Hola a todos. Esta historia comenzaba de manera algo distinta. Pero tras aprender bastante desde que empecé a escribir decidí que era el momento de renovar los primeros capítulos. En gran parte se lo debo todo, en cuanto a correcciones y mejoras a mi beta, Fridda, una gran escritora en este mundillo y una gran amiga. Gracias por encender la luz en todas a aquellas cosas que no sé ver.
Emily se despertó a las siete como todos los días. Una vez aseada, se acercó a la habitación de su pequeña Elissa. Desde muy niña había mostrado un gran interés por la electrónica y la ingeniería. Facetas que su marido, James, forjó en la academia y posteriormente en la guerra. Elissa era inteligente, responsable y muy trabajadora. Pero, a pesar de todo, también de esas personas a las que se les quedaban las sábanas pegadas.
Emily sospechaba que se debía sobre todo a que a su hija no le gustaba dejar las cosas a medias, y se pasaba horas de más por la noche repasando o buscando datos en extranet. Llamó a la puerta pero no recibió contestación, por lo que entró sin previo aviso dispuesta a despertar a la dormilona.
… … … … … … … …
Elissa permanecía desde las seis despierta en la cocina. Había estado buscando durante horas los esquemas para poder reparar uno de los platos de calor. Llevaba unos días estropeado, pero su padre atareado por el trabajo en la colonia no había podido arreglarlo. Le costó algo de esfuerzo levantarse tan temprano, pero esperaba ser lo suficientemente rápida para desmontar, reparar y volver a montar el aparato antes de que su madre se despertara.
A pesar de que su madre nunca le puso trabas a aprender el oficio de su padre, lo que le molestaba mucho era la costumbre que tenía de desmontar todo lo que se hallaba al alcance de las manos. Incluso si su intención era arreglarlo. Estaba a punto de terminar cuando desde lo alto del módulo escuchó a Emily alzar la voz.
—¡Vamos arriba! ¡Es hora de despertar!
—Oh, vaya. —Miró el reloj de la omniherramienta y ya marcaba las 07:20—. El tiempo vuela cuando una se entretiene.
Su madre volvió a levantar la voz, pero en esta ocasión con un deje de preocupación.
—¡Elissa! ¿Dónde te has metido?
—Mamá, estoy abajo, en la cocina.
Oyó cómo bajaba las escaleras apresuradamente y en apenas un par de segundos estaba en la puerta frente a ella.
—Por el amor del cielo, Eli. ¿Ni siquiera hoy puedes dejar de hacer estas cosas?
—Te juro que solo quería arreglarla.
—Ya, claro. Eso lo usas como excusa, ¿o crees que soy boba?
Elissa ya estaba atornillando el panel lateral, alzó un poco la vista y pudo ver el rostro enfadado de su madre. Esperando que se relajara, explicó lo que había descubierto.
—Al final solo era un relé que estaba quemado. Lo más seguro es que fuera por la subida de tensión ocurrida la semana pasada. He cogido uno del taller de papá y... —Se levantó, encendió el interruptor—. Voilá, ya está arreglado.
Emily la observaba, con los brazos en la cintura e intentando mostrarse enfadada. Pero cedió finalmente y se acercó a su pequeña.
—Vale. Lo has arreglado. Pero podrías haberlo dejado para otro día. Hoy cumples dieciséis años, ya casi eres una mujer adulta y deberías comportarte. Ahora desayuna que tienes que ir a clase.
—Sí, mamá. Primero voy a cambiarme.
Subió a su habitación, se quitó el mono y las botas de trabajo, y se acercó al armario.
—Hmmm, ¿qué nos ponemos hoy?
Era un simple eufemismo. Aunque le gustaba vestirse con algo más que ropa de trabajo, desde muy pequeña había mostrado una completa repulsión por vestidos, faldas o similares. De adolescente añadió tacones y potingues para la cara a la lista negra de cosas que le desagradaban.
Cogió unos pantalones gris oscuro, una camisa blanca de manga corta y un chaleco. Se puso sus zapatillas verdes y se dirigió al baño. Se peinó y recogió la larga melena marrón en una cola de caballo. Acto seguido bajó de nuevo a la cocina, y ya tenía en la mesa un gran tazón de leche con cereales.
—Gracias mamá.
—Gracias a ti, ahora esto funciona mejor que antes.
Elissa levantó la mano una vez más, como en tantas ocasiones y mostrando lo que sujetaba le preguntó a su madre:
—¿Incluso faltando estas piezas?
Emily suspiró, pero ya lo esperaba. Desde que aprendió a desmontar por sí misma cualquier aparato, de algún modo era capaz de descubrir lo que no necesitaban. Irónicamente funcionaban mejor tras volver a armarlos.
—¿No crees que si el fabricante le puso eso sería por algo?
—Puede. ¿Pero entonces por qué ahora funciona mejor? Recuerdo que papá dijo que las compañías instalan componentes para que con el tiempo se estropeen.
—Bueno, está bien. Como hoy cumples años te lo perdono. Date prisa o llegarás tarde.
Elissa terminó el desayuno, agarró la mochila y salió de casa, no sin antes despedirse de Emily con un gran beso en la mejilla. El instituto no estaba lejos, pero requería de unos minutos a pie. Apenas se había alejado del hogar cuando sintió que alguien tiraba de ella.
—Buenos días, Elissa.
Reconoció de inmediato aquella gutural voz. Era la de su mejor amigo en la zona.
—Buenos días, Krek.
Krek era turiano. En Mindoir no es que hubiera muchas familias de otras razas, pues en su mayoría se trataba de una colonia humana. Los padres de Krek constituían una extraña excepción al ser los únicos turianos conocidos del planeta.
—¿Qué tal andas con tu aparatito?
—Bastante bien. Puede que la idea fuera mía, pero sin la ayuda de mi padre apenas sería un montón de piezas que hacen ruido. Con suerte y su inestimable ayuda en un par de días lo habremos terminado.
—Creo que te menosprecias. Te he visto trabajar, y siendo sinceros eres excelente.
—Agradezco tu apoyo Krek, pero seamos realistas. Una chica tan menuda como yo lo tiene difícil en lo que respecta al trabajo pesado.
El joven turiano la miró. En eso tenía razón, la cabeza apenas le llegaba a la altura de la coraza natural del pecho. Los de su raza crecían muy rápido hasta los quince años, en términos humanos. Elissa le dijo que con suerte aún le quedaban un par de años de crecimiento, pero con dieciséis recién cumplidos y midiendo 1'59 no tenía muchas esperanzas.
—Bueno chico, te dejo que tengo que ir a estudiar. Luego después de clase nos vemos.
—De acuerdo. Yo también tengo que irme, mi padre me necesita en la planta eólica.
Se despidieron y marcharon cada uno por su lado.
… … … … … … … …
Aún no había salido del edificio cuando recibió una llamada de su padre. La aceptó y una pequeña pantalla virtual apareció mostrando a James.
—Hola mi diminuta Elissa.
—Hola papá. ¿Qué necesitas?
—¿Es que tu padre no puede llamarte simplemente por que quiere hablar contigo?
—¿Justo después de salir de clase? Ya son muchos años, papá. Te tengo calado.
—¡Oh! Vaya, ser repetitivo me ha hecho predecible.
—Entonces...
—¿Puedes venir a la planta de reciclaje de agua?
—Sí, claro. En diez minutos estoy allí.
—Aquí te espero.
Atravesó las calles hasta una de las zonas industriales de la colonia. Mujeres y hombres iban y venían, trabajadores, ingenieros y granjeros. El cielo de cuando en cuando transportaba el sonido de algún aerocamión o aerocoche. Era un lugar bullicioso, que solo permanecía en relativo silencio por la noche.
Llegó a uno de los accesos laterales que llevaban a los túneles de mantenimiento. Introdujo el código proporcionado por su padre cuando cumplió los catorce años y la compuerta se abrió chirriando un poco al principio. Entró y las luces automáticas se encendieron gracias a los sensores instalados hacía unos meses. Era un método de ahorro de energía, pues permanecían apagadas cuando el recinto estaba vacío.
Solo se había adentrado unos metros cuando una desagradable voz hizo acto de presencia. Era un tipo que la acosaba desde niña molestándola e insultándola. Tenía tres años más que ella y en cuanto cumplió los dieciocho se alistó en la guardia, y desde entonces se aprovechaba de su posición para realizar acercamientos inapropiados hacia su persona.
—Hola hermosura. ¿Sabes que estos trapitos te quedan muy bien?
—Gregor, por favor. Te lo pido una vez más. Déjame en paz. No me gustas, nunca me has gustado y nunca me gustarás.
El hombre se acercó un poco más, reduciendo el espacio entre los dos. Elissa no aminoró el paso ni un ápice, pero procuró no mostrarse asustada. El hombre era casi como un armario, a buen seguro por muchas horas de gimnasio, y una cabeza más alto que ella.
—Eso dices ahora, pero cuando te desflore cambiarás de opinión. Gemirás de placer como tantas otras antes.
—¿Sabes que soy menor de edad? ¿No?
Elissa giró la cabeza y pudo ver a ese desagradable tipejo. Mostraba una cara de pura excitación, recorriendo su pequeño cuerpo con lascivia. Solo de imaginarlo sobre ella, le entraron arcadas.
—Lo sé, pero hoy cumples dieciséis. Legalmente hablando, ya tienes edad para tener sexo, siempre que lo permitas, claro.
—Prefería morir bebiendo veneno de una trilladora.
El hombre agotó su escasa paciencia, la sujetó y giró con brusquedad. La miró a los ojos verdes, la larga melena marrón, e imaginó de inmediato desnudando aquel pequeño cuerpo. Sometiéndola a su voluntad.
—Gregor, suéltame.
Sonó tan tajante, que el hombre salió de tan depravados pensamientos. Apenas se percató de que la joven tecleó rápida algo en la omniherramienta. De todos modos, su mente estaba en otro lugar.
—¿Y si no, qué? ¿Gritarás? Hazlo, eso me excita.
—Tú lo has querido.
Confirmó la acción programada y una intensa descarga provocó que Gregor temblara. Se separó de inmediato y mientras la electricidad le recorría el cuerpo el joven gritó de dolor justo antes de desvanecerse. Elissa lo miró. Toda la tranquilidad que mantuvo se desvaneció y comenzó a respirar aceleradamente, a temblar de miedo. Se sentía sucia, se abrazó a sí misma y comenzó a caminar de nuevo, pero sin destino.
Estaba perdida en su propia mente, apenas consciente de su alrededor, y al mismo tiempo alerta ante cualquier otra amenaza. De improviso unas pisadas al otro lado del pasillo provocaron que emitiera un gemido de puro miedo. Apenas se giró para intentar huir cuando la voz del causante la trajo de nuevo al mundo.
—¿Elissa?
Rompiendo a llorar se abalanzó sobre el pecho de su padre, dolida, asustada y avergonzada.
—¿¡Papá!?
James la abrazó sin ser consciente de lo ocurrido. Escuchó a alguien gritar y aquello provocó que dejara lo que estaba haciendo y corriera, por si alguien necesitaba ayuda. La sorpresa fue ver a Elissa, cuando el grito era claramente de hombre.
—¿Qué ha ocurrido?
Notó que Elissa temblaba, sin parar de llorar y gimotear. Nunca la había visto así, y apenas podía imaginar la razón del porqué de su estado. Al sentir la calidez de su progenitor Elissa se separó un poco y se enjuagó las lágrimas que corrían por las enrojecidas mejillas.
—Gregor, ha sido Gregor.
James ya lo conocía. Cuando era más pequeña la acosaba casi a todas horas, Emily le contó lo que ocurría, ya que esas cosas no se atrevía a contárselas a él.
—¿Qué te ha hecho? —La abrazó de nuevo con fuerza, para que se sintiera protegida—. Sé que es difícil, pero sé fuerte y dile a tu padre qué ha pasado.
Procuró sonar dulce y amable, aunque en ese instante su ira iba en aumento. Elissa se separó de nuevo y le contó lo ocurrido mientras comenzaba a llorar una vez más. De inmediato se dirigieron al lugar, a pesar de que Elissa mostraba cierta resistencia.
En cuanto llegaron James se acercó al ver el cuerpo de Gregor en el suelo. Estaba babeando, parcialmente sudado y la entrepierna mojada. Miró a su hija y mostró una mezcla entre odio y curiosidad.
—Te juro... que no es... lo que parece. Me abordó... y... y... yo solo me he defendido. Lo prometo.
Su hija rompió a llorar de nuevo. Estaba claro que mantuvo la fortaleza suficiente hasta que de algún modo derribó a Gregor. Pero al ser consciente de lo ocurrido el muro se derrumbó e hizo añicos su barrera de seguridad. Ahora necesitaba apoyo.
—No tienes que justificarte. Tu madre me contó las insinuaciones de este... a falta de palabra mejor, despojo.
James quería moler a golpes a aquella bolsa de mierda humana. Pero con Elissa delante nunca haría algo así. De improviso ella habló, ya fuera porque necesitaba distracción o por cualquier otro motivo.
—Pa... papá... me necesitabas para... para algo... ¿Sí? ¿Verdad?
En su voz reflejaba aún mucho miedo. James lo había visto en el pasado, durante la guerra. Uno intenta volver a la normalidad buscando algo familiar.
—No te preocupes ahora por eso, deberíamos ir a casa.
—No... no es necesario... papá... puedo... puedo... puedo...
Se arrodilló y lloró a lágrima viva gritando desesperada. James la rodeó con sus brazos, pues debía sentirse segura y a salvo. Necesitaba saber que él la protegería, si fuera necesario con su propia vida. Acarició su larga melena marrón, le besó en la frente y la reconfortó todo lo que pudo.
—Mi niña. No te preocupes, no puede hacerte nada. Ya estás a salvo.
Elissa levantó su rostro entre los brazos de James, aquellos ojos verdes, enrojecidos por el momento, le miraban con el deseo de sentirse segura. Acarició una vez más, con suavidad y lentamente su largo cabello.
—Estás a salvo.
… … … … … … … …
Desde la zona industrial hasta casa el trayecto era algo largo. Elissa permanecía abrazada a su padre y no lo soltaba por nada del mundo. James pudo notar, en especial al salir, que se relajaba un poco. Intentó reconfortar en lo posible su estado, aunque la experta era Emily.
—¿Sabes? Has sido muy valiente.
Elissa alzó la mirada, su padre le sonreía y la apretó un poco más contra sí mismo, para que no perdiera la sensación de seguridad.
—¿Lo... lo crees de... de verdad?
—Por supuesto. Hiciste lo correcto, tú no tienes la culpa de nada. Actuaste en defensa propia.
—¿Es prudente dejarlo allí? Podría...
—¿Qué? No puede hacer nada, tú eres la... la...
—La víctima, sí. Lo sé papá.
—Entonces sabes que debemos hacer ahora, ¿no? Vamos al CSC a denunciar a esa bolsa de carne.
—¿Tiene que ser ahora?
—Entiendo que te resulte duro, pero es el mejor momento. De no hacerlo las consecuencias a largo plazo pueden ser peores.
Elissa miró a su padre. Le miraba con dulzura, pero convencido. Ella aún asustada, asintió. Una vez llegaron a la entrada Elissa empezó a temblar de nuevo. El hecho de que Gregor la abordara con su uniforme, provocó que no se sintiera todo lo segura que uno esperaría al entrar en el recinto, por lo que abrazó con más fuerza a su padre.
—Buenas tardes, señor y señorita.
El agente de recepción sonrió a ambos, pero Elissa escondió la cara apretándola contra el pecho de su padre. Intentaba no llorar de nuevo, y de no ser por el calor de James, sin duda eso mismo haría.
—¿Motivo de su visita?
—Venimos a denunciar a un agente.
La entrada quedó muda. James, que había estado en la Alianza, no era de los que rodeaban las cosas con florituras. El recepcionista levantó el brazo izquierdo indicando la sala contigua. Entraron en la habitación y el agente les pidió que esperaran.
Un cafetera, una mesa de centro, unas cuantas sillas y un par de grandes sofás. James se sentó y Elissa mantuvo el cuerpo pegado al suyo. Apenas pasaron unos minutos cuando alguien abrió la puerta y les pidió que le siguieran. Tras atravesar un largo pasillo accedieron donde les indicó el agente.
—Buenas tardes. —El hombre estaba de espaldas. Pero ya a simple vista se podía ver que no era un guardia normal.
—Buenas tardes —contestaron James y Elissa a la vez.
—No me andaré con rodeos jefe de operaciones, ya que usted ha sido bastante directo. Acusar a uno de mis hombres de... —Se giró mostrando una calma que James no esperaba, dado el tono de su voz—. ¿De qué demonios le acusan? ¿Por qué lo quieren denunciar?
James se levantó, Elissa le sujetó permaneciendo sentada, él la miró y sonrió para tranquilizarla acariciando sus pequeñas manos.
—Queremos... Bueno, siendo honesto ella quiere denunciar a su hombre. Aunque en mi sincera opinión es poca más que un saco de basura, capitán.
Aún era capaz de reconocer los rangos, pues en los cuerpos de seguridad eran similares.
—Espero tengan pruebas que puedan sustentar... —Un aviso en su pantalla lo distrajo.
—Capitán, el agente Masterson acaba de llegar. Solicita verle de inmediato.
—Dígale que espere, estoy con algo importante.
—Señor, parece que lo han agredido y necesita hablar con usted urgentemente.
El capitán miró a James y la niña. Intuyó que tenían algo que ver.
—Hágalo pasar a mi despacho.
Apenas trascurrieron un par de minutos cuando llamaron a la puerta.
—Adelante, agente Masterson.
Al entrar y verlo Elissa tan cerca de nuevo, chilló aterrada, se levantó y refugió tras su padre. James retrocedió unos pasos para intentar ensanchar la distancia entre ambos.
—Con todo mi respeto capitán, ¿qué hacen estos dos aquí?
—Han venido a denunciar a uno de nuestros agentes. A usted, si mi sospecha se confirma.
—Ah, ¿sí? —Intentó mirar a Elissa, pero permanecía tras su padre—. Qué curioso, ¿no? Yo vengo precisamente a denunciar a esta pequeña zorra por agredir a un agente sin motivo.
James tuvo que hacer todo el acopio de serenidad que le fue posible para no romper la mandíbula de aquel tipo. Deseaba hacerlo, pero no quería asustar más a su pequeña.
—¿Tiene alguna prueba de lo ocurrido, agente?
—Sí que tengo una. —Tecleó en su omniherramienta y en la pantalla apareció una gráfica—. Como puede ver, esto confirma que recibí una descarga eléctrica de bajo voltaje, provocada por esta niñata estúpida.
—Esto prueba al menos en parte lo que dice. ¿Tiene alguna prueba más?
—Puede comprobar las zonas de patrulla, confirmarán mi posición.
El capitán accedió al archivo principal de su consola, y tras unos segundos arqueó un ceja y miró a James.
—Es cierto. Los túneles de mantenimiento están en la zona de responsabilidad del agente Masterson. Señor Shepard, más le vale que posea pruebas irrefutables que sustenten la denuncia.
James sonrió, por fortuna conocía muy bien a su inteligente Elissa.
—Pues de hecho sí las tengo. O mejor dicho, ella las tiene.
Gregor se enfureció al ver la seguridad de James, aunque estaba convencido que solo era un farol. James se giró y agachó a la altura de su hija.
—Elissa, ¿permites a papá acceder a tu omniherramienta?
Aún conservaba mucho miedo, y el hecho de tener tan cerca a Gregor intensificaba el temor, incluso a pesar de estar pegada al cuerpo de su padre. Pero asintió mirando fijamente a James.
—¿Sabe capitán? a mi pequeña le gusta tomar apuntes de las tareas cuando le pido ayuda, para más adelante, por si le son de utilidad. —James tecleaba en su omniherramienta mientras hablaba.
Elissa lo miró, y aunque permanecía asustada por la presencia de Gregor, se relajó un poco. Por la experiencia había olvidado por completo aquel detalle.
En apenas unos segundos, en la pantalla de James apareció una grabación del túnel. El audio era claro. Tras un momento la imagen se perdió, pero el sonido permaneció intacto. Gregor comenzó a sudar, pues aquella jodida enana lo había grabado todo. La acusación que defendía se derrumbó y ya no podía hacer nada.
El capitán les solicitó que se marcharan, no sin antes indicarles donde debían dirigirse para rellenar adecuadamente la denuncia. Mientras se alejaban del despacho, pudieron escuchar gritar a su subalterno.
En apenas media hora estaban fuera, camino a casa. James abrazó de nuevo a Elissa, que ya no temblaba o al menos ya no tanto.
—¿Qué crees que le pasará papá?
—No lo sé. Con suerte acabará fuera del planeta. Pero siendo sincero, aunque suene duro, técnicamente no te ha hecho nada. Solo ha sido un intento, por fortuna. No pretendía frivolizar lo ocurrido pequeña, pero la cosa es así.
—No pasa nada papá. No entiendo mucho de estas cosas.
—Lamento que tu dieciseisavo cumpleaños haya sido tan dramático.
—Papá.
—¿Sí, Elissa?
—¿Podéis dormir tú y mamá conmigo esta noche?
—Claro, no hay problema. Lo que haga falta para que puedas recuperar la confianza.
Elissa le tiró del brazo, James bajó un poco y pudo sentir los cálidos labios de su pequeña darle un largo e intenso beso en la mejilla, a la vez que le susurraba un gracias al oído.
