La chica de rojo
Kaito se llevó a los labios su tasa de café con tranquilidad mientras leía con orgullo las noticias de la noche anterior donde se describía con exito el robo de Kid.
-Pobre Inspector- pensó con diversión al recordar al bigotudo hombre persiguiéndolo sin tranzar – Si tan solo supiera- comentó enigmáticamente caminando pausadamente.
Con un disimulado bostezo se dirigió al ascensor que lo llevaría a su trabajo- ¿por qué sigo haciendo esto? Con un trabajo es más que suficiente- pensó con cansancio al recordar sus adoloridos músculos que le pedían con urgencia volver a la cama.
-¡Pare el ascensor por favor!- una suave voz lo sacó de sus cavilaciones. Siendo el caballero que era, detuvo las puertas del ascensor para que la chica subiese junto a él- ¡Muchas gracias! – le sonrió con entusiasmo.
Kaito abrió desmesuradamente sus ojos al verla sonreír - Que bonita es- rara vez una chica hacia que el mago se voltease, pero por extraña razón esta castaña de ojos azules le atrajo desde el momento que atravesó la puerta. Vio de reojo a la despampanante chica vestida con un ajustado vestido rojo abotonado y esas largar piernas que terminaban en tacones del mismo color. Por su parte, la mujer miraba al frente con inocencia, ignorando por completo el escrutinio de su compañero.
Entusiasmado y procurando disimular su interés, se aclaró la garganta antes de contestar- No es necesario agradecer- sonrió con galantería. La castaña se volteó con una sonrisa amable e inclinó su cabeza con cortesía antes de volver a su posición.
El mago, acostumbrado a que las mujeres a su alrededor cayesen con facilidad por sus encantos, se extrañó al no ver un mínimo de interés por parte de ella.
-Vaya, un nuevo desafío – se lamió los labios como un gato - ¿Por qué no intentarlo?
-Soy Kuroba Kaito- se presentó con energía haciendo aparecer una rosa roja- Un placer conocerte- La ojiazul volvió a concentrar su atención en el joven antes de aceptar con una radiante sonrisa la flor.
-¿Kuroba?- Finalmente preguntó alzando una ceja curiosa. El joven mago extrañado por su inquisición asintió- Eres el nuevo integrante de la fuerza policial antirrobos ¿No es verdad? – preguntó con alegría.
-Así es – afirmó desconcertado por su extraña alegría- ¿Nos conocemos?
-Lo siento, pero no- se carcajeó con suavidad mientras olía el dulce aroma de la flor - Pero he escuchado mucho de ti- Reconoció con simpatía- El mago mitad policía que no deja de hacerle travesuras a sus compañeros- Kaito se sonrojó con suavidad al sentir esos hermosos ojos azules analizarlo de pies a cabeza.
- ¿Decepcionada? – preguntó divertido.
- Ni un poco – sonrió de medio lado dejando perplejo al hombre- Este es mi piso- le sonrió por última vez antes desaparecer por el pasillo- Espero que nos volvamos a encontrar Kuroba-san.
- ¡Espera! – Trató de alcanzarla - ¿Cuál es tu nombre? - preguntó al segundo que las puertas se cerraron- ¡Maldición! - masculló decepcionado al pensar que había dejado escapar una valiosa oportunidad.
Al llegar a su posición de trabajo se sentó mirando al techo sin dejar de trazar cientos de planes con el fin de averiguar la identidad de la extraña chica en ascensor.
-¡Te ves inusualmente feliz el día de hoy Kuroba!- uno de sus compañeros le palmeó el hombro con más fuerza de lo debido, desequilibrándolo de su asiento.
-¡Yamato! Eres un maldito- lo insultó con una sonrisa llena de compañerismo.
- ¿Por qué sonríes tanto? ¿Es por alguna chica? – levantó sus cejas sugestivamente haciendo carcajear al mago.
- No lo negaré – sonrió dejando ver todos sus dientes.
- Tal vez deberías disimular un poco más tu dicha amigo mío- Kaito lo miró sin comprender- No creo que el inspector comparta tu emoción después de la perdida de anoche- se carcajearon divertidos al recordar el fracaso de anoche.
-¡Kuroba, Yamato!- Como si hablar de él lo hubiese invocado, el inspector apareció detrás de ellos con el entrecejo fruncido- ¿Por qué pierden el tiempo así?- Ambos enderezaron la espalda con violencia.
-Lo sentimos inspector- se disculparon al unísono.
-Por lo que veo, Kid aún no ha devuelto la joya- una cuarta voz con acento inglés llamó la atención de todos.
-Hakuba- lo saludó el inspector sin interés al mismo tiempo que los ojos del mago lo miraron con aburrimiento.
- ¿Qué estás haciendo aquí? El robo fue el día de ayer- le recordó el mago con una sonrisa burlesca- No es propio de ti llegar tarde.
- Kuroba- Lo saludó con ojos llenos de sospecha- Lamentablemente ayer no pude asistir debido a un caso en la zona norte de la ciudad- Le aclaró con educación- Pero eso no significa que haya perdido mi interés por el ladrón de blanco- Entrecerró sus ojos mirando con sospecha la imperturbable póker face del mago.
-Debo tener más cuidado con este detective pomposo en el futuro- se recordó mentalmente el mago.
-Si no estás aquí por Kid ¿entonces que haces en el departamento de robos? – El inspector preguntó extrañado.
- La verdad es que estoy aquí por un tema más personal- Confesó dejando confuso al hombre - Vine a preguntar por Aoko – habló con simpatía- Quería preguntar como llegó a Japón, anoche la llamé, pero no contestó- Los ojos del inspector se suavizaron.
- ¿Aoko? ¿Dónde he escuchado ese nombre antes? – Kaito se preguntó a sí mismo- ¿Y por qué este detective le pregunta por ella al inspector?
-¿De qué me estas hablando Hakuba? – se carcajeó dejando a todos sus subordinados extrañados por su extraño cambio de humor- ¡Aoko llega esta noche a Japón!
-¿Esta seguro inspector?- le preguntó con suavidad tratando de no sonar grosero.
-Por supuesto- Le palmeó el hombro con simpatía- Le diré que la llamaste en cuanto la vea- Fue lo último que dijo antes de retirarse a su oficina.
-¿De quién demonios están hablando?- El ladrón analizó con sospecha la escena.
-Debes estar muriéndote de curiosidad ¿No es así Kuroba? – le medió sonrió incomprensiblemente.
-¡No sé de que me estas hablando pomposo!- Se defendió echando chispas por lo ojos. Yamato, que hasta el momento no había intervenido suspiró pesadamente y se interpuso entre ambos hombres.
-Tranquilo Kuroba- lo llamó con alegría- Nakamori Aoko es la hija del inspector- de pronto una luz se encendió dentro del cerebro de Kaito al recordar- Es la chica que se ve en las fotos de la estación.
-¿Te refieres a la pequeña niña junto al inspector en las fotos de los días de campo?- Su compañero asintió con energía- Es una chica muy bonita.
-¿estas seguro que deberías hablar así de una chiquilla de apenas 10 años?- lo molestó su compañero.
-¿10 años?- se rio el inglés- Aoko dejó de tener 10 años hace mucho tiempo- afirmó risueño.
- ¿Estas hablando de mí, Saguru? – una suave voz lo llamó haciendo que todos los ojos se enfocaran en la elegante mujer que se acercaba a ellos con una suave sonrisa y brillantes ojos azules.
¡Aoko! – el rubio la saludo con evidente sorpresa - ¡Qué alegría que estés aquí! – la abrazó con fuerza.
-¡¿Ella es la hija de inspector?!- la mandíbula del mago se cayó hasta el piso- ¡No lo puedo creer! – Cayó sobre su asiento pasmado.
- Te dije que era muy bonita- Le recalcó su compañero en un susurro antes de desaparecer.
-Saguru, te extrañé mucho- exclamó tomándole ambas manos entre las suyas - ¡Y qué guapo estas! – lo alabó sin vergüenza.
-¿Guapo? ¿Ese pomposo? – se preguntó con amargura - ¡¿Y por qué se llaman por su nombre?!- sin percatarse, Kaito frunció los labios incómodo.
-¿Pero de qué estás hablando? – movió su cabeza de lado a lado divertido- Yo sigo igual que siempre, en cambio tú, estas más hermosa que nunca- le devolvió el piropo con facilidad. La joven retrocedió un paso para ver con detenimiento a su amigo.
-No, eso es mentira – lo miró pensativa – Vaya, vaya Saguru ¿Debería felicitarte? – lo miró alzando una ceja.
-¿Pero de que estás hablando?- la miró nervioso mientras se rascaba la cabeza.
-Parece que atraparon al detective con las manos entre la masa- el mago disfrutó desde su asiento la mala actuación del rubio con una dulce tasa de café.
-Dime, ¿Quién es la afortunada? – por fin arrojó la pregunta evidentemente interesada.
- ¡¿Cómo lo supiste?!- el mago por su parte aproximó con más interés a ellos.
-¡Una chica! ¿Quién lo diría? – trató de no perderse ningún detalle.
- Saguru, por favor, no menos precies mi inteligencia – se carcajeó con suavidad – No necesito ser un detective para notar lo evidente- las cejas del joven se alzaron con curiosidad.
-¿Lo evidente? – se analizó de pies a cabezas buscando algún desperfecto haciendo reír nuevamente a la castaña.
- No es algo que sea visible para cualquiera– confesó – Supongo que lo sé porque te conozco bien- lo miró con cariño.
-Bueno, eso pasa cuando dos personas salen por tanto tiempo como nosotros- Ambos se miraron con cariño.
-¡¿Esos dos fueron pareja?! ¡Imposible!- El mago escupió el café con angustia, alertando a tanto a la joven como al detective de su presencia.
-¿Kuroba?- lo saludó Aoko con sorpresa- Vaya, no te había visto- volvió a sonreír con cortesía- Por favor discúlpame.
-¡¿Lo conoces?!- Le preguntó evidentemente alarmado el joven inglés.
- Nos conocimos hoy en la mañana- confesó con suavidad – Paró las puertas del ascensor para mí, he hizo aparecer una hermosa rosa por arte magia- Recordó con entusiasmo mostrando su nuevo adorno en el cabello- Es un chico muy talentoso.
Los ojos de Kaito se abrieron maravillados con la breve exhibición -Creo que se ve realmente hermosa, Nakamori-san- Declaró el mago con una galante sonrisa.
- Eres muy gentil – se carcajeó divertida al ver el rostro desfigurado de su amigo- Tranquilo Saguru, fue solo una flor.
-Luces preocupado Tantei-san- Lo molestó el ojiazul al notar su inmovilidad.
-Aoko, no te acerques a ese hombre- le tomó una de sus manos para llamar su atención- Es peligroso- Aoko en respuesta miró nuevamente al mago de pies a cabeza.
-No se ve muy peligroso- se burló la joven soltando su mano.
-Es porque no lo soy- fue el turno del mago de tomar una de sus manos y besarle el dorso con galantería.
- Oye galán ¿Entiendes que soy la única y preciosa hija de tu jefe? ¿verdad? – La sonrisa petulante del hombre se tambaleó al igual que su agarre -Eso creí- presumió radiante haciendo que el detective se carcajeara de felicidad.
-Creo que es la primera vez que veo a una chica rechazar a Kuroba- admitió risueño haciendo sonrojar al mago- Como sea …Aoko ¿Qué haces aquí en la estación? ¿No deberías estar descansando? - preguntó un poco más relajado.
-Estoy aquí por dos razones- confesó haciendo brillar sus ojos de la emoción- La primera de ellas eres tú, obviamente- Apoyó su cuerpo despreocupadamente en el escritorio del mago- Al llegar fui a buscarte al departamento de homicidios, pero extrañamente no estabas ahí- recordó- Ellos fueron los que me dijeron dónde encontrarte.
-¿Por mí?- inclinó su cabeza con curiosidad.
-Por supuesto – agrandó su sonrisa – Vine hasta aquí para que me invitaras un café – Kaito vio sorprendido la osadía de la joven- No te veía hace mucho, es lo mínimo que puedes hacer por mí- bromeó con ojos astutos.
-Tienes toda la razón- le siguió la corriente divertido- ¿Y lo segundo?... Déjame adivinar- Fingió dudar momentáneamente su respuesta- A darle un infarto al corazón a tu padre ¿No es así?
-¡Obviamente! – Aplaudió con entusiasmo - ¿Puedes creer que se le olvidó el día que llegaba a Japón? - se golpeó la frente con frustración- Ni si quiera sé porque me molesto- suspiró pesadamente.
-¿Solo por eso estas aquí? – le preguntó profundamente extrañado.
-Por supuesto ¿Por qué otra cosa vendría a la comisaria? - lo miró sin entender su confusión.
-Yo pensé que nos darías a todos una sorpresa el día de hoy…- tomó una de sus manos y analizó sus dedos con detenimiento. Entre los castaños, solo uno entendió en su totalidad el gesto del inglés.
-Lo que estas buscando no está ahí- apartó su mano con suavidad y volvió a ponerse de pie- ¿Cómo lo supiste? - suspiró con pesadez.
- "Aoko, por favor, no menos precies mi inteligencia" – repitió la frase que ella le dijo minutos atrás con marcado acento – "No necesito ser un detective para notar lo evidente"- la joven sonrió al mismo tiempo que hacia rodar sus ojos.
Kaito miró levemente preocupado el intercambio entre ellos- ¿Aoko tiene novio? - se preguntó sin molestarse en creer que el chico sería un verdadero oponente.
-Fue Hiroshi ¿No es verdad? – el detective asintió. La castaña por su parte recordó nuevamente que no estaban solos y sin poderlo evitar, se sonrojó- Como sea ¿Cómo se conocieron ustedes dos? – los dos hombres voltearon a mirarse rápidamente y se miraron con desafío implícito.
-Acordemos que fue en un robo de Kid- Hakuba y Kuroba rieron como si hubiesen dicho la mejor de las bromas. Aoko por su parte sonrió nerviosamente sin comprender el estado anímico de los chicos.
-Parece que son muy buenos amigos- Susurró encantada dejándolos atónitos – Me alegro mucho por ustedes.
-Aoko…- se quejó el detective al igual que un niño.
-Bien, iré a saludar a mi padre y luego podremos ir por ese café – se despidió risueña.
Había pasado una semana desde que Kaito Kuroba había conocido a Aoko Nakamori, pero desde entonces no volvió a cruzar palabra con ella.
-¡¿Cómo es posible que una mujer como ella saliese con ese presumido?!- abatido, apoyó su frente en su escritorio – ¿Habrá sido una relación seria? ¿Le seguirá gustando? ¿Ya estará saliendo con alguien? – Mil y unas preguntas asaltaron la cabeza del mago frustrándolo aún más con cada segundo que pasaba.
-Debes estas trabajando en un caso muy difícil- una melodiosa voz sonó frente a él- Te ves… frustrado- Kaito alzó su cabeza con violencia y enfocó su mirada en la chica de enfrente.
-¡Nakamori-san!- saludo con voz ahogada.
- Hola Kuroba- san – respondió risueña mientras tomaba asiento frente a él - ¿Te molesto?
-En absoluto- sonrió encantado con su presencia.
- Vaya – la joven lo miró con detenimiento esperando por un segundo antes de hablar- ¿Hoy no vas a hacer aparecer una rosa en forma de saludo? – preguntó con burla extendiendo su sonrisa. Kaito sonrió como un lobo al escucharla.
- Debo admitir que me encontró desprevenido, por favor, permítame reivindicarme- Con un movimiento rápido pero elegante, hizo aparecer una rosa blanca.
-Es muy hermosa- Aoko la recibió complacida- Por un segundo pensé que me decepcionarías- siguió bromeando con él como si se conocieran de toda la vida.
-No me atrevería a hacer tal cosa – el mago se acomodó mejor en su asiento- No sería propio de un caballero- La castaña por su parte se rio divertida con las ocurrencias de su compañero.
-Oye Kuroba- la castaña se inclinó con suavidad desde el otro borde del escritorio- ¿Te puedo hacer una pregunta?
-Por supuesto – ofreció entusiasmado de poder ayudarla.
-¿Qué sucede hoy en la comisaria? Desde que llegué todo el mundo ha estado corriendo alterado en todas las direcciones- Apoyó su barbilla sobre su mano.
-Eso se debe a la alerta de robo de esta semana- La castaña inclinó su cabeza curiosa- Uno de los ladrones más buscados por la interpol apareció esta semana en Japón.
-¿Quién?- preguntó inmensamente interesada.
-Breitwieser - susurró.
- ¡No puede ser! - Exclamó maravillada - ¿Te refieres al famoso ladrón de arte? - Kaito asintió un poco asustado por su exaltación- ¡Es un gran caso!
-¡Aoko!- la voz del inspector retumbó por la estación haciendo que automáticamente todos sus subordinados comenzaran a trabajar con más ahínco.
-Hola papá- saludo como si nada la joven.
- Hija, ¿Qué haces aquí? – sus ojos saltaban con sospecha del mago a su hija una y otra vez.
- Nada- comentó con inocencia- Solo conocía un poco mejor al más nuevo de tus subordinados- sonrió con dulzura haciendo que todos los que veían la escena suspiraran encantados.
-Aoko- su padre gruñó con advertencia- ¿No estarías aquí solo para sacarle información a Kuroba? ¿Verdad? – la interrogó.
-¿Sacarme información?- pensó preocupado con una sonrisa nerviosa.
La joven por su parte se llevó una mano al pecho dramáticamente- ¿De verdad crees eso de mí? – preguntó con voz dolida- Yo solo quería hablar con el interesante chico a tu servicio ¡Es muy talentoso! ¡Mira papá, hizo aparecer una rosa! – el mago tiritó de miedo al sentir los ojos furiosos del inspector sobre él.
-No…no es lo que cree inspector- alzó las manos preocupado- Yo no soy nada interesante ¡De verdad! …y esa rosa… fue solo un pequeño truco, nada más- Medio tartamudeó con una sonrisa rota - ¿Por qué Aoko dijo algo como eso?
-Me rompes el corazón Kuroba-san – Se burló la joven alzando una ceja divertida por la reacción de su compañero.
- Hija mía – el inspector suspiro- A mí no me engañas – sonrió paternalmente- Eres una joven muy astuta.
-No me vería obligada a serlo si tú respondieras mis llamadas o mis peguntas papá- medio sonrio- Además, no podía perder mi oportunidad- miró con astucia al mago y luego a su padre que movía la cabeza de lado a lado resignado.
-Kuroba-san- lo llamó el hombre- Por favor perdona a mi hija, ella es reportera y debido a su oficio es bastante curiosa- Kaito dejó caer su mandíbula.
-¿Ella me engañó para sacarme información?- por extraño que pareciese, una sonrisa de admiración surcó su boca- Es bastante astuta.
-No necesito que te disculpes por mi- la muchacha se levantó de su asiento con ojos pesados- No vine aquí por una historia y por sobre todas las cosas, no necesito engatusar a un pobre chico para eso – se cruzó de brazos molesta.
- ¿Pobre chico? ¿Así me ve ella? – pensó con el ego herido.
-Entonces que buscabas conseguir- su padre la miró con paciencia.
-Sabes perfectamente porque estoy aquí- lo miró con una ira mal contenida. El inspector de la sorpresa se dejó caer en una silla cercana- Anoche prometiste que cenaríamos juntos.
-Aoko, te lo puedo explicar- trató de calmarla.
- Diablos, tiene mal carácter – el joven se ocultó tras su escritorio tratando de pasar desapercibido.
- Llevo una semana en Japón y aún no hemos podido hablar- le apuntó con su dedo acusadoramente- Tuve que venir hasta aquí para averiguar porque tu trabajo te tenía tan atrapado- puso sus brazos como jarras.
-Aoooko- la llamó como un niño- Es un gran caso- La joven lo miró detenidamente antes de suspirar agotada.
- Lo sé papá- finalmente aceptó - Breitwieser, es un criminal de alto perfil.
-¿Cómo supiste….?- el bigotudo hombre miró acusadoramente al mago que solo atinó a empequeñecerse en su puesto.
-Es un hombre muy inteligente- comentó la joven- y muy peligroso también- su padre asintió - ¿Cómo supieron del robo? Tengo entendido que deja avisos al igual que Kid ¿No es así? - esperó expectante.
-Así es- su padre dejó escapar el aire de sus pulmones con lentitud.
-¿Y qué decía la nota?- ambos hombres se miraron nerviosos sin saber que responder – Si no me lo dices, de todas formas lo averiguaré- volvió a fruncir el ceño- No me pongas a prueba- lo desafió.
-Hablaba del robo de una espada incrustada en joyas que perteneció a un famoso emperador- el inspector aclaró con cansancio- Se efectuará esta noche.
-Ya veo, eso explica mucho- por fin la postura de la joven se suavizó- Supongo que no me queda más que esperar a que termine el robo – su padre sonrió feliz- En ese caso, creo que los dejaré trabajar- se despidió con cortesía de ambos antes de retirarse sin percatarse en los ojos azules que la seguían en cada paso.
-La hija del inspector es bastante interesante- fue su último pensamiento antes de enfocarse en su trabajo.
Todo se había vuelto un caos. Aoko apareció en pijama en medio de la escena del robo amarrada y amordazada.
-Ya sabe que hacer inspector- El hombre vestido completamente de negro sonrió con malicia- Su hija a cambio de la espada- acarició el rostro de la joven que trataba de apartase con todas sus fuerzas.
-¡Suelta a mi hija! ¡Maldito! – Escupió con rabia desenfundado su arma. Junto al inspector estaban todos sus hombres del escuadrón antirrobos mirando la escena preocupados.
-Es una chica muy bonita- la miró lascivamente – Aunque difícil de domar – confesó acariciándose una mejilla – No se imagina cuantos golpes me costó someterla- a su lado Aoko bramó, pero debido a la mordaza que cubría su boca, solo salió de ella un gruñido.
- Tranquilo inspector- Kuroba se desplazó junto al inspector- Tengo un plan…
