Capítulo 1: Influencia demoníaca


Edward pauso en medio de otro de sus cuentos fantásticos de alquimistas y monstruos, y miró fijamente a Alfons.

—No me estás escuchando.

— ¿Uh?— Alfons miró sobre sus papeles —Claro que estoy escuchando.

—No, no lo hacías— Edward le frunció el ceño, brazos cruzados —No me crees.

No otra vez.

—Edward, yo... —Alfons no podía pensar en una manera educada de decir "No, no te creo. Puede que estés mintiendo, o estas demente, y no se cual prospecto es más perturbador" —Son historias muy interesantes— comento.

La respuesta no satisfizo a Edward, quien nunca estaba dispuesto a simplemente dejar pasar las cosas —No son solo historias— insistió Edward — son- mírame, ¡maldición!

—Estoy intentando trabajar— Alfons se inclinó sobre el escritorio, intentando ignorar a su compañero de piso.

Edward golpeó su prótesis con fuerza contra la mesa— ¡Al carajo el trabajo! No puedo vivir así...— Se dejó caer en la silla junto a Alfons, cabizbajo —Alfons, por favor. Crees que estoy loco.

—No creo que estés loco— Alfons maldijo con intensidad sus habilidades comunicativas—Mira, Edward, ¿qué hay de malo con las cosas como están?— Tocó gentilmente el hombro derecho de Edward, el humano, y lo sacudió un poco hasta que alzó la mirada. —Perdón por no haber escuchado. Termina la historia— No podía resistir ver a Edward tan infeliz. El cual, para ser honestos, era su estado de ánimo gran parte del tiempo.

—Tú no sabes cómo es— La voz de Edward se quebró, en una de sus abruptas transiciones del enojo a la depresión —Yo quiero... no puedo...—

—Estoy seguro que encontraras la manera de volver a casa— intento Alfons. Deseaba poder creer en ese otro mundo, solo si eso ayudaba a Edward.

—Yo...— Edward lo miró de súbito, ojos dorados totalmente enfocados —Te lo voy a probar. ¿Me permitirías probártelo?

Alfons retrocedió ligeramente ante la intensidad de la mirada. Si había pruebas... si era verdad lo que Edward decía... pondría de cabeza el mundo tal y como lo conocía. ¿Cómo se suponía que manejara algo como eso?

Me permitirías probártelo. Edward estaba dándole una opción. Podía seguir viviendo en la ignorancia, siguiéndole el juego a su enigmático compañero de piso.

Pero, si la prueba estaba ahí a mano, ¿cómo podía el científico en él resistirse?

—Muéstrame— susurró.

Edward abrió la boca para decir algo, para cerrarla en una pequeña media sonrisa.

Alfons espero con curiosidad, su corazón palpitando con fuerza.

Edward alzó su mano derecha... ¿y empezó a desabotonarse la camisa? Le resultaba difícil, usando solo su mano derecha, y sus dedos temblando de lo que podía ser excitación.

El alemán se agitó ligeramente en su asiento, la situación entera volviéndose abruptamente surrealista. Debía estar soñando, pensó la parte de su mente que todavía no había muerto de alegría ante la perspectiva de Edward desvistiéndose frente a él. Era solo en sus fantasías que algo semejante a una conversación normal podía de la nada volverse...

Edward gruño en frustración ante los persistentes botones, y Alfons deseo tener el valor de ofrecer ayuda.

Finalmente, la camisa quedó totalmente abierta, y tanteo las correas que sostenían su prótesis.

—Aquí— dijo Edward con satisfacción, tomando la mano de Alfons y presionándola contra el lado izquierdo de su pecho —Pero por favor, no grites.

El sonrojo que amenazó aparecer todo ese tiempo, explotó con fuerza. ¿Gritar? ¿Por qué exactamente protestaría contra esto? Alfons apenas se atrevía a respirar, su mano ardiendo donde tocaba la piel de Edward. No podía entender lo que su amigo estaba intentando probar, pero ciertas partes de él estaban disfrutando la situación inmensamente.

— ¿Y bien? ¿Lo sientes?

Alfons encontraba difícil oír la voz de Edward sobre el latido en sus oídos. Toda su atención estaba tan enfocada en mantener sus dedos quietos, que le tomó un momento registrar lo que Edward había dicho.

— ¿Uh?

Edward rodó los ojos dramáticamente —Idiota. El latido de mi corazón.

¿Latido? Alfons enfocó su atención en la palma de su mano. Donde... de repente se quedó helado. Frenéticamente presiono con más fuerza el pecho de Edward, sensaciones previas completamente olvidadas, pero eso no cambió nada. La piel de Edward seguía cálida, y podía sentir un ligero movimiento cuando respiraba, pero no había latido.

— ¡Madre de Dios!— Alfons saco su mano como si se hubiese quemado, y casi se tropezó con sus propios pies tratando de alejarse. ¡Un demonio! Edward debe ser un demonio, pensó fervientemente. ¿De qué otra manera podía vivir sin un corazón latente?

—Alfons, cálmate— Edward avanzaba en su dirección.

Con vergüenza, Alfons finalmente entendió su atracción antinatural por ese hombre. Obviamente, Edward era algún tipo de súcubo, enviado a tentarlo.

— ¡Aléjate de mí!— Alfons tomó un cuchillo de la mesa y lo blandió en advertencia.

Entró en pánico cuando la amenaza del cuchillo no sirvió, y Edward continuó avanzando. Por primera vez en su vida, deseo tener una cruz a mano.

—No voy a lastimarte— Si Alfons hubiese estado escuchando, hubiera oído la exagerada paciencia en la voz de Edward.

— ¡Y una mierda! ¡Demonio sin corazón!— bramó, aun tratando de mantener su distancia.

A eso, Edward pauso, y un alivio momentáneo invadió a Alfons.

— ¿Demonio?— el rubio empezó a reírse.

Alfons se preguntó si podría llegar hasta la puerta. No se atrevía a gritar, por temor a lo que el demonio pudiera hacerle, pero si tan solo hubiese alguien más alrededor... tal vez podría intentarlo, ya que Edward estaba ocupado riendo histéricamente.

—Oh, por el amor de...—

Antes de que el alemán hubiese dado dos pasos, Edward estaba encima de él. Tenía que ser un demonio, ¿de qué otra manera podría Edward, quien solo tenía una mano, inmovilizarlo?

El cuchillo voló lejos, y Alfons alzó ambos brazos para proteger su rostro, gimiendo asustado. Todas las historias de terror que el sacerdote había dicho aparecieron en su mente.

— ¡Basta de pánico, maldición, se supone que eres un científico!

Las palabras no tenían significado para Alfons. Todo lo que sabía era que una mano segura se cerraba alrededor de su muñeca, y entonces...

Le tomó varios momentos entender que nada terrible había sucedido. Seguía tirado en el piso de su apartamento, y Edward seguía sentado sobre su estómago, una increíblemente humana expresión de molestia en sus bonitas facciones.

Los dedos de Edward seguían firmes en su muñeca, y Alfons encontró la palma de su mano una vez más reposando sobre el pecho de Edward.

Y sobre sus dedos, podía distinguir el inconfundible movimiento de un corazón latiendo.

— ¿Lo ves?— dijo Edward tranquilizadoramente, aunque lucía como si estuviera conteniendo la risa —Si tengo un corazón. Solo que en el lado equivocado.

— ¿Lado equivocado?— Alfons trató de registrar la anomalía. Su mano estaba ahora en el lado derecho del pecho de Edward, donde podía sentir la inconfundible evidencia de un corazón.

Experimentalmente, tocó el lado izquierdo una vez más.

Nada.

—Fui volteado— dijo Edward con calma —De camino aquí. Ahora, soy un espejo de mí mismo. ¿Ves? Todo está del lado opuesto.

— ¿Todo... opuesto?

—Sí, tal como mi corazón. Por ejemplo, en mi mundo, el brazo que perdí fue el derecho; aquí me falta el izquierdo. Lo mismo con mi pierna. Simplemente estoy al revés.

—Entonces...— Alfons digirió la información lentamente — ¿No eres un demonio?

Se sintió algo insultado cuando eso provocó que Edward volviera a reírse.

Solo entonces se le ocurrió que esta era la primera vez que veía a Edward reír así, tan fuerte que tenía lágrimas en las comisuras de los ojos.

—Podrías haberme dado una advertencia previa ¿sabes?— murmuró disgustado Alfons. Mientras la vergüenza desvanecía el pánico inicial, un nuevo shock lo sacudió. Comprendió que Edward decía la verdad. A pesar de todo, su compañero de piso realmente había venido de un universo totalmente diferente.

Pero antes de que ese shock pudiera clavar sus garras en su mente, Alfons reparó otra vez en el hecho que estaba recostado en el piso, con un Edward semidesnudo sentado sobre su estómago. Y si Edward no era un demonio, eso significaba que la pecaminosa obsesión que sentía por ese hombre provenía completamente de él.

De todas las revelaciones de ese día, esa podía ser posiblemente la peor.


Nota de Traductora: Con permiso de la autora, ¡me complace y enorgullece traerles Mirrorworld en español! En mi humilde opinión, uno de los mejores escritos que el fandom ha visto; espero poder hacerle justicia en su traducción, y lograr que puedan disfrutar de esta gran historia.