Capítulo 17 – Para Sanar


La tregua en el estacionamiento, la lluvia, el auto con el asiento manchado, la entrada de U.A escondida por tinieblas, todo poco a poco empieza a volver mientras más está mirando al techo. Su frente está húmeda por el paño que tiene sobre ella, el agua se siente a gusto, el cuerpo completamente cubierto por las sabanas, recto y tieso mirando hacia arriba, parece de lo más pesado incluso si su ropa ha sido reducida a una camiseta y ropa interior.

Ha perdido la oportunidad de sentir ese hermoso momento donde no recuerda nada, parece que las últimas semanas causan que su cabeza funcione a toda velocidad, entonces opta por la segunda mejor opción que consiste en quedarse completamente quieta y hacer de cuenta que no pasa nada. No sabe qué hora es, los ruidos fuera y la luz prendida le indica que es algún momento tras ponerse el sol pero no tiene ningún otro indicio. Abre su boca, labios partidos que son rosados por un suspiro seco, se curvan ligeramente al escuchar un dúo de jóvenes hablar al otro lado de la habitación, calladas para no despertarla pero claramente comenzando a perder el cuidado con el tono de su voz.

- ¿Crees que lo tenga pegado en algún lugar? –

- Creo que deberíamos hacer otra cosa, esto no es bueno –

- Eres tan aburrida – La segunda voz hace una pausa – Y no hay ayuda tampoco –

Kyoka Jiro y Momo Yaoyorozu están sentadas en el suelo alrededor de la pequeña mesa lidiando con un serio problema, Sana no logra comprender lo que hacen y apenas puede escucharlas pero sonríe al hacerlo. No sabe qué dirán cuando la vean despertar, si quieren verla de nuevo incluso, disfruta suficiente escuchándoles discutir amigablemente, le recuerda las tardes al salir de la escuela donde terminaban sentadas en algún lado las tres haciendo exactamente lo mismo, personalidades distintas chocando de la mejor manera.

Tan concentrada está en ellas que no nota su respiración por la boca causándole una tos repentina para aclarar su garganta y, así, ve aparecer ambas muchachas, caminan rápido hasta la cama con Momo llegando inmediatamente y Jiro mirando por sobre su hombro.

Intenta levantarse mientras habla, una disculpa mezclada con saliva y el creciente dolor en todo su cuerpo que la envía de nuevo a la almohada.

- Quieta, todavía estas lastimada – Jiro frunce el ceño mientras Momo la toma por el hombro para evitar que continúe con su intento fallido de reincorporarse.

- ¿Se ve tan mal? –

- Has tenido fiebre, por eso Recovery Girl no ha podido curarte – La muchacha más alta, encogida por estar arrodillada junto a la cama, levanta el trapo húmedo que ha quedado tirado y pone entre sus manos - ¿Recuerdas todo lo que pasó? –

- Recuerdo que me trajo un tipo, y me caí en la entrada –

- El Director nos dijo de tu situación… -

- ¿El Direc- tck? –

Sana intenta levantarse, apoyándose sobre un codo metálico que no está allí, su cuerpo entero se mueve a un lado y el dolor aumenta, se relame los labios sintiendo el leve sabor a sangre, el calor de su piel morada alrededor de su ojo, todos recordatorios de que no debe hacer mucho esfuerzo.

- Relájate –

Momo cierra los ojos, no necesita mirarle para que Sana sienta esa decepción como si de su madre se tratara. Se pregunta sobre lo que le han dicho sobre ella, seguramente nada bueno considerando que llegó golpeada en medio de la lluvia a altas horas de la noche, especialmente Momo no debe pensar bien de ella tras todo lo que han pasado. Sana abre su boca, sus labios se separan pero nada sale, ni una pobre disculpa muda, afortunadamente antes de ponerse en vergüenza escucha a Jiro intervenir, sin duda viendo como lucha contra su silencio.

- Iré a traer algo de comer y a decirles a todos que estás despierta – Dice apuntando la puerta, sin quedarse un momento a terminar de hablar siquiera - ¡No te escapes! –

Podría bien decirle lo mismo a ella, pues es obvio que la muchacha de los auriculares escapa del cuarto para dejarlas a solas y que puedan hablar, va a tardar mucho rato en hacer una simple sopa seguramente. Momo aparta la vista volviendola a la mesa donde descansa la laptop de Sana junto a algunos libros y útiles escolares, seguramente habían ido allí a leer pero terminaron optando por ver algo en la computadora prestada solo para encontrar que no saben la contraseña. Sana le mira y termina por sentarse, la dificultad le arranca un gruñido que llama la atención de su compañera nuevamente, intenta socorrerla pero frena al verla negar con su cabeza.

De nuevo el silencio se apodera de ella, principalmente porque no quiere abrir con un patético y general 'lo siento'.

Algo mejor pasa por su cabeza, la verdad.

- Me ofreciste ayuda y te insulté – Dice de manera chocante, decirlo así hace que suene como una total malnacida – Tienes todo el derecho a guardarme rencor, no he sido la mejor amiga de hace rato… ni para ti ni para nadie –

- Luego de volver esa noche me quedé despierta, no pude dormir. Medité durante un largo rato sobre si realmente quería seguir hablando con alguien que hace tanto para… lastimar a otros –

Sana queda callada, su única mano apretando las sabanas con fuerza.

– Mi madre es una heroína, y al comentar tu nombre hace meses recuerdo como su cara entera cambió. Me mostró una foto del funeral de tus padres, Sana… y en esa foto te vi, con solo diez años llevando un kimono negro y cubierta por vendas casi completamente. Mi madre me dijo que esa es la razón por la cual se retiró tan joven, porque no quería que yo pase por lo mismo que tú. – Momo pausa, su garganta comenzando a sentirse algo incomoda, pero prosigue con la mirada dolida – Y si algo le pasara a ella que… me la arrebatara entonces sería mentira decir que no guardo rencor por aquellos que le hicieron daño -

Los recuerdos de ese funeral son borrosos para Sana, sentía tanto dolor físico que solo eso tiene vivo en la mente, no recuerda fotos, solo llovizna arruinando su vendaje. Se ha acostumbrado a todo ello, es algo extraño ver a otra gente llorar por la muerte de sus propios padres cuando ella ya no lo hace, en algún otro momento lo habría tomado como un insulto pero ahora lo entiende… y se alegra que Momo no haya pasado por lo mismo.

- Te juzgué por cosas que no entendía, incluso después de haber hecho algo similar a espaldas de todos… que casi hace que toda la clase sea expulsada -

La muchacha alta corta su temblorosa explicación con una avergonzada risa.

Entonces siente un peso encima.

El calor cercano del contacto, la figura maltrecha y liviana de su amiga sobre ella misma, aferrándose con un solo brazo mientras presiona su cabeza sobre su hombro en un incómodo abrazo, incomodo pero bienvenido. Momo cierra sus ojos, apoyándose en el cálido agarre, presionando en su espalda golpeada mientras la siente agitarse, tomando aire de manera irregular…

- Lo siento – Dice Sana entre sollozos – Perdón por todo, por traerlas a esto, por preocuparlas por… ser una mala amiga –

La escucha llorar, nunca había escuchado eso, le llena sus propios ojos de lágrimas pero las contiene apenas.

- No es necesario disculparse, solo… vuelve a como era antes – Le susurra – Te extrañamos todas –

Por tercera vez hay silencio entre ellas, ahora es porque ambas esperan a que la otra suelte.

Más bien esperan a que la otra se mantenga abrazada un poco más y que las lágrimas dejen de brotar.


Desde que cayó enferma sus compañeros han estado tomando turnos para cuidarla, ahora que está despierta suelen venir menos pero aun así mantienen una guardia constante. No importa lo que ella prometa sobre no moverse e intentar hacer algún esfuerzo sus compañeros no le creen… por alguna razón.

Sana pasa entre la vigilia y el sueño constantemente, afectada por la falta de energía acoplada por la enfermedad, apenas y solía enfermarse antes, no sabe qué hacer con tanto tiempo acostada. Comienza a andar durante el segundo día, un rato a la mañana mientras nadie la ve, tuvo tiempo de ir al espejo y hacer un recuento de todos los daños antes de que Momo y Jiro volvieran para acostarle forzosamente. Al menos sabe ahora que no se ve tan terrible, algunos cortes en su labio y mejillas librándose del hinchazón que todavía tienen un color algo sobrenatural, el dolor es peor de lo que parece y caminar incluso dentro de su habitación se le hace difícil.

La tarde del segundo día la encuentra despertando otra vez al ruido de alguien en su habitación, el sol todavía fuera aunque buscando su lugar en la infinita ciudad que le cobija mientras la luna le sigue por detrás. Las voces masculinas son un cambio inesperado, creía que los muchachos no tienen permitido estar del lado femenino pero claramente hay tres de ellos allí, y discutiendo las reglas del Uno nada menos.

- Arashi está despierta, probablemente por tus gritos - Se queja el primero, Kirishima, mirando de reojo a su compañero Bakugo.

- ¡Que el siete sirve para robar la puta mano! –

- ¡Que no se aplica cuando juegas de a dos! – Responde el pelirrojo.

Si su despertar con Momo suele ser gentil entonces ellos son la cara de la otra moneda, los gritos le ayudan a sentarse rápido y simplemente escucharles hablar de algo tan tonto le da fuerza suficiente para largar una pequeña risa entre dientes, algo notable que causa una sonrisa puntiaguda por parte de Kirishima.

- Creímos que disfrutarías algo de compañía – Sentado en el suelo junto a los otros dos se encuentra Koda quien se muestra más amigable, incluso se han tomado la molestia de liberar su mesa y traerla cerca de la cama donde descansa, junto a las cartas un plato cubierto por un trapo color azul – Y he horneado unas galletas para ti… solo… uh… no le digas a las otras –

Puede que no esté en un hospital pero por demasiado tiempo Sana ha sufrido el equivalente de la comida que sirven allí por parte de Yaoyorozu, el aroma dulce de unas simples galletas de coco es suficiente para pensar en abalanzarse sobre la mesa. Piensa en su posición como una señorita y reconsidera el salto, se para y en un rápido movimiento termina arrodillada frente a la mesa metiendo su mano de lleno en los lugares más recónditos de ese plato. Tan concentrada está buscando un azucarado fin al gusto a sopa de pollo que tiene en su paladar que ni nota estar en ropa interior de la cintura para abajo, algo igual de incivilizado pero que, al menos, le da la ventaja al agarrar la primer galleta cuando sus compañeros apartan al vista por vergüenza, hasta el propio Bakugo se ve algo rojo.

Ella nota esto, tarde como para arrepentirse, lo único que le importa es comer y el hecho de que lleva una playera que cubre su hombro metálico vacío. Termina de llenar su boca por completo con una de las enormes galletas y empuja el plato al centro de la mesa, al centro de los cuatro.

- Coban, o be fentiré beor – Es lo que apenas se entiende con su boca llena, se gira hacia el que se ha tomado el trabajo de hornearle y asiente - ¡Esfan buy fuenas! –

- Me alegro – Koda ríe, recuperando la calma poco a poco.

- El dormitorio ha estado hecho un desastre desde ayer, nadie sabe exactamente que hacer – Kirishima agrega – Todo el mundo tomando turnos para venir, preguntando y Ectoplasm gruñendo para mandarnos a entrenar –

- ¿Y Mina? –

Su pregunta sale de manera repentina, incluso para ella, mantiene la vista puesta en la mesa, tal vez las galletas dulces le han recordado a ella o simplemente el escuchar a Kirishima hablar. No la ha visto desde que pelearon prácticamente, sus recuerdos sobre el día en que vino herida son borrosos y no sabe si le habló entonces. Los chicos se miran entre ellos, algo sorprendidos por la seriedad de la pregunta junto al llamarle por el nombre a secas.

- Ella ha estado durmiendo, se ve cansada, tal vez no ha podido hacerlo en la noche– El muchacho cocinero rasca su barbilla, recordando a la pobre Ashido en modo zombi vagando por el dormitorio.

- Ojos de mapache está preocupada mientras tú te revuelcas de tristeza –

- ¡Oye, viejo! – Kirishima intenta callar a Bakugo pero Sana le interrumpe.

- Tiene razón, he estado mucho tiempo pensando en mi misma sin notar que… todos ustedes habían quedado a oscuras sobre lo que pasó –

- Has sido atacada por esos villanos horribles que te lastimaron hace tanto tiempo, es normal que te sientas abrumada – El pelirrojo intenta calmarla.

La versión de los hechos que ellos saben es distinta pero no errada, al parecer mientras ella estuvo inconsciente el director Nedzu tuvo un momento de sinceridad, les contó a toda la clase sobre los fantasmas que atacaron esa noche U.A y su conexión con 'Ivory' en el muelle y el ataque de Sana la otra noche. Faltan detalles, muchos, lo que Sana no sabe es si realmente Nedzu sabe mucho más de lo que deja ver ¿Acaso la tiene vigilada?

Independientemente de eso, al menos ahora sus compañeros están más tranquilos sabiendo tan poco, sin duda lo que el astuto animalito esperaba.

- Se amigarán de vuelta – Koda agrega asintiendo – Han estado juntas desde el principio –

- Recuerdo una vez que me crucé con Ashido a la mañana y decidí acompañarle a ella y a Hagakure a correr, no paraba de preguntar si algo te pasaba, Arashi –

Este último comentario de Kirishima provoca una risa en él, así como en Koda, la que no tarda en contagiarse con ella en forma de una sonrisa complaciente. Por dentro Sana entiende, esa mañana que los vio juntos fue coincidencia entonces, e incluso si no fue así le alegra saber que Mina todavía piensa en ella… aunque esto haya terminado por destruir su rutina.

Va a preguntarles sobre el resto de sus compañeros pero una voz chillona hace presencia.

- ¡Arashi, hermosa! – Y la puerta del cuarto se cierra lentamente revelando, detrás de ella, a un enano de ojos saltones que enseguida corre hacia el grupo - ¡Al fin despiertas y no me has dicho nada! –

Da un salto y se pega a ella, su cara enterrada en la camiseta mientras Sana furiosamente deja su asiento pensando en electrocutarle solo para recordar que el brazo que le deja hacer eso no está. Le grita incoherentemente, asaltada por una tos repentina y asustada.

- ¡Tu, hermosa princesa de chocolate! ¡ACGH! –

El enano se despega de ella con facilidad, enfrentando cara a cara a unos ojos rojos y un aliento con gusto a cenizas que conforman una pesadilla sacada de sus peores noches. Bakugo le toma por la ropa y levanta su mano en dirección a la ventana que, afortunadamente, se encuentra abierta.

- ¡PIERDETE, PENDEJO! -

La mano del rubio explota y Mineta desaparece, un grito que decrece con cada metro hasta desaparecer en la distancia. El grupo se atónito, no esperaban que sea Bakugo quien castigue a Mineta.

Kirishima ríe en voz baja - Hasta él te extrañaba, parece – No aclara de quien habla, queda para libre interpretación.


Sana es forzada a quedarse en su habitación hasta el momento de la cena por alguna razón y, al caer la noche, despierta al escuchar golpes en su puerta. Uraraka, Iida y Midoriya son sus carceleros esta vez, asegurándose de que no haga ninguna locura como saltar por la ventana, para el mayor disfrute de la enferma recuperada traen libros de poemas clásicos japoneses para analizar por mandato de la profesora Midnight. Así es como pasa la siguiente hora, escuchando palabras que para ella no tienen sentido; leídas con extraña entonación por Iida mientras Deku mira hacia todos lados espantado por estar en la habitación de una chica por más tiempo de lo que se debe y Uraraka solo bosteza constantemente.

Se toman un descanso al escuchar el bostezo número doce o trece por parte de ambas chicas, contados por separado claro, a Sana a veces le parece que esos dos no son sus compañeros realmente sino robots plantados en la clase para intentar hacer ver el estudio como algo interesante. Si ese fuera el caso, estarían fallando miserablemente. Al hacer una pausa Sana toma un calmante para el dolor, si bien casi dos días han pasado desde la golpiza aún persiste la molestia.

Al tragar escucha a MIdoriya tronando sus dedos.

- ¡Ah! Hatsume dijo que tendría tu brazo listo esta noche, que pases por el dormitorio de los de soporte cuando quieras – Repentinamente el chico de pelos verdes se acuerda de aquello.

Sana preguntó sobre su brazo al notar que no lo tenía puesto, Momo fue quien mencionó a Hatsume por primera vez, tiene sentido que se acerque a Deku para darle las noticias.

- Espero que no haya hecho nada malo con él –

- E-eh, ella no es tan mala – Deku ríe bajo presión, ni él se cree esas palabras.

- Dice que es nuestro bebé, debe estar dándole besos y hablándole – Responde Sana de manera seca y directa.

- Si... seguramente – Termina por admitir el escuálido chico.

Uraraka tiene sus propios comentarios sobre la famosa Mei pero antes de poder vociferar alguno Iida comienza a mover sus brazos en todas direcciones, termina por clavar su palma en el libro cerrado como si fuera a cortarlo en dos con un movimiento karateka.

- ¡Deberíamos estar leyendo! –

Sana deja salir un suspiro, sentada sobre la cama se inclina hacia adelante en dirección del presidente de la clase.

- ¡Lees de manera aburrida! ¡Si yo fuera Bashō me levantaría de mi tumba para patearte el trasero! –

En respuesta Iida se acomoda sus anteojos, abre la boca pero solo logra tomar aire optando por un diplomático silencio. Es una manera rara de hacerlo pero termina haciendo un minimo esfuerzo para sonreír, pronto esto se contagia a ambos compañeros sentados alrededor de esa pequeña mesa.

- Es bueno escucharte de vuelta, como antes – Aclara el chico.

- ¡Hasta tus mejillas han recobrado el color! – Ochaco agrega.

Sana no ha tenido muchas oportunidades para mirarse, a parte de las heridas la fiebre seguramente le ha dado un aspecto espantoso, siente como su pelo se ha puesto molesto y seco por el constante calor. Es bueno sonreír de nuevo, bromear con sus compañeros, les escucha compartir una risa genuinamente calurosa pero solo puede pensar en lo que escuchó antes. Una sonrisa blanca y rosa aparece frente a sus ojos momentáneamente, seguida carcajada molesta y chillona, la extraña demasiado como para que no se note.

- Creo que voy a aprovechar ahora para darme una ducha –

El pequeño grupo asiente, tanto Deku como Iida vuelven a sus libros y anotaciones sin notar la mirada intensa por parte de la tercera integrante del grupo de visita. Finalmente Sana termina por aclarar su garganta, un gesto sutil pero que logra poner en alerta a ambos.

- Claro, claro, nosotros… deberíamos… sí – Deku rápidamente junta todo sobre la mesa y se levanta, golpea una de las patas con su pie por el apuro y sus ojos se llenan de lágrimas - ¡Nos vemos en la cena! –

- ¡No te atrevas a faltar! – Iida repica de manera mandona.

Uraraka los persigue hasta la puerta prácticamente empujándoles hasta poder cerrar tras ellos con algo de fuerza, sus argumentos sobre que las chicas necesitan algo de tiempo a solas son suficientes para apurar a ambos muchachos y asegurarse que no volverán. Sana la observa con sorpresa ¿Realmente ha sido tan transparente? La chica de gravedad hace gala de un instinto muy extraño para darse cuenta que quiere estar a solas ahora mismo y la ducha es solo un pretexto, Sana podría llamarle "instinto femenino" pero eso indicaría que lo entiende aunque sea un poco por el hecho de pertenecer al mismo género.

Cuando se sienta en el borde de su propia cama, Arashi la ve de frente allí parada, sonriendo.

- ¿Necesitas ayuda? –

Lentamente piensa en lo que dijo, Uraraka pasa unos segundos en silencio hasta que inevitablemente sus ojos viran en dirección de la manga atada con rapidez a la izquierda del torso de su compañera. Se tapa la boca con las manos avergonzada y niega con la cabeza.

- ¡No quise decirlo de esa forma! –

Verla con su brazo debe ser confuso para sus compañeros, una imagen falsa bajo la manga de su ropa. Para Sana eso es una gran ironía, han llegado a acostumbrarse a verla con ambos brazos y que, cuando anda sin la prótesis, parece algo muy extraño, incluso si para ella es de manera inversa.

- Está bien, sé a qué te refieres – La calma, empujando su propio cuerpo para estar de pie por fin. Sana comienza a estirarse, un silencio incomodo comienza a formarse al notar a Uraraka tratando muy activamente de no mirarla fijo tras lo que ha dicho – Puedes alcanzarme una camiseta de ahí dentro, y una toalla –

- De acuerdo –

Al menos si le da algo que hacer entenderá que no está ofendida. Así la muchacha castaña da un pequeño salto hasta la cajonera, buscando exactamente lo que le ha pedido, una vez le da la espalda Sana no puede evitar preguntar lo que le ronda en la cabeza desde esa misma tarde.

- ¿Mina sabe que he despertado? –

Uraraka ni duda en lo que hace, responde de manera natural.

- Ella duerme todavía, la práctica con Ectoplasm la ha dejado agotada –

- No ha dormido muy bien – Sana remarca perdiendo volumen en su voz.

- Tienes que hablarle –

No es una pregunta, para nada, la manera en que Ochaco lo dice suena más como una orden. Sana aparta la mirada ligeramente, recuerda esa mirada de dolor y miedo aquella vez en el pasillo, la indiferencia que le siguió a todo eso. Deja salir un suspiro preocupado seguido de una sonrisa falsa que le duele mostrar.

- No creo que quiera verme –

Un golpe en su pecho la mueve hacia atrás, una toalla color crema acompañada por una camiseta purpura son empujadas contra ella. Uraraka, quien hasta hace momentos se mostraba sonriente, le mira con seriedad alarmante.

- No sé qué pasó entre ustedes pero… todos nos hemos dado cuenta y simplemente no podemos continuar viéndolas así –

La regaña, como si Sana tuviera que saber eso, en cambio la morena aprieta los dientes en una mueca de enojo. Como Bakugo dijo, estaba tan ocupada sufriendo ella misma que ni notó lo mucho que le dolió a Mina verla llegar de esa manera, incluso antes, le lastimó y no tuvo las agallas de acercarse a rectificar su estupidez.

- Que tonta – Se insulta ella misma.

Sana abraza la toalla y la camiseta con fuerza, su única mano temblando de enojo.

- ¿Y si me odia ahora? –

- Ella te ha cuidado en las noches, durmiendo unas horas del amanecer –

Uraraka no contesta directamente, podría haberse desvanecido pues Sana mantiene su mirada puesta en el suelo mientras niega con la cabeza. No hay ninguna duda de que "odiar" no es algo común en el vocabulario de Mina Ashido, y si fuera a odiar jamás podría hacerlo contra Sana, eso es lo que más la hace enojar. Incluso después de haberla lastimado, después de haber intentado echarla de su vida Mina insiste, siente frustración pero también alegría.

- No dejaré que bajes los brazos, te lo aseguro – Dijo una vez, con el público del festival haciendo ruido de fondo y lágrimas sobre sus ruborizadas mejillas.

Y recordando ese abrazo se aferra más a la toalla, siente que si no lo hace Uraraka escuchará su corazón latiendo furiosamente.

- Quiero hablar con ella –

Dice con seguridad.


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