51 – NUMERO 11

Esa noche Inu se decepciono de nuevo, porque ya me había duchado. Insistía en bañarse conmigo. Pero se conformó con ponerme crema en las piernas y darme un masaje en los pies.

Gracias a Dios, mañana es la última practica de la semana - murmure mientras Inu masajeaba mi pie derecho.

En serio Gomy, si no quieres ir a las practicas, no me enojare.

No es que no quiera ir... es que cuando salgo por la mañana de esta habitación, soy yo. Kagome y nada más, en todo el día. Y cuando llego al campo y veo al número 11... es como si estuviéramos aquí en mi habitación. Y estuviera hecha de combustible... No me controlo.

¿Qué le ves, Gomy? ¡Ni siquiera es guapo!

¿Que no es guapo? ¿No lo has visto sin el casco? Tiene unos ojos oscuros y profundos. Un cabello negro y reluciente. Un cuerpo que me hace temblar y una sonrisa... una sonrisa que hace que toda la soledad y dolor desaparezcan - derrame una lagrima. - Así que ni te atrevas a hablar mal de él, en mi presencia.

No merece ni siquiera que lo mires - acerco su rostro al mío y me beso con ternura.

Ese es el problema. No puedo dejar de mirarlo. - murmure viéndolo directamente a los ojos.

¿En verdad te gusta? - susurro acomodándose sobre mí.

Si.

Si quieres puedo presentarlos.

¿De verdad?

Si es lo que tú quieres - se encogió de hombros.

Si quiero conocerlo - bese su mejilla.

Gomy, hay algo que he querido preguntarte...

Dime.

¿Quieres salir... conmigo?

¿Que?

Como una cita de verdad.

Inu, si sabes que soy tu hermana... verdad? Una cita se vería... raro.

Si, lo sé. Pero nadie tiene por qué saberlo. Solo tu y yo. Solo nosotros dos, como ha sido desde el principio. Iríamos al cine y luego a cenar. Kouga y Tsubaki salen de vez en cuando, claro que no como nosotros. También Aya y Haku. No nos besaríamos, no nos tomaríamos de la mano. Nos divertiriamos...

Inu...

...como salíamos cuando teníamos...

Inuyasha. No tienes que venderme la idea de que tengamos una cita. Si quiero salir contigo. Pero me tienes que presentar al chico número 11.

Con tal de que salgas conmigo, lo traigo a esta cama.

¿Un menage a trois?

¡Kagome!

¿Que? ¿Te imaginas? tú, yo... el.

¿No te soy suficiente?

Tal vez. Si lo intentaras.

¿Es un reto? - enarco una ceja.

Tómalo como tú quieras.

Su rostro se tornó desafiante.

Dios, como es que, solo siendo iluminado por mi lamparita de noche, ¡¿lo seguía viendo taaan guapo?!

Acaricié su rostro y lo atraje hacia mí. Lo bese, lo bese y lo volví a besar, como antes solía hacerlo. Pero ahora podíamos hacer otras cosas, mucho mejores.

Comenzó a desvestirme con lentitud. Beso cada centímetro de mi piel desnuda.

Esta vez, en lugar de avergonzarme porque me estaba viendo sin ropa, me estire en la cama para que tuviera una vista completa de mi cuerpo. Estire los brazos hacia el techo. Alzo la vista desde mi vientre y recorrió mi ser con sus ojos y sus manos.

Sin decir una palabra, entro en mí, haciéndome estremecer y susurrar su nombre.

Esta vez se movió diferente. No fue tierno como la primera vez, pero tampoco salvaje, como la noche anterior. Fue una mezcla de ambos.