Estuve durante años queriendo publicar este fic, pero siempre pasaba algo que me tiraba para atrás. Al fin he decidido hacerlo.

Ahora, unas advertencias.

Como puse en el summary, hay yaoi, relaciones homosexuales, M/M, como quieran llamarlo, pero el fic en sí mismo NO ESTÁ ENFOCADO EN EL ROMANCE. Si, va a haber una parte enfocada en romance, pero el fic no gira en torno a eso, ¿si? Para que no haya decepciones o reclamos después

En esta versión, Severus tiene tres hermanos y él es el mayor. Lo explico ahora para que no empiecen a leer y se pregunten quienes carajos son estos personajes.

En cuanto al lemmon… no sé si voy a poner, eso depende si ustedes quieren o no. Tengo la impresión de que va a ser un sí, que en FF no tiene por qué haber puritanismo, viva el desenfreno, bla, bla, bla. Igual no pierdo nada con preguntar.

Gracias de antemano por abrir este fic y decidir empezar a leerlo. Espero sus reviews.

Capítulo uno

Una visita a San Mungo

Dumbledore cruzó la recepción del hospital San Mungo, ignorando por completo a los pacientes que estaban sentados en las desvencijadas sillas de la sala de espera y los sanadores con sus túnicas color verde lima. Subió por el ascensor hasta llegar al cuarto piso.

Una vez que bajó, se cruzó con una medibruja de unos cuarenta años, de aspecto maternal. Dumbledore llamó su atención.

—Disculpe, estoy buscando a…

—Oh, si, lo sé —lo interrumpió la mujer, de manera jovial—. Está esperándolo en su oficina —señaló con su mano la tercera puerta a la derecha.

—Muchas gracias.

Dumbledore caminó hacia la puerta. Le dio un rápido vistazo a la placa para asegurarse que fuera la oficina correcta y golpeó la puerta tres veces con los nudillos.

—Adelante —le dijo una voz masculina ligeramente ronca. Sonaba algo cansada. Dumbledore giró el picaporte y abrió la puerta.

Se encontró en una oficina pequeña. La pared de enfrente estaba cubierta de diplomas y había un par de plantas decorativas en los rincones y un archivero cubría casi toda la pared de la derecha y en la pared de la izquierda no había más que una ventana que mostraba el cielo despejado de julio. El escritorio de madera estaba casi rebalsando de pergaminos y artículos de oficina y un hombre estaba sentado detrás de él, escribiendo algo en un pergamino, como si no hubiese notado que había alguien más en la habitación.

Era un hombre joven y delgado, de unos treinta años (treinta y uno, si la memoria no le fallaba). Tenía el cabello lacio y de color castaño claro, atado en una simple coleta corta. Su piel era pálida, sin llegar a tener un tono enfermizo. Un cigarrillo encendido colgaba de su boca.

—Buenos días, Christopher —lo llamó Dumbledore, con suavidad.

El hombre alzó la vista, fijando sus ojos negros en los de Dumbledore. Se sacó el cigarrillo de la boca y lo aplastó contra el cenicero que tenía cerca.

—Hola, profesor —el hombre llamado Christopher extendió la mano hacia una silla que estaba frente al escritorio—. Por favor, tome asiento, pero espero que no sea una visita larga. Tengo mucho trabajo —aseguró, dejando la pluma sobre el escritorio y guardando unos pergaminos dentro de un cajón.

Dumbledore se sentó de buena gana, pero no dijo nada. Christopher continuó hablando.

—Recibí la lechuza ayer, pero no informaba al respecto sobre el motivo de su visita. ¿Por qué me citó aquí en mi trabajo y no en mi casa? ¿Por qué tanto secretismo?

—Quería hablar contigo a solas.

Christopher lo miró con una media sonrisa, pero no era una sonrisa amable, sino más bien una cansada.

—No puedo brindarle más de media hora, así que, por favor, vaya al grano.

Dumbledore sonrió, ignorando el ligero tono de hastío de su interlocutor.

—El profesor Flitwick ha decidido jubilarse —Christopher levantó una ceja, como si no entendiera que tenía que ver el asunto con él—. He barajado distintas opciones para elegir al mejor candidato para el puesto y tú eres la mejor opción.

Christopher parpadeó varias veces, sorprendido.

—Me halaga que esté buscando un buen candidato para el puesto de Encantamientos. Hay que ser un mago o una bruja muy calificado para dar esa materia. Lástima que no se haga lo mismo con Defensa Contra las Artes Oscuras.

Dumbledore ignoró por completo el sarcasmo en la última frase.

—Apreciaría mucho si pudieras tomar ese puesto.

Christopher se apretó el puente de la nariz.

—Puede que ser un sanador de mentes en San Mungo no parezca muy interesante a los ojos de los demás, dado a que es la parte menos mágica de la medicina, pero realmente amo mi trabajo. Hace casi diez años que trabajo aquí y estoy cómodo en mi puesto. Hay magos y brujas que darían un brazo por trabajar en Hogwarts, ¿por qué yo? ¿Por qué dejaría de trabajar aquí?

—Tengo varias razones por las que te he considerado para el puesto. Para empezar, Flitwick me ha dicho que has sido uno de los mejores alumnos que ha tenido.

—Ajá —contesto Christopher, carente de emoción.

—El Ministerio ha ordenado poner dementores en el castillo…

—Por lo de Sirius Black —murmuró Christopher, carente de emoción—. Lo vi en las noticias.

—Los dementores no pondrán un pie en el castillo, pero temo por mis alumnos. Sus conocimientos en psiquiatría podría ser muy útil para los alumnos… y los profesores.

—¿Los profesores?

—Ese es otro tema que quiero discutir contigo. ¿Recuerdas a Remus Lupin?

Christopher quedó en silencio por casi cinco segundos antes de responder, con una sonrisa desprovista de alegría.

—Lupin, si, lo recuerdo bien, aunque hace dieciséis años que no lo veo y desde hace doce que no tengo noticias suyas —entrelazó las manos detrás de la cabeza—. No me diga: va a enseñar Defensa contra las Artes Oscuras, ¿verdad? —agregó, con un tono divertido.

Dumbledore asintió con la cabeza.

—En efecto, Christopher.

El medimago sonrió.

—Me temo que a cierta persona no le va a gustar.

Dumbledore volvió a asentir.

—Me temo que tienes razón.

—¿Quiere que vaya a Hogwarts para evitar que Severus lo mate?

—Confío en que Severus podrá controlarse con Remus, pero no va a estar contento de que esté ahí.

—Se la va a agarrar con los estudiantes, ya veo. Cree que soy el único que puede calmarlo, ¿cierto?

—¿Quién mejor que su hermano?

Christopher soltó una risa seca.

—¿Quién mejor que su hermano? —repitió el medimago. Luego agregó—. ¿Necesita ayuda con Lupin?

—Si. Estás al tanto de su condición…

—Como olvidarlo…

Dumbledore se calló durante un segundo y luego continuó.

—El pobre ha estado aislado durante años y necesita contención. Ha perdido a sus mejores amigos y soporta solo su condición de hombre lobo desde hace mucho tiempo.

—Es algo bastante normal, de hecho —suspiró Christopher—. Lo de estar aislado, ya sea de manera voluntaria o involuntaria. Se aíslan ellos mismos o los demás lo aíslan a ellos. He atendido al menos a una docena de hombres lobo desde que estoy aquí.

—Comprendo.

—¿Eso es todo, profesor?

—Eso es todo. ¿Aceptas el puesto, entonces?

Christopher clavó sus ojos en Dumbledore durante casi un minuto entero, sopesando los pros y los contras en su cabeza hasta que al fin habló.

—¿Cuándo es la próxima reunión de profesores? —preguntó.

—Dentro de dos semanas.

Christopher lanzó un gruñido.

—Deme uno o dos días para pensarlo, ¿de acuerdo? No es una decisión que pueda tomar en este momento.

—Por supuesto —Dumbledore se levantó del asiento y Christopher lo imitó, irguiéndose en todo su metro ochenta y cinco de estatura. Dumbledore levantó la mano y Christopher lo imitó, aunque con cierta vacilación. Se estrecharon las manos.

—Que tengas un excelente día —lo saludó Dumbledore y salió del despacho, cerrando la puerta tras de sí.

Christopher se quedó mirando la puerta. Se acomodó un mechón de cabello y siguió trabajando con sus pergaminos, esta vez con un poco más de prisa. Necesitaba pensar.


Harry estaba acostado en su cama, intentando buscar una posición más cómoda, pero era imposible. Le dolía tanto el cuerpo que no podía estar mucho tiempo en una misma posición.

Ron había llamado por teléfono esa misma tarde, intentando comunicarse con Harry. Por desgracia, había atendido Vernon y no le había hecho ninguna gracia. Tan poca gracia le había hecho que, apenas colgó el auricular, lo molió a golpes en la cocina de tal manera que Harry ni siquiera supo como diablos pudo subir las escaleras hasta su habitación.

Se había mirado en el espejo antes de acostarse y estaba hecho un desastre. Tenía moretones en todo el cuerpo, especialmente en los brazos, que había usado para cubrirse de los puñetazos. Tenía marcas de dedos alrededor del cuello y la parte posterior de la cabeza le dolía.

Harry se acostó sobre su estómago y enterró la cabeza en la almohada, intentando no llorar. No quería que los Dursley se enteraran y lo golpearan peor. No veía la hora de regresar a Hogwarts


Severus Snape estaba perdido en sus pensamientos, para variar. Estaba sentado en una de las desiguales sillas del salón de profesores e intentaba no hacer ningún contacto visual con Remus Lupin, quien había intentado ser amistoso con él, pero Severus fue tan seco con el hombre lobo que no tardó mucho en desistir.

Sus pensamientos estaban clavados en su hermano Christopher. Desde hacía varios días que notaba algo extraño en él. Había dicho que se había tomado unas cortas vacaciones que San Mungo le debía para estar cerca de Severus, Gary y Lori, pero no creía que esa fuera la razón. Desde sus "vacaciones" Christopher recibía al menos dos lechuzas por día con cartas, pero él apenas las ojeaba y luego las prendía fuego sin ceremonia alguna

—Apenas me voy de vacaciones y mis colegas quieren que regrese a ayudar. No me he tomado casi un descanso en tres años, por Dios —se quejaba, pero siempre lanzando una breve carcajada, como si fuera un chiste. Estaba ocultando algo, lo sabía, pero no sabía qué.

Todos los profesores, Dumbledore incluido estaban allí, pero había una silla vacía. Faltaba el nuevo profesor de Encantamientos. Llevaba más de cinco minutos de retraso y algunos estaban comenzando a impacientarse.

—¿Acaso va a llegar tarde a su primera reunión? —preguntó McGonagall, escandalizada.

—Vendrá, Minerva —le respondió Dumbledore amablemente.

Lo único que le importaba a Severus era que el profesor nuevo de Encantamientos no fuera tan imbécil como Lockhart.

La puerta del salón de profesores se abrió.

—¡Siento llegar tarde! —aún antes de darse la vuelta, Severus lo reconoció. Esa voz alegre y ligeramente ronca solo podría pertenecer a una persona.

Christopher entró en el salón, vestido con una túnica color beige y mostrando una estúpida sonrisa de disculpas.

—Me quedé dormido —Christopher reprimió un bostezo y se sentó al lado de la profesora Sprout

—¿Qué haces aquí? —le preguntó Severus, sorpendido.

—¿Yo? Soy el nuevo profesor de Encantamientos. Disculpa por no haberte avisado, creo que se me olvidó —Christopher se encogió de hombros y miró a Severus de manera divertida.

Dumbledore carraspeó.

—Señores, les presento al sanador Christopher Snape, psiquiatra y nuestro nuevo profesor de Encantamientos.

Todos aplaudieron, excepto Severus. Christopher parecía cualquier cosa excepto un psiquiatra, bien podría ser alguno de los pacientes que atendía.

—Ya que estamos todos, podemos empezar con la reunión —anunció Dumbledore—. El primer tema a tratar es Sirius Black.

Severus miró a Lupin para ver su reacción. Este se limitó a mirar al piso, evitando cualquier contacto visual. Estaba convencido de que Lupin no era de fiar. Había sido amigo de Black en el colegio. ¿Quien sabe si eran aliados?

—Como todos saben, Sirius Black escapó recientemente de Azkaban y tiene intenciones de atacar a Harry Potter. El ministerio consideró…. necesario apostar dementores en las afueras del castillo, por protección.

Christopher lanzó una risotada seca.

—Dementores —gruñó—. ¿Qué mejor que unos bichos que absorben tu alegría, hacen recordar tus peores experiencias y que podrían chuparte el alma con la misma facilidad con la que yo me tomo un batido de cereza?

La profesora McGonagall se inclinó un poco hacia Christopher.

—Por mucho que estemos en desacuerdo, el colegio está subvencionado por el Ministerio de Magia, Christopher. La última palabra la tienen ellos, no nosotros.

—Los del Ministerio son unos imbéciles, como de costumbre —Christopher se acomodó un mechón de pelo—. Prefieren dementores antes que Aurores para no pagar sueldos.

Dumbledore alzó la mano y Christopher se calló, aunque parecía que tenía muchas cosas más que decir.

—Es indispensable que Harry Potter no sepa de la relación entre Sirius Black y James Potter. Podría resultar peligroso para su seguridad —los ojos de Dumbledore se desviaron hacia Lupin—. Remus, tampoco es conveniente que Harry sepa la relación que has tenido con su padre y Sirius Black. Mientras menos sepa, mejor.

—Si, señor —Lupin asintió con la cabeza. Severus le dio una ojeada a Christopher y notó que estaba observando al hombre lobo con curiosidad, como si fuera un artefacto peligroso en una vitrina. Le dio la ligera impresión que lo estaba mirando desde hacía varios minutos

Dumbledore entrelazó sus dedos bajo su barba.

—Y hablando de Remus, algunos de ustedes ya lo saben, pero para los que no, les informo que nuestro nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras es un hombre lobo.

Hubo un silencio y algunos se agitaron. Los profesores que habían tenido a Lupin como alumno ya lo sabían, pero los que llevaban menos de quince años enseñando la materia no estaban enterados. La profesora de Estudios Muggles, Charity Burbage, quien estaba sentada al lado de Lupin, se corrió un poco para el costado de una manera que intentó ser disimulada, pero Severus estaba seguro que no lo logró.

Dumbledore abrió la boca para seguir hablando, pero Christopher se pasó la mano por la cabeza y lanzó una risotada que sonó casi como el ronroneo de un león.

—Pueden estar tranquilos. Si pudieron compartir el año con un imbécil estafador que le interesaba más su propio reflejo que la enseñanza y un servidor de Innombrable que lo trajo al castillo, poniendo en peligro a todos, no tendrán problemas con un inofensivo hombre lobo —miró a Severus, ya con más seriedad—. Me imagino que tú serás el que le preparará la poción Matalobos, Severus.

—Obviamente —respondió, ligeramente irritado—. La poción Matalobos provocará que Lupin conserve su mentalidad humana durante la transformación, así que nadie correrá peligro, siempre y cuando tome la poción a término.

—Como verán, no hay ningún problema —Dumbledore sonrió—. Lo único que falta arreglar las rondas de los profesores. Con los dementores en los terrenos de Hogwarts, las guardias serán como las de costumbre. Christopher, Lupin, ya los pondré al tanto de eso.

—Señor Director —habló Sinistra—, tengo entendido que Filius seleccionó a sus prefectos antes de marcharse.

—Oh, si —dijo Dumbledore, como si se acordara de golpe—, como nueva líder de casa de Ravenclaw tiene que saberlo. Los dos nuevos prefectos de quinto año son Ian Goldman y Lorraine Prince.

Severus miró a Christopher. Este había dejado de mirar a Lupin y ahora lo estaba mirando a él con los ojos llenos de orgullo.

Luego de unos diez minutos más de charla, la reunión finalizó y todos los profesores se levantaron para irse a sus respectivos hogares.

—Remus, Christopher, acompañanme a mi despacho. Tengo un asunto que discutir con ustedes dos.

Severus le lanzó una mirada inquisitiva a su hermano. Este solo se limitó a sonreír levemente.

—No me llevará más de media hora, creo. Esperame aquí y podremos regresar juntos.

Severus lanzó un gruñido y se sentó. Christopher lo interpretó como un sí y los tres se fueron, dejando a Severus a solas con sus pensamientos.

Christopher no estaba allí solo porque una mañana se le había ocurrido ser profesor de Encantamientos. Debía ser cosa del viejo, el muy maldito. ¿Qué pretendía con su hermano? No tenía idea y dudaba que pudiera sacarle algo en claro al director. Cuando Christopher saliera, tendría que interrogarlo aunque eso significara ponerle un Veritaserum en su bebida.

¿Lupin tenía algo que ver con que su hermano estuviera ahí? Claro, Christopher era un sanador de mentes (uno de los pocos que había en todo Reino Unido) y había tratado con varias criaturas y seres como hombres lobo, vampiros y veelas, entre otras. Pero si era así, ¿por qué ponerlo como profesor a Christopher en lugar de simplemente contratarlo como psiquiatra?

Mientras estaba sumergido en sus pensamientos, escuchó la puerta abrirse.

—Listo —Christopher asomó la cabeza en la puerta—¿Vamos? Ya es la hora del almuerzo.

Severus se levantó con pesadez.

—Vamos a mi despacho. Podemos volver a casa por Polvos Flu.

—Detesto los Polvos Flu. Severus.

—Disculpa, pero la limusina se averió y no puede venir a recogernos.

Christopher se rió.

—De acuerdo, haré el esfuerzo por viajar como la plebe.

Fueron hacia el despacho de Snape, que quedaba en las mazmorras. Sin ceremonia alguna, tomó un puñado de cenizas de color verde y viajaron hacia su casa, en la calle de la Hilandera.

Cuando Severus y Christopher eran niños, la casa era lúgubre y ruinosa, reflejando la tortura que habían sufrido a manos de su padre abusivo y su débil madre. Ahora que ya eran adultos y sus padres habían muerto, la casa era totalmente distinta. Estaba llena de luz y calor de hogar, lo que debió haber sido siempre.

Severus quería discutir con su hermano en la diminuta pero acogedora sala de estar, pero no estaban solos. Alguien estaba en la cocina de concepto abierto, cocinando.

—¡Que bueno que llegaron temprano? ¿Van a almorzar?

La más pequeña de los cuatro hermanos Snape estaba mirándolos, con una cuchilla de cocina con la que estaba cortando unas papas en forma de bastón. Tenía el cabello negro en un rodete atado con un lazo azul, que al soltarlo llegaba hasta la cintura. Sus ojos negros estaban sobre sus dos hermanos mayores, alegres y llenos de vida. Severus la miraba como si fuera una niña pequeña, a pesar de que había cumplido quince años.

—Nos quedaremos, por supuesto —Christopher miró a su alrededor—. ¿Dónde está Gary?

—Salió a comprar refresco y pan, se nos olvidó —respondió ella, ya volviendo a su tarea de cortar las papas

—Christopher y yo estaremos en el sótano —dijo Severus, con tono cansado. La chica se giró hacia ellos y levantó una ceja, pero sólo dijo:

—No se tarden demasiado —y siguió con sus tareas.

Christopher y Severus salieron por la puerta trasera de la cocina y llegaron a un patio cerrado. Contaba con un lavadero y una gran multitud de macetas con plantas de diferentes tipos. Un gato negro de pocos meses de edad retozaba en el suelo de ladrillos, tomando el sol.

Severus fue hacia la puerta de madera de dos hojas que estaba contra la pared y apoyó la varita contra la puerta para abrirla con un hechizo no verbal. Eso no formaba parte de la construcción original, sino que su propia madre lo había construido, hacía más de treinta años.

Ambos bajaron por las escaleras y se encontraron con un sótano oscuro apenas iluminado por la pequeña ventana que daba al exterior. Severus prendió la luz. La bombilla iluminó el lugar, mostrando calderos, botellas de pociones y artefactos mágicos.

—Ahora sí, empieza… a… hablar —Severus puso su tono de voz más peligrosa, lo que haría que cualquier estudiante de primer año se meara encima, pero no funcionaba con su hermano.

—Soy profesor de Encantamientos de Hogwarts a partir de ahora, ¿Qué más tengo que decirte? —Christopher se encogió de hombros.

—¿Dumbledore te habló?

Christopher suspiró.

—Vino a mi oficina hace una semana para ofrecerme el puesto. No estaba muy seguro, pero terminé aceptando.

—¿Por qué no me has dicho nada?

—Porque hubieses sido capaz de encerrarme en este mismo sótano con tal de no dejarme ir o habrías tenido una discusión con el viejo o tal vez ambas.

Severus chasqueó la lengua y evitó el tema

—Hay muchos magos competentes que pueden dar esa materia —dijo en cambio.

—¿Me estás llamando incompetente?

Severus suspiró con fuerza.

—No quise decir eso. Lo que quise decir es que hay magos capacitados sin trabajo a los cuales les encantaría enseñar, pero te ha buscado a ti, que eres sanador con un trabajo estable.

—Flitwick le sugirió al viejo que yo era una buena opción. Además, quiere que ayude a Lupin a sobrellevar mejor su licantropía.

Severus se pasó una mano por el pelo grasiento.

—¿Por qué aceptaste?

De repente, Christopher sonrió.

—Porque quiero estar cerca de ustedes, especialmente de ti.

Esa frase desarmó a Severus. Se apretó el puente de la nariz con una mano.

—Están pasando cosas raras en Hogwarts desde hace un par de años y no quiero que te pase nada —dijo, sonando hastiado, pero en realidad le preocupaba—. Niños petrificados, troles caminando por las mazmorras y profesores idiotas que se vuelven más idiotas con un par de vasos de whiskey de fuego encima.

—Ya soy lo bastante grandecito para aceptar los riesgos —le dio una palmada en el hombro a Severus—. Casi diría que no me quieres cerca.

—Sabes que eso no es cierto.

—¿Entonces de que te quejas? Lo único que quiero es pasar tiempo con mis hermanos. No nos juntamos los cuatro con mucha frecuencia desde que empezaste a ser profesor, excepto en las vacaciones de verano.

Severus estaba por responder, pero escuchó la puerta del sótano abrirse y unos pasos cautelosos bajando por la escalera.

—¿Está todo bien? Lori dice que el almuerzo está listo —anunció, frunciendo un poco el ceño, aparentemente preocupado.

Era un chico apuesto. Su cabello, originalmente negro, estaba teñido de un rubio canario, pero sus ojos grises eran cien por ciento genuinos, encajados en una cara redonda. Severus retuvo su imagen tanto como pudo, al fin y al cabo, era el último año del chico en Hogwarts.

—Todo está bien, Gary, solo estaba hablando con tu hermano —sonrió Severus.

—Nada de qué preocuparse —respondió Christopher, pasando un brazo sobre los hombros de Severus—. Ya subimos, tengo un par de cosas que decirles a ustedes dos.

—Oye, no rompimos nada —Gary alzó las manos.

—Vamos subiendo, Gary. ¿Ya pusieron la mesa? —preguntó Christopher.

—Si, si, lo hicimos —el chico puso los ojos en blanco y comenzó a subir las escaleras, más relajado

Cuando los pasos se alejaron, Severus quiso seguir discutiendo, pero Christopher lo detuvo.

—Lori se va a enojar si no llegamos a tiempo para el almuerzo —le dijo, ya empezando a subir. Sabiendo que Christopher no quería seguir discutiendo y que tenía razón sobre Lori, Severus lo siguió por las escaleras. Con Lupin y Christopher como docentes y Sirius Black suelto, iba a ser un año muy largo.

Listo, al fin lo hice. Todo review se agradece, aunque sea para decirme que no les gusta.