Capítulo 18 – Mina Ashido


- Está abierto –

Después de tanto tiempo de no escuchar su voz Mina no pensaba que palabras tan mundanas sean lo primero que Sana le diga, además obviamente está abierto. Mira hacia el pasillo donde una de sus compañeras levanta sus pulgares invisibles y asiente, ella misma no está segura de querer entrar pero si no lo hace sabe que Hagakure va a empujarla dentro. La habitación sigue de igual manera en que la dejó la noche anterior aunque ahora, con las luces prendidas, puede observarla un poco mejor. Sentada en la oscuridad en completo silencio realmente las paredes cubiertas con posters de bandas extrañas y películas que no conoce parecen tomar la forma de ojos que la miran incesantemente, las noches que pasó cuidándola no fueron precisamente fáciles.

A un lado de la entrada escucha a Sana en el baño, lo poco que ve le dice que está frente al espejo peinándose, decide sentarse a esperarla.

Mina había escuchado sobre que despertó y volvió a dormirse el día de ayer, aun así decidió cuidarla de noche, esperando a que no despierte de nuevo para que no haya un momento incómodo. Ella misma cayó por cansancio tras el entrenamiento de Ectoplasm, aunque de no haber sido así tampoco habría venido a saludarle de manera tan directa. Juega con sus propias manos, juntando los dedos, frotándose, tronando sus huesos, cualquier cosa que la distraiga de mirar hacia adelante posiblemente hacia Sana.

- Estas mejor – Dice en voz alta, procurando que se escuche desde el baño.

- Sí – Responde la muchacha en igual volumen, fuera de vista.

El dialogo muere tan pronto como llega esa única palabra, un silencio incomodo crece entre ambas mientras Mina mantiene sus manos frente a ella en todo momento. Debajo el resto de los alumnos se preparan para la cena, el bullicio crece rellenando el ambiente tenso de esa habitación. Los pasos de Sana se hacen presentes pero Mina no puede mirarla, incapaz de soportar una mueca de disgusto, frunce el ceño dando un leve y tembloroso suspiro.

Sin realmente saber qué hacer, comienza a hablar por puro nerviosismo.

- Siento haberte juzgado mal, no sabía que pasabas por tanto en el momento y quería ayudarte, y no quería gritarte tampoco, me sentí como una completa idiota – Dice, sin parar a respirar siquiera, su voz sube el volumen con cada palabra. - ¡Si saliste por mi propia culpa y te lastimaste así entonces jamás podría perdonarme! ¡Puedo entender si ni quieres ver mi cara por aquí! ¡Solo quería que sepas que…! –

Su disculpa termina por morir también, aunque no por intentar proteger su autoestima, es una mano que se apoya y la toma por sorpresa.

Mina siente que sus labios se pegan mutuamente, incapaz de hacer un solo ruido mientras Sana se sienta en el suelo frente a la cama. La única mano de Arashi se aferra a su muñeca, primero bruscamente pero pronto la fuerza termina en una suave caricia. El rostro de su compañera, curado por los días en reposo pero todavía mostrando marcas de un combate, apunta directamente hacia su piel expuesta tan cerca que puede sentir el calor de sus mejillas húmedas por el agua caliente de la ducha. Solo tras casi desfallecer Mina nota que busca una herida, alguna evidencia de su agarre violento hace casi una semana, con el ceño fruncido claro.

Con voz temblorosa y avergonzada Mina se dirige a ella.

- No dejaste marca… -

Está en lo cierto pues la búsqueda termina al escucharla, Sana finalmente le mira directo, ojos marrón claro mostrando una seriedad penetrante.

- Eso no importa – Le dice casi en un regaño – Vienes aquí y te disculpas a pesar de que fui yo la que actué como una idiota. Yo te lastimé… y tú solo intentabas ayudarme. Deberías estar enojada conmigo, no disculpándote… ¡Todos deberían pero no lo están! Y no lo entiendo –

Mina no aparta su mano, la mirada seria de su amiga pronto se vuelve más brillante, un llanto contenido que comienza a contagiársele. Prometió a si misma que no lloraría frente a ella esta vez.

Por un momento Sana parece una niña perdida, tan acostumbrada a amargarse porque las cosas en su vida no funcionan como deberían que no entiende el hecho de que no están enojados. Podría decirle que lo estuvieron, ella misma la maldijo bastante esa misma noche y luego activamente evitó hablarle hasta que finalmente se dio cuenta de lo que pasaba al verla volver hecha trizas. Sus compañeros de clase han tenido tiempo para cuestionarla, nadie de frente, nadie queriendo herir sus sentimientos frontalmente pero si enojándose hasta que finalmente el enojo murió. ¿Qué podría decirle sobre eso?

Mina no quiere estar más enojada, no quiere dudar más, quiere romper esa agria cortina que tapa todo el dormitorio desde hace unas semanas.

Quiere salvarla, a Sana, justo como ella lo hizo en el bosque.

- ¡Entonces me enojaré contigo! –

Eso es lo único que se le ocurre en el momento, y funciona, Sana queda anonadada.

- ¡E-eres mala! – Un insulto tonto, pelea por ponerse más seria pero el rostro de su amiga estupefacta cual venado frente a las luces no le deja - ¡S-siempre estás… tirando bolas de papel al suelo! ¡Y siempre que haces tus tareas y me copio están mal! ¡Me distraes a la hora de leer y nos metes en problemas! –

Sana no responde, solo retrocede un poco mientras Mina le toma por la muñeca para darle un pequeño grado de ironía a su "asalto brutal de insultos".

- ¡Y… y…! ¡Y te cuelgas todo sobre los hombros como si ya fueras un héroe! ¡Piensas que vamos a odiarte muy fácil! ¡Piensas que yo…! –

Sin darse cuenta ha terminado en el suelo, arrodillada frente a Sana, volviendo a la normalidad donde debe levantar la vista para enfrentarla. Estira su mano derecha pero no puede tomar su otra muñeca, simplemente no está allí, opta por dar un puñetazo al hombro de su amiga con tanta fragilidad que ni moverla puede.

- Piensas que yo podría odiarte – Dice, sin poder seguir gritando.

Sana responde, un susurro tímido, irreal para ella. - No quería insultarte, Mina –

- Pues lo hiciste, pensando que podría odiarte, eso duele más que cualquier estúpido accidente – Mina deja ir a Sana de ambos lados, presionando las manos sobre sus propias piernas – Tonta –

Mina se inclina hacia adelante apoyando todo su cuerpo sobre el de Sana, cabeza girada hacia un lado mirando a una pared de la habitación mientras los latidos de su amiga comienzan a aparecer poco a poco. Sana se queda quieta aunque por la respiración moviendo sus risos Mina puede darse cuenta que dirige su rostro hacia abajo, la escucha aclararse la garganta silenciosamente y luego suspirar tras una sonrisa.

- ¿Hay algo más que deba saber? –

- Me invitas a hacer cosas y nunca puedo negarme. Me quitas la concentración estando en mi cabeza constantemente y… me gustas –

Si pudiera ver a la morena ahora mismo entonces notaría la diversa variedad de rojos colores que pasan por su cara, pero Mina tiene sus propios cambios en la pigmentación por los que preocuparse. Por segunda vez el silencio llena la habitación, los ruidos de sus compañeros viajando por los pasillos casi a los gritos les recuerdan que todavía siguen en la realidad. Ninguna quiere dejar ir a la otra, ninguna quiere moverse por miedo a romper el momento, por miedo a que de algún modo todo sea mentira y el movimiento deshaga el espacio en el que se encuentran.

Si finalmente decir esas dos palabras es el equivalente de saltar al vacío entonces los segundos que le siguen son la caída libre, la incógnita de si hay algo debajo para atajarla o va a romperse contra el suelo. Mina va a separarse y pedir perdón, comenzando a pensar en sus palabras exactas para hacer que todo parezca un malentendido, pero finalmente escucha una respuesta pequeña y tímida.

- ¿Sí? –

Es difícil para ella contener la sonrisa - Mucho –

- Incluso si… - Sana toma un momento para pensar bien y luego continua – Si sabes que soy una chica ¿No? –

Lo dice en serio, realmente le está preguntando semejante cosa, Mina no puede evitar que una carcajada se le escape.

- Claro que sí –

- Ah – Una corta respuesta sin ningún tono particular – Yo… -

La puerta las sorprende, golpes fuertes causándoles un buen susto, esto seguido a la estridente voz de Hagakure diciéndoles que deben ir a comer pronto, que las están esperando. Sana mira hacia la puerta mientras Mina no se mueve un solo milímetro, aferrada a ella con fuerza, su respiración calmada hace que parezca dormida. Finalmente Sana la rodea con su único brazo, un gesto lento y avergonzado pero que pronto refuerza con más firmeza.

- Deberíamos ir – Dice en un susurro – Hablaremos más tarde –

Mina entrecierra sus ojos negros, responde en otro susurro ruborizado.

- Solo un poquito más –


Mina se apoya en la escalera mirando hacia atrás, la puerta se cierra con un golpe y Sana gira la llave para meterla en su bolsillo. Camina unos pasos por el largo pasillo hasta estar frente al primer escalón donde se detiene, encoje sus hombros y despega el brazo de su cuerpo para dar un medio giro a la derecha. Lleva puesta una camiseta purpura que expone su hombro derecho, adornada con un pequeño rayo dorado en el pecho, debajo pueden verse los tirantes negros de un sujetador atlético, la camiseta es tan larga como para tapar en parte los pantalones cortos de jean que lleva.

- ¿Me veo saludable? –

De arriba abajo Mina la observa detenidamente, solo al hacerlo y comenzar a bajar se le ocurre que está tardando demasiado, que tal vez no es necesario escanear hasta sus zapatos. Sana lo nota también, tirando reflexivamente de su camiseta como si fuera a tapar algo más de sus piernas.

- Te ves bien – Asegura la chica rosa, sonrisa pícara pero rubor en el rostro – Digo, viva –

Por una vez puede ver a la tigresa llena de confianza con su cara teñida de rojo, camina hacia adelante nuevamente para empujar a Mina con su única mano, esta ríe bajando la escalera a las apuradas. Puede que Sana todavía tenga lo de su burda confesión en la cabeza y apenas logra reaccionar, seguro va a costarle acostumbrarse a que Mina se refiera a ella de esa manera.

- Me estoy arrepintiendo de lo que dije ¿Puedo des-disculparme? – Hace un esfuerzo para empujarla con la cabeza también, a falta de una segunda mano.

- ¡Por supuesto que no! –

Al llegar a la sala comunal las encuentra la sorpresa, claro que Mina ya estaba enterada de ello y se limita a hacerse a un lado mientras Sana levanta la mirada. El resto del grupo está allí en su totalidad, desde Bakugo hasta Iida, una reunión completa similar a la que hace unos días tuvieron y terminó de manera agria. Ahora el ambiente es distinto, la muchacha recién recuperada no sabe exactamente qué decir, suspira un par de veces cambiando entre descansar su mano en la cadera o rascar su frente en una mueca estupefacta. Sobre la mesa, como lo acordaron, las espera una alarmante cantidad de comida, Mina es incapaz de reconocer un solo plato excepto por el arroz inflado, se durmió mientras hacían la orden ese mismo día.

- Creímos que sería bien festejar tu recuperación y pues… comer todos juntos otra vez – Es Hagakure quien rompe el silencio, dando saltitos hacia Sana con una invisible expresión de felicidad - ¡¿Te gusta?! –

- Es comida china – Sana responde, seria - ¿Creíste que mi favorita es la comida china por mi familia? –

- A-ah… pues… - La muchacha invisible se siente abrumada, busca como defenderse pero una mano aterriza en su hombro seguida de una puntiaguda sonrisa.

- Bromeo, claro que me gusta –

Enseguida el ambiente vuelve a uno de risas y jubilo, la chica invisible guía a Sana por el brazo hasta sentarla en una de las mesas, acompañada por Momo, Jiro y Kaminari. Mina querría ir y sentarse a su lado pero no encuentra el lugar donde hacerlo, termina rodeada por Kirishima y Tokoyami, Tsuyu mirándola fijo por el frente mientras Aoyama murmura sobre con qué puede empezar a comer. Alzando la cabeza, la muchacha rosa presta atención a la mesa que Sana ocupa, la escucha suspirar mientras Hagakure llena su plato de comida.

- Chicos, esto debió costar mucho… -

- De hecho, conseguimos descuento – Kaminari le apunta con sus palillos.

- Yaoyorozu usó el poder su apellido – Todoroki interviene volteando desde una mes vecina – Dijo que era para una fiesta de su familia –

- ¡N-no es que haya querido! Simplemente fue… mi madre insistiendo que lo haga – La chica de cola de caballo se encoje un poco en el asiento.

- ¡Debe ser lindo estar forrada! ¡Ow! – Mineta recibe una patada por debajo de la mesa en algún lado del salón.

Por primera vez en meses el grupo parece uno solo otra vez, Sana puede que no lo haya notado pero su ausencia llenó los dormitorios de silencio incómodo. A pesar de ser un grupo por menos de un solo año las experiencias que han pasado los ha unido, incluso si algunos de ellos no lo admiten, y sentir que un miembro de ese grupo está ignorando al resto generó un ambiente negativo. Mina busca a Sana entre todos sus compañeros, la escucha reír mientras Kaminari le cuenta algo exagerado para lo que necesita usar ambas manos en la explicación, solo escucharla reír es suficiente.

La operación "Cena sorpresa", como Hagakure la llamó, fue un éxito.


Una vez terminada la cena poco a poco todos los alumnos desaparecieron, en pequeños grupos se dividieron para limpiar y en unos minutos todo estuvo preparado para la retirada a sus habitaciones. Mina fue una de las últimas, optando por subir al segundo piso donde, al final del pasillo, encontró la puerta del dormitorio Arashi abierta.

La morena no la ve llegar, ocupada con sus propias cosas, una maleta descansa en la cama mientras acarrea ropa para acomodar a un lado. Mina la observa en silencio, no se ve triste ya y sus movimientos son lentos pero seguros, Sana está más saludable por cada segundo que pasa. Es extraño verla de esa manera, así debe ser cuando está en su casa con su tío, durante los últimos días Mina ha conocido esta faceta de varios de sus compañeros. Ha visto a algunos de los chicos vagar en ropa interior o lavarse los dientes en la sala comunal, mientras que, de igual manera, ha visto a algunas chicas con toallas en sus cabezas buscando un secador de pelo o con una cesta de ropa preguntando donde se supone que deben lavar. Con Sana es distinto, no solo la nota relajada sino que tiene un obvio cambio en la falta de prótesis.

Ha pasado casi todo su tiempo juntas con ese brazo metálico puesto al punto que Mina suele olvidar el hecho de su minusvalía. Sana dobla ropa hábilmente con una sola mano, usando su mentón como segundo agarre, levanta con sus pies desnudos las cosas que se caen al suelo, como si estos mismos fueran manos. Es en estos momentos tranquilos donde piensa en cómo debe haber sido su vida antes de U.A, Sana casi nunca habla de ello y con razón ¿Que tan difícil fue crecer sin ambas manos? Parece bastante acostumbrada.

- Incluso dobla la ropa mejor que yo - Piensa Mina erróneamente, como si su acto de hacer bollos semi-cuadrados con su ropa fuera equivalente a doblar.

Al salir en dirección al baño Sana la ve en la puerta y se frena en seco.

- Mina - Murmura - ¿Necesitabas algo? -

- No - Niega con la cabeza, su cabellera rosa se agita con el más mínimo movimiento - ¿Empacas? -

Sana no parece sorprendida, ni hace un intento por esconder el hecho de que empaca sus cosas, Mina no quiere hacerse ninguna historia dramática pero verla prepararse para partir con tal seguridad le asusta un poco. La muchacha de camisa morada continua al baño, trayendo de allí su cepillo de dientes y dos botellas de plástico presionados contra su pecho.

- Me iré por una semana -

Al menos escucharle mencionar un corto periodo de tiempo le deja a Mina suspirar con tranquilidad.

- ¿Con tu tío? -

- Con mi abuela - Corrige Sana, termina de doblar un par de pantalones cortos y presiona su mano contra el mismo, hace una pausa mientras su mirada se pierde en algún otro lugar - Necesito un tiempo para mí, para poder decidir qué es lo que voy a hacer a continuación… para pensar sobre todo lo que ha pasado este último mes -

Suena seria pero no triste, es perfectamente entendible después de todo, desde enterarse que el sujeto que peleó en el bosque murió Sana no ha vuelto a ser la misma. La muchacha rosa quiere preguntarle todo, quiere saber también que es lo que pasará con su carrera como heroína, con los que la han atacado una y otra vez, sobre como arreglará su quirk sin tomarse el descanso que los médicos le dijeron. Quiere preguntarle muchas cosas pero nota en ella el cansancio, no es falta de sueño sino las mismas situaciones complicadas que comienzan a pasarle factura, sus ojos marrón claro han perdido el brillo de una manera alarmante. Es mejor dejarla que lidie con ello como prefiera, aun así…

- Solo recuerda que nosotros estamos aquí para ti - Menciona Mina, apretando su puño en un esfuerzo por no entrometerse - Yo estoy aquí cuando me necesites, Sana -

- No es justo -

Su reacción es un punto y aparte, no alza su voz pero Mina se da cuenta que es una exclamación, acompañada por esa mirada perdida y un ceño frunciéndose de a poco.

- ¿El… qué? - Pregunta Ashido sin aliento, no debe ni haberla escuchado.

- Por semanas he tenido esta sensación extraña cuando te veo, cuando sea que hablamos… me enojaba cuando pensaba que quizás tu tenías a alguien y… cuando finalmente puedo poner mis ideas en orden vienes y dices que te gusto - Sana finalmente levanta su mirada, tan directa que causa rubor en la heroína ácida - No es justo que me digas eso en mi peor momento -

Por un momento Mina va a disculparse, tirarse al suelo y pedir perdón por decir algo tan bruto y embarazoso, ya lo había pensado durante la comida. Claro que no es justo ponerla en una situación así mientras está tan débil ¿En que estaba pensando ella?

- No es justo que me apoyes de esta manera y yo no pueda hacer lo mismo - Sana suspira, aparta sus ojos mientras sus estridentes palabras directas mueren en subsecuentes susurros de inocencia - Por eso quiero volver a como era antes -

- ¿Antes? -

Sana se enfurece, cara ruborizada y boca escupiendo fuego.

- ¡Así estando a mi 100% puedes estar segura de que si te gusto! ¡No voy a dejar que me vuelvas a ver así! -

Por un momento Ashido lo toma en broma, es un momento solo hasta que ve la cara roja y la expresión seria de Sana, como si estuviera retándola a una pelea. Está regañándola por decir que le gusta en el momento equivocado o tal vez es solo una fachada y está ofendida por no haberlo dicho primero. Sobre sus mejillas rosas esos ojos marrones recobran un brillo acuoso color dorado, similar al suyo propio, similar a aquel que vio hace tanto tiempo.

Encima de ese techo la conoció tras derrotar al enemigo, antes de entrar a U.A siquiera.

Sonríe cálidamente, la sonrisa más genuina que ha tenido nunca, su corazón va a salirse de su cuerpo si no tiene cuidado al hablar.

- Claro - Asegura, reteniendo lágrimas de alegría - Que tonta fui -

- Ya verás cuando vuelva - Sana asiente con todo el entusiasmo del mundo - Serás la primera en saber que he regresado con todas mis fuerzas. -

Es su orgullo, una de las cosas que le atrajo en primer lugar, el orgullo de un altivo animal salvaje, el orgullo de querer ser lo suficientemente fuerte para cargarlas a ambas si es necesario. Sana no puede tener una sola duda sobre si su amor es por lastima, ya ha lidiado con eso antes, quiere dejarla impresionada por sus propios méritos. Piensa que nunca lo ha hecho, Mina se ríe por dentro ¿Realmente piensa que nunca la ha dejado boquiabierta?

Una vez pensó ir a U.A y, una vez allí, tener su primer amor con un apuesto muchacho que sea un héroe incomparable, alguien como Todoroki o Midoriya, un sueño algo tonto más bien salido de una historieta de acción y romance.

Claro que eso nunca llegó, el día de la prueba de admisión llegó un tigre, ruidoso como los truenos que evoca desde su cuerpo y se la llevó hacia el horizonte…

- ¡Te esperaré emocionada, chispitas! - Dice, en un grito demasiado alto que avergüenza a las dos.

La tigresa y la extraterrestre, ese día, decidieron combatir contra robots gigantes y salvar el mundo juntas.

¿Acaso no hay una historia más perfecta que esa?


Si dijera que todo empezó con Hunger Games... ¿Me creerías?