Capítulo 13: Venganza fallida
9 de febrero de 1972
Severus llegó a la biblioteca justo para ver como la última estantería a la izquierda caía al suelo. El estruendo fue colosal y sintió temblar el suelo bajo sus pies. Entonces vio a Narcissa Black correr entre las estanterías hacia la bibliotecaria. Él tomó la decisión de esconderse, ya que si lo veía allí tendría problemas.
-¡Señora Pince! - gritó la chica rubia mientras corría - ¡Se ha caído una estantería entera!
-Avise a algún profesor señorita Black - ordenó la mujer.
-Sí señora Pince.
La bibliotecaria fue echando a todos los alumnos que quedaban, pero Severus siguió escondido. Cuando estuvo seguro de que no quedaban más alumnos fue corriendo hacia el fondo de la biblioteca, a su sitio, donde se supone estarían Lily y Jean. Oyó como la señora Pince cerraba la puerta de la biblioteca a su espalda y como saludaba al profesor Golstein.
El estómago le dio un vuelco al ver la pesada estantería totalmente plana en el suelo. "¿Las habría aplastado?" Pensó. Entonces vio correr un líquido espeso y oscuro por la junta de las losas del suelo. "¿Sangre?" le dijo su mente.
-¡Señora Pince! - gritó Severus alarmado - ¡Hay alguien debajo!
Los dos adultos corrieron hasta donde estaba él. El profesor Goldstein con un rápido movimiento de varita elevó la estantería y la volvió a poner en su sitio. Snape buscó entre los libros caídos pero ellas no estaban allí, sí encontró sus cosas y el causante del líquido oscuro. Lo que Severus había confundido con sangre salía del porta-viales de Jean, que había sido aplastado.
-Menudo susto señor Snape - le dijo la señora Pince. - Sus amigas habrán salido antes. Usted también debería irse, tengo mucho trabajo aquí.
Severus salió de la biblioteca aliviado, sus amigas se habían conseguido librar. Entonces se preguntó dónde estarían, ¿podría estudiar con ellas en otro sitio? Sin otra cosa que hacer, se decidió a buscarlas pero, tras mirar en todos los sitios que se le ocurrieron, desistió pensando que estarían en su sala común.
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Sirius caminaba hacia el gran comedor acompañado de sus dos amigos que, al igual que él, estaban hambrientos. Se habían pasado toda la tarde recorriendo las distintas torres del castillo en busca de algún escondrijo para el material del club, y estaban francamente agotados.
Al girar una esquina, James se dio la vuelta y empezó a correr en dirección contraria. Remus y él se giraron para mirar que hacía su amigo y vieron, con asombro, como se agachaba frente a un gato oscuro y sucio.
-¿Grelot? - preguntó James, claramente asustado, mirando al animal - ¿Qué ha pasado?¿Dónde está Herms?
"Grelot" resonó en la cabeza de Sirius y una imagen de la celda tras la puerta tallada cruzó su mente.
-¿Qué pasa James? - preguntó Remus acercándose al pelinegro.
-Algo le ha pasado a Jean - contestó sin dejar de mirar al felino - Llévame con ella.
La Kneazle salió corriendo y James la siguió. Remus y Sirius, tras un cruce de miradas, le siguieron también. Tras varios pasillos y un puente, salieron del castillo. Corrieron cuesta abajo por los terrenos y llegaron al límite del bosque, pero Grelot no se detuvo ahí si no que se internó entre los árboles sin mirar atrás.
-Espera James - le pidió Remus - tendríamos que avisar a alguien.
-¡No hay tiempo! - le gritó el Potter sin detenerse.
-Remus - dijo Sirius pensando rápido - La cabaña de Hagrid está aquí al lado, avísale, yo voy tras James. Lanzaré luces rojas si encontramos algo o nos perdemos.
El chico castaño asintió y se perdió de vista. Sirius corrió todo lo deprisa que pudo hasta que alcanzó a James, que moviéndose entre las grandes raíces había bajado el ritmo. Al cabo de un rato Sirius empezó a sentir que se habían adentrado demasiado, hacía rato que no veían ningún camino o senda que les indicara que por allí pasara alguien con asiduidad. Y el colmo fue cuando empezaron a ver unas enormes telas de araña entre los árboles y arbustos. Empezaba a pensar que todo aquello era una trampa y que no saldrían de aquel bosque con vida cuando oyó la voz de Lily Evans.
-¡Potter! - gritó la pelirroja con desesperación - ¡Estamos aquí!
-¡Ya vamos! - gritó Sirius - ¡No te muevas!
Treparon por un montículo hasta ver donde estaban las chicas. Lily abrazaba los hombros de Jean sosteniéndola sobre su regazo.
-No se despierta - dijo llorando.
Él sacó su varita y apuntando al cielo lanzó un haz de chispas rojas.
-No te preocupes Lily - le dijo Sirius para tranquilizarla - la ayuda está en camino.
James convocó un lumos mientras se arrodillaba junto a las chicas. Sin decir palabra apuntó con la varita iluminada al rostro de Jean. Con la mano libre le abrió un párpado y examinó su ojo bajo la luz del hechizo. Repitió el proceso con el otro. Luego ,con prisa, apartó la capa de invierno de la chica dejando al descubierto la falda y el jersey del uniforme. Levantó el jersey y sacó la camisa de la cinturilla de la falda para poner su mano libre en el estómago de su hermana.
-¿Pero que ha… - dijo Lily con voz alarmada.
-¿Cuánto tiempo lleva así? - cortó James con voz inexpresiva.
-Em… mucho, no lo sé - dijo Lily asustada.
-Estírala en el suelo - ordenó fríamente su amigo - tenemos que despertarla.
La chica así lo hizo y se apartó un poco colocándose de rodillas junto a la cabeza de la castaña.
-James - dijo Sirius - deberíamos llevarla al castillo.
-No - contestó James tajante mientras acomodaba a Jean en el suelo - no hay tiempo, tiene que despertarse.
-¡Jean! - gritaba Lily agarrándole la cara entre sus manos - ¡Despierta!¡Jean!
-Grelot - llamó James mirando alrededor - ¿Dónde estás? ¡Grelot!
Sirius buscó pero la Kneazle no estaba allí con ellos. "¿Cuando la habían perdido de vista?" pensó.
-Voy a buscarla - dijo mirando a James.
Descendió del montículo intentando recordar cuándo la había visto por última vez y empezó a desandar el camino. Seguía oyendo las voces de James y Lily bien claras cuando vio saltando entre las raíces a Grelot seguida por el enorme guardabosques. Pero entonces oyó:
-¡¿PERO QUÉ HACES, POTTER?!
Y se giró justo para ver como, sobre el montículo, la mano de Lily abofeteaba la cara de James con fuerza. Sirius se quedó parado sin entender la situación, pero entonces una enorme mano le cayó sobre el hombro.
-Ya estoy aquí - dijo Hagrid - ¿Dónde están?
-Están allí - contestó señalando a sus amigos.
-Sirius - dijo Remus cuando Hagrid pasó por al lado de él - ¿Qué ha pasado? ¿Están bien?
Pero Sirius miraba a Grelot. El nombre resonó en su cabeza de nuevo y volvió a cruzar su mente el recuerdo de la celda tras la puerta grabada. El animal se había parado a su lado mirando hacía el montículo. Tenía el pelaje sucio y despeinado, y pese a que mantenía las orejas y la postura en alerta, su cuerpecito felino temblaba. Sirius se agachó a su lado y, muy despacio, agarró a la pobre Kneazle colocándola contra su pecho. Se cubrió bien con su túnica de invierno y esperó a que el semigigante volviera con sus amigos. Los tres Gryffindors le siguieron todo lo rápido que pudieron, pero Hagrid, que cargaba a Jean y a Lily sobre sus brazos, se movía tan rápido que al final lo perdieron de vista. Siguieron corriendo con Remus a la cabeza y finalmente llegaron al límite de los terrenos del castillo y de allí directos a la enfermería. Cuando llegaron, Madam Pomfrey ya estaba atendiendo a Jean bajo la atenta mirada de la profesora McGonagall que, al verlos llegar, dijo:
-¿Ustedes tres se encuentran bien? - preguntó mirándolos de arriba a abajo.
-Si profesora - se apresuró a decir Remus - solo algo sucios.
-Bien, vayan a darse un baño y espérenme en la sala común.
Sirius oyó como James cogía aire para replicar, pero su amigo castaño fue más rápido.
-Claro profesora, allí estaremos - dijo Remus educadamente tirando de James y Sirius hacia la salida.
Sirius aún llevaba a Grelot sobre su pecho y, cuando llegaron al dormitorio, no se lo pensó dos veces. Entró con ella al baño, puso el tapón del lavamanos y abrió el agua caliente. Cuando el agua llegó al rebosadero, cerró el grifo y separó al animalito de su pecho. Como Sirius esperaba, la Kneazle bajó de sus brazos y se sumergió en el agua caliente. La miró, y ella le devolvió la mirada. Esos ojos anaranjados eran idénticos a los de la Kneazle de su recuerdo.
-¿Eres tú? - preguntó Sirius sin despegar la mirada de ella.
En ese momento entraron James y Remus, ya desnudos, dispuestos a darse un buen baño. Se ducharon rápido mientras la Kneazle descansaba en el lavamanos y, cuando acabaron, James se le adelantó y secó a Grelot con un hechizo. Entonces Sirius pudo ver bien el pelaje color jengibre y las formas aleonadas. El animal era idéntico al de sus recuerdos de niño, tenía el mismo nombre, los mismos ojos… James cortó su hilo de pensamientos cuando la envió de nuevo con Jean. Le fastidió un poco, pero pudo seguir dándole vueltas a sus sospechas, ya que no surgió ninguna conversación entre los tres mientras se vestían ni cuando esperaron en la sala común. Cuando la profesora McGonagall entró por fin por el retrato, simplemente les dijo "Síganme" y, obedientes, fueron en silencio hasta su despacho.
-He tenido una interesante conversación con la señorita Evans y la señorita Potter - empezó la profesora en tono severo - me han contado todo lo sucedido. Me enorgullece que se hayan comportado representando claramente a su casa, pero de la valentía a la temeridad hay una diferencia que deberían aprender. - se aclaró la garganta - Temeridad es haber entrado en el bosque sin un mago adulto, sin conocimiento de que se podrían encontrar, ni de si serían capaces de afrontarlo. Deberían haber avisado a Hagrid o a cualquier otro profesor antes de internarse en el bosque, no después. - suspiró y les observó durante unos largos segundos - De todas formas, no ha pasado nada grave y han ayudado a sus compañeras. - hizo otra pausa en la que cruzó miradas severas con los tres - 5 puntos para cada uno, y 5 más para el señor Lupin por pedir ayuda. Espero que la próxima vez tengan más sensatez. Ahora váyanse a la cama, en silencio - ordenó tajantemente.
Los tres obedecieron alegres pero discretos y al llegar a la sala común Remus dijo:
-Vaya… pensaba que nos iba a castigar.
-Y que lo digas - contestó Sirius sintiéndose relajado al fin.
-Y además nos hemos ganado unos puntos - añadió James notablemente animado - ¿Vamos a las cocinas? Me muero de hambre.
-Será lo mejor - sentenció Sirius.
Y juntos volvieron a pasar por el retrato camino a las cocinas.
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Lily fue atendida por Madam Pomfrey después de Jean. Cuando comprobó que las dos estaban bien, le contaron lo sucedido a la profesora McGonagall, desde la biblioteca hasta la enfermería y, tras una cena ligera que les sirvieron los elfos, las dejaron descansar.
Lily se estiró en la cama y se tapó hasta la barbilla. Estaba agotada, pero su cabeza funcionaba sin descanso impidiéndole conciliar el sueño. "¿cómo pudo aparecerse?" pensaba una y otra vez. En la "Historia de Hogwarts" había leído que el castillo estaba protegido por poderosos hechizos entre los cuales había uno anti-aparición. "¿cómo lo había hecho?".
-Lil - susurró Jean desde su cama atrayendo su atención- ¿estás bien?
-Si. Solo cansada - le contestó susurrando -¿tú cómo te encuentras?
-Cansada también - dijo la castaña bostezando.
-¿Cómo… - empezó Lily dubitativa - ¿Cómo te apareciste?
Su amiga la observó inexpresiva. Parecía que quería pensar bien la respuesta antes de contestarle.
-Me asusté - dijo al fin Jean mirando al techo - Quería sacarte de allí. No se muy bien como lo hice.
-No te lo reprocho - le agradeció Lily - Podríamos haber muerto aplastadas por esa estantería. ¿Por qué se debió caer? No creo que se cayera sola.
-Seguro que los profesores averiguan que pasó. Quizás podríamos cambiar de sitio para estudiar.
-Hay aulas de estudio en la segunda planta, podríamos ir allí. - sugirió Lily.
-Vale - dijo poniéndose seria de nuevo - ¿Podrías... no decirle a nadie lo que ha pasado hoy? La profesora McGonagall es amiga de la familia y no me importa, pero no me gustaría que lo supiera más gente.
-Claro - le contestó poniéndose seria también - ¿Te había pasado antes?
-Un par de veces, cuando era muy pequeña.
-Tus hermanos lo saben, ¿no? - quiso confirmar - James ni siquiera preguntó cómo habíamos llegado allí.
-Si... - suspiró - Seguramente mañana querrán saber qué pasó. Y tendré que escribir a casa.
-Yo también - dijo Lily - pero creo que omitiré la parte del bosque. No quiero asustarlos.
-Bien pensado.
Lily despertó totalmente descansada, aquellas camas de la enfermería eran increíblemente cómodas. Miró a su izquierda y vio que Jean todavía estaba dormida. "Ayer hizo un gran esfuerzo" pensó. Madam Pomfrey no tardó en aparecer con un uniforme de cada una, colocó unos biombos tapando las camas, y le dijo a Lily que se podía vestir para ir a desayunar. Cuando estuvo vestida y se dispuso a despedirse de la medimaga, Remus, Sirius y Potter entraron por la puerta.
-Buenos días Lily - le saludo el chico castaño - ¿Cómo te encuentras?
-Buenos días chicos - contestó educadamente - Muy bien. Jean aún no se ha despertado - explicó señalando el biombo a su espalda - pero Madam Pomfrey dice que se está bien.
-Bien - dijo James - no tardará en despertarse entonces.
Lily se fijó entonces, en que el chico de gafas tenía un ligero cardenal en su mejilla izquierda, justo donde ella le había golpeado la noche anterior.
-Potter - empezó sin mirarle - disculpa por el golpe.
-¡Tch! - chasqueó la lengua Remus - No te preocupes, seguro que se lo buscó.
-No pasa nada - contestó James mirando al suelo - voy a despertar a Jean.
Cuando Jean también tuvo puesto el uniforme, fueron juntos a desayunar bastante animados pero, al sentarse en la mesa Penny le pasó un pergamino con apuntes de Astronomía.
-Pensaba que hoy no os vería - dijo la chica rubia - algunos decían que la estantería aquella os había dejado las piernas hechas puré.
-Ah… - intentó disimular Lily - En realidad no fue para tanto, jaja.
-Los profesores estuvieron toda la tarde llamando a alumnos a su despacho - añadió Ginger Lockhart - dicen que fue alguien de Slytherin, pero no han encontrado aún al culpable. ¿Vosotras no visteis quien fue?
-No - contestó Jean - Todo pasó muy rápido.
-El profesor Goldstein seguro que los atrapa - dijo Carolin Banks - ayer le vi hablando con Dumbledore durante toda la cena.
-La primera clase es con él - informó Lockhart - podríamos preguntarle.
-No creo que nos lo diga - opinó Banks.
Pero el profesor no se presentó en la clase. En su lugar estuvo la profesora McGonagall, que les indicó que paginas leer y les ayudó con el movimiento de varita para el hechizo protego.
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4 de marzo de 1972
Sirius despertó temprano con la energía bien cargada. Desde que había empezado a hacer oclumancia con el director Dumbledore dormía como un bebé y se levantaba con muchísima más energía. Pero había una idea que durante el día no conseguía quitarse de la cabeza. Grelot, la Kneazle de Jean. Le preguntó a James por ella, y este le explicó que siempre iba pegada a la túnica de su hermana. "Cuando es verano suele ir sobre sus hombros, pero en invierno, si no es por la noche, ni la ves." le había explicado. Se había planteado preguntarle directamente a Jean donde la había encontrado, pero no se atrevía. Sirius pensaba que debía de ser una casualidad que el nombre y el aspecto coincidieran, ya que recordaba perfectamente la explosión y era imposible que pudiera haber sobrevivido. Pero al mismo tiempo le picaba la curiosidad del "y si…".
Ese día jugaban Gryffindor contra Hufflepuff y, si querían tener alguna posibilidad de ganar la copa, los leones tenían que ganar con una puntuación elevada. Se notaba el nerviosismo de los jugadores dorados al salir al campo, pero se les fue pasando a medida que marcaban un tanto tras otro. "Tienen que conseguir alargar el partido" - decía James a su lado haciendo cálculos. "Necesitan 90 puntos más antes de atrapar la snitch para poder igualar a Ravenclaw, pero en realidad deberían hacer más para intentar obtener cierta ventaja". Finalmente Gryffindor ganó a Hufflepuff superando por 40 puntos a Ravenclaw en la puntuación general. La celebración fue más tranquila que otras veces ya que en realidad no habían logrado demasiada ventaja, y eso significaba que el próximo fin de semana Ravenclaw y Slytherin podían volver a adelantarles. Efectivamente así fue, y el equipo perdió la esperanza de poder ganar ese año.
Fueron pasando las semanas con tranquilidad.
James parecía haberse olvidado del tema del profesor Goldstein, ayudaba que hubiera dejado de ponerle trabajo extra a su hermana y también que las clases fueran más divertidas. Sirius, con el pasar de los días, también había dejado pasar el tema de Grelot. Cómo James le dijo, la Kneazle no se dejaba ver, y poco a poco la idea de que fuera la misma se le había ido olvidando.
Durante las vacaciones de Pascua se decidió, al fin, a enviar una carta a la señora Potter para que le dejara pasar unos días con ellos durante las vacaciones de verano. La respuesta tardó dos semanas en llegar y lo hizo en una carta de su madre.
"Sirius:
Hemos recibido una petición de la familia Potter a fin de que puedas visitarlos durante el verano. Hemos decidido que te quedaras con ellos todo el mes de agosto, siempre y cuando te comportes durante los eventos sociales programados para julio. Cualquier infracción en tu conducta provocará la retirada de dicho privilegio.
W. Black"
A partir de esa noticia el resto del curso fue un sueño para el joven Black.
Llegaron los exámenes y sacó muy buenas notas, aunque las mejores del curso fueron Lily y Jean, que desde el incidente del bosque se habían vuelto inseparables. El club funcionaba muy bien, aunque no conseguían encontrarle un nombre nuevo que les gustara a los tres.
Habían cumplido el objetivo de una broma al mes pero Filch cada vez era más difícil de eludir. Remus hizo cálculos y concluyó que era menos arriesgado preparar las bromas con antelación durante la noche, así que empezaron a trasnochar de vez en cuando.
Llegaron a la última semana de curso y la broma final se les estaba haciendo difícil. Habían planeado provocar una lluvia de sapos en el gran comedor y para ello necesitaban ir cada noche a cazar sapos y ranas por los terrenos. La segunda noche que salieron, Filch los pescó a la vuelta y los llevó con McGonagall. "Los he encontrado merodeando por el castillo". Por suerte solo les quitaron algunos puntos. Filch los pilló a la noche siguiente. "Ya es la segunda vez que les atrapo merodeando por el castillo fuera de hora profesora, creo que un buen castigo les ayudaría a aprender que las normas se tienen que respetar" alegó el hombre para conseguir que les castigaran. Pero la profesora McGonagall no lo aceptó. "Hoy irán al despacho del director, señor Filch. El castigo lo decidirá él". Sirius sabía que Dumbledore no era muy estricto, pero esa noche lo terminó de comprobar. Salieron del despacho con el "castigo" de ayudar a la profesora Sprout con la recolecta de raíz de sauco, actividad que resultó ser más entretenida de lo que se imaginaban, y además, como solo debía desenterrarse por la noche, tenían la excusa perfecta para volver tarde a la sala común. Aprovecharon los justificantes que les hacía la profesora para ir a buscar sapos y volver más tarde todavía. Filch ya no era un problema, ya que ante el pergamino firmado por Sprout no podía decirles nada.
La última noche que dormían en Hogwarts se dispusieron a preparar el encantamiento para la lluvia de sapos, pero pese a haberlo estudiado a fondo y haber practicado, no conseguían que les saliera. Cuanto tocaban las 3 de la madrugada se dieron por vencidos y James propuso pedirle ayuda a su hermana. Ella les había ayudado en alguna ocasión, pero era muy tarde y no podían entrar al cuarto de las chicas. A lo que Remus dijo:
-¿Y si vamos volando?
-¿A dónde? - preguntó James con derrota.
-A la torre de Gryffindor, a por Jean. - explicó el castaño.
Dicho y hecho, se colaron en el campo de quidditch para tomar prestadas tres escobas, y volaron hasta la ventana del dormitorio de las chicas de primero. James abrió la ventana y entró sigilosamente. Pasados pocos minutos, salieron los dos hermanos.
-No se puede - sentenció Jean cuando le mostraron los sapos y le explicaron el plan - Hogwarts está lleno de encantamientos para evitar esa clase de hechizos. Además, desde esa altura podrían lastimarse.
-No hacen daño, Herms - le insistió James - son blanditos.
-Me refería a los sapos, James - contestó ella con tono reprobatorio - a que los sapos se puedan hacer daño.
-Ah…
Los tres chicos resoplaron resignados, pero rápidamente sonrieron al oír a Jean decir:
-Aunque...si renuncias a que caigan del techo... tengo una idea.
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1 de Julio de 1972
Severus salió de su habitación algo deprimido. Ese año en Hogwarts había sido el mejor de su vida, y tener que volver a esa casa durante dos meses se le hacía muy duro.
-Snape - le llamó Lucius Malfoy desde un sofá de la sala común - acércate.
El chico rubio estaba sentado en una butaca flanqueado por Crabbe y Goyle. Severus se sentó en la butaca frente a él y escuchó atentamente lo que su prefecto les decía:
-Mi familia organiza cada verano una cacería por los terrenos de nuestra mansión - empezó con tono orgulloso - Y este año tendremos a un invitado muy especial, el cual nos ha pedido que invitemos a todas las familias sangre limpia que conozcamos. La cosa es que no conocemos a tu familia y no se si podemos invitaros o no. ¿Me podrías resolver la duda?
-Si, claro - empezó el chico poniendo todo su ahínco en controlar su nerviosismo - Mi familia es sangre limpia obviamente, pero mi padre murió y mi madre no sale mucho de casa. Aunque nos invitaran, que sería un gran honor, ella no querría asistir seguramente.
-¿Tú vendrías? - preguntó secamente Lucius.
-Por supuesto. - contestó sin pensar.
-Bien - sentenció el mayor poniéndose de pie - Aquí tienes la invitación. - dijo entregándole un pergamino con lacre dorado - Túnica de gala para la comida y de caza para la noche. Se puntual.
-Claro, gracias por la invitación.
Igual que salió de su habitación deprimido, salió de la sala común feliz como una perdiz. Le habían invitado a la mansión Malfoy, era el mayor honor que podía esperar, y también significaba que todo el esfuerzo que había hecho para ocultar la existencia de su padre no había sido en vano. Se sentía tan orgulloso de sí mismo, que ni siquiera la estúpida broma de las copas del desayuno convirtiéndose en sapos le pudo quitar el buen humor.
Lain 9.0
