49 – CELOS, MENTIRAS Y LUJURIA

Hola, Bicho - saludo de lo más normal.

Hola, Yeti. - saque mi libro de economía del casillero.

¿Vendrás hoy? Es la primera práctica.

Inuyasha hizo la prueba para entrar al equipo de fútbol americano, la primera semana de clases. Kouga lo había ganado ese año, luego de que mi primo y Bankotsu, pelearan por él, en una batalla sangrienta de Piedra, Papel o Tijera.

¿Quieres que vaya?

Te estoy invitando - puso los ojos en blanco.

Si quieres que vaya, iré. - mi tono fue indiferente.

Si no quieres ir, no vayas. Es solo que creí que... seria lindo que fueras - agacho la cabeza y hundió los hombros.

Se veía tan bonito cuando estaba triste y avergonzado.

Solo las porristas y las novias de los jugadores, van a las practicas, ¿no?

Se que no entramos en la categoría de... novios - susurro la palabra - pero... no olvídalo.

Comenzó a alejarse.

Inu... espera. - lo tome del brazo - Cuando me he perdido la primera practica? ¿Cuándo me he perdido tus juegos? He estado ahí, incluso cuando has estado en la banca.

Sus ojos oscuros se iluminaron.

La práctica es a las tres.

Llevare mis pompones - me burle.

Llegue al campo de fútbol americano un poco antes de la tres. Me senté en las gradas donde no daba el sol.

Abajo en la pista de carreras que rodeaba el campo verde, Ayame estiraba su curvilíneo cuerpo, junto a sus demás compañeras porristas.

Saqué uno de mis cuadernos y comencé a garabatear mi nombre. Escuche la voz inconfundible del entrenador. Tronante y amenazadora.

Volteé hacia la dirección donde se escuchaban varias voces y que fue lo que vi... Al chico más guapo y sexy de la escuela. Ataviado con los pantalones blancos ajustados, y el numero 11 escrito en blanco, en la playera azul del equipo.

El chico en cuestión, sintió mi insistente mirada y volteo a verme. Sonrió de manera deslumbrante y me guiño el ojo. De inmediato desvié la mirada, sonrojada.

El entrenador Jackson grito unas cuantas instrucciones, que para mí fue como si hablara en mandarín.

Busque en mi bolsa mis lentes de sol, para que no se viera que me comía con los ojos al jugador número 11.

Cubran a Taisho, ¡cubran a Taisho! - grito de repente el entrenador, ocasionando que me sobresaltara.

Taisho logro escabullirse y... metió gol? No así no es. ¿Anoto? Si anoto. Y luego hizo un bailecito raro.

¡Hola Kagome!

Hola Aya.

¿Te unirás a las porristas? - pregunto ilusionada.

¡No!

Es una lástima. ¿Te puedo preguntar algo?

Adelante - se sentó a mi lado.

¿De casualidad sabes qué tipo de chicas le llaman la atención a Inuyasha?

¡¿Que?!

No... ¿Por qué? - susurre.

Es que varias de las chicas, dicen que es muy lindo y quieren invitarlo a salir.

Logre tragarme la rabia para contestar:

No Ayame. No lo sé. - solté unas risitas. Actuadas por supuesto.

¿Nunca te ha dicho algo? ¿Que exprese su preferencia por rubias, castañas o pelirrojas?

No - enterré aún más la punta de mi pluma en el cuaderno.

¿Entonces de que hablan? Siempre están juntos y se cuentan sus secretitos.

Hablamos de muchas cosas, pero no de eso. O tal vez sí, pero no le he puesto atención. - Eso era mentira, siempre escuchaba lo que él decía.

Mmm. Bueno. A ver qué pasa, pero si puedes pregúntale. Y por favor, por favor... considera unirte al equipo. Eres la candidata ideal, eres bonita, tienes buen cuerpo, eres popular. Serias la reina de esta escuela.

Y sigue con eso.

¿Y quitarte ese puesto a ti? No podría con mi conciencia. Eres mi amiga, jamás te haría algo así. - eso la aplacaría por un tiempo.

¡Amiga! - me estrangulo con su abrazo - Te quiero.

Si, si yo también, Ayame - le di unas palmaditas.

Los jugadores estaban en un descanso e Inu se acercó a la malla. Baje los cuatro escalones que nos separaban.

¿Qué te parece? ¿Juego bien?

Supongo - me encogí de hombros.

¿Supones? ¡Anote! ¡¿No viste como corrí?!

No. Estaba muy ocupada teniendo todo tipo de fantasías, con el jugador número 11. Lo siento – dije fingiendo desinterés

Levanto las cejas sorprendido por mi honestidad.

Esto no se va a quedar así, Kagome. Como que me llamo Inuyasha Taisho. - me miro directamente a los ojos, poniéndose el casco de nuevo.

Taisho! ¡Deja de secretearte con tu hermana y trae tu trasero aquí de inmediato! - grito el entrenador.

Regresé a mi asiento y seguí garabateando en mi cuaderno.