Tose.

Respira.

Ladea su cabeza, el pelo en sus ojos no le deja ver bien.

La mitad de su rostro se sumerge en el agua mientras la otra es bañada por la creciente lluvia, incapaz de ver correctamente pone ambas manos sobre el suelo, apenas con fuerza para despegar su pecho del asfalto, no sin antes resbalar. Se queja del dolor, del frio, las heridas que arden y laten como si fueran a explotar, mientras su frente se apoya en el agua debajo y su cara se arruga con fuerza.

- Ahogada en un charco – Le dice una voz gruñona desde la derecha – Es una manera patética de irse, incluso más que la mía –

Escucha su respiración, de algún modo es más ruidosa que la lluvia a pesar de estar lejos, puede ver su sonrisa a pesar de no tenerlo frente a frente, su ojo vidrioso observa desde arriba como cada musculo de su cuerpo falla en responder. Se enoja, quiere gritarle de vuelta pero no puede, tiene razón, ahogarse en un charco tras haber hecho un avance tan grande en su objetivo sería patético, digno de una 'niña invalida'.

Hitomi Fujikawa

- Ella debe sufrir, pero no puedes hacerla sufrir gimoteando allí abajo – Sus escamas dejan salir un ruido de crujidos cuando se agacha sobre la adolescente ahogada en lluvia – Todavía no acabamos, gatita –

- ¡Arriba! –

Una mano la toma por la sudadera dándole un tirón, se asusta e inhala algo de lluvia y sangre tosiendo inmediatamente, al menos su respiración agitada le indica a quien le habla que sigue viva. Su mirada borrosa apenas distingue figuras pero una es distintiva más cerca que los edificios de la ciudad y los postes de luz cegándole, un hombre de mediana edad tapándose con su propio abrigo mientras le habla. Le escucha repetir varias veces "levántate niña" o "arriba, vamos", su voz nerviosa se hace más nítida al igual que su imagen oculta en las sombras, se le nota afligido, sin poder decidir entre pararla él mismo o seguir intentando que reaccione.

- Estás despierta – Dice, su voz gruesa va acorde con sus grandes manos y fuerza algo extrema que la levanta como si fuera una muñeca de trapo, la falta de resistencia de la muchacha tampoco se lo dificulta – Apareciste repentinamente en el camino, no pude hacer nada… pero no creí que te había golpeado con tanta fuerza –

Entonces recuerda reincorporarse tras el combate con Hakuto, con jaqueca quiso cruzar la calle pero resbaló o, al menos, eso recordaba, al parecer un auto la había golpeado. Por supuesto, el único auto en la ciudad nocturna y lluviosa termina golpeándole, al menos alguien con conciencia está detrás del volante.

- Estuve… peleando –

Sus dos primeras palabras no tranquilizan al hombre pero, al menos, explican su condición actual. El automóvil no muestra señales de terrible impacto, ligera abolladura en el frente, sin vidrios rotos o nada por el estilo.

- Tenemos que ir a un hospital, vamos –

¿Un hospital? Parece que siempre está visitando hospitales por una u otra razón, siempre odió el ambiente estéril, le provoca nauseas estar siquiera en el vestíbulo de uno pero su suerte no deja que se aleje de ellos. Primero tenía visitas regulares para que puedan observar sus quemaduras, desde su rostro hasta sus piernas, odiaba pararse allí y mostrarse como si fuera un objeto de estudio. Años después fue por lo de su brazo y el periodo para acostumbrarse a llevarlo, la anticipación y la tensión de no saber si su cuerpo siquiera aceptaría la prótesis, y al pensar que estaría lejos de los hospitales fue tonto, su corta carrera en el estudio como heroína la ha dejado allí varias veces.

¿Cuál es la mejor visita que ha tenido? Hay varias que recuerda, Kazuhiko diciendo cosas tontas o inventando chistes para hacerla sentir mejor, el día que su brazo por fin funcionó y le vio llorar… o esa vez tras el campamento con todos sus amigos…

"Te quedarás sola, obsesionada con Viuda" Hakuto dijo hace rato.

"Tus familias, tus colegas, tus amigos… ¿Realmente eres tan necia?" Un fantasma de voz femenina le dijo con indiferencia.

"Te necesitamos" Uno de tus compañeros dijo, acomodándose sus gafas, mientras otro agregó con su estoica voz "Si te faltan partes, entonces nosotros seremos eso que te falta"

"Y no dejaré que bajes los brazos"

Dijo ella, abrazándole entre sollozos.

"La mejor decisión de mi vida"

Ayudada por el hombre camina, su enorme cuerpo la rodea intentando tapar inútilmente la lluvia, ella ya siente el inconfundible frio que sirve de preludio a un tremendo resfrío. Da un paso al frente apartándose del extraño, se apoya contra el auto volviéndose hacia él, una simple persona de traje y corbata volviendo de quien sabe dónde, frunce el ceño pensando que se ha resbalado pero se detiene al ver un brillo de conciencia en sus nublados ojos amarillentos.

- Llévame a U.A – Su voz tiembla por el frio – Necesito ir allí –

- Pero… necesitas un hospital –

- Estoy cansada de… estar sola en ellos – La sangre que corre por su nariz llega hasta la boca forzándole a escupir a un lado – Si no me llevas iré corriendo –

- Eres héroe entonces – Suspira el hombre ya comenzando a mojarse, parado bajo la lluvia – Son una banda de locos, siempre lo he dicho – Abre la puerta de su auto y le indica con la cabeza – Sube –


Capítulo 15 – Regreso a casa


"hey"

Con su teléfono celular en mano iluminando su rostro en el oscuro vestíbulo, Mina Ashido no sabe bien que debe escribir para no quedar ni desesperada ni tampoco fría. La aplicación está abierta hace rato, sobre anteriores mensajes aparece la foto de Sana llevando unos anteojos de sol cómicamente grandes mientras sonríe, la ha agregó en su agenda como "Arashi U.A" desde el primer momento que la conoció y nunca quiso cambiarlo por una cuestión de nostalgia. Va arriba y abajo esperando encontrar alguna pista oculta sobre cómo se encuentra, lo más reciente es de hace unos tres días, no han hablado desde entonces.

Siente que debería disculparse aunque no entiende exactamente por qué, se recuerda a si misma que Sana no hizo nada malo y se salió de control por la presión que tiene encima, además de que el apretó no dolió tanto… pero entonces también recuerda que se supone que debe estar enfadada con ella, y más si se le ocurre irse para no volver en toda la noche.

Borra las tres letras con enojo en cada vez que presiona el botón.

"vienes o q?"

Este mensaje le parece demasiado agresivo, aunque no ve nada de malo en ello, es el equivalente de caminar hasta estar cara a cara con ella solo para voltear y decirle "Como sea". Su dedo flota sobre el botón de enviar mientras la mente se le enfría, el pijama celeste que lleva puesto ruidosamente se frota contra la superficie del sillón mientras voltea de lado a lado buscando la fuerza para enviarlo.

Finalmente lo borra.

"sana…"

Suspira frustrada, comenzar por el nombre, como si fuera a necesitar que le recuerde quien es ¿Desde cuándo se hizo tan difícil comunicarse con ella?

El festival deportivo fue el inicio de esa extraña sensación, el inicio de las miradas discretas y la embarazosa pregunta que poco a poco evolucionó en una certeza: Realmente le gusta Sana Arashi. Nunca ha sentido algo así por alguien, ha tenido sus ojos puestos en algún que otro chico bien parecido, incluso de quienes son hoy sus compañeros como Todoroki o Kirishima, pero con ella es algo distinto.

Sana es fuerte y decidida, salvaje pero bondadosa y siempre dispuesta a pasarla bien, le encanta tenerla como amiga pero… también quiere estar cerca de ella, más de lo que podría estar como una amiga. ¿Y si le dice y arruina su amistad? Si no le dice de todos modos siente como que la está traicionando ¿Cuántas veces de las que han estado juntas ha sido por amistad genuina? De repente, tras el torneo, comenzaba a pensar en ella de maneras que no debería ¿O si debería?

Si ella hubiese sido un chico que le gusta, hubiese comenzado su relación con ese objetivo pero ahora parece que está atrapada entre decir la verdad o continuar mintiendo.

Nada de esto hubiese pasado de no haber encontrado ese bolso…

Setsuna Tokage hablándole de manera tan directa, parándose cerca, diciendo cosas inapropiadas cada vez que se ven, esa fue lo que finalmente la empujó a darse cuenta de lo que siente.

Y ahora no puede enviar ni un solo mensaje…

"jiro está esperándote"

Escribe una mentira, mira hacia un lado donde descansa la aludida con los ojos cerrados mientras música suena apenas a través de sus auriculares, ha estado así desde hace casi una hora y no ayuda en nada al debate interno que Mina está teniendo.

Borra el mensaje nuevamente y suspira.

"hey"

Vuelve a escribir, y todo comienza otra vez.

Mientras tanto el reloj marca que han pasado las dos y media de la mañana.


El mundo se ve diferente a bordo de un auto. Allí tirada sobre la puerta izquierda del vehículo Sana mira más allá del vidrio, las luces que antes parecían pocas y con mucho espacio entre ellas forman un camino que ilumina su húmeda cara, líneas paseando de un lado al otro borroneadas por las gotas que golpean el parabrisas. El constante rugido del auto la mantiene despierta, la velocidad sube y baja en intervalos haciendo notar que el hombre al volante está apurado por llevarla a dónde quiere ir, sin mencionar nervioso, Sana lo ojea de vez en cuando incómodamente limpiando la lluvia sobre su piel con un pañuelo.

Pronto ella comienza a temblar, escalofríos repentinos que sacuden hasta su mandíbula, apenas y puede moverse para dejar de apoyarse sobre la fría superficie de la puerta, la debilidad de su cuerpo va en aumento.

- ¿Estás despierta allí dentro? No te duermas ahora –

- Lo estoy – Responde en voz baja.

El hombre suspira, llegan a un semáforo que ilumina todo el interior del coche en un rojo violento, entonces Sana ve su propia cara en el espejo retrovisor, algo aterradora con sangre salpicada en sus mejillas, intenta limpiarse lo poco que todavía cae de su boca.

- Si fueras mi hija… me daría un infarto encontrarte así en medio de la noche –

La muchacha esboza una sonrisa mirando hacia abajo, su cabeza da pequeños golpes inofensivos contra el acolchonado asiento que ocupa el conductor desconocido. Frota ambas manos, una de ellas tiembla con fuerza mientras la otra se queda completamente quieta, esa otra es fría y metálica, manchada por la tierra arrastrada en medio de la lluvia, un recordatorio que siempre lleva consigo sobre quién es.

- Si, lo entiendo –

La manera en que responde debe ser suficiente para hacerlo calmar, enseguida aclara su garganta mientras el semáforo les ilumina de amarillo y luego verde.

- Disculpa, niña – Dice murmurando – Soy Aito Takenaka –

- Sana –

Su apellido ha traído suficientes problemas por hoy, solo menciona su nombre.

- ¿Extranjera? – Y, claro, ponerlo de esa manera si puede dar a esa conclusión.

- No –

Doblan, cada vez que lo hacen su cuerpo entero se va de un lado hacia el otro sin poder resistirse. Escucha la pequeña maldición cuando el auto se patina sobre la calle mojada, sus manos sobre el volante hacen ruido cuando lo toma por la tensión y la fuerza que aplica, tal vez hablarle logre calmarlo un poco.

- ¿Tienes hijos, Aito? –

- Tengo un hijo, acaba de terminar la escuela primaria -

- Debe ser un niño feliz… -

No sabe que más decir y se dedica a quedarse callada, cierra sus ojos mientras continua temblando, acomoda su cabello para que no siga tapando su rostro.

En algún momento siente la diferencia de peso al subir el monte hacia la academia, escucha a Aito decir que casi llegan, le es difícil mantenerse consiente pero entre intervalos de charla sin sentido termina por ser aplastada contra el asiento cuando el auto da un freno repentino. Busca con su mano metálica la manera de abrir la puerta y, tras eternos segundos, logra hacerlo invitando a un viento frio que hiela hasta sus huesos y le dificulta la caminata. Sus dos pies aterrizan en el asfalto y se pone en camino, escucha al hombre gritar por detrás, el gruñido del auto desaparece en la noche tras de ella y al llegar a la puerta termina por tropezar.

Cae de costado sobre su mano falsa, siente el ruido del metal raspando concreto, el frio no le deja tener la boca quieta.

- ¡Vamos niña! – Aito, quien no es más que un borrón irreconocible bajo la insistente lluvia, la toma con fuerza y rodea su cuello con su brazo, momentos después se encuentra siendo llevada por él como si de una princesa se tratara – Dime ¿A dónde vamos? –

- A los dormitorios – Le dice, sin poder especificar.

La lluvia golpea sobre su cara al estar boca arriba, volver a mojarse prácticamente le devuelve el calor que había perdido en la seca atmosfera del auto que comenzaba a marearle, pero las gotas en su rostro le dificultan tener abiertos los ojos.

- Anda, sigue hablando, no te duermas – Aito está pálido, asustado - ¿Por qué vienes aquí? ¿Quieres ser una heroína? ¿No se supone que ustedes son fuertes? –

- Hace mucho, me alisté p-para… proteger gente… para que no sean lastimados como yo – Dice mientras su boca se llena de sabor a sangre al toser – Pero ahora… no veo la diferencia entre proteger a otros para que no se lastimen… y lastimar a otros –

- Esas son cosas complicadas para que piense una chica de quince años – Una sonrisa forzada de su parte, es contagiosa - ¿Qué pensarían tus padres escuchándote hablar así? -

Voces aparecen en la distancia, gente gritando bajo la lluvia preguntando qué es lo que pasa, algunos son de su edad mientras otros van llegando con aspecto más adulto, a Sana se le hace difícil reconocerlos.

- Mis padres… – Murmura para ella misma.


Estaba a punto de dormirse cuando el cuarto comunal estalló en actividad, se levanta de golpe de su lecho para ver a varias personas empujando la puerta a las apuradas. Jiro va corriendo tras ellos tan pronto como se da cuenta que es lo que pasa, y la propia Mina no tarda mucho en divisar al centro de atención, un hombre extraño de camisa empapada y corbata mal hecha trae a Sana sobre sus brazos, esta se ve en muy mal estado, es seguido por Midnight y Present Mic, ambos en ropas casuales y llevando paraguas.

Hablan sobre llamar a una ambulancia aunque luego se retractan de ello al escuchar al desconocido quien dice que Sana no quiso ir al hospital, enseguida comienzan a llamar a quien pueda atenderla mejor por ahora, tratándose de Akira Izumi y sus conocimientos básicos de medicina y primeros auxilios.

Hay sangre en su rostro, lavada por la lluvia al igual que aquella en su cuerpo, la acomodan sobre uno de los sillones donde queda completamente inmóvil a centímetros de la propia Mina.

Al verla girar su cabeza lentamente, sus ojos se llenan de lágrimas.

- ¿Sigues enojada conmigo? – Dice, su voz casi desvanecida logra llegar hasta ella bajo el caos que es ambos profesores intentando calmar la situación conforme sus compañeros aparecen desde las escaleras.

Mina no puede responder, un nudo en la garganta se lo impide.

- Deberías – Sana lo hace por ella, cerrando sus ojos, finalmente encontrando un momento para descansar.


"Debes enojarte, no debes sentir amargura. La amargura es como un cáncer, se come al anfitrión, el enojo es como un fuego que quema todo hasta limpiarlo reduciéndolo a cenizas. Usa ese enojo."

Maya Angelou