me de la gana. Por ende, también tengo acceso a toda conexión satelital que permite a Tars y Case estar en línea y acompañarnos en esta travesía, también a otras cosas, como Wi-Fi. Así que me llevaré mi celular, y tú y yo podremos estar comunicados, Robertito. Si logro construirme mi hogar, comenzaré los preparativos para un nuevo laboratorio.

—¡Increíble! ¿Por qué no me lo revelaste antes? —indagó su amigo, mientras apartaba su vista del celular.

—Se me ocurrió hace dos días… —se excusó Eric.

—¡Ah! Así que por eso decidiste convertir la mayoría de nuestro dinero en bits —dijo Camila, acomodando su parche en el proceso—. Aún así, no necesitaré el dinero.

—¿Quién dijo que te iba a compartir? —preguntó muy indignado el joven de veinticuatro años.

—¡Ey! ¡El dinero es de ambos! ¡Ni pienses en quedártelo todo! —vociferó Camila, agarró la oreja derecha de Eric, y empezó a retorcerla.

—¡Ouch, ouch! ¡Era una broma, Camila! —gritó Eric, buscando la manera de zafarse.

Camila lo soltó y dijo:

—¡Ese es el hermano que adoro!

—Pero acabaste de decir que no lo necesitabas... —habló Eric, tratando de apaciguar el dolor de su oreja.

—Yo no lo necesito ¡Pero ese dinero puede ayudar a los Apple! Ellos hicieron mucho por mí… —respondió ella. Recordó los buenos momentos que pasó con la familia.

—Oigan, si transformaron todo su dinero en bits...eh… —trató de decir Roberto.

—No te preocupes, Roberto. Aun tienes reservado medio billón. ¡Úsalos bien! Aunque la empresa seguirá con los ingresos, ergo, la fortuna volverá a crecer —contestó Eric.

—¿Y cuántos bits estamos llevando, Eric? —preguntó Camila mientras veía los seis cofres atrás suyo.

—Llevaremos en total, cuatro billones. Aunque tengo reservado otros seis cofres con otros cuatro billones más. Debo admitir, que el derretimiento de los polos en el 2035, favoreció a nuestra compañía cuando la fundamos en 2036. ¡Los mejores dieciocho años que alguien pudiera pedir! —explicó Eric con mucha emoción, cuando recordó esa época.

—Habremos tenido éxito...pero el planeta, y en general, la humanidad, no estaban pasando por un buen momento —aclaró Camila, provocando que Eric saliera de sus recuerdos—. Pero retomando el asunto de los bits, ¡¿Cuatro billones?! Eso es una locura...¿Qué haremos con tanto dinero allí?

—Bueno, yo me encargaré de construirme una humilde mansión. Tú dijiste que no lo necesitabas. Así que podrás ayudar a los Apple, tal y como aclaraste —expuso Eric.

Camila suspiró, y se pasó su mano derecha por la cara, para luego decir:

—Sigo creyendo que es demasiado…

—Bueno, Roberto. Aquí nos despedimos —afirmó Eric, acercándose a su mejor amigo para darle un fuerte abrazo—. Seguiremos en contacto, y seguramente me verás seguido por el laboratorio, tengo que trasladar muchas cosas a Equestria.

Roberto, respondió la muestra de afecto y dijo:

—¡Perfecto! ¡Muchas gracias, chicos, por darme esta oportunidad! Pero sobre todo, gracias por ser mis amigos.

Llegó el turno de Camila, quien fue abrazada inesperadamente por el joven.

—¡Ay! ¡Camila, lamento tanto no haberte conocido mejor! ¡Estos meses con ustedes, fueron geniales!

—Aw, me derretirás el corazón con tanto amor, Robertito. ¡Cuídate mucho! ¿Sí? Si Eric tiene suerte en instalar un laboratorio, seguramente podremos hacer una vídeo llamada.

Los dos se abrazaron con más fuerza. Eric se acomodó su parche, y se colocó un intercomunicador en su oreja izquierda, mientras que acomodaba los regalos propios para Twilight y Spike, en su nueva alforja. Camila, por su parte, acomodó en su cuello, el collar que Rarity le había regalado para que el elemento estuviese a buen resguardo, y agarró con su mano izquierda, su respectivo bolso. Colocó su mano derecha en el elemento y dijo:

—Infinitium...ay...Eric, ¿En serio es el mejor nombre que pudiste escoger? —preguntó ella a su hermano, luego de haberse interrumpido.

—Lo discutiremos con Twilight. ¡Ah! ¡Casi me olvido! Roberto, cuando el portal se abra, ¿Podrías pasarnos los cofres? Si nos colocamos ahora nuestras armaduras, podríamos salir heridos a la hora de transformarnos nuevamente en ponys, ya que estas estarían adaptadas a nuestra forma humana —aclaró Eric a su amigo, quien asintió, y se levantó para posicionarse cerca de los baúles.

Camila reanudo la oración que iba a decir:

—Infinitium, abre un portal a la Equestria GHK-340.

El elemento, que aún mantenía la magia de Celestia y Luna dentro suyo, empezó a brillar, y un portal de dos metros, color blanco con bordes celestes, y líneas doradas y azuladas, que reflejaban el poder de Celestia y Luna, se abrió. Los dos, nerviosos, lanzaron un suspiro entrecortado, se miraron, y decidieron dar el primer paso juntos.

Roberto al ver que Camila y Eric habían dejado este mundo, decidió empujar los cofres, que eran bastante pesados, directamente hacia la entrada a Equestria.

Ocho patas pisaron una hermosa pradera, los dos Stark habían llegado nuevamente el mundo que les había cambiado la vida. Pero de pronto, Eric sintió un terrible dolor en sus patas traseras, y sucumbió ante la gravedad, un cofre lo había empujado.

—¡Ahí vienen los otros! —exclamó Camila, mientras saltaba hacia una zona segura.

Su hermano, sintiendo aún dolor, rodó fuera de la entrada entre ambos mundos, el resto de baúles no se hicieron esperar, y chocaron con el primero, provocando un ruido seco y cortante.

—¡Dios! Tendría que haberle dicho que lo hiciera con más delicadeza —observó el joven Eric, ahora convertido nuevamente en pegaso, mientras se acariciaba sus patas delanteras, y trataba de reincorporarse—. Mi teoría era cierta...¡Somos ponys!

Camila, que ahora era una unicornio otra vez, se acercó a su hermano y lo ayudo a levantarse. Los dos observaron el hermoso paisaje que los rodeaba, la hermosa brisa que los invadía, se convirtió de pronto en un fuerte viento proveniente del sur, provocando que ambos empezaran a tiritar.

—¡Wow! ¡No creí que aquí haría tanto frío! —dijo Camila mientras acomodaba mejor su bufanda, aunque abrigaba bien su cuello, el resto del cuerpo aún sufría los efectos del clima.

—Sí. Y algo que noté, esta no es la pradera en la que nos despedimos de todos… —habló Eric. Observó con más detenimiento la zona—. Se ve que no estamos en las cercanías de Ponyville, deberíamos de poder ver algunas casas, e incluso el bosque Everfree.

—¡Te dije que no manipularas el elemento a tu voluntad, Eric! Ahora podríamos estar a kilómetros del pueblo, y no sabemos dónde se detiene el tren, o siquiera, si hay un alma en estas cercanías —se quejó su hermana, mientras se sentaba en el pasto.

—Si no lo hubiera manipulado, no hubiéramos regresado a Equestria, podríamos estar lejos, sí...¡Pero estamos aquí! —respondió el pegaso, intentando convencer a su hermana.

Camila, movió la cabeza con pesadez, y luego de lanzar un largo suspiro, le dio la razón a Eric.

—¿Y qué haremos ahora? Por seguridad, no es buena idea usar las armaduras, y transportar los cofres en pleno vuelo, sería muy catastrófico. Aunque realmente son necesarias, el frío empieza a aumentar, y veo que el sol muestra indicios de empezar a ocultarse, lo que significa, ¡Más frío! —explicó Camila bastante nerviosa.

—Mantén tu mente fría...¡Ja! Fría, como el clima —bromeó el pegaso. Camila solamente arqueó una ceja en señal de desaprobación—. Okey...veo que empezaste a amargarte. ¡Bien! Tú tienes magia, ¿Por qué no arrastras los cofres?

—Claro, yo arrastro los seis baúles, mientras tú, caminas feliz de la vida —replicó Camila, levantándose del suelo, en el proceso.

—Si lo pones así...suena bastante mal… —contestó el muchacho de crin castaña.

—Pero, mi lindo hermanito...¡Claro que suena mal! —exclamó Camila con una de sus venas palpitando al costado de su frente—. Tú, como buen caballero que eres, me ayudarás a arrastrar estos cofres, y buscaremos direcciones que nos lleven al pueblo, ¿Capisci?

Eric asintió sin chistar. Camila creó un lazo mágico que aferró a tres baúles, mismos que su hermano arrastraría, sujetó éste al lomo del pegaso, e hizo lo mismo con los suyos propios. Se colocaron cada uno su respectiva alforja, y comenzaron la caminata en búsqueda de Ponyville. El frío, y la noche misma, no eran buenos compañeros de viaje, aunque sus cuerpos sufrían la baja de temperatura, sus armaduras serían útiles, pero serían una espada de doble filo, ya que cualquier pony o criatura pensante, podría cruzarse en el camino de ambos, y espantarse.

—R-realmente no creí que...q-que esto pasaría. ¡P-pensé que estaríamos más cerca del pueblo! —dijo Eric, mientras rompía el profundo silencio de la noche.

—Ay...¡Realmente anhelo un chocolate caliente! ¿Por qué no trajimos nada para comer? ¡Claro! ¡Porqué mi hermano, nos jodió! —acusó Camila al muchacho de melena castaña.

—¡Camila! Vamos...¿Qué pasó con todo eso de comenzar de cero? Habíamos hecho un gran progreso —habló él, mientras un fuerte viento helado sacudía su cabello, y hacía que su cuerpo se quejara.

—Eric, que hayamos arreglado nuestra relación, ¡No significa que no podamos ser honestos el uno con el otro! ¡Y la verdad aquí...es que nos jodiste a ambos! ¡Y puedo usar esa palabra peyorativa, porque no hay ninguna potra cerca! —vociferó su hermana, quien ahora tenía una vena palpitando en su mejilla derecha.

—Lo mejor será que descansemos esta noche… —aconsejó su hermano.

Los dos se apartaron del camino que habían seguido durante horas, se sentaron en lo que era una pradera, ahora rodeada de frondosos árboles. Camila recogió varias ramas, y con una fogata improvisada por Eric, y ayuda de un rayo repulsor, lograron crear un fuego lo suficientemente cálido para que los ayudase a dormir.

—¿Quieres dormir abrachados? —preguntó él colocando una sonrisa calurosa al final.

—Ay, cuando hablas así...no me puedo negar...—se rindió Camila.

Ambos se juntaron, se acomodaron frente al fuego, y poco a poco sus cuerpos fueron adquiriendo calor. El sueño no tardó en hacerse presente, y los párpados empezaron a perder fuerza.

—¡Wow, Camila! ¡Este regalo es sin dudas el mejor que me hayan dado! —exclamó la pequeña Apple Bloom.

—¡Realmente estamos muy felices de que Eric y tú hayan regresado! ¡Y estos hermosos regalos que nos has dado, sin duda son hermosos! —agradeció Applejack, a su recién llegada amiga.

La expresión de la granjera, al igual que el del resto de la familia Apple, que ahí se hacía presente, cambió a una totalmente amenazante.

—¡¿Por qué nos abandonaste?! ¡Nosotros te dimos un hogar! ¡Un nuevo sentido para tu vida! ¡Y tú...tú solamente querías regresar a tu mundo y ser una estirada! ¡Nos usaste! ¡Nos trataste como basura! ¡Nos despreciaste! ¡Y lo peor de todo…! ¡Me traicionaste a mí! ¡Te consideraba como una hermana, Camila! ¡¿Por qué lo hiciste?! —acusó Applejack abruptamente a la unicornio de rizos dorados.

Camila, asustada, vio como el terreno a su alrededor se deformaba. De la nada, la biblioteca de Twilight apareció, pero así como lo hizo, desapareció en una gran explosión. Eric, terriblemente lastimado, y desangrándose en el proceso, salió a rastras de ahí diciendo:

—Y-y-y-yo solamente quería explorar el elemento con Twili…

Su hermano cayó muerto en un abrir y cerrar de ojos. Camila, estaba horrorizada, retrocedió del impacto que la escena le había causado, y cayó de espaldas al suelo, golpeándose la cabeza. No sintió nada, pero un charco de sangre color rojo oscuro, la rodeó por completo.

Gritó de la desesperación, tratando de buscar ayuda, no sabía por qué estaba viviendo todo eso, pero su profundo miedo se vio opacado por un fuerte brillo azulado, del cual surgió una figura muy conocida para ella.

—¡Princesa Luna! ¡¿Cómo?! —preguntó anonadada, y al mismo tiempo emocionada de volver a ver a la monarca.

Luna, con ayuda de su magia, hizo desaparecer todo el escenario que rodeaba a la unicornio. Una vez concluido, se posicionó frente a Camila, muy impresionada de verla.

—Camila Stark, ¿Cómo es posible que tus sueños estén en este mundo? —preguntó la alicornio muy desconcertada.

La joven unicornio, solamente se limitó a darle un fuerte abrazo, y soltar todo su llanto, Luna no tuvo remedio, dejó que ella terminara. Cuando se desahogó por completo, rompió el abrazo, y trató de secar las lágrimas y mocos que dejó sobre la princesa.

—Ay...¡Perdón, princesa Luna! —se disculpó Camila, mientras esbozaba una sonrisa de incomodidad.

—Esto no es nada...comparado a los sueños de los potros —aclaró la alicornio.

—Entonces, ¿Esto es un sueño? —curioseó la unicornio mientras miraba a su alrededor, encontrándose solamente un vacío azul.

—En efecto, pero lo que tú estabas viviendo, era una terrible pesadilla. Como princesa de la noche, me encargo de proteger los sueños de mis súbditos, para que así puedan tener un descanso reconfortante, y no sufrir insomnio a causa de los males que invaden su mente y perturban su reposo —expuso Luna con serenidad—. Me deja desconcertada haberme encontrado tus sueños, Camila…

—Pues no se ahogue más en un vaso de agua, princesa. ¡Eric y yo hemos vuelto a Equestria! —respondió Camila con mucho júbilo.

La expresión de la monarca cambió a una de total felicidad.

—Hablando de Eric...¿Podríamos ver sus sueños? —preguntó la muchacha de pelaje verde claro, con picardía.

—Stark, eso es una violación a la privacidad —respondió la alicornio, borrando por completo su sonrisa.

—Perdón, Lunita...¡Digo, Luna! ¡Perdón! ¡Quise decir, princesa Luna! —habló Camila, torpemente, tratando de corregir sus palabras.

Luna, ignoró por completo lo recién escuchado, y dijo:

—Supongo que mi hermana recibirá un mensaje de Twilight mañana por la mañana, y querrá ir a saludarlos. Saluda a tu hermano por mi parte, Camila.

—Dudo mucho que su hermana reciba un mensaje. Hemos aparecido en otro lugar, una pradera muy extensa que no muestra indicios de tener una civilización cerca. ¡Y realmente estoy muy frustrada! —gritó Camila.

Esto provocó que la gran masa azul desapareciera, y poco a poco, la granja de los Apple, como la misma familia, empezó a materializarse nuevamente.

—Camila —habló serenamente Luna, frotó su casco derecho, con ternura, en la mejilla izquierda de la unicornio—. Esa frustración que sientes, provocó la horrible pesadilla sin sentido que viviste. No dejes que esa emoción, te gane en tu propio mundo.

La joven de melena rubia, bien arreglada, la miró con mucha felicidad. Antes de responder, siquiera, un fuerte brillo blanco apareció arriba de la alicornio, y la empezó a alejar de Camila.

—¡Princesa! ¡No se vaya! ¡¿Cómo haremos mi hermano y yo para regresar a Ponyville?! —preguntó Camila, muy asustada y alarmada.

—No te preocupes, no dejes que la frustración te gane —dijo Luna, para luego desaparecer.

Camila despertó abruptamente. Miró a sus alrededores para percatarse que Eric ya no se encontraba con ella. Preocupada, se levantó, y se acomodó su despeinado cabello, trató de sacarse las molestas lagañas que invadían sus ojos lo mejor posible.

—¡Ay, Camila! ¡Ahí estás! —dijo Eric mientras aparecía con un conejo muerto en su lomo.

Su hermana se horrorizó al ver terrible escena.

—¡¿Eres un enfermo mental?! ¡¿Cómo vas a matar un pobre conejito?! ¡Somos ponys vegetarianos! ¡Podemos alimentarnos del maldito pasto! —exclamó Camila, muy histérica.

—Pfff, yo no comeré pasto con tierra, u hojas llenas de bichos, y con tierra también. Aunque seamos caballos, aún conservamos nuestra naturaleza humana. Además, nadie se percatará que maté a un conejo, ¡Ni siquiera Fluttershy! Cuando regresemos a Ponyville, volveremos a ser herbívoros. Pero ahora tendremos que enfocarnos en desayunar. Literalmente estoy muerto de hambre, y tú también, aunque no lo quieras admitir —explicó Eric. Dejó al animal al lado de la fogata, ya extinta, y se concentró en volver a crear fuego.

El estómago de Camila la traicionó por completo. Por un lado, Eric tenía razón, por el otro, su consciencia la atormentaría por varios días.

—¿Cómo lo atrapaste? —preguntó Camila, mientras se atormentaba en el interior de su mente, por haber hecho semejante pregunta.

—Aquí los conejos son bastante cariñosos con los ponys. Mientras se frotaba en mi, lo agarré y le quebré el cuello —contó él sin inmutarse. Logró encender la fogata, y con un resistente palo, apuñalo el cuerpo del conejo. Clavó el objeto en medio de la hoguera, para que el cadáver se cocinara.

Su hermana solamente observó la escena con algo de asco. Con mucha dificultad, los dos comieron la parte que les correspondía del animal, sus dientes no estaban hechos para triturar carne. Retomaron nuevamente el camino con sus estómagos llenos.

—¡Ey! Me había olvidado de contarte un suceso que ocurrió en mi sueño. —habló Camila.

—¡Pues, adelante, querida hermana! —incitó su hermano.

—¡La princesa Luna me salvó de una pesadilla! ¡Sí, ella controla el mundo de los sueños, y sabe que estamos en Equestria! —reveló Camila con sumo entusiasmo.

Eric se detuvo en seco, miró desconcertado a su hermana, y dijo:

—¡¿Y nos va a ayudar a regresar a Ponyville?!

—Eh...no exactamente, mi lindo hermanito —respondió ella, algo apenada por su respuesta.

—Bueno...Tal vez le avise al resto de las chicas, y ellas nos busquen… —dijo él mirando hacia el suelo.

Ambos se miraron fijamente. Sus expresiones reflejaban desesperanza.

—Hermano, ¡Ya me cansé! —exclamó muy enojada Camila. Tocó su parche dos veces, y su armadura celeste y plateada, comenzó a cubrirla por completo—. ¡Usaremos las armaduras! ¡Me importa un comino si espantamos a alguien!

—¡Estoy de acuerdo! —habló Eric.

Él se colocó su armadura azul y negro.

Todos los sistemas en línea, señor —dijo Tars.

¡Cómo me alegra haberte traído Tars! —vociferó el joven pegaso, cubierto totalmente por su armadura—. ¡Claro! ¿Por qué no lo pensé? Camila, ¿Estabas pensando volar hacia la nada?

—Eh… ¿No es un gran plan, verdad? —preguntó ella.

Pues qué bueno que no hemos despegado. Tars...¿Puedes ubicar algún pueblo a través de un escaneo del terreno? —preguntó Eric a su fiel ayudante.

Camila y Eric, se quedaron callados esperando alguna respuesta de la inteligencia artificial, en el proceso, un leve resoplido del viento, sacudió las copas de los árboles cercanas, y algunos pájaros retomaron vuelo.

Logré detectar movimiento a 100 kilómetros de su posición. Proveniente del sur, señor —contestó Tars.

¡Increíble! —Habló Camila, bastante aliviada.

¡Pero los cofres serán un problema muy grave! Tú mismo dijiste que sería catastrófico llevarlos en pleno vuelo. Y dudo mucho que podamos cargar seis baúles en nuestro lomo metalizado —observó el muchacho.

—¡No os preocupeís, mi fiel corcel de pelaje verdusco. La gran y poderosa, Twilight Sparkle, alumna ,joven y hermosa, de Celestia, la gran Emperatriz del Sol, me ha enseñado un buen hechizo! —habló su hermana con gran entusiasmo.

¿Terminaste de decir estupideces, hermana querida? —preguntó su hermano.

Sí, ya terminé. ¡Aquí el hechizo! Básicamente es el hechizo de levitación que cualquier unicornio utiliza para traer un objeto o mantenerlo suspendido en el aire. ¡Pero este se aplica en el usuario, logrando que este vuele…! ¡Pero aquí, lo haremos con los cofres! Y con la velocidad de las armaduras, podré mantener el hechizo sin agotarme —explicó ella con mucho orgullo en su voz.

Sin pensarlo dos veces, usó su magia para levitar un cofre, pero el esfuerzo que hizo, fue tan grande, que su magia falló, y el objetó cedió a la gravedad.

¡Vaya, Twilight te enseñó espectacularmente bien! —dijo Eric, sarcásticamente.

Su hermana suspiró fatigada.

Tengo un mejor plan, se me ocurrió al ver volar el cofre —reveló el muchacho de crin castaña.

Se acercó a uno de los seis baúles, y posicionó su casco derecho en este último, una parte de la nanotecnología, pasó a este. Hizo esto con los siguientes. Una vez hecho esto, se alejó de los objetos, y dio una orden a Case, esto provocó que los cofres empezaran a volar.

¡Listo! ¡Ahora nuestro viaje se facilitará! —afirmó Eric, señalando los cofres, y haciendo gala de su logro.

Camila, esta vez con su rostro detrás del casco de la armadura, arqueó su ceja en señal de exasperación. Los dos iniciaron vuelo hacia al Sur a toda velocidad, tuvieron la idea de volar a una altura inalcanzable para los pegasos, para así evitar la sorpresa de uno de estos, por si se topaban con uno. El cielo estaba totalmente despejado, desde esa altura se podía ver todo, desde praderas, hasta algunos caminos, como granjas y campos cultivados y trabajados.

Hubiéramos tardado días en llegar a una de esas granjas si seguíamos a pie. ¡Y tal vez, más animalitos inocentes estarían siendo digeridos en nuestros estómagos!—habló Camila a su hermano, a través del comunicador de la armadura.

Diez minutos después, lograron divisar una gran ciudad, los dos estaban increíblemente asombrados de que algo así se encontrara en estos lares. Aterrizaron a una distancia bastante alejada, y desequiparon sus armaduras, los cofres perdieron sus propulsores, y Camila volvió a unirse a ellos, junto con su hermano, a través del lazo hecho de magia.

—De aquí hasta esa ciudad, deben ser dos horas de caminata —observó Eric.

—¿No podíamos haber aterrizado más cerca? ¿Tanto te gusta caminar? —preguntó Camila, con un leve dejo de fastidio en su cara.

—De hecho, no es necesario. Vi varías carretas pasar por ese camino —explicó Eric, mientras señalaba un camino de piedra bastante amplio.

—¡Ay, tienes buena vista, debo admitir! —admitió la joven de rizos dorados.

Se colocaron al borde del camino, y se sentaron. Esperaron varios minutos, mientras conversaban algunas ideas que llevarían a cabo una vez se acomodasen en Ponyville, y reían a causa de algunas anécdotas graciosas que habían vivido en la Tierra estos últimos meses.

—Bueno, empiezo a pensar que tu vista falló, Eric… —admitió Camila mientras se limpiaba su pata delantera derecha.

—Camila, mi hermosa hermana, única en su esplendor. ¡Aparecerán cuando menos lo pienses! —vociferó Eric.

Cuando Camila iba a refutar las palabras de su familiar, cerró la boca al escuchar con claridad, el sonido de una carreta siendo impulsada por unos cascos.

—¡Ah, mira! ¡El poder del guion aplica en Equestria! —observó Eric, con una sonrisa que reflejaba triunfo.

—Eres un hijo de… —se interrumpió Camila.

Eric levantó sus dos patas delanteras, e hizo señal a la carreta, para que se detuviera. Una yegua, acompañada de otra, controlaba el vehículo, que a su vez era impulsado por un toro.

—¡Hola! ¡Muchas gracias por detenerse! —agradeció Camila, mientras se levantaba del suelo.

—¿Otra pareja más? ¡Vaya! Es la sexta con la que nos cruzamos hoy... —dijo la conductora, mientras observaba a ambos hermanos.

Ella era una pegaso. Su melena era totalmente blanca, a causa de ser mayor de edad. Sus ojos, algo apagados, eran de una tonalidad azul acero, al igual que su marchito pelaje.

—En efecto. ¿Qué los trae por este camino, jóvenes? —preguntó la acompañante de la pegaso, que era una pony de tierra.

Era una yegua de edad avanzada, también. Su cabello, y ojos, mantenían su color natural, que eran de una tonalidad rojo formula. Su pelaje, lamentablemente, lucía muy marchito por los años, y el color que mantenía, había perdido su fortaleza, de pasar a ser un amarillo limón, ahora era un limón pastel.

Ambas yeguas, compartían una cutie mark en común, una esfera de cristal, que reposaban en una mesa redonda de madera. Pero ambas marcas de belleza, tenían una pequeña diferencia, la esfera de la pegaso, era color azul. Mientras que la esfera de la pony terrestre, era de un color celeste brillante.

—Estamos perdidos. Somos nuevos por estos lares. Ella es mi hermana, Camila, y yo soy Eric —se presentó él.

—¡Oh! Hermanos. Creía que eran una pareja de tórtolos —respondió algo avergonzada la conductora—. Mi nombre es Futuristic Star, y ella es mi acompañante, Burning Star.

Futuristic Star, abrazó a su compañera, luego de presentarla.

—Un gusto en conocerlas —dijeron ambos hermanos al unísono.

—Bueno, al decirnos que están perdidos...es lógico que necesitan que los llevemos, ¿Verdad? —preguntó Burning Star con una sonrisa al final.

—¡Sí, señorita! —afirmó Camila muy contenta por la amabilidad de la pony de tierra.

—¡Oh, no, no! ¡No es necesario esos modales! Soy una yegua anciana de ochenta y tres años. Ahórrate los elogios, linda —respondió la pony terrestre de melena rojo formula.

Camila, al escuchar la palabra "linda", no evitó recordar a su gran amiga, y hermana adoptiva, Applejack.

—Bueno, en vez de quedarnos aquí a charlar, los invito a subir —dijo la pegaso de melena encanecida.

Eric y Camila, subieron con cuidado los baúles, los acomodaron en la parte trasera de la carreta descapotada, y se acomodaron en su totalidad junto a ellos.

—Bien, ¿A dónde podemos alcanzarlos? —preguntó Futuristic Star mientras giraba su cabeza noventa grados, para observar a ambos jóvenes.

—¿Podría alcanzarnos a la ciudad? —preguntó Camila, cordialmente

Ambas yeguas ancianas, se miraron incrédulas. Burning abrió la boca para responder:

—Perdón, hermosa. Pero la ciudad queda a cinco horas de viaje.

Camila lanzó una mirada asesina a su hermano. Él solamente desvió la mirada hacia otro lado.

—La ciudad está muy lejos, sí. Pero podemos dejarlos en Silverville, que serían los suburbios de la ciudad. Aunque Silver City, no es más que una gran extensión del gran pueblo que les mencioné —explicó Burning posando nuevamente su mirada en el camino.

—¡Eso sería increíble! ¡Muchas gracias por ser tan amables! —agradeció Camila.

Ambas yeguas ancianas, la miraron, y le sonrieron algo ruborizadas. Futuristic Star, sacudió levemente el atalaje que su toro llevaba puesto. Este mismo respondió a la acción, moviendo su cabeza hacia los costados, y bufando levemente, reanudando la marcha en el proceso. El camino era largo, hacía calor, y ambos hermanos lo sufrían. Nadie había dicho nada, las yeguas ancianas eran bastante calladas, y mantenían su vista fija en el camino.

Los pájaros, el viento que sacudía las copas de los árboles, a veces el bufido del toro, penetraban en ese profundo silencio.

—Señoritas —habló Camila.

Burning la observó esperando el comentario.

—Eh...Silver City, y Silverville… ¿Cuánto tiempo llevan existiendo en Equestria? Nunca oí hablar de esos lugares —explicó Camila, mientras despertaba a su medio dormido hermano.

—¡Ah! ¿Ustedes son de Equestria? ¿Y qué hacen dos equestrenses por aquí? —preguntó la pony terrestre, bastante ansiosa por la respuesta de Camila.

—¡¿Cómo?! —preguntó Eric, bastante anonadado por las palabras de la terrestre, luego de levantarse abruptamente.

Futuristic Star lanzó una gran carcajada, y habló:

—Se ve que ustedes están totalmente fuera de su elemento. Equestria está al otro lado del mundo.

Eric y Camila, abrieron los ojos como platos, y sus bocas quedaron totalmente abiertas. Los dos estaban estupefactos. Camila rodeó el cuello de su hermano con su pata izquierda, y lo llevó al final de la carreta, ambos le dieron la espalda a las dos yeguas, quienes quedaron confundidas por la reacción de la unicornio.

—¡Te voy a matar! ¡Nos dejaste al otro lado del puto mundo! ¿Cómo demonios llegaremos a Equestria? ¿Con la magia de la amistad, Eric? ¡¿Eh?! —habló Camila, muy enfurecida.

—C-c-camila...M-me estás estrujando e-e-e-l cue-e-ello —trató de decir su hermano, mientras un color morado invadía su cara.

—Ay, perdón —respondió su hermana, algo preocupada, soltando a su hermano—.No te lastimé, ¿Verdad? Perdón, la ira me invadió.

—Increíble que el elemento no se haya activado, y destruido todo el mundo… —observó Eric.

Su hermana quedó indignada por lo que dijo.

—¡Oye! ¡No hagas mención a eso! —exclamó ella bastante enojada.

Camila tomó una gran bocanada de aire, y suspiró con pesadez.

—Okey. Bien...¿Cómo haremos, Eric? —preguntó ella.

—Escucha. No creí que manipular el elemento, nos dejaría fuera de Ponyville, pero ocurrió. Y ahora, no creo que nos haya dejado al otro lado del mundo. Por ende, Camilita hermosa...no sé qué hacer —contestó él, bastante angustiado.

—Oigan, par de hermanos. ¿Cómo acabaron aquí exactamente? —preguntó Futuristic Star mientras le daba el control del toro a su compañera, y se sentaba frente a Camila y Eric—. Pueden contarme, soy de fiar.

Camila pensó varios segundos, formuló una respuesta en su cabeza, y cuando estuvo decidida de lo que iba a decir, miró a Futuritic, y respondió:

—Nos perdimos cuando nuestro grupo se adelantó… —explicó Camila, sin mucho argumento en sus palabras.

—¿Grupo? ¿Son exploradores? —indagó Burning Star sin quitar la mirada del camino.

—¡Sí…! —respondió Camila, sin convicción.

—Está mintiendo, ¿Verdad? —habló Burning a su compañera de viaje.

—Sí, lo está haciendo, y muy mal —dijo Futuristic.

La pegaso miró fijamente a Camila, entrecerró los ojos, y frunció el ceño. La unicornio de pelaje verde claro, empezó a sudar a causa de sus nervios, miró a Eric, quien le lanzó una confundida mirada.

—¡No somos de aquí! ¡Provenimos de otra dimensión! ¡No somos ponys! —exclamó Camila, mientras expulsaba toda culpa de su sistema.

Eric abrió la boca, totalmente sorprendido.

—¡Pues, por ahí hubieran comenzado! —vociferó Futuristic—. Nosotras no juzgamos criaturas dimensionales.

—¡¿Qué?! —preguntó Eric muy estupefacto.

Camila no podía creer lo que acababa de escuchar.

—Escuchen. Nosotras, somos unas "ponys" algo especiales. Aquí nos tocó ser videntes, pero en nuestro mundo, éramos seres capaces de ver el futuro. Resumiendo, mi esposa y yo, somos de otra dimensión.

—¡E-e-e-eso es…! —trató de decir Camila, quien se encontraba bastante anonadada.

—¿Sorprendente, alucinante? Ah, ya sé que dirás, "¡Fascinante!", y tu hermano dirá "Por Celestia, esto a Twilight le volaría el cerebro" —reveló Burning, aún manteniendo la vista en el camino.

—Ustedes quieren respuestas, ¡Se las daremos con mucho gusto! Pero nos encantaría oír sobre su mundo —habló Futuristic, mientras se ponía más cómoda.

Eric y Camila se miraron, ambos estaban estupefactos. Sin más dilatación, mientras avanzaban por el camino, decidieron contar su historia, y todo lo que vivieron.

Luego de veintiséis minutos, el camino había sido rodeado por algunas casas, y las arboledas habían empezado a disminuir, algunos ponys aparecían en el camino, seguramente yendo a sus respectivos hogares que por ahí cerca se encontraban.

—¡Oh! ¡Maravillosa historia! —expresó Futuristic, muy contenta por la narración que había escuchado—. Es tan lindo descubrir el cómo ustedes mejoraron su relación. Y sus amigas, maravillosas ponys. ¡¿No es cierto, mi amor?!

—¡Sí! ¡Interesante! —respondió Burning—. ¡Ah! Estamos llegando al pueblo de Silverville, posiblemente arribaremos dentro de quince minutos.

—Entonces —habló Eric, mientras estiraba sus patas delanteras—. ¿ustedes pueden ver el futuro, y utilizan ese poder como "falsas videntes"?

—No somos falsas videntes. Nuestras cutie marks, indican nuestro talento especial. Los videntes, pueden ver el futuro a través de diferentes hazañas, y a veces, esta premonición no es del todo acertada. Pero nosotras, podemos verlo con suma claridad. La esfera de cristal, las palabras raras, el ambiente, los ropajes raros, son parte de la actuación —explicó Futuristic, mientras viajaba por sus recuerdos.

—Continuaré con el relato de mi esposa. Como ustedes, nosotras no somos de esta dimensión. Provenimos de otra, y otro mundo. Nuestra especie, tiene la capacidad de ver el futuro. Con el paso de los milenios, y con la capacidad que nos brindó nuestro don, logramos descubrir años y años de avances tecnológicos en el futuro, lo que nos ayudó a prosperar. Por ende, pudimos empezar a transportarnos por el vacío del espacio. Nuestra raza, adoptó una fascinación por conocer otros planetas, animales, faunas, y civilizaciones. Y ahí es donde entramos nosotras. Queríamos visitar un satélite, ya descubierto, por supuesto, que contenía una forma de vida algo peculiar. Pero eso jamás pasó, por alguna razón, sentimos un fuerte temblor, y nos encontramos atrapadas por la atmósfera de este astro —reveló Burning a ambos hermanos, sin quitar una sola vez, su vista del camino.

—¿Y su familia? —preguntó Camila, algo acongojada por el destino de ambas.

—¿Nunca han intentado volver? Su familia debe estar muy preocupada, y seguramente aún las buscan —conversó Eric, mientras su expresión reflejaba compasión.

—Nuestra especie se reproduce asexualmente, no conocen el amor, ni el afecto mismo. Por ende, no tenemos familia, y el que nosotras hayamos desaparecido, pasó totalmente desapercibido por nuestra especie —dijo Futuristic sin mostrar la más mínima emoción a la hora de hablar del asunto—. Pero este mundo...¡Nos ha cambiado totalmente! Burning y yo, no éramos más que unas exploradoras en busca de conocimiento. ¡Ni siquiera éramos amigas en ese tiempo! Pero los ponys, los dragones, los ciervos, osos...¡Hasta los conejos! O cualquier otra especie que conozcan, nos mostraron qué es la amistad...incluyendo el amor.

Camila quedó impresionada por el relato. El cómo dos alienígenas, descubrieron que estaban destinadas a estar juntas, le dejó el corazón palpitando a una velocidad que rivalizaría con el mejor avión a reacción del mundo. Por otro lado, Eric estaba formulando una pregunta en su cabeza, la historia le parecía de lo más normal, algo que seguramente viven muchas especies alienígenas en su universo. Luego de completar la oración en forma de pregunta en su mente, abrió la boca y preguntó:

—¿Y cómo lograron convertirse en ponys? ¿Se toparon cara a cara con una de las princesas?

—¡Pensé que nunca preguntarías! —vociferó Burning, muy alegre por la pregunta de Eric. Hizo que su esposa, Futuristic tomara ahora el control de la carreta. Se sentó frente a ambos hermanos, y mostró un anillo de compromiso, que cumplía también, el rol de collar—. Bien, este anillo de compromiso, no es más que un aparato que sirve para cambiar nuestras formas. Nuestra especie, al avanzar en tecnología, y descubrir el afán por investigar otras especies, necesitó de un objeto que los ayudase a camuflarse, o en caso especiales, ser uno de ellos. El aparato es capaz de tomar la forma de cualquier especie presente, en nuestro caso, somos unas yeguas, con un par de anillos de compromiso en sus cuellos...bueno, esto último lo hicimos para hacer oficial nuestro compromiso.

Burning se sonrojó al decir esto último. El corazón de Camila se derretía cada vez más en su interior, cada vez que escuchaba alguna oración haciendo referencia al amor de ellas. Eric, por su parte, prestaba suma atención al anillo de compromiso, otra duda se le hizo presente, por lo que decidió formular una pregunta.

—Su especie puede ver el futuro, ¿Pero cómo hicieron para descubrir años de tecnología? —indagó él con el ceño fruncido, y extrema curiosidad.

—Nuestra especie, tiene la particularidad, de que si más de cien individuos se unen, lograrán ver el futuro que le depara al planeta, o a la sociedad. Básicamente, la sociedad del futuro, nos ayudó a progresar. Muy descabellado, ¿Cierto? —preguntó Burning a ambos jóvenes.

—Sí...en cierta manera, sí —afirmó Camila, saliendo de su imaginación—. Si ustedes están usando un aparato para ser yeguas, significa que no son ancianas, ¿Verdad?

—En efecto, linda —respondió Burning.

Camila se volvió a sentir halagada. Sin duda, quería volver a ver su hermana adoptiva, Applejack. La extrañaba como a ningún otro ser querido o amigo.

—Literalmente, cuando cumplamos noventa y algo de años, tendremos que fingir nuestra muerte, y cambiar a otra forma pony —reveló Futuristic, para luego lanzar un leve suspiro.

—¿Y volverán a ejercer la labor de videntes? —preguntó Eric, sin quitar su vista del anillo de compromiso.

—¡Ay, sí! ¡Llevamos milenios haciendo esto! Somos, literalmente, millonarias. Aunque antaño, contrataban más seguido a los videntes, hoy día no. Podríamos retirarnos, y volver a explorar este mundo. A lo largo de los siglos, han surgido nuevas especies, y nosotras adoramos estudiarlas. Pero...¡También adoramos ayudar a los ponys con sus problemas! —expresó Burning con júbilo.

—¿Y qué ocurrió con su nave? —preguntó Eric.

—Destruida por el magma. No dejaríamos eso a la intemperie, y a la vista de cualquier especie —explicó Futuristic—. Sería muy peligroso que tecnología de otro mundo, cayera en el lado equivocado de la balanza. Si es correcto decirlo de esa manera…

—¡Muchas gracias por compartir esa información con nosotros! ¡Les prometemos que nadie más se enterará! —prometió Camila, con una gran sonrisa al final.

—¡Oh! Pero, linda...¡Ustedes no irán a ningún lado! ¡Nadie ha escapado de nosotras, una vez revelado nuestro origen! —reveló Burning, mientras se levantaba abruptamente.

Ambos hermanos se asustaron, y se prepararon para lo peor. Pero la pony terrestre, solamente lanzó una fuerte carcajada, y volvió a sentarse. Su esposa, lanzó una leve risa.

—Perdón, es que...ay, a veces adoro asustar a los ponys —se disculpó, mientras secaba una lágrima, proveniente de su ojo izquierdo.

Camila y Eric, suspiraron con pesadez. Sus corazones volvieron a palpitar con normalidad.

—Ustedes dos, son ponys de fiar. ¡Nos han confiado su origen, y nosotras no diremos nada! Por ende, podemos confiarles el nuestro —afirmó Futuristic, mientras divisaba un gran cartel a lo lejos—. ¡Bien! ¡Estamos llegando a Silverville!

Ambos hermanos se pusieron contentos, y empezaron a prepararse para descender. Camila volvió a usar sus lazos mágicos en los cofres, para así facilitar el transporte.

—¡Nos han hecho un gran favor, mucha gracias! —agradeció Eric, muy feliz por la amabilidad de ambas ponys.

Una vez, ambos jóvenes bajaran de la carreta, el pegaso se cercioró que no hubiera nadie cerca, y preguntó:

—¿Cómo son sus formas originales?

—¿Formas originales? No sé de qué hablas, muchacho —respondió Futuristic, guiñándole un ojo, y con una sonrisa al final.

Eric solamente miró desconcertado a la pegaso. Pero entendió, que hay cosas que no pueden ser rebeladas. Su respuesta, solamente fue una gran sonrisa.

—Gracias, en serio —agradeció Camila, mientras miraba a ambas yeguas desde el suelo.

—¡Oh! Camila, ya te hemos dicho cinco veces, ¡No hay de qué! Un placer haberlos ayudado —dijo Burning, mientras bajaba de la carreta, y le daba un fuerte abrazo.

Una vez concluida la escena, la pegaso ordenó a su toro dar la vuelta, así, poco a poco, ambas yeguas se fueron alejando del pueblo, mientras que Eric y Camila se adentraban al mismo. Futuristic, mientras observaba el atardecer, y el viento soplaba en su encanecida melena, notó que su esposa estaba mirando fijamente el suelo.

—Mi amor, ¿Estás bien? —preguntó ella, bastante preocupada por la expresión de su amada.

—Miré el futuro de Camila. Lo único que puedo decirte, es que esos dos, tienen que superar una prueba muy difícil para ser completamente felices —respondió ella—. Ese futuro era ambigüo...lo único que puedo decir es...que les deseo buena suerte.

Acomodó su cabeza en el hombro derecho de su esposa, y cerró los ojos. Estaba bastante cansada. Su pareja, le dio un tierno beso en la cabeza, y ambas siguieron su camino.

—"¡Silverville, un pueblo donde cualquier especie puede prosperar!"

Eric escuchó estas palabras, provenientes de un pony adolescente que repartía periódicos.

—A mi me huele a engañoso ese título —dedujo Eric.

—Eh...Las diferentes especies que vimos…¿Son ilusiones, hermano? —preguntó Camila, observando a sus alrededores—. Este pueblo, es muy curioso. Las casas están construidas de ladrillo, hasta sus tejados son hermosos. Allá hay una comisaría...¡Una comisaría! Una heladería totalmente funcional, ¡Wow! No muy lejos, hay una inmensa biblioteca. ¡Es como si fuera Canterlot! ¡Pero en un pueblo!

Camila estaba maravillada. Eric, por otro lado, estaba pendiente de la heladería.

—Vayamos a por unos helados, Cami. Luego intentemos buscar un hotel para resguardar los baúles —aconsejó el muchacho de veinticuatro años, adelantándose.

—¡Buena idea! Podríamos incluso pedir indicaciones —contestó ella, ansiosa por degustar un cono de helado.

La campana que se encontraba arriba de la puerta del establecimiento, sonó al abrirse esta última, llamando la atención de algunos ponys, dragones, e incluso grifos, que ahí se encontraban. Nadie aprestó atención a los enormes baúles que ambos hermanos llevaban. Los dos, aún asimilaban la gran variedad de especies que ahí habitaban.

Fueron atendidos por un empleado dragón de escamas verdes y ojos azules.

—¡Veo que son nuevos en el pueblo! —dijo el reptil.

Camila y Eric se miraron sorprendidos.

—¿Cómo lo dedujo? —preguntó la unicornio.

—Fácil...Somos la única heladería en esta parte del pueblo, aquí vienen todos los pueblerinos de la zona a disfrutar de un delicioso helado —respondió el dragón—. Es fácil deducir, que ustedes nunca han entrado aquí. ¡Bien! ¿Qué solicitarán, forasteros?

—Dos conos de helados, y muchas respuestas sobre este pueblo—dialogó el pegaso.

El dragón abrió los ojos como platos ante las palabras del joven.

—¡Wow, compañero! Yo solamente soy un empleado, no una guía turística. Pero pueden encontrar la oficina de extranjeros a cuarenta minutos de aquí —respondió el empleado—. Ahora, por favor, pidan sus sabores.

Ambos solicitaron sus gustos. Por suerte, muchos de ellos, eran iguales a los que se podían encontrar en la Tierra. Antes de decidir sentarse en una mesa del lugar, Camila preguntó amablemente:

—Señor, ¿Cómo es eso de que está a cuarenta minutos la oficina de extranjeros? Es mucha distancia para un pueblo.

—Bueno, señorita, ustedes solamente están en el lado sur de Silverville. Como ayuda extra de mi parte, a unos cuantos pasos, se encuentra el hotel Jarra Plateada —garantizó el joven empleado.

—¿Qué tan grande es este condenado pueblo? ¡¿Y por qué existiría una ciudad si ya es enorme este lugar?! —preguntó Eric a su hermana, bastante fastidiado, luego de haber probado su helado.

—Eric, ¡No soy adivina! Lo averiguaremos a su tiempo —replicó Camila. De su alforja, sacó un libro—. Este libro nos ayudará a comprender mejor las cosas.

—!Ey! ¡Ese es el libro que me regaló Twilight! ¿De dónde lo sacaste? —preguntó un incrédulo Eric.

—De nuestra biblioteca personal, inepto. ¿Tú acaso pensabas dejar, lo que es para Twilight, su libro más preciado, en casa, acumulando polvo y telarañas? —indagó Camila, arqueando una ceja, expresión característica de ella—. No respondas, literalmente te lo olvidaste.

—No pensaba dejarlo toda la eternidad. Sino hasta reencontrarme con Twilight y aclarar unas dudas acerca de él —respondió su hermano, con una sonrisa socarrona, ignorando por completo las últimas palabras de Camila.

—Pff, excusas—respondió Camila, Le miró de manera desaprobatoria.

Suspiró con pesadez, Eric aún no cambiaba su expresión, seguía esperando a que su hermana mirase la tapa del libro. Ella, fastidiada, desvió la mirada, pero de un momento a otro, quedó estupefacta.

—¡¿Pero qué?! ¡¿Por qué no puedo leer la tapa?! —vociferó Camila.

—¡Ajá! Por eso no traje el libro. Antes, tú y yo, teníamos la capacidad de leer el ponánico. Aún tenía la capacidad de leer el libro en nuestra dimensión, así que logré leer algo. Cuando manipulé el elemento, sin querer pude haber acortado su poder. Podemos hablar el idioma, literalmente, no deja de ser inglés, pero no leerlo. Comprobé esto en un viaje de prueba —explicó Eric, con una sonrisa triunfante en su rostro.

—¿Viniste a esta dimensión sin mí? ¡¿Y cómo no se te ocurrió darte cuenta que no estábamos en Equestria?! ¡Podrías habérmelo dicho antes, y nos hubiéramos ahorrado muchos problemas! —respondió ella, notablemente molesta por la actitud burlona de su hermano.

—"Excusas", hubiera dicho la señorita —respondió él, para luego darse cuenta que su helado se derretía.

—¡Ahí tienes! ¡El karma es mi salvador! —dijo con júbilo su hermana, mientras Eric batallaba con su casi derretido postre.

—Bueno, dejando las estupideces de lado, ¿Cómo nos organizamos? —hablo el pegaso, luego de limpiarse con su respectiva servilleta.

—Bueno, lo más imprescindible ahora, es descansar. El hotel que nos mencionó el dragón, es una idea espectacular. Mañana iremos a la oficina de extranjeros. ¡También podríamos averiguar la historia de este pueblo, y el por qué tantas especies! Aunque la frase dicha por ese repartidor de periódicos, ya dice mucho, ¡Pero la historia lo vale!

—Bie...—intentó decir Eric, pero un gran bostezo lo interrumpió—. Lo mejor será ir a ese hotel…

—Espera, yo no termino mi helado aún —señaló la joven Stark de veinticuatro años.

—Ay...eres increíblemente lenta… —observó Eric.

Ella le sacó la lengua, y prosiguió a disfrutar su postre. Una vez degustado el manjar helado, pegaso y unicornio, procedieron a encontrar el hotel Jarra Plateada. No fue muy difícil, este mismo se encontraba a unos pasos de la heladería, tal y como le había dicho el empleado dragón a Camila, además, un gran letrero en forma de jarra, delataba el establecimiento. Entraron, y fueron recibidos con un encantador aroma, este mismo, proveniente de varios sahumerios que se encontraban ubicados en el mostrador, que a su vez estaba ocupado por un grifo de color marrón, y melena blanca.

—¡Buenas noches! —vociferó Camila, llamando la atención del alado.

—Buenas noches, y bienvenidos al Hotel Jarra Plateada. ¿Puedo ofrecerles una habitación? —preguntó el grifo, quien se encontraba leyendo una revista.

Eric notó algo curioso en la portada de la revista. Esta decía "La cristalización, un evento que culminó casi en desastre", abajo de la portada, se encontraban Cadence, Shining Armor, una bebé, que a su vez era una alicornio, y el resto de las chicas, con un unicornio, y también una unicornio, totalmente desconocidas para él.

Quedó estupefacto. Y aún más al observar que Twilight, estaba más alta y tenía un par de alas, aunque estas estaban ocultadas, podía ver de reojo que ya no era una unicornio. Su mente quedó totalmente en shock, pero alcanzó a señalarle esto a su hermana, quien estaba haciendo la reservación.

—¿Cuánto por la revista? —preguntó abruptamente, Eric.

El empleado solamente se lo quedó viendo algo confundido. Le otorgó la llave de la habitación 45 a Camila, y respondió luego de recibir su pago:

—Las revists, son gratis...son para quien quiera leer algo…

—¿Me la puede prestar, por favor? —rogó Eric, sin quitar su mirada de la del grifo, quien se estaba empezando a incomodar.

—S-sí, aquí tiene. Disfruten su noche —respondió él, para luego darle la revista.

Acto seguido, ambos jóvenes se retiraron a su respectiva habitación, Camila deshizo el lazo mágico que los unía, y entró a darse una reconfortante ducha. Por su lado, Eric prestaba suma atención a lo que decía la revista acerca de la cristalización. Aunque logró conocer los detalles de los sucesos, y descubrir el nombre del nuevo cristalizador, Sunburst. Le intrigaba saber, por qué Twilight era una alicornio, y cuándo ocurrió ese hecho.

—¡Ay! Hermosa ducha… —dijo Camila, muy relajada, mientras terminaba de secarse el cabello con ayuda de su magia—. Es tu turno de bañarte, sucio. Vamos, hueles mal. Espera...¿Cómo sabes lo que dice la revista? Que no se suponía que no podíamos leer ponánico?

Eric miró sorprendido a su hermana, y una fuerte chispa eléctrica azotó su cerebro.

—¡Es verdad! ¡Leí perfectamente la portada, y toda la descripción de la cristalización! Debió ser un efecto temporal lo que nos estaba ocurriendo. ¡O tal vez el elemento recuperó todo su poder! ¡Ay, tantas hipótesis! —dijo Eric, caminando por toda la habitación con suma felicidad.

—Wow. Entiendo todo lo que dice la revista —confirmó Camila, agarrando el objeto con su magia—. Lo leeré dentro de unos minutos. Ahora, haz algo con tu higiene.

Eric olió su pata delantera derecha. El olor lo petrificó.

—¡Dios! ¡Soy un asco! —exclamó él, sumamente sorprendido.

—¡Wow! Eric, ¡Felicidades! ¡Te has tardado diecisiete años en darte cuenta! Pero lo importante, es que ahora lo sabes —se burló Camila, mientras se sentaba en su respectiva cama, y levitaba el auricular del teléfono—. Pediré algo delicioso para comer.

—Ay, eres cruel Camila… —respondió su hermano, fingiendo estar acongojado.

—Amor de hermana —contestó la unicornio con el auricular apoyado en su oreja derecha.

—¡La Biblioteca de Silverville! ¡Increíble! —exclamó Camila.

—¡Camila! ¡No hay tiempo para leer! Tenemos todo lo necesario en el libro de Twilight.

—Pero solo es historia Equestriana. Ahí no hy nada sobre Silverville —alegó ella.

—¡Hmm! Ya verás —desafió el pegaso a su hermana, observando los diferentes capítulos del libro.

—Ay, en fin. Tendremos que ir hacia la oficina de extranjeros. Una vez expliquemos que necesitamos ir a Equestria, volveremos a por los baúles. Nuestro hospedaje termina dentro de 72 horas, siempre puedo cancelarlo si salimos triunfantes —explicó Camila a su hermano, quien estaba atento a las palabras, como a su vez, al libro.

—Muy bien. ¡Marchando pues! —vociferó Eric con alegría, para luego detenerse en seco—. ¿Llegaremos a trote a ese lugar? Está a cuarenta minutos. Si el pueblo es bastante grande, y apenas estamos en la zona sur, debería de haber un medio de transporte, como los taxis de Manehattan.

—Tienes toda la razón. Preguntemos a alguien de nuestra especie —contestó la unicornio de rizos dorados, alejándose de su hermano con una gran sonrisa en su rostro.

—Eso...eso no se oyó nada bien... —reflexionó él.

Un pegaso con un pelaje verde limón, una melena y cola marrón claro bastante cortas, y ojos de la misma tonalidad, mantenía un paso lento, mientras observaba una tienda que se encontraba a unos cuantos pasos delante de él. De repente, una unicornio lo interrumpió.

Camila y Eric, quedaron totalmente anonadados por su apariencia. Al mismo tiempo, el pegaso expresó lo mismo.

—Es...es idéntico a mí —susurró Eric al oído derecho de Camila.

—Sí, pero su pelaje es un poco más claro que el tuyo. Además tiene el cabello muy corto. Y el tuyo es como si hubieras vivido toda tu vida en la selva —susurró ella su respuesta en el oído izquierdo.

—Eh...señorita...¿Usted me interrumpió para algo? ¿O solamente para quedarse ahí y susurrar? —indagó el pegaso, algo confundido.

—¡Oh! Perdón mis modales. Mi nombre es Camila, él es mi hermano Eric. Ambos estamos tratando de llegar a la oficina de extranjeros. Sabemos que está a cuarenta minutos, y estamos buscando un transporte —contó ella al pegaso, quien prestó mucha atención.

—¡Un gusto conocerlos! Mi nombre es Fast Ray. Estoy igual de impresionado que ustedes, jamás creí que me encontraría con un pony idéntico a mi —expresó Fast mientras estrechaba su casco delantero derecho, con los cascos delanteros izquierdos de ambos jóvenes—. Conozco muy bien esa oficina. Y el método más rápido para llegar, es el tren. No es necesario hablar mucho con ustedes, para darme cuenta que son recién llegados al pueblo. Vivo por aquí, y jamás los había visto. Por ende, será un placer ayudarlos a llegar a su destino. No querrán perderse.

—Oh, no es nece…

—¡Claro! No es ningún problema —interrumpió Camila a su hermano.

Eric acusó a su hermana con la mirada. Ella solamente le lanzó una sonrisa socarrona. Procedieron a seguir al pegaso idéntico a Eric. No tardó mucho en romper el silencio y empezar a hablar.

—Entonces. ¿De dónde provienen? —preguntó el pegaso de rizos cortos.

—Nosotros somos de Equestria. Decidimos explorar más allá, y acabamos aquí. Ahora decidimos regresar, luego de nuestra gran aventura —explicó con cautela, Eric.

—¡Ay, aventureros! Hay muchos por esta zona. ¿Tuvieron la oportunidad de recibir una guía turística? —preguntó Fast Ray.

—No, hemos arribado ayer a este pueblo —afirmó la unicornio de rizos dorados.

—¡Bien! La estación de tren está a unos minutos. Para cubrir todo este trayecto, estaré muy encantado de narrarles la historia de Silverville, ¡El pueblo de plata!

—¿En serio? No es necesario…

—¡Con gusto! —volvió a interrumpir Camila a su hermano, quién ya le molestó la actitud infantil de su hermana.

—Hace quince mil años, surgió un mal que amenazó a nuestro mundo. A toda criatura por igual. No había escapatoria alguna de él. Su nombre era Grogar, una especie de carnero endemoniado...¡Y sí que lo estaba! Su ejército estaba conformado por monstruos, ¡Monstruos horrendos con sed de sangre! En fin, en aquella época, no había ningún reinado poderoso que pudiera proporcionar un ejército lo suficientemente fuerte para contrarrestar al del demonio, por ende se decidió juntar a un gran ejercito conformado por especies diferentes, ya sean ponys, dragones, grifos, minotauros, bisontes, cebras, y otras más, que lamentablemente no se tiene registro alguno. ¡Todos estaban dispuestos a luchar para recuperar su mundo! Y así fue, quince horrendos años de lucha y muerte, y nuestro ejército disminuía. Las diferencias se hacían notar...hasta que los dragones decidieron abandonarnos… —tomó aire y prosiguió—. Aunque los grifos eran criaturas muy orgullosas, habían perdido a su rey, quien había luchado honradamente. Con su orgullo destruido, abandonaron la batalla, y se replegaron. ¡Pero no todo estaba perdido! Había aparecido un grupo de soldados muy fuertes y tenaces, se hacían llamar el "Escuadrón mixto".

Estaba conformado por un unicornio, un minotauro, una cebra, un dragón, y un grifo, estos dos últimos se habían negado rotundamente a abandonar la batalla.

Su estrategia era poco ortodoxa, enemigo que veían lo aniquilaban, exponiéndose drásticamente a que los maten de una acuchillada. Pero la combinación de diferentes habilidades y atributos que poseía cada uno, los hacía acribillar al enemigo, ya que se apoyaban mutuamente, ¡Y no dejaban a nadie atrás!

Eric y Camila habían perdido la noción del tiempo al estar tan atentos a la narración de Fast Ray. Cuando la unicornio volvió a la realidad por unos segundos, se percató que ya estaban cerca de la estación de tren, una gran locomotora, esperando en el andén, delataba el lugar.

—¿Y cómo culmina esta historia? —preguntó Eric, quien había sido invadido por la curiosidad.

—Estamos llegando a la estación, por ende le daré un resumen —observó el pegaso verde limón—. La guerra en sí...es confusa, hay muchos registros perdidos. Pero aunque el escuadrón mixto aportara una gran taza de victoria a nuestro ejercito...no veíamos la guerra ganada. ¡Pero eso quedó atrás, cuando una poderosa unicornio que se hacía llamar Gusty la Grande, robó el poderoso cencerro de Grogar! Una vez logró ese objetivo, desterró al carnero con un raro amuleto que alguien le había otorgado. Como dije, hay muchos registros perdidos.

Llegaron a la estación y solicitaron sus boletos. Una pony por altavoz explicó el recorrido de la formación:

El expreso metálico, partirá dentro de seis minutos. Sus destinos serán, zona comercial Sur de Silverville, zona norte de Silverville, zona comercial Norte de Silverville, suburbios Norte de Silverville, zona laboral norte de Silverville…

—Vaya...¡Este pueblo es gigante! —vociferó Camila, muy sorprendida por lo recién escuchado.

—Y eso solo era la mitad. Este pueblo es ideal para todos —expresó muy contento Fast Ray—. Bueno, lo importante es la estación que sigue, que es la zona comercial. Dentro de quince minutos, estaremos ahí.

—O sea, ¿Que estos son los suburbios Sur de Silverville? —curioseó Eric.

—¡Exacto! —respondió el pegaso verde limón.

Subieron al vagón número ocho, a su vez, la formación estaba conformada por quince vagones, y una gigantesca locomotora gris con líneas azuladas, era la responsable de mover esa larga fila. Se acomodaron, y ambos hermanos lanzaron un suspiro de relajación, realmente eran cómodos los asientos. Un leve pitido proveniente del otro lado, los sacó de su zona de confort, obligándolos a mirar por la ventana. Otra formación estaba llegando del lado contrario para recibir a los pasajeros.

—Oh, no me había dado cuenta que había otra estación aquí...Yo...yo no quiero sonar como una mal educada...¡Pero a Ponyville le hace falta esto! No, ¡A Equestria! —confesó Camila, sin mostrar ninguna pena.

—Estoy de acuerdo contigo, Camilita —confirmó su hermano, para luego estirarse, y bostezar.

—Ponyville...Ponyville… ¡Oh! Sí, ¡Ese pueblito que está cerca de Canterlot! —habló Fast.

Ambos hermanos lo miraron intrigados.

—¡Es mi próximo destino!—aclaró el semental—. Pero por sus caras, no alcanza decir solamente eso. Soy el Teniente General Fast Ray de la división aérea Alas de Paz. Tendremos un encuentro amistoso con los Wonderbolts en Equestria.

—¡Oh! ¿O sea que ustedes también son pegasos que dan vueltas en el cielo e incitan a los niños a convertirse en voladores coloridos? —preguntó Eric, no tan sorprendido por la profesión de Fast.

—¡Eric! Por Dios, puedo entender que le gastes eso a Rainbow Dash. Pero no a alguien que nos está ayudando...¡Y que además es un general! —llamó la atención Camila, a su hermano.

—¡Tienes razón! Disculpame, Fast —se disculpó el pegaso de crin castaña y alborotada.

El pegaso verde limón, solamente lanzó una pequeña risa, y respondió:

—¡Tranquilo! Comparto tu punto de vista.

Camila quedó incrédula. Eric, por su parte, no evitó poner una gran sonrisa.

—No desprecio a los Wonderbolts. Pero ellos prefieren irse por el lado del espectáculo, lo cual no estaría mal, si hubiera otra fuerza aérea que se centrara en la total defensa y protección de Equestria. Pero no es el caso —explicó Ray

—Entonces, ¿Tú formas parte de la defensa de Silverville, y Silvercity, mientras que hay otro grupo que conforma el grupo de entretenimiento? —profundizó Eric en el tema.

—Ajá. Pero nuestro superior, envió a sus mejores voladores al encuentro amistoso. Supongo que ahora incitaré a los niños a convertirse en voladores coloridos. Aclaro nuevamente, no desprecio a los Wonderbolts, solamente no me gusta en lo que se convirtieron —aclaró el pegaso de melena marrón claro.

—¿Y cómo eran ellos antes? —curioseó Camila.

—Voladores temerarios, sin miedo a la muerte. Pero los tiempos cambian —respondió el semental verde limón, mientras observaba el paisaje en movimiento.

—Creía que los Wonderbolts eran internacionales. O sea, que las fuerzas terrestres en otros lugares eran distintas, pero los Wonderbolts no. ¿Me explico? —habló Camila, mientras apoyaba su cabeza en el hombro izquierdo de su hermano.

—Te entiendo perfectamente. Ese grupo aéreo, es solamente de Equestria, por ende, ellos responderán a cualquier reino que se encuentre en esas tierras. Nosotros, en cambio, no reconocemos el mandato de Celestia y Luna, tenemos una democracia. Sí respetamos que ellas eleven el sol y la luna —puso en claro el militar.

—¡Ah! Eso me recuerda, ¿Qué pasó con ese famoso escuadrón mixto que mencionaste en la historia? —preguntó Eric, acariciando la melena rubia de su hermana en el proceso.

—¡Ay, me olvidé de lo más importante! —dijo Fast, para luego reírse a causa de su torpeza—. Bueno, según recuerdo… el escuadrón desistió en dividirse luego de la guerra, habían estado juntos quince años, eran amigos inseparables.

—¿Tienes sus nombres? Me gustaría saberlos —comentó Camila.

—Lamentablemente, no, Camila...¡Sus nombres son tan complicados y me los he olvidado! Pero cuando tenga la oportunidad, te prestaré el libro —respondió Fast con una gran sonrisa.

—¡Oh! No seas tan modesto —contestó ella, levemente sonrojada.

—Bien. Una vez que los integrantes se despidieron de sus familiares, decidieron partir en busca de aventuras. Pero el dragón que conformaba el grupo, fue ignorado por su especie, por seguir apoyando a especies inferiores...según ellos —narró Fast Ray.

—Sí...me recuerda cuando Spike me narró sus sucesos en el reino de los dragones, son bastantes arrogantes los de su especie —recordó Eric, mientras seguía acariciando el cabello de su relajada hermana.

El tren desaceleró y terminó por detenerse en una estación, que no era el destino del trío. Aún así, Fast Ray no dudó en aclarar que la siguiente parada, sería la suya.

—Muy bien, como falta poco, y no quiero aburrirlos, les haré otro resumen. En sí, la historia de Silverville es algo pesada y lenta de leer. Ha llegado a provocarme dolores de cabeza. El escuadrón mixto, había viajado por toda la tierra que ustedes llaman Equestria, incluyendo Equestria de Oriente, y los confines del territorio.

—¿Equestria de Oriente? —preguntó intrigada Camila.

—Sí, preciosa. Si colocamos a la Tierra como ejemplo, ahí estarían países como Japón, China, Nueva Corea del Norte, Corea del Sur, etc. Pero asumo que serán otros tipos de civilizaciones las que se encuentren en el oriente de Equestria —aclaró Eric a su hermana.

—Ay, bien. Estoy algo estúpida...estos asientos son muy cómodos… —explicó ella, provocando la sonrisa de ambos sementales.

—Este grupo de aventureros, y ex-soldados decidieron aventurarse más allá, y buscar nuevas amenazas, inconscientemente, toda aventura con la que se topaban, era una nueva amenaza para su hogar. Por ende, se habían convertido en héroes, sin que ellos mismos lo planearan. Así continuaron hasta que encontraron una zona repletas de cuevas, bosques frondosos, y vida animal en abundancia. Estas cuevas, tenían la particularidad de que estaban llenas de plata. Habían pasado por tantas cosas durante esos años, se habían alejado tanto, pero tanto de su viejo hogar, que tuvieron que aceptar que ahí se quedarían.

—Básicamente, empezaron la construcción de Silverville, e invitaron a muchas especies a vivir ahí, ¿No? —preguntó Eric.

—En efecto, pero, ¿Sabes de dónde sacaron esa idea? De su amigo dragón, aún no recuerdo el nombre —explicó Fast, rascándose la cabeza por su mente olvidadiza—. Él había sufrido mucho al saber que su especie le había dado la espalda, por ende, decidieron partir una vez más, en busca de almas arruinadas por desesperanza, y abandonadas por sus seres queridos. Y así, de forma resumida, nació Silverville. La ciudad es una extensión del pueblo, por el mero hecho de modernizarse y atraer más especies, como también turistas.

El vehículo frenó abruptamente, provocando que todos en los vagones se sacudan un poco.

—¡Ya desperté! —vociferó Camila reincorporándose nuevamente en el asiento.

—¡Wow! Sí que te dormiste profundamente, y solo pasaron diez minutos de estación a estación —observó el pegaso de crin marrón y pelaje verde limón.

—Créeme, hasta yo me asusto… —habló la joven, algo asustada por la inesperada acción de la locomotora.

—E-esperen, ¿Ustedes van hacia la oficina de extranjeros para…? —curioseó el militar.

—Averiguaremos cómo volver a Equestria —respondió Camila.

—¡Oh! Me había dicho que querían regresar, pero creía que sabían cómo. ¡Me hubieran preguntado! —aclaró Fast Ray.

—¡Ay, por el amor a todo lo amado! ¡Nos hubiéramos ahorrado este viaje! ¿Por qué no se te ocurrió eso Camila? —preguntó Eric, muy fastidiado.

—¿Dónde escuchaste esa frase? Es bastante...no sé...no tengo una respuesta para eso. Además, ¡Tú eres el idiota! —replicó su hermana.

—Espera, ¡Yo nunca usé una palabra peyorativa contra ti! —acusó Eric.

—¡Pues yo no tengo problema en hacer uso de esas palabras! —respondió ella, bastante irritada.

—Apenas hace unos minutos se estaban llevando tan bien...y ahora parece que quieren acabar con la vida del otro. Este es el amor de hermanos más extraño que he visto —se dijo para sí mismo el pegaso verde limón—. ¡Oigan! Ya paren. Con mucho gusto les diré cómo ir a Equestria. Pueden abordar el crucero Soul, los llevará a Equestria en cuatro días.

Los dos jóvenes quedaron sorprendidos. Una gran sonrisa se dibujó en sus rostros, y se abrazaron a causa de la gran felicidad que los había invadido.

—¡Eres un amor Fast! ¡Sin ti, estaríamos perdidos! —exclamó Camila, para luego correr hacia el pegaso y abrazarlo.

Este último quedó atontado, y al mismo tiempo sonrojado por la actitud de la unicornio.

—E-e-e-eh, no hay de qué —trató de decir él mientras era sacudido de izquierda a derecha.

—Bien. Partiremos mañana, ¿Exactamente dónde es el puerto, Fast? —preguntó Eric.

—El puerto queda a cinco horas de viaje, se encuentra en el extremo de la ciudad. El viaje hacia Equestria, es una semana —contó él mientras intentaba volver en sí, Camila le había sacudido el cerebro.

A Eric y Camila se les borró la sonrisa. Fast, no tardó en responder:

—¡Ey! Es mucho mejor que la antigua ruta por tierra. Había un camino que llevaba directo a su reino, en antaño eran seis meses de pura caminata. Y no habían muchas paradas, una o dos casas cada dos meses. Con el paso de los siglos se encontró una ruta alternativa, que acortaba el tiempo de ida y vuelta a un mes. Y hace una década, el servicio de crucero llegó a nosotros. ¡Así que tienen mucha suerte! Tal y como dijo Eric, es ideal partir mañana, como el viaje es muy largo, lo mejor será estar levantados a las seis. Un crucero directo a Equestria partirá a las catorce horas. Llegaríamos a las once horas de la mañana—explicó el pegaso.

—¿Nos acompañarás? —preguntó Camila.

—Sí. Creía que ustedes se quedarían más tiempo aquí, por ende, yo partiría mañana hacia Equestria para juntarme con mis compañeros y efectuar el encuentro amistoso con los Wonderbolts. Ahora que sé que ustedes quieren regresar lo más pronto posible, me veré sumamente complacido de ir con ustedes —dijo Fast Ray con una gran sonrisa al final.

Ambos hermanos le otorgaron una calurosa sonrisa, y lo abrazaron. El militar se sonrojó bastante, no acostumbraba a ser abrazado tan seguido. El trío exploró la zona, visitaron algunas tiendas, disfrutaron de una extravagante comida en un reconocido restaurante, y visitaron la biblioteca local de ese lugar antes de retomar camino hacia el hotel. Ambos hermanos, ya establecidos nuevamente en su respectivo cuarto, pidieron una deliciosa pizza, que ese día era el especial de la casa, degustaron las deliciosas porciones, y mantuvieron una calurosa conversación acerca de lo emocionados que se encontraban de volver a Equestria y comenzar una nueva vida. El sueño no tardó en aparecer, y ambos decidieron darse un fuerte abrazo de buenas noches, y descansar, para así al día siguiente partir a su nuevo hogar.

—¡Muchas gracias por su hospedaje! Esperemos volverlos a ver —dijo una recepcionista unicornio, quien cumplía su turno matutino.

Camila asintió, y le otorgó una pequeña sonrisa. Eric, quien estaba unos pasos detrás de ella, llevaba tres baúles enlazados mágicamente en su lomo, ella por su parte, llevaba los otros tres. Salieron por la puerta principal del hotel Jarra Plateada, y se toparon con una gran sorpresa. Fast Ray se encontraba frente a ellos vistiendo un uniforme negro con algunos detalles rojos en su cuello, también llevaba puesto en su cabeza, una especie de boina color rojo oscuro. El lado izquierdo de su pecho, se encontraba adornado con cinco medallas militares, y detrás de él se encontraba un gran carruaje, que era impulsado por dos pegasos.

—¡Buenos días! ¿Listos para partir? —preguntó él seriamente, difiriendo mucho de su comportamiento mostrado el día anterior.

Ambos hermanos asintieron, lo saludaron y se acomodaron en el vehículo luego de colorar cuidadosamente, y ajustar con ayuda de los conductores, los baúles en el techo del coche . El militar se sentó frente a ellos y dio señal libre para que los pegasos tomaran vuelo. Eric y Camila se asustaron al ver que dos sementales estaban levantando un gran carruaje sin problemas.

—¡No se preocupen! El vehículo está construido con una madera hechizada por científicos unicornios. Así se hace mucho más fácil el traslado de masas sin depender de una gran variedad de pegasos —explicó seriamente Fast.

—Debo decir que nos ganamos la lotería. ¡Imaginate si no lo hubiera detenido ayer, Eric! No estaríamos aquí. Seguiríamos en ese hotel —explicó Camila, con gran júbilo en sus palabras.

—Sí, tienes toda la razón. ¡Eso me recuerda! ¿Cuántos años tienes, Fast? —indagó el pegaso en la vida privada del militar.

—Tengo treinta y cuatro años. Soy un militar experimentado. Las medallas mismas lo dicen. Medalla por Servicio Distinguido de la Fuerza Aérea, Medalla por Servicio Distinguido de Defensa, Medalla por Servicio al Pueblo, Medalla de Buena Conducta de la Fuerza Aérea, y Medalla por Servicio en el Ártico.

—¡Wow! ¿El Ártico? Eso suena...ay, prefiero el calor… —opinó Camila.

—¡Interesante! Me alegra mucho que nos hayas ayudado, Fast. ¡Muchas gracias! —agradeció Eric.

—No hay de qué, querido amigo. Cuando necesiten algo, no duden en enviarme una carta.

Camila y Eric se miraron fijamente. Los dos asintieron al unísono.

—Escucha, Fast. No estamos siendo totalmente honestos contigo —admitió Camila.

El teniente arqueó una ceja, algo confundido.

La brisa del océano golpeaba la cara de todos los presentes en el puerto. Algunos disfrutaban el aroma, mientras que odiaban estar parados ahí. Las gaviotas cantaban, y en las mejores oportunidades, robaban algo a una alma desprevenida. El Crucero S.S Soul, patrocinado por Empresa Soul, es un gran navío de no más de trecientos ochenta metros de largo y setenta metros de alto.

Se les informa que el S.S Soul, partirá dentro dos horas. Por favor, todo pasajero que tenga algo pendiente antes del abordaje, efectuarlo lo más pronto posible. Desde ya, muchas gracias.

Se escuchó timbre que señalaba el fin del comunicado.

—Bueno. Es...es...difícil de digerir —confesó Fast Ray.

—Si decides separarte de nosotros, y tomarte tu tiempo, te entenderemos —aconsejó Camila.

—Sí. Eso haré. Iré a caminar por el puerto, y trataré de procesar todo eso —dijo Fast, se levantó y se retiró de la mesa en la que estaba sentado.

—Ay, creo que hicimos mal, hermana —observó Eric.

—Él es alguien inteligente, asumo que antes de partir, regresará a nuestro lado. Solamente hay que darle espacio. No tenemos la ventaja de que sea un alíen dimensional y comprenda nuestro origen en un abrir y cerrar de ojos —explicó Camila a su hermano, quien bebía una malteada de vainilla.

—Eh, sí. Es lo más lógico. ¿Quieres explorar el muelle, mientras? —preguntó él, levemente entusiasmado.

—No, dejame estirar mis piernas, estoy agobiada —se quejó ella, y estiró sus patas para relajarse aún más.

—¡Hemos llegado al puerto en carruaje! Por Dios, Camila… —replicó Eric, bastante indignado.

—Pues el estrés de revelar todo a Fast, me agotó… —se excusó la unicornio.

—¡Bien! ¡Lo he conseguido! —dijo un grifo, quien se encontraba arriba del crucero—. ¡Equestria, aquí voy!

—Oye…

El grifo se dio la vuelta, encontrándose con un unicornio.

—¡Hola! Es la primera vez que veo un unicornio de Equestria Oriental. ¿Puedo ayudarte en algo? —habló el grifo.

—He visto que has subido al crucero sin mostrar tu pasaje. De hecho, burlaste a los guardias —explicó con serenidad el unicornio.

El grifo se asustó al oír esas palabras.

—No tengo dinero para pagar el pasaje a Equestria. ¡Necesito regresar a Griffinstone porque mi hermana se ha quedado sola! Soy totalmente diferente a los otros grifos, no soy un ladrón. ¡Por favor no me eche del barco!

—Te entiendo. No soy un guardia de seguridad, solamente alguien que no puede dejar pasar tu ilegalidad —contestó el unicornio con serenidad—. Entrégate a las autoridades, y diles que no has pagado el pasaje. Te dejarán ir cuando les expliques tu historia. Con mucha suerte, lograrás encontrar un empleo que te garantice una oportunidad de ir a Equestria.

—¡¿Tu no entiendes?! Mi hermana está sola en ese reino, y mi especie es malvada...si me bajo ahora mismo, ella...ella...¡Podría morir! No me entregaré, haz por favor la vista gorda, y no me reportes —explicó con celeridad la criatura.

—¡No te preocupes! No te reportaré. Solucionaré el problema ahora mismo.

Fast Ray se encontraba caminando en el puerto, se había alejado unos cuantos metros del crucero, pero aún era visible el inmenso barco. Repentinamente, dos unicornios, que llevaban una camilla, pasaron al lado suyo con una velocidad increíble. Portaban dos trajes azules, con una insignia amarilla.

—¿Para-médicos? —se preguntó en sus adentros el militar.

No se demoró ni un segundo, y siguió a ambos ponys. Llegó nuevamente al crucero, y se encontró con varios ponys reunidos cerca de la zona de abordaje, incluyendo a Eric y Camila. Se acercó a ellos, y se encontró una escena poco favorable.

—Lo encontramos aquí tirado —explicó un guardia de seguridad a uno de los para-médicos.

—¡Respira! Y parece estar recuperando la consciencia —dijo el otro para-médico unicornio—. Ya estás en buenos cascos, no hagas movimientos bruscos.

—N-n-no siento mi cuerpo… —se palideció el grifo.

Esto paralizó a ambos médicos. Quienes intercambiaron miradas desconcertadas. Acomodaron al grifo en la camilla, lo más cuidadosamente posible, y se alejaron de la escena, dejando muy confundidos a los espectadores. Los vigilantes del crucero, empezaron a interrogar a los pasajeros del crucero, así mismo como a ponys o criaturas que por ahí habían pasado momentos antes del incidente. Esto dejó desconcertado al trío de ponys, que no pudieron hacer nada al respecto, más que subir al crucero y esperar a que este zarpe del puerto. Mientras exploraban los pasillos del enorme navío, Eric observó que un unicornio se encontraba al borde de las barandillas en dirección al puerto, miraba fijamente a los guardias del buque, su expresión no era nada agradable. Sin duda alguna, esto le generó recelo, pero se distrajo cuando su hermana lo llamó.

—¡AY! ¡Estas camas son extremadamente cómodas! ¡Fast, gracias! —vociferó muy agradecida Camila.

—No hay de qué, Camila —respondió con una cálida sonrisa al final.

—Realmente nos ahorraste pagar el pasaje… —dijo Eric, estirándose en su cama.

—Al ser un alto rango, puedo permitirme algunas cosas. En este caso, llevar acompañantes a un lugar sin necesidad de que ellos paguen —aclaró Fast—. Escuchen, acerca de lo que me han contado. Seré honesto...¡Es extremadamente difícil de procesar! Pero no es necesario procesar que ustedes son de confianza. ¡Bueno, son héroes! En fin, estaré a gusto de ayudarlos en lo que necesiten.

—¡Gracias! —agradeció Camila.

—Bien, ya que tenemos una semana en el océano por delante. Te enseñaré unas cosas de mi mundo para que puedas comunicarte con nosotros —habló Eric, levantándose de la cama—. Me enteré que hay una piscina, ¡Vamos!

—No estará habilitada hasta que el buque zarpe, Eric —detuvo Fast Ray con su pata delantera izquierda, al pegaso verde claro.

—Demonios… —replicó él.

¡Muchas gracias por habernos acompañado esta semana en el crucero S.S Soul. Anhelamos que vuelva a viajar con nosotros.

Se escuchó un sonido que finalizaba el comunicado. El puerto de Manehattan, donde el navío había arribado, recibía a muchas especies de ponys, tanto así como criaturas. Varios trabajadores del lugar estaban acostumbrados a ver a muchas especies ahí amontonadas, pero el resto de la ciudad no. Muy rara vez un grifo o dragón atravesaba la ciudad para ir a un lugar en concreto, la mayoría iniciaba el vuelo y se iba a quién sabe dónde. Eric y Camila desbordaban sudor por los nervios, por otro lado, Fast leía el periódico del día.

—Mientras el tren llega, repasemos lo que aprendimos, Fast —habló Eric, bastante emocionado.

—Ya sé todo lo que tengo que presionar para iniciar una video llamada contigo. Nombre raro...¡Pero tengo todo fresco en mi mente! Estuviste una semana acosándome. No me iré por un tiempo de Equestria, luego del encuentro con los Wonderbolts, tendré un mes de vacaciones. Mis segundas vacaciones luego de tantos años… ¡Por fin! Por ende, estaré cerca, seguramente en Cloudsdale, alquilando una habitación en algún hotel —explicó el militar, con suma tranquilidad.

—¡AY! ¡Que aparezca el estúpido tren! —vociferó Camila—. ¡¿Cuánto falta?!

El guarda, que ahí cerca se encontraba, la miró receloso, y con mala gana le respondió:

—Estará aquí dentro de veinte minutos.

Camila se rindió ante sus nervios y cayó desplomada en el asiento de madera de la estación.

—Camila, tranquila, estás intranquila desde ayer. Más que yo, inclusive —observó su hermano.

—¡Ah! Anhelo comenzar una nueva vida con los Apple. ¡Además no estaríamos aquí sin Fast! —exclamó ella, levantándose y abrazando al pegaso, quien se vio interrumpido de su lectura.

—¡Ay, ay, ay! ¡Tiene una gran fuerza…! —exclamó Fast intentando zafarse.

—El trabajo en la granja ayudó...y también tuvimos un régimen de entrenamiento en nuestra dimensión —reveló Eric—. Asumo que será ese el factor de su fuerza.

Camila soltó al estrujado pegaso, y se volvió a acomodar. Cuando menos lo esperó, el tren arribó, y emocionada, arrasó para llegar primero, con una fila de agobiados ponys que esperaban entregar su pasaje al guarda, y ser permitidos en la formación.

—¡Dios mío! ¡Está incontrolable! Será mejor que tú y yo esperemos como los demás —dijo Eric, a su amigo militar.

—Eso mismo iba a sugerir —respondió el pegaso verde limón.

—Así que Twilight es la princesa de la amistad. Wow —habló, bastante sorprendida Camila—. ¿Cómo lo supiste?

—Me robé la revista del hotel, y cuando llegamos a Manehattan, me tomé la molestia de preguntar por ella. Aparentemente, hace tres años, ella derrotó a un poderoso enemigo que puso en jaque a toda Equestria. Junto con las chicas, lograron derrotarlo, y recibieron una especie de castillo de cristal. Pero eso no es importante ahora, básicamente estuvimos ausentes tres años —explicó Eric, observando la parte trasera de la revista.

—Has caído bajo, Eric, ¿Robar una revista? —indagó Camila.

—¿Has escuchado lo que te dije, hermana? ¿Solamente te interesa la revista? ¡Es extremadamente raro que no hayas explotado de la emoción! —observó Eric, muy confundido.

—Ay, me relajé finalmente… —reveló ella. Lanzó un gran bostezo, producto de su cansancio.

—Debiste ver al pony terrestre que tu hermano interrogó. Lo acosó con todo tipo de preguntas, literalmente le quitó toda la información del cerebro —contó Fast Ray, para luego reírse.

—Era necesario. Realmente quedé muy intrigado en saber por qué Twilight tenía alas. Es bueno saber que ella generó un impacto en toda la sociedad. Por ende, extraer información fue muy fácil.

—Pero fue difícil para el pobre pony —contestó su hermana.

Los tres ponys, se rieron después de este comentario, y decidieron charlar de otras cosas mientras disfrutaban el viaje. Pero esto pasó a segundo plano cuando un rebaño de ovejas se vio inmiscuido en medio del trayecto, obligando a la locomotora a activar los frenos y detener la formación.

Se anunció a través de los parlantes de los vagones, que el viaje quedaba temporalmente suspendido hasta encontrar una solución.

—Yo creo que la vida nos quiere jugar una mala pasada… —observó Camila.

—Ya se irán, estamos a una hora de Ponyville. Seguramente quitaran a esos animales en un dos por tres —contestó Eric.

—¡Hora y media ha pasado! ¡¿Y no pueden quitar a unas estúpidas ovejas de las vías!? —exclamó Eric al conductor, con la cabeza fuera de la ventana.

Este mismo lo miró, y se acercó a él. Su expresión irradiaba frustración y enojo.

—Entiendo su ira, señor. Pero este tipo de ovejas... son muy peligrosas. Atacan sin piedad a quien las moleste —contestó el maquinista.

Para este punto, ya habían varios pasajeros fuera de la formación, estirando las patas, y tomando aire. Otros, por su lado, habían decidido abandonar la formación, y llegar a su destino a trote. Eric, ya abrumado por haber esperado tanto, y percatándose que estaba atardeciendo, se le ocurrió una brillante idea.

—¡Camila! ¡Tú estuviste una temporada con los Apple! ¡Debes saber cómo manejar un rebaño! —habló repentinamente Eric, sobresaltando a su hermana, quien posaba su vista en el atardecer.

—S-s-solamente tengo experiencia bañando cerdos...y...con las gallinas….

—Wow, gran revelación —dijo Fast.

—¡No ayudas, Fast! —respondió, fastidiado, el joven Stark—. Me cansé. ¡Iré yo mismo a solucionar este problema!

Eric se levantó de su asiento, con una gran cólera invadiendo su ser. Camila, por su parte, no se inmutó de la repentina acción de su hermano, algo que Fast Ray notó y preguntó:

—¿No lo detendrás?

—Tú eres el militar aquí, Fast —respondió ella, observando aún el hermoso atardecer.

—No estoy en servicio Camila, solamente soy un simple civil —respondió él, posando su vista en el periódico que leyó más de seis veces.

—Sí, un civil con uniforme militar y medallas que demuestran sus hazañas en servicio —contestó ella, con una sonrisa socarrona al final.

Eric, sin problemas, llegó al final del primer vagón, cruzó la puerta, y se encontró con el vagón que contenía el carbón para la caldera de la locomotora. Desplegó sus alas, y con dificultad, inició un leve vuelo que lo ayudó a pasar esa parte fácilmente.

Ya en el centro de mando, el conductor se llevó una gran sorpresa.

—¡¿Qué hace usted aquí?! —exclamó, bastante furioso.

—Es ridículo que no puedan mover a unas ovejas, ¡Literalmente tiene en su poder una maquina el cuádruple de grande que ese rebaño! ¡Use el cerebro! —dijo Eric.

—¡Sé a lo que se refiere! ¡Y yo también estoy frustrado! ¡Pero las reglas ferroviarias así lo dictan! Si hay un bloqueo en medio de las vías, se tendrá que esperar al apoyo —explicó el maquinista, quien se encontraba sudado y muy exasperado.

—¿Entonces estaremos aquí cuatro horas hasta que el apoyo llegue? ¿Y de dónde proviene el apoyo? —indagó el pegaso verde claro, notablemente fastidiado y agotado.

—Cuatro horas...no...el apoyo dijo que estaría aquí lo antes posible… —dijo el maquinista. Observó al rebaño, y entró en cólera.

Sin pensarlo detenidamente, avisó al guarda del tren de que pondría en marcha el vehículo. Por ende, este último tendría la tarea de avisarles a los pasajeros, que se encontraban fuera de la formación, que volvieran a entrar y tomaran asiento. Luego de unos diez minutos, el conductor, acompañado aún de Eric, hizo sonar el silbato de la locomotora, en conjunto con la campana, iniciando al mismo tiempo la marcha. Las ruedas resbalaron con celeridad las vías y un vapor caliente y condesado salió a consecuencia de esto. Los pobres animales, que estaban muy agrupados entre sí disfrutando la paz, salieron disparados hacia los costados, asustados por lo que acababan de escuchar. El maquinista se secó el sudor de su frente con su pata delantera derecha, al saber que su maniobra había tenido éxito, y que ninguna oveja había sido mutilada.

—Wow…¡Ese mal nacido lo logró! —dijo Camila en su mente.

Al rato de retomar el viaje, el pegaso de crin castaña hizo acto de presencia. Se sentó, y lanzó un largo suspiro, para luego hablar:

—El conductor me dijo en forma de agradecimiento, que no habrá represalias por haberme aparecido en la sala de maquinas. ¡Salvé el día! Supongo…

"Ser la princesa de la amistad, algo que nunca esperé llegar a ser, pero el destino siempre me lo deparó. Gracias a mis amigas y a su constante apoyo, he llegado a crecer y madurar. Ay, estos últimos años sí que fueron muy ajetreados, ¡El avance de Starlight por el camino de la amistad es de envidiar! Aprende muy rápido las lecciones, y se me están agotando las ideas. Enviarla con Zecora a entrenar me dará más tiempo para pensar en nuevas lecciones...y también relajarme. Necesito un día en el spa, podría preguntarle a Rarity si quiere acompañarme, aunque últimamente está muy ocupada, al igual que las chicas. ¡Y diantres que yo también lo estoy! ¡Qué semana tan pesada tuve! Estar relajada en la cama, me ayudará a cerrar los ojos de una vez por todas"

"Habrán pasado tres años, y muchas cosas buenas, como también malas, ocurrieron...pero jamás me olvido del día que te fuiste Eric...ay, también Camila, ¡Ella tenía mucho potencial! ¡Podría haberla puesto bajo mi tutela! Pero me alegra mucho que Starlight haya llegado a mi vida, y me haya dado la posibilidad de experimentar lo que es ser una maestra. Pero...Eric, si tan solo hubiera tenido más coraje, y no me hubiera declarado de una forma tan...sosa...¡Eso no importa! Lo que importa es que te extraño a ti, y a tu hermana. Las chicas también, incluso las princesas han demostrado melancolía a la hora de hablar de ustedes, bueno, Luna casi no ha dicho nada. Hoy se cumplió el aniversario de su partida, lo cual ha sido muy gris para nosotras, Pinkie intentó brindar calidez, e hizo una fiesta para recordar algunos momentos vividos con ustedes, los últimos meses que estuvieron en Equestria, fueron muy entretenidos, ¡Sobre todo las anécdotas que me narrabas sobre tu mundo, Eric! Historia pura."

"Comencé a pensar en ti, semanas después de tu partida, cuando el destino decidió que yo sería princesa, muchas otras cosas pasaron a ocupar mi mente, pero siempre aparecía un pensamiento relacionado contigo...se fueron agravando con el paso del tiempo...¡Al punto de desear que regreses para declararte lo que siento! Puede sonar muy obsesivo de mi parte, pero es algo que tengo que quitarme de encima, el tiempo transcurre, y esa pesadez se hace cada vez más grande.

Lo mejor será...será dormirme...sí. Mañana será otro día, tal vez Starlight regrese de la cabaña de Zecora y me cuente lo que aprendió. Seguramente pueda preguntarle si quiere acompañarme al spa, deberá estar agotada."

"Spike se vio sorprendido que me fuera a acostar temprano, pero realmente el día estuvo lleno de una energía que no puedo explicar ahora, al menos él es joven y se distrae fácilmente."

"¡¿Ya amaneció tan pronto?! Tal vez sea el correo. No...¡La una de la mañana! Si es Trixie queriendo café en polvo de nuevo...¡No responderé!"

Con mucha pesadez salgo de mi cama, la noche estaba fresca, por ende decido colocarme una bata, y mis pantuflas favoritas en forma de cupcake que Pinkie me había regalado el año pasado para mi cumpleaños. Los pasillos estaban a oscuras, naturalmente. Solamente esperaba pasar por la habitación de Spike, y que no se encontrara leyendo unos de sus cómics, desvelarse le provocará feas ojeras, y un ciclo de sueño desequilibrado. Para mi sorpresa, la puerta no volvió a sonar, en seguida supe que Trixie no era la quien se encontraba fuera del castillo. El semental, o yegua que ahí se encontraba, era bastante paciente, y sabía que nadie podía espabilarse tan rápido luego de haberse levantado de la cama a la una de la mañana.

Expresé un "Ya voy" tenuemente mientras me encontraba en las escaleras que llevaban al hall de entrada del castillo, para no despertar a Spike. El eco a estas horas se intensificaba increíblemente, bostezo antes de llegar a la puerta, y me rasco mi ojo derecho. Realmente tenía la vista pesada, y parecía que me iba a desplomar en cualquier momento, abro la puerta con mi pata derecha, ya que no tenía la fuerza para usar mi magia...y me encuentro con algo que anhelaba hace mucho tiempo.

—¡Twilita! ¡Es un gusto poder volverte a ver luego de…! ¿Cuánto pasó? —preguntó Eric muy emocionado, sin percatarse del estado de la alicornio y su expresión.

No podía creerlo...¡Eric! Eric estaba al frente mío, con su sonrisa característica, su frondoso cabello...¿Está más fornido? ¡No importa, aquí frente mío se encuentra el semental de mis sueños! Quiero abrir la boca para formular mis palabras, pero no puedo. Mis patas traseras me impulsan y las delanteras rodean su cuello con delicadeza. Mis labios se juntan con los de él. "¿Qué estoy haciendo? ¡¿Pero qué estoy haciendo?! Esperen...¿Me está devolviendo el beso?"

Él se impulsó hacia dentro, y cerró la puerta, seguíamos besándonos, y parábamos por breves segundos para tomar aire y vernos mutuamente a la cara. Lo estaba guiando hacia la habitación, ¡Yo sabía que tenía que parar! Pero mi cuerpo era controlado por mi corazón, mi cerebro había perdido el poder. Llegamos a la habitación, y él me acuesta en la cama, por alguna razón, me las arreglé para no despertar a Spike, ¡Pero eso no importa! Eric estaba encima mío, besándome con cariño y calidez...Entonces decimos que era hora de pasar al siguiente nivel.

"¡¿Eh?! Ay…" abro los ojos abruptamente, la oscuridad invade mi vista. Aún estoy tendida en la cama, bien tapada, y sin Eric por ningún lado. Noto en seguida que tenía mucho calor, y me destapo rápidamente con mi magia para que mi cuerpo reciba el fresco de la habitación. Me percato de algo que me dejó estupefacta. Mi casco derecho invadía mi conducto fibromuscular elástico. Tengo que quitarme la mala costumbre de usar términos científicos para todo en mi vida.

"Se siente muy bien...Eres astuto cerebro...Te daré el consentimiento de continuar…"

"¡Ah! ¡Me quedé dormida! ¿Qué hora es? ¡Las diez de la mañana! ¡Por Celestia!" Me caí de la cama, y mi cara quedó pegada al suelo. Me reincorporé recordando en el proceso que hoy tenía el día libre, bueno, eso esperaba yo. Al estar totalmente de pie, me dirigí directamente al baño de mi habitación para darme una cálida ducha, y salir como nueva de ahí. "Realmente me invade la incertidumbre de mi sueño...¿Tan grande es el sentimiento hacia él? Posiblemente todo esto es causado por mis hormonas alborotadas. Ahora que lo pienso, nunca me empeñé en buscar pareja, superé la adolescencia como si nada...y ahora estoy pagando el precio…"

Termino mi ducha, y hago lo que cualquier yegua haría, tardarse diez minutos en prepararse. Puedo permitir que el estrés entre a mi cuerpo por cualquier cosa, y complicar una simple tarea...pero a la hora de ducharme, ahí sí que el tiempo se congela para mí, bueno, exceptuando cuando estoy apurada, o cuando tengo un día ajetreado, o cuando tengo que ayudar a algunas de las chicas, o mi familia...¡O repentinamente una misión de amistad! ¡O Trixie pidiendo café! Tranquila, Twilight.

Salgo muy relajada del baño, totalmente acicalada, y me encuentro una mancha húmeda bastante grande en mi cama. "Supongo que tendré que lavarlas" Te excediste, cerebro.

Envuelvo las sabanas lo mejor que puedo, y me dirijo al lavado del castillo. Las dejo en una posición para que nadie pregunte, y me retiro para más tarde lavarlas. Con ansias de desayunar, me dirijo a la cocina, ignorando si Spike se había levantado, o si Starlight había vuelto. Pero escucho muchas voces provenientes de la sala del comedor. Reconozco que son las chicas, por ende, me encamino hacia allí muy entusiasmada por saludarlas, e ingerir una razonable cantidad de comida para saciar a mi estómago vacío. Al entrar y abrir la boca para formular un saludo dirigido a todas, me encuentro con dos ponys que me dejan totalmente anonadada. Las expresiones de alegría de las chicas al verme, lo decían todo.

—¡Twilight! —gritaron los hermanos Stark, acercándose a la alicornio.

Estaba totalmente sorprendida. Una enorme felicidad invade todo mi ser, y me abalanzo principalmente hacia Eric, pero mi cerebro le gana a mi corazón, y desvío la dirección para abrazar a los dos con mucha fuerza.

"¡Cuanto, pero cuanto los extrañé! ¡No saben lo feliz que me pone su regreso!" exclamo, llena de júbilo.

Continuará.