Resumen: Hyoga jamás tuvo problemas con lo que era desde que se presentó como un Omega. Tardó un poco pero no batalló tanto consigo mismo como hubiese creído que lo haría… Solo que ser Omega no es fácil, menos cuando es el único del grupo, y con un Alpha pegado constantemente a él.
Serie: Saint Seiya
Personajes: Shun de Andrómeda, Hyoga del Cisne, Ikki de Fénix, Seiya de Pegaso, Shiryu de Dragón. Sahori Kido.
Pareja: Shun-Hyoga.
Género: Amistad, Familia, Romance.
Rating: T
Advertencia: Omegaverso. Alpha/Beta/Omega.
Capítulos: 1/20
Palabras: 2186.
Notas:
Fecha: 19/02/2018
Beta Reader: Pleasy TheYoko Stay.
Disclaimer: Todo lo referente a Saint Seiya pertenece a Masami Kurumada y a la Toei.
Capítulo 01.
Hyoga no podía evitar sentirse como lo hacía, si bien llevaba mucho tiempo en el que había dejado de luchar en contra de lo que él era –y por ello había comenzado a vivir su vida de manera mas intensa–, simplemente no podía evitar que todo su cuerpo pareciera picar debajo de su piel.
Tan hormonado como estaba, era un verdadero milagro que no hubiera saltado sobre el dueño de tan exquisito aroma como un maníaco.
Volvió a revisar su calendario personal, reconociendo que no había pasado más de una semana desde su último ciclo. Por lo que casi era imposible que sintiera su cuerpo tan lleno de hormonas… y deseo.
Quizás, todo por lo que había pasado en estos últimos días había ayudado a desestabilizar su cuerpo. Demasiadas emociones para quien es principalmente sensible a los cambios.
No que una comprensión lógica de lo que le estaba pasando a su cuerpo pudiera ayudarle en esos momentos…
Aunque jamás había estado con un Alpha, era imposible que eso que estaba oliendo no fuera uno. Lo cual era raro. Hyoga sabía que la mansión estaba llena de Betas, y él –que obviamente era un Omega–; aunque también había oído de otro Omega… Ikki según decían los rumores, pero él no podía estar seguro de ello.
Pero nunca en los días que llevaba allí había sentido la presencia de ningún Alpha. Y eso lo había hecho sentir más que nada seguro… o al menos no expuesto. Ahora, los pocos Alphas con los que había tenido un efímero contacto previamente no estaban ni remotamente cerca; incluso estaban a kilómetros de allí.
Pero bueno, esos Alphas se habían cruzado con él cuando Hyoga aún no se había presentado correctamente como un Omega. Ahora, el aroma tan embriagador que sentía no era nada comparado con lo que recordaba. Eso era sumamente intrigante y atemorizante al mismo tiempo.
¿Desde cuándo había un Alpha viviendo en la mansión?
Hyoga estaba al menos en un mínimo porcentaje preocupado por esta nueva presencia. Dios, no estaba ni cerca del sujeto y no podía evitar sentirse como se sentía. Pero mientras cualquier otro Omega en su posición hubiera decidido retroceder y esconderse en su habitación hasta que todo fuese seguro, al menos sin endorfinas llenando el aire… él no podía hacer algo como eso. Era un Santo de Bronce, y tenía mas control sobre su cuerpo que el que cualquier otro Omega pudiera tener.
Comenzó por todas las zonas comunes, cruzándose con varias de las chicas que trabajaban allí –todas Betas, si sus sentidos no le fallaban–, así que no tardó en moverse hasta las zonas privadas de la mansión.
El ala de habitaciones destinada a los invitados de Sahori estaba tan vacío como en días anteriores. Así que nadie nuevo había entrado. La propia habitación de la heredera Kido no olía a nada más que a limpieza y aromatizante sintético de flores. Hyoga podía asegurarlo.
Pero el pasillo que daba a sus propias habitaciones…
Hyoga se quedó paralizado, allí el aroma era mucho más fuerte, mucho más insoportable.
Dudó acerca de si podía seguir avanzando, si en verdad su cuerpo y esa extraña sensación bajo su piel no acabarían traicionándolo. Pero no había nadie más a quien pedirle aquello, él debía buscar la solución a esto. Además, su habitación estaba al fondo del pasillo…
Pasó por el cuarto vacío de Seiya, que jamás quiso ocupar, y el de los demás Santos reunidos para la Galactic War. Hyoga debió darse cuenta antes de que las ultimas habitaciones pertenecían a Shiryu, a Shun… y a él mismo. Por lo que su búsqueda se reducía a meter su cabeza por un tramo de la puerta entreabierta y quitarse las dudas.
La habitación de Shiryu no era el foco de aquel aroma tan enloquecedor, y podía simplemente sacarse de la cabeza el buscar en su propia habitación… por lo tanto.
Hyoga escuchó la voz del Santo de Andrómeda apenas estuvo parado frente a la puerta de su cuarto. No era raro encontrarlo allí, ya que a menos de que lo obligaran a entrenar para antes de una batalla, el chico apenas ponía un pie fuera de la mansión, pero Hyoga jamás había sentido ese olor cerca del chico, o de su cuarto.
Tal vez Shun no estuviera solo.
Aunque Hyoga no se imaginaba al chico entrando en la mansión con algún Alfa desconocido.
Golpeó la madera laqueada antes que siquiera pensara que era lo que estaba haciendo allí parado, o que era lo que diría cuando Shun abriera la puerta. Lo cual fue demasiado rápido como para que pensara algo coherente… algo que definitivamente no iba a servirle de mucho, después de todo. Ya que cuando el Santo de Andrómeda abrió la puerta de su habitación, aquel aroma que había sentido desde la sala lo golpeó casi de forma física, causándole hasta dolor.
Hyoga lo sintió exactamente como si su estomago hubiera recibido un tirón desde dentro, haciéndole sentir hasta nauseas.
—Hyoga… ¿Estás bien?
Los ojos verdes no tardaron en posarse sobre la figura del rubio Santo, un tanto curioso y preocupado por verlo allí. Ya que no habían cruzado más palabras que las estrictamente necesarias, y los saludos por cortesía en la mañana y la noche.
Hyoga no pudo siquiera contestarle, parado frente a él como si de golpe todo su cuerpo se hubiera quedado congelado. Su piel había dejado de picar, pero comenzaba a aumentar la temperatura en ella.
—¿Hyoga?
Shun comenzaba a ponerse nervioso, y no tardó en acabar de abrir la puerta de su cuarto y acabar con los dos pasos que lo separaban del rubio, preocupado por la falta de reacción del Santo.
—¿Te sientes mal?… Creo que estas sudando mucho.
Esa simple declaración funcionó para que Hyoga reaccionara, aunque fuera para ver por si mismo las reacciones de su propio cuerpo.
—No. Lo siento, sólo… Perdón.
Se obligó a ponerse en movimiento, rápido y sin mirar hacia atrás, aun cuando Shun volvía a preguntarle si estaba bien, o si necesitaba algo… Sólo caminó lo más rápido que podía hacia la propia puerta de su habitación y en menos de un segundo ya estaba en la relativa protección de esas cuatro paredes.
Se detuvo a un paso de su cama, sintiendo la comezón empezar nuevamente, y el olor… aquel aroma impregnado en sus fosas nasales, que amenazaba con iniciarle un celo anticipado.
—¡Maldición! —gruñó porque no había caído en la cuenta antes. Estaba a nada de que su cuerpo se revelara contra él definitivamente… y no podía darse el lujo de pasarse una semana encerrado allí.
Estaba en Japón, no por gusto, si no porque de otra manera la fundación Graude hubiera incluso ido a buscarlo. Además, estaba la posibilidad de ganar la Armadura Dorada.
Sí, por ello es que estaba ahora en ese país, y no por otra cosa. No podía desviarse de ello. Y menos por un simple olor, por mas exquisito que le fuera, o que despertase tantas cosas en él.
Se desvistió en cuestión de segundos, abriendo las llaves de la ducha sin importarle que estuviera muy fría, o muy caliente. Necesitaba sacarse la sensación de calor, y principalmente, aquel aroma pegado a su piel.
Quizás tardó más de lo que creía, porque en muy poco tiempo después de salir del baño, oyó el golpe ligero en su puerta, y a una de las sirvientas de la mansión anunciándole que la cena estaba lista. Se quedo parado en medio de la habitación, con su cintura apenas cubierta con una suave toalla, pensando… Bajar no seria algo sanamente cuerdo, no luego de lo que pasara en la puerta del Santo de Andrómeda. Sería una locura pararse en medio del comedor y enfrentarse a ese aroma una vez más.
Una segunda llamada a cenar lo sorprendió luego de acabar de vestirse. Esta vez era Tatsumi aporreando su puerta sin miramiento alguno, y advirtiéndole que la Señorita Kido no terminaría esperándolo, y que tampoco aceptaría el desaire de su falta en la mesa.
Hyoga apretó los dientes lo más que pudo, causándose un dolor acorde a la rabia que estaba comenzando a sentir. Obviamente no quería pasar toda una cena en presencia de Shun, y mucho menos habiendo más ojos que podrían llegar a notar que tan mal le hacia el Santo de Andrómeda.
—¡Voy! —fue su simple contestación, aunque más podía identificarse como un gruñido gutural, que como una palabra en sí.
Se vio en el espejo, reconociendo que aún seguía siendo él… No un Omega perdiendo el control de su propio cuerpo, por un estúpido aroma.
Bajó gastando más tiempo del que tenía, y estaba seguro que ya todos los demás estaban en la mesa.
—Buenas noches, Hyoga. Ya pensaba que no vendrías. —Sahori sonrió, pero era obvio que su sonrisa no era sincera. —Ya puedes servir, Tatsumi.
—Sí, Señorita.
Hyoga sólo asintió, asegurándose de no ver a nadie en la mesa, así tuviera que meter la cabeza dentro de su plato. A su lado, Shiryu lo observaba un tanto intrigado, y de tal manera que el Santo del Cisne no podía no darse cuenta de su mirada sobre él.
—¿Qué?
—Nada… Solo que Shun dijo que habías estado raro… o mal. Pero no te veo mal en lo absoluto. —el Dragon pareció analizarlo por unos instantes antes de volver su atención a su propio plato, y así zanjar el asunto.
Hyoga quedo un momento pensando en lo que Shiryu había dicho antes de que el nombre que saliera de sus labios reverberara en su mente.
¡Shun!
Claro, el Alpha que él no sabía que era un Alpha.
Sus ojos buscaron su ubicación en la mesa, encontrándolo justo en frente suyo, tan abstraído en su plato, como el mismo Hyoga había estado hacia unos minutos.
Shun no parecía prestarle atención a nadie de los que estaban allí sentados, ni a Sahori que tenia una rara manía de intentar comenzar una conversación con alguno de ellos al azar, en una extraña cortesía de su parte, ni a ninguno de los otros Santos a su alrededor, al parecer. Su cubierto hacia sinuosos movimientos en lo que era una deliciosa sopa crema de cebollas –o eso mismo había dicho la Señorita Kido–, pero nada de ella había tocado los labios del joven Santo.
Se animó por un instante, nada más un maldito y loco instante, a aspirar el aire a su alrededor. Quizás buscando la corrobación de aquello que horas atrás había encontrado en el cuarto del joven.
Pero nada llegó a su fino sentido del olfato. Sólo el aroma especiado de la comida, y algo dulce… como si las flores de la sala estuvieran desprendiendo más aroma del que se podría esperar.
Pero allí no había nada. No al menos olor a Alpha… al Alpha que él había apreciado antes.
No pudo evitar quedarse viendo a Shun, incluso de manera fija y sin ninguna vergüenza de ser descubierto, después de todo, nadie parecía estar prestándole atención a ambos. El chico seguía jugando con su comida, una y otra vez, y apenas probaba bocado cada pocos minutos y sin muchas ganas, antes de dejar su cuchara junto al plato.
Hyoga no podía dejar de verlo, pensando en que era lo que había pasado allá arriba… porque aun no le cerraba la idea de que el chico hubiera llevado un Alpha en celo a la mansión y lo hubiera dejado encerrado en su cuarto. ¿Con qué fin? Shun era un Beta después de todo… ¿no?
—Buen provecho.
—Shun. No has comido nada… ¿No te sientes bien? —Sahori lo observó con fingido interés, intermitentemente entre el rostro del Santo, y el plato abandonado casi sin tocar.
—No, mi Señora… solo estoy inapetente. Si me disculpan, creo que me iré a descansar. —una corta reverencia y un 'Buenas noches' dicho a media lengua, fue lo último que Hyoga vio del chico antes de que saliese del comedor.
Nadie pareció reparar en el hecho de que Shun dejase la mesa antes de siquiera acabar de comer… Aunque el Santo de Andrómeda había dejado pasar la sopa casi sin tocarla.
—¿Tú también estas inapetente, Hyoga? O… ¿Acaso la sopa no es de tu agrado? —Sahori lo retrotrajo a la realidad, una donde tenia que pensar que estaba rodeado de personas, y no una donde lo único que quería era ir a preguntarle a Shun que le sucedía.
—No, claro que no, Señorita Kido… Todo, como siempre está muy delicioso. —acabó de contestar tratando de que la heredera de Mitsumasa no siguiera con la improvisada conversación.
—Me alegro. —fue lo único que la adolescente dijo, antes de ignorarlo por completo. Algo por lo que Hyoga agradeció en silencio.
Luego, la cena pasó demasiado lenta para el gusto del Cisne, apenas intercambiando un par de palabras con Shiryu, cuando el Dragón le preguntó acerca de su próxima lucha; pero la verdad es que ya quería disculparse e ir hacia su habitación otra vez. Tenía que pensar en qué hacer, y decidirse rápido, porque si era lo que él creía que era…
De seguro no tenía mucho tiempo.
Continuará.
Notas finales: ¡Primer capítulo, Yay!
Llevo mucho tiempo queriendo hacer un Omegaverso en el universo de Saint Seiya, y este no fue mi primer intento… pero fue la historia que más se enraizó en mi cabeza.
Así que aquí les traigo mi visión de un Alpha/Beta/Omega mezclado con el Cosmo y los Santos.
Explicación rápida: Hace un par de escritos de mi autoría (que nunca salieron a la luz), dispuse que en mi universo del Alphas/Omegas, hay más cantidad de Betas, una rara cantidad de Omegas… y muy pocos y raros Alphas. Creo que eso va a explicar ciertas cosas del fic en cuestión.
Pero si tienen dudas no se las guarden, pregunten que todavía no muerdo.
Ya saben… ¿Criticas? Constructivas y destructivas… todo vale.
