- ¡Ah! Por fin -
Hanataro levanta su mirada para encontrar a un jovencito de cabello anaranjado sentado en el escritorio de su habitación. El pequeño Shinigami medico salta de la ventana y aterriza sentado en la cama con mucho cuidado, sabe que su Gigai tiene mucho más peso que su cuerpo espiritual mientras esté en el mundo humano. Lleva una mochila color celeste sobre su suéter blanco, el mismo que comienza a molestarle una vez ha dejado la fría atmósfera de la calle, descuelga la pequeña mochila y, una vez sobre sus piernas, la abre para fijarse por la decimotercera vez que ha comprado todo lo que era necesario.
Un día de compras, esa era su misión.
Realmente fue a Karakura para dar apoyo médico tras un ataque de Hollows en las afueras pero, una vez había llegado, resulta que el mismo ataque había cesado hace unos dos días, tal vez la Capitana Unohana se habría confundido… no es posible que ella le haya mandado a una misión ya terminada con la intención de que le haga los recados y pueda relajarse…
Eso no tiene sentido en su cabeza, ha decidido ignorarlo durante todo el viaje, al menos la misma Capitana fue tan amable de darle dinero humano para traer todo e incluso algo de sobra para divertirse él mismo, que de todas formas terminó por gastar en regalos para otros Shinigami que conoce y están varados en la Sociedad de Almas.
Maquillaje y cremas para la Capitana Unohana.
Dulces y caramelos para Rin.
Menta y otras hierbas difíciles de conseguir para su hermano.
Suministros de cocina para los bocadillos de la siguiente reunión de la asociación.
Un nuevo trapo de cocina para él.
Y un pequeño regalo más…
- Gracias por dejarme parar aquí para dejar el resto de las cosas, Ichigo -
Al hablarle el silencioso chico adolescente se incorpora dejando salir un molesto suspiro, se acerca a Hanataro paso a paso, se inclina hacia adelante y le da un pequeño golpe con su puño directo en la frente.
- ¡Que soy Kon! ¡K-O-N! -
- ¡Ow! - El pequeño medico se queja, frotando su frente ahora algo enrojecida - Disculpa, Kon, pero es que nunca puedo saber quién es quién… ¡Es que tu e Ichigo se parecen mucho! -
- Lo que sea -
Hanataro se levanta haciendo a un lado la mochila, se acerca al escritorio de Ichigo donde descansan los pedidos de Unohana, los toma a todos a la vez entre sus brazos y vuelve a ponerlos en la mochila, está ya comenzando a parecer un tanto exageradamente llena. En otro momento ni podría haber levantado todo eso, tampoco llegar hasta la ventana de Ichigo de un salto pero gracias a su entrenamiento reciente siente que puede hacer cualquier cosa… cuando nadie lo ve claro, si no se pone tan nervioso que se pisa sus propias agujetas a pesar de llevar sandalias.
- Te debo una - Le dice sintiendo lo mullida y llena que ha quedado la mochila.
- Sobre eso… tengo una preguntita que hacerte si es que me debes una -
- Claro -
Debería aprender a decir que no de vez en cuando, especialmente tratándose de Kon, pero una vez ha asentido no puede echarse atrás.
La puerta de la habitación se abre y vuelve a entrar Ichigo, o más bien Kon, quien sostiene dos latas de jugo de naranja. Deja una frente a Hanataro, quien se sienta de piernas cruzadas en medio de la habitación, antes de tomar asiento él mismo para quedar cara a cara con el avergonzado muchachito. Está tan pensativo que ni ha dicho gracias por el jugo, para alguien como Hanataro eso es de lo más extraño, Kon está a punto de bromear con eso pero tiene miedo que, con aplicar más presión, podría explotar… e Ichigo le mataría si dejara la habitación hecha un desastre.
- ¿Cómo lo supiste? -
- Pues los rumores corren -
- Hmmm - Hanataro deja salir un suspiro preocupado, levanta la pequeña lata y la presiona contra su cara, sintiendo el frío que casi se evapora contra sus rojas mejillas - Ni siquiera soy miembro -
De algún modo Kon, de toda la gente posible, se ha enterado que está en la Asociación de Hombres Shinigami, se lo dijo con tanta seguridad en su sonrisa que él ni fue capaz de negarlo, sus balbuceos solo lograron confirmar ese "rumor". ¿Cómo es posible que Kon se entere de lo que pasa en el Seireitei? Debe tener contactos bastante aterradores…
- Pues los otros miembros no han dicho lo mismo -
O, tal vez, los miembros de la Asociación se lo han dicho en persona cuando tienen sus reuniones en casa de Ichigo por falta de lugar y recorte de presupuesto, en esas reuniones solo suele haber cuatro miembros para no molestar al Shinigami Sustituto ¿Quién le habrá dicho? ¿Iba? ¿Hisagi? ¿Izuru?
- Bueno, si querías saber eso entonces ya lo sabes - Da un sonoro sorbo a su jugo tras haber estado un buen rato batallando para abrirlo.
- Esa no era mi pregunta, fue más bien una afirmación - Kon dice con orgullo - Mi verdadera pregunta es sobre esa… lista que hacen ustedes al llegar a ser miembros -
- ¡P-pero que no soy miembro! -
- Y tienes una lista ¿No? -
- S-si… -
Esa condenada lista ha sido la razón principal por la cual ha negado el ser miembro de la Asociación, es bien sabido que todos los hombres de allí tienen una lista de "Top 3 de Mujeres en la Sociedad de Almas" y realmente Hanataro no supo lo que significaba al principio ¿Que es un Top? ¿Por qué 3? ¿En base a que las eligen? ¿Por qué es necesario? Al final… solo dos de esas preguntas fueron respondidas, indicándole que, como miembro, debe hacer una lista de tres mujeres que le gusten, ya sea por algo físico o más específico. Cuando finalmente entendió de que se trataba entró en pánico, las miradas de todos los miembros recayeron en él y comenzó a hacer su lista en el momento, aparentemente era algo que debia salir "naturalmente por instinto de macho" según Tetsuzaemon… ¿Qué significa eso? No sabe.
Y ahora Kon le pregunta… tras que no hace mucho tuvo que huir por su vida de Rukia hasta que la curiosidad se le pasó.
Esa lista le traerá el fin algún día.
- Cuéntame entonces ¿Que mujeres suertudas están en tu lista de favoritas? -
- ¿Tengo que hacerlo? -
- ¡Tu dijiste que me debes una! Además estamos entre hermanos ¿No? -
- Pero no somos familia, Kon -
Por alguna razón el alma modificada se golpea el rostro fuertemente antes de proseguir con la conversación - Solo… comienza con la condenada lista -
Probablemente tendría que comenzar desde el principio según la Asociación, cuando le pidieron hacer la lista le dijeron específicamente que debía nombrarlas en orden del tercer puesto al primero aunque a Hanataro le resulte muy grosero numerar a las personas de esa manera. Toma aire y apoya ambas manos en su regazo, siente la mirada de Kon que hace le quema con intensidad al momento de apenas dejar salir una consonante.
- Es… la Teniente Ise –
- ¿La de los anteojos? – Kon, en el cuerpo del Ichigo, se inclina un poco hacia atrás, una vez que Hanataro le ve nota su rostro completamente sorprendido – Ya veo, te gusta que te ordenen ¿Es eso? –
- ¡N-no…! – El pequeño medico entra en pánico – La Teniente no es… así todo el tiempo, de hecho cuando no es aterradora parece bastante agradable y… es algo bonita –
- ¿Eeeeh? ¿En serio? –
- Es una lista hipotética… ¿No? Entonces… a-ah… -
Él no sabe exactamente que más agregar, la verdad es que nunca había mirado a Nanao de esa manera pero en el calor del momento decidió escogerla, las pocas veces que la ha visto lejos de su Capitán suele tener una sonrisa muy hermosa, es la rareza de dicha sonrisa que le atrae. Es una mujer fuerte y bien disciplinada, le gusta ese tipo de cosas, se parece a Rukia cuando está trabajando, es difícil pensar que la Rukia en el trabajo y la que se encuentra una vez terminan sus horarios son la misma persona. Ciertamente se parecen en varios sentidos, incluso pertenecen ambas a la Asociación de Mujeres y son Tenientes…
- Nano Ise –
- ¿Eh? –
- Es una buena primera elección – Dice mientras toma su lata entre manos - ¿La segunda? –
No ha tenido tiempo ni para recuperarse de la primera y ya le pide la segunda persona, ni siquiera le hace más preguntas como si solo le importase la mujer en cuestión. Hanataro no dice nada más, toma un pequeño sorbo de su jugo que tarda una eternidad intentando zafarse de la situación, aunque no estaría por encima de Kon que golpe su lata si intenta pasarse de listo derramando todo sobre él. Al cabo de unos preciosos segundos logra murmurar el segundo nombre.
- Hinamori – Está tan nervioso que olvidó mencionar su rango.
- ¡Ah! ¡Completamente opuesta! – El alma modificada comienza a los gritos ¿Cómo es que conoce a Momo siquiera? Es como si él conociera a todo el mundo de la sociedad de almas a pesar de nunca haber estado allí – Una típica chica agradable, como una vecina de la infancia… aunque las más tímidas y calladas suelen ser las más pervertidas ¿Eh? –
- Es… muy agradable, si, especialmente cuando va a visitar a las barracas del escuadrón –
Momo Hinamori es definitivamente una persona que calma a quienes tiene cerca, su voz y su manera de ser son reconfortantes de una manera especial, tiene una sonrisa cálida y una mirada afectuosa que es difícil de ignorar, aun así emana un aura de confianza desde el final de la guerra del invierno, aunque muchos la ignoren diciendo que es solo una pequeña niña. Hinamori también es una guerrera feroz, con un arma ígnea que da miedo y un conocimiento de Kido que puede dejar reducido a cualquiera en cuestión de segundos. Es similar a Rukia también, la parte más bondadosa y afectuosa de ella, aunque a primera vista Momo parezca más "femenina", también ambas engañan con sus apariencias siendo difíciles oponentes a pesar de su altura y complexión.
- ¿Qué hay de la primera en tu lista? –
Kon pregunta con malicia, ignorando completamente lo que tenga que agregar sobre Hinamori, del mismo modo que hizo con Ise, la cara de Ichigo muestra una sonrisa sospechosa que espera detalles sobre su primera elección.
Hanataro no puede negarse ahora, ya ha aceptado decirle y, si se va, jamás podrá perdonarse, en su mente realmente le debe un gran favor a Kon.
Responderá, entonces, como lo hizo en la reunión de la asociación.
- Ra-Rangiku… Matsumoto –
Y tan pronto como lo menciona, un gran golpe, madera choca contra madera.
El armario que ocupa la pared del cuarto se abre de un solo golpe revelando a una figura vestida enteramente de negro, su rostro pálido tiene un color rojizo aterrador y de su nariz bien podría salir vapor cuando exhala antes de gritarle. Hanataro la reconoce inmediatamente, su cabello negro brillante enmarcando una cara que amenaza con matarle apenas pueda alcanzarlo, mira lentamente hacia Kon quien sonríe mientras ve la acción comenzando a desenvolverse con rapidez.
Et tu… Kon?
- ¡Así quería atraparte maldito traidor! –
No hay tiempo para explicar, es imposible cuando Rukia va a la carga e indudablemente está saltando en su dirección de la manera menos elegante posible, lo único que Hanataro puede hacer es sobrevivir hasta que se calme todo. Da media vuelta y comienza a correr por la pequeña habitación, llega de un salto a la cama y toma la mochila de una de sus tiras, rebota en el colchón y se lanza en dirección a la ventana abierta.
Su corazón se acelera al sentirá por detrás, ayudada por los gritos de festejo de Kon, su mano alcanza hacia él para detenerlo mientras le grita que regrese así afronta su castigo. La ventana está más cerca y puede ver el cielo nublado fuera, gris e invernal, una luz de esperanza mientras el mundo entero lo rodea con las tinieblas de una incierta y dolorosa muerte.
Y cuando está por llegar aparece ella nuevamente.
Rukia de nuevo, llevando puesto un vestido blanco y azul adornado con una bufanda celeste que vuela atacada por el viento como un gran tentáculo que lo rodea.
No es ella sino su gigai, le susurra de una manera amenazante con la más dulce sonrisa.
- ¡Estás muerto, pyon! –
Antes de taclearlo y enviarlo al suelo.
Sentir la dura madera del suelo en su cara no es para nada agradable, el golpe casi hace que se desmaye y tan pronto como intentó reincorporarse pudo sentir la pequeña figura del gigai sentándose sobre su espalda. Kon abandonó a la habitación para cuando pudo levantar la mirada, cerrando con llave antes de irse, así es como queda él solo acompañado de, prácticamente, dos Rukias, una enfadada y la otra dispuesta a quebrarle un brazo si hace el más mínimo movimiento. No puede levantar su mentón lo suficiente, lo único que ve de Rukia es su uniforme de la cintura hacia abajo e, incluso así, es lo más aterrador que ha visto en su vida.
- ¡Ru-! – Intenta hablarle pero su brazo derecho continúa doblándose hacia la izquierda sobre su espalda, provoca un ruido similar a una rama quebrándose - ¡KH!-
- ¿Le rompo el brazo jefa? ¡Pyon pyon! –
Dejando salir una risita digna del más terrible demonio el gigai continua aferrándose a Hanataro y su brazo con fuerza, afortunadamente se detiene y probablemente sea porque Rukia ha negado con la cabeza.
- Todavía no –
Finalmente puede verla cuando se apoya en el suelo sobre sus rodillas, la peor parte es que se ve completamente calmada ahora, sus ojos cerrados ni se atreven a mirarle y su boca hace una mueca de disgusto sin poder encontrar las palabras para comenzar a hablar. Si hay algo bueno en toda la situación es que ella no parece llevar su arma por lo tanto no puede torturarlo congelándolo o algo por el estilo. Hanataro se mantiene callado, quiere explicarse pero espera a que lo vea directamente, su mejilla presiona la madera y las líneas entre las mismas comienzan a dejarle marcas como si su rostro fuera el mapa de un laberinto.
- Dame una razón por la cual no debería hacerte gritar hasta que puedan escucharte en el Seireitei, solo una –
- ¡Mentí! –
Con una sola palabra siente su brazo siendo forzado más allá de lo que debería, otro movimiento de cabeza detiene la tortura.
- ¿Cómo que has mentido? ¡¿A quién?! –
- ¡Mentí a la asociación! – Grita desesperadamente - ¡Cuando me preguntaron obviamente que tu serías mi número uno pero tuve que mentirles…! Si decía la verdad entonces comenzarían a notar cuando estamos juntos y tal vez sospechen algo o, peor, nos descubran… ¡Y no estoy listo para ese tipo de atención, sé que tú tampoco! ¡Entonces tuve que mentir! ¡Lo siento! –
- ¿Lo mato ahora jefa? –
Hanataro no está mirando, el dolor hace difícil que mantenga sus ojos fijos en ella e incluso si pudiera comienzan a llenarse de lágrimas, la princesa Kuchiki levanta una mano y detiene a su Gigai, el suspiro que viene de arriba parece ser de decepción.
- ¿E-en serio…? –
- ¡Claro! – Lentamente la presión desaparece al punto de poder hablar normalmente – Es que R-Rangiku fue la elección de casi todo el mundo, creí que sería mejor… para p-pasar desapercibido ¡Lo siento! ¡No debí mentir! –
- ¡No! ¡Tú discúlpame Hanataro! –
En un movimiento repentino Rukia se inclina hacia adelante para pedirle perdón, Hanataro logra liberarse del agarre y comienza a pararse a tiempo para que sus cabezas se encuentren causando un gran y seco golpe que los deja aturdidos. Él cae al suelo nuevamente quejándose mientras ella se toma la frente y vuelve a sentarse derecha mientras presiona sus dientes con dolor.
Al menos esta vez que él está en el suelo Rukia Gigai se aleja de sus brazos, los usa bastante como para que el arrancárselos no sea un problema.
- Debí… ow… Debí decírtelo –
- Y yo no tendría que haber exagerado tanto –
Lo que empezó como una situación embarazosa ahora no es más que un gracioso recuerdo, ambos exageraron pero, al final, no serían ellos si no cometieran tantos errores y terminen chocando uno con el otro de manera torpe. Por ahora deciden enmendarlo con un corto abrazo mientras Chappy festeja por detrás, e Ichigo, el verdadero Ichigo, llegar por la ventana con su uniforme puesto para pedirles que, por favor, no hagan nada extraño en su habitación.
Todos rieron y el día acabó sin mayor inconveniente…
Excepto por el hecho de que al volver esa misma noche a la Sociedad de Almas Hanataro notó que la mochila ya no estaba.
Y Rukia que su gigai tenía su rostro lleno de crema, su boca llena de dulces y el armario era un desastre de plantas destrozadas.
Es mejor si mantienen los asuntos de sus Asociaciones en completo secreto de ahora en adelante.
Pequeño bonus track (?) que tenia dando vueltas y no sabia donde meterlo.
Saludos.
