Capítulo 12: La lista de Goldstein

2 de enero de 1972

Lily había tenido un día de lo más entretenido. Petunia había montado una escena antes de salir de casa y, tras una discusión con mamá, finalmente no los acompañó. De camino a la estación se habían encontrado con un atasco en la autovía que les había hecho perder 40 minutos. Llegaron tan justos a la estación que casi ni pudo despedirse de sus padres, pero pudo subir al tren justo antes de que sonara el silbato. Tras dejar su baúl recorrió medio tren hasta encontrar a Jean, que compartía compartimento con Harry, Marlenne y Frank. Al poco de llegar al compartimento, mientras tenían una conversación muy interesante sobre vampiros, Lily recordó que en una de las cartas que había recibido de su amiga durante las vacaciones le decía que le contaría en el tren una idea que le había dado su madre. Así que, cuando encontró un hueco educado en la conversación, le preguntó. Jean le guiñó un ojo y se disculpó con su hermano y sus amigos alegando que la conversación era muy amena pero les apetecía dar una vuelta por el tren. Salieron del compartimento hacia la izquierda en dirección a la locomotora. Hasta que encontraron un compartimiento vacío.

-Mi madre me contó - empezó a relatar Jean - que ,cuando ella vino a Hogwarts, tenía una mejor amiga que quedó en otra casa. Y para si alguna vez querían encontrarse o llamarse conjuraron un broche para cada una. - sacó un pergamino de su túnica y siguió explicando mientras lo desplegaba - Me ha enseñado el encantamiento que usaron y le hemos añadido algunos complementos.

Lily leyó ilusionada el pergamino y un sentimiento cálido le creció en el pecho. Había echado mucho de menos a su amiga durante las vacaciones, pese a que se habían carteado y había podido ver a Severus.

-Es genial - dijo con fascinación - ¿Podemos hacerlo ahora?

-Claro - le contestó Jean con una sonrisa sacando un rollo de piel negra de su túnica - he traído todo lo que necesitamos - desenrolló el porta-viales de piel sobre el asiento para dejar al descubierto los viales de vidrio con diversos contenidos, y pasando un dedo por encima de ellos recitó - Alas de hada, ajenjo, cuerno de unicornio, salvia, escamas de dragón, una pluma de fénix, 10 gramos de plata y dos botecitos de rocío de luna. Lo único… - dijo dubitativa - es que el colgante se dividirá en dos.

- No pasa nada - contestó Lily sonriendo - así será más especial, y puedo ponérmelo en esta cadena - dijo mostrando la fina cadena dorada que llevaba al cuello.

Se sentaron en el suelo del compartimento y Jean extendió el pergamino sobre el asiento. Tal y como rezaba el pergamino, hicieron un montoncito con el polvo de plata en el suelo, entre las dos. Jean se quitó la cadena que llevaba y deslizó el colgante que Lily le había regalado hasta liberar la cadena, lo observó un momento entre sus dedos antes de colocarlo sobre el montoncito de plata. Lily lo miró y recordó la conversación que tuvo con su padre para decidir cómo sería.

Flashback

El señor Evans estaba sentado en la mesa del comedor ojeando uno de los libros del colegio de su hija. "Teoría mágica. Por Adalbert Waffling".

-¿Encuentras algo papá? - preguntó Lily desde el sofá.

-He encontrado dos que podrían servir - contestó levantándose de la mesa y caminando hasta el sofá - El pentágono de Merlín o la rueda de Hécate. ¿Cuál te gusta más?

Fin del flashback

Al final había elegido la rueda de Hécate, que le parecía más bonita.

- Ahora debemos colocar - leyó Jean sacándola de sus pensamientos - el cuerno de unicornio dirección norte, la escama de dragón al sur, las alas de hada al este y la pluma de fénix al oeste.

Lily fue colocando mientras su amiga leía.

-Ahora quemar el ajenjo y la salvia junto al colgante.

El ambiente se llenó del olor a salvia y ajenjo mientras los ramilletes secos se consumían.

-Ya solo queda bebernos el rocío de luna y el pacto de sangre. - terminó jean sacando dos frascos llenos de un líquido transparente y un bisturí de su porta-viales.

-Mi padre se moriría de la risa si nos viera, - comentó Lily sonriendo mientras agarraba el vial y lo abría - parecemos brujas de las que los muggles ponen en sus películas.

-Mi madre me dijo que es un conjuro muy antiguo, los conjuros modernos no tienen tanta parafernalia. Y los muggles solo tienen referencias a la brujería antigua, por eso las películas.

-¿Crees que es solo parafernalia? - preguntó Lily sorprendida.

-No, no es que no sirva. Mi madre dice que la modernidad nos ha hecho perder muchas costumbres y conocimientos. Como las varitas han mejorado tanto con los años y se han simplificado los hechizos para que más magos y brujas puedan realizarlos, las maneras antiguas casi no se usan.

A Lily le encantaba escuchar a su amiga hablar de magia, sabía tantas cosas que casi siempre podía responder a sus preguntas y, si no podía al instante, sabía en qué libro consultarlo o a quien preguntar. Se bebieron el rocío de luna y Jean le pasó el bisturí. Ella se dispuso a pincharse en la yema del dedo índice, dudó un momento y respiró hondo, llenó sus pulmones de aire y enterró la punta de la afilada cuchilla en la piel hasta que se empezó a formar una gota de sangre. Le pasó el bisturí a su amiga que lo utilizó con habilidad y sin miramientos.

-Ahora dejamos caer un poco de sangre sobre el collar… - guiaba Jean - nos damos las manos… - se cogieron de las manos formando un círculo - y recitamos el hechizo sin perder el contacto visual.

Se miraron a los ojos y Lily notó como un cosquilleo le subía por los brazos, cuando le llegó a la cara se sintió en calma y concentrada. Como si no fuera dueña de su voz, sus labios se movieron al mismo tiempo que los de su amiga, y recitaron al unísono:

Como el blanco unicornio

se la luz que nos guíe.

Como el poderoso dragón

protégenos contra el fuego.

Como las hadas con sus hermanas

forma un vínculo entre nosotras.

Como el eterno ave fénix

ayúdanos a resurgir de las cenizas.

Con mis palabras creo el vínculo,

Con mis palabras divido el objeto,

Con mis palabras completo el conjuro,

Con mis palabras la magia encierro.

Lily abrió los ojos, no recordaba cuando los había cerrado ya que se había esforzado en mantener el contacto visual con Jean. Se soltaron las manos y notó un agarrotamiento en los brazos, como si llevara mucho rato en esa posición. Relajó los músculos y levantó la vista, Jean parecía estar en la misma situación que ella, pero notó algo diferente en el compartimento, en los colores, como si fuera de noche. Y se percató de que el tren no se movía. Se levantó alarmada para mirar por la ventana y comprobar que, efectivamente, era de noche y el tren estaba parado.

-Parece que el conjuro duraba más de lo que me dijo mi madre - dijo Jean despreocupada - Vamos, aun llegamos a la cena.

Lily, aun algo aturdida, siguió a su amiga por el tren, el andén, la entrada y el carruaje. La siguió en silencio.

-Toma - dijo Jean alargando la mano hacia ella - Parece que ha funcionado, se ha dividido exactamente por la mitad y el brillo es diferente.

Tomó el colgante y lo observó. Ciertamente el brillo era distinto, cambiaba según la dirección en que lo inclinaba, y el corte era pulido, redondeado, perfecto. Se lo colgó en la cadena que llevaba al cuello. Miró a su amiga y le pareció que la envolvía un aura de pena. Se reprendió por no decir nada en todo el camino desde el tren.

-Muchas gràcias - le agradeció de corazón - el hechizo ha sido increíble, la sensación ha sido lo más alucinante que he sentido nunca.

Jean cambió totalmente de expresión al mirarla, ahora era de alegría.

-Si… ha sido emocionante. Oh… - giró la cabeza con rapidez hacia el camino - vaya…

Lily siguió la mirada de Jean para toparse con la profesora McGonagall, esperándolas al final del camino, con rostro serio y brazos cruzados.

-Empezaban a preocuparme, señoritas. -sermoneó la profesora con tono inquisitivo - ¿A qué se debe su retraso?

-Disculpe profesora - empezó Jean - no encontraba a Grelot por ninguna parte y me asusté, así que recorrimos todo el tren, pero resultó que había estado en mi capa todo el tiempo. Jeje…

Lily vió asomar la cabeza del gato de su amiga por la cintura de la capa de esta. ¿Desde cuando estaba metido ahí?

-Está bien, -sentenció la adulta- vayan al comedor. la cena ya ha empezado.

Al llegar a su mesa Remus les indicó con señas que les había reservado sitio, y Lily agradeció el detalle de que le tocara frente a él, con Jean a su lado frente a Sirius, y Potter al lado del Black, fuera de su campo visual. Al ver la comida se dió cuenta del hambre que tenía y empezó a servirse de todo, pero entonces Sirius se levantó repentinamente y con torpeza pasó los pies sobre el banco. Caminó tambaleándose unos tres pasos y se desplomó contra el suelo.

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James giró sobre el banco al oír el golpe de su mejor amigo cayendo al suelo. Saltó sin darse cuenta para acercarse y ver si estaba bien, pero Hermione lo agarró de la capa por encima de la mesa para detenerle. Los profesores rodearon a su amigo, Goldstein lo levantó del suelo y salió corriendo hacia la salida del comedor seguido de McGonagall, Hagrid, Slughorn y Pomfrey.

-James, vamos - le dijo su hermana soltando su capa y saltando el banco.

Evans y Remus les siguieron. Salieron del gran comedor los cuatro y corrieron hacia la enfermería. A James le sorprendió no alcanzar a los profesores, ya que no se imaginaba a Slughorn o a su jefa de casa corriendo como lo estaban haciendo ellos. Otro tirón de capa lo hizo detenerse antes de llegar a la puerta de la enfermería.

-Vamos a escuchar primero - les dijo Hermione en voz baja.

Pusieron sus orejas contra la puerta y guardaron silencio. James escuchaba la voz de Poppy analizando el estado de Sirius, "Pupilas descoordinadas, pulsaciones aceleradas, flujo descompensado…una maldición". Minnie le contestaba "Averigua de dónde viene, enseguida llegará Albus". Hagrid dijo "¿Será para encontrarla?", la enfermera le contestó "Es posible, ya nos esperábamos algo así". Entonces oyó la voz del director dentro de la enfermería "¿Cómo está Poppy?". En segundos, James oyó un chasquido en la puerta y sin darle tiempo a reaccionar cayó contra el suelo de la enfermería. Miró hacia arriba topándose con la mirada fría de Goldstein.

-Que poco Gryffindor es escuchar tras las puertas. - dijo bajito, solo para que ellos lo escucharan - Pasad y quedaros en silencio cerca de la puerta.

Así lo hicieron y observaron cómo la enfermera y los profesores intercambiaban opiniones. James observó a Goldstein, que se mantenía fuera del círculo de adultos que rodeaba la cama de Sirius. Observaba de lejos, con los brazos cruzados y la mirada seria. ¿Por qué les había dejado pasar? Esperaba que les hubiera enviado a su sala común. Quizás no era tan malo como… Agitó la cabeza con fuerza expulsando ese pensamiento de su mente. Ese gesto no cambiaría todo el primer trimestre de clases de DCAO. Miró a Sirius. Dumbledore movía su varita sobre la cabeza morena de su amigo susurrando palabras ininteligibles, y cada pocos minutos hacía un gesto violento con la varita hacia fuera. Pasaba el tiempo y parecían atrapados en un bucle. Nadie se movía, solo Albus y su varita. Finalmente el director se detuvo.

-Hoy no puedo hacer más - anunció - Dale una poción para dormir y mañana a primera hora revisamos su estado. Minerva ¿has contactado con su familia?

-Si - contestó la profesora - no van a venir.

-Bueno, en Hogwarts siempre encontramos una familia - dijo el director sonriendo en dirección a los cuatro Gryffindors - Creo que sería mejor que se fueran a la cama, y mañana vinieran antes del desayuno, su Jefa de casa les acompañará. Y no se preocupen, su amigo está bien.

James asintió, notando el cansancio sobre sus párpados. Caminó absorto en sus pensamientos hasta la sala común y, cuando llegaron, agarró a su hermana de la túnica para retenerla.

-Remus, ahora subo - dijo James para dar a entender que quería un momento con Hermione - Buenas noches Lily. - se despidió cortésmente.

-Buenas noches - contestó la chica con voz dubitativa.

-En seguida subo Lily - le dijo Hermione y cuando estuvieron solos se dirigió a James -¿Qué ocurre?

-¿Por qué me sujetaste la túnica?

-Sirius tiene una maldición, no quería que te contagiara a ti también. - explicó sentándose en el sofá frente a la chimenea.

-¿Cómo lo has sabido?- preguntó sentándose a su lado - Yo no he notado nada.

-Ha sido Grelot -al nombrar al animal este asomó la cabeza bajo su túnica y se subió en el regazo de su hermana - Cuando nos hemos sentado en la mesa ha empezado a removerse bajo la túnica y a apretarme los pies - explicó acariciando la cabeza de la Kneazle.

-Siempre tan suspicaz - dijo James acariciando también al animal -¿Qué tipo de maldición?

-Por los movimientos que hacía Dumbledore sospecho que algo ilusorio o de confusión… -decía pensativa jugueteando con la felina- lo raro es que haya sido en el gran comedor. ¿Tú has visto algo sospechoso?

-Nada - negó James - ¿Es posible que no haya sido en el gran comedor?

-¿A qué te refieres?

-¿Puede que lo tuviera de antes? - se explicó divagando - ¿Qué lo trajera de casa?

-Bueno, podría ser supongo ¿En el tren tu le has visto?

-Si - dijo él - hemos estado los tres juntos todo el viaje, pero parecía normal, puede que algo desanimado, pero pensaba que era porque no había podido hacer las tareas.

-Quizás la maldición estaba esperando el momento. Como la maldición de los hombres lobo.

-¿Y que se haya activado al probar la cena?

-Quizás - dijo ella encogiéndose de hombros - Es difícil de saber.

-¿Quién habrá sido? - preguntó James más para sí mismo que para ella.

-O qué. -James la miró interrogante y ella continuó - Quizás ha sido un objeto y no una persona.

-Quizás… - dijo él en un bostezo.

-Vamos a la cama James, mañana a primera hora vamos a verle.

-Vale - concedió levantándose.

Se despidieron en la escalera y acordaron encontrarse a las 7:30 para ir a la enfermería.

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3 de enero de 1972

Sirius veía una puerta de madera oscura llena de grabados. Sentía la necesidad de abrirla y al mismo tiempo le invadía el miedo de lo que hubiera detrás. Miraba los trazos tallados en la madera pero no podía distinguirlos por mucho que lo intentara. Apoyó su mano en ella y empujó con duda. La puerta se entreabrió con un chirrido y de la estrecha abertura se escapó un aire frío. Notó como si se le congelara todo el cuerpo y entonces oyó una voz detrás suyo que le hizo girarse con rapidez. Pero, antes de poder ver quien era, algo se le enredó en las piernas y cayó de espaldas al vacío. La sensación de caer lo despertó en la cama de la enfermería donde la claridad del alba se colaba por los grandes ventanales. Notaba que el corazón se le iba a salir del pecho y un sudor frío le bajaba por la nuca. El director Dumbledore estaba a su lado sonriente.

-Que bien que haya despertado, señor Black - empezó el anciano - nos tenía preocupados. ¿Cómo se encuentra?

-Es… - intentó responder el chico, pero su garganta estaba seca y agarrotada - … difícil… de… decir. -terminó casi en un susurro.

-¿Permitiría que la señora Potter lo examinara? - preguntó Dumbledore - Es la mejor sanadora infantil de San Mungo.

Sirius asintió empezando a ser consciente del dolor que tenía en todo el cuerpo. El director se levantó y en su lugar se sentó una mujer de expresión calmada. Su rostro le resultó muy familiar y la observó con cuidado. Debía tener la edad de su madre, sus ojos eran marrones, su tez pálida, y su cabello oscuro. Pero estaba seguro de que no la había visto nunca.

-Hola Sirius - dijo la mujer con voz agradable - Soy Euphemia. ¿Cómo te encuentras? ¿Te duele algo? ¿Sientes mareos o náuseas?

-Me…- carraspeó - Me duele todo un poco y… - volvió a carraspear - ...me pesa la cabeza.

-Vale, voy a examinarte - siguió la mujer retirando la sábana que lo cubría - Respira hondo y relájate. Sentirás un ligero cosquilleo. - dijo colocando su mano derecha sobre la frente del chico y pasando la varita lentamente sobre su cuerpo - avísame si sientes dolor o molestia en algún momento.

Sirius sentía el cosquilleo que la medimaga le había dicho pero, al pasar la varita sobre su barbilla sintió un dolor intenso y punzante en toda la cara y la cabeza. Se le cortó la respiración y se le tensaron todos los músculos del cuerpo. A los pocos segundos notó que se relajaba y un frío intenso lo invadía. Abrió los ojos y volvió a ver la puerta de madera grabada. Puso su mano derecha sobre ella para abrirla, pero empezó a notar calor en la mano izquierda. Se la miró y vio otra mano agarrando la suya. Recorrió el pálido brazo hasta llegar al rostro de la mujer de la enfermería, la medimaga. Pero esta vez cayó en la cuenta de quién era. Cuando Dumbledore se la había presentado no estaba prestando demasiada atención a lo que le decía el director, pero ahora todo estaba claro. Es la Señora Potter, la madre de James y Jean. Le sonreía cálidamente, transmitiendo confianza y calma. Le cogía la mano con firmeza, acompañándole, dándole ánimos. Se sintió tranquilo, y abrió la puerta con fuerza. El movimiento de la puerta fue lento, acompañado del chirriar de las bisagras, pero se abrió completamente. Tras la puerta unas escaleras descendian y al final de estas se apreciaban unas rejas con aspecto antiguo, era una mazmorra. Bajó las escaleras seguido de la señora Potter, que no le soltaba la mano. Cuando llegó a la reja se asomó intentando ver el fondo de la habitación, pero estaba muy oscuro y solo se apreciaba una media luna de suelo gracias a la luz que entraba por la puerta. Se aclaró la garganta e intentó decir algo, pero no oía su propia voz, pero sí oyó unos pasos acompañados de arrastrar de cadenas sobre la piedra. Se entrevió un perfil infantil entre la densa oscuridad, la poca luz que bajaba por las escaleras permitió ver unos pies descalzos y unos grilletes rodeando los tobillos. La cadena se tensó y no permitió que la figura avanzara más, solo podía verle las piernas hasta las rodillas, llenas de raspones y contusiones.

-Sirius - le llamó la señora Potter -¿Quién és?

-Una amiga. - contestó y esta vez sí oyó su propia voz - De hace tiempo. Murió en un accidente.

Entonces una kneazle salió de entre las piernas de la niña, caminó atravesando los barrotes y se restregó contra las piernas de Sirius. Él se agachó a acariciarla.

-Hola bonita - dijo él pasándole la mano libre por el suave pelaje.

La señora Potter se agachó a su lado y le dijo:

-¿Grelot también es tu amiga?

Sirius despertó de golpe en la enfermería, sudoroso y asustado. La cabeza le daba vueltas. Grelot, la kneazle que siempre la acompañaba a todas partes, la que la cuidaba. El recuerdo del último día que la vio le abrumó y la congoja se le atascó en la garganta. Sintió que se ahogaba, que no podía respirar.

-Tranquilo - le dijo la señora Potter abrazándolo contra su pecho - estás bien, estás en Hogwarts.

Esas palabras, aunque simples, le calmaron un poco, pero entonces estalló el llanto. Pensaba que ellas no podrían conocer Hogwarts y todo por culpa de esos dos magos, la próxima vez que vinieran a casa los iba a envenenar, no se merecían haber sobrevivido, deberían haber muerto. Pero entonces la voz de la señora Potter resonó en su cabeza, "¿Grelot también es tu amiga?" Alzó la cabeza para mirar a la mujer a los ojos.

-¿Cómo sabe su nombre? - le preguntó en un susurro.

La mujer se quedó en silencio sentada en la cama, mirándolo a los ojos. Le acarició el pelo maternalmente y le dijo suavemente:

-No se a que te refieres ¿has soñado algo?

Sirius no sabía si contestar o no. Quizás ella no estaba en el sueño, quizás él se lo había imaginado. No estaba seguro de querer explicarle, solo había hablado una vez de aquel día con su abuelo Arcturus y no había servido de nada.

-Tengo entendido que eres muy buen amigo de James. - le dijo la señora Potter acariciando de nuevo el pelo de Sirius.

Sirius asintió.

-Si quieres puedes venir a casa alguna semana en vacaciones de verano - sugirió la señora Potter - Aún queda tiempo pero, si quieres venir, envíame una carta y hablaré con tu madre.

Sirius dudó, no pensaba que su madre le dejara ir con los Potter, nunca habían hablado bien de ellos. Y él no les había hablado a sus padres de sus amigos.

-Conozco a Walburga desde hace muchos años, seguro que podemos llegar a un acuerdo - dijo regalándole un guiño al final de la frase.

-Gracias señora Potter - agradeció Sirius educadamente.

-No hay de qué ¿Cómo te sientes?

-Mejor - contestó Sirius moviendo brazos y piernas.

-Bien - dijo la mujer levantándose de la cama - Podrás empezar las clases hoy, pero debes venir a la enfermería ante cualquier molestia, y te voy a recetar unas clases de oclumancia con Albus.

-Fantástico - intervino el director - será mejor que se lave la cara señor Black, sus amigos están de camino. Euphemia, ¿Serías tan amable de acompañarme a mi despacho? Tenemos pendiente una conversación con el profesor Goldstein.

-Por supuesto. Nos veremos Sirius - se despidió acariciándole la cabeza al chico - cuida bien de mis hijos ¿vale?

-Descuide señora Potter.

Sirius se levantó de la cama bajo la atenta mirada de madam Pomfrey, se lavó la cara y se cambió de ropa. Y justo cuando la enfermera retiraba el biombo con un golpe de varita, escuchó a sus dos amigos abrir la puerta.

-Compañero - saludo James levantando una mano - te veo muy bien.

-Estoy mejor - contestó chocando la mano del Potter - Puedo ir a clase.

-Si - interrumpió la señora Pomfrey con voz chillona - Pero si se encuentra fatigado o tiene dolores de cabeza debe volver a que le revise. ¿Entendido?

-Entendido señora Pomfrey - dijo Remus - Yo mismo lo traigo arrastras si veo que no está en forma.

-Bien dicho señor Lupin.

Cuando salieron de la enfermería estaban Jean y Lily esperándolos.

-¿Cómo te encuentras? - preguntó la pelirroja - ayer nos diste un buen susto.

-Mucho mejor - y mirando a Jean y James les dijo - vuestra madre me ha atendido.

-¿Mamá está en el castillo? - preguntó James incrédulo y mirando a su hermana preguntó - ¿Tú sabías algo?

-No - contestó la aludida - quizás la llamaron para que te curara - dijo mirando al Black - es muy buena medimaga.

-La mejor de San Mungo ha dicho Dumbledore - añadió Sirius - me ha dejado como nuevo. Y me ha recetado clases de oclumancia con Dumbledore.

-Si… - suspiró James - Suele hacer eso. Jean también tuvo que hacerlas.

-¿Cómo es? - preguntó Sirius.

-Al principio son duras, pero son muy útiles y ayudan a dormir - contestó la aludida - Aunque yo las hice en casa con mi padre, no se como será con Dumbledore.

El resto del día fue bastante bien. Gracias a James y Remus pudo entregar todas las tareas. Las clases de pociones y encantamientos de la mañana no fueron del todo aburridas. Pero no lo fueron del todo porque tras la comida tuvieron Historia de la magia, y pocas cosas le parecían tan aburridas como las interminables charlas de aquel fantasma. El día mejoró en la clase de vuelo y el rosbif de la cena cerró el día maravillosamente. No vio mucho a las chicas, ya que iban y venían de la biblioteca en cada descanso. Pero con James y Remus volvían a ser un trío inseparable. Se lo pasaba genial con ellos, tanto en clase como en los descansos.

El día siguiente también fue muy bueno. Les devolvieron los trabajos de pociones con notas muy buenas para todos, recibieron la felicitación del profesor Slughorn y la buena noticia de que empezarían a poner en práctica toda la teoría aprendida antes de navidad. El resto de la clase se dedicaron a cortar, moler y decantar flores de díctamo para ponerlas a fermentar, ya que lo necesitarían para la clase doble del jueves por la tarde. En las clases de transformaciones y herbología entregaron las tareas y aplicaron lo aprendido.

Al salir de los invernaderos, James, que todo el día había estado parlanchín y sonriente, no abrió boca en todo el camino a clase de defensa contra las artes oscuras. Sirius sabía que la aversión de su amigo hacia el profesor no había menguado durante la navidad, pero esperaba que todo fuera bien ya que además tocaba clase doble. Por suerte, toda la clase fue tranquila. Entregaron los trabajos, leyeron un nuevo tema y tomaron apuntes de la explicación del profesor sobre cómo manipular un objeto maldito y qué hacer con él. Hicieron un ejercicio sobre medidas de seguridad para guardar dichos objetos. A Sirius le pareció una buena clase y parecía que todos, incluido James, la disfrutaban. Pero por desgracia, al acabar la clase cuando salían por la puerta, la voz del profesor perturbó la tranquilidad de su amigo moreno.

-Señorita Potter, ¿Podría quedarse un momento por favor?

A Sirius le pareció ver como el cabello de James se erizaba.

-Si profesor - le contestó Jean - Luego os busco - se despidió bajito antes de darse la vuelta.

Cuando el resto de alumnos salieron la puerta se cerró. Y James se quedó mirando la puerta con expresión crispada.

-James - le dijo Remus agarrándole del hombro - seguro que le está poniendo tareas extra ¿nos sentamos en el patio a esperar? Así nos verá cuando salga.

-Vale - cedió James refunfuñando.

Se sentaron en el banco mirando hacia la puerta del aula y esperaron un rato, pero Jean no salía.

-Chicos - dijo Evans - ¿Vosotros sabéis jugar a los gobstones?

-Claro - contestó Remus - ¿Quieres jugar una partida?

-Vale.

-Yo también juego - añadió Sirius, que empezaba a aburrirse.

Estuvieron jugando hasta que se oyó al gran reloj anunciando las cinco de la tarde. James seguía en el banco mirando a la puerta. Sirius entendía perfectamente la indignación de su amigo, pero le parecía exagerado ya que además, Jean no parecía molesta con el hecho de tener más tareas que los demás, de hecho parecía gustarle. Remus le dijo una vez que seguramente podría estar ya en segundo o tercer año, pero que no la podían pasar de curso sin más, que quizás primero tenían que evaluar sus conocimientos.

James se levantó de repente y todos miraron hacia la puerta del Aula. Al contrario de lo que esperaban, vieron como el Director y la señora Potter entraban en ella. Pasaron unos pocos minutos más hasta que:

-¡Ahg! - gimió Lily dolorosamente.

Sirius se giró para mirarla. Se había llevado una mano al pecho y tenía la cabeza inclinada hacia abajo, como si algo la hubiera golpeado.

-¿Estás bien? - preguntó Remus acercándose a ella .

-Creo que sí - contestó ella levantando la cabeza - ha sido solo un pinchazo.

Sirius la miró y sus ojos se cruzaron. Estaba ruborizada y en cuanto le vió mirarla desvió la vista, claramente nerviosa.

-Mejor escondámonos tras la estatua - dijo James de repente - que no nos vean al salir.

-Pero…-empezó Remus.

Su amigo moreno no dejó tiempo a preguntas y todos le siguieron rápidamente, y menos mal, porque justo cuando se escondieron oyeron la puerta abrirse. Se asomaron desde su escondite y vieron salir a la señora Potter de la mano de una llorosa Jean. Tras ellas salieron el director y el profesor Goldstein, y juntos encaminaron el pasillo en dirección a las escaleras. Sirius miró a James y vio la rabia en su cara. Presintió que su amigo no se iba a quedar quieto y tras unos segundos de tensión el pelinegro comenzó a caminar hacia el aula.

-¿A dónde vas? - preguntó Remus - ¡Espera!

Pero no se detuvo y los tres lo siguieron temiendo que hiciera una locura. Entraron al aula y la atravesaron. Pasaron por la puerta del despacho del profesor y, una vez todos dentro, Remus cerró la puerta y se recostó contra ella.

-¿Qué vas a hacer James? - preguntó el castaño muy serio.

-Solo un poco de desorden - contestó el aludido agarrando un cajón del escritorio y tirándolo al aire.

El cuadrado de madera cayó con estrépito al suelo y, quizás por suerte o por destino, un pergamino se deslizó del cajón quedando a los pies de Sirius. Instintivamente lo leyó. Era una lista de nombres, en su mayoría tachados, en la que leyó "Harry Potter". La recogió del suelo y la leyó con detenimiento.

-¿Qué es? - preguntó Lily.

-No lo sé - contestó Sirius sin despegar la vista de la lista - Pero está tu hermano, James.

James se acercó también a mirar y todos en silencio leyeron la lista.

"Euan Abercrombie

Dennis Creevey

Romilda Vane

Ginny Weasley

Harry Potter

Katie Bell

Fred Weasley

Percy Weasley

Ritchie Coote

Jimmy Peakes

Colin Creevey

Ron Weasley

Cormac McLaggen

George Weasley

Oliver Wood

Andrew Kirke

Natalie McDonald

Hermione Granger

Lee Jordan

Demelza Robins

Neville Longbottom

Alicia Spinnet

Jack Sloper

Dean Thomas

Angelina Johnson

Vicky Frobisher

Parvati Patil

Kenneth Towler

Geoffrey Hooper

Seamus Finnigan

Lavender Brown

Luna Lovegood

Terry Boot

Eddie Carmichael

S. Fawcett

Eleanor Branstone

Hannah Abbott

Cedric Diggory

Summerby

Owen Cauldwell

Susan Bones

Cadwallader

Laura Madley

Justin Finch-Fletchley

Zacharias Smith

Kevin Whitby

Ernie Macmillan

Rose Zeller

Stewart Ackerley

Mandy Brocklehurst

Cho Chang

Bradley

Orla Quirke

Penelope Clearwater

Chambers

Padma Patil

Roger Davies

Lisa Turpin

Marietta Edgecombe

Michael Corner

Marcus Belby

Malcolm Baddock

Draco Malfoy

Miles Bletchley

Montague

Graham Pritchard

Vincent Crabbe

Bole

Urquhart

Harper

Gregory Goyle

Derrick

Vaisey

Pansy Parkinson

Terence Higgs

Millicent Bulstrode

Marcus Flint

Daphne Greengrass

Adrian Pucey

Theodore Nott

C. Warrington

Blaise Zabini

Tracey Davis

Astoria Greengrass

Victor Krum

Fleur y Gabrielle de la court"

-¿Serán alumnos? - hipotetizó Evans.

-No - dijo Sirius sin despegar los ojos del pergamino - conocía algunos. Zabini, Nott, Goyle, Malfoy, Smith… todos tienen hermanos en Hogwarts ahora.

-Yo conocía a los Weasley - dijo Remus - y Neville era el hermano de Frank.

Sirius miró a Lily y se dio cuenta de que no entendía de qué hablaban. Era normal ya que venía de familia muggle, así que él decidió explicárselo.

-Todos murieron. - explicó- Por el SAMP, es una enfermedad mágica, creo que apareció cuando aún éramos bebés y no tiene cura.

-Además solo afecta a niños. - añadió el castaño - si llegas a entrar en Hogwarts ya no lo puedes coger dicen.

-Mi madre lo investiga en San Mungo - dijo James - y dice que solo lo cogen entre los 7 y los 10, y como mucho duran un año.

-Vaya - dijo Lily - No sabía nada.

-Tranquila - le dijo Remus - no se suele hablar de ello, es normal que no lo supieras. La pregunta es qué hace el nombre de tu hermano en la lista, y quien es esa tal Granger. Son los únicos que no están tachados.

-No lo sé - dijo James - pero no me gusta que Goldstein la tenga - continuó guardando la lista en su túnica - vamos a buscar más pistas.

-¿Más pistas de que? - preguntó Remus.

-Nunca me ha dado buena espina - explicó James - oculta algo, y seguro que no es bueno. Además, oí a mi madre decir que la enfermedad podía ser culpa de alguien, que no conseguían encontrar otro motivo.

-¿Eso es posible? - preguntó Lily con expresión alarmada.

-Claro que es posible - dijo James empezando a revolver en los otros cajones - las artes oscuras hacen cosas como esas.

Dicho eso, todos se pusieron a rebuscar a toda velocidad. Al rato se detuvieron y se reunieron con lo que habían encontrado cada uno. James no había encontrado nada más. Remus había encontrado otro pergamino similar pero de nombres sin tachar que sí eran alumnos del colegio y el cual rezaba al final "¿El destino va ligado al apellido?". Lily había encontrado un libro titulado "Registro de enfermedades mágicas del siglo VI" y Sirius sus tareas de navidad ya corregidas.

-¿Para que coges las tareas? - preguntó Remus.

-Ya están corregidas. - contestó Sirius y pasándole uno de los pergaminos a James dijo - ¿Esta no es la letra de tu hermana?

James miró atentamente el pergamino y negó con la cabeza diciendo:

-No estoy seguro.

-Busca el de Jean y lo comprobamos. - le pidió Lily.

Entre la chica y él buscaron el de su amiga y lo compararon con las correcciones del trabajo de Ginger Lockhart, que tenía muchas anotaciones.

-Definitivamente… - empezó la chica - … es su letra. ¿Ha hecho que corrija los trabajos de todos?

-Pobre Jean - dijo Remus.

Un ruido en el aula los alertó y Sirius rápidamente asomó la nariz por la puerta del despacho, pero no vio a nadie. Salieron corriendo del aula y no pararon de correr hasta resguardarse en la sala común.

-Casi me da un infarto - dijo Lily dejándose caer en una butaca - que locura, si nos llegan a pillar habríamos perdido un montón de puntos.

-Y nos habrían castigado - siguió Remus.

-Pero tenemos pruebas - dijo James resolutivo.

-¿Pruebas de qué? - preguntó Sirius.

-De que Goldstein no es trigo limpio.

-No creo - dijo Lily - Lo que hemos encontrado no le acusa de nada.

-Claro que si. - le discutió James - Tiene la lista de todas las víctimas y sus hermanos parece que le entusiasman las masacres.

-O quizás... - aventuró la chica - solo lo está investigando.

-No seas tan inocente Evans - espetó James con rabia - a Goldstein le van las artes oscuras. ¿Y si él es el culpable?

-Creo que deberíamos ir a otro sitio - dijo Remus notando la mirada de otros alumnos sobre ellos.

-Deberíamos - espetó Potter levantándose y caminando hacia el retrato - Pero si vas a defenderlo mejor que no vengas con nosotros pelirroja.

-Sin problema. - le dijo Lily - para escuchar acusaciones paranoides mejor leo "Corazón de Bruja".

-Bien - gritó James saliendo por el retrato.

-Magnífico - dijo Lily subiendo a las habitaciones.

Sirius miró a Remus y el castaño le dijo:

-Yo creo que Lily tiene razón, James está algo paranoico.

-Ya - dijo Sirius - pero será mejor que vayamos con él para que no haga una locura.

Remus asintió y los dos salieron tras James.

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James se detuvo al ver que sus amigos le seguían y les dijo que necesitaba hablar con su hermano de lo que habían descubierto, esperaron en la puerta del gran salón y cuando vio a su hermano le pidió que los acompañara. Harry aceptó y fueron a las cocinas.

-Tú dirás - le inquirió el mayor tras pedir algo de comida a los elfos.

-Encontramos esto en el despacho de Goldstein -empezó James pasándole las listas - Desde el primer día se que ese profesor tiene algo raro, lo presiento. Oculta algo, y es algo muy oscuro. creo que tiene algo que ver con el SAMP.

-Si, reconozco bastantes nombres. - afirmó Harry - lo raro es…

-Que estés tú. - le terminó la frase James antes de que dijera nada más.

-Lily cree - empezó Remus - que quizás simplemente es un registro, aunque es raro que estés tú.

- Bueno - empezó Harry - Estuve en San Mungo una vez y las medimagas dijeron que era SAMP, pero al final no lo era. - hizo una pausa en la que intercambiaron miradas - Tengo una idea, podríamos hechizarlo para ver cuándo se escribieron los nombres.

-¿Eso de que nos va a servir? - preguntó James.

-Si según tú, el profesor Goldstein tiene algo que ver con la causa de la enfermedad, la lista podría haberla escrito antes y por eso la ha ido tachando. - hizo una pausa y puso cara de disculpas, como cuando su madre iba a decir un… -peeeero podría ser simplemente un registro que fue escribiendo. Si la escribió antes aceptaré que tu instinto es infalible, si no dejaras de molestar en sus clases y te esforzarás en ganar puntos para la casa.

-De acuerdo - concedió James - Acepto el trato. Vamos, hazlo - exigió apremiante.

-Yo no se como hacerlo, se lo pediré a Celine Fenwick.

-¿La hermana de Benjy? - preguntó Remus.

-La misma - contestó Harry - es la mejor en encantamientos.

-Pero que no sepa lo que es. - le pidió James- que nos podemos buscar una buena.

-Descuida - dijo Harry relajadamente- es de fiar y muy discreta.

Salieron de las cocinas con el acuerdo de reunirse en cuanto Fenwick hechizara el pergamino y se encaminaron a la sala común. Aún era temprano y Harry se quedó junto a la chimenea con Frank y Marlene. James, Remus y Sirius decidieron subir al dormitorio a planear su próxima broma. Subiendo la escalera se cruzaron con Evans y James tomó la decisión de ignorarla y pasar de largo. Sirius y Remus en cambio se despidieron de ella con un suave "Buenas noches".

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A Lily le molestaba mucho la actitud de Potter, pero había decidido ignorarlo a fin de mantener la convivencia, sobre todo por Jean y Remus. Desde la tarde, el colgante que compartía con su mejor amiga le había estado dando avisos, así que había decidido poner a prueba el conjuro que habían hecho en el tren. Salió de la sala común y se concentró en Jean. A los pocos segundos sintió que el colgante se elevaba y apuntaba a la derecha. Caminó en esa dirección hasta que en un cruce cambió hacia la izquierda. Siguió el camino que aquel trocito de plata le indicaba hasta llegar frente a una gran estatua de un ave. El colgante apuntaba hacia la estatua y Lily al principio pensó que quizás el hechizo no había salido bien. Luego pensó que, tratándose de Hogwarts, quizás era una entrada secreta o algo así. Tocó la estatua y obviamente era sólida, tocó las paredes del arco que la rodeaba, le pidió que se abriera… nada. Entonces pasó su cabeza tras la estatua para ver si había algún hueco o mecanismo y el colgante apuntó hacia arriba. Miró hacia arriba desde el hueco y de golpe la estatua empezó a moverse y a subir. Lily se sobresaltó y se agarró al gran pájaro de piedra mientras giraba y subía, viendo como aparecían unas escaleras de caracol en su base. Finalmente se detuvo frente a una puerta y, antes de darle tiempo a soltarse de la estatua, Jean salió por ella.

-¡Lily! - dijo con asombro - ¿Qué haces ahí subida?

-Em… - empezó mientras bajaba de la estatua - Pues he usado el colgante para buscarte y me ha llevado hasta esta estatua y bueno, intentando abrirla he acabado ahí.

Hubo un silencio en que las dos se miraron y entonces Jean se empezó a reír.

-No te rías - pidió Lily avergonzada.

Pero la risa de Jean se volvió desahogada y acabó por contagiarse. Se rieron juntas unos segundos hasta que la escalera se volvió a mover sola esta vez hacia abajo. Y cuando pararon de reírse, se secaron las lágrimas y empezaron a caminar hacia la sala común.

-¿Qué era ese sitio?

-El despacho de Dumbledore - dijo aguantándose la risa, que volvía al ataque.

-Menos mal que has salido tú por la puerta y no el director - dijo Lily riendo de nuevo - ¿Estabas con tu madre?

-Si… - suspiró Jean dejando de reírse.

-¿Ocurre algo? - preguntó Lily estrechándole la mano a su amiga sin dejar de caminar.

-Bueno - empezó Jean correspondiéndole el agarre sin dejar de caminar - Goldstein cree que me podrían pasar de curso, en realidad todos los profesores lo creen.

Lily pensó que eso era algo bueno, pero la cara de abatimiento de su amigo le hizo pensar que quizás para ella no lo era.

-Ya que mi madre ha venido a ver a Sirius han aprovechado para decírselo a ella primero, y después me lo han dicho a mi. - continuó explicando la castaña.

-¿Entonces te cambiarán a segundo? - preguntó sintiendo algo de tristeza.

-En realidad querían que hiciera unos exámenes para ver en que curso me ponían, pero mi madre les ha dicho que no.

-¿Por qué? - preguntó sorprendida de que la madre de su amiga tomara esa decisión.

-Dice que sus años en Hogwarts los recuerda como los momentos más bonitos de su infancia y juventud, y que no quiere que yo pierda eso por acabar antes. - volvió a suspirar - Y creo que tiene razón, si subiera de curso tendría que estudiar más, y no tendría tiempo para estar contigo o con los demás.

Lily se paró. Por un momento había sentido miedo de perder a la única amiga de verdad que había hecho en su casa y al sentir el alivio de que no sería así, las lágrimas le inundaron los ojos. Abrazó a Jean, que le devolvió el abrazo, y lloró soltando la tensión que había acumulado durante el día.

-James ha sido desagradable contigo ¿Verdad? - atinó Jean.

Lily asintió sin querer explicarle que las lágrimas también eran por otras cosas.

-No le hagas caso - le aconsejó - Creo que está enfadado por Goldstein y como no puede pagarlo con él se pasa el día siento desagradable con quien se le cruza.

-Hablando del profesor Goldstein - dijo Lily separándose de su amiga y secándose las lágrimas - hemos…

-¿Qué hacen unas Gryffindor de primero por los pasillos a estas horas? - preguntó una siseante voz a la espalda de Lily.

Se giró, alarmada por la entonación burlona de la voz, para encontrarse a Lucius Malfoy, uno de los prefectos de Slytherin, acompañado de una chica rubia, también de Slytherin, cuyo nombre no recordaba.

-Volvíamos a la sala común - contestó Jean colocándose entre Lily y el prefecto.

-La cena ha acabado hace rato ¿no Lucius? - preguntó la chica burlonamente.

-Claramente - contestó el chico sonriendo - Parece que podemos confirmar nuestras sospechas.

Los dos Slytherins se rieron de una forma tan diabólica que a Lily casi se le hiela la sangre.

-Por esta noche lo dejaremos pasar - sentenció el prefecto - La próxima vez no tendréis tanta suerte.

Los dos mayores empezaron a andar recto hacia ellas, que tuvieron que apartarse para que no las arrollaran.

-Volvamos rápido - dijo Jean - si nos cruzamos con Filch o otros prefectos nos quitarán puntos o nos castigarán.

Lily asintió y volvieron a la sala común donde se encontraron con Harry, Marlene y Frank desternillándose de risa en el sofá frente a la chimenea. Les dieron las buenas noches y subieron a la habitación.

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29 de enero de 1972

Remus estaba escondido tras una armadura, sudando y cansado. Era sábado por la mañana y la luna llena sería la noche del domingo. Su cuerpo lo notaba y que sus amigos hubieran decidido aquel día para la broma del més le estaba pasando factura. Habían decidido que en esa ocasión no darían ningún tipo de mensaje, ya que Sirius quería ver si con simplemente usar el color rosa en la broma ya lo relacionaban con ellos. También habían comentado de cambiar el nombre del club, ya que algunos alumnos mayores se burlaban de él. Benjy Fenwick había comentado en una ocasión que un compañero suyo que era hijo de muggles tenía una película llamada así en su casa y que no era apta para niños. Por esas razones los tres estaban de acuerdo con cambiar de nombre, pero todavía no se les había ocurrido ningún otro. En esa ocasión habían pintado todas las armaduras del colegio de color rosa y él se escondía tras una porque casi le pillan unos prefectos de Slytherin. Aquella no iba a ser su mejor broma pero la idea era ir subiendo de nivel durante el curso.

Durante la cena esperaban que algún profesor hiciera alguna mención a las armaduras, pero fue Filch el que aprovechó la ocasión para castigar a unos alumnos de Slytherin de quinto curso a limpiarlas todas. Al salir del gran salón el hermano de James les interceptó y les invitó a ir a las cocinas con él. Le siguieron sin dudarlo sospechando que ya habría conseguido que la hermana de Benjy hechizara el pergamino de Goldstein.

-Ya tengo el pergamino encantado. No os lo vais a creer. - empezó Harry con tono tenso abriendo el pergamino - Los nombres fueron escritos en 1962 y las tachaduras son todas de diferentes fechas. La más actual es la que tacha el nombre de Ginebra Weasley hace dos años.

-¿Era la pequeña de los Weasley verdad? - preguntó Remus recordando la noticia en el profeta.

-Si - contestó Harry - Y el último caso de SAMP conocido.

-¿No ha habido más? - preguntó Sirius perplejo.

-No - siguió Harry - Lo he investigado y en la lista faltan nombres, además hay algunos que ni siquiera tienen el nombre de pila.

-¿Qué quieres decir? - preguntó James muy serio.

-Que la lista está incompleta y se escribió antes de que todos murieran.-explicó el mayor.

-¿Como si hubiera intentado adivinarlos o algo así? - especuló Sirius.

-O como si él fuera el asesino.- acusó James.

-¿Y los nombres que faltan? - preguntó Harry - Se podría hacer otra lista igual con los que no están en ella.

-Quizás había otra lista y no la encontramos - dijo Sirius apoyando a su amigo.

-O esos eran sus objetivos y no está solo. - siguió James.

Remus pensó en esas palabras. Todos parecieron hacer lo mismo porque hubo un silencio largo después de ese comentario.

-Mi padre dice - dijo Sirius con cautela - Que hay un mago que restablecerá la pureza de sangre.

Otro silencio, esta vez más tenso.

-Pero - dijo Harry rompiendo el silencio - Hay muchos hijos de puristas de la sangre en la lista. Goyle, Malfoy, Nott…

Otro silencio.

-Quizás - empezó Remus conciliador - falte investigar antes de acusar definitivamente a nadie.

-Remus tiene razón - apoyó Harry - Investiguemos, y cuando tengamos algo sólido se lo explicaremos a Dumbledore.

Todos asintieron y se encaminaron a la sala común. Remus miró a James, su amigo se veía abatido y nervioso. Pensó que el hecho de que su hermano estuviera en la lista lo tenía preocupado, aunque si lo pensaba, Harry estaba fuera de peligro ya que había superado la "edad crítica", como la llamaban en el profeta.

-Remus - le dijo Harry - Te ves cansado. ¿Quieres ir a la enfermería?

-Creo que vuelvo a incubar un resfriado - le contestó sonriendo - hoy he corrido demasiado y con el frío que hace… pero esperaré a mañana por si dormir me recupera un poco.

-No te gustan las pociones de madam Pomfrey ehhh- le dijo Sirius - podría endulzarlas un poco.

-Tienes toda la razón - le concedió Remus.

-Ir subiendo - les dijo Harry a él y a Sirius cuando entraron a la sala común - Voy a hablar un momento con James.

Así lo hicieron y una vez estuvieron en la cama:

-Creo que podríamos hacer algo para que James se relajara - comentó Sirius.

-Si - contestó Remus - Que se olvide del tema un tiempo.

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9 de febrero de 1972

Severus se despertó inquieto. Le había costado conciliar el sueño y aun sintiéndose cansado se desveló. Los de sexto de la casa planeaban algo. Desde que volvieron de navidades que no dejaban que estuviera con ellos. Tenía el presentimiento de que buscaban venganza pero como no sabían quienes eran los responsables del día rosa, así se había bautizado popularmente ese acontecimiento, se pasaban el día maquinando. Por suerte tenía las tardes en la biblioteca con Lily y Jean. Penny no había vuelto a ir a la biblioteca con ellos porque, según ella, con las notas que había obtenido en el primer trimestre no necesitaba estudiar tanto y la orquesta ya le quitaba suficiente tiempo libre. A él no le importaba, ya que en realidad con quien quería estar era con Lily. Jean también le agradaba, pero su hermano era una molestia y algunos días venían a pedirle ayuda con las tareas y se iba con ellos. Pero más le molestaba el idiota de Pettigrew. Al volver de navidad había intentado acercarse también al grupo de sexto, obviamente le habían rechazado con elegancia igual que a él, y después de eso notaba como si hubiera empezado a seguirle. Cada tarde después de clase lo seguía hasta la biblioteca y se sentaba a tres estanterías de distancia. Al principio pensó que se habría dado cuenta de que con lo poco que estudiaba no se podría sacar el curso, pero después de pillarlo dos o tres veces mirando hacia allí empezó a molestarle. Desde luego si quería hacerse amigo suyo no lo iba a conseguir, menos de aquella manera tan burda.

Se levantó de la cama e intentó animarse un poco. El día fue monótono hasta que llegó la última clase del día, encantamientos con Gryffindor. De forma natural se generaba una rivalidad entre las dos casas que hacía de sus clases juntos un buen entretenimiento. Aunque siempre solían acabar igual. Los leones empezaban con muchas ganas a probar el encantamiento del día, en cambio su casa observaba a ver que fallos cometían antes de intentarlo. Aprendían de los errores de los imprudentes Gryffindors. Entonces Slytherin tenía una remontada en que lo hacían mucho mejor y se les hinchaba el orgullo, incluso podían ganarse algunos puntos. Y para finalizar, Jean lo ejecutaba de manera perfecta y se acababa llevando más puntos ella sola que todos los de Slytherin. Pero aunque Severus sabía que siempre acababan así, el ambiente que se generaba era un buen aliciente para la clase.

Cuando acabó la clase se dirigió directo a la biblioteca para reunirse allí con sus dos amigas, como hacía habitualmente, pero ese día Pettigrew lo interceptó antes.

-Severus - llamó el chico regordete - ¿A dónde vas?

-A la biblioteca - contestó con toda la frialdad que pudo y sin detenerse - como cada día.

-Ya - dijo Peter siguiendo su paso - ¿Y no te apetece hacer algo diferente hoy?

-No Peter, no me apetece. - contestó sin siquiera mirarle.

-He pensado…

-Será la primera vez - le interrumpió Severus.

-Que podríamos ir con Avery y Mulciber…

-¡Peter! - les espetó deteniéndose y mirando al chico bajito - Quiero ir a la biblioteca, tengo cosas que estudiar, y no voy a perder el tiempo con lo que sea que queráis hacer tú, Mulciber o Avery.

-Vale vale - se disculpó Peter - Es que no deberías ir a la biblioteca hoy.

-¿Por qué? - a Severus se le empezaba a acabar la paciencia.

-Ya han descubierto quién son las brujas traviesas …- dijo tan bajito que Severus no llegó a oírlo.

-¿Qué? - preguntó confundido.

Entonces Peter se acercó a su oído y le dijo en un susurro:

-Malfoy ha descubierto quienes son las brujas traviesas.

-No quiero ir a ver su venganza si te refieres a eso. - les espetó girándose con intención de seguir su camino.

-No es eso - le paró Peter cogiéndole del brazo y acercándose de nuevo a su oído - Esas brujas de primero van allí cada tarde y la venganza va a ser en la biblioteca. Malfoy me ha dicho que mejor no pasemos por allí para que no puedan acusarnos de nada.

Severus ató cabos en su mente y dándole un empujón a su compañero de casa salió corriendo hacia la biblioteca.

Lain9.0