48 – LOBO HAMBRIENTO
Sango consiguió cuatro jarrones grandes, donde puse mis cuatro docenas de rosas en mi habitación; la cual olía sutilmente a ellas.
Cuando salí de bañarme, me puse mi pijama. Un shortcito turquesa y una blusa blanca con tirantes y cuello del color del short.
Ah, me perdí el baño - murmuro Inuyasha caminando con aire decepcionado.
¿Que?
Quería bañarme contigo.
Solté a reír.
Yo te ayudo - me arrebato la botella de crema corporal.
¡No!
Shh.
Inu... - no quería dejarme llevar por las hormonas.
Extendió la crema en sus manos y la puso en mi pantorrilla.
Inu, detente.
Siguió humectando mi pierna, mi muslo izquierdo.
¡Inu, no! - murmure con autoridad, poniéndole el pie derecho en su pecho.
Tomo mi pie y paso la lengua por mi dedo gordito.
¡¿Que estás haciendo?! – No pude evitar reírme
Soltó mi pie y me vio de una manera extraña.
¡Comenzó a acorralarme en mi propia cama! Me sentí como un pobre venadito siendo acorralado, por un lobo hambriento.
Cuando vayas a mi habitación, tus pones las reglas. Cuando yo venga... eres mía. - susurro con voz ronca.
¿Quién eres tú y que has hecho con Inuyasha? - pretendí estar asustada.
Bueno, lo admito. Estaba asustada y perturbadoramente fascinada.
Se quito la playera y comenzó a desvestirme como si tuviera prisa.
Apaga la luz – le dije
No, quiero verte.
Por favor - susurre con voz tierna. Me daba vergüenza que me viera desnuda.
Se levanto fue y apago la luz y regreso a la cama en tiempo récord.
Mis manos no podían dejar de tocarlo y las suyas recorrían mi cuerpo con avaricia.
Cuando nos convertimos en una sola persona, vi de nuevo esa lucecita, pero un poco más intensa.
Los movimientos de Inu no eran como los anteriores: suaves, lentos y tiernos. Estos eran más fuertes, rápidos, urgentes y con un toque salvaje.
Inu...yasha... - susurre su nombre, aferrándome aún más a su espalda.
Lo siento... no puedo controlarme.
No lo hagas - le pedí.
No estábamos haciendo el amor, como las dos noches anteriores. Estábamos teniendo sexo y era aún mejor.
Solo éramos dos adolescentes dominados y consumidos por las hormonas. Si bien no era perfecto - por que aun estábamos empezando - pero era suficiente para bajar el calor del momento.
Cada célula, cada poro, cada respiración, cada latido, se sentía con más intensidad, como si se hubieran maximizado a la décima potencia.
Sus besos, sus caricias, los cadenciosos y enérgicos movimientos de su pelvis, me acercaban más a esa linda lucecita, que me llamaba.
Retire una mano de la espalda de Inuyasha y trate de alcanzarla - el sexo ya me estaba haciendo alucinar - Cuando ya casi la alcanzaba, aquella exquisita y adictiva sensación de calidez, exploto desde el centro de mi ser, expandiéndose como las ondas de una bomba atómica.
Nombre una y mil veces, al causante de esa magnifica experiencia.
Inuyasha, Inuyasha, In...
Gomy... creo que moriré - murmuro aun dentro de mí, aferrándose más a mi cuerpo.
Gomy, en verdad lo siento - cuchicheo antes de que me quedara dormida.
¿Por qué lo sientes?
¿Yo... no te lastime?
No. ¿Por qué? ¿acaso querías hacerlo?
¡Claro que no! Siempre te he tratado como la muñequita de porcelana que eres. Pero cuando te toco... me olvido de eso y... no sé qué me paso...
Ya Inu, tranquilo. Se que está en tu... naturaleza, estar siempre cuidando de mí. Pero... - me subí arriba de él y lo besé - en esto no te preocupes. Si quieres cuando yo vaya a tu habitación, te doy unas cuantas nalgadas – el se rio
No prometas cosas que no vas a cumplir, Gomy.
