57 – REGALOS
El entrenador Jackson, estaba más que encantado con los resultados que dio, la camaradería de Inuyasha y Kouga. Gracias a ellos, habíamos ganado tres juegos seguidos.
Luego del partido del sábado, tuvimos que ir a la fiesta que organizo no se quien, con motivo de celebración. Había alcohol de todo tipo y cerveza la que quisieras. Los dealers de la escuela, hicieron su agosto esa noche. Ni supe en casa de quien estábamos.
Había chicas del ultimo grado teniendo sexo en la piscina con sus novios, sin ningún pudor.
Inu, no quiero estar aquí - susurre en su oído cuando me llevo una cerveza.
Yo tampoco, pero si no estamos aquí, pensaran que somos extraños.
Asentí y bebí de la cerveza.
Ayame y Kouga no dejaron de besarse, en un sillón de la sala, de aquella casa desconocida para mí.
Quiero besarte, Gomy - susurro Inu.
Yo también... y no solo eso. - me mordí el labio. - Ya vayámonos a casa, además te tengo un regalo.
¿En serio?
Si.
Un regalo regalo o un Regalo Regalo - subió y bajo las cejas repetidamente.
Me reí de su expresión.
Ambos. - respondí.
¿Ambos?
Asentí mordiéndome el labio
Tomamos un taxi que nos llevó a casa. Queríamos besarnos, al fin y al cabo, el chofer no nos conocía, pero nos abstuvimos de hacerlo.
Como siempre lo hacíamos, entramos a nuestras habitaciones por la puerta tradicional y cerramos con seguro.
Busque en mi armario los regalos de Inuyasha: la loción y el celular. La lencería ya la llevaba bajo la ropa.
Entre a su habitación, me estaba esperando sentado en su cama.
Espero que te gusten y si no... - me encogí de hombros - no hay problema.
Le entregue el estuche de la loción.
Le quito el papel de regalo.
¡Hugo Boss! - exclamo abriendo el paquete.
Se puso un poco en la muñeca y el olio.
¡Huele bien!
Si lo haces por no herir mis sentimientos, no lo hagas...
Cállese niña - me planto un beso en los labios.
De acuerdo. Este es tu otro regalo. - Le entregue la caja del BlackBerry.
Arranco la envoltura.
¡Un celular! Wow. ¿Porque tantos regalos? ¿Vas a terminar conmigo? - me miro como un perrito atropellado.
¿Que? ¡No! Solo son regalos. Tú me has dado regalos y no pienso que vas a terminar conmigo, o sí?
No. Gracias. Me gusta mucho la loción y el celular. - lo tomo entre sus manos - Tiene fotos tuyas sin ropa?
¡No!
Ah. - dejo el celular a un lado - Entonces no me gusta.
Que infantil eres Inuyasha Taisho.
¿Te puedo dar mi ultimo regalo? - pregunte.
¿Tienes otro regalo para mí?
Y vaya regalo - susurre con voz coqueta.
Oh.
Me quité la chaqueta roja y me recosté en su cama. Dejaría que el me desvistiera para que encontrara la lencería, que había comprado pensando en él.
Veamos que hay por aquí - desabotono mi pantalón -Piel suave y blanca como la nieve - murmuro muy concentrado en su tarea.
Me reí de su expresión.
¿Que habrá por acá? - abrió dos botones de mi blusa azul - Mas piel!
Beso mi clavícula, haciéndome cosquillas. Termino de abrir mi blusa y encontró el sostén de encaje azul.
Dios... encaje.
Acaricio mi rostro con ambas manos y fue bajando hasta mis senos.
¿Qué más habrá? - cuestiono bajando el cierre de mis jeans.
Su cara me recordó la primera mañana de navidad, que tuvimos juntos. Sus ojos brillaban emocionados, por la expectativa de descubrir que había debajo de la envoltura.
Acaricie su mejilla. Volteo el rostro para besar la palma de mi mano.
Me quito los botines y el pantalón.
Eres tan suave. -acaricio desde mis muslos hasta mis pies.
Se quito la chamarra del equipo de fútbol americano. Con mangas blancas de piel, con el número 11 en rojo en el brazo izquierdo y el resto de la chaqueta en azul.
Sus recientemente marcados pectorales, quedaron al descubierto cuando se quitó la playera negra.
Tal y como lo hacía cuando estaba a punto de comerme un gran tazón de helado de chocolate, pase la lengua por mis labios.
Tenía que hacerle un gran regalo a Joka, como agradecimiento por haber convertido en gimnasio, la habitación vacía del tercer piso. La mando acondicionar el día en que se enteró que Inuyasha entro en el equipo de Kouga, para que se ejercitara aún más.
Cuando desperté y me fui a mi habitación, noté que mi pulsera pesaba más.
Encendí la lamparita de noche y la observé con detenimiento. Tenía cuatro dijes más. Eran cuatro rosas de plata. El corazón me dio un vuelco cuando entendí el significado. Representaban las cuatro docenas de rosas, los cuatro años que Inuyasha llevaba queriéndome.
Como era de esperance, comencé a llorar y regrese a su habitación.
