50 – EL UNO EL DOS Y EL TRES

Por la mañana no me podía ni levantar. Inuyasha me había hecho pagar muy caro, mis palabras.

¡Yo no tenía la culpa de que el jugador número 11, fuera tan sexy! Además, como había dicho Ayame, nos contábamos todo. Yo no le podía ocultar que me sentía atraída por ese hermoso jugador de ojos oscuros y profundos.

Inu había llegado como un bólido a mi habitación, cerrando las puertas con seguro, apagando las luces. Incluso llego mucho antes de lo acostumbrado.

Me arrastro hacia la cama, contra mi voluntad y comenzó a tocar todo mi cuerpo.

No tarde ni un segundo, estar en el mismo canal que él. Parecía como si esa noche estuviera hecha de gasolina y el fuera una pequeña llama -bueno no tan pequeña, claro - en cuanto me toco, comencé a arder.

No podía tener suficiente de él. De sus besos, sus caricias, su cuerpo... Sentí mi corazón, latir más rápido que el batir de las alas de un colibrí.

Tuve que morderme la lengua, hasta casi sangrarla, para no gritar su nombre a todo pulmón. No fui cuidadosa con él, porque él no lo estaba siendo conmigo. Jale su cabello, mordí sus labios, rasguñe su espalda, aprete su duro trasero entre mis manitas. Deje que él también me mordiera, pero sin dejar marcas.

Seguimos tratando de tener sexo, sin hacer ruido. Esa noche, todos estaban en la casa y era temprano.

Era tan hermoso, fuerte, sexy...

Termine muy agotada. Pero el parecía que le habían dado cuerda y quería más.

Me hizo suya casi de nueva cuenta, casi de inmediato. Aunque fue más calmado, pero casi igual de intenso.

Yo había pensado que ni siquiera iría a mi dormitorio, puesto que había recibido varias tacleadas. Supuse que se quedaría en su habitación a descansar. Pero no. Algo había poseído a ese chico.

A pesar de que había terminado muy cansada en el primer round, me escuche pidiéndole más la segunda vez. Y como dije, parecía que su energía era infinita.

No desperté en toda la noche, hasta que sonó mi despertador y estaba sola. Pero en mi almohada había una hermosa rosa blanca

Durante el día me sentí como un zombi, hasta que llegó la hora de la práctica. Fue como si acabara de despertar.

De nuevo, el delicioso número 11, capto mi atención.

Quise llevarlo debajo de las gradas y besuquearme con él, hasta que el director o alguien con autoridad, nos descubriera y nos llevara castigados. Luego quise ayudarlo a ducharse, después de la practica...

Tenía que decirle a Inu que ya no iría a los entrenamientos, si no podía controlarme. Además, se me revolvían las entrañas, al ver como la resbalosa de Mari -capitana de las porristas- desnudaba con la mirada a mi número 11.

¡Era una zorra! Ella tenía novio. Se llamaba Takumi. Era el Bully de la escuela. Ella se creía mucho con su cabello color fuego, pero tenía una voz muy chillona. Lo bueno es que ambos tenían un pie fuera de la escuela.

Su papa era el embajador de no sé dónde y pronto lo mandarían a otro país. O tal vez la escuela la expulsaría por sus bajas calificaciones o por su exhibicionismo con Takumi en los pasillos de la escuela.

Inu me llamo en su descanso, como el día anterior.

¿Porque esa cara, Bicho?

Llamare a Miroku, para que venga por mí.

¡No! ¿Por qué? – pregunto asustado

No me gusta cómo te ve Mari.

¿Y tú crees que a mí me importa cómo me ve?

Es muy bonita - me encogí de hombros.

No me gustan las vulgares y pelirrojas. Las prefiero tiernas y castañas. Con risos gruesos que rebotan como resortes cuando caminan. Labios llenos y rojos. Pálidas y suaves como la porcelana, que me encienden con una mirada y que me quitan el sueño desde que tengo doce años.

Sentí como mis mejillas ardían.

Inuyasha se encogió de hombros.

Ese es el tipo de niñas que me gustan.

Le diré a Ayame, por si conoce a alguien con esa descripción. - el día anterior de camino a casa, le había contado mi conversación con Aya.

Si, por favor. Me urge. - comenzó a alejarse.

¿Inu?... ¿me podrías hacer un favor?

Claro.

Le puedes decir al número 11... -le hice señas para que se acercara más - que cuando lo veo, mi ropa interior... ¿se humedece? - me mordí el labio y me aleje.