56 – SHOPPING

Como Inuyasha no tenía ni idea de cuánto dura un periodo menstrual, lo hice sufrir unos días más.

El viernes después de clases, fui de compras a Victoria's Secret. Era una clienta regular, ya me conocían. Para las chicas de la tienda, yo compraba ropa interior bonita para usarla bajo el aburrido uniforme del St. Meyer; no para mis visitas nocturnas al dormitorio de mi hermanastro.

Compre una bata de satín color purpura, para usarla cuando saliera del baño. Sostenes y bragas de encaje - al parecer volvían loco a Inuyasha -. Nuevos pijamas bonitas, cómodas y coquetas, las cuales solo usaría unos minutos y luego terminarían en el suelo.

Después fui a Macy's. Compre perfumes, entre ellos Romance de Ralph Lauren y 212 Sexy de Carolina Herrera. También compre una buena dotación de brillos labiales. En lugar de ponérmelo en los labios, me daban ganas de dárselos a Inu para que se los comiera. Al fin y al cabo, eran comestibles. Unos sabían a Skittles, otros a frutas y mi favorito era de cereza.

Luego fui por mi adicción: esmaltes para uñas.

Una vendedora me "engatuso" y compre un hermoso estuche de maquillaje.

Me di una vuelta por la sección masculina, quería regalarle algo más a Inuyasha, igual que a mi misma en lencería. Pero tampoco quería imponerle algo. Al final escogí una loción que me encanto, comencé a soñar despierta, con su atlético y marcado cuerpo y como olería con esa loción... deje mis ensoñaciones y compre el estuche completo. Quería regalarle algo más, pero ya tenía computadora, iPod, ropa, videojuegos, pantalla plana.

Un celular... le podía regalar un celular más nuevo y de paso comprarme otro yo. A mí no me importaba mucho traer el celular más nuevo, como a los demás. Aparentaba ser superficial, pero no lo era... bueno no mucho.

Miroku me esperaba afuera de la tienda junto al auto y subió todas mis compras en la cajuela. Le pedí que me llevara a la tienda de celulares que estaba unas calles más arriba y compre un BlackBerry morado para mí y uno negro para Inuyasha. Al de él lo mande envolver como si fuera un regalo, junto con la loción. Esperaba que le gustaran y si no, bueno se lo regalaría a Miroku.

Cuando llegamos a la casa, Sango dijo que la comida ya estaba lista y que Inuyasha aun no llegaba de la práctica. Cuando había juego en sábado entrenaban también los viernes.

Comí en la cocina con Sango y Miroku, los tres platicamos de todo y nos pusimos al día de nuestras vidas. Tenía mucho tiempo sin comer con ellos en la cocina. Me recordó mi vida en Chicago. Cuando solo éramos Onigumo y yo. Luego fuimos Onigumo, Joka, Inuyasha y yo, pero por muy poco tiempo. Después solo fuimos Inu y yo y no había sido tan feliz desde... Realmente nunca he sido feliz completamente. Porque nunca lo he tenido todo.

Sango compensaba la ausencia de Kikyo. Papa compensaba sus ausencias con regalos. Ahora compensaba el amor de papa con el que Inu me daba. Y para rematar, como no había estado con Inuyasha, lo sustituí con compras.

Dudaba que algún día lo llegara a tener todo en la vida. Pero por ahora, me conformaba con lo que tenía.