¿Y qué has aprendido después de tanto dolor, de tantas traiciones?
Entonces le respondí:
Aprendí a siempre sonreír…
Blíster – Delirios de un corazón roto.
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Se podía ver, parada en medio del salón de su casa esperando un poco de atención de sus padres, pero no lograba que ninguna mirada se posara en ella. A su corta edad comprendido que no estarían para ella, que siempre estaría en segundo plano, inclusive tal vez ni siquiera estaría en segundo plano porque había que ser sinceros, no se percataban que estaba parada ahí a pesar de tener 6 años. Decidió salir sola a las calles, con tan solo su maletín para su merienda en sus manos y nada más, un pensamiento obsesivo estaba en su cabeza y jamás iba a salir de ahí.
"estas sola"
Y así era, estaba sola la gran mayoría del tiempo desde que podía recordar y simplemente no podía recordarse de otra forma a esa edad y a las que vinieron después. Siendo fuerte y hasta agresiva para poder así ocultar todo su dolor, para no demostrar que era una chiquilla solitaria ¿Cuántas veces había pensado darse por vencida? ¿Cuántas veces había tenido noches en vela llorando con su rostro contra la almohada para que nadie pudiera oír los gritos de su angustiado joven corazón? ¿Cuántos libros había escrito para poder hablar de su unilateral enamoramiento sobre un muchacho que jamás la iba amar? La verdad es que ya no podía contar más, había perdido la cuenta hace tanto tiempo que los números eran insignificantes.
Por el simple hecho de jamás haber tenido ese apoyo y una muestra de amor y/o preocupación por parte de su familia nunca le gustaron esas muestras de cariño, pero las anhelaba, el cielo sabe cuanto las anhelaba, pero no se las permitía, porque:
- Un Pataki no debe mostrar sus sentimientos, así somos nosotros ocultamos todo bajo la alfombra Olga –
- Soy Helga, papá…-
- sí, si eso -
Siempre que caminaba por las calles podía ver a sus compañeros de clase con sus padres, riendo, compartiendo, simplemente que les brindaban atención algo que ella no tenia y no tendría jamás. Ni siquiera cuando estaba en peligro ¿Qué podía esperar? Ella era invisible para muchos en esa ciudad. Sin importar los méritos que lograra jamás seria vista, intento sacar las mejores notas de su clase, pero no la vieron, gano un concurso literario, pero la ignoraron, se confeso con todo el valor que su alma pudo reunir y se asustaron de sus sentimientos haciéndole entender que eran equivocados e inclusive repugnantes porque ¿Cómo ella, Helga G. Pataki, podía amar a alguien con tal intensidad? Podía recordar ese día tan claramente que sus ojos azules se volvían agua fácilmente aún. Era el ultimo día de preparatoria, y ahí estaba el muchacho de cabellos rubios y ojos esmeralda, aquel que le sacaba suspiros y el único motivo por el cual se mantenía de pie y no tiraba la toalla, él se había convertido en tantas cosas para ella y ella a cambio siempre le ayudo en silencio, una tramoyista en su vida, ayudándole con cada proyecto, idea u enamoramiento que tenía porque, cuando cumplió 15 años se dio cuenta que no podía alejar a las chicas de él, entonces simplemente se conformo con la felicidad de él y con la amistad que pudieron lograr. Ese día, con sus 18 años cumplidos, con un jeans azules y una polera de color rosa, con su moño del mismo color como adorno de su morral le confeso que siempre le había amado, que ella le amaba con toda su alma y que había sido un apoyo en su vida y que gracias a él no se sentía del todo sola, pero al levantar su vista solo pudo ver el rechazo en los ojos esmeraldas, unas palabras que salieron como balbuceo "¿Cómo crees que yo podría…?" y su cabeza se fue a blanco, sintió como todo su ser se rompió en pedazos ¿Cómo podía seguir rompiéndose alguien que ya estaba roto? Levanto la mano aun mirándole pidiéndole que guardara silencio, le dio una sonría triste y no pudo más, en ese momento ella no pudo más.
- Entiendo – susurro apenas – no es necesario que busques otras palabras Arnold – cerro sus ojos dejando caer las lagrimas que se anidaban en sus ojos – lamento haberte molestado con esto, porque tienes razón como podrías… q-querer a alguien c-como yo… -
- Espera Helga – le escucho decir –
Escucho otra voz diciendo su nombre, pero siguió caminando, varios le dirigían la palabra, pero siguió, camino y camino lo mas que pudo, su caminar se convirtió en una carrera para poder escapar de los sentimientos que la estaban atormentando en ese instante, tal vez si corría este dolor no llegaría del todo a su alma, porque su corazón no era lo único roto en ese momento. Tomo el primer bus que encontró y lo abordo, podía escuchar como alguien gritaba su nombre y al voltear pudo ver a cierta chica de rasgos orientales que al cruzar miradas pudo ver como el rostro de su única amiga, de la única que podía decir que estaba con ella cambiaba, como sus brazos cayeron a los lados; el bus partió a su destino desconocido.
Solo podía mirar por la ventana del autobús como cambiaban los paisajes, como pasaban los autos ignorantes del dolor que estaba anidado en su pecho en ese momento; entre sus manos tenia una carta que le había llegado, dirigió nuevamente la mirada a ese pedazo de papel, suspiro y entre cada suspiro sentía que su vida se iba, porque en ese momento si alguien le decía que todo iba a estar bien, que el dolor iba a desaparecer no le podría creer porque dolía tanto que le costaba respirar. Avanzados los minutos pudo deslumbrar el mar a lo lejos, se bajo en la siguiente parada y camino, camino arrastrando su morral por la arena hasta llegar a la orilla que logro mojar sus zapatos, mirando como el sol se reflejaba en esa gran masa de agua delante de ella.
"¿Por qué?"
¿Por qué ella? ¿Por qué le había tocado esa vida? ¿Por qué tenia que ser así? ¿Por qué…? ¿Por qué nadie la quería? Se sentó y se dio ese derecho que jamás se había dado en su vida, el llorar por esta misma, el llorar por todo lo que había pasado a sus cortos 18 años. Sabia que era imperfecta pero siempre lo había intentado, era dura consigo misma, estaba rota pero no pedía ayuda, estaba sola la mayoría del tiempo, había intentado cambiar con el tiempo y creía que algo había logrado, pero no era así, solo había logrado sentirse mas sola que antes. Siguió llorando, siendo un desastre en ese momento, olvidándose del tiempo, del mundo y de todos. Solo esta vez, solo esta vez dejaría que las lagrimas inundaran su rostro, solo por esta vez se quejaría como quería de la vida que le había tocado, de sus cercanos, de sus padres y de su amor unilateral.
"Solo esta vez"
Al pasar las horas, ya cansada, sintiéndose vacía y sin fuerzas tomo su celular y reviso varias cosas y entre ellas pudo ver llamas perdidas y la hora.
- 11 p.m. -susurro -
Miro el mar y camino hacia él, con determinación, se sumergió en este a pesar de estar oscuro, y con todas las fuerzas de su roto corazón y de su alma destrozada deseo comenzar nuevamente, deseo que todo empezara para ella de cero. Al salir de esa agua fría vio el cielo y al verlo vio las estrellas y sintió que estaban brillando para ella, que la luna esa noche era especialmente grande solo para ella, salió del agua y tomo su morral, camino decidida, sintió había nació otra chica, en ese instante dejaría de ser esa muchacha con corazón destruido, porque estaba haciéndose una promesa, una promesa que no rompería.
Subió al bus con camino a su hogar, el camino fue lento, no pudo ver muchos pasajeros ni autos, pero no le asustaba, ya nada le importaba mucho en realidad. Al llegar vio las luces apagadas de la casa en la cual había vivido 18 años, entro calmada y vio a su padre viendo las luchas y a su madre en otro sillón adormilada por el alcohol.
- Necesito que firmes esto Bob – dijo sacando un papel de su morral –
- Ahora no niña, estoy ocupado – respondió sin apartar la mirada de la televisión –
- lo necesito ahora – insistió -
- agh – se quejó – deja de fastidiarme – dijo firmando el papel sin leerlo – ya lárgate -
- Miriam, tu igual – fue al lado de su madre – Miriam –
- ¿ah? – miro adormilada - ¿Qué? –
- firma aquí – dijo apuntando un lugar en la hoja –
- s-si – respondió –
Con la hoja lista subió a su habitación, cerro la puerta tras ella y suspiro, cambio sus ropas mojadas por otras más cómodas, arreglo cabello en una sola coleta alta y preparo una maleta con suficiente ropa, arreglo su morral con sus documentos y escribió un mensaje de texto, con eso listo estaba lista para salir de esa habitación pero se detuvo en el umbral, tomo una bolsa y puso en ella todos esos diarios y cuadernos a los cuales le había dedicado su vida, bajo las escaleras con un nudo en su garganta, fue al patio de su hogar y los quemo, vio como cada hoja avivaba más el fuego, veía como el fuego quemaba cada parte débil de su ser anterior, como quemaba la ingenuidad, el enamoramiento, la tristeza, las dudas de su vida hasta el momento. Al entrar sintió un pequeño pánico ¿estaba bien lo que iba hacer? ¿no era precipitado? Tan solo tenía 18 años, no podía ser tan drástica, es decir, las cosas no podían ser tan malas, pero al mismo tiempo escuchaba las voces de todas las personas que conoció que le humillaron y que la trataron mal. Tomo el pomo de la puerta principal y se detuvo de nuevo. ¿realmente estaba bien? ¿podría hacerlo?
- Si vas a salir trae mas cervezas, se acabaron –
Miro hacia donde estaban sus padres, ese hombre que jamás se había preocupado por ella, que todo lo había conseguido lo había logrado con su propio esfuerzo, con pequeños trabajos que conseguía en diferentes lugares, cada cosa que ella tenia era gracias a ella misma, su mirada se dirigió a esa mujer que se suponía que era su madre, una madre que jamás miro por ella, que solo estaba sobria cuando iba su hermana, una madre que si no estaba ebria estaba preparando "jugos". Apretó sus dientes con una rabia en su interior, apretó sus puños, pero finalmente suspiro ¿Qué más daba ya? Ellos jamás cambiarían y si en un momento lo llegaran hacer, no sería por ella. Suspiro con ese último pensamiento y abrió la puerta, ya no había nada en esa casa para ella, jamás había habido algo para ella en esa casa, ni una sola vez, titubeo, pero detuvo un taxi con su mano temblorosa, el chofer le ayudo con su maleta y ella abordo aquel auto.
- ¿a dónde?
- Al aeropuerto por favor – le dijo al conductor –
Porque a pesar de que sus padres no sabían ella había sido aceptada en una universidad en Londres, había ganado una beca por sus méritos en la literatura, había dudado el irse, pero la única razón por la cual había dudado, la persona por la cual había dudado la rechazaba. No le habría importado quedarse como espectadora de la vida de él siempre y cuando Arnold fuera feliz pero ya no importaba, esa persona ya no importaba, se había ido. Miro el reloj de su muñeca, su vuelo salía a las 6 a.m. pero prefería esperar allá, no quería arrepentirse, no quería ver a nadie simplemente quería tranquilidad en su vida desde ese momento.
Al llegar se quedó cerca del ventanal donde se veía despegar los aviones, el como cada uno tenia un destino diferente, el cómo cada avión llevada distintas vidas a bordo y pronto ella estaría dentro de uno de esos para dar un giro completo y así poder lograr ser feliz.
- Vuelo con destino a Londres abordar por puerta 4 –
Se levanto y camino decidida, ya nadie mas la iba a humillar, jamás iba pedir por atención, jamás pediría por amor. Desde ahora se preocuparía de ella y no haría nada para alegrar a alguien. Con ese pensamiento su teléfono sonó.
- diga –
- ¡Helga! ¿Dónde has estado? Te he llamado y no me contestas hasta ahora ¡Estoy muy preocupada! – decía Phoebe desde el otro lado del teléfono - ¿Dónde estás?
- en el aeropuerto – dijo tranquila –
- ¿aeropuerto? ¿¡Que harás!? – escucho pánico en su voz -
- acepte la beca Phelps, me iré de esta ciudad… -
- pero Helga –
- estoy cansada de todo Pheps, estoy comenzando de nuevo por mi – sonrió – espero me comprendas –
- Lo hago Helga, sabes que lo hago… - pausa- es tan solo que te extrañare – sollozo – te extrañare tanto –
- y yo a ti, pero seguiremos en contacto, pero si te preguntan por mí, di que no sabes nada –
- pero Helg- –
- no se si llegue a suceder, pero aun así… -
- ¿tus padres?
- jamás los tuve – sonrió tristemente – debo abordar… hablamos luego –
- hablamos Helga, pero recuerda algo –
- ¿Qué cosa? –
- siempre me tendrás a mi en esta ciudad –
- y tú a mí siempre me te tendrás, gracias por estar siempre a mi lado de manera incondicional, hablamos –
Y cortando el teléfono a su única amiga, dio inicio a su nueva vida.
Esta historia no se centra en ningún lugar de la historia original. Hay Ooc de parte de los personajes.
Yuanfen: Principio que define esos amores que nacieron predestinados.
