¡Lumos!
¡Hola!
Free!
Volar significa libertad
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Capítulo Vigésimo Primero
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Zaki salió de la ensoñación que el atrapante mar les indujo y les recordó que les esperaba una película.
Antes de que salieran de la playa, una lechuza del Ministerio aterrizó frente al grupo. Makoto fue el primero en reaccionar, y para evitar atraer miradas, con rapidez retiró la carta. Leyó el sobre y se giró hacia ellos, preocupado. Rin le arrebató la carta.
Estimado señor Matsouka:
Hemos recibido la señal de su detector de magia, indicando que su persona realizó hechizos de anulación y domésticos en una zona habitada por muggles.
Como usted sabe, a los magos menores de edad no se les permite realizar conjuros fuera del recinto escolar, y reincidir en el uso de la magia podría acarrearle la expulsión del colegio (Decreto para la moderada limitación de la brujería en menores de edad, 1875, artículo tercero).
Asimismo, le recordamos que se considera falta grave realizar cualquier actividad mágica que entrañe un riesgo de ser advertida por miembros de la comunidad no mágica o muggles (Sección decimotercera de la Confederación Internacional del Estatuto del Secreto de los Brujos).
Atentamente,
Tatsuhisa Tachibana
Departamento contra el uso indebido de la magia
Ministerio de Magia
Al terminar de leer, Rin miró a Makoto:
—Tú sabías que esto sucedería.
—No lo sabía—dijo suavemente.
—¿Cómo iba a saber eso? Makoto no trabaja en el Ministerio de Magia—intervino Zaki, acostumbrada a defenderlo.
—Su padre sí… y ahora estoy sancionado. Si vuelvo a hacer magia fuera de Hogwarts antes de cumplir la mayoría de edad, romperán mi varita—gruñó Rin.
—No es justo—exclamó Nagisa—. Ni siquiera hay muggles cerca. Deberíamos mandar una carta apelando. ¿Podemos hablar con tu padre, Mako-chan?
—¿Y decir qué? —gruñó Rin—. ¿Qué fue Gou?
—No fue solo ella—murmuró Nagisa.
—Sería lo mismo. Magia en un lugar público. Simplemente, no volverá a pasar—dijo, más tranquilo, aunque solo aparentaba.
Nagisa volvió a resplandecer, preocupado, y dado que no sabían lo suficiente, hasta cabía la posibilidad de que tanta magia espontánea fuese considerada un uso indebido. Así que Rin debió respirar profundo, apretar los ojos y jurarle al niño que estaba bien y que en ese momento lo único que deseaba era ir al cine. Su aplomo logró tranquilizar a Nagisa, quien al sentirse en deuda, hizo un gran esfuerzo de autocontrol y lograron llegar a sus asientos en el cuarto oscuro, sin problemas.
—¿Quieres que te de la mano? —murmuró una voz.
Haru sintió una pesadez en su estómago. A veces le costaba razonar los motivos por los cuales Zaki y Gou siempre eran tan cariñosas con Makoto; ellas no escondían ninguna doble intención, solo eran así con él, porque Makoto solía devolverles el mismo cariño fraternal. No tenía ningún sentido que le molestara tanto. Pero, a veces, le molestaba.
Makoto, por supuesto, le dio la mano a Zaki, que estaba junto a él, y por el ruido que hicieron acomodando los botes con palomitas, los demás también se dieron la mano, formando una cadena; y fue entonces cuando Haru sintió otra mano sobre la suya. Miró a Rin, quien tenía la vista al frente, y sin moverse mucho aceptó el toque.
Escuchó unos ruiditos de emoción del otro lado, y pensó que debería darle la mano a Makoto, pero no concretó. El otro estaba muy emocionado viendo las imágenes aparecer en la gran pantalla que ni se acordaba de que Haru estaba junto a él.
Haru, que de paso estaba aprendiendo a maldecir, maldijo haber decidido mirar a Makoto justo en el momento que lo hizo, porque una luz más blanca de lo normal en una de las escenas de próximas películas lo hizo notar el apretón emocionado que Zaki y Makoto se estaban dando. Después de todo era la primera vez de Makoto en el cine, y estaba maravillado.
De pronto, Nagisa soltó un suspiro emocionado. Se levantó y muy rápido les pasó a todos por el frente, diciendo que quería sentarse al lado de Rin. Haru y Rin se soltaron las manos un momento, mientras Nagisa le susurraba algo a Rin; y después Rin volvió a sujetar la mano de Haru, y le dio un fuerte apretón. Haru respondió.
Normalmente, sabía qué hacer, las cosas para él se daban de una forma natural; pero en ese momento, Haru sintió que no estaba tan seguro de lo que estaba haciendo. Cerró los ojos; y como la película no era sobre el agua, ni la magia, no le importó. Se conformó con escuchar los murmullos emocionados de sus amigos. Para él era suficiente saber que sus amigos lo estaban pasando bien.
Al terminar la película, ya todos habían olvidado el incidente con el Departamento contra el Uso Indebido de la Magia; y lo único que les importaba era comentar la película y planear una próxima visita. Nagisa, Chigusa y Makoto estaban realmente muy emocionados y agradecidos de tener la oportunidad de disfrutar del cine muggle. Incluso, Rin y Zaki mencionaron que era algo que extrañaban cuando estaban en Hogwarts. Y Haru, hasta ese momento, fue consciente de que era su primera vez en un cine. Le gustaba más el Invernadero una mañana de primavera.
Se separaron con muchas promesas de repetir esa aventura y de visitar una tienda de deportes y un club acuático. Al parecer el mundo muggle les ofrecía mucho entretenimiento.
De camino a sus casas, Haru le pidió a Makoto que por favor no le contara a su madre sobre la carta que recibió Rin. Makoto lo miró ceñudo: "mi mamá ya lo sabe, mi padre firmó la carta".
—Déjame hablar a mí—negoció.
Justo como lo imaginó, en la entrada de la casa de Makoto estaba la señora Tachibana, esperándolos.
—¿Están bien? ¡Estoy tan preocupada!
—Sí, mamá.
—La hermana menor de Rin junto con dos amigos convocaron magia de gran nivel—explicó Haru, sin rodeos—. No fue su intención. Y… yo hace unos años, elaboré una varita y pensé que si Rin hacía un hechizo con ella no sería posible rastrearla.
La señora Tachibana guardó silencio. Por la expresión de su hijo, y por los años que tenía de conocer a Haru, sabía que no mentía; y recordó que nunca debía hablar de esos temas fuera de su casa.
—Vamos a tu casa, Haru-chan. Tu madre notó mi preocupación y se ofreció a cuidar de los gemelos.
Una vez en su casa, Makoto rápidamente se hizo cargo de la conversación con la madre de Haru, quien estaba maravillada de la experiencia no mágica que habían tenido y le encantaba la idea de repetirla. Mientras que Haru de manera más reservada habló con la señora Tachibana.
—¿Fabricaste una varita?
Haru se sorprendió de que esa fuera la pregunta; y justo en ese momento se dio cuenta de que no la llevaba. Rin no se la había devuelto. Temeroso de quedar como un mentiroso, al no tener la evidencia física, le contó todos los detalles de su fabricación.
La señora Tachibana se impresionó y lo felicitó por su gran habilidad. Haru sintió ganas de llorar, en su interior, porque su exterior no cambió. Consiguió el suficiente aplomo para agregar:
—Fue gracias a Makoto, él atrapó el bowtruckle y me dio el núcleo.
La mujer agradeció que reconociera el aporte de su hijo.
—En pago por tu confianza; te diré que la magia que realicen en lugares mágicos, como Hogsmeade, es muy difícil de rastrear.
Haruka asintió; y en un pestañeo sus vacaciones terminaron.
.o.o.O.
Cuarto año sería complejo, lleno de momentos trascendentales para la vida de Haruka, quien con 15 años ya había aceptado los cambios de su cuerpo, en su voz y en su forma de ver el mundo.
Sus padres no lo acompañaron a la Estación, así que mientras Makoto se despedía por enésima vez de sus hermanos pequeños, él decidió buscar un compartimento libre en el tren. Era el aniversario de la muerte de su abuela, y prefería un poco de solitud. Al poco tiempo, Zaki lo encontró y mientras la veía acomodar su bolso, pensó que si en el mundo hubiera una mujer en la que podría interesarse, sería ella.
La conocía desde hacía años, tenían gustos e intereses similares, era amable y, además, bonita; y como prueba de lo que él ya sabía: no le atraía. Y si no se sentía atraído por una chica como ella, no sentiría interés por ninguna.
—¿Dónde está Makoto?
—Con sus hermanos.
—Ah, me gustaría conocerlos—murmuró—. ¿Crees que me dé tiempo?
Haruka asintió; y estaba dispuesto a reflexionar sobre lo que opinaría su abuela si supiera que había una chica genial en su vida, que no le gustaba, pero se vio interrumpido por la intromisión de otra persona: un niño de cabello rojizo.
—Tú eres Haruka—y a Haru le gustó la desfachatez con la que habló—. Eres amigo de Gou-san. Así que viajaré aquí.
Nagisa, Zaki y Makoto se sorprendieron de encontrar a Momotarou Mikoshiba, segundo año de Gryffindor, hablando enérgicamente sobre insectos y a Haru como un apasionado escucha.
—¿Dónde está Gou? —preguntó el niño, en cuanto vio a los demás.
—Gou-kun siempre viaja con Yamazaki.
Momo saltó de su asiento y salió lo más rápido que pudo.
—Ah, nunca sabré qué es más fuerte si un Crisopo de Seis Piernas o un Crisopo de Cuerno Colorado.
—Haru-chan, a nadie le importa eso—murmuró Nagisa.
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La Ceremonia de Selección fue más ruidosa y larga de lo que Haru podía soportar. La Directora habló de un famoso Torneo del Mago que solía realizarse, pero que por la alta mortalidad de estudiantes no se volvería a repetir, pero que Hogwarts estaba encantando de recibir las delegaciones de los Colegios de Durmstrang y Beauxbatons, en una oportunidad de sana y amigable convivencia. Haru apenas se fijó en las personas de uniformes distintos que habían acomodado entre las cuatro mesas, para que conocieran sobre Hogwarts de la mano de sus estudiantes. Gracias al barullo que armaron algunas compañeras, prestó atención al aviso: dos bailes, uno para Navidad y otro en San Valentín.
Cuarto Año no era muy diferente a Tercer Año, pero Haru se sintió más cómodo, gracias al horario de Makoto, dado que al renunciar a Estudios Muggles ya no estaba taaan apretado. Sin embargo, el contacto directo con estudiantes de Quinto Año los hizo sentir una mínima dosis del estrés que empezaba a bullir en los que debían prepararse para sus TIMOS.
Nagisa estaba muy preocupado por Rin.
—No te tienes que preocupar por mi hermano—le dijo Kou, quien ni siquiera entendía por qué desde el primer día ya estaban preocupados, se veían tan ridículos como los de Sétimo Año que ya llevaban sus mochilas cargadas de libros—. Tiene excelentes calificaciones y es un gran mago.
—Me preocupa la carta del Ministerio—susurró Nagisa—. Mis hermanas dicen que el Ministerio se toma eso muy en serio y que hasta han hecho juicios.. algo similar y expulsarían a Rin de Hogwarts. Y desde que entramos, nos han castigado y si supieran TODO lo que hemos hecho…
—Lo que hemos hecho o hagamos en el Colegio, nada tiene que ver con el Ministerio de Magia—intervino Haru, solemne.
—Salvo que se trate de algo relacionado con el Lago—agregó Makoto, dubitativo—. El Ministerio vino el año pasado. Me preguntó cómo estarán sus habitantes.
—Podemos ir a verlas—sugirió Haru, con interés.
—Ya ves por qué me preocupo—murmuró Nagisa, y Gou asintió.
—Tal vez sí tengamos problemas.
—Tal vez sí buscan problemas—aclaró Chigusa.
Makoto se las ingenió para frustrar todos los planes para salir a los patios e ir al Lago; y al finalizar la primera semana de clases, Haru se preguntó si fue por qué de verdad tenían tantas cosas que hacer o porqué estaba evadiendo el lago a toda costa.
En todo caso, su tiempo empezó a ser absorbido por el inicio de la temporada de Quiddicth. El año pasado, Slytherin perdió el invicto de la Copa de las Casas contra Hufflepuff; y eso le costó el cargo al Capitán; así que con nuevos jugadores, Rin tuvo la oportunidad de participar en una prueba de ingreso justa, la cual superó y volvió a tener su puesto de Guardián.
El primer partido de la temporada, enfrentó a Nagisa y Kou contra Rin. Haruka estaba emocionado de que Rin volviera a jugar, lo apoyó con ganas y se sintió orgulloso de su trabajo: fue determinante para la victoria. Sin embargo, su actitud al finalizar el partido fue cruel. Les dijo a Nagisa y a Kou que habían perdido porque no eran lo suficientemente fuertes.
Con esa frase, dicha justamente delante del Capitán de Gryffindor, la estrategia de dos Bateadores pequeños y ágiles fue puesta en duda.
Después de eso, Nagisa atosigó a Haru para que creara una poción multijugos o algo que lo hiciera tan musculoso como Yamazaki. Pero antes de que Haru cediera a la presión, dejó de verlo tan seguido. Al estilo de Gou, o sea muggle, los dos habían empezado a entrenar para obtener más musculatura.
En el siguiente partido, entre Hufflepuff y Ravenclaw Haruka fue consciente de algo: Natsuya Kirishima y Nao Serisawa ya no estaban en Hogwarts. No lo notó por la ausencia de Natsuya en las conocidas estrategias de los cazadores, sino en el vuelo errático y terrible de Ikuya.
Ravenclaw perdió. Y fue histórico. Un periodista hasta redactó una nota y la publicó en la revista de Quidditch más leída del país.
Cuando Haruka atrapó la Snitch, Ravenclaw obtuvo 160 puntos y perdió contra los 190 puntos que a punta de Quaffle, Hufflepuff ganó. La capitana agradeció que la humillación terminara.
El buscador de Hufflepuff aterrizó cerca de él y le contó que el nuevo cazador: Hiyori Toono, había pasado todo el verano entrenando con Nao y Natsuya, preparándose para formar equipo con Makoto y Zaki. Haru admitió que el esfuerzo rindió excelentes resultados.
—Tengo que preguntarte algo—le dijo el buscador, mirándolo con detenimiento. Era increíble que después de un partido tan intenso, Haruka pareciera que acaba de salir de una ducha, fresco como una lechuga—Como rival—agregó, Haru se tensó un poco. No quería otro rival—. ¿Estuviste mirando a Zaki?
—¿Qué?
—Tuve varias oportunidades de atrapar la Snitch... pero eso nunca sucede si enfrentamos a Ravenclaw... entonces noté que no les quitabas los ojos de encima a los Cazadores... y nunca les prestas atención.
—¿Me dejaste atrapar la snitch? —preguntó Haru, atormentado.
El Buscador lo miró desafiante y contraatacó:
—¿Estabas mirando a Zaki?
Haruka respondió al contacto visual con la misma intensidad. Pero el muchacho, poco acostumbrado a ser raro, se rindió.
—Lo hice porque por primera vez desde que te conozco me pareciste humano...
—¿Qué quiere decir eso?
—… Hoy no parecías perfecto, sino como un chico enamorado.
—No la estaba viendo.
—Como sea. Estoy seguro de que Zaki aceptaría ir contigo al Baile.
El retraso salvó a Haruka de la muchedumbre; en especial, no quería escuchar las quejas de su casa por tremenda derrota; y como solía hacer se reunió con Nagisa y Gou al salir del estadio. Los dos comentaron muy enérgicos sobre el mejor partido en la historia; y al mismo tiempo el peor partido. Ravenclaw dio vergüenza.
—Haru, tardaste dos horas en atrapar la snitch. Hasta parecía que el Buscador de Hufflepuff no se esforzaba para que los cazadores anotaran más.
Haruka agradeció que no hubiesen notado que se pasó todo el rato mirando a Makoto volar.
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Se acercaba la fecha del Baile de Navidad y aumentaban las risitas tontas y miradas curiosas, en clases, en los pasillos, en la Sala Común; en todas partes multiplicado por tres, puesto que tenían invitados de otros colegios. Los profesores eran menos estrictos con las muestras de afecto, lo cual ocasionaba que muchas parejas aprovecharan esa noche de breve libertad. Además, implicaba usar ropas costosas y poco usuales, que a gusto de Haruka deberían ser de uso diario.
Por suerte, la señora Tachibana era una mujer sabia que conocía los atractivos de Makoto y Haruka, y les envío unas túnicas muy favorecedoras. La de Haru llamó la atención por su calidad; le explicaron que era realmente costosa. Se sintió algo indispuesto por no saber cuáles eran las tiendas lujosas del mundo mágico; pero realmente sintió pesadez cuando en otro paquete vio una cámara fotográfica y un mensaje de su madre: Envíanos una foto. Por supuesto, la señora Tachibana habría recurrido a su madre por el dinero. Ah, cuánto habría preferido llevar algo usado, con tal de que su madre no se diera cuenta de que asistiría a otro baile.
Discretamente, guardó la cámara bajo su almohada, y lo sintió como un placer culposo: aunque odiaba la idea de que alguno de sus compañeros lo vieran con un artefacto muggle, se la obsequiaría a Makoto. Agradeció la idea de habérsela dado cuando se metió a la cama, en su dormitorio, pues así necesariamente debía ser silencioso.
—Podría hablar con mi profesor de Estudios Muggles para poder usarla aquí.
—Ex profesor.
Makoto no respondió, pero siguió mirando con detenimiento por el agujero, con un ojo cerrado, imaginándose cómo atrapar momentos que nunca tendrían movimiento. Haruka aprovechó para mirarle, sin pena, los labios.
—En las vacaciones te puedo tomar unas fotos en tu casa, Haru-chan—dijo de pronto, girándose y sorprendiéndolo.
Haruka solo se ruborizó y le dio la espalda.
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—¿Zaki, irás con Haru-chan al Baile? —preguntó Nagisa.
—Oh, me encantaría ir con Haru. Pero Rin me pidió y le dije que sí.
—Si vas con Rin-rin, ¿con quién irá Haru-chan?
—Iré con Kisumi.
—Haruuu—se quejó Nagisa—. No puedes ir con otro hombre, tiene que ser una chica.
—Se refiere a Luz y Victoria, unas compañeras de curso mías y de Kisumi—elucubró Ikuya.
—Haru-chan, esta vez disfrutaremos el baile, así que tendrás que bailar con ella.
—¿Con quién irás? —aventuró, sabiendo que Nagisa no se perdería el baile por nada del mundo y que debía tomarse muy en serio su pareja.
—Aun no lo sé. Invité a Chigusa, y dijo que no.
—Chigusa irá con Makoto—aclaró Gou. Makoto asintió apenado. Ante la mirada de incredulidad de Nagisa y Haru, agregó—¿Qué? Chigusa y yo queremos ir. Sousuke me llevará a mí, y Makoto llevará a Chigusa.
—¡Yo pude haber ido con Chigusa, si de eso se trata!
—No confío en esas chicas que quieren salir con Makoto, siempre le andan tocando, así que estará bien con Chigusa—justificó Gou, con mucha confianza para ser tan joven. Makoto seguía muy rojo.
—¿Siempre? —recalcó Haruka, él no recordaba ninguna mujer cerca de Makoto.
—Cuando tú no estás, Haru—dijo Gou sin prestarle atención—. Yo llevaré un vestido turquesa, para combinar con los ojos de Sousuke; y Chigusa llevará uno jade, por los ojos de Makoto. Sería genial que Zaki lleve un vestido rojo.
—No llevaré un vestido rojo—dijo ella apenada.
—¡Rojo! Sería muy sexy. Yo también quiero llevar una túnica roja.
—Será azul—interrumpió Haruka.
—Aun no lo escojo, pero me gustan mis opciones azules—afirmó ella y agradeció que Haruka la rescatara de Gou, realmente, a veces envidiaba lo segura y aventada que era la pelirroja.
El Baile de Navidad llegó. Haruka no prestó atención al baile de inicio, que fue bastante largo porque estaba dedicado a los colegios invitados, y esperó con impaciencia poder reunirse con el resto de sus amigos. Sin embargo, todos estaban ocupados con sus respectivas parejas, en la pista. Menos Nagisa, que estaba a punto de llorar.
—Haru-chan, rescátame—chilló Nagisa, pero no pudo acercarse a él, porque una chica de Slytherin lo tomó de la mano y lo arrastró a su mesa, donde lo obligó a sentarse firme y participar de la conversación con otros Slytherins, y delegados de los colegios invitados.
Así que Haruka debió aceptar que su única compañía sería Kisumi.
—Te preguntarás por qué lo hago—empezó a hablar Kisumi. Haruka dijo que no, pero fue ignorado—. Podría salir con otras chicas, pero realmente, eso lo tengo todos los días, en cambio esas chicas solo tienen hoy para ponerse así de guapas, para la otra.
—Eso no tiene sentido—apuntó Haruka—. Somos su coartada, solo porque no quieren admitirlo en público.
Kisumi pensó en replicar con un "no es tan fácil como crees", pero disparó:
—Deberías agradecerles, también son tu coartada.
—Supongo… pero la "coartada" de Makoto parece que no entiende de qué se trata—dijo sin pensar.
Kisumi se rio. En ese momento, Makoto bailaba y reía con Gou y Chigusa, pues Sousuke ya se había retirado.
—Parece que ahora será el turno de Sou de mirar refunfuñando y desde la distancia la felicidad de Rin—apuntó Kisumi, con certeza.
Y aunque Haru no quería, se fijó en Sousuke, quien efectivamente veía a Zaki, casi de la misma manera en que lo veía a él. Se sintió algo mejor de saber que no era la única persona que sufría el resentimiento de Yamazaki.
Pasaron un par de canciones más, y las energéticas Gou y Chigusa por fin se cansaron. Ikuya también dejó a su pareja y se sentó con ellos a tomar ponche de huevo.
—Pobre, Nagisa—murmuró Makoto—. Tenía muchas ganas del baile, y no creo que su hermana lo deje salir de ahí.
En la esquina más retirada del salón, en un espacio elevado, estaba Nagisa con sus hermanas. Parecían elegantes estatuas, poderosos magos y hechiceras, de otras épocas. Muy diferentes a los sudados y acalorados Makoto e Ikuya.
Se distrajeron con una partida de póker mágico, Makoto y Haruka perdían increíblemente rápido: los dos siendo capaces de adivinar la baraja que el otro tenía. Así que se retiraron.
—¿Ya tienes edad para los bailes? —preguntó Haruka a Makoto, en voz baja.
—Supongo. La estoy pasando bien.
—¿Quieres bailar más?
—¿Me estás invitando, Haru-chan?
Haruka arrugó la nariz.
—Chigusa se está quitando los zapatos.
La boca de Makoto se redondeó.
—Debería quitármelos también.
—Kisumi puede ser la pareja de Chigusa—elucubró Haruka, su corazón a mil por poner en práctica un plan que implicaba el consentimiento de otras personas—. Nunca ha bailado con una chica, por acompañar a Luz y Victoria.
—Oh, le diré a Chigusa.
Haruka se sintió bien al ver el rostro sorprendido y ruborizado de Kisumi cuando una bonita muchacha de vestido color jade se le plantó delante y lo llevó a la pista de baile.
Makoto también sonrió, y decidieron probar los bocadillos que habían servido; y sin ellos moverse, a su mesa, empezaron a llegar sus amigos, compartían un rato y después se iban y volvían a regresar, cambiando de temas de conversación, como cambiaba la música.
Casi al finalizar el Baile, Nagisa se unió a ellos.
—Por fin pude escapar de sus garras—gimió Nagisa—. No puedo creer que mi hermana me haya hecho esto. Arruinó por completo mi primer baile. Ha sido mi peor noche.
—Puedes bailar, la banda sigue tomando.
—Mi hermana dice que si bailo, le dirá a mis padres que sigo jugando Quidditch. Mis padres quieren que deje el Quidditch… pero… ellas no han dicho nada, así que tengo que obedecerlas para que guarden el secreto. Si tan solo pudiera ir a la Sala de los Menesteres.
—¿Sala de los Menesteres? —repitió Kisumi, frunciendo el ceño.
—Sí, la descubrimos el año pasado. Está en el sétimo piso. Podemos hacer lo que sea en ella—dijo Nagisa—. Deberíamos ir.
—Nadie irá a la Sala de los Menesteres—intervino Rin, acercándose por primera vez al grupo—. Al terminar iremos a nuestras salas comunes. Nagisa podrá disfrutar de un baile cuando sus hermanas ya no estén en el colegio.
—O sea hasta sétimo año—gimió Nagisa.
—¿Escuché bien que descubrieron la Sala de los Menesteres? Tienen que contarme esa historia.
—Yo tampoco sabía—gruñó Gou.
Las preguntas curiosas entretuvieron a Nagisa, quien logró olvidarse de su mala noche. Al finalizar el baile y los profesores pedirles que se retiraran, Rin se giró a Makoto.
—Acompañaré a Zaki hasta su sala común, y deberías venir con nosotros. Después se giró hacia Haru—¿Te quedarás estas vacaciones aquí?
Haru negó, pensando que eran las primeras palabras que Rin le dirigía en un buen tiempo. Arrugó la nariz, pensando que Quinto Año era una porquería.
—Yo sí, quiero mostrarles algunos lugares a unos chicos de Durmstrang… y pensé que sería genial que nos acompañaras, pero bueno… nos vemos.
—Buenas madrugadas—gritó Nagisa, feliz.
.O.o.o.
En el partido de Gryffindor contra Hufflepuff, Gou estuvo en el suelo, sentada en una banca, sin su uniforme y con su agenda en las manos. No se le veía triste, compartía palabras con todos sus compañeros, se lamentaba de las malas jugadas y celebraba las buenas. Sin embargo, para Haruka era innatural.
—Después de la derrota contra Slytherin, cambiaron su estrategia—le informó Kisumi que tenía esa habilidad para notar lo que llamaba su atención—. Matsouka es muy joven y pequeña para ser bateadora.
—Pero es excelente—La defendió Ikuya, que incluso prefería ver el suelo que a Toono jugando como su hermano.
Kisumi se alzó de hombros.
—No ves muchas chicas como ella, en esa posición; y tener dos bateadores pequeños es muy arriesgado. No quieren otra derrota.
—Igual perderán—rumió Ikuya. Y Haruka le dio la razón. Hufflepuff era un equipo consolidado, gracias a sus tres cazadores. En todo caso, los dos chicos se sintieron más tranquilos cuando Gou les aseguró que estaba muy emocionada tomando notas como entrenadora y habían pactado que en el próximo partido, ella jugaría.
En el partido, entre Slytherin y Ravenclaw, Rin no jugó. Según les informó Gou, justo ese día había salido del colegio con unos amigos de Durmstrang para visitar una Biblioteca Mágica.
Haruka, por primera vez, tenía pereza de un juego. Los entrenamientos habían sido extenuantes, pero no le importaba el exceso físico, sino el cansancio mental. Ikuya volaba mal. Se exigía de más en los entrenamientos, como si su vida dependiera de ello. Haruka podía ver que volaba con furia, y a veces le parecía sentir ondas de esa ira.
Sabía lo que tenía qué hacer. Atrapar la snitch lo más rápido que podía. Nada de giros, ni de sobrevolar libremente el campo. Volar rápido y ya, para evitar otra derrota aplastante y que Ikuya cruzara sus límites.
Además, estaba Sousuke. No eran muchos sus encuentros con Sousuke, pero al salir al campo se cruzaron, unos segundos, los suficientes para que Haruka se sintiera amedrentado por él. Tenía un mal presentimiento. Entre los gritos de sus compañeros, la apatía notable de Ikuya y la ausencia de Rin se sentía demasiado abatido: le angustiaba que Rin se perdiera los juegos importantes. Así no era el Quidditch.
A los diez minutos de iniciado el juego, divisó la Snitch y se lanzó en picada. Sousuke tras él.
La diferencia entre el vuelo de los dos mejores buscadores del Colegio era que Haru estaba dispuesto a soltarse de su escoba; y así lo hizo. Se dejó caer, hasta que su propio peso le hizo alcanzar la snitch, que apretó fuertemente en su mano, mientras soltaba del todo la escoba y caía.
Sabía que se estrellaría y pensaba felicitarse por su hazaña antes de perder la conciencia, pero sintió un jalón, la mano de Sousuke fuertemente aferrada a su capa, y en un segundo ya se estaba acomodando otra vez en su escoba, que el mismo Sousuke le sostenía.
—¿Estás loco? ¿Te quieres matar? —le gruñó realmente molesto, Haruka lo miró sin comprender por qué se preocupaba. Ante tal desfachatez, Sousuke gimió realmente frustrado—. Eres demasiado imprudente. Por eso odio que seas amigo de Rin.
Haruka no tuvo tiempo de contestar ni de asimilar los quince gestos de preocupación, miedo, frustración que le vio a Sousuke en el rostro en un minuto, porque sus compañeros empezaron a festejar.
La profesora de vuelo lo riñó por la jugada peligrosa y le dijo que debía agradecer que Yamazaki sí tuviera las prioridades claras. En Ravenclaw, a nadie le importó: su prioridad era ganar.
Antes de entrar a sus camerinos, Haruka miró hacia Slytherin; vio a Sousuke frotándose el hombro y a Nitori, el otro amigo de Rin, ofreciéndole una pomada. No pudo evitar unir ese dolor con la maniobra que debió hacer para sostenerlo.
—Gracias, Haru—le dijo Ikuya—. Fue…
—Imprudente—murmuró Haru.
—Arriesgado, iba a decir. Pero lo agradezco. Sin embargo, si lo hiciste por mí—Lo miró seriamente—. No quiero que vuelvas a hacer algo así por mí.
—Lo hice por mí. Todos creen que en el juego anterior pasé dos horas viendo volar a Zaki.
Una muy pequeña sonrisa se formó en el rostro de Ikuya.
—Vamos, Makoto querrá regañarte.
En cuanto Nagisa los vio, empezó a chillar emocionado.
—Si no fuera por Yamazaki, estaríamos camino a la enfermería—interrumpió Makoto, y por la fina capa de sudor que aun le perlaba el rostro, Haruka vio lo muy preocupado que estuvo.
—Ni me di cuenta—admitió—. Solo me dejé llevar—Makoto sonrió y a Haru le gustó.
Slytherin siempre jugaba a ganar, y aunque en este Torneo ya Hufflepuff tenía la Copa asegurada, Slytherin se comportó como si se tratara de una final: lo estaban dando todo. Yamazaki volaba ágilmente, atosigando al Buscador de Hufflepuff, Rin era muy eficiente en sus tapadas y pases; pero los demás jugadores a lo que se dedicaban era a cometer 300 de las 700 faltas que existían en el Quidditch.
Ya llevaban casi dos horas de juego; atropellado, por tantas interrupciones, la árbitro estaba cansada de pitar y los comentaristas se tiraban de los pelos a cada rato. Y, por si fuera poco, llovía. Algunos estudiantes se retiraron, y Haru admitió que sintió ganas de irse. El Quidditch no era para afectar a los otros jugadores y causar interrupciones. El Quiddicth debía ser fluido.
Y como consecuencia lógica del juego tan agresivo, ocurrió una caída. Uno de los jugadores involucrados era Makoto. Los otros: cazadores de Slytherin aun más grandes que él. Primero, se golpearon con el aro izquierdo y después, perdieron las escobas. Y lo peor es que las bludgers iban hacia ellos.
La profesora de vuelo, y los jugadores que estaban cerca se lanzaron tras ellos, esperando alcanzarlos. La profesora gritaba hechizos de levitación, pero fue golpeada por dos de las escobas que salieron disparadas; y si no fuera por los otros jugadores que iban tras ella también habría caído.
Los gritos provenían de todas las graderías. Los profesores tiraban encantamientos y se aparecían en el campo de juego, pero la lluvia era tan fuerte y todo sucedió tan rápido, que nada se pudo hacer.
Kisumi logró acercarse a Haruka, entre la gente que se apiñaba contra las barandas, y lo jaloneó, para llevarlo a la enfermería. Haruka forcejeó para quedarse, pero cuando vio a la enfermera correr hacia los tres jugadores caídos, entendió que la única forma de saber cómo estaba Makoto era saliendo de ahí.
Afuera de la enfermería se toparon con Rin, que estaba empapado y sucio, e ignoraba las quejas de los jugadores de Hufflepuff que reclamaban. Zaki parecía una fiera a punto de estallar y veía a Rin tan furiosamente que Haruka se preocupó más por Rin que por Makoto.
El profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas logró separarlos y alejarlos de la enfermería. Y como tenía afinidad con Haruka, discretamente lo dejó ingresar. Haru recordó estuvo en la enfermería de su escuela y Makoto lo había visitado: lo molesto que estaba Makoto, por su imprudencia. Pero en este caso, Makoto no había sido imprudente, había sufrido un accidente…
Los dos estudiantes de Slytherin se quejaban del sabor de la poción Crece Huesos; mientras que Makoto lucía calmado. Tan calmado que Haruka supo que estaba bajo el efecto de un poderoso hechizo.
—Directora—Habló Haruka, con la voz más fuerte que pudo—. No puede darle poción Crece Huesos a Makoto.
La enfermera terminó de servir el vaso y miró a la directora expectante.
—Es alérgico—explicó ella—. Tendremos que llamar a su madre y trasladarlo a San Mungo. No tenemos mucho tiempo, así que lo mejor será dormirlo—. La enfermera asintió y preparó otro brebaje—. Te puedes quedar con él, Nanase.
Haruka salió de la enfermería cuando los enfermeros de San Mungo se llevaron a Makoto. El muchacho parecía dormido plácidamente, así que seguro de que estaba en las mejores manos, se había dedicado a mirar ceñudamente a los dos estudiantes de Slytherin, quienes francamente se asustaron cuando llegaron por Makoto: Pensaron que lo habían dañado tan gravemente que tenían que trasladarlo al Hospital. Rumor que se disparó por todo el colegio, y el lunes a primera hora cientos de lechuzas aterrizaron en la mesa de los profesores con cartas de padres preocupados por la seguridad de sus hijos en el Quidditch. Ninguna era de los Tachibana.
Las noticias que Haruka consiguió de Makoto, vinieron de Rin. Se encontraron en la lechucería. Rin llevaba un montón de sobres, de los que parecía sentirse muy orgulloso, Haruka le había escrito una carta a la madre de Makoto, preguntándole por quinta vez, en esa semana, sobre el estado de su hijo.
Al ver la destinataria de las cartas, Rin le dijo para animarlo:
—Sou dice que Makoto está bien.
—¿Cómo es que Yamazaki tiene noticias de Makoto?
Rin se rio ante el tono.
—Se encontraron en San Mungo… o como me dijo Sou, Makoto saltó sobre él para preguntarle cómo estabas. Sou no estaba nada contento de contarle cosas de ti, pero dice que se sintió conmovido por Makoto. En el fondo, es suavecito.
—¿Yamazaki estaba en San Mungo? —Si Rin pudiera interpretar mejor los comportamientos de Haru, habría entendido todo el esfuerzo que hacía para esconder su preocupación de que efectivamente haber sido salvado por Yamazaki le causó daño. Haruka se sintió fatal.
—A veces va… Oye, Haru, tengo algo que contarte. Me iré de Hogwarts.
Haru pestañeó. Rin volvió a ojear una de las tantas cartas que llevaba, y después lo miró intensamente.
—He estado saliendo con unos chicos de Durmstrang. También juegan Quidditch. Y pienso ir a estudiar con ellos.
Haruka definitivamente no estaba entendiendo. ¿Cómo se atrevía a decirle eso así? Haruka tembló levemente, al recordar cuando se despidió de Rin en la estación de trenes… ¿Era otra despedida?
—Esta oportunidad es increíble. Me tuve que esforzar mucho—Haruka entendió que ese año no habían compartido tiempo con Rin, no porque estuviera estudiando por sus TIMO, sino para ingresar a otro colegio, en otro país.
—No entiendo. Aquí estamos todos juntos. ¿Por qué otro colegio?
—Quiero ser el mejor. Estoy seguro de que por este camino es como lo conseguiré. Obviamente, seguiré escribiéndote y espero que también juegues profesionalmente. ¿Te gustaría?
—Mm, no sé.
—Ah, yo sé que sí. Es más, también podrías venir. Durmstrang te aceptaría.
—Mucha pereza.
—Sabía que dirías eso... pero yo podría ayudarte con el papeleo. Tengo experiencia en eso. No es la primera vez que me cambió de escuela.
—¿Y Makoto?—pensó Haru, pero no lo dijo, y mejor—. Mucha pereza.
—Piénsalo. No le digas a nadie todavía, no quiero que Gou se entere y preocupe a mi madre.
Haruka asintió, con pesadez. Sentía un mal presentimiento. Rin le sonrió. Pero Haruka no tenía ganas.
.O.o.O.
Makoto regresó a clases una semana después con un yeso en espiga, rodeándole el tronco, el hombro, el brazo y mano. Al ser alérgico a un ingrediente de la poción Crece Huesos, en el Hospital de Magos se les ocurrió realizarle un tratamiento no mágico, patrocinado por un nacido de muggles cuya familia tenía generaciones de ser ortopedistas.
Y al verlo, Haruka se sintió mal.
—¿Cómo usarás la varita?
—Tendré que usar la mano izquierda.
—Debemos usar la mano dominante.
—Oh, me explicaron que eso es solo cuando estamos aprendiendo, que no importa la mano con la que se sostiene la varita.
—Estamos aprendiendo—refutó Haru—. Ni siquiera podrás escribir las tareas de historia, ni cortar bulbos en Herbología...
Efectivamente, las clases se complicaron para Makoto; y también su vida social. Para los nacidos de familias de mago, Makoto fue una gran novedad: las alergias a determinados ingredientes eran comunes en algunos magos, y al menos todas las familias tenían una historia divertida al respecto. Sin embargo, para los nacidos de muggles, fue algo espeluznante que hubiera cosas que debían atenderse con medicina muggle, y de pronto se empezó a oír en los pasillos que Makoto odiaba la magia y que por eso se había negado al tratamiento con magia; y más: Que Makoto en realidad era un squib y por eso no podían curarlo con magia.
Por supuesto, su participación en el equipo de Quidditch se terminó y para pesar de Haruka, dormir con Makoto se volvió demasiado incómodo para los dos. Y mientras Haruka trataba de encontrar una posición en la que no sintiera que podía lastimarle, Makoto le contó que la Directora decidió que debía descansar en su casa.
—Serán solo diez días.
—Catorce.
—Los fines de semana no cuentan.
—Sí cuentan—gruñó, pues tenían planeado una visita a Hogsmeade. Makoto no replicó porque le daba pesar perdérsela.
—Mamá tiene una poción especial, pero no ha sido aprobado por la Comisión Médica... Así que no quiere dármela.
—Si fuera segura, ya te la habría dado.
—Esto es muy molesto.
—No te caigas de la escoba, entonces.
—No fue por gusto, Haru. El Quiddicth es peligroso.
Lamentablemente, para Haruka, Makoto ya no pudo regresar al Colegio, sino que rindió sus exámenes finales desde su casa.
.O.o.O.
El último día de clases, Haruka por primera vez conoció al elfo doméstico que hacía sus maletas, pensó que Makoto estaría muy orgulloso de él. Le dijo que Makoto siempre hacía su bául y que lo bajaban juntos. El elfo le dijo que ante la ausencia del señor Tachibana que le permitiera a él encargarse de su baúl, Haruka asintió y bajó con los demás.
El muchacho de Ravenclaw de las gafas rojas, lo interceptó y le tendió una bolsa de yute:
—He notado que su amigo es quien consigue las manzanas para los Threstal de las carrozas, y como no está, pensé que las necesitaría.
—Gracias—murmuró Haru.
También agradeció que los estudiantes se apresuraran para ingresar a las carrozas, ahora conscientes de que las tiraban unos caballos alados. Cuando terminó de dar la última manzana, escuchó la voz de Rin tras él:
—No regresaré a Hogwarts. Haruka no dijo nada. En el fondo, le parecía disparatado. Y no creía justo que se comparara con lo que él había hecho en primer año: en aquel entonces, no tenía ni idea de lo que significaba Hogwarts, ni era el lugar donde estaban todos sus amigos.
—Sigue en pie lo que te dije… Podrías venir. En Durmstrang no hay separación por casas.
—Sí por nacimiento.
—Durmstrang separa por capacidad. Estoy seguro que estás casi a mi nivel en la mayoría de los cursos—. Antes de que Haru dijera algo más, Rin agregó—. -Si no vienes conmigo, no volverás a verme.
A Haru no le molestó la insistencia; entendía que Rin tuviera miedo, y quería apoyarlo.
—Seguimos siendo amigos. No importa dónde estés.
—No. Solo seré tu amigo si vienes conmigo.
—Eso es una estupidez.
—No, la estupidez es que en cinco años no hemos podido hacer lo que queríamos hacer, en este estúpido colegio. Y la verdad es que con la experiencia en Drumstrang podríamos entrar a la selección nacional de Quidditch.
—Eso no me interesa—murmuró Haruka.
—Por supuesto que te interesa, es la única forma para volar por siempre. En el fondo es lo que quieres.
—Tengo 15 años, no sé qué quiero.
—No te puedes escudar con eso. Sabes que quieres volar conmigo, sabes que quieres llegar a un equipo profesional, que quieres…
—Eso es lo que tú quieres.
—No volveré a hablarte—sentenció Rin.
Continuará...
Gracias por leer.
Estoy pensando seriamente en continuar esta historia en A03.
Pero quiero agradecer de todo corazón a las personas que se atreven a leer esto. Son geniales.
