Capítulo 16 – Equilibrio


Al entrar en la arena tiró el brazo a un lado y recibió miradas de todo tipo, escuchó el murmullo creciente con cada paso que dio hacia la arena donde le esperaba su contrincante. La propia Midnight le cuestionó pero ella le dijo que se calle, bajo el perfecto clima en un día de orgullo y deporte sano ella se enfrentó a una imposible tarea. Cada ataque esquivado fueron solo unos pocos segundos más que consiguió evitando el terrible final que le esperaba, entró pensando ganar y salió entendiendo que no hubo oportunidad desde el primer momento.

El país miró el combate, presentes a través de una pantalla o allí en el estadio, en vivo vieron como su cara se fue trasformando de una niña testaruda a una bestia salvaje clavando sus garras en el asfalto para no caer hacia la derrota. ¿Cuántos de ellos tuvieron lastima de la pobre niña manca? A veces pensarlo le da algo de rabia, como si pudiera escuchar las quejas sobre cómo es que vayan a aceptar semejante barbaridad o pensando que el dejar su mano así atrás terminaría por ser el final de algún civil en peligro dentro de unos pocos años.

Sana mira.

Se mira a si misma desde las gradas, vestida en el mismo atuendo que llevaba esa noche al volver a U.A, la sudadera roja empapada y los jeans maltrechos, solo una espectadora más siguiendo con sus ojos las volteretas de un gato asustado que resbala con el hielo que vaticina amarga realidad.

Se encuentra otra vez allí, arqueando las cejas al escucharse gritar con rabia que va a 'matar' a Todoroki cuando pueda agarrarlo.

- Eso fue estúpido –

Y aunque la gente habla y festeja los golpes aún puede oír su voz, grave, tanto que hace zumbar sus oídos.

- No sé qué pensaba que iba a pasar – Suspira con fastidio, incapaz de aceptar que eso fue apenas hace unos meses – O, más bien, no pensaba –

- Tenías confianza en tus habilidades – Responde el enorme reptil, sus cuernos y sus escamas lo distinguen como una hoja de otoño en medio de un campo verde de césped bien cortado – A diferencia de ahora, que dejas a un idiota golpearte como si fueras una simple niña –

- Sabes que no puedo hacer mucho ahora –

- Es una decisión deliberada –

Sana en el torneo sigue volando por toda la arena, esquivando proyectiles de hielo, parándose sobre los mismos, pateando pilares y golpeando a su compañero con todo lo que tiene, zarpazos de ahogado antes de que el repentino frio cubre todo el estadio al mismo tiempo que un silencio desgarrador. El público queda en silencio, si hubiese sido cualquier otro hubiesen reído o festejado, es difícil hacer estas cosas cuando la que ha perdido miserablemente es una niña invalida.

Es difícil burlarse hacia afuera, pero todos lo están pensando en voz baja.

"Que bruta"

"Niña ingenua, pelear contra un Todoroki así"

Allí parada entre los espectadores es más fácil oírlos hablar, juzgándola con su cientos de miradas acusatorias que la condenan al olvido una vez que cruza la puerta de salida sin haber dado la mano a su oponente.

"Sus gritos, tan impropios de una heroína"

Una parte de ella entro en combate, la de los dientes y las garras filosas, la de los gritos roncos sobre violencia y los golpes brutales, la de las chispas y los rayos blancos cubriendo sus agiles saltos más veloces de la vista. La tigresa del Oeste.

Otra parte de ella dejó el combate tras ser derrotada, la que llora y se queja, la que no puede tomar cosas con ambas manos sin romperlas y se frustra por ello, la que tiene problemas para atarse los zapatos y su propio pelo. La humana.

"¿Quién querría ser salvado por ella?"

- Podrías si quisieras –

- ¿Querer? ¿Si quisiera convertirme en eso? ¿Seguir trayendo esos comentarios sobre mí? –

- ¿Es así como quieres ser recordada? –

La voz se pierde en algún lado, camina en dirección contraria pasando a través de los héroes que forman un arcoíris humano de silencio completo. Sana lo observa partir hasta no poder ver su enorme figura y, una vez desaparecido, siente el peso de la soledad llegar en una palabra contundente.


- …legado –

La voz de un anciano la despierta de su caída mirada, el suelo acolchonado de la habitación con aspecto tradicional japonés ataja su cuerpo mientras se sienta de piernas cruzadas. El escritorio parece infinitamente alto desde allí abajo, un rascacielos de madera oscura donde, en la punta, habita un hombre aterradoramente serio de blanca barba, pobladas cejas y arrugada frente.

Siente un peso en su regazo, una niña sentada allí mirando hacia arriba, sus pequeñas manos morenas tiemblan mientras juega con la tela de su ropa. Recuerda el miedo que tenia de ir a esa oficina a escuchar a su abuelo Hanzo, nunca jamás le levantó la voz ni la maltrató pero había algo tan serio en sus palabras que la intimidaba, hablaba del honor de la familia, del legado que su padre y su tío habían arruinado y que ella tendría que restaurar.

El legado de los arashi.

- Un héroe debe ser temido por los villanos, ese miedo es la base del respeto que le tendrán sus pares y las personas que protege –

- Si, abuelo –

- Sin la fuerza para pararse frente al mal no eres nada, no importa si puedes vencer o no, con solo enfrentarlo estás haciendo tu trabajo – Se baja la manga de la camisa, donde cicatrices encierran su brazo, serpentean por su vieja piel manchada como víboras venenosas tan arrugadas como él.

Ella no mira a otro lado, no al menos hasta que su cuerpo se eleva, alguien saca a la pequeña Sana de su regazo con rapidez.

- Papá, ella tiene solo ocho – Protesta un hombre de grandes músculos.

- A su edad… -

- Ya sé, ya sé, pero Lien va a enfadarse contigo si sigues haciendo esto… con ambos –

El miedo.

¿Y que si el miedo que causa es tan grande que comienza a alejar a los suyos? La mirada de Mina en el bosque está grabada en su propia mente, le hizo caso, siguió sus instrucciones pero jamás le ha preguntado si realmente le temía más a ella que a Crocous en ese momento. El miedo la dejará sola, seguir comportándose así incluso después de perder tanto no podría ser la respuesta.

Tiene que haber un punto medio.


- Me da miedo –

Una niña se queja en silencio, sentada en el suelo junto a su madre mientras ambas miran las estrellas. Escuchaba pasiblemente la historia de un poderoso tigre blanco que custodia las estrellas y ruge para traer tremendas tormentas que se llevan los techos de las casas. Sana mira hacia abajo, más allá de la pequeña silueta que pertenece a ella misma hay una mujer de aspecto extranjero, joven a pesar de su edad, una copia mayor de la pequeña niña que sonríe al escuchar la palabra 'miedo'.

- Suena como tu padre ¿No? –

- Papá no da miedo – La chica responde en voz baja.

- ¿No lo has visto por televisión? –

El hombre en la televisión peleando contra los villanos es muy distinto, su voz es fuerte y su sonrisa es diferente, sus ojos brillan como blancos rayos penetrando con su mirada ausente, su enorme cuerpo se cubre por electricidad como si fuera una oscura nube viniendo a por ellos. White Thunder era aterrador de una manera física como ella nunca podría serlo, imponía respeto antes de volverse y sonreír al público para dejarlos tranquilos.

- Un gran tigre blanco que cuida las estrellas necesita ser feroz para cuidarlas ¿No? De otra forma no tiene sentido, así los malos le tendrán demasiado miedo como para acercarse –

- ¿Y que si asusta también a las estrellas? –

Sana habla sin pensarlo, su voz adolescente y gruñona corta la noche en dos, los ojos de su madre levantan vuelo hasta quedar posados sobre ella, dos estrellas brillantes más en esa infinita oscuridad que el cielo les muestra. No esperaba que la mirara y cuando lo hace se queda inmóvil, la mujer se acerca paso a paso dejando atrás a la pequeña hasta estar cara a cara con su hija del presente.

- Puede ser que estén asustadas pero es normal frente a una presencia avasallante – Responde la madre de una manera casi robótica, su voz resuena por todos lados sonando desde la nada misma y no el rostro frente a ella – Se sentirán seguros al ver ese miedo reflejado en el enemigo, la furia de un animal salvaje dirigida en otra dirección –

- Es… -

- Todo se basa en el equilibrio –

Toma sus manos, una por cada una de las suyas, como siempre la derecha está allí y la otra no, pero incluso a través de la falsa piel de metal puede sentir un ligero calor proveniente del agarre.

- No eres una bestia salvaje porque aun tienes quien te tenga a tu humanidad, pero tampoco eres humana del todo… dejaste de serlo al comenzar tu viaje –

- ¿Entonces que soy? –

- Eres Sana – Finalmente la madre sonríe - ¿No sabías? Ese nombre lo elegí yo –

Antes de poder preguntarle algo más, el cielo se tornó anaranjado.


- Parece como si estuviera en llamas –

Otra vez allí, anaranjado el cielo con nubes cruzándolo a gran e imposible velocidad, humo negro se desprende de los árboles en la distancia donde comienzan a perder su característico verde y toman un color gris muerto. El claro a su alrededor no tiene ni una mancha, ni una sola roca, el perfecto lugar redondo desde donde mirar ese panorama de fantasía y olvidar el olor a madera quemada, olvidar los arboles sin hojas desprendiéndose del suelo, garras de un infierno que alguna vez allí se extendía.

Hay un viento falso y caluroso que lleva consigo las cenizas, mezcladas con hojas sueltas y plumas de pájaros que, con miedo, huyeron de sus nidos. No pensaba que el bosque de las bestias volvería a estar en silencio pero cuando lo vio, cuando fue a llevar las cenizas de su oponente pudo comprobarlo.

Al final, las cosas como los bosques y las montañas siguen allí, incluso después de que una se olvida de ellos.

- Moriste solo, no sabía dónde traerte –

El hombre escamado brilla en escarlata, su extraño quirk dándole una apariencia etérea bajo el sol de la tarde.

- ¿Esperas que me queje? Soy parte de tu fantasía – Él dice, con tono burlón – No soy un fantasma de verdad, solo tu propia mente jugándote una broma –

- ¿Por qué? –

- Ni idea –

Su larga gabardina deshecha sirve apenas para ocultar su herido cuerpo, el agujero en su pecho sigue allí latiendo, tan grotesco como el momento en que abrió los ojos para mirar su mano metida allí con toda la furia. La sangre mancha el césped que baila de un lado al otro, él no parece estar dolido pero ella no puede evitar mirar la mancha roja que forma al caminar en su dirección.

- Tal vez necesitabas a alguien que te dijera lo cerca que estabas de cagarla, no un abrazo de mama o palabras dulces de papá, alguien que te diga que… si continuas así morirás –

- Entonces la respuesta es simplemente "Vuelve a como estabas" – Sana niega con su cabeza – Ni palabras hermosas ni mensajes proféticos –

- ¡A la mierda eso! Probablemente olvidarás todo esto cuando despiertes – Su voz ronca hace su grito de violencia algo gracioso – Pero creo que ya has aprendido la lección… tras esa tremenda golpiza –

- No puedes cambiar quien eres –

- Pero puedes mejorar sobre quien eras –

Quedan en silencio, sobre ellos brilla esa irreal pantalla que forman las nubes en movimiento. Crujidos interrumpen este momento de paz, la mano de Crocous que se cierra con fuerza raspando sus propias escamas, Sana se concentra en su único ojo, lacrimoso y cansado, donde hay arrugas bajo esa dura piel de depredador feroz que bien las disfraza.

- Ella está allí arriba, entre las nubes, inalcanzable para un humano – Murmura el villano.

La sombra de una figura de largo kimono y cara pintada los acecha, una sombra fría que inspira temor.

- Un rugido fuerte que traiga una tormenta podría hacerla bajar, sacudir su mundo, demostrarle que no es intocable – Se vuelve hacia ella – Y cuando toque el suelo, el mismo que pisamos nosotros los mortales… -

- La humana podrá alcanzarla por fin – Termina ella.

El monstruo que tiene en frente sonríe, no recuerda haber visto una sonrisa así en él, sin malicia ni burla, una genuina sonrisa de orgullo, Sana no sabe bien cómo reaccionar ante esto y solo la devuelve acercándose un paso más cerca. El cuerpo iluminado del gigante se ve sólido, lo suficiente como para levantar su mano y apoyarla contra sus escamas, la mano metálica presiona apenas la herida, calza perfecta allí, aunque no fuera a causarle dolor todavía no apoya con fuerza.

- Esta fui yo – Le dice con entereza – Lo hice para proteger a los que quiero –

Desde arriba Crocous asiente, su brillante cuerpo hace sombra contra el sol que brilla sobre su amplia espalda.

- Y cuando la encuentres… espero que le des una de estas a Viuda, de mi parte –

- Lo haré –

Con su brillo refulgente el sol comienza a cegarla, todo el bosque se prende bajo su anaranjado brillo hasta que finalmente se vuelve blanco, pronto no puede ver su propia mano, solo la presencia de ese animal la alerta de que sigue allí.

Puede ser parte de su propia mente, un grito de ayuda de su cuerpo a ella misma, pero aun así le dice…

- Cuando veas a mi padre –

El brillo es tan intenso que zumba en sus oídos, termina gritando.

- ¡Dile que pelee bien! ¡Que soy tan fuerte como él! –

- Le diré que eres más fuerte… -

Y con un suspiro, despertó.


Underneath

our skin, bone,

and sinew.

Which one of us are

Not monsters?