55 – NO DE NUEVO!

Nuestras visitas nocturnas continuaron... y una que otra diurna.

Me sentía como Superman, no por la fuerza, velocidad y demás poderes, claro; sino porque de día me disfrazaba de niña buena, ejemplo a seguir, miembro del consejo estudiantil. Y de noche era cuando revelaba mi verdadera identidad: adolescente dominada y consumida por las hormonas.

¡Esa era la verdadera yo!

Un jueves por la mañana, antes de ir a la escuela, fui al baño.

¡No! ¡No de nuevo!

Maldición, estúpido periodo. Estúpido, estúpido.

Estaba más enojada y consternada, que aquel primer domingo.

Luego de clases, fui a la práctica de Inuyasha. Si ganaba de nuevo el juego de ese sábado, no podría celebrarlo con él, como el viernes pasado.

Y no ponerle las manos encima, era igual de difícil que intentar separar las aguas del mar, para pasar por en medio como Moisés.

Suspire con tristeza, cuando anoto de nuevo en la práctica.

Esa noche luego de que me bañé, cerré con seguro mis dos puertas. Casi lloré cuando lo hice. Apagué las luces y me acosté. Obviamente, casi no dormí. Di vueltas y vueltas en la cama; sin su presencia me parecía muy grande y muy fría.

Por fin me dormí, cuando abracé una almohada y pretendí que era él.

Inuyasha no me hablo en el desayuno y yo no lo mire. Eso me dio Deja Vu. Se parecía mucho a las semanas posteriores a nuestro primer beso en la playa.

En el colegio tampoco nos hablamos.

Después de mi clase de Química, fui a dejar mi libro y mi cuaderno al casillero y tomé mi libro de francés.

Hola - susurro Inu a mi lado.

Hola.

¿Este... puedo... puedo ir hoy... en la noche? - pregunto mirando el suelo y con las manos en los bolsillos.

Ah... eso. Mmm no. - me hice la loca acomodando mis libros en el casillero, para no verlo a los ojos.

¿No? ¿Ya... ya no quieres que vaya?

No es eso.

¿Entonces?

Cerré mi casillero.

Es que... - me mordí el labio.

Anoche fui y estaba cerrado.

Lo sé, yo cerré.

Mis mejillas ardían. Decirle que estaba en mis días, era vergonzoso.

¿Estás viendo a alguien más? - cuestiono abatido.

Si, Inuyasha y entra por la ventana - dio un respingo - No seas absurdo. Es que - me mordí el labio de nuevo - Es que estoy en ese tiempo de mes en que... Tú sabes, fuiste a educación sexual conmigo.

¡Oh! -asintió avergonzado - ¿En serio? ¿Tu?

Si.

¿Tu? - pregunto incrédulo.

Por más que digas que soy de porcelana, no lo soy.

¿En serio? ¿Tu? - pregunto otra vez.

¿No me crees?

No. Es decir, si te creo. ¿Esto paso por que... - se acercó más - Esto paso por que nosotros...?

¡No! - me reí.

¿No es la primera vez?

Me reí con más ganas, meneando la cabeza.

¿Desde cuándo?

¡Años!

¿Años? ¿Porque nunca me lo habías dicho? - pregunto ofendido.

No es algo que te concernía, hasta ahora y creo que, aun así, ni deberías saberlo. Uno no anda contándole a medio mundo. "Hola, hoy me llego mi periodo, ¿genial no? - levante los pulgares.

Inuyasha se cruzó de brazos.

Inu en educación sexual, nos dieron demasiadas y vergonzosas clases sobre eso. Tu estabas ahí. Tengo quince años y pensaste que yo aun no...

Procuraba no escuchar eso.

Ah.

¿Entonces... ni siquiera podemos dormir juntos... cómo antes?

Sonaba muy tentador, pero estaba segura de que no lo resistiríamos.

No lo creo, Inu. Lo siento.

¿Iras al partido?

No me lo perdería, por nada.

El delicioso número 11 - como lo llamaba oficialmente cuando traía el uniforme - jugo muy bien. Corrió, esquivo y anoto. Quería pasar una esponja por su cuerpo atlético, esa noche en mi bañera y hacerle cosas que aún no me atrevía hacer.

Fui con Inuyasha a la fiesta que organizaban al terminar el partido. Quise golpear a la resbalosa de Mari, cuando invito a bailar a Inu, cuando yo estaba bailado con él. Takumi hizo un escándalo y se la llevo casi arrastrando del cabello.

Inuyasha me tomo de la mano y se abrió paso entre nuestros ebrios compañeros. Lo último que queríamos eran problemas y nos fuimos de la fiesta.

Una vez en mi habitación, el muy bobo dijo:

¿Puedo besarte o tampoco podemos hacer eso?

Puse los ojos en blanco y lo jalé de la playera para besarlo.

Hasta mañana, Inu.

¿Segura de que no podemos dormir juntos?

No lo creo.

¡Niña mentirosa!

En la madrugada camine hasta su puerta y entre a su habitación. Me acosté en la orilla de la cama, sin tocarlo. Solo quería estar cerca de él y respirar el aroma de su piel bronceada.

Él estaba acostado boca arriba, dio la vuelta y su brazo me pego. Comenzó a tocar mi estómago y fue subiendo a tientas hasta mis senos.

¿No que no podíamos dormir juntos? - murmuro medio dormido.

Si quieres me voy - trate de levantarme, pero sus brazos me lo impidieron.

¿Qué te hace creer que te voy a dejar ir? - me apretó con fuerza contra su pecho.

No pude más que sonreír y quedarme dormida minutos después.