60 – COMO MADRE E HIJA?

El sábado por la mañana, fui con Joka a Berdorf Goodman y me compro unos cuantos atuendos de niña buena del Upper East Side. Estaban bastante Chic, hasta eso.

Luego fuimos a una estética, donde me trataron como princesa. Me cortaron el cabello en capas, haciendo que mis risos cayeran en cascada.

Maldita Joka, me hacía muy difícil odiar ese día.

Me gustaba mi nueva ropa, mi nuevo corte.

Mi madrastra me presento con cuanta persona se encontraba y saludada.

Ella es mi hija Kagome.

No sé porque me avergonzó, cuando las personas me decían:

Hasta que tengo el placer de conocerte, Kagome...

Pensé que eras imaginaria...

Joka siempre habla de ti...

Pero nunca te vemos...

Eso era porque yo siempre evitaba salir con ella, a sus desayunos y demás eventos que tenía. Inventaba tareas, proyectos, exámenes, ensayos de libros... cualquier cosa con tal de no acompañarla.

A la hora de la comida, fuimos a su restaurante favorito. Era uno muy elegante y las mesas eran semi privadas.

Joka me pregunto sobre la escuela, mis amigos y los chicos.

¿En serio no tienes novio ni sales con alguien? pregunto atónita.

No. - mentí y negué con la cabeza.

¿Por qué?

¿Mmm porque me veo a escondidas, con tu ahijado en las noches?

No lo sé. Nadie me llama la atención ni yo a ellos. - eso era verdad.

Me parece difícil de creerte. Eres muy bonita. Eres hermosa, a decir verdad.

Solo lo dices porque eres mi madre, Joka.

¡¿QUE?! ¡¿Yo dije eso?! ¿Un poco de atención - por conveniencia - por parte de Joka y ya me vendí?!

¿Qué demonios me pasa?

Joka hizo una cara rara al escucharme decir eso. Apretó los labios y frunció el ceño. La lagrimas aparecieron en sus ojos y comenzó a sollozar.

¿Es... estas bien? - pregunte extendiendo mi mano hacia ella, pero la regrese.

Si, solo que... soy una tonta - se limpió las lágrimas, con un pañuelo que saco de su bolsa. - He esperado mucho para oírte decir eso.

Trague saliva.

Se veía... sincera. ¿Lo estaría siendo o estaba fingiendo?

Te quiero como si fueras mi hija, Kagome. Y a Inuyasha también. - entrecerré los ojos - He de confesar que por un buen tiempo... yo... yo no quería hacerme cargo de él. Yo no era lo suficientemente madura, para hacerme cargo de él. Yo tenía veintiún años cuando nació. Sus padres Toga e Izayoi eran mis mejores amigos en la preparatoria y cuando murieron yo tenía veintisiete, acababa de firmar un contrato con la editorial. Mi vida apenas comenzaba... pero cuando la trabajadora social lo llevo a mi casa y vi su carita... - lloro de nuevo.

Llore junto con ella al imaginarme a Inuyasha, siendo tan pequeño y solo. A esa edad yo tenía a Sango y a Miroku y a papa de vez en cuando, pero él no tenía a nadie.

¿En verdad lo quieres?

Lo adoro Kagome. A ti también y me duele que no me quieran.

¿Sabes por qué, Joka? ¿Sabes porque ya no siquiera nos molestamos en aparentarlo? ¿Porque te evitamos?

Me miro con los ojos muy abiertos.

Te escuchamos, Joka. A ti y a Onigumo, esa noche.

¿Que?

Me limpie las lágrimas y tome aire.

Hace un año... cuando papa no estuvo en mi cumpleaños, Inu me llevo a la ciudad y tú me abofeteaste...

No... - comenzó a llorar de nuevo al descifrar de lo que yo hablaba.

Los escuchamos discutir. ¿Porque Inuyasha y yo querríamos estar con personas que no nos quieren? Desde ese día él y yo nos consideramos huérfanos oficialmente.

Me encogí de hombros restándole importancia al asunto, para que no viera mi vulnerabilidad y que aún me dolían aquellas palabras.

Kagome... yo lo lamento tanto. Ese día estaba tan enfadada y preocupada por ustedes...

Lo se.

No quise decir nada de lo que dije, tampoco tu padre. No quise golpearte yo... lo lamento tanto.

Yo también lo lamentaba, pero eso me acerco a Inuyasha.

Ya es agua bajo el puente, Joka.

El domingo asistí al desayuno con Joka, en el Hotel Plaza. Pensé que sería de lo más aburrido, pero me encontré con Tsubaki, Ayame y Kana.

¡Oh por Dios! - exclamo Tsubaki.

¡Qué milagro! murmuro Ayame.

¿También te obligaron a venir? - pregunto Kanna con cara de aburrimiento.

Encontré un huequito en mi apretada agenda. - bromee.

Tal y como lo hice en los Hamptons, cumplí con mi papel de hija ejemplar. Pose para los fotógrafos junto a Joka y junto a mis amigas. En general la pase muy bien en ese lugar y con esas personas.

Y era oficial, había vendido mi alma al diablo por un poco de atención maternal. Y lo peor aún, es que me gustaba eso de ser una Socialité.

Solo esperaba que Inuyasha no me diera la espalda, por haberme convertido, poco a poco y sin pensarlo en una persona de las que yo mas odiaba.

Tenía que hablar con él y le dije a Joka que también lo hiciera.